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Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇲🇽

Nose que pasa con mi vida

Cuando yo tenía como 5 años por el año 2010 yo tenía una prima de 3 años nose todo empezó con besos y me subía ah ella no recuerdo bien donde ví eso pero mis papás solamente los miraba besarse recuerdo una ocasión que le di un beso a mi prima en la boca ese día Hera una fiesta mis papás y tíos y familiares dijeron despídete y le di el beso después sentí extraño después la besaba más y más paramos en el 2013 después en el 2012 con otra prima con ella fue lo mismo la besaba y nos reímos nunca nadie supo pero con esa prima fue seguido hasta el 2020 también hubo sexo en el 2017 y 2018 fue consensuado yo tenía 13 y ella 10 años después por el 2017 también me besaba con un primo el tenia la misma edad que mi prima Hera casi lo mismo yo tenía como 12 años, después paso con su hermano que el tenia 13 años casi 14 años el medio sexo oral y me besaba también y sexo anal también paso mucho tiempo hasta el 2021 ya alos 16 años y mi primo de 18 años el se metió al baño y me hizo lo mismo el oral y me masturbaba todo el tiempo que llegaba pasar eso me daba incomodidad después salió del baño por qué alguien tocó la puerta nadie Hera quien tocó yo me espante sentí culpa después en el 2021 como por diciembre mi primo de 10 años y yo tenía 16 años todavía mi primo tenía también como 18 años en fin mi primo el más pequeño me dijo subete conmigo y mi hermano yo le dije que no por qué no quería después accedi y después mi primo el mayor de 18 años acercó mi mano a mi pen4 y me quité y me dejó después por el 2023 por agosto decidí hablarlo con mi mamá y se puso a llorar y enojarse mucho. Pero también cuando yo tenía 13 años lo que pasó con mi primo mayor paso con unos vecinos de la misma edad que cuando empezó todo mis amigos tenía 10 años y yo 13 años yo lo hacía y ellos también recibían y yo igual todo normal hasta que llegó ala edad de ahora 21 años y me siento horrible,con mucha ansiedad, miedo, confusión,me siento un monstruo llegué a bajar de peso por dieta pero igual por la culpa y el remordimiento pesaba 78 kg en la preparatoria en 2024 y ahora en 2026 peso 60 kg y cuando ví la serie de dahmer me sienti igual como una persona mala un monstruo, con arrepentimiento y con mucha ansiedad

Nota comunitaria

La historia menciona tanto experiencias personales de supervivientes como experiencias de perpetradores. El contenido puede resultar perturbador.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Abuso de mi madre en una piscina: Cuando quien debía cuidarme me dañó

    Nunca pensé que tendría que escribir esto, pero necesito sacar la verdad. Tenía 14 años cuando fui a una fiesta con mi mamá. Ella había estado bebiendo alcohol durante la noche. Más tarde, me metí a la piscina y, unos minutos después, ella entró al agua conmigo. Al principio, solo estábamos nadando. Luego, se acercó y me abrazó; yo le correspondí el abrazo porque era mi madre y no esperaba nada malo. Sin embargo, la situación cambió rápidamente. Empezó a susurrarme al oído cosas sexuales, explicándome "qué les gusta a las mujeres", cómo besarlas y cómo tocarlas. Me dijo que les gustaba que les besaran el cuello y comenzó a hacerlo conmigo mientras seguía susurrando esas instrucciones. Después, comentó que también les gustaba ser tocadas durante esos momentos y empezó a acariciarme los hombros y el pecho. Sentí un nudo en el estómago. Cuando intentó bajar las manos hacia mis zonas íntimas, me paralicé del nerviosismo y el miedo. No supe qué hacer en ese instante, sentí que el mundo se detenía. Afortunadamente, logré reaccionar, me separé de ella y salí de esa situación. Esa noche entendí que el lugar más seguro debería haber sido con mi familia, pero no lo fue. El alcohol fue su excusa, pero la acción fue suya. Desde entonces, he cargado con mucha culpa y confusión, preguntándome por qué mi propio cuerpo reaccionó o por qué no la detuve antes. Pero ahora sé que no fue mi culpa. Yo era un niño y ella era la adulta responsable. Comparto esto en Our Wave para romper el silencio sobre el abuso incestuoso materno, un tema del que casi nadie habla. Si estás leyendo esto y te ha pasado algo similar con un familiar, quiero que sepas que no estás loco/a y no eres un "error". Tu cuerpo respondió como pudo para sobrevivir. Mereces sanar y mereces ser creído/a.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Aprender a vivir sin querer matarme

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Mensaje de Sanación
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    Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Mi primo me tocaba pero no sé cómo considerarlo porque era menor que yo....

    Hace unos años tuve una experiencia desagradable, Tenido un primo un año menor que yo en ese tiempo ambos eramos menores de edad cuando comenzó esto (aclaro yo media 1,60 y el 1,80), realmente muchas cosas pasan por mi cabeza, pero nosotros vamos de vacaciones en familia por lo que cuando paso estábamos en la playa, al grano, todo esto comenzó cuando el me abrazaba por la cintura y ponía su cara en mis pechos, al principio era eso, lo consideraba algo inofensivo pero raro pues ninguno era de contacto físico, con los días fue escalando, me abrazaba por la cintura mucho, se pegaba a mi sobrepasando cualquier límite, se subia sobre mi espalda, casi inmovilizandome y pegaba su cuerpo contra mi hasta el punto que yo sintia su erección, luego comenzó a buscar momentos a solas para presionarse contra mi, se metía a mi cama en las madrugadas y me abrazaba, mantenía una erección contra mi retaguardia y respiraba agitadamente en mi oído por lo que no sabía si dormía o no, pero si yo lo echaba el se negaba a apartarse reclamando un tiempo más, esto escalo hasta que un dia me tocó, me tocaba el trasero amasandolo y ponía su erección contra mi pierna buscando fricción y con otra mano amasaba mi pecho y trataba de meter su mano bajo mi polera, puse límites unas cuantas veces pero al no querer que las cosas fueran incómodas entre nosotros no era firme, no se como catalogar esto pues ambos éramos menores y nose que pensar

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    Ocupo su opinión

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    🇨🇴

    ¿Cómo salgo de esta relación?

    Tengo 21 años, soy una mujer que creía haber encontrado al amor de su vida después de anhelar el amor por tantos años de adolescencia, sin embargo todo fue al contrario, si hubiera sabido como sería el estar con esta persona que creía el "hombre de mis sueños" de verdad que desearía estar sola para siempre. Lo conocí a mis 17 años aproximadamente desde ese entonces y el teniendo 18 hemos estado juntos, vamos para 4 años de relación pero necesito en serio consejos sobre como alejarme. Resulta que estudiamos la misma carrera en la misma universidad y aunque yo voy un poco mas adelantada este semestre volveremos a estar cerca, es por esto que no se como hacer para terminar la relación ya que el verlo todos los días va a ser muy difícil. Para dar un poco de contexto del por qué quiero acabar la relación es que llevo sufriendo violencia psicológica desde que iniciamos incluso como amigos, al principio no lo identificaba solo creía que era un hombre un poco diferente, incluso de esos que te venden como el chico malo y realmente juraba que cambiaría con el tiempo pero eso no fue así. Tuve que soportar que el siguiera muchas actrices de la industria para adultos y que le diera likes a esas publicaciones, también pasó que el antes de mi estuvo con muchas prostitutas cosa que me generaba mucha inseguridad. Ante toda esta baja de autoestima que empezó a crear en mi, decidí en autolesionarme y cuando se enteró fue la primera vez que me golpeó aunque en un inicio dijo que fue un accidente pero me hizo suplicarle mientras me pisaba mis manos para que no me dejara. Muchas cosas han pasado que no creo poder contarlas todas pero solo sé que este último año de relación todo empeoro en cuanto a la violencia física, empezó a escupirme, golpearme la cabeza con puños, jalonearme del cabello, abofetearme, dejarme morados en todo el cuerpo que incluso tuve que fingir hace un mes que tuve un accidente donde me chocaron, idea que fue dada por él. He pensado hace unos 3 meses en ya dejarlo y es tanta la ansiedad y el no poderle contar nada a nadie porque me aisló de mis amigos que no se que mas hacer, el día de ayer me estranguló y perdí la conciencia por unos segundos, fue tan doloroso por la idea de pensar que pude haber muerto, mi cuerpo no lo sentía, sentía que me caería y lo único que él hizo fue seguirme golpeando aún cuando pedí que buscara ayuda porque no entendía que pasaba. Todo esto pasó porque le dije que no tenía dinero para poder comprar comida ya que incluso no puedo gastar mi dinero porque todo debo dárselo sino me castiga como dejándome de hablar, manipulándome con que si no lo hago le dirá a mis padres que he incluso sacado dinero de ellos para cosas que no debo pero todo es por él. Ya no lo amo, creo que solo estoy en piloto automático pero tengo mucho miedo y no cuento con personas que puedan acompañarme así que debo soportarlo unos meses hasta que ya no lo tenga que ver pero con lo que pasó ayer me asusta mucho que pueda acabar con mi vida. Por favor si leíste esto dime que puedo hacer, quiero salir de esto antes de que él tome por completo mi vida.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Control coercitivo

    Él y yo nos conocimos el fecha . Yo tenía 17 y él 19. Acababa de regresar a Australia después de vivir un año en Estados Unidos cuando decidí enviarle un mensaje de texto para decirle que había vuelto. Habíamos estado hablando por Snapchat durante algunos meses, así que me invitó a dar un paseo para tomar un café. Nuestro primer encuentro fue bien y comenzamos a salir con regularidad. Durante el transcurso de nuestro año y medio de relación, los momentos se volvieron amargos. "¿Qué más te gusta?", preguntó mientras teníamos sexo. "No lo sé. ¿Y a ti?", respondí. "Abofetear". Me quedé sorprendida, pero como tenía sentimientos por él, quería impresionarlo. Gran error. "¿Quieres abofetearme?", pregunté con vacilación. "Algo así". "Está bien. Podemos intentarlo". Entonces me abofeteó en la cara. Escoció, pero no lo demostré. "¿Te gusta eso?", sonrió. “Sí.” No lo hice, pero estaba demasiado absorta en mis sentimientos para decirlo. “También puedes abofetearme si quieres.” Nunca consintí en que me abofeteara de nuevo; él nunca me lo pidió. Tiempo después, me negué a darle un beso, así que me agarró del pelo y me atrajo hacia él. Me aparté y me abofeteó. Lo besé para que no lo volviera a hacer. Sentí miedo cuando lo hizo porque no me había pedido abofetearme y lo hizo porque le había negado un beso. De manera similar, otra vez me pidió un beso cuando yo estaba encima de él. Me reí y me aparté. “Por favor.” Suplicó. “No.” Me reí. “¿Por favor?” Preguntó de nuevo. Negué con la cabeza mientras fruncía los labios. Lo besé por toda la cara menos en los labios. No dijo nada después de eso, solo miró mi collar y lo agarró, arrancándomelo del cuello. Nos miramos fijamente durante unos segundos antes de que me riera para no llorar. Dijo algo sobre que era de mala calidad. Se ofreció a comprarme uno nuevo, pero le dije que lo arreglaría en casa. Más tarde supe que estaba demasiado dañado para arreglarlo. Eso me impactó. Iba a llorar, pero puse buena cara para él porque no sabía qué haría si me veía llorar. Me asusté cuando extendió la mano para agarrarlo y me tiró hacia adelante cuando intenté alejarme y se rompió el collar. Otro día estábamos acurrucados frente al televisor cuando solté: "¿Cuál es tu fetiche más raro?". Pensó un momento antes de responder. "Sangre", dijo. ¿Qué se suponía que debía decir a eso? Le seguí la corriente porque tenía curiosidad y no esperaba que llegara tan lejos. "Eh. ¿Quieres añadir más?", pregunté, señalando las cicatrices de autolesiones en mi brazo. Respuesta estúpida. ¿Estaba tratando de impresionarlo? ¿Tal vez pensé que era caliente en ese momento? Se rió entre dientes. “Me temo que no tengo un cuchillo lo suficientemente afilado. Pero cuando consiga uno, ¿te gustaría añadirme algunos?” “Solo si quieres que lo haga.” Un momento de silencio roto solo por la televisión. “¿Y tú?” Preguntó. Estaba mirando la televisión y distraída de la conversación, como esperando que si desaparecía en el video que se estaba reproduciendo la conversación terminaría. “¿Eh?” Respondí finalmente. “¿Cuál es tu fetiche más raro?” “Similar al tuyo; me gustan los cuchillos.” De nuevo, estaba tratando de impresionarlo. Estaba pensando en la vez que un chico con el que me acosté nombre me dio un cuchillo de caza porque dije que vendí el mío. “Tengo un cuchillo.” Tenía una navaja de bolsillo con la que abría paquetes. “Lo sé. ¿Quieres probarlo?” “¿Quieres?” “Claro.” No. ¿Por qué dije eso? Se levantó, sacó su navaja y volvió a la cama. Nos besamos, nos desvestimos y, enseguida, se metió dentro de mí y me puso la navaja en la garganta. ¿Quizás me preguntó dónde y le dije que me la pusiera en el cuello? No sé, solo que no cerca de mis tetas. Ahora me parece muy gracioso porque tengo los pezones perforados. Tenía los ojos cerrados y estaba concentrado en nuestros labios y accidentalmente me pinchó el costado del cuello. Eso dolió. Me separé de su beso para cogerle la mano mientras él la sostenía. Estaba preocupada porque pensé que debería haber estado más atento para que no me hiciera daño. No lo mencioné hasta la siguiente vez que salimos. La siguiente vez ( fecha 2 ), me rogó que le dejara cortarme la ropa interior. Le dije que sí, siempre y cuando no volviera a ponerme la navaja en la garganta. Empezó a cortar y, cuando hubo un agujero enorme, se rindió y me la quitó antes de colocarse entre mis piernas y empujar. Me puso la navaja en la garganta. Pensando que me había oído mal, le pedí que lo soltara. Entre besos, me preguntó por qué y le expliqué que me había pinchado el cuello la última vez y que no quería que volviera a pasar. Prometió que no lo haría y seguimos. Me molestó que no quitara el cuchillo cuando se lo pedí, pero seguía besándome, así que me distraje. Creo que le pedí que lo soltara otra vez después. Quizás no, la verdad es que no lo recuerdo. Intenté apartarlo, pero no movió la mano, así que al final fui yo quien lo empujó y él lo sujetó. Dejé de forcejear, pero mantuve la mano ahí. Esto daba mucho miedo. No quería el cuchillo ahí y él no lo quitaba. Me preguntó si quería ser la dominante y le dije que sí, así que cambiamos de posición y, cuando me acomodé, me dio el cuchillo. Cuando fui a dejarlo a nuestro lado, me cogió la mano y me ayudó a sujetarla contra su garganta. Me sujetó la mano con el cuchillo clavado contra su garganta. Esto fue incómodo y perturbador porque quería soltarlo. Lo besé y le dije que quería soltarlo y finalmente cedió. Cuando terminamos, le dije de nuevo que no quería el cuchillo cerca de mi garganta porque me había pinchado antes. Se encogió de hombros y dijo: "Oh, lo siento". No entiendo por qué no respetó mi no inicial, pensé que era por ese viejo dicho que todos piensan en algún momento: "Los chicos son así". Cuando le pedí que parara, debería haber parado. En cambio, me puso en una situación imposible donde tenía un cuchillo en la garganta y un hombre encima de mí que se negaba a quitármelo. Me hizo cómplice al poner el cuchillo en mi mano. Volví a su casa después de eso y su mano intentó subirse a mi camisa, pero lo detuve. Le dije: "Nada de sexo; solo besos". "¿Solo besos?", preguntó. Asentí. "De acuerdo", dijo. Nos besamos cada pocos minutos mientras hacíamos pausas para ver la televisión. Su mano seguía recorriendo mi cadera y muslo. Tomé su mano y la coloqué en mi muslo, diciéndole que se quedara. Seguimos besándonos y su mano lentamente se deslizó por mi muslo y bajó hasta mi trasero, apretando y acariciando suavemente. No quería que hiciera esto. Quería besarnos, abrazarnos y ver la televisión. Él siguió aumentando la intensidad. La moví de nuevo a mi muslo y le dije que la dejara allí. Intentó poner su pierna entre mis muslos como lo hacía cuando estábamos desnudos antes del sexo y hacíamos un poco de juegos previos. "Quita la pierna". "Lo siento", refunfuñó. Su mano seguía moviéndose, así que me giré y puse su mano en su muslo. "Deja de tocarme". Me tocó a mí refunfuñar. Preguntó: "¿Por qué?". "Porque me estás poniendo cachondo". "Bien; ponte cachondo conmigo", dijo mientras empezaba a besarme el cuello y presionaba su erección contra mi trasero. “Hoy no. No tengo ganas.” Levanté las piernas y me moví hacia adelante de manera que mi trasero y su erección quedaron a centímetros de distancia. Estiró y movió los muslos para que quedaran presionados contra la parte posterior de mis muslos y su erección contra mi trasero. Cada vez que volvía a preguntar o se movía para tocarme, me molestaba y me incomodaba, pero cedí porque seguía preguntando y pensé que ya había tenido sexo con él antes y no aceptaba un no por respuesta, así que ¿por qué no simplemente cedía? Me giré para mirarlo y nos besamos de nuevo. “Por favor, te necesito.” Suplicó contra mis labios. Estoy segura de que su erección no estaba cómoda. Así que cedí. “Yo también te necesito, preciosa.” “¿Podemos follar?” Preguntó. “De acuerdo.” No quería tener sexo con él. Solo estaba allí para besos y caricias. Cedí porque no dejaba de preguntar. Su mano se deslizó bajo mi camisa y mi sujetador y los subió. Me los quité y él se quitó los suyos antes de volver a acomodarse con su muslo entre el mío. "Muévete para mí", ordenó. "Pero quiero que me folles". "Lo haré. Muévete primero". Intenté protestar, pero empezó a besar y chupar mis pezones y, en lugar de eso, gemí. No quería moverme. Solo quería terminar con el sexo. Pero él seguía diciéndome que me moviera y empezó a moverse, así que no pude hacer nada más. Empezó a moverse, así que lo seguí y me moví contra su muslo mientras nos besábamos. Cuando me acercaba al orgasmo, dije: "Por favor, para". Hizo una pausa y preguntó: "¿Por qué, nena?". "Porque voy a correr". Continuó moviéndose a pesar de que yo había parado. Esto era aterrador porque mi cuerpo decía sí, quiero tener un orgasmo, pero mi mente decía no, no así. "Buena chica", gimió. “Corre para mí.” “Pero llevo pantalones…” Razón válida para detenerse, de nuevo no estoy segura de por qué insistió. “Shhh, está bien.” Me agarró de las caderas y me guió por su muslo, haciéndome llegar al orgasmo. Tenía la cara roja de vergüenza y me escondí en su cuello. Cuando se detuvo, preguntó: “¿Te corriste?” “Mhm.” Asentí contra su cuello. Lo había hecho, lo que me asustó aún más porque no quería, pero la fricción contra mi cuerpo me obligó a llegar al clímax. “Buena chica.” Sin pausa, sin advertencia; su mano se deslizó dentro de mis pantalones y ropa interior y comenzó a tocarme con los dedos. Este es otro ejemplo de cómo se negó a respetar mis límites y me coaccionó, agotándome hasta que dije que sí. Jugaba videojuegos cuando terminábamos, conectándose a Discord para chatear por voz con sus amigos. Cuando estaba en medio de un juego, lo oí decir: “cómo provocarle el síndrome de Estocolmo a una zorra”. De nuevo, lo atribuí a que estaba nervioso. Ahora me doy cuenta de lo perturbadora que debía ser su mentalidad para decir algo así. Le dije que no le rogaba a nadie. Al minuto siguiente, estábamos desnudos y él se frotaba contra mí, ordenándome que le suplicara o no lo haría. Intenté resistirme, pero me sujetó las manos hasta que cedí. Esto fue aterrador porque acababa de decir que no suplicaba. No quería suplicar. Estaba atrapada debajo de él hasta que me obligó a hacerlo frotándome. Me abofeteó y luego dijo: "Eres una zorra desesperada". Le respondí: "Solo para ti". Y entonces me besó. Una vez incluso me dijo que estaba investigando la guerra psicológica, y cuando le pregunté qué era eso, dijo: "Tácticas de manipulación". Lo cual realmente resalta su mentalidad. Pensé que podría estar embarazada y le envié un mensaje de texto al respecto, esperando consuelo y madurez emocional. Lo que encontré fue una foto de una pistola y artículos de limpieza. Esto me sobresaltó porque esperaba que tuviera algo de madurez, pero en cambio me recibió con una amenaza. Antes de ir a la universidad, bromeé sobre que se juntara con una anciana para que le hiciera compañía, ya que nuestro pueblo es básicamente un asilo de ancianos. Dijo que no, que iba a buscar a una chica de 17 años en el instituto. Con todos los malos momentos acumulados así, es fácil ver la toxicidad. Sin embargo, no todo fueron malos momentos. Me daba afecto poco a poco para mantenerme enganchada, de modo que cada vez que intentaba irme, sabía que volvería esperando su mejor versión. Estábamos viendo un programa cuando vimos una escena en la que disparaban a unos criminales y pensé: ¿y si un día es tarde por la noche y estoy en casa con nuestros futuros hijos y él está fuera y le pasa algo malo pero no puedo ayudarlo? Una lágrima rodó por mi mejilla y cayó sobre su pecho desnudo. Me quedé paralizada. Sabía que lo sentía, pero no estaba segura de cómo reaccionaría. Me besó suavemente la coronilla, cambió el canal a ' canal ', un canal de YouTube con el que siempre nos reíamos mientras lo veíamos. Me sentía bien por dentro cuando teníamos momentos como este. Eso me hacía volver. Sabía que podía ser decente y amable conmigo, pero muchas veces simplemente elegía sus propios deseos por encima de mi comodidad. Estábamos en su casa, en su nueva habitación, y seguía intentando tener relaciones sexuales conmigo. Le dije que no, que solo quería acurrucarme y ver la tele. Se enfadó y me dijo: "Si no vas a tener sexo conmigo, puedes irte". Me levanté, empecé a coger mis cosas y me preguntó adónde iba. Le dije que me iba y lo único que dijo fue "vale". Esa respuesta fue tan seca que decidí quedarme. Me volví a subir a la cama y él seguía preguntando: "¿Puedo tocarte?". Yo seguía repitiendo: "Probablemente esté seco". Sin previo aviso, metió la mano dentro de mis pantalones y empezó a frotarme, gimiendo sobre lo mojada que estaba. No quería perderlo. Me importa mucho y la idea de que solo porque no quisiera hacer algo como tener sexo lo perdiera era demasiado abrumadora. No quería perderlo y que dijera eso me presionó mucho para tener sexo con él. Empezamos a tener sexo porque él quería y yo no quería que me echara. Su cama rechinaba demasiado, así que nos fuimos al suelo. Le pedí que me pasara una almohada y me la dejó caer en la cara. Luego se acercó, se puso de pie sobre mí y empezó a agitar su pene sobre mi cara y a agacharse más. Esto fue horrible. ¿Por qué se agachaba sobre mi cara? Todavía tengo flashbacks de esto donde puedo ver todo lo que pasó ahí arriba. Le pregunté varias veces qué estaba haciendo y él solo sonreía sin responder. Finalmente, salí de debajo de él y le pregunté si iba a cagarme encima. Respondió que solo iba a hacer que le hiciera una mamada. No acepté nada de eso. Esto, de nuevo, fue horrible. No quería tener sexo ese día. Estaba visiblemente retrasando el sexo ese día diciendo que deberíamos ir a la pared (no funcionó, era demasiado alta) y luego al suelo y cuando terminé en el suelo tuve una de las peores y más absurdas experiencias sexuales de mi vida. No todo fue malo. Estábamos comiendo pollo BBQ de Domino's en la cama cuando una gota de salsa cayó sobre mi pecho y él la señaló. "Lámela". Sonreí. "Puaj, qué asco". Hizo una mueca. "No te quejabas hace diez minutos". Asintió. "Cierto". La lamió. Tiempo después, bromeó diciendo que me regalaría salsa barbacoa por mi cumpleaños. Llevé unas esposas a su casa y se las puso, quedándose atascado. Tuve que ayudarlo a liberarse. En otra ocasión, le estaba haciendo cosquillas en los pies y me agarró, me inmovilizó con las piernas y trató de tirarse un pedo en mi cara. Esto sucedió más de una vez. Llegó la Navidad y me preguntó qué quería. Emocionada, le dije que me sorprendiera y fui de compras para él, comprándole un montón de cosas que pensé que le gustarían, incluyendo un collar con una nota musical, una bola de Navidad con piel de dragón, dados, juguetes antiestrés, incienso y un soporte para incienso. Por supuesto, también sus chocolates caros favoritos. Cuando le di sus regalos, no tenía nada para mí. Vi una estatua de gato en su escritorio y dijo que era para su exnovia. Nunca me regaló nada. Una vez se quedó parado en un rincón, apuntándome con el cuchillo y sonriendo. Le dije que estaba siendo espeluznante y guardó la cosa después de quedarse allí parado unos segundos más. Su ex llamó y él salió de la habitación, volviendo para decirme que su perro le había montado la pierna. Me mostró un video en sitio web de una vagina convertida en una pipa de crack y me preguntó si podía hacerme eso a mí. Hice un trato con él: si él tenía sexo, yo tenía que tener al menos 10 minutos de mimos después. El sexo solía durar alrededor de una hora. A veces, cuando nos abrazábamos, me envolvía completamente en sus brazos mientras yo estaba acostada sobre su pecho. Otras veces, ponía una mano perezosa sobre mi cintura. La mayoría de las veces me hacía acurrucarme con él (él como cucharita). Aunque, una vez estábamos medio dormidos y yo lo estaba abrazando cuando me di la vuelta y él se dio la vuelta para acurrucarse conmigo y creo que nunca había sido más feliz con él. La tercera vez que usamos el cuchillo, no respondía a ninguno de mis mensajes, así que le escribí: "Fóllame con un cuchillo en la garganta". Finalmente respondió y me dijo que fuera a su casa. Fui y me pidió que fuera a buscar el cuchillo mientras salía de la habitación. Fui y no estaba donde lo guardaba. Volví a la cama donde estaba antes de que saliera de la habitación y sentí un objeto duro debajo de la almohada. Miré y ahí estaba el cuchillo. Lo había deslizado debajo de mi almohada antes de irse. Eso me confundió. ¿Por qué pedirme que fuera a buscarlo? Trajo dos botellas de agua fría, me dio una y puso una pastilla en la otra justo delante de mí antes de agitar la botella y bebérsela. Puso la botella al lado de la mía y no sé si se mezclaron mientras no miraba. Le pedí un cepillo cuando estaba en su casa. Él trajo uno e intentó cepillarme el pelo. Me despeinó la raya, así que cogí el cepillo y le dije que me lo había estropeado. Momento tonto. Le gustaba asfixiarme. A veces me dirigía la mano hacia su garganta. Una vez le pregunté si quería asfixiarme para ver cuánto tardaba en desmayarme. Aceptó y su mano estuvo alrededor de mi garganta durante unos cinco o diez minutos antes de que parara porque le empezó a dar un calambre. Yo estaba tratando de ser alguien que él aceptaría. Al principio de nuestra relación, mencionó que había tenido una acosadora. Una chica. Me pregunto dónde estará ahora. Una vez quiso tener sexo mientras yo tenía la regla. No tenía tampones, así que acordamos que al día siguiente, cuando fuera a su casa, traería algunos porque me quedaría a dormir. Llegué a su casa pero olvidé los tampones y mi pijama. Llamé a mamá y me los bajó. nombre y yo tuvimos sexo después de que él pusiera las toallas. Fue normal, supongo, un poco más seco. Nos duchamos después. La siguiente vez que tuve la regla, no quiso tener sexo de nuevo. Le hice una felación y eso continuó hasta que un día volvimos a tener sexo durante la menstruación y él trajo dos bolsas de basura para mi tampón. Otra vez estábamos en mi casa y él quería que lo besara mientras se masturbaba. Normalmente yo me tragaba su semen cuando estaba a punto de terminar y él me avisaba. Esa vez no me dijo nada después de que se lo pidiera y en su lugar, se limpió con papel higiénico y no me dio ninguna explicación. Más adelante en nuestra relación, le pregunté si todavía veía un futuro conmigo como decía. Dijo: "Ya no realmente". Le pregunté por qué. Respondió: "No eres mi tipo". Le pregunté cuál era su tipo. Dijo: "Alternativo". Intenté dejarlo. Muchas veces. Salí de su casa y le dije: "Nunca nos veremos". Respondió: "Eso mismo dijiste la última vez". En mi cama, viendo la televisión que compré porque hizo un comentario sobre mi falta de una. Nos estábamos besando y sus brazos me rodeaban. Recorrió mi cuerpo con su mano. Entre besos, seguía preguntando: "¿Sexo?". Al principio decía "tal vez", y luego: "¿No podemos simplemente pasar el rato y no tener sexo?". Él seguía preguntando. Yo no quería tener sexo con él, solo quería acurrucarme y ver la tele. Él respondió: "Pero me pones muy cachondo". "Tenemos sexo todo el tiempo, estoy intentando ser solo amigos". "Pero el sexo me sentaría tan bien ahora mismo". Continuó presionándome de forma sutil, preguntando una y otra vez. Nos besamos. Sus manos exploraron mi cuerpo. Mis manos se quedaron en su pelo la mayor parte del tiempo. Se frotó contra mí, presionando su erección contra mi muslo. Se giró, se colocó entre mis piernas y me pidió que me frotara con él. Cedí. Sentirlo contra mí me excitó y cedí. Para empezar, no quería sexo. Me duele pensar en esto porque siempre cedía después de que él seguía tocándome. Me gustaba besarlo y traté de pedirle que mantuviera las manos quietas, pero si las movía a mi muslo, las deslizaba hacia mi trasero, y si las movía a mis caderas, jugaba con mis pechos. Solo quería ver la tele y besarlo. Pero como ahora estaba encima de mí y su pene estaba presionado contra mis partes íntimas, cedí. Lo hicimos y después nos quitamos la ropa y volvimos a besarnos. Tuvimos sexo. Duró un buen rato. nombre dijo que iba a terminar y luego no lo hizo dos veces. Le sugerí que hiciéramos una pausa. No me hizo caso y siguió. "¿Deberíamos hacer una pausa? Serán diez minutos, cariño, y podemos volver a ello". Negó con la cabeza. "Ya casi llego". Esperé como veinte minutos más a que terminara, mirando la tele por encima de su hombro mientras me penetraba. Por suerte, le pedí que moviera la cabeza y coloqué mi oído sordo hacia sus gemidos mientras mi oído bueno estaba orientado hacia la tele. “¿Has terminado?” pregunté. Varias veces. Negó con la cabeza y volví a preguntar. “Vamos, tomemos un descanso. Diez minutos viendo la tele y luego volvemos, te lo prometo”. Seguía sin estar de acuerdo, tuve que preguntarle unas cuantas veces más. Cuando accedió a regañadientes y se bajó, se acostó a mi lado en la cama. Empezó a masturbarse mientras yo veía la tele y me dijo que me tocara. Pregunté “¿por qué?” Y respondió: “porque está caliente”. Lo hice durante dos minutos y luego paré. Empezó a tocarme. Aparté su mano después de un rato. “¿Quieres que te haga una mamada?” preguntó. Asentí y me tiró hacia el final de la cama. Estaba bien, pero lo volví a tirar hacia arriba para que me follara y así acabar de una vez. Se colocó mientras nos besábamos, se puso encima de mí y seguimos teniendo sexo. Terminó y, sin molestarse en retirarse, se quedó dormido encima de mí, echando una siesta y babeando sobre mi pelo y mi cojín. Le pedí que viniera conmigo al espectáculo del pueblo. Lo llamó un espectáculo de mierda. Cuando le pregunté si vendría conmigo al evento local , dijo que era incluso peor que el espectáculo. No quería ir a comer conmigo a menos que le rogara y pagara por los dos. Se negaba a conocer a mis padres y entraba y salía de mi casa a escondidas, una vez incluso se escondió debajo de una manta cuando me despedía de mi tía. Solía dejarme pañuelos en la cara cuando terminaba, diciéndome que limpiara. Cuando estaba encima, le hacía lo mismo. Él solo sonreía con picardía y se pasaba el pañuelo por la cara, haciendo una mueca graciosa cada vez que el pañuelo pasaba por encima. Eso me hacía reír y me decía que siguiera haciéndolo porque se sentía bien. Eso sí, todavía estaba dentro de mí en ese momento. Nunca dijo que salíamos, siempre que éramos "amigos con derechos" o "una relación informal". Deslizó a la derecha en nombre de usuario en redes sociales y fingió que era una broma. Se acostó con mi amiga mientras salíamos. Una vez fuimos caminando al restaurante porque se les olvidaron sus bebidas. A veces, él iba a buscar un pañuelo o me pasaba algo y de repente me penetraba para verme jadear. Lo llamé guapo y él dijo "en realidad prefiero bonito". Así que empecé a llamarlo chico guapo. Se olió los dedos después de tocarme y dijo que estaba probando los niveles de pH. Dijo que su ex tenía TLP. Luego dijo que le habían diagnosticado. Cuando tenía la regla me preguntó si podía tocarse y le dije que sí, pero la siguiente vez simplemente se la sacaba sin preguntar. Me pidió que me sentara en su cara. Me reí y le dije que no, que lo aplastaría. Dice que no lo haría y cosas así, me niego de nuevo. Me dice que ya no va a venir mucho. Nos besamos y le pregunté si solo quería un descanso por un tiempo. Dijo que sí y le pregunté si iba a volver. Dijo que tal vez. Me pidió que me sentara en su cara otra vez. Me negué de nuevo. Solía soplar humo de vapeador en mi boca abierta. Le pregunté por qué me besaba si solo éramos amigos y dijo que porque era divertido. Le dije que era bueno besando y dijo que yo era normal y que tenía los labios finos. Hizo unos ruidos graciosos la primera vez que tuvimos sexo y se corrió y empecé a reír y él dijo que era la primera persona que se reía de eso. Se detuvo en medio del sexo para mirar su pene entrar y salir porque "parece un pistón". Estábamos escuchando canción y se acercó, me besó y me agarró de los brazos diciendo "tus brazos parecen pequeños cigarrillos". Empecé a cantar la siguiente parte de la canción. Nos reímos. Estaba drogada con marihuana la mayoría de las veces que le hacía sexo oral. Él lo sabía, lo mencionamos de vez en cuando, pero no disminuyó la velocidad cuando se trataba de sexo. Finalmente me dejó después de que intenté suicidarme. Le dije que había ido al hospital cuando en realidad estaba asustada y me escondí en mi habitación. Le dije que le había mentido y se puso histérico, enviándome un mensaje que decía: "Mi punto es que mientras tú idealizabas tu propia muerte, yo estaba estresada como una mula y cada vez que rechazabas mi ayuda no me sentía nada bien. Luego me mentiste sobre buscar ayuda y me hiciste sentir fatal". No dejaba de escribirle, intentando recuperarlo y entender por qué me trató así. Obtuvo una orden de alejamiento y la está usando activamente en mi contra. No puedo hablar con él para pedirle que me explique esto, aunque quiero. Intenté contactarlo antes y lo denunció. Solo necesito entender qué pasó porque esto me está abrumando a diario.

    Nota comunitaria

    Esta historia contiene referencias a autolesiones o pensamientos suicidas. Si tú o alguien que conoces está pasando por un momento difícil, por favor comunícate con una línea de ayuda en crisis.

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    La historia que nunca pensé que tendría que contar

    La historia que nunca pensé que tendría que contar Todo empezó en mi trabajo. Él consiguió un trabajo donde yo trabajaba y, al principio, lo veía pasar por mi escritorio. Me sonreía y me saludaba con la mano. Con el tiempo, empezó a hablarme. Era muy guapo, encantador y atento. Me hacía sentir importante. Muy pronto en nuestra relación, empezó a hablar del futuro. Me dijo que quería formar una familia. Habló de casarse y construir una vida juntos. Incluso me regaló un anillo al poco tiempo de empezar a salir. Mirando hacia atrás, reconozco la primera señal de alerta: el bombardeo de amor. Pero en ese momento, no lo sabía. Pensé que por fin había conocido a alguien que sabía lo que quería. Alguien que iba en serio conmigo. Alguien que no tenía miedo de demostrarme que le importaba. Había flores, citas bonitas y pequeñas sorpresas en mi escritorio. Me hacía sentir especial y todo parecía emocionante y romántico. Tenía dos hijos, de edades parecidas a los míos. Empezamos a pasar tiempo juntos en familia. Llevábamos a todos los niños al parque y pasábamos tiempo juntos. Ver a nuestros hijos jugar me hacía sentir que estábamos construyendo la familia que él me había dicho que quería. Le creí. Me dijo que él y la madre de sus hijos estaban separados. Como me los presentaba y me incluía en sus vidas, nunca tuve motivos para creer que mentía. Pero había algo que desconocía: seguía casado. Y no tenía ni idea de que la relación que creía que se convertiría en mi futuro ya se basaba en una mentira. Cuando todo empezó a cambiar A los tres meses de empezar nuestra relación, me dijo que quería que me mudara con él. Empezó a buscar una casa para nosotros y, finalmente, encontramos una. Era una casa de tres habitaciones, lo suficientemente grande para todos nosotros y los niños. Recuerdo sentirme emocionada. Pensé que este era el comienzo de la familia de la que me había hablado desde el principio. Entonces, un día, todo cambió. Me dijo: «Mi exesposa perdió su trabajo y no tiene dónde vivir. ¿Puede mudarse con nosotros mientras se recupera?». Parecía una pregunta, pero en realidad no lo era. Finalmente, me dijo: «No puedo dejar a mi hijo y a mi madre solos. Puedes venir a vivir con nosotros o no, pero ella vendrá a la casa nueva». Cedí. Me dije a mí misma que era temporal. Me dije que se trataba de ayudar a sus hijos y que, con el tiempo, ella se recuperaría y se mudaría. Incluso organizó una reunión para los tres en un restaurante para hablar sobre la convivencia, las reglas y las expectativas. Ella aceptó todo. Me dijo que ya no estaban juntos y que esto era solo temporal. Necesitaba un lugar donde quedarse mientras se recuperaba. Así que les creí a ambos. Seguí adelante pensando que me mudaba a una casa con el hombre que amaba, y que su exesposa era simplemente alguien a quien estábamos ayudando en un momento difícil. Todavía no comprendía que poco a poco me estaban metiendo en una situación donde mis límites, mi comodidad y mis decisiones se volvían cada vez menos importantes. El día que me mudé El día que me mudé a esa casa, descubrí que ella estaba en el baño principal con él. Recuerdo haber pensado: ¿Qué está pasando? Esto no era lo que había acordado. Esta no era la relación que creía que iba a iniciar. Pero de alguna manera, me convenció de que esta era la situación en la que nos encontrábamos. Me hizo compartir habitación con los dos. Al final, no pude más. Me mudé a una de las habitaciones de los niños con mis hijos porque simplemente no podía dormir en esa situación. Ella acabó haciendo lo mismo. Ella dormía con sus hijos en una habitación, yo dormía con los míos en otra, y él tenía el dormitorio principal para él solo. De vez en cuando, todavía me unía a él en el dormitorio principal. Y de alguna manera, en mi mente, seguía intentando encontrarle sentido a todo. Pensé: Al menos está siendo honesto conmigo, ¿no? Me había dicho que ella era su exesposa. Me había dicho que ya no estaban juntos. Me había dicho que ella solo se mudaba temporalmente porque necesitaba un lugar donde vivir. Así que intenté creer lo que me había dicho. Intenté convencerme de que era solo una situación de convivencia inusual. Aún no me daba cuenta de que ya estaba aprendiendo una de las lecciones más dolorosas de una relación abusiva: A veces, la manipulación comienza convenciéndote de que algo completamente inaceptable es, en realidad, normal. Estaba confundida. Me sentía incómoda. Pero lo amaba. Y cuando amas a alguien, a veces no quieres creer lo que tus instintos te gritan. La primera vez que me tocó Hasta ese momento, no me había agredido físicamente. Había habido confusión. Había habido manipulación. Había habido cosas que no tenían sentido. Pero nunca me había tocado. Entonces, un día, todo cambió. Salió con otra compañera de trabajo. Mirando hacia atrás ahora, me doy cuenta de que probablemente nos estaba engañando a las dos, lo cual, honestamente, casi puedo reír ahora por lo ridículo que fue la situación. Llegó tarde a casa. Alguien aparentemente le había dicho que antes de conocerme, había estado involucrada con otro hombre del trabajo. No era cierto. Pero eso no importó. Llegó a casa enojado y comenzó a gritarme. Y luego me levantó de un sofá y me arrojó sobre otro. Estaba devastada. Lloré y lloré. Recuerdo sentirme en shock, no solo porque me había lastimado, sino porque no podía creer que el hombre del que me había enamorado me hubiera hecho eso. Empecé a recoger mis cosas. Iba a irme. Pero no me dejó. Y de alguna manera, como tantas de nuestras peleas después de eso, terminó en sexo. Luego actuó como si nada hubiera pasado. Como si los gritos no hubieran ocurrido. Como si no me hubiera puesto las manos encima. Como si no me hubiera arrojado. Y yo lo acepté. No porque estuviera bien. No porque lo hubiera perdonado. Tenía miedo. Ya había aprendido que resistirme o intentar irme podía empeorar las cosas. Así que hice lo que creí necesario para superar el momento. Mirando hacia atrás, entiendo algo que no entendía entonces: Eso no era hacer las paces. Era sobrevivir. Cuando lo anormal empezó a sentirse normal Finalmente, encontró una casa más grande en un buen barrio para todos. Para entonces, llevaba con él cerca de un año. De alguna manera, me había acostumbrado a la situación. Lo que me había parecido completamente increíble cuando me mudé por primera vez se había convertido poco a poco en mi normalidad. Y sucedió algo más que todavía me cuesta explicar. Empecé a sentir algo por la otra mujer. O, para ser más exactos, empecé a sentir algo por su esposa. Vivíamos juntos. Criando hijos bajo el mismo techo. Compartiendo la misma extraña realidad. Con el tiempo, me encariñé con ella de una manera que jamás esperé. Mientras tanto, su familia ni siquiera sabía de mi existencia. En el trabajo, la gente sabía que algo pasaba. Pero incluso allí, él les decía a todos que solo éramos amigos y que él solo me estaba ayudando. También tenía a otra mujer allí. A veces todavía pienso en cómo logró vivir esa doble —o triple— vida justo delante de todos sin parecer sentir vergüenza alguna. No podía entenderlo. Finalmente, nos mudamos a la nueva casa. La casa era más grande y estaba en un barrio mejor, pero el ambiente dentro no mejoró. El abuso emocional continuó. Y el abuso físico se convirtió en algo que sucedía aquí y allá: otra bofetada, otro incidente, otra vez en que me decía a mí misma que no era para tanto. Con el tiempo, se convirtió en la norma. La casa tenía que estar impecable. Constantemente andaba con pies de plomo, siempre tratando de anticipar qué podría enfadarlo. Había cámaras por toda la casa. Me sentía vigilada todo el tiempo. Y con el tiempo, incluso los niños empezaron a aprender a manipularme. Quiero ser cuidadosa al decir esto porque eran niños. Eran niños. Estaban aprendiendo del entorno en el que crecían. Y no los culpaba. En cambio, me esforcé aún más por cuidarlos. Quería que fueran felices. Quería que todo a su alrededor fuera tranquilo. Y, para ser completamente honesta, también intentaba protegerme. Me aseguraba de que la casa estuviera limpia. Cuidaba de los niños. Hacía todo lo posible para que todos estuvieran contentos y así él no encontrara motivos para enfadarse conmigo. Constantemente intentaba evitar la siguiente explosión. En ese momento no me daba cuenta, pero ya no vivía mi vida. Estaba controlando sus estados de ánimo. El nuevo comienzo que creí que nos salvaría Después de aproximadamente un año en esa casa, decidió que quería empezar de cero. En otro estado. A quince horas de nuestras familias. Mirando hacia atrás, puedo ver lo mucho que deseaba creer que esto lo cambiaría todo. Mi perspectiva era simple: Estaríamos lejos de su familia. Quizás ahora por fin me vería como su novia. Quizás ahora por fin tendría un lugar importante en su vida. Pensé que tal vez el problema había sido su familia. Quería mantener la imagen familiar perfecta para su madre, muy religiosa, y me convencí de que, una vez lejos de todos, las cosas por fin serían diferentes. ¡Qué tonta me sentí después por haber creído eso! Pero no era tonta. Tenía esperanza. Lo seguí. Nos mudamos a otro estado para empezar de cero. Pero el nuevo comienzo no se parecía en nada al futuro que había imaginado. Nos mudamos a un pequeño apartamento. Compartía una habitación con dos de mis hijos. Al principio, ni siquiera me dejaba traer a mis otros dos hijos. Tuve que rogar. Y rogar. Y rogar. Finalmente, después de tanto rogar, pude traer a mis otros hijos. Empecé a trabajar en el mismo sitio otra vez, y además, me hizo aceptar un trabajo de medio tiempo con su esposa. Estaba agotada. Estaba más que cansada. Trabajaba, cuidaba de mis hijos, intentaba mantener la paz y trataba de salvar una relación que me consumía cada vez más. Mis hijos me daban fuerzas para seguir adelante. En ese momento de mi vida, eran la razón por la que me levantaba cada mañana. Cuando el control se convirtió en mi vida entera Una vez que nos mudamos al nuevo estado, todo empeoró. Había cámaras. Había rastreo GPS. Él controlaba mi teléfono. Trabajábamos en el mismo lugar, así que ni siquiera el trabajo era un espacio donde pudiera tener un poco de privacidad. Pero el control no terminaba ahí. Tenía control total sobre mis cuentas bancarias. Yo trabajaba, pero no tenía acceso a mi propio dinero. Me dejaba apenas lo suficiente para comprar comida para la semana. Y de alguna manera, sin importar cuánto trabajara o cuánto hiciera, nunca era suficiente. Me decía que no hacía lo suficiente. Que no ganaba lo suficiente. Nada era suficiente. Regularmente tomaba mi teléfono y lo revisaba. Si había mensajes, conversaciones o cualquier cosa que pudiera hacerlo parecer culpable, los borraba. Me aterrorizaba tener algo en mi teléfono que pudiera molestarlo. Sabía que lo revisaba, y sabía que cualquier cosa que no le gustara podría convertirse en un problema. Así que aprendí a tenerle miedo a mi propio teléfono. Pero hubo algo más que hizo que jamás olvidaré. A veces todo parecía completamente normal. Podíamos estar sentados juntos viendo una película. Podíamos estar cenando. Durante unos minutos, casi parecía una relación normal. Entonces recibía un mensaje suyo. Lo abría y me encontraba con videos extremadamente explícitos de mujeres asesinadas por sus maridos o parejas: mujeres a las que les disparaban, apuñalaban, violaban y mataban. Le preguntaba: “¿Por qué me envías esto? ¿Cuál es el propósito? Estamos bien ahora mismo”. Su respuesta fue: “Para que sepas lo que te podría pasar si no te portas bien”. Esa frase me marcó profundamente. Quería que imaginara lo que podría suceder si lo desobedecía, lo hacía enojar o no me “portaba bien”. Me aterroricé. Recuerdo pensar que no había salida. Empecé a creer que la única forma de dejarlo sería en un ataúd. Ese era el miedo que me había infundido. La primera vez que me fui Finalmente, llegué al punto de llamar a una línea de ayuda para víctimas de violencia doméstica conectada con la Fiscalía. Me ayudaron a salir de allí. Me fui. Por primera vez, de verdad había logrado escapar. Pero solo estuve fuera una semana. Me hizo promesas. Prometió que las cosas serían diferentes. Dijo que buscaría un lugar lejos de su esposa. Dijo que por fin estaríamos juntos, solo nosotros dos. Prometió comprarme un coche. Así que volví. Y casi de inmediato, me arrepentí. Porque cuando regresé, descubrí que había tirado casi todo lo que tenía. Mi ropa. Mis zapatos. Las camas de mis hijos. Cosas que me pertenecían a mí y a mis hijos simplemente habían desaparecido. Incluso había vendido la camioneta que yo conducía. Y de repente, la promesa de comprarme un coche nuevo cobró sentido. Me había quitado mi medio de transporte, mis pertenencias, mi independencia, y luego se presentó como la persona que me lo devolvería. La amenaza contra mi hermano Después de mi regreso, cumplió todo lo que me había prometido. Me compró un auto. Me compró un anillo nuevo. Me compró ropa para mí y para los niños. Incluso empezó a gestionar la compra de una casa más grande. Por un tiempo, todo parecía ir bien. Pero no duró. Con el tiempo, su actitud cambió. Empezó a recordarme que lo había abandonado. Que lo había lastimado. Que, por haberme ido, iba a pagar las consecuencias. Supe entonces que algo dentro de mí había cambiado. Le dije que ya no quería esto. Le dije que me iba a ir. Esta vez, tenía un plan. Mi hermano vendría a buscarme. Por primera vez, pensé que de verdad podría escapar. Pero en cuanto supo que mi hermano venía de camino, todo cambió. Amenazó con matarlo. Me dijo que si no llamaba a mi hermano para decirle que no viniera, lo mataría alegando defensa propia porque estaba en su propiedad. Estaba aterrorizada. Llamé a mi hermano y le dije que no viniera. Desde fuera, probablemente parecía que había decidido quedarme otra vez. Pero por dentro, algo ya había cambiado. Había tomado mi decisión. Sabía que ya no quería esta vida. Sabía que quería irme. Pero en ese momento, me quedé porque tenía miedo de lo que le haría a mi hermano. No me quedaba porque quisiera la relación. Me quedaba porque alguien a quien amaba acababa de ser amenazado. Y fue entonces cuando comprendí algo que llevaba años intentando entender: No intentaba que lo amara. Intentaba que tuviera miedo de dejarlo. Me quedé ese día. Pero mentalmente, ya me había ido. El día que finalmente escapé Después de eso, empecé a planear sin que se diera cuenta. Empecé a usar el ordenador del trabajo para buscar información y averiguar cómo podía escapar. Mi jefe de entonces me ayudó. Poco a poco, me puse en contacto con mi familia. Hicimos un plan. En silencio. Con cuidado. Había decidido que necesitábamos una casa más grande, y estábamos en proceso de mudanza. Debido a la mudanza, había quitado algunas de las cámaras. Por primera vez en mucho tiempo, tuve un pequeño resquicio donde no me vigilaban a dondequiera que iba. Sabía que tenía que aprovecharlo. Una mañana, me desperté y actué como si todo fuera completamente normal. Seguí nuestra rutina matutina habitual. Hablé con él como si nada hubiera pasado. Los niños fueron a la escuela. Él se fue a trabajar antes que yo, y normalmente yo me iría una hora más tarde. Pero esa mañana, tenía un plan. Empaqué solo lo absolutamente esencial. Mis documentos importantes. Algunas cosas necesarias. Todo lo que pude meter en una mochila pequeña. No podía llevar mucho. No podía arriesgarme a que notara que faltaba algo. Antes de que mis hijos fueran a la escuela, hablé con mi hija mayor. Ella no tenía teléfono. Así que me aseguré de que entendiera exactamente lo que tenía que hacer. Le dije que cuando el autobús escolar la dejara, no debía entrar en la casa. Le dije que tomara su mochila y solo lo esencial que necesitara y se fuera. Yo estaría allí. Luego fui a trabajar. Dejé mi mochila con mi jefe. Después caminé frente a su oficina para que me viera y creyera que estaba trabajando. Regresé a la oficina principal. Le di mi teléfono a una compañera y amiga. Ella lo escondió y caminó por el almacén con él para que él pensara que aún estaba trabajando. Mi jefe me dio un teléfono desechable para que pudiera contactar a mi familia. Luego mi amiga me llevó en coche a un estacionamiento. Una amiga de la familia ya me estaba esperando. Había conducido unas cinco horas desde otro estado para venir a buscarme a mí y a mis hijos. Todo había sido planeado en torno a una sola cosa: Él no podía saberlo. Y para cuando se dio cuenta de que me había ido, ya estaba lejos. No tenía teléfono. No podía llamarme. No podía enviarme mensajes. No podía rastrearme a través de mi teléfono. No podía amenazarme. Cuando el autobús escolar dejó a mis hijos, yo ya estaba allí esperándolos. Siguieron las instrucciones que les había dado. No dejaba a mis hijos atrás. Me los llevaba conmigo. Por primera vez en años, reinaba el silencio. Por fin estaba lejos de él. Por fin me había ido. Y por primera vez, sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: seguridad. Mantenerme alejada Dejarlo fue solo el principio. Durante los meses siguientes, intentó encontrar la manera de contactarme. Correos electrónicos. Mensajes de texto. Messenger. Diferentes números de teléfono. Cualquier medio que encontrara para enviarme un mensaje. Lo bloqueé en todas partes. A veces incluso me enviaba dinero por Cash App solo para adjuntar un mensaje. Constantemente buscaba otra forma de entrar en mi vida. Antes de irme, había leído que una de las cosas más importantes que puedes hacer con alguien como él es bloquearlo y no ceder. Así que eso fue lo que hice. No respondí. No cedí. Me mantuve alejada de él tanto como pude. Me llevó mucho tiempo. Pero finalmente, funcionó. Los mensajes cesaron. Los intentos de contactarme cesaron. Y poco a poco, empecé a liberarme. Aprendiendo a sentir de nuevo Hoy soy libre. Soy feliz. Tengo a mi familia a mi alrededor. Tengo amigos. Tengo gente que me quiere y me apoya. Tengo una vida que vuelve a sentirse normal. Pero alejarme físicamente de él no significó que estuviera bien de inmediato. Durante meses después, quizás incluso un año, no sentí casi nada. No sentí tristeza. No sentí compasión. No sentí amor. No me sentía yo misma. Estaba completamente bloqueada. Insensible. Emocionalmente, ya había muerto mucho antes de escapar físicamente. Durante tanto tiempo, sobrevivir había sido lo único que importaba. Sobrevivir al día. Mantener la paz. Proteger a los niños. Evitar la siguiente explosión. Sobrevivir otra noche. No me di cuenta de cuánto de mí misma había perdido solo por intentar sobrevivir. Cuando finalmente estuve a salvo, mi cuerpo estuvo a salvo antes que mi mente. Me llevó tiempo volver a sentir. Me llevó tiempo volver a reír. Me llevó tiempo volver a confiar en la gente. Me llevó tiempo comprender que tenía derecho a una vida que no girara en torno al miedo. Pero, finalmente, empecé a recuperarme. Y ahora entiendo algo que desearía que toda mujer que sufre abuso comprendiera: Sobrevivir no es el final de tu historia. Sobrevivir es lo que te lleva al otro lado. Creo firmemente que si me hubiera quedado, no estaría aquí hoy. Tal vez me habrían matado físicamente. Tal vez habría muerto emocionalmente y nunca habría encontrado el camino de regreso. En cierto modo, ya me sentía muerta por dentro. Pero sobreviví. Y hoy, estoy rodeada de personas que me aman. Tengo a mis hijos. Tengo a mi familia. Tengo a mis amigos. Y me tengo a mí misma de nuevo. Por primera vez en mucho tiempo, no vivo solo para sobrevivir. Vivo. Y si otra mujer que lee esto está en medio de su propia pesadilla, quiero que sepa esto: No eres tonta por quedarte. No eres débil por haber regresado. No eres responsable de lo que te hizo. No eres responsable de sus decisiones. Y no estás más allá de la salvación. Hay una salida. Puede que requiera planificación. Puede que requiera tiempo. Puede que tengas que irte más de una vez. Puede que tengas miedo. Puede que no sepas adónde vas a ir ni cómo vas a reconstruir tu vida. Pero, por favor, no renuncies a la mujer que eras antes del abuso. Sigue ahí dentro. Lo sé porque yo la reencontré. Y si estás leyendo esto y aún estás atrapada en ello, espero que me creas cuando te digo: Mereces vivir. No solo sobrevivir. Vivir.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Espero que lo que me sucedió pueda ayudar a otros a través de su propia experiencia.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Ser capaz de contar tu historia sin derrumbarte y poder verla como una experiencia de aprendizaje.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Abuso de mi madre en una piscina: Cuando quien debía cuidarme me dañó

    Nunca pensé que tendría que escribir esto, pero necesito sacar la verdad. Tenía 14 años cuando fui a una fiesta con mi mamá. Ella había estado bebiendo alcohol durante la noche. Más tarde, me metí a la piscina y, unos minutos después, ella entró al agua conmigo. Al principio, solo estábamos nadando. Luego, se acercó y me abrazó; yo le correspondí el abrazo porque era mi madre y no esperaba nada malo. Sin embargo, la situación cambió rápidamente. Empezó a susurrarme al oído cosas sexuales, explicándome "qué les gusta a las mujeres", cómo besarlas y cómo tocarlas. Me dijo que les gustaba que les besaran el cuello y comenzó a hacerlo conmigo mientras seguía susurrando esas instrucciones. Después, comentó que también les gustaba ser tocadas durante esos momentos y empezó a acariciarme los hombros y el pecho. Sentí un nudo en el estómago. Cuando intentó bajar las manos hacia mis zonas íntimas, me paralicé del nerviosismo y el miedo. No supe qué hacer en ese instante, sentí que el mundo se detenía. Afortunadamente, logré reaccionar, me separé de ella y salí de esa situación. Esa noche entendí que el lugar más seguro debería haber sido con mi familia, pero no lo fue. El alcohol fue su excusa, pero la acción fue suya. Desde entonces, he cargado con mucha culpa y confusión, preguntándome por qué mi propio cuerpo reaccionó o por qué no la detuve antes. Pero ahora sé que no fue mi culpa. Yo era un niño y ella era la adulta responsable. Comparto esto en Our Wave para romper el silencio sobre el abuso incestuoso materno, un tema del que casi nadie habla. Si estás leyendo esto y te ha pasado algo similar con un familiar, quiero que sepas que no estás loco/a y no eres un "error". Tu cuerpo respondió como pudo para sobrevivir. Mereces sanar y mereces ser creído/a.

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    Contar eso sin derrumbarme

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    Aprender a vivir sin querer matarme

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Sanar es entender

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Control coercitivo

    Él y yo nos conocimos el fecha . Yo tenía 17 y él 19. Acababa de regresar a Australia después de vivir un año en Estados Unidos cuando decidí enviarle un mensaje de texto para decirle que había vuelto. Habíamos estado hablando por Snapchat durante algunos meses, así que me invitó a dar un paseo para tomar un café. Nuestro primer encuentro fue bien y comenzamos a salir con regularidad. Durante el transcurso de nuestro año y medio de relación, los momentos se volvieron amargos. "¿Qué más te gusta?", preguntó mientras teníamos sexo. "No lo sé. ¿Y a ti?", respondí. "Abofetear". Me quedé sorprendida, pero como tenía sentimientos por él, quería impresionarlo. Gran error. "¿Quieres abofetearme?", pregunté con vacilación. "Algo así". "Está bien. Podemos intentarlo". Entonces me abofeteó en la cara. Escoció, pero no lo demostré. "¿Te gusta eso?", sonrió. “Sí.” No lo hice, pero estaba demasiado absorta en mis sentimientos para decirlo. “También puedes abofetearme si quieres.” Nunca consintí en que me abofeteara de nuevo; él nunca me lo pidió. Tiempo después, me negué a darle un beso, así que me agarró del pelo y me atrajo hacia él. Me aparté y me abofeteó. Lo besé para que no lo volviera a hacer. Sentí miedo cuando lo hizo porque no me había pedido abofetearme y lo hizo porque le había negado un beso. De manera similar, otra vez me pidió un beso cuando yo estaba encima de él. Me reí y me aparté. “Por favor.” Suplicó. “No.” Me reí. “¿Por favor?” Preguntó de nuevo. Negué con la cabeza mientras fruncía los labios. Lo besé por toda la cara menos en los labios. No dijo nada después de eso, solo miró mi collar y lo agarró, arrancándomelo del cuello. Nos miramos fijamente durante unos segundos antes de que me riera para no llorar. Dijo algo sobre que era de mala calidad. Se ofreció a comprarme uno nuevo, pero le dije que lo arreglaría en casa. Más tarde supe que estaba demasiado dañado para arreglarlo. Eso me impactó. Iba a llorar, pero puse buena cara para él porque no sabía qué haría si me veía llorar. Me asusté cuando extendió la mano para agarrarlo y me tiró hacia adelante cuando intenté alejarme y se rompió el collar. Otro día estábamos acurrucados frente al televisor cuando solté: "¿Cuál es tu fetiche más raro?". Pensó un momento antes de responder. "Sangre", dijo. ¿Qué se suponía que debía decir a eso? Le seguí la corriente porque tenía curiosidad y no esperaba que llegara tan lejos. "Eh. ¿Quieres añadir más?", pregunté, señalando las cicatrices de autolesiones en mi brazo. Respuesta estúpida. ¿Estaba tratando de impresionarlo? ¿Tal vez pensé que era caliente en ese momento? Se rió entre dientes. “Me temo que no tengo un cuchillo lo suficientemente afilado. Pero cuando consiga uno, ¿te gustaría añadirme algunos?” “Solo si quieres que lo haga.” Un momento de silencio roto solo por la televisión. “¿Y tú?” Preguntó. Estaba mirando la televisión y distraída de la conversación, como esperando que si desaparecía en el video que se estaba reproduciendo la conversación terminaría. “¿Eh?” Respondí finalmente. “¿Cuál es tu fetiche más raro?” “Similar al tuyo; me gustan los cuchillos.” De nuevo, estaba tratando de impresionarlo. Estaba pensando en la vez que un chico con el que me acosté nombre me dio un cuchillo de caza porque dije que vendí el mío. “Tengo un cuchillo.” Tenía una navaja de bolsillo con la que abría paquetes. “Lo sé. ¿Quieres probarlo?” “¿Quieres?” “Claro.” No. ¿Por qué dije eso? Se levantó, sacó su navaja y volvió a la cama. Nos besamos, nos desvestimos y, enseguida, se metió dentro de mí y me puso la navaja en la garganta. ¿Quizás me preguntó dónde y le dije que me la pusiera en el cuello? No sé, solo que no cerca de mis tetas. Ahora me parece muy gracioso porque tengo los pezones perforados. Tenía los ojos cerrados y estaba concentrado en nuestros labios y accidentalmente me pinchó el costado del cuello. Eso dolió. Me separé de su beso para cogerle la mano mientras él la sostenía. Estaba preocupada porque pensé que debería haber estado más atento para que no me hiciera daño. No lo mencioné hasta la siguiente vez que salimos. La siguiente vez ( fecha 2 ), me rogó que le dejara cortarme la ropa interior. Le dije que sí, siempre y cuando no volviera a ponerme la navaja en la garganta. Empezó a cortar y, cuando hubo un agujero enorme, se rindió y me la quitó antes de colocarse entre mis piernas y empujar. Me puso la navaja en la garganta. Pensando que me había oído mal, le pedí que lo soltara. Entre besos, me preguntó por qué y le expliqué que me había pinchado el cuello la última vez y que no quería que volviera a pasar. Prometió que no lo haría y seguimos. Me molestó que no quitara el cuchillo cuando se lo pedí, pero seguía besándome, así que me distraje. Creo que le pedí que lo soltara otra vez después. Quizás no, la verdad es que no lo recuerdo. Intenté apartarlo, pero no movió la mano, así que al final fui yo quien lo empujó y él lo sujetó. Dejé de forcejear, pero mantuve la mano ahí. Esto daba mucho miedo. No quería el cuchillo ahí y él no lo quitaba. Me preguntó si quería ser la dominante y le dije que sí, así que cambiamos de posición y, cuando me acomodé, me dio el cuchillo. Cuando fui a dejarlo a nuestro lado, me cogió la mano y me ayudó a sujetarla contra su garganta. Me sujetó la mano con el cuchillo clavado contra su garganta. Esto fue incómodo y perturbador porque quería soltarlo. Lo besé y le dije que quería soltarlo y finalmente cedió. Cuando terminamos, le dije de nuevo que no quería el cuchillo cerca de mi garganta porque me había pinchado antes. Se encogió de hombros y dijo: "Oh, lo siento". No entiendo por qué no respetó mi no inicial, pensé que era por ese viejo dicho que todos piensan en algún momento: "Los chicos son así". Cuando le pedí que parara, debería haber parado. En cambio, me puso en una situación imposible donde tenía un cuchillo en la garganta y un hombre encima de mí que se negaba a quitármelo. Me hizo cómplice al poner el cuchillo en mi mano. Volví a su casa después de eso y su mano intentó subirse a mi camisa, pero lo detuve. Le dije: "Nada de sexo; solo besos". "¿Solo besos?", preguntó. Asentí. "De acuerdo", dijo. Nos besamos cada pocos minutos mientras hacíamos pausas para ver la televisión. Su mano seguía recorriendo mi cadera y muslo. Tomé su mano y la coloqué en mi muslo, diciéndole que se quedara. Seguimos besándonos y su mano lentamente se deslizó por mi muslo y bajó hasta mi trasero, apretando y acariciando suavemente. No quería que hiciera esto. Quería besarnos, abrazarnos y ver la televisión. Él siguió aumentando la intensidad. La moví de nuevo a mi muslo y le dije que la dejara allí. Intentó poner su pierna entre mis muslos como lo hacía cuando estábamos desnudos antes del sexo y hacíamos un poco de juegos previos. "Quita la pierna". "Lo siento", refunfuñó. Su mano seguía moviéndose, así que me giré y puse su mano en su muslo. "Deja de tocarme". Me tocó a mí refunfuñar. Preguntó: "¿Por qué?". "Porque me estás poniendo cachondo". "Bien; ponte cachondo conmigo", dijo mientras empezaba a besarme el cuello y presionaba su erección contra mi trasero. “Hoy no. No tengo ganas.” Levanté las piernas y me moví hacia adelante de manera que mi trasero y su erección quedaron a centímetros de distancia. Estiró y movió los muslos para que quedaran presionados contra la parte posterior de mis muslos y su erección contra mi trasero. Cada vez que volvía a preguntar o se movía para tocarme, me molestaba y me incomodaba, pero cedí porque seguía preguntando y pensé que ya había tenido sexo con él antes y no aceptaba un no por respuesta, así que ¿por qué no simplemente cedía? Me giré para mirarlo y nos besamos de nuevo. “Por favor, te necesito.” Suplicó contra mis labios. Estoy segura de que su erección no estaba cómoda. Así que cedí. “Yo también te necesito, preciosa.” “¿Podemos follar?” Preguntó. “De acuerdo.” No quería tener sexo con él. Solo estaba allí para besos y caricias. Cedí porque no dejaba de preguntar. Su mano se deslizó bajo mi camisa y mi sujetador y los subió. Me los quité y él se quitó los suyos antes de volver a acomodarse con su muslo entre el mío. "Muévete para mí", ordenó. "Pero quiero que me folles". "Lo haré. Muévete primero". Intenté protestar, pero empezó a besar y chupar mis pezones y, en lugar de eso, gemí. No quería moverme. Solo quería terminar con el sexo. Pero él seguía diciéndome que me moviera y empezó a moverse, así que no pude hacer nada más. Empezó a moverse, así que lo seguí y me moví contra su muslo mientras nos besábamos. Cuando me acercaba al orgasmo, dije: "Por favor, para". Hizo una pausa y preguntó: "¿Por qué, nena?". "Porque voy a correr". Continuó moviéndose a pesar de que yo había parado. Esto era aterrador porque mi cuerpo decía sí, quiero tener un orgasmo, pero mi mente decía no, no así. "Buena chica", gimió. “Corre para mí.” “Pero llevo pantalones…” Razón válida para detenerse, de nuevo no estoy segura de por qué insistió. “Shhh, está bien.” Me agarró de las caderas y me guió por su muslo, haciéndome llegar al orgasmo. Tenía la cara roja de vergüenza y me escondí en su cuello. Cuando se detuvo, preguntó: “¿Te corriste?” “Mhm.” Asentí contra su cuello. Lo había hecho, lo que me asustó aún más porque no quería, pero la fricción contra mi cuerpo me obligó a llegar al clímax. “Buena chica.” Sin pausa, sin advertencia; su mano se deslizó dentro de mis pantalones y ropa interior y comenzó a tocarme con los dedos. Este es otro ejemplo de cómo se negó a respetar mis límites y me coaccionó, agotándome hasta que dije que sí. Jugaba videojuegos cuando terminábamos, conectándose a Discord para chatear por voz con sus amigos. Cuando estaba en medio de un juego, lo oí decir: “cómo provocarle el síndrome de Estocolmo a una zorra”. De nuevo, lo atribuí a que estaba nervioso. Ahora me doy cuenta de lo perturbadora que debía ser su mentalidad para decir algo así. Le dije que no le rogaba a nadie. Al minuto siguiente, estábamos desnudos y él se frotaba contra mí, ordenándome que le suplicara o no lo haría. Intenté resistirme, pero me sujetó las manos hasta que cedí. Esto fue aterrador porque acababa de decir que no suplicaba. No quería suplicar. Estaba atrapada debajo de él hasta que me obligó a hacerlo frotándome. Me abofeteó y luego dijo: "Eres una zorra desesperada". Le respondí: "Solo para ti". Y entonces me besó. Una vez incluso me dijo que estaba investigando la guerra psicológica, y cuando le pregunté qué era eso, dijo: "Tácticas de manipulación". Lo cual realmente resalta su mentalidad. Pensé que podría estar embarazada y le envié un mensaje de texto al respecto, esperando consuelo y madurez emocional. Lo que encontré fue una foto de una pistola y artículos de limpieza. Esto me sobresaltó porque esperaba que tuviera algo de madurez, pero en cambio me recibió con una amenaza. Antes de ir a la universidad, bromeé sobre que se juntara con una anciana para que le hiciera compañía, ya que nuestro pueblo es básicamente un asilo de ancianos. Dijo que no, que iba a buscar a una chica de 17 años en el instituto. Con todos los malos momentos acumulados así, es fácil ver la toxicidad. Sin embargo, no todo fueron malos momentos. Me daba afecto poco a poco para mantenerme enganchada, de modo que cada vez que intentaba irme, sabía que volvería esperando su mejor versión. Estábamos viendo un programa cuando vimos una escena en la que disparaban a unos criminales y pensé: ¿y si un día es tarde por la noche y estoy en casa con nuestros futuros hijos y él está fuera y le pasa algo malo pero no puedo ayudarlo? Una lágrima rodó por mi mejilla y cayó sobre su pecho desnudo. Me quedé paralizada. Sabía que lo sentía, pero no estaba segura de cómo reaccionaría. Me besó suavemente la coronilla, cambió el canal a ' canal ', un canal de YouTube con el que siempre nos reíamos mientras lo veíamos. Me sentía bien por dentro cuando teníamos momentos como este. Eso me hacía volver. Sabía que podía ser decente y amable conmigo, pero muchas veces simplemente elegía sus propios deseos por encima de mi comodidad. Estábamos en su casa, en su nueva habitación, y seguía intentando tener relaciones sexuales conmigo. Le dije que no, que solo quería acurrucarme y ver la tele. Se enfadó y me dijo: "Si no vas a tener sexo conmigo, puedes irte". Me levanté, empecé a coger mis cosas y me preguntó adónde iba. Le dije que me iba y lo único que dijo fue "vale". Esa respuesta fue tan seca que decidí quedarme. Me volví a subir a la cama y él seguía preguntando: "¿Puedo tocarte?". Yo seguía repitiendo: "Probablemente esté seco". Sin previo aviso, metió la mano dentro de mis pantalones y empezó a frotarme, gimiendo sobre lo mojada que estaba. No quería perderlo. Me importa mucho y la idea de que solo porque no quisiera hacer algo como tener sexo lo perdiera era demasiado abrumadora. No quería perderlo y que dijera eso me presionó mucho para tener sexo con él. Empezamos a tener sexo porque él quería y yo no quería que me echara. Su cama rechinaba demasiado, así que nos fuimos al suelo. Le pedí que me pasara una almohada y me la dejó caer en la cara. Luego se acercó, se puso de pie sobre mí y empezó a agitar su pene sobre mi cara y a agacharse más. Esto fue horrible. ¿Por qué se agachaba sobre mi cara? Todavía tengo flashbacks de esto donde puedo ver todo lo que pasó ahí arriba. Le pregunté varias veces qué estaba haciendo y él solo sonreía sin responder. Finalmente, salí de debajo de él y le pregunté si iba a cagarme encima. Respondió que solo iba a hacer que le hiciera una mamada. No acepté nada de eso. Esto, de nuevo, fue horrible. No quería tener sexo ese día. Estaba visiblemente retrasando el sexo ese día diciendo que deberíamos ir a la pared (no funcionó, era demasiado alta) y luego al suelo y cuando terminé en el suelo tuve una de las peores y más absurdas experiencias sexuales de mi vida. No todo fue malo. Estábamos comiendo pollo BBQ de Domino's en la cama cuando una gota de salsa cayó sobre mi pecho y él la señaló. "Lámela". Sonreí. "Puaj, qué asco". Hizo una mueca. "No te quejabas hace diez minutos". Asintió. "Cierto". La lamió. Tiempo después, bromeó diciendo que me regalaría salsa barbacoa por mi cumpleaños. Llevé unas esposas a su casa y se las puso, quedándose atascado. Tuve que ayudarlo a liberarse. En otra ocasión, le estaba haciendo cosquillas en los pies y me agarró, me inmovilizó con las piernas y trató de tirarse un pedo en mi cara. Esto sucedió más de una vez. Llegó la Navidad y me preguntó qué quería. Emocionada, le dije que me sorprendiera y fui de compras para él, comprándole un montón de cosas que pensé que le gustarían, incluyendo un collar con una nota musical, una bola de Navidad con piel de dragón, dados, juguetes antiestrés, incienso y un soporte para incienso. Por supuesto, también sus chocolates caros favoritos. Cuando le di sus regalos, no tenía nada para mí. Vi una estatua de gato en su escritorio y dijo que era para su exnovia. Nunca me regaló nada. Una vez se quedó parado en un rincón, apuntándome con el cuchillo y sonriendo. Le dije que estaba siendo espeluznante y guardó la cosa después de quedarse allí parado unos segundos más. Su ex llamó y él salió de la habitación, volviendo para decirme que su perro le había montado la pierna. Me mostró un video en sitio web de una vagina convertida en una pipa de crack y me preguntó si podía hacerme eso a mí. Hice un trato con él: si él tenía sexo, yo tenía que tener al menos 10 minutos de mimos después. El sexo solía durar alrededor de una hora. A veces, cuando nos abrazábamos, me envolvía completamente en sus brazos mientras yo estaba acostada sobre su pecho. Otras veces, ponía una mano perezosa sobre mi cintura. La mayoría de las veces me hacía acurrucarme con él (él como cucharita). Aunque, una vez estábamos medio dormidos y yo lo estaba abrazando cuando me di la vuelta y él se dio la vuelta para acurrucarse conmigo y creo que nunca había sido más feliz con él. La tercera vez que usamos el cuchillo, no respondía a ninguno de mis mensajes, así que le escribí: "Fóllame con un cuchillo en la garganta". Finalmente respondió y me dijo que fuera a su casa. Fui y me pidió que fuera a buscar el cuchillo mientras salía de la habitación. Fui y no estaba donde lo guardaba. Volví a la cama donde estaba antes de que saliera de la habitación y sentí un objeto duro debajo de la almohada. Miré y ahí estaba el cuchillo. Lo había deslizado debajo de mi almohada antes de irse. Eso me confundió. ¿Por qué pedirme que fuera a buscarlo? Trajo dos botellas de agua fría, me dio una y puso una pastilla en la otra justo delante de mí antes de agitar la botella y bebérsela. Puso la botella al lado de la mía y no sé si se mezclaron mientras no miraba. Le pedí un cepillo cuando estaba en su casa. Él trajo uno e intentó cepillarme el pelo. Me despeinó la raya, así que cogí el cepillo y le dije que me lo había estropeado. Momento tonto. Le gustaba asfixiarme. A veces me dirigía la mano hacia su garganta. Una vez le pregunté si quería asfixiarme para ver cuánto tardaba en desmayarme. Aceptó y su mano estuvo alrededor de mi garganta durante unos cinco o diez minutos antes de que parara porque le empezó a dar un calambre. Yo estaba tratando de ser alguien que él aceptaría. Al principio de nuestra relación, mencionó que había tenido una acosadora. Una chica. Me pregunto dónde estará ahora. Una vez quiso tener sexo mientras yo tenía la regla. No tenía tampones, así que acordamos que al día siguiente, cuando fuera a su casa, traería algunos porque me quedaría a dormir. Llegué a su casa pero olvidé los tampones y mi pijama. Llamé a mamá y me los bajó. nombre y yo tuvimos sexo después de que él pusiera las toallas. Fue normal, supongo, un poco más seco. Nos duchamos después. La siguiente vez que tuve la regla, no quiso tener sexo de nuevo. Le hice una felación y eso continuó hasta que un día volvimos a tener sexo durante la menstruación y él trajo dos bolsas de basura para mi tampón. Otra vez estábamos en mi casa y él quería que lo besara mientras se masturbaba. Normalmente yo me tragaba su semen cuando estaba a punto de terminar y él me avisaba. Esa vez no me dijo nada después de que se lo pidiera y en su lugar, se limpió con papel higiénico y no me dio ninguna explicación. Más adelante en nuestra relación, le pregunté si todavía veía un futuro conmigo como decía. Dijo: "Ya no realmente". Le pregunté por qué. Respondió: "No eres mi tipo". Le pregunté cuál era su tipo. Dijo: "Alternativo". Intenté dejarlo. Muchas veces. Salí de su casa y le dije: "Nunca nos veremos". Respondió: "Eso mismo dijiste la última vez". En mi cama, viendo la televisión que compré porque hizo un comentario sobre mi falta de una. Nos estábamos besando y sus brazos me rodeaban. Recorrió mi cuerpo con su mano. Entre besos, seguía preguntando: "¿Sexo?". Al principio decía "tal vez", y luego: "¿No podemos simplemente pasar el rato y no tener sexo?". Él seguía preguntando. Yo no quería tener sexo con él, solo quería acurrucarme y ver la tele. Él respondió: "Pero me pones muy cachondo". "Tenemos sexo todo el tiempo, estoy intentando ser solo amigos". "Pero el sexo me sentaría tan bien ahora mismo". Continuó presionándome de forma sutil, preguntando una y otra vez. Nos besamos. Sus manos exploraron mi cuerpo. Mis manos se quedaron en su pelo la mayor parte del tiempo. Se frotó contra mí, presionando su erección contra mi muslo. Se giró, se colocó entre mis piernas y me pidió que me frotara con él. Cedí. Sentirlo contra mí me excitó y cedí. Para empezar, no quería sexo. Me duele pensar en esto porque siempre cedía después de que él seguía tocándome. Me gustaba besarlo y traté de pedirle que mantuviera las manos quietas, pero si las movía a mi muslo, las deslizaba hacia mi trasero, y si las movía a mis caderas, jugaba con mis pechos. Solo quería ver la tele y besarlo. Pero como ahora estaba encima de mí y su pene estaba presionado contra mis partes íntimas, cedí. Lo hicimos y después nos quitamos la ropa y volvimos a besarnos. Tuvimos sexo. Duró un buen rato. nombre dijo que iba a terminar y luego no lo hizo dos veces. Le sugerí que hiciéramos una pausa. No me hizo caso y siguió. "¿Deberíamos hacer una pausa? Serán diez minutos, cariño, y podemos volver a ello". Negó con la cabeza. "Ya casi llego". Esperé como veinte minutos más a que terminara, mirando la tele por encima de su hombro mientras me penetraba. Por suerte, le pedí que moviera la cabeza y coloqué mi oído sordo hacia sus gemidos mientras mi oído bueno estaba orientado hacia la tele. “¿Has terminado?” pregunté. Varias veces. Negó con la cabeza y volví a preguntar. “Vamos, tomemos un descanso. Diez minutos viendo la tele y luego volvemos, te lo prometo”. Seguía sin estar de acuerdo, tuve que preguntarle unas cuantas veces más. Cuando accedió a regañadientes y se bajó, se acostó a mi lado en la cama. Empezó a masturbarse mientras yo veía la tele y me dijo que me tocara. Pregunté “¿por qué?” Y respondió: “porque está caliente”. Lo hice durante dos minutos y luego paré. Empezó a tocarme. Aparté su mano después de un rato. “¿Quieres que te haga una mamada?” preguntó. Asentí y me tiró hacia el final de la cama. Estaba bien, pero lo volví a tirar hacia arriba para que me follara y así acabar de una vez. Se colocó mientras nos besábamos, se puso encima de mí y seguimos teniendo sexo. Terminó y, sin molestarse en retirarse, se quedó dormido encima de mí, echando una siesta y babeando sobre mi pelo y mi cojín. Le pedí que viniera conmigo al espectáculo del pueblo. Lo llamó un espectáculo de mierda. Cuando le pregunté si vendría conmigo al evento local , dijo que era incluso peor que el espectáculo. No quería ir a comer conmigo a menos que le rogara y pagara por los dos. Se negaba a conocer a mis padres y entraba y salía de mi casa a escondidas, una vez incluso se escondió debajo de una manta cuando me despedía de mi tía. Solía dejarme pañuelos en la cara cuando terminaba, diciéndome que limpiara. Cuando estaba encima, le hacía lo mismo. Él solo sonreía con picardía y se pasaba el pañuelo por la cara, haciendo una mueca graciosa cada vez que el pañuelo pasaba por encima. Eso me hacía reír y me decía que siguiera haciéndolo porque se sentía bien. Eso sí, todavía estaba dentro de mí en ese momento. Nunca dijo que salíamos, siempre que éramos "amigos con derechos" o "una relación informal". Deslizó a la derecha en nombre de usuario en redes sociales y fingió que era una broma. Se acostó con mi amiga mientras salíamos. Una vez fuimos caminando al restaurante porque se les olvidaron sus bebidas. A veces, él iba a buscar un pañuelo o me pasaba algo y de repente me penetraba para verme jadear. Lo llamé guapo y él dijo "en realidad prefiero bonito". Así que empecé a llamarlo chico guapo. Se olió los dedos después de tocarme y dijo que estaba probando los niveles de pH. Dijo que su ex tenía TLP. Luego dijo que le habían diagnosticado. Cuando tenía la regla me preguntó si podía tocarse y le dije que sí, pero la siguiente vez simplemente se la sacaba sin preguntar. Me pidió que me sentara en su cara. Me reí y le dije que no, que lo aplastaría. Dice que no lo haría y cosas así, me niego de nuevo. Me dice que ya no va a venir mucho. Nos besamos y le pregunté si solo quería un descanso por un tiempo. Dijo que sí y le pregunté si iba a volver. Dijo que tal vez. Me pidió que me sentara en su cara otra vez. Me negué de nuevo. Solía soplar humo de vapeador en mi boca abierta. Le pregunté por qué me besaba si solo éramos amigos y dijo que porque era divertido. Le dije que era bueno besando y dijo que yo era normal y que tenía los labios finos. Hizo unos ruidos graciosos la primera vez que tuvimos sexo y se corrió y empecé a reír y él dijo que era la primera persona que se reía de eso. Se detuvo en medio del sexo para mirar su pene entrar y salir porque "parece un pistón". Estábamos escuchando canción y se acercó, me besó y me agarró de los brazos diciendo "tus brazos parecen pequeños cigarrillos". Empecé a cantar la siguiente parte de la canción. Nos reímos. Estaba drogada con marihuana la mayoría de las veces que le hacía sexo oral. Él lo sabía, lo mencionamos de vez en cuando, pero no disminuyó la velocidad cuando se trataba de sexo. Finalmente me dejó después de que intenté suicidarme. Le dije que había ido al hospital cuando en realidad estaba asustada y me escondí en mi habitación. Le dije que le había mentido y se puso histérico, enviándome un mensaje que decía: "Mi punto es que mientras tú idealizabas tu propia muerte, yo estaba estresada como una mula y cada vez que rechazabas mi ayuda no me sentía nada bien. Luego me mentiste sobre buscar ayuda y me hiciste sentir fatal". No dejaba de escribirle, intentando recuperarlo y entender por qué me trató así. Obtuvo una orden de alejamiento y la está usando activamente en mi contra. No puedo hablar con él para pedirle que me explique esto, aunque quiero. Intenté contactarlo antes y lo denunció. Solo necesito entender qué pasó porque esto me está abrumando a diario.

    Nota comunitaria

    Esta historia contiene referencias a autolesiones o pensamientos suicidas. Si tú o alguien que conoces está pasando por un momento difícil, por favor comunícate con una línea de ayuda en crisis.

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    Espero que lo que me sucedió pueda ayudar a otros a través de su propia experiencia.

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  • Mensaje de Sanación
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    Ser capaz de contar tu historia sin derrumbarte y poder verla como una experiencia de aprendizaje.

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  • Historia
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    🇲🇽

    Nose que pasa con mi vida

    Cuando yo tenía como 5 años por el año 2010 yo tenía una prima de 3 años nose todo empezó con besos y me subía ah ella no recuerdo bien donde ví eso pero mis papás solamente los miraba besarse recuerdo una ocasión que le di un beso a mi prima en la boca ese día Hera una fiesta mis papás y tíos y familiares dijeron despídete y le di el beso después sentí extraño después la besaba más y más paramos en el 2013 después en el 2012 con otra prima con ella fue lo mismo la besaba y nos reímos nunca nadie supo pero con esa prima fue seguido hasta el 2020 también hubo sexo en el 2017 y 2018 fue consensuado yo tenía 13 y ella 10 años después por el 2017 también me besaba con un primo el tenia la misma edad que mi prima Hera casi lo mismo yo tenía como 12 años, después paso con su hermano que el tenia 13 años casi 14 años el medio sexo oral y me besaba también y sexo anal también paso mucho tiempo hasta el 2021 ya alos 16 años y mi primo de 18 años el se metió al baño y me hizo lo mismo el oral y me masturbaba todo el tiempo que llegaba pasar eso me daba incomodidad después salió del baño por qué alguien tocó la puerta nadie Hera quien tocó yo me espante sentí culpa después en el 2021 como por diciembre mi primo de 10 años y yo tenía 16 años todavía mi primo tenía también como 18 años en fin mi primo el más pequeño me dijo subete conmigo y mi hermano yo le dije que no por qué no quería después accedi y después mi primo el mayor de 18 años acercó mi mano a mi pen4 y me quité y me dejó después por el 2023 por agosto decidí hablarlo con mi mamá y se puso a llorar y enojarse mucho. Pero también cuando yo tenía 13 años lo que pasó con mi primo mayor paso con unos vecinos de la misma edad que cuando empezó todo mis amigos tenía 10 años y yo 13 años yo lo hacía y ellos también recibían y yo igual todo normal hasta que llegó ala edad de ahora 21 años y me siento horrible,con mucha ansiedad, miedo, confusión,me siento un monstruo llegué a bajar de peso por dieta pero igual por la culpa y el remordimiento pesaba 78 kg en la preparatoria en 2024 y ahora en 2026 peso 60 kg y cuando ví la serie de dahmer me sienti igual como una persona mala un monstruo, con arrepentimiento y con mucha ansiedad

    Nota comunitaria

    La historia menciona tanto experiencias personales de supervivientes como experiencias de perpetradores. El contenido puede resultar perturbador.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇱

    Mi primo me tocaba pero no sé cómo considerarlo porque era menor que yo....

    Hace unos años tuve una experiencia desagradable, Tenido un primo un año menor que yo en ese tiempo ambos eramos menores de edad cuando comenzó esto (aclaro yo media 1,60 y el 1,80), realmente muchas cosas pasan por mi cabeza, pero nosotros vamos de vacaciones en familia por lo que cuando paso estábamos en la playa, al grano, todo esto comenzó cuando el me abrazaba por la cintura y ponía su cara en mis pechos, al principio era eso, lo consideraba algo inofensivo pero raro pues ninguno era de contacto físico, con los días fue escalando, me abrazaba por la cintura mucho, se pegaba a mi sobrepasando cualquier límite, se subia sobre mi espalda, casi inmovilizandome y pegaba su cuerpo contra mi hasta el punto que yo sintia su erección, luego comenzó a buscar momentos a solas para presionarse contra mi, se metía a mi cama en las madrugadas y me abrazaba, mantenía una erección contra mi retaguardia y respiraba agitadamente en mi oído por lo que no sabía si dormía o no, pero si yo lo echaba el se negaba a apartarse reclamando un tiempo más, esto escalo hasta que un dia me tocó, me tocaba el trasero amasandolo y ponía su erección contra mi pierna buscando fricción y con otra mano amasaba mi pecho y trataba de meter su mano bajo mi polera, puse límites unas cuantas veces pero al no querer que las cosas fueran incómodas entre nosotros no era firme, no se como catalogar esto pues ambos éramos menores y nose que pensar

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Sanación
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Historia
    De un sobreviviente
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    ¿Cómo salgo de esta relación?

    Tengo 21 años, soy una mujer que creía haber encontrado al amor de su vida después de anhelar el amor por tantos años de adolescencia, sin embargo todo fue al contrario, si hubiera sabido como sería el estar con esta persona que creía el "hombre de mis sueños" de verdad que desearía estar sola para siempre. Lo conocí a mis 17 años aproximadamente desde ese entonces y el teniendo 18 hemos estado juntos, vamos para 4 años de relación pero necesito en serio consejos sobre como alejarme. Resulta que estudiamos la misma carrera en la misma universidad y aunque yo voy un poco mas adelantada este semestre volveremos a estar cerca, es por esto que no se como hacer para terminar la relación ya que el verlo todos los días va a ser muy difícil. Para dar un poco de contexto del por qué quiero acabar la relación es que llevo sufriendo violencia psicológica desde que iniciamos incluso como amigos, al principio no lo identificaba solo creía que era un hombre un poco diferente, incluso de esos que te venden como el chico malo y realmente juraba que cambiaría con el tiempo pero eso no fue así. Tuve que soportar que el siguiera muchas actrices de la industria para adultos y que le diera likes a esas publicaciones, también pasó que el antes de mi estuvo con muchas prostitutas cosa que me generaba mucha inseguridad. Ante toda esta baja de autoestima que empezó a crear en mi, decidí en autolesionarme y cuando se enteró fue la primera vez que me golpeó aunque en un inicio dijo que fue un accidente pero me hizo suplicarle mientras me pisaba mis manos para que no me dejara. Muchas cosas han pasado que no creo poder contarlas todas pero solo sé que este último año de relación todo empeoro en cuanto a la violencia física, empezó a escupirme, golpearme la cabeza con puños, jalonearme del cabello, abofetearme, dejarme morados en todo el cuerpo que incluso tuve que fingir hace un mes que tuve un accidente donde me chocaron, idea que fue dada por él. He pensado hace unos 3 meses en ya dejarlo y es tanta la ansiedad y el no poderle contar nada a nadie porque me aisló de mis amigos que no se que mas hacer, el día de ayer me estranguló y perdí la conciencia por unos segundos, fue tan doloroso por la idea de pensar que pude haber muerto, mi cuerpo no lo sentía, sentía que me caería y lo único que él hizo fue seguirme golpeando aún cuando pedí que buscara ayuda porque no entendía que pasaba. Todo esto pasó porque le dije que no tenía dinero para poder comprar comida ya que incluso no puedo gastar mi dinero porque todo debo dárselo sino me castiga como dejándome de hablar, manipulándome con que si no lo hago le dirá a mis padres que he incluso sacado dinero de ellos para cosas que no debo pero todo es por él. Ya no lo amo, creo que solo estoy en piloto automático pero tengo mucho miedo y no cuento con personas que puedan acompañarme así que debo soportarlo unos meses hasta que ya no lo tenga que ver pero con lo que pasó ayer me asusta mucho que pueda acabar con mi vida. Por favor si leíste esto dime que puedo hacer, quiero salir de esto antes de que él tome por completo mi vida.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

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    La curación lleva tiempo.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    La historia que nunca pensé que tendría que contar

    La historia que nunca pensé que tendría que contar Todo empezó en mi trabajo. Él consiguió un trabajo donde yo trabajaba y, al principio, lo veía pasar por mi escritorio. Me sonreía y me saludaba con la mano. Con el tiempo, empezó a hablarme. Era muy guapo, encantador y atento. Me hacía sentir importante. Muy pronto en nuestra relación, empezó a hablar del futuro. Me dijo que quería formar una familia. Habló de casarse y construir una vida juntos. Incluso me regaló un anillo al poco tiempo de empezar a salir. Mirando hacia atrás, reconozco la primera señal de alerta: el bombardeo de amor. Pero en ese momento, no lo sabía. Pensé que por fin había conocido a alguien que sabía lo que quería. Alguien que iba en serio conmigo. Alguien que no tenía miedo de demostrarme que le importaba. Había flores, citas bonitas y pequeñas sorpresas en mi escritorio. Me hacía sentir especial y todo parecía emocionante y romántico. Tenía dos hijos, de edades parecidas a los míos. Empezamos a pasar tiempo juntos en familia. Llevábamos a todos los niños al parque y pasábamos tiempo juntos. Ver a nuestros hijos jugar me hacía sentir que estábamos construyendo la familia que él me había dicho que quería. Le creí. Me dijo que él y la madre de sus hijos estaban separados. Como me los presentaba y me incluía en sus vidas, nunca tuve motivos para creer que mentía. Pero había algo que desconocía: seguía casado. Y no tenía ni idea de que la relación que creía que se convertiría en mi futuro ya se basaba en una mentira. Cuando todo empezó a cambiar A los tres meses de empezar nuestra relación, me dijo que quería que me mudara con él. Empezó a buscar una casa para nosotros y, finalmente, encontramos una. Era una casa de tres habitaciones, lo suficientemente grande para todos nosotros y los niños. Recuerdo sentirme emocionada. Pensé que este era el comienzo de la familia de la que me había hablado desde el principio. Entonces, un día, todo cambió. Me dijo: «Mi exesposa perdió su trabajo y no tiene dónde vivir. ¿Puede mudarse con nosotros mientras se recupera?». Parecía una pregunta, pero en realidad no lo era. Finalmente, me dijo: «No puedo dejar a mi hijo y a mi madre solos. Puedes venir a vivir con nosotros o no, pero ella vendrá a la casa nueva». Cedí. Me dije a mí misma que era temporal. Me dije que se trataba de ayudar a sus hijos y que, con el tiempo, ella se recuperaría y se mudaría. Incluso organizó una reunión para los tres en un restaurante para hablar sobre la convivencia, las reglas y las expectativas. Ella aceptó todo. Me dijo que ya no estaban juntos y que esto era solo temporal. Necesitaba un lugar donde quedarse mientras se recuperaba. Así que les creí a ambos. Seguí adelante pensando que me mudaba a una casa con el hombre que amaba, y que su exesposa era simplemente alguien a quien estábamos ayudando en un momento difícil. Todavía no comprendía que poco a poco me estaban metiendo en una situación donde mis límites, mi comodidad y mis decisiones se volvían cada vez menos importantes. El día que me mudé El día que me mudé a esa casa, descubrí que ella estaba en el baño principal con él. Recuerdo haber pensado: ¿Qué está pasando? Esto no era lo que había acordado. Esta no era la relación que creía que iba a iniciar. Pero de alguna manera, me convenció de que esta era la situación en la que nos encontrábamos. Me hizo compartir habitación con los dos. Al final, no pude más. Me mudé a una de las habitaciones de los niños con mis hijos porque simplemente no podía dormir en esa situación. Ella acabó haciendo lo mismo. Ella dormía con sus hijos en una habitación, yo dormía con los míos en otra, y él tenía el dormitorio principal para él solo. De vez en cuando, todavía me unía a él en el dormitorio principal. Y de alguna manera, en mi mente, seguía intentando encontrarle sentido a todo. Pensé: Al menos está siendo honesto conmigo, ¿no? Me había dicho que ella era su exesposa. Me había dicho que ya no estaban juntos. Me había dicho que ella solo se mudaba temporalmente porque necesitaba un lugar donde vivir. Así que intenté creer lo que me había dicho. Intenté convencerme de que era solo una situación de convivencia inusual. Aún no me daba cuenta de que ya estaba aprendiendo una de las lecciones más dolorosas de una relación abusiva: A veces, la manipulación comienza convenciéndote de que algo completamente inaceptable es, en realidad, normal. Estaba confundida. Me sentía incómoda. Pero lo amaba. Y cuando amas a alguien, a veces no quieres creer lo que tus instintos te gritan. La primera vez que me tocó Hasta ese momento, no me había agredido físicamente. Había habido confusión. Había habido manipulación. Había habido cosas que no tenían sentido. Pero nunca me había tocado. Entonces, un día, todo cambió. Salió con otra compañera de trabajo. Mirando hacia atrás ahora, me doy cuenta de que probablemente nos estaba engañando a las dos, lo cual, honestamente, casi puedo reír ahora por lo ridículo que fue la situación. Llegó tarde a casa. Alguien aparentemente le había dicho que antes de conocerme, había estado involucrada con otro hombre del trabajo. No era cierto. Pero eso no importó. Llegó a casa enojado y comenzó a gritarme. Y luego me levantó de un sofá y me arrojó sobre otro. Estaba devastada. Lloré y lloré. Recuerdo sentirme en shock, no solo porque me había lastimado, sino porque no podía creer que el hombre del que me había enamorado me hubiera hecho eso. Empecé a recoger mis cosas. Iba a irme. Pero no me dejó. Y de alguna manera, como tantas de nuestras peleas después de eso, terminó en sexo. Luego actuó como si nada hubiera pasado. Como si los gritos no hubieran ocurrido. Como si no me hubiera puesto las manos encima. Como si no me hubiera arrojado. Y yo lo acepté. No porque estuviera bien. No porque lo hubiera perdonado. Tenía miedo. Ya había aprendido que resistirme o intentar irme podía empeorar las cosas. Así que hice lo que creí necesario para superar el momento. Mirando hacia atrás, entiendo algo que no entendía entonces: Eso no era hacer las paces. Era sobrevivir. Cuando lo anormal empezó a sentirse normal Finalmente, encontró una casa más grande en un buen barrio para todos. Para entonces, llevaba con él cerca de un año. De alguna manera, me había acostumbrado a la situación. Lo que me había parecido completamente increíble cuando me mudé por primera vez se había convertido poco a poco en mi normalidad. Y sucedió algo más que todavía me cuesta explicar. Empecé a sentir algo por la otra mujer. O, para ser más exactos, empecé a sentir algo por su esposa. Vivíamos juntos. Criando hijos bajo el mismo techo. Compartiendo la misma extraña realidad. Con el tiempo, me encariñé con ella de una manera que jamás esperé. Mientras tanto, su familia ni siquiera sabía de mi existencia. En el trabajo, la gente sabía que algo pasaba. Pero incluso allí, él les decía a todos que solo éramos amigos y que él solo me estaba ayudando. También tenía a otra mujer allí. A veces todavía pienso en cómo logró vivir esa doble —o triple— vida justo delante de todos sin parecer sentir vergüenza alguna. No podía entenderlo. Finalmente, nos mudamos a la nueva casa. La casa era más grande y estaba en un barrio mejor, pero el ambiente dentro no mejoró. El abuso emocional continuó. Y el abuso físico se convirtió en algo que sucedía aquí y allá: otra bofetada, otro incidente, otra vez en que me decía a mí misma que no era para tanto. Con el tiempo, se convirtió en la norma. La casa tenía que estar impecable. Constantemente andaba con pies de plomo, siempre tratando de anticipar qué podría enfadarlo. Había cámaras por toda la casa. Me sentía vigilada todo el tiempo. Y con el tiempo, incluso los niños empezaron a aprender a manipularme. Quiero ser cuidadosa al decir esto porque eran niños. Eran niños. Estaban aprendiendo del entorno en el que crecían. Y no los culpaba. En cambio, me esforcé aún más por cuidarlos. Quería que fueran felices. Quería que todo a su alrededor fuera tranquilo. Y, para ser completamente honesta, también intentaba protegerme. Me aseguraba de que la casa estuviera limpia. Cuidaba de los niños. Hacía todo lo posible para que todos estuvieran contentos y así él no encontrara motivos para enfadarse conmigo. Constantemente intentaba evitar la siguiente explosión. En ese momento no me daba cuenta, pero ya no vivía mi vida. Estaba controlando sus estados de ánimo. El nuevo comienzo que creí que nos salvaría Después de aproximadamente un año en esa casa, decidió que quería empezar de cero. En otro estado. A quince horas de nuestras familias. Mirando hacia atrás, puedo ver lo mucho que deseaba creer que esto lo cambiaría todo. Mi perspectiva era simple: Estaríamos lejos de su familia. Quizás ahora por fin me vería como su novia. Quizás ahora por fin tendría un lugar importante en su vida. Pensé que tal vez el problema había sido su familia. Quería mantener la imagen familiar perfecta para su madre, muy religiosa, y me convencí de que, una vez lejos de todos, las cosas por fin serían diferentes. ¡Qué tonta me sentí después por haber creído eso! Pero no era tonta. Tenía esperanza. Lo seguí. Nos mudamos a otro estado para empezar de cero. Pero el nuevo comienzo no se parecía en nada al futuro que había imaginado. Nos mudamos a un pequeño apartamento. Compartía una habitación con dos de mis hijos. Al principio, ni siquiera me dejaba traer a mis otros dos hijos. Tuve que rogar. Y rogar. Y rogar. Finalmente, después de tanto rogar, pude traer a mis otros hijos. Empecé a trabajar en el mismo sitio otra vez, y además, me hizo aceptar un trabajo de medio tiempo con su esposa. Estaba agotada. Estaba más que cansada. Trabajaba, cuidaba de mis hijos, intentaba mantener la paz y trataba de salvar una relación que me consumía cada vez más. Mis hijos me daban fuerzas para seguir adelante. En ese momento de mi vida, eran la razón por la que me levantaba cada mañana. Cuando el control se convirtió en mi vida entera Una vez que nos mudamos al nuevo estado, todo empeoró. Había cámaras. Había rastreo GPS. Él controlaba mi teléfono. Trabajábamos en el mismo lugar, así que ni siquiera el trabajo era un espacio donde pudiera tener un poco de privacidad. Pero el control no terminaba ahí. Tenía control total sobre mis cuentas bancarias. Yo trabajaba, pero no tenía acceso a mi propio dinero. Me dejaba apenas lo suficiente para comprar comida para la semana. Y de alguna manera, sin importar cuánto trabajara o cuánto hiciera, nunca era suficiente. Me decía que no hacía lo suficiente. Que no ganaba lo suficiente. Nada era suficiente. Regularmente tomaba mi teléfono y lo revisaba. Si había mensajes, conversaciones o cualquier cosa que pudiera hacerlo parecer culpable, los borraba. Me aterrorizaba tener algo en mi teléfono que pudiera molestarlo. Sabía que lo revisaba, y sabía que cualquier cosa que no le gustara podría convertirse en un problema. Así que aprendí a tenerle miedo a mi propio teléfono. Pero hubo algo más que hizo que jamás olvidaré. A veces todo parecía completamente normal. Podíamos estar sentados juntos viendo una película. Podíamos estar cenando. Durante unos minutos, casi parecía una relación normal. Entonces recibía un mensaje suyo. Lo abría y me encontraba con videos extremadamente explícitos de mujeres asesinadas por sus maridos o parejas: mujeres a las que les disparaban, apuñalaban, violaban y mataban. Le preguntaba: “¿Por qué me envías esto? ¿Cuál es el propósito? Estamos bien ahora mismo”. Su respuesta fue: “Para que sepas lo que te podría pasar si no te portas bien”. Esa frase me marcó profundamente. Quería que imaginara lo que podría suceder si lo desobedecía, lo hacía enojar o no me “portaba bien”. Me aterroricé. Recuerdo pensar que no había salida. Empecé a creer que la única forma de dejarlo sería en un ataúd. Ese era el miedo que me había infundido. La primera vez que me fui Finalmente, llegué al punto de llamar a una línea de ayuda para víctimas de violencia doméstica conectada con la Fiscalía. Me ayudaron a salir de allí. Me fui. Por primera vez, de verdad había logrado escapar. Pero solo estuve fuera una semana. Me hizo promesas. Prometió que las cosas serían diferentes. Dijo que buscaría un lugar lejos de su esposa. Dijo que por fin estaríamos juntos, solo nosotros dos. Prometió comprarme un coche. Así que volví. Y casi de inmediato, me arrepentí. Porque cuando regresé, descubrí que había tirado casi todo lo que tenía. Mi ropa. Mis zapatos. Las camas de mis hijos. Cosas que me pertenecían a mí y a mis hijos simplemente habían desaparecido. Incluso había vendido la camioneta que yo conducía. Y de repente, la promesa de comprarme un coche nuevo cobró sentido. Me había quitado mi medio de transporte, mis pertenencias, mi independencia, y luego se presentó como la persona que me lo devolvería. La amenaza contra mi hermano Después de mi regreso, cumplió todo lo que me había prometido. Me compró un auto. Me compró un anillo nuevo. Me compró ropa para mí y para los niños. Incluso empezó a gestionar la compra de una casa más grande. Por un tiempo, todo parecía ir bien. Pero no duró. Con el tiempo, su actitud cambió. Empezó a recordarme que lo había abandonado. Que lo había lastimado. Que, por haberme ido, iba a pagar las consecuencias. Supe entonces que algo dentro de mí había cambiado. Le dije que ya no quería esto. Le dije que me iba a ir. Esta vez, tenía un plan. Mi hermano vendría a buscarme. Por primera vez, pensé que de verdad podría escapar. Pero en cuanto supo que mi hermano venía de camino, todo cambió. Amenazó con matarlo. Me dijo que si no llamaba a mi hermano para decirle que no viniera, lo mataría alegando defensa propia porque estaba en su propiedad. Estaba aterrorizada. Llamé a mi hermano y le dije que no viniera. Desde fuera, probablemente parecía que había decidido quedarme otra vez. Pero por dentro, algo ya había cambiado. Había tomado mi decisión. Sabía que ya no quería esta vida. Sabía que quería irme. Pero en ese momento, me quedé porque tenía miedo de lo que le haría a mi hermano. No me quedaba porque quisiera la relación. Me quedaba porque alguien a quien amaba acababa de ser amenazado. Y fue entonces cuando comprendí algo que llevaba años intentando entender: No intentaba que lo amara. Intentaba que tuviera miedo de dejarlo. Me quedé ese día. Pero mentalmente, ya me había ido. El día que finalmente escapé Después de eso, empecé a planear sin que se diera cuenta. Empecé a usar el ordenador del trabajo para buscar información y averiguar cómo podía escapar. Mi jefe de entonces me ayudó. Poco a poco, me puse en contacto con mi familia. Hicimos un plan. En silencio. Con cuidado. Había decidido que necesitábamos una casa más grande, y estábamos en proceso de mudanza. Debido a la mudanza, había quitado algunas de las cámaras. Por primera vez en mucho tiempo, tuve un pequeño resquicio donde no me vigilaban a dondequiera que iba. Sabía que tenía que aprovecharlo. Una mañana, me desperté y actué como si todo fuera completamente normal. Seguí nuestra rutina matutina habitual. Hablé con él como si nada hubiera pasado. Los niños fueron a la escuela. Él se fue a trabajar antes que yo, y normalmente yo me iría una hora más tarde. Pero esa mañana, tenía un plan. Empaqué solo lo absolutamente esencial. Mis documentos importantes. Algunas cosas necesarias. Todo lo que pude meter en una mochila pequeña. No podía llevar mucho. No podía arriesgarme a que notara que faltaba algo. Antes de que mis hijos fueran a la escuela, hablé con mi hija mayor. Ella no tenía teléfono. Así que me aseguré de que entendiera exactamente lo que tenía que hacer. Le dije que cuando el autobús escolar la dejara, no debía entrar en la casa. Le dije que tomara su mochila y solo lo esencial que necesitara y se fuera. Yo estaría allí. Luego fui a trabajar. Dejé mi mochila con mi jefe. Después caminé frente a su oficina para que me viera y creyera que estaba trabajando. Regresé a la oficina principal. Le di mi teléfono a una compañera y amiga. Ella lo escondió y caminó por el almacén con él para que él pensara que aún estaba trabajando. Mi jefe me dio un teléfono desechable para que pudiera contactar a mi familia. Luego mi amiga me llevó en coche a un estacionamiento. Una amiga de la familia ya me estaba esperando. Había conducido unas cinco horas desde otro estado para venir a buscarme a mí y a mis hijos. Todo había sido planeado en torno a una sola cosa: Él no podía saberlo. Y para cuando se dio cuenta de que me había ido, ya estaba lejos. No tenía teléfono. No podía llamarme. No podía enviarme mensajes. No podía rastrearme a través de mi teléfono. No podía amenazarme. Cuando el autobús escolar dejó a mis hijos, yo ya estaba allí esperándolos. Siguieron las instrucciones que les había dado. No dejaba a mis hijos atrás. Me los llevaba conmigo. Por primera vez en años, reinaba el silencio. Por fin estaba lejos de él. Por fin me había ido. Y por primera vez, sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: seguridad. Mantenerme alejada Dejarlo fue solo el principio. Durante los meses siguientes, intentó encontrar la manera de contactarme. Correos electrónicos. Mensajes de texto. Messenger. Diferentes números de teléfono. Cualquier medio que encontrara para enviarme un mensaje. Lo bloqueé en todas partes. A veces incluso me enviaba dinero por Cash App solo para adjuntar un mensaje. Constantemente buscaba otra forma de entrar en mi vida. Antes de irme, había leído que una de las cosas más importantes que puedes hacer con alguien como él es bloquearlo y no ceder. Así que eso fue lo que hice. No respondí. No cedí. Me mantuve alejada de él tanto como pude. Me llevó mucho tiempo. Pero finalmente, funcionó. Los mensajes cesaron. Los intentos de contactarme cesaron. Y poco a poco, empecé a liberarme. Aprendiendo a sentir de nuevo Hoy soy libre. Soy feliz. Tengo a mi familia a mi alrededor. Tengo amigos. Tengo gente que me quiere y me apoya. Tengo una vida que vuelve a sentirse normal. Pero alejarme físicamente de él no significó que estuviera bien de inmediato. Durante meses después, quizás incluso un año, no sentí casi nada. No sentí tristeza. No sentí compasión. No sentí amor. No me sentía yo misma. Estaba completamente bloqueada. Insensible. Emocionalmente, ya había muerto mucho antes de escapar físicamente. Durante tanto tiempo, sobrevivir había sido lo único que importaba. Sobrevivir al día. Mantener la paz. Proteger a los niños. Evitar la siguiente explosión. Sobrevivir otra noche. No me di cuenta de cuánto de mí misma había perdido solo por intentar sobrevivir. Cuando finalmente estuve a salvo, mi cuerpo estuvo a salvo antes que mi mente. Me llevó tiempo volver a sentir. Me llevó tiempo volver a reír. Me llevó tiempo volver a confiar en la gente. Me llevó tiempo comprender que tenía derecho a una vida que no girara en torno al miedo. Pero, finalmente, empecé a recuperarme. Y ahora entiendo algo que desearía que toda mujer que sufre abuso comprendiera: Sobrevivir no es el final de tu historia. Sobrevivir es lo que te lleva al otro lado. Creo firmemente que si me hubiera quedado, no estaría aquí hoy. Tal vez me habrían matado físicamente. Tal vez habría muerto emocionalmente y nunca habría encontrado el camino de regreso. En cierto modo, ya me sentía muerta por dentro. Pero sobreviví. Y hoy, estoy rodeada de personas que me aman. Tengo a mis hijos. Tengo a mi familia. Tengo a mis amigos. Y me tengo a mí misma de nuevo. Por primera vez en mucho tiempo, no vivo solo para sobrevivir. Vivo. Y si otra mujer que lee esto está en medio de su propia pesadilla, quiero que sepa esto: No eres tonta por quedarte. No eres débil por haber regresado. No eres responsable de lo que te hizo. No eres responsable de sus decisiones. Y no estás más allá de la salvación. Hay una salida. Puede que requiera planificación. Puede que requiera tiempo. Puede que tengas que irte más de una vez. Puede que tengas miedo. Puede que no sepas adónde vas a ir ni cómo vas a reconstruir tu vida. Pero, por favor, no renuncies a la mujer que eras antes del abuso. Sigue ahí dentro. Lo sé porque yo la reencontré. Y si estás leyendo esto y aún estás atrapada en ello, espero que me creas cuando te digo: Mereces vivir. No solo sobrevivir. Vivir.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.