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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Esperanza
De un sobreviviente
🇲🇽

Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Historia
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Abuso de autoridad

    Fecha, alrededor de hora Tuve una cita con él (un funcionario de prisiones), pensando que sería una oportunidad para conocerlo como amigo, pero resultó ser una noche horrible de la que solo recordaría fragmentos. Me recogió en su camioneta blanca; olía a colonia y chicle Winterfresh. Dos olores que nunca olvidaré. Me llevó a un antro sucio sin preguntarme adónde ir. Ya no me sentía segura, y lamento no haber dicho nada hasta el día de hoy. Pedí mi primera copa: ron con Coca-Cola. Tengan en cuenta que mi vaso era más pequeño que una taza de café. Empezamos a hablar, y me dijo que había estado en el ejército. Parecía esforzarse por persuadirme e impresionarme, pero no caí en la trampa. El sabor de mi bebida no era diferente al de antes. Casi había terminado mi primera copa cuando me preguntó si quería otra, y acepté. Volvió con otra y me preguntó si quería jugar a los dardos, y acepté de nuevo. Tomé un trago del segundo ron con coca que me trajo y empecé a sentirme mareada, cansada y débil. No dije nada todavía. Seguí con los dardos. Para entonces, me dio un tercer trago, no recuerdo si lo tomé siquiera. Sí recuerdo haber dicho: "Quería irme a casa", y salimos por la puerta lateral de su camioneta blanca. No recuerdo haberme sentado en el asiento delantero, ni mucho menos en el trasero. Mis ojos se abrieron y cerraron, despertando solo para verlo cara a cara conmigo. Violándome. Estoy paralizada por el shock. Asqueada por lo que me estaba diciendo. Cuando terminó, me tiró una toalla encima y me dijo que me limpiara. Tiró mi zapato sobre mi cuerpo desnudo y dijo: "Ahora te llevaré a casa". Hacía veinte grados afuera, estaba completamente desnuda en un estacionamiento conocido. Me vestí. Me llevó a casa; no intercambiamos palabras. En cuanto llegué a casa, me metí directamente en la ducha y lloré. Era virgen. Me arrebató mi inocencia, una inocencia que jamás podré recuperar. Fecha, alrededor de las hora Sentada en mi oficina, entró sin avisar y se sentó en una silla junto a la puerta. Levanté la vista, incómoda. Le pregunté: "¿Qué haces?". Me respondió, levantándose de la silla: "Sé que quieres esta polla". Me bloqueó entre mi asiento, la pared y mi escritorio; no tenía adónde ir. Se bajó la cremallera del pantalón, me agarró un mechón del pelo y le practicó sexo oral a la fuerza. Esta vez recuerdo la brutal violación. Empujar, atragantarme y estrangularme solo consiguió que me aplicara más fuerza y me hiciera más daño. Su fuerza era insoportable. Cuando terminó, me tiró un chicle y se fue. Llorando, sintiéndome sucia, culpable y avergonzada, me recompuse y terminé mi día. Violada, no solo una, sino dos veces, por el mismo sujeto. Una vez fuera del trabajo y la otra dentro. Después del primer ataque, quedé destrozada por dentro, pero el segundo me dañó muchísimo. Si se lo contaba a alguien, nadie me creería, porque él era muy querido en el trabajo y yo solo era una trabajadora social. Mis hermanas fueron las primeras en enterarse de la primera agresión en abril de 2020. Me contuve con la segunda porque sentía que no me perdonarían por permitir que volviera a ocurrir. Octubre de 2020 Les conté a mis hermanas sobre la segunda agresión. Fui a Asuntos Internos, quienes me enviaron con detectives. Supuestamente hicieron una investigación, pero los chicos son como los chicos, y donde yo trabajaba, todos se mantienen unidos. El fiscal del distrito abandonó el caso. Enero - Octubre de 2023 Ahora me mudé de ese condado debido a los factores desencadenantes y a la esperanza de que mi TEPT mejore con el tiempo. Me siento más fuerte, conté mi historia y sé que soy una sobreviviente. Espero que mi historia se convierta en la guía de supervivencia de alguien más.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Solo llámame "papá"

    En mi historia, COMENZÓ CON MI HERMANO, mencioné brevemente 3 instancias en las que evité ser violada al dejar que los hombres me tuvieran cuando parecía que iban a hacerlo sin importar si yo consentía o no. Creo que evité el trauma emocional y físico en ese momento, pero la ira, el resentimiento hacia mí misma y los sentimientos de haber sido agraviada y al respecto se acumularon después. Nunca compartí ni publiqué esas historias. Por favor, lea mi historia original para el contexto. En esta instancia, el sexo ya estaba sucediendo cuando desperté, y mi reflejo fue tomar el camino de la no confrontación. El camino fácil, no el correcto. Había llegado a casa del trabajo como mesera en mi bar y restaurante a la parrilla y mi compañera de cuarto tenía a su padre alojado con nosotros durante el fin de semana. Ya lo conocía porque condujeron directamente del aeropuerto al bar deportivo en el que trabajaba. Ahí fue donde me dijo: "Solo llámame, 'papá'". Se sentaron en mi sección, comieron y se fueron. Sin problemas. Luego, de vuelta en nuestro apartamento de dos habitaciones, hubo una pequeña fiesta para él con un par de amigos. Tomé un par de sidras fuertes y charlé sobre la universidad y mi compañera de piso, y escuché historias de cuando ella era niña. Coqueteé y seguí la corriente a las insinuaciones sexuales de "Papá" dirigidas a mí, e ignoré sus ojos de arriba abajo. Ya estaba acostumbrada. Jugué a ser la buena anfitriona y esperé hasta que todo se calmara, probablemente alrededor de las 2 o 3 de la mañana, antes de ducharme e irme a la cama. Había sido un largo día con clases y trabajo. Me desperté unas horas más tarde con "Papá" ya dentro de mí, ¡empujando dentro y fuera entre mis piernas! Por la luz que entraba a raudales por mis persianas oscuras, podía decir que era de día. ¡Pero qué diablos estaba pasando! No tenía bragas, pero sí camiseta. Debajo, la figura oscura que rápidamente pude identificar como "Papá" me acariciaba los pechos con una mano mientras me sujetaba con la otra. Todavía aturdida y confundida, supongo que lo abracé y respondí como una compañera dispuesta. Pronto terminó y luego se puso incómodo. Me dijo "Eso realmente dio en el clavo". ¡Empezó a conversar! Cuanto más tenía que pensar, más me daba cuenta de lo que había pasado. Que simplemente se había servido mientras yo dormía. Tenía 19 años y estaba saliendo con un jugador de béisbol universitario atractivo en ese momento y no me habría acercado a este tipo de cincuenta y tantos a propósito. Seguro que estaba bebiendo esa noche, pero yo solo había tomado unas pocas sidras. Así que ahí estaba yo, dándome cuenta de que me habían violado, ¡pero rehén de un sentido de la cortesía! Sin mencionar que medía 1,60 m y pesaba 50 kg, por lo que estaba la intimidación física de un hombre mucho más alto con un cuerpo de padre. Siempre orino justo después del sexo, pero me sentí cautiva por las divagaciones de "Papá" mientras se apoyaba en un codo flotando sobre mí mientras pasaba sus dedos sobre mí y me acariciaba el cabello esporádicamente. Compartí con él su lata de cerveza fría, que debió abrir justo antes de entrar a violarme, porque recuerdo haber bebido a fondo el líquido frío que me alivió la garganta seca. Sufrí algunos chistes de papá e historias que no me interesaban, además de responder algunas preguntas personales sobre mí y mi sexualidad. Buscaba un momento para levantarme y alejarme de "Papá" cuando dijo: "Estoy listo para ir otra vez, cariño". ¡No! ¡Se colocó encima de mí! En lugar de resistirme o incluso decir "no", abrí las piernas para acomodarlo. ¡Qué demonios! La segunda vez no tuvo la misma ansiedad que la primera, por desgracia. Como él mismo dijo, esta vez quería darme una lección. Supongo que sobre lo bueno que era en la cama. Un caso claro de "pene de whisky". Así que dejé que este hombre con el que nunca había querido ni considerado tener sexo me empujara en varias posturas. Era un hombre grande y mucho más fuerte que yo, era una broma. Después del misionero, me levantó para demostrarme algo y me lo hizo contra la pared junto a mi ventana. Recuerdo ver a través de las rendijas de las persianas y saber que era temprano porque el estacionamiento estaba lleno y no se movía nada. Entonces me tiré de golpe a la cama. Hicimos un 69, yo tumbada sobre él, chupándolo con todas mis fuerzas, deseando acabar con él mientras me lamía. ¡Fracasé! En un momento dado, me tuvo encima, montándolo. Estaba a gatas con él embistiendo detrás de mí cuando me desplomé boca abajo bajo su peso. Disfrutaba de las embestidas sin parar, ya que estaba completamente inmovilizada por él. Dejé que me diera dos o más orgasmos con la esperanza de que acabara. Grité tanto que me daba vergüenza que mi compañera de cuarto entrara corriendo en cualquier momento. Estaba desmayada, borracha. Finalmente se fue en cuanto terminó. Estoy segura de que tenía el ego desorbitado y ¡ese hombre tan terrible todavía piensa en mí! Me quedo tumbada en la cama, recuperando el aliento y cada vez más ansiosa. Me levanté, me puse un chándal y salí corriendo hacia el gimnasio. Tenía muchísimas ganas de escaparme. Bebí agua como si acabara de salir de un desierto. Me duché un buen rato en el gimnasio vacío del sábado por la mañana, sin más productos que jabón de manos. Luego empecé a entrenar como una loca, con tres horas de sueño y agotada. Intentaba sacármelo de encima sudando, gritando y haciendo ejercicio a toda máquina. Me duché de nuevo, salí y me quedé dormida en el coche, en la parte de atrás del aparcamiento. El resto del fin de semana solo iba a mi apartamento unos minutos a la vez para recoger cosas que necesitaba. ¡Y desde luego que no dormí allí! Cuando se fue, respondí a las preguntas de mi compañera de piso, que había estado ignorando con mentiras y respuestas cortas. Le dije la verdad. Se encogió de hombros y me miró con escepticismo, como si fuera una de esas cosas. Fui promiscua en la universidad y ella lo sabía. Hicimos una especie de broma y seguimos adelante. De la forma fácil, no de la correcta. Todavía me siento muy culpable por cómo era entonces. En aquel entonces, mi problema no era "ojalá hubiera peleado con él". ¡Lo que deseaba era haber estado demasiado borracho para recordarlo! Así que eso fue todo. Algo que guardé dentro, supurando. Otras cosas se sumaron y lo escondí bajo la alfombra de mi mente dañada. No es uno de los peores esqueletos en mi armario, pero por ahora estoy dispuesta a compartirlo. Estoy trabajando en las demás. Mi primera historia me ayudó mucho. Espero que también le haya ayudado a alguien más. Les agradezco a todos y me solidarizo. Leeré sus historias y los apoyaré en mis pensamientos y oraciones.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nombre

    Tener TU voz es lo más importante que puedes tener como víctima de abuso. Después de sufrir abuso durante varios años en Ubicación, sentí que me lo arrebataban todo. A los 9 años, me habían arrebatado mi dignidad, autoestima, confianza, felicidad y fuerza. Verano tras verano, iba a este lugar oscuro que se suponía sería una experiencia positiva. Mis padres creían que me dejaban en un lugar para ayudarme a crecer en mi relación con el Señor. Lo que no sabían es que Nombre 2 me dijo que si realizaba los actos sexuales que él quería, me prometía que me acercaría más a Dios. Era una persona enferma que constantemente infringía las normas de Ubicación y la ley. Lo peor es que Ubicación tenía la visión y sabía que esto estaba sucediendo, pero no hizo nada. Al salir del campamento y volver a casa, recuerdo sentirme vacía y deprimida. A esta edad, no se tiene la madurez suficiente para comprender lo que ha sucedido y cómo procesarlo. Acudí a centros de defensa infantil para obtener ayuda profesional y me costaba incluso hablar de lo sucedido porque no tenía sentido en mi cabeza y no podía verbalizar los acontecimientos ni el impacto que tuvieron en mí. A medida que avanzaba en la adolescencia, me deprimí más. Todas las noches soñaba que Nombre 2 abusaba de mí y sentía que cada noche que me iba a dormir, iba a ser abusada de nuevo. El miedo, la ira y la depresión que experimenté me pesaban tanto que casi no quería llegar al día siguiente. Después de años en este ciclo, decidí que necesitaba un cambio para poder vivir una vida plena. Empecé a trabajar en mi salud física, espiritual y mental. Lo más importante es tener voz. Tienes que poder compartir tu experiencia para poder recibir la ayuda que necesitas y expresar el dolor que has vivido. Por eso estoy agradecida por la Ley de Trey. Esta elimina la posibilidad de que organizaciones como Ubicación silencien a las víctimas después de hacerles pasar por experiencias horribles. Le devuelve el poder al Superviviente. La Ley de Trey salvará vidas. Permitirá que alguien pueda defenderse. Permitirá que menos criminales/organizaciones se salgan con la suya en el peor delito que alguien puede cometer. Si alguien lee esto y necesita ayuda, ¡siempre estaré encantado de escuchar su voz!

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Me encantan los gatos y los caballos.

    ¡Hola! Tengo 18 años y todo esto pasó hace un año y medio, tenía 16. Es una historia muy rara y desquiciada, nunca había oído una similar. Iba a casa al final de la tarde y fui literalmente atacado por un grupo de creo que 3 o 4 personas mayores que yo, todos hombres. No sé qué idioma hablaban. Intenté muchísimo patearlos, gritar y resistirme, pero no había nada que pudiera hacer. No sé cuánto duró, tenía miedo de lo que harían cuando terminaran, si me matarían o me dejarían escapar. Me soltaron cuando terminaron, recogí mis cosas y literalmente corrí a casa sin parar. Estoy tan agradecida de que no hubiera nadie en casa y de que nadie me viera volver a casa. Fue esta sensación de insensibilidad y apatía, cuando no puedes sentir nada, lo que me salvó. Me duché, la última vez en los próximos 9 meses, me vestí y recé para que nadie llegara pronto a casa. No salí mucho los siguientes días, actué con la suficiente normalidad para que mis padres no se dieran cuenta e intenté no pensar en ello. Solo se lo conté a la gente por internet: a un amigo cercano y anónimamente a cientos de personas que leían mi publicación en Reddit. Después de unos meses de llanto constante en mi habitación, intenté suicidarme. Cada vez que decidía que prefería no morirme y vomitaba las pastillas, me enojaba y lo volvía a intentar... Me cortaba, me golpeaba, lloraba y gritaba en un rincón de mi habitación y me golpeaba con algo cuando no había nadie en casa. Me escondí bastante bien; mis padres me decían que había cambiado e intentaban contactarme, mi madre lloraba y me preguntaba qué me pasaba, pero yo, apenas conteniéndolo, le decía que se lo estaba inventando todo y me iba a mi habitación poniendo los ojos en blanco. Sigo cortándome, a veces me golpeo y me tiro del pelo, inconscientemente me arranco la piel alrededor de las uñas hasta que sangra; mis manos tienen un aspecto horrible. Tengo los muslos cubiertos de cicatrices de 30 cm desde la rodilla hasta la cadera y a veces me duele caminar e incluso dormir. No sé cómo sobreviví al verano. En la playa, la gente me miraba la pierna, pero nadie me decía nada. Todavía no se lo he contado a nadie en la vida real; me da muchísima vergüenza, no puedo caminar por la calle con la cabeza en alto, no me imagino contárselo a mis padres ni hablar con un terapeuta. De verdad, ya no quiero estar triste. Este texto está mal escrito y no transmite bien todas las emociones; no pude ver el teclado por culpa del llanto. Pero gracias por leerlo. Saber que alguien sabe que estoy pasando por esto me ayuda. Y que hay otras personas. Muchas gracias.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y no la voy a desperdiciar. Soy muy feliz y tengo paz en mi hogar. La gente siente lástima por mí porque no tengo contacto con mi familia, pero lo que no entienden es que tengo paz. La paz es mucho más importante que la familia después de lo que he pasado. Tengo un perro de servicio para protegerme de ellos. Es una pitbull y me protege muchísimo. Así que si vienen por mí, más vale que sea con un arma porque es la única manera de que me atrapen. También tengo un gato y ahora es mi familia. Dios me ha bendecido inmensamente desde que dejé el abuso. La Biblia dice que Dios te dará el doble de lo que has perdido debido al abuso. Puedo dar fe de eso. Tengo un hermoso apartamento que es un edificio seguro, así que no puedes entrar a menos que tengas una llave. Vivo en un segundo piso, así que no pueden entrar a robarme. Mi exmarido y mi hija entraron a mi otra casa, robaron mis dos bulldogs ingleses y los mataron solo para hacerme daño. He tenido que mudarme cinco veces porque me siguen encontrando. No ayuda que si buscas el nombre de alguien en Google, puedas averiguar dónde vive. Además de enseñarle al sistema legal sobre el abuso, internet también necesita aprender cómo la gente lo usa no para bien, sino para abusar. Dios me ha bendecido con un coche precioso, una GMC Acadia Denali. Si alguno de ellos lo supiera, se pondría furioso porque su objetivo era destruirme. Dios no iba a permitir que eso sucediera.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    ¿Cómo llamo a esto?

    Empecé a salir con él en la universidad. Recuerdo que me llamó la atención el día que lo conocí: su risa, su curiosidad por el mundo y su sonrisa al hablar. Nos conocimos durante horas tomando el té y empezamos a salir al final de mi último año. Yo iba a la facultad de medicina en una ciudad a cuatro horas de distancia y estábamos decididos a que la distancia funcionara. Fue mi primer novio, y después de que la COVID-19 mermara la experiencia universitaria, estaba emocionada de haber encontrado a mi media naranja. Fui increíblemente feliz al principio de nuestra relación, pudiendo hacer cosas por primera vez con un novio y experimentando lo que era ser deseada y amada románticamente. Las sensaciones eran embriagadoras. En mi ingenuidad de una primera relación, sobre todo de mi primera relación seria a los 21 años, no cuestioné seriamente los comportamientos que vi en mi pareja. Tómalo como resultado de mi limitada exposición a relaciones sanas en la infancia o de mi miedo a admitir que algo andaba mal. La parte más extraña para mí, como alguien nueva en las relaciones, era gestionar mi propia relación con el sexo. Disfrutaba del sexo, sobre todo con alguien a quien amaba, y estaba convencida de que siempre debía ser capaz de satisfacer sexualmente a mi pareja, ya que ahora éramos exclusivos y yo era su novia. Apreciaba saber que me deseaban, y mi pareja disfrutaba de la intimidad conmigo. Esto funcionó durante un tiempo, hasta que empecé a necesitar establecer límites y priorizar mi necesidad de dormir y mi capacidad para desenvolverme bien en el ambiente de alta presión de la facultad de medicina. Esta es la historia de una noche que ocurrió tantas veces que no pude contarlas en mi relación, tan a menudo que sabía que iba a ocurrir cada vez que él venía de visita. Había noches en las que necesitaba dormir temprano porque necesitaba dormir bien antes de un examen o estar bien descansada para otro día de prácticas en el hospital. Serían sobre las 10:30 p. m., me preparaba para ir a la cama, sabiendo que dormiría unas 7 horas decentes si me acostaba a las 11. Él estaría trabajando o terminando su trabajo, y yo le recordaba que necesitaba dormir para poder descansar lo suficiente para el día siguiente. Su trabajo le consumía mucho tiempo y solía trabajar hasta tarde, así que nunca lo presionaba para que se acostara cuando tenía algo que hacer. Sin embargo, lo único que le recordaba era que quería estar dormida a las 11. Si quieres tener un momento íntimo, por favor, termina pronto porque necesito dormir. Me cepillaba los dientes, me metía en la cama y él decía que estaba terminando. Hacía todo lo posible por mantenerme despierta hasta las 11, navegando por TikTok o Instagram, esperando que la luz azul hiciera su trabajo. 10:55. Cierra su portátil y se dirige al baño. Intento mantenerme despierta. 11:05. 11:10. 11:15. 11:20. Escucho la cisterna del inodoro y la ducha abrirse. Ya no puedo luchar contra mi agotamiento, tal vez sea la frustración, el estrés de estudiar, o simplemente el agotamiento de cocinar, limpiar, empacar almuerzos y desayunos y hacer la cena para dos personas siendo estudiante de medicina. Me duermo. 11:45. Me despierta él deslizándose en la cama y me doy vuelta para acurrucarme en su pecho. Me atrae para abrazarme, me acaricia la espalda y me besa la cabeza. "¿Quizás quieras tener un momento sexy?", me pregunta. Esta es una pregunta que conozco muy bien en esta situación exacta que ha jugado demasiadas veces para contar en nuestra relación. Respondo como siempre lo hago, convenciéndome de que esta vez, voy a mantenerme firme. “Cariño, es muy tarde y te dije que necesitaba dormir, no quiero tener sexo, estoy muy cansada”. “¡No pasa nada! Entonces, ¿quizás podemos hacer algo más que sexo?”. La danza entre nosotros ha empezado, y sé que necesito dormir de verdad, pero que se va a quedar callado y distante al día siguiente si sigo negándome. Me digo a mí misma que necesito priorizar mi sueño ahora mismo, y que se le pasará no tener sexo en una noche. Me desconcierta que piense que hacerle una mamada es menos agotador que tener sexo y que, de alguna manera, todavía está bien pedirla cuando le dije que estaba muy cansada y necesitaba dormir. “Cariño, por favor, estoy muy cansada, no tengo energía para hacerte una mamada”. “No pasa nada, podemos hacerlo por la mañana entonces”. Odio hacer compromisos que no puedo cumplir y odio que alguien me haga lo mismo. Mi respuesta es un reflejo de eso, y en retrospectiva, no fue la mejor decisión para terminar con esta danza de una vez. "Tengo que levantarme a las 6, no me levantaré antes y tampoco creo que te despiertes tan temprano". Se queda callado un momento. "¿Podríamos besarnos?". Entiendo que su lenguaje de amor es el contacto físico y, en este punto, la culpa me abruma. El chico que amo ha viajado horas para venir a verme y pasar tiempo conmigo, y aquí estoy yo intentando dormir en lugar de hacerlo sentir amado. Sé que la lógica es errónea, pero siempre quise que se sintiera amado y supiera cuánto lo amé. Si pudiera besarlo un poco, quitarle algo de sueño, estaría bien. Este chico me amaba y yo lo amaba, podría pasar un rato besándolo y recordándole que también lo encuentro atractivo y deseable. Levantaría la barbilla y lo besaría, suave, delicadamente, con la mayor pasión posible para alguien medio dormido. Intentaría igualar su intensidad, con el sueño y el cansancio agobiándome. Finalmente, el cansancio me alcanzaba y dejaba de mover tanto la boca. "¡Cariño! ¡Intento besarte pero no pareces tener muchas ganas!", dice. "Lo siento, guapo, es que estoy muy cansado, te amo". Deja escapar un suspiro y toma mi mano que está sobre su pecho. Toma mi mano y la coloca justo donde la quiere. Está duro. Una sensación de pavor me invade. Amo a este chico, de verdad, y me halaga que me desee. Pero ahora mismo estoy tan somnolienta y agotada. Mueve mi mano contra sí mismo. Usa la otra mano y busca mi cintura. Desliza sus manos dentro y me toca. "Creo que alguien me desea", dice. Por supuesto que lo encuentro atractivo. Es que estoy tan cansada ahora mismo y no quiero hacer nada más que dormir. Me besa con más pasión. Me toca con más agresividad. Hace que lo toque con más agresividad. El agotamiento ha vencido mi determinación de no permitir que esto vuelva a suceder. "Por favor, estoy muy cansada". Mi súplica no obtiene respuesta mientras me quita la ropa interior y la suya. Sé que, llegados a este punto, es más fácil y rápido acabar con esto que seguir luchando por mí misma y rechazar sus insinuaciones. Siempre que había rechazado sus insinuaciones sexuales, me enfrentaba a la crueldad. Le rogaba que dijera algo mientras me disculpaba profusamente, y él guardaba silencio. Si era por la mañana, le explicaba que tenía dolor y le pedía que resolviéramos nuestros días juntos. Se negaba a participar, ponía los ojos en blanco y volvía a dormirse. Se levantaba después de las 10 de la mañana, asegurándose de que no pudiera hacer nada de lo que quería hacer con él esa mañana. Una vez me agotó y, a regañadientes, le di mi consentimiento cuando tenía dolor, pidiéndole que fuera suave. El dolor fue intenso en cuanto me penetró, y grité. Me disculpé efusivamente, pero él permaneció en silencio, incluso mientras le rogaba que dijera algo. No me di cuenta de que esto era evasivo y abuso emocional. Ahora que lo pienso, nunca podía tener un período en paz cuando estaba con él. Si me quedaba en la cama gimiendo de dolor, a veces me consolaba un poco. Pero siempre terminaba con la misma broma, incluso después de que le había expresado innumerables veces cuánto me molestaba. "¿Sabes qué te haría sentir mucho mejor los cólicos?". Se refería al sexo. Siempre se refería al sexo. Incluso cuando le expliqué el dolor insoportable que estaba experimentando, él quería sexo. Incluso después de explicarle que me molestaba que siguiera con la misma broma, expliqué cómo me hacía sentir que no entendía la cantidad de dolor que sentía. Él solo quería sexo. Nunca importaba si yo tenía dolor. Se reía cuando lloraba por lo molesta que me había puesto esa broma. Mi corazón ingenuo estaba convencido de que la risa era inocente. La mayoría de esas veces no cedía hasta que teníamos sexo, o yo le daba placer de alguna otra manera. 12:10. Busca un condón, y antes de que me dé cuenta, estamos teniendo sexo. Estoy haciendo todo lo posible para terminar con esto lo antes posible. Me muevo como él quiere que lo toque como él quiere que lo haga. Todo el tiempo pensando para mí misma, "por favor, termina, estoy muy cansada y necesito dormir". 12:30. Terminó. Intento contener las lágrimas mientras me dirijo al baño. ¿Cómo dejé que esto volviera a suceder? Hablé con él sobre esto otra vez la semana pasada. Le dije que necesitaba que respetara mi hora de dormir, ¿no? Le pedí que por favor no insistiera cuando dijera que no quería tener sexo. Le pedí que por favor no me tomara la mano y me obligara a tocarte. Verbalizó que lo entendía, dijo que solo quería tener sexo si lo hacía. ¿Qué estaba haciendo mal para que esto siguiera sucediendo incluso después de haber hablado con él al respecto? Vuelvo a la cama, él está acurrucado de espaldas a mí, empezando a quedarse dormido. Sé que le gusta tener sexo antes de acostarse para conciliar el sueño, le ayuda a superar los "zoomies antes de dormir", como él los llama. Me acuesto a su lado y las lágrimas empiezan a rodar silenciosamente por mis mejillas. ¿Así se supone que es ser una pareja exclusiva? ¿Rara vez voy a poder dormir cuando quiero porque necesito estar ahí para que tenga sexo antes de dormir, como a él le gusta? ¿Siempre van a ignorar mis súplicas de que me deje en paz? Si vivimos juntos, nos casamos, ¿así será el resto de mi vida? Un pensamiento me llega al estómago. ¿Esto es una agresión? 12:45. Por fin tengo la oportunidad de dormir tranquila. Mi esperanza de dormir 7 horas se ha reducido a 5. Supongo que estaré aturdida y agotada trabajando en el hospital otra vez. Este era mi novio, el chico con el que he estado durante años. Dice que me quiere. Yo lo quiero. Se preocupa por mí, me compra la comida, me compra regalos de cumpleaños. Sale a cenar y viene a visitarme cuando estoy en la escuela. Me ayuda a arreglar el coche y mis aparatos. Nos cepillamos los dientes juntos casi todas las noches antes de dormir. Es mi mejor amigo. Algunos amigos dicen que nos vemos bien juntos y bromeamos mucho. ¿Podría una persona así agredirme? Desde luego, no dije que sí. Al principio le dije que no y que no quería tener sexo, pero no estoy segura de si lo dije o si le pedí que parara cuando agarró un condón. Estaba demasiado cansada para oponer resistencia, solo quería acabar de una vez. No era la primera vez. Pasaba casi todos los meses que venía a visitarme. Intentaba hablar con él a menudo, pero él lo llamaba peleas y decía que le gustaba tener sexo antes de dormir y a primera hora de la mañana, y que le costaba terminar el trabajo antes para que las cosas no pasaran tan tarde. Se cerró cuando saqué el tema y dijo que ese era su lenguaje de amor y que lo hacía sentir amado. Quería que se sintiera amado, pero no a costa de mi falta de sueño. A menudo iniciaba el sexo para que se sintiera amado, y en un momento que propiciara mi necesidad de dormir. Pero no importaba cuántas veces tuviéramos sexo antes de que me relajara, él siempre quería sexo al acostarse porque le ayudaba a conciliar el sueño más fácilmente. Hablamos de hacer tiempo para el sexo, de planificar. Estuvo de acuerdo cuando lo hablamos, pero nunca lo hicimos. ¿Qué me quedaba? No importaba de qué habláramos, ocurría lo mismo. Hablé con alguien cercano a él sobre mi angustia porque quería entender todo lo posible para replantear mis sentimientos y, con suerte, comprenderlo mejor y sentirme menos herida. “Es un chico de 23 años que ve a su novia una vez al mes, ¿qué esperabas? Estás siendo irracional” “Entonces tal vez no deberían dormir en la misma cama” “Si no puedes satisfacer sus necesidades, entonces necesitas hablarlo con él” “Y qué si te engaña, es solo sexo, sigue eligiendo estar contigo, ¿verdad?” ¿Era yo la chica que lo estaba privando de felicidad? ¿No le estaba dando el tipo de sexo que quería a la hora que quería? No pensé que fuera una persona maliciosa. La explicación más amable que se me ocurrió fue que su cerebro se apagaba cuando estaba de humor, y le costaba pensar en mucho más que en su deseo de sexo. Su lóbulo frontal olvidó considerar que tal vez sus acciones me estaban lastimando, y vio convencerme como un desafío. Después de todo, yo era su novia y deberíamos tener intimidad juntos, y hubo muchas veces en que lo disfruté. En ese momento, solo podía pensar en hacer zoomies para dormir. Sin embargo, hay una razón por la que somos humanos, no conejitos: tenemos un razonamiento cognitivo avanzado y no creo que la idiotez sea una excusa. Me amaba, ¿verdad? ¿Por qué querría lastimarme? Estos pensamientos son la razón por la que me quedé tanto tiempo. No pretendía lastimarme, simplemente era joven y tonto, y estaba trabajando en desarrollar su inteligencia emocional. Estaba convencida de que crecería con el tiempo y que cuanto más habláramos, poco a poco lo entendería. Pero no lo hizo. ¿Estaba siendo impaciente? En resumen, nuestra relación se desmoronó cuando salió a la luz lo enojado que estaba por las veces que me negaba a tener sexo cuando estaba cansada, y sus deseos de estar con alguien más excitante sexualmente que yo, alguien con pechos más grandes y curvas más llenas, como el porno que veía varias veces al día. Afloraron los sentimientos y las preguntas de todas las veces que me presionaron para tener sexo. Sentía que estos sentimientos y situaciones de presión eran la razón por la que era tan reservada con él sexualmente y no siempre me sentía cómoda, y quería resolverlo con él para poder ser más excitante sexualmente para él. Hablé con él sobre estas situaciones. "Creo que eso fue una forma de agresión. Me presionaron para tener sexo cuando no quería y me hizo sentir incómoda". "Nunca quise agredirte, lamento que te sintieras así. Aunque puedo entender cómo lo interpretaste". Quería ver si mudarnos juntos arreglaría las cosas. La idea de pasar cada noche así me aterrorizaba. "Podemos tener dos habitaciones diferentes para que eso no pase", sugirió. ¿Por qué no podía simplemente respetar mis límites? Quería poder acurrucarme en la cama con mi pareja al final de un largo día y sentirme cómoda sin la preocupación que tenía que proporcionar sexualmente cuando estaba agotada. “Agradecería poder hablar de esto contigo porque me he sentido violada en esta relación y estoy en una situación muy difícil”. Le dije que ya no quería más cuando me gritó por teléfono. Iba a buscar terapia de pareja. Dijo que estaba haciendo una profunda introspección sobre sus sentimientos. Me envió una carta diciendo que no quería estar conmigo unos días después porque estaba discutiendo y enfadada con él. “Esto es demasiado, y no tengo tiempo para lidiar con esto y resolver estas cosas contigo. Mi trabajo es una extensión de mí, mi prioridad, y necesito concentrarme en eso... No quiero que salgas de esto sintiéndote como si hubieras sido maltratada durante tres años”. El chico que decía amarme incondicionalmente había encontrado su condición. Sus argumentos eran válidos; cada uno tiene derecho a sus propias prioridades. Sin embargo, me di cuenta de que después de tres años juntos, todavía no me respetaba ni se preocupaba por mí lo suficiente como para asumir la responsabilidad y ayudarme a hablar sobre el trauma que había sufrido en nuestra relación. Siempre es difícil aceptar que hemos lastimado a alguien a quien amamos, y quiero pensar que su tendencia a evitarlo lo puso en modo de lucha o huida cuando escuchó cuánto dolor sentía. Debió pensar que era más fácil simplemente huir y dejar de lastimarme en lugar de enfrentar el dolor que me había causado. Me convencí de todas las excusas posibles que podía inventarle. Al final, me quedé sola, recuperándome de la violación sufrida durante mi relación, gritando, llorando, sin saber cómo hablar de lo que me había pasado. Pero aquí estoy ahora, intentando aprender. ¿Era ignorancia? ¿Una falta de comunicación habitual cada mes? Incluso eso sonaba ridículo. ¿Cómo podía hablarle de lo mismo todos los meses para que nunca lo oyera? ¿Le estaba poniendo demasiadas excusas? ¿Era demasiado complaciente y él buscaba aplastarme para conseguir lo que quería? Agresión siempre me pareció una palabra demasiado fuerte para describir esto. ¿Había una categoría más pequeña para describir el hecho de que me tocaran cuando no quería y me empujaran a tener sexo cuando no lo deseaba? ¿Existe una palabra para describir a tu pareja de años que habitualmente tiene sexo contigo cuando no dijiste que sí y no querías? ChatGPT dice: “El término para eso es ‘sexo coercitivo’ o ‘coerción sexual’ si hubo presión, culpabilización o manipulación. Si no hubo consentimiento, incluso dentro de una relación a largo plazo, se considera legal y éticamente violación o agresión sexual, según la jurisdicción”. Nunca he podido llamar a esto violación, pero estoy empezando a comprender que la violación no siempre es violenta y puede ser cometida por una pareja íntima que no fue físicamente abusiva. Nunca me golpeó ni se puso violento conmigo. Pero esto, fuera lo que fuera, vino acompañado de abuso emocional y aun así fue horrible. Me sentí muy irrespetada y violada. De algo estoy segura (por desgracia) es de que no estoy sola en esta experiencia. Agradezco que hayas leído esta historia, te sientas identificada o no.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    ¡La curación puede ocurrir y ocurre!

    A los veintiséis años fui violada por un desconocido. Me llevó muchos años reconocer que lo que me había sucedido era una violación. Aunque, angustiada por lo sucedido, lo bloqueé de mi mente durante varios años antes de acudir a un terapeuta en busca de apoyo. Decidí ir a terapia porque estaba luchando contra una profunda depresión. No asistí a un Centro de Crisis por Violación. Me llevó varios años revelarle a mi terapeuta de entonces que había sido violada. Había enterrado lo ocurrido en lo más profundo de mí y nunca le había revelado a nadie lo que pasó esa noche. La persona que me violó era amiga de unos amigos míos. Estuve fuera el fin de semana y, afortunadamente, nunca lo volví a ver. Si bien mi proceso de sanación ha sido largo, ha sido de gran apoyo y me ha permitido sanar de muchos problemas diferentes de mi infancia y de la violencia sexual. Ya no siento culpa ni vergüenza por lo ocurrido esa noche y animo a cualquier hombre o mujer que haya sufrido violencia sexual a acudir a un terapeuta especializado en violencia sexual y a que un profesional con experiencia le acompañe en su proceso de sanación. No me arrepiento y estoy agradecida con las maravillosas mujeres que me han apoyado para sanar de una experiencia profundamente traumática. La sanación es posible y ocurre. No te rindas, como yo nunca me he rendido. He aprendido que, como muchas sobrevivientes de abuso, soy una mujer muy resiliente. Vivo la vida hoy con los pies en la tierra y, aunque recuerdo lo que me ocurrió en la violación, he sanado emocionalmente del dolor y la pena de esa experiencia traumática.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Encontré a alguien increíble. En lugares inesperados. Encontré mi paz. Persigue tu paz.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    🇺🇸

    Abuso de autoridad

    Fecha, alrededor de hora Tuve una cita con él (un funcionario de prisiones), pensando que sería una oportunidad para conocerlo como amigo, pero resultó ser una noche horrible de la que solo recordaría fragmentos. Me recogió en su camioneta blanca; olía a colonia y chicle Winterfresh. Dos olores que nunca olvidaré. Me llevó a un antro sucio sin preguntarme adónde ir. Ya no me sentía segura, y lamento no haber dicho nada hasta el día de hoy. Pedí mi primera copa: ron con Coca-Cola. Tengan en cuenta que mi vaso era más pequeño que una taza de café. Empezamos a hablar, y me dijo que había estado en el ejército. Parecía esforzarse por persuadirme e impresionarme, pero no caí en la trampa. El sabor de mi bebida no era diferente al de antes. Casi había terminado mi primera copa cuando me preguntó si quería otra, y acepté. Volvió con otra y me preguntó si quería jugar a los dardos, y acepté de nuevo. Tomé un trago del segundo ron con coca que me trajo y empecé a sentirme mareada, cansada y débil. No dije nada todavía. Seguí con los dardos. Para entonces, me dio un tercer trago, no recuerdo si lo tomé siquiera. Sí recuerdo haber dicho: "Quería irme a casa", y salimos por la puerta lateral de su camioneta blanca. No recuerdo haberme sentado en el asiento delantero, ni mucho menos en el trasero. Mis ojos se abrieron y cerraron, despertando solo para verlo cara a cara conmigo. Violándome. Estoy paralizada por el shock. Asqueada por lo que me estaba diciendo. Cuando terminó, me tiró una toalla encima y me dijo que me limpiara. Tiró mi zapato sobre mi cuerpo desnudo y dijo: "Ahora te llevaré a casa". Hacía veinte grados afuera, estaba completamente desnuda en un estacionamiento conocido. Me vestí. Me llevó a casa; no intercambiamos palabras. En cuanto llegué a casa, me metí directamente en la ducha y lloré. Era virgen. Me arrebató mi inocencia, una inocencia que jamás podré recuperar. Fecha, alrededor de las hora Sentada en mi oficina, entró sin avisar y se sentó en una silla junto a la puerta. Levanté la vista, incómoda. Le pregunté: "¿Qué haces?". Me respondió, levantándose de la silla: "Sé que quieres esta polla". Me bloqueó entre mi asiento, la pared y mi escritorio; no tenía adónde ir. Se bajó la cremallera del pantalón, me agarró un mechón del pelo y le practicó sexo oral a la fuerza. Esta vez recuerdo la brutal violación. Empujar, atragantarme y estrangularme solo consiguió que me aplicara más fuerza y me hiciera más daño. Su fuerza era insoportable. Cuando terminó, me tiró un chicle y se fue. Llorando, sintiéndome sucia, culpable y avergonzada, me recompuse y terminé mi día. Violada, no solo una, sino dos veces, por el mismo sujeto. Una vez fuera del trabajo y la otra dentro. Después del primer ataque, quedé destrozada por dentro, pero el segundo me dañó muchísimo. Si se lo contaba a alguien, nadie me creería, porque él era muy querido en el trabajo y yo solo era una trabajadora social. Mis hermanas fueron las primeras en enterarse de la primera agresión en abril de 2020. Me contuve con la segunda porque sentía que no me perdonarían por permitir que volviera a ocurrir. Octubre de 2020 Les conté a mis hermanas sobre la segunda agresión. Fui a Asuntos Internos, quienes me enviaron con detectives. Supuestamente hicieron una investigación, pero los chicos son como los chicos, y donde yo trabajaba, todos se mantienen unidos. El fiscal del distrito abandonó el caso. Enero - Octubre de 2023 Ahora me mudé de ese condado debido a los factores desencadenantes y a la esperanza de que mi TEPT mejore con el tiempo. Me siento más fuerte, conté mi historia y sé que soy una sobreviviente. Espero que mi historia se convierta en la guía de supervivencia de alguien más.

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    Me encantan los gatos y los caballos.

    ¡Hola! Tengo 18 años y todo esto pasó hace un año y medio, tenía 16. Es una historia muy rara y desquiciada, nunca había oído una similar. Iba a casa al final de la tarde y fui literalmente atacado por un grupo de creo que 3 o 4 personas mayores que yo, todos hombres. No sé qué idioma hablaban. Intenté muchísimo patearlos, gritar y resistirme, pero no había nada que pudiera hacer. No sé cuánto duró, tenía miedo de lo que harían cuando terminaran, si me matarían o me dejarían escapar. Me soltaron cuando terminaron, recogí mis cosas y literalmente corrí a casa sin parar. Estoy tan agradecida de que no hubiera nadie en casa y de que nadie me viera volver a casa. Fue esta sensación de insensibilidad y apatía, cuando no puedes sentir nada, lo que me salvó. Me duché, la última vez en los próximos 9 meses, me vestí y recé para que nadie llegara pronto a casa. No salí mucho los siguientes días, actué con la suficiente normalidad para que mis padres no se dieran cuenta e intenté no pensar en ello. Solo se lo conté a la gente por internet: a un amigo cercano y anónimamente a cientos de personas que leían mi publicación en Reddit. Después de unos meses de llanto constante en mi habitación, intenté suicidarme. Cada vez que decidía que prefería no morirme y vomitaba las pastillas, me enojaba y lo volvía a intentar... Me cortaba, me golpeaba, lloraba y gritaba en un rincón de mi habitación y me golpeaba con algo cuando no había nadie en casa. Me escondí bastante bien; mis padres me decían que había cambiado e intentaban contactarme, mi madre lloraba y me preguntaba qué me pasaba, pero yo, apenas conteniéndolo, le decía que se lo estaba inventando todo y me iba a mi habitación poniendo los ojos en blanco. Sigo cortándome, a veces me golpeo y me tiro del pelo, inconscientemente me arranco la piel alrededor de las uñas hasta que sangra; mis manos tienen un aspecto horrible. Tengo los muslos cubiertos de cicatrices de 30 cm desde la rodilla hasta la cadera y a veces me duele caminar e incluso dormir. No sé cómo sobreviví al verano. En la playa, la gente me miraba la pierna, pero nadie me decía nada. Todavía no se lo he contado a nadie en la vida real; me da muchísima vergüenza, no puedo caminar por la calle con la cabeza en alto, no me imagino contárselo a mis padres ni hablar con un terapeuta. De verdad, ya no quiero estar triste. Este texto está mal escrito y no transmite bien todas las emociones; no pude ver el teclado por culpa del llanto. Pero gracias por leerlo. Saber que alguien sabe que estoy pasando por esto me ayuda. Y que hay otras personas. Muchas gracias.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Encontré a alguien increíble. En lugares inesperados. Encontré mi paz. Persigue tu paz.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

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    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    Sanar es entender

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
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    Nombre

    Tener TU voz es lo más importante que puedes tener como víctima de abuso. Después de sufrir abuso durante varios años en Ubicación, sentí que me lo arrebataban todo. A los 9 años, me habían arrebatado mi dignidad, autoestima, confianza, felicidad y fuerza. Verano tras verano, iba a este lugar oscuro que se suponía sería una experiencia positiva. Mis padres creían que me dejaban en un lugar para ayudarme a crecer en mi relación con el Señor. Lo que no sabían es que Nombre 2 me dijo que si realizaba los actos sexuales que él quería, me prometía que me acercaría más a Dios. Era una persona enferma que constantemente infringía las normas de Ubicación y la ley. Lo peor es que Ubicación tenía la visión y sabía que esto estaba sucediendo, pero no hizo nada. Al salir del campamento y volver a casa, recuerdo sentirme vacía y deprimida. A esta edad, no se tiene la madurez suficiente para comprender lo que ha sucedido y cómo procesarlo. Acudí a centros de defensa infantil para obtener ayuda profesional y me costaba incluso hablar de lo sucedido porque no tenía sentido en mi cabeza y no podía verbalizar los acontecimientos ni el impacto que tuvieron en mí. A medida que avanzaba en la adolescencia, me deprimí más. Todas las noches soñaba que Nombre 2 abusaba de mí y sentía que cada noche que me iba a dormir, iba a ser abusada de nuevo. El miedo, la ira y la depresión que experimenté me pesaban tanto que casi no quería llegar al día siguiente. Después de años en este ciclo, decidí que necesitaba un cambio para poder vivir una vida plena. Empecé a trabajar en mi salud física, espiritual y mental. Lo más importante es tener voz. Tienes que poder compartir tu experiencia para poder recibir la ayuda que necesitas y expresar el dolor que has vivido. Por eso estoy agradecida por la Ley de Trey. Esta elimina la posibilidad de que organizaciones como Ubicación silencien a las víctimas después de hacerles pasar por experiencias horribles. Le devuelve el poder al Superviviente. La Ley de Trey salvará vidas. Permitirá que alguien pueda defenderse. Permitirá que menos criminales/organizaciones se salgan con la suya en el peor delito que alguien puede cometer. Si alguien lee esto y necesita ayuda, ¡siempre estaré encantado de escuchar su voz!

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y no la voy a desperdiciar. Soy muy feliz y tengo paz en mi hogar. La gente siente lástima por mí porque no tengo contacto con mi familia, pero lo que no entienden es que tengo paz. La paz es mucho más importante que la familia después de lo que he pasado. Tengo un perro de servicio para protegerme de ellos. Es una pitbull y me protege muchísimo. Así que si vienen por mí, más vale que sea con un arma porque es la única manera de que me atrapen. También tengo un gato y ahora es mi familia. Dios me ha bendecido inmensamente desde que dejé el abuso. La Biblia dice que Dios te dará el doble de lo que has perdido debido al abuso. Puedo dar fe de eso. Tengo un hermoso apartamento que es un edificio seguro, así que no puedes entrar a menos que tengas una llave. Vivo en un segundo piso, así que no pueden entrar a robarme. Mi exmarido y mi hija entraron a mi otra casa, robaron mis dos bulldogs ingleses y los mataron solo para hacerme daño. He tenido que mudarme cinco veces porque me siguen encontrando. No ayuda que si buscas el nombre de alguien en Google, puedas averiguar dónde vive. Además de enseñarle al sistema legal sobre el abuso, internet también necesita aprender cómo la gente lo usa no para bien, sino para abusar. Dios me ha bendecido con un coche precioso, una GMC Acadia Denali. Si alguno de ellos lo supiera, se pondría furioso porque su objetivo era destruirme. Dios no iba a permitir que eso sucediera.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    Solo llámame "papá"

    En mi historia, COMENZÓ CON MI HERMANO, mencioné brevemente 3 instancias en las que evité ser violada al dejar que los hombres me tuvieran cuando parecía que iban a hacerlo sin importar si yo consentía o no. Creo que evité el trauma emocional y físico en ese momento, pero la ira, el resentimiento hacia mí misma y los sentimientos de haber sido agraviada y al respecto se acumularon después. Nunca compartí ni publiqué esas historias. Por favor, lea mi historia original para el contexto. En esta instancia, el sexo ya estaba sucediendo cuando desperté, y mi reflejo fue tomar el camino de la no confrontación. El camino fácil, no el correcto. Había llegado a casa del trabajo como mesera en mi bar y restaurante a la parrilla y mi compañera de cuarto tenía a su padre alojado con nosotros durante el fin de semana. Ya lo conocía porque condujeron directamente del aeropuerto al bar deportivo en el que trabajaba. Ahí fue donde me dijo: "Solo llámame, 'papá'". Se sentaron en mi sección, comieron y se fueron. Sin problemas. Luego, de vuelta en nuestro apartamento de dos habitaciones, hubo una pequeña fiesta para él con un par de amigos. Tomé un par de sidras fuertes y charlé sobre la universidad y mi compañera de piso, y escuché historias de cuando ella era niña. Coqueteé y seguí la corriente a las insinuaciones sexuales de "Papá" dirigidas a mí, e ignoré sus ojos de arriba abajo. Ya estaba acostumbrada. Jugué a ser la buena anfitriona y esperé hasta que todo se calmara, probablemente alrededor de las 2 o 3 de la mañana, antes de ducharme e irme a la cama. Había sido un largo día con clases y trabajo. Me desperté unas horas más tarde con "Papá" ya dentro de mí, ¡empujando dentro y fuera entre mis piernas! Por la luz que entraba a raudales por mis persianas oscuras, podía decir que era de día. ¡Pero qué diablos estaba pasando! No tenía bragas, pero sí camiseta. Debajo, la figura oscura que rápidamente pude identificar como "Papá" me acariciaba los pechos con una mano mientras me sujetaba con la otra. Todavía aturdida y confundida, supongo que lo abracé y respondí como una compañera dispuesta. Pronto terminó y luego se puso incómodo. Me dijo "Eso realmente dio en el clavo". ¡Empezó a conversar! Cuanto más tenía que pensar, más me daba cuenta de lo que había pasado. Que simplemente se había servido mientras yo dormía. Tenía 19 años y estaba saliendo con un jugador de béisbol universitario atractivo en ese momento y no me habría acercado a este tipo de cincuenta y tantos a propósito. Seguro que estaba bebiendo esa noche, pero yo solo había tomado unas pocas sidras. Así que ahí estaba yo, dándome cuenta de que me habían violado, ¡pero rehén de un sentido de la cortesía! Sin mencionar que medía 1,60 m y pesaba 50 kg, por lo que estaba la intimidación física de un hombre mucho más alto con un cuerpo de padre. Siempre orino justo después del sexo, pero me sentí cautiva por las divagaciones de "Papá" mientras se apoyaba en un codo flotando sobre mí mientras pasaba sus dedos sobre mí y me acariciaba el cabello esporádicamente. Compartí con él su lata de cerveza fría, que debió abrir justo antes de entrar a violarme, porque recuerdo haber bebido a fondo el líquido frío que me alivió la garganta seca. Sufrí algunos chistes de papá e historias que no me interesaban, además de responder algunas preguntas personales sobre mí y mi sexualidad. Buscaba un momento para levantarme y alejarme de "Papá" cuando dijo: "Estoy listo para ir otra vez, cariño". ¡No! ¡Se colocó encima de mí! En lugar de resistirme o incluso decir "no", abrí las piernas para acomodarlo. ¡Qué demonios! La segunda vez no tuvo la misma ansiedad que la primera, por desgracia. Como él mismo dijo, esta vez quería darme una lección. Supongo que sobre lo bueno que era en la cama. Un caso claro de "pene de whisky". Así que dejé que este hombre con el que nunca había querido ni considerado tener sexo me empujara en varias posturas. Era un hombre grande y mucho más fuerte que yo, era una broma. Después del misionero, me levantó para demostrarme algo y me lo hizo contra la pared junto a mi ventana. Recuerdo ver a través de las rendijas de las persianas y saber que era temprano porque el estacionamiento estaba lleno y no se movía nada. Entonces me tiré de golpe a la cama. Hicimos un 69, yo tumbada sobre él, chupándolo con todas mis fuerzas, deseando acabar con él mientras me lamía. ¡Fracasé! En un momento dado, me tuvo encima, montándolo. Estaba a gatas con él embistiendo detrás de mí cuando me desplomé boca abajo bajo su peso. Disfrutaba de las embestidas sin parar, ya que estaba completamente inmovilizada por él. Dejé que me diera dos o más orgasmos con la esperanza de que acabara. Grité tanto que me daba vergüenza que mi compañera de cuarto entrara corriendo en cualquier momento. Estaba desmayada, borracha. Finalmente se fue en cuanto terminó. Estoy segura de que tenía el ego desorbitado y ¡ese hombre tan terrible todavía piensa en mí! Me quedo tumbada en la cama, recuperando el aliento y cada vez más ansiosa. Me levanté, me puse un chándal y salí corriendo hacia el gimnasio. Tenía muchísimas ganas de escaparme. Bebí agua como si acabara de salir de un desierto. Me duché un buen rato en el gimnasio vacío del sábado por la mañana, sin más productos que jabón de manos. Luego empecé a entrenar como una loca, con tres horas de sueño y agotada. Intentaba sacármelo de encima sudando, gritando y haciendo ejercicio a toda máquina. Me duché de nuevo, salí y me quedé dormida en el coche, en la parte de atrás del aparcamiento. El resto del fin de semana solo iba a mi apartamento unos minutos a la vez para recoger cosas que necesitaba. ¡Y desde luego que no dormí allí! Cuando se fue, respondí a las preguntas de mi compañera de piso, que había estado ignorando con mentiras y respuestas cortas. Le dije la verdad. Se encogió de hombros y me miró con escepticismo, como si fuera una de esas cosas. Fui promiscua en la universidad y ella lo sabía. Hicimos una especie de broma y seguimos adelante. De la forma fácil, no de la correcta. Todavía me siento muy culpable por cómo era entonces. En aquel entonces, mi problema no era "ojalá hubiera peleado con él". ¡Lo que deseaba era haber estado demasiado borracho para recordarlo! Así que eso fue todo. Algo que guardé dentro, supurando. Otras cosas se sumaron y lo escondí bajo la alfombra de mi mente dañada. No es uno de los peores esqueletos en mi armario, pero por ahora estoy dispuesta a compartirlo. Estoy trabajando en las demás. Mi primera historia me ayudó mucho. Espero que también le haya ayudado a alguien más. Les agradezco a todos y me solidarizo. Leeré sus historias y los apoyaré en mis pensamientos y oraciones.

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    ¿Cómo llamo a esto?

    Empecé a salir con él en la universidad. Recuerdo que me llamó la atención el día que lo conocí: su risa, su curiosidad por el mundo y su sonrisa al hablar. Nos conocimos durante horas tomando el té y empezamos a salir al final de mi último año. Yo iba a la facultad de medicina en una ciudad a cuatro horas de distancia y estábamos decididos a que la distancia funcionara. Fue mi primer novio, y después de que la COVID-19 mermara la experiencia universitaria, estaba emocionada de haber encontrado a mi media naranja. Fui increíblemente feliz al principio de nuestra relación, pudiendo hacer cosas por primera vez con un novio y experimentando lo que era ser deseada y amada románticamente. Las sensaciones eran embriagadoras. En mi ingenuidad de una primera relación, sobre todo de mi primera relación seria a los 21 años, no cuestioné seriamente los comportamientos que vi en mi pareja. Tómalo como resultado de mi limitada exposición a relaciones sanas en la infancia o de mi miedo a admitir que algo andaba mal. La parte más extraña para mí, como alguien nueva en las relaciones, era gestionar mi propia relación con el sexo. Disfrutaba del sexo, sobre todo con alguien a quien amaba, y estaba convencida de que siempre debía ser capaz de satisfacer sexualmente a mi pareja, ya que ahora éramos exclusivos y yo era su novia. Apreciaba saber que me deseaban, y mi pareja disfrutaba de la intimidad conmigo. Esto funcionó durante un tiempo, hasta que empecé a necesitar establecer límites y priorizar mi necesidad de dormir y mi capacidad para desenvolverme bien en el ambiente de alta presión de la facultad de medicina. Esta es la historia de una noche que ocurrió tantas veces que no pude contarlas en mi relación, tan a menudo que sabía que iba a ocurrir cada vez que él venía de visita. Había noches en las que necesitaba dormir temprano porque necesitaba dormir bien antes de un examen o estar bien descansada para otro día de prácticas en el hospital. Serían sobre las 10:30 p. m., me preparaba para ir a la cama, sabiendo que dormiría unas 7 horas decentes si me acostaba a las 11. Él estaría trabajando o terminando su trabajo, y yo le recordaba que necesitaba dormir para poder descansar lo suficiente para el día siguiente. Su trabajo le consumía mucho tiempo y solía trabajar hasta tarde, así que nunca lo presionaba para que se acostara cuando tenía algo que hacer. Sin embargo, lo único que le recordaba era que quería estar dormida a las 11. Si quieres tener un momento íntimo, por favor, termina pronto porque necesito dormir. Me cepillaba los dientes, me metía en la cama y él decía que estaba terminando. Hacía todo lo posible por mantenerme despierta hasta las 11, navegando por TikTok o Instagram, esperando que la luz azul hiciera su trabajo. 10:55. Cierra su portátil y se dirige al baño. Intento mantenerme despierta. 11:05. 11:10. 11:15. 11:20. Escucho la cisterna del inodoro y la ducha abrirse. Ya no puedo luchar contra mi agotamiento, tal vez sea la frustración, el estrés de estudiar, o simplemente el agotamiento de cocinar, limpiar, empacar almuerzos y desayunos y hacer la cena para dos personas siendo estudiante de medicina. Me duermo. 11:45. Me despierta él deslizándose en la cama y me doy vuelta para acurrucarme en su pecho. Me atrae para abrazarme, me acaricia la espalda y me besa la cabeza. "¿Quizás quieras tener un momento sexy?", me pregunta. Esta es una pregunta que conozco muy bien en esta situación exacta que ha jugado demasiadas veces para contar en nuestra relación. Respondo como siempre lo hago, convenciéndome de que esta vez, voy a mantenerme firme. “Cariño, es muy tarde y te dije que necesitaba dormir, no quiero tener sexo, estoy muy cansada”. “¡No pasa nada! Entonces, ¿quizás podemos hacer algo más que sexo?”. La danza entre nosotros ha empezado, y sé que necesito dormir de verdad, pero que se va a quedar callado y distante al día siguiente si sigo negándome. Me digo a mí misma que necesito priorizar mi sueño ahora mismo, y que se le pasará no tener sexo en una noche. Me desconcierta que piense que hacerle una mamada es menos agotador que tener sexo y que, de alguna manera, todavía está bien pedirla cuando le dije que estaba muy cansada y necesitaba dormir. “Cariño, por favor, estoy muy cansada, no tengo energía para hacerte una mamada”. “No pasa nada, podemos hacerlo por la mañana entonces”. Odio hacer compromisos que no puedo cumplir y odio que alguien me haga lo mismo. Mi respuesta es un reflejo de eso, y en retrospectiva, no fue la mejor decisión para terminar con esta danza de una vez. "Tengo que levantarme a las 6, no me levantaré antes y tampoco creo que te despiertes tan temprano". Se queda callado un momento. "¿Podríamos besarnos?". Entiendo que su lenguaje de amor es el contacto físico y, en este punto, la culpa me abruma. El chico que amo ha viajado horas para venir a verme y pasar tiempo conmigo, y aquí estoy yo intentando dormir en lugar de hacerlo sentir amado. Sé que la lógica es errónea, pero siempre quise que se sintiera amado y supiera cuánto lo amé. Si pudiera besarlo un poco, quitarle algo de sueño, estaría bien. Este chico me amaba y yo lo amaba, podría pasar un rato besándolo y recordándole que también lo encuentro atractivo y deseable. Levantaría la barbilla y lo besaría, suave, delicadamente, con la mayor pasión posible para alguien medio dormido. Intentaría igualar su intensidad, con el sueño y el cansancio agobiándome. Finalmente, el cansancio me alcanzaba y dejaba de mover tanto la boca. "¡Cariño! ¡Intento besarte pero no pareces tener muchas ganas!", dice. "Lo siento, guapo, es que estoy muy cansado, te amo". Deja escapar un suspiro y toma mi mano que está sobre su pecho. Toma mi mano y la coloca justo donde la quiere. Está duro. Una sensación de pavor me invade. Amo a este chico, de verdad, y me halaga que me desee. Pero ahora mismo estoy tan somnolienta y agotada. Mueve mi mano contra sí mismo. Usa la otra mano y busca mi cintura. Desliza sus manos dentro y me toca. "Creo que alguien me desea", dice. Por supuesto que lo encuentro atractivo. Es que estoy tan cansada ahora mismo y no quiero hacer nada más que dormir. Me besa con más pasión. Me toca con más agresividad. Hace que lo toque con más agresividad. El agotamiento ha vencido mi determinación de no permitir que esto vuelva a suceder. "Por favor, estoy muy cansada". Mi súplica no obtiene respuesta mientras me quita la ropa interior y la suya. Sé que, llegados a este punto, es más fácil y rápido acabar con esto que seguir luchando por mí misma y rechazar sus insinuaciones. Siempre que había rechazado sus insinuaciones sexuales, me enfrentaba a la crueldad. Le rogaba que dijera algo mientras me disculpaba profusamente, y él guardaba silencio. Si era por la mañana, le explicaba que tenía dolor y le pedía que resolviéramos nuestros días juntos. Se negaba a participar, ponía los ojos en blanco y volvía a dormirse. Se levantaba después de las 10 de la mañana, asegurándose de que no pudiera hacer nada de lo que quería hacer con él esa mañana. Una vez me agotó y, a regañadientes, le di mi consentimiento cuando tenía dolor, pidiéndole que fuera suave. El dolor fue intenso en cuanto me penetró, y grité. Me disculpé efusivamente, pero él permaneció en silencio, incluso mientras le rogaba que dijera algo. No me di cuenta de que esto era evasivo y abuso emocional. Ahora que lo pienso, nunca podía tener un período en paz cuando estaba con él. Si me quedaba en la cama gimiendo de dolor, a veces me consolaba un poco. Pero siempre terminaba con la misma broma, incluso después de que le había expresado innumerables veces cuánto me molestaba. "¿Sabes qué te haría sentir mucho mejor los cólicos?". Se refería al sexo. Siempre se refería al sexo. Incluso cuando le expliqué el dolor insoportable que estaba experimentando, él quería sexo. Incluso después de explicarle que me molestaba que siguiera con la misma broma, expliqué cómo me hacía sentir que no entendía la cantidad de dolor que sentía. Él solo quería sexo. Nunca importaba si yo tenía dolor. Se reía cuando lloraba por lo molesta que me había puesto esa broma. Mi corazón ingenuo estaba convencido de que la risa era inocente. La mayoría de esas veces no cedía hasta que teníamos sexo, o yo le daba placer de alguna otra manera. 12:10. Busca un condón, y antes de que me dé cuenta, estamos teniendo sexo. Estoy haciendo todo lo posible para terminar con esto lo antes posible. Me muevo como él quiere que lo toque como él quiere que lo haga. Todo el tiempo pensando para mí misma, "por favor, termina, estoy muy cansada y necesito dormir". 12:30. Terminó. Intento contener las lágrimas mientras me dirijo al baño. ¿Cómo dejé que esto volviera a suceder? Hablé con él sobre esto otra vez la semana pasada. Le dije que necesitaba que respetara mi hora de dormir, ¿no? Le pedí que por favor no insistiera cuando dijera que no quería tener sexo. Le pedí que por favor no me tomara la mano y me obligara a tocarte. Verbalizó que lo entendía, dijo que solo quería tener sexo si lo hacía. ¿Qué estaba haciendo mal para que esto siguiera sucediendo incluso después de haber hablado con él al respecto? Vuelvo a la cama, él está acurrucado de espaldas a mí, empezando a quedarse dormido. Sé que le gusta tener sexo antes de acostarse para conciliar el sueño, le ayuda a superar los "zoomies antes de dormir", como él los llama. Me acuesto a su lado y las lágrimas empiezan a rodar silenciosamente por mis mejillas. ¿Así se supone que es ser una pareja exclusiva? ¿Rara vez voy a poder dormir cuando quiero porque necesito estar ahí para que tenga sexo antes de dormir, como a él le gusta? ¿Siempre van a ignorar mis súplicas de que me deje en paz? Si vivimos juntos, nos casamos, ¿así será el resto de mi vida? Un pensamiento me llega al estómago. ¿Esto es una agresión? 12:45. Por fin tengo la oportunidad de dormir tranquila. Mi esperanza de dormir 7 horas se ha reducido a 5. Supongo que estaré aturdida y agotada trabajando en el hospital otra vez. Este era mi novio, el chico con el que he estado durante años. Dice que me quiere. Yo lo quiero. Se preocupa por mí, me compra la comida, me compra regalos de cumpleaños. Sale a cenar y viene a visitarme cuando estoy en la escuela. Me ayuda a arreglar el coche y mis aparatos. Nos cepillamos los dientes juntos casi todas las noches antes de dormir. Es mi mejor amigo. Algunos amigos dicen que nos vemos bien juntos y bromeamos mucho. ¿Podría una persona así agredirme? Desde luego, no dije que sí. Al principio le dije que no y que no quería tener sexo, pero no estoy segura de si lo dije o si le pedí que parara cuando agarró un condón. Estaba demasiado cansada para oponer resistencia, solo quería acabar de una vez. No era la primera vez. Pasaba casi todos los meses que venía a visitarme. Intentaba hablar con él a menudo, pero él lo llamaba peleas y decía que le gustaba tener sexo antes de dormir y a primera hora de la mañana, y que le costaba terminar el trabajo antes para que las cosas no pasaran tan tarde. Se cerró cuando saqué el tema y dijo que ese era su lenguaje de amor y que lo hacía sentir amado. Quería que se sintiera amado, pero no a costa de mi falta de sueño. A menudo iniciaba el sexo para que se sintiera amado, y en un momento que propiciara mi necesidad de dormir. Pero no importaba cuántas veces tuviéramos sexo antes de que me relajara, él siempre quería sexo al acostarse porque le ayudaba a conciliar el sueño más fácilmente. Hablamos de hacer tiempo para el sexo, de planificar. Estuvo de acuerdo cuando lo hablamos, pero nunca lo hicimos. ¿Qué me quedaba? No importaba de qué habláramos, ocurría lo mismo. Hablé con alguien cercano a él sobre mi angustia porque quería entender todo lo posible para replantear mis sentimientos y, con suerte, comprenderlo mejor y sentirme menos herida. “Es un chico de 23 años que ve a su novia una vez al mes, ¿qué esperabas? Estás siendo irracional” “Entonces tal vez no deberían dormir en la misma cama” “Si no puedes satisfacer sus necesidades, entonces necesitas hablarlo con él” “Y qué si te engaña, es solo sexo, sigue eligiendo estar contigo, ¿verdad?” ¿Era yo la chica que lo estaba privando de felicidad? ¿No le estaba dando el tipo de sexo que quería a la hora que quería? No pensé que fuera una persona maliciosa. La explicación más amable que se me ocurrió fue que su cerebro se apagaba cuando estaba de humor, y le costaba pensar en mucho más que en su deseo de sexo. Su lóbulo frontal olvidó considerar que tal vez sus acciones me estaban lastimando, y vio convencerme como un desafío. Después de todo, yo era su novia y deberíamos tener intimidad juntos, y hubo muchas veces en que lo disfruté. En ese momento, solo podía pensar en hacer zoomies para dormir. Sin embargo, hay una razón por la que somos humanos, no conejitos: tenemos un razonamiento cognitivo avanzado y no creo que la idiotez sea una excusa. Me amaba, ¿verdad? ¿Por qué querría lastimarme? Estos pensamientos son la razón por la que me quedé tanto tiempo. No pretendía lastimarme, simplemente era joven y tonto, y estaba trabajando en desarrollar su inteligencia emocional. Estaba convencida de que crecería con el tiempo y que cuanto más habláramos, poco a poco lo entendería. Pero no lo hizo. ¿Estaba siendo impaciente? En resumen, nuestra relación se desmoronó cuando salió a la luz lo enojado que estaba por las veces que me negaba a tener sexo cuando estaba cansada, y sus deseos de estar con alguien más excitante sexualmente que yo, alguien con pechos más grandes y curvas más llenas, como el porno que veía varias veces al día. Afloraron los sentimientos y las preguntas de todas las veces que me presionaron para tener sexo. Sentía que estos sentimientos y situaciones de presión eran la razón por la que era tan reservada con él sexualmente y no siempre me sentía cómoda, y quería resolverlo con él para poder ser más excitante sexualmente para él. Hablé con él sobre estas situaciones. "Creo que eso fue una forma de agresión. Me presionaron para tener sexo cuando no quería y me hizo sentir incómoda". "Nunca quise agredirte, lamento que te sintieras así. Aunque puedo entender cómo lo interpretaste". Quería ver si mudarnos juntos arreglaría las cosas. La idea de pasar cada noche así me aterrorizaba. "Podemos tener dos habitaciones diferentes para que eso no pase", sugirió. ¿Por qué no podía simplemente respetar mis límites? Quería poder acurrucarme en la cama con mi pareja al final de un largo día y sentirme cómoda sin la preocupación que tenía que proporcionar sexualmente cuando estaba agotada. “Agradecería poder hablar de esto contigo porque me he sentido violada en esta relación y estoy en una situación muy difícil”. Le dije que ya no quería más cuando me gritó por teléfono. Iba a buscar terapia de pareja. Dijo que estaba haciendo una profunda introspección sobre sus sentimientos. Me envió una carta diciendo que no quería estar conmigo unos días después porque estaba discutiendo y enfadada con él. “Esto es demasiado, y no tengo tiempo para lidiar con esto y resolver estas cosas contigo. Mi trabajo es una extensión de mí, mi prioridad, y necesito concentrarme en eso... No quiero que salgas de esto sintiéndote como si hubieras sido maltratada durante tres años”. El chico que decía amarme incondicionalmente había encontrado su condición. Sus argumentos eran válidos; cada uno tiene derecho a sus propias prioridades. Sin embargo, me di cuenta de que después de tres años juntos, todavía no me respetaba ni se preocupaba por mí lo suficiente como para asumir la responsabilidad y ayudarme a hablar sobre el trauma que había sufrido en nuestra relación. Siempre es difícil aceptar que hemos lastimado a alguien a quien amamos, y quiero pensar que su tendencia a evitarlo lo puso en modo de lucha o huida cuando escuchó cuánto dolor sentía. Debió pensar que era más fácil simplemente huir y dejar de lastimarme en lugar de enfrentar el dolor que me había causado. Me convencí de todas las excusas posibles que podía inventarle. Al final, me quedé sola, recuperándome de la violación sufrida durante mi relación, gritando, llorando, sin saber cómo hablar de lo que me había pasado. Pero aquí estoy ahora, intentando aprender. ¿Era ignorancia? ¿Una falta de comunicación habitual cada mes? Incluso eso sonaba ridículo. ¿Cómo podía hablarle de lo mismo todos los meses para que nunca lo oyera? ¿Le estaba poniendo demasiadas excusas? ¿Era demasiado complaciente y él buscaba aplastarme para conseguir lo que quería? Agresión siempre me pareció una palabra demasiado fuerte para describir esto. ¿Había una categoría más pequeña para describir el hecho de que me tocaran cuando no quería y me empujaran a tener sexo cuando no lo deseaba? ¿Existe una palabra para describir a tu pareja de años que habitualmente tiene sexo contigo cuando no dijiste que sí y no querías? ChatGPT dice: “El término para eso es ‘sexo coercitivo’ o ‘coerción sexual’ si hubo presión, culpabilización o manipulación. Si no hubo consentimiento, incluso dentro de una relación a largo plazo, se considera legal y éticamente violación o agresión sexual, según la jurisdicción”. Nunca he podido llamar a esto violación, pero estoy empezando a comprender que la violación no siempre es violenta y puede ser cometida por una pareja íntima que no fue físicamente abusiva. Nunca me golpeó ni se puso violento conmigo. Pero esto, fuera lo que fuera, vino acompañado de abuso emocional y aun así fue horrible. Me sentí muy irrespetada y violada. De algo estoy segura (por desgracia) es de que no estoy sola en esta experiencia. Agradezco que hayas leído esta historia, te sientas identificada o no.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    ¡La curación puede ocurrir y ocurre!

    A los veintiséis años fui violada por un desconocido. Me llevó muchos años reconocer que lo que me había sucedido era una violación. Aunque, angustiada por lo sucedido, lo bloqueé de mi mente durante varios años antes de acudir a un terapeuta en busca de apoyo. Decidí ir a terapia porque estaba luchando contra una profunda depresión. No asistí a un Centro de Crisis por Violación. Me llevó varios años revelarle a mi terapeuta de entonces que había sido violada. Había enterrado lo ocurrido en lo más profundo de mí y nunca le había revelado a nadie lo que pasó esa noche. La persona que me violó era amiga de unos amigos míos. Estuve fuera el fin de semana y, afortunadamente, nunca lo volví a ver. Si bien mi proceso de sanación ha sido largo, ha sido de gran apoyo y me ha permitido sanar de muchos problemas diferentes de mi infancia y de la violencia sexual. Ya no siento culpa ni vergüenza por lo ocurrido esa noche y animo a cualquier hombre o mujer que haya sufrido violencia sexual a acudir a un terapeuta especializado en violencia sexual y a que un profesional con experiencia le acompañe en su proceso de sanación. No me arrepiento y estoy agradecida con las maravillosas mujeres que me han apoyado para sanar de una experiencia profundamente traumática. La sanación es posible y ocurre. No te rindas, como yo nunca me he rendido. He aprendido que, como muchas sobrevivientes de abuso, soy una mujer muy resiliente. Vivo la vida hoy con los pies en la tierra y, aunque recuerdo lo que me ocurrió en la violación, he sanado emocionalmente del dolor y la pena de esa experiencia traumática.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.