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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇨🇦

Name, solo tenía 6 años

Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé siglos diciéndole a mi mamá y papá que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era adulto y espabilado. En realidad, era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mi amigo; esto significaría que no tendríamos que viajar de regreso tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre; después de una media hora, comenzó a preguntarme si era virgen y a enseñarme revistas pornográficas. Intenté escaparme e irme a la cama; luego me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero seguía agitado; quería que durmiera en su cama. No tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme después de un partido de fútbol; esta vez intenté persuadir a mis padres de que no debía ir, pero no querían que la entrada se desperdiciara; me atacó y me violó de nuevo; finalmente logré encerrarme en el baño. Mentalmente me quedé en ese baño durante los siguientes 40 años, sin decir nada, sin pedir apoyo, 3 matrimonios fallidos, problemas con la bebida, dificultades para ser un buen padre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exesposa, y su respuesta fue: "No puedo amarte, me has violado al mantener esto en secreto". Esto fue devastador y me llevó a un declive a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un fantástico psiquiatra y un terapeuta de organización de apoyo, me siento mejor y creo que puedo ser amado. Nunca es demasiado tarde para comenzar a sanar.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Cree en ti mismo Confía, ten fe y nunca te rindas SIÉNTELO PARA SANARLO

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    🇬🇧

    Historia de Nombre

    Mi nombre es Nombre. Nací en un pueblo llamado Ubicación, la capital del Distrito, ubicado en la parte norte de Sierra Leona. Mi país estaba envuelto en una brutal guerra civil (1991-2002), con todo tipo de atrocidades cometidas contra personas y propiedades. Tristemente, perdí a ambos padres durante la guerra debido a la falta de acceso a suministros médicos en ese momento. Nací en una familia muy estricta, amorosa y religiosa que practica la fe del Islam. Éramos económicamente pobres, pero ricos en tradición, valor cultural, respeto y una fuerte red de apoyo, sea lo que sea que eso signifique. Mi padre era un imán principal y agricultor, y mi madre era ama de casa que apoyaba a mi padre con la agricultura. Soy uno de los más pequeños de 26 hijos. Mi primer nombre me lo dieron después de que mi padre recibió la estricta orden de llamarme Nombre si era niña o Nombre 2 si era niño. Le advirtieron que si ese nombre hubiera seguido las instrucciones, habría muerto. El segundo nombre surgió de la creencia tradicional de que, como mi madre había perdido siete hijos por enfermedades leves o muerte súbita, si me arrojaban a un cubo de basura después de que mi madre me diera a luz, para que pareciera que me había encontrado para que ella me criara, sobreviviría. El nombre de un cubo de basura en nuestra lengua materna es «Nyama», que significa sucio. Mi experiencia en África en aquella época fue la de un lugar donde las voces de las mujeres y las niñas a menudo eran marginadas. Dicho esto, incluso a esa temprana edad, siempre creí que la voz de todos era igual de importante y debía ser considerada y respetada. Esto fue fundamental para sentirnos valorados y apreciados en la sociedad, lo que nos permitió dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, mi primer trauma ocurrió a los 12 años, cuando sufrí la horrenda experiencia de la Mutilación Genital Femenina (MGF), que consiste en la extirpación intencional de los órganos genitales femeninos por razones no médicas. Esto ocurrió no una, sino dos veces. Una mañana de principios de diciembre, me ataron. Una mujer mayor de mi círculo familiar me rodeó con las piernas para impedir que escapara. Me colocaron en el frío suelo de grava del lavadero. Todo el proceso fue tan rápido que, para cuando estaba en el suelo, el corte ya estaba hecho. Este acto bárbaro se realizó con una navaja sin esterilizar, contra mí y contra todas las demás chicas que no tenían voz ni voto. Lo recuerdo vívidamente. Éramos ocho, y yo fui la primera en ser circuncidada. Esta experiencia me dejó una infección, un dolor insoportable y una profunda sensación de desconexión con mi cuerpo. No tenía ni idea de cómo expresar lo que sentía ni con quién hablar. Tras sobrevivir al dolor del primer incidente, una de mis tías me llamó para que volviera a llevar agua al lavadero. Allí, vi la imagen de la mujer que me infligió el primer trauma, esperando a que le hicieran el mismo procedimiento. La razón por la que tuve que repetirlo fue que estaba poseída espiritualmente en el momento del primer incidente, lo que resultó en un mal trabajo. Como fui la primera en ser circuncidada, fui la única que tuvo que hacérselo dos veces. Me inmovilizaron de nuevo contra mi voluntad, y recuerdo haber llorado mucho y estar extremadamente alterada, pues sabía, por mi experiencia previa, lo que iba a pasar. Tenía muchísimo miedo. Sabía que me habían quitado algo, algo que me perjudicaría la vida. Sin embargo, no pude procesar, analizar ni determinar el impacto, ya que no había espacios destinados a la reflexión y el procesamiento. Fue difícil no tener un espacio seguro para hablar de la experiencia negativa de la MGF, cuando la ocasión se considera un hito positivo y significativo para una mujer. En ese momento, todos a mi alrededor, incluidas algunas de las víctimas, celebraban y parecían desbordados de alegría por haber sido circuncidados. No les importó el impacto general que tuvo en mí. Toda esta experiencia me dejó muda. Mientras me recuperaba de la segunda mutilación, sentí como si también me hubieran arrancado la lengua, porque se consideraba de mala suerte hablar mal de ello. Por lo tanto, todos guardaron silencio y siguieron adelante con sus vidas, incluso quienes se vieron gravemente afectados. La siguiente vez que tuve la oportunidad y la plataforma para hablar con seguridad sobre mi experiencia con la MGF fue 25 años después. En 1991, cuando comenzó la guerra civil de Sierra Leona, mi vida dio un vuelco. De niña, las noticias sobre disturbios políticos parecían algo que ocurría en un mundo lejano. Parecía algo que debía preocupar a los políticos, no a nosotros, los agricultores. Lo que parecía una historia se convirtió en realidad cuando los rebeldes atacaron mi pueblo natal en 1994. Dejaron un legado devastador en nuestra unida comunidad. Hubo un alto número de muertos y destrucción de propiedades, incluyendo monumentos históricos. Lo llamamos "el primer ataque al que algunos sobrevivimos", y pronto, la muerte en todas sus formas, la destrucción y el sonido de las armas se volvieron familiares. Para entonces, la guerra se había extendido desde la región sur de Sierra Leona (donde comenzó inicialmente) hasta la región norte, con frecuentes ataques a las ciudades y pueblos de mi distrito. El gobierno parecía no tener control para resolver la situación y, en cambio, la violencia se intensificaba como un reguero de pólvora. Los niños no deberían tener que experimentar este nivel de masacre y destrucción. Nadie debería. Pero allí estaba yo, un niño en medio de todo ese caos, sin la protección de mi familia ni del Estado. Tras sufrir frecuentes ataques en mi ciudad natal (Ubicación), decidí viajar a Makeni (la sede de la región norte), donde había cuarteles militares. Viajé con mi sobrino pequeño, ya que éramos los únicos miembros de la familia que seguíamos juntos en ese momento, ya que algunos habían fallecido y otros se habían visto desplazados. La razón para ir era la posible esperanza de tener protección militar, a pesar del riesgo que implicaba. Aunque solo tenía 13 años en ese momento, sabía que no había otras opciones disponibles. De niño, me encontré viviendo con el temor constante de ser torturado o morir en una hora aproximadamente. No tenía ni idea de cuándo llegaría mi hora. Esa sensación de saber que la muerte podría estar a la vuelta de la esquina es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. El segundo trauma (que creí que era el primero debido a la gravedad del impacto) ocurrió cuando tenía 14 años. Los rebeldes atacaron Makeni y me hospitalizaron por malaria durante la segunda semana de diciembre de 1998. Debido a los rumores y al pánico sobre las intenciones de los rebeldes, me dieron de alta del hospital y me llevaron a mi hermano (que vivía en Makeni por aquel entonces) y a mi sobrino para que pudiéramos escapar juntos en caso de un ataque. Antes de que yo volviera a casa, mi sobrino ya se había escapado con unos vecinos por seguridad, y mi hermano me buscaba. Finalmente nos encontramos, pero era demasiado tarde para huir, pues los rebeldes ya estaban en el pueblo. La Navidad de 1998 fue como ninguna otra que había vivido. Fui capturada por los rebeldes, quienes me encontraron escondida en la tapa de un inodoro. Me golpearon, me patearon y me arrastraron hasta la casa vecina, donde tuvo lugar la primera violación. Recuerdo que el primer hombre que violó se llamaba Nombre del agresor (formaba parte de un grupo de cinco hombres). Me violaron con una pistola en la boca por si decidía gritar pidiendo ayuda. Al comienzo de esta brutal violación en grupo, recé para que el cielo me enviara un ángel que desapareciera conmigo. Como eso no era posible y no quería sentir dolor, me quedé insensible, dejando solo mi apariencia física para lidiar con el leve dolor. Una vez capturados, uno de los actos terribles que lleva a cabo el ejército es entrenar a niños pequeños para convertirse en soldados. Saben perfectamente que el hambre puede llevar a la muerte, y sin familia ni perspectivas de futuro, no hay otra opción. Mi experiencia como niña soldado me llevó a sufrir múltiples violaciones y otros traumas horrendos en dos ocasiones distintas. Me costaba creer que antes del abuso a manos de adultos, era una niña feliz, alegre e inteligente. Después de la mutilación genital femenina y las violaciones, a menudo me sentía muy triste, inútil, sola y traumatizada. La falta de un espacio seguro o de personas de confianza para expresar mis sentimientos y pensamientos me consumió aún más por los efectos del trauma, hasta el punto de que se convirtió en algo normal para mí. Estoy segura de que millones de otras sobrevivientes comparten el mismo sentimiento. El día después de estos traumas espantosos fue como la mañana después de la noche de la que nadie quería hablar. De adolescente, me encontré en una situación en la que tuve que lidiar con todo lo sucedido, sin ningún familiar ni adulto a quien recurrir en busca de apoyo. Sin ningún profesional ni red de apoyo con quien compartir mis pensamientos. Viviendo en un entorno donde las sobrevivientes de violación tienen la culpa. Muchos asumen erróneamente que la terrible violación fue en parte culpa de la sobreviviente por su forma de vestir o por estar en un lugar donde no debía estar. Tenía 14 años cuando fui violada por primera vez. No vestía de manera inapropiada, y en cuanto a estar en un lugar inapropiado, estaba huyendo de los rebeldes, huyendo mientras incendiaban todo a su paso. Sin embargo, como tantos otros antes que yo, he sido estigmatizada por las acciones de otros, en este caso, la violencia sexual masculina. Hoy, sigo aquí. Ahora vivo en Londres, tras haber obtenido asilo. Llegué al Reino Unido con mucho bagaje, problemas, traumas, barreras lingüísticas y culturales, miedo a la integración y la preocupación por la exclusión. A pesar de mi pasado en Sierra Leona, que jamás olvidaré, he construido una nueva vida. Soy esposa, madre, hermana, amiga y enfermera, pero sobre todo, soy una superviviente que creó su propia organización benéfica para ayudar a otras mujeres. Mujeres como tú. Mujeres como nosotras. Y desde el fondo de mi corazón, te deseo solo amor y fuerza, dondequiera que estés en tu camino.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

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    #1821

    #1821
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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    #888

    En año me divorcié de mi esposo de 11 años y escapé de un matrimonio de control coercitivo y violencia doméstica. Nunca me habían golpeado, era psicóloga especializada en trauma y no sabía que estaba siendo abusada hasta que el trauma se acumuló hasta el punto de provocarme una crisis nerviosa. Mi vida era un desastre, había firmado un decreto de divorcio que no me protegía ni a mí ni a mis hijos, y la iglesia en la que había sido anciana me había rechazado debido a una campaña de desprestigio destinada a avergonzar, aislar y dañar. Me encontré incurriendo en comportamientos completamente nuevos para mí como mujer que había crecido y continuaba viviendo en entornos cristianos evangélicos conservadores. Tras el divorcio, comencé a explorar mi sexualidad, probé el alcohol y comencé a experimentar con el THC. Tenía mucho miedo a estos comportamientos, pero no podía detenerme. ¿Era una mujer moderna y liberada o tenía TEPT con todos sus innumerables síntomas conductuales estigmatizados socialmente? Vivir en el cinturón bíblico y ser rechazada como Hester Prynne, una mujer con la letra escarlata, me causó un dolor emocional considerable. Sin embargo, fue el tiempo que mis hijos estuvieron con mi abusador lo que me causó los síntomas mentales y físicos más graves. A las pocas semanas de firmarse el divorcio, se llevó a cabo la primera investigación de la agencia. Estaba aterrorizada, impotente y sin apoyo social ni familiar. Trabajar a tiempo completo e intentar mantener a mis hijos pequeños al cuidado de un federal era más de lo que mi sistema nervioso traumatizado podía soportar, y aun así seguí adelante. Las semanas sin mis hijos fueron caóticas, llenas de citas y de intentar construir una nueva vida con relaciones, pero descubrí que tenía muy poca capacidad para discernir quién estaba a salvo y quién no. Fui violada el verano del divorcio por un tatuador con el que había trabajado durante años y creía que era mi amigo. Esto me provocó más síntomas de TEPT que intensificaron mi estado general de miedo y pánico. Había coincidido con un hombre en una aplicación de citas llamado Nombre y había estado hablando con él durante algunas semanas antes de la violación. Había pasado dos años en un monasterio budista estudiando el Tao. Disfruté de la capacidad de tener profundas conversaciones existenciales mientras deconstruía mi fe religiosa, lo cual en sí mismo fue traumático. Ya no sabía en qué creer, en quién confiar, qué era real. Había dedicado mi vida al cristianismo y la iglesia me había lastimado profundamente. Comencé un intento frenético por aprender sobre las religiones del mundo, las antiguas tradiciones de sabiduría, la espiritualidad, la filosofía esotérica y un puñado de teorías de la conspiración en el camino. Nombre y yo hablamos sobre la vida, su significado, Alan Watts, la vida contemplativa, el misticismo y tantas cosas que me dieron vida. Tener muy pocas personas en mi vida me llevó a profundizar rápidamente, incluso con extraños en internet, y él no se inmutó cuando compartí mi violación con él. Nombre a menudo hablaba con bromas, acertijos y parábolas, algo que atribuí a su madurez espiritual. Él era un hombre de mundo y sabiduría, y yo, una pequeña religiosa deshonrada que aprendía sobre el mundo. Hablamos de encontrarnos, una cita que finalmente se concretó justo una semana después de mi agresión. Lo recogí en una casa que alquilaba con sus amigos. Trabajaba en un hospital local en tecnología médica con dos licenciaturas, una en biología y otra en química. Decía que su primer amor fue la química y se consideraba químico. Por desgracia, la economía no iba muy bien, así que encontró un trabajo como contratista, trabajando en los componentes tecnológicos de las cirugías, operando y actualizando los sistemas informáticos. Era brillante y su rostro parecía mayor de lo que era. Fuimos a un restaurante y lloré, con el corazón en la mano por mi divorcio y el miedo por mis hijos, el dolor del TEPT y la vergüenza que cargaba al ser expulsada de la Iglesia. En respuesta, compartió con vulnerabilidad que era gay y que no lo había visto, y habiendo trabajado con muchos pacientes que han vivido esta doble vida, sentí una inmensa compasión por él. Al final de la comida, me preguntó si quería volver a mi casa a fumar marihuana, y me sentí segura con mi nuevo amigo al aceptar. Llevé a casa, donde preparó un cuenco, espolvoreando algo por encima que, según él, "potenciaría" las propiedades químicas de los cannabinoides. Como principiante en el consumo de THC y sin haber probado otras drogas, pensé que el químico sabría de qué hablaba y ansiaba el subidón cálido que me sacaría de quicio y, al mismo tiempo, adormecería mi cuerpo presa del pánico. Nunca había fumado en pipa, así que Nombre me indicó que diera tres caladas profundas, las mantuviera todo lo posible y luego las soltara. A la tercera, la habitación empezó a desmoronarse en fractales o flores de colores brillantes, y el terror me invadió. Sentí que me arrancaban el alma del cuerpo; el miedo y el dolor eran inmensos y no entendía lo que estaba sucediendo. Sentí que había muerto. Me hundí en la oscuridad, vi la creación del mundo, yo era Dios creando el planeta para el disfrute de los humanos y luego vi a la humanidad destrozándolo. Lloré. Sabía que estaba muerta, pero los nombres y rostros de mis hijos me llamaban; no podía dejarlos. Recuperé la consciencia en la cama, atormentada por el miedo, le grité que saliera, no quería volver a verlo. ¿A quién podía contarle lo sucedido? Tenía tanto miedo de perder a mis hijos, temía que si llamaba a la policía o pedía ayuda me culparan, así que sobreviví, ahogué este trauma con el resto y seguí adelante. Cuando me devolvieron a mis hijos, me quejé de lesiones sospechosas y conté historias contradictorias. Tuve una reunión con una especialista en intervención temprana infantil que trabajaba con mi hijo menor, ya que los niños habían mostrado problemas de conducta después del divorcio. Durante la reunión, expresé mis temores y me sorprendí cuando me informó que tenía el deber de denunciar. Había desempeñado este rol como profesional, y que la situación cambiara fue como una profunda retraumatización. Me derivaron al centro de abuso familiar y me apodaron "víctima de violencia doméstica". Darme cuenta de que era una sobreviviente de violencia doméstica fue un trauma en sí mismo, y enfrentarme al fin de semana sola con tres niños pequeños me llenó de miedo. Contacté a las personas que habían sido mi comunidad antes de la campaña de desprestigio: "¡Estoy en crisis, necesito ayuda! ¿Pueden estar con los niños y conmigo este fin de semana?". Nadie quiso acompañarnos. En ese momento de desesperación, contacté a Nombre y a otro hombre con el que había salido brevemente y les pedí que vinieran a saltar al parque de trampolines conmigo y mis hijos ese fin de semana. Así fue como regresó a mi vida. Durante los meses que lo conocí, hubo una segunda investigación de la agencia en la que un amigo mío, tras enterarse de la drogadicción, llamó a la organización. Me sometí a las pruebas de drogas y cooperé con los investigadores, quienes me dijeron que tenía que elegir entre Name y mis hijos. La respuesta obvia era mis hijos, y Name nunca volvió a estar cerca de ellos. Fue entonces cuando su comportamiento dio un giro sombrío. Sin que yo lo supiera, todo lo que Name me había contado sobre sí mismo, incluyendo cómo se escribía su nombre, era mentira. Me drogó un par de veces durante los meses previos a su muerte. Estaba tomando el té que me trajo mientras deslizábamos "chicos guapos" en nuestros respectivos perfiles de citas y, de repente, me lanzaba a otro mundo rogándole que me consolara. Me insertaba algo en el recto por la noche mientras dormíamos, dejándome ver arcoíris. No estoy segura de qué me dieron, pero me confesó que la primera noche que nos conocimos me había dado DMT. Nunca había oído hablar de psicodélicos, salvo por el breve resumen del movimiento hippie en la clase de historia, y no tenía ningún marco de referencia para entender lo que había sucedido. Empezó a lavarme el cerebro para que creyera que, de hecho, había muerto esa noche. Tuvimos largas conversaciones en las que lloré mientras me explicaba que habían devuelto a mis hijos a casa y que habían encontrado mi cadáver. Había habido un funeral. Mis hijos estaban enojados conmigo porque mi ex les había dicho que me había suicidado porque no los amaba. Nombre me consoló en mi dolor por ser una madre tan egoísta al hacerles eso a mis hijos. Me enseñó que la "vida" desde la noche con DMT era "solo un sueño", una versión del purgatorio, mi consciencia dando vueltas en el espacio e inventando una historia. También me dijo que mi alma había sido un "ángel oscuro" y que yo era una fuerza satánica. Esto me destrozó y recuerdo haberle rogado y rogado que deseaba desesperadamente "ser buena" y "ser de la luz". Quizás lo más impactante es que seguí trabajando y criando hijos durante ese tiempo. Estos dos trabajos me ayudaron a centrarme y a desconectar. Fue cuando mis hijos no estaban que sentí que me estaba hundiendo en la locura, pero no podía hablar de ello con nadie porque podría perderlos, y además, estaba muerta. Nombre y yo finalmente desarrollamos una relación sexual. En ese momento, él era mi maestro espiritual, me daba ideas para escribir un diario y me abría a nuevas experiencias. Decía que "los amigos pueden tener sexo", así que, aunque era gay, dormíamos juntos de vez en cuando. Una noche, después de besar a un hombre en un bar, me golpeó tan fuerte en la cabeza que me zumbaron los oídos durante días. Poco después, me violó violentamente. Luché físicamente, grité y agoté todas mis energías hasta que mi cuerpo se rindió y él terminó el acto brutal. La sensación que tuve después no fue muy distinta a la de la DMT; sentí que había muerto. "¡Me violaste!", dije, con las comisuras de la boca tan hacia abajo que sentí como si mi cara fuera un cuadro de Dalí derritiéndose en el suelo. Me dijo que era BDSM y no sabía de qué hablaba, le creí. Nombre terminó en el hospital un día después de descubrir que habían vaciado mi mueble bar. Recuerdo haberle gritado "¡¿Eres alcohólico?!". Nunca había trabajado ni estado cerca de un adicto, y las mentiras y la manipulación eran algo para lo que no tenía ningún marco de referencia. Fue a rehabilitación una semana y regresó diciendo que simplemente había recaído. Enfermó justo después de Año Nuevo y los días previos al regreso de mis hijos lo cuidé. Parecía que su cuerpo se estaba deteriorando y sabía que tenía problemas de salud crónicos. Me dijo que creía que iba a morir, y luego dijo que tenía gripe y me guiñó un ojo. Lo arropé junto al fuego y le canté. El día después de que mis hijos regresaron no había tenido noticias de Name, lo cual era inusual, sin embargo, recibí una llamada de agency pidiéndome que fuera. Llevé a mis hijos a la oficina del centro donde intentaron separarme de ellos, mi hijo menor no obedeció. Me senté allí mientras explicaban la razón por la que me habían llamado: Name estaba muerto. Solté un grito, ¿qué había sucedido? Había estado enfermo, pero solo era gripe. Cuando asistí a su funeral me presentaron como su prometida. Estaba en shock mientras se supían verdad tras verdad sobre el hombre al que había amado y que también casi me mató. Llegué a saber que había sido un adicto casi de por vida que había venido a mi ciudad para rehabilitación como paciente internado. Su madre me compartió que después de una rehabilitación en la que él había estado, había encontrado un diario en el que había inventado toda una historia sobre ser un veterano del ejército que no era cierta. Descubrí que no había trabajado en el hospital, sino que, al mudarse a una residencia de ancianos para personas sobrias, había conseguido un empleo a tiempo parcial en Office Max... que, casualmente, servía para las placas con los nombres del hospital de la ciudad; se había hecho una placa para perpetuar su engaño. En shock, di el panegírico para este hombre al que conocía desde hacía 5 meses, alguien a quien claramente no conocía de nada. La combinación de abuso sexual, físico y espiritual que he sufrido a causa de este hombre es algo que no tengo palabras para describir. La recuperación ha sido increíblemente difícil y solitaria. Ojalá pudiera decir que los traumas terminaron con él, pero no fue así. Lo que me pasó hace 6 años se está utilizando para abusar aún más de mí en el sistema legal y en el juicio por custodia. Encontrar el grupo de apoyo Shine me cambió la vida. Ahora entiendo mejor lo que pasó, por qué pasó y cómo seguir adelante sin el peso de la vergüenza y la culpabilización que cargué durante tantos años. Espero que al compartir mi historia, otros también puedan sanar.

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    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    Historia de Nombre

    Mi nombre es Nombre. Nací en un pueblo llamado Ubicación, la capital del Distrito, ubicado en la parte norte de Sierra Leona. Mi país estaba envuelto en una brutal guerra civil (1991-2002), con todo tipo de atrocidades cometidas contra personas y propiedades. Tristemente, perdí a ambos padres durante la guerra debido a la falta de acceso a suministros médicos en ese momento. Nací en una familia muy estricta, amorosa y religiosa que practica la fe del Islam. Éramos económicamente pobres, pero ricos en tradición, valor cultural, respeto y una fuerte red de apoyo, sea lo que sea que eso signifique. Mi padre era un imán principal y agricultor, y mi madre era ama de casa que apoyaba a mi padre con la agricultura. Soy uno de los más pequeños de 26 hijos. Mi primer nombre me lo dieron después de que mi padre recibió la estricta orden de llamarme Nombre si era niña o Nombre 2 si era niño. Le advirtieron que si ese nombre hubiera seguido las instrucciones, habría muerto. El segundo nombre surgió de la creencia tradicional de que, como mi madre había perdido siete hijos por enfermedades leves o muerte súbita, si me arrojaban a un cubo de basura después de que mi madre me diera a luz, para que pareciera que me había encontrado para que ella me criara, sobreviviría. El nombre de un cubo de basura en nuestra lengua materna es «Nyama», que significa sucio. Mi experiencia en África en aquella época fue la de un lugar donde las voces de las mujeres y las niñas a menudo eran marginadas. Dicho esto, incluso a esa temprana edad, siempre creí que la voz de todos era igual de importante y debía ser considerada y respetada. Esto fue fundamental para sentirnos valorados y apreciados en la sociedad, lo que nos permitió dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, mi primer trauma ocurrió a los 12 años, cuando sufrí la horrenda experiencia de la Mutilación Genital Femenina (MGF), que consiste en la extirpación intencional de los órganos genitales femeninos por razones no médicas. Esto ocurrió no una, sino dos veces. Una mañana de principios de diciembre, me ataron. Una mujer mayor de mi círculo familiar me rodeó con las piernas para impedir que escapara. Me colocaron en el frío suelo de grava del lavadero. Todo el proceso fue tan rápido que, para cuando estaba en el suelo, el corte ya estaba hecho. Este acto bárbaro se realizó con una navaja sin esterilizar, contra mí y contra todas las demás chicas que no tenían voz ni voto. Lo recuerdo vívidamente. Éramos ocho, y yo fui la primera en ser circuncidada. Esta experiencia me dejó una infección, un dolor insoportable y una profunda sensación de desconexión con mi cuerpo. No tenía ni idea de cómo expresar lo que sentía ni con quién hablar. Tras sobrevivir al dolor del primer incidente, una de mis tías me llamó para que volviera a llevar agua al lavadero. Allí, vi la imagen de la mujer que me infligió el primer trauma, esperando a que le hicieran el mismo procedimiento. La razón por la que tuve que repetirlo fue que estaba poseída espiritualmente en el momento del primer incidente, lo que resultó en un mal trabajo. Como fui la primera en ser circuncidada, fui la única que tuvo que hacérselo dos veces. Me inmovilizaron de nuevo contra mi voluntad, y recuerdo haber llorado mucho y estar extremadamente alterada, pues sabía, por mi experiencia previa, lo que iba a pasar. Tenía muchísimo miedo. Sabía que me habían quitado algo, algo que me perjudicaría la vida. Sin embargo, no pude procesar, analizar ni determinar el impacto, ya que no había espacios destinados a la reflexión y el procesamiento. Fue difícil no tener un espacio seguro para hablar de la experiencia negativa de la MGF, cuando la ocasión se considera un hito positivo y significativo para una mujer. En ese momento, todos a mi alrededor, incluidas algunas de las víctimas, celebraban y parecían desbordados de alegría por haber sido circuncidados. No les importó el impacto general que tuvo en mí. Toda esta experiencia me dejó muda. Mientras me recuperaba de la segunda mutilación, sentí como si también me hubieran arrancado la lengua, porque se consideraba de mala suerte hablar mal de ello. Por lo tanto, todos guardaron silencio y siguieron adelante con sus vidas, incluso quienes se vieron gravemente afectados. La siguiente vez que tuve la oportunidad y la plataforma para hablar con seguridad sobre mi experiencia con la MGF fue 25 años después. En 1991, cuando comenzó la guerra civil de Sierra Leona, mi vida dio un vuelco. De niña, las noticias sobre disturbios políticos parecían algo que ocurría en un mundo lejano. Parecía algo que debía preocupar a los políticos, no a nosotros, los agricultores. Lo que parecía una historia se convirtió en realidad cuando los rebeldes atacaron mi pueblo natal en 1994. Dejaron un legado devastador en nuestra unida comunidad. Hubo un alto número de muertos y destrucción de propiedades, incluyendo monumentos históricos. Lo llamamos "el primer ataque al que algunos sobrevivimos", y pronto, la muerte en todas sus formas, la destrucción y el sonido de las armas se volvieron familiares. Para entonces, la guerra se había extendido desde la región sur de Sierra Leona (donde comenzó inicialmente) hasta la región norte, con frecuentes ataques a las ciudades y pueblos de mi distrito. El gobierno parecía no tener control para resolver la situación y, en cambio, la violencia se intensificaba como un reguero de pólvora. Los niños no deberían tener que experimentar este nivel de masacre y destrucción. Nadie debería. Pero allí estaba yo, un niño en medio de todo ese caos, sin la protección de mi familia ni del Estado. Tras sufrir frecuentes ataques en mi ciudad natal (Ubicación), decidí viajar a Makeni (la sede de la región norte), donde había cuarteles militares. Viajé con mi sobrino pequeño, ya que éramos los únicos miembros de la familia que seguíamos juntos en ese momento, ya que algunos habían fallecido y otros se habían visto desplazados. La razón para ir era la posible esperanza de tener protección militar, a pesar del riesgo que implicaba. Aunque solo tenía 13 años en ese momento, sabía que no había otras opciones disponibles. De niño, me encontré viviendo con el temor constante de ser torturado o morir en una hora aproximadamente. No tenía ni idea de cuándo llegaría mi hora. Esa sensación de saber que la muerte podría estar a la vuelta de la esquina es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. El segundo trauma (que creí que era el primero debido a la gravedad del impacto) ocurrió cuando tenía 14 años. Los rebeldes atacaron Makeni y me hospitalizaron por malaria durante la segunda semana de diciembre de 1998. Debido a los rumores y al pánico sobre las intenciones de los rebeldes, me dieron de alta del hospital y me llevaron a mi hermano (que vivía en Makeni por aquel entonces) y a mi sobrino para que pudiéramos escapar juntos en caso de un ataque. Antes de que yo volviera a casa, mi sobrino ya se había escapado con unos vecinos por seguridad, y mi hermano me buscaba. Finalmente nos encontramos, pero era demasiado tarde para huir, pues los rebeldes ya estaban en el pueblo. La Navidad de 1998 fue como ninguna otra que había vivido. Fui capturada por los rebeldes, quienes me encontraron escondida en la tapa de un inodoro. Me golpearon, me patearon y me arrastraron hasta la casa vecina, donde tuvo lugar la primera violación. Recuerdo que el primer hombre que violó se llamaba Nombre del agresor (formaba parte de un grupo de cinco hombres). Me violaron con una pistola en la boca por si decidía gritar pidiendo ayuda. Al comienzo de esta brutal violación en grupo, recé para que el cielo me enviara un ángel que desapareciera conmigo. Como eso no era posible y no quería sentir dolor, me quedé insensible, dejando solo mi apariencia física para lidiar con el leve dolor. Una vez capturados, uno de los actos terribles que lleva a cabo el ejército es entrenar a niños pequeños para convertirse en soldados. Saben perfectamente que el hambre puede llevar a la muerte, y sin familia ni perspectivas de futuro, no hay otra opción. Mi experiencia como niña soldado me llevó a sufrir múltiples violaciones y otros traumas horrendos en dos ocasiones distintas. Me costaba creer que antes del abuso a manos de adultos, era una niña feliz, alegre e inteligente. Después de la mutilación genital femenina y las violaciones, a menudo me sentía muy triste, inútil, sola y traumatizada. La falta de un espacio seguro o de personas de confianza para expresar mis sentimientos y pensamientos me consumió aún más por los efectos del trauma, hasta el punto de que se convirtió en algo normal para mí. Estoy segura de que millones de otras sobrevivientes comparten el mismo sentimiento. El día después de estos traumas espantosos fue como la mañana después de la noche de la que nadie quería hablar. De adolescente, me encontré en una situación en la que tuve que lidiar con todo lo sucedido, sin ningún familiar ni adulto a quien recurrir en busca de apoyo. Sin ningún profesional ni red de apoyo con quien compartir mis pensamientos. Viviendo en un entorno donde las sobrevivientes de violación tienen la culpa. Muchos asumen erróneamente que la terrible violación fue en parte culpa de la sobreviviente por su forma de vestir o por estar en un lugar donde no debía estar. Tenía 14 años cuando fui violada por primera vez. No vestía de manera inapropiada, y en cuanto a estar en un lugar inapropiado, estaba huyendo de los rebeldes, huyendo mientras incendiaban todo a su paso. Sin embargo, como tantos otros antes que yo, he sido estigmatizada por las acciones de otros, en este caso, la violencia sexual masculina. Hoy, sigo aquí. Ahora vivo en Londres, tras haber obtenido asilo. Llegué al Reino Unido con mucho bagaje, problemas, traumas, barreras lingüísticas y culturales, miedo a la integración y la preocupación por la exclusión. A pesar de mi pasado en Sierra Leona, que jamás olvidaré, he construido una nueva vida. Soy esposa, madre, hermana, amiga y enfermera, pero sobre todo, soy una superviviente que creó su propia organización benéfica para ayudar a otras mujeres. Mujeres como tú. Mujeres como nosotras. Y desde el fondo de mi corazón, te deseo solo amor y fuerza, dondequiera que estés en tu camino.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé siglos diciéndole a mi mamá y papá que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era adulto y espabilado. En realidad, era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mi amigo; esto significaría que no tendríamos que viajar de regreso tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre; después de una media hora, comenzó a preguntarme si era virgen y a enseñarme revistas pornográficas. Intenté escaparme e irme a la cama; luego me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero seguía agitado; quería que durmiera en su cama. No tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme después de un partido de fútbol; esta vez intenté persuadir a mis padres de que no debía ir, pero no querían que la entrada se desperdiciara; me atacó y me violó de nuevo; finalmente logré encerrarme en el baño. Mentalmente me quedé en ese baño durante los siguientes 40 años, sin decir nada, sin pedir apoyo, 3 matrimonios fallidos, problemas con la bebida, dificultades para ser un buen padre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exesposa, y su respuesta fue: "No puedo amarte, me has violado al mantener esto en secreto". Esto fue devastador y me llevó a un declive a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un fantástico psiquiatra y un terapeuta de organización de apoyo, me siento mejor y creo que puedo ser amado. Nunca es demasiado tarde para comenzar a sanar.

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    🇮🇪

    Cree en ti mismo Confía, ten fe y nunca te rindas SIÉNTELO PARA SANARLO

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    #1821

    #1821
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    #888

    En año me divorcié de mi esposo de 11 años y escapé de un matrimonio de control coercitivo y violencia doméstica. Nunca me habían golpeado, era psicóloga especializada en trauma y no sabía que estaba siendo abusada hasta que el trauma se acumuló hasta el punto de provocarme una crisis nerviosa. Mi vida era un desastre, había firmado un decreto de divorcio que no me protegía ni a mí ni a mis hijos, y la iglesia en la que había sido anciana me había rechazado debido a una campaña de desprestigio destinada a avergonzar, aislar y dañar. Me encontré incurriendo en comportamientos completamente nuevos para mí como mujer que había crecido y continuaba viviendo en entornos cristianos evangélicos conservadores. Tras el divorcio, comencé a explorar mi sexualidad, probé el alcohol y comencé a experimentar con el THC. Tenía mucho miedo a estos comportamientos, pero no podía detenerme. ¿Era una mujer moderna y liberada o tenía TEPT con todos sus innumerables síntomas conductuales estigmatizados socialmente? Vivir en el cinturón bíblico y ser rechazada como Hester Prynne, una mujer con la letra escarlata, me causó un dolor emocional considerable. Sin embargo, fue el tiempo que mis hijos estuvieron con mi abusador lo que me causó los síntomas mentales y físicos más graves. A las pocas semanas de firmarse el divorcio, se llevó a cabo la primera investigación de la agencia. Estaba aterrorizada, impotente y sin apoyo social ni familiar. Trabajar a tiempo completo e intentar mantener a mis hijos pequeños al cuidado de un federal era más de lo que mi sistema nervioso traumatizado podía soportar, y aun así seguí adelante. Las semanas sin mis hijos fueron caóticas, llenas de citas y de intentar construir una nueva vida con relaciones, pero descubrí que tenía muy poca capacidad para discernir quién estaba a salvo y quién no. Fui violada el verano del divorcio por un tatuador con el que había trabajado durante años y creía que era mi amigo. Esto me provocó más síntomas de TEPT que intensificaron mi estado general de miedo y pánico. Había coincidido con un hombre en una aplicación de citas llamado Nombre y había estado hablando con él durante algunas semanas antes de la violación. Había pasado dos años en un monasterio budista estudiando el Tao. Disfruté de la capacidad de tener profundas conversaciones existenciales mientras deconstruía mi fe religiosa, lo cual en sí mismo fue traumático. Ya no sabía en qué creer, en quién confiar, qué era real. Había dedicado mi vida al cristianismo y la iglesia me había lastimado profundamente. Comencé un intento frenético por aprender sobre las religiones del mundo, las antiguas tradiciones de sabiduría, la espiritualidad, la filosofía esotérica y un puñado de teorías de la conspiración en el camino. Nombre y yo hablamos sobre la vida, su significado, Alan Watts, la vida contemplativa, el misticismo y tantas cosas que me dieron vida. Tener muy pocas personas en mi vida me llevó a profundizar rápidamente, incluso con extraños en internet, y él no se inmutó cuando compartí mi violación con él. Nombre a menudo hablaba con bromas, acertijos y parábolas, algo que atribuí a su madurez espiritual. Él era un hombre de mundo y sabiduría, y yo, una pequeña religiosa deshonrada que aprendía sobre el mundo. Hablamos de encontrarnos, una cita que finalmente se concretó justo una semana después de mi agresión. Lo recogí en una casa que alquilaba con sus amigos. Trabajaba en un hospital local en tecnología médica con dos licenciaturas, una en biología y otra en química. Decía que su primer amor fue la química y se consideraba químico. Por desgracia, la economía no iba muy bien, así que encontró un trabajo como contratista, trabajando en los componentes tecnológicos de las cirugías, operando y actualizando los sistemas informáticos. Era brillante y su rostro parecía mayor de lo que era. Fuimos a un restaurante y lloré, con el corazón en la mano por mi divorcio y el miedo por mis hijos, el dolor del TEPT y la vergüenza que cargaba al ser expulsada de la Iglesia. En respuesta, compartió con vulnerabilidad que era gay y que no lo había visto, y habiendo trabajado con muchos pacientes que han vivido esta doble vida, sentí una inmensa compasión por él. Al final de la comida, me preguntó si quería volver a mi casa a fumar marihuana, y me sentí segura con mi nuevo amigo al aceptar. Llevé a casa, donde preparó un cuenco, espolvoreando algo por encima que, según él, "potenciaría" las propiedades químicas de los cannabinoides. Como principiante en el consumo de THC y sin haber probado otras drogas, pensé que el químico sabría de qué hablaba y ansiaba el subidón cálido que me sacaría de quicio y, al mismo tiempo, adormecería mi cuerpo presa del pánico. Nunca había fumado en pipa, así que Nombre me indicó que diera tres caladas profundas, las mantuviera todo lo posible y luego las soltara. A la tercera, la habitación empezó a desmoronarse en fractales o flores de colores brillantes, y el terror me invadió. Sentí que me arrancaban el alma del cuerpo; el miedo y el dolor eran inmensos y no entendía lo que estaba sucediendo. Sentí que había muerto. Me hundí en la oscuridad, vi la creación del mundo, yo era Dios creando el planeta para el disfrute de los humanos y luego vi a la humanidad destrozándolo. Lloré. Sabía que estaba muerta, pero los nombres y rostros de mis hijos me llamaban; no podía dejarlos. Recuperé la consciencia en la cama, atormentada por el miedo, le grité que saliera, no quería volver a verlo. ¿A quién podía contarle lo sucedido? Tenía tanto miedo de perder a mis hijos, temía que si llamaba a la policía o pedía ayuda me culparan, así que sobreviví, ahogué este trauma con el resto y seguí adelante. Cuando me devolvieron a mis hijos, me quejé de lesiones sospechosas y conté historias contradictorias. Tuve una reunión con una especialista en intervención temprana infantil que trabajaba con mi hijo menor, ya que los niños habían mostrado problemas de conducta después del divorcio. Durante la reunión, expresé mis temores y me sorprendí cuando me informó que tenía el deber de denunciar. Había desempeñado este rol como profesional, y que la situación cambiara fue como una profunda retraumatización. Me derivaron al centro de abuso familiar y me apodaron "víctima de violencia doméstica". Darme cuenta de que era una sobreviviente de violencia doméstica fue un trauma en sí mismo, y enfrentarme al fin de semana sola con tres niños pequeños me llenó de miedo. Contacté a las personas que habían sido mi comunidad antes de la campaña de desprestigio: "¡Estoy en crisis, necesito ayuda! ¿Pueden estar con los niños y conmigo este fin de semana?". Nadie quiso acompañarnos. En ese momento de desesperación, contacté a Nombre y a otro hombre con el que había salido brevemente y les pedí que vinieran a saltar al parque de trampolines conmigo y mis hijos ese fin de semana. Así fue como regresó a mi vida. Durante los meses que lo conocí, hubo una segunda investigación de la agencia en la que un amigo mío, tras enterarse de la drogadicción, llamó a la organización. Me sometí a las pruebas de drogas y cooperé con los investigadores, quienes me dijeron que tenía que elegir entre Name y mis hijos. La respuesta obvia era mis hijos, y Name nunca volvió a estar cerca de ellos. Fue entonces cuando su comportamiento dio un giro sombrío. Sin que yo lo supiera, todo lo que Name me había contado sobre sí mismo, incluyendo cómo se escribía su nombre, era mentira. Me drogó un par de veces durante los meses previos a su muerte. Estaba tomando el té que me trajo mientras deslizábamos "chicos guapos" en nuestros respectivos perfiles de citas y, de repente, me lanzaba a otro mundo rogándole que me consolara. Me insertaba algo en el recto por la noche mientras dormíamos, dejándome ver arcoíris. No estoy segura de qué me dieron, pero me confesó que la primera noche que nos conocimos me había dado DMT. Nunca había oído hablar de psicodélicos, salvo por el breve resumen del movimiento hippie en la clase de historia, y no tenía ningún marco de referencia para entender lo que había sucedido. Empezó a lavarme el cerebro para que creyera que, de hecho, había muerto esa noche. Tuvimos largas conversaciones en las que lloré mientras me explicaba que habían devuelto a mis hijos a casa y que habían encontrado mi cadáver. Había habido un funeral. Mis hijos estaban enojados conmigo porque mi ex les había dicho que me había suicidado porque no los amaba. Nombre me consoló en mi dolor por ser una madre tan egoísta al hacerles eso a mis hijos. Me enseñó que la "vida" desde la noche con DMT era "solo un sueño", una versión del purgatorio, mi consciencia dando vueltas en el espacio e inventando una historia. También me dijo que mi alma había sido un "ángel oscuro" y que yo era una fuerza satánica. Esto me destrozó y recuerdo haberle rogado y rogado que deseaba desesperadamente "ser buena" y "ser de la luz". Quizás lo más impactante es que seguí trabajando y criando hijos durante ese tiempo. Estos dos trabajos me ayudaron a centrarme y a desconectar. Fue cuando mis hijos no estaban que sentí que me estaba hundiendo en la locura, pero no podía hablar de ello con nadie porque podría perderlos, y además, estaba muerta. Nombre y yo finalmente desarrollamos una relación sexual. En ese momento, él era mi maestro espiritual, me daba ideas para escribir un diario y me abría a nuevas experiencias. Decía que "los amigos pueden tener sexo", así que, aunque era gay, dormíamos juntos de vez en cuando. Una noche, después de besar a un hombre en un bar, me golpeó tan fuerte en la cabeza que me zumbaron los oídos durante días. Poco después, me violó violentamente. Luché físicamente, grité y agoté todas mis energías hasta que mi cuerpo se rindió y él terminó el acto brutal. La sensación que tuve después no fue muy distinta a la de la DMT; sentí que había muerto. "¡Me violaste!", dije, con las comisuras de la boca tan hacia abajo que sentí como si mi cara fuera un cuadro de Dalí derritiéndose en el suelo. Me dijo que era BDSM y no sabía de qué hablaba, le creí. Nombre terminó en el hospital un día después de descubrir que habían vaciado mi mueble bar. Recuerdo haberle gritado "¡¿Eres alcohólico?!". Nunca había trabajado ni estado cerca de un adicto, y las mentiras y la manipulación eran algo para lo que no tenía ningún marco de referencia. Fue a rehabilitación una semana y regresó diciendo que simplemente había recaído. Enfermó justo después de Año Nuevo y los días previos al regreso de mis hijos lo cuidé. Parecía que su cuerpo se estaba deteriorando y sabía que tenía problemas de salud crónicos. Me dijo que creía que iba a morir, y luego dijo que tenía gripe y me guiñó un ojo. Lo arropé junto al fuego y le canté. El día después de que mis hijos regresaron no había tenido noticias de Name, lo cual era inusual, sin embargo, recibí una llamada de agency pidiéndome que fuera. Llevé a mis hijos a la oficina del centro donde intentaron separarme de ellos, mi hijo menor no obedeció. Me senté allí mientras explicaban la razón por la que me habían llamado: Name estaba muerto. Solté un grito, ¿qué había sucedido? Había estado enfermo, pero solo era gripe. Cuando asistí a su funeral me presentaron como su prometida. Estaba en shock mientras se supían verdad tras verdad sobre el hombre al que había amado y que también casi me mató. Llegué a saber que había sido un adicto casi de por vida que había venido a mi ciudad para rehabilitación como paciente internado. Su madre me compartió que después de una rehabilitación en la que él había estado, había encontrado un diario en el que había inventado toda una historia sobre ser un veterano del ejército que no era cierta. Descubrí que no había trabajado en el hospital, sino que, al mudarse a una residencia de ancianos para personas sobrias, había conseguido un empleo a tiempo parcial en Office Max... que, casualmente, servía para las placas con los nombres del hospital de la ciudad; se había hecho una placa para perpetuar su engaño. En shock, di el panegírico para este hombre al que conocía desde hacía 5 meses, alguien a quien claramente no conocía de nada. La combinación de abuso sexual, físico y espiritual que he sufrido a causa de este hombre es algo que no tengo palabras para describir. La recuperación ha sido increíblemente difícil y solitaria. Ojalá pudiera decir que los traumas terminaron con él, pero no fue así. Lo que me pasó hace 6 años se está utilizando para abusar aún más de mí en el sistema legal y en el juicio por custodia. Encontrar el grupo de apoyo Shine me cambió la vida. Ahora entiendo mejor lo que pasó, por qué pasó y cómo seguir adelante sin el peso de la vergüenza y la culpabilización que cargué durante tantos años. Espero que al compartir mi historia, otros también puedan sanar.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.