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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?

“Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇨🇴

Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Mensaje de la Comunidad
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    Necesito ayuda y consejos

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    De un sobreviviente
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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    🇮🇪

    Mi papá - Mi héroe, mi ídolo, mi abusador.......

    Como hija única, no tenía a nadie a quien admirar. Pero siempre admiré a mi papá. Aunque nunca estaba presente por trabajo (aunque mamá trabajaba más que él y aun así encontraba mucho tiempo para mí), lo idolatraba. Era mi héroe. Siempre decía: «Los papás lo saben todo, recuérdalo», así que mentirle (incluso mentiras piadosas) no tenía sentido. Sin embargo, cuando cumplí 13 años, empecé a darme cuenta de que sí lo sabía todo. Sabía de qué hablábamos mis amigos y yo, sabía exactamente dónde estaba y con quién estaba sin siquiera tener que preguntarme, y yo siempre me preguntaba por qué. En realidad, tenía mi teléfono rastreado y podía leer todos mis mensajes. Ahora que he pasado por los tribunales y él ha sido encarcelado por los abusos que me infligió, puedo confirmar que, de hecho, me estaba manipulando sexualmente desde los 13 años. Aproximadamente un mes después de mi 18.º cumpleaños, comenzó el horrible abuso que sufrí durante 7 años y medio. Mi padre, disfrazado de desconocido durante los dos primeros años, me chantajeó para que tuviera relaciones sexuales con hombres desconocidos en nuestra casa, el único lugar donde debería haberme sentido segura. Cuando finalmente me di cuenta de que era él, no podría explicar cómo la situación se convirtió en abuso y violación sin control. Nos anunciaba como pareja en sitios de encuentros casuales y, para evitar las palizas, yo le seguía la corriente. Temía tanto por mi vida que las violaciones y agresiones sexuales interminables eran más fáciles —imagínate que fuera la opción más fácil—, hasta que te metes en una situación así, simplemente no sabes cómo vas a reaccionar. Dejé de salir, dejé mis aficiones y, mientras estaba en la universidad, dejé mi trabajo a tiempo parcial: él controlaba cada aspecto de mi vida. Y si dejo que mi máscara de "todo es color de rosa" se caiga, aunque sea por un segundo, sobre todo delante de mi madre, pues no aguanto ni pensarlo. Por suerte para mí, en cuanto mi madre se enteró, desapareció de mi vida en 30 minutos. Por desgracia, después de eso siguió acosando y abusando de otras. Fue condenado y actualmente cumple condena, pero aún le temo.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    El alma sobre el silencio

    He vivido muchas batallas, algunas visibles y otras invisibles. El dolor crónico ha sido mi compañero constante, y junto con él vinieron experiencias de agresión, duelo, acoso y ser ignorada o atacada en el trabajo. Cada una de estas experiencias dejó cicatrices más profundas de lo que podía admitir en ese momento. Durante años, intenté contenerlo todo: la presión, el dolor, el silencio a través del alcohol y las drogas. Pero se acumuló hasta que no pude contenerlo más y me derrumbé. Mi episodio de salud mental fue aterrador, para mí y para quienes me rodeaban. Lo que lo ha hecho más difícil es la cultura en la que crecí. En las comunidades del sur de Asia, la salud mental a menudo se ignora, se estigmatiza o se considera una debilidad. En lugar de compasión, sentí vergüenza. En lugar de comprensión, cargué con la culpa. Creía que había decepcionado a las personas que más quería. Pero estoy aprendiendo que lo que sucedió no fue mi culpa. El trauma no es una elección. Los accidentes no son castigos. Son el cuerpo y la mente que claman por atención. Sigo aquí. Estoy aprendiendo a ver mi sensibilidad y supervivencia no como defectos, sino como prueba de resiliencia. Compartir mi historia forma parte de liberar la vergüenza y recuperar mi voz. Mi esperanza es que quienes han vivido el dolor y el silencio, especialmente en comunidades donde la salud mental está oculta, sepan que no están solos. Nuestras historias importan. Nuestra supervivencia importa.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    usted no está solo.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas estar emocionada por tu primer trabajo en nombre de empresa . Una de tus amigas trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí como trabajo de verano. Son los años 90 y se ha establecido una cláusula que permite pagar menos del salario mínimo porque es como una experiencia de formación a tiempo parcial para estudiantes que obtienen su primera experiencia laboral. Como repartir periódicos. Esos son para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha convertido en algo codiciado entre los chicos populares. Sí recuerdas la llamada telefónica en la que te dijeron que podías ir a una entrevista. Caminando a casa te preguntas si ser guapa y tener pechos más grandes que la mayoría de las chicas casi de primer año tuvo algo que ver. Conociste Nombre y esta vez sí que lo recuerdas. Tu aspecto ha sido una maldición mucho más que una bendición. Una razón por la que la gente no sentiría tanta lástima por ti. 'Dios te bendijo, cariño. "Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre . Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobria. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacía. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Cambias su nombre aunque no quieras. Él es el símbolo de tu odio hacia todo lo que está mal en los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente paraste. Podrías haber parado después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y un chico en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Quieres hablar de otra cosa ahora. No de los otros hombres que pensaron que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Fue un buen viaje. Volviste a eso muchas veces. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu primo si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los pechos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre . Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso empujando. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que paga más. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente termina. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene esposa. Actúa como si fuera un día más en el trabajo para mantenerte con su correa. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vuelves a casa después de cerrar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo dices a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas, sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaban como si te gustara, era una traición. Como si te gustara ese revoltoso hombre encima de ti y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después de que Nombre fuera más que una espina en tu alma. Un callo profundo. El grupo descubrió lo que eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron que Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 era tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste. Es para lo único que sirves. Para agotar su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que tú puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se reunían para divertirse en grupo, o te hacían escaparte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de los diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño de discapacitados y tuviera un rapidito. Después fuiste a los bares, dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque afirmaba que siempre te había amado. Dicen Las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que las personas normales. La oscuridad detrás de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo deseen, sino por la presión implacable de los hombres y cómo harán cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica dulce e inocente. ¿Lo habrías sido si no hubiera sido por Nombre como quieres pensar? ¿Habrías dejado que tu primo mucho mayor, al que apenas conoces, te llevara con él al bosque detrás de su casa, a la cabaña donde fuma marihuana después de una boda? Luego, esperar allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y esperarlos también. Matando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque los niños más pequeños que tú eran menores. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaron tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fuera lo mejor que podías ser. El sexo anal era Insoportable. Era más fácil simplemente lavarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la sensación pegajosa. Sonrisas y halagos seguidos de la profunda sensación de vacío y aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiando a Nombre y sintiendo que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Contrajiste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo varón es inquietante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera preparándose para invitarte a salir, y decidiste que nunca más. El único que tuviste que no usó guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que jamás tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando con su teléfono, ya que lo viste ajustarlo dos veces mientras asomaba por el bolsillo de su chaqueta. Bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre, te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que ellos quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas vacías. ¿Y si nunca hubieras conocido Nombre ? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a cuatro patas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recoja 45 minutos después de que cierre el local para tus tareas de limpieza. Usabas tampones solo para evitar que su semen se derramara de camino a casa. Fingías ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho la vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertártelas. Ni hablar. Tu hijo es una buena excusa. Y una razón real. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente...? ¿Congelarse y morir como yo? Tu jefe no llega hasta el final contigo porque no engañará a su esposa. Le das sexo oral porque él no cree que eso cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea tanto, como si pudiera tomar lo que quisiera de ti, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te ama. Te dice que eres una buena madre y que eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido que pretende ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre ? Tal vez no. Los días comienzan y tu mente finge y es difícil y los días terminan. Malos sueños en ambos extremos. ¿Será un buen hombre? El Lo curioso es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero incluso si es como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad absoluta. Quieres chicas guapas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres disfruten de ti, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible, más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de la Comunidad
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    Piensa en lo lejos que has llegado.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

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    De un sobreviviente
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    Sanación a través de la experiencia

    CÓMO COMENZÉ MI CAMINO DE SANACIÓN por Nombre Mi camino de sanación comenzó después de pasar cinco años en una relación abusiva narcisista. Era un ciclo constante de altibajos, de idas y venidas, hasta que finalmente me harté de la mierda y decidí alejarme para siempre. Al principio, simplemente me senté con mis sentimientos. Reflexioné sobre todo lo que había soportado y dejé que mis emociones fluyeran naturalmente. Es fácilmente una de las partes más difíciles del proceso, pero tienes que dejar salir esos sentimientos para que comience la sanación. Luego pasé a una de las tareas más aterradoras: desmenuzar mi pasado. Cuando vemos nuestro trauma como una montaña gigante, se siente como un desorden caótico. Al identificar cada experiencia como un evento separado, se vuelve mucho más fácil de procesar. Para sacar estos pensamientos de mi cabeza, los puse en papel. Si estás comenzando este camino, consigue una libreta y escribe todo lo que surja. Úsala como tu herramienta principal. Comencé con mi experiencia más reciente de abuso narcisista. Me sumergí en podcasts y artículos, desesperada por comprender qué me había sucedido y cómo afectaba mi salud mental. Una vez que entendí el "qué", comencé a investigar el "cómo": ¿cómo sanar? Fue entonces cuando descubrí la conexión con el trauma infantil. Es una clave fundamental, ya que arrastramos esas experiencias tempranas a nuestra vida adulta. Hay muchísima información disponible; solo tienes que encontrar las piezas que se ajusten a tu vida. La sanación es un proceso profundamente individual, y tú eliges el camino que mejor te funcione.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas estar emocionada por tu primer trabajo en nombre de empresa . Una de tus amigas trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí como trabajo de verano. Son los años 90 y se ha establecido una cláusula que permite pagar menos del salario mínimo porque es como una experiencia de formación a tiempo parcial para estudiantes que obtienen su primera experiencia laboral. Como repartir periódicos. Esos son para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha convertido en algo codiciado entre los chicos populares. Sí recuerdas la llamada telefónica en la que te dijeron que podías ir a una entrevista. Caminando a casa te preguntas si ser guapa y tener pechos más grandes que la mayoría de las chicas casi de primer año tuvo algo que ver. Conociste Nombre y esta vez sí que lo recuerdas. Tu aspecto ha sido una maldición mucho más que una bendición. Una razón por la que la gente no sentiría tanta lástima por ti. 'Dios te bendijo, cariño. "Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre . Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobria. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacía. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Cambias su nombre aunque no quieras. Él es el símbolo de tu odio hacia todo lo que está mal en los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente paraste. Podrías haber parado después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y un chico en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Quieres hablar de otra cosa ahora. No de los otros hombres que pensaron que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Fue un buen viaje. Volviste a eso muchas veces. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu primo si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los pechos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre . Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso empujando. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que paga más. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente termina. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene esposa. Actúa como si fuera un día más en el trabajo para mantenerte con su correa. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vuelves a casa después de cerrar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo dices a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas, sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaban como si te gustara, era una traición. Como si te gustara ese revoltoso hombre encima de ti y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después de que Nombre fuera más que una espina en tu alma. Un callo profundo. El grupo descubrió lo que eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron que Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 era tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste. Es para lo único que sirves. Para agotar su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que tú puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se reunían para divertirse en grupo, o te hacían escaparte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de los diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño de discapacitados y tuviera un rapidito. Después fuiste a los bares, dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque afirmaba que siempre te había amado. Dicen Las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que las personas normales. La oscuridad detrás de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo deseen, sino por la presión implacable de los hombres y cómo harán cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica dulce e inocente. ¿Lo habrías sido si no hubiera sido por Nombre como quieres pensar? ¿Habrías dejado que tu primo mucho mayor, al que apenas conoces, te llevara con él al bosque detrás de su casa, a la cabaña donde fuma marihuana después de una boda? Luego, esperar allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y esperarlos también. Matando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque los niños más pequeños que tú eran menores. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaron tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fuera lo mejor que podías ser. El sexo anal era Insoportable. Era más fácil simplemente lavarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la sensación pegajosa. Sonrisas y halagos seguidos de la profunda sensación de vacío y aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiando a Nombre y sintiendo que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Contrajiste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo varón es inquietante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera preparándose para invitarte a salir, y decidiste que nunca más. El único que tuviste que no usó guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que jamás tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando con su teléfono, ya que lo viste ajustarlo dos veces mientras asomaba por el bolsillo de su chaqueta. Bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre, te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que ellos quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas vacías. ¿Y si nunca hubieras conocido Nombre ? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a cuatro patas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recoja 45 minutos después de que cierre el local para tus tareas de limpieza. Usabas tampones solo para evitar que su semen se derramara de camino a casa. Fingías ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho la vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertártelas. Ni hablar. Tu hijo es una buena excusa. Y una razón real. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente...? ¿Congelarse y morir como yo? Tu jefe no llega hasta el final contigo porque no engañará a su esposa. Le das sexo oral porque él no cree que eso cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea tanto, como si pudiera tomar lo que quisiera de ti, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te ama. Te dice que eres una buena madre y que eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido que pretende ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre ? Tal vez no. Los días comienzan y tu mente finge y es difícil y los días terminan. Malos sueños en ambos extremos. ¿Será un buen hombre? El Lo curioso es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero incluso si es como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad absoluta. Quieres chicas guapas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres disfruten de ti, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible, más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    El alma sobre el silencio

    He vivido muchas batallas, algunas visibles y otras invisibles. El dolor crónico ha sido mi compañero constante, y junto con él vinieron experiencias de agresión, duelo, acoso y ser ignorada o atacada en el trabajo. Cada una de estas experiencias dejó cicatrices más profundas de lo que podía admitir en ese momento. Durante años, intenté contenerlo todo: la presión, el dolor, el silencio a través del alcohol y las drogas. Pero se acumuló hasta que no pude contenerlo más y me derrumbé. Mi episodio de salud mental fue aterrador, para mí y para quienes me rodeaban. Lo que lo ha hecho más difícil es la cultura en la que crecí. En las comunidades del sur de Asia, la salud mental a menudo se ignora, se estigmatiza o se considera una debilidad. En lugar de compasión, sentí vergüenza. En lugar de comprensión, cargué con la culpa. Creía que había decepcionado a las personas que más quería. Pero estoy aprendiendo que lo que sucedió no fue mi culpa. El trauma no es una elección. Los accidentes no son castigos. Son el cuerpo y la mente que claman por atención. Sigo aquí. Estoy aprendiendo a ver mi sensibilidad y supervivencia no como defectos, sino como prueba de resiliencia. Compartir mi historia forma parte de liberar la vergüenza y recuperar mi voz. Mi esperanza es que quienes han vivido el dolor y el silencio, especialmente en comunidades donde la salud mental está oculta, sepan que no están solos. Nuestras historias importan. Nuestra supervivencia importa.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    Necesito ayuda y consejos

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Mi papá - Mi héroe, mi ídolo, mi abusador.......

    Como hija única, no tenía a nadie a quien admirar. Pero siempre admiré a mi papá. Aunque nunca estaba presente por trabajo (aunque mamá trabajaba más que él y aun así encontraba mucho tiempo para mí), lo idolatraba. Era mi héroe. Siempre decía: «Los papás lo saben todo, recuérdalo», así que mentirle (incluso mentiras piadosas) no tenía sentido. Sin embargo, cuando cumplí 13 años, empecé a darme cuenta de que sí lo sabía todo. Sabía de qué hablábamos mis amigos y yo, sabía exactamente dónde estaba y con quién estaba sin siquiera tener que preguntarme, y yo siempre me preguntaba por qué. En realidad, tenía mi teléfono rastreado y podía leer todos mis mensajes. Ahora que he pasado por los tribunales y él ha sido encarcelado por los abusos que me infligió, puedo confirmar que, de hecho, me estaba manipulando sexualmente desde los 13 años. Aproximadamente un mes después de mi 18.º cumpleaños, comenzó el horrible abuso que sufrí durante 7 años y medio. Mi padre, disfrazado de desconocido durante los dos primeros años, me chantajeó para que tuviera relaciones sexuales con hombres desconocidos en nuestra casa, el único lugar donde debería haberme sentido segura. Cuando finalmente me di cuenta de que era él, no podría explicar cómo la situación se convirtió en abuso y violación sin control. Nos anunciaba como pareja en sitios de encuentros casuales y, para evitar las palizas, yo le seguía la corriente. Temía tanto por mi vida que las violaciones y agresiones sexuales interminables eran más fáciles —imagínate que fuera la opción más fácil—, hasta que te metes en una situación así, simplemente no sabes cómo vas a reaccionar. Dejé de salir, dejé mis aficiones y, mientras estaba en la universidad, dejé mi trabajo a tiempo parcial: él controlaba cada aspecto de mi vida. Y si dejo que mi máscara de "todo es color de rosa" se caiga, aunque sea por un segundo, sobre todo delante de mi madre, pues no aguanto ni pensarlo. Por suerte para mí, en cuanto mi madre se enteró, desapareció de mi vida en 30 minutos. Por desgracia, después de eso siguió acosando y abusando de otras. Fue condenado y actualmente cumple condena, pero aún le temo.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    usted no está solo.

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  • Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    Piensa en lo lejos que has llegado.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sanación a través de la experiencia

    CÓMO COMENZÉ MI CAMINO DE SANACIÓN por Nombre Mi camino de sanación comenzó después de pasar cinco años en una relación abusiva narcisista. Era un ciclo constante de altibajos, de idas y venidas, hasta que finalmente me harté de la mierda y decidí alejarme para siempre. Al principio, simplemente me senté con mis sentimientos. Reflexioné sobre todo lo que había soportado y dejé que mis emociones fluyeran naturalmente. Es fácilmente una de las partes más difíciles del proceso, pero tienes que dejar salir esos sentimientos para que comience la sanación. Luego pasé a una de las tareas más aterradoras: desmenuzar mi pasado. Cuando vemos nuestro trauma como una montaña gigante, se siente como un desorden caótico. Al identificar cada experiencia como un evento separado, se vuelve mucho más fácil de procesar. Para sacar estos pensamientos de mi cabeza, los puse en papel. Si estás comenzando este camino, consigue una libreta y escribe todo lo que surja. Úsala como tu herramienta principal. Comencé con mi experiencia más reciente de abuso narcisista. Me sumergí en podcasts y artículos, desesperada por comprender qué me había sucedido y cómo afectaba mi salud mental. Una vez que entendí el "qué", comencé a investigar el "cómo": ¿cómo sanar? Fue entonces cuando descubrí la conexión con el trauma infantil. Es una clave fundamental, ya que arrastramos esas experiencias tempranas a nuestra vida adulta. Hay muchísima información disponible; solo tienes que encontrar las piezas que se ajusten a tu vida. La sanación es un proceso profundamente individual, y tú eliges el camino que mejor te funcione.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.