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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
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poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Mensaje de la Comunidad
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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    #1843

    La primera vez que vi a T fue en clase de álgebra. Él estaba en último año y yo en tercero. Era un chico genial y popular, lleno de tatuajes, que coqueteaba con nuestra profesora de álgebra, y ella se lo tragaba todo. No hablé con él. Pensaba que era atractivo, pero su comportamiento odioso, propio de un concurso de popularidad y el centro de atención, me molestaba. Así que mantuve la nariz baja y, a propósito, no le presté atención, ni siquiera una mirada en su dirección. Un día dejó de venir a la escuela. Dejó los estudios para trabajar en una tienda de tatuajes, y no lo volví a ver hasta ese verano. Fui a un concierto con mi primo ese verano después del tercer año. Estábamos afuera tomando un poco de aire porque estaba muy lleno y húmedo allí. Era un concierto de un artista de rap underground, así que era pequeño. Oí que alguien me llamaba: "¡Oye C, hola chica!". Me giré para verlo. Debí de tener cara de confusión porque dijo: "Soy yo, T de matemáticas". Después de unos momentos, le dije: "Sí, ya sé quién eres, ¿qué pasa?". Pasamos el resto del concierto juntos. Me contó que yo era la única persona que nunca le prestaba atención, que pensaba mucho en mí. Supongo que eso me hacía destacar entre todas las chicas que lo perseguían constantemente. Incluso dijo que le daba miedo hablar conmigo, como si fuera el Sr. Popular. Me hacía sentir muy especial. Decía todo lo correcto, como si yo ya fuera el centro de su universo y hubiera estado deseando y esperando tener la oportunidad de volver a verme. Y que si la tenía, no la perdería. Mirando hacia atrás, había empezado su manipulación desde ese primer día. Cayó la bomba de amor y me golpeó fuerte. Estaba enamorada. Durante el verano, estuvimos juntos todos los días. Hizo todo lo que un chico enamorado debe hacer: me trató como a una princesa, me abrió las puertas, conoció a mi madre y le dio la mano a mi padre. Ya consumía drogas por aquel entonces, pero aún era capaz de ocultarlo. Aparte de la hierba, era un gran porrero, pero bueno, esto es California, todo el mundo fuma hierba, no la vemos como una droga. No me importaba. Pero había más cosas sucediendo en secreto. Simplemente aún no lo sabía. Después de este verano de cuento de hadas, volví a la escuela. Era mi último año, la clase de 2009, y estaba muy emocionado. Pero duró poco. Tenía una carpeta blanca con tapa transparente en aquel entonces; era lo que había que hacer, poner dibujos ahí, fotos tuyas con tus amigos, fotos tuyas con tu novio, y llevarla a todas partes para que todos la vieran. Así que, por supuesto, tenía la mía cubierta de fotos del verano de T y yo. En la segunda hora, una chica que conocía miró mi carpeta y dijo: "Oye, ¿ese es T?". Estaba orgullosa, sí, es mi novio, llevamos meses saliendo. Pero no lo dijo con un tono malicioso de "chica que intenta ponerte celosa", sino con un tono preocupado y suave. Dijo: "Oh, lo vi en una fiesta el fin de semana pasado. No se comportaba como alguien con novia. ¿Sabías que consume drogas?". Dije: "Sí, marihuana, lo sé". Ella respondió: "No, peor marihuana no". Se me rompió el corazón. No sabía exactamente qué significaba eso, qué estaba haciendo en la fiesta y con quién, y si no marihuana, ¿entonces qué? Se me ocurrieron todas las cosas hirientes, y no quería saber más, así que no pregunté. Y ella no dijo nada. Más tarde, cuando le pregunté al respecto, me dijo que solo estaban celosos y que solo intentaban interponerse entre nosotros. Y le creí. Nunca mencioné las drogas; algo me decía que no debía. Después de eso, fue constante. Siempre oía que me engañaba o mentía, y no le creía a nadie. Hasta que un día, estaba en clase de informática y recibí un mensaje de un número que no conocía, con la foto de un tatuaje. Pregunté quién era. Me lo dijo, y yo la conocía. Me dijo que fue a hacerse un tatuaje de T, no pagó, tuvo sexo con él en el baño de la tienda de tatuajes y se lo hizo gratis. Sabía que no mentía. Sentí un nudo en el estómago, lágrimas en los ojos. Quería salir corriendo, pero no podía. Estaba atrapada allí, sufriendo. No recuerdo qué me dijo exactamente. Recuerdo la intensidad. Cómo parecía hablar en serio cuando decía que no podía vivir si yo no estaba con él. Soy la única para él y si no puede tenerme, se suicidará. Comete errores y nadie podría amarme como él. Como nadie podría amarlo como yo. No solo me querían, me necesitaban. Así es como me sentía. Al ser abandonada por mi padre biológico, probablemente tuve algún trauma... algún trauma. Quería ser deseada. Y él parecía saberlo de alguna manera. Y usarlo. Así que me quedé con él. Siempre me quedé. Recuerdo la primera vez que me golpeó. Había estado rodeada de abuso de sustancias la mayor parte de mi vida, y de alguna manera todavía no lo veía en él. Todavía estaba en la escuela secundaria, una adolescente, saliendo con un chico que pensaba que era tan genial. Trabajaba en una tienda de tatuajes, cubierto de tatuajes, un artista increíble, todos lo conocían, todas las chicas querían estar con él, pero él no estaba con ellas, estaba conmigo. Se suponía que pasaría la noche en la casa de W... pero estaba en la suya. Estuvo intentando tocar una canción con la guitarra, forcejeando con algunas notas durante más de una hora, y yo me estaba aburriendo. Le dije que me iba a sentar en el sofá a ver una película con su sobrino pequeño para que siguiera practicando. Me dijo que no, lo cual no vi como una exigencia... al menos no todavía. Así que me reí y pensé: «Llevo una hora escuchándolo». Estaba tan obsesionado, haciendo lo mismo una y otra vez, como si estuviera en trance. Mirando hacia atrás, estaba colocado. En ese momento, pensé... bueno, no sé qué pensé, pero no eso. Me giré para irme, y de repente, estaba detrás de mí, me agarró, me dio la vuelta y me dio una bofetada tan fuerte en la cara y la oreja que me ardía la cara y me zumbaba el oído. Apenas lo oí decir algo como: «No te alejes de mí nunca más». Miré a mi alrededor, su sobrino lo había visto todo, lo noté por su expresión, pero no dijo ni una palabra. En retrospectiva, ese fue el principio, la creación de la idea que se me metería en la cabeza durante años: "A nadie le importa, es tu culpa, ¿y esto pasó o estoy loca?". En ese momento estaba locamente enamorada de quien creía que era. Pensaba que la persona que me lastima no era él. Solo necesitaba ayudarlo, él me ama. Morirá sin mí. Todo mejorará... Nunca lo hizo. Esto fue solo el principio. Un día simplemente se desconectó, no respondió a mis llamadas, me bloqueó. Durante días, estuve desesperada. Llamé y llamé y llamé. Hasta que finalmente, no él, sino un amigo, respondió la llamada. Me dijo que T estaba con una chica en City, que ya no me quería y que dejara de llamar. Le pregunté por qué, le pregunté qué hacía, le dije que creía que estábamos bien, no lo entendía. Simplemente se rió y me colgó. Y una vez más, T siempre encontraba la manera de hacerme sentir como si fuera el centro de su universo, hiciera lo que hiciera. Él moriría sin mí, yo lo hago mejor persona, lamenta mucho haberme hecho daño. Solo lo hace porque nunca ha amado a nadie así y le da miedo, y se autodestruye antes de que tenga la oportunidad de hacerle daño porque no podría soportarlo si lo hiciera. No sé por qué esto funcionó conmigo, pero funcionó. Siempre lo creí. Después de que City no funcionara, regresó e hizo precisamente eso, y caí en la trampa. Y volví a aceptarlo. Después de eso, se volvió normal. Él me bloqueaba, yo me ponía histérica, lo buscaba, lo llamaba y conducía histérica, y luego él me desbloqueaba. Llámame, dime cómo fue por algo que hice, porque no tengo la misma libertad que él, porque todavía vivía con mis padres y tenía reglas o lo que sea que él inventara, y que necesitaba dejar de hacer porque le duele más a él que a mí hacer esto porque él nunca ha querido a nadie como me quiere a mí. Y caí en la trampa cada vez. Ahora sé lo que estaba haciendo todas esas veces: drogas duras y engaños o ambas. La siguiente vez que me golpeó, fue en mi casa, y fue entonces cuando el consumo de drogas se volvió imposible de ignorar. Apareció hablando incoherencias, sin sentido. No lo había visto en un par de días, simplemente me había desbloqueado de nuevo. Se desmayó en mi cama. Lo desperté, le dije que no podía dormir aquí, mi padre se enojaría, no podía tener chicos durmiendo en mi habitación. Se levantó, agitando los brazos salvajemente, y me golpeó. Empecé a llorar, le pregunté dónde había estado, le exigí su nombre de usuario para su cuenta de MySpace. ¿Quiénes son todas esas chicas en tu página? ¿Por qué te hablan así? Me la dio, me conecté y había una cantidad incontable de mensajes de chicas con las que estaba coqueteando, chicas con las que me estaba engañando. Tuve que dejar de mirar, me daba asco. Le pregunté por ellas, le pregunté por qué hacía esto. Entonces cogió su teléfono, me lo tiró a la cara y se fue. En ese momento debió darse cuenta de que podía salirse con la suya haciéndome daño y yo no me iría. Así que dejó de esforzarse tanto en que lo perdonara. No tenía por qué hacerlo. Para él, yo nunca iba a ir a ninguna parte. Pero lo hice, rompí con él y esta vez lo decía en serio, por primera vez. Conduje hasta su tienda y lo vi con otra chica. Viéndolo con mis propios ojos, fue imposible ignorarlo. Le dije que había terminado, grité, lloré, "¿Por qué sigues haciéndome esto? ¿Por qué sigues haciéndome daño si no me amas? Déjame ir, joder". Empecé a conducir, él corrió detrás de mi camioneta, saltó a un lado y comenzó a golpearme a través de la ventana hasta que se cayó. Supongo que estaba avergonzado delante de ella. Lo dejé, lo bloqueé esta vez. Y comencé a seguir adelante. Había terminado con T de verdad esta vez, o eso pensé. Lo dejé, lo bloqueé y comencé a seguir adelante. Fue entonces cuando empecé a ver a B oh, B. Aún no era oficial, pero quería que lo fuera. Fuimos juntos al instituto y había estado enamorada de él durante años, viéndolo andar en su moto de calle, todo confianza y sonrisas. Él era simplemente... normal. Todavía iba al instituto, amable, con unos padres cariñosos que realmente aparecían y se preocupaban. En nuestra primera cita, me llevó a dar una vuelta en bici, y cuando fui a su casa después, su padre se burló de mí, llamándome "pata de plomo" por mi forma de ser juguetona, para nada malvada, simplemente cálida y acogedora, como si me estuvieran integrando a su familia. Me hizo reír, sentirme incluida. Era dulce, guapo, de esos que te ven sin juegos de mierda. Por primera vez, sentí esa chispa de algo fácil, como si tal vez pudiera tener una oportunidad real de tener novio y ser feliz sin el caos. Pero T siempre creyó que le pertenecía, como si fuera suya pase lo que pase, incluso si no me quería en ese momento. Se enteró de lo de B y no pudo soportarlo. Me llamó desde otro número, susurrándome un montón de dulces, rogándome que fuera a verlo esa noche. Dijo que no podía comer ni dormir pensando en mí con otra persona. Me suplicó, y cedí, como una idiota. Esa fue la noche en que me quedé embarazada. Fui a hablar. Al principio, fue muy amable y dulce, desconsolado, y me pidió que me quedara. Dije que no, pero me rogó que solo me abrazara, nada más, me prometió. Seguía viendo a B y no quería arruinarlo acostándome con T. Necesitaba tiempo para pensar. Fingió entenderlo, que lo respetaba. La noche se sintió bien, como si ya lo hubiéramos resuelto. Pero una vez que todos se durmieron, sus ojos se pusieron negros. Me obligó a tener sexo con él. Lloré. Dije que no. Lo repetí una y otra vez. Él medía 1,83 metros y yo 1,62 metros; era más grande que yo en todos los sentidos. Ni siquiera podía moverlo. Nada de lo que hice cambió la situación. Me sujetó, me tapó la boca para que nadie me oyera, y le dio igual. "Voy a dejarte embarazada, te guste o no", dijo, "y entonces nadie más te querrá". Y lo hizo. Lo que más me afectó fue B. Después de eso, lo dejé en paz, me daba vergüenza incluso decirle cómo le explico que me obligaron y cómo le explico que estoy embarazada del hijo de mi ex. ¿Qué adolescente querría eso? Nunca le di la oportunidad de saber lo que pasó. Pensé... Es comprensible que ningún chico de esa edad quiera una novia embarazada, sobre todo cuando ni siquiera es suya. No iba a traer esto a su vida. ¿Pero para mí? Devastador. Años enamorada de él, finalmente tener esta oportunidad de amabilidad normal, estabilidad, su linda familia que nos recibió a mí y a T lo arruinó todo en una noche. Me arrebató mi oportunidad. Nunca la tendría ahora, todo se sentía tan arruinado... Me sentía arruinada y mi cuerpo se sentía agotado. ¿Quién me querría así? Simplemente me quedé con T, lo acepté como si esa fuera mi vida, este fuera mi destino. Para cuando me quedé embarazada, era el final de mi último año de secundaria y estaba a punto de cumplir 18, justo después de la graduación. Nunca se lo dije a mis padres. Dijo que una vez que cumpliera 18, tendría un lugar para nosotros y nos mudaríamos. Y eso es exactamente lo que pasó en mi cumpleaños número 18. Pensé que esto podría arreglarlo todo, pensé que mejoraríamos. Estaba tan equivocada bajo su control total ahora. Se volvió mucho más oscuro. Los pantalones vaqueros rotos con agujeros en las rodillas eran populares. Tenía solo 17 años cuando descubrí que estaba embarazada, un secreto que enterré profundamente porque no quería decirles a mis padres, aunque me habrían apoyado sin cuestionarlo. Para cuando todo se desmoronó, tenía 18 años, perdidamente enamorada o lo que parecía amor y llevando esta nueva vida dentro de mí, todo mientras me sentía más aislada que nunca. La casa en la que terminamos pertenecía a alguien que había fallecido, una anciana cuyo nieto había estado viviendo allí y se quedó después de que ella se fuera. Era mucho mayor que nosotros a los 18 años, sus 30 años parecían muy viejos. Este tipo era amigo de la hermana mayor de T, así es como T lo conoció. T lo presentó como una gran oportunidad: "Podemos mudarnos allí", dijo, y así fue como lo hicimos. T hacía tatuajes para ganarse la vida, o lo intentó, lo habían echado de la tienda donde trabajaba, probablemente por la entrada de drogas, aunque nunca supe toda la historia. Así que empezó a hacerlos por su cuenta; le pagaban principalmente con drogas mientras hacía estos tatuajes. Los hacía principalmente en una casa de trapos a la vuelta de la esquina, donde lo único que hacían era consumir y vender drogas. La gente entraba y salía todo el tiempo. A veces los hacía en nuestra casa. En cuanto nos mudamos allí, vi realmente la magnitud de su problema con las drogas. No pagaba el alquiler y el compañero de piso no se lo obligaba. Simplemente me trataba como una mierda por eso, como si hubiera hecho algo malo o de alguna manera fuera mi culpa que T no tuviera dinero. Nadie a su alrededor lo responsabilizara de nada, nunca. Nadie. ¿Yo? Acababa de graduarme del instituto, estaba embarazada y no tenía ni idea del mundo real. Nunca había tenido un trabajo en mi vida y nunca planeé empezar uno, especialmente no de esta manera. Estaba confundida, ¿esperaban que YO tuviera dinero? ¿Conseguira un trabajo? De niña, estaba embarazada y no lo entendía. Pero desde el momento en que nos mudamos, todos me hicieron sentir como una intrusa, criticando cada movimiento... Lavé mal los platos, usé demasiado jabón, no limpié lo suficiente, comí sin querer la comida de otra persona. Estaba navegando por la edad adulta por primera vez, y nadie me dio tregua. Una noche me hizo un tatuaje en nuestra casa, pero duró muchísimo. Finalmente, a las 4 de la mañana, le pregunté si venía a la cama. Este no es un comportamiento normal. Me gritó: «No vuelvas a preguntarme delante de la gente, no me hagas preguntas, no es tu lugar». No durmió esa noche. Lloré hasta quedarme dormida. Algo que hacía todas las noches. Después de eso, todos en la casa dejaron de hablarme, hablaban A MÍ o de mí como si no estuviera en la habitación. "Está loca", "ni siquiera la quiere, está atrapado con ella", y T se reía y asentía. Me trataba como si fuera su propiedad. No tenía opinión, no podía hablar ni tomar decisiones. Era suya, independientemente de si me quería o no, nadie más me tendría excepto él. Nunca me había sentido tan sola en toda mi vida, como si estuviera en un planeta completamente sola. Como si estuviera gritando pero no saliera nada. Era una pesadilla viviente de la que nunca podría despertar. Era invisible. T tenía 19 años, ya estaba sumido en las garras de la metanfetamina, su adicción alimentaba ataques de ira que lo convirtieron en alguien irreconocible y abusivo de maneras que dejaron marcas en más que solo mi piel. Y luego estaba ella, la vecina de unos 40 años que era horrible conmigo. Podía ver su puerta principal y la ventana de la cocina, la habitación de los niños desde mi puerta lateral. Los caminos de entrada se conectaban allí sin barreras, sin muro de privacidad. Era casi como un solo camino gigante, pero solo estaban separados por un espacio en el medio. Intentó jugar un extraño papel maternal con T. No podía distinguir si estaba enamorada de él o si estaba haciendo de "mamá" con su pequeño bebé, que ni siquiera era su hijo porque se drogaban juntos. En cualquier caso. No era un cariño real, era de esos en los que se drogaba junto a su "hijo", excusando cada arrebato violento, cada giro cruel, incluso cuando ocurría delante de ella. A sus ojos, él era un angelito perfecto, puro e intachable. ¿Yo? Yo era la mentirosa, la loca empeñada en destruirlo. Su voz siempre estaba cargada de odio cuando me hablaba, como si cada palabra estuviera impregnada de veneno, un veneno preparado solo para mí, rebosante de falsas acusaciones de que todo era culpa mía. Un día, en el camino de entrada, las cosas se pusieron feas. Yo estaba sobrio, a diferencia de todos los que me rodeaban, con muchísima hambre. Me dolía el estómago, tenía 18 años y estaba embarazada. T había vuelto a robarme la tarjeta de alimentos, escapándose con ella durante horas, a veces días, dejándome sin lo básico. Intentaba evitar que saliera corriendo por la calle a por más drogas, aferrándome a su brazo, suplicándole. Pero me empujó sin pensarlo dos veces, tirándome al suelo como si no sirviera para nada. El pavimento áspero se me clavaba en las rodillas desnudas a través de los malditos agujeros de los vaqueros, con piedritas y tierra clavándose en la piel, y la sangre brotaba en una masa arenosa y punzante mezclada con la mugre. Buscaba algo o a alguien que me ayudara a salir de aquello. Fue entonces cuando los vi allí mismo, a plena vista: sus dos hijos pequeños, con la cara gorda y pecosa, el pelo rojo sucio y sin cepillar. Lo habían visto todo por las ventanas y salían corriendo. No tenían prisa por ayudar, ni siquiera parecían sorprendidos; se reían, con esas risas agudas y crueles que duelen más que la caída. Pequeños pelirrojos sádicos. Eso es lo que pensé entonces. Era demasiado pequeño para darme cuenta de que solo eran niños y que eran producto de su madre. Ella no estaba allí en ese preciso momento, pero podía sentirla allí de todos modos: la facilitadora que me susurraría la culpa al oído, que lo defendería pase lo que pase. Los chicos no se quedaron esperando; salieron corriendo por la puerta principal, todavía riendo y gritando a cualquiera que pudiera oír: "¡Le pegó! ¡Le pegó!". Torciendo la verdad en una mentira descarada antes de que pudiera siquiera levantarme. Cuando me levanté, la vergüenza me golpeó fuerte. Sentí que había hecho algo terriblemente malo. Me avergonzaba que todos pudieran oír a esos niños gritando sus mentiras, sabiendo que las creerían y me odiarían aún más de lo que ya me odiaban. Pensando: ¿por qué había intentado detenerlo? Debería haberlo dejado ir, seguir con hambre y esperar que volviera pronto antes de que yo muriera de hambre. No fue rabia lo que sentí en ese momento, sino una profunda vergüenza, como si todo el mundo me juzgara por estar en ese lío. Me levanté, con la sangre corriéndole por las espinillas, hambrienta, asustada y tan sola. "No, mira", intenté decir, señalando el agujero de mis vaqueros, donde se había cerrado al ponerme de pie, intentando abrirlo para mostrárselo a todo el mundo. "Me empujó". Pero nadie miraba. Les daba igual, no querían ver la verdad. Poco después, la hermana de T se mudó con dos de sus hijos, y el consumo de drogas empeoró. La chica de 30 años a la que le alquilábamos la habitación consumía, ella consumía, T consumía. Todos sus amigos y toda la gente del barrio consumía. Yo era la única que no. Cada vez que me pegaba, decían que era culpa mía. Me tiraban al suelo, y luego me pisoteaban como si no estuviera allí. Invitaba a gente a su casa, y es como si vinieran solo a ser crueles conmigo. Nadie fue amable allí. Dijeron que mentí sobre que me había pegado y que estaba loca. Si lo veían hacerlo, dirían: "Bueno, no deberías haber intentado impedirle trabajar". Y yo intenté explicarle que no iba a trabajar, que hacía tatuajes a cambio de drogas. Me quitó la tarjeta, no tenía comida, no tenía dinero, siempre tenía hambre. No les importaba que no me oyeran, que no me vieran. Pensé que me estaba volviendo loca. Empezaba a pensar que me lo había inventado todo. Tenía amigos que me querían, tenía padres que me querían. No recurrí a ellos, no sé por qué. Pero sí sé que entonces no habría importado, probablemente no me habría ido hasta que me echaran. Mi amiga vino y estaba preocupada por mí, necesitaba verme. Se lo conté todo. Le conté que ese mismo día le había rogado que dejara de drogarse, que no me dejara sola, y me agarró del pelo y me arrastró por la casa boca abajo, y todos lo vieron, nadie lo detuvo. Y estaba embarazada, todos lo sabían, no les importó. Me dijo que tenía que irme. No la escuché en ese momento. Desde que conocí a esas chicas, J y W, las he amado, siempre intentaron protegerme, nunca me abandonaron, hasta el día de hoy. Ese día fue W quien vino; no podía obligarme a irme y lo sabía. Pero estaría ahí pase lo que pasara, y cuando yo estuviera lista, lo estaría. Ambos estaban... Al día siguiente, volvió a la casa de las drogas. Lo seguí, rogándole que por favor no me dejara sola, que por favor dejara de drogarme. Y me ignoró hasta que estuvimos dos casas más allá. Supongo que no quería causar problemas. Me agarró, me tiró al suelo y me dio una patada en la cara. Justo había un tipo trabajando en su tejado, la primera vez en todo este tiempo que alguien intentó ayudar. Le gritó a T que parara y llamó a la policía. La policía apareció... y me negué a presentar cargos. Este agente me conocía, ya había estado allí antes. Una vez, cuando discutíamos en una habitación, T quería que lo dejara en paz, así que agarró el marco metálico de una cama, me lo lanzó y empezó a gritar que se lo había lanzado y que llamara a la policía, así que alguien de la casa lo hizo. Llegaron y él metió el pie debajo y dijo que se lo había lanzado para arrestarme. El agente me llevó aparte y le conté lo sucedido. Me preguntó si tenía adónde ir. Le dije que podía ir a casa de mis padres. Dijo que me creía, pero que no podían demostrarlo y que no presentaría cargos. Me dijo que me fuera a casa y no volviera nunca. Dijo que si volvía, quizá no saldría con vida y que me alejara de T, «no sirve para nada». Me fui a casa esa noche, pero volví. Este es el mismo policía que apareció ese día. De nuevo, no presentaré cargos. Puedo ver la preocupación en la cara del oficial. Tiene miedo por mí. Encuentra un cuchillo ilegal en T y lo lleva a la cárcel. Me dice que me vaya a casa otra vez y no regrese. T iba camino a la cárcel. Camino de regreso a casa, todos ya saben lo que pasó. Empezaron a atacarme en grupo diciendo que si no estaba embarazada me darían una paliza por traer a la policía. Porque todos estaban haciendo actividades ilegales. Y por haber arrestado a T, para empezar. En ese momento tengo miedo. Sé que necesito salir y salir rápido, así que llamé a W, llamé a mi mamá, y llegaron en tiempo récord, recogieron todas mis cosas y me llevaron a casa. Nunca volví a esa casa. Pero ese no fue el final de T y yo. Habían pasado un par de meses desde ese día. Finalmente les dije a mis padres que estaba embarazada. Y me apoyaron muchísimo. Me querían sin importar lo que pasara. No sé por qué tenía tanto miedo de contárselo. Siempre fueron unos padres cariñosos. Tenían sus defectos, no eran perfectos, pero eran buenos padres. W estaba de visita todos los días. J siempre estaba pendiente de mí. Eran mi apoyo, ya no me sentía sola. Creo que nunca les he dicho cuánto me ayudaron, cuánto los quiero por eso. Cómo puedo pasarme la vida intentando devolverles lo que hicieron por mí y ni siquiera podría acercarme. Pero creo que lo saben. Nunca les conté TODO hasta años después, y probablemente todavía no lo he dicho todo. No lo necesitaba, podían ver que estaba rota. Podríamos hablar cuando estuviera lista. Por fin soy feliz, estoy mejorando, estoy sanando. Y estoy a un par de meses de tener a mi bebé. Entonces T vuelve a la vida y lo dejo. Casualmente se muda al barrio de detrás de la casa de mis padres. No recuerdo cómo me contactó. Pero lo hizo. Siempre me encontraba. No le permitían entrar a casa de mis padres. No les había contado mucho de lo que había pasado, pero ellos sabían que algo había pasado. Me llamaba una y otra vez, me rogaba que lo viera. Una y otra vez, y yo cedía. Una noche me lo encontré en una calle entre su casa y la mía. Estaba drogado, no estoy seguro de cuáles eran sus intenciones esa noche, aparte de maldad. Se subió a mi camioneta y empezó a gritarme, a golpearme, a golpear mi camioneta, a romper el plástico del tablero. Diciendo que le pertenezco, que está unido a mí para siempre, que nunca podría deshacerme de él y que nunca podría seguir adelante con mi vida sin él. Entonces, de repente, se abrió la puerta del copiloto y lo sacaron de la camioneta. El hombre con el que vivía debió haberlo visto irse y no sé qué lo impulsó a hacerlo, pero lo siguió. Vio lo que estaba pasando y me salvó esa noche. Me dijo que nunca regresara. Me dijo: "¡Te va a matar, ¿no lo entiendes?". Fue duro, pero creo que intentaba ayudar. Claro que no lo escuché, todavía no. Empecé a reunirme con él en privado, llevándolo a mis citas médicas en secreto. Se mantuvo firme un tiempo, hubo algunas discusiones en el estacionamiento, nada demasiado loco por un tiempo, pero no duró. Iba a hacerle una de esas ecografías 3D y él quería venir. Cuando fui a recogerlo, sabía que estaba drogado. Pero lo llevé de todos modos. En el estacionamiento le pedí que esperara en el auto, no iba a llevarlo allí incoherente, fue vergonzoso. Se volvió loco y comenzó a golpearme en la cara en el estacionamiento y no le importó quién lo viera. Tanta gente lo vio que llamaron a la policía. Intenté mentir, pero me dijeron que había testigos y que lo llevarían a la cárcel. Querían que presentara cargos, pero no lo hice. Salió poco después. Solo lo vi dos veces más después de ese día. Pero él estaba afuera de mi casa todas las noches acosándome. Viéndome ir y venir, viendo quién venía. Esperando a que estuviera sola, pero nunca lo estaba. Si mis padres no estaban allí, W o J sí. La noche que me puse de parto, él vio. Estaba allí observando. Se presentó en el hospital drogado y borracho con un grupo de amigos drogadictos. Fue irrespetuoso con mi familia y amigos en el hospital. Estaba tan aterrorizada. Hice que las enfermeras lo echaran, pero él y su hermana seguían llamando a mi habitación, así que tuvieron que trasladarme a una habitación privada. Entraste por la primera puerta y te encontraste con otra puerta. La segunda puerta conducía a mi habitación. De esa manera nadie podía mirar por una ventana y verme. Tenías que tener una contraseña específica para entrar, y si alguien llamaba, no les daban información sobre si yo estaba allí o no. Tengo más hijos y los amo a todos por igual, pero esa mañana a las 3 am solo estaba ella. Tuve a mi bebé, y en cuanto la miré a los ojos, me impactó como nunca antes. No existía nadie más que ella. En ese instante, por fin supe lo que era el amor verdadero, esa cosa abrumadora y feroz que lo cambió todo. Desde ese día, nada ha sido más importante que ella. Es el amor de mi vida, punto, todo lo que me importa. Me salvó la vida ese día, sacándome de la oscuridad y dándome una razón para luchar por algo bueno. Fue la primera en abrirme los ojos y me dio la fuerza para liberarme. Supe en ese momento que la protegería por todos los medios necesarios. Supe que nunca volvería con él. Se merece amor, paz y protección, y me aseguraría de que los recibiera. Nunca más volví con T después de eso. Aunque era horrible, seguía siendo su padre, así que intentamos visitarlo una vez. Solo quería hablar conmigo. Apareció drogado y habló de sus deseos de formar una familia, y su obsesiva posesividad hacia mí fue tan evidente para mí que, cuando lo rechacé y le dije que nunca volvería a estar con él, empezó a insultarme. Me llamó mala madre y lo obligué a irse. La abrazó durante cinco segundos ese día. Esa fue la última vez que la vio tan cerca. Le dije que si quería estar en su vida, necesitaba ayuda y que necesitaba desintoxicarse, pero nunca lo ha hecho. Me acosó durante muchos años, me buscaba, me enviaba videos, fotos y canciones amenazándome, amenazando a cualquiera con quien saliera. Hasta que se mudó fuera del estado y yo también. Su acoso fue disminuyendo cada vez más hasta que, después de muchos años, cesó. Que yo sepa. Pero el trauma de lo que pasé todavía duele. Todavía lo siento en mi cuerpo. Todavía tengo que trabajar todos los días para reprogramar mi cerebro. Sé que no estaba loca, sé que abusaron de mí. Sé que no fue mi culpa. Y tal vez algún día lo acepte. Hasta el día de hoy no sé por qué me quedé. No recuerdo todo lo que me pasó. No sé por qué recuerdo lo que hago; quizá me dejaron las cicatrices más grandes. O quizá fue tanto que mi cerebro olvidó algunas para salvarse. No creo que fuera puramente malvado. Creo que su popularidad y su búsqueda de atención se debían a algo que no entendió de niño. Compartía detalles sobre el abandono de sus padres, pero siempre actuaba imperturbable, como si nada. Rodeado de gente, el personal de la tienda de tatuajes repartiendo pastillas y un lugar para dormir, pero sin un hogar real, sin dormitorio, simplemente a la deriva. Se hacía el simpático, como si fuera el dueño del mundo, sin admitir nunca sus vacíos, pero yo lo vi a través de él. Quería ser la estabilidad que le faltaba, amarlo de verdad, no la fachada. Él usó eso en mi contra, distorsionando mi empatía para controlarme. No sé dónde terminó él y dónde empezaron los muros que levantó para protegerse. Me niego a ponerle excusas. Su padre los abandonó a él y a su madre unos años después. Su hermana mayor intentó criarlo, pero ella también era drogadicta. Nunca tuvo un hogar de verdad. Nunca tuvo un buen ejemplo a seguir en la vida. Parecía estar constantemente rodeado de gente horrible con malas intenciones desde antes de ser adulto. Quizás nunca tuvo una oportunidad en la vida. Quizás algún día pueda aceptarlo. Nunca lo perdonaré, pero quizás pueda seguir adelante. Estuve muy herida durante mucho tiempo, pero ahora solo me queda una ira intensa. Quiero encontrar a todas estas personas y obligarlas a afrontar lo que me hicieron, lo que permitieron que pasara. Pero eso no es posible, así que seguiré trabajando en ello, y quizás algún día pueda soltarlo. Por completo. Escribir es mi último esfuerzo. Han pasado 16 años y quizás finalmente tener mi historia en forma física pueda sostenerla, leerla, compartirla y saber que fue real. Estuvo mal, no estoy loca por que esto me haya pasado.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nombre

    Tener TU voz es lo más importante que puedes tener como víctima de abuso. Después de sufrir abuso durante varios años en Ubicación, sentí que me lo arrebataban todo. A los 9 años, me habían arrebatado mi dignidad, autoestima, confianza, felicidad y fuerza. Verano tras verano, iba a este lugar oscuro que se suponía sería una experiencia positiva. Mis padres creían que me dejaban en un lugar para ayudarme a crecer en mi relación con el Señor. Lo que no sabían es que Nombre 2 me dijo que si realizaba los actos sexuales que él quería, me prometía que me acercaría más a Dios. Era una persona enferma que constantemente infringía las normas de Ubicación y la ley. Lo peor es que Ubicación tenía la visión y sabía que esto estaba sucediendo, pero no hizo nada. Al salir del campamento y volver a casa, recuerdo sentirme vacía y deprimida. A esta edad, no se tiene la madurez suficiente para comprender lo que ha sucedido y cómo procesarlo. Acudí a centros de defensa infantil para obtener ayuda profesional y me costaba incluso hablar de lo sucedido porque no tenía sentido en mi cabeza y no podía verbalizar los acontecimientos ni el impacto que tuvieron en mí. A medida que avanzaba en la adolescencia, me deprimí más. Todas las noches soñaba que Nombre 2 abusaba de mí y sentía que cada noche que me iba a dormir, iba a ser abusada de nuevo. El miedo, la ira y la depresión que experimenté me pesaban tanto que casi no quería llegar al día siguiente. Después de años en este ciclo, decidí que necesitaba un cambio para poder vivir una vida plena. Empecé a trabajar en mi salud física, espiritual y mental. Lo más importante es tener voz. Tienes que poder compartir tu experiencia para poder recibir la ayuda que necesitas y expresar el dolor que has vivido. Por eso estoy agradecida por la Ley de Trey. Esta elimina la posibilidad de que organizaciones como Ubicación silencien a las víctimas después de hacerles pasar por experiencias horribles. Le devuelve el poder al Superviviente. La Ley de Trey salvará vidas. Permitirá que alguien pueda defenderse. Permitirá que menos criminales/organizaciones se salgan con la suya en el peor delito que alguien puede cometer. Si alguien lee esto y necesita ayuda, ¡siempre estaré encantado de escuchar su voz!

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Me encantan los gatos y los caballos.

    ¡Hola! Tengo 18 años y todo esto pasó hace un año y medio, tenía 16. Es una historia muy rara y desquiciada, nunca había oído una similar. Iba a casa al final de la tarde y fui literalmente atacado por un grupo de creo que 3 o 4 personas mayores que yo, todos hombres. No sé qué idioma hablaban. Intenté muchísimo patearlos, gritar y resistirme, pero no había nada que pudiera hacer. No sé cuánto duró, tenía miedo de lo que harían cuando terminaran, si me matarían o me dejarían escapar. Me soltaron cuando terminaron, recogí mis cosas y literalmente corrí a casa sin parar. Estoy tan agradecida de que no hubiera nadie en casa y de que nadie me viera volver a casa. Fue esta sensación de insensibilidad y apatía, cuando no puedes sentir nada, lo que me salvó. Me duché, la última vez en los próximos 9 meses, me vestí y recé para que nadie llegara pronto a casa. No salí mucho los siguientes días, actué con la suficiente normalidad para que mis padres no se dieran cuenta e intenté no pensar en ello. Solo se lo conté a la gente por internet: a un amigo cercano y anónimamente a cientos de personas que leían mi publicación en Reddit. Después de unos meses de llanto constante en mi habitación, intenté suicidarme. Cada vez que decidía que prefería no morirme y vomitaba las pastillas, me enojaba y lo volvía a intentar... Me cortaba, me golpeaba, lloraba y gritaba en un rincón de mi habitación y me golpeaba con algo cuando no había nadie en casa. Me escondí bastante bien; mis padres me decían que había cambiado e intentaban contactarme, mi madre lloraba y me preguntaba qué me pasaba, pero yo, apenas conteniéndolo, le decía que se lo estaba inventando todo y me iba a mi habitación poniendo los ojos en blanco. Sigo cortándome, a veces me golpeo y me tiro del pelo, inconscientemente me arranco la piel alrededor de las uñas hasta que sangra; mis manos tienen un aspecto horrible. Tengo los muslos cubiertos de cicatrices de 30 cm desde la rodilla hasta la cadera y a veces me duele caminar e incluso dormir. No sé cómo sobreviví al verano. En la playa, la gente me miraba la pierna, pero nadie me decía nada. Todavía no se lo he contado a nadie en la vida real; me da muchísima vergüenza, no puedo caminar por la calle con la cabeza en alto, no me imagino contárselo a mis padres ni hablar con un terapeuta. De verdad, ya no quiero estar triste. Este texto está mal escrito y no transmite bien todas las emociones; no pude ver el teclado por culpa del llanto. Pero gracias por leerlo. Saber que alguien sabe que estoy pasando por esto me ayuda. Y que hay otras personas. Muchas gracias.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    ¡La curación puede ocurrir y ocurre!

    A los veintiséis años fui violada por un desconocido. Me llevó muchos años reconocer que lo que me había sucedido era una violación. Aunque, angustiada por lo sucedido, lo bloqueé de mi mente durante varios años antes de acudir a un terapeuta en busca de apoyo. Decidí ir a terapia porque estaba luchando contra una profunda depresión. No asistí a un Centro de Crisis por Violación. Me llevó varios años revelarle a mi terapeuta de entonces que había sido violada. Había enterrado lo ocurrido en lo más profundo de mí y nunca le había revelado a nadie lo que pasó esa noche. La persona que me violó era amiga de unos amigos míos. Estuve fuera el fin de semana y, afortunadamente, nunca lo volví a ver. Si bien mi proceso de sanación ha sido largo, ha sido de gran apoyo y me ha permitido sanar de muchos problemas diferentes de mi infancia y de la violencia sexual. Ya no siento culpa ni vergüenza por lo ocurrido esa noche y animo a cualquier hombre o mujer que haya sufrido violencia sexual a acudir a un terapeuta especializado en violencia sexual y a que un profesional con experiencia le acompañe en su proceso de sanación. No me arrepiento y estoy agradecida con las maravillosas mujeres que me han apoyado para sanar de una experiencia profundamente traumática. La sanación es posible y ocurre. No te rindas, como yo nunca me he rendido. He aprendido que, como muchas sobrevivientes de abuso, soy una mujer muy resiliente. Vivo la vida hoy con los pies en la tierra y, aunque recuerdo lo que me ocurrió en la violación, he sanado emocionalmente del dolor y la pena de esa experiencia traumática.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Tienes derecho a sentir lo que sea que estés sintiendo y no fue tu culpa.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    en su coche

    ¡Hola! No sé cómo abordar esto, pero sé que debo decirlo. Soy lesbiana y tengo más de 21 años, y sufrí violación y agresión sexual por parte de mi última pareja lesbiana. Disculpen si esto es largo, pero si alguien lo lee, ¡se lo agradezco mucho! Conocí a mi ex en enero pasado y nos escribimos durante un mes antes de nuestra primera cita. La primera fue bien, nada preocupante. La segunda cita, que fue dos o tres días después de la primera, fue donde empezó todo. No me importó que me besara primero, pero me puse nerviosa cuando me dijo que quería pasar al asiento trasero. Empezó a manosearme y a tocarme por encima de la ropa antes de intentar meter la mano en mis vaqueros. La detuve y le dije que aún no me sentía cómoda con eso. Su respuesta fue: "Ah, pero con el tiempo querrás, ¿no?", y a eso le dije: "Sí, pero ahora no". Continuó de todos modos. Ese es el momento que recuerdo y desearía haberme ido. Me quedé. Quizás pasan una o dos citas sin que ella vuelva a hacer nada preocupante antes de que haya otro incidente. Estábamos en su coche fuera de su trabajo para un evento al que elegimos ir. Hay gente en la calle. Ella empieza a besuquearse conmigo, lo cual me da asco porque la gente probablemente pueda vernos y no es apropiado. Esta vez empieza a tocarme a través de mi falda otra vez, y en este punto no recuerdo mucho más allá de que yo dije que estaba asustada y nerviosa, y que no parecía seguro, y ella coaccionándome. Antes de que me dé cuenta, tiene su mano dentro de mi ropa interior y me está violando. No fuimos al evento. Nos fuimos y me dijo que la próxima vez podría buscar un lugar apartado. Nunca lo hizo. Y ahí es donde empezó todo. Durante los siguientes 5 meses me violaba en su coche cada vez que podía. Cada vez que le decía que no estaba cómoda. Usaba ropa interior ajustada, pero ella seguía haciendo todo lo posible por hacerlo. Si no lo hacía, se enojaba y me evadía las cosas. Pero nunca hubo un momento en que no lo intentara. La peor noche fue quizás un mes después de que todo empezara. Otra vez, en su asiento trasero. Fue en un estacionamiento bastante público. Intentó cubrir las ventanas con ropa, pero aún se veía claramente. Me hizo acostarme, quitarme toda la ropa interior y abrirme completamente. Fue muy humillante. Luego procedió a violarme violentamente, tan mal y doloroso que lloré y contuve los gritos porque no quería llamar la atención sobre la situación ni meterme en problemas. Le dije que estaba cómoda y que quería gritar, pero simplemente me echó un paño sobre la cara para que no me concentrara. Después tuve que volver a ponerme la ropa y la arruiné. Sentí dolor durante quizás una semana o un poco más. Ahora desearía haber conseguido pruebas de esa noche, pero no tengo ninguna. En total, creo que sucedió unas 14 veces. Las mismas situaciones de atención en público que odiaba. Durante la relación, estuve cegado hasta cierto punto y no me di cuenta de que contaba como violación hasta después de que rompimos. Al principio, acepté lo sucedido, pero ahora tengo una nueva pareja. Casualmente, mi nueva pareja trabaja con mi ex violador. Desde que me enteré, me siento completamente angustiado y asfixiado por lo que me hizo. No solo eso. Antes de descubrir que trabajaban juntos, se sentaban uno al lado del otro y se estaban haciendo amigos. Así que mi ex le dijo a mi novia actual que soy una persona terrible y que me tiene miedo. Ya no hablan. No sé, simplemente me siento asfixiado por todo esto. También tiene una nueva novia. Ojalá pudiera decirle a su nueva novia que tenga cuidado, pero tengo miedo. En mi comunidad hay mucho estigma en torno a la violación y la homosexualidad. No creo que pueda contar mi historia públicamente de forma segura tanto como quisiera. Ella cambió mi vida por completo. Es como si ya no supiera cómo ser yo mismo y siento que me estoy volviendo loco.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    El título de la historia es: Mira fijamente al acosador

    Mira fijamente al acosador La playa no se parece en nada a la suave arena de ubicación, mi ciudad natal. Es de guijarros, con suaves olas que lamen la orilla. Me siento en la orilla. Las lágrimas resbalan por mis mejillas. Mojan los guijarros y la arena. La libertad es abrumadora. Tantas emociones. Había tejido una manta sobre mi dolor. Es fecha de hoy, pero mi historia comenzó en una fecha pasada. Me casé ese día. El día que exmarido me dijo que le pertenezco. El día que me impuso un toque de queda. Desde ese día fui suya. Nunca olvidaré fecha. Mi toque de queda de las 9 p. m. había pasado. Estaba trabajando hasta tarde. Presa del pánico, huí de la oficina. Mi jefe me persiguió ofreciéndome una vida, evitando así la caminata de 20 minutos. Insistió en parar en la trituradora. No pude decir nada. Verás, nunca le había contado a nadie cómo era mi vida. ¿Cómo iba a poder? ¿Qué pensarían? Solo podía pensar: «¡Dios mío, llévame a casa!». Exmarido estaba allí, furioso. Hamburguesa, patatas fritas, cebolla y salsa roja me impactaron como un ladrillo. Me impactaron en la cara. Humillada y desdichada, sentí cómo la hamburguesa, las patatas fritas, la cebolla y la salsa roja se deslizaban por mi cara llorosa. Fue uno de dos puntos de inflexión. A la mañana siguiente, le conté todo a mi jefe: que si me quedaba, moriría. El alivio. Entre los dos tramamos un plan. No se lo dije a nadie. Dos días después, tomé el tren a City y me apunté a unas agencias. Cuando volví, exmarido estaba en la estación. Estaba furioso. No lo sabía entonces, pero cada mañana me seguía para asegurarse de que había ido a trabajar. Me metió a la fuerza en el coche. La gente me miraba, pero nadie interfería. Pensé que había llegado el fin y que me quedaría tumbada en ese suelo frío y húmedo. De vuelta en casa, estuvo sentado a horcajadas sobre mi pecho toda la noche. Apenas podía respirar. A las 5 de la mañana, se cayó de mí, sumido en un sueño profundo. Me arrastré a gatas, con el corazón latiéndome con fuerza, cerré la puerta de casa y corrí. El coraje se manifiesta de muchas maneras. La canción de Gloria Gaynor: "Sobreviviré". La puse, la canté mentalmente, en voz alta, y me prometí que sobreviviría. La oración "Acordaos". ¿Cómo puedo agradecerle lo suficiente? Sus palabras me ayudaron en mi peor momento. Creí que recibiría ayuda de algún lugar y hoy ocupa un lugar especial en mi corazón. Empecé mi nuevo trabajo en Ciudad. Me mudé a un piso con mi hermana y una amiga. Entonces empezó el acoso. exmarido sabía todos mis movimientos. Cuando volvía a casa los fines de semana, se quedaba esperando fuera de casa de mi madre. Me seguía constantemente. Su figura sombría, a pocos metros de distancia. A mi lado, detrás, delante. Sin decir una palabra, solo mirándome fijamente. Mi paz quedó destruida. Las amenazas hechas en el pasado no se habían olvidado. Esa noche me dijo que me atraparía "no ahora, sino en algún momento del futuro y para siempre, te miraré por encima del hombro, maldita sea". Mi madre murió en año y visitaba su tumba casi todos los sábados, ya que seguía yendo a lugar. Mis hermanos vivían allí. exmarido siempre estaba allí. Escondiéndose detrás o junto a una lápida cercana. Cambiaba mis horarios y mi ruta, pero nunca cambiaba nada. Aparecía y se quedaba mirando. Nunca dijo una palabra. Nunca supe si "hoy sería el día". Sabía que su amenaza era real. exmarido se arrastraba por la calle principal si me veía, mirando por la ventanilla y me seguía hasta llegar a mi destino. Los coches le pitaban para que acelerara, pero él los ignoraba. El único gesto que hacía era con los dedos "vigilándote". Pasaron cinco años. Todos los días sin excepción aparecía en mi trabajo en ubicación Me seguía de vuelta al piso. Me seguía el paso, pero nunca me pasaba. Vomité en las papeleras y las alcantarillas. Me ponía enferma en todo el sentido de la palabra. Estaba hecha un desastre. Nos mudamos, pero siempre me encontraba. Más tarde descubrí que cambió su horario de trabajo a horario flexible para poder hacer el viaje de ida y vuelta de lunes a viernes y que luego, los fines de semana, me acosaba cuando estaba en casa. Un día se cruzó con el siguiente. Me acosaba. Vomité. ¿A quién podía decírselo? ¿Quién me ayudaría? No había nadie. La policía no te creería en ese momento y, de todos modos, no podían hacer nada. ¡O sea, que no me había hecho daño! Mentalmente estaba muerta por dentro. Dejé mi maravilloso trabajo y me mudé a ubicación. Conocí a un hombre maravilloso, marido. Nos casamos en año y en año nació nuestro hijo, nombre del hijo. ¡Pensarías que el acoso pararía! Íbamos a ubicación los fines de semana. Tan hermoso. Me encantaba el mar. Esposo sabía que había estado casada con exmarido pero mi vida con él era demasiado dolorosa para hablarlo con nadie, así que no le conté a esposo sobre el acoso ni nada más y así continuó, pero ahora exmarido tenía un nuevo odio en sus ojos. Mis paseos por la playa se desvanecieron. Exmarido era como un radar. Siempre ahí. Daba mucho miedo. Poco a poco mi vida se desvanecía. Exmarido nunca seguía con esposo venía con nosotros. Exmarido siempre intentaba encontrar una manera de interactuar con nombre del hijo. Una vez en un Rally de Autos Clásicos, solté la mano de hijo por un instante y en segundos exmarido la había tomado e intentaba darle un auto Dinky que le había comprado mar dhea. Cogí a nombre del hijo y me fui. Ir al Tesco era una pesadilla. nombre del hijo estaba en el carrito. Estábamos en la caja y siempre en la siguiente aparecía exmarido. Sin comida y esa mirada. Mirándome fijamente y mirándole fijamente a mi hijo. Por aquel entonces, el acoso no se consideraba nada, y mucho menos un delito, y me habrían considerado una "imbécil". Entonces llegó el segundo punto de inflexión: fecha. El hermano menor de marido, nombre del cuñado, vino de vacaciones a lugar. Nunca había visto el mar. ¡Qué emoción! Estuve nerviosa toda la mañana preparando la cesta de picnic y nuestras cosas, pero todo iría bien porque marido estaría con nosotros. En el último minuto, marido recibió una llamada urgente del trabajo. Estaba de guardia las 24 horas. ¡Dios mío, no podía decepcionar a los niños! Nombre del hijo tenía ahora 6 años, y luego vinieron nombre de la hija y nombre de la hija y, por supuesto, nombre del cuñado por primera vez. Nuestra casa estaba al final de un callejón. Detrás de la farola estaba exmarido. Intenté ignorarlo. La playa estaría concurrida. En cuanto no viera a ningún marido, se acabó. Empezó a seguirnos. Por el muelle, exmarido caminaba detrás de nosotros. No nos pasó, no habló. Cruzamos el puente, todavía detrás de nosotros a unos metros. ¡Pude ver a nombre del cuñado preguntándose por qué ese hombre no nos adelantaba! Pasamos el estanque de los patos y llegamos a la playa. Seguía siguiéndonos. Recuerdo muy bien ese día. Un precioso día de verano. Corazones brillantes y emoción en el aire, pero el mío latía con fuerza, muerto de miedo. Dejé la manta; los niños saltaban de la emoción. ¡Y entonces estaba exmarido! Prácticamente encima de nosotras. A no más de un metro de distancia. Tumbado de lado, apoyado en un codo, de frente, mirándonos fijamente. Sentí náuseas. Me palpitaba la cabeza y el corazón me latía con fuerza en el esternón. Si me meto al mar con los niños, ¿qué hará? No podía dejar nuestras cosas. No sabía qué haría. Tenía miedo de ir, miedo de quedarme, miedo de dejar que los niños se fueran al borde, miedo por todas nosotras. Recogí el picnic y me fui a casa. exmarido me siguió. Me quitaron el asunto de encima al llegar a casa. nombre del cuñado le contó a marido que el hombre nos seguía y que le tenía miedo, y lo describió con todo detalle. marido lo entendió enseguida y entonces le conté lo que había estado pasando todos estos años, ¡desde año para ser exacta! Pensé que se enojaría conmigo por no decírselo, pero simplemente me abrazó fuerte y me dijo que todo iba a estar bien. No es necesario encarcelar a una persona para que le arrebaten la libertad. Aprendí a mirar fijamente. Esposo me enseñó. De pequeña, me enfrentaba a mis hermanos, pero ahora esto era diferente. Sabía que esto me cambiaría la vida. Necesito mirar fijamente a exmarido y eso requería práctica, mucha práctica. Sé que suena absurdo, pero aprender a mantener la mirada fija durante un tiempo considerable no es tarea fácil. Todos los días después de cenar, Esposo y yo nos mirábamos fijamente. Nuestras miradas se clavaban en la otra y sabía que tendría que mantener esa mirada fija durante mucho tiempo para vencer a exmarido. Sentí ganas de rendirme muchas veces. Varias semanas después, en lugar, estaba visitando la tumba de mis padres y, efectivamente, justo al amanecer, allí estaba él. Sabía que esposo no dejaría que me pasara nada y que ahora sabía que exesposo era un cobarde y un abusón. Una vez que se enfrentaban a él, se encogían y se escabullían al agujero del que salieron. Exesposo me miraba fijamente, yo también. Podía ver el odio en sus ojos. La cita volvió a mí. Seguí mirándolo. Se enojó muchísimo, pero su mirada no vaciló, ni la mía tampoco. Recé a todos los santos de la cristiandad. Recé para que mis padres salieran de la tumba y lo rescataran. Recé el Acordaos como si me fuera la vida en ello y canté mentalmente "Sobreviviré". Estaba decidida a tomar las riendas de mi vida. Me ardían los ojos, se me nublaban, se me llenaban de lágrimas. Oh, Dios, que esto termine pronto, recé. Pero él solo me miró fijamente y me miró fijamente durante lo que me pareció una eternidad. Entonces, tan silenciosamente como había entrado en el cementerio, porque no lo oí ni lo vi entrar, se fue. Caí de rodillas sobre la tumba de mis padres y lloré. Dieciséis años habían pasado desde que dejé a exmarido y el acoso terminó, pero no fue hasta 2022, número de años después, que pude caminar sola por la playa. Ahora sé mucho más. En 2020 contacté con un servicio de apoyo. Me dieron las habilidades para lidiar con exmarido y sigo trabajando en esas habilidades. Sé que debería habérselo dicho a marido y debería habérselo dicho a mi familia, pero nunca lo hice. Estaba tan avergonzada, pero ahora puedo hablar de ello. Mis amigos en ubicación volvieron a aparecer de la nada. Pensé que me habían abandonado, pero exmarido les había advertido en términos inequívocos y estaban asustados. fecha es mi día especial. Es el día en que me senté junto a las aguas tranquilas y me sentí orgullosa de mi logro. Puede que nunca deje de mirar por encima del hombro, pero estoy en ello. Quería contar esta historia con la esperanza de que le sea útil a alguien más.

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    Estoy de tu lado, así que siéntete libre de decirme cualquier cosa.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Me encantan los gatos y los caballos.

    ¡Hola! Tengo 18 años y todo esto pasó hace un año y medio, tenía 16. Es una historia muy rara y desquiciada, nunca había oído una similar. Iba a casa al final de la tarde y fui literalmente atacado por un grupo de creo que 3 o 4 personas mayores que yo, todos hombres. No sé qué idioma hablaban. Intenté muchísimo patearlos, gritar y resistirme, pero no había nada que pudiera hacer. No sé cuánto duró, tenía miedo de lo que harían cuando terminaran, si me matarían o me dejarían escapar. Me soltaron cuando terminaron, recogí mis cosas y literalmente corrí a casa sin parar. Estoy tan agradecida de que no hubiera nadie en casa y de que nadie me viera volver a casa. Fue esta sensación de insensibilidad y apatía, cuando no puedes sentir nada, lo que me salvó. Me duché, la última vez en los próximos 9 meses, me vestí y recé para que nadie llegara pronto a casa. No salí mucho los siguientes días, actué con la suficiente normalidad para que mis padres no se dieran cuenta e intenté no pensar en ello. Solo se lo conté a la gente por internet: a un amigo cercano y anónimamente a cientos de personas que leían mi publicación en Reddit. Después de unos meses de llanto constante en mi habitación, intenté suicidarme. Cada vez que decidía que prefería no morirme y vomitaba las pastillas, me enojaba y lo volvía a intentar... Me cortaba, me golpeaba, lloraba y gritaba en un rincón de mi habitación y me golpeaba con algo cuando no había nadie en casa. Me escondí bastante bien; mis padres me decían que había cambiado e intentaban contactarme, mi madre lloraba y me preguntaba qué me pasaba, pero yo, apenas conteniéndolo, le decía que se lo estaba inventando todo y me iba a mi habitación poniendo los ojos en blanco. Sigo cortándome, a veces me golpeo y me tiro del pelo, inconscientemente me arranco la piel alrededor de las uñas hasta que sangra; mis manos tienen un aspecto horrible. Tengo los muslos cubiertos de cicatrices de 30 cm desde la rodilla hasta la cadera y a veces me duele caminar e incluso dormir. No sé cómo sobreviví al verano. En la playa, la gente me miraba la pierna, pero nadie me decía nada. Todavía no se lo he contado a nadie en la vida real; me da muchísima vergüenza, no puedo caminar por la calle con la cabeza en alto, no me imagino contárselo a mis padres ni hablar con un terapeuta. De verdad, ya no quiero estar triste. Este texto está mal escrito y no transmite bien todas las emociones; no pude ver el teclado por culpa del llanto. Pero gracias por leerlo. Saber que alguien sabe que estoy pasando por esto me ayuda. Y que hay otras personas. Muchas gracias.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    ¡La curación puede ocurrir y ocurre!

    A los veintiséis años fui violada por un desconocido. Me llevó muchos años reconocer que lo que me había sucedido era una violación. Aunque, angustiada por lo sucedido, lo bloqueé de mi mente durante varios años antes de acudir a un terapeuta en busca de apoyo. Decidí ir a terapia porque estaba luchando contra una profunda depresión. No asistí a un Centro de Crisis por Violación. Me llevó varios años revelarle a mi terapeuta de entonces que había sido violada. Había enterrado lo ocurrido en lo más profundo de mí y nunca le había revelado a nadie lo que pasó esa noche. La persona que me violó era amiga de unos amigos míos. Estuve fuera el fin de semana y, afortunadamente, nunca lo volví a ver. Si bien mi proceso de sanación ha sido largo, ha sido de gran apoyo y me ha permitido sanar de muchos problemas diferentes de mi infancia y de la violencia sexual. Ya no siento culpa ni vergüenza por lo ocurrido esa noche y animo a cualquier hombre o mujer que haya sufrido violencia sexual a acudir a un terapeuta especializado en violencia sexual y a que un profesional con experiencia le acompañe en su proceso de sanación. No me arrepiento y estoy agradecida con las maravillosas mujeres que me han apoyado para sanar de una experiencia profundamente traumática. La sanación es posible y ocurre. No te rindas, como yo nunca me he rendido. He aprendido que, como muchas sobrevivientes de abuso, soy una mujer muy resiliente. Vivo la vida hoy con los pies en la tierra y, aunque recuerdo lo que me ocurrió en la violación, he sanado emocionalmente del dolor y la pena de esa experiencia traumática.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇯🇵

    Estoy de tu lado, así que siéntete libre de decirme cualquier cosa.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Tienes derecho a sentir lo que sea que estés sintiendo y no fue tu culpa.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de la Comunidad
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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    #1843

    La primera vez que vi a T fue en clase de álgebra. Él estaba en último año y yo en tercero. Era un chico genial y popular, lleno de tatuajes, que coqueteaba con nuestra profesora de álgebra, y ella se lo tragaba todo. No hablé con él. Pensaba que era atractivo, pero su comportamiento odioso, propio de un concurso de popularidad y el centro de atención, me molestaba. Así que mantuve la nariz baja y, a propósito, no le presté atención, ni siquiera una mirada en su dirección. Un día dejó de venir a la escuela. Dejó los estudios para trabajar en una tienda de tatuajes, y no lo volví a ver hasta ese verano. Fui a un concierto con mi primo ese verano después del tercer año. Estábamos afuera tomando un poco de aire porque estaba muy lleno y húmedo allí. Era un concierto de un artista de rap underground, así que era pequeño. Oí que alguien me llamaba: "¡Oye C, hola chica!". Me giré para verlo. Debí de tener cara de confusión porque dijo: "Soy yo, T de matemáticas". Después de unos momentos, le dije: "Sí, ya sé quién eres, ¿qué pasa?". Pasamos el resto del concierto juntos. Me contó que yo era la única persona que nunca le prestaba atención, que pensaba mucho en mí. Supongo que eso me hacía destacar entre todas las chicas que lo perseguían constantemente. Incluso dijo que le daba miedo hablar conmigo, como si fuera el Sr. Popular. Me hacía sentir muy especial. Decía todo lo correcto, como si yo ya fuera el centro de su universo y hubiera estado deseando y esperando tener la oportunidad de volver a verme. Y que si la tenía, no la perdería. Mirando hacia atrás, había empezado su manipulación desde ese primer día. Cayó la bomba de amor y me golpeó fuerte. Estaba enamorada. Durante el verano, estuvimos juntos todos los días. Hizo todo lo que un chico enamorado debe hacer: me trató como a una princesa, me abrió las puertas, conoció a mi madre y le dio la mano a mi padre. Ya consumía drogas por aquel entonces, pero aún era capaz de ocultarlo. Aparte de la hierba, era un gran porrero, pero bueno, esto es California, todo el mundo fuma hierba, no la vemos como una droga. No me importaba. Pero había más cosas sucediendo en secreto. Simplemente aún no lo sabía. Después de este verano de cuento de hadas, volví a la escuela. Era mi último año, la clase de 2009, y estaba muy emocionado. Pero duró poco. Tenía una carpeta blanca con tapa transparente en aquel entonces; era lo que había que hacer, poner dibujos ahí, fotos tuyas con tus amigos, fotos tuyas con tu novio, y llevarla a todas partes para que todos la vieran. Así que, por supuesto, tenía la mía cubierta de fotos del verano de T y yo. En la segunda hora, una chica que conocía miró mi carpeta y dijo: "Oye, ¿ese es T?". Estaba orgullosa, sí, es mi novio, llevamos meses saliendo. Pero no lo dijo con un tono malicioso de "chica que intenta ponerte celosa", sino con un tono preocupado y suave. Dijo: "Oh, lo vi en una fiesta el fin de semana pasado. No se comportaba como alguien con novia. ¿Sabías que consume drogas?". Dije: "Sí, marihuana, lo sé". Ella respondió: "No, peor marihuana no". Se me rompió el corazón. No sabía exactamente qué significaba eso, qué estaba haciendo en la fiesta y con quién, y si no marihuana, ¿entonces qué? Se me ocurrieron todas las cosas hirientes, y no quería saber más, así que no pregunté. Y ella no dijo nada. Más tarde, cuando le pregunté al respecto, me dijo que solo estaban celosos y que solo intentaban interponerse entre nosotros. Y le creí. Nunca mencioné las drogas; algo me decía que no debía. Después de eso, fue constante. Siempre oía que me engañaba o mentía, y no le creía a nadie. Hasta que un día, estaba en clase de informática y recibí un mensaje de un número que no conocía, con la foto de un tatuaje. Pregunté quién era. Me lo dijo, y yo la conocía. Me dijo que fue a hacerse un tatuaje de T, no pagó, tuvo sexo con él en el baño de la tienda de tatuajes y se lo hizo gratis. Sabía que no mentía. Sentí un nudo en el estómago, lágrimas en los ojos. Quería salir corriendo, pero no podía. Estaba atrapada allí, sufriendo. No recuerdo qué me dijo exactamente. Recuerdo la intensidad. Cómo parecía hablar en serio cuando decía que no podía vivir si yo no estaba con él. Soy la única para él y si no puede tenerme, se suicidará. Comete errores y nadie podría amarme como él. Como nadie podría amarlo como yo. No solo me querían, me necesitaban. Así es como me sentía. Al ser abandonada por mi padre biológico, probablemente tuve algún trauma... algún trauma. Quería ser deseada. Y él parecía saberlo de alguna manera. Y usarlo. Así que me quedé con él. Siempre me quedé. Recuerdo la primera vez que me golpeó. Había estado rodeada de abuso de sustancias la mayor parte de mi vida, y de alguna manera todavía no lo veía en él. Todavía estaba en la escuela secundaria, una adolescente, saliendo con un chico que pensaba que era tan genial. Trabajaba en una tienda de tatuajes, cubierto de tatuajes, un artista increíble, todos lo conocían, todas las chicas querían estar con él, pero él no estaba con ellas, estaba conmigo. Se suponía que pasaría la noche en la casa de W... pero estaba en la suya. Estuvo intentando tocar una canción con la guitarra, forcejeando con algunas notas durante más de una hora, y yo me estaba aburriendo. Le dije que me iba a sentar en el sofá a ver una película con su sobrino pequeño para que siguiera practicando. Me dijo que no, lo cual no vi como una exigencia... al menos no todavía. Así que me reí y pensé: «Llevo una hora escuchándolo». Estaba tan obsesionado, haciendo lo mismo una y otra vez, como si estuviera en trance. Mirando hacia atrás, estaba colocado. En ese momento, pensé... bueno, no sé qué pensé, pero no eso. Me giré para irme, y de repente, estaba detrás de mí, me agarró, me dio la vuelta y me dio una bofetada tan fuerte en la cara y la oreja que me ardía la cara y me zumbaba el oído. Apenas lo oí decir algo como: «No te alejes de mí nunca más». Miré a mi alrededor, su sobrino lo había visto todo, lo noté por su expresión, pero no dijo ni una palabra. En retrospectiva, ese fue el principio, la creación de la idea que se me metería en la cabeza durante años: "A nadie le importa, es tu culpa, ¿y esto pasó o estoy loca?". En ese momento estaba locamente enamorada de quien creía que era. Pensaba que la persona que me lastima no era él. Solo necesitaba ayudarlo, él me ama. Morirá sin mí. Todo mejorará... Nunca lo hizo. Esto fue solo el principio. Un día simplemente se desconectó, no respondió a mis llamadas, me bloqueó. Durante días, estuve desesperada. Llamé y llamé y llamé. Hasta que finalmente, no él, sino un amigo, respondió la llamada. Me dijo que T estaba con una chica en City, que ya no me quería y que dejara de llamar. Le pregunté por qué, le pregunté qué hacía, le dije que creía que estábamos bien, no lo entendía. Simplemente se rió y me colgó. Y una vez más, T siempre encontraba la manera de hacerme sentir como si fuera el centro de su universo, hiciera lo que hiciera. Él moriría sin mí, yo lo hago mejor persona, lamenta mucho haberme hecho daño. Solo lo hace porque nunca ha amado a nadie así y le da miedo, y se autodestruye antes de que tenga la oportunidad de hacerle daño porque no podría soportarlo si lo hiciera. No sé por qué esto funcionó conmigo, pero funcionó. Siempre lo creí. Después de que City no funcionara, regresó e hizo precisamente eso, y caí en la trampa. Y volví a aceptarlo. Después de eso, se volvió normal. Él me bloqueaba, yo me ponía histérica, lo buscaba, lo llamaba y conducía histérica, y luego él me desbloqueaba. Llámame, dime cómo fue por algo que hice, porque no tengo la misma libertad que él, porque todavía vivía con mis padres y tenía reglas o lo que sea que él inventara, y que necesitaba dejar de hacer porque le duele más a él que a mí hacer esto porque él nunca ha querido a nadie como me quiere a mí. Y caí en la trampa cada vez. Ahora sé lo que estaba haciendo todas esas veces: drogas duras y engaños o ambas. La siguiente vez que me golpeó, fue en mi casa, y fue entonces cuando el consumo de drogas se volvió imposible de ignorar. Apareció hablando incoherencias, sin sentido. No lo había visto en un par de días, simplemente me había desbloqueado de nuevo. Se desmayó en mi cama. Lo desperté, le dije que no podía dormir aquí, mi padre se enojaría, no podía tener chicos durmiendo en mi habitación. Se levantó, agitando los brazos salvajemente, y me golpeó. Empecé a llorar, le pregunté dónde había estado, le exigí su nombre de usuario para su cuenta de MySpace. ¿Quiénes son todas esas chicas en tu página? ¿Por qué te hablan así? Me la dio, me conecté y había una cantidad incontable de mensajes de chicas con las que estaba coqueteando, chicas con las que me estaba engañando. Tuve que dejar de mirar, me daba asco. Le pregunté por ellas, le pregunté por qué hacía esto. Entonces cogió su teléfono, me lo tiró a la cara y se fue. En ese momento debió darse cuenta de que podía salirse con la suya haciéndome daño y yo no me iría. Así que dejó de esforzarse tanto en que lo perdonara. No tenía por qué hacerlo. Para él, yo nunca iba a ir a ninguna parte. Pero lo hice, rompí con él y esta vez lo decía en serio, por primera vez. Conduje hasta su tienda y lo vi con otra chica. Viéndolo con mis propios ojos, fue imposible ignorarlo. Le dije que había terminado, grité, lloré, "¿Por qué sigues haciéndome esto? ¿Por qué sigues haciéndome daño si no me amas? Déjame ir, joder". Empecé a conducir, él corrió detrás de mi camioneta, saltó a un lado y comenzó a golpearme a través de la ventana hasta que se cayó. Supongo que estaba avergonzado delante de ella. Lo dejé, lo bloqueé esta vez. Y comencé a seguir adelante. Había terminado con T de verdad esta vez, o eso pensé. Lo dejé, lo bloqueé y comencé a seguir adelante. Fue entonces cuando empecé a ver a B oh, B. Aún no era oficial, pero quería que lo fuera. Fuimos juntos al instituto y había estado enamorada de él durante años, viéndolo andar en su moto de calle, todo confianza y sonrisas. Él era simplemente... normal. Todavía iba al instituto, amable, con unos padres cariñosos que realmente aparecían y se preocupaban. En nuestra primera cita, me llevó a dar una vuelta en bici, y cuando fui a su casa después, su padre se burló de mí, llamándome "pata de plomo" por mi forma de ser juguetona, para nada malvada, simplemente cálida y acogedora, como si me estuvieran integrando a su familia. Me hizo reír, sentirme incluida. Era dulce, guapo, de esos que te ven sin juegos de mierda. Por primera vez, sentí esa chispa de algo fácil, como si tal vez pudiera tener una oportunidad real de tener novio y ser feliz sin el caos. Pero T siempre creyó que le pertenecía, como si fuera suya pase lo que pase, incluso si no me quería en ese momento. Se enteró de lo de B y no pudo soportarlo. Me llamó desde otro número, susurrándome un montón de dulces, rogándome que fuera a verlo esa noche. Dijo que no podía comer ni dormir pensando en mí con otra persona. Me suplicó, y cedí, como una idiota. Esa fue la noche en que me quedé embarazada. Fui a hablar. Al principio, fue muy amable y dulce, desconsolado, y me pidió que me quedara. Dije que no, pero me rogó que solo me abrazara, nada más, me prometió. Seguía viendo a B y no quería arruinarlo acostándome con T. Necesitaba tiempo para pensar. Fingió entenderlo, que lo respetaba. La noche se sintió bien, como si ya lo hubiéramos resuelto. Pero una vez que todos se durmieron, sus ojos se pusieron negros. Me obligó a tener sexo con él. Lloré. Dije que no. Lo repetí una y otra vez. Él medía 1,83 metros y yo 1,62 metros; era más grande que yo en todos los sentidos. Ni siquiera podía moverlo. Nada de lo que hice cambió la situación. Me sujetó, me tapó la boca para que nadie me oyera, y le dio igual. "Voy a dejarte embarazada, te guste o no", dijo, "y entonces nadie más te querrá". Y lo hizo. Lo que más me afectó fue B. Después de eso, lo dejé en paz, me daba vergüenza incluso decirle cómo le explico que me obligaron y cómo le explico que estoy embarazada del hijo de mi ex. ¿Qué adolescente querría eso? Nunca le di la oportunidad de saber lo que pasó. Pensé... Es comprensible que ningún chico de esa edad quiera una novia embarazada, sobre todo cuando ni siquiera es suya. No iba a traer esto a su vida. ¿Pero para mí? Devastador. Años enamorada de él, finalmente tener esta oportunidad de amabilidad normal, estabilidad, su linda familia que nos recibió a mí y a T lo arruinó todo en una noche. Me arrebató mi oportunidad. Nunca la tendría ahora, todo se sentía tan arruinado... Me sentía arruinada y mi cuerpo se sentía agotado. ¿Quién me querría así? Simplemente me quedé con T, lo acepté como si esa fuera mi vida, este fuera mi destino. Para cuando me quedé embarazada, era el final de mi último año de secundaria y estaba a punto de cumplir 18, justo después de la graduación. Nunca se lo dije a mis padres. Dijo que una vez que cumpliera 18, tendría un lugar para nosotros y nos mudaríamos. Y eso es exactamente lo que pasó en mi cumpleaños número 18. Pensé que esto podría arreglarlo todo, pensé que mejoraríamos. Estaba tan equivocada bajo su control total ahora. Se volvió mucho más oscuro. Los pantalones vaqueros rotos con agujeros en las rodillas eran populares. Tenía solo 17 años cuando descubrí que estaba embarazada, un secreto que enterré profundamente porque no quería decirles a mis padres, aunque me habrían apoyado sin cuestionarlo. Para cuando todo se desmoronó, tenía 18 años, perdidamente enamorada o lo que parecía amor y llevando esta nueva vida dentro de mí, todo mientras me sentía más aislada que nunca. La casa en la que terminamos pertenecía a alguien que había fallecido, una anciana cuyo nieto había estado viviendo allí y se quedó después de que ella se fuera. Era mucho mayor que nosotros a los 18 años, sus 30 años parecían muy viejos. Este tipo era amigo de la hermana mayor de T, así es como T lo conoció. T lo presentó como una gran oportunidad: "Podemos mudarnos allí", dijo, y así fue como lo hicimos. T hacía tatuajes para ganarse la vida, o lo intentó, lo habían echado de la tienda donde trabajaba, probablemente por la entrada de drogas, aunque nunca supe toda la historia. Así que empezó a hacerlos por su cuenta; le pagaban principalmente con drogas mientras hacía estos tatuajes. Los hacía principalmente en una casa de trapos a la vuelta de la esquina, donde lo único que hacían era consumir y vender drogas. La gente entraba y salía todo el tiempo. A veces los hacía en nuestra casa. En cuanto nos mudamos allí, vi realmente la magnitud de su problema con las drogas. No pagaba el alquiler y el compañero de piso no se lo obligaba. Simplemente me trataba como una mierda por eso, como si hubiera hecho algo malo o de alguna manera fuera mi culpa que T no tuviera dinero. Nadie a su alrededor lo responsabilizara de nada, nunca. Nadie. ¿Yo? Acababa de graduarme del instituto, estaba embarazada y no tenía ni idea del mundo real. Nunca había tenido un trabajo en mi vida y nunca planeé empezar uno, especialmente no de esta manera. Estaba confundida, ¿esperaban que YO tuviera dinero? ¿Conseguira un trabajo? De niña, estaba embarazada y no lo entendía. Pero desde el momento en que nos mudamos, todos me hicieron sentir como una intrusa, criticando cada movimiento... Lavé mal los platos, usé demasiado jabón, no limpié lo suficiente, comí sin querer la comida de otra persona. Estaba navegando por la edad adulta por primera vez, y nadie me dio tregua. Una noche me hizo un tatuaje en nuestra casa, pero duró muchísimo. Finalmente, a las 4 de la mañana, le pregunté si venía a la cama. Este no es un comportamiento normal. Me gritó: «No vuelvas a preguntarme delante de la gente, no me hagas preguntas, no es tu lugar». No durmió esa noche. Lloré hasta quedarme dormida. Algo que hacía todas las noches. Después de eso, todos en la casa dejaron de hablarme, hablaban A MÍ o de mí como si no estuviera en la habitación. "Está loca", "ni siquiera la quiere, está atrapado con ella", y T se reía y asentía. Me trataba como si fuera su propiedad. No tenía opinión, no podía hablar ni tomar decisiones. Era suya, independientemente de si me quería o no, nadie más me tendría excepto él. Nunca me había sentido tan sola en toda mi vida, como si estuviera en un planeta completamente sola. Como si estuviera gritando pero no saliera nada. Era una pesadilla viviente de la que nunca podría despertar. Era invisible. T tenía 19 años, ya estaba sumido en las garras de la metanfetamina, su adicción alimentaba ataques de ira que lo convirtieron en alguien irreconocible y abusivo de maneras que dejaron marcas en más que solo mi piel. Y luego estaba ella, la vecina de unos 40 años que era horrible conmigo. Podía ver su puerta principal y la ventana de la cocina, la habitación de los niños desde mi puerta lateral. Los caminos de entrada se conectaban allí sin barreras, sin muro de privacidad. Era casi como un solo camino gigante, pero solo estaban separados por un espacio en el medio. Intentó jugar un extraño papel maternal con T. No podía distinguir si estaba enamorada de él o si estaba haciendo de "mamá" con su pequeño bebé, que ni siquiera era su hijo porque se drogaban juntos. En cualquier caso. No era un cariño real, era de esos en los que se drogaba junto a su "hijo", excusando cada arrebato violento, cada giro cruel, incluso cuando ocurría delante de ella. A sus ojos, él era un angelito perfecto, puro e intachable. ¿Yo? Yo era la mentirosa, la loca empeñada en destruirlo. Su voz siempre estaba cargada de odio cuando me hablaba, como si cada palabra estuviera impregnada de veneno, un veneno preparado solo para mí, rebosante de falsas acusaciones de que todo era culpa mía. Un día, en el camino de entrada, las cosas se pusieron feas. Yo estaba sobrio, a diferencia de todos los que me rodeaban, con muchísima hambre. Me dolía el estómago, tenía 18 años y estaba embarazada. T había vuelto a robarme la tarjeta de alimentos, escapándose con ella durante horas, a veces días, dejándome sin lo básico. Intentaba evitar que saliera corriendo por la calle a por más drogas, aferrándome a su brazo, suplicándole. Pero me empujó sin pensarlo dos veces, tirándome al suelo como si no sirviera para nada. El pavimento áspero se me clavaba en las rodillas desnudas a través de los malditos agujeros de los vaqueros, con piedritas y tierra clavándose en la piel, y la sangre brotaba en una masa arenosa y punzante mezclada con la mugre. Buscaba algo o a alguien que me ayudara a salir de aquello. Fue entonces cuando los vi allí mismo, a plena vista: sus dos hijos pequeños, con la cara gorda y pecosa, el pelo rojo sucio y sin cepillar. Lo habían visto todo por las ventanas y salían corriendo. No tenían prisa por ayudar, ni siquiera parecían sorprendidos; se reían, con esas risas agudas y crueles que duelen más que la caída. Pequeños pelirrojos sádicos. Eso es lo que pensé entonces. Era demasiado pequeño para darme cuenta de que solo eran niños y que eran producto de su madre. Ella no estaba allí en ese preciso momento, pero podía sentirla allí de todos modos: la facilitadora que me susurraría la culpa al oído, que lo defendería pase lo que pase. Los chicos no se quedaron esperando; salieron corriendo por la puerta principal, todavía riendo y gritando a cualquiera que pudiera oír: "¡Le pegó! ¡Le pegó!". Torciendo la verdad en una mentira descarada antes de que pudiera siquiera levantarme. Cuando me levanté, la vergüenza me golpeó fuerte. Sentí que había hecho algo terriblemente malo. Me avergonzaba que todos pudieran oír a esos niños gritando sus mentiras, sabiendo que las creerían y me odiarían aún más de lo que ya me odiaban. Pensando: ¿por qué había intentado detenerlo? Debería haberlo dejado ir, seguir con hambre y esperar que volviera pronto antes de que yo muriera de hambre. No fue rabia lo que sentí en ese momento, sino una profunda vergüenza, como si todo el mundo me juzgara por estar en ese lío. Me levanté, con la sangre corriéndole por las espinillas, hambrienta, asustada y tan sola. "No, mira", intenté decir, señalando el agujero de mis vaqueros, donde se había cerrado al ponerme de pie, intentando abrirlo para mostrárselo a todo el mundo. "Me empujó". Pero nadie miraba. Les daba igual, no querían ver la verdad. Poco después, la hermana de T se mudó con dos de sus hijos, y el consumo de drogas empeoró. La chica de 30 años a la que le alquilábamos la habitación consumía, ella consumía, T consumía. Todos sus amigos y toda la gente del barrio consumía. Yo era la única que no. Cada vez que me pegaba, decían que era culpa mía. Me tiraban al suelo, y luego me pisoteaban como si no estuviera allí. Invitaba a gente a su casa, y es como si vinieran solo a ser crueles conmigo. Nadie fue amable allí. Dijeron que mentí sobre que me había pegado y que estaba loca. Si lo veían hacerlo, dirían: "Bueno, no deberías haber intentado impedirle trabajar". Y yo intenté explicarle que no iba a trabajar, que hacía tatuajes a cambio de drogas. Me quitó la tarjeta, no tenía comida, no tenía dinero, siempre tenía hambre. No les importaba que no me oyeran, que no me vieran. Pensé que me estaba volviendo loca. Empezaba a pensar que me lo había inventado todo. Tenía amigos que me querían, tenía padres que me querían. No recurrí a ellos, no sé por qué. Pero sí sé que entonces no habría importado, probablemente no me habría ido hasta que me echaran. Mi amiga vino y estaba preocupada por mí, necesitaba verme. Se lo conté todo. Le conté que ese mismo día le había rogado que dejara de drogarse, que no me dejara sola, y me agarró del pelo y me arrastró por la casa boca abajo, y todos lo vieron, nadie lo detuvo. Y estaba embarazada, todos lo sabían, no les importó. Me dijo que tenía que irme. No la escuché en ese momento. Desde que conocí a esas chicas, J y W, las he amado, siempre intentaron protegerme, nunca me abandonaron, hasta el día de hoy. Ese día fue W quien vino; no podía obligarme a irme y lo sabía. Pero estaría ahí pase lo que pasara, y cuando yo estuviera lista, lo estaría. Ambos estaban... Al día siguiente, volvió a la casa de las drogas. Lo seguí, rogándole que por favor no me dejara sola, que por favor dejara de drogarme. Y me ignoró hasta que estuvimos dos casas más allá. Supongo que no quería causar problemas. Me agarró, me tiró al suelo y me dio una patada en la cara. Justo había un tipo trabajando en su tejado, la primera vez en todo este tiempo que alguien intentó ayudar. Le gritó a T que parara y llamó a la policía. La policía apareció... y me negué a presentar cargos. Este agente me conocía, ya había estado allí antes. Una vez, cuando discutíamos en una habitación, T quería que lo dejara en paz, así que agarró el marco metálico de una cama, me lo lanzó y empezó a gritar que se lo había lanzado y que llamara a la policía, así que alguien de la casa lo hizo. Llegaron y él metió el pie debajo y dijo que se lo había lanzado para arrestarme. El agente me llevó aparte y le conté lo sucedido. Me preguntó si tenía adónde ir. Le dije que podía ir a casa de mis padres. Dijo que me creía, pero que no podían demostrarlo y que no presentaría cargos. Me dijo que me fuera a casa y no volviera nunca. Dijo que si volvía, quizá no saldría con vida y que me alejara de T, «no sirve para nada». Me fui a casa esa noche, pero volví. Este es el mismo policía que apareció ese día. De nuevo, no presentaré cargos. Puedo ver la preocupación en la cara del oficial. Tiene miedo por mí. Encuentra un cuchillo ilegal en T y lo lleva a la cárcel. Me dice que me vaya a casa otra vez y no regrese. T iba camino a la cárcel. Camino de regreso a casa, todos ya saben lo que pasó. Empezaron a atacarme en grupo diciendo que si no estaba embarazada me darían una paliza por traer a la policía. Porque todos estaban haciendo actividades ilegales. Y por haber arrestado a T, para empezar. En ese momento tengo miedo. Sé que necesito salir y salir rápido, así que llamé a W, llamé a mi mamá, y llegaron en tiempo récord, recogieron todas mis cosas y me llevaron a casa. Nunca volví a esa casa. Pero ese no fue el final de T y yo. Habían pasado un par de meses desde ese día. Finalmente les dije a mis padres que estaba embarazada. Y me apoyaron muchísimo. Me querían sin importar lo que pasara. No sé por qué tenía tanto miedo de contárselo. Siempre fueron unos padres cariñosos. Tenían sus defectos, no eran perfectos, pero eran buenos padres. W estaba de visita todos los días. J siempre estaba pendiente de mí. Eran mi apoyo, ya no me sentía sola. Creo que nunca les he dicho cuánto me ayudaron, cuánto los quiero por eso. Cómo puedo pasarme la vida intentando devolverles lo que hicieron por mí y ni siquiera podría acercarme. Pero creo que lo saben. Nunca les conté TODO hasta años después, y probablemente todavía no lo he dicho todo. No lo necesitaba, podían ver que estaba rota. Podríamos hablar cuando estuviera lista. Por fin soy feliz, estoy mejorando, estoy sanando. Y estoy a un par de meses de tener a mi bebé. Entonces T vuelve a la vida y lo dejo. Casualmente se muda al barrio de detrás de la casa de mis padres. No recuerdo cómo me contactó. Pero lo hizo. Siempre me encontraba. No le permitían entrar a casa de mis padres. No les había contado mucho de lo que había pasado, pero ellos sabían que algo había pasado. Me llamaba una y otra vez, me rogaba que lo viera. Una y otra vez, y yo cedía. Una noche me lo encontré en una calle entre su casa y la mía. Estaba drogado, no estoy seguro de cuáles eran sus intenciones esa noche, aparte de maldad. Se subió a mi camioneta y empezó a gritarme, a golpearme, a golpear mi camioneta, a romper el plástico del tablero. Diciendo que le pertenezco, que está unido a mí para siempre, que nunca podría deshacerme de él y que nunca podría seguir adelante con mi vida sin él. Entonces, de repente, se abrió la puerta del copiloto y lo sacaron de la camioneta. El hombre con el que vivía debió haberlo visto irse y no sé qué lo impulsó a hacerlo, pero lo siguió. Vio lo que estaba pasando y me salvó esa noche. Me dijo que nunca regresara. Me dijo: "¡Te va a matar, ¿no lo entiendes?". Fue duro, pero creo que intentaba ayudar. Claro que no lo escuché, todavía no. Empecé a reunirme con él en privado, llevándolo a mis citas médicas en secreto. Se mantuvo firme un tiempo, hubo algunas discusiones en el estacionamiento, nada demasiado loco por un tiempo, pero no duró. Iba a hacerle una de esas ecografías 3D y él quería venir. Cuando fui a recogerlo, sabía que estaba drogado. Pero lo llevé de todos modos. En el estacionamiento le pedí que esperara en el auto, no iba a llevarlo allí incoherente, fue vergonzoso. Se volvió loco y comenzó a golpearme en la cara en el estacionamiento y no le importó quién lo viera. Tanta gente lo vio que llamaron a la policía. Intenté mentir, pero me dijeron que había testigos y que lo llevarían a la cárcel. Querían que presentara cargos, pero no lo hice. Salió poco después. Solo lo vi dos veces más después de ese día. Pero él estaba afuera de mi casa todas las noches acosándome. Viéndome ir y venir, viendo quién venía. Esperando a que estuviera sola, pero nunca lo estaba. Si mis padres no estaban allí, W o J sí. La noche que me puse de parto, él vio. Estaba allí observando. Se presentó en el hospital drogado y borracho con un grupo de amigos drogadictos. Fue irrespetuoso con mi familia y amigos en el hospital. Estaba tan aterrorizada. Hice que las enfermeras lo echaran, pero él y su hermana seguían llamando a mi habitación, así que tuvieron que trasladarme a una habitación privada. Entraste por la primera puerta y te encontraste con otra puerta. La segunda puerta conducía a mi habitación. De esa manera nadie podía mirar por una ventana y verme. Tenías que tener una contraseña específica para entrar, y si alguien llamaba, no les daban información sobre si yo estaba allí o no. Tengo más hijos y los amo a todos por igual, pero esa mañana a las 3 am solo estaba ella. Tuve a mi bebé, y en cuanto la miré a los ojos, me impactó como nunca antes. No existía nadie más que ella. En ese instante, por fin supe lo que era el amor verdadero, esa cosa abrumadora y feroz que lo cambió todo. Desde ese día, nada ha sido más importante que ella. Es el amor de mi vida, punto, todo lo que me importa. Me salvó la vida ese día, sacándome de la oscuridad y dándome una razón para luchar por algo bueno. Fue la primera en abrirme los ojos y me dio la fuerza para liberarme. Supe en ese momento que la protegería por todos los medios necesarios. Supe que nunca volvería con él. Se merece amor, paz y protección, y me aseguraría de que los recibiera. Nunca más volví con T después de eso. Aunque era horrible, seguía siendo su padre, así que intentamos visitarlo una vez. Solo quería hablar conmigo. Apareció drogado y habló de sus deseos de formar una familia, y su obsesiva posesividad hacia mí fue tan evidente para mí que, cuando lo rechacé y le dije que nunca volvería a estar con él, empezó a insultarme. Me llamó mala madre y lo obligué a irse. La abrazó durante cinco segundos ese día. Esa fue la última vez que la vio tan cerca. Le dije que si quería estar en su vida, necesitaba ayuda y que necesitaba desintoxicarse, pero nunca lo ha hecho. Me acosó durante muchos años, me buscaba, me enviaba videos, fotos y canciones amenazándome, amenazando a cualquiera con quien saliera. Hasta que se mudó fuera del estado y yo también. Su acoso fue disminuyendo cada vez más hasta que, después de muchos años, cesó. Que yo sepa. Pero el trauma de lo que pasé todavía duele. Todavía lo siento en mi cuerpo. Todavía tengo que trabajar todos los días para reprogramar mi cerebro. Sé que no estaba loca, sé que abusaron de mí. Sé que no fue mi culpa. Y tal vez algún día lo acepte. Hasta el día de hoy no sé por qué me quedé. No recuerdo todo lo que me pasó. No sé por qué recuerdo lo que hago; quizá me dejaron las cicatrices más grandes. O quizá fue tanto que mi cerebro olvidó algunas para salvarse. No creo que fuera puramente malvado. Creo que su popularidad y su búsqueda de atención se debían a algo que no entendió de niño. Compartía detalles sobre el abandono de sus padres, pero siempre actuaba imperturbable, como si nada. Rodeado de gente, el personal de la tienda de tatuajes repartiendo pastillas y un lugar para dormir, pero sin un hogar real, sin dormitorio, simplemente a la deriva. Se hacía el simpático, como si fuera el dueño del mundo, sin admitir nunca sus vacíos, pero yo lo vi a través de él. Quería ser la estabilidad que le faltaba, amarlo de verdad, no la fachada. Él usó eso en mi contra, distorsionando mi empatía para controlarme. No sé dónde terminó él y dónde empezaron los muros que levantó para protegerse. Me niego a ponerle excusas. Su padre los abandonó a él y a su madre unos años después. Su hermana mayor intentó criarlo, pero ella también era drogadicta. Nunca tuvo un hogar de verdad. Nunca tuvo un buen ejemplo a seguir en la vida. Parecía estar constantemente rodeado de gente horrible con malas intenciones desde antes de ser adulto. Quizás nunca tuvo una oportunidad en la vida. Quizás algún día pueda aceptarlo. Nunca lo perdonaré, pero quizás pueda seguir adelante. Estuve muy herida durante mucho tiempo, pero ahora solo me queda una ira intensa. Quiero encontrar a todas estas personas y obligarlas a afrontar lo que me hicieron, lo que permitieron que pasara. Pero eso no es posible, así que seguiré trabajando en ello, y quizás algún día pueda soltarlo. Por completo. Escribir es mi último esfuerzo. Han pasado 16 años y quizás finalmente tener mi historia en forma física pueda sostenerla, leerla, compartirla y saber que fue real. Estuvo mal, no estoy loca por que esto me haya pasado.

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    Tener TU voz es lo más importante que puedes tener como víctima de abuso. Después de sufrir abuso durante varios años en Ubicación, sentí que me lo arrebataban todo. A los 9 años, me habían arrebatado mi dignidad, autoestima, confianza, felicidad y fuerza. Verano tras verano, iba a este lugar oscuro que se suponía sería una experiencia positiva. Mis padres creían que me dejaban en un lugar para ayudarme a crecer en mi relación con el Señor. Lo que no sabían es que Nombre 2 me dijo que si realizaba los actos sexuales que él quería, me prometía que me acercaría más a Dios. Era una persona enferma que constantemente infringía las normas de Ubicación y la ley. Lo peor es que Ubicación tenía la visión y sabía que esto estaba sucediendo, pero no hizo nada. Al salir del campamento y volver a casa, recuerdo sentirme vacía y deprimida. A esta edad, no se tiene la madurez suficiente para comprender lo que ha sucedido y cómo procesarlo. Acudí a centros de defensa infantil para obtener ayuda profesional y me costaba incluso hablar de lo sucedido porque no tenía sentido en mi cabeza y no podía verbalizar los acontecimientos ni el impacto que tuvieron en mí. A medida que avanzaba en la adolescencia, me deprimí más. Todas las noches soñaba que Nombre 2 abusaba de mí y sentía que cada noche que me iba a dormir, iba a ser abusada de nuevo. El miedo, la ira y la depresión que experimenté me pesaban tanto que casi no quería llegar al día siguiente. Después de años en este ciclo, decidí que necesitaba un cambio para poder vivir una vida plena. Empecé a trabajar en mi salud física, espiritual y mental. Lo más importante es tener voz. Tienes que poder compartir tu experiencia para poder recibir la ayuda que necesitas y expresar el dolor que has vivido. Por eso estoy agradecida por la Ley de Trey. Esta elimina la posibilidad de que organizaciones como Ubicación silencien a las víctimas después de hacerles pasar por experiencias horribles. Le devuelve el poder al Superviviente. La Ley de Trey salvará vidas. Permitirá que alguien pueda defenderse. Permitirá que menos criminales/organizaciones se salgan con la suya en el peor delito que alguien puede cometer. Si alguien lee esto y necesita ayuda, ¡siempre estaré encantado de escuchar su voz!

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    en su coche

    ¡Hola! No sé cómo abordar esto, pero sé que debo decirlo. Soy lesbiana y tengo más de 21 años, y sufrí violación y agresión sexual por parte de mi última pareja lesbiana. Disculpen si esto es largo, pero si alguien lo lee, ¡se lo agradezco mucho! Conocí a mi ex en enero pasado y nos escribimos durante un mes antes de nuestra primera cita. La primera fue bien, nada preocupante. La segunda cita, que fue dos o tres días después de la primera, fue donde empezó todo. No me importó que me besara primero, pero me puse nerviosa cuando me dijo que quería pasar al asiento trasero. Empezó a manosearme y a tocarme por encima de la ropa antes de intentar meter la mano en mis vaqueros. La detuve y le dije que aún no me sentía cómoda con eso. Su respuesta fue: "Ah, pero con el tiempo querrás, ¿no?", y a eso le dije: "Sí, pero ahora no". Continuó de todos modos. Ese es el momento que recuerdo y desearía haberme ido. Me quedé. Quizás pasan una o dos citas sin que ella vuelva a hacer nada preocupante antes de que haya otro incidente. Estábamos en su coche fuera de su trabajo para un evento al que elegimos ir. Hay gente en la calle. Ella empieza a besuquearse conmigo, lo cual me da asco porque la gente probablemente pueda vernos y no es apropiado. Esta vez empieza a tocarme a través de mi falda otra vez, y en este punto no recuerdo mucho más allá de que yo dije que estaba asustada y nerviosa, y que no parecía seguro, y ella coaccionándome. Antes de que me dé cuenta, tiene su mano dentro de mi ropa interior y me está violando. No fuimos al evento. Nos fuimos y me dijo que la próxima vez podría buscar un lugar apartado. Nunca lo hizo. Y ahí es donde empezó todo. Durante los siguientes 5 meses me violaba en su coche cada vez que podía. Cada vez que le decía que no estaba cómoda. Usaba ropa interior ajustada, pero ella seguía haciendo todo lo posible por hacerlo. Si no lo hacía, se enojaba y me evadía las cosas. Pero nunca hubo un momento en que no lo intentara. La peor noche fue quizás un mes después de que todo empezara. Otra vez, en su asiento trasero. Fue en un estacionamiento bastante público. Intentó cubrir las ventanas con ropa, pero aún se veía claramente. Me hizo acostarme, quitarme toda la ropa interior y abrirme completamente. Fue muy humillante. Luego procedió a violarme violentamente, tan mal y doloroso que lloré y contuve los gritos porque no quería llamar la atención sobre la situación ni meterme en problemas. Le dije que estaba cómoda y que quería gritar, pero simplemente me echó un paño sobre la cara para que no me concentrara. Después tuve que volver a ponerme la ropa y la arruiné. Sentí dolor durante quizás una semana o un poco más. Ahora desearía haber conseguido pruebas de esa noche, pero no tengo ninguna. En total, creo que sucedió unas 14 veces. Las mismas situaciones de atención en público que odiaba. Durante la relación, estuve cegado hasta cierto punto y no me di cuenta de que contaba como violación hasta después de que rompimos. Al principio, acepté lo sucedido, pero ahora tengo una nueva pareja. Casualmente, mi nueva pareja trabaja con mi ex violador. Desde que me enteré, me siento completamente angustiado y asfixiado por lo que me hizo. No solo eso. Antes de descubrir que trabajaban juntos, se sentaban uno al lado del otro y se estaban haciendo amigos. Así que mi ex le dijo a mi novia actual que soy una persona terrible y que me tiene miedo. Ya no hablan. No sé, simplemente me siento asfixiado por todo esto. También tiene una nueva novia. Ojalá pudiera decirle a su nueva novia que tenga cuidado, pero tengo miedo. En mi comunidad hay mucho estigma en torno a la violación y la homosexualidad. No creo que pueda contar mi historia públicamente de forma segura tanto como quisiera. Ella cambió mi vida por completo. Es como si ya no supiera cómo ser yo mismo y siento que me estoy volviendo loco.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    El título de la historia es: Mira fijamente al acosador

    Mira fijamente al acosador La playa no se parece en nada a la suave arena de ubicación, mi ciudad natal. Es de guijarros, con suaves olas que lamen la orilla. Me siento en la orilla. Las lágrimas resbalan por mis mejillas. Mojan los guijarros y la arena. La libertad es abrumadora. Tantas emociones. Había tejido una manta sobre mi dolor. Es fecha de hoy, pero mi historia comenzó en una fecha pasada. Me casé ese día. El día que exmarido me dijo que le pertenezco. El día que me impuso un toque de queda. Desde ese día fui suya. Nunca olvidaré fecha. Mi toque de queda de las 9 p. m. había pasado. Estaba trabajando hasta tarde. Presa del pánico, huí de la oficina. Mi jefe me persiguió ofreciéndome una vida, evitando así la caminata de 20 minutos. Insistió en parar en la trituradora. No pude decir nada. Verás, nunca le había contado a nadie cómo era mi vida. ¿Cómo iba a poder? ¿Qué pensarían? Solo podía pensar: «¡Dios mío, llévame a casa!». Exmarido estaba allí, furioso. Hamburguesa, patatas fritas, cebolla y salsa roja me impactaron como un ladrillo. Me impactaron en la cara. Humillada y desdichada, sentí cómo la hamburguesa, las patatas fritas, la cebolla y la salsa roja se deslizaban por mi cara llorosa. Fue uno de dos puntos de inflexión. A la mañana siguiente, le conté todo a mi jefe: que si me quedaba, moriría. El alivio. Entre los dos tramamos un plan. No se lo dije a nadie. Dos días después, tomé el tren a City y me apunté a unas agencias. Cuando volví, exmarido estaba en la estación. Estaba furioso. No lo sabía entonces, pero cada mañana me seguía para asegurarse de que había ido a trabajar. Me metió a la fuerza en el coche. La gente me miraba, pero nadie interfería. Pensé que había llegado el fin y que me quedaría tumbada en ese suelo frío y húmedo. De vuelta en casa, estuvo sentado a horcajadas sobre mi pecho toda la noche. Apenas podía respirar. A las 5 de la mañana, se cayó de mí, sumido en un sueño profundo. Me arrastré a gatas, con el corazón latiéndome con fuerza, cerré la puerta de casa y corrí. El coraje se manifiesta de muchas maneras. La canción de Gloria Gaynor: "Sobreviviré". La puse, la canté mentalmente, en voz alta, y me prometí que sobreviviría. La oración "Acordaos". ¿Cómo puedo agradecerle lo suficiente? Sus palabras me ayudaron en mi peor momento. Creí que recibiría ayuda de algún lugar y hoy ocupa un lugar especial en mi corazón. Empecé mi nuevo trabajo en Ciudad. Me mudé a un piso con mi hermana y una amiga. Entonces empezó el acoso. exmarido sabía todos mis movimientos. Cuando volvía a casa los fines de semana, se quedaba esperando fuera de casa de mi madre. Me seguía constantemente. Su figura sombría, a pocos metros de distancia. A mi lado, detrás, delante. Sin decir una palabra, solo mirándome fijamente. Mi paz quedó destruida. Las amenazas hechas en el pasado no se habían olvidado. Esa noche me dijo que me atraparía "no ahora, sino en algún momento del futuro y para siempre, te miraré por encima del hombro, maldita sea". Mi madre murió en año y visitaba su tumba casi todos los sábados, ya que seguía yendo a lugar. Mis hermanos vivían allí. exmarido siempre estaba allí. Escondiéndose detrás o junto a una lápida cercana. Cambiaba mis horarios y mi ruta, pero nunca cambiaba nada. Aparecía y se quedaba mirando. Nunca dijo una palabra. Nunca supe si "hoy sería el día". Sabía que su amenaza era real. exmarido se arrastraba por la calle principal si me veía, mirando por la ventanilla y me seguía hasta llegar a mi destino. Los coches le pitaban para que acelerara, pero él los ignoraba. El único gesto que hacía era con los dedos "vigilándote". Pasaron cinco años. Todos los días sin excepción aparecía en mi trabajo en ubicación Me seguía de vuelta al piso. Me seguía el paso, pero nunca me pasaba. Vomité en las papeleras y las alcantarillas. Me ponía enferma en todo el sentido de la palabra. Estaba hecha un desastre. Nos mudamos, pero siempre me encontraba. Más tarde descubrí que cambió su horario de trabajo a horario flexible para poder hacer el viaje de ida y vuelta de lunes a viernes y que luego, los fines de semana, me acosaba cuando estaba en casa. Un día se cruzó con el siguiente. Me acosaba. Vomité. ¿A quién podía decírselo? ¿Quién me ayudaría? No había nadie. La policía no te creería en ese momento y, de todos modos, no podían hacer nada. ¡O sea, que no me había hecho daño! Mentalmente estaba muerta por dentro. Dejé mi maravilloso trabajo y me mudé a ubicación. Conocí a un hombre maravilloso, marido. Nos casamos en año y en año nació nuestro hijo, nombre del hijo. ¡Pensarías que el acoso pararía! Íbamos a ubicación los fines de semana. Tan hermoso. Me encantaba el mar. Esposo sabía que había estado casada con exmarido pero mi vida con él era demasiado dolorosa para hablarlo con nadie, así que no le conté a esposo sobre el acoso ni nada más y así continuó, pero ahora exmarido tenía un nuevo odio en sus ojos. Mis paseos por la playa se desvanecieron. Exmarido era como un radar. Siempre ahí. Daba mucho miedo. Poco a poco mi vida se desvanecía. Exmarido nunca seguía con esposo venía con nosotros. Exmarido siempre intentaba encontrar una manera de interactuar con nombre del hijo. Una vez en un Rally de Autos Clásicos, solté la mano de hijo por un instante y en segundos exmarido la había tomado e intentaba darle un auto Dinky que le había comprado mar dhea. Cogí a nombre del hijo y me fui. Ir al Tesco era una pesadilla. nombre del hijo estaba en el carrito. Estábamos en la caja y siempre en la siguiente aparecía exmarido. Sin comida y esa mirada. Mirándome fijamente y mirándole fijamente a mi hijo. Por aquel entonces, el acoso no se consideraba nada, y mucho menos un delito, y me habrían considerado una "imbécil". Entonces llegó el segundo punto de inflexión: fecha. El hermano menor de marido, nombre del cuñado, vino de vacaciones a lugar. Nunca había visto el mar. ¡Qué emoción! Estuve nerviosa toda la mañana preparando la cesta de picnic y nuestras cosas, pero todo iría bien porque marido estaría con nosotros. En el último minuto, marido recibió una llamada urgente del trabajo. Estaba de guardia las 24 horas. ¡Dios mío, no podía decepcionar a los niños! Nombre del hijo tenía ahora 6 años, y luego vinieron nombre de la hija y nombre de la hija y, por supuesto, nombre del cuñado por primera vez. Nuestra casa estaba al final de un callejón. Detrás de la farola estaba exmarido. Intenté ignorarlo. La playa estaría concurrida. En cuanto no viera a ningún marido, se acabó. Empezó a seguirnos. Por el muelle, exmarido caminaba detrás de nosotros. No nos pasó, no habló. Cruzamos el puente, todavía detrás de nosotros a unos metros. ¡Pude ver a nombre del cuñado preguntándose por qué ese hombre no nos adelantaba! Pasamos el estanque de los patos y llegamos a la playa. Seguía siguiéndonos. Recuerdo muy bien ese día. Un precioso día de verano. Corazones brillantes y emoción en el aire, pero el mío latía con fuerza, muerto de miedo. Dejé la manta; los niños saltaban de la emoción. ¡Y entonces estaba exmarido! Prácticamente encima de nosotras. A no más de un metro de distancia. Tumbado de lado, apoyado en un codo, de frente, mirándonos fijamente. Sentí náuseas. Me palpitaba la cabeza y el corazón me latía con fuerza en el esternón. Si me meto al mar con los niños, ¿qué hará? No podía dejar nuestras cosas. No sabía qué haría. Tenía miedo de ir, miedo de quedarme, miedo de dejar que los niños se fueran al borde, miedo por todas nosotras. Recogí el picnic y me fui a casa. exmarido me siguió. Me quitaron el asunto de encima al llegar a casa. nombre del cuñado le contó a marido que el hombre nos seguía y que le tenía miedo, y lo describió con todo detalle. marido lo entendió enseguida y entonces le conté lo que había estado pasando todos estos años, ¡desde año para ser exacta! Pensé que se enojaría conmigo por no decírselo, pero simplemente me abrazó fuerte y me dijo que todo iba a estar bien. No es necesario encarcelar a una persona para que le arrebaten la libertad. Aprendí a mirar fijamente. Esposo me enseñó. De pequeña, me enfrentaba a mis hermanos, pero ahora esto era diferente. Sabía que esto me cambiaría la vida. Necesito mirar fijamente a exmarido y eso requería práctica, mucha práctica. Sé que suena absurdo, pero aprender a mantener la mirada fija durante un tiempo considerable no es tarea fácil. Todos los días después de cenar, Esposo y yo nos mirábamos fijamente. Nuestras miradas se clavaban en la otra y sabía que tendría que mantener esa mirada fija durante mucho tiempo para vencer a exmarido. Sentí ganas de rendirme muchas veces. Varias semanas después, en lugar, estaba visitando la tumba de mis padres y, efectivamente, justo al amanecer, allí estaba él. Sabía que esposo no dejaría que me pasara nada y que ahora sabía que exesposo era un cobarde y un abusón. Una vez que se enfrentaban a él, se encogían y se escabullían al agujero del que salieron. Exesposo me miraba fijamente, yo también. Podía ver el odio en sus ojos. La cita volvió a mí. Seguí mirándolo. Se enojó muchísimo, pero su mirada no vaciló, ni la mía tampoco. Recé a todos los santos de la cristiandad. Recé para que mis padres salieran de la tumba y lo rescataran. Recé el Acordaos como si me fuera la vida en ello y canté mentalmente "Sobreviviré". Estaba decidida a tomar las riendas de mi vida. Me ardían los ojos, se me nublaban, se me llenaban de lágrimas. Oh, Dios, que esto termine pronto, recé. Pero él solo me miró fijamente y me miró fijamente durante lo que me pareció una eternidad. Entonces, tan silenciosamente como había entrado en el cementerio, porque no lo oí ni lo vi entrar, se fue. Caí de rodillas sobre la tumba de mis padres y lloré. Dieciséis años habían pasado desde que dejé a exmarido y el acoso terminó, pero no fue hasta 2022, número de años después, que pude caminar sola por la playa. Ahora sé mucho más. En 2020 contacté con un servicio de apoyo. Me dieron las habilidades para lidiar con exmarido y sigo trabajando en esas habilidades. Sé que debería habérselo dicho a marido y debería habérselo dicho a mi familia, pero nunca lo hice. Estaba tan avergonzada, pero ahora puedo hablar de ello. Mis amigos en ubicación volvieron a aparecer de la nada. Pensé que me habían abandonado, pero exmarido les había advertido en términos inequívocos y estaban asustados. fecha es mi día especial. Es el día en que me senté junto a las aguas tranquilas y me sentí orgullosa de mi logro. Puede que nunca deje de mirar por encima del hombro, pero estoy en ello. Quería contar esta historia con la esperanza de que le sea útil a alguien más.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.