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Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇲🇽

Cómo es posible ?

En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
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    ¿Cómo salgo de esta relación?

    Tengo 21 años, soy una mujer que creía haber encontrado al amor de su vida después de anhelar el amor por tantos años de adolescencia, sin embargo todo fue al contrario, si hubiera sabido como sería el estar con esta persona que creía el "hombre de mis sueños" de verdad que desearía estar sola para siempre. Lo conocí a mis 17 años aproximadamente desde ese entonces y el teniendo 18 hemos estado juntos, vamos para 4 años de relación pero necesito en serio consejos sobre como alejarme. Resulta que estudiamos la misma carrera en la misma universidad y aunque yo voy un poco mas adelantada este semestre volveremos a estar cerca, es por esto que no se como hacer para terminar la relación ya que el verlo todos los días va a ser muy difícil. Para dar un poco de contexto del por qué quiero acabar la relación es que llevo sufriendo violencia psicológica desde que iniciamos incluso como amigos, al principio no lo identificaba solo creía que era un hombre un poco diferente, incluso de esos que te venden como el chico malo y realmente juraba que cambiaría con el tiempo pero eso no fue así. Tuve que soportar que el siguiera muchas actrices de la industria para adultos y que le diera likes a esas publicaciones, también pasó que el antes de mi estuvo con muchas prostitutas cosa que me generaba mucha inseguridad. Ante toda esta baja de autoestima que empezó a crear en mi, decidí en autolesionarme y cuando se enteró fue la primera vez que me golpeó aunque en un inicio dijo que fue un accidente pero me hizo suplicarle mientras me pisaba mis manos para que no me dejara. Muchas cosas han pasado que no creo poder contarlas todas pero solo sé que este último año de relación todo empeoro en cuanto a la violencia física, empezó a escupirme, golpearme la cabeza con puños, jalonearme del cabello, abofetearme, dejarme morados en todo el cuerpo que incluso tuve que fingir hace un mes que tuve un accidente donde me chocaron, idea que fue dada por él. He pensado hace unos 3 meses en ya dejarlo y es tanta la ansiedad y el no poderle contar nada a nadie porque me aisló de mis amigos que no se que mas hacer, el día de ayer me estranguló y perdí la conciencia por unos segundos, fue tan doloroso por la idea de pensar que pude haber muerto, mi cuerpo no lo sentía, sentía que me caería y lo único que él hizo fue seguirme golpeando aún cuando pedí que buscara ayuda porque no entendía que pasaba. Todo esto pasó porque le dije que no tenía dinero para poder comprar comida ya que incluso no puedo gastar mi dinero porque todo debo dárselo sino me castiga como dejándome de hablar, manipulándome con que si no lo hago le dirá a mis padres que he incluso sacado dinero de ellos para cosas que no debo pero todo es por él. Ya no lo amo, creo que solo estoy en piloto automático pero tengo mucho miedo y no cuento con personas que puedan acompañarme así que debo soportarlo unos meses hasta que ya no lo tenga que ver pero con lo que pasó ayer me asusta mucho que pueda acabar con mi vida. Por favor si leíste esto dime que puedo hacer, quiero salir de esto antes de que él tome por completo mi vida.

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  • Mensaje de Sanación
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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Nose que pasa con mi vida

    Cuando yo tenía como 5 años por el año 2010 yo tenía una prima de 3 años nose todo empezó con besos y me subía ah ella no recuerdo bien donde ví eso pero mis papás solamente los miraba besarse recuerdo una ocasión que le di un beso a mi prima en la boca ese día Hera una fiesta mis papás y tíos y familiares dijeron despídete y le di el beso después sentí extraño después la besaba más y más paramos en el 2013 después en el 2012 con otra prima con ella fue lo mismo la besaba y nos reímos nunca nadie supo pero con esa prima fue seguido hasta el 2020 también hubo sexo en el 2017 y 2018 fue consensuado yo tenía 13 y ella 10 años después por el 2017 también me besaba con un primo el tenia la misma edad que mi prima Hera casi lo mismo yo tenía como 12 años, después paso con su hermano que el tenia 13 años casi 14 años el medio sexo oral y me besaba también y sexo anal también paso mucho tiempo hasta el 2021 ya alos 16 años y mi primo de 18 años el se metió al baño y me hizo lo mismo el oral y me masturbaba todo el tiempo que llegaba pasar eso me daba incomodidad después salió del baño por qué alguien tocó la puerta nadie Hera quien tocó yo me espante sentí culpa después en el 2021 como por diciembre mi primo de 10 años y yo tenía 16 años todavía mi primo tenía también como 18 años en fin mi primo el más pequeño me dijo subete conmigo y mi hermano yo le dije que no por qué no quería después accedi y después mi primo el mayor de 18 años acercó mi mano a mi pen4 y me quité y me dejó después por el 2023 por agosto decidí hablarlo con mi mamá y se puso a llorar y enojarse mucho. Pero también cuando yo tenía 13 años lo que pasó con mi primo mayor paso con unos vecinos de la misma edad que cuando empezó todo mis amigos tenía 10 años y yo 13 años yo lo hacía y ellos también recibían y yo igual todo normal hasta que llegó ala edad de ahora 21 años y me siento horrible,con mucha ansiedad, miedo, confusión,me siento un monstruo llegué a bajar de peso por dieta pero igual por la culpa y el remordimiento pesaba 78 kg en la preparatoria en 2024 y ahora en 2026 peso 60 kg y cuando ví la serie de dahmer me sienti igual como una persona mala un monstruo, con arrepentimiento y con mucha ansiedad

    Nota comunitaria

    La historia menciona tanto experiencias personales de supervivientes como experiencias de perpetradores. El contenido puede resultar perturbador.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
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    Abuso de mi madre en una piscina: Cuando quien debía cuidarme me dañó

    Nunca pensé que tendría que escribir esto, pero necesito sacar la verdad. Tenía 14 años cuando fui a una fiesta con mi mamá. Ella había estado bebiendo alcohol durante la noche. Más tarde, me metí a la piscina y, unos minutos después, ella entró al agua conmigo. Al principio, solo estábamos nadando. Luego, se acercó y me abrazó; yo le correspondí el abrazo porque era mi madre y no esperaba nada malo. Sin embargo, la situación cambió rápidamente. Empezó a susurrarme al oído cosas sexuales, explicándome "qué les gusta a las mujeres", cómo besarlas y cómo tocarlas. Me dijo que les gustaba que les besaran el cuello y comenzó a hacerlo conmigo mientras seguía susurrando esas instrucciones. Después, comentó que también les gustaba ser tocadas durante esos momentos y empezó a acariciarme los hombros y el pecho. Sentí un nudo en el estómago. Cuando intentó bajar las manos hacia mis zonas íntimas, me paralicé del nerviosismo y el miedo. No supe qué hacer en ese instante, sentí que el mundo se detenía. Afortunadamente, logré reaccionar, me separé de ella y salí de esa situación. Esa noche entendí que el lugar más seguro debería haber sido con mi familia, pero no lo fue. El alcohol fue su excusa, pero la acción fue suya. Desde entonces, he cargado con mucha culpa y confusión, preguntándome por qué mi propio cuerpo reaccionó o por qué no la detuve antes. Pero ahora sé que no fue mi culpa. Yo era un niño y ella era la adulta responsable. Comparto esto en Our Wave para romper el silencio sobre el abuso incestuoso materno, un tema del que casi nadie habla. Si estás leyendo esto y te ha pasado algo similar con un familiar, quiero que sepas que no estás loco/a y no eres un "error". Tu cuerpo respondió como pudo para sobrevivir. Mereces sanar y mereces ser creído/a.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • There is a life out there for you where you deserve to feel safe, cared for, loved, cherished and free. Healing is possible, I believe you and I believe in you.

    Compartido por una persona sobreviviente

    Mensaje n.° 1884

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇱

    Mi primo me tocaba pero no sé cómo considerarlo porque era menor que yo....

    Hace unos años tuve una experiencia desagradable, Tenido un primo un año menor que yo en ese tiempo ambos eramos menores de edad cuando comenzó esto (aclaro yo media 1,60 y el 1,80), realmente muchas cosas pasan por mi cabeza, pero nosotros vamos de vacaciones en familia por lo que cuando paso estábamos en la playa, al grano, todo esto comenzó cuando el me abrazaba por la cintura y ponía su cara en mis pechos, al principio era eso, lo consideraba algo inofensivo pero raro pues ninguno era de contacto físico, con los días fue escalando, me abrazaba por la cintura mucho, se pegaba a mi sobrepasando cualquier límite, se subia sobre mi espalda, casi inmovilizandome y pegaba su cuerpo contra mi hasta el punto que yo sintia su erección, luego comenzó a buscar momentos a solas para presionarse contra mi, se metía a mi cama en las madrugadas y me abrazaba, mantenía una erección contra mi retaguardia y respiraba agitadamente en mi oído por lo que no sabía si dormía o no, pero si yo lo echaba el se negaba a apartarse reclamando un tiempo más, esto escalo hasta que un dia me tocó, me tocaba el trasero amasandolo y ponía su erección contra mi pierna buscando fricción y con otra mano amasaba mi pecho y trataba de meter su mano bajo mi polera, puse límites unas cuantas veces pero al no querer que las cosas fueran incómodas entre nosotros no era firme, no se como catalogar esto pues ambos éramos menores y nose que pensar

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

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    De un sobreviviente
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    Te escucho

    Sigo en medio de una batalla legal de dos años y medio, así que quiero permanecer en el anonimato durante todo este proceso, pero también ayudarme a mí misma y a otras personas, porque todas merecemos ser escuchadas. Te entiendo Te entiendo Durante mucho tiempo, pensé que la violencia doméstica tenía que verse de cierta manera. Pensaba que tenía que haber moretones. Tenía que haber sangre. Tenía que haber cicatrices visibles. Porque eso era lo que nos decían. No te golpeó con un tubo. No fue para tanto. Le estás dando más importancia de la que tuvo. Todo el mundo tiene problemas matrimoniales. Pero ahora sé algo que no sabía entonces. La violencia doméstica no se define por el tamaño del moretón. A veces no hay marcas. A veces hay un patrón: Un patrón de intimidación. Un patrón de miedo. Un patrón de gritos y humillación. Un patrón de amenazas. Un patrón de empujones y forcejeos. Un patrón de destrucción. Un patrón de control. Un patrón de provocar a alguien hasta que finalmente reacciona, y luego usar esa reacción como prueba de que el problema es él. Y a veces, también hay violencia física. Pero la ausencia de una lesión visible no hace que lo sucedido sea menos real. La violencia doméstica puede cambiar por completo el ambiente de un hogar. Aprendes a estar pendiente de la puerta principal. Aprendes a leer las expresiones faciales. Aprendes a distinguir entre un suspiro normal y uno de enojo. Aprendes qué palabras son seguras y cuáles no. Aprendes qué temas evitar. Aprendes a responder. Aprendes cuándo guardar silencio. Aprendes a mantener a los niños tranquilos. Aprendes a mantener la paz. Aprendes a esperar. Siempre esperando a que ocurra lo próximo. Cuando eso se convierte en tu normalidad, no siempre te das cuenta de que estás viviendo en modo de supervivencia. Simplemente crees que estás intentando tener un buen matrimonio. Porque eso es lo que querías. Querías un buen matrimonio. Querías un hogar seguro. Querías hijos felices. Querías una familia unida. Querías que tus hijos crecieran sabiendo lo que es el amor. Querías la familia que creías que Dios te había dado. Y eso es parte de lo que hace que esto sea tan difícil de entender desde fuera. La víctima a menudo no intenta destruir a la familia. Intenta desesperadamente salvarla. Ese deseo de preservar la familia puede mantenerla en modo de supervivencia durante años. También puede dificultar que los demás vean la verdad. Cuando el agresor controla la historia A veces, el agresor lleva años contando la historia antes de que la víctima encuentre el valor para contar la suya. El agresor no necesita encerrarla en una habitación para aislarla. A veces la aísla controlando la narrativa. Dicen a los familiares que es inestable. Dicen a los amigos que es controladora. Dicen a la gente que es difícil. Dicen que los niños son irrespetuosos. Dicen que la esposa está poniendo a los niños en su contra. Dicen: «No sabes lo que tengo que soportar». Les cuentan a todos lo irracional que es. Poco a poco, la gente empieza a ver a la víctima a través de la imagen que el maltratador ha creado. Así que cuando la víctima finalmente habla, la gente no escucha su historia por primera vez. La escuchan después de que alguien más ya haya explicado quién supuestamente es. Eso hace que sea aún más difícil que le crean. Sus lágrimas se convierten en prueba de su inestabilidad. Su ira se convierte en prueba de su control. Las reacciones de sus hijos se convierten en prueba de que los ha puesto en contra de su padre. Sus intentos por proteger a los niños se convierten en prueba de que los está alejando de él. Su frustración se convierte en prueba de que es difícil. Y el maltratador puede quedarse de brazos cruzados y decir: “¿Ves?” “¿Ves cómo son?” “¿Ves lo loca que está?” “¿Ves lo irrespetuosos que son los niños?” “¿Ves con lo que tengo que lidiar?” Pero lo que la gente no siempre ve es lo que sucedió antes de ese momento. No ven los empujones y más empujones. No ven la intimidación. No ven las horas de gritos. No ven las amenazas. No ven la humillación. No ven la destrucción. No ven los insultos. No ven el control financiero ni la manipulación. No ven el miedo. No ven la manipulación psicológica. No ven los años de vivir con miedo constante. Observan la reacción. Y a veces, la reacción de la víctima es lo único que recuerdan. Pero una reacción no es el comienzo de la historia. Y no es toda la historia. La persona que todos creen conocer Hay otra razón por la que esto puede ser tan difícil de entender. El agresor puede ser encantador. Puede ser el tipo del que todos dicen que te daría hasta la camisa. Puede ser bromista. Divertido. Generoso. Servicial. Cariñoso con su familia. A veces, realmente puede ser esa persona, incluso cuando no hay nadie más alrededor. Y ahí es donde la víctima encuentra esperanza de nuevo. Porque ella también recuerda a esa persona. Ve los buenos momentos. Recuerda las risas. Recuerda la ternura. Ve la versión de él que esperaba que fuera la verdadera. Así que se dice a sí misma que tal vez ese sea él en realidad. Tal vez las cosas sigan bien. Quizás esta vez sea diferente. Quizás si mejora, se comunica mejor, es mejor madre, cuida mejor la casa, dice lo correcto o deja de molestarlo, su lado bueno se mantendrá. Esa esperanza puede mantener a una mujer en la lucha mucho después de haber sido lastimada. Y cuando los demás solo ven su lado encantador, les cuesta creer lo que sucede a puerta cerrada. Pero a veces la manipulación se manifiesta de una manera aún más difícil de reconocer. Cuando viajábamos juntos, solo nosotros dos, a veces aprovechaba ese tiempo para convencerme de que nuestros problemas no eran realmente entre nosotros. Decía cosas como: “¿Ves qué bien nos llevamos cuando tu hijo no está?” “¿Ves? El problema son ellos.” O hablaba de alguna de mis amigas. “¿Ves qué bien nos llevamos cuando no sales con esa persona?” Estas eran las amigas que lo intimidaban. Los que me decían la verdad. Los que no engañaba. Y como estaba con él, lejos de mi hijo, lejos de esos amigos, y las cosas podían parecer bien, le creía. Pensaba: «Tal vez tenga razón. Tal vez mi hijo sea realmente el problema. Tal vez ese amigo me esté influenciando. Tal vez estemos mejor cuando no están». Eso es lo que puede hacer la manipulación. Puede hacerte dudar de las mismas personas que intentan ayudarte a ver lo que aún no ves. Y por eso esos viajes podían ser tan confusos. Porque por un momento, las cosas podían parecer bien. Y luego volvía a casa y mis hijos me contaban lo que había pasado mientras yo no estaba. Durante años, no supe cómo conciliar esas dos realidades. La realidad que vivía cuando estaba sola con él y la realidad que mis hijos vivían cuando yo no estaba. Finalmente, tuve que comprender que ambas experiencias fueron reales. Porque el encanto no borra un patrón. El humor no borra el miedo. La generosidad no borra la intimidación. Los momentos tiernos no borran la violencia. Y la persona que hace reír a todos puede ser aquella cuya familia teme lo que sucederá al cerrar la puerta. La realidad dentro del hogar puede ser muy diferente de la imagen que ven los demás. Porque mi hijo nunca debió haberse escondido en el patio trasero. Nunca debió haberse escondido por miedo a lo que sucedería cuando su padre lo persiguiera con una cuchara de madera grande. Nunca debió haber habido agujeros en las paredes. Nunca debió haber recibido un puñetazo en la cara mientras me gritaban e insultaban. Nunca debieron haberme impedido usar el teléfono cuando intentaba pedir ayuda. Nunca debieron haber maltratado físicamente a mis hijos. Nunca debieron haber tirado ni roto objetos. Nunca debieron existir esas marcas. Nunca debieron existir esas conversaciones a puerta cerrada donde me menospreciaban, me decían lo mala madre que era y me daban instrucciones sobre cómo debía corregir a mis hijos, qué estaba haciendo mal y qué debía esperar de ellos. Pero esas cosas sucedieron. Y a veces la manipulación parecía algo completamente distinto. Me decía lo que debía hacer como madre. Me decía cómo debía corregir a los niños. Me convencía de que él sabía más. Y yo le tenía miedo. Así que le hice caso. Salí e hice lo que me dijo mientras él se sentaba allí haciéndose el héroe. Y me convertí en la mala de la película para mis propios hijos. Llevé a cabo la corrección porque tenía miedo de no hacerlo. Creí que tal vez tenía razón. Que tal vez necesitaba mantenerlo contento. Que tal vez él sabía más. Quizás si simplemente hacía lo que él decía, la ira cesaría. Esa es una de las cosas más dolorosas que una madre puede recordar. Porque puede ver lo que vieron sus hijos. Vieron a mamá corrigiendo. No necesariamente vieron el miedo que había detrás. No sabían lo que había pasado tras la puerta cerrada. No sabían que mamá a veces tomaba decisiones por instinto de supervivencia. Y así es como el abuso puede destrozar a toda una familia. La persona que causa el miedo a veces puede parecer el héroe. Y la persona que intenta controlar ese miedo puede terminar pareciendo el problema. Cuando el velo comienza a levantarse Pero a veces, algo empieza a cambiar. Llega un punto en que dejas de hacer lo que te dice. No porque de repente te vuelvas intrépida. No porque lo tengas todo resuelto. Sino porque algo dentro de ti empieza a ver lo que antes no podías ver. El velo empieza a caer. Empiezas a cuestionar las cosas que has aceptado durante años. Empiezas a escuchar a tus hijos de otra manera. Empiezas a escucharte a ti misma de otra manera. Durante años, mis hijos me llamaban al trabajo y me decían que algo andaba mal. Y yo les decía: “Solo respeten a su padre”. “¿Qué están haciendo mal?”. Les decía lo mismo que me habían dicho a mí. Repetía las mismas palabras que me habían hecho dudar de mí misma. Y a veces, mientras uno de mis hijos me contaba lo que pasaba, me llamaba por otro lado diciéndome lo irrespetuosos que eran. “No les creas”. “Son irrespetuosos”. “No sabes lo que hacen”. Y durante años, le creí. Pero mis hijos seguían intentando decírmelo. Una y otra vez. “Mamá, él es diferente cuando no estás”. “Por favor, no nos dejes solos con él.” “No sabes cómo es.” “Te tiene engañada.” Esas palabras son difíciles de escuchar para una madre. Sobre todo cuando has pasado años creyendo en la persona en la que se suponía que debías confiar. Y yo había pasado años escuchando otra versión de la misma historia. Cuando estábamos fuera juntos, me decía: “¿Ves qué bien estamos cuando tu hijo no está?” “¿Ves qué bien estamos cuando no le haces caso a ese amigo?” Quería que creyera que la gente que me rodeaba era la razón de nuestros problemas. Y como las cosas podían ir bien cuando estaba a solas con él, me lo creí. Pensé que tal vez mi hijo era realmente el problema. Tal vez ese amigo era realmente el problema. Tal vez estaba escuchando a gente que empeoraba las cosas. Pero esas eran precisamente las personas que me decían la verdad. Las personas que lo intimidaban. A la gente a la que no podía engañar. Y con el tiempo, empecé a darme cuenta. Con el tiempo, empecé a creerles a mis hijos. Y entonces sucedió algo aún más importante. Empecé a creer en mi propia realidad. Dejé de justificarlo todo automáticamente. Dejé de preguntar automáticamente qué habían hecho para provocarlo. Dejé de asumir automáticamente que él tenía que tener razón. Y cuando dejé de interpretar el papel que me había impuesto, algo cambió. El control que había ejercido durante años empezó a desvanecerse. Y la ira se intensificó. La manipulación se intensificó. La presión se intensificó. Era como si perder el control sobre mí fuera diferente a simplemente estar enfadado conmigo. Porque durante años, había estado respondiendo como él quería que respondiera. Creía lo que me decía. Corregía a mis hijos como él me decía. Me cuestionaba a mí misma en lugar de cuestionar su comportamiento. Intentaba mantenerlo contento porque temía lo que pasaría si no lo hacía. Entonces empecé a reaccionar. Empecé a creer a mis hijos. Empecé a confiar en lo que veía. Y la persona que había controlado la situación durante tanto tiempo ya no tenía el mismo control. Lo que antes había entendido como simple enfado empezó a verse diferente. Pude ver el patrón. Y a veces es entonces cuando el comportamiento se vuelve aún más aterrador, no necesariamente porque haya empezado algo nuevo, sino porque el control que había existido durante años ya no funciona igual. Mis hijos llevaban años intentando decírmelo. Me habían llamado. Me habían suplicado. Me habían rogado que no los dejara solos en casa con él. Me decían que la persona que yo conocía no era la única que ellos conocían. Y al final, los escuché. Al final, les creí. Al final, me creí a mí misma. Y entonces empecé a darme cuenta de que lo que me había pasado no era algo que existiera solo en mi imaginación o en mi matrimonio. Los mismos patrones se repetían en las experiencias de mis hijos. El mismo miedo. La misma manipulación. La misma necesidad de controlar su ira. La misma sensación de que algo andaba mal, seguida de la presión por creer que ellos eran el problema. Fue entonces cuando la realidad se volvió más difícil de negar. Porque mis hijos habían estado intentando decirme lo que aún no podía ver. Y a veces, las personas más cercanas a la verdad son aquellas en quienes nos han enseñado a no creer. El punto de quiebre no es toda la historia. A veces, cuando finalmente llegan las personas a la puerta, la víctima no está tranquila. Llora. Está enojada. Tiembla. Se pone a la defensiva. Está agotada. Está harta. Porque la han llevado más allá de sus límites. El agresor puede estar allí completamente tranquilo, aparentando ser la persona razonable. Entonces llega: “¿Ves?” De repente, el punto de quiebre de la víctima se convierte en la prueba en su contra. Pero pregúntate qué sucedió antes del punto de quiebre. Pregúntate cuál era el patrón. Pregúntate qué pasaba cuando alguien decía que no. Pregúntate qué pasaba cuando los niños no obedecían. Pregúntate por qué los niños tenían miedo. Pregúntate por qué todos en la casa aprendieron a mantener la paz. Pregúntate por qué la víctima siempre intentaba evitar la siguiente explosión y ser la esposa y madre que el agresor le exigía. No juzgues toda la historia por el momento en que la víctima finalmente no pudo más. A veces, la persona que parece menos serena cuando llegan todos es la que ha estado manteniendo todo en orden durante años. Por eso, el patrón importa más que un solo momento. El costo oculto de la maternidad Hay otra faceta del abuso que las madres cargan casi en silencio: el dolor por la maternidad que soñaron pero que nunca llegaron a experimentar plenamente. Antes de que tus hijos nacieran, imaginabas sus manitas, sus risas, protegerlos, criarlos y brindarles un hogar seguro y lleno de amor. No soñabas con sobrevivir a la maternidad. Soñabas con ser mamá. Pero cuando vives con abuso, la maternidad puede convertirse en otra forma de supervivencia. Observas sus estados de ánimo, mides tus palabras, proteges a tus hijos, intentas mantener la paz y te preguntas qué pasará cuando regrese a casa. No solo estás criando hijos. Intentas criarlos mientras lidias con la ira de otra persona. Y eso puede dejar a una madre mirando hacia atrás con una culpa tremenda. Puedes pensar en los momentos que desearías haber manejado de otra manera. Puedes lamentar la infancia que querías que tus hijos tuvieran. Quizás te preguntes si te veían como la mala porque no podían ver lo que llevabas dentro. Pero antes de condenarte, pregúntate: “¿Qué estaba sobreviviendo?” Puedes reconocer los momentos que desearías que hubieran sido diferentes sin asumir la responsabilidad del abuso. Puedes llorar lo que te robaron sin creer que les fallaste a tus hijos. Porque tu corazón estuvo ahí desde el principio. Querías ser su madre. Querías protegerlos. Querías que estuvieran a salvo. Tu intención nunca fue destruir a tu familia. Tu intención era tener una. Mereces ser escuchada. Si has vivido algo similar, quiero que escuches lo que yo desearía haber escuchado antes. Te escucho. Escucho a la mujer que no tiene una cronología perfecta. Escucho a la mujer que no puede recordar cada incidente. Escucho a la mujer que se quedó. Escucho a la mujer que lo defendió. Escucho a la mujer que ponía excusas. Escucho a la mujer que se preguntaba si ella era el problema. Escucho a la mujer cuyos amigos y familiares tal vez creyeron la versión de otra persona sobre ella. Escucho a la mujer que finalmente reaccionó tras ser llevada al límite. Escucho a la mujer que empezó a cuestionar lo que le habían dicho. Escucho a la mujer que empezó a creer a sus hijos. Escucho a la mujer que finalmente empezó a creerse a sí misma. Escucho a la madre que siente que le robaron años. Escucho a la madre que mira hacia atrás y desearía haber podido darles a sus hijos algo diferente. Escucho a la mujer que se avergüenza de haberse quedado. Escucho a la mujer que se avergüenza de haber reaccionado. Escucho a la mujer que se pregunta si alguien le creerá ahora. Te escucho. No necesitas una historia perfecta. No necesitas recordar cada fecha. No necesitas fotografías de cada incidente. No necesitas una cicatriz visible. No tienes que haber llamado a la policía la primera vez. No tienes que haberte marchado la primera vez. No tienes que demostrar que alguien más lo pasó peor antes de que se te permita reconocer lo que te sucedió. No tienes que minimizar tu dolor porque alguien más no lo entiende. No tienes que aceptar la identidad que alguien más creó para ti. Y no tienes que creer que, por haber tenido reacciones imperfectas, el abuso no fue real. Tu reacción no borra el patrón. Tu ira no borra el miedo. Tus errores no justifican las decisiones de otra persona. La historia que alguien contó sobre ti no se convierte automáticamente en la verdad sobre ti. A veces, la comprensión llega lentamente. A veces, solo puedes ver el patrón cuando finalmente te has alejado lo suficiente de él. A veces hay que mirar hacia atrás y reconocer que lo que llamabas "problemas matrimoniales" era en realidad un patrón de miedo, control, intimidación y abuso. A veces, lo más difícil no es admitir que alguien te hizo daño. Es darse cuenta de cuánto tiempo te enseñaron a dudar de ti misma. Dónde estamos ahora Y luego está la parte que nadie te cuenta sobre lo que viene después. La sanación es lenta. A veces son dos pasos adelante y uno atrás. A veces es un paso adelante y dos atrás. Hay días en que la duda regresa. El miedo. La confusión. El instinto de cuestionarte. Porque cuando el abusador finalmente se va de casa, es fácil volver instintivamente a lo que conocías desde hace años. Puedes escuchar su voz en tus propios pensamientos. ¿De verdad pasó eso? De verdad pasó. ¿De verdad fue tan malo? Quizás lo malinterpreté. Quizás yo era el problema. Y cuando eso sucede, das el siguiente paso hacia la verdad. Te dices a ti mismo lo que sabes. Sí. Sucedió. Los golpes sucedieron. Los empujones sucedieron. Los insultos sucedieron. Los gritos en mi cara sucedieron. Las llamadas que recibí mientras estaba en el trabajo sucedieron. Las amenazas de violencia sucedieron. La violencia real sucedió. Los objetos rotos sucedieron. La intimidación sucedió. El control financiero sucedió. Las mentiras y el ocultamiento de dinero sucedieron. El miedo era real. El patrón era real. Todo era cierto. Y puede que tengas que decírtelo más de una vez. No porque seas débil. Sino porque pasaste años aprendiendo a cuestionar tu propia realidad. Así que sanar puede no significar no volver a dudar jamás. A veces, sanar significa reconocer la duda y responderla con la verdad. Sé lo que pasó. Sé lo que viví. Sé lo que experimentaron mis hijos. No tengo que reescribir la verdad para que la versión de otra persona sea más cómoda. La historia aún puede ser contada de forma diferente por quien causó el daño. La historia aún puede ser manipulada. Otras personas aún pueden creer una versión diferente. Pero su versión no cambia lo que pasó. No tienes que pasar el resto de tu vida discutiendo con cada versión de la historia. A veces, simplemente te aferras a la verdad que conoces. Y luego das el siguiente paso. Luego otro. Y otro más. La sanación está ocurriendo. La redención está ocurriendo. La restauración está ocurriendo. Poco a poco. Dios está restaurando lo que fue arrebatado. No todo a la vez. No en el plazo que imaginaste. Pero poco a poco, Él te está enseñando que tu vida es más que lo que te sucedió. Los años no se pueden reescribir. Lo que pasó no se puede deshacer. Pero lo que te robaron no tiene por qué ser el final de tu historia. Puede haber verdad después de la confusión. Puede haber paz después del miedo. Puede haber identidad después de años de que te dijeran quién eras. Puede haber maternidad después de sobrevivir. Puede haber vida después del abuso. Y puede haber redención. Puede haber restauración. Así que si te encuentras en algún punto de esta historia ahora mismo —aún cuestionando, aún con miedo, aún tratando de comprender, aún de luto, o apenas comenzando a ver que se levanta el velo— quiero que sepas: No tienes que resolverlo todo hoy. Da el siguiente paso hacia la verdad. Cuando llegue la duda, dite a ti misma lo que sabes. Sucedió. Fue real. El patrón era real. Y tienes derecho a sanar de algo que realmente sucedió. Tienes derecho a llorar lo que perdiste. Tienes derecho a creer en tus hijos. Tienes derecho a creer en ti misma. Tienes derecho a reconstruir. Tienes derecho a ser más que la mujer que sobrevivió. Sigues aquí. Y poco a poco, Dios está restaurando lo que te fue arrebatado. Te escucho. Tu historia es real. Y tú importas, no porque alguien más finalmente te crea, sino porque siempre fuiste digna de ser escuchada.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

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  • Healing is a very important step to finding your own feet and another step into finding who you really are.

    Compartido por una persona sobreviviente

    Mensaje n.° 1838

    Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    No sé qué hacer, cualquier consejo es bienvenido.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    ¿Cómo salgo de esta relación?

    Tengo 21 años, soy una mujer que creía haber encontrado al amor de su vida después de anhelar el amor por tantos años de adolescencia, sin embargo todo fue al contrario, si hubiera sabido como sería el estar con esta persona que creía el "hombre de mis sueños" de verdad que desearía estar sola para siempre. Lo conocí a mis 17 años aproximadamente desde ese entonces y el teniendo 18 hemos estado juntos, vamos para 4 años de relación pero necesito en serio consejos sobre como alejarme. Resulta que estudiamos la misma carrera en la misma universidad y aunque yo voy un poco mas adelantada este semestre volveremos a estar cerca, es por esto que no se como hacer para terminar la relación ya que el verlo todos los días va a ser muy difícil. Para dar un poco de contexto del por qué quiero acabar la relación es que llevo sufriendo violencia psicológica desde que iniciamos incluso como amigos, al principio no lo identificaba solo creía que era un hombre un poco diferente, incluso de esos que te venden como el chico malo y realmente juraba que cambiaría con el tiempo pero eso no fue así. Tuve que soportar que el siguiera muchas actrices de la industria para adultos y que le diera likes a esas publicaciones, también pasó que el antes de mi estuvo con muchas prostitutas cosa que me generaba mucha inseguridad. Ante toda esta baja de autoestima que empezó a crear en mi, decidí en autolesionarme y cuando se enteró fue la primera vez que me golpeó aunque en un inicio dijo que fue un accidente pero me hizo suplicarle mientras me pisaba mis manos para que no me dejara. Muchas cosas han pasado que no creo poder contarlas todas pero solo sé que este último año de relación todo empeoro en cuanto a la violencia física, empezó a escupirme, golpearme la cabeza con puños, jalonearme del cabello, abofetearme, dejarme morados en todo el cuerpo que incluso tuve que fingir hace un mes que tuve un accidente donde me chocaron, idea que fue dada por él. He pensado hace unos 3 meses en ya dejarlo y es tanta la ansiedad y el no poderle contar nada a nadie porque me aisló de mis amigos que no se que mas hacer, el día de ayer me estranguló y perdí la conciencia por unos segundos, fue tan doloroso por la idea de pensar que pude haber muerto, mi cuerpo no lo sentía, sentía que me caería y lo único que él hizo fue seguirme golpeando aún cuando pedí que buscara ayuda porque no entendía que pasaba. Todo esto pasó porque le dije que no tenía dinero para poder comprar comida ya que incluso no puedo gastar mi dinero porque todo debo dárselo sino me castiga como dejándome de hablar, manipulándome con que si no lo hago le dirá a mis padres que he incluso sacado dinero de ellos para cosas que no debo pero todo es por él. Ya no lo amo, creo que solo estoy en piloto automático pero tengo mucho miedo y no cuento con personas que puedan acompañarme así que debo soportarlo unos meses hasta que ya no lo tenga que ver pero con lo que pasó ayer me asusta mucho que pueda acabar con mi vida. Por favor si leíste esto dime que puedo hacer, quiero salir de esto antes de que él tome por completo mi vida.

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Abuso de mi madre en una piscina: Cuando quien debía cuidarme me dañó

    Nunca pensé que tendría que escribir esto, pero necesito sacar la verdad. Tenía 14 años cuando fui a una fiesta con mi mamá. Ella había estado bebiendo alcohol durante la noche. Más tarde, me metí a la piscina y, unos minutos después, ella entró al agua conmigo. Al principio, solo estábamos nadando. Luego, se acercó y me abrazó; yo le correspondí el abrazo porque era mi madre y no esperaba nada malo. Sin embargo, la situación cambió rápidamente. Empezó a susurrarme al oído cosas sexuales, explicándome "qué les gusta a las mujeres", cómo besarlas y cómo tocarlas. Me dijo que les gustaba que les besaran el cuello y comenzó a hacerlo conmigo mientras seguía susurrando esas instrucciones. Después, comentó que también les gustaba ser tocadas durante esos momentos y empezó a acariciarme los hombros y el pecho. Sentí un nudo en el estómago. Cuando intentó bajar las manos hacia mis zonas íntimas, me paralicé del nerviosismo y el miedo. No supe qué hacer en ese instante, sentí que el mundo se detenía. Afortunadamente, logré reaccionar, me separé de ella y salí de esa situación. Esa noche entendí que el lugar más seguro debería haber sido con mi familia, pero no lo fue. El alcohol fue su excusa, pero la acción fue suya. Desde entonces, he cargado con mucha culpa y confusión, preguntándome por qué mi propio cuerpo reaccionó o por qué no la detuve antes. Pero ahora sé que no fue mi culpa. Yo era un niño y ella era la adulta responsable. Comparto esto en Our Wave para romper el silencio sobre el abuso incestuoso materno, un tema del que casi nadie habla. Si estás leyendo esto y te ha pasado algo similar con un familiar, quiero que sepas que no estás loco/a y no eres un "error". Tu cuerpo respondió como pudo para sobrevivir. Mereces sanar y mereces ser creído/a.

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    Sanar es entender

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    Te escucho

    Sigo en medio de una batalla legal de dos años y medio, así que quiero permanecer en el anonimato durante todo este proceso, pero también ayudarme a mí misma y a otras personas, porque todas merecemos ser escuchadas. Te entiendo Te entiendo Durante mucho tiempo, pensé que la violencia doméstica tenía que verse de cierta manera. Pensaba que tenía que haber moretones. Tenía que haber sangre. Tenía que haber cicatrices visibles. Porque eso era lo que nos decían. No te golpeó con un tubo. No fue para tanto. Le estás dando más importancia de la que tuvo. Todo el mundo tiene problemas matrimoniales. Pero ahora sé algo que no sabía entonces. La violencia doméstica no se define por el tamaño del moretón. A veces no hay marcas. A veces hay un patrón: Un patrón de intimidación. Un patrón de miedo. Un patrón de gritos y humillación. Un patrón de amenazas. Un patrón de empujones y forcejeos. Un patrón de destrucción. Un patrón de control. Un patrón de provocar a alguien hasta que finalmente reacciona, y luego usar esa reacción como prueba de que el problema es él. Y a veces, también hay violencia física. Pero la ausencia de una lesión visible no hace que lo sucedido sea menos real. La violencia doméstica puede cambiar por completo el ambiente de un hogar. Aprendes a estar pendiente de la puerta principal. Aprendes a leer las expresiones faciales. Aprendes a distinguir entre un suspiro normal y uno de enojo. Aprendes qué palabras son seguras y cuáles no. Aprendes qué temas evitar. Aprendes a responder. Aprendes cuándo guardar silencio. Aprendes a mantener a los niños tranquilos. Aprendes a mantener la paz. Aprendes a esperar. Siempre esperando a que ocurra lo próximo. Cuando eso se convierte en tu normalidad, no siempre te das cuenta de que estás viviendo en modo de supervivencia. Simplemente crees que estás intentando tener un buen matrimonio. Porque eso es lo que querías. Querías un buen matrimonio. Querías un hogar seguro. Querías hijos felices. Querías una familia unida. Querías que tus hijos crecieran sabiendo lo que es el amor. Querías la familia que creías que Dios te había dado. Y eso es parte de lo que hace que esto sea tan difícil de entender desde fuera. La víctima a menudo no intenta destruir a la familia. Intenta desesperadamente salvarla. Ese deseo de preservar la familia puede mantenerla en modo de supervivencia durante años. También puede dificultar que los demás vean la verdad. Cuando el agresor controla la historia A veces, el agresor lleva años contando la historia antes de que la víctima encuentre el valor para contar la suya. El agresor no necesita encerrarla en una habitación para aislarla. A veces la aísla controlando la narrativa. Dicen a los familiares que es inestable. Dicen a los amigos que es controladora. Dicen a la gente que es difícil. Dicen que los niños son irrespetuosos. Dicen que la esposa está poniendo a los niños en su contra. Dicen: «No sabes lo que tengo que soportar». Les cuentan a todos lo irracional que es. Poco a poco, la gente empieza a ver a la víctima a través de la imagen que el maltratador ha creado. Así que cuando la víctima finalmente habla, la gente no escucha su historia por primera vez. La escuchan después de que alguien más ya haya explicado quién supuestamente es. Eso hace que sea aún más difícil que le crean. Sus lágrimas se convierten en prueba de su inestabilidad. Su ira se convierte en prueba de su control. Las reacciones de sus hijos se convierten en prueba de que los ha puesto en contra de su padre. Sus intentos por proteger a los niños se convierten en prueba de que los está alejando de él. Su frustración se convierte en prueba de que es difícil. Y el maltratador puede quedarse de brazos cruzados y decir: “¿Ves?” “¿Ves cómo son?” “¿Ves lo loca que está?” “¿Ves lo irrespetuosos que son los niños?” “¿Ves con lo que tengo que lidiar?” Pero lo que la gente no siempre ve es lo que sucedió antes de ese momento. No ven los empujones y más empujones. No ven la intimidación. No ven las horas de gritos. No ven las amenazas. No ven la humillación. No ven la destrucción. No ven los insultos. No ven el control financiero ni la manipulación. No ven el miedo. No ven la manipulación psicológica. No ven los años de vivir con miedo constante. Observan la reacción. Y a veces, la reacción de la víctima es lo único que recuerdan. Pero una reacción no es el comienzo de la historia. Y no es toda la historia. La persona que todos creen conocer Hay otra razón por la que esto puede ser tan difícil de entender. El agresor puede ser encantador. Puede ser el tipo del que todos dicen que te daría hasta la camisa. Puede ser bromista. Divertido. Generoso. Servicial. Cariñoso con su familia. A veces, realmente puede ser esa persona, incluso cuando no hay nadie más alrededor. Y ahí es donde la víctima encuentra esperanza de nuevo. Porque ella también recuerda a esa persona. Ve los buenos momentos. Recuerda las risas. Recuerda la ternura. Ve la versión de él que esperaba que fuera la verdadera. Así que se dice a sí misma que tal vez ese sea él en realidad. Tal vez las cosas sigan bien. Quizás esta vez sea diferente. Quizás si mejora, se comunica mejor, es mejor madre, cuida mejor la casa, dice lo correcto o deja de molestarlo, su lado bueno se mantendrá. Esa esperanza puede mantener a una mujer en la lucha mucho después de haber sido lastimada. Y cuando los demás solo ven su lado encantador, les cuesta creer lo que sucede a puerta cerrada. Pero a veces la manipulación se manifiesta de una manera aún más difícil de reconocer. Cuando viajábamos juntos, solo nosotros dos, a veces aprovechaba ese tiempo para convencerme de que nuestros problemas no eran realmente entre nosotros. Decía cosas como: “¿Ves qué bien nos llevamos cuando tu hijo no está?” “¿Ves? El problema son ellos.” O hablaba de alguna de mis amigas. “¿Ves qué bien nos llevamos cuando no sales con esa persona?” Estas eran las amigas que lo intimidaban. Los que me decían la verdad. Los que no engañaba. Y como estaba con él, lejos de mi hijo, lejos de esos amigos, y las cosas podían parecer bien, le creía. Pensaba: «Tal vez tenga razón. Tal vez mi hijo sea realmente el problema. Tal vez ese amigo me esté influenciando. Tal vez estemos mejor cuando no están». Eso es lo que puede hacer la manipulación. Puede hacerte dudar de las mismas personas que intentan ayudarte a ver lo que aún no ves. Y por eso esos viajes podían ser tan confusos. Porque por un momento, las cosas podían parecer bien. Y luego volvía a casa y mis hijos me contaban lo que había pasado mientras yo no estaba. Durante años, no supe cómo conciliar esas dos realidades. La realidad que vivía cuando estaba sola con él y la realidad que mis hijos vivían cuando yo no estaba. Finalmente, tuve que comprender que ambas experiencias fueron reales. Porque el encanto no borra un patrón. El humor no borra el miedo. La generosidad no borra la intimidación. Los momentos tiernos no borran la violencia. Y la persona que hace reír a todos puede ser aquella cuya familia teme lo que sucederá al cerrar la puerta. La realidad dentro del hogar puede ser muy diferente de la imagen que ven los demás. Porque mi hijo nunca debió haberse escondido en el patio trasero. Nunca debió haberse escondido por miedo a lo que sucedería cuando su padre lo persiguiera con una cuchara de madera grande. Nunca debió haber habido agujeros en las paredes. Nunca debió haber recibido un puñetazo en la cara mientras me gritaban e insultaban. Nunca debieron haberme impedido usar el teléfono cuando intentaba pedir ayuda. Nunca debieron haber maltratado físicamente a mis hijos. Nunca debieron haber tirado ni roto objetos. Nunca debieron existir esas marcas. Nunca debieron existir esas conversaciones a puerta cerrada donde me menospreciaban, me decían lo mala madre que era y me daban instrucciones sobre cómo debía corregir a mis hijos, qué estaba haciendo mal y qué debía esperar de ellos. Pero esas cosas sucedieron. Y a veces la manipulación parecía algo completamente distinto. Me decía lo que debía hacer como madre. Me decía cómo debía corregir a los niños. Me convencía de que él sabía más. Y yo le tenía miedo. Así que le hice caso. Salí e hice lo que me dijo mientras él se sentaba allí haciéndose el héroe. Y me convertí en la mala de la película para mis propios hijos. Llevé a cabo la corrección porque tenía miedo de no hacerlo. Creí que tal vez tenía razón. Que tal vez necesitaba mantenerlo contento. Que tal vez él sabía más. Quizás si simplemente hacía lo que él decía, la ira cesaría. Esa es una de las cosas más dolorosas que una madre puede recordar. Porque puede ver lo que vieron sus hijos. Vieron a mamá corrigiendo. No necesariamente vieron el miedo que había detrás. No sabían lo que había pasado tras la puerta cerrada. No sabían que mamá a veces tomaba decisiones por instinto de supervivencia. Y así es como el abuso puede destrozar a toda una familia. La persona que causa el miedo a veces puede parecer el héroe. Y la persona que intenta controlar ese miedo puede terminar pareciendo el problema. Cuando el velo comienza a levantarse Pero a veces, algo empieza a cambiar. Llega un punto en que dejas de hacer lo que te dice. No porque de repente te vuelvas intrépida. No porque lo tengas todo resuelto. Sino porque algo dentro de ti empieza a ver lo que antes no podías ver. El velo empieza a caer. Empiezas a cuestionar las cosas que has aceptado durante años. Empiezas a escuchar a tus hijos de otra manera. Empiezas a escucharte a ti misma de otra manera. Durante años, mis hijos me llamaban al trabajo y me decían que algo andaba mal. Y yo les decía: “Solo respeten a su padre”. “¿Qué están haciendo mal?”. Les decía lo mismo que me habían dicho a mí. Repetía las mismas palabras que me habían hecho dudar de mí misma. Y a veces, mientras uno de mis hijos me contaba lo que pasaba, me llamaba por otro lado diciéndome lo irrespetuosos que eran. “No les creas”. “Son irrespetuosos”. “No sabes lo que hacen”. Y durante años, le creí. Pero mis hijos seguían intentando decírmelo. Una y otra vez. “Mamá, él es diferente cuando no estás”. “Por favor, no nos dejes solos con él.” “No sabes cómo es.” “Te tiene engañada.” Esas palabras son difíciles de escuchar para una madre. Sobre todo cuando has pasado años creyendo en la persona en la que se suponía que debías confiar. Y yo había pasado años escuchando otra versión de la misma historia. Cuando estábamos fuera juntos, me decía: “¿Ves qué bien estamos cuando tu hijo no está?” “¿Ves qué bien estamos cuando no le haces caso a ese amigo?” Quería que creyera que la gente que me rodeaba era la razón de nuestros problemas. Y como las cosas podían ir bien cuando estaba a solas con él, me lo creí. Pensé que tal vez mi hijo era realmente el problema. Tal vez ese amigo era realmente el problema. Tal vez estaba escuchando a gente que empeoraba las cosas. Pero esas eran precisamente las personas que me decían la verdad. Las personas que lo intimidaban. A la gente a la que no podía engañar. Y con el tiempo, empecé a darme cuenta. Con el tiempo, empecé a creerles a mis hijos. Y entonces sucedió algo aún más importante. Empecé a creer en mi propia realidad. Dejé de justificarlo todo automáticamente. Dejé de preguntar automáticamente qué habían hecho para provocarlo. Dejé de asumir automáticamente que él tenía que tener razón. Y cuando dejé de interpretar el papel que me había impuesto, algo cambió. El control que había ejercido durante años empezó a desvanecerse. Y la ira se intensificó. La manipulación se intensificó. La presión se intensificó. Era como si perder el control sobre mí fuera diferente a simplemente estar enfadado conmigo. Porque durante años, había estado respondiendo como él quería que respondiera. Creía lo que me decía. Corregía a mis hijos como él me decía. Me cuestionaba a mí misma en lugar de cuestionar su comportamiento. Intentaba mantenerlo contento porque temía lo que pasaría si no lo hacía. Entonces empecé a reaccionar. Empecé a creer a mis hijos. Empecé a confiar en lo que veía. Y la persona que había controlado la situación durante tanto tiempo ya no tenía el mismo control. Lo que antes había entendido como simple enfado empezó a verse diferente. Pude ver el patrón. Y a veces es entonces cuando el comportamiento se vuelve aún más aterrador, no necesariamente porque haya empezado algo nuevo, sino porque el control que había existido durante años ya no funciona igual. Mis hijos llevaban años intentando decírmelo. Me habían llamado. Me habían suplicado. Me habían rogado que no los dejara solos en casa con él. Me decían que la persona que yo conocía no era la única que ellos conocían. Y al final, los escuché. Al final, les creí. Al final, me creí a mí misma. Y entonces empecé a darme cuenta de que lo que me había pasado no era algo que existiera solo en mi imaginación o en mi matrimonio. Los mismos patrones se repetían en las experiencias de mis hijos. El mismo miedo. La misma manipulación. La misma necesidad de controlar su ira. La misma sensación de que algo andaba mal, seguida de la presión por creer que ellos eran el problema. Fue entonces cuando la realidad se volvió más difícil de negar. Porque mis hijos habían estado intentando decirme lo que aún no podía ver. Y a veces, las personas más cercanas a la verdad son aquellas en quienes nos han enseñado a no creer. El punto de quiebre no es toda la historia. A veces, cuando finalmente llegan las personas a la puerta, la víctima no está tranquila. Llora. Está enojada. Tiembla. Se pone a la defensiva. Está agotada. Está harta. Porque la han llevado más allá de sus límites. El agresor puede estar allí completamente tranquilo, aparentando ser la persona razonable. Entonces llega: “¿Ves?” De repente, el punto de quiebre de la víctima se convierte en la prueba en su contra. Pero pregúntate qué sucedió antes del punto de quiebre. Pregúntate cuál era el patrón. Pregúntate qué pasaba cuando alguien decía que no. Pregúntate qué pasaba cuando los niños no obedecían. Pregúntate por qué los niños tenían miedo. Pregúntate por qué todos en la casa aprendieron a mantener la paz. Pregúntate por qué la víctima siempre intentaba evitar la siguiente explosión y ser la esposa y madre que el agresor le exigía. No juzgues toda la historia por el momento en que la víctima finalmente no pudo más. A veces, la persona que parece menos serena cuando llegan todos es la que ha estado manteniendo todo en orden durante años. Por eso, el patrón importa más que un solo momento. El costo oculto de la maternidad Hay otra faceta del abuso que las madres cargan casi en silencio: el dolor por la maternidad que soñaron pero que nunca llegaron a experimentar plenamente. Antes de que tus hijos nacieran, imaginabas sus manitas, sus risas, protegerlos, criarlos y brindarles un hogar seguro y lleno de amor. No soñabas con sobrevivir a la maternidad. Soñabas con ser mamá. Pero cuando vives con abuso, la maternidad puede convertirse en otra forma de supervivencia. Observas sus estados de ánimo, mides tus palabras, proteges a tus hijos, intentas mantener la paz y te preguntas qué pasará cuando regrese a casa. No solo estás criando hijos. Intentas criarlos mientras lidias con la ira de otra persona. Y eso puede dejar a una madre mirando hacia atrás con una culpa tremenda. Puedes pensar en los momentos que desearías haber manejado de otra manera. Puedes lamentar la infancia que querías que tus hijos tuvieran. Quizás te preguntes si te veían como la mala porque no podían ver lo que llevabas dentro. Pero antes de condenarte, pregúntate: “¿Qué estaba sobreviviendo?” Puedes reconocer los momentos que desearías que hubieran sido diferentes sin asumir la responsabilidad del abuso. Puedes llorar lo que te robaron sin creer que les fallaste a tus hijos. Porque tu corazón estuvo ahí desde el principio. Querías ser su madre. Querías protegerlos. Querías que estuvieran a salvo. Tu intención nunca fue destruir a tu familia. Tu intención era tener una. Mereces ser escuchada. Si has vivido algo similar, quiero que escuches lo que yo desearía haber escuchado antes. Te escucho. Escucho a la mujer que no tiene una cronología perfecta. Escucho a la mujer que no puede recordar cada incidente. Escucho a la mujer que se quedó. Escucho a la mujer que lo defendió. Escucho a la mujer que ponía excusas. Escucho a la mujer que se preguntaba si ella era el problema. Escucho a la mujer cuyos amigos y familiares tal vez creyeron la versión de otra persona sobre ella. Escucho a la mujer que finalmente reaccionó tras ser llevada al límite. Escucho a la mujer que empezó a cuestionar lo que le habían dicho. Escucho a la mujer que empezó a creer a sus hijos. Escucho a la mujer que finalmente empezó a creerse a sí misma. Escucho a la madre que siente que le robaron años. Escucho a la madre que mira hacia atrás y desearía haber podido darles a sus hijos algo diferente. Escucho a la mujer que se avergüenza de haberse quedado. Escucho a la mujer que se avergüenza de haber reaccionado. Escucho a la mujer que se pregunta si alguien le creerá ahora. Te escucho. No necesitas una historia perfecta. No necesitas recordar cada fecha. No necesitas fotografías de cada incidente. No necesitas una cicatriz visible. No tienes que haber llamado a la policía la primera vez. No tienes que haberte marchado la primera vez. No tienes que demostrar que alguien más lo pasó peor antes de que se te permita reconocer lo que te sucedió. No tienes que minimizar tu dolor porque alguien más no lo entiende. No tienes que aceptar la identidad que alguien más creó para ti. Y no tienes que creer que, por haber tenido reacciones imperfectas, el abuso no fue real. Tu reacción no borra el patrón. Tu ira no borra el miedo. Tus errores no justifican las decisiones de otra persona. La historia que alguien contó sobre ti no se convierte automáticamente en la verdad sobre ti. A veces, la comprensión llega lentamente. A veces, solo puedes ver el patrón cuando finalmente te has alejado lo suficiente de él. A veces hay que mirar hacia atrás y reconocer que lo que llamabas "problemas matrimoniales" era en realidad un patrón de miedo, control, intimidación y abuso. A veces, lo más difícil no es admitir que alguien te hizo daño. Es darse cuenta de cuánto tiempo te enseñaron a dudar de ti misma. Dónde estamos ahora Y luego está la parte que nadie te cuenta sobre lo que viene después. La sanación es lenta. A veces son dos pasos adelante y uno atrás. A veces es un paso adelante y dos atrás. Hay días en que la duda regresa. El miedo. La confusión. El instinto de cuestionarte. Porque cuando el abusador finalmente se va de casa, es fácil volver instintivamente a lo que conocías desde hace años. Puedes escuchar su voz en tus propios pensamientos. ¿De verdad pasó eso? De verdad pasó. ¿De verdad fue tan malo? Quizás lo malinterpreté. Quizás yo era el problema. Y cuando eso sucede, das el siguiente paso hacia la verdad. Te dices a ti mismo lo que sabes. Sí. Sucedió. Los golpes sucedieron. Los empujones sucedieron. Los insultos sucedieron. Los gritos en mi cara sucedieron. Las llamadas que recibí mientras estaba en el trabajo sucedieron. Las amenazas de violencia sucedieron. La violencia real sucedió. Los objetos rotos sucedieron. La intimidación sucedió. El control financiero sucedió. Las mentiras y el ocultamiento de dinero sucedieron. El miedo era real. El patrón era real. Todo era cierto. Y puede que tengas que decírtelo más de una vez. No porque seas débil. Sino porque pasaste años aprendiendo a cuestionar tu propia realidad. Así que sanar puede no significar no volver a dudar jamás. A veces, sanar significa reconocer la duda y responderla con la verdad. Sé lo que pasó. Sé lo que viví. Sé lo que experimentaron mis hijos. No tengo que reescribir la verdad para que la versión de otra persona sea más cómoda. La historia aún puede ser contada de forma diferente por quien causó el daño. La historia aún puede ser manipulada. Otras personas aún pueden creer una versión diferente. Pero su versión no cambia lo que pasó. No tienes que pasar el resto de tu vida discutiendo con cada versión de la historia. A veces, simplemente te aferras a la verdad que conoces. Y luego das el siguiente paso. Luego otro. Y otro más. La sanación está ocurriendo. La redención está ocurriendo. La restauración está ocurriendo. Poco a poco. Dios está restaurando lo que fue arrebatado. No todo a la vez. No en el plazo que imaginaste. Pero poco a poco, Él te está enseñando que tu vida es más que lo que te sucedió. Los años no se pueden reescribir. Lo que pasó no se puede deshacer. Pero lo que te robaron no tiene por qué ser el final de tu historia. Puede haber verdad después de la confusión. Puede haber paz después del miedo. Puede haber identidad después de años de que te dijeran quién eras. Puede haber maternidad después de sobrevivir. Puede haber vida después del abuso. Y puede haber redención. Puede haber restauración. Así que si te encuentras en algún punto de esta historia ahora mismo —aún cuestionando, aún con miedo, aún tratando de comprender, aún de luto, o apenas comenzando a ver que se levanta el velo— quiero que sepas: No tienes que resolverlo todo hoy. Da el siguiente paso hacia la verdad. Cuando llegue la duda, dite a ti misma lo que sabes. Sucedió. Fue real. El patrón era real. Y tienes derecho a sanar de algo que realmente sucedió. Tienes derecho a llorar lo que perdiste. Tienes derecho a creer en tus hijos. Tienes derecho a creer en ti misma. Tienes derecho a reconstruir. Tienes derecho a ser más que la mujer que sobrevivió. Sigues aquí. Y poco a poco, Dios está restaurando lo que te fue arrebatado. Te escucho. Tu historia es real. Y tú importas, no porque alguien más finalmente te crea, sino porque siempre fuiste digna de ser escuchada.

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    No sé qué hacer, cualquier consejo es bienvenido.

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    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • There is a life out there for you where you deserve to feel safe, cared for, loved, cherished and free. Healing is possible, I believe you and I believe in you.

    Compartido por una persona sobreviviente

    Mensaje n.° 1884

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Sanación
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    Aprender a vivir sin querer matarme

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  • Healing is a very important step to finding your own feet and another step into finding who you really are.

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    Mensaje n.° 1838

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    Nose que pasa con mi vida

    Cuando yo tenía como 5 años por el año 2010 yo tenía una prima de 3 años nose todo empezó con besos y me subía ah ella no recuerdo bien donde ví eso pero mis papás solamente los miraba besarse recuerdo una ocasión que le di un beso a mi prima en la boca ese día Hera una fiesta mis papás y tíos y familiares dijeron despídete y le di el beso después sentí extraño después la besaba más y más paramos en el 2013 después en el 2012 con otra prima con ella fue lo mismo la besaba y nos reímos nunca nadie supo pero con esa prima fue seguido hasta el 2020 también hubo sexo en el 2017 y 2018 fue consensuado yo tenía 13 y ella 10 años después por el 2017 también me besaba con un primo el tenia la misma edad que mi prima Hera casi lo mismo yo tenía como 12 años, después paso con su hermano que el tenia 13 años casi 14 años el medio sexo oral y me besaba también y sexo anal también paso mucho tiempo hasta el 2021 ya alos 16 años y mi primo de 18 años el se metió al baño y me hizo lo mismo el oral y me masturbaba todo el tiempo que llegaba pasar eso me daba incomodidad después salió del baño por qué alguien tocó la puerta nadie Hera quien tocó yo me espante sentí culpa después en el 2021 como por diciembre mi primo de 10 años y yo tenía 16 años todavía mi primo tenía también como 18 años en fin mi primo el más pequeño me dijo subete conmigo y mi hermano yo le dije que no por qué no quería después accedi y después mi primo el mayor de 18 años acercó mi mano a mi pen4 y me quité y me dejó después por el 2023 por agosto decidí hablarlo con mi mamá y se puso a llorar y enojarse mucho. Pero también cuando yo tenía 13 años lo que pasó con mi primo mayor paso con unos vecinos de la misma edad que cuando empezó todo mis amigos tenía 10 años y yo 13 años yo lo hacía y ellos también recibían y yo igual todo normal hasta que llegó ala edad de ahora 21 años y me siento horrible,con mucha ansiedad, miedo, confusión,me siento un monstruo llegué a bajar de peso por dieta pero igual por la culpa y el remordimiento pesaba 78 kg en la preparatoria en 2024 y ahora en 2026 peso 60 kg y cuando ví la serie de dahmer me sienti igual como una persona mala un monstruo, con arrepentimiento y con mucha ansiedad

    Nota comunitaria

    La historia menciona tanto experiencias personales de supervivientes como experiencias de perpetradores. El contenido puede resultar perturbador.

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    🇨🇱

    Mi primo me tocaba pero no sé cómo considerarlo porque era menor que yo....

    Hace unos años tuve una experiencia desagradable, Tenido un primo un año menor que yo en ese tiempo ambos eramos menores de edad cuando comenzó esto (aclaro yo media 1,60 y el 1,80), realmente muchas cosas pasan por mi cabeza, pero nosotros vamos de vacaciones en familia por lo que cuando paso estábamos en la playa, al grano, todo esto comenzó cuando el me abrazaba por la cintura y ponía su cara en mis pechos, al principio era eso, lo consideraba algo inofensivo pero raro pues ninguno era de contacto físico, con los días fue escalando, me abrazaba por la cintura mucho, se pegaba a mi sobrepasando cualquier límite, se subia sobre mi espalda, casi inmovilizandome y pegaba su cuerpo contra mi hasta el punto que yo sintia su erección, luego comenzó a buscar momentos a solas para presionarse contra mi, se metía a mi cama en las madrugadas y me abrazaba, mantenía una erección contra mi retaguardia y respiraba agitadamente en mi oído por lo que no sabía si dormía o no, pero si yo lo echaba el se negaba a apartarse reclamando un tiempo más, esto escalo hasta que un dia me tocó, me tocaba el trasero amasandolo y ponía su erección contra mi pierna buscando fricción y con otra mano amasaba mi pecho y trataba de meter su mano bajo mi polera, puse límites unas cuantas veces pero al no querer que las cosas fueran incómodas entre nosotros no era firme, no se como catalogar esto pues ambos éramos menores y nose que pensar

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.