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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
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poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nombre

    Tener TU voz es lo más importante que puedes tener como víctima de abuso. Después de sufrir abuso durante varios años en Ubicación, sentí que me lo arrebataban todo. A los 9 años, me habían arrebatado mi dignidad, autoestima, confianza, felicidad y fuerza. Verano tras verano, iba a este lugar oscuro que se suponía sería una experiencia positiva. Mis padres creían que me dejaban en un lugar para ayudarme a crecer en mi relación con el Señor. Lo que no sabían es que Nombre 2 me dijo que si realizaba los actos sexuales que él quería, me prometía que me acercaría más a Dios. Era una persona enferma que constantemente infringía las normas de Ubicación y la ley. Lo peor es que Ubicación tenía la visión y sabía que esto estaba sucediendo, pero no hizo nada. Al salir del campamento y volver a casa, recuerdo sentirme vacía y deprimida. A esta edad, no se tiene la madurez suficiente para comprender lo que ha sucedido y cómo procesarlo. Acudí a centros de defensa infantil para obtener ayuda profesional y me costaba incluso hablar de lo sucedido porque no tenía sentido en mi cabeza y no podía verbalizar los acontecimientos ni el impacto que tuvieron en mí. A medida que avanzaba en la adolescencia, me deprimí más. Todas las noches soñaba que Nombre 2 abusaba de mí y sentía que cada noche que me iba a dormir, iba a ser abusada de nuevo. El miedo, la ira y la depresión que experimenté me pesaban tanto que casi no quería llegar al día siguiente. Después de años en este ciclo, decidí que necesitaba un cambio para poder vivir una vida plena. Empecé a trabajar en mi salud física, espiritual y mental. Lo más importante es tener voz. Tienes que poder compartir tu experiencia para poder recibir la ayuda que necesitas y expresar el dolor que has vivido. Por eso estoy agradecida por la Ley de Trey. Esta elimina la posibilidad de que organizaciones como Ubicación silencien a las víctimas después de hacerles pasar por experiencias horribles. Le devuelve el poder al Superviviente. La Ley de Trey salvará vidas. Permitirá que alguien pueda defenderse. Permitirá que menos criminales/organizaciones se salgan con la suya en el peor delito que alguien puede cometer. Si alguien lee esto y necesita ayuda, ¡siempre estaré encantado de escuchar su voz!

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Sanar es aprender que puedes ser amado.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Círculo de abuso

    Ni siquiera sé por dónde empezar, pero últimamente lo estoy pasando mal y me he dado cuenta de que, aunque mi principal abusador esté muerto, no he lidiado con muchos sentimientos. Siento que siempre fui un blanco. De niña, no tenía confianza en mí misma. Era terriblemente tímida. Tenía un impedimento del habla y siempre sufría acoso escolar, y cambiar de escuela primaria no me ayudó a hacer amigos. Tuve una madre crítica y narcisista a la que nunca pude complacer. Mi primera vez abusó sexualmente de mí a los 8 años por un primo adolescente mayor. Mi madre me permitió pasar la noche sabiendo que su padre, mi tío, era pedófilo y abusaba de muchos niños. No me enteré de esto hasta años después. Era mi primo favorito, por supuesto. Lo admiraba. Iba a todas sus competencias de atletismo. Me estaba manipulando, por supuesto. ¿Por qué si no, un primo de 18 años querría pasar tanto tiempo con su primo de 8 años? En aquel entonces, nadie hablaba mucho de abuso sexual. Ni siquiera de sexo. Al menos en mi casa. Era sucio y te irías al infierno. Eso era todo lo que me decían. Pensé que era una pesadilla durante muchos años. Solo que era tan vívido. Podía oír la música. Open Arms de Journey, podía oler y casi saborear las galletas de almendra redondas, blancas y polvorientas que mi tía me sirvió antes de mandarme a la cama en una habitación con mi primo, su amigo nombre (también hombre). Hasta el día de hoy no puedo entender por qué mi tía metió a una niña de 8 años en una cama con dos adolescentes. Me atormenta. ¿Estaba tan enferma como mi tío y mi primo? Lo único que descubrí después, ya de adulta, es que mi tío abusó de mis tres primos. Uno se volvió pedófilo, otro luchó contra esos impulsos toda su vida y vivió una vida triste y solitaria, y el otro se suicidó y murió solo en un callejón a los 40 años. Me acosté en esa cama esa noche y mi vida cambió por completo. Me desperté con mi primo jugueteando con mis pantalones. Me aparté todo lo que pude. Intenté fingir que seguía dormida. Sabía que él sabía que estaba despierta. No le importó. Hizo lo que quiso. Me quedé allí tumbada. Las lágrimas rodaban silenciosamente por mi rostro. Luego lo olvidé. Fingí que no había pasado, pero seguía apareciendo en mi cabeza. Me repetía que había sido una pesadilla horrible y sucia. Cuando tenía casi 17 años, le conté a mi prima. Mi prima. Me dijo que le había pasado lo mismo una vez mientras veía la tele con él. Decidí contárselo a mi madre. Fue un error. No hizo nada. Solo me hizo sentir peor. Como si fuera culpa mía y se lo contó a todo el mundo. Él todavía podía venir. A todos los días festivos. Un Día de Acción de Gracias, cuando estaba en casa, me acorraló en mi habitación. Pensé que estaba a punto de desmayarme del miedo. Dijo: «Siento mucho todas las veces que te hice cosas». Eso me afectó aún más. Había pensado que solo había sido una vez. Entonces me di cuenta de que probablemente había olvidado o bloqueado otras ocasiones. No podía dejar de darle vueltas a las cosas una y otra vez en mi cabeza tratando de recordar. No podía esperar a salir de mi casa y lejos de mi madre. Nunca salí con nadie en la secundaria. Ni siquiera besé a un chico hasta los 19 años. Sin embargo, mi madre siempre me llamaba puta. Cuando me mudé y empecé a trabajar, me sentí libre por primera vez. Me estaba guardando para el matrimonio, pero cada chico con el que salía y se lo decía me dejaba. A los 22 años empecé a pensar que nunca encontraría a nadie. Estúpido. Quería alejarme de mi madre y entonces conocí a un chico que estaba en el ejército. Había un millón de señales de alerta. Las ignoré. Él bebía. Yo no. Sus padres eran alcohólicos. Pero él vivía en estado. Así que le escribí un par de años mientras estaba destinado en Japón. De repente, se dio de baja del ejército antes de tiempo. No me dijo por qué. No me importó, solo quería mudarme. Así que empaqué mis cosas y me mudé de California a estado. Casi no lo hago cuando justo antes de irme le dieron un DUI (conducir bajo los efectos del alcohol). Él solo tenía 20 años. Yo tenía 22. También había mentido sobre su edad. Como cristiana, el DUI me preocupó mucho, al igual que la mentira sobre la edad y la diferencia de casi 3 años. En resumen, por supuesto, terminé embarazada un año después. Gemelos. Mis padres no lo conocieron hasta el día de la boda. No les gustaba. Una vez casadas, la primera cosa extraña fue cuando estaba embarazada de gemelos y de unos 7 meses. Me desperté y él tenía una linterna y estaba entre mis piernas haciéndome cosas. Estaba horrorizada. No tenía ni idea de qué decir. Durante nuestro matrimonio, el principal problema fue la bebida. Nunca permití que entrara alcohol en casa. Bueno, él aceptó un trabajo en el ferrocarril. Venía a casa una vez a la semana. Pensé que todo estaba bien. Durante siete años vino a casa una vez a la semana. Aparentemente, bebía a diario. Tuvimos dos hijos más en esos siete años, y criar a cuatro solos fue duro sin familia. Nos mudábamos cada uno o dos años. Finalmente, empezó a trabajar como gerente y estaba en casa todas las noches. Las cosas empeoraron. Ya no podía ocultar su problema con la bebida. Se estaba volviendo abusivo, emocionalmente hablando. Dejó de querer sexo casi siempre, y luego encontré páginas de citas y páginas porno. Entonces empezó a violarme. Esperaba a que me durmiera. Luego me despertaba y lo encontraba teniendo sexo conmigo. La primera vez me asusté. Actuaba como si creyera que estaba despierta. La siguiente vez me dijo que era su esposa y que no era violación. Le dije que no volviera a hacer eso, que sabía que había abusado de mí mientras dormía, ¡y lo horrible que es hacerle eso a alguien! Simplemente no le importó. Finalmente le dije que me iría si no iba a rehabilitación por su problema con la bebida. Eso lo llevó a terapia de pareja. Le dijeron que me estaba violando. Y ahí se acabó. No le gustaba ni oírlo. Luego se echó novia. Soy discapacitada y me echó la culpa. Dijo que estaba harto de trabajar de más. Era un vago de lo peor. Gastaba dinero de nuestra jubilación. Siempre había sido ama de casa y hacía poco me habían operado de columna vertebral, y como él gastaba nuestro dinero en drogas y alcohol, ¡fui a conducir un autobús escolar con dolor! No le representaba trabajo extra. Me encargué de todo, incluyendo niños con enfermedades renales, enfermedades genéticas y problemas de salud crónicos, que entraron y salieron del hospital toda su vida. Pedí el divorcio. El maltrato fue suficiente. Me quedé en shock cuando, después de 21 largos años de matrimonio, se marchó y abandonó a sus cuatro hijos. Sin manutención, sin visitas, nada. Debido a su alcoholismo, me sentí agradecida, pero triste por mis hijos. Dos años después de que se formalizara mi divorcio, mi hija menor me confesó algo que me rompió el corazón. Me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo repugnante». Me dio un vuelco. Dijo que su padre abusó de ella cuando yo estaba fuera del estado para el funeral de un amigo. Tenía 8 años. Lloramos. ¡No podía creer que algo tan horrible le volviera a pasar a mi bebé! La culpa. Lo reporté de inmediato. No hicieron nada. Eso fue más devastador. La había preparado para lo que sucedería y luego no hicieron nada. Al final, el karma se encargó de ese hombre malvado. Murió a los 46 años por abusar de las drogas y el alcohol. Murió solo. Como se merecía. Mis hijos son médicos, enfermeros y un hombre de negocios. No dejaron que ese hombre malvado los definiera. No dejé que me quitara mi felicidad. Tuve una vida muy dura. Ni siquiera puedo escribir sobre la mayor parte. Nunca dejé que mi vida dura ni una persona malvada me robaran la felicidad. Él no determinó mi felicidad, yo construí mi propia felicidad. Si hubiera dejado que mi vida difícil me hiciera infeliz, mis hijos habrían tenido una madre infeliz y una infancia infeliz y probablemente no se habrían convertido en adultos exitosos. Tengo días malos. Incluso semanas malas. Como esta semana. Sin embargo, mañana es un nuevo día y puedo intentarlo de nuevo. Me siento mejor compartiendo algo de lo que experimenté. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leerlo. Disculpen si hay partes que no son claras, jaja.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sanar significa no tener flashbacks, sentirse cómodo al seguir adelante y no sentirse estancado.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Encontré a alguien increíble. En lugares inesperados. Encontré mi paz. Persigue tu paz.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    #44

    Al final de mi primer año de universidad, estaba en una fiesta. Hacia el final de la noche, después de haber estado bebiendo, dije que quería ir a fumar y un chico que había estado interesado en mí me preguntó si podía acompañarme. Éramos amigos en ese entonces, así que acepté. Fuimos a la zona de atrás, que era un porche cerrado tipo invernadero y no había nadie allí. Después de terminar de fumar, se inclinó y me besó. Me quedé impactada, pero al principio seguí. Procedió a besarme con más intensidad y empezó a tocarme. Sintiéndome incómoda, me detuve y le dije que quería entrar. Me senté en una mesa dentro y él estaba a mi lado. Empecé a sentir el subidón de fumar mientras conversaba con mis amigos que estaban justo enfrente. De repente, sentí su mano subir por mi muslo y empezó a frotarme por encima de los pantalones cortos. Me quedé paralizada, pensando: "¿Qué demonios está pasando ahora? Esto es muy raro y no lo estoy disfrutando. ¿Estoy demasiado drogada para hacer algo ahora? Hay tanta gente a mi alrededor y nadie sabe qué está pasando. ¿Qué está pasando?". Después de lo que me pareció una eternidad, sentí que intentaba meterse en mis pantalones cortos y fue entonces cuando reaccioné y lo miré. No sabía qué decir, y no recuerdo bien qué pasó en ese momento. Estaba en shock. Me dijo algo, probablemente le respondí algo, y luego simplemente se fue. Al día siguiente, lloré y tuve crisis nerviosas en los baños del centro de estudiantes. Estaba confundida y en conflicto conmigo misma intentando procesar lo sucedido. Sentí que era mi culpa porque busqué en Google cosas como "¿qué constituye agresión/acoso sexual?" porque no estaba segura de si lo que había pasado contaba. Pensé que, como solo fue tocarme, no era para tanto. Pensé que porque estaba bajo la influencia era mi culpa. Que no debería haber estado tan jodida. Que no debería haberlo estado engañando y haciéndole creer que estaba interesada en él. Que debería protegerlo porque era amigo de muchos de mis amigos. Pero al final de todo, ÉL ESTABA EQUIVOCADO. ME PUSO EN UNA SITUACIÓN EN LA QUE ESTABA INCÓMODA Y ÉL ME HABÍA VIOLADO EN UNA HABITACIÓN LLENA DE GENTE. Estoy aquí para decir que no importa la acción, no importa cuán pequeña sea, si fuiste violada tus sentimientos son VÁLIDOS. Si no diste tu consentimiento y te sentiste incómoda, ES AGRESIÓN. Sigue siendo tu historia. TU trauma con el que tienes que vivir. No lo ignores ni lo menosprecies porque sientas que no merece ser etiquetado. Tú eres digno. Mereces ser escuchado.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    #1709

    Soy una sobreviviente de abuso sexual infantil que vive en Canadá y tengo un acuerdo de confidencialidad por abuso sexual infantil desde hace 28 años. Cuando intenté levantar mi acuerdo de confidencialidad en 2018, tras el fallecimiento de mi abusador, el tribunal de Columbia Británica me lo denegó y se negó a levantarlo. Por ello, durante los últimos siete años, he abogado ante políticos provinciales y federales de Canadá para que prohíban el uso indebido de acuerdos de confidencialidad para sobrevivientes de abuso sexual infantil. Con la aprobación de la Ley de Trey en Texas y Misuri (¡y espero que pronto en más estados!), esto presionará al gobierno canadiense y a las provincias para que aprueben leyes similares. Me siento muy alentada (¡y también sanada!) por todos los sobrevivientes que comparten sus historias en las legislaturas de Misuri y Texas. Todos estos testimonios son muy importantes como prueba para demostrar el daño extenso y a largo plazo que un acuerdo de confidencialidad ha causado a una víctima de abuso infantil, de cara a los casos judiciales posteriores. (Este tipo de prueba de daño a largo plazo no se presentó en mi caso judicial en Columbia Británica; por lo tanto, mi solicitud de levantamiento del acuerdo de confidencialidad fue denegada). Todos debemos seguir alzando la voz para cambiar el futuro de los niños. Quizás no podamos cambiar el pasado, pero sin duda podemos cambiar el presente y hacer del mundo un lugar más seguro para los demás. Tras sufrir mucho durante años, ahora veo que ese sufrimiento ha tenido un sentido. Como resultado, me he convertido en una persona más fuerte. No estoy agradecida por el abuso, pero me parece que una fuerza mayor en el universo está ayudando a todas las víctimas a cambiar el mundo por completo ahora mismo. Es un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y todos debemos seguir impulsando este increíble cambio. Gracias a la Ley de Trey y a todos los sobrevivientes que han expresado su apoyo a la Ley de Trey.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Nunca se sintió realmente real (COCSA)

    Tenía cinco años cuando sucedió. Mi abusadora también era una niña de cinco años. Recuerdo que pensé que mi historia no era válida porque ella es exactamente igual que yo. Con el tiempo, investigué y comencé a darme cuenta y recordar cada vez más sobre los recuerdos de mi abuso. Si te sientes afectado o tienes desencadenantes relacionados con la agresión/abuso sexual, te aconsejo que no leas la siguiente parte. Al principio, olvidé todo lo que sucedió. Recuerdo que tenía unos 11 años cuando me di cuenta de lo que había sucedido. Los recuerdos comenzaron a regresar gradualmente. Ella era mi amiga. Éramos niñas normales de cinco años, siempre jugaba con ella en su casa. En cada cita para jugar, me llevaba a su cuarto de juegos. Cerraba la puerta con llave y bajaba las persianas. Luego, me hacía acostar en un pequeño colchón en el suelo. Lo llamaba un juego. Decía que ella era la doctora y que yo era la paciente. Una vez que estaba en el colchón, se subía encima de mí. Me tocaba por debajo de la ropa. Ella miraba debajo de mi ropa. Me quitaba la ropa. Recuerdo que solo esperaba, deseaba y rezaba para que pronto terminara. Si se lo preguntan, usaba uniforme escolar la mayor parte del tiempo cuando esto sucedía. Esto continuó durante casi todo el año cuando tenía cinco años. Cuando recordé y me di cuenta de lo que me había sucedido, no lo creí. Pensé que estaba exagerando. Pensé que me lo estaba inventando. ¿Cómo podía alguien de la misma edad y género que yo abusar sexualmente de mí? Solo había visto casos de niñas abusadas por hombres mayores. Entonces, ¿cómo podía una niña ser agredida por otra niña? Han pasado algunos años desde que recordé los eventos por primera vez. Me he vuelto más sabia y descubrí que hay muchas formas de agresión. Cuando descubrí por primera vez qué era COCSA, me sentí tan aceptada. Fue tan validante saber que estos recuerdos que me han destruido durante años y años... son reales y son válidos.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    ¡Lo lograste! Eres increíblemente fuerte y no estás solo.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Mantente fuerte, no estás solo.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

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    🇺🇸

    Sentí que no tenía opción si quería trabajar.

    Tenía 17 años y empecé a trabajar en Ubicación 1. Estaba distanciado de mi familia y vivía en casa, buscando trabajo para intentar terminar la secundaria y conseguir mi propia casa. Iba a la escuela todo el día y trabajaba de 3 a 11 todas las noches. En aquel entonces, el salario mínimo era menos de dos dólares la hora, así que imagínense lo duro que tenía que trabajar para ahorrar. El gerente de la empresa tenía una discapacidad en una mano, así que no podía hacer mucho ejercicio con ella. Así que llegábamos al trabajo y se metía con solo unas cuantas chicas, pero sobre todo conmigo. Me gritaba, me insultaba, me decía cosas horribles y sexuales, me decía que no servía para nada y luego tenía que limpiar baños durante cuatro horas o me despedirían. Me seguía al baño de mujeres e intentaba tocarme y no paraba de hablar de cosas sexuales. Me sentía tan incómoda, tenía miedo. Tenía 17 años y no sabía qué hacer. Esto continuó repetidamente estando atrapada en la habitación del baño de mujeres o atrapada en la esquina de la cocina siempre con sus manos sobre mí. Hice todo lo que pude para alejarme de él, pero él seguía tocándome y si me alejaba, él comenzaba a insultarme y a llamarme nombres horrendos mientras continuaba amenazando mi trabajo. Amenazó con llamar a la policía porque tenía 17 años, amenazó con llamar al estado si no lo dejaba tocarme y besarme. Estaba tan asustada, estaba tan preocupada y seguí alejándome de él mientras él literalmente se lanzaba sobre mí y era simplemente horrible, me tocaba en todas partes, intentaba besarme, me empujaba y simplemente odiaba ir a trabajar al día siguiente porque sabía que sucedería de nuevo. Tenía tanto miedo de que me despidiera y me denunciara al estado por ser menor de edad. Pero después de siete días y mi primer cheque de pago, simplemente no podía volver más. Así que simplemente no volví, no llamé, simplemente no me presenté. Tengo 55 años y todavía me afecta hasta el día de hoy. Luego continuó, mi siguiente trabajo fue un equipo trabajando para Persona 1 en Ubicación 2. La Persona 2 solía acorralarme en la sala de fotocopias con las manos sobre mí y uno llegó tan lejos como para seguirme a casa aterrorizado. Me agredió sexualmente y nunca dije nada, simplemente nunca volví a trabajar. Luego acepté un trabajo en el supermercado Wises y Ubicación 3 en el departamento de carne y panadería pensando que podría estar lejos de la gente. Y el carnicero solía acorralarme en el congelador, intentaba besarme constantemente, me ponía las manos encima, constantemente hacía comentarios sexuales, simplemente nunca terminó. Logré seguir adelante durante un año soportando eso, pero finalmente lo dejé. Fui a la escuela de enfermería y luego conseguí un trabajo trabajando con médicos y hacían lo mismo, un médico o dentista en particular me avergonzaba por mi cuerpo, me hacía sentir como si fuera menos mujer, pero luego hacía comentarios sobre las partes femeninas de mi cuerpo continuamente. Llegó un punto en el que sentí que no había otra opción. Si quería trabajar, tenía que aguantarlo. Ojalá las cosas fueran diferentes entonces, como ahora. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) que sufro es tremendo.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nombre

    Tener TU voz es lo más importante que puedes tener como víctima de abuso. Después de sufrir abuso durante varios años en Ubicación, sentí que me lo arrebataban todo. A los 9 años, me habían arrebatado mi dignidad, autoestima, confianza, felicidad y fuerza. Verano tras verano, iba a este lugar oscuro que se suponía sería una experiencia positiva. Mis padres creían que me dejaban en un lugar para ayudarme a crecer en mi relación con el Señor. Lo que no sabían es que Nombre 2 me dijo que si realizaba los actos sexuales que él quería, me prometía que me acercaría más a Dios. Era una persona enferma que constantemente infringía las normas de Ubicación y la ley. Lo peor es que Ubicación tenía la visión y sabía que esto estaba sucediendo, pero no hizo nada. Al salir del campamento y volver a casa, recuerdo sentirme vacía y deprimida. A esta edad, no se tiene la madurez suficiente para comprender lo que ha sucedido y cómo procesarlo. Acudí a centros de defensa infantil para obtener ayuda profesional y me costaba incluso hablar de lo sucedido porque no tenía sentido en mi cabeza y no podía verbalizar los acontecimientos ni el impacto que tuvieron en mí. A medida que avanzaba en la adolescencia, me deprimí más. Todas las noches soñaba que Nombre 2 abusaba de mí y sentía que cada noche que me iba a dormir, iba a ser abusada de nuevo. El miedo, la ira y la depresión que experimenté me pesaban tanto que casi no quería llegar al día siguiente. Después de años en este ciclo, decidí que necesitaba un cambio para poder vivir una vida plena. Empecé a trabajar en mi salud física, espiritual y mental. Lo más importante es tener voz. Tienes que poder compartir tu experiencia para poder recibir la ayuda que necesitas y expresar el dolor que has vivido. Por eso estoy agradecida por la Ley de Trey. Esta elimina la posibilidad de que organizaciones como Ubicación silencien a las víctimas después de hacerles pasar por experiencias horribles. Le devuelve el poder al Superviviente. La Ley de Trey salvará vidas. Permitirá que alguien pueda defenderse. Permitirá que menos criminales/organizaciones se salgan con la suya en el peor delito que alguien puede cometer. Si alguien lee esto y necesita ayuda, ¡siempre estaré encantado de escuchar su voz!

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sanar significa no tener flashbacks, sentirse cómodo al seguir adelante y no sentirse estancado.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Encontré a alguien increíble. En lugares inesperados. Encontré mi paz. Persigue tu paz.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    #1709

    Soy una sobreviviente de abuso sexual infantil que vive en Canadá y tengo un acuerdo de confidencialidad por abuso sexual infantil desde hace 28 años. Cuando intenté levantar mi acuerdo de confidencialidad en 2018, tras el fallecimiento de mi abusador, el tribunal de Columbia Británica me lo denegó y se negó a levantarlo. Por ello, durante los últimos siete años, he abogado ante políticos provinciales y federales de Canadá para que prohíban el uso indebido de acuerdos de confidencialidad para sobrevivientes de abuso sexual infantil. Con la aprobación de la Ley de Trey en Texas y Misuri (¡y espero que pronto en más estados!), esto presionará al gobierno canadiense y a las provincias para que aprueben leyes similares. Me siento muy alentada (¡y también sanada!) por todos los sobrevivientes que comparten sus historias en las legislaturas de Misuri y Texas. Todos estos testimonios son muy importantes como prueba para demostrar el daño extenso y a largo plazo que un acuerdo de confidencialidad ha causado a una víctima de abuso infantil, de cara a los casos judiciales posteriores. (Este tipo de prueba de daño a largo plazo no se presentó en mi caso judicial en Columbia Británica; por lo tanto, mi solicitud de levantamiento del acuerdo de confidencialidad fue denegada). Todos debemos seguir alzando la voz para cambiar el futuro de los niños. Quizás no podamos cambiar el pasado, pero sin duda podemos cambiar el presente y hacer del mundo un lugar más seguro para los demás. Tras sufrir mucho durante años, ahora veo que ese sufrimiento ha tenido un sentido. Como resultado, me he convertido en una persona más fuerte. No estoy agradecida por el abuso, pero me parece que una fuerza mayor en el universo está ayudando a todas las víctimas a cambiar el mundo por completo ahora mismo. Es un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y todos debemos seguir impulsando este increíble cambio. Gracias a la Ley de Trey y a todos los sobrevivientes que han expresado su apoyo a la Ley de Trey.

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    De un sobreviviente
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    Nunca se sintió realmente real (COCSA)

    Tenía cinco años cuando sucedió. Mi abusadora también era una niña de cinco años. Recuerdo que pensé que mi historia no era válida porque ella es exactamente igual que yo. Con el tiempo, investigué y comencé a darme cuenta y recordar cada vez más sobre los recuerdos de mi abuso. Si te sientes afectado o tienes desencadenantes relacionados con la agresión/abuso sexual, te aconsejo que no leas la siguiente parte. Al principio, olvidé todo lo que sucedió. Recuerdo que tenía unos 11 años cuando me di cuenta de lo que había sucedido. Los recuerdos comenzaron a regresar gradualmente. Ella era mi amiga. Éramos niñas normales de cinco años, siempre jugaba con ella en su casa. En cada cita para jugar, me llevaba a su cuarto de juegos. Cerraba la puerta con llave y bajaba las persianas. Luego, me hacía acostar en un pequeño colchón en el suelo. Lo llamaba un juego. Decía que ella era la doctora y que yo era la paciente. Una vez que estaba en el colchón, se subía encima de mí. Me tocaba por debajo de la ropa. Ella miraba debajo de mi ropa. Me quitaba la ropa. Recuerdo que solo esperaba, deseaba y rezaba para que pronto terminara. Si se lo preguntan, usaba uniforme escolar la mayor parte del tiempo cuando esto sucedía. Esto continuó durante casi todo el año cuando tenía cinco años. Cuando recordé y me di cuenta de lo que me había sucedido, no lo creí. Pensé que estaba exagerando. Pensé que me lo estaba inventando. ¿Cómo podía alguien de la misma edad y género que yo abusar sexualmente de mí? Solo había visto casos de niñas abusadas por hombres mayores. Entonces, ¿cómo podía una niña ser agredida por otra niña? Han pasado algunos años desde que recordé los eventos por primera vez. Me he vuelto más sabia y descubrí que hay muchas formas de agresión. Cuando descubrí por primera vez qué era COCSA, me sentí tan aceptada. Fue tan validante saber que estos recuerdos que me han destruido durante años y años... son reales y son válidos.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Mantente fuerte, no estás solo.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    “Siempre está bien pedir ayuda”

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Sanar es aprender que puedes ser amado.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    #44

    Al final de mi primer año de universidad, estaba en una fiesta. Hacia el final de la noche, después de haber estado bebiendo, dije que quería ir a fumar y un chico que había estado interesado en mí me preguntó si podía acompañarme. Éramos amigos en ese entonces, así que acepté. Fuimos a la zona de atrás, que era un porche cerrado tipo invernadero y no había nadie allí. Después de terminar de fumar, se inclinó y me besó. Me quedé impactada, pero al principio seguí. Procedió a besarme con más intensidad y empezó a tocarme. Sintiéndome incómoda, me detuve y le dije que quería entrar. Me senté en una mesa dentro y él estaba a mi lado. Empecé a sentir el subidón de fumar mientras conversaba con mis amigos que estaban justo enfrente. De repente, sentí su mano subir por mi muslo y empezó a frotarme por encima de los pantalones cortos. Me quedé paralizada, pensando: "¿Qué demonios está pasando ahora? Esto es muy raro y no lo estoy disfrutando. ¿Estoy demasiado drogada para hacer algo ahora? Hay tanta gente a mi alrededor y nadie sabe qué está pasando. ¿Qué está pasando?". Después de lo que me pareció una eternidad, sentí que intentaba meterse en mis pantalones cortos y fue entonces cuando reaccioné y lo miré. No sabía qué decir, y no recuerdo bien qué pasó en ese momento. Estaba en shock. Me dijo algo, probablemente le respondí algo, y luego simplemente se fue. Al día siguiente, lloré y tuve crisis nerviosas en los baños del centro de estudiantes. Estaba confundida y en conflicto conmigo misma intentando procesar lo sucedido. Sentí que era mi culpa porque busqué en Google cosas como "¿qué constituye agresión/acoso sexual?" porque no estaba segura de si lo que había pasado contaba. Pensé que, como solo fue tocarme, no era para tanto. Pensé que porque estaba bajo la influencia era mi culpa. Que no debería haber estado tan jodida. Que no debería haberlo estado engañando y haciéndole creer que estaba interesada en él. Que debería protegerlo porque era amigo de muchos de mis amigos. Pero al final de todo, ÉL ESTABA EQUIVOCADO. ME PUSO EN UNA SITUACIÓN EN LA QUE ESTABA INCÓMODA Y ÉL ME HABÍA VIOLADO EN UNA HABITACIÓN LLENA DE GENTE. Estoy aquí para decir que no importa la acción, no importa cuán pequeña sea, si fuiste violada tus sentimientos son VÁLIDOS. Si no diste tu consentimiento y te sentiste incómoda, ES AGRESIÓN. Sigue siendo tu historia. TU trauma con el que tienes que vivir. No lo ignores ni lo menosprecies porque sientas que no merece ser etiquetado. Tú eres digno. Mereces ser escuchado.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Esperanza
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    🇮🇪

    ¡Lo lograste! Eres increíblemente fuerte y no estás solo.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Círculo de abuso

    Ni siquiera sé por dónde empezar, pero últimamente lo estoy pasando mal y me he dado cuenta de que, aunque mi principal abusador esté muerto, no he lidiado con muchos sentimientos. Siento que siempre fui un blanco. De niña, no tenía confianza en mí misma. Era terriblemente tímida. Tenía un impedimento del habla y siempre sufría acoso escolar, y cambiar de escuela primaria no me ayudó a hacer amigos. Tuve una madre crítica y narcisista a la que nunca pude complacer. Mi primera vez abusó sexualmente de mí a los 8 años por un primo adolescente mayor. Mi madre me permitió pasar la noche sabiendo que su padre, mi tío, era pedófilo y abusaba de muchos niños. No me enteré de esto hasta años después. Era mi primo favorito, por supuesto. Lo admiraba. Iba a todas sus competencias de atletismo. Me estaba manipulando, por supuesto. ¿Por qué si no, un primo de 18 años querría pasar tanto tiempo con su primo de 8 años? En aquel entonces, nadie hablaba mucho de abuso sexual. Ni siquiera de sexo. Al menos en mi casa. Era sucio y te irías al infierno. Eso era todo lo que me decían. Pensé que era una pesadilla durante muchos años. Solo que era tan vívido. Podía oír la música. Open Arms de Journey, podía oler y casi saborear las galletas de almendra redondas, blancas y polvorientas que mi tía me sirvió antes de mandarme a la cama en una habitación con mi primo, su amigo nombre (también hombre). Hasta el día de hoy no puedo entender por qué mi tía metió a una niña de 8 años en una cama con dos adolescentes. Me atormenta. ¿Estaba tan enferma como mi tío y mi primo? Lo único que descubrí después, ya de adulta, es que mi tío abusó de mis tres primos. Uno se volvió pedófilo, otro luchó contra esos impulsos toda su vida y vivió una vida triste y solitaria, y el otro se suicidó y murió solo en un callejón a los 40 años. Me acosté en esa cama esa noche y mi vida cambió por completo. Me desperté con mi primo jugueteando con mis pantalones. Me aparté todo lo que pude. Intenté fingir que seguía dormida. Sabía que él sabía que estaba despierta. No le importó. Hizo lo que quiso. Me quedé allí tumbada. Las lágrimas rodaban silenciosamente por mi rostro. Luego lo olvidé. Fingí que no había pasado, pero seguía apareciendo en mi cabeza. Me repetía que había sido una pesadilla horrible y sucia. Cuando tenía casi 17 años, le conté a mi prima. Mi prima. Me dijo que le había pasado lo mismo una vez mientras veía la tele con él. Decidí contárselo a mi madre. Fue un error. No hizo nada. Solo me hizo sentir peor. Como si fuera culpa mía y se lo contó a todo el mundo. Él todavía podía venir. A todos los días festivos. Un Día de Acción de Gracias, cuando estaba en casa, me acorraló en mi habitación. Pensé que estaba a punto de desmayarme del miedo. Dijo: «Siento mucho todas las veces que te hice cosas». Eso me afectó aún más. Había pensado que solo había sido una vez. Entonces me di cuenta de que probablemente había olvidado o bloqueado otras ocasiones. No podía dejar de darle vueltas a las cosas una y otra vez en mi cabeza tratando de recordar. No podía esperar a salir de mi casa y lejos de mi madre. Nunca salí con nadie en la secundaria. Ni siquiera besé a un chico hasta los 19 años. Sin embargo, mi madre siempre me llamaba puta. Cuando me mudé y empecé a trabajar, me sentí libre por primera vez. Me estaba guardando para el matrimonio, pero cada chico con el que salía y se lo decía me dejaba. A los 22 años empecé a pensar que nunca encontraría a nadie. Estúpido. Quería alejarme de mi madre y entonces conocí a un chico que estaba en el ejército. Había un millón de señales de alerta. Las ignoré. Él bebía. Yo no. Sus padres eran alcohólicos. Pero él vivía en estado. Así que le escribí un par de años mientras estaba destinado en Japón. De repente, se dio de baja del ejército antes de tiempo. No me dijo por qué. No me importó, solo quería mudarme. Así que empaqué mis cosas y me mudé de California a estado. Casi no lo hago cuando justo antes de irme le dieron un DUI (conducir bajo los efectos del alcohol). Él solo tenía 20 años. Yo tenía 22. También había mentido sobre su edad. Como cristiana, el DUI me preocupó mucho, al igual que la mentira sobre la edad y la diferencia de casi 3 años. En resumen, por supuesto, terminé embarazada un año después. Gemelos. Mis padres no lo conocieron hasta el día de la boda. No les gustaba. Una vez casadas, la primera cosa extraña fue cuando estaba embarazada de gemelos y de unos 7 meses. Me desperté y él tenía una linterna y estaba entre mis piernas haciéndome cosas. Estaba horrorizada. No tenía ni idea de qué decir. Durante nuestro matrimonio, el principal problema fue la bebida. Nunca permití que entrara alcohol en casa. Bueno, él aceptó un trabajo en el ferrocarril. Venía a casa una vez a la semana. Pensé que todo estaba bien. Durante siete años vino a casa una vez a la semana. Aparentemente, bebía a diario. Tuvimos dos hijos más en esos siete años, y criar a cuatro solos fue duro sin familia. Nos mudábamos cada uno o dos años. Finalmente, empezó a trabajar como gerente y estaba en casa todas las noches. Las cosas empeoraron. Ya no podía ocultar su problema con la bebida. Se estaba volviendo abusivo, emocionalmente hablando. Dejó de querer sexo casi siempre, y luego encontré páginas de citas y páginas porno. Entonces empezó a violarme. Esperaba a que me durmiera. Luego me despertaba y lo encontraba teniendo sexo conmigo. La primera vez me asusté. Actuaba como si creyera que estaba despierta. La siguiente vez me dijo que era su esposa y que no era violación. Le dije que no volviera a hacer eso, que sabía que había abusado de mí mientras dormía, ¡y lo horrible que es hacerle eso a alguien! Simplemente no le importó. Finalmente le dije que me iría si no iba a rehabilitación por su problema con la bebida. Eso lo llevó a terapia de pareja. Le dijeron que me estaba violando. Y ahí se acabó. No le gustaba ni oírlo. Luego se echó novia. Soy discapacitada y me echó la culpa. Dijo que estaba harto de trabajar de más. Era un vago de lo peor. Gastaba dinero de nuestra jubilación. Siempre había sido ama de casa y hacía poco me habían operado de columna vertebral, y como él gastaba nuestro dinero en drogas y alcohol, ¡fui a conducir un autobús escolar con dolor! No le representaba trabajo extra. Me encargué de todo, incluyendo niños con enfermedades renales, enfermedades genéticas y problemas de salud crónicos, que entraron y salieron del hospital toda su vida. Pedí el divorcio. El maltrato fue suficiente. Me quedé en shock cuando, después de 21 largos años de matrimonio, se marchó y abandonó a sus cuatro hijos. Sin manutención, sin visitas, nada. Debido a su alcoholismo, me sentí agradecida, pero triste por mis hijos. Dos años después de que se formalizara mi divorcio, mi hija menor me confesó algo que me rompió el corazón. Me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo repugnante». Me dio un vuelco. Dijo que su padre abusó de ella cuando yo estaba fuera del estado para el funeral de un amigo. Tenía 8 años. Lloramos. ¡No podía creer que algo tan horrible le volviera a pasar a mi bebé! La culpa. Lo reporté de inmediato. No hicieron nada. Eso fue más devastador. La había preparado para lo que sucedería y luego no hicieron nada. Al final, el karma se encargó de ese hombre malvado. Murió a los 46 años por abusar de las drogas y el alcohol. Murió solo. Como se merecía. Mis hijos son médicos, enfermeros y un hombre de negocios. No dejaron que ese hombre malvado los definiera. No dejé que me quitara mi felicidad. Tuve una vida muy dura. Ni siquiera puedo escribir sobre la mayor parte. Nunca dejé que mi vida dura ni una persona malvada me robaran la felicidad. Él no determinó mi felicidad, yo construí mi propia felicidad. Si hubiera dejado que mi vida difícil me hiciera infeliz, mis hijos habrían tenido una madre infeliz y una infancia infeliz y probablemente no se habrían convertido en adultos exitosos. Tengo días malos. Incluso semanas malas. Como esta semana. Sin embargo, mañana es un nuevo día y puedo intentarlo de nuevo. Me siento mejor compartiendo algo de lo que experimenté. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leerlo. Disculpen si hay partes que no son claras, jaja.

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    🇺🇸

    Sentí que no tenía opción si quería trabajar.

    Tenía 17 años y empecé a trabajar en Ubicación 1. Estaba distanciado de mi familia y vivía en casa, buscando trabajo para intentar terminar la secundaria y conseguir mi propia casa. Iba a la escuela todo el día y trabajaba de 3 a 11 todas las noches. En aquel entonces, el salario mínimo era menos de dos dólares la hora, así que imagínense lo duro que tenía que trabajar para ahorrar. El gerente de la empresa tenía una discapacidad en una mano, así que no podía hacer mucho ejercicio con ella. Así que llegábamos al trabajo y se metía con solo unas cuantas chicas, pero sobre todo conmigo. Me gritaba, me insultaba, me decía cosas horribles y sexuales, me decía que no servía para nada y luego tenía que limpiar baños durante cuatro horas o me despedirían. Me seguía al baño de mujeres e intentaba tocarme y no paraba de hablar de cosas sexuales. Me sentía tan incómoda, tenía miedo. Tenía 17 años y no sabía qué hacer. Esto continuó repetidamente estando atrapada en la habitación del baño de mujeres o atrapada en la esquina de la cocina siempre con sus manos sobre mí. Hice todo lo que pude para alejarme de él, pero él seguía tocándome y si me alejaba, él comenzaba a insultarme y a llamarme nombres horrendos mientras continuaba amenazando mi trabajo. Amenazó con llamar a la policía porque tenía 17 años, amenazó con llamar al estado si no lo dejaba tocarme y besarme. Estaba tan asustada, estaba tan preocupada y seguí alejándome de él mientras él literalmente se lanzaba sobre mí y era simplemente horrible, me tocaba en todas partes, intentaba besarme, me empujaba y simplemente odiaba ir a trabajar al día siguiente porque sabía que sucedería de nuevo. Tenía tanto miedo de que me despidiera y me denunciara al estado por ser menor de edad. Pero después de siete días y mi primer cheque de pago, simplemente no podía volver más. Así que simplemente no volví, no llamé, simplemente no me presenté. Tengo 55 años y todavía me afecta hasta el día de hoy. Luego continuó, mi siguiente trabajo fue un equipo trabajando para Persona 1 en Ubicación 2. La Persona 2 solía acorralarme en la sala de fotocopias con las manos sobre mí y uno llegó tan lejos como para seguirme a casa aterrorizado. Me agredió sexualmente y nunca dije nada, simplemente nunca volví a trabajar. Luego acepté un trabajo en el supermercado Wises y Ubicación 3 en el departamento de carne y panadería pensando que podría estar lejos de la gente. Y el carnicero solía acorralarme en el congelador, intentaba besarme constantemente, me ponía las manos encima, constantemente hacía comentarios sexuales, simplemente nunca terminó. Logré seguir adelante durante un año soportando eso, pero finalmente lo dejé. Fui a la escuela de enfermería y luego conseguí un trabajo trabajando con médicos y hacían lo mismo, un médico o dentista en particular me avergonzaba por mi cuerpo, me hacía sentir como si fuera menos mujer, pero luego hacía comentarios sobre las partes femeninas de mi cuerpo continuamente. Llegó un punto en el que sentí que no había otra opción. Si quería trabajar, tenía que aguantarlo. Ojalá las cosas fueran diferentes entonces, como ahora. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) que sufro es tremendo.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.