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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇪🇸

Corazón fuerte

Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Historia
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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Empezó con mi hermano

    Mi hermano, que ha crecido mucho, me usó, pero aún llevo cicatrices. Mi hermano es cuatro años mayor que yo y, cuando estaba pasando de la primaria a la secundaria, ese verano, me hizo pensar que las chicas de secundaria necesitan saber cómo hacerle sexo oral a los chicos. Primero me lo hizo para mostrarme que no era para tanto. Pensé que era algo muy serio. Pero lo hice y él me entrenó y me hizo mantenerlo en secreto, excepto para mi mejor amiga. Invitó a su amiga a casa cuando tuve una pijamada una noche y le pidió que se lo hiciera a su amiga. Luego nos hacían hacer concursos con los ojos vendados. Al menos entonces no estaba sola. Me cambió, aunque el séptimo grado en sí no tuvo nada que ver con nada de eso. Era una mentira para obtener placer de mí. Mi hermano todavía me hacía hacerlo en casa. Y a veces me lo hacía y yo llegaba al clímax. Así que tuve una extraña vida sexual secreta y me sentí muy mal por eso. Luego, en octavo grado, tuve mi primer novio de verdad. Mis padres son muy estrictos, aunque ambos trabajaban y me dejaban sola con mi hermano. Para ir al cine con mi novio, se aseguraban de que fuera en grupo, me llevaban y me esperaban fuera del cine. Bueno, una vez, cuando fuimos a ver Blancanieves y el cazador, mi mejor amiga y yo hicimos lo que queríamos: hacerle sexo oral a nuestros chicos en la última fila del cine, y lo hicimos. Solo un mes después, empecé a tener sexo con él, algo que nunca habría sucedido de no ser por lo que hizo mi hermano. Nos escapamos de su casa durante una pijamada, quedamos con los chicos afuera, fuimos al parque cercano y lo hicimos en el césped. Esa fue mi virginidad. El evento realmente malo, donde mi vida se descarriló, fue cuando lo intentamos desde mi casa, escabulléndonos por la ventana y adentrándonos un poco más en mi gran patio trasero que daba a la ladera de una gran colina, y mi padre nos pilló. Fue horrible. Se acabó el mundo. Me trataron como una gran traidora y casi todos mis privilegios fueron revocados y esencialmente fui castigada sin fecha límite. Y aún así mi hermano me obligaba a hacerle sexo oral. Estaba desconsolada porque no me permitían tener a mi novio hasta el punto en que mis padres me obligaron a ir a la escuela y hablar con el director y el subdirector y se aseguraron de que no tuviera la oportunidad de verlo a solas. Y mi hermano seguía entrando sigilosamente por la noche a veces o cuando nos quedábamos solas esperando que hiciera lo que él me había entrenado para que estuviera acostumbrada. La siguiente parte realmente mala fue dos meses en mi nueva vida restringida. Mi hermano comenzó a hacerme sexo oral una tarde después de la escuela y decidió llevarlo más lejos y se levantó y comenzó a besarme y tuvo sexo conmigo. Estaba en el momento y no hice nada para detenerlo e incluso participé. Sin condón. Era una tarde en la que mis padres estaban fuera, así que no teníamos que callarnos ni preocuparnos. Y él lo hizo mucho más tiempo que las pocas veces que yo había tenido con mi novio, porque él era mayor y sabía más por haber estado con otras chicas. Me sentí irritada por primera vez y me dio una infección de orina. No cené esa noche, fingí estar enferma y lloré hasta quedarme dormida. Mi hermano tenía muchas ganas de repetirlo, diciéndome que había sido el mejor sexo de su vida, pero me negué, y algo que podía decir de él en aquel entonces era que al menos no era un violador. Aunque me presionaba, nunca intentó forzarme. Cuatro meses después de perder mi virginidad por incesto, terminó el curso escolar y él se graduó. Fui al instituto y él se mudó a una residencia universitaria a 190 kilómetros de nuestro pueblo. La escuela pública terminó para mí, como estaba planeado, en cuanto mi padre me pilló en la colina. Fui a un instituto católico solo para chicas. Mi padre tenía que llevarme media hora en coche todas las mañanas y mi madre me recogía durante todo el primer año. Luego me consiguieron un auto para que pudiera conducir yo mismo, pero el kilometraje y mis tiempos eran monitoreados de cerca. No tuve relaciones sexuales durante la escuela secundaria, pero siete veces en total le hice sexo oral a mi hermano durante las vacaciones de verano e invierno cuando los dos estábamos en casa. Ese fue el fin del incesto en mi vida. Fui a la universidad en Atlanta, pero no a la misma que mi hermano. Me rebelé contra mis padres y, aunque intentaron mantener el control, como adulta legalmente no los dejé. La confusión y la tristeza duraron meses hasta que finalmente lo entendieron. Me separé de ellos financieramente y trabajé y saqué préstamos estudiantiles. Fui muy promiscua en la universidad. Bebía, salía de fiesta y consumía drogas recreativamente y salía con varios chicos de vez en cuando, principalmente para sexo. Esa era mi vida y pensé que la disfrutaba en ese momento. Me volví más fuerte y asertiva, y cuando mi hermano insinuó por primera vez durante una reunión de Acción de Gracias en casa de un pariente que íbamos a dar un paseo, le dije que no quería volver a tocarlo de una forma tan contundente que supo que yo estaba fuera de mis límites e incluso pareció la asustada de nuestra relación. No me matriculé en clases durante dos semestres no consecutivos solo porque mi vida de fiesta era mucho más divertida. Viajaba de vez en cuando. A veces con amigos, a veces con hombres, normalmente mayores, que me invitaban a lugares exóticos. Las Maldivas, Portugal, las Islas Vírgenes. Dejé que mi jefe casado me usara durante un fin de semana en Cayo Hueso. Tuve una aventura con mi profesor de español, que solo me llevó hasta Ciudad de Panamá, Florida. Tantos rollos arriesgados de una noche. Mi identidad era que no buscaba nada permanente, una hija del universo. Mientras que me usaron como juguete tantas veces y creía que me gustaba el juego. Les decía cosas sobre querer hacerles feliz y cosas que inflarían su ego. Estoy segura de que hay muchísimos mensajes de texto por ahí que guardaron sobre la talla de su D que encajaba en mi pequeña P, sobre ser una niña pequeña y querer que me enseñaran a ser mujer y otras fantasías depravadas que pensé que querían oír. Obviamente, directamente relacionadas con lo que me hizo mi hermano. Estoy casi segura de que evité ser violada más de una vez dejándome llevar por la corriente cuando no lo esperaba o probablemente no quería. Puede que sea bueno que algunas de ellas probablemente no las recuerde. Una vez fue en una de las pocas fiestas de fraternidades a las que fui. Éramos tres chicos, no es mi estilo habitual. Otra vez fue con el padre de mi compañera de piso, que la visitaba en nuestra casa alquilada y se metió en mi cama de madrugada. Uno de los eventos traumáticos más extremos fue con un policía que me paró por conducir cuando había bebido, pero tenía menos del límite legal en su alcoholímetro. Me siguió a casa, como a un kilómetro de distancia, "por mi seguridad", e incluso me siguió adentro. Estaba en un apartamento en ese momento y pensé que mi compañera de piso estaba en casa y se lo dije. Pero cuando ella no estaba allí, dijo que le mentí a un oficial de policía y que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva si quería evitar que me arrestaran. No era atractivo ni agradable. Tenía un arma, aunque nunca la sacó. Puedes adivinar lo que pasó. Finalmente me deshice de esa vida salvaje durante mi penúltimo semestre cuando vi venir el final de la universidad. Mi promedio era 3. 3. y mi especialidad era filosofía y me di cuenta de que el futuro no era brillante en términos de lo que haría o cómo pagaría mis préstamos. Me puse a trabajar y decidí cambiar. Tenía una oferta para desnudarme y "ganar mucho dinero", pero afortunadamente no solo nunca me consideré así, sino que cuando fui con una amiga a su entrevista e intentaron reclutarme fueron tan sórdidos que los dos salimos corriendo de allí disgustados. Reevalué toda mi vida. Consideré terminarla, pero algún mecanismo de supervivencia no lo permitió. No quería ser la persona que había sido durante unos años. Miré hacia adelante y vi que no era sostenible a medida que envejecía y no tenía amor ni estabilidad. Dejé de trabajar cuando me ofrecieron un despacho de abogados. Me acosté con el gerente que me contrató como recepcionista, pero fue una gota en el océano de cosas de las que avergonzarme. Fue el último en hacerlo. Saqué solo sobresalientes y me gradué cum laude. Ascendí en el bufete principalmente por mi título, pero lo aproveché para escabullirme y aceptar un trabajo peor pagado en un bufete sin fines de lucro donde no me había acostado con nadie. Allí sí me acosté con un abogado, pero sigo casada con él y mi vida ha vuelto a la normalidad. Lo amo y él me ama. Él no sabe hasta qué punto fui promiscua en la universidad ni sobre mi hermano, y dudo que lo sepa alguna vez. Esa oscuridad se está desvaneciendo y ya no forma parte de mi vida. No es quien soy. En cuanto a mi hermano, ahora tiene familia y nos llevamos bien. Hablamos de ello una vez mientras estudiaba como loca en el último año, aunque no fue una conversación profunda. Mencioné que me usó, se disculpó, nos abrazamos y eso fue todo. No fue la confrontación catártica que algunos esperarían. Mi catarsis es mi esposo y mi vida actual, por la que estoy agradecida. Adoptamos dos hermanos pequeños y soy su mamá. Quizás tengamos uno propio. Quizás volvamos a adoptar. Me usaron y me introdujeron al sexo demasiado joven y temprana, lo que tensó mi relación con mis padres durante mucho tiempo y nunca la recuperaré. Descarriló mi vida. Estuve a la deriva por un tiempo, pero Dios, el universo o la suerte finalmente me pusieron en un buen lugar. Todo lo que sucedió me llevó a lo que soy ahora. No puedo decir que nunca contemplé el suicidio en tiempos más oscuros. Pero como en la película Náufrago, si se me permite citar, “Seguí vivo. Seguí respirando. Y un día, mi lógica se desvirtuó por completo porque la marea subió y me dio una vela. Y ahora, aquí estoy”. Miles de horas dedicadas al estudio de la filosofía y cito una película que ni siquiera está basada en un libro. Pero es perfecta.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

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    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé siglos diciéndole a mi mamá y papá que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era adulto y espabilado. En realidad, era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mi amigo; esto significaría que no tendríamos que viajar de regreso tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre; después de una media hora, comenzó a preguntarme si era virgen y a enseñarme revistas pornográficas. Intenté escaparme e irme a la cama; luego me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero seguía agitado; quería que durmiera en su cama. No tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme después de un partido de fútbol; esta vez intenté persuadir a mis padres de que no debía ir, pero no querían que la entrada se desperdiciara; me atacó y me violó de nuevo; finalmente logré encerrarme en el baño. Mentalmente me quedé en ese baño durante los siguientes 40 años, sin decir nada, sin pedir apoyo, 3 matrimonios fallidos, problemas con la bebida, dificultades para ser un buen padre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exesposa, y su respuesta fue: "No puedo amarte, me has violado al mantener esto en secreto". Esto fue devastador y me llevó a un declive a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un fantástico psiquiatra y un terapeuta de organización de apoyo, me siento mejor y creo que puedo ser amado. Nunca es demasiado tarde para comenzar a sanar.

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    DÉCADAS

    DÉCADAS Cuando tenía 22 años, estaba en el campus universitario con mis finanzas y decidí ir al coche a las 11 de la noche a buscar el pastel que habíamos traído de la cena. Un hombre se me acercó, lo saludé y procedí a buscar el pastel. El hombre se me acercó por detrás y me tiró al suelo intentando violarme. Grité, el tiempo se ralentizó y recuerdo haber oído a mi madre decir que las llaves de mi coche eran un arma, así que empecé a golpearlo con ellas. Me solté con dificultad, corrí hacia un edificio y me caí en el camino. Llegó un conductor que escuchó mis gritos a varias cuadras de distancia y llamaron a la policía. La policía incluso creyó haberlo atrapado y me mostró varias fotos de hombres parecidos, pero no pude identificarlo con certeza, así que lo liberaron. Después de esta agresión sexual, compré un arma, me mudé con mi prometido, tomé clases de defensa personal, leí libros y fui a un psicólogo que me diagnosticó TEPT debido a una ansiedad abrumadora que me paralizaba. El mundo ya no era seguro. Esto generó detonantes y me hizo recordar mi primera agresión sexual de adolescente en un autobús lleno de gente en otro país: un hombre mayor me presionaba la erección mientras yo me alejaba de él hacia la parte delantera del autobús, hasta que finalmente encontré a otra adolescente a quien pude sentar en su regazo para que el desconocido se detuviera. Han pasado 64 años desde que me atacaron en ese estacionamiento. Llevo 64 años felizmente casada y tengo una imagen positiva de mí misma. PERO, todavía no puedo usar faldas. Todavía no puedo ir sola a los estacionamientos de noche y me incomoda ir a cualquier sitio de noche. No puedo ver una película ni una obra de teatro que incluya agresión sexual, porque la ansiedad se vuelve abrumadora. Sigo teniendo la misma pistola.

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    Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y no la voy a desperdiciar. Soy muy feliz y tengo paz en mi hogar. La gente siente lástima por mí porque no tengo contacto con mi familia, pero lo que no entienden es que tengo paz. La paz es mucho más importante que la familia después de lo que he pasado. Tengo un perro de servicio para protegerme de ellos. Es una pitbull y me protege muchísimo. Así que si vienen por mí, más vale que sea con un arma porque es la única manera de que me atrapen. También tengo un gato y ahora es mi familia. Dios me ha bendecido inmensamente desde que dejé el abuso. La Biblia dice que Dios te dará el doble de lo que has perdido debido al abuso. Puedo dar fe de eso. Tengo un hermoso apartamento que es un edificio seguro, así que no puedes entrar a menos que tengas una llave. Vivo en un segundo piso, así que no pueden entrar a robarme. Mi exmarido y mi hija entraron a mi otra casa, robaron mis dos bulldogs ingleses y los mataron solo para hacerme daño. He tenido que mudarme cinco veces porque me siguen encontrando. No ayuda que si buscas el nombre de alguien en Google, puedas averiguar dónde vive. Además de enseñarle al sistema legal sobre el abuso, internet también necesita aprender cómo la gente lo usa no para bien, sino para abusar. Dios me ha bendecido con un coche precioso, una GMC Acadia Denali. Si alguno de ellos lo supiera, se pondría furioso porque su objetivo era destruirme. Dios no iba a permitir que eso sucediera.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

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    Impresión de Sobreviviendo a una violación en grupo

    Surviving Gang Rape impression
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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Para mí, la curación consiste en reconocer el daño y el impacto y negarme a culparme más.

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    Supervivencia.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    Rana liberada del agua hirviendo

    Después de pasar un año soltera a propósito, decidí que por fin estaba lista para involucrarme en una relación. A la mañana siguiente, abrí el móvil y vi un mensaje de alguien en Facebook invitándome a salir. Al parecer, seguían mi página de fotografía en Instagram y teníamos un amigo en común en Facebook, así que decidieron tomarse una foto. Desde el principio fueron divertidísimos, nuestro sentido del humor parecía encajar a la perfección y era fácil charlar con ellos. Nos conocimos en un bar y, para ser una primera cita, pareció ir bastante bien. Al final, sus compañeros de trabajo se colaron, así que terminamos tomando algo y karaoke. Me dolían las mejillas de la risa; parecían muy extrovertidos, lo cual agradecí, y sus compañeros de trabajo dijeron maravillas de ellos. En la segunda cita hablamos durante horas; sentí que los conocía de toda la vida. Sin nervios, me sentí vista y aceptada enseguida tal como era, y fue muy cómoda. Fue un sueño hecho realidad, así me sentí durante los primeros meses de la relación. Parecían cumplir todos mis requisitos: conscientes de sí mismos, empáticos, honestos y de mente abierta. Nos enamoramos bastante rápido. Los primeros signos de abuso psicológico y emocional comenzaron durante los primeros seis meses, pero no lo reconocí como abuso en ese momento. Eran extremadamente celosos y a menudo decían cosas muy hirientes y despectivas sobre mí. Los pillaba mintiendo y luego rompían conmigo, manifestando indiferencia moral, pero luego volvían al día siguiente con sinceras disculpas y promesas de trabajar en sus inseguridades. Les creí. Por supuesto que sí, porque justificaba este comportamiento como resultado de su trauma, el estrés que soportaban en el trabajo, que estuvieran borrachos, etc. Pensé que podría amarlos a pesar de eso, así que hicimos planes para mudarnos juntos. Fue entonces cuando los insultos, la manipulación y la evasiva empeoraron, y surgieron nuevos aspectos. Ahora me criticaban a diario, me castigaban si no les decía adónde iba antes de salir de casa, me amenazaban con enviar correos a mi jefe o fotos íntimas a mi familia, y escribían sobre mis cosas con rotulador permanente o me orinaban encima. Fue entonces cuando empezó la violencia. No me sentía segura en casa porque mis cosas se rompían con frecuencia. La policía vino dos veces y me dijo que si venían una tercera vez, me arrestarían, así que me aseguré de que no volvieran a llamar. Sin embargo, si intentaba llamar a alguien para pedir ayuda, me perseguían, me sujetaban y me agarraban para que no pudiera llamar. Una vez me encerré en el baño y tiraron la puerta abajo a patadas. En ese momento no lo vi como abuso, porque nunca me golpearon. Estaba tan perdida en esta desilusión del "amor" que pensé que solo necesitaban mi apoyo, que necesitaba ser más compasiva, que necesitaba quererlos más; eso era lo que me decían. Era culpa mía y tenía que solucionarlo. Todas las áreas de mi vida se vieron amenazadas: mi hogar, mi trabajo, mi relación familiar, mis mascotas, mi seguridad, mi salud. Me deprimí muchísimo y me perdí en un estado de disociación. Mi familia se dio cuenta de algunas cosas (mantuve la mayor parte en secreto hasta casi el final de la relación, pero había mucho que no pude ocultar) y me dijeron que temían por mi vida. No respondí, pues ese pensamiento ya me había pasado por la cabeza muchas veces y ya no me provocaba reacción. Para entonces, estaba completamente disociada y había aceptado la posibilidad. Una noche, mientras conducía, agarraron el volante y nos metieron en la cuneta. Fue entonces cuando mis miedos se hicieron realidad. Empecé a planificar mi seguridad con la esperanza de que aún pudiéramos hacer que la relación funcionara. El vínculo traumático era fuerte. Una noche empezaron a beber y la situación se intensificó, así que salí de casa y fui a casa de mi hermana. Antes me quedaba para asegurarme de que no destruyeran lo que más amaba, o me iba a dormir en el coche, pero esta vez elegí ver a mi familia. Empecé a recibir mensajes tras mensajes a todas horas, durante toda la noche, con cosas horribles. Insinuaban que mi nuevo gatito se había "escapado" de casa, y mi familia me trajo de vuelta, con el gatito y las maletas preparadas, y fuera en 20 minutos. Para entonces, mi familia lo había visto todo y no había vuelta atrás. Terminar la relación fue confuso, porque no sentía que hubiera tomado la decisión conscientemente. Mi familia redactó mis mensajes para echarlos de casa. Lo acepté, porque me sentía tan agotada y derrotada a esas alturas, que no me quedaba absolutamente nada que dar. Seguimos hablando durante unos meses y ambos comentamos cuánto nos extrañábamos y deseamos que las cosas funcionaran, pero sabía que nunca podría volver a eso, no tenía la fuerza. Me dolía el corazón y lamenté, tirada en el suelo, durante meses, porque sentía que esta era mi persona, alguien que creía conocerme y verme tal como era. Pero la verdad era que no me conocían. Ni siquiera sabían el color de mis ojos después de dos años juntos. Finalmente, me di cuenta de que estaba de luto por una versión de ellos que no existía. Estaba de luto por la vida que creía que podríamos tener, por la futura familia, por la relación que creía que podríamos forjar. También me di cuenta de que me estaba de luto a mí misma. Mi autoestima estaba por los suelos, sentía una enorme pérdida de identidad, no podía tomar una decisión para salvar mi vida, estaba agotada, irritable y enojada. No me reconocí durante muchísimo tiempo. Me sentía traicionada y manipulada, y sentía mucha vergüenza hacia mí misma, pues sentía que era mi culpa no haber visto las señales, no haber encontrado la manera de que funcionara, o haberme quedado tanto tiempo. Sentía que ya no podía confiar en mi juicio. Han pasado dos años y por fin me siento más cerca de mi yo anterior. Luché durante un año y medio con mi duelo y con la comprensión de que lo que había vivido era abuso. Experimenté culpa del superviviente, hipervigilancia, pesadillas, depresión y ataques de pánico durante meses. Empezaba a sentirme mejor con el apoyo de mi terapeuta y del especialista en violencia doméstica con el que trabajaba, y aparecía un nuevo detonante o se producía otro cambio en mi historia y volvía al punto de partida. Sentía que no tenía esperanza de reencontrarme conmigo misma. Extrañaba a la persona que solía ser y parecía imposible librarme de estos sentimientos. Pero incluso cuando me sentía más atascada, seguía adelante. Aunque eso significara simplemente ir a trabajar ese día y luego quedarme en cama el resto del fin de semana. O comer una tostada antes de dormir, como mínimo. O asistir a la cita de terapia aunque no tuviera las palabras. Había semanas de oscuridad, pero luego había un día en el que lloraba y me sentía un poco más tranquila. Visitaba a mi familia y una risa sincera se escapaba de mis labios. Fueron pasos muy, muy pequeños, pero creo que finalmente estoy en un lugar donde la luz me rodea. Sé que aún queda mucho por hacer, pero una vez que empecé a permitirme sentir la ira, el dolor, el sufrimiento sin avergonzarme por ello, las cosas empezaron a mejorar. Sigue adelante; después de todo lo que has superado, sé que puedes superar esto.

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    🇮🇪

    Historia de mi vida robada

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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    De un sobreviviente
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    Empezó con mi hermano

    Mi hermano, que ha crecido mucho, me usó, pero aún llevo cicatrices. Mi hermano es cuatro años mayor que yo y, cuando estaba pasando de la primaria a la secundaria, ese verano, me hizo pensar que las chicas de secundaria necesitan saber cómo hacerle sexo oral a los chicos. Primero me lo hizo para mostrarme que no era para tanto. Pensé que era algo muy serio. Pero lo hice y él me entrenó y me hizo mantenerlo en secreto, excepto para mi mejor amiga. Invitó a su amiga a casa cuando tuve una pijamada una noche y le pidió que se lo hiciera a su amiga. Luego nos hacían hacer concursos con los ojos vendados. Al menos entonces no estaba sola. Me cambió, aunque el séptimo grado en sí no tuvo nada que ver con nada de eso. Era una mentira para obtener placer de mí. Mi hermano todavía me hacía hacerlo en casa. Y a veces me lo hacía y yo llegaba al clímax. Así que tuve una extraña vida sexual secreta y me sentí muy mal por eso. Luego, en octavo grado, tuve mi primer novio de verdad. Mis padres son muy estrictos, aunque ambos trabajaban y me dejaban sola con mi hermano. Para ir al cine con mi novio, se aseguraban de que fuera en grupo, me llevaban y me esperaban fuera del cine. Bueno, una vez, cuando fuimos a ver Blancanieves y el cazador, mi mejor amiga y yo hicimos lo que queríamos: hacerle sexo oral a nuestros chicos en la última fila del cine, y lo hicimos. Solo un mes después, empecé a tener sexo con él, algo que nunca habría sucedido de no ser por lo que hizo mi hermano. Nos escapamos de su casa durante una pijamada, quedamos con los chicos afuera, fuimos al parque cercano y lo hicimos en el césped. Esa fue mi virginidad. El evento realmente malo, donde mi vida se descarriló, fue cuando lo intentamos desde mi casa, escabulléndonos por la ventana y adentrándonos un poco más en mi gran patio trasero que daba a la ladera de una gran colina, y mi padre nos pilló. Fue horrible. Se acabó el mundo. Me trataron como una gran traidora y casi todos mis privilegios fueron revocados y esencialmente fui castigada sin fecha límite. Y aún así mi hermano me obligaba a hacerle sexo oral. Estaba desconsolada porque no me permitían tener a mi novio hasta el punto en que mis padres me obligaron a ir a la escuela y hablar con el director y el subdirector y se aseguraron de que no tuviera la oportunidad de verlo a solas. Y mi hermano seguía entrando sigilosamente por la noche a veces o cuando nos quedábamos solas esperando que hiciera lo que él me había entrenado para que estuviera acostumbrada. La siguiente parte realmente mala fue dos meses en mi nueva vida restringida. Mi hermano comenzó a hacerme sexo oral una tarde después de la escuela y decidió llevarlo más lejos y se levantó y comenzó a besarme y tuvo sexo conmigo. Estaba en el momento y no hice nada para detenerlo e incluso participé. Sin condón. Era una tarde en la que mis padres estaban fuera, así que no teníamos que callarnos ni preocuparnos. Y él lo hizo mucho más tiempo que las pocas veces que yo había tenido con mi novio, porque él era mayor y sabía más por haber estado con otras chicas. Me sentí irritada por primera vez y me dio una infección de orina. No cené esa noche, fingí estar enferma y lloré hasta quedarme dormida. Mi hermano tenía muchas ganas de repetirlo, diciéndome que había sido el mejor sexo de su vida, pero me negué, y algo que podía decir de él en aquel entonces era que al menos no era un violador. Aunque me presionaba, nunca intentó forzarme. Cuatro meses después de perder mi virginidad por incesto, terminó el curso escolar y él se graduó. Fui al instituto y él se mudó a una residencia universitaria a 190 kilómetros de nuestro pueblo. La escuela pública terminó para mí, como estaba planeado, en cuanto mi padre me pilló en la colina. Fui a un instituto católico solo para chicas. Mi padre tenía que llevarme media hora en coche todas las mañanas y mi madre me recogía durante todo el primer año. Luego me consiguieron un auto para que pudiera conducir yo mismo, pero el kilometraje y mis tiempos eran monitoreados de cerca. No tuve relaciones sexuales durante la escuela secundaria, pero siete veces en total le hice sexo oral a mi hermano durante las vacaciones de verano e invierno cuando los dos estábamos en casa. Ese fue el fin del incesto en mi vida. Fui a la universidad en Atlanta, pero no a la misma que mi hermano. Me rebelé contra mis padres y, aunque intentaron mantener el control, como adulta legalmente no los dejé. La confusión y la tristeza duraron meses hasta que finalmente lo entendieron. Me separé de ellos financieramente y trabajé y saqué préstamos estudiantiles. Fui muy promiscua en la universidad. Bebía, salía de fiesta y consumía drogas recreativamente y salía con varios chicos de vez en cuando, principalmente para sexo. Esa era mi vida y pensé que la disfrutaba en ese momento. Me volví más fuerte y asertiva, y cuando mi hermano insinuó por primera vez durante una reunión de Acción de Gracias en casa de un pariente que íbamos a dar un paseo, le dije que no quería volver a tocarlo de una forma tan contundente que supo que yo estaba fuera de mis límites e incluso pareció la asustada de nuestra relación. No me matriculé en clases durante dos semestres no consecutivos solo porque mi vida de fiesta era mucho más divertida. Viajaba de vez en cuando. A veces con amigos, a veces con hombres, normalmente mayores, que me invitaban a lugares exóticos. Las Maldivas, Portugal, las Islas Vírgenes. Dejé que mi jefe casado me usara durante un fin de semana en Cayo Hueso. Tuve una aventura con mi profesor de español, que solo me llevó hasta Ciudad de Panamá, Florida. Tantos rollos arriesgados de una noche. Mi identidad era que no buscaba nada permanente, una hija del universo. Mientras que me usaron como juguete tantas veces y creía que me gustaba el juego. Les decía cosas sobre querer hacerles feliz y cosas que inflarían su ego. Estoy segura de que hay muchísimos mensajes de texto por ahí que guardaron sobre la talla de su D que encajaba en mi pequeña P, sobre ser una niña pequeña y querer que me enseñaran a ser mujer y otras fantasías depravadas que pensé que querían oír. Obviamente, directamente relacionadas con lo que me hizo mi hermano. Estoy casi segura de que evité ser violada más de una vez dejándome llevar por la corriente cuando no lo esperaba o probablemente no quería. Puede que sea bueno que algunas de ellas probablemente no las recuerde. Una vez fue en una de las pocas fiestas de fraternidades a las que fui. Éramos tres chicos, no es mi estilo habitual. Otra vez fue con el padre de mi compañera de piso, que la visitaba en nuestra casa alquilada y se metió en mi cama de madrugada. Uno de los eventos traumáticos más extremos fue con un policía que me paró por conducir cuando había bebido, pero tenía menos del límite legal en su alcoholímetro. Me siguió a casa, como a un kilómetro de distancia, "por mi seguridad", e incluso me siguió adentro. Estaba en un apartamento en ese momento y pensé que mi compañera de piso estaba en casa y se lo dije. Pero cuando ella no estaba allí, dijo que le mentí a un oficial de policía y que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva si quería evitar que me arrestaran. No era atractivo ni agradable. Tenía un arma, aunque nunca la sacó. Puedes adivinar lo que pasó. Finalmente me deshice de esa vida salvaje durante mi penúltimo semestre cuando vi venir el final de la universidad. Mi promedio era 3. 3. y mi especialidad era filosofía y me di cuenta de que el futuro no era brillante en términos de lo que haría o cómo pagaría mis préstamos. Me puse a trabajar y decidí cambiar. Tenía una oferta para desnudarme y "ganar mucho dinero", pero afortunadamente no solo nunca me consideré así, sino que cuando fui con una amiga a su entrevista e intentaron reclutarme fueron tan sórdidos que los dos salimos corriendo de allí disgustados. Reevalué toda mi vida. Consideré terminarla, pero algún mecanismo de supervivencia no lo permitió. No quería ser la persona que había sido durante unos años. Miré hacia adelante y vi que no era sostenible a medida que envejecía y no tenía amor ni estabilidad. Dejé de trabajar cuando me ofrecieron un despacho de abogados. Me acosté con el gerente que me contrató como recepcionista, pero fue una gota en el océano de cosas de las que avergonzarme. Fue el último en hacerlo. Saqué solo sobresalientes y me gradué cum laude. Ascendí en el bufete principalmente por mi título, pero lo aproveché para escabullirme y aceptar un trabajo peor pagado en un bufete sin fines de lucro donde no me había acostado con nadie. Allí sí me acosté con un abogado, pero sigo casada con él y mi vida ha vuelto a la normalidad. Lo amo y él me ama. Él no sabe hasta qué punto fui promiscua en la universidad ni sobre mi hermano, y dudo que lo sepa alguna vez. Esa oscuridad se está desvaneciendo y ya no forma parte de mi vida. No es quien soy. En cuanto a mi hermano, ahora tiene familia y nos llevamos bien. Hablamos de ello una vez mientras estudiaba como loca en el último año, aunque no fue una conversación profunda. Mencioné que me usó, se disculpó, nos abrazamos y eso fue todo. No fue la confrontación catártica que algunos esperarían. Mi catarsis es mi esposo y mi vida actual, por la que estoy agradecida. Adoptamos dos hermanos pequeños y soy su mamá. Quizás tengamos uno propio. Quizás volvamos a adoptar. Me usaron y me introdujeron al sexo demasiado joven y temprana, lo que tensó mi relación con mis padres durante mucho tiempo y nunca la recuperaré. Descarriló mi vida. Estuve a la deriva por un tiempo, pero Dios, el universo o la suerte finalmente me pusieron en un buen lugar. Todo lo que sucedió me llevó a lo que soy ahora. No puedo decir que nunca contemplé el suicidio en tiempos más oscuros. Pero como en la película Náufrago, si se me permite citar, “Seguí vivo. Seguí respirando. Y un día, mi lógica se desvirtuó por completo porque la marea subió y me dio una vela. Y ahora, aquí estoy”. Miles de horas dedicadas al estudio de la filosofía y cito una película que ni siquiera está basada en un libro. Pero es perfecta.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    De un sobreviviente
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    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé siglos diciéndole a mi mamá y papá que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era adulto y espabilado. En realidad, era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mi amigo; esto significaría que no tendríamos que viajar de regreso tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre; después de una media hora, comenzó a preguntarme si era virgen y a enseñarme revistas pornográficas. Intenté escaparme e irme a la cama; luego me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero seguía agitado; quería que durmiera en su cama. No tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme después de un partido de fútbol; esta vez intenté persuadir a mis padres de que no debía ir, pero no querían que la entrada se desperdiciara; me atacó y me violó de nuevo; finalmente logré encerrarme en el baño. Mentalmente me quedé en ese baño durante los siguientes 40 años, sin decir nada, sin pedir apoyo, 3 matrimonios fallidos, problemas con la bebida, dificultades para ser un buen padre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exesposa, y su respuesta fue: "No puedo amarte, me has violado al mantener esto en secreto". Esto fue devastador y me llevó a un declive a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un fantástico psiquiatra y un terapeuta de organización de apoyo, me siento mejor y creo que puedo ser amado. Nunca es demasiado tarde para comenzar a sanar.

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    De un sobreviviente
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    Creo que Dios me ha dado una segunda oportunidad y no la voy a desperdiciar. Soy muy feliz y tengo paz en mi hogar. La gente siente lástima por mí porque no tengo contacto con mi familia, pero lo que no entienden es que tengo paz. La paz es mucho más importante que la familia después de lo que he pasado. Tengo un perro de servicio para protegerme de ellos. Es una pitbull y me protege muchísimo. Así que si vienen por mí, más vale que sea con un arma porque es la única manera de que me atrapen. También tengo un gato y ahora es mi familia. Dios me ha bendecido inmensamente desde que dejé el abuso. La Biblia dice que Dios te dará el doble de lo que has perdido debido al abuso. Puedo dar fe de eso. Tengo un hermoso apartamento que es un edificio seguro, así que no puedes entrar a menos que tengas una llave. Vivo en un segundo piso, así que no pueden entrar a robarme. Mi exmarido y mi hija entraron a mi otra casa, robaron mis dos bulldogs ingleses y los mataron solo para hacerme daño. He tenido que mudarme cinco veces porque me siguen encontrando. No ayuda que si buscas el nombre de alguien en Google, puedas averiguar dónde vive. Además de enseñarle al sistema legal sobre el abuso, internet también necesita aprender cómo la gente lo usa no para bien, sino para abusar. Dios me ha bendecido con un coche precioso, una GMC Acadia Denali. Si alguno de ellos lo supiera, se pondría furioso porque su objetivo era destruirme. Dios no iba a permitir que eso sucediera.

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    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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    Supervivencia.

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    Historia de mi vida robada

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

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    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Historia
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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    DÉCADAS

    DÉCADAS Cuando tenía 22 años, estaba en el campus universitario con mis finanzas y decidí ir al coche a las 11 de la noche a buscar el pastel que habíamos traído de la cena. Un hombre se me acercó, lo saludé y procedí a buscar el pastel. El hombre se me acercó por detrás y me tiró al suelo intentando violarme. Grité, el tiempo se ralentizó y recuerdo haber oído a mi madre decir que las llaves de mi coche eran un arma, así que empecé a golpearlo con ellas. Me solté con dificultad, corrí hacia un edificio y me caí en el camino. Llegó un conductor que escuchó mis gritos a varias cuadras de distancia y llamaron a la policía. La policía incluso creyó haberlo atrapado y me mostró varias fotos de hombres parecidos, pero no pude identificarlo con certeza, así que lo liberaron. Después de esta agresión sexual, compré un arma, me mudé con mi prometido, tomé clases de defensa personal, leí libros y fui a un psicólogo que me diagnosticó TEPT debido a una ansiedad abrumadora que me paralizaba. El mundo ya no era seguro. Esto generó detonantes y me hizo recordar mi primera agresión sexual de adolescente en un autobús lleno de gente en otro país: un hombre mayor me presionaba la erección mientras yo me alejaba de él hacia la parte delantera del autobús, hasta que finalmente encontré a otra adolescente a quien pude sentar en su regazo para que el desconocido se detuviera. Han pasado 64 años desde que me atacaron en ese estacionamiento. Llevo 64 años felizmente casada y tengo una imagen positiva de mí misma. PERO, todavía no puedo usar faldas. Todavía no puedo ir sola a los estacionamientos de noche y me incomoda ir a cualquier sitio de noche. No puedo ver una película ni una obra de teatro que incluya agresión sexual, porque la ansiedad se vuelve abrumadora. Sigo teniendo la misma pistola.

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    🇨🇦

    Impresión de Sobreviviendo a una violación en grupo

    Surviving Gang Rape impression
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  • Mensaje de la Comunidad
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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Para mí, la curación consiste en reconocer el daño y el impacto y negarme a culparme más.

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    Rana liberada del agua hirviendo

    Después de pasar un año soltera a propósito, decidí que por fin estaba lista para involucrarme en una relación. A la mañana siguiente, abrí el móvil y vi un mensaje de alguien en Facebook invitándome a salir. Al parecer, seguían mi página de fotografía en Instagram y teníamos un amigo en común en Facebook, así que decidieron tomarse una foto. Desde el principio fueron divertidísimos, nuestro sentido del humor parecía encajar a la perfección y era fácil charlar con ellos. Nos conocimos en un bar y, para ser una primera cita, pareció ir bastante bien. Al final, sus compañeros de trabajo se colaron, así que terminamos tomando algo y karaoke. Me dolían las mejillas de la risa; parecían muy extrovertidos, lo cual agradecí, y sus compañeros de trabajo dijeron maravillas de ellos. En la segunda cita hablamos durante horas; sentí que los conocía de toda la vida. Sin nervios, me sentí vista y aceptada enseguida tal como era, y fue muy cómoda. Fue un sueño hecho realidad, así me sentí durante los primeros meses de la relación. Parecían cumplir todos mis requisitos: conscientes de sí mismos, empáticos, honestos y de mente abierta. Nos enamoramos bastante rápido. Los primeros signos de abuso psicológico y emocional comenzaron durante los primeros seis meses, pero no lo reconocí como abuso en ese momento. Eran extremadamente celosos y a menudo decían cosas muy hirientes y despectivas sobre mí. Los pillaba mintiendo y luego rompían conmigo, manifestando indiferencia moral, pero luego volvían al día siguiente con sinceras disculpas y promesas de trabajar en sus inseguridades. Les creí. Por supuesto que sí, porque justificaba este comportamiento como resultado de su trauma, el estrés que soportaban en el trabajo, que estuvieran borrachos, etc. Pensé que podría amarlos a pesar de eso, así que hicimos planes para mudarnos juntos. Fue entonces cuando los insultos, la manipulación y la evasiva empeoraron, y surgieron nuevos aspectos. Ahora me criticaban a diario, me castigaban si no les decía adónde iba antes de salir de casa, me amenazaban con enviar correos a mi jefe o fotos íntimas a mi familia, y escribían sobre mis cosas con rotulador permanente o me orinaban encima. Fue entonces cuando empezó la violencia. No me sentía segura en casa porque mis cosas se rompían con frecuencia. La policía vino dos veces y me dijo que si venían una tercera vez, me arrestarían, así que me aseguré de que no volvieran a llamar. Sin embargo, si intentaba llamar a alguien para pedir ayuda, me perseguían, me sujetaban y me agarraban para que no pudiera llamar. Una vez me encerré en el baño y tiraron la puerta abajo a patadas. En ese momento no lo vi como abuso, porque nunca me golpearon. Estaba tan perdida en esta desilusión del "amor" que pensé que solo necesitaban mi apoyo, que necesitaba ser más compasiva, que necesitaba quererlos más; eso era lo que me decían. Era culpa mía y tenía que solucionarlo. Todas las áreas de mi vida se vieron amenazadas: mi hogar, mi trabajo, mi relación familiar, mis mascotas, mi seguridad, mi salud. Me deprimí muchísimo y me perdí en un estado de disociación. Mi familia se dio cuenta de algunas cosas (mantuve la mayor parte en secreto hasta casi el final de la relación, pero había mucho que no pude ocultar) y me dijeron que temían por mi vida. No respondí, pues ese pensamiento ya me había pasado por la cabeza muchas veces y ya no me provocaba reacción. Para entonces, estaba completamente disociada y había aceptado la posibilidad. Una noche, mientras conducía, agarraron el volante y nos metieron en la cuneta. Fue entonces cuando mis miedos se hicieron realidad. Empecé a planificar mi seguridad con la esperanza de que aún pudiéramos hacer que la relación funcionara. El vínculo traumático era fuerte. Una noche empezaron a beber y la situación se intensificó, así que salí de casa y fui a casa de mi hermana. Antes me quedaba para asegurarme de que no destruyeran lo que más amaba, o me iba a dormir en el coche, pero esta vez elegí ver a mi familia. Empecé a recibir mensajes tras mensajes a todas horas, durante toda la noche, con cosas horribles. Insinuaban que mi nuevo gatito se había "escapado" de casa, y mi familia me trajo de vuelta, con el gatito y las maletas preparadas, y fuera en 20 minutos. Para entonces, mi familia lo había visto todo y no había vuelta atrás. Terminar la relación fue confuso, porque no sentía que hubiera tomado la decisión conscientemente. Mi familia redactó mis mensajes para echarlos de casa. Lo acepté, porque me sentía tan agotada y derrotada a esas alturas, que no me quedaba absolutamente nada que dar. Seguimos hablando durante unos meses y ambos comentamos cuánto nos extrañábamos y deseamos que las cosas funcionaran, pero sabía que nunca podría volver a eso, no tenía la fuerza. Me dolía el corazón y lamenté, tirada en el suelo, durante meses, porque sentía que esta era mi persona, alguien que creía conocerme y verme tal como era. Pero la verdad era que no me conocían. Ni siquiera sabían el color de mis ojos después de dos años juntos. Finalmente, me di cuenta de que estaba de luto por una versión de ellos que no existía. Estaba de luto por la vida que creía que podríamos tener, por la futura familia, por la relación que creía que podríamos forjar. También me di cuenta de que me estaba de luto a mí misma. Mi autoestima estaba por los suelos, sentía una enorme pérdida de identidad, no podía tomar una decisión para salvar mi vida, estaba agotada, irritable y enojada. No me reconocí durante muchísimo tiempo. Me sentía traicionada y manipulada, y sentía mucha vergüenza hacia mí misma, pues sentía que era mi culpa no haber visto las señales, no haber encontrado la manera de que funcionara, o haberme quedado tanto tiempo. Sentía que ya no podía confiar en mi juicio. Han pasado dos años y por fin me siento más cerca de mi yo anterior. Luché durante un año y medio con mi duelo y con la comprensión de que lo que había vivido era abuso. Experimenté culpa del superviviente, hipervigilancia, pesadillas, depresión y ataques de pánico durante meses. Empezaba a sentirme mejor con el apoyo de mi terapeuta y del especialista en violencia doméstica con el que trabajaba, y aparecía un nuevo detonante o se producía otro cambio en mi historia y volvía al punto de partida. Sentía que no tenía esperanza de reencontrarme conmigo misma. Extrañaba a la persona que solía ser y parecía imposible librarme de estos sentimientos. Pero incluso cuando me sentía más atascada, seguía adelante. Aunque eso significara simplemente ir a trabajar ese día y luego quedarme en cama el resto del fin de semana. O comer una tostada antes de dormir, como mínimo. O asistir a la cita de terapia aunque no tuviera las palabras. Había semanas de oscuridad, pero luego había un día en el que lloraba y me sentía un poco más tranquila. Visitaba a mi familia y una risa sincera se escapaba de mis labios. Fueron pasos muy, muy pequeños, pero creo que finalmente estoy en un lugar donde la luz me rodea. Sé que aún queda mucho por hacer, pero una vez que empecé a permitirme sentir la ira, el dolor, el sufrimiento sin avergonzarme por ello, las cosas empezaron a mejorar. Sigue adelante; después de todo lo que has superado, sé que puedes superar esto.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.