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Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇨🇴

No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Perdí la cuenta, pero recuerdo el daño.

    Esta es una de mis experiencias de abuso sexual. Honestamente, he perdido la cuenta de cuántas veces he sido abusada; el número ya no lo recuerdo. Era mi jefe, un hombre casado con tres hijos, probablemente de entre 35 y 38 años. Después del trabajo, me llevaba a su jardín. Me vertía alcohol a la fuerza, demasiado. Incluso cuando le decía: "Me estás sirviendo demasiado, no puedo beber esto", seguía presionándome para que me lo terminara. Al principio accedí a beber con él, pero le dije claramente varias veces que no estaba lista para tener relaciones sexuales. Incluso le dije que haría sexo oral, pero no sexo completo. Me emborraché tanto que no recuerdo exactamente cuándo empezó. De repente, estaba teniendo relaciones sexuales conmigo. Estuve gritando todo el tiempo. Incluso me dijo que gritara más fuerte; al día siguiente me dolía la garganta. No usó condón ni lubricante. Cada vez era doloroso. Después, y al día siguiente, sangraba al ir al baño, aunque no tenía la regla. Fui sola al ginecólogo. El examen pélvico fue extremadamente doloroso. Me dijo que tenía una infección grave, me limpió y tuve que tomar antibióticos. También me hicieron pruebas de ETS; por suerte, todas dieron negativo. Hubo otras veces también. Una vez le dije que tenía la regla, que estaba borracha y que quería dormir, pero aun así me quitó la ropa y se frotó contra mí hasta que terminó. Cada vez, en cuanto eyaculaba, se vestía y se iba sin decir una palabra. Durante mucho tiempo me culpé por completo. Pensaba: "Me subí a su coche por mi propia voluntad, bebí, así que es mi culpa". Justo después de que sucediera, quedé destrozada: con muchísima ansiedad, lloré durante meses, e incluso ahora, casi un año después, sigo llorando por ello y siento una profunda vergüenza y culpa. Me pregunto constantemente por qué permití que esto sucediera. Pero ahora sé que nada de esto fue culpa mía. Dije que no. Estaba demasiado borracha para dar mi consentimiento de verdad. Se aprovechó de mí e ignoró mis límites y mi dolor. Todavía estoy sanando. Compartir esto forma parte de ese proceso.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    🇮🇪

    Esta plataforma es muy reconfortante y alentadora. Les envío mucho cariño a todos los que la leen.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    Años después, 19. Mirando fijamente mi pantalla... estás ahí. Siempre estás ahí.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé horas diciéndoles a mis padres que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era mayor y espabilado. En realidad era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mis amigos; esto significaría que no tendríamos que regresar tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre ; después de media hora, empezó a preguntarme si era virgen y a mostrarme revistas pornográficas. Intenté escapar e irme a la cama; entonces me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero él seguía agitado; quería que durmiera en su cama; no tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme allí tras un partido de fútbol; esta vez intenté convencer a mis padres de que no fuera, pero no querían que la entrada se desperdiciara. Me atacó y me violó de nuevo; al final conseguí encerrarme en el baño. Mentalmente, permanecí en ese baño durante los siguientes 40 años, sin contarlo nunca, sin pedir ayuda; tres matrimonios fallidos, problemas con el alcohol, dificultades para ser una buena madre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exmujer; su respuesta fue: «No puedo quererte; me has traicionado al guardar este secreto». Esto fue devastador y me llevó a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un psiquiatra fantástico y un terapeuta de organización de apoyo , me siento mejor y creo que puedo ser amada. Nunca es demasiado tarde para empezar a sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Llegaré allí, pero aún no estoy allí.

    Hay fragmentos de diferentes historias que encajan con mi situación. Soy una ejecutiva exitosa y me da tanta vergüenza haber ignorado todas las señales de alerta y haberme metido en este lío. Me siento tan indigna, una combinación de negligencia emocional infantil, agresión sexual en la adolescencia y un matrimonio de 25 años lleno de negligencia emocional e infidelidad. Incluso me siento indigna de ponerme en la misma categoría que las sobrevivientes de esta página, como si mi historia no fuera tan válida. Él también es un sobreviviente de agresión sexual; fue abusado por una prima mayor cuando era pequeño. Eso fue parte de la atracción al principio. Pensé que entendíamos el dolor del otro y que nos ayudaríamos mutuamente a sanar lo que aún quedaba. Al principio, la atención se sentía como cariño, como si a alguien finalmente le importara. Las peticiones de que me enviara mensajes de texto donde estaba a todas horas, querer rastrear mi ubicación y compartir la suya, querer hablar o hacer FaceTime toda la noche por teléfono, incluso dormir con la llamada encendida, a mi lado, cuando no estábamos juntos. Ahora sé que se trataba de control y una profunda falta de confianza. He aprendido con el tiempo a no mirar nunca a mi alrededor en un restaurante o me acusarán de mirar fijamente a otro hombre. He eliminado a la mayoría de mis amigos hombres en las redes sociales y tengo miedo de publicar algo por si alguno de los que quedan comenta. Él exige que le muestre cualquier comunicación de cualquier hombre en las redes sociales. Quiere saber mi horario de reuniones de trabajo y se enoja si no le respondo de inmediato. Una vez, estaba fuera de la ciudad y mi teléfono no estaba enchufado correctamente, así que se agotó la batería durante la llamada de FaceTime de la noche. Entré en pánico cuando me desperté y me di cuenta de lo que había sucedido, y él estaba furioso conmigo. Quería saber si le había engañado entre las 4 y las 8 de la mañana, cuando el teléfono estaba muerto. Y todavía no le he pedido que se vaya. No sé por qué. Casi hemos roto varias veces, y cada vez le creo que será diferente. No será diferente. Estoy agotada y ya no me reconozco. Me da mucha vergüenza contarle a mis amigos y familiares la magnitud de esto, aunque ellos saben que las cosas no están bien.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    No fue tu culpa. No eres sucio/a. Ignora y borra a cualquiera que diga lo contrario.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Marchando a través de la locura

    Esta historia no es fácil de leer, pero es más difícil de vivir. Soy una sobreviviente de abuso narcisista, agresión sexual y un fracaso sistémico. Comparto esto no por lástima, sino por la verdad. Por cada mujer que ha sido silenciada, rechazada o retraumatizada por los mismos sistemas que se supone que deberían protegerla. Escribo esto para recuperar mi voz y ayudar a otros a encontrar la suya. Me llevó hasta los cincuenta años darme cuenta de mi valor. Pasé décadas cargando con el peso de una infancia que me despojó de confianza y autoestima. Eso estuvo fuertemente influenciado por un dictador nefasto que se hacía llamar papá. El abuso físico fue bastante malo, pero él se encargó de que sus hijos llegaran a la edad adulta sin conocer nuestro propio valor y sin autoestima alguna. Aun así, logré casarme, criar hijos y tener buenos trabajos. Soy inteligente, me desenvuelvo bien. Pero hasta hace poco, nadie sabía lo poco que pensaba en mí misma, ni siquiera yo misma. Entonces llegó el hombre que casi me destruiría. Era más joven, persistente, y ahora lo entiendo: me estaba condicionando para el abuso narcisista. Lo que siguió fueron tres años de trauma diario. Lloraba a mares todos los días. Eso son más de 1095 días de devastación emocional. Al final, mi energía, mi vivacidad y mi tenacidad apenas aguantaban. Hizo las cosas más atroces. Mató a mi gato. Amenazó mi vida y la de mis hijos. Me mantuvo atada al miedo. Destruyó todo lo que tenía, incluyendo mi Tahoe 2009, que usaba para trabajar y cuidar a mis hijos. Lo hizo estallar poco después de enviarme a la UCI, luchando por mi vida. Me negué a darle el nombre del hospital o mis médicos. Estuve allí durante 18 días. Estaba al límite todos los días. Un capellán me visitaba a diario. Como era una muy Feliz Navidad por la COVID, a mis hijos adolescentes no se les permitió despedirse. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue una bendición: nadie habló de muerte en la vida de mis hijos. Dios es bueno. La infección que casi me mata y casi me cuesta la pierna derecha fue consecuencia de una agresión sexual. Regresé a casa con una vía central de inserción periférica (PICC), recibiendo antibióticos diarios durante seis semanas. Mis hijos me los administraron. Tuve cuatro cirugías en tres meses y una transfusión de sangre. Dos días después de llegar a casa, mi camioneta explotó. Era uno de esos autos que se ven en la autopista envueltos en llamas. Después de salir del hospital y ver mi camioneta explotar, supe que tenía que luchar por justicia. Tenía pruebas: historiales médicos, fotos, testigos. Me habían asfixiado, apuñalado, agredido y recibido amenazas de muerte por escrito y en video. Esperé un año para presentar la demanda porque estaba destrozada física y mentalmente. No me quedaba nada. Pero cuando finalmente lo hice, pensé que alguien me ayudaría. Pensé que el sistema me protegería. No fue así. El fiscal del distrito nunca me contactó. Ni una sola vez. Tuve que depender de las alertas de VINE solo para saber cuándo estaba en el tribunal. Nadie me dijo nada. Un juez denegó mi orden de protección y lo llamó "cariño" y "bebé" en el tribunal. Contaba con un equipo legal sólido de una organización sin fines de lucro, e incluso ellos se quedaron impactados. Querían trasladar el caso a otro condado, pero yo tenía miedo. No quería provocar al oso. Él seguía acosándome. Seguía observándome. Fui revictimizada por las mismas personas que se suponía que debían ayudarme. La policía ignoró mis denuncias. Los defensores se burlaron de mí. Uno incluso se burló de mí por preguntar por una cena de Navidad después de que me sacaran todos los dientes por el daño que él causó. Tenía un hijo menor en casa y sin comida. Y se rieron. La Oficina de Compensación a las Víctimas de la Fiscalía General me ayudó con la factura del hospital por la extracción de mis dientes, pero no con el reemplazo. No me reubicaron porque no vivíamos juntos, aunque él me veía casi a diario. Tenían ayuda, pero no para mí. Lo condenaron a seis días en la cárcel del condado. Eso es todo. Sin restitución. Sin rendición de cuentas. Todavía sabe dónde estoy. Todavía me acecha en redes sociales para recordarme que algún día cumplirá su amenaza de perseguirme cuando menos lo espere. No sé dónde está. Y vivo con ese miedo a diario. Después de que el sistema judicial me fallara, no tuve adónde recurrir más que a mi interior. Pasé por tres centros de mujeres diferentes y agoté al máximo cada programa de terapia que ofrecían. Asistí a cada sesión, fui por mí y por mis dos hijos, quienes habían presenciado todo el drama, incluso cuando apenas podía hablar por el dolor. No solo estaba sanando de un trauma físico. Estaba sanando de haber sido ignorada, rechazada y revictimizada por las mismas instituciones que se suponía que debían protegerme. Y cuando la terapia se acabó, no paré. Encontré capacitación gratuita en emprendimiento a través de Memorial Assistance Ministries y me dediqué por completo, no porque tuviera un plan de negocios, sino porque necesitaba algo que me recordara que aún valía. Me inscribí en el programa Navigator y, con solo asistir a una reunión de retroalimentación en United Way, pude acceder a formación en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Obtuve certificados de la Universidad de Maryland, la Universidad de Valencia e incluso Harvard. Obtuve mi certificación en diseño gráfico y la usé para crear productos de empoderamiento, diarios y piezas de narrativa visual que hablaban del dolor que no siempre podía expresar en voz alta. Obtuve 17 certificados a través del Texas Advocacy Project, convirtiéndome en una defensora con experiencia vivida e informada sobre el trauma. Hice todo esto mientras aún sanaba, seguía creciendo y me acercaba a mi 60.º cumpleaños. Ahora aquí estoy, todavía sin poder encontrar trabajo. Tengo todo este conocimiento, toda esta formación, y ningún lugar donde aplicarlo. Sigo en pie. Sigo creando. Sigo intentándolo. Pero el silencio del mundo que me rodea es ensordecedor. No solo sobreviví, me transformé. Y, sin embargo, sigo esperando que se abra una puerta. Voy a seguir escribiendo. Seguir luchando. Seguir cuidando de mi salud, incluso cuando el sistema a mi alrededor me hace sentir que sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Aún no he podido resolver los problemas dentales, y eso por sí solo ha afectado mi confianza, mi comodidad y mi capacidad para integrarme plenamente en el mundo. Es muy posible que me enfrente a una crisis de vivienda en los próximos meses. Vivir con una discapacidad no es sostenible, y las cuentas no cuadran por mucho que intente estirarlas. Pero no me rendiré. He llegado demasiado lejos, he aprendido demasiado y he construido demasiados puentes como para detenerme ahora. Busco un milagro, no porque sea impotente, sino porque he hecho todo lo posible por mi cuenta. Estoy lista para que se abra una puerta. Lista para que alguien vea el valor de lo que he construido, de lo que sé, de quién soy. No pido caridad. Pido una oportunidad para convertir toda esta experiencia vivida en un impacto. En un legado. En algo que finalmente se sienta como justicia.

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    A todos los sobrevivientes aquí: los vemos, los escuchamos, les creemos.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Perdí la cuenta, pero recuerdo el daño.

    Esta es una de mis experiencias de abuso sexual. Honestamente, he perdido la cuenta de cuántas veces he sido abusada; el número ya no lo recuerdo. Era mi jefe, un hombre casado con tres hijos, probablemente de entre 35 y 38 años. Después del trabajo, me llevaba a su jardín. Me vertía alcohol a la fuerza, demasiado. Incluso cuando le decía: "Me estás sirviendo demasiado, no puedo beber esto", seguía presionándome para que me lo terminara. Al principio accedí a beber con él, pero le dije claramente varias veces que no estaba lista para tener relaciones sexuales. Incluso le dije que haría sexo oral, pero no sexo completo. Me emborraché tanto que no recuerdo exactamente cuándo empezó. De repente, estaba teniendo relaciones sexuales conmigo. Estuve gritando todo el tiempo. Incluso me dijo que gritara más fuerte; al día siguiente me dolía la garganta. No usó condón ni lubricante. Cada vez era doloroso. Después, y al día siguiente, sangraba al ir al baño, aunque no tenía la regla. Fui sola al ginecólogo. El examen pélvico fue extremadamente doloroso. Me dijo que tenía una infección grave, me limpió y tuve que tomar antibióticos. También me hicieron pruebas de ETS; por suerte, todas dieron negativo. Hubo otras veces también. Una vez le dije que tenía la regla, que estaba borracha y que quería dormir, pero aun así me quitó la ropa y se frotó contra mí hasta que terminó. Cada vez, en cuanto eyaculaba, se vestía y se iba sin decir una palabra. Durante mucho tiempo me culpé por completo. Pensaba: "Me subí a su coche por mi propia voluntad, bebí, así que es mi culpa". Justo después de que sucediera, quedé destrozada: con muchísima ansiedad, lloré durante meses, e incluso ahora, casi un año después, sigo llorando por ello y siento una profunda vergüenza y culpa. Me pregunto constantemente por qué permití que esto sucediera. Pero ahora sé que nada de esto fue culpa mía. Dije que no. Estaba demasiado borracha para dar mi consentimiento de verdad. Se aprovechó de mí e ignoró mis límites y mi dolor. Todavía estoy sanando. Compartir esto forma parte de ese proceso.

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    🇮🇪

    Esta plataforma es muy reconfortante y alentadora. Les envío mucho cariño a todos los que la leen.

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    🇺🇸

    Años después, 19. Mirando fijamente mi pantalla... estás ahí. Siempre estás ahí.

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    De un sobreviviente
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    Llegaré allí, pero aún no estoy allí.

    Hay fragmentos de diferentes historias que encajan con mi situación. Soy una ejecutiva exitosa y me da tanta vergüenza haber ignorado todas las señales de alerta y haberme metido en este lío. Me siento tan indigna, una combinación de negligencia emocional infantil, agresión sexual en la adolescencia y un matrimonio de 25 años lleno de negligencia emocional e infidelidad. Incluso me siento indigna de ponerme en la misma categoría que las sobrevivientes de esta página, como si mi historia no fuera tan válida. Él también es un sobreviviente de agresión sexual; fue abusado por una prima mayor cuando era pequeño. Eso fue parte de la atracción al principio. Pensé que entendíamos el dolor del otro y que nos ayudaríamos mutuamente a sanar lo que aún quedaba. Al principio, la atención se sentía como cariño, como si a alguien finalmente le importara. Las peticiones de que me enviara mensajes de texto donde estaba a todas horas, querer rastrear mi ubicación y compartir la suya, querer hablar o hacer FaceTime toda la noche por teléfono, incluso dormir con la llamada encendida, a mi lado, cuando no estábamos juntos. Ahora sé que se trataba de control y una profunda falta de confianza. He aprendido con el tiempo a no mirar nunca a mi alrededor en un restaurante o me acusarán de mirar fijamente a otro hombre. He eliminado a la mayoría de mis amigos hombres en las redes sociales y tengo miedo de publicar algo por si alguno de los que quedan comenta. Él exige que le muestre cualquier comunicación de cualquier hombre en las redes sociales. Quiere saber mi horario de reuniones de trabajo y se enoja si no le respondo de inmediato. Una vez, estaba fuera de la ciudad y mi teléfono no estaba enchufado correctamente, así que se agotó la batería durante la llamada de FaceTime de la noche. Entré en pánico cuando me desperté y me di cuenta de lo que había sucedido, y él estaba furioso conmigo. Quería saber si le había engañado entre las 4 y las 8 de la mañana, cuando el teléfono estaba muerto. Y todavía no le he pedido que se vaya. No sé por qué. Casi hemos roto varias veces, y cada vez le creo que será diferente. No será diferente. Estoy agotada y ya no me reconozco. Me da mucha vergüenza contarle a mis amigos y familiares la magnitud de esto, aunque ellos saben que las cosas no están bien.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Marchando a través de la locura

    Esta historia no es fácil de leer, pero es más difícil de vivir. Soy una sobreviviente de abuso narcisista, agresión sexual y un fracaso sistémico. Comparto esto no por lástima, sino por la verdad. Por cada mujer que ha sido silenciada, rechazada o retraumatizada por los mismos sistemas que se supone que deberían protegerla. Escribo esto para recuperar mi voz y ayudar a otros a encontrar la suya. Me llevó hasta los cincuenta años darme cuenta de mi valor. Pasé décadas cargando con el peso de una infancia que me despojó de confianza y autoestima. Eso estuvo fuertemente influenciado por un dictador nefasto que se hacía llamar papá. El abuso físico fue bastante malo, pero él se encargó de que sus hijos llegaran a la edad adulta sin conocer nuestro propio valor y sin autoestima alguna. Aun así, logré casarme, criar hijos y tener buenos trabajos. Soy inteligente, me desenvuelvo bien. Pero hasta hace poco, nadie sabía lo poco que pensaba en mí misma, ni siquiera yo misma. Entonces llegó el hombre que casi me destruiría. Era más joven, persistente, y ahora lo entiendo: me estaba condicionando para el abuso narcisista. Lo que siguió fueron tres años de trauma diario. Lloraba a mares todos los días. Eso son más de 1095 días de devastación emocional. Al final, mi energía, mi vivacidad y mi tenacidad apenas aguantaban. Hizo las cosas más atroces. Mató a mi gato. Amenazó mi vida y la de mis hijos. Me mantuvo atada al miedo. Destruyó todo lo que tenía, incluyendo mi Tahoe 2009, que usaba para trabajar y cuidar a mis hijos. Lo hizo estallar poco después de enviarme a la UCI, luchando por mi vida. Me negué a darle el nombre del hospital o mis médicos. Estuve allí durante 18 días. Estaba al límite todos los días. Un capellán me visitaba a diario. Como era una muy Feliz Navidad por la COVID, a mis hijos adolescentes no se les permitió despedirse. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue una bendición: nadie habló de muerte en la vida de mis hijos. Dios es bueno. La infección que casi me mata y casi me cuesta la pierna derecha fue consecuencia de una agresión sexual. Regresé a casa con una vía central de inserción periférica (PICC), recibiendo antibióticos diarios durante seis semanas. Mis hijos me los administraron. Tuve cuatro cirugías en tres meses y una transfusión de sangre. Dos días después de llegar a casa, mi camioneta explotó. Era uno de esos autos que se ven en la autopista envueltos en llamas. Después de salir del hospital y ver mi camioneta explotar, supe que tenía que luchar por justicia. Tenía pruebas: historiales médicos, fotos, testigos. Me habían asfixiado, apuñalado, agredido y recibido amenazas de muerte por escrito y en video. Esperé un año para presentar la demanda porque estaba destrozada física y mentalmente. No me quedaba nada. Pero cuando finalmente lo hice, pensé que alguien me ayudaría. Pensé que el sistema me protegería. No fue así. El fiscal del distrito nunca me contactó. Ni una sola vez. Tuve que depender de las alertas de VINE solo para saber cuándo estaba en el tribunal. Nadie me dijo nada. Un juez denegó mi orden de protección y lo llamó "cariño" y "bebé" en el tribunal. Contaba con un equipo legal sólido de una organización sin fines de lucro, e incluso ellos se quedaron impactados. Querían trasladar el caso a otro condado, pero yo tenía miedo. No quería provocar al oso. Él seguía acosándome. Seguía observándome. Fui revictimizada por las mismas personas que se suponía que debían ayudarme. La policía ignoró mis denuncias. Los defensores se burlaron de mí. Uno incluso se burló de mí por preguntar por una cena de Navidad después de que me sacaran todos los dientes por el daño que él causó. Tenía un hijo menor en casa y sin comida. Y se rieron. La Oficina de Compensación a las Víctimas de la Fiscalía General me ayudó con la factura del hospital por la extracción de mis dientes, pero no con el reemplazo. No me reubicaron porque no vivíamos juntos, aunque él me veía casi a diario. Tenían ayuda, pero no para mí. Lo condenaron a seis días en la cárcel del condado. Eso es todo. Sin restitución. Sin rendición de cuentas. Todavía sabe dónde estoy. Todavía me acecha en redes sociales para recordarme que algún día cumplirá su amenaza de perseguirme cuando menos lo espere. No sé dónde está. Y vivo con ese miedo a diario. Después de que el sistema judicial me fallara, no tuve adónde recurrir más que a mi interior. Pasé por tres centros de mujeres diferentes y agoté al máximo cada programa de terapia que ofrecían. Asistí a cada sesión, fui por mí y por mis dos hijos, quienes habían presenciado todo el drama, incluso cuando apenas podía hablar por el dolor. No solo estaba sanando de un trauma físico. Estaba sanando de haber sido ignorada, rechazada y revictimizada por las mismas instituciones que se suponía que debían protegerme. Y cuando la terapia se acabó, no paré. Encontré capacitación gratuita en emprendimiento a través de Memorial Assistance Ministries y me dediqué por completo, no porque tuviera un plan de negocios, sino porque necesitaba algo que me recordara que aún valía. Me inscribí en el programa Navigator y, con solo asistir a una reunión de retroalimentación en United Way, pude acceder a formación en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Obtuve certificados de la Universidad de Maryland, la Universidad de Valencia e incluso Harvard. Obtuve mi certificación en diseño gráfico y la usé para crear productos de empoderamiento, diarios y piezas de narrativa visual que hablaban del dolor que no siempre podía expresar en voz alta. Obtuve 17 certificados a través del Texas Advocacy Project, convirtiéndome en una defensora con experiencia vivida e informada sobre el trauma. Hice todo esto mientras aún sanaba, seguía creciendo y me acercaba a mi 60.º cumpleaños. Ahora aquí estoy, todavía sin poder encontrar trabajo. Tengo todo este conocimiento, toda esta formación, y ningún lugar donde aplicarlo. Sigo en pie. Sigo creando. Sigo intentándolo. Pero el silencio del mundo que me rodea es ensordecedor. No solo sobreviví, me transformé. Y, sin embargo, sigo esperando que se abra una puerta. Voy a seguir escribiendo. Seguir luchando. Seguir cuidando de mi salud, incluso cuando el sistema a mi alrededor me hace sentir que sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Aún no he podido resolver los problemas dentales, y eso por sí solo ha afectado mi confianza, mi comodidad y mi capacidad para integrarme plenamente en el mundo. Es muy posible que me enfrente a una crisis de vivienda en los próximos meses. Vivir con una discapacidad no es sostenible, y las cuentas no cuadran por mucho que intente estirarlas. Pero no me rendiré. He llegado demasiado lejos, he aprendido demasiado y he construido demasiados puentes como para detenerme ahora. Busco un milagro, no porque sea impotente, sino porque he hecho todo lo posible por mi cuenta. Estoy lista para que se abra una puerta. Lista para que alguien vea el valor de lo que he construido, de lo que sé, de quién soy. No pido caridad. Pido una oportunidad para convertir toda esta experiencia vivida en un impacto. En un legado. En algo que finalmente se sienta como justicia.

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    A todos los sobrevivientes aquí: los vemos, los escuchamos, les creemos.

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    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

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    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé horas diciéndoles a mis padres que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era mayor y espabilado. En realidad era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mis amigos; esto significaría que no tendríamos que regresar tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre ; después de media hora, empezó a preguntarme si era virgen y a mostrarme revistas pornográficas. Intenté escapar e irme a la cama; entonces me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero él seguía agitado; quería que durmiera en su cama; no tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme allí tras un partido de fútbol; esta vez intenté convencer a mis padres de que no fuera, pero no querían que la entrada se desperdiciara. Me atacó y me violó de nuevo; al final conseguí encerrarme en el baño. Mentalmente, permanecí en ese baño durante los siguientes 40 años, sin contarlo nunca, sin pedir ayuda; tres matrimonios fallidos, problemas con el alcohol, dificultades para ser una buena madre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exmujer; su respuesta fue: «No puedo quererte; me has traicionado al guardar este secreto». Esto fue devastador y me llevó a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un psiquiatra fantástico y un terapeuta de organización de apoyo , me siento mejor y creo que puedo ser amada. Nunca es demasiado tarde para empezar a sanar.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Aprender a vivir sin querer matarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    No fue tu culpa. No eres sucio/a. Ignora y borra a cualquiera que diga lo contrario.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.