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Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Esperanza
De un sobreviviente
🇬🇧

¿Qué es lo próximo que esperas con ilusión? Podría ser algo tan sencillo como ver el amanecer.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Sanar significa amor y libertad Significa dejar que el amor sea más grande que el miedo

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Violación. Es una palabra muy fuerte.

    Tenía 18 años y había vuelto a casa de un amigo de un viejo amigo. Estaba allí con él (H), su amigo (J, de quién era la casa), mi mejor amiga (E) y algunos otros. Bebimos mucho y terminamos jugando al strip póker. No me sentía del todo cómodo en ese momento, pero quería participar. Mientras jugábamos, me tocó quitarme la camiseta, así que lo hice. Fui al baño, pero no sabía dónde ir en esa casa que no conocía. J se ofreció a llevarme al baño y acepté. Me besó de camino, me levantó y me llevó a su habitación. No me importó, pero luego la cosa se puso un poco intensa y dejé de sentirme bien. Esperaba que mi amigo (E) se diera cuenta de mi ausencia. Intentó tener sexo conmigo y yo seguía negándome; al final, simplemente lo dejé pasar. Oí a E gritándome desde abajo y J se enfadó, se detuvo y me dijo que bajara. Eran las 4:30 a. m. y nos echó de su casa en medio de la espesa nieve. Recuerdo lo frío que estaba el camino. Me sentí tan vulnerable, borracha y asustada en ese momento. Solo había una persona a la que creíamos que podíamos llamar y era un traficante de drogas que conocíamos, era un hombre del que otros hombres desconfiaban, así que pensamos que sería la opción más segura (mirando hacia atrás, no tengo ni idea de por qué pensamos que era una buena idea). A la mañana siguiente le conté a mi amiga E lo que había pasado, J era alguien a quien conocía bastante bien y se disgustó cuando se lo conté. Lo llamó enseguida y él lo negó todo, dijo que estaba mintiendo. Nunca olvidaré esa oleada instantánea de dudas. ¿Estaba mintiendo? ¿Lo había engañado? ¿Era mi culpa por jugar al strip póker con todo el mundo? Cinco años después y todavía dudo de mi memoria, dudo de si fui violada o no. Violación. Es una palabra muy fuerte, ¿verdad?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Sanar significa negarse a ser definido por cualquier error o experiencia que te haya quebrantado.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    La vida mejora.

    Cuando tenía 7 años, empecé a sufrir abusos sexuales. No fue por parte de ningún familiar, sino del segundo marido de mi abuela. Todo terminó a los 12, cuando nos mudamos a pocos kilómetros y él dejó de visitarme. A los 17, estaba en terapia por otras cosas, y finalmente salió a la luz. Me ayudaron a decidir cómo se lo iba a contar a mi madre. También me dijeron que debía prepararme para que mi familia no me creyera. Pensé: «No conoces a mi familia. Todos se defienden». Bueno, eso pensé. Mi madre nunca quiso hablar de ello. Ahora entiendo que se debía a la culpa; ella tenía que lidiar con sus propias enfermedades mentales. Mi hermana, bueno, se puso en mi contra durante unos años. Diciendo que mentía, intenté arruinar el matrimonio de mi abuela con mis mentiras, amenazándome con golpearme. Mi hermana incluso intentó demostrar que mentía haciéndole cuidar a su bebé recién nacido mientras ella hacía la compra. Cuando este hombre murió, la cosa empeoró. Mi hermana y mi tía dijeron que no podían llorarlo por las mentiras que dije sobre él. Dijeron que era mala y que no querían que me acercara a su hija por si le hacía algo. Mis primos me preguntaban: "¿Qué te hizo exactamente?". Mi abuela decía: "No es un pedófilo". Todo esto casi me destruyó. Fue peor que el abuso sexual que sufrí de niña. Decidí que quería alejarme de mi familia. Así que me matriculé en la universidad a los 23 años, a los 27 me gradué y conseguí trabajo directamente. Había estado ahorrando para la universidad, así que logré mudarme a mi propia casa bastante rápido. Ahora, con 33 años, y mirando hacia atrás, a menudo pienso: "¿De verdad pasó todo eso?". Desde entonces, me he alejado más de mi familia. Hacerlo me ha ayudado a mantenerme alejada de su drama y solo visitarlos de vez en cuando. Ahora están mucho mejor, pero aún así prefiero mantener las distancias. Estoy bien mentalmente. Tengo buenos amigos y me he construido una buena vida. Mi consejo para cualquiera que vaya a... es: prepárate para que tu familia no te crea. Háblalo solo con personas de confianza y solo cuando quieras hablar de ello. No sientas la necesidad de dar explicaciones a nadie. Lo mejor que... El terapeuta dijo que, independientemente de lo que hicieras o dejaras de hacer, no era tu culpa. Eras solo un niño.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Caos en el campamento

    Cuando tenía 10 años, fui de campamento para el cumpleaños número 80 de mi primo. Había muchos familiares y recuerdo que hacía un frío helador. Yo estaba en una caravana con mi papá en el sofá cama. Mi primo nombre de 40 años, estaba en la habitación de atrás y su novia estaba en la mesa de la cocina, que habíamos convertido en cama. No podía dormir y mi primo nombre estaba despierto, me vio temblando y me dijo que fuera a la habitación de atrás porque allí haría más calor. Por supuesto, acepté porque me sentía segura con él y confiaba en él. Poco después de acostarme, empezó a preguntarme si estaba dormida. Al principio respondí que no, pero luego me cansé de responder. Finalmente, pensó que estaba dormida y puso su mano en mi costado antes de deslizarla debajo de mi sujetador deportivo. Recuerdo ese sujetador deportivo. Era un sujetador cutre de Walmart, de color gris, y fue uno de los primeros sujetadores que usé. Me giró y me besó entre dientes. Suplicaba despertar de esa pesadilla. Metió la mano en mis pantalones. Se levantó y recuerdo haber oído un crujido; ahora que lo pienso, podría haber estado abriendo un condón, pero no lo sabía. Cuando volvió a la cama, fingí despertarme y me senté en el sofá con mi padre. Recuerdo estar allí tumbada, en estado de shock por lo que acababa de pasar. Me quedé con los ojos bien abiertos y no podía dormir. Finalmente se lo conté a mis amigos y familiares, y les agradezco muchísimo el apoyo que me brindaron.

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    #566

    Hola, soy Nombre , y esta es mi historia. Si pudiera volver a ser yo a los 8 años y contarle todo lo que le esperaba en el futuro, no me creería… No podría entender cómo algo tan objetivamente malo podía pasarle a alguien tan dulce e inocente como ella. Al crecer, me he dado cuenta de que a mucha gente le pasan muchas cosas malas. Es la vida, y estamos aquí para experimentarla, pero eso no significa que debamos quedarnos callados sobre las cosas malas que nos pasan. El cambio empieza con una persona a la vez… En septiembre de 2021, me drogaron, me agredieron sexualmente y me robaron la misma noche. Había salido con una amiga y nos encontramos con dos chicos. Recordaba todo hasta ese preciso momento, pero el resto eran fragmentos borrosos. No tenía control de lo que estaba pasando cuando perdía y recuperaba la consciencia. Me desperté a la mañana siguiente presa del pánico, con la ropa arrancada del cuerpo. Me habían robado el móvil y el MacBook de mi habitación y la puerta de entrada estaba abierta de par en par. De repente, todo se volvió aterrador y confuso. La experiencia no terminó con la agresión. Había mucho más por venir. Pruebas de ADN, entrevistas tras entrevistas con la policía, que me dijeran que era su palabra contra la mía, que me dijeran que solo me verían como una estudiante universitaria borracha… La lista era interminable. Me vi obligada a mudarme de casa porque ya no soportaba vivir allí. Ya no podía dormir en esa habitación. Nunca volvería a sentirme segura en ese hogar. En ese momento, me sentía absolutamente asqueada de mí misma. Me sentía avergonzada e inútil, e incluso me sentía extraña con mi propia familia durante un tiempo; no podía mirarme al espejo sin sentir náuseas. Solo podía imaginarme a mí misma a los 8 años. Esa niña inocente, llena de tanta pureza, amor y felicidad. Alguien le había hecho eso… Sufrí de TEPT durante un tiempo y esto afectó a todos los aspectos de mi vida, incluyendo mi vida sexual, mi autoestima, mi educación y mi salud mental. Ahora estoy experimentando un crecimiento postraumático (CPT). El CPT es el crecimiento psicológico positivo que una persona puede experimentar después de sufrir un evento traumático. Recientemente he notado un cambio en mi perspectiva de la vida. Me he vuelto más consciente espiritualmente y puedo controlar mis emociones mejor que nunca. Lo hago observando mis pensamientos, lo cual practico a través de la meditación. Esto me permite ver los resultados positivos de cualquier situación. He dejado de preguntarme "¿Por qué me tuvo que pasar esto a mí?" y he empezado a preguntarme "¿Por qué está pasando esto?". He comenzado a canalizar mis emociones a través de mi práctica de diseño, lo que me ha llevado a tener una perspectiva más fuerte de mi situación. Sin embargo, me doy cuenta de que este no es el caso para muchas otras mujeres y me siento afortunada de haber llegado a donde estoy mentalmente. Quiero contar mi historia, no solo por mí, sino por otras mujeres. Por todas las mujeres que han sufrido cualquier forma de agresión o acoso sexual. Quiero que sepan que no está bien. No es normal y no debemos quedarnos calladas al respecto. Estos son nuestros cuerpos y nuestros recipientes, y nadie debería poder hacer con ellos lo que quiera ni decir lo que quiera al respecto. No es justo. No deberíamos sentirnos inseguras al caminar a casa por la noche, no deberíamos tener que sujetar las llaves con los nudillos, no deberíamos tener que evitar ciertas rutas para volver a casa por la iluminación de la zona, no deberíamos tener que bajarnos las faldas para evitar que los hombres se exciten, no deberíamos tener que tapar nuestras bebidas cuando salimos, no deberíamos tener que fingir que hablamos por teléfono para sentirnos seguras, no deberíamos tener que evitar el transporte público por miedo a que nos manoseen, no deberíamos sufrir abusos verbales ni físicos… No deberíamos tener que guardar silencio.

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    Mi primo me tocaba pero no sé cómo considerarlo porque era menor que yo....

    Hace unos años tuve una experiencia desagradable, Tenido un primo un año menor que yo en ese tiempo ambos eramos menores de edad cuando comenzó esto (aclaro yo media 1,60 y el 1,80), realmente muchas cosas pasan por mi cabeza, pero nosotros vamos de vacaciones en familia por lo que cuando paso estábamos en la playa, al grano, todo esto comenzó cuando el me abrazaba por la cintura y ponía su cara en mis pechos, al principio era eso, lo consideraba algo inofensivo pero raro pues ninguno era de contacto físico, con los días fue escalando, me abrazaba por la cintura mucho, se pegaba a mi sobrepasando cualquier límite, se subia sobre mi espalda, casi inmovilizandome y pegaba su cuerpo contra mi hasta el punto que yo sintia su erección, luego comenzó a buscar momentos a solas para presionarse contra mi, se metía a mi cama en las madrugadas y me abrazaba, mantenía una erección contra mi retaguardia y respiraba agitadamente en mi oído por lo que no sabía si dormía o no, pero si yo lo echaba el se negaba a apartarse reclamando un tiempo más, esto escalo hasta que un dia me tocó, me tocaba el trasero amasandolo y ponía su erección contra mi pierna buscando fricción y con otra mano amasaba mi pecho y trataba de meter su mano bajo mi polera, puse límites unas cuantas veces pero al no querer que las cosas fueran incómodas entre nosotros no era firme, no se como catalogar esto pues ambos éramos menores y nose que pensar

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Sanación
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    Para mí, hablar con personas en las que confío me ayudó a sanar.

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  • Mensaje de Esperanza
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    Creo que cualquiera que pueda superar este tipo de trauma es asombroso.

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    La bombilla se enciende

    Diez días después de que mi hija incógnita recibiera el alta del hospital, donde se había sometido a cirugías cerebrales por epilepsia, incógnita estaba descansando en su habitación cuando mi exmarido me pidió que le ayudara a comprar algo por internet. Le dije que no (algo muy raro, pero estaba preparando algo de comer para incógnita ) y explotó, arrojándome café caliente encima y destrozando la cocina. Y por primera vez, se me encendió la bombilla. La bombilla decía: "Esto tiene que parar". Una vez que vio que algo fundamental había cambiado en mí, que hablaba en serio, intensificó sus tácticas semana tras semana. Llevábamos casi 20 años casados y no podía creer que lo estuviera dejando. Lo único que sabía hacer en respuesta era más agresiones, más amenazas, más acoso, más robos. Estaba fuera de sí. En un momento dado, se paró en los escalones de nuestra casa gritando "¿Por qué no abortaste a los niños?" una y otra vez. Durante unos seis u ocho meses, estoy casi segura de que estuvo considerando un asesinato-suicidio. Tuve que dejarlo todo atrás para escapar: la casa, los amigos, el trabajo. Vendí todas mis pertenencias de valor. Como crecí en un hogar con violencia doméstica, no la entendía bien, incluso cuando era víctima. No sabía que empujar, patear y arrojar objetos o líquidos calientes a alguien son actos ilegales. No sabía que los insultos, los apodos despectivos y el sexo coercitivo no son normales en una relación. No sabía lo deshonesto que era (y sigue siendo) mi exmarido.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Me gustaría compartir mi historia con todos y obtener justicia.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Sólo el comienzo.

    No tengo recuerdos muy claros de mi infancia y de mi etapa en el instituto, así que puede que esté un poco disperso o falto de detalles. A menudo he tenido una relación complicada con la intimidad y los hombres. No sé cuándo ni por qué empezó, pero nunca me he valorado del todo como debería, y por eso dejé que los demás me valoraran aún menos. Siempre he sido tímida y un poco torpe, así que cuando los chicos empezaron a interesarse por mí en el instituto, supongo que simplemente me dejé llevar. Tenía un amigo en el instituto que solía hacerme insinuaciones sexuales. Me gustaba desde hacía un tiempo, así que no me oponía rotundamente a nada. Desarrollamos una especie de "relación" en la que nos encontrábamos al fondo del auditorio para besarnos y él a menudo me presionaba y me complacía para que le hiciera sexo oral. Recuerdo que era muy indecisa y tenía mucho miedo a ese tipo de cosas. Mirando hacia atrás, creo que siempre había una sensación extraña que me ponía ansiosa. Normalmente lo superaba; es difícil decir que no cuando alguien te lo ruega una y otra vez. Sobre todo cuando intentas conservar todos los amigos posibles. Esto continuó. Creo que tal vez mi reputación en la escuela era la de ser sexualmente "fácil". Los chicos que me gustaban me presionaban para tener relaciones sexuales y, a cambio, me sobornaban con cumplidos y la esperanza de convertirme en algo más. Me avergüenza lo fácil que era dejarme llevar. No creo que buscara atención, no la disfrutaba; creo que buscaba más romance y pensé que esto era lo que tenía que hacer para gustarle a alguien. Un avance rápido a justo antes de la pandemia. Conocí a un chico a través de una buena amiga. Me invitó a comer. Había tenido citas informales en el instituto, pero nada tan "formal", si se le puede llamar así. Así que fui. Rápidamente nos convertimos en pareja y, a pesar de mi incomodidad por lo rápido que avanzaban las cosas, nuestra relación se volvió más seria. Cuando empezó la pandemia, la usamos como excusa para pasar la cuarentena juntos. Recuerdo que me alegraba que estuviera cerca, pero me disgustaba lo mucho que invadía mi espacio. Me quitaba todo el tiempo. Él dejó de salir con nuestros amigos y me animó a que yo también lo hiciera. Hacía comentarios sobre las cosas más raras, diciendo que la forma en que hacía las cosas (cosas básicas como la forma en que me duchaba) era tonta. Hablaba mal de mi madre y jugaba con las grietas de esa relación. Me volvió loca con todas las personas cercanas a mí en el transcurso de unos meses. Estuve aislada, viviendo en la casa de su familia con él, sus padres y sus hermanos, todo durante una pandemia. Fue entonces cuando mi salud mental se deterioró. Tenía tanta nostalgia que lloraba todos los días por extrañar a mi familia y a mi gato. Fue entonces cuando mi libido comenzó a disminuir y eso no le gustó. Estaba triste y cansada y el mundo parecía que se acababa, porque en cierto modo lo era. Pero él todavía quería algún tipo de sexo casi todos los días. Al principio, nos comprometíamos a no tener sexo completo, sino a hacer cosas pequeñas. Con el tiempo, empecé a decir que no, que no disfrutaba haciendo algo TODOS LOS DÍAS. Se ponía todo de mal humor, se quedaba callado y se comportaba de forma pasivo-agresiva conmigo. Yo le decía: «No, solo estoy cansada esta noche y quiero dormir», y él aceptaba, solo para darse la vuelta y suplicarme una y otra vez antes de que finalmente cediera y lo masturbara o le hiciera sexo oral. Sentía que tal vez algo andaba mal conmigo y que no quería tener relaciones sexuales con mi novio. Como si no fuera lo suficientemente buena. Esta relación duró poco más de un año. Por aquel entonces nos mudamos a casa de mi padre, ya que nos daba más espacio y privacidad. Durante ese tiempo, mis «no» eran cada vez menos escuchados. Cedía al sexo tras oír sus súplicas y su decepción. Me quedaba allí tumbada y lo dejaba tener sexo conmigo casi todas las noches. Empezó a experimentar con el sexo anal. Al principio, acepté porque nunca lo había probado y estaba dispuesta a tantear el terreno. Cuando supe enseguida que no era algo que disfrutaba, se convirtió en otra de sus insistencias. Él bajaba y lo intentaba una y otra vez después de que le suplicaba que no lo hiciera. Me compraba juguetes sexuales y tapones anales repetidamente para ver si podía usarlos conmigo, y a menudo lo hacía. En ese momento, estaba tan mal mentalmente que terminé impaciente durante un par de semanas. Incluso allí, me acosaba con llamadas, queriendo saber qué estaba haciendo todo el tiempo, e incluso me decía que no necesitaba estar allí y que debería volver a casa. Después de que finalmente rompí con él en un proceso largo e igualmente desagradable, empecé a leer sobre abuso sexual y violación. Todavía me cuesta admitir que realmente fui violada. Lo siento inválido y como si alguien más lo hubiera etiquetado. Hubo muchos más casos de abuso, verbal y sexual, y a menudo pierdo algunos recuerdos de esa época solo para que vuelvan en momentos inesperados. A menudo siento que mi cuerpo no es uno que reconozco, y a menudo siento que no tengo control sobre mi propia vida, incluso ahora. Estoy intentando practicar escribir mi experiencia y compartir lo que viví; me ayuda a sentir que ya no me escondo. Aunque a menudo quiero esconderme. Quiero volver a sentirme tímida y pasar desapercibida. Ahora tengo muy buenas personas en mi vida y una pareja que me está ayudando a aprender que hay gente que respetará tus palabras y deseos. No sé muy bien adónde ir desde aquí, ni cómo sanar. Pero supongo que todos estamos tratando de descubrirlo.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Nunca fue tu culpa ❤️

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  • Historia
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    🇬🇧

    Termina conmigo ❤️

    Después de ver "It Ends With Us", sentí que quería compartir mi historia. Vi la película sola la primera vez, llevé a mi Atlas a la segunda y a mi mejor amiga a la tercera. Verla me dio la fuerza para compartir anónimamente mi historia de abuso y violencia. La película y el libro me evocaron muchas emociones crudas, emociones con las que aún lucho hoy. Mi historia comenzó cuando tenía 16 años y estaba con mi primer "amor". Al principio todo iba bien, pero de repente todo cambió. Me decían constantemente lo inútil que era, me empujaron por las escaleras, pero no me iba, y no sabía por qué. Era controlador y no le gustaba que la gente me hablara, hacía todo lo posible para evitarlo y se aseguraba de que mis amigos no me vieran, personas a las que consideraba una amenaza. Acabé en el hospital por su culpa, donde me rompió la mano. Una vez se enojó mucho conmigo. Estábamos en su auto y, justo antes de que pudiera cerrar la puerta y ponerme el cinturón de seguridad, empezó a conducir imprudentemente para asustarme. Lo que más me asustó fue cuando dormía y sentía sus manos alrededor de mi garganta, sin ninguna explicación. Muchas veces le decía que parara y él seguía adelante porque me decía que él tenía el control. Me apagaron cigarrillos varias veces, y me dijeron que era asquerosa y que parecía una zorra, incluso que estaba "gorda", lo que me llevó a más problemas de salud. Cuando terminé con un moretón, mi amigo, que ahora es mi Atlas, se dio cuenta; trabajamos juntos. Me confiné en él, y él fue la primera persona que me escuchó atentamente y me permitió compartir mis experiencias. Durante todo esto, me causó una ansiedad y depresión abrumadoras, e incluso tuve que ir a terapia porque para mí era una pesadilla incluso cuando había terminado, y lo conté varias veces. Mis padres nunca lo entendieron; me preguntaban por qué no me iba, diciéndome que debía haber querido que continuara. No lo hice. Casi 10 años después, con mi Atlas de 5 años, me siento más feliz y mejor física y mentalmente; todavía me estoy recuperando. Esta película me hizo llorar y me identifiqué muchísimo con Lily Bloom; algunas cosas me recordaron a mis experiencias, pero también me trajo una sensación de libertad y felicidad. Gracias por permitirme compartir mi historia.

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    Para mí, sanar es poder usar mi dolor y convertirlo en fuerza.

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    Ocupo su opinión

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Sanar significa negarse a ser definido por cualquier error o experiencia que te haya quebrantado.

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    La vida mejora.

    Cuando tenía 7 años, empecé a sufrir abusos sexuales. No fue por parte de ningún familiar, sino del segundo marido de mi abuela. Todo terminó a los 12, cuando nos mudamos a pocos kilómetros y él dejó de visitarme. A los 17, estaba en terapia por otras cosas, y finalmente salió a la luz. Me ayudaron a decidir cómo se lo iba a contar a mi madre. También me dijeron que debía prepararme para que mi familia no me creyera. Pensé: «No conoces a mi familia. Todos se defienden». Bueno, eso pensé. Mi madre nunca quiso hablar de ello. Ahora entiendo que se debía a la culpa; ella tenía que lidiar con sus propias enfermedades mentales. Mi hermana, bueno, se puso en mi contra durante unos años. Diciendo que mentía, intenté arruinar el matrimonio de mi abuela con mis mentiras, amenazándome con golpearme. Mi hermana incluso intentó demostrar que mentía haciéndole cuidar a su bebé recién nacido mientras ella hacía la compra. Cuando este hombre murió, la cosa empeoró. Mi hermana y mi tía dijeron que no podían llorarlo por las mentiras que dije sobre él. Dijeron que era mala y que no querían que me acercara a su hija por si le hacía algo. Mis primos me preguntaban: "¿Qué te hizo exactamente?". Mi abuela decía: "No es un pedófilo". Todo esto casi me destruyó. Fue peor que el abuso sexual que sufrí de niña. Decidí que quería alejarme de mi familia. Así que me matriculé en la universidad a los 23 años, a los 27 me gradué y conseguí trabajo directamente. Había estado ahorrando para la universidad, así que logré mudarme a mi propia casa bastante rápido. Ahora, con 33 años, y mirando hacia atrás, a menudo pienso: "¿De verdad pasó todo eso?". Desde entonces, me he alejado más de mi familia. Hacerlo me ha ayudado a mantenerme alejada de su drama y solo visitarlos de vez en cuando. Ahora están mucho mejor, pero aún así prefiero mantener las distancias. Estoy bien mentalmente. Tengo buenos amigos y me he construido una buena vida. Mi consejo para cualquiera que vaya a... es: prepárate para que tu familia no te crea. Háblalo solo con personas de confianza y solo cuando quieras hablar de ello. No sientas la necesidad de dar explicaciones a nadie. Lo mejor que... El terapeuta dijo que, independientemente de lo que hicieras o dejaras de hacer, no era tu culpa. Eras solo un niño.

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    Mi primo me tocaba pero no sé cómo considerarlo porque era menor que yo....

    Hace unos años tuve una experiencia desagradable, Tenido un primo un año menor que yo en ese tiempo ambos eramos menores de edad cuando comenzó esto (aclaro yo media 1,60 y el 1,80), realmente muchas cosas pasan por mi cabeza, pero nosotros vamos de vacaciones en familia por lo que cuando paso estábamos en la playa, al grano, todo esto comenzó cuando el me abrazaba por la cintura y ponía su cara en mis pechos, al principio era eso, lo consideraba algo inofensivo pero raro pues ninguno era de contacto físico, con los días fue escalando, me abrazaba por la cintura mucho, se pegaba a mi sobrepasando cualquier límite, se subia sobre mi espalda, casi inmovilizandome y pegaba su cuerpo contra mi hasta el punto que yo sintia su erección, luego comenzó a buscar momentos a solas para presionarse contra mi, se metía a mi cama en las madrugadas y me abrazaba, mantenía una erección contra mi retaguardia y respiraba agitadamente en mi oído por lo que no sabía si dormía o no, pero si yo lo echaba el se negaba a apartarse reclamando un tiempo más, esto escalo hasta que un dia me tocó, me tocaba el trasero amasandolo y ponía su erección contra mi pierna buscando fricción y con otra mano amasaba mi pecho y trataba de meter su mano bajo mi polera, puse límites unas cuantas veces pero al no querer que las cosas fueran incómodas entre nosotros no era firme, no se como catalogar esto pues ambos éramos menores y nose que pensar

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    Me gustaría compartir mi historia con todos y obtener justicia.

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    Termina conmigo ❤️

    Después de ver "It Ends With Us", sentí que quería compartir mi historia. Vi la película sola la primera vez, llevé a mi Atlas a la segunda y a mi mejor amiga a la tercera. Verla me dio la fuerza para compartir anónimamente mi historia de abuso y violencia. La película y el libro me evocaron muchas emociones crudas, emociones con las que aún lucho hoy. Mi historia comenzó cuando tenía 16 años y estaba con mi primer "amor". Al principio todo iba bien, pero de repente todo cambió. Me decían constantemente lo inútil que era, me empujaron por las escaleras, pero no me iba, y no sabía por qué. Era controlador y no le gustaba que la gente me hablara, hacía todo lo posible para evitarlo y se aseguraba de que mis amigos no me vieran, personas a las que consideraba una amenaza. Acabé en el hospital por su culpa, donde me rompió la mano. Una vez se enojó mucho conmigo. Estábamos en su auto y, justo antes de que pudiera cerrar la puerta y ponerme el cinturón de seguridad, empezó a conducir imprudentemente para asustarme. Lo que más me asustó fue cuando dormía y sentía sus manos alrededor de mi garganta, sin ninguna explicación. Muchas veces le decía que parara y él seguía adelante porque me decía que él tenía el control. Me apagaron cigarrillos varias veces, y me dijeron que era asquerosa y que parecía una zorra, incluso que estaba "gorda", lo que me llevó a más problemas de salud. Cuando terminé con un moretón, mi amigo, que ahora es mi Atlas, se dio cuenta; trabajamos juntos. Me confiné en él, y él fue la primera persona que me escuchó atentamente y me permitió compartir mis experiencias. Durante todo esto, me causó una ansiedad y depresión abrumadoras, e incluso tuve que ir a terapia porque para mí era una pesadilla incluso cuando había terminado, y lo conté varias veces. Mis padres nunca lo entendieron; me preguntaban por qué no me iba, diciéndome que debía haber querido que continuara. No lo hice. Casi 10 años después, con mi Atlas de 5 años, me siento más feliz y mejor física y mentalmente; todavía me estoy recuperando. Esta película me hizo llorar y me identifiqué muchísimo con Lily Bloom; algunas cosas me recordaron a mis experiencias, pero también me trajo una sensación de libertad y felicidad. Gracias por permitirme compartir mi historia.

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    Ocupo su opinión

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
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    Sanar significa amor y libertad Significa dejar que el amor sea más grande que el miedo

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

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    #566

    Hola, soy Nombre , y esta es mi historia. Si pudiera volver a ser yo a los 8 años y contarle todo lo que le esperaba en el futuro, no me creería… No podría entender cómo algo tan objetivamente malo podía pasarle a alguien tan dulce e inocente como ella. Al crecer, me he dado cuenta de que a mucha gente le pasan muchas cosas malas. Es la vida, y estamos aquí para experimentarla, pero eso no significa que debamos quedarnos callados sobre las cosas malas que nos pasan. El cambio empieza con una persona a la vez… En septiembre de 2021, me drogaron, me agredieron sexualmente y me robaron la misma noche. Había salido con una amiga y nos encontramos con dos chicos. Recordaba todo hasta ese preciso momento, pero el resto eran fragmentos borrosos. No tenía control de lo que estaba pasando cuando perdía y recuperaba la consciencia. Me desperté a la mañana siguiente presa del pánico, con la ropa arrancada del cuerpo. Me habían robado el móvil y el MacBook de mi habitación y la puerta de entrada estaba abierta de par en par. De repente, todo se volvió aterrador y confuso. La experiencia no terminó con la agresión. Había mucho más por venir. Pruebas de ADN, entrevistas tras entrevistas con la policía, que me dijeran que era su palabra contra la mía, que me dijeran que solo me verían como una estudiante universitaria borracha… La lista era interminable. Me vi obligada a mudarme de casa porque ya no soportaba vivir allí. Ya no podía dormir en esa habitación. Nunca volvería a sentirme segura en ese hogar. En ese momento, me sentía absolutamente asqueada de mí misma. Me sentía avergonzada e inútil, e incluso me sentía extraña con mi propia familia durante un tiempo; no podía mirarme al espejo sin sentir náuseas. Solo podía imaginarme a mí misma a los 8 años. Esa niña inocente, llena de tanta pureza, amor y felicidad. Alguien le había hecho eso… Sufrí de TEPT durante un tiempo y esto afectó a todos los aspectos de mi vida, incluyendo mi vida sexual, mi autoestima, mi educación y mi salud mental. Ahora estoy experimentando un crecimiento postraumático (CPT). El CPT es el crecimiento psicológico positivo que una persona puede experimentar después de sufrir un evento traumático. Recientemente he notado un cambio en mi perspectiva de la vida. Me he vuelto más consciente espiritualmente y puedo controlar mis emociones mejor que nunca. Lo hago observando mis pensamientos, lo cual practico a través de la meditación. Esto me permite ver los resultados positivos de cualquier situación. He dejado de preguntarme "¿Por qué me tuvo que pasar esto a mí?" y he empezado a preguntarme "¿Por qué está pasando esto?". He comenzado a canalizar mis emociones a través de mi práctica de diseño, lo que me ha llevado a tener una perspectiva más fuerte de mi situación. Sin embargo, me doy cuenta de que este no es el caso para muchas otras mujeres y me siento afortunada de haber llegado a donde estoy mentalmente. Quiero contar mi historia, no solo por mí, sino por otras mujeres. Por todas las mujeres que han sufrido cualquier forma de agresión o acoso sexual. Quiero que sepan que no está bien. No es normal y no debemos quedarnos calladas al respecto. Estos son nuestros cuerpos y nuestros recipientes, y nadie debería poder hacer con ellos lo que quiera ni decir lo que quiera al respecto. No es justo. No deberíamos sentirnos inseguras al caminar a casa por la noche, no deberíamos tener que sujetar las llaves con los nudillos, no deberíamos tener que evitar ciertas rutas para volver a casa por la iluminación de la zona, no deberíamos tener que bajarnos las faldas para evitar que los hombres se exciten, no deberíamos tener que tapar nuestras bebidas cuando salimos, no deberíamos tener que fingir que hablamos por teléfono para sentirnos seguras, no deberíamos tener que evitar el transporte público por miedo a que nos manoseen, no deberíamos sufrir abusos verbales ni físicos… No deberíamos tener que guardar silencio.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

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    Creo que cualquiera que pueda superar este tipo de trauma es asombroso.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Sólo el comienzo.

    No tengo recuerdos muy claros de mi infancia y de mi etapa en el instituto, así que puede que esté un poco disperso o falto de detalles. A menudo he tenido una relación complicada con la intimidad y los hombres. No sé cuándo ni por qué empezó, pero nunca me he valorado del todo como debería, y por eso dejé que los demás me valoraran aún menos. Siempre he sido tímida y un poco torpe, así que cuando los chicos empezaron a interesarse por mí en el instituto, supongo que simplemente me dejé llevar. Tenía un amigo en el instituto que solía hacerme insinuaciones sexuales. Me gustaba desde hacía un tiempo, así que no me oponía rotundamente a nada. Desarrollamos una especie de "relación" en la que nos encontrábamos al fondo del auditorio para besarnos y él a menudo me presionaba y me complacía para que le hiciera sexo oral. Recuerdo que era muy indecisa y tenía mucho miedo a ese tipo de cosas. Mirando hacia atrás, creo que siempre había una sensación extraña que me ponía ansiosa. Normalmente lo superaba; es difícil decir que no cuando alguien te lo ruega una y otra vez. Sobre todo cuando intentas conservar todos los amigos posibles. Esto continuó. Creo que tal vez mi reputación en la escuela era la de ser sexualmente "fácil". Los chicos que me gustaban me presionaban para tener relaciones sexuales y, a cambio, me sobornaban con cumplidos y la esperanza de convertirme en algo más. Me avergüenza lo fácil que era dejarme llevar. No creo que buscara atención, no la disfrutaba; creo que buscaba más romance y pensé que esto era lo que tenía que hacer para gustarle a alguien. Un avance rápido a justo antes de la pandemia. Conocí a un chico a través de una buena amiga. Me invitó a comer. Había tenido citas informales en el instituto, pero nada tan "formal", si se le puede llamar así. Así que fui. Rápidamente nos convertimos en pareja y, a pesar de mi incomodidad por lo rápido que avanzaban las cosas, nuestra relación se volvió más seria. Cuando empezó la pandemia, la usamos como excusa para pasar la cuarentena juntos. Recuerdo que me alegraba que estuviera cerca, pero me disgustaba lo mucho que invadía mi espacio. Me quitaba todo el tiempo. Él dejó de salir con nuestros amigos y me animó a que yo también lo hiciera. Hacía comentarios sobre las cosas más raras, diciendo que la forma en que hacía las cosas (cosas básicas como la forma en que me duchaba) era tonta. Hablaba mal de mi madre y jugaba con las grietas de esa relación. Me volvió loca con todas las personas cercanas a mí en el transcurso de unos meses. Estuve aislada, viviendo en la casa de su familia con él, sus padres y sus hermanos, todo durante una pandemia. Fue entonces cuando mi salud mental se deterioró. Tenía tanta nostalgia que lloraba todos los días por extrañar a mi familia y a mi gato. Fue entonces cuando mi libido comenzó a disminuir y eso no le gustó. Estaba triste y cansada y el mundo parecía que se acababa, porque en cierto modo lo era. Pero él todavía quería algún tipo de sexo casi todos los días. Al principio, nos comprometíamos a no tener sexo completo, sino a hacer cosas pequeñas. Con el tiempo, empecé a decir que no, que no disfrutaba haciendo algo TODOS LOS DÍAS. Se ponía todo de mal humor, se quedaba callado y se comportaba de forma pasivo-agresiva conmigo. Yo le decía: «No, solo estoy cansada esta noche y quiero dormir», y él aceptaba, solo para darse la vuelta y suplicarme una y otra vez antes de que finalmente cediera y lo masturbara o le hiciera sexo oral. Sentía que tal vez algo andaba mal conmigo y que no quería tener relaciones sexuales con mi novio. Como si no fuera lo suficientemente buena. Esta relación duró poco más de un año. Por aquel entonces nos mudamos a casa de mi padre, ya que nos daba más espacio y privacidad. Durante ese tiempo, mis «no» eran cada vez menos escuchados. Cedía al sexo tras oír sus súplicas y su decepción. Me quedaba allí tumbada y lo dejaba tener sexo conmigo casi todas las noches. Empezó a experimentar con el sexo anal. Al principio, acepté porque nunca lo había probado y estaba dispuesta a tantear el terreno. Cuando supe enseguida que no era algo que disfrutaba, se convirtió en otra de sus insistencias. Él bajaba y lo intentaba una y otra vez después de que le suplicaba que no lo hiciera. Me compraba juguetes sexuales y tapones anales repetidamente para ver si podía usarlos conmigo, y a menudo lo hacía. En ese momento, estaba tan mal mentalmente que terminé impaciente durante un par de semanas. Incluso allí, me acosaba con llamadas, queriendo saber qué estaba haciendo todo el tiempo, e incluso me decía que no necesitaba estar allí y que debería volver a casa. Después de que finalmente rompí con él en un proceso largo e igualmente desagradable, empecé a leer sobre abuso sexual y violación. Todavía me cuesta admitir que realmente fui violada. Lo siento inválido y como si alguien más lo hubiera etiquetado. Hubo muchos más casos de abuso, verbal y sexual, y a menudo pierdo algunos recuerdos de esa época solo para que vuelvan en momentos inesperados. A menudo siento que mi cuerpo no es uno que reconozco, y a menudo siento que no tengo control sobre mi propia vida, incluso ahora. Estoy intentando practicar escribir mi experiencia y compartir lo que viví; me ayuda a sentir que ya no me escondo. Aunque a menudo quiero esconderme. Quiero volver a sentirme tímida y pasar desapercibida. Ahora tengo muy buenas personas en mi vida y una pareja que me está ayudando a aprender que hay gente que respetará tus palabras y deseos. No sé muy bien adónde ir desde aquí, ni cómo sanar. Pero supongo que todos estamos tratando de descubrirlo.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

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    Para mí, sanar es poder usar mi dolor y convertirlo en fuerza.

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    ¿Qué es lo próximo que esperas con ilusión? Podría ser algo tan sencillo como ver el amanecer.

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    Violación. Es una palabra muy fuerte.

    Tenía 18 años y había vuelto a casa de un amigo de un viejo amigo. Estaba allí con él (H), su amigo (J, de quién era la casa), mi mejor amiga (E) y algunos otros. Bebimos mucho y terminamos jugando al strip póker. No me sentía del todo cómodo en ese momento, pero quería participar. Mientras jugábamos, me tocó quitarme la camiseta, así que lo hice. Fui al baño, pero no sabía dónde ir en esa casa que no conocía. J se ofreció a llevarme al baño y acepté. Me besó de camino, me levantó y me llevó a su habitación. No me importó, pero luego la cosa se puso un poco intensa y dejé de sentirme bien. Esperaba que mi amigo (E) se diera cuenta de mi ausencia. Intentó tener sexo conmigo y yo seguía negándome; al final, simplemente lo dejé pasar. Oí a E gritándome desde abajo y J se enfadó, se detuvo y me dijo que bajara. Eran las 4:30 a. m. y nos echó de su casa en medio de la espesa nieve. Recuerdo lo frío que estaba el camino. Me sentí tan vulnerable, borracha y asustada en ese momento. Solo había una persona a la que creíamos que podíamos llamar y era un traficante de drogas que conocíamos, era un hombre del que otros hombres desconfiaban, así que pensamos que sería la opción más segura (mirando hacia atrás, no tengo ni idea de por qué pensamos que era una buena idea). A la mañana siguiente le conté a mi amiga E lo que había pasado, J era alguien a quien conocía bastante bien y se disgustó cuando se lo conté. Lo llamó enseguida y él lo negó todo, dijo que estaba mintiendo. Nunca olvidaré esa oleada instantánea de dudas. ¿Estaba mintiendo? ¿Lo había engañado? ¿Era mi culpa por jugar al strip póker con todo el mundo? Cinco años después y todavía dudo de mi memoria, dudo de si fui violada o no. Violación. Es una palabra muy fuerte, ¿verdad?

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    De un sobreviviente
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    Caos en el campamento

    Cuando tenía 10 años, fui de campamento para el cumpleaños número 80 de mi primo. Había muchos familiares y recuerdo que hacía un frío helador. Yo estaba en una caravana con mi papá en el sofá cama. Mi primo nombre de 40 años, estaba en la habitación de atrás y su novia estaba en la mesa de la cocina, que habíamos convertido en cama. No podía dormir y mi primo nombre estaba despierto, me vio temblando y me dijo que fuera a la habitación de atrás porque allí haría más calor. Por supuesto, acepté porque me sentía segura con él y confiaba en él. Poco después de acostarme, empezó a preguntarme si estaba dormida. Al principio respondí que no, pero luego me cansé de responder. Finalmente, pensó que estaba dormida y puso su mano en mi costado antes de deslizarla debajo de mi sujetador deportivo. Recuerdo ese sujetador deportivo. Era un sujetador cutre de Walmart, de color gris, y fue uno de los primeros sujetadores que usé. Me giró y me besó entre dientes. Suplicaba despertar de esa pesadilla. Metió la mano en mis pantalones. Se levantó y recuerdo haber oído un crujido; ahora que lo pienso, podría haber estado abriendo un condón, pero no lo sabía. Cuando volvió a la cama, fingí despertarme y me senté en el sofá con mi padre. Recuerdo estar allí tumbada, en estado de shock por lo que acababa de pasar. Me quedé con los ojos bien abiertos y no podía dormir. Finalmente se lo conté a mis amigos y familiares, y les agradezco muchísimo el apoyo que me brindaron.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Para mí, hablar con personas en las que confío me ayudó a sanar.

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    La bombilla se enciende

    Diez días después de que mi hija incógnita recibiera el alta del hospital, donde se había sometido a cirugías cerebrales por epilepsia, incógnita estaba descansando en su habitación cuando mi exmarido me pidió que le ayudara a comprar algo por internet. Le dije que no (algo muy raro, pero estaba preparando algo de comer para incógnita ) y explotó, arrojándome café caliente encima y destrozando la cocina. Y por primera vez, se me encendió la bombilla. La bombilla decía: "Esto tiene que parar". Una vez que vio que algo fundamental había cambiado en mí, que hablaba en serio, intensificó sus tácticas semana tras semana. Llevábamos casi 20 años casados y no podía creer que lo estuviera dejando. Lo único que sabía hacer en respuesta era más agresiones, más amenazas, más acoso, más robos. Estaba fuera de sí. En un momento dado, se paró en los escalones de nuestra casa gritando "¿Por qué no abortaste a los niños?" una y otra vez. Durante unos seis u ocho meses, estoy casi segura de que estuvo considerando un asesinato-suicidio. Tuve que dejarlo todo atrás para escapar: la casa, los amigos, el trabajo. Vendí todas mis pertenencias de valor. Como crecí en un hogar con violencia doméstica, no la entendía bien, incluso cuando era víctima. No sabía que empujar, patear y arrojar objetos o líquidos calientes a alguien son actos ilegales. No sabía que los insultos, los apodos despectivos y el sexo coercitivo no son normales en una relación. No sabía lo deshonesto que era (y sigue siendo) mi exmarido.

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  • Mensaje de Sanación
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    Sanar es entender

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    🇮🇪

    Nunca fue tu culpa ❤️

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.