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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇨🇴

poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Mensaje de Sanación
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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    🇪🇨

    No sé si mi abuso cuenta o simplemente quiero que no cuente.

    Todavía no sé si mi abuso cuenta. Estoy bastante seguro de que no. O tal vez eso es lo que quiero pensar. Cuando tenía 10 años, estaba en la fiesta de cumpleaños de mi (en ese momento) mejor amigo. No puedo recordar mucho de la fiesta en sí, solo que llevaba un cárdigan blanco. Recuerdo que el aire olía a churros y palomitas de maíz. No puedo recordar cómo llegué a la habitación de mi amigo. Solo recuerdo lo que pasó allí. El recuerdo comienza conmigo, de pie frente a la cama. En la cama estaba Nombre, uno de los hermanos mayores de mi amigo. Recuerdo que lo miré fijamente durante no sé cuánto tiempo. Creo que estaba hablando, pero todo era estático para mí. Recuerdo que había una de esas cosas de luces de fiesta, las que proyectan luces azules, rojas y verdes en el techo. Entonces recuerdo que empieza a saltar más alto. Y luego salta sobre mí, tirándome al suelo. Me quedé paralizado de terror. Y lo único que hice fue llorar en silencio. Pero a día de hoy, sigo sin saber si cuenta como violación. Yo tenía 10 años, pero él 13. Era solo un niño. Quizás él también estaba sufriendo abusos y se desquitó conmigo. También siento que es mi culpa por no haber hecho nada y no haberle contado a nadie. Podría haber gritado o algo, pero me quedé allí, paralizada y en silencio. No me he recuperado de esto en absoluto, probablemente porque no he hablado con nadie al respecto. No sé qué hacer.

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    Sanar es entender

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    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Sanar es apropiarse de su historia, es permitirse procesar lo que ha sucedido.

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    🇺🇸

    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    No es mi culpa

    Fui violada por un hombre al que invité a mi casa después de una noche de fiesta hace casi 6 años. Nos besamos en un club, fuimos brevemente a una fiesta posterior y lo invité a mi casa. No recuerdo todo, pero sabía que me sentía incómoda cuando llegamos a mi casa, me empujó sobre la cama... Se sintió como una actuación. La actividad sexual comenzó de forma algo consentida (estaba muy borracha, posiblemente drogada), pero fue bastante agresiva. Mi recuerdo de cómo terminó es borroso, pero me desperté varias veces durante la noche sintiendo que me penetraba. Le dije que parara e intenté apartarlo. Parecía disfrutar de mi resistencia. Cuando me desperté de nuevo por la mañana, él seguía allí... Inició más actividad sexual y lo permití. No creo que dijera mucho y finalmente se fue. Parecía avergonzado. Estaba dolorida y sangrando. Les escribí a mis amigos con los que había salido para decirles que me sentía muy incómoda por lo que había pasado entre nosotros. Dijeron que esperaban que estuviera bien, no me llamaron y me sentí herida. No sabía cómo describir lo que había pasado y no sentía que pudiera hablar de ello abiertamente, así que lo dejé pasar. Me sentía confundida, sobre todo porque le había dejado hacer más por la mañana. Fecha Estaba totalmente devastada. No fui a trabajar y pasé todo el día llorando. Sabía que había sido violada, pero me llevó muchos años aceptarlo y aún más contárselo a alguien. Se lo conté a dos amigas y a mi terapeuta. Todavía no he explorado completamente lo que pasó con mi terapeuta. No era la primera vez que sufría sexo no consentido y me resulta abrumador empezar a asimilarlo todo. Es difícil no culparme. Me da vergüenza saber que soy (?) una víctima de violación múltiple. Siento que debe ser mi culpa. Estoy muy enfadada en este momento: el caso de la UCD, Sophie Brady, Ciara Mangan, Nikkita Hand y un sinfín de otros casos de violencia sexual en los medios. Quiero que más hombres hablen sobre la violencia sexual. Quiero que las cosas cambien. A veces pienso en denunciar lo que pasó, recuerdo su nombre y a qué escuela fue. No quiero que vaya a la cárcel, quiero que entienda cómo me ha afectado. Me aterra que no sepa que lo que hizo fue violación, me aterra que haya lastimado a otras personas. Me asusta que haya muchos hombres como él. Admiro a las mujeres (y hombres) que denuncian y defienden a otros. No me siento una víctima "de verdad", porque invité a estas personas a mi casa. Irónicamente, profesional nunca es culpa de la víctima y lo creo, PERO... no lo siento.

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    Para ser honesto...

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    Historia de Nombre

    Mi nombre es Nombre. Nací en un pueblo llamado Ubicación, la capital del Distrito, ubicado en la parte norte de Sierra Leona. Mi país estaba envuelto en una brutal guerra civil (1991-2002), con todo tipo de atrocidades cometidas contra personas y propiedades. Tristemente, perdí a ambos padres durante la guerra debido a la falta de acceso a suministros médicos en ese momento. Nací en una familia muy estricta, amorosa y religiosa que practica la fe del Islam. Éramos económicamente pobres, pero ricos en tradición, valor cultural, respeto y una fuerte red de apoyo, sea lo que sea que eso signifique. Mi padre era un imán principal y agricultor, y mi madre era ama de casa que apoyaba a mi padre con la agricultura. Soy uno de los más pequeños de 26 hijos. Mi primer nombre me lo dieron después de que mi padre recibió la estricta orden de llamarme Nombre si era niña o Nombre 2 si era niño. Le advirtieron que si ese nombre hubiera seguido las instrucciones, habría muerto. El segundo nombre surgió de la creencia tradicional de que, como mi madre había perdido siete hijos por enfermedades leves o muerte súbita, si me arrojaban a un cubo de basura después de que mi madre me diera a luz, para que pareciera que me había encontrado para que ella me criara, sobreviviría. El nombre de un cubo de basura en nuestra lengua materna es «Nyama», que significa sucio. Mi experiencia en África en aquella época fue la de un lugar donde las voces de las mujeres y las niñas a menudo eran marginadas. Dicho esto, incluso a esa temprana edad, siempre creí que la voz de todos era igual de importante y debía ser considerada y respetada. Esto fue fundamental para sentirnos valorados y apreciados en la sociedad, lo que nos permitió dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, mi primer trauma ocurrió a los 12 años, cuando sufrí la horrenda experiencia de la Mutilación Genital Femenina (MGF), que consiste en la extirpación intencional de los órganos genitales femeninos por razones no médicas. Esto ocurrió no una, sino dos veces. Una mañana de principios de diciembre, me ataron. Una mujer mayor de mi círculo familiar me rodeó con las piernas para impedir que escapara. Me colocaron en el frío suelo de grava del lavadero. Todo el proceso fue tan rápido que, para cuando estaba en el suelo, el corte ya estaba hecho. Este acto bárbaro se realizó con una navaja sin esterilizar, contra mí y contra todas las demás chicas que no tenían voz ni voto. Lo recuerdo vívidamente. Éramos ocho, y yo fui la primera en ser circuncidada. Esta experiencia me dejó una infección, un dolor insoportable y una profunda sensación de desconexión con mi cuerpo. No tenía ni idea de cómo expresar lo que sentía ni con quién hablar. Tras sobrevivir al dolor del primer incidente, una de mis tías me llamó para que volviera a llevar agua al lavadero. Allí, vi la imagen de la mujer que me infligió el primer trauma, esperando a que le hicieran el mismo procedimiento. La razón por la que tuve que repetirlo fue que estaba poseída espiritualmente en el momento del primer incidente, lo que resultó en un mal trabajo. Como fui la primera en ser circuncidada, fui la única que tuvo que hacérselo dos veces. Me inmovilizaron de nuevo contra mi voluntad, y recuerdo haber llorado mucho y estar extremadamente alterada, pues sabía, por mi experiencia previa, lo que iba a pasar. Tenía muchísimo miedo. Sabía que me habían quitado algo, algo que me perjudicaría la vida. Sin embargo, no pude procesar, analizar ni determinar el impacto, ya que no había espacios destinados a la reflexión y el procesamiento. Fue difícil no tener un espacio seguro para hablar de la experiencia negativa de la MGF, cuando la ocasión se considera un hito positivo y significativo para una mujer. En ese momento, todos a mi alrededor, incluidas algunas de las víctimas, celebraban y parecían desbordados de alegría por haber sido circuncidados. No les importó el impacto general que tuvo en mí. Toda esta experiencia me dejó muda. Mientras me recuperaba de la segunda mutilación, sentí como si también me hubieran arrancado la lengua, porque se consideraba de mala suerte hablar mal de ello. Por lo tanto, todos guardaron silencio y siguieron adelante con sus vidas, incluso quienes se vieron gravemente afectados. La siguiente vez que tuve la oportunidad y la plataforma para hablar con seguridad sobre mi experiencia con la MGF fue 25 años después. En 1991, cuando comenzó la guerra civil de Sierra Leona, mi vida dio un vuelco. De niña, las noticias sobre disturbios políticos parecían algo que ocurría en un mundo lejano. Parecía algo que debía preocupar a los políticos, no a nosotros, los agricultores. Lo que parecía una historia se convirtió en realidad cuando los rebeldes atacaron mi pueblo natal en 1994. Dejaron un legado devastador en nuestra unida comunidad. Hubo un alto número de muertos y destrucción de propiedades, incluyendo monumentos históricos. Lo llamamos "el primer ataque al que algunos sobrevivimos", y pronto, la muerte en todas sus formas, la destrucción y el sonido de las armas se volvieron familiares. Para entonces, la guerra se había extendido desde la región sur de Sierra Leona (donde comenzó inicialmente) hasta la región norte, con frecuentes ataques a las ciudades y pueblos de mi distrito. El gobierno parecía no tener control para resolver la situación y, en cambio, la violencia se intensificaba como un reguero de pólvora. Los niños no deberían tener que experimentar este nivel de masacre y destrucción. Nadie debería. Pero allí estaba yo, un niño en medio de todo ese caos, sin la protección de mi familia ni del Estado. Tras sufrir frecuentes ataques en mi ciudad natal (Ubicación), decidí viajar a Makeni (la sede de la región norte), donde había cuarteles militares. Viajé con mi sobrino pequeño, ya que éramos los únicos miembros de la familia que seguíamos juntos en ese momento, ya que algunos habían fallecido y otros se habían visto desplazados. La razón para ir era la posible esperanza de tener protección militar, a pesar del riesgo que implicaba. Aunque solo tenía 13 años en ese momento, sabía que no había otras opciones disponibles. De niño, me encontré viviendo con el temor constante de ser torturado o morir en una hora aproximadamente. No tenía ni idea de cuándo llegaría mi hora. Esa sensación de saber que la muerte podría estar a la vuelta de la esquina es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. El segundo trauma (que creí que era el primero debido a la gravedad del impacto) ocurrió cuando tenía 14 años. Los rebeldes atacaron Makeni y me hospitalizaron por malaria durante la segunda semana de diciembre de 1998. Debido a los rumores y al pánico sobre las intenciones de los rebeldes, me dieron de alta del hospital y me llevaron a mi hermano (que vivía en Makeni por aquel entonces) y a mi sobrino para que pudiéramos escapar juntos en caso de un ataque. Antes de que yo volviera a casa, mi sobrino ya se había escapado con unos vecinos por seguridad, y mi hermano me buscaba. Finalmente nos encontramos, pero era demasiado tarde para huir, pues los rebeldes ya estaban en el pueblo. La Navidad de 1998 fue como ninguna otra que había vivido. Fui capturada por los rebeldes, quienes me encontraron escondida en la tapa de un inodoro. Me golpearon, me patearon y me arrastraron hasta la casa vecina, donde tuvo lugar la primera violación. Recuerdo que el primer hombre que violó se llamaba Nombre del agresor (formaba parte de un grupo de cinco hombres). Me violaron con una pistola en la boca por si decidía gritar pidiendo ayuda. Al comienzo de esta brutal violación en grupo, recé para que el cielo me enviara un ángel que desapareciera conmigo. Como eso no era posible y no quería sentir dolor, me quedé insensible, dejando solo mi apariencia física para lidiar con el leve dolor. Una vez capturados, uno de los actos terribles que lleva a cabo el ejército es entrenar a niños pequeños para convertirse en soldados. Saben perfectamente que el hambre puede llevar a la muerte, y sin familia ni perspectivas de futuro, no hay otra opción. Mi experiencia como niña soldado me llevó a sufrir múltiples violaciones y otros traumas horrendos en dos ocasiones distintas. Me costaba creer que antes del abuso a manos de adultos, era una niña feliz, alegre e inteligente. Después de la mutilación genital femenina y las violaciones, a menudo me sentía muy triste, inútil, sola y traumatizada. La falta de un espacio seguro o de personas de confianza para expresar mis sentimientos y pensamientos me consumió aún más por los efectos del trauma, hasta el punto de que se convirtió en algo normal para mí. Estoy segura de que millones de otras sobrevivientes comparten el mismo sentimiento. El día después de estos traumas espantosos fue como la mañana después de la noche de la que nadie quería hablar. De adolescente, me encontré en una situación en la que tuve que lidiar con todo lo sucedido, sin ningún familiar ni adulto a quien recurrir en busca de apoyo. Sin ningún profesional ni red de apoyo con quien compartir mis pensamientos. Viviendo en un entorno donde las sobrevivientes de violación tienen la culpa. Muchos asumen erróneamente que la terrible violación fue en parte culpa de la sobreviviente por su forma de vestir o por estar en un lugar donde no debía estar. Tenía 14 años cuando fui violada por primera vez. No vestía de manera inapropiada, y en cuanto a estar en un lugar inapropiado, estaba huyendo de los rebeldes, huyendo mientras incendiaban todo a su paso. Sin embargo, como tantos otros antes que yo, he sido estigmatizada por las acciones de otros, en este caso, la violencia sexual masculina. Hoy, sigo aquí. Ahora vivo en Londres, tras haber obtenido asilo. Llegué al Reino Unido con mucho bagaje, problemas, traumas, barreras lingüísticas y culturales, miedo a la integración y la preocupación por la exclusión. A pesar de mi pasado en Sierra Leona, que jamás olvidaré, he construido una nueva vida. Soy esposa, madre, hermana, amiga y enfermera, pero sobre todo, soy una superviviente que creó su propia organización benéfica para ayudar a otras mujeres. Mujeres como tú. Mujeres como nosotras. Y desde el fondo de mi corazón, te deseo solo amor y fuerza, dondequiera que estés en tu camino.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Navegando por el mundo como proveedor de servicios para sobrevivientes

    Trabajo con sobrevivientes de violencia sexual como parte de mi trabajo... y puede ser muy difícil involucrarme en mi propia sanación mientras escucho constantemente el trauma de otros. La mayoría de los días son gratificantes. Es especial conectar con personas que han vivido algo similar a lo que tú viviste... pero también puede ser especialmente aislante. Extraño la comunidad de sobrevivientes a la que suelo recomendar a mis clientes, pero por alguna razón siento una barrera para acceder a estos servicios. "Demasiada gente me conoce allí", me pregunto... ¿les preocuparía que trabajara con sobrevivientes si supieran que yo también lo soy? Fui agredida sexualmente por un masajista... algo que rara vez he dicho en voz alta, pero en lo que sigo pensando casi a diario. Todavía puedo sentir su sudor goteando sobre mi cuerpo... y tengo una reacción visceral incluso con las gotas de lluvia que caen sobre mi piel desnuda. Dios, odio a ese tipo... Ni siquiera sé dónde está ahora, pero siempre me pregunto si lo que hice fue suficiente. ¿Su jefe se tomó en serio mi acusación? ¿Por qué insistí en que no me volvieran a contactar? Ojalá supiera el resultado de mi queja... A pesar de esta ignorancia, siento que he avanzado mucho. La ira sigue ahí, sí, pero mi odio hacia mí misma se ha ido materializando poco a poco. Cada día las cosas se vuelven más fáciles, pues intento encontrar espacios que me hagan sentir reconocida y personas que entiendan por qué hago lo que hago. Espero poder hacer lo suficiente para que este mundo sea un poco más fácil para quienes, como yo, a menudo sienten que sufren en silencio. Pero también espero poder descansar. Y amar. Y sentir paz. Porque ahora me doy cuenta de que yo también lo merezco.

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  • Mensaje de Sanación
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    No estoy seguro, esto es un paso intermedio.

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    #652

    Estaba en el bar de mi barrio, la casera me dijo que alguien sabía que la zona estaba solitaria, así que le pedí que jugáramos al billar. Después de eso, quedamos un par de veces; una vez, caminando a casa al final de la noche, me tomó de la mano y le dije que tenía novio. Poco después, salí con mis hermanos y lo conocimos. Al rato, se fueron a casa y luego él y yo íbamos caminando a casa. Vivíamos muy cerca en un pueblo pequeño, así que era normal caminar juntos. No sé quién sugirió caminar por el parque, algo que ya había hecho un millón de veces con otras personas, pero recuerdo que me estaba besando y tres veces le dije que no y que parara. Entonces me quedé paralizada al darme cuenta de que no lo conocía realmente y que podía hacerme lo que quisiera. Solo podía pensar en dejar que me hiciera lo que quisiera con tal de sobrevivir y llegar a casa con mi novio. A la mañana siguiente me desperté y fui al baño. Sangraba por donde me había violado analmente y tenía moretones donde me había sujetado los brazos. Tenía marcas de amor en el pecho. No sé cómo llegué a casa. Empecé a beber más porque me lo encontraba constantemente y él seguía pidiéndome que saliera con él. Cuando iba a lugar de trabajo por trabajo, me lo encontraba en la calle y tenía que correr a casa a beber para poder calmarme antes de volver al trabajo. Llamé a organización de apoyo y me dijeron que no se lo contara a mi novio, porque eso solo lo molestaría. Ocho años después, fui a rehabilitación por alcoholismo. Era eso o el suicidio. Volví a verlo unas semanas después de la agresión porque necesitaba decirle que lo que había hecho no estaba bien; no le importó, dijo que no lo recordaba. Todavía me siento enojada y culpable por no haberlo denunciado, pero es de otro país y se fue de mi ciudad hace muchos años, así que no es posible; ni siquiera sé su apellido. Solo espero que no se lo haya hecho a nadie más. También tenía miedo de que si lo denunciaba, mi novio me dejaría o que no me creyeran por estar bebiendo con él. Ojalá no lo hubiera hecho cuando la casera me pidió que lo ayudara, y desde entonces no he podido confiar en mis instintos.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Sé que no sentirse creído puede ser duro. A veces ni yo misma me lo creo, pero te creeré porque sé que si tan solo una persona me creyera, me sentiría comprendida y me ayudaría a sanar.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Círculo de abuso

    Ni siquiera sé por dónde empezar, pero últimamente lo estoy pasando mal y me he dado cuenta de que, aunque mi principal abusador esté muerto, no he lidiado con muchos sentimientos. Siento que siempre fui un blanco. De niña, no tenía confianza en mí misma. Era terriblemente tímida. Tenía un impedimento del habla y siempre sufría acoso escolar, y cambiar de escuela primaria no me ayudó a hacer amigos. Tuve una madre crítica y narcisista a la que nunca pude complacer. Mi primera vez abusó sexualmente de mí a los 8 años por un primo adolescente mayor. Mi madre me permitió pasar la noche sabiendo que su padre, mi tío, era pedófilo y abusaba de muchos niños. No me enteré de esto hasta años después. Era mi primo favorito, por supuesto. Lo admiraba. Iba a todas sus competencias de atletismo. Me estaba manipulando, por supuesto. ¿Por qué si no, un primo de 18 años querría pasar tanto tiempo con su primo de 8 años? En aquel entonces, nadie hablaba mucho de abuso sexual. Ni siquiera de sexo. Al menos en mi casa. Era sucio y te irías al infierno. Eso era todo lo que me decían. Pensé que era una pesadilla durante muchos años. Solo que era tan vívido. Podía oír la música. Open Arms de Journey, podía oler y casi saborear las galletas de almendra redondas, blancas y polvorientas que mi tía me sirvió antes de mandarme a la cama en una habitación con mi primo, su amigo nombre (también hombre). Hasta el día de hoy no puedo entender por qué mi tía metió a una niña de 8 años en una cama con dos adolescentes. Me atormenta. ¿Estaba tan enferma como mi tío y mi primo? Lo único que descubrí después, ya de adulta, es que mi tío abusó de mis tres primos. Uno se volvió pedófilo, otro luchó contra esos impulsos toda su vida y vivió una vida triste y solitaria, y el otro se suicidó y murió solo en un callejón a los 40 años. Me acosté en esa cama esa noche y mi vida cambió por completo. Me desperté con mi primo jugueteando con mis pantalones. Me aparté todo lo que pude. Intenté fingir que seguía dormida. Sabía que él sabía que estaba despierta. No le importó. Hizo lo que quiso. Me quedé allí tumbada. Las lágrimas rodaban silenciosamente por mi rostro. Luego lo olvidé. Fingí que no había pasado, pero seguía apareciendo en mi cabeza. Me repetía que había sido una pesadilla horrible y sucia. Cuando tenía casi 17 años, le conté a mi prima. Mi prima. Me dijo que le había pasado lo mismo una vez mientras veía la tele con él. Decidí contárselo a mi madre. Fue un error. No hizo nada. Solo me hizo sentir peor. Como si fuera culpa mía y se lo contó a todo el mundo. Él todavía podía venir. A todos los días festivos. Un Día de Acción de Gracias, cuando estaba en casa, me acorraló en mi habitación. Pensé que estaba a punto de desmayarme del miedo. Dijo: «Siento mucho todas las veces que te hice cosas». Eso me afectó aún más. Había pensado que solo había sido una vez. Entonces me di cuenta de que probablemente había olvidado o bloqueado otras ocasiones. No podía dejar de darle vueltas a las cosas una y otra vez en mi cabeza tratando de recordar. No podía esperar a salir de mi casa y lejos de mi madre. Nunca salí con nadie en la secundaria. Ni siquiera besé a un chico hasta los 19 años. Sin embargo, mi madre siempre me llamaba puta. Cuando me mudé y empecé a trabajar, me sentí libre por primera vez. Me estaba guardando para el matrimonio, pero cada chico con el que salía y se lo decía me dejaba. A los 22 años empecé a pensar que nunca encontraría a nadie. Estúpido. Quería alejarme de mi madre y entonces conocí a un chico que estaba en el ejército. Había un millón de señales de alerta. Las ignoré. Él bebía. Yo no. Sus padres eran alcohólicos. Pero él vivía en estado. Así que le escribí un par de años mientras estaba destinado en Japón. De repente, se dio de baja del ejército antes de tiempo. No me dijo por qué. No me importó, solo quería mudarme. Así que empaqué mis cosas y me mudé de California a estado. Casi no lo hago cuando justo antes de irme le dieron un DUI (conducir bajo los efectos del alcohol). Él solo tenía 20 años. Yo tenía 22. También había mentido sobre su edad. Como cristiana, el DUI me preocupó mucho, al igual que la mentira sobre la edad y la diferencia de casi 3 años. En resumen, por supuesto, terminé embarazada un año después. Gemelos. Mis padres no lo conocieron hasta el día de la boda. No les gustaba. Una vez casadas, la primera cosa extraña fue cuando estaba embarazada de gemelos y de unos 7 meses. Me desperté y él tenía una linterna y estaba entre mis piernas haciéndome cosas. Estaba horrorizada. No tenía ni idea de qué decir. Durante nuestro matrimonio, el principal problema fue la bebida. Nunca permití que entrara alcohol en casa. Bueno, él aceptó un trabajo en el ferrocarril. Venía a casa una vez a la semana. Pensé que todo estaba bien. Durante siete años vino a casa una vez a la semana. Aparentemente, bebía a diario. Tuvimos dos hijos más en esos siete años, y criar a cuatro solos fue duro sin familia. Nos mudábamos cada uno o dos años. Finalmente, empezó a trabajar como gerente y estaba en casa todas las noches. Las cosas empeoraron. Ya no podía ocultar su problema con la bebida. Se estaba volviendo abusivo, emocionalmente hablando. Dejó de querer sexo casi siempre, y luego encontré páginas de citas y páginas porno. Entonces empezó a violarme. Esperaba a que me durmiera. Luego me despertaba y lo encontraba teniendo sexo conmigo. La primera vez me asusté. Actuaba como si creyera que estaba despierta. La siguiente vez me dijo que era su esposa y que no era violación. Le dije que no volviera a hacer eso, que sabía que había abusado de mí mientras dormía, ¡y lo horrible que es hacerle eso a alguien! Simplemente no le importó. Finalmente le dije que me iría si no iba a rehabilitación por su problema con la bebida. Eso lo llevó a terapia de pareja. Le dijeron que me estaba violando. Y ahí se acabó. No le gustaba ni oírlo. Luego se echó novia. Soy discapacitada y me echó la culpa. Dijo que estaba harto de trabajar de más. Era un vago de lo peor. Gastaba dinero de nuestra jubilación. Siempre había sido ama de casa y hacía poco me habían operado de columna vertebral, y como él gastaba nuestro dinero en drogas y alcohol, ¡fui a conducir un autobús escolar con dolor! No le representaba trabajo extra. Me encargué de todo, incluyendo niños con enfermedades renales, enfermedades genéticas y problemas de salud crónicos, que entraron y salieron del hospital toda su vida. Pedí el divorcio. El maltrato fue suficiente. Me quedé en shock cuando, después de 21 largos años de matrimonio, se marchó y abandonó a sus cuatro hijos. Sin manutención, sin visitas, nada. Debido a su alcoholismo, me sentí agradecida, pero triste por mis hijos. Dos años después de que se formalizara mi divorcio, mi hija menor me confesó algo que me rompió el corazón. Me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo repugnante». Me dio un vuelco. Dijo que su padre abusó de ella cuando yo estaba fuera del estado para el funeral de un amigo. Tenía 8 años. Lloramos. ¡No podía creer que algo tan horrible le volviera a pasar a mi bebé! La culpa. Lo reporté de inmediato. No hicieron nada. Eso fue más devastador. La había preparado para lo que sucedería y luego no hicieron nada. Al final, el karma se encargó de ese hombre malvado. Murió a los 46 años por abusar de las drogas y el alcohol. Murió solo. Como se merecía. Mis hijos son médicos, enfermeros y un hombre de negocios. No dejaron que ese hombre malvado los definiera. No dejé que me quitara mi felicidad. Tuve una vida muy dura. Ni siquiera puedo escribir sobre la mayor parte. Nunca dejé que mi vida dura ni una persona malvada me robaran la felicidad. Él no determinó mi felicidad, yo construí mi propia felicidad. Si hubiera dejado que mi vida difícil me hiciera infeliz, mis hijos habrían tenido una madre infeliz y una infancia infeliz y probablemente no se habrían convertido en adultos exitosos. Tengo días malos. Incluso semanas malas. Como esta semana. Sin embargo, mañana es un nuevo día y puedo intentarlo de nuevo. Me siento mejor compartiendo algo de lo que experimenté. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leerlo. Disculpen si hay partes que no son claras, jaja.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    “Toda víctima debería tener la oportunidad de convertirse en un sobreviviente”.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    De un sobreviviente
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    No sé si mi abuso cuenta o simplemente quiero que no cuente.

    Todavía no sé si mi abuso cuenta. Estoy bastante seguro de que no. O tal vez eso es lo que quiero pensar. Cuando tenía 10 años, estaba en la fiesta de cumpleaños de mi (en ese momento) mejor amigo. No puedo recordar mucho de la fiesta en sí, solo que llevaba un cárdigan blanco. Recuerdo que el aire olía a churros y palomitas de maíz. No puedo recordar cómo llegué a la habitación de mi amigo. Solo recuerdo lo que pasó allí. El recuerdo comienza conmigo, de pie frente a la cama. En la cama estaba Nombre, uno de los hermanos mayores de mi amigo. Recuerdo que lo miré fijamente durante no sé cuánto tiempo. Creo que estaba hablando, pero todo era estático para mí. Recuerdo que había una de esas cosas de luces de fiesta, las que proyectan luces azules, rojas y verdes en el techo. Entonces recuerdo que empieza a saltar más alto. Y luego salta sobre mí, tirándome al suelo. Me quedé paralizado de terror. Y lo único que hice fue llorar en silencio. Pero a día de hoy, sigo sin saber si cuenta como violación. Yo tenía 10 años, pero él 13. Era solo un niño. Quizás él también estaba sufriendo abusos y se desquitó conmigo. También siento que es mi culpa por no haber hecho nada y no haberle contado a nadie. Podría haber gritado o algo, pero me quedé allí, paralizada y en silencio. No me he recuperado de esto en absoluto, probablemente porque no he hablado con nadie al respecto. No sé qué hacer.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Historia de Nombre

    Mi nombre es Nombre. Nací en un pueblo llamado Ubicación, la capital del Distrito, ubicado en la parte norte de Sierra Leona. Mi país estaba envuelto en una brutal guerra civil (1991-2002), con todo tipo de atrocidades cometidas contra personas y propiedades. Tristemente, perdí a ambos padres durante la guerra debido a la falta de acceso a suministros médicos en ese momento. Nací en una familia muy estricta, amorosa y religiosa que practica la fe del Islam. Éramos económicamente pobres, pero ricos en tradición, valor cultural, respeto y una fuerte red de apoyo, sea lo que sea que eso signifique. Mi padre era un imán principal y agricultor, y mi madre era ama de casa que apoyaba a mi padre con la agricultura. Soy uno de los más pequeños de 26 hijos. Mi primer nombre me lo dieron después de que mi padre recibió la estricta orden de llamarme Nombre si era niña o Nombre 2 si era niño. Le advirtieron que si ese nombre hubiera seguido las instrucciones, habría muerto. El segundo nombre surgió de la creencia tradicional de que, como mi madre había perdido siete hijos por enfermedades leves o muerte súbita, si me arrojaban a un cubo de basura después de que mi madre me diera a luz, para que pareciera que me había encontrado para que ella me criara, sobreviviría. El nombre de un cubo de basura en nuestra lengua materna es «Nyama», que significa sucio. Mi experiencia en África en aquella época fue la de un lugar donde las voces de las mujeres y las niñas a menudo eran marginadas. Dicho esto, incluso a esa temprana edad, siempre creí que la voz de todos era igual de importante y debía ser considerada y respetada. Esto fue fundamental para sentirnos valorados y apreciados en la sociedad, lo que nos permitió dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, mi primer trauma ocurrió a los 12 años, cuando sufrí la horrenda experiencia de la Mutilación Genital Femenina (MGF), que consiste en la extirpación intencional de los órganos genitales femeninos por razones no médicas. Esto ocurrió no una, sino dos veces. Una mañana de principios de diciembre, me ataron. Una mujer mayor de mi círculo familiar me rodeó con las piernas para impedir que escapara. Me colocaron en el frío suelo de grava del lavadero. Todo el proceso fue tan rápido que, para cuando estaba en el suelo, el corte ya estaba hecho. Este acto bárbaro se realizó con una navaja sin esterilizar, contra mí y contra todas las demás chicas que no tenían voz ni voto. Lo recuerdo vívidamente. Éramos ocho, y yo fui la primera en ser circuncidada. Esta experiencia me dejó una infección, un dolor insoportable y una profunda sensación de desconexión con mi cuerpo. No tenía ni idea de cómo expresar lo que sentía ni con quién hablar. Tras sobrevivir al dolor del primer incidente, una de mis tías me llamó para que volviera a llevar agua al lavadero. Allí, vi la imagen de la mujer que me infligió el primer trauma, esperando a que le hicieran el mismo procedimiento. La razón por la que tuve que repetirlo fue que estaba poseída espiritualmente en el momento del primer incidente, lo que resultó en un mal trabajo. Como fui la primera en ser circuncidada, fui la única que tuvo que hacérselo dos veces. Me inmovilizaron de nuevo contra mi voluntad, y recuerdo haber llorado mucho y estar extremadamente alterada, pues sabía, por mi experiencia previa, lo que iba a pasar. Tenía muchísimo miedo. Sabía que me habían quitado algo, algo que me perjudicaría la vida. Sin embargo, no pude procesar, analizar ni determinar el impacto, ya que no había espacios destinados a la reflexión y el procesamiento. Fue difícil no tener un espacio seguro para hablar de la experiencia negativa de la MGF, cuando la ocasión se considera un hito positivo y significativo para una mujer. En ese momento, todos a mi alrededor, incluidas algunas de las víctimas, celebraban y parecían desbordados de alegría por haber sido circuncidados. No les importó el impacto general que tuvo en mí. Toda esta experiencia me dejó muda. Mientras me recuperaba de la segunda mutilación, sentí como si también me hubieran arrancado la lengua, porque se consideraba de mala suerte hablar mal de ello. Por lo tanto, todos guardaron silencio y siguieron adelante con sus vidas, incluso quienes se vieron gravemente afectados. La siguiente vez que tuve la oportunidad y la plataforma para hablar con seguridad sobre mi experiencia con la MGF fue 25 años después. En 1991, cuando comenzó la guerra civil de Sierra Leona, mi vida dio un vuelco. De niña, las noticias sobre disturbios políticos parecían algo que ocurría en un mundo lejano. Parecía algo que debía preocupar a los políticos, no a nosotros, los agricultores. Lo que parecía una historia se convirtió en realidad cuando los rebeldes atacaron mi pueblo natal en 1994. Dejaron un legado devastador en nuestra unida comunidad. Hubo un alto número de muertos y destrucción de propiedades, incluyendo monumentos históricos. Lo llamamos "el primer ataque al que algunos sobrevivimos", y pronto, la muerte en todas sus formas, la destrucción y el sonido de las armas se volvieron familiares. Para entonces, la guerra se había extendido desde la región sur de Sierra Leona (donde comenzó inicialmente) hasta la región norte, con frecuentes ataques a las ciudades y pueblos de mi distrito. El gobierno parecía no tener control para resolver la situación y, en cambio, la violencia se intensificaba como un reguero de pólvora. Los niños no deberían tener que experimentar este nivel de masacre y destrucción. Nadie debería. Pero allí estaba yo, un niño en medio de todo ese caos, sin la protección de mi familia ni del Estado. Tras sufrir frecuentes ataques en mi ciudad natal (Ubicación), decidí viajar a Makeni (la sede de la región norte), donde había cuarteles militares. Viajé con mi sobrino pequeño, ya que éramos los únicos miembros de la familia que seguíamos juntos en ese momento, ya que algunos habían fallecido y otros se habían visto desplazados. La razón para ir era la posible esperanza de tener protección militar, a pesar del riesgo que implicaba. Aunque solo tenía 13 años en ese momento, sabía que no había otras opciones disponibles. De niño, me encontré viviendo con el temor constante de ser torturado o morir en una hora aproximadamente. No tenía ni idea de cuándo llegaría mi hora. Esa sensación de saber que la muerte podría estar a la vuelta de la esquina es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. El segundo trauma (que creí que era el primero debido a la gravedad del impacto) ocurrió cuando tenía 14 años. Los rebeldes atacaron Makeni y me hospitalizaron por malaria durante la segunda semana de diciembre de 1998. Debido a los rumores y al pánico sobre las intenciones de los rebeldes, me dieron de alta del hospital y me llevaron a mi hermano (que vivía en Makeni por aquel entonces) y a mi sobrino para que pudiéramos escapar juntos en caso de un ataque. Antes de que yo volviera a casa, mi sobrino ya se había escapado con unos vecinos por seguridad, y mi hermano me buscaba. Finalmente nos encontramos, pero era demasiado tarde para huir, pues los rebeldes ya estaban en el pueblo. La Navidad de 1998 fue como ninguna otra que había vivido. Fui capturada por los rebeldes, quienes me encontraron escondida en la tapa de un inodoro. Me golpearon, me patearon y me arrastraron hasta la casa vecina, donde tuvo lugar la primera violación. Recuerdo que el primer hombre que violó se llamaba Nombre del agresor (formaba parte de un grupo de cinco hombres). Me violaron con una pistola en la boca por si decidía gritar pidiendo ayuda. Al comienzo de esta brutal violación en grupo, recé para que el cielo me enviara un ángel que desapareciera conmigo. Como eso no era posible y no quería sentir dolor, me quedé insensible, dejando solo mi apariencia física para lidiar con el leve dolor. Una vez capturados, uno de los actos terribles que lleva a cabo el ejército es entrenar a niños pequeños para convertirse en soldados. Saben perfectamente que el hambre puede llevar a la muerte, y sin familia ni perspectivas de futuro, no hay otra opción. Mi experiencia como niña soldado me llevó a sufrir múltiples violaciones y otros traumas horrendos en dos ocasiones distintas. Me costaba creer que antes del abuso a manos de adultos, era una niña feliz, alegre e inteligente. Después de la mutilación genital femenina y las violaciones, a menudo me sentía muy triste, inútil, sola y traumatizada. La falta de un espacio seguro o de personas de confianza para expresar mis sentimientos y pensamientos me consumió aún más por los efectos del trauma, hasta el punto de que se convirtió en algo normal para mí. Estoy segura de que millones de otras sobrevivientes comparten el mismo sentimiento. El día después de estos traumas espantosos fue como la mañana después de la noche de la que nadie quería hablar. De adolescente, me encontré en una situación en la que tuve que lidiar con todo lo sucedido, sin ningún familiar ni adulto a quien recurrir en busca de apoyo. Sin ningún profesional ni red de apoyo con quien compartir mis pensamientos. Viviendo en un entorno donde las sobrevivientes de violación tienen la culpa. Muchos asumen erróneamente que la terrible violación fue en parte culpa de la sobreviviente por su forma de vestir o por estar en un lugar donde no debía estar. Tenía 14 años cuando fui violada por primera vez. No vestía de manera inapropiada, y en cuanto a estar en un lugar inapropiado, estaba huyendo de los rebeldes, huyendo mientras incendiaban todo a su paso. Sin embargo, como tantos otros antes que yo, he sido estigmatizada por las acciones de otros, en este caso, la violencia sexual masculina. Hoy, sigo aquí. Ahora vivo en Londres, tras haber obtenido asilo. Llegué al Reino Unido con mucho bagaje, problemas, traumas, barreras lingüísticas y culturales, miedo a la integración y la preocupación por la exclusión. A pesar de mi pasado en Sierra Leona, que jamás olvidaré, he construido una nueva vida. Soy esposa, madre, hermana, amiga y enfermera, pero sobre todo, soy una superviviente que creó su propia organización benéfica para ayudar a otras mujeres. Mujeres como tú. Mujeres como nosotras. Y desde el fondo de mi corazón, te deseo solo amor y fuerza, dondequiera que estés en tu camino.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Navegando por el mundo como proveedor de servicios para sobrevivientes

    Trabajo con sobrevivientes de violencia sexual como parte de mi trabajo... y puede ser muy difícil involucrarme en mi propia sanación mientras escucho constantemente el trauma de otros. La mayoría de los días son gratificantes. Es especial conectar con personas que han vivido algo similar a lo que tú viviste... pero también puede ser especialmente aislante. Extraño la comunidad de sobrevivientes a la que suelo recomendar a mis clientes, pero por alguna razón siento una barrera para acceder a estos servicios. "Demasiada gente me conoce allí", me pregunto... ¿les preocuparía que trabajara con sobrevivientes si supieran que yo también lo soy? Fui agredida sexualmente por un masajista... algo que rara vez he dicho en voz alta, pero en lo que sigo pensando casi a diario. Todavía puedo sentir su sudor goteando sobre mi cuerpo... y tengo una reacción visceral incluso con las gotas de lluvia que caen sobre mi piel desnuda. Dios, odio a ese tipo... Ni siquiera sé dónde está ahora, pero siempre me pregunto si lo que hice fue suficiente. ¿Su jefe se tomó en serio mi acusación? ¿Por qué insistí en que no me volvieran a contactar? Ojalá supiera el resultado de mi queja... A pesar de esta ignorancia, siento que he avanzado mucho. La ira sigue ahí, sí, pero mi odio hacia mí misma se ha ido materializando poco a poco. Cada día las cosas se vuelven más fáciles, pues intento encontrar espacios que me hagan sentir reconocida y personas que entiendan por qué hago lo que hago. Espero poder hacer lo suficiente para que este mundo sea un poco más fácil para quienes, como yo, a menudo sienten que sufren en silencio. Pero también espero poder descansar. Y amar. Y sentir paz. Porque ahora me doy cuenta de que yo también lo merezco.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Sé que no sentirse creído puede ser duro. A veces ni yo misma me lo creo, pero te creeré porque sé que si tan solo una persona me creyera, me sentiría comprendida y me ayudaría a sanar.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    “Toda víctima debería tener la oportunidad de convertirse en un sobreviviente”.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    No estoy seguro, esto es un paso intermedio.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Sanar es apropiarse de su historia, es permitirse procesar lo que ha sucedido.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    No es mi culpa

    Fui violada por un hombre al que invité a mi casa después de una noche de fiesta hace casi 6 años. Nos besamos en un club, fuimos brevemente a una fiesta posterior y lo invité a mi casa. No recuerdo todo, pero sabía que me sentía incómoda cuando llegamos a mi casa, me empujó sobre la cama... Se sintió como una actuación. La actividad sexual comenzó de forma algo consentida (estaba muy borracha, posiblemente drogada), pero fue bastante agresiva. Mi recuerdo de cómo terminó es borroso, pero me desperté varias veces durante la noche sintiendo que me penetraba. Le dije que parara e intenté apartarlo. Parecía disfrutar de mi resistencia. Cuando me desperté de nuevo por la mañana, él seguía allí... Inició más actividad sexual y lo permití. No creo que dijera mucho y finalmente se fue. Parecía avergonzado. Estaba dolorida y sangrando. Les escribí a mis amigos con los que había salido para decirles que me sentía muy incómoda por lo que había pasado entre nosotros. Dijeron que esperaban que estuviera bien, no me llamaron y me sentí herida. No sabía cómo describir lo que había pasado y no sentía que pudiera hablar de ello abiertamente, así que lo dejé pasar. Me sentía confundida, sobre todo porque le había dejado hacer más por la mañana. Fecha Estaba totalmente devastada. No fui a trabajar y pasé todo el día llorando. Sabía que había sido violada, pero me llevó muchos años aceptarlo y aún más contárselo a alguien. Se lo conté a dos amigas y a mi terapeuta. Todavía no he explorado completamente lo que pasó con mi terapeuta. No era la primera vez que sufría sexo no consentido y me resulta abrumador empezar a asimilarlo todo. Es difícil no culparme. Me da vergüenza saber que soy (?) una víctima de violación múltiple. Siento que debe ser mi culpa. Estoy muy enfadada en este momento: el caso de la UCD, Sophie Brady, Ciara Mangan, Nikkita Hand y un sinfín de otros casos de violencia sexual en los medios. Quiero que más hombres hablen sobre la violencia sexual. Quiero que las cosas cambien. A veces pienso en denunciar lo que pasó, recuerdo su nombre y a qué escuela fue. No quiero que vaya a la cárcel, quiero que entienda cómo me ha afectado. Me aterra que no sepa que lo que hizo fue violación, me aterra que haya lastimado a otras personas. Me asusta que haya muchos hombres como él. Admiro a las mujeres (y hombres) que denuncian y defienden a otros. No me siento una víctima "de verdad", porque invité a estas personas a mi casa. Irónicamente, profesional nunca es culpa de la víctima y lo creo, PERO... no lo siento.

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    Para ser honesto...

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    #652

    Estaba en el bar de mi barrio, la casera me dijo que alguien sabía que la zona estaba solitaria, así que le pedí que jugáramos al billar. Después de eso, quedamos un par de veces; una vez, caminando a casa al final de la noche, me tomó de la mano y le dije que tenía novio. Poco después, salí con mis hermanos y lo conocimos. Al rato, se fueron a casa y luego él y yo íbamos caminando a casa. Vivíamos muy cerca en un pueblo pequeño, así que era normal caminar juntos. No sé quién sugirió caminar por el parque, algo que ya había hecho un millón de veces con otras personas, pero recuerdo que me estaba besando y tres veces le dije que no y que parara. Entonces me quedé paralizada al darme cuenta de que no lo conocía realmente y que podía hacerme lo que quisiera. Solo podía pensar en dejar que me hiciera lo que quisiera con tal de sobrevivir y llegar a casa con mi novio. A la mañana siguiente me desperté y fui al baño. Sangraba por donde me había violado analmente y tenía moretones donde me había sujetado los brazos. Tenía marcas de amor en el pecho. No sé cómo llegué a casa. Empecé a beber más porque me lo encontraba constantemente y él seguía pidiéndome que saliera con él. Cuando iba a lugar de trabajo por trabajo, me lo encontraba en la calle y tenía que correr a casa a beber para poder calmarme antes de volver al trabajo. Llamé a organización de apoyo y me dijeron que no se lo contara a mi novio, porque eso solo lo molestaría. Ocho años después, fui a rehabilitación por alcoholismo. Era eso o el suicidio. Volví a verlo unas semanas después de la agresión porque necesitaba decirle que lo que había hecho no estaba bien; no le importó, dijo que no lo recordaba. Todavía me siento enojada y culpable por no haberlo denunciado, pero es de otro país y se fue de mi ciudad hace muchos años, así que no es posible; ni siquiera sé su apellido. Solo espero que no se lo haya hecho a nadie más. También tenía miedo de que si lo denunciaba, mi novio me dejaría o que no me creyeran por estar bebiendo con él. Ojalá no lo hubiera hecho cuando la casera me pidió que lo ayudara, y desde entonces no he podido confiar en mis instintos.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Círculo de abuso

    Ni siquiera sé por dónde empezar, pero últimamente lo estoy pasando mal y me he dado cuenta de que, aunque mi principal abusador esté muerto, no he lidiado con muchos sentimientos. Siento que siempre fui un blanco. De niña, no tenía confianza en mí misma. Era terriblemente tímida. Tenía un impedimento del habla y siempre sufría acoso escolar, y cambiar de escuela primaria no me ayudó a hacer amigos. Tuve una madre crítica y narcisista a la que nunca pude complacer. Mi primera vez abusó sexualmente de mí a los 8 años por un primo adolescente mayor. Mi madre me permitió pasar la noche sabiendo que su padre, mi tío, era pedófilo y abusaba de muchos niños. No me enteré de esto hasta años después. Era mi primo favorito, por supuesto. Lo admiraba. Iba a todas sus competencias de atletismo. Me estaba manipulando, por supuesto. ¿Por qué si no, un primo de 18 años querría pasar tanto tiempo con su primo de 8 años? En aquel entonces, nadie hablaba mucho de abuso sexual. Ni siquiera de sexo. Al menos en mi casa. Era sucio y te irías al infierno. Eso era todo lo que me decían. Pensé que era una pesadilla durante muchos años. Solo que era tan vívido. Podía oír la música. Open Arms de Journey, podía oler y casi saborear las galletas de almendra redondas, blancas y polvorientas que mi tía me sirvió antes de mandarme a la cama en una habitación con mi primo, su amigo nombre (también hombre). Hasta el día de hoy no puedo entender por qué mi tía metió a una niña de 8 años en una cama con dos adolescentes. Me atormenta. ¿Estaba tan enferma como mi tío y mi primo? Lo único que descubrí después, ya de adulta, es que mi tío abusó de mis tres primos. Uno se volvió pedófilo, otro luchó contra esos impulsos toda su vida y vivió una vida triste y solitaria, y el otro se suicidó y murió solo en un callejón a los 40 años. Me acosté en esa cama esa noche y mi vida cambió por completo. Me desperté con mi primo jugueteando con mis pantalones. Me aparté todo lo que pude. Intenté fingir que seguía dormida. Sabía que él sabía que estaba despierta. No le importó. Hizo lo que quiso. Me quedé allí tumbada. Las lágrimas rodaban silenciosamente por mi rostro. Luego lo olvidé. Fingí que no había pasado, pero seguía apareciendo en mi cabeza. Me repetía que había sido una pesadilla horrible y sucia. Cuando tenía casi 17 años, le conté a mi prima. Mi prima. Me dijo que le había pasado lo mismo una vez mientras veía la tele con él. Decidí contárselo a mi madre. Fue un error. No hizo nada. Solo me hizo sentir peor. Como si fuera culpa mía y se lo contó a todo el mundo. Él todavía podía venir. A todos los días festivos. Un Día de Acción de Gracias, cuando estaba en casa, me acorraló en mi habitación. Pensé que estaba a punto de desmayarme del miedo. Dijo: «Siento mucho todas las veces que te hice cosas». Eso me afectó aún más. Había pensado que solo había sido una vez. Entonces me di cuenta de que probablemente había olvidado o bloqueado otras ocasiones. No podía dejar de darle vueltas a las cosas una y otra vez en mi cabeza tratando de recordar. No podía esperar a salir de mi casa y lejos de mi madre. Nunca salí con nadie en la secundaria. Ni siquiera besé a un chico hasta los 19 años. Sin embargo, mi madre siempre me llamaba puta. Cuando me mudé y empecé a trabajar, me sentí libre por primera vez. Me estaba guardando para el matrimonio, pero cada chico con el que salía y se lo decía me dejaba. A los 22 años empecé a pensar que nunca encontraría a nadie. Estúpido. Quería alejarme de mi madre y entonces conocí a un chico que estaba en el ejército. Había un millón de señales de alerta. Las ignoré. Él bebía. Yo no. Sus padres eran alcohólicos. Pero él vivía en estado. Así que le escribí un par de años mientras estaba destinado en Japón. De repente, se dio de baja del ejército antes de tiempo. No me dijo por qué. No me importó, solo quería mudarme. Así que empaqué mis cosas y me mudé de California a estado. Casi no lo hago cuando justo antes de irme le dieron un DUI (conducir bajo los efectos del alcohol). Él solo tenía 20 años. Yo tenía 22. También había mentido sobre su edad. Como cristiana, el DUI me preocupó mucho, al igual que la mentira sobre la edad y la diferencia de casi 3 años. En resumen, por supuesto, terminé embarazada un año después. Gemelos. Mis padres no lo conocieron hasta el día de la boda. No les gustaba. Una vez casadas, la primera cosa extraña fue cuando estaba embarazada de gemelos y de unos 7 meses. Me desperté y él tenía una linterna y estaba entre mis piernas haciéndome cosas. Estaba horrorizada. No tenía ni idea de qué decir. Durante nuestro matrimonio, el principal problema fue la bebida. Nunca permití que entrara alcohol en casa. Bueno, él aceptó un trabajo en el ferrocarril. Venía a casa una vez a la semana. Pensé que todo estaba bien. Durante siete años vino a casa una vez a la semana. Aparentemente, bebía a diario. Tuvimos dos hijos más en esos siete años, y criar a cuatro solos fue duro sin familia. Nos mudábamos cada uno o dos años. Finalmente, empezó a trabajar como gerente y estaba en casa todas las noches. Las cosas empeoraron. Ya no podía ocultar su problema con la bebida. Se estaba volviendo abusivo, emocionalmente hablando. Dejó de querer sexo casi siempre, y luego encontré páginas de citas y páginas porno. Entonces empezó a violarme. Esperaba a que me durmiera. Luego me despertaba y lo encontraba teniendo sexo conmigo. La primera vez me asusté. Actuaba como si creyera que estaba despierta. La siguiente vez me dijo que era su esposa y que no era violación. Le dije que no volviera a hacer eso, que sabía que había abusado de mí mientras dormía, ¡y lo horrible que es hacerle eso a alguien! Simplemente no le importó. Finalmente le dije que me iría si no iba a rehabilitación por su problema con la bebida. Eso lo llevó a terapia de pareja. Le dijeron que me estaba violando. Y ahí se acabó. No le gustaba ni oírlo. Luego se echó novia. Soy discapacitada y me echó la culpa. Dijo que estaba harto de trabajar de más. Era un vago de lo peor. Gastaba dinero de nuestra jubilación. Siempre había sido ama de casa y hacía poco me habían operado de columna vertebral, y como él gastaba nuestro dinero en drogas y alcohol, ¡fui a conducir un autobús escolar con dolor! No le representaba trabajo extra. Me encargué de todo, incluyendo niños con enfermedades renales, enfermedades genéticas y problemas de salud crónicos, que entraron y salieron del hospital toda su vida. Pedí el divorcio. El maltrato fue suficiente. Me quedé en shock cuando, después de 21 largos años de matrimonio, se marchó y abandonó a sus cuatro hijos. Sin manutención, sin visitas, nada. Debido a su alcoholismo, me sentí agradecida, pero triste por mis hijos. Dos años después de que se formalizara mi divorcio, mi hija menor me confesó algo que me rompió el corazón. Me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo repugnante». Me dio un vuelco. Dijo que su padre abusó de ella cuando yo estaba fuera del estado para el funeral de un amigo. Tenía 8 años. Lloramos. ¡No podía creer que algo tan horrible le volviera a pasar a mi bebé! La culpa. Lo reporté de inmediato. No hicieron nada. Eso fue más devastador. La había preparado para lo que sucedería y luego no hicieron nada. Al final, el karma se encargó de ese hombre malvado. Murió a los 46 años por abusar de las drogas y el alcohol. Murió solo. Como se merecía. Mis hijos son médicos, enfermeros y un hombre de negocios. No dejaron que ese hombre malvado los definiera. No dejé que me quitara mi felicidad. Tuve una vida muy dura. Ni siquiera puedo escribir sobre la mayor parte. Nunca dejé que mi vida dura ni una persona malvada me robaran la felicidad. Él no determinó mi felicidad, yo construí mi propia felicidad. Si hubiera dejado que mi vida difícil me hiciera infeliz, mis hijos habrían tenido una madre infeliz y una infancia infeliz y probablemente no se habrían convertido en adultos exitosos. Tengo días malos. Incluso semanas malas. Como esta semana. Sin embargo, mañana es un nuevo día y puedo intentarlo de nuevo. Me siento mejor compartiendo algo de lo que experimenté. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leerlo. Disculpen si hay partes que no son claras, jaja.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.