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La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇨🇴

No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    No sé si mi abuso cuenta o simplemente quiero que no cuente.

    Todavía no sé si mi abuso cuenta. Estoy bastante seguro de que no. O tal vez eso es lo que quiero pensar. Cuando tenía 10 años, estaba en la fiesta de cumpleaños de mi (en ese momento) mejor amigo. No puedo recordar mucho de la fiesta en sí, solo que llevaba un cárdigan blanco. Recuerdo que el aire olía a churros y palomitas de maíz. No puedo recordar cómo llegué a la habitación de mi amigo. Solo recuerdo lo que pasó allí. El recuerdo comienza conmigo, de pie frente a la cama. En la cama estaba Nombre, uno de los hermanos mayores de mi amigo. Recuerdo que lo miré fijamente durante no sé cuánto tiempo. Creo que estaba hablando, pero todo era estático para mí. Recuerdo que había una de esas cosas de luces de fiesta, las que proyectan luces azules, rojas y verdes en el techo. Entonces recuerdo que empieza a saltar más alto. Y luego salta sobre mí, tirándome al suelo. Me quedé paralizado de terror. Y lo único que hice fue llorar en silencio. Pero a día de hoy, sigo sin saber si cuenta como violación. Yo tenía 10 años, pero él 13. Era solo un niño. Quizás él también estaba sufriendo abusos y se desquitó conmigo. También siento que es mi culpa por no haber hecho nada y no haberle contado a nadie. Podría haber gritado o algo, pero me quedé allí, paralizada y en silencio. No me he recuperado de esto en absoluto, probablemente porque no he hablado con nadie al respecto. No sé qué hacer.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

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    PARTE 2, abuso emocional, cerocion y la ruptura

    PARTE 2 El abuso emocional fue lo peor. Empecé a sentirme una mala novia. Empecé a pensar que todas nuestras discusiones eran por mi culpa y empecé a someterme a todo lo que queríamos, aunque yo no quisiera. Fue especialmente difícil cuando me propuso perder la virginidad. Al principio le dije que no y que debíamos esperar un poco más, pero durante varias semanas siguió presionándome, sutilmente, pero lo suficiente como para que sintiera que tenía que decir que sí. Y cuando lo hicimos, intenté detenerlo porque me acobardé y no me gustó, pero me ignoró. Después de esto, me sentí molesta y disgustada, y no quería hablar con él. Él simplemente se reía y hacía como si nada. Las cosas se complicaron cuando me dijo que quería casarse conmigo. Me dijo que, debido a su cultura, necesitaba casarse conmigo rápido; de lo contrario, sus padres arreglarían un matrimonio con otra persona. Me dijo que estaría bien porque quiere pasar el resto de su vida conmigo y no quiere a nadie más. Le quité toda la importancia que pude antes de que se volviera demasiado intenso como para ignorarlo. Intenté decirle que teníamos que esperar al menos un año, ¡pero empezó a entrar en pánico por su visa! Ahora que lo pienso, podría haberme estado utilizando, lo cual me rompe el corazón. Cuando hablábamos de matrimonio, me hizo prometer que no se lo contaría a nadie (y también lo hizo con el dinero). Después de muchas insistencias (mi forma de decir mucha insistencia, coacción y manipulación), cedí y dije que sí. Estaba muy contento y estábamos deseando casarnos cuanto antes en su ciudad natal. Intenté convencerlo de que nos casáramos discretamente cerca de donde yo vivía o de donde él vivía, pero parecía demasiado interesado en casarse donde vivía, lo que ahora me asusta... ¿qué estaría planeando? Poco después de que yo aceptara el matrimonio, intentó conseguir 500 libras porque un familiar las necesitaba por motivos médicos. Me negué y le dije que lo máximo que podía darle eran 200 (ni siquiera tenía suficiente para el resto del mes, lo cual le había dicho). Estuvo de acuerdo con esto y me dejó sola... durante los 2 días completos antes de intentar manipularme para obtener 300 libras más. Me negué y las cosas se calentaron. Después descubrí que del dinero que envié para el familiar, solo una pequeña parte se les envió a ellos y el resto fue para los datos de su teléfono, que fueron solo 17 libras. Estaba realmente molesta por esto y cuando lo sintió, me dijo que enviaría el resto pronto. No creo que lo haya hecho nunca. No mucho después, vi que la aplicación en la que lo conocí todavía estaba en su teléfono. Le pregunté por qué la tenía, a lo que respondió simplemente borrándola. Pasaron tantas cosas difíciles, cosas de las que no estoy lista para hablar. Pero un día, mi jefa se puso en contacto con alguien cercano a mí, porque estaba preocupada por mí. Esa persona entonces habló conmigo, ignoré todas las preocupaciones antes de llamarlo... él pasó directamente a culparme, negándose a hablar por llamada y enviándome mensajes de texto. Todavía estábamos en llamada pero chateando por mensaje de texto porque no quería arriesgarse a que alguien escuchara la conversación. Empezó a manipularme y a hacerme sentir culpable, volviéndose en mi contra y siendo despectivo. Mientras leía los mensajes e intentaba que hablara por videollamada y no por mensaje de texto, mi madre entró en mi habitación y me preguntó si estaba bien. Le colgué y le conté TODO. Fue entonces cuando me di cuenta de que había sido abusada, manipulada, coaccionada y herida. Mientras escuchaba todo esto salir de mi boca, rompí a llorar y mi madre tuvo que abrazarme durante mucho tiempo. Fue entonces cuando rompí con él, y después de una semana de llorar y tener que bloquearlo cada vez que me enviaba un mensaje, no he sabido nada de él desde entonces. Han pasado 4 meses y tengo días en los que no quiero levantarme de la cama porque siento que no sé si mis sentimientos son reales o no, y siento que mi mente no es la mía. Pero también tengo días en los que me siento libre y puedo hacer lo que quiero, hablar con quien quiero y estar con quien quiero.

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    Primera parte de mi historia: la reunión y el abuso financiero

    PRIMERA PARTE: Empecé a salir con alguien a quien conocí en una app de citas. Nos llamábamos por videollamada a diario durante un mes antes de conocernos. Durante ese tiempo, caí rendido a sus encantos y me creí todo lo que decía de sí mismo, aunque ahora, mirando atrás, ya había señales de alerta... por ejemplo, un par de mentiras y no contarme ciertos detalles que mucha gente no dudaría en responder en situaciones normales. Cuando quedamos, no me dio opción y me pidió que fuera a verlo. En ese momento lo entendí porque alguien cercano tenía un problema personal y necesitaba estar cerca. Hay una pequeña barrera idiomática porque es de otro país, pero aparte de eso, la cita fue genial. Él pagó todo y me hizo sentir especial. Sin embargo, las cosas se pusieron aún más raras... Me había dicho que estaba buscando trabajo, así que andaba corto de dinero, así que le dije que lo apoyaría cuando lo necesitara, aunque yo también tuviera un salario de aprendiz. Al principio todo iba bien, solo pequeñas cantidades de dinero aquí y allá para gastos que no podía permitirse. Pero empezó a pedir cantidades mayores. Le preguntaba por qué necesitaba tanto, o si lo cuestionaba porque no me parecía bien, me manipulaba y usaba la coerción para llegar a mí. Una vez que funcionaba una vez, se convertía en un evento frecuente, dejándome sin dinero. Llegué al punto en que, cuando llegó mi hora de ir a verlo, no podía pagar el tren. Cuando le dije que tenía dificultades para pagar mis trenes, me traicionó, me hizo sentir culpable y me hizo sentir mal. Esto me hizo sentir mal y tuve que echar mano de mis ahorros para poder ir a visitarlo. Esto se convirtió en algo habitual.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    Nadie me creyó

    Tenía 14 años. Estábamos en un campamento de verano de la iglesia. Un amigo y yo habíamos estado haciendo tatuajes. Él pidió uno, por supuesto. Quería unas letras en su mano demasiado inapropiadas para un campamento de la iglesia. Me puso la mano en el muslo para que yo pudiera verla mejor. La conversación entre los tres se volvió sórdida rápidamente. Odio decir que participé, pero participé. Tengo tendencia a ser codiciosa con la atención masculina, debido a la poca o ninguna atención de mi padre irresponsable. Un poco más adelante, una hora después. Yo, algunos amigos y él. Fuimos de la capilla a la cabaña para cenar. Esperó a que estuviéramos en el otro extremo de la fila para manosearme bruscamente, susurrándome cosas horribles y degradantes al oído. Mi yo joven, deslumbrado e ingenuo creía que me quería tanto como para decirme esas cosas. Solo después de que intentara forzarme la garganta me di cuenta de lo terrible que era. No quería que un adolescente mayor que acababa de conocer me robara mi inocencia, y mucho menos en una capilla. Cuando se lo conté a los consejeros, pareció que me creían. Pero su padre era un importante donante. Mis amigos no me creyeron porque era "atractivo". Cuando se lo conté a mi madre, ella tampoco. "Probablemente lo incitaste, así que pensó que estaba bien". No. Si nunca se dijo "Sí" explícitamente, entonces no es consentimiento. Desde entonces, he luchado. He cuestionado mi religión. Pero luego pensé: ¿por qué le doy tanta importancia a este chico horrible? ¿Y por qué todos los que quiero creen en su palabra antes que en la mía? Quizás porque nunca me amaron de verdad. Quizás porque era más fácil fingir que nunca había sucedido. Pero un verdadero apoyo aceptaría la palabra del niño asustado antes que la del hombre casi adulto con antecedentes de trastornos sexuales.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Liberarse: Escapar del control de un narcisista

    Dejar a mi ex fue una decisión marcada por años de aislamiento y maltrato físico, pero el punto de quiebre llegó cuando intentó controlar mi sustento. Quería que dejara mi trabajo, y cuando me negué, no le importó. En otra ocasión, me miró a los ojos y me dijo: «No vas a salir viva de este apartamento», antes de reírse. Ese fue el momento en que me di cuenta: ¿por qué dejaba que este hombre decidiera qué hacía con mi vida? ¿Por qué dejaba que él decidiera si iba a seguir viva o no? El día que finalmente me fui, llamé a mi madre y le dije que quería irme. Cuando mi ex amenazó con tirar todas mis pertenencias, llamé a la policía. Me dieron cinco minutos para recoger lo que pudiera. Agarré todo lo que pude cargar y me fui. Pero irme no fue el final, fue solo el principio. Me acosó sin descanso. Mensajes en redes sociales. Regalos en mi coche. Apariciones en casa de mis padres. Llamadas incesantes. Al final tuve que cambiar mi número de teléfono. Aun así, me llevó un tiempo solicitar una orden de protección porque, de alguna manera, seguía sintiéndome mal por él. Entonces, tras meses sin contacto, me lo encontré en el gimnasio. Hizo un comentario amenazante, así que lo denuncié y le prohibieron la entrada. Eso lo enfureció. Al salir del gimnasio, intentó sacarme de la carretera. Conseguí entrar en un aparcamiento donde me rodearon unos transeúntes mientras él gritaba. Llegó la policía y me dijo que debía solicitar una orden de protección de emergencia inmediatamente, algo que había pospuesto, pensando que tenía que esperar al horario de oficina. Recibí la orden y pensé que ahí se acabaría todo. Pero justo un día después de que expirara, volvió a aparecer, y esta vez no me dejó salir del aparcamiento. El pánico me invadió mientras intentaba desesperadamente llamar la atención de alguien para que llamara a la policía. Finalmente, conseguí ponerme a salvo, y alguien ya había hecho la llamada. Al empezar a conducir a casa, me di cuenta de que me seguía de nuevo. En lugar de irme, me di la vuelta y se lo dije a la policía. Se ofrecieron a seguirme y, mientras me alejaba, lo vi al otro lado de la carretera. Le hice una seña al agente, quien inmediatamente lo detuvo. Unos minutos después, el agente me llamó y me dijo que necesitaba obtener otra orden judicial contra él, advirtiéndome que tenía problemas mentales. Esperaba que al detenerlo me hubiera dado tiempo suficiente para llegar a casa sana y salva. Esta vez, tuve que solicitar una orden de paz, que solo duró seis meses. Incluso intentó apelarla, pero al final se la concedieron. Mirando hacia atrás, aprendí que el momento más peligroso para una sobreviviente no es durante la relación, sino cuando intentan irse. Esos meses después de mi partida fueron mucho más aterradores que cualquier momento que pasé con él. Pero al final, salí adelante. Y eso es lo que importa.

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    #1709

    Soy una sobreviviente de abuso sexual infantil que vive en Canadá y tengo un acuerdo de confidencialidad por abuso sexual infantil desde hace 28 años. Cuando intenté levantar mi acuerdo de confidencialidad en 2018, tras el fallecimiento de mi abusador, el tribunal de Columbia Británica me lo denegó y se negó a levantarlo. Por ello, durante los últimos siete años, he abogado ante políticos provinciales y federales de Canadá para que prohíban el uso indebido de acuerdos de confidencialidad para sobrevivientes de abuso sexual infantil. Con la aprobación de la Ley de Trey en Texas y Misuri (¡y espero que pronto en más estados!), esto presionará al gobierno canadiense y a las provincias para que aprueben leyes similares. Me siento muy alentada (¡y también sanada!) por todos los sobrevivientes que comparten sus historias en las legislaturas de Misuri y Texas. Todos estos testimonios son muy importantes como prueba para demostrar el daño extenso y a largo plazo que un acuerdo de confidencialidad ha causado a una víctima de abuso infantil, de cara a los casos judiciales posteriores. (Este tipo de prueba de daño a largo plazo no se presentó en mi caso judicial en Columbia Británica; por lo tanto, mi solicitud de levantamiento del acuerdo de confidencialidad fue denegada). Todos debemos seguir alzando la voz para cambiar el futuro de los niños. Quizás no podamos cambiar el pasado, pero sin duda podemos cambiar el presente y hacer del mundo un lugar más seguro para los demás. Tras sufrir mucho durante años, ahora veo que ese sufrimiento ha tenido un sentido. Como resultado, me he convertido en una persona más fuerte. No estoy agradecida por el abuso, pero me parece que una fuerza mayor en el universo está ayudando a todas las víctimas a cambiar el mundo por completo ahora mismo. Es un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y todos debemos seguir impulsando este increíble cambio. Gracias a la Ley de Trey y a todos los sobrevivientes que han expresado su apoyo a la Ley de Trey.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

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    Círculo de abuso

    Ni siquiera sé por dónde empezar, pero últimamente lo estoy pasando mal y me he dado cuenta de que, aunque mi principal abusador esté muerto, no he lidiado con muchos sentimientos. Siento que siempre fui un blanco. De niña, no tenía confianza en mí misma. Era terriblemente tímida. Tenía un impedimento del habla y siempre sufría acoso escolar, y cambiar de escuela primaria no me ayudó a hacer amigos. Tuve una madre crítica y narcisista a la que nunca pude complacer. Mi primera vez abusó sexualmente de mí a los 8 años por un primo adolescente mayor. Mi madre me permitió pasar la noche sabiendo que su padre, mi tío, era pedófilo y abusaba de muchos niños. No me enteré de esto hasta años después. Era mi primo favorito, por supuesto. Lo admiraba. Iba a todas sus competencias de atletismo. Me estaba manipulando, por supuesto. ¿Por qué si no, un primo de 18 años querría pasar tanto tiempo con su primo de 8 años? En aquel entonces, nadie hablaba mucho de abuso sexual. Ni siquiera de sexo. Al menos en mi casa. Era sucio y te irías al infierno. Eso era todo lo que me decían. Pensé que era una pesadilla durante muchos años. Solo que era tan vívido. Podía oír la música. Open Arms de Journey, podía oler y casi saborear las galletas de almendra redondas, blancas y polvorientas que mi tía me sirvió antes de mandarme a la cama en una habitación con mi primo, su amigo nombre (también hombre). Hasta el día de hoy no puedo entender por qué mi tía metió a una niña de 8 años en una cama con dos adolescentes. Me atormenta. ¿Estaba tan enferma como mi tío y mi primo? Lo único que descubrí después, ya de adulta, es que mi tío abusó de mis tres primos. Uno se volvió pedófilo, otro luchó contra esos impulsos toda su vida y vivió una vida triste y solitaria, y el otro se suicidó y murió solo en un callejón a los 40 años. Me acosté en esa cama esa noche y mi vida cambió por completo. Me desperté con mi primo jugueteando con mis pantalones. Me aparté todo lo que pude. Intenté fingir que seguía dormida. Sabía que él sabía que estaba despierta. No le importó. Hizo lo que quiso. Me quedé allí tumbada. Las lágrimas rodaban silenciosamente por mi rostro. Luego lo olvidé. Fingí que no había pasado, pero seguía apareciendo en mi cabeza. Me repetía que había sido una pesadilla horrible y sucia. Cuando tenía casi 17 años, le conté a mi prima. Mi prima. Me dijo que le había pasado lo mismo una vez mientras veía la tele con él. Decidí contárselo a mi madre. Fue un error. No hizo nada. Solo me hizo sentir peor. Como si fuera culpa mía y se lo contó a todo el mundo. Él todavía podía venir. A todos los días festivos. Un Día de Acción de Gracias, cuando estaba en casa, me acorraló en mi habitación. Pensé que estaba a punto de desmayarme del miedo. Dijo: «Siento mucho todas las veces que te hice cosas». Eso me afectó aún más. Había pensado que solo había sido una vez. Entonces me di cuenta de que probablemente había olvidado o bloqueado otras ocasiones. No podía dejar de darle vueltas a las cosas una y otra vez en mi cabeza tratando de recordar. No podía esperar a salir de mi casa y lejos de mi madre. Nunca salí con nadie en la secundaria. Ni siquiera besé a un chico hasta los 19 años. Sin embargo, mi madre siempre me llamaba puta. Cuando me mudé y empecé a trabajar, me sentí libre por primera vez. Me estaba guardando para el matrimonio, pero cada chico con el que salía y se lo decía me dejaba. A los 22 años empecé a pensar que nunca encontraría a nadie. Estúpido. Quería alejarme de mi madre y entonces conocí a un chico que estaba en el ejército. Había un millón de señales de alerta. Las ignoré. Él bebía. Yo no. Sus padres eran alcohólicos. Pero él vivía en estado. Así que le escribí un par de años mientras estaba destinado en Japón. De repente, se dio de baja del ejército antes de tiempo. No me dijo por qué. No me importó, solo quería mudarme. Así que empaqué mis cosas y me mudé de California a estado. Casi no lo hago cuando justo antes de irme le dieron un DUI (conducir bajo los efectos del alcohol). Él solo tenía 20 años. Yo tenía 22. También había mentido sobre su edad. Como cristiana, el DUI me preocupó mucho, al igual que la mentira sobre la edad y la diferencia de casi 3 años. En resumen, por supuesto, terminé embarazada un año después. Gemelos. Mis padres no lo conocieron hasta el día de la boda. No les gustaba. Una vez casadas, la primera cosa extraña fue cuando estaba embarazada de gemelos y de unos 7 meses. Me desperté y él tenía una linterna y estaba entre mis piernas haciéndome cosas. Estaba horrorizada. No tenía ni idea de qué decir. Durante nuestro matrimonio, el principal problema fue la bebida. Nunca permití que entrara alcohol en casa. Bueno, él aceptó un trabajo en el ferrocarril. Venía a casa una vez a la semana. Pensé que todo estaba bien. Durante siete años vino a casa una vez a la semana. Aparentemente, bebía a diario. Tuvimos dos hijos más en esos siete años, y criar a cuatro solos fue duro sin familia. Nos mudábamos cada uno o dos años. Finalmente, empezó a trabajar como gerente y estaba en casa todas las noches. Las cosas empeoraron. Ya no podía ocultar su problema con la bebida. Se estaba volviendo abusivo, emocionalmente hablando. Dejó de querer sexo casi siempre, y luego encontré páginas de citas y páginas porno. Entonces empezó a violarme. Esperaba a que me durmiera. Luego me despertaba y lo encontraba teniendo sexo conmigo. La primera vez me asusté. Actuaba como si creyera que estaba despierta. La siguiente vez me dijo que era su esposa y que no era violación. Le dije que no volviera a hacer eso, que sabía que había abusado de mí mientras dormía, ¡y lo horrible que es hacerle eso a alguien! Simplemente no le importó. Finalmente le dije que me iría si no iba a rehabilitación por su problema con la bebida. Eso lo llevó a terapia de pareja. Le dijeron que me estaba violando. Y ahí se acabó. No le gustaba ni oírlo. Luego se echó novia. Soy discapacitada y me echó la culpa. Dijo que estaba harto de trabajar de más. Era un vago de lo peor. Gastaba dinero de nuestra jubilación. Siempre había sido ama de casa y hacía poco me habían operado de columna vertebral, y como él gastaba nuestro dinero en drogas y alcohol, ¡fui a conducir un autobús escolar con dolor! No le representaba trabajo extra. Me encargué de todo, incluyendo niños con enfermedades renales, enfermedades genéticas y problemas de salud crónicos, que entraron y salieron del hospital toda su vida. Pedí el divorcio. El maltrato fue suficiente. Me quedé en shock cuando, después de 21 largos años de matrimonio, se marchó y abandonó a sus cuatro hijos. Sin manutención, sin visitas, nada. Debido a su alcoholismo, me sentí agradecida, pero triste por mis hijos. Dos años después de que se formalizara mi divorcio, mi hija menor me confesó algo que me rompió el corazón. Me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo repugnante». Me dio un vuelco. Dijo que su padre abusó de ella cuando yo estaba fuera del estado para el funeral de un amigo. Tenía 8 años. Lloramos. ¡No podía creer que algo tan horrible le volviera a pasar a mi bebé! La culpa. Lo reporté de inmediato. No hicieron nada. Eso fue más devastador. La había preparado para lo que sucedería y luego no hicieron nada. Al final, el karma se encargó de ese hombre malvado. Murió a los 46 años por abusar de las drogas y el alcohol. Murió solo. Como se merecía. Mis hijos son médicos, enfermeros y un hombre de negocios. No dejaron que ese hombre malvado los definiera. No dejé que me quitara mi felicidad. Tuve una vida muy dura. Ni siquiera puedo escribir sobre la mayor parte. Nunca dejé que mi vida dura ni una persona malvada me robaran la felicidad. Él no determinó mi felicidad, yo construí mi propia felicidad. Si hubiera dejado que mi vida difícil me hiciera infeliz, mis hijos habrían tenido una madre infeliz y una infancia infeliz y probablemente no se habrían convertido en adultos exitosos. Tengo días malos. Incluso semanas malas. Como esta semana. Sin embargo, mañana es un nuevo día y puedo intentarlo de nuevo. Me siento mejor compartiendo algo de lo que experimenté. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leerlo. Disculpen si hay partes que no son claras, jaja.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

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    El depredador al que llamé profesor

    Él tenía 53 años. Yo tenía 20. Era mi profesor, un ex policía. Al principio no confiaba en él. Pero se esforzó por abrirme. Notó las grietas, los puntos vulnerables en los que ya era vulnerable, y los presionó. Estaba lejos de casa, lidiando con múltiples tragedias, retraída, reservada y anhelando a alguien que realmente me escuchara. Él se posicionó como esa persona, la que me entendía cuando nadie más lo hacía. Al principio, no parecía abuso. Parecía atención. Que me llamara en clase, que me pidiera que me quedara después, que me viera a mí y a mis heridas, y que me dijera que tenía potencial. Fue meticuloso. Poco a poco, la atención se volvió personal. Hacía preguntas que ningún profesor debería hacer. Me tocó sin mi consentimiento: clavó el pulgar en mi clavícula, me agarró el cuello, me pateó el trasero, se rozó contra mí, me bloqueó físicamente. Hizo comentarios sobre mi cuerpo y mi ropa. Admitió que tenía sentimientos que "no podía expresar ni expresar". Se esforzó por demostrar que se podía confiar en él. Presentó mi indecisión como falta de confianza y me hizo sentir culpable cuando me alejé. Me aisló. Criticó a mi novio y puso piedras en el camino en mis relaciones. Me dio un objeto sencillo que él mismo había usado, presentándolo como un recordatorio para "ser él mismo". Yo también lo veía así, pero quedó claro que era más como un collar, una forma de poseerme. Se daba cuenta cuando no lo usaba. Me habló de su ex fallecida y me comparó con ella, como si yo debiera ocupar su lugar. Dijo que pensaba en mí a menudo. Presumía de conocer mujeres de veintipocos años en bares, de mi misma edad. Me sugirió que fuera a su casa para "sentirme seguro". Incluso admitió que tenía una lista de cosas escritas sobre mí. Lo veía como un mentor, a veces incluso como una figura paterna. Pero él se negaba. En cambio, intentó replantear la relación, manipulándome para que lo viera de una forma que le sirviera. Hubo noches después de clase en las que solo estábamos nosotros. Quería que lo acompañara a su coche. Mirando hacia atrás, creo que si mi amigo no hubiera aparecido algunas de esas noches, algo peor habría sucedido. Su contacto visual era asfixiante, impasible, agudo e intimidante. Me miraba de una forma que me paralizaba, me hacía sentir vista y atrapada. Se presentaba como invencible, incluso presumiendo de que podía hacerse pasar por una persona "intimidante". En una videollamada, estoy casi segura de que intentaba presionarme para que hiciera cosas. Fue entonces cuando me preguntó si alguna vez había sufrido una agresión sexual, usándolo como palanca. Reveló sus preferencias y dejó claro que no le gustaba que las mujeres contaran a otras sobre su relación. Cuando lo confronté una vez, dijo que la gente siempre lo pintaba como el "villano". Lo decía como si él fuera el perjudicado. E incluso entonces, me sentía culpable, como si lo hubiera lastimado. Así de fuerte era su control. Durante un año y medio, permanecí en ese círculo vicioso: enferma a su alrededor, pero convencida de que era el único que me entendía. Las grietas en su máscara finalmente aparecieron, y su control se aflojó cuando empecé a desafiarlo y a decir la verdad que tanto se esforzaba por ocultar. Finalmente, huí. Estaba tan agotada, despojada de mí misma, que no pude sobrevivir a otra ronda de su juego perverso. Lo denuncié más de una vez. La primera vez, no hicieron nada. Más tarde, incluso después de que perdiera su trabajo por razones no relacionadas, intentó obligarme a volver, incluso pidiéndome que fuera su referencia para trabajos con niños. Lo denuncié de nuevo porque temía que siguiera atacando a estudiantes. Esa vez, entró sin permiso, pero aún así sentí que no había terminado. Todavía temo encontrarme con él. Cargaba con la culpa. Vergüenza. Silencio. No se lo conté a nadie durante mucho tiempo. Pensé que el silencio lo borraría. En cambio, le dio al abuso más espacio dentro de mí. Y todavía me pregunto: ¿Qué fue esto? ¿Fue una agresión sexual, aunque nunca pareciera lo suficientemente "obvio"? ¿Fue culpa mía? ¿Es todo producto de mi imaginación? ¿Es válido, ya que no era menor de edad? ¿Fue real? Todavía estoy aprendiendo a sentirme segura. A existir en mi cuerpo sin pestañear. A usar ropa sin preguntarme si la tela es una invitación. A mantener el contacto visual sin sentirme expuesta. A creer que la atención no siempre tiene un precio. A dejar que el silencio me resulte tranquilo en lugar de peligroso. A dejar de escudriñar cada habitación en busca de la salida más cercana. A confiar en mi instinto. Y a no dejar que nadie me trate así nunca más. Todavía estoy aprendiendo a vivir en un mundo alterado por sus ojos, sus manos, sus palabras, y a creer que no estoy marcada para siempre por ellos, ni por hombres como él.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    Contar eso sin derrumbarme

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Primera parte de mi historia: la reunión y el abuso financiero

    PRIMERA PARTE: Empecé a salir con alguien a quien conocí en una app de citas. Nos llamábamos por videollamada a diario durante un mes antes de conocernos. Durante ese tiempo, caí rendido a sus encantos y me creí todo lo que decía de sí mismo, aunque ahora, mirando atrás, ya había señales de alerta... por ejemplo, un par de mentiras y no contarme ciertos detalles que mucha gente no dudaría en responder en situaciones normales. Cuando quedamos, no me dio opción y me pidió que fuera a verlo. En ese momento lo entendí porque alguien cercano tenía un problema personal y necesitaba estar cerca. Hay una pequeña barrera idiomática porque es de otro país, pero aparte de eso, la cita fue genial. Él pagó todo y me hizo sentir especial. Sin embargo, las cosas se pusieron aún más raras... Me había dicho que estaba buscando trabajo, así que andaba corto de dinero, así que le dije que lo apoyaría cuando lo necesitara, aunque yo también tuviera un salario de aprendiz. Al principio todo iba bien, solo pequeñas cantidades de dinero aquí y allá para gastos que no podía permitirse. Pero empezó a pedir cantidades mayores. Le preguntaba por qué necesitaba tanto, o si lo cuestionaba porque no me parecía bien, me manipulaba y usaba la coerción para llegar a mí. Una vez que funcionaba una vez, se convertía en un evento frecuente, dejándome sin dinero. Llegué al punto en que, cuando llegó mi hora de ir a verlo, no podía pagar el tren. Cuando le dije que tenía dificultades para pagar mis trenes, me traicionó, me hizo sentir culpable y me hizo sentir mal. Esto me hizo sentir mal y tuve que echar mano de mis ahorros para poder ir a visitarlo. Esto se convirtió en algo habitual.

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    Nadie me creyó

    Tenía 14 años. Estábamos en un campamento de verano de la iglesia. Un amigo y yo habíamos estado haciendo tatuajes. Él pidió uno, por supuesto. Quería unas letras en su mano demasiado inapropiadas para un campamento de la iglesia. Me puso la mano en el muslo para que yo pudiera verla mejor. La conversación entre los tres se volvió sórdida rápidamente. Odio decir que participé, pero participé. Tengo tendencia a ser codiciosa con la atención masculina, debido a la poca o ninguna atención de mi padre irresponsable. Un poco más adelante, una hora después. Yo, algunos amigos y él. Fuimos de la capilla a la cabaña para cenar. Esperó a que estuviéramos en el otro extremo de la fila para manosearme bruscamente, susurrándome cosas horribles y degradantes al oído. Mi yo joven, deslumbrado e ingenuo creía que me quería tanto como para decirme esas cosas. Solo después de que intentara forzarme la garganta me di cuenta de lo terrible que era. No quería que un adolescente mayor que acababa de conocer me robara mi inocencia, y mucho menos en una capilla. Cuando se lo conté a los consejeros, pareció que me creían. Pero su padre era un importante donante. Mis amigos no me creyeron porque era "atractivo". Cuando se lo conté a mi madre, ella tampoco. "Probablemente lo incitaste, así que pensó que estaba bien". No. Si nunca se dijo "Sí" explícitamente, entonces no es consentimiento. Desde entonces, he luchado. He cuestionado mi religión. Pero luego pensé: ¿por qué le doy tanta importancia a este chico horrible? ¿Y por qué todos los que quiero creen en su palabra antes que en la mía? Quizás porque nunca me amaron de verdad. Quizás porque era más fácil fingir que nunca había sucedido. Pero un verdadero apoyo aceptaría la palabra del niño asustado antes que la del hombre casi adulto con antecedentes de trastornos sexuales.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    #1709

    Soy una sobreviviente de abuso sexual infantil que vive en Canadá y tengo un acuerdo de confidencialidad por abuso sexual infantil desde hace 28 años. Cuando intenté levantar mi acuerdo de confidencialidad en 2018, tras el fallecimiento de mi abusador, el tribunal de Columbia Británica me lo denegó y se negó a levantarlo. Por ello, durante los últimos siete años, he abogado ante políticos provinciales y federales de Canadá para que prohíban el uso indebido de acuerdos de confidencialidad para sobrevivientes de abuso sexual infantil. Con la aprobación de la Ley de Trey en Texas y Misuri (¡y espero que pronto en más estados!), esto presionará al gobierno canadiense y a las provincias para que aprueben leyes similares. Me siento muy alentada (¡y también sanada!) por todos los sobrevivientes que comparten sus historias en las legislaturas de Misuri y Texas. Todos estos testimonios son muy importantes como prueba para demostrar el daño extenso y a largo plazo que un acuerdo de confidencialidad ha causado a una víctima de abuso infantil, de cara a los casos judiciales posteriores. (Este tipo de prueba de daño a largo plazo no se presentó en mi caso judicial en Columbia Británica; por lo tanto, mi solicitud de levantamiento del acuerdo de confidencialidad fue denegada). Todos debemos seguir alzando la voz para cambiar el futuro de los niños. Quizás no podamos cambiar el pasado, pero sin duda podemos cambiar el presente y hacer del mundo un lugar más seguro para los demás. Tras sufrir mucho durante años, ahora veo que ese sufrimiento ha tenido un sentido. Como resultado, me he convertido en una persona más fuerte. No estoy agradecida por el abuso, pero me parece que una fuerza mayor en el universo está ayudando a todas las víctimas a cambiar el mundo por completo ahora mismo. Es un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y todos debemos seguir impulsando este increíble cambio. Gracias a la Ley de Trey y a todos los sobrevivientes que han expresado su apoyo a la Ley de Trey.

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    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

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    PARTE 2, abuso emocional, cerocion y la ruptura

    PARTE 2 El abuso emocional fue lo peor. Empecé a sentirme una mala novia. Empecé a pensar que todas nuestras discusiones eran por mi culpa y empecé a someterme a todo lo que queríamos, aunque yo no quisiera. Fue especialmente difícil cuando me propuso perder la virginidad. Al principio le dije que no y que debíamos esperar un poco más, pero durante varias semanas siguió presionándome, sutilmente, pero lo suficiente como para que sintiera que tenía que decir que sí. Y cuando lo hicimos, intenté detenerlo porque me acobardé y no me gustó, pero me ignoró. Después de esto, me sentí molesta y disgustada, y no quería hablar con él. Él simplemente se reía y hacía como si nada. Las cosas se complicaron cuando me dijo que quería casarse conmigo. Me dijo que, debido a su cultura, necesitaba casarse conmigo rápido; de lo contrario, sus padres arreglarían un matrimonio con otra persona. Me dijo que estaría bien porque quiere pasar el resto de su vida conmigo y no quiere a nadie más. Le quité toda la importancia que pude antes de que se volviera demasiado intenso como para ignorarlo. Intenté decirle que teníamos que esperar al menos un año, ¡pero empezó a entrar en pánico por su visa! Ahora que lo pienso, podría haberme estado utilizando, lo cual me rompe el corazón. Cuando hablábamos de matrimonio, me hizo prometer que no se lo contaría a nadie (y también lo hizo con el dinero). Después de muchas insistencias (mi forma de decir mucha insistencia, coacción y manipulación), cedí y dije que sí. Estaba muy contento y estábamos deseando casarnos cuanto antes en su ciudad natal. Intenté convencerlo de que nos casáramos discretamente cerca de donde yo vivía o de donde él vivía, pero parecía demasiado interesado en casarse donde vivía, lo que ahora me asusta... ¿qué estaría planeando? Poco después de que yo aceptara el matrimonio, intentó conseguir 500 libras porque un familiar las necesitaba por motivos médicos. Me negué y le dije que lo máximo que podía darle eran 200 (ni siquiera tenía suficiente para el resto del mes, lo cual le había dicho). Estuvo de acuerdo con esto y me dejó sola... durante los 2 días completos antes de intentar manipularme para obtener 300 libras más. Me negué y las cosas se calentaron. Después descubrí que del dinero que envié para el familiar, solo una pequeña parte se les envió a ellos y el resto fue para los datos de su teléfono, que fueron solo 17 libras. Estaba realmente molesta por esto y cuando lo sintió, me dijo que enviaría el resto pronto. No creo que lo haya hecho nunca. No mucho después, vi que la aplicación en la que lo conocí todavía estaba en su teléfono. Le pregunté por qué la tenía, a lo que respondió simplemente borrándola. Pasaron tantas cosas difíciles, cosas de las que no estoy lista para hablar. Pero un día, mi jefa se puso en contacto con alguien cercano a mí, porque estaba preocupada por mí. Esa persona entonces habló conmigo, ignoré todas las preocupaciones antes de llamarlo... él pasó directamente a culparme, negándose a hablar por llamada y enviándome mensajes de texto. Todavía estábamos en llamada pero chateando por mensaje de texto porque no quería arriesgarse a que alguien escuchara la conversación. Empezó a manipularme y a hacerme sentir culpable, volviéndose en mi contra y siendo despectivo. Mientras leía los mensajes e intentaba que hablara por videollamada y no por mensaje de texto, mi madre entró en mi habitación y me preguntó si estaba bien. Le colgué y le conté TODO. Fue entonces cuando me di cuenta de que había sido abusada, manipulada, coaccionada y herida. Mientras escuchaba todo esto salir de mi boca, rompí a llorar y mi madre tuvo que abrazarme durante mucho tiempo. Fue entonces cuando rompí con él, y después de una semana de llorar y tener que bloquearlo cada vez que me enviaba un mensaje, no he sabido nada de él desde entonces. Han pasado 4 meses y tengo días en los que no quiero levantarme de la cama porque siento que no sé si mis sentimientos son reales o no, y siento que mi mente no es la mía. Pero también tengo días en los que me siento libre y puedo hacer lo que quiero, hablar con quien quiero y estar con quien quiero.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    No sé si mi abuso cuenta o simplemente quiero que no cuente.

    Todavía no sé si mi abuso cuenta. Estoy bastante seguro de que no. O tal vez eso es lo que quiero pensar. Cuando tenía 10 años, estaba en la fiesta de cumpleaños de mi (en ese momento) mejor amigo. No puedo recordar mucho de la fiesta en sí, solo que llevaba un cárdigan blanco. Recuerdo que el aire olía a churros y palomitas de maíz. No puedo recordar cómo llegué a la habitación de mi amigo. Solo recuerdo lo que pasó allí. El recuerdo comienza conmigo, de pie frente a la cama. En la cama estaba Nombre, uno de los hermanos mayores de mi amigo. Recuerdo que lo miré fijamente durante no sé cuánto tiempo. Creo que estaba hablando, pero todo era estático para mí. Recuerdo que había una de esas cosas de luces de fiesta, las que proyectan luces azules, rojas y verdes en el techo. Entonces recuerdo que empieza a saltar más alto. Y luego salta sobre mí, tirándome al suelo. Me quedé paralizado de terror. Y lo único que hice fue llorar en silencio. Pero a día de hoy, sigo sin saber si cuenta como violación. Yo tenía 10 años, pero él 13. Era solo un niño. Quizás él también estaba sufriendo abusos y se desquitó conmigo. También siento que es mi culpa por no haber hecho nada y no haberle contado a nadie. Podría haber gritado o algo, pero me quedé allí, paralizada y en silencio. No me he recuperado de esto en absoluto, probablemente porque no he hablado con nadie al respecto. No sé qué hacer.

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    Liberarse: Escapar del control de un narcisista

    Dejar a mi ex fue una decisión marcada por años de aislamiento y maltrato físico, pero el punto de quiebre llegó cuando intentó controlar mi sustento. Quería que dejara mi trabajo, y cuando me negué, no le importó. En otra ocasión, me miró a los ojos y me dijo: «No vas a salir viva de este apartamento», antes de reírse. Ese fue el momento en que me di cuenta: ¿por qué dejaba que este hombre decidiera qué hacía con mi vida? ¿Por qué dejaba que él decidiera si iba a seguir viva o no? El día que finalmente me fui, llamé a mi madre y le dije que quería irme. Cuando mi ex amenazó con tirar todas mis pertenencias, llamé a la policía. Me dieron cinco minutos para recoger lo que pudiera. Agarré todo lo que pude cargar y me fui. Pero irme no fue el final, fue solo el principio. Me acosó sin descanso. Mensajes en redes sociales. Regalos en mi coche. Apariciones en casa de mis padres. Llamadas incesantes. Al final tuve que cambiar mi número de teléfono. Aun así, me llevó un tiempo solicitar una orden de protección porque, de alguna manera, seguía sintiéndome mal por él. Entonces, tras meses sin contacto, me lo encontré en el gimnasio. Hizo un comentario amenazante, así que lo denuncié y le prohibieron la entrada. Eso lo enfureció. Al salir del gimnasio, intentó sacarme de la carretera. Conseguí entrar en un aparcamiento donde me rodearon unos transeúntes mientras él gritaba. Llegó la policía y me dijo que debía solicitar una orden de protección de emergencia inmediatamente, algo que había pospuesto, pensando que tenía que esperar al horario de oficina. Recibí la orden y pensé que ahí se acabaría todo. Pero justo un día después de que expirara, volvió a aparecer, y esta vez no me dejó salir del aparcamiento. El pánico me invadió mientras intentaba desesperadamente llamar la atención de alguien para que llamara a la policía. Finalmente, conseguí ponerme a salvo, y alguien ya había hecho la llamada. Al empezar a conducir a casa, me di cuenta de que me seguía de nuevo. En lugar de irme, me di la vuelta y se lo dije a la policía. Se ofrecieron a seguirme y, mientras me alejaba, lo vi al otro lado de la carretera. Le hice una seña al agente, quien inmediatamente lo detuvo. Unos minutos después, el agente me llamó y me dijo que necesitaba obtener otra orden judicial contra él, advirtiéndome que tenía problemas mentales. Esperaba que al detenerlo me hubiera dado tiempo suficiente para llegar a casa sana y salva. Esta vez, tuve que solicitar una orden de paz, que solo duró seis meses. Incluso intentó apelarla, pero al final se la concedieron. Mirando hacia atrás, aprendí que el momento más peligroso para una sobreviviente no es durante la relación, sino cuando intentan irse. Esos meses después de mi partida fueron mucho más aterradores que cualquier momento que pasé con él. Pero al final, salí adelante. Y eso es lo que importa.

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    Círculo de abuso

    Ni siquiera sé por dónde empezar, pero últimamente lo estoy pasando mal y me he dado cuenta de que, aunque mi principal abusador esté muerto, no he lidiado con muchos sentimientos. Siento que siempre fui un blanco. De niña, no tenía confianza en mí misma. Era terriblemente tímida. Tenía un impedimento del habla y siempre sufría acoso escolar, y cambiar de escuela primaria no me ayudó a hacer amigos. Tuve una madre crítica y narcisista a la que nunca pude complacer. Mi primera vez abusó sexualmente de mí a los 8 años por un primo adolescente mayor. Mi madre me permitió pasar la noche sabiendo que su padre, mi tío, era pedófilo y abusaba de muchos niños. No me enteré de esto hasta años después. Era mi primo favorito, por supuesto. Lo admiraba. Iba a todas sus competencias de atletismo. Me estaba manipulando, por supuesto. ¿Por qué si no, un primo de 18 años querría pasar tanto tiempo con su primo de 8 años? En aquel entonces, nadie hablaba mucho de abuso sexual. Ni siquiera de sexo. Al menos en mi casa. Era sucio y te irías al infierno. Eso era todo lo que me decían. Pensé que era una pesadilla durante muchos años. Solo que era tan vívido. Podía oír la música. Open Arms de Journey, podía oler y casi saborear las galletas de almendra redondas, blancas y polvorientas que mi tía me sirvió antes de mandarme a la cama en una habitación con mi primo, su amigo nombre (también hombre). Hasta el día de hoy no puedo entender por qué mi tía metió a una niña de 8 años en una cama con dos adolescentes. Me atormenta. ¿Estaba tan enferma como mi tío y mi primo? Lo único que descubrí después, ya de adulta, es que mi tío abusó de mis tres primos. Uno se volvió pedófilo, otro luchó contra esos impulsos toda su vida y vivió una vida triste y solitaria, y el otro se suicidó y murió solo en un callejón a los 40 años. Me acosté en esa cama esa noche y mi vida cambió por completo. Me desperté con mi primo jugueteando con mis pantalones. Me aparté todo lo que pude. Intenté fingir que seguía dormida. Sabía que él sabía que estaba despierta. No le importó. Hizo lo que quiso. Me quedé allí tumbada. Las lágrimas rodaban silenciosamente por mi rostro. Luego lo olvidé. Fingí que no había pasado, pero seguía apareciendo en mi cabeza. Me repetía que había sido una pesadilla horrible y sucia. Cuando tenía casi 17 años, le conté a mi prima. Mi prima. Me dijo que le había pasado lo mismo una vez mientras veía la tele con él. Decidí contárselo a mi madre. Fue un error. No hizo nada. Solo me hizo sentir peor. Como si fuera culpa mía y se lo contó a todo el mundo. Él todavía podía venir. A todos los días festivos. Un Día de Acción de Gracias, cuando estaba en casa, me acorraló en mi habitación. Pensé que estaba a punto de desmayarme del miedo. Dijo: «Siento mucho todas las veces que te hice cosas». Eso me afectó aún más. Había pensado que solo había sido una vez. Entonces me di cuenta de que probablemente había olvidado o bloqueado otras ocasiones. No podía dejar de darle vueltas a las cosas una y otra vez en mi cabeza tratando de recordar. No podía esperar a salir de mi casa y lejos de mi madre. Nunca salí con nadie en la secundaria. Ni siquiera besé a un chico hasta los 19 años. Sin embargo, mi madre siempre me llamaba puta. Cuando me mudé y empecé a trabajar, me sentí libre por primera vez. Me estaba guardando para el matrimonio, pero cada chico con el que salía y se lo decía me dejaba. A los 22 años empecé a pensar que nunca encontraría a nadie. Estúpido. Quería alejarme de mi madre y entonces conocí a un chico que estaba en el ejército. Había un millón de señales de alerta. Las ignoré. Él bebía. Yo no. Sus padres eran alcohólicos. Pero él vivía en estado. Así que le escribí un par de años mientras estaba destinado en Japón. De repente, se dio de baja del ejército antes de tiempo. No me dijo por qué. No me importó, solo quería mudarme. Así que empaqué mis cosas y me mudé de California a estado. Casi no lo hago cuando justo antes de irme le dieron un DUI (conducir bajo los efectos del alcohol). Él solo tenía 20 años. Yo tenía 22. También había mentido sobre su edad. Como cristiana, el DUI me preocupó mucho, al igual que la mentira sobre la edad y la diferencia de casi 3 años. En resumen, por supuesto, terminé embarazada un año después. Gemelos. Mis padres no lo conocieron hasta el día de la boda. No les gustaba. Una vez casadas, la primera cosa extraña fue cuando estaba embarazada de gemelos y de unos 7 meses. Me desperté y él tenía una linterna y estaba entre mis piernas haciéndome cosas. Estaba horrorizada. No tenía ni idea de qué decir. Durante nuestro matrimonio, el principal problema fue la bebida. Nunca permití que entrara alcohol en casa. Bueno, él aceptó un trabajo en el ferrocarril. Venía a casa una vez a la semana. Pensé que todo estaba bien. Durante siete años vino a casa una vez a la semana. Aparentemente, bebía a diario. Tuvimos dos hijos más en esos siete años, y criar a cuatro solos fue duro sin familia. Nos mudábamos cada uno o dos años. Finalmente, empezó a trabajar como gerente y estaba en casa todas las noches. Las cosas empeoraron. Ya no podía ocultar su problema con la bebida. Se estaba volviendo abusivo, emocionalmente hablando. Dejó de querer sexo casi siempre, y luego encontré páginas de citas y páginas porno. Entonces empezó a violarme. Esperaba a que me durmiera. Luego me despertaba y lo encontraba teniendo sexo conmigo. La primera vez me asusté. Actuaba como si creyera que estaba despierta. La siguiente vez me dijo que era su esposa y que no era violación. Le dije que no volviera a hacer eso, que sabía que había abusado de mí mientras dormía, ¡y lo horrible que es hacerle eso a alguien! Simplemente no le importó. Finalmente le dije que me iría si no iba a rehabilitación por su problema con la bebida. Eso lo llevó a terapia de pareja. Le dijeron que me estaba violando. Y ahí se acabó. No le gustaba ni oírlo. Luego se echó novia. Soy discapacitada y me echó la culpa. Dijo que estaba harto de trabajar de más. Era un vago de lo peor. Gastaba dinero de nuestra jubilación. Siempre había sido ama de casa y hacía poco me habían operado de columna vertebral, y como él gastaba nuestro dinero en drogas y alcohol, ¡fui a conducir un autobús escolar con dolor! No le representaba trabajo extra. Me encargué de todo, incluyendo niños con enfermedades renales, enfermedades genéticas y problemas de salud crónicos, que entraron y salieron del hospital toda su vida. Pedí el divorcio. El maltrato fue suficiente. Me quedé en shock cuando, después de 21 largos años de matrimonio, se marchó y abandonó a sus cuatro hijos. Sin manutención, sin visitas, nada. Debido a su alcoholismo, me sentí agradecida, pero triste por mis hijos. Dos años después de que se formalizara mi divorcio, mi hija menor me confesó algo que me rompió el corazón. Me dijo: «Mamá, tengo que decirte algo repugnante». Me dio un vuelco. Dijo que su padre abusó de ella cuando yo estaba fuera del estado para el funeral de un amigo. Tenía 8 años. Lloramos. ¡No podía creer que algo tan horrible le volviera a pasar a mi bebé! La culpa. Lo reporté de inmediato. No hicieron nada. Eso fue más devastador. La había preparado para lo que sucedería y luego no hicieron nada. Al final, el karma se encargó de ese hombre malvado. Murió a los 46 años por abusar de las drogas y el alcohol. Murió solo. Como se merecía. Mis hijos son médicos, enfermeros y un hombre de negocios. No dejaron que ese hombre malvado los definiera. No dejé que me quitara mi felicidad. Tuve una vida muy dura. Ni siquiera puedo escribir sobre la mayor parte. Nunca dejé que mi vida dura ni una persona malvada me robaran la felicidad. Él no determinó mi felicidad, yo construí mi propia felicidad. Si hubiera dejado que mi vida difícil me hiciera infeliz, mis hijos habrían tenido una madre infeliz y una infancia infeliz y probablemente no se habrían convertido en adultos exitosos. Tengo días malos. Incluso semanas malas. Como esta semana. Sin embargo, mañana es un nuevo día y puedo intentarlo de nuevo. Me siento mejor compartiendo algo de lo que experimenté. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leerlo. Disculpen si hay partes que no son claras, jaja.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    El depredador al que llamé profesor

    Él tenía 53 años. Yo tenía 20. Era mi profesor, un ex policía. Al principio no confiaba en él. Pero se esforzó por abrirme. Notó las grietas, los puntos vulnerables en los que ya era vulnerable, y los presionó. Estaba lejos de casa, lidiando con múltiples tragedias, retraída, reservada y anhelando a alguien que realmente me escuchara. Él se posicionó como esa persona, la que me entendía cuando nadie más lo hacía. Al principio, no parecía abuso. Parecía atención. Que me llamara en clase, que me pidiera que me quedara después, que me viera a mí y a mis heridas, y que me dijera que tenía potencial. Fue meticuloso. Poco a poco, la atención se volvió personal. Hacía preguntas que ningún profesor debería hacer. Me tocó sin mi consentimiento: clavó el pulgar en mi clavícula, me agarró el cuello, me pateó el trasero, se rozó contra mí, me bloqueó físicamente. Hizo comentarios sobre mi cuerpo y mi ropa. Admitió que tenía sentimientos que "no podía expresar ni expresar". Se esforzó por demostrar que se podía confiar en él. Presentó mi indecisión como falta de confianza y me hizo sentir culpable cuando me alejé. Me aisló. Criticó a mi novio y puso piedras en el camino en mis relaciones. Me dio un objeto sencillo que él mismo había usado, presentándolo como un recordatorio para "ser él mismo". Yo también lo veía así, pero quedó claro que era más como un collar, una forma de poseerme. Se daba cuenta cuando no lo usaba. Me habló de su ex fallecida y me comparó con ella, como si yo debiera ocupar su lugar. Dijo que pensaba en mí a menudo. Presumía de conocer mujeres de veintipocos años en bares, de mi misma edad. Me sugirió que fuera a su casa para "sentirme seguro". Incluso admitió que tenía una lista de cosas escritas sobre mí. Lo veía como un mentor, a veces incluso como una figura paterna. Pero él se negaba. En cambio, intentó replantear la relación, manipulándome para que lo viera de una forma que le sirviera. Hubo noches después de clase en las que solo estábamos nosotros. Quería que lo acompañara a su coche. Mirando hacia atrás, creo que si mi amigo no hubiera aparecido algunas de esas noches, algo peor habría sucedido. Su contacto visual era asfixiante, impasible, agudo e intimidante. Me miraba de una forma que me paralizaba, me hacía sentir vista y atrapada. Se presentaba como invencible, incluso presumiendo de que podía hacerse pasar por una persona "intimidante". En una videollamada, estoy casi segura de que intentaba presionarme para que hiciera cosas. Fue entonces cuando me preguntó si alguna vez había sufrido una agresión sexual, usándolo como palanca. Reveló sus preferencias y dejó claro que no le gustaba que las mujeres contaran a otras sobre su relación. Cuando lo confronté una vez, dijo que la gente siempre lo pintaba como el "villano". Lo decía como si él fuera el perjudicado. E incluso entonces, me sentía culpable, como si lo hubiera lastimado. Así de fuerte era su control. Durante un año y medio, permanecí en ese círculo vicioso: enferma a su alrededor, pero convencida de que era el único que me entendía. Las grietas en su máscara finalmente aparecieron, y su control se aflojó cuando empecé a desafiarlo y a decir la verdad que tanto se esforzaba por ocultar. Finalmente, huí. Estaba tan agotada, despojada de mí misma, que no pude sobrevivir a otra ronda de su juego perverso. Lo denuncié más de una vez. La primera vez, no hicieron nada. Más tarde, incluso después de que perdiera su trabajo por razones no relacionadas, intentó obligarme a volver, incluso pidiéndome que fuera su referencia para trabajos con niños. Lo denuncié de nuevo porque temía que siguiera atacando a estudiantes. Esa vez, entró sin permiso, pero aún así sentí que no había terminado. Todavía temo encontrarme con él. Cargaba con la culpa. Vergüenza. Silencio. No se lo conté a nadie durante mucho tiempo. Pensé que el silencio lo borraría. En cambio, le dio al abuso más espacio dentro de mí. Y todavía me pregunto: ¿Qué fue esto? ¿Fue una agresión sexual, aunque nunca pareciera lo suficientemente "obvio"? ¿Fue culpa mía? ¿Es todo producto de mi imaginación? ¿Es válido, ya que no era menor de edad? ¿Fue real? Todavía estoy aprendiendo a sentirme segura. A existir en mi cuerpo sin pestañear. A usar ropa sin preguntarme si la tela es una invitación. A mantener el contacto visual sin sentirme expuesta. A creer que la atención no siempre tiene un precio. A dejar que el silencio me resulte tranquilo en lugar de peligroso. A dejar de escudriñar cada habitación en busca de la salida más cercana. A confiar en mi instinto. Y a no dejar que nadie me trate así nunca más. Todavía estoy aprendiendo a vivir en un mundo alterado por sus ojos, sus manos, sus palabras, y a creer que no estoy marcada para siempre por ellos, ni por hombres como él.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.