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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇺🇾

Aprender a vivir sin querer matarme

Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    De un sobreviviente
    🇪🇨

    No sé si mi abuso cuenta o simplemente quiero que no cuente.

    Todavía no sé si mi abuso cuenta. Estoy bastante seguro de que no. O tal vez eso es lo que quiero pensar. Cuando tenía 10 años, estaba en la fiesta de cumpleaños de mi (en ese momento) mejor amigo. No puedo recordar mucho de la fiesta en sí, solo que llevaba un cárdigan blanco. Recuerdo que el aire olía a churros y palomitas de maíz. No puedo recordar cómo llegué a la habitación de mi amigo. Solo recuerdo lo que pasó allí. El recuerdo comienza conmigo, de pie frente a la cama. En la cama estaba Nombre, uno de los hermanos mayores de mi amigo. Recuerdo que lo miré fijamente durante no sé cuánto tiempo. Creo que estaba hablando, pero todo era estático para mí. Recuerdo que había una de esas cosas de luces de fiesta, las que proyectan luces azules, rojas y verdes en el techo. Entonces recuerdo que empieza a saltar más alto. Y luego salta sobre mí, tirándome al suelo. Me quedé paralizado de terror. Y lo único que hice fue llorar en silencio. Pero a día de hoy, sigo sin saber si cuenta como violación. Yo tenía 10 años, pero él 13. Era solo un niño. Quizás él también estaba sufriendo abusos y se desquitó conmigo. También siento que es mi culpa por no haber hecho nada y no haberle contado a nadie. Podría haber gritado o algo, pero me quedé allí, paralizada y en silencio. No me he recuperado de esto en absoluto, probablemente porque no he hablado con nadie al respecto. No sé qué hacer.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Para mí, la curación consiste en permitirme sentir y convertirme en un pilar de fortaleza al hacerlo.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇫🇷

    Relato de mi experiencia en COCSA (tw: detalles de abuso sexual, incesto)

    Tenía siete años. Era mi primo, un año mayor que yo. Mi madre había invitado a su familia a cenar en Pascua. Ocurrió cuando jugábamos solos después de comer. Él introdujo en nuestro juego de simulación la idea de que éramos amantes. Yo no jugaba a ser amantes, nunca se me había pasado por la cabeza hacerlo con nadie, y mucho menos con mi primo. Pero no podía concebir que otro niño propusiera algo más retorcido que una simple tontería infantil, y para mi mente infantil, el juego de simulación era todo falso, así que lo concibí como un juego inocente. Entonces empezó a darme instrucciones: que me quitara la ropa interior, que me tumbara de cierta manera en el suelo, que abriera las piernas. Debo recalcar que desconocía incluso la existencia del sexo, y que en un entorno donde me sentía segura —en casa jugando con mi primo en una cultura que promueve abrumadoramente todo lo contrario al hastío familiar—, yo estaba completamente desprevenida. Obedecí. Por la forma en que me decía que hiciera las cosas, era obvio que era plenamente consciente de mi ingenuidad. Lo esperaba. Más allá de lo esperado, claramente contaba con que no encontraría oposición. Decidió ocultarme lo que pretendía hacerle a mi cuerpo, dentro de mi cuerpo, hasta que simplemente lo hizo. Sacó su pene por un agujero enorme en sus pantalones que no había notado antes y penetró mi vagina antes de apoyarse en mí para meterme la lengua en la boca. No sabía qué era nada de eso. Ni siquiera registré este último acto como un beso. Mi concepción de los besos eran picotazos o palmadas, que solo he dado en las mejillas de mis padres. Espero que mi insistencia en mi mentalidad de niña pequeña no te moleste, simplemente es muy importante para mí que quien lea esto entienda lo inconsciente que estaba. Seguía pensando que solo estábamos jugando, así que lo racionalicé como contacto físico inocente. Imité su lengua enrollándose contra la mía. Él presentó esas acciones en el juego como pruebas de amor. Estoy convencida de que sabía lo que hacía. Un niño que realmente confundiera el sexo con un juego infantil habría intentado abordar el acto con su compañero en igualdad de condiciones debido a la intensa interacción física, no al contrario, apoyándose en el desequilibrio en sus conocimientos para salirse con la suya. Su motivación no era jugar conmigo, sino usar mi cuerpo para la gratificación sexual, y el juego era solo su pretexto para hacer que eso sucediera conmigo, siendo yo maleable. Me manipuló y abusó de mi inocencia. Sin importar cómo entró en contacto con el sexo por primera vez, demostró un vil derecho sobre mi cuerpo. No recuerdo con claridad la cronología de la agresión. Recuerdo que lo hizo dos veces esa tarde. Recuerdo que la empleada doméstica entró y me señaló. Gritó mi nombre y dijo que se lo diría a mi madre. Recuerdo angustiada, temiendo haber hecho algo mal, sintiéndome muy confundida y avergonzada. Recuerdo verlo a él y a su familia salir de casa mientras dudaba en decir algo (no creo que la empleada doméstica fuera inmediatamente con mi madre o tal vez estaba ocupada). Mantuve la boca cerrada en ese momento, pero después de que se fueran, busqué a mi madre. Le conté lo que había hecho. Estaba perdida, completamente angustiada, casi sollozando. Mi hermana de doce años también estaba en la habitación. Casi se rió de lo que dije y mi madre exclamó con asombro y disgusto: "¡¿Cómo pudiste dejar que tu hermano te acariciara?!" (En mi cultura es común referirse a los primos como hermanos, aunque no fuéramos muy unidos). Siguió regañándome. "¿Sabes cómo se llama lo que hiciste? ¡Se llama incesto!" (Estaba tan desorientada que durante varios años pensé que al sexo en general se le llamaba incesto). "¡¿Sabes que podrías estar embarazada ahora mismo?!" (Así aprendí de dónde vienen los bebés; además, todavía no entiendo por qué me dijo eso a los siete años). Estaba completamente mortificada, presa del pánico. Me sentía repugnante y sucia. Su reacción me convenció de que no era una víctima, sino cómplice de una abominación. Tan culpable como mi primo por dejar que me tocara. Sus reprimendas sellaron el autodesprecio en mi interior. "¡No vuelvas a hacer eso o se lo diré a tu padre!", y luego nunca más se volvió a hablar del asunto. Sospecho que ni siquiera les contó a mis tíos sobre el incidente, ya que mientras me regañaba, hablaba como si mi silencio cuando aún estaban allí cerrara la puerta para siempre. Una cosa es segura: nunca rindió cuentas por lo que me hizo. Salió impune y años después, mi madre lo alabaría diciendo que Dios le había expresado que lo tenía bajo su control y me sermonearía por no ser cariñosa con él mientras me sonreía con sorna en el lugar donde me violó. Sinceramente, creo que mi madre y mi hermana olvidaron que esto sucedió. El lujo de olvidar. Mientras tanto, el recuerdo y la culpa de ese día han estado supurando en mi mente. Crecí en una cultura de pureza profunda; imagínense el tormento que eso desató para la niña incestuosa y desviada sexual con la que llegué a identificarme. Pasé horas reflexionando sobre mis acciones pecaminosas, llorando, suplicando perdón a Dios. Vivía con el miedo de que mis amigos se enteraran de lo que había hecho y me despreciaran. Incluso agradecí a mi madre que no me repudiara. Entonces, a los catorce años, me di cuenta de que era imposible que hubiera consentido. Y no me alivió. Caí en la cuenta de que me habían violado, que mi madre me culpaba, que mi hermana (a la que amaba en ese momento, pero ya no por varias razones) se burló de mí en mi momento más vulnerable y que mi padre me amenazó (con razón, me culpó como víctima en otras ocasiones no sexuales). Me aterrorizaba abrirme a alguien más por miedo a recibir otra versión de la reacción de mi madre. Estaba sola. Esta es la primera vez que comparto esto desde que sucedió. Junto con mi epifanía, una voz tomó forma en mi cabeza. Me dice que soy inútil, que rezuma negación, que mi madre dijo la verdad y que la rechazo. Empecé a obsesionarme constantemente con mi violación. La diseccionaba, la revivía para debatir la voz que me atormentaba. Ignorarla no funciona: me pongo ansioso cada vez que lo intento. Cuando lo hago, es como ceder ante las afirmaciones de la voz, lo que genera una sensación de precariedad y colapso inminente en mi mundo interior. La voz nunca se detiene, surge de contextos que ni siquiera están relacionados con mi violación, arrastra mis pensamientos hacia allí. Doy vueltas incesantemente en lugares repugnantes lidiando con ella; estoy psicológica y emocionalmente agotada. Me siento insegura mentalmente, despierta o dormida, gracias a las frecuentes pesadillas sobre el trauma que empecé a tener cuando cumplí los dieciocho. Me siento intrínsecamente asquerosa y jodida. Estoy enojada. Estoy triste. Todo el tiempo. Esta condición solo ha empeorado con los años, ha mermado mi capacidad de hacer lo que me da alegría (aprender, ser amigo) y no creo que me quede mucha energía para seguir adelante. Escribí todo esto para que mi experiencia no existiera solo en mi cabeza, si es que eso tiene sentido. Si alguien me ha leído hasta aquí, le agradezco mucho su tiempo.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Para mis semejantes

    Queridos desconocidos: Escribo esta carta porque he cargado con toda una vida de dolor en silencio durante demasiado tiempo, y estoy lista para hablarlo con franqueza; no para vivir en la oscuridad, sino para demostrar que incluso las sombras más profundas pueden dar paso a la luz. Si mis palabras llegan a una sola persona que se siente sepultada bajo su propia historia, habrán hecho lo que espero que puedan hacer: recordarles que la supervivencia no es el final del camino. Es el comienzo de algo más fuerte. Tenía tres años cuando mi madre me dejó con mi padre. Se desentendió de la responsabilidad. Él era un deportista de pueblo, todavía enfadado por haber perdido a su madre de joven, y volcaba esa ira en fiestas, peleas y en mí. Se suponía que yo sería su pequeño jugador de fútbol, pero nunca encajé del todo en el molde. Unos años después, alguien de su familia abusó de mí. Lo encubrieron. Esa persona nunca tuvo que afrontar las consecuencias. Luego, otro miembro de la familia, al que todos adoraban, me engañó para que cometiera actos sexuales que se prolongaron durante años. Desarrollé una lealtad retorcida hacia él, lo que ahora sé que fue el síndrome de Estocolmo. Me liberé más tarde, pero esos años me robaron la infancia antes de saber siquiera cómo se suponía que debía ser. Mi padre me golpeaba con un cinturón hasta que me salían ronchas. Escondía conchas marinas en los pantalones para suavizar los golpes; mi trauma me hacía inquieta, me hacía "mala", hacía que el cinturón viniera más rápido. Cuando descubrió las conchas, el castigo se duplicó. Mi madrastra finalmente lo desestimó, pero las marcas ya eran profundas. La escuela no ofrecía seguridad. El director me gritó en la cara y me encerró en un armario. Resultó que mi padre había salido con su hija años antes. Los pueblos pequeños lo recuerdan todo menos la misericordia. Me junté con chicos con problemas y me metí en problemas con la ley. Mi padre me culpó por su matrimonio fallido y amenazó con enviarme lejos. Amaba a mi medio hermano, el hijo de mi madrastra, a pesar de que me enseñaron a odiarlo. Al terminar la escuela primaria, me mudé a casa de mi madre. No podía cepillarme bien los dientes, no podía hacer la cama, apenas sabía leer. Mi madre se esforzó por enseñarme buenos hábitos, y lo consiguió, pero su nuevo marido, un policía, era cruel. Me rociaba la cara con gas pimienta a modo de broma, veía porno en la sala y engañaba a mi madre embarazada. El barrio era mayoritariamente negro; como un niño blanco y solitario, era un blanco fácil para la violencia. Llegué a casa con los ojos morados. Mi madre todavía lo niega. La soledad se volvió crónica; no solo depresión, sino esa que te hace cuestionar si vale la pena existir. Mi padre me secuestró una vez, avergonzado de sus propias decisiones. Más palizas, más aislamiento en nuevos pueblos, más acoso. Cuando planeó mudarse, volví a elegir el de mi madre. Ese pueblo se sentía más cercano a casa. Hice amigos de verdad allí, pero la mayoría de los días seguía siendo la forastera. Un amigo cercano murió en un accidente de coche; su familia me trató como a un sustituto, diciendo que me parecía a él. Fue extraño y doloroso. Tenía novia. Ambos éramos sobrevivientes de abusos. Jugamos un poco, nada más que tocarnos, y sentí una conexión real por primera vez. Una noche, su madre nos invitó a su casa. Mi novia no estaba allí. Su madre la miró y dijo: "¿Sabías que tu hijo violó a mi hija?". Mi cuerpo se congeló de una manera que el cinturón de mi padre nunca logró. No pude hablar. Mi cabeza negó con la cabeza. Miré a mi madre, la única protectora en la que había confiado, y su rostro decía que lo creía. Mi corazón se rompió. Amenazaron con presentar cargos, pero se negaron a dar pruebas médicas. Sus padres luego intentaron atraer a mi madre a un callejón para golpearla. El novio de mi madre resultó ser un adicto a la metanfetamina y lo robó todo. Mi novia difundió historias cambiantes por la escuela. Esa humillación rompió algo muy profundo en mí. Me volví más agudo, más consciente de mí mismo que nunca, pero todo lo que cargaba era ira y dolor. El instituto era una máscara: amigable, tranquilo, fingiendo ser estúpido para que nadie esperara demasiado. Atlético, pero nunca totalmente aceptado por sus compañeros de equipo. Popular entre las chicas, nunca las adecuadas. Luché; encontré algo que realmente me encantaba en los deportes de combate. Fui al baile de graduación en primer año con una estudiante de último año, salí con otra estudiante de último año hasta que mi padre nos mudó de nuevo. Rompió conmigo, insinuó que me engañaba para hacerme daño. Me quitó la virginidad. En el nuevo estado, luché contra mi padre de verdad: me puse de pie, me defendí, sentí años de rabia invadirme. Quería acabar con él. El toque de mi madrastra en el hombro me detuvo. Pensé en mi hermano pequeño en la habitación de al lado y me fui. Después, mi padre me empujó sobre las sillas. Me fui con la intención de cruzar medio país caminando. Me desmayé en la noche. Él me recogió más tarde y me habló mal durante semanas. No le hablé, no lo miré. De vuelta en casa de mi madre, se centró en sí misma y me trató como una carga. Mi padrastro me echó por fumar marihuana. Estuve sin hogar durante un mes durante brutales ventiscas, viviendo en el garaje de la hermana de una amiga. Volví a casa de mi padre de adulta. Trabajé 70 horas semanales en una fábrica y me convertí en el subgerente más joven. Podía hablar con exconvictos sin perderles el respeto. Vivía sin calefacción. Llegó la COVID. Empezaron los ataques de pánico. El aislamiento se convirtió en adicción. Me acosté con las mujeres equivocadas, le robé la novia a un amigo (ella me insinuó algo; me enamoré). La culpa me aplastó. Volví a casa de mi padre, sin blanca y sin apenas comer. El trauma llegó a su punto máximo. Le conté a mi padre que necesitaba ayuda; él gritó que mis problemas no importaban. Trabajé en el sector sanitario durante el auge de la COVID: en la UCI de COVID, con 5 o 6 muertes al día. Hice RCP y autopsias cuando las enfermeras no podían. Las enfermeras me coquetearon; me quedé frío, autoaislado. Sin amigos, sin familia, sin hogar, solo trabajo. Un médico se ofreció a pagar mis estudios por mi compasión. Entonces tomé LSD y me vi en el espejo por primera vez, con empatía y tristeza. Justo antes de derrumbarme por completo, conocí a mi esposa empujando un cadáver a la morgue. Nos enamoramos. Renuncié y me mudé a su casa. Me ahogué en la agonía, aprovechándome de sus ingresos. Hacer la compra se sentía imposible. Ojos por todas partes. Los ataques de pánico me cortaban la respiración. Me quedé paralizado. Era TEPT. Escapadas con armas de fuego, intenciones hostiles; debería estar muerto varias veces. Pero no fueron las armas lo que casi me mata. Fue existir. Cuando me casé con mi esposa, le di a mi padre una última oportunidad. No se presentó a la boda. Le prometí que estaría mejor que el día anterior. No he roto esa promesa. Encontré a Dios de verdad entonces. Después de años de lucha, por fin me estoy valendo por mí mismo: voy a la escuela, supero el trauma, me pongo en forma y soy un pilar para mi familia. Ya no soy el niño que escondía conchas marinas. No soy el adolescente que se derrumbaba bajo falsas acusaciones. No soy el hombre que casi le rompe el cuello a su padre o se ahogó en la culpa y las drogas. Yo fui quien se mantuvo en pie cuando otros cayeron en esa iglesia. Era solo una niña, nerviosa y curiosa, parada frente a una silla mientras hombres adultos me ponían las manos encima y rezaban. Todos a mi alrededor se derrumbaron bajo el peso de la fuerza que se movía en ese espacio. Yo también lo sentí —una ráfaga, una presencia—, pero mis piernas aguantaron. No caí. Los hombres me miraron con los ojos muy abiertos y dijeron que tenía un espíritu muy fuerte. No lo entendí entonces, pero esas palabras las llevé como una promesa que aún no sabía que necesitaría. Ese momento no fue magia ni coincidencia. Fue la primera prueba silenciosa de que algo en mí se negaba a romperse, incluso cuando todo lo demás lo hizo. Ese mismo espíritu es lo que me mantuvo viva a través de cada paliza, cada traición, cada noche que pensé que no despertaría. Es lo que me permitió elegir la moderación cuando la rabia me suplicaba destruir. Es lo que me permite permanecer de pie hoy. Llevé la brutalidad en mi mente durante décadas, pero mi alma seguía concluyendo lo mismo: seguir eligiendo la luz. Seguir reconstruyendo. Nunca rendirse. El dolor sigue ahí, pero ya no me posee. Me forjó. Y ahora uso lo que me enseñó: para defender a los asustados, para reconstruir desde las ruinas, para mostrarles a otros que incluso en un mundo duro, el alma aún puede elegir la esperanza. Si lees esto y te sientes sepultado bajo tu propia historia, debes saber esto: sigues aquí. Sigues eligiendo. Y esa elección, cada día, es prueba de que eres más fuerte de lo que la oscuridad jamás creyó que podrías ser. Hay luz al otro lado. Estoy caminando hacia ella. Tú también puedes.

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    De un sobreviviente
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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Recuperando y reclamando nuestra victoria del titiritero

    Quería comenzar esta tarea con una reflexión profunda y sólida que pudiera usar como un hito para mi propia memoria, visualmente, como el hito de crecimiento de mi propósito de vida. En mi Plan de Aprendizaje inicial, decidí comprometerme a adquirir conocimientos centrándome en el plan de Creación de Significado Individual. Tras reflexionar sobre mi primer diario y la retroalimentación de la Discusión 5, me di cuenta de que mi crecimiento como disruptor ocurre con mayor profundidad, emocional e interna/espiritual, cuando tengo el espacio y el tiempo necesarios para sentarme con los textos y hacer un inventario personal en privado antes de compartirlo. Esto requiere mucha consciencia y una acción constante de mi cuerpo. Estar en estado de observación a veces es agotador, debido a las distracciones y fuerzas externas. A medida que crecía en sabiduría, los patrones y las sincronicidades eran difíciles de ignorar, y la fuerza vital detrás de estos momentos sobrenaturales y de enseñanza se volvió tan poderosa que una coincidencia habría sido un eufemismo para el Creador del Universo y para nosotros mismos. Date la oportunidad y el amor con un tiempo diario lleno de propósito durante 30 minutos durante 1 mes, sin interrupciones y sin distracciones digitales. La meditación de conexión a tierra puede restaurar y restablecer tu sistema nervioso y recuperar el tiempo que dejaste de lado en el pasado. Muchas personas maduras, antes de tener límites saludables con refuerzos positivos en sus hábitos y vidas diarias, necesitaban experimentar la lección de primera mano. Estas lecciones de vida/astucia callejera, también conocidas como sabiduría espiritual, se transfiguran para que las comprendamos y las procesemos en palabras para enseñar a las personas de nuestras comunidades, ya que sostienen a las nuevas generaciones de líderes. Un período de trabajo de 40 horas durante 6 meses puede lograr el equivalente a 1 mes de desplazamiento interminable por la información. El enfoque y la pasión detrás de tu amor propio son suficientes para cambiar una multitud de cosas en la vida como un todo, presentándote a ti mismo, primero, de forma natural y saludable. La sanación se produce una vez que recuperamos las piezas que permitimos que se dispersaran por las distracciones no deseadas que los medios nos hacen creer que son grandiosas. Este diario marca mi progreso en ese compromiso, pasando de identificar las etiquetas falsificadas del Diario 1 a desenmascarar las raíces sistémicas que crean esas etiquetas y constructos/sistemas que amenazan la vida. En el Diario 1, exploré el modelo médico de Eli Clare y cómo nos exilia de nuestros propios cuerpos al tratarnos como partes rotas. Si bien podemos resultar heridos por traumas y experiencias emocionalmente inductoras que atacan nuestro sistema nervioso para que se defienda. Es la forma en que nuestro cuerpo nos juega malas pasadas; hace lo necesario para sobrevivir y defender sus vulnerabilidades de experiencias recurrentes, que pueden no ser siempre saludables ni positivas. Sin embargo, la inocencia de tu experiencia cambió, y las defensas no son disfunciones. No estamos "programados" robóticamente de esa manera, tan rotos que no podemos estarlo. Recuperar la conexión perdida y restaurarla puede solucionar el pequeño fallo en nuestros procesos de pensamiento que nos afecta a la hora de vernos con confianza. Se podría decir que me llevó a mi propia recuperación, a estar en recuperación, de una manera que me permitiera comprenderla realmente. Viví la vida en un ciclo repetitivo: el mismo espíritu detrás de una persona, una persona/cuerpo diferente. A veces, el espíritu y la fuerza eran más fuertes que antes, fortaleciendo la habilidad/lección. Me costó mucho dejar ir a las personas de forma emocionalmente dependiente. Negarle cuidado y afecto a un niño altera enormemente su desarrollo cerebral, afectando temporalmente su eficacia en la edad adulta. La palabra clave era "temporalmente", porque quiero enfatizar lo que digo: no podemos ser destruidos, como humanos, como espíritus, como personas, como seres vivos. Esta semana, estoy ampliando esa perspectiva. Ahora veo que el exilio no es solo una nota médica, sino una realidad ambiental. Cuando solicité el ingreso a la universidad, lo hice solo para comprender si realmente estaba "desorientado" y era un psicópata. Mi abusador y compañero de piso, el padre que cuidaba al bebé, me había hecho suficiente daño verbal en lo que ya eran tres años juntos. Estaba compartiendo con él una temporada oscura y que cambió mi vida, tenía 16 años, mi madre estaba en prisión y yo vivía en la casa por la que mi padre trabajó duro para pagar en 15 años lo que debería haber sido el típico plan hipotecario de 30 años, sin mi padre, ella se divorció de él con documentos y firmas falsificadas. Su amigo Nombre del amigo se quedó allí durante el tiempo que ella no estuvo, él estaba allí para "mantener" el lugar mientras ella no estaba y mi padre se fue. Tenía a mi novio en ese momento, cuando una explosión de fuego vino de la secadora de gas. Tomó 3.5 horas y 2 intentos apagarlo por completo. Bueno, avanzando rápido, estaba compartiendo eso con él y lo último que dije fue "Odiaría volver a experimentar eso porque WTF". Iba de camino a la cama con los niños en su habitación y había olido algo en llamas o quemándose. Le comenté a Nombre lo que olía y me respondió con un "tu tontería, no huelo nada". Hice lo que debía y revisé si había dejado alguna vela encendida para asegurarme de que no me molestara. Nombre fuma cigarrillos, así que lo mínimo que pudo haber hecho fue darme el beneficio de la duda y al menos decir "miraré afuera" o algo tranquilizador, considerando el final de nuestra conversación. Una excusa lamentable para un hombre que dice quererme, pero lo justifica con acciones como esa. Me despierto con mi hija llorando mientras el humo sale de debajo de su cuna y del suelo. Fue la forma en que Dios me dio las señales de advertencia antes de saber que estaba a punto de entrar en una guerra. No era tan consciente entonces, pero seguramente ese despertar fue suficiente para aclarar que no estaba tonificada, que él es peligroso y necesita una buena paliza. El último cigarrillo que fumó provocó el incendio; la misma acción que, según le dije, es desagradable para el medio ambiente y para él mismo, fue el problema. "Apagar las colillas así es una gran lástima y perjudica el medio ambiente" me ganó la placa de "perra insoportable". ¿Pero me equivocaba? Su ego de niño no le permitió simplemente humillarse para ver dónde se había equivocado en muchos sentidos. Y mis hijos, hombre, eso fue realmente lo que me desanimó. No tuve un modelo a seguir, así que me convertí en él. Ese mismo día, después de una larga mañana de traición, me senté en la habitación del hotel, me recuperé y solicité el ingreso a la universidad en 2022 para ver las acciones detrás de la autorrevelación de "algo tiene que cambiar y ceder, porque de ninguna manera esto es fruto de mi imaginación o coincidencia". Aprendí a desaprender para poder comprender sin barreras ni prejuicios. Necesitaba volver, rescatar a esa joven que llevo dentro y validarla cuando ella no tenía nada propio. Los cursos que he tomado a lo largo de los años y los intervalos de tiempo entre ellos se alinean con las experiencias transformadoras que tengo durante esas etapas. Con los eventos de Minneapolis, mis eventos personales y la programación de los cursos, el momento es inmejorable. Mi voz se escucha en un momento crucial para muchos en múltiples niveles y dimensiones. Con la disminución de la presión del hielo y el ruido exterior, con los archivos y cargos de Epstein, y la justicia que se está haciendo, me alegra porque yo también la recibo. Nombre se enfada al saber esto. Incluso preguntó: "¿Por qué se habla tanto de esto? ¿Qué van a hacer realmente al respecto? Porque no será gran cosa", mientras yo estaba atando mi borrador de la Discusión 5 sobre el silenciamiento, mientras ocurría en tiempo real. A esto me refiero con que mi currículo está en sintonía con mi vida, lo que me permite aprovecharla al máximo. No podemos tener un Espíritu sano dentro del recipiente si este está sumergido en un ecosistema tóxico. La raíz de nuestra repugnancia, o ese impulso intuitivo de que algo anda mal o ligeramente fuera de lugar, se encuentra en la Lógica Imperialista de la Extracción (como se explica en las obras de Jensen y LaDuke). Así como el modelo médico nos priva de autoridad sobre nuestra salud y bienestar, nuestros sistemas económicos y controladores extraen vida de la comunidad biótica en aras de un lujo falsificado. Se nos dice que asumamos la responsabilidad personal de nuestra salud, mientras que los sistemas dictatoriales creados por el hombre envenenan el aire y el agua de los que dependemos y que merecemos. Profesor, usted preguntó cómo desmantelamos estos sistemas, y mi respuesta proviene de la perspectiva de una madre incorrupta y una estudiosa de la vida. Como sociedad, debemos dejar de aceptar el azar como excusa para el sufrimiento sistémico. El abuso y los sacrificios rituales de mis "cuidadores" no fueron excusa suficiente para que me diera por vencida. El robo que tuvo lugar dentro de mí fue lo que necesitaba para encender la llama en mi corazón y hacer lo que muchos no hacen. Si no lo hacen por sí mismos, ¿cómo puedo estar segura de que pueden hacerlo por mí? Es mi nuevo lema y afirmación. Cuando un grupo específico es constantemente marginado o envenenado, no es una moneda al aire, es un dado pesado. Desmantelamos el sistema rechazando las disculpas repetitivas y gastadas que no se materializan en el significado verbal de lo que se dice. Esta es la lenta violencia de los sistemas, que espera que aceptemos una disculpa verbal mientras el ambiente aún arde. (Nixon 2011, Randall 2009) Nos alejamos del ego arrogante de la dominación y volvemos a una mansedumbre que escucha a la tierra, permaneciendo en calma y escuchándonos a nosotros mismos, permitiendo que el Creador guíe nuestros espíritus y mentes a un nivel superior de comprensión y conocimiento. Ser disruptivo es mantenernos firmes en nuestra autoridad, nombrar la verdad y exponer las mentiras. No somos dueños de la naturaleza, somos miembros de ella. La verdadera sanación es regresar a nuestra naturaleza y hacerlo sin remordimientos. Al seguir esos pequeños empujoncitos del Creador/universo, estoy aprendiendo a desacelerar y a reconocer que mi bienestar está ligado al bienestar del todo. Mi autoridad no se trata de poder sobre los demás, sino del poder de ser fiel a la verdad y administrarla con rectitud. Este diario es mi guía para saber cómo actuar con esfuerzo mientras recupero mi identidad del lenguaje y las falsas creencias de la opresión, y me mantengo fiel a la verdad en nombre del amor, porque el amor también necesita amor para sanar y recuperarse.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    Contar eso sin derrumbarme

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    🇺🇸

    Para mí, la curación consiste en permitirme sentir y convertirme en un pilar de fortaleza al hacerlo.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    🇫🇷

    Relato de mi experiencia en COCSA (tw: detalles de abuso sexual, incesto)

    Tenía siete años. Era mi primo, un año mayor que yo. Mi madre había invitado a su familia a cenar en Pascua. Ocurrió cuando jugábamos solos después de comer. Él introdujo en nuestro juego de simulación la idea de que éramos amantes. Yo no jugaba a ser amantes, nunca se me había pasado por la cabeza hacerlo con nadie, y mucho menos con mi primo. Pero no podía concebir que otro niño propusiera algo más retorcido que una simple tontería infantil, y para mi mente infantil, el juego de simulación era todo falso, así que lo concibí como un juego inocente. Entonces empezó a darme instrucciones: que me quitara la ropa interior, que me tumbara de cierta manera en el suelo, que abriera las piernas. Debo recalcar que desconocía incluso la existencia del sexo, y que en un entorno donde me sentía segura —en casa jugando con mi primo en una cultura que promueve abrumadoramente todo lo contrario al hastío familiar—, yo estaba completamente desprevenida. Obedecí. Por la forma en que me decía que hiciera las cosas, era obvio que era plenamente consciente de mi ingenuidad. Lo esperaba. Más allá de lo esperado, claramente contaba con que no encontraría oposición. Decidió ocultarme lo que pretendía hacerle a mi cuerpo, dentro de mi cuerpo, hasta que simplemente lo hizo. Sacó su pene por un agujero enorme en sus pantalones que no había notado antes y penetró mi vagina antes de apoyarse en mí para meterme la lengua en la boca. No sabía qué era nada de eso. Ni siquiera registré este último acto como un beso. Mi concepción de los besos eran picotazos o palmadas, que solo he dado en las mejillas de mis padres. Espero que mi insistencia en mi mentalidad de niña pequeña no te moleste, simplemente es muy importante para mí que quien lea esto entienda lo inconsciente que estaba. Seguía pensando que solo estábamos jugando, así que lo racionalicé como contacto físico inocente. Imité su lengua enrollándose contra la mía. Él presentó esas acciones en el juego como pruebas de amor. Estoy convencida de que sabía lo que hacía. Un niño que realmente confundiera el sexo con un juego infantil habría intentado abordar el acto con su compañero en igualdad de condiciones debido a la intensa interacción física, no al contrario, apoyándose en el desequilibrio en sus conocimientos para salirse con la suya. Su motivación no era jugar conmigo, sino usar mi cuerpo para la gratificación sexual, y el juego era solo su pretexto para hacer que eso sucediera conmigo, siendo yo maleable. Me manipuló y abusó de mi inocencia. Sin importar cómo entró en contacto con el sexo por primera vez, demostró un vil derecho sobre mi cuerpo. No recuerdo con claridad la cronología de la agresión. Recuerdo que lo hizo dos veces esa tarde. Recuerdo que la empleada doméstica entró y me señaló. Gritó mi nombre y dijo que se lo diría a mi madre. Recuerdo angustiada, temiendo haber hecho algo mal, sintiéndome muy confundida y avergonzada. Recuerdo verlo a él y a su familia salir de casa mientras dudaba en decir algo (no creo que la empleada doméstica fuera inmediatamente con mi madre o tal vez estaba ocupada). Mantuve la boca cerrada en ese momento, pero después de que se fueran, busqué a mi madre. Le conté lo que había hecho. Estaba perdida, completamente angustiada, casi sollozando. Mi hermana de doce años también estaba en la habitación. Casi se rió de lo que dije y mi madre exclamó con asombro y disgusto: "¡¿Cómo pudiste dejar que tu hermano te acariciara?!" (En mi cultura es común referirse a los primos como hermanos, aunque no fuéramos muy unidos). Siguió regañándome. "¿Sabes cómo se llama lo que hiciste? ¡Se llama incesto!" (Estaba tan desorientada que durante varios años pensé que al sexo en general se le llamaba incesto). "¡¿Sabes que podrías estar embarazada ahora mismo?!" (Así aprendí de dónde vienen los bebés; además, todavía no entiendo por qué me dijo eso a los siete años). Estaba completamente mortificada, presa del pánico. Me sentía repugnante y sucia. Su reacción me convenció de que no era una víctima, sino cómplice de una abominación. Tan culpable como mi primo por dejar que me tocara. Sus reprimendas sellaron el autodesprecio en mi interior. "¡No vuelvas a hacer eso o se lo diré a tu padre!", y luego nunca más se volvió a hablar del asunto. Sospecho que ni siquiera les contó a mis tíos sobre el incidente, ya que mientras me regañaba, hablaba como si mi silencio cuando aún estaban allí cerrara la puerta para siempre. Una cosa es segura: nunca rindió cuentas por lo que me hizo. Salió impune y años después, mi madre lo alabaría diciendo que Dios le había expresado que lo tenía bajo su control y me sermonearía por no ser cariñosa con él mientras me sonreía con sorna en el lugar donde me violó. Sinceramente, creo que mi madre y mi hermana olvidaron que esto sucedió. El lujo de olvidar. Mientras tanto, el recuerdo y la culpa de ese día han estado supurando en mi mente. Crecí en una cultura de pureza profunda; imagínense el tormento que eso desató para la niña incestuosa y desviada sexual con la que llegué a identificarme. Pasé horas reflexionando sobre mis acciones pecaminosas, llorando, suplicando perdón a Dios. Vivía con el miedo de que mis amigos se enteraran de lo que había hecho y me despreciaran. Incluso agradecí a mi madre que no me repudiara. Entonces, a los catorce años, me di cuenta de que era imposible que hubiera consentido. Y no me alivió. Caí en la cuenta de que me habían violado, que mi madre me culpaba, que mi hermana (a la que amaba en ese momento, pero ya no por varias razones) se burló de mí en mi momento más vulnerable y que mi padre me amenazó (con razón, me culpó como víctima en otras ocasiones no sexuales). Me aterrorizaba abrirme a alguien más por miedo a recibir otra versión de la reacción de mi madre. Estaba sola. Esta es la primera vez que comparto esto desde que sucedió. Junto con mi epifanía, una voz tomó forma en mi cabeza. Me dice que soy inútil, que rezuma negación, que mi madre dijo la verdad y que la rechazo. Empecé a obsesionarme constantemente con mi violación. La diseccionaba, la revivía para debatir la voz que me atormentaba. Ignorarla no funciona: me pongo ansioso cada vez que lo intento. Cuando lo hago, es como ceder ante las afirmaciones de la voz, lo que genera una sensación de precariedad y colapso inminente en mi mundo interior. La voz nunca se detiene, surge de contextos que ni siquiera están relacionados con mi violación, arrastra mis pensamientos hacia allí. Doy vueltas incesantemente en lugares repugnantes lidiando con ella; estoy psicológica y emocionalmente agotada. Me siento insegura mentalmente, despierta o dormida, gracias a las frecuentes pesadillas sobre el trauma que empecé a tener cuando cumplí los dieciocho. Me siento intrínsecamente asquerosa y jodida. Estoy enojada. Estoy triste. Todo el tiempo. Esta condición solo ha empeorado con los años, ha mermado mi capacidad de hacer lo que me da alegría (aprender, ser amigo) y no creo que me quede mucha energía para seguir adelante. Escribí todo esto para que mi experiencia no existiera solo en mi cabeza, si es que eso tiene sentido. Si alguien me ha leído hasta aquí, le agradezco mucho su tiempo.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    De un sobreviviente
    🇪🇨

    No sé si mi abuso cuenta o simplemente quiero que no cuente.

    Todavía no sé si mi abuso cuenta. Estoy bastante seguro de que no. O tal vez eso es lo que quiero pensar. Cuando tenía 10 años, estaba en la fiesta de cumpleaños de mi (en ese momento) mejor amigo. No puedo recordar mucho de la fiesta en sí, solo que llevaba un cárdigan blanco. Recuerdo que el aire olía a churros y palomitas de maíz. No puedo recordar cómo llegué a la habitación de mi amigo. Solo recuerdo lo que pasó allí. El recuerdo comienza conmigo, de pie frente a la cama. En la cama estaba Nombre, uno de los hermanos mayores de mi amigo. Recuerdo que lo miré fijamente durante no sé cuánto tiempo. Creo que estaba hablando, pero todo era estático para mí. Recuerdo que había una de esas cosas de luces de fiesta, las que proyectan luces azules, rojas y verdes en el techo. Entonces recuerdo que empieza a saltar más alto. Y luego salta sobre mí, tirándome al suelo. Me quedé paralizado de terror. Y lo único que hice fue llorar en silencio. Pero a día de hoy, sigo sin saber si cuenta como violación. Yo tenía 10 años, pero él 13. Era solo un niño. Quizás él también estaba sufriendo abusos y se desquitó conmigo. También siento que es mi culpa por no haber hecho nada y no haberle contado a nadie. Podría haber gritado o algo, pero me quedé allí, paralizada y en silencio. No me he recuperado de esto en absoluto, probablemente porque no he hablado con nadie al respecto. No sé qué hacer.

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    Para mis semejantes

    Queridos desconocidos: Escribo esta carta porque he cargado con toda una vida de dolor en silencio durante demasiado tiempo, y estoy lista para hablarlo con franqueza; no para vivir en la oscuridad, sino para demostrar que incluso las sombras más profundas pueden dar paso a la luz. Si mis palabras llegan a una sola persona que se siente sepultada bajo su propia historia, habrán hecho lo que espero que puedan hacer: recordarles que la supervivencia no es el final del camino. Es el comienzo de algo más fuerte. Tenía tres años cuando mi madre me dejó con mi padre. Se desentendió de la responsabilidad. Él era un deportista de pueblo, todavía enfadado por haber perdido a su madre de joven, y volcaba esa ira en fiestas, peleas y en mí. Se suponía que yo sería su pequeño jugador de fútbol, pero nunca encajé del todo en el molde. Unos años después, alguien de su familia abusó de mí. Lo encubrieron. Esa persona nunca tuvo que afrontar las consecuencias. Luego, otro miembro de la familia, al que todos adoraban, me engañó para que cometiera actos sexuales que se prolongaron durante años. Desarrollé una lealtad retorcida hacia él, lo que ahora sé que fue el síndrome de Estocolmo. Me liberé más tarde, pero esos años me robaron la infancia antes de saber siquiera cómo se suponía que debía ser. Mi padre me golpeaba con un cinturón hasta que me salían ronchas. Escondía conchas marinas en los pantalones para suavizar los golpes; mi trauma me hacía inquieta, me hacía "mala", hacía que el cinturón viniera más rápido. Cuando descubrió las conchas, el castigo se duplicó. Mi madrastra finalmente lo desestimó, pero las marcas ya eran profundas. La escuela no ofrecía seguridad. El director me gritó en la cara y me encerró en un armario. Resultó que mi padre había salido con su hija años antes. Los pueblos pequeños lo recuerdan todo menos la misericordia. Me junté con chicos con problemas y me metí en problemas con la ley. Mi padre me culpó por su matrimonio fallido y amenazó con enviarme lejos. Amaba a mi medio hermano, el hijo de mi madrastra, a pesar de que me enseñaron a odiarlo. Al terminar la escuela primaria, me mudé a casa de mi madre. No podía cepillarme bien los dientes, no podía hacer la cama, apenas sabía leer. Mi madre se esforzó por enseñarme buenos hábitos, y lo consiguió, pero su nuevo marido, un policía, era cruel. Me rociaba la cara con gas pimienta a modo de broma, veía porno en la sala y engañaba a mi madre embarazada. El barrio era mayoritariamente negro; como un niño blanco y solitario, era un blanco fácil para la violencia. Llegué a casa con los ojos morados. Mi madre todavía lo niega. La soledad se volvió crónica; no solo depresión, sino esa que te hace cuestionar si vale la pena existir. Mi padre me secuestró una vez, avergonzado de sus propias decisiones. Más palizas, más aislamiento en nuevos pueblos, más acoso. Cuando planeó mudarse, volví a elegir el de mi madre. Ese pueblo se sentía más cercano a casa. Hice amigos de verdad allí, pero la mayoría de los días seguía siendo la forastera. Un amigo cercano murió en un accidente de coche; su familia me trató como a un sustituto, diciendo que me parecía a él. Fue extraño y doloroso. Tenía novia. Ambos éramos sobrevivientes de abusos. Jugamos un poco, nada más que tocarnos, y sentí una conexión real por primera vez. Una noche, su madre nos invitó a su casa. Mi novia no estaba allí. Su madre la miró y dijo: "¿Sabías que tu hijo violó a mi hija?". Mi cuerpo se congeló de una manera que el cinturón de mi padre nunca logró. No pude hablar. Mi cabeza negó con la cabeza. Miré a mi madre, la única protectora en la que había confiado, y su rostro decía que lo creía. Mi corazón se rompió. Amenazaron con presentar cargos, pero se negaron a dar pruebas médicas. Sus padres luego intentaron atraer a mi madre a un callejón para golpearla. El novio de mi madre resultó ser un adicto a la metanfetamina y lo robó todo. Mi novia difundió historias cambiantes por la escuela. Esa humillación rompió algo muy profundo en mí. Me volví más agudo, más consciente de mí mismo que nunca, pero todo lo que cargaba era ira y dolor. El instituto era una máscara: amigable, tranquilo, fingiendo ser estúpido para que nadie esperara demasiado. Atlético, pero nunca totalmente aceptado por sus compañeros de equipo. Popular entre las chicas, nunca las adecuadas. Luché; encontré algo que realmente me encantaba en los deportes de combate. Fui al baile de graduación en primer año con una estudiante de último año, salí con otra estudiante de último año hasta que mi padre nos mudó de nuevo. Rompió conmigo, insinuó que me engañaba para hacerme daño. Me quitó la virginidad. En el nuevo estado, luché contra mi padre de verdad: me puse de pie, me defendí, sentí años de rabia invadirme. Quería acabar con él. El toque de mi madrastra en el hombro me detuvo. Pensé en mi hermano pequeño en la habitación de al lado y me fui. Después, mi padre me empujó sobre las sillas. Me fui con la intención de cruzar medio país caminando. Me desmayé en la noche. Él me recogió más tarde y me habló mal durante semanas. No le hablé, no lo miré. De vuelta en casa de mi madre, se centró en sí misma y me trató como una carga. Mi padrastro me echó por fumar marihuana. Estuve sin hogar durante un mes durante brutales ventiscas, viviendo en el garaje de la hermana de una amiga. Volví a casa de mi padre de adulta. Trabajé 70 horas semanales en una fábrica y me convertí en el subgerente más joven. Podía hablar con exconvictos sin perderles el respeto. Vivía sin calefacción. Llegó la COVID. Empezaron los ataques de pánico. El aislamiento se convirtió en adicción. Me acosté con las mujeres equivocadas, le robé la novia a un amigo (ella me insinuó algo; me enamoré). La culpa me aplastó. Volví a casa de mi padre, sin blanca y sin apenas comer. El trauma llegó a su punto máximo. Le conté a mi padre que necesitaba ayuda; él gritó que mis problemas no importaban. Trabajé en el sector sanitario durante el auge de la COVID: en la UCI de COVID, con 5 o 6 muertes al día. Hice RCP y autopsias cuando las enfermeras no podían. Las enfermeras me coquetearon; me quedé frío, autoaislado. Sin amigos, sin familia, sin hogar, solo trabajo. Un médico se ofreció a pagar mis estudios por mi compasión. Entonces tomé LSD y me vi en el espejo por primera vez, con empatía y tristeza. Justo antes de derrumbarme por completo, conocí a mi esposa empujando un cadáver a la morgue. Nos enamoramos. Renuncié y me mudé a su casa. Me ahogué en la agonía, aprovechándome de sus ingresos. Hacer la compra se sentía imposible. Ojos por todas partes. Los ataques de pánico me cortaban la respiración. Me quedé paralizado. Era TEPT. Escapadas con armas de fuego, intenciones hostiles; debería estar muerto varias veces. Pero no fueron las armas lo que casi me mata. Fue existir. Cuando me casé con mi esposa, le di a mi padre una última oportunidad. No se presentó a la boda. Le prometí que estaría mejor que el día anterior. No he roto esa promesa. Encontré a Dios de verdad entonces. Después de años de lucha, por fin me estoy valendo por mí mismo: voy a la escuela, supero el trauma, me pongo en forma y soy un pilar para mi familia. Ya no soy el niño que escondía conchas marinas. No soy el adolescente que se derrumbaba bajo falsas acusaciones. No soy el hombre que casi le rompe el cuello a su padre o se ahogó en la culpa y las drogas. Yo fui quien se mantuvo en pie cuando otros cayeron en esa iglesia. Era solo una niña, nerviosa y curiosa, parada frente a una silla mientras hombres adultos me ponían las manos encima y rezaban. Todos a mi alrededor se derrumbaron bajo el peso de la fuerza que se movía en ese espacio. Yo también lo sentí —una ráfaga, una presencia—, pero mis piernas aguantaron. No caí. Los hombres me miraron con los ojos muy abiertos y dijeron que tenía un espíritu muy fuerte. No lo entendí entonces, pero esas palabras las llevé como una promesa que aún no sabía que necesitaría. Ese momento no fue magia ni coincidencia. Fue la primera prueba silenciosa de que algo en mí se negaba a romperse, incluso cuando todo lo demás lo hizo. Ese mismo espíritu es lo que me mantuvo viva a través de cada paliza, cada traición, cada noche que pensé que no despertaría. Es lo que me permitió elegir la moderación cuando la rabia me suplicaba destruir. Es lo que me permite permanecer de pie hoy. Llevé la brutalidad en mi mente durante décadas, pero mi alma seguía concluyendo lo mismo: seguir eligiendo la luz. Seguir reconstruyendo. Nunca rendirse. El dolor sigue ahí, pero ya no me posee. Me forjó. Y ahora uso lo que me enseñó: para defender a los asustados, para reconstruir desde las ruinas, para mostrarles a otros que incluso en un mundo duro, el alma aún puede elegir la esperanza. Si lees esto y te sientes sepultado bajo tu propia historia, debes saber esto: sigues aquí. Sigues eligiendo. Y esa elección, cada día, es prueba de que eres más fuerte de lo que la oscuridad jamás creyó que podrías ser. Hay luz al otro lado. Estoy caminando hacia ella. Tú también puedes.

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    Recuperando y reclamando nuestra victoria del titiritero

    Quería comenzar esta tarea con una reflexión profunda y sólida que pudiera usar como un hito para mi propia memoria, visualmente, como el hito de crecimiento de mi propósito de vida. En mi Plan de Aprendizaje inicial, decidí comprometerme a adquirir conocimientos centrándome en el plan de Creación de Significado Individual. Tras reflexionar sobre mi primer diario y la retroalimentación de la Discusión 5, me di cuenta de que mi crecimiento como disruptor ocurre con mayor profundidad, emocional e interna/espiritual, cuando tengo el espacio y el tiempo necesarios para sentarme con los textos y hacer un inventario personal en privado antes de compartirlo. Esto requiere mucha consciencia y una acción constante de mi cuerpo. Estar en estado de observación a veces es agotador, debido a las distracciones y fuerzas externas. A medida que crecía en sabiduría, los patrones y las sincronicidades eran difíciles de ignorar, y la fuerza vital detrás de estos momentos sobrenaturales y de enseñanza se volvió tan poderosa que una coincidencia habría sido un eufemismo para el Creador del Universo y para nosotros mismos. Date la oportunidad y el amor con un tiempo diario lleno de propósito durante 30 minutos durante 1 mes, sin interrupciones y sin distracciones digitales. La meditación de conexión a tierra puede restaurar y restablecer tu sistema nervioso y recuperar el tiempo que dejaste de lado en el pasado. Muchas personas maduras, antes de tener límites saludables con refuerzos positivos en sus hábitos y vidas diarias, necesitaban experimentar la lección de primera mano. Estas lecciones de vida/astucia callejera, también conocidas como sabiduría espiritual, se transfiguran para que las comprendamos y las procesemos en palabras para enseñar a las personas de nuestras comunidades, ya que sostienen a las nuevas generaciones de líderes. Un período de trabajo de 40 horas durante 6 meses puede lograr el equivalente a 1 mes de desplazamiento interminable por la información. El enfoque y la pasión detrás de tu amor propio son suficientes para cambiar una multitud de cosas en la vida como un todo, presentándote a ti mismo, primero, de forma natural y saludable. La sanación se produce una vez que recuperamos las piezas que permitimos que se dispersaran por las distracciones no deseadas que los medios nos hacen creer que son grandiosas. Este diario marca mi progreso en ese compromiso, pasando de identificar las etiquetas falsificadas del Diario 1 a desenmascarar las raíces sistémicas que crean esas etiquetas y constructos/sistemas que amenazan la vida. En el Diario 1, exploré el modelo médico de Eli Clare y cómo nos exilia de nuestros propios cuerpos al tratarnos como partes rotas. Si bien podemos resultar heridos por traumas y experiencias emocionalmente inductoras que atacan nuestro sistema nervioso para que se defienda. Es la forma en que nuestro cuerpo nos juega malas pasadas; hace lo necesario para sobrevivir y defender sus vulnerabilidades de experiencias recurrentes, que pueden no ser siempre saludables ni positivas. Sin embargo, la inocencia de tu experiencia cambió, y las defensas no son disfunciones. No estamos "programados" robóticamente de esa manera, tan rotos que no podemos estarlo. Recuperar la conexión perdida y restaurarla puede solucionar el pequeño fallo en nuestros procesos de pensamiento que nos afecta a la hora de vernos con confianza. Se podría decir que me llevó a mi propia recuperación, a estar en recuperación, de una manera que me permitiera comprenderla realmente. Viví la vida en un ciclo repetitivo: el mismo espíritu detrás de una persona, una persona/cuerpo diferente. A veces, el espíritu y la fuerza eran más fuertes que antes, fortaleciendo la habilidad/lección. Me costó mucho dejar ir a las personas de forma emocionalmente dependiente. Negarle cuidado y afecto a un niño altera enormemente su desarrollo cerebral, afectando temporalmente su eficacia en la edad adulta. La palabra clave era "temporalmente", porque quiero enfatizar lo que digo: no podemos ser destruidos, como humanos, como espíritus, como personas, como seres vivos. Esta semana, estoy ampliando esa perspectiva. Ahora veo que el exilio no es solo una nota médica, sino una realidad ambiental. Cuando solicité el ingreso a la universidad, lo hice solo para comprender si realmente estaba "desorientado" y era un psicópata. Mi abusador y compañero de piso, el padre que cuidaba al bebé, me había hecho suficiente daño verbal en lo que ya eran tres años juntos. Estaba compartiendo con él una temporada oscura y que cambió mi vida, tenía 16 años, mi madre estaba en prisión y yo vivía en la casa por la que mi padre trabajó duro para pagar en 15 años lo que debería haber sido el típico plan hipotecario de 30 años, sin mi padre, ella se divorció de él con documentos y firmas falsificadas. Su amigo Nombre del amigo se quedó allí durante el tiempo que ella no estuvo, él estaba allí para "mantener" el lugar mientras ella no estaba y mi padre se fue. Tenía a mi novio en ese momento, cuando una explosión de fuego vino de la secadora de gas. Tomó 3.5 horas y 2 intentos apagarlo por completo. Bueno, avanzando rápido, estaba compartiendo eso con él y lo último que dije fue "Odiaría volver a experimentar eso porque WTF". Iba de camino a la cama con los niños en su habitación y había olido algo en llamas o quemándose. Le comenté a Nombre lo que olía y me respondió con un "tu tontería, no huelo nada". Hice lo que debía y revisé si había dejado alguna vela encendida para asegurarme de que no me molestara. Nombre fuma cigarrillos, así que lo mínimo que pudo haber hecho fue darme el beneficio de la duda y al menos decir "miraré afuera" o algo tranquilizador, considerando el final de nuestra conversación. Una excusa lamentable para un hombre que dice quererme, pero lo justifica con acciones como esa. Me despierto con mi hija llorando mientras el humo sale de debajo de su cuna y del suelo. Fue la forma en que Dios me dio las señales de advertencia antes de saber que estaba a punto de entrar en una guerra. No era tan consciente entonces, pero seguramente ese despertar fue suficiente para aclarar que no estaba tonificada, que él es peligroso y necesita una buena paliza. El último cigarrillo que fumó provocó el incendio; la misma acción que, según le dije, es desagradable para el medio ambiente y para él mismo, fue el problema. "Apagar las colillas así es una gran lástima y perjudica el medio ambiente" me ganó la placa de "perra insoportable". ¿Pero me equivocaba? Su ego de niño no le permitió simplemente humillarse para ver dónde se había equivocado en muchos sentidos. Y mis hijos, hombre, eso fue realmente lo que me desanimó. No tuve un modelo a seguir, así que me convertí en él. Ese mismo día, después de una larga mañana de traición, me senté en la habitación del hotel, me recuperé y solicité el ingreso a la universidad en 2022 para ver las acciones detrás de la autorrevelación de "algo tiene que cambiar y ceder, porque de ninguna manera esto es fruto de mi imaginación o coincidencia". Aprendí a desaprender para poder comprender sin barreras ni prejuicios. Necesitaba volver, rescatar a esa joven que llevo dentro y validarla cuando ella no tenía nada propio. Los cursos que he tomado a lo largo de los años y los intervalos de tiempo entre ellos se alinean con las experiencias transformadoras que tengo durante esas etapas. Con los eventos de Minneapolis, mis eventos personales y la programación de los cursos, el momento es inmejorable. Mi voz se escucha en un momento crucial para muchos en múltiples niveles y dimensiones. Con la disminución de la presión del hielo y el ruido exterior, con los archivos y cargos de Epstein, y la justicia que se está haciendo, me alegra porque yo también la recibo. Nombre se enfada al saber esto. Incluso preguntó: "¿Por qué se habla tanto de esto? ¿Qué van a hacer realmente al respecto? Porque no será gran cosa", mientras yo estaba atando mi borrador de la Discusión 5 sobre el silenciamiento, mientras ocurría en tiempo real. A esto me refiero con que mi currículo está en sintonía con mi vida, lo que me permite aprovecharla al máximo. No podemos tener un Espíritu sano dentro del recipiente si este está sumergido en un ecosistema tóxico. La raíz de nuestra repugnancia, o ese impulso intuitivo de que algo anda mal o ligeramente fuera de lugar, se encuentra en la Lógica Imperialista de la Extracción (como se explica en las obras de Jensen y LaDuke). Así como el modelo médico nos priva de autoridad sobre nuestra salud y bienestar, nuestros sistemas económicos y controladores extraen vida de la comunidad biótica en aras de un lujo falsificado. Se nos dice que asumamos la responsabilidad personal de nuestra salud, mientras que los sistemas dictatoriales creados por el hombre envenenan el aire y el agua de los que dependemos y que merecemos. Profesor, usted preguntó cómo desmantelamos estos sistemas, y mi respuesta proviene de la perspectiva de una madre incorrupta y una estudiosa de la vida. Como sociedad, debemos dejar de aceptar el azar como excusa para el sufrimiento sistémico. El abuso y los sacrificios rituales de mis "cuidadores" no fueron excusa suficiente para que me diera por vencida. El robo que tuvo lugar dentro de mí fue lo que necesitaba para encender la llama en mi corazón y hacer lo que muchos no hacen. Si no lo hacen por sí mismos, ¿cómo puedo estar segura de que pueden hacerlo por mí? Es mi nuevo lema y afirmación. Cuando un grupo específico es constantemente marginado o envenenado, no es una moneda al aire, es un dado pesado. Desmantelamos el sistema rechazando las disculpas repetitivas y gastadas que no se materializan en el significado verbal de lo que se dice. Esta es la lenta violencia de los sistemas, que espera que aceptemos una disculpa verbal mientras el ambiente aún arde. (Nixon 2011, Randall 2009) Nos alejamos del ego arrogante de la dominación y volvemos a una mansedumbre que escucha a la tierra, permaneciendo en calma y escuchándonos a nosotros mismos, permitiendo que el Creador guíe nuestros espíritus y mentes a un nivel superior de comprensión y conocimiento. Ser disruptivo es mantenernos firmes en nuestra autoridad, nombrar la verdad y exponer las mentiras. No somos dueños de la naturaleza, somos miembros de ella. La verdadera sanación es regresar a nuestra naturaleza y hacerlo sin remordimientos. Al seguir esos pequeños empujoncitos del Creador/universo, estoy aprendiendo a desacelerar y a reconocer que mi bienestar está ligado al bienestar del todo. Mi autoridad no se trata de poder sobre los demás, sino del poder de ser fiel a la verdad y administrarla con rectitud. Este diario es mi guía para saber cómo actuar con esfuerzo mientras recupero mi identidad del lenguaje y las falsas creencias de la opresión, y me mantengo fiel a la verdad en nombre del amor, porque el amor también necesita amor para sanar y recuperarse.

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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.