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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
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poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Contar eso sin derrumbarme

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

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    Primera entrada, aceptando que soy humano

    «Ya eres adulta, deberías haberlo superado». ¿Por qué le encanta a la gente decir eso? Como si al cumplir dieciocho pudiera cambiar mágicamente las consecuencias de su desprecio. No creo que me permitieran ser humana, ni recuerdo haberme sentido segura nunca. Un prodigio diagnosticado desde los cuatro años. Ganaba premios y conseguía becas en colegios privados con las que mi familia jamás podría soñar. Era perfecta, útil, por lo tanto, querida. Eso me decían, así que intentaba justificar mi existencia y mis talentos siendo servicial, útil, con una profunda necesidad de complacer a todos. Incluso a los monstruos. No recuerdo mucho de la primera vez. Estaba dormida, estaba oscuro, me desperté sin ropa interior, con un dolor agudo y sangre en el colchón. Pero no lo recordaba, me decía a mí misma. Hice lo que mejor sabía: limpiar y ser perfecta. Estaba en segundo de primaria. Pero por mucho que reprimiera todas las noches que seguían el mismo camino, los síntomas se volvían difíciles de ocultar. La promesa de la escuela es de repente una chica tímida y acosada, aterrorizada de hablar con chicos y estar sola, aterrorizada de las formas normales de afecto físico, insomnio, miedo, pesadillas, enuresis, autolesiones, acrobacias desesperadas para llamar la atención o ayudar o cualquier cosa, flashbacks, disociación. A veces pensé que otras personas podían sentir lo que había pasado. Constantemente me hacían sentir que podían quitarme la propiedad sobre mi cuerpo, solo cuando bailaba me sentía libre, pero al mirar las fotos y los videos, era demasiado pequeña para ser retratada así. Como prodigio, te adoran como a una deidad y también te envidian y desprecian. Nunca llegas a ser humano. Recuerdo que en el patio de recreo no me permitían jugar porque ganaría. ¿Quieres saber qué me hicieron? Un premio. Quien gane el juego se sentará conmigo en clase y yo le ayudaré con la tarea. ¿Quería jugar? ¡Por supuesto! ¿Pero entendía completamente que en mi estado no podía? Sí. Tenía doce años la primera vez que me llamaron muñeca. Un grupo de compañeros de clase estaban enamorados de mí; recuerdo manos debajo del escritorio. Recuerdo esconder el hueco en los baños para no tener que esquivar besos ni tirar de las agarraderas solo para liberar mis extremidades. Y recuerdo los rumores. ¿Que me llamaran trabajadora sexual porque los chicos no saben respetar tu espacio? Eso te cambia la mente. Así que seguí ganando, porque ¿qué más podía hacer excepto intentar escapar a mejores escuelas, intentar ganar lo suficiente para ser lo suficientemente fuerte como para ayudar a otros con mi pasión? Pero los monstruos acechan por todas partes. El aula de robótica estaba aislada y estaba formada por chicos mayores que yo, sin cámaras, sin profesores. Supliqué no ir, pero era un prodigio. Tenía que enorgullecer a todos. Y lo hice. No me quejé, ni siquiera cuando informaron que el historial de búsqueda había encontrado pornografía. No hablé de lo que pasaba entre esas cuatro paredes. Así que la escuela tenía monstruos, entonces podía esperar con ilusión volver a casa, atender la casa, cocinar, cuidar de los demás, las tareas, estudiar y, cuando llegaba la oscuridad, podía esperar un espectáculo violento y ebrio. En mi casa sin puertas. Nunca había seguridad. Así que me dediqué a soñar con un caballero de brillante armadura que me salvara. Busqué a este ser mágico en hombres mayores que me compraban cosas cuando actuaba de la manera perfecta. Tengo mucha suerte de haber podido salir de eso lo suficiente como para entender que, aunque se sintiera como una forma de sobrellevarlo, no era lo que quería para mi futuro. Fue entonces cuando conocí a mi pareja, un chico del instituto que nunca se apresuró a tocarme. Eso me ayudó durante mis crisis y ataques de pánico, se quedaba conmigo de guardia cuando tenía miedo de dormir o cuando el monstruo ebrio causaba estragos. Nunca le conté mi historia. Empecé a escribir sobre esto hace unos meses. Conseguí la beca para mudarme de estado y nos mudamos juntos. Siento que estoy sanando, poco a poco, aquí nadie me grita, vuelvo a hablar con los hombres como seres humanos. Me siento más humana también, no tengo que fingir por él, por nadie. Por fin me siento real como persona. Las pesadillas no han parado, los vívidos flashbacks cuando alguien me llama muñeca o cuando alguien sonríe de cierta manera o se le parece demasiado no han parado, pero creo que está bien, soy humana y parte de eso es finalmente permitirme sentirme mal. Tal vez algún día cuente mi historia, tal vez no sea necesario. No es toda mi historia, solo una parte, una que poco a poco voy a poder ver sin pestañear. Espero que quien lea esto tenga un buen día y tenga esperanza en sí mismo. Yo tengo esperanza en ti.

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    Esta muñeca finalmente sale del estante.

    ¿Por qué jugar conmigo solo para dejarme? No soy un juguete, ni una muñeca. No soy una pieza de exhibición en tu escritorio. Sé que tengo defectos y estoy rota, pero eso no justifica que juegues e vayas. Sé que me niego a irme ni siquiera en el peor momento. Pero tú eres mi esposo, el caballero de brillante armadura. ¿Cómo puedo irme? Incluso violada hasta quedar inconsciente, mi primer instinto es derretirme en tus brazos. Mis padres también me lastimaron y me amaron. Entonces, ¿cómo podía creer cuando la gente llama a nuestra relación algo monstruoso? ¿Cómo podía creer eso cuando eres el espacio más tierno que he conocido? El único lugar donde puedo ser yo misma y la única persona a la que realmente le gusto más rota. Teníamos dieciséis años cuando me enseñaste el juego. Dice Simón. Tú mandas, yo obedezco, o si no... Estaba aterrorizada. Recuerdo que me dolió tanto que grité y, sin embargo, sonreíste, me tapaste la boca prometiéndome cosas dulces. Seguridad en medio de todo. Al menos no tendría que volver a casa esta noche y enfrentarme a mi padre borracho. Así que me convertí en la mejor jugadora del juego... pero el nivel de dificultad aumentó. Empecé a meter la pata y a pagar las consecuencias. Nos mudamos. Recuerdo caminar a la universidad con ese dolor familiar entre las piernas. Recuerdo no poder dormir las noches de exámenes solo porque querías tu culpa. Recuerdo estar demasiado agotada para estudiar y ver a mis amigos, pero aún sonreía cada vez que me acunabas en tus brazos, películas, juegos y chocolate. Todo para mí, tu tiempo, tu amor. Pero el juego cambió, los nombres bonitos se convirtieron en adjetivos posesivos. Puta. Muñeca. Juguete. Los abrazos posteriores se borraron como si nunca hubieran existido. En cambio, me dejaron temblando en la habitación oscura y fría, tenías mejores cosas que hacer. Es triste que eso sea lo que costó. El mes que viene estaré sola. Mi cerebro me dice que extrañaré su comportamiento, las huellas rojas de las manos en mi piel, la falta de aire, de sueño, de privacidad. Pero eso son solo sus susurros resonando, una vez que la fuente se haya ido, los susurros se desvanecerán, ¿verdad? Quizás por fin encuentre la seguridad. Quizás me guste más. Tengo esperanza, ¿verdad? Creo que es cierto. Lo creo con todo mi corazón.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Empezó con mi hermano

    Mi hermano, que ha crecido mucho, me usó, pero aún llevo cicatrices. Mi hermano es cuatro años mayor que yo y, cuando estaba pasando de la primaria a la secundaria, ese verano, me hizo pensar que las chicas de secundaria necesitan saber cómo hacerle sexo oral a los chicos. Primero me lo hizo para mostrarme que no era para tanto. Pensé que era algo muy serio. Pero lo hice y él me entrenó y me hizo mantenerlo en secreto, excepto para mi mejor amiga. Invitó a su amiga a casa cuando tuve una pijamada una noche y le pidió que se lo hiciera a su amiga. Luego nos hacían hacer concursos con los ojos vendados. Al menos entonces no estaba sola. Me cambió, aunque el séptimo grado en sí no tuvo nada que ver con nada de eso. Era una mentira para obtener placer de mí. Mi hermano todavía me hacía hacerlo en casa. Y a veces me lo hacía y yo llegaba al clímax. Así que tuve una extraña vida sexual secreta y me sentí muy mal por eso. Luego, en octavo grado, tuve mi primer novio de verdad. Mis padres son muy estrictos, aunque ambos trabajaban y me dejaban sola con mi hermano. Para ir al cine con mi novio, se aseguraban de que fuera en grupo, me llevaban y me esperaban fuera del cine. Bueno, una vez, cuando fuimos a ver Blancanieves y el cazador, mi mejor amiga y yo hicimos lo que queríamos: hacerle sexo oral a nuestros chicos en la última fila del cine, y lo hicimos. Solo un mes después, empecé a tener sexo con él, algo que nunca habría sucedido de no ser por lo que hizo mi hermano. Nos escapamos de su casa durante una pijamada, quedamos con los chicos afuera, fuimos al parque cercano y lo hicimos en el césped. Esa fue mi virginidad. El evento realmente malo, donde mi vida se descarriló, fue cuando lo intentamos desde mi casa, escabulléndonos por la ventana y adentrándonos un poco más en mi gran patio trasero que daba a la ladera de una gran colina, y mi padre nos pilló. Fue horrible. Se acabó el mundo. Me trataron como una gran traidora y casi todos mis privilegios fueron revocados y esencialmente fui castigada sin fecha límite. Y aún así mi hermano me obligaba a hacerle sexo oral. Estaba desconsolada porque no me permitían tener a mi novio hasta el punto en que mis padres me obligaron a ir a la escuela y hablar con el director y el subdirector y se aseguraron de que no tuviera la oportunidad de verlo a solas. Y mi hermano seguía entrando sigilosamente por la noche a veces o cuando nos quedábamos solas esperando que hiciera lo que él me había entrenado para que estuviera acostumbrada. La siguiente parte realmente mala fue dos meses en mi nueva vida restringida. Mi hermano comenzó a hacerme sexo oral una tarde después de la escuela y decidió llevarlo más lejos y se levantó y comenzó a besarme y tuvo sexo conmigo. Estaba en el momento y no hice nada para detenerlo e incluso participé. Sin condón. Era una tarde en la que mis padres estaban fuera, así que no teníamos que callarnos ni preocuparnos. Y él lo hizo mucho más tiempo que las pocas veces que yo había tenido con mi novio, porque él era mayor y sabía más por haber estado con otras chicas. Me sentí irritada por primera vez y me dio una infección de orina. No cené esa noche, fingí estar enferma y lloré hasta quedarme dormida. Mi hermano tenía muchas ganas de repetirlo, diciéndome que había sido el mejor sexo de su vida, pero me negué, y algo que podía decir de él en aquel entonces era que al menos no era un violador. Aunque me presionaba, nunca intentó forzarme. Cuatro meses después de perder mi virginidad por incesto, terminó el curso escolar y él se graduó. Fui al instituto y él se mudó a una residencia universitaria a 190 kilómetros de nuestro pueblo. La escuela pública terminó para mí, como estaba planeado, en cuanto mi padre me pilló en la colina. Fui a un instituto católico solo para chicas. Mi padre tenía que llevarme media hora en coche todas las mañanas y mi madre me recogía durante todo el primer año. Luego me consiguieron un auto para que pudiera conducir yo mismo, pero el kilometraje y mis tiempos eran monitoreados de cerca. No tuve relaciones sexuales durante la escuela secundaria, pero siete veces en total le hice sexo oral a mi hermano durante las vacaciones de verano e invierno cuando los dos estábamos en casa. Ese fue el fin del incesto en mi vida. Fui a la universidad en Atlanta, pero no a la misma que mi hermano. Me rebelé contra mis padres y, aunque intentaron mantener el control, como adulta legalmente no los dejé. La confusión y la tristeza duraron meses hasta que finalmente lo entendieron. Me separé de ellos financieramente y trabajé y saqué préstamos estudiantiles. Fui muy promiscua en la universidad. Bebía, salía de fiesta y consumía drogas recreativamente y salía con varios chicos de vez en cuando, principalmente para sexo. Esa era mi vida y pensé que la disfrutaba en ese momento. Me volví más fuerte y asertiva, y cuando mi hermano insinuó por primera vez durante una reunión de Acción de Gracias en casa de un pariente que íbamos a dar un paseo, le dije que no quería volver a tocarlo de una forma tan contundente que supo que yo estaba fuera de mis límites e incluso pareció la asustada de nuestra relación. No me matriculé en clases durante dos semestres no consecutivos solo porque mi vida de fiesta era mucho más divertida. Viajaba de vez en cuando. A veces con amigos, a veces con hombres, normalmente mayores, que me invitaban a lugares exóticos. Las Maldivas, Portugal, las Islas Vírgenes. Dejé que mi jefe casado me usara durante un fin de semana en Cayo Hueso. Tuve una aventura con mi profesor de español, que solo me llevó hasta Ciudad de Panamá, Florida. Tantos rollos arriesgados de una noche. Mi identidad era que no buscaba nada permanente, una hija del universo. Mientras que me usaron como juguete tantas veces y creía que me gustaba el juego. Les decía cosas sobre querer hacerles feliz y cosas que inflarían su ego. Estoy segura de que hay muchísimos mensajes de texto por ahí que guardaron sobre la talla de su D que encajaba en mi pequeña P, sobre ser una niña pequeña y querer que me enseñaran a ser mujer y otras fantasías depravadas que pensé que querían oír. Obviamente, directamente relacionadas con lo que me hizo mi hermano. Estoy casi segura de que evité ser violada más de una vez dejándome llevar por la corriente cuando no lo esperaba o probablemente no quería. Puede que sea bueno que algunas de ellas probablemente no las recuerde. Una vez fue en una de las pocas fiestas de fraternidades a las que fui. Éramos tres chicos, no es mi estilo habitual. Otra vez fue con el padre de mi compañera de piso, que la visitaba en nuestra casa alquilada y se metió en mi cama de madrugada. Uno de los eventos traumáticos más extremos fue con un policía que me paró por conducir cuando había bebido, pero tenía menos del límite legal en su alcoholímetro. Me siguió a casa, como a un kilómetro de distancia, "por mi seguridad", e incluso me siguió adentro. Estaba en un apartamento en ese momento y pensé que mi compañera de piso estaba en casa y se lo dije. Pero cuando ella no estaba allí, dijo que le mentí a un oficial de policía y que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva si quería evitar que me arrestaran. No era atractivo ni agradable. Tenía un arma, aunque nunca la sacó. Puedes adivinar lo que pasó. Finalmente me deshice de esa vida salvaje durante mi penúltimo semestre cuando vi venir el final de la universidad. Mi promedio era 3. 3. y mi especialidad era filosofía y me di cuenta de que el futuro no era brillante en términos de lo que haría o cómo pagaría mis préstamos. Me puse a trabajar y decidí cambiar. Tenía una oferta para desnudarme y "ganar mucho dinero", pero afortunadamente no solo nunca me consideré así, sino que cuando fui con una amiga a su entrevista e intentaron reclutarme fueron tan sórdidos que los dos salimos corriendo de allí disgustados. Reevalué toda mi vida. Consideré terminarla, pero algún mecanismo de supervivencia no lo permitió. No quería ser la persona que había sido durante unos años. Miré hacia adelante y vi que no era sostenible a medida que envejecía y no tenía amor ni estabilidad. Dejé de trabajar cuando me ofrecieron un despacho de abogados. Me acosté con el gerente que me contrató como recepcionista, pero fue una gota en el océano de cosas de las que avergonzarme. Fue el último en hacerlo. Saqué solo sobresalientes y me gradué cum laude. Ascendí en el bufete principalmente por mi título, pero lo aproveché para escabullirme y aceptar un trabajo peor pagado en un bufete sin fines de lucro donde no me había acostado con nadie. Allí sí me acosté con un abogado, pero sigo casada con él y mi vida ha vuelto a la normalidad. Lo amo y él me ama. Él no sabe hasta qué punto fui promiscua en la universidad ni sobre mi hermano, y dudo que lo sepa alguna vez. Esa oscuridad se está desvaneciendo y ya no forma parte de mi vida. No es quien soy. En cuanto a mi hermano, ahora tiene familia y nos llevamos bien. Hablamos de ello una vez mientras estudiaba como loca en el último año, aunque no fue una conversación profunda. Mencioné que me usó, se disculpó, nos abrazamos y eso fue todo. No fue la confrontación catártica que algunos esperarían. Mi catarsis es mi esposo y mi vida actual, por la que estoy agradecida. Adoptamos dos hermanos pequeños y soy su mamá. Quizás tengamos uno propio. Quizás volvamos a adoptar. Me usaron y me introdujeron al sexo demasiado joven y temprana, lo que tensó mi relación con mis padres durante mucho tiempo y nunca la recuperaré. Descarriló mi vida. Estuve a la deriva por un tiempo, pero Dios, el universo o la suerte finalmente me pusieron en un buen lugar. Todo lo que sucedió me llevó a lo que soy ahora. No puedo decir que nunca contemplé el suicidio en tiempos más oscuros. Pero como en la película Náufrago, si se me permite citar, “Seguí vivo. Seguí respirando. Y un día, mi lógica se desvirtuó por completo porque la marea subió y me dio una vela. Y ahora, aquí estoy”. Miles de horas dedicadas al estudio de la filosofía y cito una película que ni siquiera está basada en un libro. Pero es perfecta.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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    Incesto padre-hija Debería haber parado

    Es con gran vergüenza que debo confesar aquí. Fui una facilitadora pasiva del abuso. Había sido abusada sexualmente de niña por un niño mayor en la escuela primaria y debería haber sido menos cobarde. Finalmente denuncié a mi esposo y terminé con el abuso incestuoso de su propia hija. Merezco las lágrimas que lloro. Era enfermera de turno rotativo y normalmente dormía como un tronco con mi pastilla. Esa noche me levanté de la cama después de unas horas y caminé por la cocina hacia el otro lado de la casa donde estaba la habitación de mi hijastra. Sonaba un poco como si estuviera llorando o riendo. Al principio fue difícil decir qué estaba sucediendo a través de la puerta agrietada al otro lado de la casa. La habitación de mi hijastra. Pero pronto distinguí que mi esposo estaba arrodillado e inclinado hacia adelante sobre la cama con la cabeza entre las piernas abiertas de su hija. Los ruidos eran jadeos y chillidos de él realizando cunnilingus. Esto concluyó rápidamente y él tomó una posición acostada en la cama y aunque su cuerpo estaba mayormente bloqueado porque estaba al otro lado de él desde la puerta, era evidente que le estaba haciendo una felación a su padre. Su cabeza subía y bajaba y él tenía su mano sobre su cabeza. ¡Solo tenía nueve años! Me fui y volví a la cama, queriendo olvidar lo que había visto. ¿Por qué no hablar con él y detenerlo de inmediato? Debería haberlo hecho. Pero mi esposo había perdido a su esposa solo unos años antes, y mi hijastra había perdido a su madre. La mujer había quedado paralizada de la cintura para abajo y tenía un dolor de espalda severo. Se quitó la vida dos meses después de la lesión, días después de ser dada de alta del hospital. Había mucho entre ellos debido a su pérdida de lo que nunca podría ser parte. La idea de que el contacto sexual fuera un medio de duelo no me sentó bien, pero no quería hacer olas. Parecía voluntario de su parte. Amaba a mi esposo. Me había llevado mucho tiempo encontrarlo después de muchas esperanzas, citas, angustia y búsqueda. Así que tal vez fui egoísta por querer conservar a mi esposo. No sabía si pasaba muy a menudo. Hice la vista gorda. Durante al menos un año y medio no me levantaba de la cama si me despertaba en medio de la hora de dormir. Luego, un viernes por la noche, después de haber trabajado un turno de noche y haberme quedado despierta para hacer recados durante el día, y luego haber asistido al recital de baile de mi hijastra donde interpretó ballet, jazz y hip hop con su grupo, me desplomé. Pero me levanté, inquieta. Esta vez, la puerta de su dormitorio estaba cerrada y probablemente con llave, las luces encendidas desde abajo. Los sonidos de mi hijastra en medio de la agonía eran lo suficientemente fuertes como para que saliera por la puerta trasera, rodeara la ventana y me subiera al aire acondicionado central para ver a través del gran espacio entre las cortinas. Tenía una vista directa de mi estimado esposo, que es bastante bueno conmigo, de rodillas en la cama, bombeando de un lado a otro. Su hija estaba inclinada frente a él con su trasero desnudo en el aire, apoyada en los codos. Podía verlo entrar y salir de ella y sacudir todo su cuerpo con sus embestidas. Sentí una ira repentina. Lamento que mi ira no fuera por lo que debería haber sido. Mi ira era una ira celosa. Pensamientos en mi cuerpo de treinta y cuatro años y en cómo no podía competir con el firme cuerpo adolescente que veía ante mí, y que habíamos visto a esta hermosa chica en desarrollo de curvas mientras mi esposo se tomaba de la mano mientras bailaba con diferentes atuendos. Estaba un poco celosa entonces, sin siquiera saber que él estaba pensando en ella de esa manera. Seguí observándolo tener sexo con ella, incapaz de considerar apartar la mirada. Disminuyó la velocidad de sus embestidas y se desplomó al otro lado de ella. Vi su cuerpo brillante desplomarse también. Su respiración era tan profunda y rápida. Tardaron un par de minutos en recuperarse y me molesté más cuando pensé que mi esposo se iba a quedar dormido con ELLA. Pero se levantó, hablando. Se vistió y caminó alrededor de la cama. Ella se levantó, aparentemente obedeciendo su orden, y se abrazaron, poniéndose de pie. Él le sonrió y se giró hacia la puerta. Solo entonces se rompió el hechizo y corrí de vuelta a la puerta y entré. Él ya se estaba duchando. No dije nada y dejé que se desvaneciera, fingiendo que no pensaba en ello a menudo. Fui más apasionada y aventurera con mi esposo, y más fría con mi hijastra. Un par de años después, cuando la encontré llorando en su habitación un día mientras mi esposo estaba fuera de la ciudad, entré a consolarla. Llegué a mencionar su relación sexual con su padre de forma acusadora. Se derrumbó aún más y me contó cómo le pidió que parara cuando empezó octavo grado. Se había dado cuenta de lo "loco" que era y le rogó que parara si la amaba. Él le dijo que no podía parar porque la amaba. Algo se quebró dentro de mí y la ayudé a dormirse y luego conduje hasta la comisaría. Me entregué a mí misma y a mi esposo. Fue un desastre y mi vida ha sido así desde entonces. Pero no me arrepiento. Solo me arrepiento de haber esperado cinco años para terminar un matrimonio que debería haber terminado a los cinco meses. Merezco todas las lágrimas.

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    A todos los sobrevivientes aquí: los vemos, los escuchamos, les creemos.

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    #870

    Sobreviví. Salí. Tú también puedes. Insidioso y astuto son las palabras que me vienen a la mente cuando me pregunto cómo caí en la trampa. Mi exesposo era tan encantador que todos pensaban que era una gran persona, y yo también. Tanto que decidí ignorar que me violó y lo atribuí a la bebida. Poco a poco, a medida que salíamos y nos casábamos, intentó controlarme mostrándose furioso y violento cuando salía con amigos, iba al gimnasio o a la biblioteca a estudiar. Me decía que no podía ir al gimnasio porque había hombres. Me prohibía ir a eventos del trabajo. Me llamaba al trabajo cuando trabajaba hasta tarde y me acusaba de tener aventuras, y luego me maltrataba verbal y físicamente. Tenía tanto éxito manipulando a los demás que incluso mi padre, al principio, no me creyó cuando le conté del monstruo y las cosas horribles que había pasado. Finalmente le conté lo que había pasado cuando amenazó con matarme y me persiguió con un bate de béisbol. Pude subirme al coche, escaparme y llamar a mi padre llorando y gritando. Pensó que me había vuelto loca. Algunos amigos también pensaron que me había vuelto loca y me dijeron que era tan amable y se burlaron cuando les dije que iba a pedir el divorcio y una orden de protección. Después de las dos primeras llamadas al sheriff, me creyeron y fueron muy amables, pasando frecuentemente por mi casa para asegurarse de que estuviera a salvo. Hay poder en que te crean. Hay fortaleza en saber que otros han salido con vida y finalmente han recuperado la salud. Todavía tengo flashbacks ocasionales y ciertas situaciones me desencadenan la ansiedad, pero he vuelto a confiar en la gente y ya no temo meterme en problemas si paso tiempo con amigos. Es más, me he permitido volver a ser emocionalmente vulnerable con otras personas después de todos estos años. Eso fue un gran paso para mí. Y realmente me siento una buena persona de nuevo.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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  • Mensaje de la Comunidad
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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    #870

    Sobreviví. Salí. Tú también puedes. Insidioso y astuto son las palabras que me vienen a la mente cuando me pregunto cómo caí en la trampa. Mi exesposo era tan encantador que todos pensaban que era una gran persona, y yo también. Tanto que decidí ignorar que me violó y lo atribuí a la bebida. Poco a poco, a medida que salíamos y nos casábamos, intentó controlarme mostrándose furioso y violento cuando salía con amigos, iba al gimnasio o a la biblioteca a estudiar. Me decía que no podía ir al gimnasio porque había hombres. Me prohibía ir a eventos del trabajo. Me llamaba al trabajo cuando trabajaba hasta tarde y me acusaba de tener aventuras, y luego me maltrataba verbal y físicamente. Tenía tanto éxito manipulando a los demás que incluso mi padre, al principio, no me creyó cuando le conté del monstruo y las cosas horribles que había pasado. Finalmente le conté lo que había pasado cuando amenazó con matarme y me persiguió con un bate de béisbol. Pude subirme al coche, escaparme y llamar a mi padre llorando y gritando. Pensó que me había vuelto loca. Algunos amigos también pensaron que me había vuelto loca y me dijeron que era tan amable y se burlaron cuando les dije que iba a pedir el divorcio y una orden de protección. Después de las dos primeras llamadas al sheriff, me creyeron y fueron muy amables, pasando frecuentemente por mi casa para asegurarse de que estuviera a salvo. Hay poder en que te crean. Hay fortaleza en saber que otros han salido con vida y finalmente han recuperado la salud. Todavía tengo flashbacks ocasionales y ciertas situaciones me desencadenan la ansiedad, pero he vuelto a confiar en la gente y ya no temo meterme en problemas si paso tiempo con amigos. Es más, me he permitido volver a ser emocionalmente vulnerable con otras personas después de todos estos años. Eso fue un gran paso para mí. Y realmente me siento una buena persona de nuevo.

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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Historia
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    🇲🇽

    Esta muñeca finalmente sale del estante.

    ¿Por qué jugar conmigo solo para dejarme? No soy un juguete, ni una muñeca. No soy una pieza de exhibición en tu escritorio. Sé que tengo defectos y estoy rota, pero eso no justifica que juegues e vayas. Sé que me niego a irme ni siquiera en el peor momento. Pero tú eres mi esposo, el caballero de brillante armadura. ¿Cómo puedo irme? Incluso violada hasta quedar inconsciente, mi primer instinto es derretirme en tus brazos. Mis padres también me lastimaron y me amaron. Entonces, ¿cómo podía creer cuando la gente llama a nuestra relación algo monstruoso? ¿Cómo podía creer eso cuando eres el espacio más tierno que he conocido? El único lugar donde puedo ser yo misma y la única persona a la que realmente le gusto más rota. Teníamos dieciséis años cuando me enseñaste el juego. Dice Simón. Tú mandas, yo obedezco, o si no... Estaba aterrorizada. Recuerdo que me dolió tanto que grité y, sin embargo, sonreíste, me tapaste la boca prometiéndome cosas dulces. Seguridad en medio de todo. Al menos no tendría que volver a casa esta noche y enfrentarme a mi padre borracho. Así que me convertí en la mejor jugadora del juego... pero el nivel de dificultad aumentó. Empecé a meter la pata y a pagar las consecuencias. Nos mudamos. Recuerdo caminar a la universidad con ese dolor familiar entre las piernas. Recuerdo no poder dormir las noches de exámenes solo porque querías tu culpa. Recuerdo estar demasiado agotada para estudiar y ver a mis amigos, pero aún sonreía cada vez que me acunabas en tus brazos, películas, juegos y chocolate. Todo para mí, tu tiempo, tu amor. Pero el juego cambió, los nombres bonitos se convirtieron en adjetivos posesivos. Puta. Muñeca. Juguete. Los abrazos posteriores se borraron como si nunca hubieran existido. En cambio, me dejaron temblando en la habitación oscura y fría, tenías mejores cosas que hacer. Es triste que eso sea lo que costó. El mes que viene estaré sola. Mi cerebro me dice que extrañaré su comportamiento, las huellas rojas de las manos en mi piel, la falta de aire, de sueño, de privacidad. Pero eso son solo sus susurros resonando, una vez que la fuente se haya ido, los susurros se desvanecerán, ¿verdad? Quizás por fin encuentre la seguridad. Quizás me guste más. Tengo esperanza, ¿verdad? Creo que es cierto. Lo creo con todo mi corazón.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

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    Incesto padre-hija Debería haber parado

    Es con gran vergüenza que debo confesar aquí. Fui una facilitadora pasiva del abuso. Había sido abusada sexualmente de niña por un niño mayor en la escuela primaria y debería haber sido menos cobarde. Finalmente denuncié a mi esposo y terminé con el abuso incestuoso de su propia hija. Merezco las lágrimas que lloro. Era enfermera de turno rotativo y normalmente dormía como un tronco con mi pastilla. Esa noche me levanté de la cama después de unas horas y caminé por la cocina hacia el otro lado de la casa donde estaba la habitación de mi hijastra. Sonaba un poco como si estuviera llorando o riendo. Al principio fue difícil decir qué estaba sucediendo a través de la puerta agrietada al otro lado de la casa. La habitación de mi hijastra. Pero pronto distinguí que mi esposo estaba arrodillado e inclinado hacia adelante sobre la cama con la cabeza entre las piernas abiertas de su hija. Los ruidos eran jadeos y chillidos de él realizando cunnilingus. Esto concluyó rápidamente y él tomó una posición acostada en la cama y aunque su cuerpo estaba mayormente bloqueado porque estaba al otro lado de él desde la puerta, era evidente que le estaba haciendo una felación a su padre. Su cabeza subía y bajaba y él tenía su mano sobre su cabeza. ¡Solo tenía nueve años! Me fui y volví a la cama, queriendo olvidar lo que había visto. ¿Por qué no hablar con él y detenerlo de inmediato? Debería haberlo hecho. Pero mi esposo había perdido a su esposa solo unos años antes, y mi hijastra había perdido a su madre. La mujer había quedado paralizada de la cintura para abajo y tenía un dolor de espalda severo. Se quitó la vida dos meses después de la lesión, días después de ser dada de alta del hospital. Había mucho entre ellos debido a su pérdida de lo que nunca podría ser parte. La idea de que el contacto sexual fuera un medio de duelo no me sentó bien, pero no quería hacer olas. Parecía voluntario de su parte. Amaba a mi esposo. Me había llevado mucho tiempo encontrarlo después de muchas esperanzas, citas, angustia y búsqueda. Así que tal vez fui egoísta por querer conservar a mi esposo. No sabía si pasaba muy a menudo. Hice la vista gorda. Durante al menos un año y medio no me levantaba de la cama si me despertaba en medio de la hora de dormir. Luego, un viernes por la noche, después de haber trabajado un turno de noche y haberme quedado despierta para hacer recados durante el día, y luego haber asistido al recital de baile de mi hijastra donde interpretó ballet, jazz y hip hop con su grupo, me desplomé. Pero me levanté, inquieta. Esta vez, la puerta de su dormitorio estaba cerrada y probablemente con llave, las luces encendidas desde abajo. Los sonidos de mi hijastra en medio de la agonía eran lo suficientemente fuertes como para que saliera por la puerta trasera, rodeara la ventana y me subiera al aire acondicionado central para ver a través del gran espacio entre las cortinas. Tenía una vista directa de mi estimado esposo, que es bastante bueno conmigo, de rodillas en la cama, bombeando de un lado a otro. Su hija estaba inclinada frente a él con su trasero desnudo en el aire, apoyada en los codos. Podía verlo entrar y salir de ella y sacudir todo su cuerpo con sus embestidas. Sentí una ira repentina. Lamento que mi ira no fuera por lo que debería haber sido. Mi ira era una ira celosa. Pensamientos en mi cuerpo de treinta y cuatro años y en cómo no podía competir con el firme cuerpo adolescente que veía ante mí, y que habíamos visto a esta hermosa chica en desarrollo de curvas mientras mi esposo se tomaba de la mano mientras bailaba con diferentes atuendos. Estaba un poco celosa entonces, sin siquiera saber que él estaba pensando en ella de esa manera. Seguí observándolo tener sexo con ella, incapaz de considerar apartar la mirada. Disminuyó la velocidad de sus embestidas y se desplomó al otro lado de ella. Vi su cuerpo brillante desplomarse también. Su respiración era tan profunda y rápida. Tardaron un par de minutos en recuperarse y me molesté más cuando pensé que mi esposo se iba a quedar dormido con ELLA. Pero se levantó, hablando. Se vistió y caminó alrededor de la cama. Ella se levantó, aparentemente obedeciendo su orden, y se abrazaron, poniéndose de pie. Él le sonrió y se giró hacia la puerta. Solo entonces se rompió el hechizo y corrí de vuelta a la puerta y entré. Él ya se estaba duchando. No dije nada y dejé que se desvaneciera, fingiendo que no pensaba en ello a menudo. Fui más apasionada y aventurera con mi esposo, y más fría con mi hijastra. Un par de años después, cuando la encontré llorando en su habitación un día mientras mi esposo estaba fuera de la ciudad, entré a consolarla. Llegué a mencionar su relación sexual con su padre de forma acusadora. Se derrumbó aún más y me contó cómo le pidió que parara cuando empezó octavo grado. Se había dado cuenta de lo "loco" que era y le rogó que parara si la amaba. Él le dijo que no podía parar porque la amaba. Algo se quebró dentro de mí y la ayudé a dormirse y luego conduje hasta la comisaría. Me entregué a mí misma y a mi esposo. Fue un desastre y mi vida ha sido así desde entonces. Pero no me arrepiento. Solo me arrepiento de haber esperado cinco años para terminar un matrimonio que debería haber terminado a los cinco meses. Merezco todas las lágrimas.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Sanación
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    Primera entrada, aceptando que soy humano

    «Ya eres adulta, deberías haberlo superado». ¿Por qué le encanta a la gente decir eso? Como si al cumplir dieciocho pudiera cambiar mágicamente las consecuencias de su desprecio. No creo que me permitieran ser humana, ni recuerdo haberme sentido segura nunca. Un prodigio diagnosticado desde los cuatro años. Ganaba premios y conseguía becas en colegios privados con las que mi familia jamás podría soñar. Era perfecta, útil, por lo tanto, querida. Eso me decían, así que intentaba justificar mi existencia y mis talentos siendo servicial, útil, con una profunda necesidad de complacer a todos. Incluso a los monstruos. No recuerdo mucho de la primera vez. Estaba dormida, estaba oscuro, me desperté sin ropa interior, con un dolor agudo y sangre en el colchón. Pero no lo recordaba, me decía a mí misma. Hice lo que mejor sabía: limpiar y ser perfecta. Estaba en segundo de primaria. Pero por mucho que reprimiera todas las noches que seguían el mismo camino, los síntomas se volvían difíciles de ocultar. La promesa de la escuela es de repente una chica tímida y acosada, aterrorizada de hablar con chicos y estar sola, aterrorizada de las formas normales de afecto físico, insomnio, miedo, pesadillas, enuresis, autolesiones, acrobacias desesperadas para llamar la atención o ayudar o cualquier cosa, flashbacks, disociación. A veces pensé que otras personas podían sentir lo que había pasado. Constantemente me hacían sentir que podían quitarme la propiedad sobre mi cuerpo, solo cuando bailaba me sentía libre, pero al mirar las fotos y los videos, era demasiado pequeña para ser retratada así. Como prodigio, te adoran como a una deidad y también te envidian y desprecian. Nunca llegas a ser humano. Recuerdo que en el patio de recreo no me permitían jugar porque ganaría. ¿Quieres saber qué me hicieron? Un premio. Quien gane el juego se sentará conmigo en clase y yo le ayudaré con la tarea. ¿Quería jugar? ¡Por supuesto! ¿Pero entendía completamente que en mi estado no podía? Sí. Tenía doce años la primera vez que me llamaron muñeca. Un grupo de compañeros de clase estaban enamorados de mí; recuerdo manos debajo del escritorio. Recuerdo esconder el hueco en los baños para no tener que esquivar besos ni tirar de las agarraderas solo para liberar mis extremidades. Y recuerdo los rumores. ¿Que me llamaran trabajadora sexual porque los chicos no saben respetar tu espacio? Eso te cambia la mente. Así que seguí ganando, porque ¿qué más podía hacer excepto intentar escapar a mejores escuelas, intentar ganar lo suficiente para ser lo suficientemente fuerte como para ayudar a otros con mi pasión? Pero los monstruos acechan por todas partes. El aula de robótica estaba aislada y estaba formada por chicos mayores que yo, sin cámaras, sin profesores. Supliqué no ir, pero era un prodigio. Tenía que enorgullecer a todos. Y lo hice. No me quejé, ni siquiera cuando informaron que el historial de búsqueda había encontrado pornografía. No hablé de lo que pasaba entre esas cuatro paredes. Así que la escuela tenía monstruos, entonces podía esperar con ilusión volver a casa, atender la casa, cocinar, cuidar de los demás, las tareas, estudiar y, cuando llegaba la oscuridad, podía esperar un espectáculo violento y ebrio. En mi casa sin puertas. Nunca había seguridad. Así que me dediqué a soñar con un caballero de brillante armadura que me salvara. Busqué a este ser mágico en hombres mayores que me compraban cosas cuando actuaba de la manera perfecta. Tengo mucha suerte de haber podido salir de eso lo suficiente como para entender que, aunque se sintiera como una forma de sobrellevarlo, no era lo que quería para mi futuro. Fue entonces cuando conocí a mi pareja, un chico del instituto que nunca se apresuró a tocarme. Eso me ayudó durante mis crisis y ataques de pánico, se quedaba conmigo de guardia cuando tenía miedo de dormir o cuando el monstruo ebrio causaba estragos. Nunca le conté mi historia. Empecé a escribir sobre esto hace unos meses. Conseguí la beca para mudarme de estado y nos mudamos juntos. Siento que estoy sanando, poco a poco, aquí nadie me grita, vuelvo a hablar con los hombres como seres humanos. Me siento más humana también, no tengo que fingir por él, por nadie. Por fin me siento real como persona. Las pesadillas no han parado, los vívidos flashbacks cuando alguien me llama muñeca o cuando alguien sonríe de cierta manera o se le parece demasiado no han parado, pero creo que está bien, soy humana y parte de eso es finalmente permitirme sentirme mal. Tal vez algún día cuente mi historia, tal vez no sea necesario. No es toda mi historia, solo una parte, una que poco a poco voy a poder ver sin pestañear. Espero que quien lea esto tenga un buen día y tenga esperanza en sí mismo. Yo tengo esperanza en ti.

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    Empezó con mi hermano

    Mi hermano, que ha crecido mucho, me usó, pero aún llevo cicatrices. Mi hermano es cuatro años mayor que yo y, cuando estaba pasando de la primaria a la secundaria, ese verano, me hizo pensar que las chicas de secundaria necesitan saber cómo hacerle sexo oral a los chicos. Primero me lo hizo para mostrarme que no era para tanto. Pensé que era algo muy serio. Pero lo hice y él me entrenó y me hizo mantenerlo en secreto, excepto para mi mejor amiga. Invitó a su amiga a casa cuando tuve una pijamada una noche y le pidió que se lo hiciera a su amiga. Luego nos hacían hacer concursos con los ojos vendados. Al menos entonces no estaba sola. Me cambió, aunque el séptimo grado en sí no tuvo nada que ver con nada de eso. Era una mentira para obtener placer de mí. Mi hermano todavía me hacía hacerlo en casa. Y a veces me lo hacía y yo llegaba al clímax. Así que tuve una extraña vida sexual secreta y me sentí muy mal por eso. Luego, en octavo grado, tuve mi primer novio de verdad. Mis padres son muy estrictos, aunque ambos trabajaban y me dejaban sola con mi hermano. Para ir al cine con mi novio, se aseguraban de que fuera en grupo, me llevaban y me esperaban fuera del cine. Bueno, una vez, cuando fuimos a ver Blancanieves y el cazador, mi mejor amiga y yo hicimos lo que queríamos: hacerle sexo oral a nuestros chicos en la última fila del cine, y lo hicimos. Solo un mes después, empecé a tener sexo con él, algo que nunca habría sucedido de no ser por lo que hizo mi hermano. Nos escapamos de su casa durante una pijamada, quedamos con los chicos afuera, fuimos al parque cercano y lo hicimos en el césped. Esa fue mi virginidad. El evento realmente malo, donde mi vida se descarriló, fue cuando lo intentamos desde mi casa, escabulléndonos por la ventana y adentrándonos un poco más en mi gran patio trasero que daba a la ladera de una gran colina, y mi padre nos pilló. Fue horrible. Se acabó el mundo. Me trataron como una gran traidora y casi todos mis privilegios fueron revocados y esencialmente fui castigada sin fecha límite. Y aún así mi hermano me obligaba a hacerle sexo oral. Estaba desconsolada porque no me permitían tener a mi novio hasta el punto en que mis padres me obligaron a ir a la escuela y hablar con el director y el subdirector y se aseguraron de que no tuviera la oportunidad de verlo a solas. Y mi hermano seguía entrando sigilosamente por la noche a veces o cuando nos quedábamos solas esperando que hiciera lo que él me había entrenado para que estuviera acostumbrada. La siguiente parte realmente mala fue dos meses en mi nueva vida restringida. Mi hermano comenzó a hacerme sexo oral una tarde después de la escuela y decidió llevarlo más lejos y se levantó y comenzó a besarme y tuvo sexo conmigo. Estaba en el momento y no hice nada para detenerlo e incluso participé. Sin condón. Era una tarde en la que mis padres estaban fuera, así que no teníamos que callarnos ni preocuparnos. Y él lo hizo mucho más tiempo que las pocas veces que yo había tenido con mi novio, porque él era mayor y sabía más por haber estado con otras chicas. Me sentí irritada por primera vez y me dio una infección de orina. No cené esa noche, fingí estar enferma y lloré hasta quedarme dormida. Mi hermano tenía muchas ganas de repetirlo, diciéndome que había sido el mejor sexo de su vida, pero me negué, y algo que podía decir de él en aquel entonces era que al menos no era un violador. Aunque me presionaba, nunca intentó forzarme. Cuatro meses después de perder mi virginidad por incesto, terminó el curso escolar y él se graduó. Fui al instituto y él se mudó a una residencia universitaria a 190 kilómetros de nuestro pueblo. La escuela pública terminó para mí, como estaba planeado, en cuanto mi padre me pilló en la colina. Fui a un instituto católico solo para chicas. Mi padre tenía que llevarme media hora en coche todas las mañanas y mi madre me recogía durante todo el primer año. Luego me consiguieron un auto para que pudiera conducir yo mismo, pero el kilometraje y mis tiempos eran monitoreados de cerca. No tuve relaciones sexuales durante la escuela secundaria, pero siete veces en total le hice sexo oral a mi hermano durante las vacaciones de verano e invierno cuando los dos estábamos en casa. Ese fue el fin del incesto en mi vida. Fui a la universidad en Atlanta, pero no a la misma que mi hermano. Me rebelé contra mis padres y, aunque intentaron mantener el control, como adulta legalmente no los dejé. La confusión y la tristeza duraron meses hasta que finalmente lo entendieron. Me separé de ellos financieramente y trabajé y saqué préstamos estudiantiles. Fui muy promiscua en la universidad. Bebía, salía de fiesta y consumía drogas recreativamente y salía con varios chicos de vez en cuando, principalmente para sexo. Esa era mi vida y pensé que la disfrutaba en ese momento. Me volví más fuerte y asertiva, y cuando mi hermano insinuó por primera vez durante una reunión de Acción de Gracias en casa de un pariente que íbamos a dar un paseo, le dije que no quería volver a tocarlo de una forma tan contundente que supo que yo estaba fuera de mis límites e incluso pareció la asustada de nuestra relación. No me matriculé en clases durante dos semestres no consecutivos solo porque mi vida de fiesta era mucho más divertida. Viajaba de vez en cuando. A veces con amigos, a veces con hombres, normalmente mayores, que me invitaban a lugares exóticos. Las Maldivas, Portugal, las Islas Vírgenes. Dejé que mi jefe casado me usara durante un fin de semana en Cayo Hueso. Tuve una aventura con mi profesor de español, que solo me llevó hasta Ciudad de Panamá, Florida. Tantos rollos arriesgados de una noche. Mi identidad era que no buscaba nada permanente, una hija del universo. Mientras que me usaron como juguete tantas veces y creía que me gustaba el juego. Les decía cosas sobre querer hacerles feliz y cosas que inflarían su ego. Estoy segura de que hay muchísimos mensajes de texto por ahí que guardaron sobre la talla de su D que encajaba en mi pequeña P, sobre ser una niña pequeña y querer que me enseñaran a ser mujer y otras fantasías depravadas que pensé que querían oír. Obviamente, directamente relacionadas con lo que me hizo mi hermano. Estoy casi segura de que evité ser violada más de una vez dejándome llevar por la corriente cuando no lo esperaba o probablemente no quería. Puede que sea bueno que algunas de ellas probablemente no las recuerde. Una vez fue en una de las pocas fiestas de fraternidades a las que fui. Éramos tres chicos, no es mi estilo habitual. Otra vez fue con el padre de mi compañera de piso, que la visitaba en nuestra casa alquilada y se metió en mi cama de madrugada. Uno de los eventos traumáticos más extremos fue con un policía que me paró por conducir cuando había bebido, pero tenía menos del límite legal en su alcoholímetro. Me siguió a casa, como a un kilómetro de distancia, "por mi seguridad", e incluso me siguió adentro. Estaba en un apartamento en ese momento y pensé que mi compañera de piso estaba en casa y se lo dije. Pero cuando ella no estaba allí, dijo que le mentí a un oficial de policía y que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva si quería evitar que me arrestaran. No era atractivo ni agradable. Tenía un arma, aunque nunca la sacó. Puedes adivinar lo que pasó. Finalmente me deshice de esa vida salvaje durante mi penúltimo semestre cuando vi venir el final de la universidad. Mi promedio era 3. 3. y mi especialidad era filosofía y me di cuenta de que el futuro no era brillante en términos de lo que haría o cómo pagaría mis préstamos. Me puse a trabajar y decidí cambiar. Tenía una oferta para desnudarme y "ganar mucho dinero", pero afortunadamente no solo nunca me consideré así, sino que cuando fui con una amiga a su entrevista e intentaron reclutarme fueron tan sórdidos que los dos salimos corriendo de allí disgustados. Reevalué toda mi vida. Consideré terminarla, pero algún mecanismo de supervivencia no lo permitió. No quería ser la persona que había sido durante unos años. Miré hacia adelante y vi que no era sostenible a medida que envejecía y no tenía amor ni estabilidad. Dejé de trabajar cuando me ofrecieron un despacho de abogados. Me acosté con el gerente que me contrató como recepcionista, pero fue una gota en el océano de cosas de las que avergonzarme. Fue el último en hacerlo. Saqué solo sobresalientes y me gradué cum laude. Ascendí en el bufete principalmente por mi título, pero lo aproveché para escabullirme y aceptar un trabajo peor pagado en un bufete sin fines de lucro donde no me había acostado con nadie. Allí sí me acosté con un abogado, pero sigo casada con él y mi vida ha vuelto a la normalidad. Lo amo y él me ama. Él no sabe hasta qué punto fui promiscua en la universidad ni sobre mi hermano, y dudo que lo sepa alguna vez. Esa oscuridad se está desvaneciendo y ya no forma parte de mi vida. No es quien soy. En cuanto a mi hermano, ahora tiene familia y nos llevamos bien. Hablamos de ello una vez mientras estudiaba como loca en el último año, aunque no fue una conversación profunda. Mencioné que me usó, se disculpó, nos abrazamos y eso fue todo. No fue la confrontación catártica que algunos esperarían. Mi catarsis es mi esposo y mi vida actual, por la que estoy agradecida. Adoptamos dos hermanos pequeños y soy su mamá. Quizás tengamos uno propio. Quizás volvamos a adoptar. Me usaron y me introdujeron al sexo demasiado joven y temprana, lo que tensó mi relación con mis padres durante mucho tiempo y nunca la recuperaré. Descarriló mi vida. Estuve a la deriva por un tiempo, pero Dios, el universo o la suerte finalmente me pusieron en un buen lugar. Todo lo que sucedió me llevó a lo que soy ahora. No puedo decir que nunca contemplé el suicidio en tiempos más oscuros. Pero como en la película Náufrago, si se me permite citar, “Seguí vivo. Seguí respirando. Y un día, mi lógica se desvirtuó por completo porque la marea subió y me dio una vela. Y ahora, aquí estoy”. Miles de horas dedicadas al estudio de la filosofía y cito una película que ni siquiera está basada en un libro. Pero es perfecta.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.