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Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇲🇽

Quisiera saber que se siente sanar.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Carta a mi violador

    Esto no es realmente una historia, pero le escribí una carta a mi violador que jamás enviaré. No quiero guardármela, no estar sola con ella. Quiero que alguien me escuche, aunque no sea él quien me escuche. No sé cómo puedo extrañarte y odiarte tanto, y aun así sentirte tanto amor por ti. Hiciste lo peor que una mejor amiga podría hacer. Usaste la confianza que tenía en ti para beneficiarte e ignoraste mis sentimientos en el camino. Te amo tanto y no puedo demostrártelo, porque no mereces mi amor. Dijiste que te importaba, ¿por qué no paraste cuando dije que no? ¿Cómo pensaste que solo estaba jugando cuando te alejé, seguí diciendo que no y "no puedo"? No entiendo cómo interpretaste ese papel tan bien, todos cayeron en la trampa. Tus acciones nunca coincidieron con tus palabras. Cuando te dije que me habían violado y que no quería acostarme contigo, dijiste que estaba bien, que esperarías. Lo siguiente que recuerdo es que entraste al baño y me preguntaste si quería follar. Dijiste que nunca quisiste hacerme sentir incómodo, pero cuando claramente lo estaba, te importó un carajo. Literalmente dijiste: "Sé que no puedes, pero seguiré intentándolo hasta que digas que sí". ¡Qué demonios! Confié en ti. Te creí cuando me dijiste que sabías lo que sentía. Debe ser verdad, ¿verdad? Estabas tan seguro de mis sentimientos que empecé a creer que eran reales. Cuando me di cuenta de que tal vez no tenía esos sentimientos y te lo dije, me preguntaste cómo pude hacer algo así. Romperte el corazón, mentirte en la cara, que soy un psicópata por jugar así con tus sentimientos. Y una vez más me convenciste de lo que querías. No quería perderte, así que pensé que si esto es lo que se necesita para mantenerte en mi vida, lo intentaré. Pero seguiste insistiendo. Me violaste. Sé que no lo ves así. Te seguí la corriente. Te hice creer que lo disfrutaba, pero todo en lo que podía pensar era, por favor, córrete. En el fondo sabía que no quería esto, pero te hacía feliz, así que seguí el juego. Ignoraste todas las señales que te di de que me sentía incómoda. Nunca te besé primero, nunca inicié nada, siempre dije que no podía y que no. Lo ignoraste a propósito. No eres tan tonta. No puedes decir que eres una buena persona. Crees que lo eres, pero definitivamente no lo eres. No sé cómo una persona puede ser tan ciega a quién es realmente. ¿Quizás no? Tal vez sabías exactamente lo que hacías. Me gusta pensar que tu verdadero yo era la persona a la que confiaba mi vida, la persona a la que recurría cuando necesitaba consuelo, eras mi lugar seguro. Pero sé que ese no eres tú. Eres la persona que me manipuló para tener una "relación" contigo. Eres la persona que me violó, me siguió y me hizo tener ataques de pánico. Incluso cuando intentaba esconderme de ti, encontraste la manera de llegar a mí y hacerme sentir fatal. ¿Mereces una explicación de por qué dejé de hablarte? Eso es lo que repetías sin parar. Intenté darte una, te echaste a reír. En ese momento vi tu verdadero yo. El tú manipulador. El tú que no quiere oír nada excepto lo que cree que es verdad. En realidad no quieres una explicación, quieres tener la oportunidad de manipularme de nuevo. Eres la víctima de tu propia historia. Te rompí el corazón. Herí tus sentimientos. Pero sabes qué, me quitaste algo que nunca recuperaré. Me hiciste sentir fatal. Como si estuviera equivocada al no querer acostarme contigo. Me hiciste dudar de mí misma. Cada vez que me violabas, te llevabas un pedazo de mi corazón y no sé si alguna vez lo recuperaré. Te lo conté todo, a veces sentía que me conocías mejor que yo misma. Me hiciste sentir emocionada por mi futuro. Me diste tanta esperanza de poder elegir mi propio camino. Te amaba. Me encantaba cómo me hacías sentir. Segura. Vista. Llena de potencial. Feliz. Ahora te miro y se me encoge el pecho, el corazón me late más rápido, quiero correr, alejarme de donde sea que estés. Me hiciste sentir miedo al verte. Miedo. Y tú lo sabías, sabías que no quería verte, y aun así venías a verme siempre que podía. Cada vez que te veía, sentía todo el amor que aún sentía por ti. Me dolía tanto que pudiera amar tanto a una persona y temerle al mismo tiempo. Mi mente no podía comprender lo que hiciste. Fue tan inusual. Cuanto más lo pensaba, más me convencía. Me diste pistas sobre quién eres realmente y simplemente las ignoré, pensando que no eran tan importantes. Gracias por enseñarme a no volver a pasarlas por alto ni a caer en eso. Siempre me dijeron que ya era muy mayor para mi edad. Nunca quise serlo, simplemente tenía que hacerlo. De pequeña, yo era la única persona en la que podía confiar. Aprendí a lidiar con las cosas yo sola. Pero esto no me hizo más fuerte ni más sabia. Destrozó mi mundo. Tengo que aprender a confiar en la gente de nuevo. Siempre ha sido un gran problema, pero lo controlé. Ahora me aíslo. Tengo tanta ansiedad que no puedo con ella. Tú me la diste. Espero estar bien algún día, sé que tengo que esforzarme. Sé que estarás bien en una semana. Le dirás a la gente que soy una loca que te rompió el corazón y que no hiciste nada malo. Eso fue lo que pasó con M. Sabes que ni siquiera me preguntó qué había pasado ni si estaba bien. Solo me dijo que era mi trabajo ir a ver cómo estabas, porque te rompí el corazón. Sabía que era tu mejor amigo, pero pensaba que yo también era su amiga. Probablemente te sentiste bien por el hecho de que me lastimara tanto con ese mensaje de Facebook. Y cuánto me lastimó, no puedo expresar con palabras la traición que sentí. Sé que no tiene nada que ver contigo, pero necesitaba decírtelo. Ojalá pudiera hablar contigo, ojalá pudiera abrazarte, ojalá fueras la persona que yo creía que eras. Sé que no es posible y está bien. Lloraré y te extrañaré. No sé si eso acabará alguna vez, espero que sí. Solo quiero que vuelvas, es como si hubieras muerto. Moriste. La versión de ti que tenía en mi cabeza, mi lugar seguro, mi mejor amiga, está muerta. Y no sé cómo llorar a una persona que sigue viva. Sigues aquí y sé que podría llamarte o enviarte un mensaje, pero esa no es la persona con la que quiero hablar. Quiero volver atrás en el tiempo y quiero que aceptes mi no. ¿Por qué no aceptaste mi no? Odio que todavía te quiera tanto. Te quiero tanto. Puedo lidiar con la violación, soy lo suficientemente fuerte como para no dejar que eso afecte mi valor. Lo que no puedo aceptar es que fuiste tú quien me violó. Tú. ¿Por qué tuviste que ser tú?

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Violación anal

    De alguna manera terminé en Tinder a los 16 años. Lo sé, no fue muy inteligente de mi parte, pero todos mis amigos lo usaban en ese momento y no lo pensé. Conocí a alguien que me dijo que también era menor de edad, que tenía 17 años. Parecía perfecto. Tuvimos una cita en un campo de calabazas, comimos sushi en un restaurante y después vino a mi casa a tallar calabazas. Todo iba tan bien. Estábamos viendo una película y me pidió que fuéramos a mi habitación. Honestamente, no quería, pero acepté y fuimos a mi habitación. Su actitud cambió de inmediato, de repente se volvió arrogante y dominante. Tuvimos sexo, a lo que accedí aunque me sentí presionada. De repente, metió su pene en mi ano, lo sacó después de un par de veces y lo volvió a meter en mi vagina. Estaba en shock, estaba confundida. ¿Acababa de pasar eso? ¿Es normal? Estoy tan agradecida por los instintos de supervivencia humanos porque en su mayoría me desconecté. Pero recuerdo que dijo: "Al menos podrías fingir que lo disfrutas". Aun así, no reaccioné. Cuando terminó, se levantó y fue a buscar una toalla. Le pedí que encendiera la luz y me dijo: "¿Estás segura? Quizás no quieras ver la cama, va a ser muy explícito". No entendí y de todas formas quería la luz encendida. Mi edredón blanco estaba cubierto de sangre y tenía manchas de heces. "Wow", me sentí avergonzada. Dijo que era normal. Regresamos a la sala y unos minutos después se fue. Luego, tiré mi edredón y fui a casa de mi mejor amiga. Tenía a su amiga mayor de visita. Les conté lo que había pasado y se quedaron impactadas. Ambas chicas tenían experiencia sexual y me dijeron que eso no es normal. No se tiene sexo anal por accidente. No se tiene sexo anal sin hablarlo primero. No se "desliza" dentro del ano de alguien, que es la excusa que había pensado para él, "¿quizás se resbaló?". Me aseguraron que no fue un accidente. Le dije a la chica mayor su nombre, Nombre , resulta que ella lo conoce y él no tiene 17 años. Él le dijo que tenía 20. Cuando fue a su casa antes, fue muy insistente para tener sexo y su perro lo odió, así que ella lo echó. Mi perro también lo odió. Después, me comuniqué con él, no respondía a mis mensajes, luego dijo que lo sentía pero que no buscaba nada en cuanto a una relación, que no quería volver a verme. En este punto comenzó a quedar más claro "Puede que haya sido violada". Pasé unos 2 años yendo y viniendo entre si eso realmente sucedió, si fue violación, si fue mi culpa, si lo pedí. Unos días después de la violación mi vagina se hinchó. Lo sé, lamento el detalle, pero es crucial para la historia. Fui al centro de salud estudiantil con el que trabajaba mi escuela porque no quería que mis padres supieran que había tenido sexo. Me hicieron una prueba y tenía vaginosis bacteriana. La enfermera dijo que tenía "bacterias que parecían una flor floreciendo dentro de mí", esto se debía a que había pasado de mi ano a mi vagina varias veces y yo estaba sangrando. Por suerte, se solucionó fácilmente con antibióticos. Otra cosa que confirmó que algo grave había sucedido fue que pasé dos años de mi vida, los dos últimos de la secundaria, en cama y no recuerdo bien mi época escolar. Dormía, me pudría, quité el armazón de mi cama de mi habitación en una crisis nerviosa, cambié la cama de posición en mi habitación y cambié de colchón. Nada me ayudaba. Finalmente, me cambié de habitación. Empecé a sentir resentimiento hacia mi propia casa. No me sentía segura. Empecé a ser grosera con mis padres, era mala cuando no me dejaban salir y estaba irritable en cualquier momento. Me saltaba la cena y evitaba el tiempo en familia. Además, dejé de ir a la escuela. Falté tantos días a la escuela que me enviaron una carta diciendo que tal vez un policía vendría a mi casa a hacer una verificación de bienestar. Mi mamá me dejaba en la escuela, yo esperaba a que se fuera y luego volvía a casa caminando para acostarme en la cama. Hasta que empezó a esperar a que entrara y entonces tal vez iba a una clase y luego volvía a casa caminando. Mis dos mejores amigas empezaron a venir a mi ventana los días de escuela y tocaban para intentar que fuera a clase. Una de ellas, mi mejor amiga del mundo, tocaba mi ventana continuamente hasta que la dejaba entrar a mi casa. También tengo perros que ladran mucho, así que se volvían locos ladrando y tenía que dejarla entrar; ella literalmente no se iba ni dejaba de tocar hasta que la dejaba entrar. No importaba lo asquerosa y horriblemente desordenada que estuviera mi habitación (me refiero a que no se veía el suelo, obstáculos para la cama, basura, enormes montones de ropa, ropa amontonada en el suelo), ella se sentaba conmigo en mi colchón en el suelo. Ella se acostaba conmigo, me abrazaba, me hacía ver videos con ella en su teléfono. Faltaba a la escuela por mí. Finalmente, me convenció de salir de casa, ir con ella a tomar un café, a comer algo, a dar una vuelta en coche, a su casa, a aventurarnos juntas en el bosque. No puedo imaginar qué habría pasado sin ella. Nunca me hizo sentir como una víctima, siempre me dejó hablar de los detalles desagradables y me dejó ser yo misma, con mis defectos y mis debilidades, me hizo reír, me hizo sentir feliz cuando estaba tan deprimida, y ni siquiera sabía por qué. Es decir, seguía confundida, sin estar segura de si realmente había sido violada. Finalmente, mi escuela me dijo que tendría que repetir el último año. Nunca me preguntaron qué me pasaba, solo me dijeron que estaba suspendiendo mucho. En ese momento conocí a un chico nuevo que se convirtió en mi novio, terminó engañándome, así que no puedo hablar muy bien de él en esta historia, pero en ese momento, fue realmente útil y beneficioso, me enseñó qué es el sexo seguro de verdad y cómo se supone que debe ser y sentirse. Es comunicación, consentimiento, buenos sentimientos mutuos y amor. Quiero añadir que cuando tuve sexo con él por primera vez después de la violación, mis manos se bloquearon. Una consecuencia física del trauma, no podía abrir mis manos, tenía miedo y no de él, sino que mi cuerpo respondió a que ese acto íntimo sucediera de nuevo. Era su primera vez teniendo sexo y me gusta considerar que también fue mi primera vez real. No se "deslizó" en mi ano. Porque eso no sucede. Después de esto, me di cuenta de que había sido violada analmente. Siempre había buscado en Google, Instagram y donde fuera posible información sobre violación anal, y nunca la encontré. Quería confirmación y validación. Quería encontrar a alguien que hubiera vivido lo mismo que yo y aún no lo he encontrado (4 años después). Solo veía cosas sobre violaciones en cárceles masculinas. Estoy poniendo cara de que no era lo que buscaba. Unos días después, la hermana de una amiga empezó a salir con el hombre que me violó. Me escribió preguntándome por él. No le dije que me había violado, pero ojalá lo hubiera hecho. Más tarde, la vi en una fiesta, después de haber bebido un poco, me acerqué y le dije que tenía una pregunta muy personal que necesitaba hacerle. Dijo que sí, sin duda. Le pregunté si Nombre (el violador) había intentado tener sexo anal con ella. Giró la cabeza bruscamente y dijo: "¡Sí! Lo intentó durante el sexo y lo detuve, me enfadé muchísimo con él, estaba muy molesta". En ese momento todo cobró sentido para mí y le estaré eternamente agradecida por ella y su honestidad. Fue un punto de inflexión en mi sanación. Confirmó lo que me había estado preguntando durante años. Mi novio de entonces había ido a una escuela secundaria inclusiva, con educación personalizada y donde realmente se preocupaban por sus estudiantes. Se llamaba Nombre de la escuela . Me dijo que debería postularme, que trabajaban con recuperación de créditos y que pensaba que sería perfecto para ayudarme a graduarme. Tenía razón. Me postulé a Nombre de la escuela , me preguntaron por qué estaba reprobando la secundaria. Les dije que fui violada a los 16 y que dejé de ir a la escuela. Les dije que no quería repetir el último año. Les dije que nadie en mi otra escuela secundaria me preguntó qué estaba pasando en mi vida personal. La mujer que me atendió por teléfono dijo que podían ayudarme a graduarme a tiempo y que podían apoyarme. Mi mejor amiga, quien me ayudó durante este tiempo, también se transfirió a esta escuela. Las dos estábamos en una nueva escuela secundaria en nuestro último año. Nombre de la escuela cambió mi vida. Disfruté mucho volver a la escuela, me sentí apoyada y me trataron como a una persona inteligente, no como a una delincuente a la que no le importaba su futuro. Todos los profesores de ese edificio querían que tuviera éxito y lo sentía. Estaba en programas de recuperación de créditos, haciendo exámenes para demostrar que tenía los conocimientos necesarios para graduarme. Mi mejor amiga y yo terminamos la preparatoria antes de tiempo. Fue una gran sensación, aunque me gradué con un promedio de 2.3. Ahora estoy aquí sentada escribiendo esto en un colegio comunitario, a pocas semanas de cumplir 21 años, y finalmente he llegado al punto en que puedo pensar en la violación sin golpearme la cabeza hasta dejar de pensar en ello. Pienso en la violación y en mi violador todos los días de mi vida desde entonces. Siempre he querido compartir mi historia y ahora estoy buscando plataformas para hacerlo. Quiero que alguien más que haya sido violada analmente pueda leer mi historia, quiero que alguien pueda sentirse vista y escuchada como yo quería y necesitaba. Pero para cualquier sobreviviente de violación, quiero que sepas que, con el tiempo, podrás vivir con esta nueva normalidad. No diré "mejora" porque no estoy segura de que sea así; francamente, no creo que mejore, simplemente se convierte en algo a lo que te adaptas. He ido a terapia y ahora estoy en terapia de nuevo. Continúo esforzándome por sanar. Todavía pienso en ello todos los días, pero finalmente reacciono menos. Todavía me estremezco y me enojo cada vez que veo su nombre en alguna parte. Nunca volveré a estar con alguien llamado Nombre . Me estremezco cuando veo a alguien que se parece a él de alguna manera. Tengo miedo a los hombres. No me gusta tener citas, no me gusta estar demasiado cerca de un hombre, no quiero estar a solas en una habitación con un hombre, me enojo o me siento incómoda cuando un hombre desconocido en la calle me mira demasiado tiempo, si me halaga, si intenta tener una conversación o si coquetea. Tengo problemas de apego y abandono. No sé si esto mejorará alguna vez, pero es parte de mi nueva normalidad. La persona que era antes de la violación ya no soy yo. He aceptado que soy una persona nueva y que tengo que volver a conocerme. Perdí muchos amigos durante mi aislamiento, me cuesta mantener un trabajo y me cuesta mucho sacar buenas notas en la escuela, aunque de verdad quiero tener éxito. La depresión me abruma casi todos los días. Quiero que Nombre esté en la cárcel. Quiero que lo etiqueten como el violador que es, quiero que sufra de verdad. Quiero que nunca pueda conseguir un trabajo. Lo odio y odio que viva libre y que posiblemente disfrute de su vida. Odio que probablemente siga encontrando nuevas víctimas. Lo denuncié a la policía, pero no sirvió de nada. También lo denuncié al Departamento de Servicios Humanos por abuso en mi estado, y tampoco sirvió de nada. Pero hice mi parte, solo puedo esperar que alguien más lo denuncie como yo y que vean una alerta en su sistema de que ya ha hecho esto antes. Todavía lo veo en aplicaciones de citas, ahora usa su segundo nombre y es bisexual. Siento que me usó como sujeto de prueba. Cuando era más joven, lo acosaba en línea desde cuentas falsas en Instagram. Le dije que era gay y que debería ser un hombre de verdad y encontrar a un chico con quien acostarse en lugar de torturar a chicas inocentes. Le dije que conocía a todas las personas que había violado, aunque no era cierto. Le dije que el karma lo alcanzaría y que alguien lo atraparía tarde o temprano. Le dije que era una persona terrible, pero nunca admitió lo que hizo ni lo reconoció. Me gustaría pensar que puedo seguir adelante con mi vida, pero esta es mi historia. Es parte de mí ahora, es la razón por la que actúo como lo hago y es una explicación para la mayoría de las cosas en mi vida. Hace poco me mudé sola y conseguí mi propio apartamento. Pensé que simplemente no me gustaba tener gente en la casa de mi infancia porque fue la casa donde fui violada. Mi familia se mudó de esa casa y se mudó de estado. Y ahora, en mi nueva casa, mi propio espacio personal, sigo sin poder invitar a nadie. Me cuesta incluso tener a mis amigas, a mi vecina o a mi mejor amiga. No permito visitas y nunca invito a una cita. Es un gran paso para mí tener a alguien en mi casa, y es culpa suya. Solo me di cuenta de esto este año. Tengo miedo de que alguien más vuelva a reclamar mi espacio. Vaya, qué bien se sintió desahogarme. Es difícil hablar y compartir mi historia cuando no tengo la justicia que deseo. Es difícil aprender sobre el sistema judicial cuando se supone que te protege y no lo hace. Es difícil pensar que tantas personas son violadas con tanta frecuencia. Estoy enfadada y quiero un cambio. No sé muy bien qué tipo de cambio, pero algo. Ojalá no tuviera que vivir con tanta rabia y miedo, pero eso también forma parte de mi nueva normalidad. Estoy inquieta, no puedo evitar mirar a mi alrededor con frecuencia cuando estoy en público y me preocupo por cosas insignificantes. Pero me estoy adaptando y tú también lo harás. Te mando un abrazo.

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    De un sobreviviente
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    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Sobreviviente y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me sujetaba. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23 o 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, también estaba violando a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras otros eran violados. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba bruscamente con un trapo rojo de taller que usaba para limpiar el garaje. Así podía conservar el trapo para olerlo y tenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convertía en el monstruo, nadie hacía nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los momentos de amabilidad para facilitar sus ataques. Te hacía sentir una falsa sensación de seguridad y paz que te hacía dudar de tu intuición y tus instintos de que era un hombre malo. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecía, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas, cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo provocar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que sufrí fue cuando tenía 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más los abusos de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero aún no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía Dios lo perdonaría, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo oí manipular a otro miembro de la familia para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. A los hombres de nuestra familia también los manipulaban para que fueran abusadores. A mí también me manipularon. Para ser siempre la víctima. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les sucede a las personas que se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, durante mi infancia tuve una ansiedad terrible por el miedo a ser agredida sexualmente y me esforcé mucho por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba lo que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente me llevará más, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y antes de eso sufría de vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abría hogares en todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que estaba salvando a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños en los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años y mi padre viajaba por todo el país recaudando dinero y predicando la línea del partido: los hombres eran como dioses y las mujeres eran peores que la tierra; su único valor era ser vírgenes y luego, una vez casadas, ser fábricas de bebés. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron su versión de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los eventos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callada. Durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba a diario para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" era un pecado generacional que afectaba a cuatro generaciones. La presión por guardar silencio y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que hubiera preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar todo el trauma que descubrí que mi padre había fingido su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví durante mi infancia. Pero déjenme decirles que saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, me impulsó a denunciarlo. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Más difícil, incluso, que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo-conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para que se presentaran demandas penales y civiles contra mis agresores, pero la prescripción en Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a participar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre la intersección entre trauma, fe y defensa de los derechos. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y abogar por la Ley Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio permitió que personas como mis padres continuaran con el maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurar que la justicia no se vea limitada por los acuerdos de confidencialidad y la prescripción de los delitos. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, público interesado en crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en guiar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente deseo para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

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  • Mensaje de la Comunidad
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    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Marchando a través de la locura

    Esta historia no es fácil de leer, pero es más difícil de vivir. Soy una sobreviviente de abuso narcisista, agresión sexual y un fracaso sistémico. Comparto esto no por lástima, sino por la verdad. Por cada mujer que ha sido silenciada, rechazada o retraumatizada por los mismos sistemas que se supone que deberían protegerla. Escribo esto para recuperar mi voz y ayudar a otros a encontrar la suya. Me llevó hasta los cincuenta años darme cuenta de mi valor. Pasé décadas cargando con el peso de una infancia que me despojó de confianza y autoestima. Eso estuvo fuertemente influenciado por un dictador nefasto que se hacía llamar papá. El abuso físico fue bastante malo, pero él se encargó de que sus hijos llegaran a la edad adulta sin conocer nuestro propio valor y sin autoestima alguna. Aun así, logré casarme, criar hijos y tener buenos trabajos. Soy inteligente, me desenvuelvo bien. Pero hasta hace poco, nadie sabía lo poco que pensaba en mí misma, ni siquiera yo misma. Entonces llegó el hombre que casi me destruiría. Era más joven, persistente, y ahora lo entiendo: me estaba condicionando para el abuso narcisista. Lo que siguió fueron tres años de trauma diario. Lloraba a mares todos los días. Eso son más de 1095 días de devastación emocional. Al final, mi energía, mi vivacidad y mi tenacidad apenas aguantaban. Hizo las cosas más atroces. Mató a mi gato. Amenazó mi vida y la de mis hijos. Me mantuvo atada al miedo. Destruyó todo lo que tenía, incluyendo mi Tahoe 2009, que usaba para trabajar y cuidar a mis hijos. Lo hizo estallar poco después de enviarme a la UCI, luchando por mi vida. Me negué a darle el nombre del hospital o mis médicos. Estuve allí durante 18 días. Estaba al límite todos los días. Un capellán me visitaba a diario. Como era una muy Feliz Navidad por la COVID, a mis hijos adolescentes no se les permitió despedirse. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue una bendición: nadie habló de muerte en la vida de mis hijos. Dios es bueno. La infección que casi me mata y casi me cuesta la pierna derecha fue consecuencia de una agresión sexual. Regresé a casa con una vía central de inserción periférica (PICC), recibiendo antibióticos diarios durante seis semanas. Mis hijos me los administraron. Tuve cuatro cirugías en tres meses y una transfusión de sangre. Dos días después de llegar a casa, mi camioneta explotó. Era uno de esos autos que se ven en la autopista envueltos en llamas. Después de salir del hospital y ver mi camioneta explotar, supe que tenía que luchar por justicia. Tenía pruebas: historiales médicos, fotos, testigos. Me habían asfixiado, apuñalado, agredido y recibido amenazas de muerte por escrito y en video. Esperé un año para presentar la demanda porque estaba destrozada física y mentalmente. No me quedaba nada. Pero cuando finalmente lo hice, pensé que alguien me ayudaría. Pensé que el sistema me protegería. No fue así. El fiscal del distrito nunca me contactó. Ni una sola vez. Tuve que depender de las alertas de VINE solo para saber cuándo estaba en el tribunal. Nadie me dijo nada. Un juez denegó mi orden de protección y lo llamó "cariño" y "bebé" en el tribunal. Contaba con un equipo legal sólido de una organización sin fines de lucro, e incluso ellos se quedaron impactados. Querían trasladar el caso a otro condado, pero yo tenía miedo. No quería provocar al oso. Él seguía acosándome. Seguía observándome. Fui revictimizada por las mismas personas que se suponía que debían ayudarme. La policía ignoró mis denuncias. Los defensores se burlaron de mí. Uno incluso se burló de mí por preguntar por una cena de Navidad después de que me sacaran todos los dientes por el daño que él causó. Tenía un hijo menor en casa y sin comida. Y se rieron. La Oficina de Compensación a las Víctimas de la Fiscalía General me ayudó con la factura del hospital por la extracción de mis dientes, pero no con el reemplazo. No me reubicaron porque no vivíamos juntos, aunque él me veía casi a diario. Tenían ayuda, pero no para mí. Lo condenaron a seis días en la cárcel del condado. Eso es todo. Sin restitución. Sin rendición de cuentas. Todavía sabe dónde estoy. Todavía me acecha en redes sociales para recordarme que algún día cumplirá su amenaza de perseguirme cuando menos lo espere. No sé dónde está. Y vivo con ese miedo a diario. Después de que el sistema judicial me fallara, no tuve adónde recurrir más que a mi interior. Pasé por tres centros de mujeres diferentes y agoté al máximo cada programa de terapia que ofrecían. Asistí a cada sesión, fui por mí y por mis dos hijos, quienes habían presenciado todo el drama, incluso cuando apenas podía hablar por el dolor. No solo estaba sanando de un trauma físico. Estaba sanando de haber sido ignorada, rechazada y revictimizada por las mismas instituciones que se suponía que debían protegerme. Y cuando la terapia se acabó, no paré. Encontré capacitación gratuita en emprendimiento a través de Memorial Assistance Ministries y me dediqué por completo, no porque tuviera un plan de negocios, sino porque necesitaba algo que me recordara que aún valía. Me inscribí en el programa Navigator y, con solo asistir a una reunión de retroalimentación en United Way, pude acceder a formación en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Obtuve certificados de la Universidad de Maryland, la Universidad de Valencia e incluso Harvard. Obtuve mi certificación en diseño gráfico y la usé para crear productos de empoderamiento, diarios y piezas de narrativa visual que hablaban del dolor que no siempre podía expresar en voz alta. Obtuve 17 certificados a través del Texas Advocacy Project, convirtiéndome en una defensora con experiencia vivida e informada sobre el trauma. Hice todo esto mientras aún sanaba, seguía creciendo y me acercaba a mi 60.º cumpleaños. Ahora aquí estoy, todavía sin poder encontrar trabajo. Tengo todo este conocimiento, toda esta formación, y ningún lugar donde aplicarlo. Sigo en pie. Sigo creando. Sigo intentándolo. Pero el silencio del mundo que me rodea es ensordecedor. No solo sobreviví, me transformé. Y, sin embargo, sigo esperando que se abra una puerta. Voy a seguir escribiendo. Seguir luchando. Seguir cuidando de mi salud, incluso cuando el sistema a mi alrededor me hace sentir que sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Aún no he podido resolver los problemas dentales, y eso por sí solo ha afectado mi confianza, mi comodidad y mi capacidad para integrarme plenamente en el mundo. Es muy posible que me enfrente a una crisis de vivienda en los próximos meses. Vivir con una discapacidad no es sostenible, y las cuentas no cuadran por mucho que intente estirarlas. Pero no me rendiré. He llegado demasiado lejos, he aprendido demasiado y he construido demasiados puentes como para detenerme ahora. Busco un milagro, no porque sea impotente, sino porque he hecho todo lo posible por mi cuenta. Estoy lista para que se abra una puerta. Lista para que alguien vea el valor de lo que he construido, de lo que sé, de quién soy. No pido caridad. Pido una oportunidad para convertir toda esta experiencia vivida en un impacto. En un legado. En algo que finalmente se sienta como justicia.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Marchando a través de la locura

    Esta historia no es fácil de leer, pero es más difícil de vivir. Soy una sobreviviente de abuso narcisista, agresión sexual y un fracaso sistémico. Comparto esto no por lástima, sino por la verdad. Por cada mujer que ha sido silenciada, rechazada o retraumatizada por los mismos sistemas que se supone que deberían protegerla. Escribo esto para recuperar mi voz y ayudar a otros a encontrar la suya. Me llevó hasta los cincuenta años darme cuenta de mi valor. Pasé décadas cargando con el peso de una infancia que me despojó de confianza y autoestima. Eso estuvo fuertemente influenciado por un dictador nefasto que se hacía llamar papá. El abuso físico fue bastante malo, pero él se encargó de que sus hijos llegaran a la edad adulta sin conocer nuestro propio valor y sin autoestima alguna. Aun así, logré casarme, criar hijos y tener buenos trabajos. Soy inteligente, me desenvuelvo bien. Pero hasta hace poco, nadie sabía lo poco que pensaba en mí misma, ni siquiera yo misma. Entonces llegó el hombre que casi me destruiría. Era más joven, persistente, y ahora lo entiendo: me estaba condicionando para el abuso narcisista. Lo que siguió fueron tres años de trauma diario. Lloraba a mares todos los días. Eso son más de 1095 días de devastación emocional. Al final, mi energía, mi vivacidad y mi tenacidad apenas aguantaban. Hizo las cosas más atroces. Mató a mi gato. Amenazó mi vida y la de mis hijos. Me mantuvo atada al miedo. Destruyó todo lo que tenía, incluyendo mi Tahoe 2009, que usaba para trabajar y cuidar a mis hijos. Lo hizo estallar poco después de enviarme a la UCI, luchando por mi vida. Me negué a darle el nombre del hospital o mis médicos. Estuve allí durante 18 días. Estaba al límite todos los días. Un capellán me visitaba a diario. Como era una muy Feliz Navidad por la COVID, a mis hijos adolescentes no se les permitió despedirse. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue una bendición: nadie habló de muerte en la vida de mis hijos. Dios es bueno. La infección que casi me mata y casi me cuesta la pierna derecha fue consecuencia de una agresión sexual. Regresé a casa con una vía central de inserción periférica (PICC), recibiendo antibióticos diarios durante seis semanas. Mis hijos me los administraron. Tuve cuatro cirugías en tres meses y una transfusión de sangre. Dos días después de llegar a casa, mi camioneta explotó. Era uno de esos autos que se ven en la autopista envueltos en llamas. Después de salir del hospital y ver mi camioneta explotar, supe que tenía que luchar por justicia. Tenía pruebas: historiales médicos, fotos, testigos. Me habían asfixiado, apuñalado, agredido y recibido amenazas de muerte por escrito y en video. Esperé un año para presentar la demanda porque estaba destrozada física y mentalmente. No me quedaba nada. Pero cuando finalmente lo hice, pensé que alguien me ayudaría. Pensé que el sistema me protegería. No fue así. El fiscal del distrito nunca me contactó. Ni una sola vez. Tuve que depender de las alertas de VINE solo para saber cuándo estaba en el tribunal. Nadie me dijo nada. Un juez denegó mi orden de protección y lo llamó "cariño" y "bebé" en el tribunal. Contaba con un equipo legal sólido de una organización sin fines de lucro, e incluso ellos se quedaron impactados. Querían trasladar el caso a otro condado, pero yo tenía miedo. No quería provocar al oso. Él seguía acosándome. Seguía observándome. Fui revictimizada por las mismas personas que se suponía que debían ayudarme. La policía ignoró mis denuncias. Los defensores se burlaron de mí. Uno incluso se burló de mí por preguntar por una cena de Navidad después de que me sacaran todos los dientes por el daño que él causó. Tenía un hijo menor en casa y sin comida. Y se rieron. La Oficina de Compensación a las Víctimas de la Fiscalía General me ayudó con la factura del hospital por la extracción de mis dientes, pero no con el reemplazo. No me reubicaron porque no vivíamos juntos, aunque él me veía casi a diario. Tenían ayuda, pero no para mí. Lo condenaron a seis días en la cárcel del condado. Eso es todo. Sin restitución. Sin rendición de cuentas. Todavía sabe dónde estoy. Todavía me acecha en redes sociales para recordarme que algún día cumplirá su amenaza de perseguirme cuando menos lo espere. No sé dónde está. Y vivo con ese miedo a diario. Después de que el sistema judicial me fallara, no tuve adónde recurrir más que a mi interior. Pasé por tres centros de mujeres diferentes y agoté al máximo cada programa de terapia que ofrecían. Asistí a cada sesión, fui por mí y por mis dos hijos, quienes habían presenciado todo el drama, incluso cuando apenas podía hablar por el dolor. No solo estaba sanando de un trauma físico. Estaba sanando de haber sido ignorada, rechazada y revictimizada por las mismas instituciones que se suponía que debían protegerme. Y cuando la terapia se acabó, no paré. Encontré capacitación gratuita en emprendimiento a través de Memorial Assistance Ministries y me dediqué por completo, no porque tuviera un plan de negocios, sino porque necesitaba algo que me recordara que aún valía. Me inscribí en el programa Navigator y, con solo asistir a una reunión de retroalimentación en United Way, pude acceder a formación en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Obtuve certificados de la Universidad de Maryland, la Universidad de Valencia e incluso Harvard. Obtuve mi certificación en diseño gráfico y la usé para crear productos de empoderamiento, diarios y piezas de narrativa visual que hablaban del dolor que no siempre podía expresar en voz alta. Obtuve 17 certificados a través del Texas Advocacy Project, convirtiéndome en una defensora con experiencia vivida e informada sobre el trauma. Hice todo esto mientras aún sanaba, seguía creciendo y me acercaba a mi 60.º cumpleaños. Ahora aquí estoy, todavía sin poder encontrar trabajo. Tengo todo este conocimiento, toda esta formación, y ningún lugar donde aplicarlo. Sigo en pie. Sigo creando. Sigo intentándolo. Pero el silencio del mundo que me rodea es ensordecedor. No solo sobreviví, me transformé. Y, sin embargo, sigo esperando que se abra una puerta. Voy a seguir escribiendo. Seguir luchando. Seguir cuidando de mi salud, incluso cuando el sistema a mi alrededor me hace sentir que sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Aún no he podido resolver los problemas dentales, y eso por sí solo ha afectado mi confianza, mi comodidad y mi capacidad para integrarme plenamente en el mundo. Es muy posible que me enfrente a una crisis de vivienda en los próximos meses. Vivir con una discapacidad no es sostenible, y las cuentas no cuadran por mucho que intente estirarlas. Pero no me rendiré. He llegado demasiado lejos, he aprendido demasiado y he construido demasiados puentes como para detenerme ahora. Busco un milagro, no porque sea impotente, sino porque he hecho todo lo posible por mi cuenta. Estoy lista para que se abra una puerta. Lista para que alguien vea el valor de lo que he construido, de lo que sé, de quién soy. No pido caridad. Pido una oportunidad para convertir toda esta experiencia vivida en un impacto. En un legado. En algo que finalmente se sienta como justicia.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Sobreviviente y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me sujetaba. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23 o 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, también estaba violando a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras otros eran violados. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba bruscamente con un trapo rojo de taller que usaba para limpiar el garaje. Así podía conservar el trapo para olerlo y tenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convertía en el monstruo, nadie hacía nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los momentos de amabilidad para facilitar sus ataques. Te hacía sentir una falsa sensación de seguridad y paz que te hacía dudar de tu intuición y tus instintos de que era un hombre malo. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecía, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas, cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo provocar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que sufrí fue cuando tenía 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más los abusos de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero aún no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía Dios lo perdonaría, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo oí manipular a otro miembro de la familia para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. A los hombres de nuestra familia también los manipulaban para que fueran abusadores. A mí también me manipularon. Para ser siempre la víctima. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les sucede a las personas que se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, durante mi infancia tuve una ansiedad terrible por el miedo a ser agredida sexualmente y me esforcé mucho por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba lo que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente me llevará más, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y antes de eso sufría de vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abría hogares en todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que estaba salvando a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños en los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años y mi padre viajaba por todo el país recaudando dinero y predicando la línea del partido: los hombres eran como dioses y las mujeres eran peores que la tierra; su único valor era ser vírgenes y luego, una vez casadas, ser fábricas de bebés. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron su versión de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los eventos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callada. Durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba a diario para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" era un pecado generacional que afectaba a cuatro generaciones. La presión por guardar silencio y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que hubiera preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar todo el trauma que descubrí que mi padre había fingido su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví durante mi infancia. Pero déjenme decirles que saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, me impulsó a denunciarlo. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Más difícil, incluso, que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo-conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para que se presentaran demandas penales y civiles contra mis agresores, pero la prescripción en Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a participar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre la intersección entre trauma, fe y defensa de los derechos. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y abogar por la Ley Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio permitió que personas como mis padres continuaran con el maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurar que la justicia no se vea limitada por los acuerdos de confidencialidad y la prescripción de los delitos. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, público interesado en crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en guiar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente deseo para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Carta a mi violador

    Esto no es realmente una historia, pero le escribí una carta a mi violador que jamás enviaré. No quiero guardármela, no estar sola con ella. Quiero que alguien me escuche, aunque no sea él quien me escuche. No sé cómo puedo extrañarte y odiarte tanto, y aun así sentirte tanto amor por ti. Hiciste lo peor que una mejor amiga podría hacer. Usaste la confianza que tenía en ti para beneficiarte e ignoraste mis sentimientos en el camino. Te amo tanto y no puedo demostrártelo, porque no mereces mi amor. Dijiste que te importaba, ¿por qué no paraste cuando dije que no? ¿Cómo pensaste que solo estaba jugando cuando te alejé, seguí diciendo que no y "no puedo"? No entiendo cómo interpretaste ese papel tan bien, todos cayeron en la trampa. Tus acciones nunca coincidieron con tus palabras. Cuando te dije que me habían violado y que no quería acostarme contigo, dijiste que estaba bien, que esperarías. Lo siguiente que recuerdo es que entraste al baño y me preguntaste si quería follar. Dijiste que nunca quisiste hacerme sentir incómodo, pero cuando claramente lo estaba, te importó un carajo. Literalmente dijiste: "Sé que no puedes, pero seguiré intentándolo hasta que digas que sí". ¡Qué demonios! Confié en ti. Te creí cuando me dijiste que sabías lo que sentía. Debe ser verdad, ¿verdad? Estabas tan seguro de mis sentimientos que empecé a creer que eran reales. Cuando me di cuenta de que tal vez no tenía esos sentimientos y te lo dije, me preguntaste cómo pude hacer algo así. Romperte el corazón, mentirte en la cara, que soy un psicópata por jugar así con tus sentimientos. Y una vez más me convenciste de lo que querías. No quería perderte, así que pensé que si esto es lo que se necesita para mantenerte en mi vida, lo intentaré. Pero seguiste insistiendo. Me violaste. Sé que no lo ves así. Te seguí la corriente. Te hice creer que lo disfrutaba, pero todo en lo que podía pensar era, por favor, córrete. En el fondo sabía que no quería esto, pero te hacía feliz, así que seguí el juego. Ignoraste todas las señales que te di de que me sentía incómoda. Nunca te besé primero, nunca inicié nada, siempre dije que no podía y que no. Lo ignoraste a propósito. No eres tan tonta. No puedes decir que eres una buena persona. Crees que lo eres, pero definitivamente no lo eres. No sé cómo una persona puede ser tan ciega a quién es realmente. ¿Quizás no? Tal vez sabías exactamente lo que hacías. Me gusta pensar que tu verdadero yo era la persona a la que confiaba mi vida, la persona a la que recurría cuando necesitaba consuelo, eras mi lugar seguro. Pero sé que ese no eres tú. Eres la persona que me manipuló para tener una "relación" contigo. Eres la persona que me violó, me siguió y me hizo tener ataques de pánico. Incluso cuando intentaba esconderme de ti, encontraste la manera de llegar a mí y hacerme sentir fatal. ¿Mereces una explicación de por qué dejé de hablarte? Eso es lo que repetías sin parar. Intenté darte una, te echaste a reír. En ese momento vi tu verdadero yo. El tú manipulador. El tú que no quiere oír nada excepto lo que cree que es verdad. En realidad no quieres una explicación, quieres tener la oportunidad de manipularme de nuevo. Eres la víctima de tu propia historia. Te rompí el corazón. Herí tus sentimientos. Pero sabes qué, me quitaste algo que nunca recuperaré. Me hiciste sentir fatal. Como si estuviera equivocada al no querer acostarme contigo. Me hiciste dudar de mí misma. Cada vez que me violabas, te llevabas un pedazo de mi corazón y no sé si alguna vez lo recuperaré. Te lo conté todo, a veces sentía que me conocías mejor que yo misma. Me hiciste sentir emocionada por mi futuro. Me diste tanta esperanza de poder elegir mi propio camino. Te amaba. Me encantaba cómo me hacías sentir. Segura. Vista. Llena de potencial. Feliz. Ahora te miro y se me encoge el pecho, el corazón me late más rápido, quiero correr, alejarme de donde sea que estés. Me hiciste sentir miedo al verte. Miedo. Y tú lo sabías, sabías que no quería verte, y aun así venías a verme siempre que podía. Cada vez que te veía, sentía todo el amor que aún sentía por ti. Me dolía tanto que pudiera amar tanto a una persona y temerle al mismo tiempo. Mi mente no podía comprender lo que hiciste. Fue tan inusual. Cuanto más lo pensaba, más me convencía. Me diste pistas sobre quién eres realmente y simplemente las ignoré, pensando que no eran tan importantes. Gracias por enseñarme a no volver a pasarlas por alto ni a caer en eso. Siempre me dijeron que ya era muy mayor para mi edad. Nunca quise serlo, simplemente tenía que hacerlo. De pequeña, yo era la única persona en la que podía confiar. Aprendí a lidiar con las cosas yo sola. Pero esto no me hizo más fuerte ni más sabia. Destrozó mi mundo. Tengo que aprender a confiar en la gente de nuevo. Siempre ha sido un gran problema, pero lo controlé. Ahora me aíslo. Tengo tanta ansiedad que no puedo con ella. Tú me la diste. Espero estar bien algún día, sé que tengo que esforzarme. Sé que estarás bien en una semana. Le dirás a la gente que soy una loca que te rompió el corazón y que no hiciste nada malo. Eso fue lo que pasó con M. Sabes que ni siquiera me preguntó qué había pasado ni si estaba bien. Solo me dijo que era mi trabajo ir a ver cómo estabas, porque te rompí el corazón. Sabía que era tu mejor amigo, pero pensaba que yo también era su amiga. Probablemente te sentiste bien por el hecho de que me lastimara tanto con ese mensaje de Facebook. Y cuánto me lastimó, no puedo expresar con palabras la traición que sentí. Sé que no tiene nada que ver contigo, pero necesitaba decírtelo. Ojalá pudiera hablar contigo, ojalá pudiera abrazarte, ojalá fueras la persona que yo creía que eras. Sé que no es posible y está bien. Lloraré y te extrañaré. No sé si eso acabará alguna vez, espero que sí. Solo quiero que vuelvas, es como si hubieras muerto. Moriste. La versión de ti que tenía en mi cabeza, mi lugar seguro, mi mejor amiga, está muerta. Y no sé cómo llorar a una persona que sigue viva. Sigues aquí y sé que podría llamarte o enviarte un mensaje, pero esa no es la persona con la que quiero hablar. Quiero volver atrás en el tiempo y quiero que aceptes mi no. ¿Por qué no aceptaste mi no? Odio que todavía te quiera tanto. Te quiero tanto. Puedo lidiar con la violación, soy lo suficientemente fuerte como para no dejar que eso afecte mi valor. Lo que no puedo aceptar es que fuiste tú quien me violó. Tú. ¿Por qué tuviste que ser tú?

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    Contar eso sin derrumbarme

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Violación anal

    De alguna manera terminé en Tinder a los 16 años. Lo sé, no fue muy inteligente de mi parte, pero todos mis amigos lo usaban en ese momento y no lo pensé. Conocí a alguien que me dijo que también era menor de edad, que tenía 17 años. Parecía perfecto. Tuvimos una cita en un campo de calabazas, comimos sushi en un restaurante y después vino a mi casa a tallar calabazas. Todo iba tan bien. Estábamos viendo una película y me pidió que fuéramos a mi habitación. Honestamente, no quería, pero acepté y fuimos a mi habitación. Su actitud cambió de inmediato, de repente se volvió arrogante y dominante. Tuvimos sexo, a lo que accedí aunque me sentí presionada. De repente, metió su pene en mi ano, lo sacó después de un par de veces y lo volvió a meter en mi vagina. Estaba en shock, estaba confundida. ¿Acababa de pasar eso? ¿Es normal? Estoy tan agradecida por los instintos de supervivencia humanos porque en su mayoría me desconecté. Pero recuerdo que dijo: "Al menos podrías fingir que lo disfrutas". Aun así, no reaccioné. Cuando terminó, se levantó y fue a buscar una toalla. Le pedí que encendiera la luz y me dijo: "¿Estás segura? Quizás no quieras ver la cama, va a ser muy explícito". No entendí y de todas formas quería la luz encendida. Mi edredón blanco estaba cubierto de sangre y tenía manchas de heces. "Wow", me sentí avergonzada. Dijo que era normal. Regresamos a la sala y unos minutos después se fue. Luego, tiré mi edredón y fui a casa de mi mejor amiga. Tenía a su amiga mayor de visita. Les conté lo que había pasado y se quedaron impactadas. Ambas chicas tenían experiencia sexual y me dijeron que eso no es normal. No se tiene sexo anal por accidente. No se tiene sexo anal sin hablarlo primero. No se "desliza" dentro del ano de alguien, que es la excusa que había pensado para él, "¿quizás se resbaló?". Me aseguraron que no fue un accidente. Le dije a la chica mayor su nombre, Nombre , resulta que ella lo conoce y él no tiene 17 años. Él le dijo que tenía 20. Cuando fue a su casa antes, fue muy insistente para tener sexo y su perro lo odió, así que ella lo echó. Mi perro también lo odió. Después, me comuniqué con él, no respondía a mis mensajes, luego dijo que lo sentía pero que no buscaba nada en cuanto a una relación, que no quería volver a verme. En este punto comenzó a quedar más claro "Puede que haya sido violada". Pasé unos 2 años yendo y viniendo entre si eso realmente sucedió, si fue violación, si fue mi culpa, si lo pedí. Unos días después de la violación mi vagina se hinchó. Lo sé, lamento el detalle, pero es crucial para la historia. Fui al centro de salud estudiantil con el que trabajaba mi escuela porque no quería que mis padres supieran que había tenido sexo. Me hicieron una prueba y tenía vaginosis bacteriana. La enfermera dijo que tenía "bacterias que parecían una flor floreciendo dentro de mí", esto se debía a que había pasado de mi ano a mi vagina varias veces y yo estaba sangrando. Por suerte, se solucionó fácilmente con antibióticos. Otra cosa que confirmó que algo grave había sucedido fue que pasé dos años de mi vida, los dos últimos de la secundaria, en cama y no recuerdo bien mi época escolar. Dormía, me pudría, quité el armazón de mi cama de mi habitación en una crisis nerviosa, cambié la cama de posición en mi habitación y cambié de colchón. Nada me ayudaba. Finalmente, me cambié de habitación. Empecé a sentir resentimiento hacia mi propia casa. No me sentía segura. Empecé a ser grosera con mis padres, era mala cuando no me dejaban salir y estaba irritable en cualquier momento. Me saltaba la cena y evitaba el tiempo en familia. Además, dejé de ir a la escuela. Falté tantos días a la escuela que me enviaron una carta diciendo que tal vez un policía vendría a mi casa a hacer una verificación de bienestar. Mi mamá me dejaba en la escuela, yo esperaba a que se fuera y luego volvía a casa caminando para acostarme en la cama. Hasta que empezó a esperar a que entrara y entonces tal vez iba a una clase y luego volvía a casa caminando. Mis dos mejores amigas empezaron a venir a mi ventana los días de escuela y tocaban para intentar que fuera a clase. Una de ellas, mi mejor amiga del mundo, tocaba mi ventana continuamente hasta que la dejaba entrar a mi casa. También tengo perros que ladran mucho, así que se volvían locos ladrando y tenía que dejarla entrar; ella literalmente no se iba ni dejaba de tocar hasta que la dejaba entrar. No importaba lo asquerosa y horriblemente desordenada que estuviera mi habitación (me refiero a que no se veía el suelo, obstáculos para la cama, basura, enormes montones de ropa, ropa amontonada en el suelo), ella se sentaba conmigo en mi colchón en el suelo. Ella se acostaba conmigo, me abrazaba, me hacía ver videos con ella en su teléfono. Faltaba a la escuela por mí. Finalmente, me convenció de salir de casa, ir con ella a tomar un café, a comer algo, a dar una vuelta en coche, a su casa, a aventurarnos juntas en el bosque. No puedo imaginar qué habría pasado sin ella. Nunca me hizo sentir como una víctima, siempre me dejó hablar de los detalles desagradables y me dejó ser yo misma, con mis defectos y mis debilidades, me hizo reír, me hizo sentir feliz cuando estaba tan deprimida, y ni siquiera sabía por qué. Es decir, seguía confundida, sin estar segura de si realmente había sido violada. Finalmente, mi escuela me dijo que tendría que repetir el último año. Nunca me preguntaron qué me pasaba, solo me dijeron que estaba suspendiendo mucho. En ese momento conocí a un chico nuevo que se convirtió en mi novio, terminó engañándome, así que no puedo hablar muy bien de él en esta historia, pero en ese momento, fue realmente útil y beneficioso, me enseñó qué es el sexo seguro de verdad y cómo se supone que debe ser y sentirse. Es comunicación, consentimiento, buenos sentimientos mutuos y amor. Quiero añadir que cuando tuve sexo con él por primera vez después de la violación, mis manos se bloquearon. Una consecuencia física del trauma, no podía abrir mis manos, tenía miedo y no de él, sino que mi cuerpo respondió a que ese acto íntimo sucediera de nuevo. Era su primera vez teniendo sexo y me gusta considerar que también fue mi primera vez real. No se "deslizó" en mi ano. Porque eso no sucede. Después de esto, me di cuenta de que había sido violada analmente. Siempre había buscado en Google, Instagram y donde fuera posible información sobre violación anal, y nunca la encontré. Quería confirmación y validación. Quería encontrar a alguien que hubiera vivido lo mismo que yo y aún no lo he encontrado (4 años después). Solo veía cosas sobre violaciones en cárceles masculinas. Estoy poniendo cara de que no era lo que buscaba. Unos días después, la hermana de una amiga empezó a salir con el hombre que me violó. Me escribió preguntándome por él. No le dije que me había violado, pero ojalá lo hubiera hecho. Más tarde, la vi en una fiesta, después de haber bebido un poco, me acerqué y le dije que tenía una pregunta muy personal que necesitaba hacerle. Dijo que sí, sin duda. Le pregunté si Nombre (el violador) había intentado tener sexo anal con ella. Giró la cabeza bruscamente y dijo: "¡Sí! Lo intentó durante el sexo y lo detuve, me enfadé muchísimo con él, estaba muy molesta". En ese momento todo cobró sentido para mí y le estaré eternamente agradecida por ella y su honestidad. Fue un punto de inflexión en mi sanación. Confirmó lo que me había estado preguntando durante años. Mi novio de entonces había ido a una escuela secundaria inclusiva, con educación personalizada y donde realmente se preocupaban por sus estudiantes. Se llamaba Nombre de la escuela . Me dijo que debería postularme, que trabajaban con recuperación de créditos y que pensaba que sería perfecto para ayudarme a graduarme. Tenía razón. Me postulé a Nombre de la escuela , me preguntaron por qué estaba reprobando la secundaria. Les dije que fui violada a los 16 y que dejé de ir a la escuela. Les dije que no quería repetir el último año. Les dije que nadie en mi otra escuela secundaria me preguntó qué estaba pasando en mi vida personal. La mujer que me atendió por teléfono dijo que podían ayudarme a graduarme a tiempo y que podían apoyarme. Mi mejor amiga, quien me ayudó durante este tiempo, también se transfirió a esta escuela. Las dos estábamos en una nueva escuela secundaria en nuestro último año. Nombre de la escuela cambió mi vida. Disfruté mucho volver a la escuela, me sentí apoyada y me trataron como a una persona inteligente, no como a una delincuente a la que no le importaba su futuro. Todos los profesores de ese edificio querían que tuviera éxito y lo sentía. Estaba en programas de recuperación de créditos, haciendo exámenes para demostrar que tenía los conocimientos necesarios para graduarme. Mi mejor amiga y yo terminamos la preparatoria antes de tiempo. Fue una gran sensación, aunque me gradué con un promedio de 2.3. Ahora estoy aquí sentada escribiendo esto en un colegio comunitario, a pocas semanas de cumplir 21 años, y finalmente he llegado al punto en que puedo pensar en la violación sin golpearme la cabeza hasta dejar de pensar en ello. Pienso en la violación y en mi violador todos los días de mi vida desde entonces. Siempre he querido compartir mi historia y ahora estoy buscando plataformas para hacerlo. Quiero que alguien más que haya sido violada analmente pueda leer mi historia, quiero que alguien pueda sentirse vista y escuchada como yo quería y necesitaba. Pero para cualquier sobreviviente de violación, quiero que sepas que, con el tiempo, podrás vivir con esta nueva normalidad. No diré "mejora" porque no estoy segura de que sea así; francamente, no creo que mejore, simplemente se convierte en algo a lo que te adaptas. He ido a terapia y ahora estoy en terapia de nuevo. Continúo esforzándome por sanar. Todavía pienso en ello todos los días, pero finalmente reacciono menos. Todavía me estremezco y me enojo cada vez que veo su nombre en alguna parte. Nunca volveré a estar con alguien llamado Nombre . Me estremezco cuando veo a alguien que se parece a él de alguna manera. Tengo miedo a los hombres. No me gusta tener citas, no me gusta estar demasiado cerca de un hombre, no quiero estar a solas en una habitación con un hombre, me enojo o me siento incómoda cuando un hombre desconocido en la calle me mira demasiado tiempo, si me halaga, si intenta tener una conversación o si coquetea. Tengo problemas de apego y abandono. No sé si esto mejorará alguna vez, pero es parte de mi nueva normalidad. La persona que era antes de la violación ya no soy yo. He aceptado que soy una persona nueva y que tengo que volver a conocerme. Perdí muchos amigos durante mi aislamiento, me cuesta mantener un trabajo y me cuesta mucho sacar buenas notas en la escuela, aunque de verdad quiero tener éxito. La depresión me abruma casi todos los días. Quiero que Nombre esté en la cárcel. Quiero que lo etiqueten como el violador que es, quiero que sufra de verdad. Quiero que nunca pueda conseguir un trabajo. Lo odio y odio que viva libre y que posiblemente disfrute de su vida. Odio que probablemente siga encontrando nuevas víctimas. Lo denuncié a la policía, pero no sirvió de nada. También lo denuncié al Departamento de Servicios Humanos por abuso en mi estado, y tampoco sirvió de nada. Pero hice mi parte, solo puedo esperar que alguien más lo denuncie como yo y que vean una alerta en su sistema de que ya ha hecho esto antes. Todavía lo veo en aplicaciones de citas, ahora usa su segundo nombre y es bisexual. Siento que me usó como sujeto de prueba. Cuando era más joven, lo acosaba en línea desde cuentas falsas en Instagram. Le dije que era gay y que debería ser un hombre de verdad y encontrar a un chico con quien acostarse en lugar de torturar a chicas inocentes. Le dije que conocía a todas las personas que había violado, aunque no era cierto. Le dije que el karma lo alcanzaría y que alguien lo atraparía tarde o temprano. Le dije que era una persona terrible, pero nunca admitió lo que hizo ni lo reconoció. Me gustaría pensar que puedo seguir adelante con mi vida, pero esta es mi historia. Es parte de mí ahora, es la razón por la que actúo como lo hago y es una explicación para la mayoría de las cosas en mi vida. Hace poco me mudé sola y conseguí mi propio apartamento. Pensé que simplemente no me gustaba tener gente en la casa de mi infancia porque fue la casa donde fui violada. Mi familia se mudó de esa casa y se mudó de estado. Y ahora, en mi nueva casa, mi propio espacio personal, sigo sin poder invitar a nadie. Me cuesta incluso tener a mis amigas, a mi vecina o a mi mejor amiga. No permito visitas y nunca invito a una cita. Es un gran paso para mí tener a alguien en mi casa, y es culpa suya. Solo me di cuenta de esto este año. Tengo miedo de que alguien más vuelva a reclamar mi espacio. Vaya, qué bien se sintió desahogarme. Es difícil hablar y compartir mi historia cuando no tengo la justicia que deseo. Es difícil aprender sobre el sistema judicial cuando se supone que te protege y no lo hace. Es difícil pensar que tantas personas son violadas con tanta frecuencia. Estoy enfadada y quiero un cambio. No sé muy bien qué tipo de cambio, pero algo. Ojalá no tuviera que vivir con tanta rabia y miedo, pero eso también forma parte de mi nueva normalidad. Estoy inquieta, no puedo evitar mirar a mi alrededor con frecuencia cuando estoy en público y me preocupo por cosas insignificantes. Pero me estoy adaptando y tú también lo harás. Te mando un abrazo.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.