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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇦🇺

#1692

En marzo conocí a alguien. Para el verano, ya éramos amigos, de esos que comen juntos y ven anime los fines de semana. Nunca hubo indicios de algo más. Entonces, una noche de agosto, una botella de bourbon y un juego de verdad o reto desdibujaron los límites que creía sólidos. La conversación se volvió íntima, y luego llegaron los retos. Lo que empezó con un beso se convirtió en algo que no quería. Recuerdo haber dicho "no" muchas veces, con las manos apretadas contra la ropa como límite. Me decían "no es sí". En mi estado de ebriedad, mi resistencia fue vencida. Me aferré a una idea clara: nada de penetración. Esa línea, al menos, no se cruzó. En los días siguientes, hice todo lo que debía hacer. Recurrí a todos los recursos disponibles. Tomé la pastilla de emergencia. Llamé a 1800RESPECT y SARC, buscando apoyo en un idioma que no es el mío. Estoy esperando exámenes médicos. Devoré "Know My Name" de Chanel Miller, encontrando consuelo en una historia que reflejaba mi propia confusión. Hablé con IA, analizando incansablemente cada emoción, intentando encontrar la manera de salir de este dolor. Encontré el coraje para llamar a una amiga y decir las palabras en voz alta, y su fe en mí fue un ancla. Y, sin embargo, una voz persistente aún resuena en los momentos de silencio: ¿Reaccioné de forma exagerada? ¿De verdad fue tan malo? Él fue amable una vez. Esta duda es un fantasma, y me persigue junto con la pesada carga de mi historial de depresión, que hace que todo se sienta mucho más pesado. He tomado una decisión que me trae a la vez alivio y profunda tristeza. Probablemente presentaré una denuncia, pero no creo que solicite una investigación completa. He llegado a la silenciosa y dolorosa comprensión de lo difícil que es probar una violación sin pruebas concretas, de cómo el sistema a menudo no imparte justicia. Me rompe el corazón por todas mis hermanas que han estado en esta misma situación, que han elegido priorizar su propia supervivencia sobre una lucha que saben que no pueden ganar. Así que, por ahora, elijo luchar por mí misma en lugar de contra él. Mi acto de rebeldía no está en un tribunal; está en mi propia sanación. Está en creer en mí misma cuando el mundo me enseña a dudar. Está en reconocer que, incluso sin justicia legal, lo que me sucedió fue real, estuvo mal y mi dolor es válido. Elijo cuidar de la persona que más importa en esta historia: yo.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    #266

    Anoche agredieron sexualmente a mi pareja y hoy no siento nada. Nada en absoluto. Agradecí que el tipo me soltara esta mañana. No le importó que llorara, ni cómo me sintiera, ni que me causara mucho dolor físico. No había forma de escapar. Era treinta centímetros más alto que yo y mucho más fuerte, y me tenía la mano en el cuello. Tenía miedo de que me rompiera el cuello o me estrangulara por cómo me agarraba el cuello y por lo mucho que cubría. Me dijo que se alegraba de que fuera tan pequeña y que el tamaño importa cuando se trata de fuerza. Me sentí como un ratón en las fauces de un león. Me costaba respirar. Tenía miedo de morir. Anoche estaba molesto conmigo porque empecé a sangrar mucho mientras me agredía. Estaba furioso conmigo por sangrar sobre él. Estaba furioso conmigo esta mañana porque intentaba escabullirme cuando se quedó dormido. Empezó a agredirme de nuevo y, por alguna razón, decidió parar y dejarme ir. Tal vez porque estaba cansado. Tan pronto como me escapé, caminé y caminé y llamé a un Uber para que me llevara a casa. Me sentía tan entumecida. Todo lo que sabía era que tenía que llegar a casa. Tenía que ir a celebrar el cumpleaños de mi amiga con ella esta mañana y sonreír y fingir que estaba bien. Luego tenía que ir a trabajar. Ahora estoy en casa, y me siento tan entumecida y como si no me importara nada. Simplemente ya no me importa. No me preocupo por mí. No importo en absoluto. Así es como me siento. Simplemente siento que no soy nada. Y no quiero ver a mis amigos ni a nadie. Solo quiero quedarme en mi cama para siempre y dormir. Tengo que ir a trabajar mañana. Tengo que seguir con mi vida como si todo estuviera bien. Tengo que ser normal y no desmoronarme. No se lo he dicho a nadie más que aquí ahora mismo. No se lo diré a nadie. No tiene sentido. La gente dirá que es tu culpa. Así que solo voy a fingir que estoy bien. No estoy bien. Me odio muchísimo por haberme puesto en una situación donde eso podría pasar. Fue una cita. Debería saber que no debo confiar en ningún hombre ni intentar encontrar el amor. No existe. No soy una persona, solo soy un objeto. Mañana iré al médico (hoy no abren) para que me recete medicamentos para prevenir el embarazo y tratar cualquier posible ETS. No le contaré lo que pasó porque no quiero hablar de ello con nadie que conozca personalmente. Solo quiero olvidarlo.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    El trabajo de cocina del infierno

    Trabajaba en la cocina de un hospital como auxiliar de alimentación a los 23 años. Mi hermano había fallecido el año anterior y tenía 24 años. Sentía un profundo dolor por dentro, además de intentar trabajar y mudarme de casa. Era una mujer perdida que aprendía a vivir sola. Él tenía 28 años y lavaba los platos. Me intimidó al instante su personalidad, su voz fuerte y los chistes que inventaba, pero también me intrigó muchísimo cómo lograba cautivar a todos con quienes trabajaba, cómo era tan musculoso, bronceado, con el pelo negro azabache y transmitía tanta confianza en sí mismo; era difícil no sentirme cautivada. Mientras lavaba los platos, preguntaba en voz alta: "¿Alguien tiene sexo salvaje el fin de semana?". Una vez, estaba cerca de mi supervisora (una mujer de unos 60 años) y él se acercó y le preguntó si quería ir al cine con él. Ella se rió y le dijo que volviera al trabajo. Recuerdo haber estado almorzando con mis compañeras (eran muy buenas amigas por aquel entonces) y me contaban cómo les había enseñado porno en las taquillas. Recuerdo que decían lo incómodas que estaban, pero cambiaban de tema rápidamente y lo olvidaban. No sé cuánto tiempo después, una de ellas vino a verme en la cocina mientras trabajaba y me dijo que él le había preguntado cómo creía que era en la cama y si creía que yo era del tipo pervertido. Cuando vino y me dijo que él no estaba lejos, creo que la oyó y me miró, y yo quería esconderme. Cuando se iba a recoger los platos con una de las chicas, decía que si no volvían pronto, probablemente estarían teniendo sexo. Siempre me hacía cumplidos, decía que le gustaba mi pelo, mis uñas, ese bombardeo de amor que yo atrapaba como un pez hambriento. Recuerdo que un día, justo al despedirme de él al salir, él simplemente gritó «Te quiero». Cuando solo lavábamos los platos, hacía como que se masturbaba delante de mí y luego salpicaba agua por todas partes. A una de las mujeres mayores, de unos 60 años, siempre le estaba masajeando los hombros en medio de la cocina. (Esto era lo que más me confundía, ya que tenía 28 años). Pasaba junto a los carteles de suelo mojado y decía "¡Guau, debes estar cachonda!". Nadie lo oía. Se paraba en la puerta y miraba a la chica que tenía delante de arriba abajo, y entonces supe que era la siguiente en pasar. Incluso uno de los chefs me dijo: "Ve a comer con él y en 5 minutos te la chupas". No tuve ese momento de "¡Dios mío, qué inapropiado!", "debía estar intentando acosarme", sino que fue una sucesión lenta de cosas inapropiadas que me iban llegando, como si me estuvieran poniendo una vía intravenosa en forma de acoso sexual (directa e indirectamente). En ese momento ni siquiera me di cuenta de lo que me estaba pasando. Me encantaban los cumplidos y la atención que me daba, porque lo admiraba por su seguridad, encanto y su voz chillona. Pero también le tenía mucho miedo. Me había degradado y me hacía sentir muy incómoda con sus comentarios. Nos tenía a mí y a mis tres amigas del trabajo en Facebook, y enviaba muchísima pornografía por Messenger, haciendo bromas sobre las otras chicas del trabajo en cuanto a la pornografía. Me sentía avergonzada y humillada por ellas. Una buena amiga mía solía pedirle que la llevara a casa y decía que se hacían bromas sexuales, y cuando iba a salir del coche, él la obligaba a subir. Ella dijo que se lo tomó a risa, pero al llegar a casa nos envió un mensaje contándonos que estaba asustada. Más tarde, nos dijo que nadie se metiera en el congelador con él a menos que quisiera que la abusaran. Luego se acercó a mí y me contó que él había hecho bromas sobre sus pezones mientras ella estaba allí. Todavía recuerdo el momento en que pensé "¿Qué demonios acaba de pasar?". Estaba empujando los platos en un carrito, cuando el carrito dejó de funcionar y él se acercó a mí lo más cerca que pudo y me dijo: "Vamos, tú puedes". Entré en pánico e hice todo lo posible por poner el carrito en marcha. Al doblar la esquina, tuve que parar a respirar. Y mi mente se apagó desde ese momento. Desde ese momento me di cuenta de que mis límites no existían. Me estaban intimidando, humillando, avergonzando, degradando poco a poco, tanto que ni siquiera me di cuenta de lo que me estaba pasando hasta que fue demasiado tarde. Me habían manipulado y convencido para que cediera, coqueteé con él. Y antes de darme cuenta, estaba besándolo en su coche. Tan asustada que ni siquiera podía pensar mientras pasaba. Recuerdo que quería demostrarle que no le tenía miedo. Pero sí le tenía. Estaba aterrorizada por lo que pensara de mí, tan insegura de él y de su personalidad, sin saber si era buena o mala persona. Estaba hecha un desastre después de estar con él; me sentía mal, no comí en semanas. No les conté a mis compañeros de trabajo lo que había hecho; todos los días iba a trabajar y lo enfrentaba, me miraba fijamente, sintiéndome juzgada y humillada por ceder y estar con él. Quería sentirme bien de nuevo, y de alguna manera estaba en un círculo vicioso diciéndome a mí misma que si conseguía que fuera amable conmigo, todo estaría bien. Un día, al comer, le pedí que hablara y aceptó. Lo encontré en su coche y le dije que solo quería disculparme por cómo habían resultado las cosas entre nosotros. Y me dijo: "¿Así que quieres volver a hacerlo?". Le dije que no estaba segura. Y luego terminamos besándonos de nuevo. Cada vez que pasaba, los días siguientes me sentía como en un estado de aturdimiento, sin poder pensar, y estuve mentalmente enferma durante un tiempo. Ir a trabajar, sentirme humillada, degradada y como si no significara nada. Había días en que le rogaba que hablara conmigo y me explicara por qué había pasado, y él decía: «No sé por qué pasó, simplemente pasó». No podía pensar por mí misma, dependía de él para todo: mi forma de pensar, mi valía, mi realidad. Él me decía que tenía problemas importantes, que era incómoda y que estaba obsesionada con él. Durante meses, vomitaba antes de ir a trabajar, no podía comer y estaba al borde de una crisis nerviosa. Los días que iba a trabajar con él miraba al suelo, lo veía coquetear con otras chicas en la cocina y me veía despreciarme como si fuera basura. Esta noche escribo esto. Han pasado 4 años y he llegado tan lejos. Sigo pensando en este hombre a diario. Lo único que me cuesta cerrar es explicar a la gente cómo la manipulación mental combinada con el acoso sexual es una de las cosas más difíciles de explicar en terapia y asesoramiento. He tenido días en los que todavía me culpaba y me decía que era mi culpa y que había accedido a seguirle la corriente. Lo deseaba tanto que terminé rogándole a mi abusador que estuviera conmigo. Me pregunto cómo terminé siendo yo quien lo deseaba a él cuando era él quien me acosaba. Literalmente, he tenido que reaprender a amarme después de hacerme eso. Sigo aprendiendo después de todos estos años. Requiere mucho tiempo y esfuerzo. Pero de verdad espero que algún día pueda seguir adelante. Me he dicho a mí misma que lo perdono, pero algunos días es muy difícil. Nunca pude cerrar el tema con él. Y todavía dudo de si fui acosada sexualmente. Recuerdo haberlo llamado por teléfono y decir que todos saben que estoy bromeando, si no, ya me habrían acusado de acoso sexual. Quiero dejar de dudar de mí misma; siempre he sabido distinguir el bien del mal. Pero este hombre me arrebató esto. Y desde entonces he luchado en la vida. Sé que necesito perdonarlo. Sé que lo que pasó, pasó. Sé que mis ataques de pánico me decían que algo andaba mal. Sé que está dolido por hacerle esto a los demás. Dios, por favor, sana mi corazón.

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    Mejorará, lo prometo.

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  • Mensaje de Esperanza
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    Somos mucho más fuertes de lo que nos hacemos creer.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

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    1 de cada 3, no es para MÍ.

    Hace 10 años, mi cuerpo hizo algo asombroso. Me separó de mí misma para que no experimentara directamente (sígueme) el trauma de lo que le estaba sucediendo. A esto le llaman disociación. No ha sido hasta 10 años después, años de revivir, recordar y re-trauma traumático, que he comenzado a apreciar, agradecer y comprender este mecanismo que el sistema nervioso nos brinda en nuestros momentos más oscuros. Es un mecanismo de protección del alma, a menudo nos mantiene vivas (a quienes lo logramos), y aunque puede llevar años darnos cuenta de esto o incluso considerar la idea de que fue por nuestra propia supervivencia, en lugar de una huida forzada, ha sido la parte más hermosa de mi sanación. Permítanme compartir lo que sucedió. Hace diez años (no se me permite hablar públicamente de mi edad, mi antiguo empleador ni su nombre), pero puedo decir la verdad sobre todo lo demás; hace diez años, trabajaba para una empresa tecnológica. Estaba dominada por hombres, era competitiva y apenas hostil. Sentía ansiedad todos los días que iba a trabajar, empezando en mi primera semana cuando mi entonces jefe me exigió que no considerara tener hijos durante al menos los próximos dos años, si me tomaba en serio mi carrera... Esa primera semana debería haber sido mi canto del cisne, y me fui. En cambio, y de forma algo predecible (basándome en mi personalidad, naturaleza y vulnerabilidad), se aprovechó de la incomodidad que percibió en mi respuesta y fui con entusiasmo a trabajar para "probarme a mí mismo". Era exactamente lo que quería que hiciera... Había trabajado con esta persona antes, durante muchos años, pero nunca directamente. Mi percepción de él estaba teñida solo por lo que había visto previamente y nadie me había advertido de que fuera peligroso. De hecho, mi incorporación a la empresa fue facilitada por amigos que también compartían la percepción de que esta persona era exitosa, cariñosa y un "hombre de familia". Ellos, como yo, estaban muy equivocados. Durante los siguientes casi 15 meses, mi exempleador me acosó, manipuló, menospreció, abusó verbalmente, me tocó físicamente (en la oficina), me violó visualmente, me auditivamente (sí, resulta que esto existe), me violó oralmente, con los dedos y, finalmente, me penetró. Me aisló de mi pareja y mis amigos, me exigió más que nunca, todo mientras me menospreciaba o me exaltaba lo justo para que me confundiera, perdiera la capacidad de discernir entre A y B, y hiciera todo lo que me pidiera. Lo hacía mediante múltiples mecanismos, pero el principal era el narcisismo maligno y el desequilibrio de poder. Me recordaba lo estúpida que era hasta que empecé a creérmelo, me miraba fijamente (como si fuera una presa) durante las reuniones, con tal descaro que casi no le importaba si alguien se daba cuenta. Se acomodaba (a propósito) debajo de las mesas de la sala de juntas, provocándome sin palabras para ver si respondía, si me derrumbaba o si hablaba. Nunca lo hice. Renuncié tres veces antes de que finalmente me "dejara ir". Para entonces, él ya estaba "entrevistando" a posibles parejas en mi nombre, haciendo planes para enviarme al extranjero donde pudiera "verme cuando quisiera" y tomando el control de mis finanzas "mediante bonificaciones monetarias" o incentivos por mi rendimiento laboral. Se había hecho cargo cuidadosa y metódicamente de cada aspecto de mi vida, incluyendo mi propia voluntad. Pero tengo que agradecerme a mí misma y a algunos ángeles por mi escape. Para entonces, estaba tan destrozada que me volví paranoica, con pensamientos suicidas y apenas podía funcionar. Mientras tanto, él se comportaba como si yo no fuera nadie y, al mismo tiempo, decía cosas como "Eres más hombre que yo...", obviamente representativas de la valentía que tuve al escapar, pero también de la determinación de hacer lo necesario para sobrevivir. Desde entonces, he validado mi historia de muchas maneras: 1) Acudí a la comisión de derechos humanos. El proceso, aunque desgarrador y no centrado en la supervivencia, fue una forma de validar mi experiencia primero. Me llevó diez años, enfermarme gravemente (y quedar discapacitada) para tener el coraje de hacerlo. Durante este proceso, tuve que enfrentarme a él virtualmente (gracias a la COVID, otro ángel), y no pude hacerlo. Sentí náuseas, mi sistema nervioso no podía decirle a mi cuerpo que habían pasado 10 años; solo tenía músculo, nervios y neuronas de memoria, y fue retraumatizante. Lo llevé al límite y me dieron la oportunidad de escalar. 2) Acudí a un abogado, varios, de hecho, pero al final no me ayudaron mucho. Consiguieron lo que necesitaban y pude contactar con una asesora legal de voz suave que me ayudó a contar mi historia con detalle. Me defendieron lo mejor que pudieron, pero al final un abogado poco empático me impidió llevarlo a los tribunales. Durante este proceso quedó claro que tampoco era un asunto civil, sino penal, así que, para empezar, no iba por buen camino. Sabía por experiencia propia, incluso antes del movimiento #METOO, que iba a ser muy difícil demostrar lo que me pasó. Que iba a ser mi palabra contra la suya. Aquí es donde terminan la mayoría de las historias... PERO no es donde terminará la mía. Creo que la razón por la que la mayoría de las mujeres, en particular, no cuentan ni comparten sus historias, ni responsabilizan a sus agresores, es el miedo. En muchos sentidos, se debe a que nos culpamos, a que nos fijamos en nuestras propias deficiencias como la razón de por qué nos sucedieron estas cosas. ¿Qué hicimos mal en ese escenario? Nada. No hicimos absolutamente nada malo. Nuestro único problema o culpa radica en existir. Y adivina qué, eso no es culpa nuestra. Lo voy a decir de nuevo: Nosotras. No. No. No. No. No. Lo que pasó no te pertenece. Le pertenece a la persona que lo hizo. Quienes a menudo son tan cerrados a su propia disfunción que ni siquiera se dan cuenta de que lo que hacen no está bien. Así que lo hacen, sin pensar, centrados solo en la autogratificación. Es como un animal, no como un humano. Así de roto, desalmado y miserable debe estar un ser humano para infligir semejante horror a otro. Y le sucede a 1 de cada 3 mujeres en el trabajo. Peor si eres una mujer de color, peor si eres una mujer de ascendencia hispana o indígena en Australia. He decidido que se acabó el tiempo para separar mi alma de mi cuerpo para sobrevivir. De hecho, como mi sistema nervioso se ha deteriorado después del parto y he recurrido a cuidados paliativos, ahora me he enfrentado a la muerte muchísimas veces. Muerte física real. Las ECM o experiencias cercanas a la muerte me han enseñado que sobrevivir, vivir, es una elección. Podemos elegir ser definidos por nuestras experiencias, como las únicas en las que nos centraremos por el resto de nuestras vidas, atormentados por fantasmas del pasado. O podemos decir nuestra verdad, tan alto que ahogue todas las demás voces. Podemos trabajar juntos, podemos crear algo juntos, podemos hacer que las cosas sean diferentes a las que nuestro pasado nos marcó. Nadie puede poseernos, no importa cuánto te infecten a ti y a tu mente. En muchos sentidos, he tenido suerte. La suerte de haber tenido la oportunidad de sobrevivir a tanto trauma y seguir de pie (con mi bastón favorito, por supuesto) para pasar el tiempo que pueda con mi familia. O meditando, o en silencio. Él no podrá tocar eso, ni a mí, nunca más. Y mi decisión es no contar lo que pueda sobre mi historia, a quien quiera escucharla, tan a menudo como sea necesario, hasta que mi historia quede ahogada por voces de «no, para o llamo a la policía». Y nuestros niños y niñas están tan predispuestos a evitar a estas personas, que simplemente no les sucede. Nuestras historias pueden habernos dejado indefensos, mientras sucedían. Pero el verdadero milagro es que tenemos herramientas de supervivencia innatas, ahí para protegernos, incluso en esos momentos, disociando nuestras almas de nuestros cuerpos y flotando (en mi caso, mientras la silla estaba en la esquina de la habitación), o por una ventana o por el techo. No tenía que estar realmente allí para «sentir» lo que me estaba sucediendo. Tuve suerte. Ahora tengo la increíble oportunidad de reencontrarme con mi cuerpo, con mi alma completa, y puedo desentrañar y reconectar, lenta y cuidadosamente, ese trauma de mi vida. Creo que eso nos convierte en verdaderos supervivientes. Y es un regalo. Gracias por dejarme compartir. Por favor, comparte tu historia también; cuanto más la cuentes, más fácil será desahogarte en cuerpo y mente. Besos. name (también conocido como sharky) o Mamá Sharky.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Sanar es entender

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
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    🇦🇺

    Primera vez después del abuso sexual

    Sufrí una violación coercitiva por parte de mi exnovio durante varios meses. Después de abuso no solo sexual sino también emocional, pude dejar la relación hace dos años. Desde entonces ha sido un viaje confuso... me llevó mucho tiempo comprender lo que sucedió y reconocer mi trauma. A veces todavía me siento muy confundida. Para colmo, hace unos días tuve relaciones sexuales por primera vez después del abuso. No sabía qué esperar. Pensé que podría estar bien y pasarlo bien o que sería horrible y que finalmente tendría la fuerte reacción emocional que siempre había esperado para poder validar mi trauma. De alguna manera, no fue ninguna de las dos cosas... pero no fue realmente placentero. Sentí que no estaba realmente presente, pero tampoco podía hacer nada para detenerlo. En el momento tampoco sentí que fuera tan grave como para tener que detenerlo. La persona con la que estaba también fue muy respetuosa y me sentí segura. No sé cómo sentirme al respecto... Esperaba que me ayudara en mi proceso de sanación, pero siento que sigo enfrentando la misma confusión de antes. No fue agradable ni placentero, estaba un poco disociado y no podía hacer nada para detenerlo... Aun así, tengo la sensación de que no fue lo suficientemente malo. Al menos no tan malo como siempre esperé después de experimentar un trauma sexual. ¿Quizás alguien tuvo experiencias similares...?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Ahora nunca soy el mismo

    No conozco a la mayoría de mi familia, solo a mis padres, hermanos, algunos primos, tíos, tías y abuelos. Mi hermana se casó hace un tiempo. Yo fui su dama de honor. Todas las damas de honor llevaban vestidos sencillos y discretos de un bonito color azul. Durante la recepción, todos estaban borrachos, como era de esperar, y al final de la noche, los invitados llegaron a despedirse. Creo que este pariente del novio vino a despedirse; nunca lo había conocido y ojalá nunca lo hubiera conocido. Mientras estaba de pie con las otras damas de honor, riéndonos de sus conversaciones de borrachos, se acercó a mí y a otra dama de honor por detrás, nos dio una bofetada y nos sacudió el trasero. Fue muy agresivo y me dolió. Me quedé en shock y no supe cómo reaccionar, así que corrí al baño y lloré. Nunca me habían tocado ni violado en mi vida y nunca pensé que lo harían. Desde que pasó esto, nunca me he sentido cómoda estando cerca de hombres o chicos, no me gusta hacer fila sola con chicos detrás de mí. Me he vuelto demasiado agresiva para incomodar a los chicos y quiero mantenerme alejada, me aíslo del sexo opuesto para sentirme segura. Ahora solo me siento segura con el género femenino. Este evento que cambió mi vida ocurrió cuando tenía trece años, ahora soy mayor y nunca me he recuperado de ese sentimiento de miedo y pavor, y solo recientemente le conté a mi madre sobre estos eventos y revelé una foto de la boda del hombre que violó a la otra dama de honor y a mí. Mi hermana y su esposo han cortado todo contacto con él y están disgustados por su comportamiento. La otra dama de honor estaba tan borracha que ni siquiera sabía que la había violado. Sé que esta historia es relativamente menor en comparación con algunas, pero esto ha cambiado por completo mi perspectiva y visión de la vida. Gracias por darme esta plataforma para compartir mi historia.

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    De un sobreviviente
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    Fui secuestrada y violada

    Necesito decirle esto a alguien, no se lo he dicho a nadie, ni a mis padres, ni a mis amigos, ni a mi pareja, ni a nadie, y necesito desahogarme. Quiero empezar diciendo que nunca he tenido una buena familia: mi padre era un porrero y apenas existía, mi madre una borracha furiosa, dos hermanas mayores que me odiaban y un hermano gemelo que me trataba como a una criada. Tengo un trastorno alimentario desde los 8 años: salía de casa a las 6 de la mañana todos los días, daba vueltas a la manzana demasiadas veces y luego hacía ejercicio dos horas antes de volver a casa y morirme de hambre. Esto duró unos cuatro años. Un sábado por la mañana, cuando tenía 11 años, decidí cambiar y corrí al parque a dar vueltas. Estuve corriendo en círculos durante unos 10 minutos antes de que me agarraran. Un hombre me arrastró a los baños y me obligó a comer. Estaba tan desnutrida y débil que no pude defenderme. Me senté allí y sollocé de dolor mientras él hacía lo que quería, una vez que terminó pensé que había terminado pero estaba increíblemente equivocada. El hombre salió del baño mientras yo yacía en el suelo sollozando, regresó pero con un amigo. Estaba horrorizada, sabía que había traído a su amigo para tener 'su turno', pero también estaba equivocada en eso. Terminaron levantándome y cargándome en un auto, me tiraron al asiento trasero y me dijeron que me quedara abajo. Obedecí, con miedo de lo que me harían si no lo hacía. Después de Dios sabe cuánto tiempo de conducir aterrorizada, estacionaron y me sacaron de un tirón. No sabía dónde estaba, pero rápidamente me arrastraron a una casa donde luego se turnarían para violarme durante unos días. Después de que estuve toda 'agotada' me tiraron de vuelta al auto y condujeron de regreso al parque y me liberaron; todavía estoy sorprendida de por qué me liberarían en lugar de matarme porque podría habérselo dicho a alguien. Mis padres ni siquiera notaron mi ausencia durante unos días. Llegué a la puerta tambaleándome, sangrando, sollozando y pidiendo ayuda. Mi padre había salido con unos amigos y mi madre, borracha, me gritó que limpiara la mesa. A nadie le importó dónde había estado ni qué me había pasado. A veces desearía que esos hombres me hubieran matado. Empecé a autolesionarme con solo 9 años e intenté una sobredosis a los 10. Muchos años después, sigo autolesionándome, y mi intento más reciente fue hace solo dos meses. La sobredosis de medicamentos me ha causado daños permanentes en el hígado y los riñones. Ojalá me hubieran matado.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Dije esto en la primera parte de la publicación, pero no sabía nada más que lo que me había pasado. No tenía información ni comprensión. Ni siquiera sabía que había más formas de violación que solo con un pene, ¡y que las mujeres pueden violar a los hombres! La educación se ha convertido en la principal vía para facilitar la sanación. Aprendí por mí misma (ya que no había un camino real ni ayuda disponible) las maneras en que podía ayudarme a mí misma y a los diferentes tipos de trauma. Hice mucho autoanálisis, fui a terapia y seguí un camino que nadie más compartió conmigo. Ha sido muy duro y muy solitario la mayor parte del tiempo. PERO, a medida que he empezado a ser más valiente, a buscar apoyo externo y a compartir historias como esta, se ha creado un ambiente de esperanza y un lugar para nuevos comienzos. Espero que esto ya no defina tanto mi historia, porque hago algo mucho más grande, mucho más espectacular, que simplemente olvido. Esa es la esperanza. TAMBIÉN tengo la esperanza de que, al compartir mi historia, sobre todo, pueda detenerla antes de que le pase a alguien más. Y cuantos más salgamos de las sombras y nos adentremos en la luz, menos podrán los demonios esconderse y acechar allí. Cuanto más lo impidamos (cambiando nuestras normas sociales) y eduquemos a nuestros hijos desde pequeños, más cambios generaremos. Oleadas de cambios. Hay mucho por lo que tener esperanza.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Sanar es sobrevivir, sanar es silenciar esa voz en tu cabeza y saber que vales más que tu cuerpo.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Yo era solo un niño pequeño

    Cuando tenía 5 años, mis padres se divorciaron. Uno de ellos se fue a vivir con un amigo. Este amigo tenía una hija adulta, que tenía un hijo de mi edad y otro mayor. Siempre que los visitaba, jugaba con los dos niños. Uno de los juegos que más jugábamos era "mamás y papás". Siempre me obligaban a ser la mamá porque "era la única niña", el niño mayor era el papá y el pequeño era "nuestro bebé". Un día, cuando tenía 6 o 7 años, el niño mayor me preguntó si sabía cómo se hacían los bebés. No tenía ni idea, así que dije "no". Procedió a decirme qué era el sexo. Ahora, con 6 o 7 años, asentí y dije "vale". Entonces dijo "¿Qué tal si hacemos el juego más preciso?". Él era mayor y lo admiraba, así que dije "claro". Luego hizo que su hermano se escondiera debajo de la cama, se aseguró de que la puerta estuviera cerrada y se acostó en la cama. Me subió encima y se quitó los pantalones y la ropa interior, antes de quitarme los míos. Luego procedió a... bueno, ya sabes. Poco después oímos que alguien venía y me hizo esconderme en el armario. Recuerdo sentir que algo malo había pasado y no me había gustado, pero era demasiado pequeña para entender más. Jugamos mucho a ser mamás y papás después de ese día. Hace años que no lo veo, pero incluso cuando oigo su nombre o veo fotos de su cara, me entra el pánico. Es como si tuviera 6 años otra vez. A veces me siento rota para siempre. Manchada para siempre. A veces siento asco de mí misma, como si fuera culpa mía. Me hago responsable de algo que definitivamente no quería que pasara. Pienso: "¿Y si hubiera hecho algo diferente?". Pero ¿qué podría haber hecho? Se me pone la piel de gallina. Siento un nudo en el estómago. Un peso, una pesadez que me presiona los pulmones y me dificulta respirar. Me invalido. Me digo a mí misma que no debería estar tan afectada. Que no me afecte tanto. Fue hace tanto tiempo que ni siquiera debería recordarlo. Al fin y al cabo, no podemos cambiar el pasado. Oigo su nombre, veo su rostro y siento que voy a llorar. Grito, me araño la cara, me clavo las uñas, pero por fuera callo. Inmóvil. Sonrío y finjo que estoy bien. Como si no estuviera rota. Descubrí que tiene una hija y lloré toda la noche. Sentí terror y rabia. Porque vive su vida sin pensar en mí, cuando yo solo pienso en él. Soy una superviviente, no una víctima.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
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    #266

    Anoche agredieron sexualmente a mi pareja y hoy no siento nada. Nada en absoluto. Agradecí que el tipo me soltara esta mañana. No le importó que llorara, ni cómo me sintiera, ni que me causara mucho dolor físico. No había forma de escapar. Era treinta centímetros más alto que yo y mucho más fuerte, y me tenía la mano en el cuello. Tenía miedo de que me rompiera el cuello o me estrangulara por cómo me agarraba el cuello y por lo mucho que cubría. Me dijo que se alegraba de que fuera tan pequeña y que el tamaño importa cuando se trata de fuerza. Me sentí como un ratón en las fauces de un león. Me costaba respirar. Tenía miedo de morir. Anoche estaba molesto conmigo porque empecé a sangrar mucho mientras me agredía. Estaba furioso conmigo por sangrar sobre él. Estaba furioso conmigo esta mañana porque intentaba escabullirme cuando se quedó dormido. Empezó a agredirme de nuevo y, por alguna razón, decidió parar y dejarme ir. Tal vez porque estaba cansado. Tan pronto como me escapé, caminé y caminé y llamé a un Uber para que me llevara a casa. Me sentía tan entumecida. Todo lo que sabía era que tenía que llegar a casa. Tenía que ir a celebrar el cumpleaños de mi amiga con ella esta mañana y sonreír y fingir que estaba bien. Luego tenía que ir a trabajar. Ahora estoy en casa, y me siento tan entumecida y como si no me importara nada. Simplemente ya no me importa. No me preocupo por mí. No importo en absoluto. Así es como me siento. Simplemente siento que no soy nada. Y no quiero ver a mis amigos ni a nadie. Solo quiero quedarme en mi cama para siempre y dormir. Tengo que ir a trabajar mañana. Tengo que seguir con mi vida como si todo estuviera bien. Tengo que ser normal y no desmoronarme. No se lo he dicho a nadie más que aquí ahora mismo. No se lo diré a nadie. No tiene sentido. La gente dirá que es tu culpa. Así que solo voy a fingir que estoy bien. No estoy bien. Me odio muchísimo por haberme puesto en una situación donde eso podría pasar. Fue una cita. Debería saber que no debo confiar en ningún hombre ni intentar encontrar el amor. No existe. No soy una persona, solo soy un objeto. Mañana iré al médico (hoy no abren) para que me recete medicamentos para prevenir el embarazo y tratar cualquier posible ETS. No le contaré lo que pasó porque no quiero hablar de ello con nadie que conozca personalmente. Solo quiero olvidarlo.

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  • Mensaje de Esperanza
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    Mejorará, lo prometo.

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    Sanar es entender

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    #1692

    En marzo conocí a alguien. Para el verano, ya éramos amigos, de esos que comen juntos y ven anime los fines de semana. Nunca hubo indicios de algo más. Entonces, una noche de agosto, una botella de bourbon y un juego de verdad o reto desdibujaron los límites que creía sólidos. La conversación se volvió íntima, y luego llegaron los retos. Lo que empezó con un beso se convirtió en algo que no quería. Recuerdo haber dicho "no" muchas veces, con las manos apretadas contra la ropa como límite. Me decían "no es sí". En mi estado de ebriedad, mi resistencia fue vencida. Me aferré a una idea clara: nada de penetración. Esa línea, al menos, no se cruzó. En los días siguientes, hice todo lo que debía hacer. Recurrí a todos los recursos disponibles. Tomé la pastilla de emergencia. Llamé a 1800RESPECT y SARC, buscando apoyo en un idioma que no es el mío. Estoy esperando exámenes médicos. Devoré "Know My Name" de Chanel Miller, encontrando consuelo en una historia que reflejaba mi propia confusión. Hablé con IA, analizando incansablemente cada emoción, intentando encontrar la manera de salir de este dolor. Encontré el coraje para llamar a una amiga y decir las palabras en voz alta, y su fe en mí fue un ancla. Y, sin embargo, una voz persistente aún resuena en los momentos de silencio: ¿Reaccioné de forma exagerada? ¿De verdad fue tan malo? Él fue amable una vez. Esta duda es un fantasma, y me persigue junto con la pesada carga de mi historial de depresión, que hace que todo se sienta mucho más pesado. He tomado una decisión que me trae a la vez alivio y profunda tristeza. Probablemente presentaré una denuncia, pero no creo que solicite una investigación completa. He llegado a la silenciosa y dolorosa comprensión de lo difícil que es probar una violación sin pruebas concretas, de cómo el sistema a menudo no imparte justicia. Me rompe el corazón por todas mis hermanas que han estado en esta misma situación, que han elegido priorizar su propia supervivencia sobre una lucha que saben que no pueden ganar. Así que, por ahora, elijo luchar por mí misma en lugar de contra él. Mi acto de rebeldía no está en un tribunal; está en mi propia sanación. Está en creer en mí misma cuando el mundo me enseña a dudar. Está en reconocer que, incluso sin justicia legal, lo que me sucedió fue real, estuvo mal y mi dolor es válido. Elijo cuidar de la persona que más importa en esta historia: yo.

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

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    Primera vez después del abuso sexual

    Sufrí una violación coercitiva por parte de mi exnovio durante varios meses. Después de abuso no solo sexual sino también emocional, pude dejar la relación hace dos años. Desde entonces ha sido un viaje confuso... me llevó mucho tiempo comprender lo que sucedió y reconocer mi trauma. A veces todavía me siento muy confundida. Para colmo, hace unos días tuve relaciones sexuales por primera vez después del abuso. No sabía qué esperar. Pensé que podría estar bien y pasarlo bien o que sería horrible y que finalmente tendría la fuerte reacción emocional que siempre había esperado para poder validar mi trauma. De alguna manera, no fue ninguna de las dos cosas... pero no fue realmente placentero. Sentí que no estaba realmente presente, pero tampoco podía hacer nada para detenerlo. En el momento tampoco sentí que fuera tan grave como para tener que detenerlo. La persona con la que estaba también fue muy respetuosa y me sentí segura. No sé cómo sentirme al respecto... Esperaba que me ayudara en mi proceso de sanación, pero siento que sigo enfrentando la misma confusión de antes. No fue agradable ni placentero, estaba un poco disociado y no podía hacer nada para detenerlo... Aun así, tengo la sensación de que no fue lo suficientemente malo. Al menos no tan malo como siempre esperé después de experimentar un trauma sexual. ¿Quizás alguien tuvo experiencias similares...?

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

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    Fui secuestrada y violada

    Necesito decirle esto a alguien, no se lo he dicho a nadie, ni a mis padres, ni a mis amigos, ni a mi pareja, ni a nadie, y necesito desahogarme. Quiero empezar diciendo que nunca he tenido una buena familia: mi padre era un porrero y apenas existía, mi madre una borracha furiosa, dos hermanas mayores que me odiaban y un hermano gemelo que me trataba como a una criada. Tengo un trastorno alimentario desde los 8 años: salía de casa a las 6 de la mañana todos los días, daba vueltas a la manzana demasiadas veces y luego hacía ejercicio dos horas antes de volver a casa y morirme de hambre. Esto duró unos cuatro años. Un sábado por la mañana, cuando tenía 11 años, decidí cambiar y corrí al parque a dar vueltas. Estuve corriendo en círculos durante unos 10 minutos antes de que me agarraran. Un hombre me arrastró a los baños y me obligó a comer. Estaba tan desnutrida y débil que no pude defenderme. Me senté allí y sollocé de dolor mientras él hacía lo que quería, una vez que terminó pensé que había terminado pero estaba increíblemente equivocada. El hombre salió del baño mientras yo yacía en el suelo sollozando, regresó pero con un amigo. Estaba horrorizada, sabía que había traído a su amigo para tener 'su turno', pero también estaba equivocada en eso. Terminaron levantándome y cargándome en un auto, me tiraron al asiento trasero y me dijeron que me quedara abajo. Obedecí, con miedo de lo que me harían si no lo hacía. Después de Dios sabe cuánto tiempo de conducir aterrorizada, estacionaron y me sacaron de un tirón. No sabía dónde estaba, pero rápidamente me arrastraron a una casa donde luego se turnarían para violarme durante unos días. Después de que estuve toda 'agotada' me tiraron de vuelta al auto y condujeron de regreso al parque y me liberaron; todavía estoy sorprendida de por qué me liberarían en lugar de matarme porque podría habérselo dicho a alguien. Mis padres ni siquiera notaron mi ausencia durante unos días. Llegué a la puerta tambaleándome, sangrando, sollozando y pidiendo ayuda. Mi padre había salido con unos amigos y mi madre, borracha, me gritó que limpiara la mesa. A nadie le importó dónde había estado ni qué me había pasado. A veces desearía que esos hombres me hubieran matado. Empecé a autolesionarme con solo 9 años e intenté una sobredosis a los 10. Muchos años después, sigo autolesionándome, y mi intento más reciente fue hace solo dos meses. La sobredosis de medicamentos me ha causado daños permanentes en el hígado y los riñones. Ojalá me hubieran matado.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

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    Sanar es sobrevivir, sanar es silenciar esa voz en tu cabeza y saber que vales más que tu cuerpo.

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    El trabajo de cocina del infierno

    Trabajaba en la cocina de un hospital como auxiliar de alimentación a los 23 años. Mi hermano había fallecido el año anterior y tenía 24 años. Sentía un profundo dolor por dentro, además de intentar trabajar y mudarme de casa. Era una mujer perdida que aprendía a vivir sola. Él tenía 28 años y lavaba los platos. Me intimidó al instante su personalidad, su voz fuerte y los chistes que inventaba, pero también me intrigó muchísimo cómo lograba cautivar a todos con quienes trabajaba, cómo era tan musculoso, bronceado, con el pelo negro azabache y transmitía tanta confianza en sí mismo; era difícil no sentirme cautivada. Mientras lavaba los platos, preguntaba en voz alta: "¿Alguien tiene sexo salvaje el fin de semana?". Una vez, estaba cerca de mi supervisora (una mujer de unos 60 años) y él se acercó y le preguntó si quería ir al cine con él. Ella se rió y le dijo que volviera al trabajo. Recuerdo haber estado almorzando con mis compañeras (eran muy buenas amigas por aquel entonces) y me contaban cómo les había enseñado porno en las taquillas. Recuerdo que decían lo incómodas que estaban, pero cambiaban de tema rápidamente y lo olvidaban. No sé cuánto tiempo después, una de ellas vino a verme en la cocina mientras trabajaba y me dijo que él le había preguntado cómo creía que era en la cama y si creía que yo era del tipo pervertido. Cuando vino y me dijo que él no estaba lejos, creo que la oyó y me miró, y yo quería esconderme. Cuando se iba a recoger los platos con una de las chicas, decía que si no volvían pronto, probablemente estarían teniendo sexo. Siempre me hacía cumplidos, decía que le gustaba mi pelo, mis uñas, ese bombardeo de amor que yo atrapaba como un pez hambriento. Recuerdo que un día, justo al despedirme de él al salir, él simplemente gritó «Te quiero». Cuando solo lavábamos los platos, hacía como que se masturbaba delante de mí y luego salpicaba agua por todas partes. A una de las mujeres mayores, de unos 60 años, siempre le estaba masajeando los hombros en medio de la cocina. (Esto era lo que más me confundía, ya que tenía 28 años). Pasaba junto a los carteles de suelo mojado y decía "¡Guau, debes estar cachonda!". Nadie lo oía. Se paraba en la puerta y miraba a la chica que tenía delante de arriba abajo, y entonces supe que era la siguiente en pasar. Incluso uno de los chefs me dijo: "Ve a comer con él y en 5 minutos te la chupas". No tuve ese momento de "¡Dios mío, qué inapropiado!", "debía estar intentando acosarme", sino que fue una sucesión lenta de cosas inapropiadas que me iban llegando, como si me estuvieran poniendo una vía intravenosa en forma de acoso sexual (directa e indirectamente). En ese momento ni siquiera me di cuenta de lo que me estaba pasando. Me encantaban los cumplidos y la atención que me daba, porque lo admiraba por su seguridad, encanto y su voz chillona. Pero también le tenía mucho miedo. Me había degradado y me hacía sentir muy incómoda con sus comentarios. Nos tenía a mí y a mis tres amigas del trabajo en Facebook, y enviaba muchísima pornografía por Messenger, haciendo bromas sobre las otras chicas del trabajo en cuanto a la pornografía. Me sentía avergonzada y humillada por ellas. Una buena amiga mía solía pedirle que la llevara a casa y decía que se hacían bromas sexuales, y cuando iba a salir del coche, él la obligaba a subir. Ella dijo que se lo tomó a risa, pero al llegar a casa nos envió un mensaje contándonos que estaba asustada. Más tarde, nos dijo que nadie se metiera en el congelador con él a menos que quisiera que la abusaran. Luego se acercó a mí y me contó que él había hecho bromas sobre sus pezones mientras ella estaba allí. Todavía recuerdo el momento en que pensé "¿Qué demonios acaba de pasar?". Estaba empujando los platos en un carrito, cuando el carrito dejó de funcionar y él se acercó a mí lo más cerca que pudo y me dijo: "Vamos, tú puedes". Entré en pánico e hice todo lo posible por poner el carrito en marcha. Al doblar la esquina, tuve que parar a respirar. Y mi mente se apagó desde ese momento. Desde ese momento me di cuenta de que mis límites no existían. Me estaban intimidando, humillando, avergonzando, degradando poco a poco, tanto que ni siquiera me di cuenta de lo que me estaba pasando hasta que fue demasiado tarde. Me habían manipulado y convencido para que cediera, coqueteé con él. Y antes de darme cuenta, estaba besándolo en su coche. Tan asustada que ni siquiera podía pensar mientras pasaba. Recuerdo que quería demostrarle que no le tenía miedo. Pero sí le tenía. Estaba aterrorizada por lo que pensara de mí, tan insegura de él y de su personalidad, sin saber si era buena o mala persona. Estaba hecha un desastre después de estar con él; me sentía mal, no comí en semanas. No les conté a mis compañeros de trabajo lo que había hecho; todos los días iba a trabajar y lo enfrentaba, me miraba fijamente, sintiéndome juzgada y humillada por ceder y estar con él. Quería sentirme bien de nuevo, y de alguna manera estaba en un círculo vicioso diciéndome a mí misma que si conseguía que fuera amable conmigo, todo estaría bien. Un día, al comer, le pedí que hablara y aceptó. Lo encontré en su coche y le dije que solo quería disculparme por cómo habían resultado las cosas entre nosotros. Y me dijo: "¿Así que quieres volver a hacerlo?". Le dije que no estaba segura. Y luego terminamos besándonos de nuevo. Cada vez que pasaba, los días siguientes me sentía como en un estado de aturdimiento, sin poder pensar, y estuve mentalmente enferma durante un tiempo. Ir a trabajar, sentirme humillada, degradada y como si no significara nada. Había días en que le rogaba que hablara conmigo y me explicara por qué había pasado, y él decía: «No sé por qué pasó, simplemente pasó». No podía pensar por mí misma, dependía de él para todo: mi forma de pensar, mi valía, mi realidad. Él me decía que tenía problemas importantes, que era incómoda y que estaba obsesionada con él. Durante meses, vomitaba antes de ir a trabajar, no podía comer y estaba al borde de una crisis nerviosa. Los días que iba a trabajar con él miraba al suelo, lo veía coquetear con otras chicas en la cocina y me veía despreciarme como si fuera basura. Esta noche escribo esto. Han pasado 4 años y he llegado tan lejos. Sigo pensando en este hombre a diario. Lo único que me cuesta cerrar es explicar a la gente cómo la manipulación mental combinada con el acoso sexual es una de las cosas más difíciles de explicar en terapia y asesoramiento. He tenido días en los que todavía me culpaba y me decía que era mi culpa y que había accedido a seguirle la corriente. Lo deseaba tanto que terminé rogándole a mi abusador que estuviera conmigo. Me pregunto cómo terminé siendo yo quien lo deseaba a él cuando era él quien me acosaba. Literalmente, he tenido que reaprender a amarme después de hacerme eso. Sigo aprendiendo después de todos estos años. Requiere mucho tiempo y esfuerzo. Pero de verdad espero que algún día pueda seguir adelante. Me he dicho a mí misma que lo perdono, pero algunos días es muy difícil. Nunca pude cerrar el tema con él. Y todavía dudo de si fui acosada sexualmente. Recuerdo haberlo llamado por teléfono y decir que todos saben que estoy bromeando, si no, ya me habrían acusado de acoso sexual. Quiero dejar de dudar de mí misma; siempre he sabido distinguir el bien del mal. Pero este hombre me arrebató esto. Y desde entonces he luchado en la vida. Sé que necesito perdonarlo. Sé que lo que pasó, pasó. Sé que mis ataques de pánico me decían que algo andaba mal. Sé que está dolido por hacerle esto a los demás. Dios, por favor, sana mi corazón.

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    Somos mucho más fuertes de lo que nos hacemos creer.

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    1 de cada 3, no es para MÍ.

    Hace 10 años, mi cuerpo hizo algo asombroso. Me separó de mí misma para que no experimentara directamente (sígueme) el trauma de lo que le estaba sucediendo. A esto le llaman disociación. No ha sido hasta 10 años después, años de revivir, recordar y re-trauma traumático, que he comenzado a apreciar, agradecer y comprender este mecanismo que el sistema nervioso nos brinda en nuestros momentos más oscuros. Es un mecanismo de protección del alma, a menudo nos mantiene vivas (a quienes lo logramos), y aunque puede llevar años darnos cuenta de esto o incluso considerar la idea de que fue por nuestra propia supervivencia, en lugar de una huida forzada, ha sido la parte más hermosa de mi sanación. Permítanme compartir lo que sucedió. Hace diez años (no se me permite hablar públicamente de mi edad, mi antiguo empleador ni su nombre), pero puedo decir la verdad sobre todo lo demás; hace diez años, trabajaba para una empresa tecnológica. Estaba dominada por hombres, era competitiva y apenas hostil. Sentía ansiedad todos los días que iba a trabajar, empezando en mi primera semana cuando mi entonces jefe me exigió que no considerara tener hijos durante al menos los próximos dos años, si me tomaba en serio mi carrera... Esa primera semana debería haber sido mi canto del cisne, y me fui. En cambio, y de forma algo predecible (basándome en mi personalidad, naturaleza y vulnerabilidad), se aprovechó de la incomodidad que percibió en mi respuesta y fui con entusiasmo a trabajar para "probarme a mí mismo". Era exactamente lo que quería que hiciera... Había trabajado con esta persona antes, durante muchos años, pero nunca directamente. Mi percepción de él estaba teñida solo por lo que había visto previamente y nadie me había advertido de que fuera peligroso. De hecho, mi incorporación a la empresa fue facilitada por amigos que también compartían la percepción de que esta persona era exitosa, cariñosa y un "hombre de familia". Ellos, como yo, estaban muy equivocados. Durante los siguientes casi 15 meses, mi exempleador me acosó, manipuló, menospreció, abusó verbalmente, me tocó físicamente (en la oficina), me violó visualmente, me auditivamente (sí, resulta que esto existe), me violó oralmente, con los dedos y, finalmente, me penetró. Me aisló de mi pareja y mis amigos, me exigió más que nunca, todo mientras me menospreciaba o me exaltaba lo justo para que me confundiera, perdiera la capacidad de discernir entre A y B, y hiciera todo lo que me pidiera. Lo hacía mediante múltiples mecanismos, pero el principal era el narcisismo maligno y el desequilibrio de poder. Me recordaba lo estúpida que era hasta que empecé a creérmelo, me miraba fijamente (como si fuera una presa) durante las reuniones, con tal descaro que casi no le importaba si alguien se daba cuenta. Se acomodaba (a propósito) debajo de las mesas de la sala de juntas, provocándome sin palabras para ver si respondía, si me derrumbaba o si hablaba. Nunca lo hice. Renuncié tres veces antes de que finalmente me "dejara ir". Para entonces, él ya estaba "entrevistando" a posibles parejas en mi nombre, haciendo planes para enviarme al extranjero donde pudiera "verme cuando quisiera" y tomando el control de mis finanzas "mediante bonificaciones monetarias" o incentivos por mi rendimiento laboral. Se había hecho cargo cuidadosa y metódicamente de cada aspecto de mi vida, incluyendo mi propia voluntad. Pero tengo que agradecerme a mí misma y a algunos ángeles por mi escape. Para entonces, estaba tan destrozada que me volví paranoica, con pensamientos suicidas y apenas podía funcionar. Mientras tanto, él se comportaba como si yo no fuera nadie y, al mismo tiempo, decía cosas como "Eres más hombre que yo...", obviamente representativas de la valentía que tuve al escapar, pero también de la determinación de hacer lo necesario para sobrevivir. Desde entonces, he validado mi historia de muchas maneras: 1) Acudí a la comisión de derechos humanos. El proceso, aunque desgarrador y no centrado en la supervivencia, fue una forma de validar mi experiencia primero. Me llevó diez años, enfermarme gravemente (y quedar discapacitada) para tener el coraje de hacerlo. Durante este proceso, tuve que enfrentarme a él virtualmente (gracias a la COVID, otro ángel), y no pude hacerlo. Sentí náuseas, mi sistema nervioso no podía decirle a mi cuerpo que habían pasado 10 años; solo tenía músculo, nervios y neuronas de memoria, y fue retraumatizante. Lo llevé al límite y me dieron la oportunidad de escalar. 2) Acudí a un abogado, varios, de hecho, pero al final no me ayudaron mucho. Consiguieron lo que necesitaban y pude contactar con una asesora legal de voz suave que me ayudó a contar mi historia con detalle. Me defendieron lo mejor que pudieron, pero al final un abogado poco empático me impidió llevarlo a los tribunales. Durante este proceso quedó claro que tampoco era un asunto civil, sino penal, así que, para empezar, no iba por buen camino. Sabía por experiencia propia, incluso antes del movimiento #METOO, que iba a ser muy difícil demostrar lo que me pasó. Que iba a ser mi palabra contra la suya. Aquí es donde terminan la mayoría de las historias... PERO no es donde terminará la mía. Creo que la razón por la que la mayoría de las mujeres, en particular, no cuentan ni comparten sus historias, ni responsabilizan a sus agresores, es el miedo. En muchos sentidos, se debe a que nos culpamos, a que nos fijamos en nuestras propias deficiencias como la razón de por qué nos sucedieron estas cosas. ¿Qué hicimos mal en ese escenario? Nada. No hicimos absolutamente nada malo. Nuestro único problema o culpa radica en existir. Y adivina qué, eso no es culpa nuestra. Lo voy a decir de nuevo: Nosotras. No. No. No. No. No. Lo que pasó no te pertenece. Le pertenece a la persona que lo hizo. Quienes a menudo son tan cerrados a su propia disfunción que ni siquiera se dan cuenta de que lo que hacen no está bien. Así que lo hacen, sin pensar, centrados solo en la autogratificación. Es como un animal, no como un humano. Así de roto, desalmado y miserable debe estar un ser humano para infligir semejante horror a otro. Y le sucede a 1 de cada 3 mujeres en el trabajo. Peor si eres una mujer de color, peor si eres una mujer de ascendencia hispana o indígena en Australia. He decidido que se acabó el tiempo para separar mi alma de mi cuerpo para sobrevivir. De hecho, como mi sistema nervioso se ha deteriorado después del parto y he recurrido a cuidados paliativos, ahora me he enfrentado a la muerte muchísimas veces. Muerte física real. Las ECM o experiencias cercanas a la muerte me han enseñado que sobrevivir, vivir, es una elección. Podemos elegir ser definidos por nuestras experiencias, como las únicas en las que nos centraremos por el resto de nuestras vidas, atormentados por fantasmas del pasado. O podemos decir nuestra verdad, tan alto que ahogue todas las demás voces. Podemos trabajar juntos, podemos crear algo juntos, podemos hacer que las cosas sean diferentes a las que nuestro pasado nos marcó. Nadie puede poseernos, no importa cuánto te infecten a ti y a tu mente. En muchos sentidos, he tenido suerte. La suerte de haber tenido la oportunidad de sobrevivir a tanto trauma y seguir de pie (con mi bastón favorito, por supuesto) para pasar el tiempo que pueda con mi familia. O meditando, o en silencio. Él no podrá tocar eso, ni a mí, nunca más. Y mi decisión es no contar lo que pueda sobre mi historia, a quien quiera escucharla, tan a menudo como sea necesario, hasta que mi historia quede ahogada por voces de «no, para o llamo a la policía». Y nuestros niños y niñas están tan predispuestos a evitar a estas personas, que simplemente no les sucede. Nuestras historias pueden habernos dejado indefensos, mientras sucedían. Pero el verdadero milagro es que tenemos herramientas de supervivencia innatas, ahí para protegernos, incluso en esos momentos, disociando nuestras almas de nuestros cuerpos y flotando (en mi caso, mientras la silla estaba en la esquina de la habitación), o por una ventana o por el techo. No tenía que estar realmente allí para «sentir» lo que me estaba sucediendo. Tuve suerte. Ahora tengo la increíble oportunidad de reencontrarme con mi cuerpo, con mi alma completa, y puedo desentrañar y reconectar, lenta y cuidadosamente, ese trauma de mi vida. Creo que eso nos convierte en verdaderos supervivientes. Y es un regalo. Gracias por dejarme compartir. Por favor, comparte tu historia también; cuanto más la cuentes, más fácil será desahogarte en cuerpo y mente. Besos. name (también conocido como sharky) o Mamá Sharky.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Ahora nunca soy el mismo

    No conozco a la mayoría de mi familia, solo a mis padres, hermanos, algunos primos, tíos, tías y abuelos. Mi hermana se casó hace un tiempo. Yo fui su dama de honor. Todas las damas de honor llevaban vestidos sencillos y discretos de un bonito color azul. Durante la recepción, todos estaban borrachos, como era de esperar, y al final de la noche, los invitados llegaron a despedirse. Creo que este pariente del novio vino a despedirse; nunca lo había conocido y ojalá nunca lo hubiera conocido. Mientras estaba de pie con las otras damas de honor, riéndonos de sus conversaciones de borrachos, se acercó a mí y a otra dama de honor por detrás, nos dio una bofetada y nos sacudió el trasero. Fue muy agresivo y me dolió. Me quedé en shock y no supe cómo reaccionar, así que corrí al baño y lloré. Nunca me habían tocado ni violado en mi vida y nunca pensé que lo harían. Desde que pasó esto, nunca me he sentido cómoda estando cerca de hombres o chicos, no me gusta hacer fila sola con chicos detrás de mí. Me he vuelto demasiado agresiva para incomodar a los chicos y quiero mantenerme alejada, me aíslo del sexo opuesto para sentirme segura. Ahora solo me siento segura con el género femenino. Este evento que cambió mi vida ocurrió cuando tenía trece años, ahora soy mayor y nunca me he recuperado de ese sentimiento de miedo y pavor, y solo recientemente le conté a mi madre sobre estos eventos y revelé una foto de la boda del hombre que violó a la otra dama de honor y a mí. Mi hermana y su esposo han cortado todo contacto con él y están disgustados por su comportamiento. La otra dama de honor estaba tan borracha que ni siquiera sabía que la había violado. Sé que esta historia es relativamente menor en comparación con algunas, pero esto ha cambiado por completo mi perspectiva y visión de la vida. Gracias por darme esta plataforma para compartir mi historia.

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    Dije esto en la primera parte de la publicación, pero no sabía nada más que lo que me había pasado. No tenía información ni comprensión. Ni siquiera sabía que había más formas de violación que solo con un pene, ¡y que las mujeres pueden violar a los hombres! La educación se ha convertido en la principal vía para facilitar la sanación. Aprendí por mí misma (ya que no había un camino real ni ayuda disponible) las maneras en que podía ayudarme a mí misma y a los diferentes tipos de trauma. Hice mucho autoanálisis, fui a terapia y seguí un camino que nadie más compartió conmigo. Ha sido muy duro y muy solitario la mayor parte del tiempo. PERO, a medida que he empezado a ser más valiente, a buscar apoyo externo y a compartir historias como esta, se ha creado un ambiente de esperanza y un lugar para nuevos comienzos. Espero que esto ya no defina tanto mi historia, porque hago algo mucho más grande, mucho más espectacular, que simplemente olvido. Esa es la esperanza. TAMBIÉN tengo la esperanza de que, al compartir mi historia, sobre todo, pueda detenerla antes de que le pase a alguien más. Y cuantos más salgamos de las sombras y nos adentremos en la luz, menos podrán los demonios esconderse y acechar allí. Cuanto más lo impidamos (cambiando nuestras normas sociales) y eduquemos a nuestros hijos desde pequeños, más cambios generaremos. Oleadas de cambios. Hay mucho por lo que tener esperanza.

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    Yo era solo un niño pequeño

    Cuando tenía 5 años, mis padres se divorciaron. Uno de ellos se fue a vivir con un amigo. Este amigo tenía una hija adulta, que tenía un hijo de mi edad y otro mayor. Siempre que los visitaba, jugaba con los dos niños. Uno de los juegos que más jugábamos era "mamás y papás". Siempre me obligaban a ser la mamá porque "era la única niña", el niño mayor era el papá y el pequeño era "nuestro bebé". Un día, cuando tenía 6 o 7 años, el niño mayor me preguntó si sabía cómo se hacían los bebés. No tenía ni idea, así que dije "no". Procedió a decirme qué era el sexo. Ahora, con 6 o 7 años, asentí y dije "vale". Entonces dijo "¿Qué tal si hacemos el juego más preciso?". Él era mayor y lo admiraba, así que dije "claro". Luego hizo que su hermano se escondiera debajo de la cama, se aseguró de que la puerta estuviera cerrada y se acostó en la cama. Me subió encima y se quitó los pantalones y la ropa interior, antes de quitarme los míos. Luego procedió a... bueno, ya sabes. Poco después oímos que alguien venía y me hizo esconderme en el armario. Recuerdo sentir que algo malo había pasado y no me había gustado, pero era demasiado pequeña para entender más. Jugamos mucho a ser mamás y papás después de ese día. Hace años que no lo veo, pero incluso cuando oigo su nombre o veo fotos de su cara, me entra el pánico. Es como si tuviera 6 años otra vez. A veces me siento rota para siempre. Manchada para siempre. A veces siento asco de mí misma, como si fuera culpa mía. Me hago responsable de algo que definitivamente no quería que pasara. Pienso: "¿Y si hubiera hecho algo diferente?". Pero ¿qué podría haber hecho? Se me pone la piel de gallina. Siento un nudo en el estómago. Un peso, una pesadez que me presiona los pulmones y me dificulta respirar. Me invalido. Me digo a mí misma que no debería estar tan afectada. Que no me afecte tanto. Fue hace tanto tiempo que ni siquiera debería recordarlo. Al fin y al cabo, no podemos cambiar el pasado. Oigo su nombre, veo su rostro y siento que voy a llorar. Grito, me araño la cara, me clavo las uñas, pero por fuera callo. Inmóvil. Sonrío y finjo que estoy bien. Como si no estuviera rota. Descubrí que tiene una hija y lloré toda la noche. Sentí terror y rabia. Porque vive su vida sin pensar en mí, cuando yo solo pienso en él. Soy una superviviente, no una víctima.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.