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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇨🇦

Name, solo tenía 6 años

Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Contar eso sin derrumbarme

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    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

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    Mi papá - Mi héroe, mi ídolo, mi abusador.......

    Como hija única, no tenía a nadie a quien admirar. Pero siempre admiré a mi papá. Aunque nunca estaba presente por trabajo (aunque mamá trabajaba más que él y aun así encontraba mucho tiempo para mí), lo idolatraba. Era mi héroe. Siempre decía: «Los papás lo saben todo, recuérdalo», así que mentirle (incluso mentiras piadosas) no tenía sentido. Sin embargo, cuando cumplí 13 años, empecé a darme cuenta de que sí lo sabía todo. Sabía de qué hablábamos mis amigos y yo, sabía exactamente dónde estaba y con quién estaba sin siquiera tener que preguntarme, y yo siempre me preguntaba por qué. En realidad, tenía mi teléfono rastreado y podía leer todos mis mensajes. Ahora que he pasado por los tribunales y él ha sido encarcelado por los abusos que me infligió, puedo confirmar que, de hecho, me estaba manipulando sexualmente desde los 13 años. Aproximadamente un mes después de mi 18.º cumpleaños, comenzó el horrible abuso que sufrí durante 7 años y medio. Mi padre, disfrazado de desconocido durante los dos primeros años, me chantajeó para que tuviera relaciones sexuales con hombres desconocidos en nuestra casa, el único lugar donde debería haberme sentido segura. Cuando finalmente me di cuenta de que era él, no podría explicar cómo la situación se convirtió en abuso y violación sin control. Nos anunciaba como pareja en sitios de encuentros casuales y, para evitar las palizas, yo le seguía la corriente. Temía tanto por mi vida que las violaciones y agresiones sexuales interminables eran más fáciles —imagínate que fuera la opción más fácil—, hasta que te metes en una situación así, simplemente no sabes cómo vas a reaccionar. Dejé de salir, dejé mis aficiones y, mientras estaba en la universidad, dejé mi trabajo a tiempo parcial: él controlaba cada aspecto de mi vida. Y si dejo que mi máscara de "todo es color de rosa" se caiga, aunque sea por un segundo, sobre todo delante de mi madre, pues no aguanto ni pensarlo. Por suerte para mí, en cuanto mi madre se enteró, desapareció de mi vida en 30 minutos. Por desgracia, después de eso siguió acosando y abusando de otras. Fue condenado y actualmente cumple condena, pero aún le temo.

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    Impresión de Sobreviviendo a una violación en grupo

    Surviving Gang Rape impression
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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

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    #1843

    La primera vez que vi a T fue en clase de álgebra. Él estaba en último año y yo en tercero. Era un chico genial y popular, lleno de tatuajes, que coqueteaba con nuestra profesora de álgebra, y ella se lo tragaba todo. No hablé con él. Pensaba que era atractivo, pero su comportamiento odioso, propio de un concurso de popularidad y el centro de atención, me molestaba. Así que mantuve la nariz baja y, a propósito, no le presté atención, ni siquiera una mirada en su dirección. Un día dejó de venir a la escuela. Dejó los estudios para trabajar en una tienda de tatuajes, y no lo volví a ver hasta ese verano. Fui a un concierto con mi primo ese verano después del tercer año. Estábamos afuera tomando un poco de aire porque estaba muy lleno y húmedo allí. Era un concierto de un artista de rap underground, así que era pequeño. Oí que alguien me llamaba: "¡Oye C, hola chica!". Me giré para verlo. Debí de tener cara de confusión porque dijo: "Soy yo, T de matemáticas". Después de unos momentos, le dije: "Sí, ya sé quién eres, ¿qué pasa?". Pasamos el resto del concierto juntos. Me contó que yo era la única persona que nunca le prestaba atención, que pensaba mucho en mí. Supongo que eso me hacía destacar entre todas las chicas que lo perseguían constantemente. Incluso dijo que le daba miedo hablar conmigo, como si fuera el Sr. Popular. Me hacía sentir muy especial. Decía todo lo correcto, como si yo ya fuera el centro de su universo y hubiera estado deseando y esperando tener la oportunidad de volver a verme. Y que si la tenía, no la perdería. Mirando hacia atrás, había empezado su manipulación desde ese primer día. Cayó la bomba de amor y me golpeó fuerte. Estaba enamorada. Durante el verano, estuvimos juntos todos los días. Hizo todo lo que un chico enamorado debe hacer: me trató como a una princesa, me abrió las puertas, conoció a mi madre y le dio la mano a mi padre. Ya consumía drogas por aquel entonces, pero aún era capaz de ocultarlo. Aparte de la hierba, era un gran porrero, pero bueno, esto es California, todo el mundo fuma hierba, no la vemos como una droga. No me importaba. Pero había más cosas sucediendo en secreto. Simplemente aún no lo sabía. Después de este verano de cuento de hadas, volví a la escuela. Era mi último año, la clase de 2009, y estaba muy emocionado. Pero duró poco. Tenía una carpeta blanca con tapa transparente en aquel entonces; era lo que había que hacer, poner dibujos ahí, fotos tuyas con tus amigos, fotos tuyas con tu novio, y llevarla a todas partes para que todos la vieran. Así que, por supuesto, tenía la mía cubierta de fotos del verano de T y yo. En la segunda hora, una chica que conocía miró mi carpeta y dijo: "Oye, ¿ese es T?". Estaba orgullosa, sí, es mi novio, llevamos meses saliendo. Pero no lo dijo con un tono malicioso de "chica que intenta ponerte celosa", sino con un tono preocupado y suave. Dijo: "Oh, lo vi en una fiesta el fin de semana pasado. No se comportaba como alguien con novia. ¿Sabías que consume drogas?". Dije: "Sí, marihuana, lo sé". Ella respondió: "No, peor marihuana no". Se me rompió el corazón. No sabía exactamente qué significaba eso, qué estaba haciendo en la fiesta y con quién, y si no marihuana, ¿entonces qué? Se me ocurrieron todas las cosas hirientes, y no quería saber más, así que no pregunté. Y ella no dijo nada. Más tarde, cuando le pregunté al respecto, me dijo que solo estaban celosos y que solo intentaban interponerse entre nosotros. Y le creí. Nunca mencioné las drogas; algo me decía que no debía. Después de eso, fue constante. Siempre oía que me engañaba o mentía, y no le creía a nadie. Hasta que un día, estaba en clase de informática y recibí un mensaje de un número que no conocía, con la foto de un tatuaje. Pregunté quién era. Me lo dijo, y yo la conocía. Me dijo que fue a hacerse un tatuaje de T, no pagó, tuvo sexo con él en el baño de la tienda de tatuajes y se lo hizo gratis. Sabía que no mentía. Sentí un nudo en el estómago, lágrimas en los ojos. Quería salir corriendo, pero no podía. Estaba atrapada allí, sufriendo. No recuerdo qué me dijo exactamente. Recuerdo la intensidad. Cómo parecía hablar en serio cuando decía que no podía vivir si yo no estaba con él. Soy la única para él y si no puede tenerme, se suicidará. Comete errores y nadie podría amarme como él. Como nadie podría amarlo como yo. No solo me querían, me necesitaban. Así es como me sentía. Al ser abandonada por mi padre biológico, probablemente tuve algún trauma... algún trauma. Quería ser deseada. Y él parecía saberlo de alguna manera. Y usarlo. Así que me quedé con él. Siempre me quedé. Recuerdo la primera vez que me golpeó. Había estado rodeada de abuso de sustancias la mayor parte de mi vida, y de alguna manera todavía no lo veía en él. Todavía estaba en la escuela secundaria, una adolescente, saliendo con un chico que pensaba que era tan genial. Trabajaba en una tienda de tatuajes, cubierto de tatuajes, un artista increíble, todos lo conocían, todas las chicas querían estar con él, pero él no estaba con ellas, estaba conmigo. Se suponía que pasaría la noche en la casa de W... pero estaba en la suya. Estuvo intentando tocar una canción con la guitarra, forcejeando con algunas notas durante más de una hora, y yo me estaba aburriendo. Le dije que me iba a sentar en el sofá a ver una película con su sobrino pequeño para que siguiera practicando. Me dijo que no, lo cual no vi como una exigencia... al menos no todavía. Así que me reí y pensé: «Llevo una hora escuchándolo». Estaba tan obsesionado, haciendo lo mismo una y otra vez, como si estuviera en trance. Mirando hacia atrás, estaba colocado. En ese momento, pensé... bueno, no sé qué pensé, pero no eso. Me giré para irme, y de repente, estaba detrás de mí, me agarró, me dio la vuelta y me dio una bofetada tan fuerte en la cara y la oreja que me ardía la cara y me zumbaba el oído. Apenas lo oí decir algo como: «No te alejes de mí nunca más». Miré a mi alrededor, su sobrino lo había visto todo, lo noté por su expresión, pero no dijo ni una palabra. En retrospectiva, ese fue el principio, la creación de la idea que se me metería en la cabeza durante años: "A nadie le importa, es tu culpa, ¿y esto pasó o estoy loca?". En ese momento estaba locamente enamorada de quien creía que era. Pensaba que la persona que me lastima no era él. Solo necesitaba ayudarlo, él me ama. Morirá sin mí. Todo mejorará... Nunca lo hizo. Esto fue solo el principio. Un día simplemente se desconectó, no respondió a mis llamadas, me bloqueó. Durante días, estuve desesperada. Llamé y llamé y llamé. Hasta que finalmente, no él, sino un amigo, respondió la llamada. Me dijo que T estaba con una chica en City, que ya no me quería y que dejara de llamar. Le pregunté por qué, le pregunté qué hacía, le dije que creía que estábamos bien, no lo entendía. Simplemente se rió y me colgó. Y una vez más, T siempre encontraba la manera de hacerme sentir como si fuera el centro de su universo, hiciera lo que hiciera. Él moriría sin mí, yo lo hago mejor persona, lamenta mucho haberme hecho daño. Solo lo hace porque nunca ha amado a nadie así y le da miedo, y se autodestruye antes de que tenga la oportunidad de hacerle daño porque no podría soportarlo si lo hiciera. No sé por qué esto funcionó conmigo, pero funcionó. Siempre lo creí. Después de que City no funcionara, regresó e hizo precisamente eso, y caí en la trampa. Y volví a aceptarlo. Después de eso, se volvió normal. Él me bloqueaba, yo me ponía histérica, lo buscaba, lo llamaba y conducía histérica, y luego él me desbloqueaba. Llámame, dime cómo fue por algo que hice, porque no tengo la misma libertad que él, porque todavía vivía con mis padres y tenía reglas o lo que sea que él inventara, y que necesitaba dejar de hacer porque le duele más a él que a mí hacer esto porque él nunca ha querido a nadie como me quiere a mí. Y caí en la trampa cada vez. Ahora sé lo que estaba haciendo todas esas veces: drogas duras y engaños o ambas. La siguiente vez que me golpeó, fue en mi casa, y fue entonces cuando el consumo de drogas se volvió imposible de ignorar. Apareció hablando incoherencias, sin sentido. No lo había visto en un par de días, simplemente me había desbloqueado de nuevo. Se desmayó en mi cama. Lo desperté, le dije que no podía dormir aquí, mi padre se enojaría, no podía tener chicos durmiendo en mi habitación. Se levantó, agitando los brazos salvajemente, y me golpeó. Empecé a llorar, le pregunté dónde había estado, le exigí su nombre de usuario para su cuenta de MySpace. ¿Quiénes son todas esas chicas en tu página? ¿Por qué te hablan así? Me la dio, me conecté y había una cantidad incontable de mensajes de chicas con las que estaba coqueteando, chicas con las que me estaba engañando. Tuve que dejar de mirar, me daba asco. Le pregunté por ellas, le pregunté por qué hacía esto. Entonces cogió su teléfono, me lo tiró a la cara y se fue. En ese momento debió darse cuenta de que podía salirse con la suya haciéndome daño y yo no me iría. Así que dejó de esforzarse tanto en que lo perdonara. No tenía por qué hacerlo. Para él, yo nunca iba a ir a ninguna parte. Pero lo hice, rompí con él y esta vez lo decía en serio, por primera vez. Conduje hasta su tienda y lo vi con otra chica. Viéndolo con mis propios ojos, fue imposible ignorarlo. Le dije que había terminado, grité, lloré, "¿Por qué sigues haciéndome esto? ¿Por qué sigues haciéndome daño si no me amas? Déjame ir, joder". Empecé a conducir, él corrió detrás de mi camioneta, saltó a un lado y comenzó a golpearme a través de la ventana hasta que se cayó. Supongo que estaba avergonzado delante de ella. Lo dejé, lo bloqueé esta vez. Y comencé a seguir adelante. Había terminado con T de verdad esta vez, o eso pensé. Lo dejé, lo bloqueé y comencé a seguir adelante. Fue entonces cuando empecé a ver a B oh, B. Aún no era oficial, pero quería que lo fuera. Fuimos juntos al instituto y había estado enamorada de él durante años, viéndolo andar en su moto de calle, todo confianza y sonrisas. Él era simplemente... normal. Todavía iba al instituto, amable, con unos padres cariñosos que realmente aparecían y se preocupaban. En nuestra primera cita, me llevó a dar una vuelta en bici, y cuando fui a su casa después, su padre se burló de mí, llamándome "pata de plomo" por mi forma de ser juguetona, para nada malvada, simplemente cálida y acogedora, como si me estuvieran integrando a su familia. Me hizo reír, sentirme incluida. Era dulce, guapo, de esos que te ven sin juegos de mierda. Por primera vez, sentí esa chispa de algo fácil, como si tal vez pudiera tener una oportunidad real de tener novio y ser feliz sin el caos. Pero T siempre creyó que le pertenecía, como si fuera suya pase lo que pase, incluso si no me quería en ese momento. Se enteró de lo de B y no pudo soportarlo. Me llamó desde otro número, susurrándome un montón de dulces, rogándome que fuera a verlo esa noche. Dijo que no podía comer ni dormir pensando en mí con otra persona. Me suplicó, y cedí, como una idiota. Esa fue la noche en que me quedé embarazada. Fui a hablar. Al principio, fue muy amable y dulce, desconsolado, y me pidió que me quedara. Dije que no, pero me rogó que solo me abrazara, nada más, me prometió. Seguía viendo a B y no quería arruinarlo acostándome con T. Necesitaba tiempo para pensar. Fingió entenderlo, que lo respetaba. La noche se sintió bien, como si ya lo hubiéramos resuelto. Pero una vez que todos se durmieron, sus ojos se pusieron negros. Me obligó a tener sexo con él. Lloré. Dije que no. Lo repetí una y otra vez. Él medía 1,83 metros y yo 1,62 metros; era más grande que yo en todos los sentidos. Ni siquiera podía moverlo. Nada de lo que hice cambió la situación. Me sujetó, me tapó la boca para que nadie me oyera, y le dio igual. "Voy a dejarte embarazada, te guste o no", dijo, "y entonces nadie más te querrá". Y lo hizo. Lo que más me afectó fue B. Después de eso, lo dejé en paz, me daba vergüenza incluso decirle cómo le explico que me obligaron y cómo le explico que estoy embarazada del hijo de mi ex. ¿Qué adolescente querría eso? Nunca le di la oportunidad de saber lo que pasó. Pensé... Es comprensible que ningún chico de esa edad quiera una novia embarazada, sobre todo cuando ni siquiera es suya. No iba a traer esto a su vida. ¿Pero para mí? Devastador. Años enamorada de él, finalmente tener esta oportunidad de amabilidad normal, estabilidad, su linda familia que nos recibió a mí y a T lo arruinó todo en una noche. Me arrebató mi oportunidad. Nunca la tendría ahora, todo se sentía tan arruinado... Me sentía arruinada y mi cuerpo se sentía agotado. ¿Quién me querría así? Simplemente me quedé con T, lo acepté como si esa fuera mi vida, este fuera mi destino. Para cuando me quedé embarazada, era el final de mi último año de secundaria y estaba a punto de cumplir 18, justo después de la graduación. Nunca se lo dije a mis padres. Dijo que una vez que cumpliera 18, tendría un lugar para nosotros y nos mudaríamos. Y eso es exactamente lo que pasó en mi cumpleaños número 18. Pensé que esto podría arreglarlo todo, pensé que mejoraríamos. Estaba tan equivocada bajo su control total ahora. Se volvió mucho más oscuro. Los pantalones vaqueros rotos con agujeros en las rodillas eran populares. Tenía solo 17 años cuando descubrí que estaba embarazada, un secreto que enterré profundamente porque no quería decirles a mis padres, aunque me habrían apoyado sin cuestionarlo. Para cuando todo se desmoronó, tenía 18 años, perdidamente enamorada o lo que parecía amor y llevando esta nueva vida dentro de mí, todo mientras me sentía más aislada que nunca. La casa en la que terminamos pertenecía a alguien que había fallecido, una anciana cuyo nieto había estado viviendo allí y se quedó después de que ella se fuera. Era mucho mayor que nosotros a los 18 años, sus 30 años parecían muy viejos. Este tipo era amigo de la hermana mayor de T, así es como T lo conoció. T lo presentó como una gran oportunidad: "Podemos mudarnos allí", dijo, y así fue como lo hicimos. T hacía tatuajes para ganarse la vida, o lo intentó, lo habían echado de la tienda donde trabajaba, probablemente por la entrada de drogas, aunque nunca supe toda la historia. Así que empezó a hacerlos por su cuenta; le pagaban principalmente con drogas mientras hacía estos tatuajes. Los hacía principalmente en una casa de trapos a la vuelta de la esquina, donde lo único que hacían era consumir y vender drogas. La gente entraba y salía todo el tiempo. A veces los hacía en nuestra casa. En cuanto nos mudamos allí, vi realmente la magnitud de su problema con las drogas. No pagaba el alquiler y el compañero de piso no se lo obligaba. Simplemente me trataba como una mierda por eso, como si hubiera hecho algo malo o de alguna manera fuera mi culpa que T no tuviera dinero. Nadie a su alrededor lo responsabilizara de nada, nunca. Nadie. ¿Yo? Acababa de graduarme del instituto, estaba embarazada y no tenía ni idea del mundo real. Nunca había tenido un trabajo en mi vida y nunca planeé empezar uno, especialmente no de esta manera. Estaba confundida, ¿esperaban que YO tuviera dinero? ¿Conseguira un trabajo? De niña, estaba embarazada y no lo entendía. Pero desde el momento en que nos mudamos, todos me hicieron sentir como una intrusa, criticando cada movimiento... Lavé mal los platos, usé demasiado jabón, no limpié lo suficiente, comí sin querer la comida de otra persona. Estaba navegando por la edad adulta por primera vez, y nadie me dio tregua. Una noche me hizo un tatuaje en nuestra casa, pero duró muchísimo. Finalmente, a las 4 de la mañana, le pregunté si venía a la cama. Este no es un comportamiento normal. Me gritó: «No vuelvas a preguntarme delante de la gente, no me hagas preguntas, no es tu lugar». No durmió esa noche. Lloré hasta quedarme dormida. Algo que hacía todas las noches. Después de eso, todos en la casa dejaron de hablarme, hablaban A MÍ o de mí como si no estuviera en la habitación. "Está loca", "ni siquiera la quiere, está atrapado con ella", y T se reía y asentía. Me trataba como si fuera su propiedad. No tenía opinión, no podía hablar ni tomar decisiones. Era suya, independientemente de si me quería o no, nadie más me tendría excepto él. Nunca me había sentido tan sola en toda mi vida, como si estuviera en un planeta completamente sola. Como si estuviera gritando pero no saliera nada. Era una pesadilla viviente de la que nunca podría despertar. Era invisible. T tenía 19 años, ya estaba sumido en las garras de la metanfetamina, su adicción alimentaba ataques de ira que lo convirtieron en alguien irreconocible y abusivo de maneras que dejaron marcas en más que solo mi piel. Y luego estaba ella, la vecina de unos 40 años que era horrible conmigo. Podía ver su puerta principal y la ventana de la cocina, la habitación de los niños desde mi puerta lateral. Los caminos de entrada se conectaban allí sin barreras, sin muro de privacidad. Era casi como un solo camino gigante, pero solo estaban separados por un espacio en el medio. Intentó jugar un extraño papel maternal con T. No podía distinguir si estaba enamorada de él o si estaba haciendo de "mamá" con su pequeño bebé, que ni siquiera era su hijo porque se drogaban juntos. En cualquier caso. No era un cariño real, era de esos en los que se drogaba junto a su "hijo", excusando cada arrebato violento, cada giro cruel, incluso cuando ocurría delante de ella. A sus ojos, él era un angelito perfecto, puro e intachable. ¿Yo? Yo era la mentirosa, la loca empeñada en destruirlo. Su voz siempre estaba cargada de odio cuando me hablaba, como si cada palabra estuviera impregnada de veneno, un veneno preparado solo para mí, rebosante de falsas acusaciones de que todo era culpa mía. Un día, en el camino de entrada, las cosas se pusieron feas. Yo estaba sobrio, a diferencia de todos los que me rodeaban, con muchísima hambre. Me dolía el estómago, tenía 18 años y estaba embarazada. T había vuelto a robarme la tarjeta de alimentos, escapándose con ella durante horas, a veces días, dejándome sin lo básico. Intentaba evitar que saliera corriendo por la calle a por más drogas, aferrándome a su brazo, suplicándole. Pero me empujó sin pensarlo dos veces, tirándome al suelo como si no sirviera para nada. El pavimento áspero se me clavaba en las rodillas desnudas a través de los malditos agujeros de los vaqueros, con piedritas y tierra clavándose en la piel, y la sangre brotaba en una masa arenosa y punzante mezclada con la mugre. Buscaba algo o a alguien que me ayudara a salir de aquello. Fue entonces cuando los vi allí mismo, a plena vista: sus dos hijos pequeños, con la cara gorda y pecosa, el pelo rojo sucio y sin cepillar. Lo habían visto todo por las ventanas y salían corriendo. No tenían prisa por ayudar, ni siquiera parecían sorprendidos; se reían, con esas risas agudas y crueles que duelen más que la caída. Pequeños pelirrojos sádicos. Eso es lo que pensé entonces. Era demasiado pequeño para darme cuenta de que solo eran niños y que eran producto de su madre. Ella no estaba allí en ese preciso momento, pero podía sentirla allí de todos modos: la facilitadora que me susurraría la culpa al oído, que lo defendería pase lo que pase. Los chicos no se quedaron esperando; salieron corriendo por la puerta principal, todavía riendo y gritando a cualquiera que pudiera oír: "¡Le pegó! ¡Le pegó!". Torciendo la verdad en una mentira descarada antes de que pudiera siquiera levantarme. Cuando me levanté, la vergüenza me golpeó fuerte. Sentí que había hecho algo terriblemente malo. Me avergonzaba que todos pudieran oír a esos niños gritando sus mentiras, sabiendo que las creerían y me odiarían aún más de lo que ya me odiaban. Pensando: ¿por qué había intentado detenerlo? Debería haberlo dejado ir, seguir con hambre y esperar que volviera pronto antes de que yo muriera de hambre. No fue rabia lo que sentí en ese momento, sino una profunda vergüenza, como si todo el mundo me juzgara por estar en ese lío. Me levanté, con la sangre corriéndole por las espinillas, hambrienta, asustada y tan sola. "No, mira", intenté decir, señalando el agujero de mis vaqueros, donde se había cerrado al ponerme de pie, intentando abrirlo para mostrárselo a todo el mundo. "Me empujó". Pero nadie miraba. Les daba igual, no querían ver la verdad. Poco después, la hermana de T se mudó con dos de sus hijos, y el consumo de drogas empeoró. La chica de 30 años a la que le alquilábamos la habitación consumía, ella consumía, T consumía. Todos sus amigos y toda la gente del barrio consumía. Yo era la única que no. Cada vez que me pegaba, decían que era culpa mía. Me tiraban al suelo, y luego me pisoteaban como si no estuviera allí. Invitaba a gente a su casa, y es como si vinieran solo a ser crueles conmigo. Nadie fue amable allí. Dijeron que mentí sobre que me había pegado y que estaba loca. Si lo veían hacerlo, dirían: "Bueno, no deberías haber intentado impedirle trabajar". Y yo intenté explicarle que no iba a trabajar, que hacía tatuajes a cambio de drogas. Me quitó la tarjeta, no tenía comida, no tenía dinero, siempre tenía hambre. No les importaba que no me oyeran, que no me vieran. Pensé que me estaba volviendo loca. Empezaba a pensar que me lo había inventado todo. Tenía amigos que me querían, tenía padres que me querían. No recurrí a ellos, no sé por qué. Pero sí sé que entonces no habría importado, probablemente no me habría ido hasta que me echaran. Mi amiga vino y estaba preocupada por mí, necesitaba verme. Se lo conté todo. Le conté que ese mismo día le había rogado que dejara de drogarse, que no me dejara sola, y me agarró del pelo y me arrastró por la casa boca abajo, y todos lo vieron, nadie lo detuvo. Y estaba embarazada, todos lo sabían, no les importó. Me dijo que tenía que irme. No la escuché en ese momento. Desde que conocí a esas chicas, J y W, las he amado, siempre intentaron protegerme, nunca me abandonaron, hasta el día de hoy. Ese día fue W quien vino; no podía obligarme a irme y lo sabía. Pero estaría ahí pase lo que pasara, y cuando yo estuviera lista, lo estaría. Ambos estaban... Al día siguiente, volvió a la casa de las drogas. Lo seguí, rogándole que por favor no me dejara sola, que por favor dejara de drogarme. Y me ignoró hasta que estuvimos dos casas más allá. Supongo que no quería causar problemas. Me agarró, me tiró al suelo y me dio una patada en la cara. Justo había un tipo trabajando en su tejado, la primera vez en todo este tiempo que alguien intentó ayudar. Le gritó a T que parara y llamó a la policía. La policía apareció... y me negué a presentar cargos. Este agente me conocía, ya había estado allí antes. Una vez, cuando discutíamos en una habitación, T quería que lo dejara en paz, así que agarró el marco metálico de una cama, me lo lanzó y empezó a gritar que se lo había lanzado y que llamara a la policía, así que alguien de la casa lo hizo. Llegaron y él metió el pie debajo y dijo que se lo había lanzado para arrestarme. El agente me llevó aparte y le conté lo sucedido. Me preguntó si tenía adónde ir. Le dije que podía ir a casa de mis padres. Dijo que me creía, pero que no podían demostrarlo y que no presentaría cargos. Me dijo que me fuera a casa y no volviera nunca. Dijo que si volvía, quizá no saldría con vida y que me alejara de T, «no sirve para nada». Me fui a casa esa noche, pero volví. Este es el mismo policía que apareció ese día. De nuevo, no presentaré cargos. Puedo ver la preocupación en la cara del oficial. Tiene miedo por mí. Encuentra un cuchillo ilegal en T y lo lleva a la cárcel. Me dice que me vaya a casa otra vez y no regrese. T iba camino a la cárcel. Camino de regreso a casa, todos ya saben lo que pasó. Empezaron a atacarme en grupo diciendo que si no estaba embarazada me darían una paliza por traer a la policía. Porque todos estaban haciendo actividades ilegales. Y por haber arrestado a T, para empezar. En ese momento tengo miedo. Sé que necesito salir y salir rápido, así que llamé a W, llamé a mi mamá, y llegaron en tiempo récord, recogieron todas mis cosas y me llevaron a casa. Nunca volví a esa casa. Pero ese no fue el final de T y yo. Habían pasado un par de meses desde ese día. Finalmente les dije a mis padres que estaba embarazada. Y me apoyaron muchísimo. Me querían sin importar lo que pasara. No sé por qué tenía tanto miedo de contárselo. Siempre fueron unos padres cariñosos. Tenían sus defectos, no eran perfectos, pero eran buenos padres. W estaba de visita todos los días. J siempre estaba pendiente de mí. Eran mi apoyo, ya no me sentía sola. Creo que nunca les he dicho cuánto me ayudaron, cuánto los quiero por eso. Cómo puedo pasarme la vida intentando devolverles lo que hicieron por mí y ni siquiera podría acercarme. Pero creo que lo saben. Nunca les conté TODO hasta años después, y probablemente todavía no lo he dicho todo. No lo necesitaba, podían ver que estaba rota. Podríamos hablar cuando estuviera lista. Por fin soy feliz, estoy mejorando, estoy sanando. Y estoy a un par de meses de tener a mi bebé. Entonces T vuelve a la vida y lo dejo. Casualmente se muda al barrio de detrás de la casa de mis padres. No recuerdo cómo me contactó. Pero lo hizo. Siempre me encontraba. No le permitían entrar a casa de mis padres. No les había contado mucho de lo que había pasado, pero ellos sabían que algo había pasado. Me llamaba una y otra vez, me rogaba que lo viera. Una y otra vez, y yo cedía. Una noche me lo encontré en una calle entre su casa y la mía. Estaba drogado, no estoy seguro de cuáles eran sus intenciones esa noche, aparte de maldad. Se subió a mi camioneta y empezó a gritarme, a golpearme, a golpear mi camioneta, a romper el plástico del tablero. Diciendo que le pertenezco, que está unido a mí para siempre, que nunca podría deshacerme de él y que nunca podría seguir adelante con mi vida sin él. Entonces, de repente, se abrió la puerta del copiloto y lo sacaron de la camioneta. El hombre con el que vivía debió haberlo visto irse y no sé qué lo impulsó a hacerlo, pero lo siguió. Vio lo que estaba pasando y me salvó esa noche. Me dijo que nunca regresara. Me dijo: "¡Te va a matar, ¿no lo entiendes?". Fue duro, pero creo que intentaba ayudar. Claro que no lo escuché, todavía no. Empecé a reunirme con él en privado, llevándolo a mis citas médicas en secreto. Se mantuvo firme un tiempo, hubo algunas discusiones en el estacionamiento, nada demasiado loco por un tiempo, pero no duró. Iba a hacerle una de esas ecografías 3D y él quería venir. Cuando fui a recogerlo, sabía que estaba drogado. Pero lo llevé de todos modos. En el estacionamiento le pedí que esperara en el auto, no iba a llevarlo allí incoherente, fue vergonzoso. Se volvió loco y comenzó a golpearme en la cara en el estacionamiento y no le importó quién lo viera. Tanta gente lo vio que llamaron a la policía. Intenté mentir, pero me dijeron que había testigos y que lo llevarían a la cárcel. Querían que presentara cargos, pero no lo hice. Salió poco después. Solo lo vi dos veces más después de ese día. Pero él estaba afuera de mi casa todas las noches acosándome. Viéndome ir y venir, viendo quién venía. Esperando a que estuviera sola, pero nunca lo estaba. Si mis padres no estaban allí, W o J sí. La noche que me puse de parto, él vio. Estaba allí observando. Se presentó en el hospital drogado y borracho con un grupo de amigos drogadictos. Fue irrespetuoso con mi familia y amigos en el hospital. Estaba tan aterrorizada. Hice que las enfermeras lo echaran, pero él y su hermana seguían llamando a mi habitación, así que tuvieron que trasladarme a una habitación privada. Entraste por la primera puerta y te encontraste con otra puerta. La segunda puerta conducía a mi habitación. De esa manera nadie podía mirar por una ventana y verme. Tenías que tener una contraseña específica para entrar, y si alguien llamaba, no les daban información sobre si yo estaba allí o no. Tengo más hijos y los amo a todos por igual, pero esa mañana a las 3 am solo estaba ella. Tuve a mi bebé, y en cuanto la miré a los ojos, me impactó como nunca antes. No existía nadie más que ella. En ese instante, por fin supe lo que era el amor verdadero, esa cosa abrumadora y feroz que lo cambió todo. Desde ese día, nada ha sido más importante que ella. Es el amor de mi vida, punto, todo lo que me importa. Me salvó la vida ese día, sacándome de la oscuridad y dándome una razón para luchar por algo bueno. Fue la primera en abrirme los ojos y me dio la fuerza para liberarme. Supe en ese momento que la protegería por todos los medios necesarios. Supe que nunca volvería con él. Se merece amor, paz y protección, y me aseguraría de que los recibiera. Nunca más volví con T después de eso. Aunque era horrible, seguía siendo su padre, así que intentamos visitarlo una vez. Solo quería hablar conmigo. Apareció drogado y habló de sus deseos de formar una familia, y su obsesiva posesividad hacia mí fue tan evidente para mí que, cuando lo rechacé y le dije que nunca volvería a estar con él, empezó a insultarme. Me llamó mala madre y lo obligué a irse. La abrazó durante cinco segundos ese día. Esa fue la última vez que la vio tan cerca. Le dije que si quería estar en su vida, necesitaba ayuda y que necesitaba desintoxicarse, pero nunca lo ha hecho. Me acosó durante muchos años, me buscaba, me enviaba videos, fotos y canciones amenazándome, amenazando a cualquiera con quien saliera. Hasta que se mudó fuera del estado y yo también. Su acoso fue disminuyendo cada vez más hasta que, después de muchos años, cesó. Que yo sepa. Pero el trauma de lo que pasé todavía duele. Todavía lo siento en mi cuerpo. Todavía tengo que trabajar todos los días para reprogramar mi cerebro. Sé que no estaba loca, sé que abusaron de mí. Sé que no fue mi culpa. Y tal vez algún día lo acepte. Hasta el día de hoy no sé por qué me quedé. No recuerdo todo lo que me pasó. No sé por qué recuerdo lo que hago; quizá me dejaron las cicatrices más grandes. O quizá fue tanto que mi cerebro olvidó algunas para salvarse. No creo que fuera puramente malvado. Creo que su popularidad y su búsqueda de atención se debían a algo que no entendió de niño. Compartía detalles sobre el abandono de sus padres, pero siempre actuaba imperturbable, como si nada. Rodeado de gente, el personal de la tienda de tatuajes repartiendo pastillas y un lugar para dormir, pero sin un hogar real, sin dormitorio, simplemente a la deriva. Se hacía el simpático, como si fuera el dueño del mundo, sin admitir nunca sus vacíos, pero yo lo vi a través de él. Quería ser la estabilidad que le faltaba, amarlo de verdad, no la fachada. Él usó eso en mi contra, distorsionando mi empatía para controlarme. No sé dónde terminó él y dónde empezaron los muros que levantó para protegerse. Me niego a ponerle excusas. Su padre los abandonó a él y a su madre unos años después. Su hermana mayor intentó criarlo, pero ella también era drogadicta. Nunca tuvo un hogar de verdad. Nunca tuvo un buen ejemplo a seguir en la vida. Parecía estar constantemente rodeado de gente horrible con malas intenciones desde antes de ser adulto. Quizás nunca tuvo una oportunidad en la vida. Quizás algún día pueda aceptarlo. Nunca lo perdonaré, pero quizás pueda seguir adelante. Estuve muy herida durante mucho tiempo, pero ahora solo me queda una ira intensa. Quiero encontrar a todas estas personas y obligarlas a afrontar lo que me hicieron, lo que permitieron que pasara. Pero eso no es posible, así que seguiré trabajando en ello, y quizás algún día pueda soltarlo. Por completo. Escribir es mi último esfuerzo. Han pasado 16 años y quizás finalmente tener mi historia en forma física pueda sostenerla, leerla, compartirla y saber que fue real. Estuvo mal, no estoy loca por que esto me haya pasado.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Chico del barco.

    Era una primera cita. Era mi primera cita en años. Un par de copas dieron paso a una buena conversación. Una buena conversación terminó en que aceptara una invitación para conocer a su primo. Conocerlo dio paso a otra copa, y luego el primo desapareció. Intenté irme. Me dominó físicamente. Luché, rogándole literalmente que parara. Lo amenacé con no tener anticonceptivos y con arruinarle la vida si me quedaba embarazada. Dije que tendría el bebé, pensando que lo asustaría. No tenía miedo. Me cubrí la vagina con las manos, suplicándole. Me abofeteó. Se metió en mi boca a la fuerza. Una vez que terminó de agredirlo, simplemente se duchó. Me quedé allí tumbada, mirando por la pequeña ventana circular que tenía en su habitación, viendo solo el tono de una farola en la distancia. Llegué a casa y me limpié todo el agua de la ducha. Sin pensar con claridad. Sin pensar en cómo afectaría mi capacidad de hablar. Solo quería lavarme la sensación de sus manos. Físicamente, tenía la cara magullada y la boca abierta. Emocionalmente, estaba destrozada. Recurrí al alcohol para ahogar cualquier pensamiento. Me distancié de mis amigos y familiares. Estaba furiosa. Fui a terapia y me dijeron que no era mi culpa. Lo sabía. Lógicamente, sabía que la culpa nunca es de la víctima. En mi interior, sentía que era mi culpa por haber ido a la cita y haber confiado estúpidamente en él. Todavía me siento culpable por no haberlo denunciado. Siento que he decepcionado a otras sobrevivientes, me siento débil. No sé cómo sanar. No sé cómo ser una sobreviviente.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Impresión de Sobreviviendo a una violación en grupo

    Surviving Gang Rape impression
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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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    🇺🇸

    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    Mi papá - Mi héroe, mi ídolo, mi abusador.......

    Como hija única, no tenía a nadie a quien admirar. Pero siempre admiré a mi papá. Aunque nunca estaba presente por trabajo (aunque mamá trabajaba más que él y aun así encontraba mucho tiempo para mí), lo idolatraba. Era mi héroe. Siempre decía: «Los papás lo saben todo, recuérdalo», así que mentirle (incluso mentiras piadosas) no tenía sentido. Sin embargo, cuando cumplí 13 años, empecé a darme cuenta de que sí lo sabía todo. Sabía de qué hablábamos mis amigos y yo, sabía exactamente dónde estaba y con quién estaba sin siquiera tener que preguntarme, y yo siempre me preguntaba por qué. En realidad, tenía mi teléfono rastreado y podía leer todos mis mensajes. Ahora que he pasado por los tribunales y él ha sido encarcelado por los abusos que me infligió, puedo confirmar que, de hecho, me estaba manipulando sexualmente desde los 13 años. Aproximadamente un mes después de mi 18.º cumpleaños, comenzó el horrible abuso que sufrí durante 7 años y medio. Mi padre, disfrazado de desconocido durante los dos primeros años, me chantajeó para que tuviera relaciones sexuales con hombres desconocidos en nuestra casa, el único lugar donde debería haberme sentido segura. Cuando finalmente me di cuenta de que era él, no podría explicar cómo la situación se convirtió en abuso y violación sin control. Nos anunciaba como pareja en sitios de encuentros casuales y, para evitar las palizas, yo le seguía la corriente. Temía tanto por mi vida que las violaciones y agresiones sexuales interminables eran más fáciles —imagínate que fuera la opción más fácil—, hasta que te metes en una situación así, simplemente no sabes cómo vas a reaccionar. Dejé de salir, dejé mis aficiones y, mientras estaba en la universidad, dejé mi trabajo a tiempo parcial: él controlaba cada aspecto de mi vida. Y si dejo que mi máscara de "todo es color de rosa" se caiga, aunque sea por un segundo, sobre todo delante de mi madre, pues no aguanto ni pensarlo. Por suerte para mí, en cuanto mi madre se enteró, desapareció de mi vida en 30 minutos. Por desgracia, después de eso siguió acosando y abusando de otras. Fue condenado y actualmente cumple condena, pero aún le temo.

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    #1843

    La primera vez que vi a T fue en clase de álgebra. Él estaba en último año y yo en tercero. Era un chico genial y popular, lleno de tatuajes, que coqueteaba con nuestra profesora de álgebra, y ella se lo tragaba todo. No hablé con él. Pensaba que era atractivo, pero su comportamiento odioso, propio de un concurso de popularidad y el centro de atención, me molestaba. Así que mantuve la nariz baja y, a propósito, no le presté atención, ni siquiera una mirada en su dirección. Un día dejó de venir a la escuela. Dejó los estudios para trabajar en una tienda de tatuajes, y no lo volví a ver hasta ese verano. Fui a un concierto con mi primo ese verano después del tercer año. Estábamos afuera tomando un poco de aire porque estaba muy lleno y húmedo allí. Era un concierto de un artista de rap underground, así que era pequeño. Oí que alguien me llamaba: "¡Oye C, hola chica!". Me giré para verlo. Debí de tener cara de confusión porque dijo: "Soy yo, T de matemáticas". Después de unos momentos, le dije: "Sí, ya sé quién eres, ¿qué pasa?". Pasamos el resto del concierto juntos. Me contó que yo era la única persona que nunca le prestaba atención, que pensaba mucho en mí. Supongo que eso me hacía destacar entre todas las chicas que lo perseguían constantemente. Incluso dijo que le daba miedo hablar conmigo, como si fuera el Sr. Popular. Me hacía sentir muy especial. Decía todo lo correcto, como si yo ya fuera el centro de su universo y hubiera estado deseando y esperando tener la oportunidad de volver a verme. Y que si la tenía, no la perdería. Mirando hacia atrás, había empezado su manipulación desde ese primer día. Cayó la bomba de amor y me golpeó fuerte. Estaba enamorada. Durante el verano, estuvimos juntos todos los días. Hizo todo lo que un chico enamorado debe hacer: me trató como a una princesa, me abrió las puertas, conoció a mi madre y le dio la mano a mi padre. Ya consumía drogas por aquel entonces, pero aún era capaz de ocultarlo. Aparte de la hierba, era un gran porrero, pero bueno, esto es California, todo el mundo fuma hierba, no la vemos como una droga. No me importaba. Pero había más cosas sucediendo en secreto. Simplemente aún no lo sabía. Después de este verano de cuento de hadas, volví a la escuela. Era mi último año, la clase de 2009, y estaba muy emocionado. Pero duró poco. Tenía una carpeta blanca con tapa transparente en aquel entonces; era lo que había que hacer, poner dibujos ahí, fotos tuyas con tus amigos, fotos tuyas con tu novio, y llevarla a todas partes para que todos la vieran. Así que, por supuesto, tenía la mía cubierta de fotos del verano de T y yo. En la segunda hora, una chica que conocía miró mi carpeta y dijo: "Oye, ¿ese es T?". Estaba orgullosa, sí, es mi novio, llevamos meses saliendo. Pero no lo dijo con un tono malicioso de "chica que intenta ponerte celosa", sino con un tono preocupado y suave. Dijo: "Oh, lo vi en una fiesta el fin de semana pasado. No se comportaba como alguien con novia. ¿Sabías que consume drogas?". Dije: "Sí, marihuana, lo sé". Ella respondió: "No, peor marihuana no". Se me rompió el corazón. No sabía exactamente qué significaba eso, qué estaba haciendo en la fiesta y con quién, y si no marihuana, ¿entonces qué? Se me ocurrieron todas las cosas hirientes, y no quería saber más, así que no pregunté. Y ella no dijo nada. Más tarde, cuando le pregunté al respecto, me dijo que solo estaban celosos y que solo intentaban interponerse entre nosotros. Y le creí. Nunca mencioné las drogas; algo me decía que no debía. Después de eso, fue constante. Siempre oía que me engañaba o mentía, y no le creía a nadie. Hasta que un día, estaba en clase de informática y recibí un mensaje de un número que no conocía, con la foto de un tatuaje. Pregunté quién era. Me lo dijo, y yo la conocía. Me dijo que fue a hacerse un tatuaje de T, no pagó, tuvo sexo con él en el baño de la tienda de tatuajes y se lo hizo gratis. Sabía que no mentía. Sentí un nudo en el estómago, lágrimas en los ojos. Quería salir corriendo, pero no podía. Estaba atrapada allí, sufriendo. No recuerdo qué me dijo exactamente. Recuerdo la intensidad. Cómo parecía hablar en serio cuando decía que no podía vivir si yo no estaba con él. Soy la única para él y si no puede tenerme, se suicidará. Comete errores y nadie podría amarme como él. Como nadie podría amarlo como yo. No solo me querían, me necesitaban. Así es como me sentía. Al ser abandonada por mi padre biológico, probablemente tuve algún trauma... algún trauma. Quería ser deseada. Y él parecía saberlo de alguna manera. Y usarlo. Así que me quedé con él. Siempre me quedé. Recuerdo la primera vez que me golpeó. Había estado rodeada de abuso de sustancias la mayor parte de mi vida, y de alguna manera todavía no lo veía en él. Todavía estaba en la escuela secundaria, una adolescente, saliendo con un chico que pensaba que era tan genial. Trabajaba en una tienda de tatuajes, cubierto de tatuajes, un artista increíble, todos lo conocían, todas las chicas querían estar con él, pero él no estaba con ellas, estaba conmigo. Se suponía que pasaría la noche en la casa de W... pero estaba en la suya. Estuvo intentando tocar una canción con la guitarra, forcejeando con algunas notas durante más de una hora, y yo me estaba aburriendo. Le dije que me iba a sentar en el sofá a ver una película con su sobrino pequeño para que siguiera practicando. Me dijo que no, lo cual no vi como una exigencia... al menos no todavía. Así que me reí y pensé: «Llevo una hora escuchándolo». Estaba tan obsesionado, haciendo lo mismo una y otra vez, como si estuviera en trance. Mirando hacia atrás, estaba colocado. En ese momento, pensé... bueno, no sé qué pensé, pero no eso. Me giré para irme, y de repente, estaba detrás de mí, me agarró, me dio la vuelta y me dio una bofetada tan fuerte en la cara y la oreja que me ardía la cara y me zumbaba el oído. Apenas lo oí decir algo como: «No te alejes de mí nunca más». Miré a mi alrededor, su sobrino lo había visto todo, lo noté por su expresión, pero no dijo ni una palabra. En retrospectiva, ese fue el principio, la creación de la idea que se me metería en la cabeza durante años: "A nadie le importa, es tu culpa, ¿y esto pasó o estoy loca?". En ese momento estaba locamente enamorada de quien creía que era. Pensaba que la persona que me lastima no era él. Solo necesitaba ayudarlo, él me ama. Morirá sin mí. Todo mejorará... Nunca lo hizo. Esto fue solo el principio. Un día simplemente se desconectó, no respondió a mis llamadas, me bloqueó. Durante días, estuve desesperada. Llamé y llamé y llamé. Hasta que finalmente, no él, sino un amigo, respondió la llamada. Me dijo que T estaba con una chica en City, que ya no me quería y que dejara de llamar. Le pregunté por qué, le pregunté qué hacía, le dije que creía que estábamos bien, no lo entendía. Simplemente se rió y me colgó. Y una vez más, T siempre encontraba la manera de hacerme sentir como si fuera el centro de su universo, hiciera lo que hiciera. Él moriría sin mí, yo lo hago mejor persona, lamenta mucho haberme hecho daño. Solo lo hace porque nunca ha amado a nadie así y le da miedo, y se autodestruye antes de que tenga la oportunidad de hacerle daño porque no podría soportarlo si lo hiciera. No sé por qué esto funcionó conmigo, pero funcionó. Siempre lo creí. Después de que City no funcionara, regresó e hizo precisamente eso, y caí en la trampa. Y volví a aceptarlo. Después de eso, se volvió normal. Él me bloqueaba, yo me ponía histérica, lo buscaba, lo llamaba y conducía histérica, y luego él me desbloqueaba. Llámame, dime cómo fue por algo que hice, porque no tengo la misma libertad que él, porque todavía vivía con mis padres y tenía reglas o lo que sea que él inventara, y que necesitaba dejar de hacer porque le duele más a él que a mí hacer esto porque él nunca ha querido a nadie como me quiere a mí. Y caí en la trampa cada vez. Ahora sé lo que estaba haciendo todas esas veces: drogas duras y engaños o ambas. La siguiente vez que me golpeó, fue en mi casa, y fue entonces cuando el consumo de drogas se volvió imposible de ignorar. Apareció hablando incoherencias, sin sentido. No lo había visto en un par de días, simplemente me había desbloqueado de nuevo. Se desmayó en mi cama. Lo desperté, le dije que no podía dormir aquí, mi padre se enojaría, no podía tener chicos durmiendo en mi habitación. Se levantó, agitando los brazos salvajemente, y me golpeó. Empecé a llorar, le pregunté dónde había estado, le exigí su nombre de usuario para su cuenta de MySpace. ¿Quiénes son todas esas chicas en tu página? ¿Por qué te hablan así? Me la dio, me conecté y había una cantidad incontable de mensajes de chicas con las que estaba coqueteando, chicas con las que me estaba engañando. Tuve que dejar de mirar, me daba asco. Le pregunté por ellas, le pregunté por qué hacía esto. Entonces cogió su teléfono, me lo tiró a la cara y se fue. En ese momento debió darse cuenta de que podía salirse con la suya haciéndome daño y yo no me iría. Así que dejó de esforzarse tanto en que lo perdonara. No tenía por qué hacerlo. Para él, yo nunca iba a ir a ninguna parte. Pero lo hice, rompí con él y esta vez lo decía en serio, por primera vez. Conduje hasta su tienda y lo vi con otra chica. Viéndolo con mis propios ojos, fue imposible ignorarlo. Le dije que había terminado, grité, lloré, "¿Por qué sigues haciéndome esto? ¿Por qué sigues haciéndome daño si no me amas? Déjame ir, joder". Empecé a conducir, él corrió detrás de mi camioneta, saltó a un lado y comenzó a golpearme a través de la ventana hasta que se cayó. Supongo que estaba avergonzado delante de ella. Lo dejé, lo bloqueé esta vez. Y comencé a seguir adelante. Había terminado con T de verdad esta vez, o eso pensé. Lo dejé, lo bloqueé y comencé a seguir adelante. Fue entonces cuando empecé a ver a B oh, B. Aún no era oficial, pero quería que lo fuera. Fuimos juntos al instituto y había estado enamorada de él durante años, viéndolo andar en su moto de calle, todo confianza y sonrisas. Él era simplemente... normal. Todavía iba al instituto, amable, con unos padres cariñosos que realmente aparecían y se preocupaban. En nuestra primera cita, me llevó a dar una vuelta en bici, y cuando fui a su casa después, su padre se burló de mí, llamándome "pata de plomo" por mi forma de ser juguetona, para nada malvada, simplemente cálida y acogedora, como si me estuvieran integrando a su familia. Me hizo reír, sentirme incluida. Era dulce, guapo, de esos que te ven sin juegos de mierda. Por primera vez, sentí esa chispa de algo fácil, como si tal vez pudiera tener una oportunidad real de tener novio y ser feliz sin el caos. Pero T siempre creyó que le pertenecía, como si fuera suya pase lo que pase, incluso si no me quería en ese momento. Se enteró de lo de B y no pudo soportarlo. Me llamó desde otro número, susurrándome un montón de dulces, rogándome que fuera a verlo esa noche. Dijo que no podía comer ni dormir pensando en mí con otra persona. Me suplicó, y cedí, como una idiota. Esa fue la noche en que me quedé embarazada. Fui a hablar. Al principio, fue muy amable y dulce, desconsolado, y me pidió que me quedara. Dije que no, pero me rogó que solo me abrazara, nada más, me prometió. Seguía viendo a B y no quería arruinarlo acostándome con T. Necesitaba tiempo para pensar. Fingió entenderlo, que lo respetaba. La noche se sintió bien, como si ya lo hubiéramos resuelto. Pero una vez que todos se durmieron, sus ojos se pusieron negros. Me obligó a tener sexo con él. Lloré. Dije que no. Lo repetí una y otra vez. Él medía 1,83 metros y yo 1,62 metros; era más grande que yo en todos los sentidos. Ni siquiera podía moverlo. Nada de lo que hice cambió la situación. Me sujetó, me tapó la boca para que nadie me oyera, y le dio igual. "Voy a dejarte embarazada, te guste o no", dijo, "y entonces nadie más te querrá". Y lo hizo. Lo que más me afectó fue B. Después de eso, lo dejé en paz, me daba vergüenza incluso decirle cómo le explico que me obligaron y cómo le explico que estoy embarazada del hijo de mi ex. ¿Qué adolescente querría eso? Nunca le di la oportunidad de saber lo que pasó. Pensé... Es comprensible que ningún chico de esa edad quiera una novia embarazada, sobre todo cuando ni siquiera es suya. No iba a traer esto a su vida. ¿Pero para mí? Devastador. Años enamorada de él, finalmente tener esta oportunidad de amabilidad normal, estabilidad, su linda familia que nos recibió a mí y a T lo arruinó todo en una noche. Me arrebató mi oportunidad. Nunca la tendría ahora, todo se sentía tan arruinado... Me sentía arruinada y mi cuerpo se sentía agotado. ¿Quién me querría así? Simplemente me quedé con T, lo acepté como si esa fuera mi vida, este fuera mi destino. Para cuando me quedé embarazada, era el final de mi último año de secundaria y estaba a punto de cumplir 18, justo después de la graduación. Nunca se lo dije a mis padres. Dijo que una vez que cumpliera 18, tendría un lugar para nosotros y nos mudaríamos. Y eso es exactamente lo que pasó en mi cumpleaños número 18. Pensé que esto podría arreglarlo todo, pensé que mejoraríamos. Estaba tan equivocada bajo su control total ahora. Se volvió mucho más oscuro. Los pantalones vaqueros rotos con agujeros en las rodillas eran populares. Tenía solo 17 años cuando descubrí que estaba embarazada, un secreto que enterré profundamente porque no quería decirles a mis padres, aunque me habrían apoyado sin cuestionarlo. Para cuando todo se desmoronó, tenía 18 años, perdidamente enamorada o lo que parecía amor y llevando esta nueva vida dentro de mí, todo mientras me sentía más aislada que nunca. La casa en la que terminamos pertenecía a alguien que había fallecido, una anciana cuyo nieto había estado viviendo allí y se quedó después de que ella se fuera. Era mucho mayor que nosotros a los 18 años, sus 30 años parecían muy viejos. Este tipo era amigo de la hermana mayor de T, así es como T lo conoció. T lo presentó como una gran oportunidad: "Podemos mudarnos allí", dijo, y así fue como lo hicimos. T hacía tatuajes para ganarse la vida, o lo intentó, lo habían echado de la tienda donde trabajaba, probablemente por la entrada de drogas, aunque nunca supe toda la historia. Así que empezó a hacerlos por su cuenta; le pagaban principalmente con drogas mientras hacía estos tatuajes. Los hacía principalmente en una casa de trapos a la vuelta de la esquina, donde lo único que hacían era consumir y vender drogas. La gente entraba y salía todo el tiempo. A veces los hacía en nuestra casa. En cuanto nos mudamos allí, vi realmente la magnitud de su problema con las drogas. No pagaba el alquiler y el compañero de piso no se lo obligaba. Simplemente me trataba como una mierda por eso, como si hubiera hecho algo malo o de alguna manera fuera mi culpa que T no tuviera dinero. Nadie a su alrededor lo responsabilizara de nada, nunca. Nadie. ¿Yo? Acababa de graduarme del instituto, estaba embarazada y no tenía ni idea del mundo real. Nunca había tenido un trabajo en mi vida y nunca planeé empezar uno, especialmente no de esta manera. Estaba confundida, ¿esperaban que YO tuviera dinero? ¿Conseguira un trabajo? De niña, estaba embarazada y no lo entendía. Pero desde el momento en que nos mudamos, todos me hicieron sentir como una intrusa, criticando cada movimiento... Lavé mal los platos, usé demasiado jabón, no limpié lo suficiente, comí sin querer la comida de otra persona. Estaba navegando por la edad adulta por primera vez, y nadie me dio tregua. Una noche me hizo un tatuaje en nuestra casa, pero duró muchísimo. Finalmente, a las 4 de la mañana, le pregunté si venía a la cama. Este no es un comportamiento normal. Me gritó: «No vuelvas a preguntarme delante de la gente, no me hagas preguntas, no es tu lugar». No durmió esa noche. Lloré hasta quedarme dormida. Algo que hacía todas las noches. Después de eso, todos en la casa dejaron de hablarme, hablaban A MÍ o de mí como si no estuviera en la habitación. "Está loca", "ni siquiera la quiere, está atrapado con ella", y T se reía y asentía. Me trataba como si fuera su propiedad. No tenía opinión, no podía hablar ni tomar decisiones. Era suya, independientemente de si me quería o no, nadie más me tendría excepto él. Nunca me había sentido tan sola en toda mi vida, como si estuviera en un planeta completamente sola. Como si estuviera gritando pero no saliera nada. Era una pesadilla viviente de la que nunca podría despertar. Era invisible. T tenía 19 años, ya estaba sumido en las garras de la metanfetamina, su adicción alimentaba ataques de ira que lo convirtieron en alguien irreconocible y abusivo de maneras que dejaron marcas en más que solo mi piel. Y luego estaba ella, la vecina de unos 40 años que era horrible conmigo. Podía ver su puerta principal y la ventana de la cocina, la habitación de los niños desde mi puerta lateral. Los caminos de entrada se conectaban allí sin barreras, sin muro de privacidad. Era casi como un solo camino gigante, pero solo estaban separados por un espacio en el medio. Intentó jugar un extraño papel maternal con T. No podía distinguir si estaba enamorada de él o si estaba haciendo de "mamá" con su pequeño bebé, que ni siquiera era su hijo porque se drogaban juntos. En cualquier caso. No era un cariño real, era de esos en los que se drogaba junto a su "hijo", excusando cada arrebato violento, cada giro cruel, incluso cuando ocurría delante de ella. A sus ojos, él era un angelito perfecto, puro e intachable. ¿Yo? Yo era la mentirosa, la loca empeñada en destruirlo. Su voz siempre estaba cargada de odio cuando me hablaba, como si cada palabra estuviera impregnada de veneno, un veneno preparado solo para mí, rebosante de falsas acusaciones de que todo era culpa mía. Un día, en el camino de entrada, las cosas se pusieron feas. Yo estaba sobrio, a diferencia de todos los que me rodeaban, con muchísima hambre. Me dolía el estómago, tenía 18 años y estaba embarazada. T había vuelto a robarme la tarjeta de alimentos, escapándose con ella durante horas, a veces días, dejándome sin lo básico. Intentaba evitar que saliera corriendo por la calle a por más drogas, aferrándome a su brazo, suplicándole. Pero me empujó sin pensarlo dos veces, tirándome al suelo como si no sirviera para nada. El pavimento áspero se me clavaba en las rodillas desnudas a través de los malditos agujeros de los vaqueros, con piedritas y tierra clavándose en la piel, y la sangre brotaba en una masa arenosa y punzante mezclada con la mugre. Buscaba algo o a alguien que me ayudara a salir de aquello. Fue entonces cuando los vi allí mismo, a plena vista: sus dos hijos pequeños, con la cara gorda y pecosa, el pelo rojo sucio y sin cepillar. Lo habían visto todo por las ventanas y salían corriendo. No tenían prisa por ayudar, ni siquiera parecían sorprendidos; se reían, con esas risas agudas y crueles que duelen más que la caída. Pequeños pelirrojos sádicos. Eso es lo que pensé entonces. Era demasiado pequeño para darme cuenta de que solo eran niños y que eran producto de su madre. Ella no estaba allí en ese preciso momento, pero podía sentirla allí de todos modos: la facilitadora que me susurraría la culpa al oído, que lo defendería pase lo que pase. Los chicos no se quedaron esperando; salieron corriendo por la puerta principal, todavía riendo y gritando a cualquiera que pudiera oír: "¡Le pegó! ¡Le pegó!". Torciendo la verdad en una mentira descarada antes de que pudiera siquiera levantarme. Cuando me levanté, la vergüenza me golpeó fuerte. Sentí que había hecho algo terriblemente malo. Me avergonzaba que todos pudieran oír a esos niños gritando sus mentiras, sabiendo que las creerían y me odiarían aún más de lo que ya me odiaban. Pensando: ¿por qué había intentado detenerlo? Debería haberlo dejado ir, seguir con hambre y esperar que volviera pronto antes de que yo muriera de hambre. No fue rabia lo que sentí en ese momento, sino una profunda vergüenza, como si todo el mundo me juzgara por estar en ese lío. Me levanté, con la sangre corriéndole por las espinillas, hambrienta, asustada y tan sola. "No, mira", intenté decir, señalando el agujero de mis vaqueros, donde se había cerrado al ponerme de pie, intentando abrirlo para mostrárselo a todo el mundo. "Me empujó". Pero nadie miraba. Les daba igual, no querían ver la verdad. Poco después, la hermana de T se mudó con dos de sus hijos, y el consumo de drogas empeoró. La chica de 30 años a la que le alquilábamos la habitación consumía, ella consumía, T consumía. Todos sus amigos y toda la gente del barrio consumía. Yo era la única que no. Cada vez que me pegaba, decían que era culpa mía. Me tiraban al suelo, y luego me pisoteaban como si no estuviera allí. Invitaba a gente a su casa, y es como si vinieran solo a ser crueles conmigo. Nadie fue amable allí. Dijeron que mentí sobre que me había pegado y que estaba loca. Si lo veían hacerlo, dirían: "Bueno, no deberías haber intentado impedirle trabajar". Y yo intenté explicarle que no iba a trabajar, que hacía tatuajes a cambio de drogas. Me quitó la tarjeta, no tenía comida, no tenía dinero, siempre tenía hambre. No les importaba que no me oyeran, que no me vieran. Pensé que me estaba volviendo loca. Empezaba a pensar que me lo había inventado todo. Tenía amigos que me querían, tenía padres que me querían. No recurrí a ellos, no sé por qué. Pero sí sé que entonces no habría importado, probablemente no me habría ido hasta que me echaran. Mi amiga vino y estaba preocupada por mí, necesitaba verme. Se lo conté todo. Le conté que ese mismo día le había rogado que dejara de drogarse, que no me dejara sola, y me agarró del pelo y me arrastró por la casa boca abajo, y todos lo vieron, nadie lo detuvo. Y estaba embarazada, todos lo sabían, no les importó. Me dijo que tenía que irme. No la escuché en ese momento. Desde que conocí a esas chicas, J y W, las he amado, siempre intentaron protegerme, nunca me abandonaron, hasta el día de hoy. Ese día fue W quien vino; no podía obligarme a irme y lo sabía. Pero estaría ahí pase lo que pasara, y cuando yo estuviera lista, lo estaría. Ambos estaban... Al día siguiente, volvió a la casa de las drogas. Lo seguí, rogándole que por favor no me dejara sola, que por favor dejara de drogarme. Y me ignoró hasta que estuvimos dos casas más allá. Supongo que no quería causar problemas. Me agarró, me tiró al suelo y me dio una patada en la cara. Justo había un tipo trabajando en su tejado, la primera vez en todo este tiempo que alguien intentó ayudar. Le gritó a T que parara y llamó a la policía. La policía apareció... y me negué a presentar cargos. Este agente me conocía, ya había estado allí antes. Una vez, cuando discutíamos en una habitación, T quería que lo dejara en paz, así que agarró el marco metálico de una cama, me lo lanzó y empezó a gritar que se lo había lanzado y que llamara a la policía, así que alguien de la casa lo hizo. Llegaron y él metió el pie debajo y dijo que se lo había lanzado para arrestarme. El agente me llevó aparte y le conté lo sucedido. Me preguntó si tenía adónde ir. Le dije que podía ir a casa de mis padres. Dijo que me creía, pero que no podían demostrarlo y que no presentaría cargos. Me dijo que me fuera a casa y no volviera nunca. Dijo que si volvía, quizá no saldría con vida y que me alejara de T, «no sirve para nada». Me fui a casa esa noche, pero volví. Este es el mismo policía que apareció ese día. De nuevo, no presentaré cargos. Puedo ver la preocupación en la cara del oficial. Tiene miedo por mí. Encuentra un cuchillo ilegal en T y lo lleva a la cárcel. Me dice que me vaya a casa otra vez y no regrese. T iba camino a la cárcel. Camino de regreso a casa, todos ya saben lo que pasó. Empezaron a atacarme en grupo diciendo que si no estaba embarazada me darían una paliza por traer a la policía. Porque todos estaban haciendo actividades ilegales. Y por haber arrestado a T, para empezar. En ese momento tengo miedo. Sé que necesito salir y salir rápido, así que llamé a W, llamé a mi mamá, y llegaron en tiempo récord, recogieron todas mis cosas y me llevaron a casa. Nunca volví a esa casa. Pero ese no fue el final de T y yo. Habían pasado un par de meses desde ese día. Finalmente les dije a mis padres que estaba embarazada. Y me apoyaron muchísimo. Me querían sin importar lo que pasara. No sé por qué tenía tanto miedo de contárselo. Siempre fueron unos padres cariñosos. Tenían sus defectos, no eran perfectos, pero eran buenos padres. W estaba de visita todos los días. J siempre estaba pendiente de mí. Eran mi apoyo, ya no me sentía sola. Creo que nunca les he dicho cuánto me ayudaron, cuánto los quiero por eso. Cómo puedo pasarme la vida intentando devolverles lo que hicieron por mí y ni siquiera podría acercarme. Pero creo que lo saben. Nunca les conté TODO hasta años después, y probablemente todavía no lo he dicho todo. No lo necesitaba, podían ver que estaba rota. Podríamos hablar cuando estuviera lista. Por fin soy feliz, estoy mejorando, estoy sanando. Y estoy a un par de meses de tener a mi bebé. Entonces T vuelve a la vida y lo dejo. Casualmente se muda al barrio de detrás de la casa de mis padres. No recuerdo cómo me contactó. Pero lo hizo. Siempre me encontraba. No le permitían entrar a casa de mis padres. No les había contado mucho de lo que había pasado, pero ellos sabían que algo había pasado. Me llamaba una y otra vez, me rogaba que lo viera. Una y otra vez, y yo cedía. Una noche me lo encontré en una calle entre su casa y la mía. Estaba drogado, no estoy seguro de cuáles eran sus intenciones esa noche, aparte de maldad. Se subió a mi camioneta y empezó a gritarme, a golpearme, a golpear mi camioneta, a romper el plástico del tablero. Diciendo que le pertenezco, que está unido a mí para siempre, que nunca podría deshacerme de él y que nunca podría seguir adelante con mi vida sin él. Entonces, de repente, se abrió la puerta del copiloto y lo sacaron de la camioneta. El hombre con el que vivía debió haberlo visto irse y no sé qué lo impulsó a hacerlo, pero lo siguió. Vio lo que estaba pasando y me salvó esa noche. Me dijo que nunca regresara. Me dijo: "¡Te va a matar, ¿no lo entiendes?". Fue duro, pero creo que intentaba ayudar. Claro que no lo escuché, todavía no. Empecé a reunirme con él en privado, llevándolo a mis citas médicas en secreto. Se mantuvo firme un tiempo, hubo algunas discusiones en el estacionamiento, nada demasiado loco por un tiempo, pero no duró. Iba a hacerle una de esas ecografías 3D y él quería venir. Cuando fui a recogerlo, sabía que estaba drogado. Pero lo llevé de todos modos. En el estacionamiento le pedí que esperara en el auto, no iba a llevarlo allí incoherente, fue vergonzoso. Se volvió loco y comenzó a golpearme en la cara en el estacionamiento y no le importó quién lo viera. Tanta gente lo vio que llamaron a la policía. Intenté mentir, pero me dijeron que había testigos y que lo llevarían a la cárcel. Querían que presentara cargos, pero no lo hice. Salió poco después. Solo lo vi dos veces más después de ese día. Pero él estaba afuera de mi casa todas las noches acosándome. Viéndome ir y venir, viendo quién venía. Esperando a que estuviera sola, pero nunca lo estaba. Si mis padres no estaban allí, W o J sí. La noche que me puse de parto, él vio. Estaba allí observando. Se presentó en el hospital drogado y borracho con un grupo de amigos drogadictos. Fue irrespetuoso con mi familia y amigos en el hospital. Estaba tan aterrorizada. Hice que las enfermeras lo echaran, pero él y su hermana seguían llamando a mi habitación, así que tuvieron que trasladarme a una habitación privada. Entraste por la primera puerta y te encontraste con otra puerta. La segunda puerta conducía a mi habitación. De esa manera nadie podía mirar por una ventana y verme. Tenías que tener una contraseña específica para entrar, y si alguien llamaba, no les daban información sobre si yo estaba allí o no. Tengo más hijos y los amo a todos por igual, pero esa mañana a las 3 am solo estaba ella. Tuve a mi bebé, y en cuanto la miré a los ojos, me impactó como nunca antes. No existía nadie más que ella. En ese instante, por fin supe lo que era el amor verdadero, esa cosa abrumadora y feroz que lo cambió todo. Desde ese día, nada ha sido más importante que ella. Es el amor de mi vida, punto, todo lo que me importa. Me salvó la vida ese día, sacándome de la oscuridad y dándome una razón para luchar por algo bueno. Fue la primera en abrirme los ojos y me dio la fuerza para liberarme. Supe en ese momento que la protegería por todos los medios necesarios. Supe que nunca volvería con él. Se merece amor, paz y protección, y me aseguraría de que los recibiera. Nunca más volví con T después de eso. Aunque era horrible, seguía siendo su padre, así que intentamos visitarlo una vez. Solo quería hablar conmigo. Apareció drogado y habló de sus deseos de formar una familia, y su obsesiva posesividad hacia mí fue tan evidente para mí que, cuando lo rechacé y le dije que nunca volvería a estar con él, empezó a insultarme. Me llamó mala madre y lo obligué a irse. La abrazó durante cinco segundos ese día. Esa fue la última vez que la vio tan cerca. Le dije que si quería estar en su vida, necesitaba ayuda y que necesitaba desintoxicarse, pero nunca lo ha hecho. Me acosó durante muchos años, me buscaba, me enviaba videos, fotos y canciones amenazándome, amenazando a cualquiera con quien saliera. Hasta que se mudó fuera del estado y yo también. Su acoso fue disminuyendo cada vez más hasta que, después de muchos años, cesó. Que yo sepa. Pero el trauma de lo que pasé todavía duele. Todavía lo siento en mi cuerpo. Todavía tengo que trabajar todos los días para reprogramar mi cerebro. Sé que no estaba loca, sé que abusaron de mí. Sé que no fue mi culpa. Y tal vez algún día lo acepte. Hasta el día de hoy no sé por qué me quedé. No recuerdo todo lo que me pasó. No sé por qué recuerdo lo que hago; quizá me dejaron las cicatrices más grandes. O quizá fue tanto que mi cerebro olvidó algunas para salvarse. No creo que fuera puramente malvado. Creo que su popularidad y su búsqueda de atención se debían a algo que no entendió de niño. Compartía detalles sobre el abandono de sus padres, pero siempre actuaba imperturbable, como si nada. Rodeado de gente, el personal de la tienda de tatuajes repartiendo pastillas y un lugar para dormir, pero sin un hogar real, sin dormitorio, simplemente a la deriva. Se hacía el simpático, como si fuera el dueño del mundo, sin admitir nunca sus vacíos, pero yo lo vi a través de él. Quería ser la estabilidad que le faltaba, amarlo de verdad, no la fachada. Él usó eso en mi contra, distorsionando mi empatía para controlarme. No sé dónde terminó él y dónde empezaron los muros que levantó para protegerse. Me niego a ponerle excusas. Su padre los abandonó a él y a su madre unos años después. Su hermana mayor intentó criarlo, pero ella también era drogadicta. Nunca tuvo un hogar de verdad. Nunca tuvo un buen ejemplo a seguir en la vida. Parecía estar constantemente rodeado de gente horrible con malas intenciones desde antes de ser adulto. Quizás nunca tuvo una oportunidad en la vida. Quizás algún día pueda aceptarlo. Nunca lo perdonaré, pero quizás pueda seguir adelante. Estuve muy herida durante mucho tiempo, pero ahora solo me queda una ira intensa. Quiero encontrar a todas estas personas y obligarlas a afrontar lo que me hicieron, lo que permitieron que pasara. Pero eso no es posible, así que seguiré trabajando en ello, y quizás algún día pueda soltarlo. Por completo. Escribir es mi último esfuerzo. Han pasado 16 años y quizás finalmente tener mi historia en forma física pueda sostenerla, leerla, compartirla y saber que fue real. Estuvo mal, no estoy loca por que esto me haya pasado.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Chico del barco.

    Era una primera cita. Era mi primera cita en años. Un par de copas dieron paso a una buena conversación. Una buena conversación terminó en que aceptara una invitación para conocer a su primo. Conocerlo dio paso a otra copa, y luego el primo desapareció. Intenté irme. Me dominó físicamente. Luché, rogándole literalmente que parara. Lo amenacé con no tener anticonceptivos y con arruinarle la vida si me quedaba embarazada. Dije que tendría el bebé, pensando que lo asustaría. No tenía miedo. Me cubrí la vagina con las manos, suplicándole. Me abofeteó. Se metió en mi boca a la fuerza. Una vez que terminó de agredirlo, simplemente se duchó. Me quedé allí tumbada, mirando por la pequeña ventana circular que tenía en su habitación, viendo solo el tono de una farola en la distancia. Llegué a casa y me limpié todo el agua de la ducha. Sin pensar con claridad. Sin pensar en cómo afectaría mi capacidad de hablar. Solo quería lavarme la sensación de sus manos. Físicamente, tenía la cara magullada y la boca abierta. Emocionalmente, estaba destrozada. Recurrí al alcohol para ahogar cualquier pensamiento. Me distancié de mis amigos y familiares. Estaba furiosa. Fui a terapia y me dijeron que no era mi culpa. Lo sabía. Lógicamente, sabía que la culpa nunca es de la víctima. En mi interior, sentía que era mi culpa por haber ido a la cita y haber confiado estúpidamente en él. Todavía me siento culpable por no haberlo denunciado. Siento que he decepcionado a otras sobrevivientes, me siento débil. No sé cómo sanar. No sé cómo ser una sobreviviente.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.