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Yo estaba...

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Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇲🇽

Cómo es posible ?

En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    #1709

    Soy una sobreviviente de abuso sexual infantil que vive en Canadá y tengo un acuerdo de confidencialidad por abuso sexual infantil desde hace 28 años. Cuando intenté levantar mi acuerdo de confidencialidad en 2018, tras el fallecimiento de mi abusador, el tribunal de Columbia Británica me lo denegó y se negó a levantarlo. Por ello, durante los últimos siete años, he abogado ante políticos provinciales y federales de Canadá para que prohíban el uso indebido de acuerdos de confidencialidad para sobrevivientes de abuso sexual infantil. Con la aprobación de la Ley de Trey en Texas y Misuri (¡y espero que pronto en más estados!), esto presionará al gobierno canadiense y a las provincias para que aprueben leyes similares. Me siento muy alentada (¡y también sanada!) por todos los sobrevivientes que comparten sus historias en las legislaturas de Misuri y Texas. Todos estos testimonios son muy importantes como prueba para demostrar el daño extenso y a largo plazo que un acuerdo de confidencialidad ha causado a una víctima de abuso infantil, de cara a los casos judiciales posteriores. (Este tipo de prueba de daño a largo plazo no se presentó en mi caso judicial en Columbia Británica; por lo tanto, mi solicitud de levantamiento del acuerdo de confidencialidad fue denegada). Todos debemos seguir alzando la voz para cambiar el futuro de los niños. Quizás no podamos cambiar el pasado, pero sin duda podemos cambiar el presente y hacer del mundo un lugar más seguro para los demás. Tras sufrir mucho durante años, ahora veo que ese sufrimiento ha tenido un sentido. Como resultado, me he convertido en una persona más fuerte. No estoy agradecida por el abuso, pero me parece que una fuerza mayor en el universo está ayudando a todas las víctimas a cambiar el mundo por completo ahora mismo. Es un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y todos debemos seguir impulsando este increíble cambio. Gracias a la Ley de Trey y a todos los sobrevivientes que han expresado su apoyo a la Ley de Trey.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Impresión de Sobreviviendo a una violación en grupo

    Surviving Gang Rape impression
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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Más de un año de abuso a los 14 años y ahora lidiando con el TEPT complejo

    Tenía 14 años, esto fue hace 6 años, y cambió por completo mi vida, quién soy y hacia dónde voy. Salía con un chico. Durante el primer mes, me agredió varias veces, me golpeó, etc. Me decía que peleábamos porque eso es lo que hace la gente cuando se ama. Se me acercaba por detrás y me agarraba sexualmente sin que me diera cuenta. Todo esto pasó en el colegio; fue increíblemente deshumanizante y vergonzoso. A partir de ahí, empeoró. Intenté dejarlo, pero me enviaba vídeos de él quemándose, me escribía con detalles de cómo mataba a alguien y se salía con la suya, me enviaba fotos de conejos salvajes muertos (mi animal favorito que mató), y luego me violó. Quedé embarazada a los 14 y por fin estaba lista para irme oficialmente. Este bebé iba a ser mi salida, aunque no lo tuviera. No le gustó. Lo siguiente que supe fue que intentó matarme con tanta violencia que aborté poco después. No podía irme, no podía vivir en esa relación. Meses después de que intentara matarme, le dije que era abusivo. Fue entonces cuando me dejó. No sé cómo tenía sentido, sobre todo porque lloró por lo que le dije. Pero si funcionó, funciona. Lo intenté todo. Dijo que si empezaba a fumar me dejaría, simplemente me quemó con un encendedor, dijo que si le engañaba me dejaría, simplemente me golpeó, intenté dejarlo y él intentó matarme, pero supongo que decir que era abusivo fue demasiado. Sobreviví un año. Muchas veces me pregunto si me lo inventé todo, al menos eso es lo que él dijo que hice. A veces no creo ser una víctima. Me diagnosticaron TEPT complejo y he tenido problemas con mi autoestima, mi adicción y mi sentido de las relaciones. Dejé de fumar este año y estoy muy orgullosa de mí misma. Me gradué, tengo un buen trabajo, estoy en la universidad y ahora estoy muy lejos de él. Soy más feliz. Estoy en una relación feliz con un hombre que jamás me haría daño, amenazaría ni gritaría. Ya no recibo amenazas de muerte anónimas. Me siento muy paranoica, como si alguien me estuviera observando o fuera a hacerme daño. A veces tengo que recordarme que es él, que se está metiendo en mi cabeza otra vez. Todavía duele, perdí gran parte de mi inocencia en un momento tan crucial para mi desarrollo. Estaba aislada, él controlaba mis redes sociales e incluso mi teléfono, me alejó de mis amigos y casi de mi familia. Pero ya no soy ella. Y nunca volveré a serlo. Me da pena mi yo de 14 años. Siempre la he mirado con tanto odio y vergüenza. Pero ella sufría. Tenía miedo. Yo tenía miedo. Todos los días de mi vida, durante un año y hasta que cesó el acoso, que fue un tiempo después. Pero sobreviví, no solo sobreviví, sino que prosperé y salí adelante. Espero que esto ayude a otras víctimas de abuso extremo. Una vez que encuentras una salida, es mucho mejor, incluso si te cuestionas, quieres volver atrás, crees que lo mereces, etc. La salida te salvará la vida. Es muy difícil, y el trabajo para mejorar después puede ser aún más difícil. Pero vale la pena. Sigo luchando contra el TEPT complejo, lo haré por el resto de mi vida, pero mejoró.

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    Nombre

    Tengo una confesión. Hay muchas cosas que la gente no sabe de mí. Algunos me han visto cambiar drásticamente desde 2015, pero muy pocos saben lo que pasó entonces. Algunos solo me conocen como soy ahora, y no es algo que todos los que conozco ahora puedan saber. Me abro aquí para compartir que hay esperanza en el infierno, incluso cuando no la vi en ese momento. Mi esperanza es contar mi historia de cómo superé lo que pasé y que se convierta en la guía de alguien. Sabemos de qué trata este libro, y quizás se pregunten qué sucedió en 2015 para que mi vida cambiara tan drásticamente. En 2015, fui arrestada y acusada injustamente tras tener una discusión verbal con mi pareja de entonces. Puedo entender por qué fui el blanco de los cargos; después de todo, mi pareja estaba en silla de ruedas en ese momento y se veía tan vulnerable. El casero estaba afuera cortando el césped y vio a través de las cortinas cerradas, mientras yo agredía a mi pareja en ese momento, cuando en realidad estábamos discutiendo por cerveza y marihuana. Iba a omitir los detalles del encuentro con la policía, pero quizás esto también debería compartirse. En el momento de mi arresto, estaba mirando por la ventana (de nuevo, con las cortinas cerradas) hablando por teléfono con un amigo, explicándole que acababa de discutir con mi pareja y que la policía ya venía. No me importó, después de todo, no hice nada malo. Lo que desconocía es lo que se dijo durante esa llamada a la policía. Mientras hablaba por teléfono, me pillaron desprevenido, me dieron la vuelta, me tiraron el teléfono y me tiraron al suelo, con al menos un policía arrodillándose sobre mí. Fue aterrador, no sabía en ese momento qué estaba pasando, me tomó por sorpresa, tenía miedo, estaba confundido, por supuesto, me moví un poco tratando de entender lo que estaba pasando. [Durante mi juicio, el policía testificó que casi sacaron la porra para golpearme.] En ese momento, medía 1,65 m, ¿y quizás 50 kg? No había necesidad de nada de esto; lo hacían parecer mucho más fuerte y corpulento de lo que era. ] Recuerdo estar allí tumbado, mirando a mi compañero rogándole que les contara lo que realmente había pasado. Pero no dijo ni una palabra. Acabé sentado en una patrulla durante horas, mientras una policía se burlaba de mí mientras lloraba. Intenté decirles que tenía pruebas en mi teléfono de que él había sido violento en el pasado, pero no les importó. Yo era el malo aquí. [Resulta que acabaron contactando a mis padres para que vinieran a recoger a mi hijo, que en ese momento tenía unos 6 años y estuvo en la oficina durante la mayor parte del alboroto. ] La celda no era nada agradable: un par de bancos, un inodoro y una pared de plástico transparente al fondo. Un montón de gente gritando y dando golpes. Fue aterrador, y no importó lo que les dijera a los policías cuando me entrevistaron, no les importó. Acabé... Salí después de unas 12 horas con 5 cargos y sin vuelta a casa. Recuerdo haber intentado llamar a un amigo, que eran entre las 3 y las 5 de la madrugada, y no contestaba. Estaba en pleno centro, con la camisa rota y con cara de que algo había salido terriblemente mal, y así fue. No tenía dinero y, con la esperanza de que todo saliera bien, fui a tomar el tren a la estación de autobuses. Le dije al conductor que intentaba llegar a casa y que no tenía dinero. Vieron que estaba en mal estado y, por suerte, me dejaron viajar gratis. Finalmente volví a casa de mis padres; fue un alivio, sin duda. Mi pareja de entonces dependía mucho de mí, ya que estaba paralizado por un accidente de coche anterior, y nos escribimos varias veces para intentar que volviera a casa. Me ordenaron que me mantuviera alejado en ese momento, y después de convencerlo un poco, terminé volviendo para ayudarlo. Sin saberlo, un amigo suyo volvió a llamar a la policía por desobedecer mi orden... y fui a la cárcel. OTRA VEZ, y acusada de la violación. Al menos esta vez sabía qué esperar y pude calmar a una chica en la celda. ¡¿Pero qué demonios estaba pasando?! ¿Cómo terminé aquí? Podrías pensar que esa introducción estaba llena de "emoción", pero la cosa mejora. Cuando tocas fondo, lo pierdes todo: a mi hijo (que se quedó con mis padres), mi casa, todo, te hace reflexionar. Créeme, ¡en ese momento estaba furiosa! No quería ir a los grupos de mujeres que ordena el tribunal, YO NO ERA LA MALTRATADORA. Pero en momentos como este, hay que hacer lo que dice el tribunal, cuando lo dice. Alerta de spoiler: este juicio tardó una eternidad en continuar, y estuvimos a punto de pedir su desestimación. Sin embargo, el último día apareció mi expareja y el juicio siguió adelante. Fui sola a mi juicio y a todas las citas judiciales; nadie se ofreció a acompañarme; bueno, una persona sí lo hizo, pero me dejó plantada esa mañana. Mientras esperaba el resultado, me senté en... Estuve tres horas en el estacionamiento del juzgado, esperando a ver si volvía a casa esa noche. ¿Qué le dirían mis padres a mi hijo si no volvía ese día? ¿Qué pasaría después? El juez me declaró culpable, tuve que portarme bien y hablar bien de la policía, y al final me dieron un año de libertad condicional. Me perdí lo mejor: hacía solo unos años trabajaba como asistente legal, antes había sido voluntaria para la policía y también hacía seguridad. Entonces, de nuevo, ¿cómo llegué a este punto? Si nos remontamos a cuando terminé la secundaria, podemos ver que surge un patrón peligroso. Después de la secundaria, trabajé para una empresa de seguridad que organizaba conciertos y eventos. Terminé saliendo de la ciudad para trabajar con mis compañeros, junto con gente de la misma empresa, pero de otra ciudad. Era un evento importante y estuvimos allí el fin de semana. Todo iba bien hasta la última noche. No recuerdo qué pasó exactamente esa noche, pero supe que había sido agredida sexualmente. Terminé despertando. Estaba en una caravana, desnuda, sola, sin tener ni idea de lo que había pasado. Al salir, un hombre corpulento que había trabajado en mi ciudad empezó a hablarme, lo cual fue extraño, porque nunca antes había hablado con él; era demasiado amable. Entonces, reuní las piezas y me di cuenta de que había sido agredida sexualmente. De regreso a la ciudad, le escribí a una amiga contándole lo sucedido y me dijo que me vería en mi casa. Estaba agotada del viaje a casa, y lo único que quería era ducharme, y lo hice... resultó ser un grave error. Esa noche fui al hospital y denuncié la agresión. Me hicieron las pruebas, la policía me quitó la ropa, y lo que siguió fue el protocolo policial, pero no se presentaron cargos, porque él era cercano a todos en la empresa y los tenía de su lado. La policía me interrogó varias veces. No conducía en ese momento y solo le dije a mi madre lo mínimo para que me llevara a la comisaría. Después de la primera entrevista en la comisaría, me llamaron para... Me volvieron a entrevistar porque el sonido o el video no grababan la primera vez. La segunda vez que fui, me dijeron que mis datos no cuadraban, como cuántas personas asistieron a ese gran evento. Esta segunda entrevista fue tiempo después del incidente, ¿cómo iba a recordar este pequeño detalle? Esto terminó, como dije, sin cargos contra el sospechoso. Esto generó una gran desconfianza en el sistema legal, ¿cómo no se podía hacer nada? Además, mi empresa tampoco lo iba a despedir, así que tuve que irme. Perdí mi trabajo después de ser agredida sexualmente. Quizás se pregunten qué tiene que ver este incidente con mi llegada a la cárcel aproximadamente 10 años después. Creo que este fue el detonante que me llevó por un camino oscuro. Después de este incidente, pensé que sería más fácil y mejor tener mi propia familia. Creía que no tendría que volver a pasar por esto, que estaría a salvo, y vaya si me equivoqué. Conocí a un chico en el sitio web Nombre del sitio, y terminó proponiéndome matrimonio. En línea. Esto no fue mucho después de la agresión sexual. Claro que en ese momento dije que sí, que estaría a salvo, y esto fue el principio del fin para mí. Terminamos viviendo juntos entre la casa de mis padres y la de los suyos en otra ciudad. No se le daba bien conservar un trabajo, y todo lo que me había contado era mentira. En ese momento, no lo vi como una señal de alerta, simplemente era más molesto que cualquier otra cosa. Decidimos tener un bebé. Me quedé embarazada y volvimos a casa de sus padres porque nuestra ciudad actual simplemente no nos convenía. Resultó que las cosas en la otra ciudad eran mucho peores; él no tuvo suerte con un trabajo allí y sus padres iban a echarnos. Intenté conseguir trabajo, pero no tuve éxito en ese momento. No tuvimos más remedio que volver a mi ciudad. Tuve que llamar a mis padres para ver si podíamos volver, dijeron que sí, pero luego les dije que estaba embarazada; o sea, tenían que saberlo de alguna manera, y así fue como se enteraron. Nos mudamos de vuelta a... Ciudad. Ibamos de un sitio a otro muchas veces porque él no podía mantener un trabajo. En ese momento, yo trabajaba de recepcionista y mi sueldo no alcanzaba para tanto. Decidimos casarnos y no ser tradicionales; de hecho, después de hablar con mis compañeros de trabajo, decidimos celebrar nuestra boda en el sótano de mi jefe uno o dos meses antes de que naciera mi hijo. Fue una boda barata; mis compañeros de trabajo nos ayudaron a organizarlo todo; encontramos un vestido de verano normal porque estaba embarazada y ellos pudieron añadirle algunos adornos; quedó bastante bonito. Pero, por supuesto, no le conté a mi familia sobre la boda, y terminamos casándonos en el sótano con mis compañeros de trabajo, un amigo suyo y un amigo mío como testigos. Después volvimos con mis padres como si nada, aunque mi hermana sospechó porque llevaba un maquillaje muy intenso y un vestido. Pero nunca dije nada. Mi familia descubrió que estaba legalmente casada cuando llegaron los papeles de renovación del registro civil y el mes de renovación no coincidía con el de los demás. ¡Uy! Esa confusión sobre cómo tendría un mes de renovación diferente fue la razón por la que todos descubrieron que ahora tenía un apellido diferente y que nos habíamos casado. Te preguntarás, ¿por qué no quería que mi familia lo supiera? Simplemente no me importó decírselo en ese momento. Tenía una historia bastante mala con mi familia, por lo que recuerdo. Mi infancia no fue nada buena; al crecer, tuve que lidiar con uno de mis padres, que era alcohólico, y el otro, que me maltrataba físicamente. Quería cambiar mi apellido; debido a mi infancia, no quería conservar el suyo, quería dejar de ser parte de eso. Hoy todavía conservo el apellido de mi exmarido, al igual que mis hijos, y solo porque NUNCA volveré a mi apellido de soltera. Cualquiera pensaría que esto suena a mi feliz para siempre. Y eso está muy lejos de lo que sucedió. Recuerdo una vez que entré en mi portátil y descubrí que había estado en Nombre del sitio con otra chica y la había visto desnuda en cámara. ¡Estaba furiosa! No recuerdo mucho, excepto una discusión que... Sucedió. Mi hijo nació en julio de 2008. Todo parecía ir bien, pero no sabía cómo cuidar a un bebé; esto era nuevo para mí y para mi nuevo esposo. Claro, él seguía sin trabajar. Como nunca trabajaba, siempre íbamos de casa en casa, y nos desalojaban cada vez que el casero descubría que no podíamos pagar el alquiler. Ahora es más fácil ver las señales de alerta. Recuerdo otro incidente, no recuerdo el contexto, pero fue después de que naciera mi hijo; mi esposo terminó golpeándome la cabeza con uno de esos celulares de ladrillo. En otra ocasión, en ese mismo lugar, se enojó conmigo, me dio una patada en el estómago y caí de espaldas por una puerta sobre la cama. Esta vez agarré a mi hijo, sin zapatos ni nada, y lo llevé a casa de mis padres. Recuerdo haberle escrito a un buen amigo de entonces: "Si algo me pasa, Nombre lo hizo". Los detalles posteriores son un poco confusos porque sucedió en 2008, pero seguimos juntos un poco más. Habría sido en 2009 cuando ocurrieron los otros incidentes. Yo tenía otro trabajo como guardia de seguridad, y mi esposo debía cuidar a nuestro hijo mientras yo trabajaba y trabajar cuando yo estaba en casa. Claro que él no trabajaba, pero yo sí. Una noche llegué tarde a casa, aparentemente lo desperté y amenazó con degollarme y asegurarse de que mi hijo ya no tuviera madre. Pero por alguna razón me quedé. En algún momento de esta situación, lo echaron de casa de mis padres y se quedó viviendo en el patio trasero, en una tienda de campaña. Un día fui a trabajar, no encontré a mi esposo, intenté escribirle constantemente, y nada. Fue muy extraño, e incluso mis aparatos electrónicos habían desaparecido. Resulta que la casa de empeño los tenía y, como estábamos casados, no pude hacer nada para recuperarlos. Finalmente "encontré" a mi esposo, y él afirmó que había terminado en OTRA ciudad, comprándome joyas. No pude creer ni por un minuto que nada de esta historia tuviera sentido, sobre todo porque él no conducía. Entonces aproveché la oportunidad para ir a... La policía y denunciar lo sucedido. Pude obtener fácilmente una orden de protección de emergencia (EPO), y empezar con la crianza. Claro que alguien como mi exmarido no tomaría mi decisión a la ligera, así que decidió ignorar las órdenes y llamarme constantemente, ya que era una violación de la orden. Pude llamar a la policía y denunciarlo. Incluso cuando el agente estaba en mi casa hablándome, seguía llamando. Que quede claro: a pesar de todos los cargos en su contra, nunca se hizo nada. Al final lo arrestaron una vez, pero lo liberaron por su propia voluntad con la promesa de comparecer. ¿Se presentó? Claro que no. Recuerdo haber recibido una llamada de los servicios para víctimas (creo) y me informaron que mi exmarido no se presentó a su cita judicial. No pudieron darme detalles sobre dónde lo arrestaron ni nada. Fui a la comisaría cerca de mi casa e intenté desesperadamente averiguar dónde lo arrestaron. Me aterraba que volviera. Por suerte, descubrí que no había constancia de su arresto en... Ubicación. Creo que solo me dijeron esto porque teníamos el mismo apellido y él usaba la dirección de mis padres. Lo que sucedió después fueron muchas citas judiciales y tratar de averiguar cómo mi exmarido podía recibir estos documentos. Sabía dónde vivían sus padres y, por suerte, conseguí una orden de servicio sustituto que me permitió notificarle por correo certificado. Nunca asistió a ninguna cita judicial. Tuvimos citas judiciales para la orden de paternidad, el divorcio y la orden de manutención infantil, y nunca apareció, una y otra vez. Hasta la fecha, nunca ha pagado ni un centavo de manutención infantil. Nuestro hijo tiene 15 años y nunca ha hablado con su padre biológico ni con sus abuelos paternos. Sus hermanas me contactaron hace unos años; pensaron que se enojarían conmigo si lo hacían antes. Cuando todo esto sucedió, ¿tenían unos 10 años, tal vez? No las culpé por nada de lo que hizo su hermano. La verdad es que no hablamos mucho, pero nos tenemos en Facebook. Una de sus hermanas todavía intenta ayudarme a conseguir... Información para que el gobierno pueda hacer cumplir la orden de manutención de mi hijo. Después de que mi exmarido falleciera, finalmente decidí volver a salir con alguien. Salí con un chico llamado A. P. Siempre pensé que esta era mi única relación que no se desmoronaba. Pero mirando hacia atrás, había un montón de señales de alerta. Siempre le compraba cigarrillos, incluso terminé yendo a diferentes farmacias intentando conseguir Tylenol Ones (T1), porque era adicto a tomarlos; hubo un par de veces que intentó convencerme de empezar a fumar, quería que empezara a tomar Tylenol Ones sin ninguna razón, y otras veces quería que empezara a fumar marihuana. Aparte de estos comportamientos que mencioné, todo lo demás estaba bien, por eso creo que me engañé a mí misma al creer que esta era una relación sana, cuando no lo era. Después de esta relación, salió un chico llamado Iniciales. Ahora pensaba que con esta relación había descubierto qué salió mal en las anteriores y había intentado solucionar esos problemas antes de que surgieran. Había establecido algunos límites y pensé... Eso era todo lo que tenía que hacer. Resulta que lo que yo presencié en la relación y lo que él presenció fueron dos cosas distintas. Años después, descubrí que era adicto a drogas más fuertes y que las consumía cuando salíamos. Quizás esto explique algunos comportamientos, pero no los excusa. De alguna manera, durante esta relación, terminé partiéndome la cabeza con la mesita de noche, él destrozó mi televisor a puñetazos, me fracturé una costilla y un pie. No recuerdo los detalles exactos de esta relación ni cómo se desarrollaron los hechos, ya que duró muy poco. Al final, se fue y nunca más me respondió. Acabé yendo sola a juicio, porque el casero intentaba desalojarnos. Era demasiado para mí... sola. Claro que no quería que esto fuera el final, y cuando finalmente tuve noticias suyas por mensaje, le dije que podía intentar guardar nuestras cosas en un trastero. Por suerte, esa idea no prosperó y tuve que regalar la mayoría de nuestras cosas. El siguiente chico con el que salí se llamaba Iniciales; no recuerdo su apellido, aunque esta relación fue bastante memorable, pero por las razones equivocadas. Por suerte para mi hijo y para mí, no nos habíamos mudado con su ex cuando nos separamos. Planeábamos mudarnos de la ciudad para vivir con él, pero por alguna razón no salió como lo habíamos planeado. Aparte de nuestras discusiones habituales y de decidir si nos separábamos o seguíamos juntos, tuvimos un incidente importante que, por así decirlo, lo terminó todo. Habíamos estado fuera de la ciudad el fin de semana y lo estábamos pasando bien, pero algo seguía sin encajar. No estaba muy dispuesto a explicar lo que le pasaba, y yo no quería dejarlo ahí. Era nuestro último día fuera de la ciudad y habíamos discutido verbalmente, pero en lugar de quedarse solo verbalmente, se convirtió en un acontecimiento que nos cambió la vida. Terminé con el lado izquierdo del cuerpo golpeado contra una puerta varias veces. Después del incidente, él se fue y decidió caminar de vuelta a su pueblo. Como yo estaba más lejos de mi ciudad, decidí irme en ese momento, ya que el dolor era cada vez peor y aún me quedaba un buen rato de viaje. Recuerdo que paré en un área de descanso porque no podía seguir conduciendo y tenía la rodilla muy mal. Llegué a casa y quedé con un amigo para hablar de lo sucedido. Pensamos que eso era todo y que me recuperaría enseguida. Pero no fue así. Acabé yendo al hospital para que me revisaran la rodilla; me dijeron que tenía líquido y que necesitarían una aguja para drenarlo si no mejoraba. Fue cuando fui a fisioterapia cuando me dijeron que el músculo se había desprendido de la rótula y que por eso no podía caminar con esa pierna. Diría que esto fue hace casi 10 años. A día de hoy, no puedo conducir largas distancias sin que se me hinche la rodilla. Me duele durante el invierno y los meses más fríos, y en general me molesta mucho más de lo que quisiera. Me he hecho tomografías computarizadas, otra en la que tuve que tomar algún tipo de bebida radioactiva, radiografías, ecografías, de todo, y no hay nada que puedan hacer para aliviarme. Puedo hacer todo el ejercicio que quiera e intentar fortalecer la rodilla, pero mi último fisioterapeuta dijo que mi rótula es más como un tren descarrilado. Al final, lo denuncié a la Real Policía Montada de Canadá (RCMP), y bueno, nunca he recibido respuesta. La última vez que supe, seguían intentando localizar a mi ex, ya que podría haber huido de la provincia. Solo hubo una denuncia policial, no cargos formales. Como tardó tanto, y por esas fechas ocurrió un incidente con mi siguiente pareja, olvidé seguir el rastro y nunca me dijeron qué pasó. Cualquiera pensaría que me había dado cuenta de lo que estaba pasando y del patrón en el que estaba inmerso. Pero no fue así. Había una última lección que aprender antes de que todo cambiara en mi mundo. Mi último ex fue Iniciales, y es a quien mencioné al principio. Fue esta relación la que me lo quitó todo. Ya mencioné el arresto en 2015, pero la relación era más que eso. Recuerdo una noche, cuando estábamos en el primer piso que compartimos, intentó asfixiarme mientras estábamos en la cama. Terminé llamando a la policía, y hablaron con él, hablaron conmigo, y nunca hicieron nada. Al final nos echaron del piso porque no les gustó que llamaran a la policía al edificio. Recuerdo una vez que íbamos en coche, creo que volvíamos a la ciudad, y por alguna razón se enfadó mucho y empezó a golpearme y arañarme mientras conducía. Detuve el coche inmediatamente en una zona segura y me preguntaba dónde estaba la comisaría de la Real Policía Montada de Canadá más cercana, porque no iba a aceptar ese comportamiento. Estábamos prácticamente en medio de la nada, pero recuerdo haber ido a la gasolinera más cercana que encontré para ver si sabían dónde estaba la oficina de la RCMP más cercana. Tenía un aspecto desastroso, había estado llorando, tenía los brazos en mal estado, y nunca me preguntaron si estaba bien ni si necesitaba algo. Lo cual puede resultar un poco extraño, ya que estaba comprando botiquines y preguntando por la gasolinera de la RCMP más cercana. En fin, ese día no encontré ninguna gasolinera, pero sí tomé fotos. Fotos que nunca le significaron nada a la policía cuando volvieron a mi casa. Hubo un último incidente menor antes de mi arresto, pero tenía que ver con él. Parecía suicida y decía que se había tomado todas esas pastillas, así que me asusté y llamé al 911 para que vinieran la policía y los paramédicos. De nuevo, no pasó nada, salvo que aparecieron y evaluaron la situación. Me tocaba volver a llamar si la situación empeoraba. Poco después me arrestaron. Lo perdí todo, y fue entonces cuando no tuve más remedio que empezar de nuevo. Estaba furiosa y odiaba haber sido arrestada y acusada injustamente; odiaba que ahora el tribunal me obligara a tomar cursos. Perdí a mi hijo por molestarme cuando los servicios familiares vinieron a hablar. Allí tenía a la que parecía ser la peor trabajadora social. Me decía que le mentía y luego descubría que tenía razón. Tenía muchas tareas que completar antes de poder volver a estar con mi hijo. En ese momento, no tenía hogar y vivía en hoteles. Cuando se me acabó el dinero, podía quedarme en la casa de mis padres junto al lago, pero tenía que irme a su casa cuando mi hijo y ellos querían ir a visitarlo. Finalmente, conseguí una suite en el sótano que mis padres me alquilaron, y finalmente volví con ellos y mi hijo, después de que los servicios familiares cerraran el caso. Pero al final, disfruté mucho del grupo de mujeres organizado por el tribunal y me quedé un mes más. Aprendí más sobre límites, manipulación psicológica y conocí a otras mujeres que habían estado en situaciones similares. Por una vez, no me sentí sola; había otras personas como yo. Me llevó un tiempo, pero me di cuenta de que uno de mis mayores problemas era que me estaba mudando demasiado pronto con chicos. La principal causa en ese momento era que intentaba irme de casa de mis padres porque no me gustaba quedarme donde uno de ellos siempre bebía. Ahora he decidido que no me mudaré con nadie a menos que fuera mi propia casa, para no quedarme sola otra vez con mi hijo. Parece un buen plan, ¿verdad? Pero no cuando me quedé con TEPT complejo (trastorno de estrés postraumático complejo), el trauma, el miedo a los hombres, el miedo a la policía, todo finalmente se derrumbó. Tuve que pasar por mucha terapia, y me refiero a años de terapia, tratando de encontrar a la persona adecuada con quien trabajar. Fue mucho más difícil, ya que la última vez que trabajé fue en 2012, así que fue un proceso mucho más largo que si me pagara a mí misma. Después de la terapia, la consejería, la terapia de resolución acelerada (TAR) y aprender sobre espiritualidad, comencé a sentirme mucho mejor. Todavía no tenía confianza para tener una relación con nadie, pero volví a sentirme yo misma. Durante mucho tiempo, no supe quién era sin tener una relación. ¿Qué disfrutaba hacer? ¿Qué quería hacer? ¿Quién era yo? ¿Cuántos años tenía? Poco a poco, comencé a encontrar cosas que disfrutaba, y las cosas estaban mejorando. Otro factor clave en mi recuperación fue unirme a un grupo de CoDA (Codependientes Anónimos). Esto se debió a que, en retrospectiva, muchos de mis comportamientos en el pasado eran codependientes. Mis comportamientos pasaron de complacer a la gente a tener miedo de enojarlos, a centrarme más en los demás que en lo que disfrutaba, a no querer causar problemas y más. He sido parte de este grupo durante casi dos años, y creo que, en todo caso, esto es lo que podría salvarme la vida. He pasado por un estudio de pasos, he admitido mis errores del pasado, he enmendado mis errores cuando ha sido necesario y ahora me siento segura de poder tener una relación sin recaer en estos viejos patrones. Una amiga me dijo: "Si no te amas a ti misma, ¿cómo podría amarte a ti misma?". La afirmación fue impactante, pero solo cuando empecé a sanar esta parte de mí comprendí lo que quería decir. La gente tiende a tratarte como te tratas. Ahora sabrán que no aguanto las críticas de nadie, que no temo perder a quien no apoya mi bien mayor, y que soy directa y sincera. Ahora siento que provengo de un lugar de autenticidad. No volveré a perderlo todo por nadie. Recientemente me diagnosticaron TDAH, y recibir este diagnóstico me ha abierto los ojos. Puedo ver cómo mi trastorno y mi desconocimiento de él pudieron haber influido en mi pasado. Aunque desearía que me hubieran diagnosticado antes, agradezco saberlo ahora. Ahora puedo trabajar con mi cerebro y no contra él. Para mí, ha sido un alivio saber que algunas cosas con las que he luchado toda mi vida no se debieron a la pereza, sino a que literalmente tenía una "enfermedad" que desconocía. Cuanto más aprendo sobre el TDAH y más reconozco esos patrones en mí, más fuerte me vuelvo. He recuperado mi poder, me siento más fuerte que nunca. No estoy saliendo con nadie ahora mismo, y eso se debe a que las citas han cambiado drásticamente desde que todo esto ocurrió. Ni siquiera sé a quién recurrir últimamente. Eso puede esperar. He tomado cursos, obtenido certificados y ahora trabajo como contratista independiente y tengo mi propio negocio. Me llevó mucho tiempo, pero al final valió la pena. Detesto que la gente diga que "las cosas siempre pasan por algo", y quizás tengan razón. Pasé por eso para descubrir lo fuerte que soy y para poder apoyar a otras personas en situaciones similares. Recientemente me convertí en Coach Certificada de PAIL y quiero centrarme principalmente en apoyar a sobrevivientes de violencia doméstica y a quienes están en proceso de divorcio. Como empática intuitiva, este es el lugar perfecto para mí. Como dije al principio, quiero que mi historia inspire a otros. Si yo pude hacer todo esto sola, cualquiera puede. Nunca pensé que llegaría a donde estoy ahora. Comparto mi historia para demostrar que hay esperanza en el infierno. Es difícil ver cuando estás en medio de una situación que te está destruyendo, pero puedes superarla. Puedes llegar a ser más de lo que creías cuando te lo propones y tomas la decisión de cambiar para mejor. "El crecimiento viene del caos, no del orden". Cuando las cosas siguen igual, obtienes el mismo resultado. Si hay algo que aprendes de mi historia, es que debes saber que no estás sola. No tengas miedo de acercarte. Hay personas que quieren ayudarte, incluso si no te conocen personalmente. Ojalá hubiera sabido todo esto cuando pasé por mi trauma... o llamémoslo mi viaje. "No, no me quedaré callada para que puedas estar cómoda".

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    Sí, por favor. Quiero que lo atrapen.

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    Final del cómic COCSA, parte 7.

    COCSA comic finale, Part 7.
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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

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    Nunca estás solo

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    #575

    Me violó uno de los jefes de ubicación en ciudad, estado. No vengas.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
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    Eres una pesadilla y siempre estaré rogando por dormir.

    Nos subimos al autobús que íbamos a tomar para ir a mi casa, el autobús escolar de "actividades", ya que nos habíamos quedado después de clase. Me lleva a un asiento en medio, y luego nos protege del pequeño grupo de estudiantes que entraban poco a poco. Sin previo aviso, se inclina y me besa. En el instante en que nuestros labios se encuentran, algo ardiente se enciende dentro de mí y pienso: No quiero seguir con esto. Me separo casi al instante; el beso dura solo unos segundos, pero se siente eterno. Dice en un tono casi condescendiente: "Eso no fue nada físico. Dijiste que sabías besar". Como si tuviera derecho a alguien con más experiencia. Claro que no. ¿Es que no entiende lo que es un primer beso? ¿Me gustó siquiera? Antes de que pueda decir nada, me atrae hacia sí y me besa profundamente, sus labios presionando contra los míos. Un rubor translúcido trepa por mi cuello y acaricia mis mejillas antes de clavarse. Una vez que termina, se levanta y cambia de asiento, dejándome sola por el resto del viaje a casa. En el aire denso, pesado y húmedo de mi habitación, mezclado con el olor a nuestro sudor, su aroma empalagoso —a colonia, chicle tropical y menta con un toque de vainilla— penetra mi nariz. Sus manos crueles emergen de las sombras, enredadas en mi cabello, acunando mi mandíbula. Sin un sonido, se deslizan hasta mi cintura. Insatisfechas, se arrastran, tanteando más abajo, envolviéndose alrededor de mis caderas. Su toque es implacable. Me dan ganas de llorar. Sus manos se mueven como si fuera fácil, como si no tuviera que pensar antes de usarme. No puedo distinguir la diferencia entre él y la oscuridad. Es tan opaca que no puedo distinguir si tengo los ojos abiertos o cerrados. No puedo ver nada. Solo puedo sentir. Me besa implacablemente, sin piedad, sus labios cálidos y húmedos. El sonido es nauseabundo. Me pone los pelos de punta. A medida que sus besos se profundizan, se vuelven fríos al deslizar su lengua en mi boca. Sabe a todas las lágrimas que desearía poder llorar. Fue suave, incluso tierno al principio, pero ha permitido que su obscena hambre lo consuma. Se está poniendo brusco, pero no puedo decir que no. No puedo decir ni hacer nada, estoy funcionando en piloto automático. Me separo de mí misma, siento como si me hubieran arrancado el alma de su cuenca. Soy una espectadora distante que observa todo lo que sucede mientras floto fuera de mi cuerpo, frente a la escena. No reconozco al chico que le devuelve el beso. No puede ser yo. Esto no puede estar pasando. Pero está pasando. Apenas nos separamos para respirar porque él simplemente no para. Incluso cuando nos detenemos por un breve momento para recuperar el aliento, todavía puedo sentirlo. Sus labios fantasmales en los míos. No pensé que sería así. Ya no quiero mirar más, el asco me revuelve el estómago, pero no puedo apartar la mirada. Cacospectamanía: una obsesión por mirar fijamente algo repulsivo o vulgar, de donde proviene nuestra tendencia como humanos a la curiosidad morbosa. No puedo cerrar los ojos y aunque lo hiciera, la vista ya se me ha grabado a fuego en los párpados. Me siento mal. No puedo respirar. Pero él no se detiene, toma y toma mientras mi piel comienza a hervir a fuego lento con la fiebre invisible bajo su piel, veneno filtrándose por mis venas. Por primera vez, me pregunta antes de hacer algo. "¿Puedo besarte el cuello?", pregunta. Sin pensarlo, mi cabeza cae automáticamente hacia adelante en un asentimiento simulado, aunque en realidad no quiero que lo haga. Mi mente está completamente en blanco, no puedo comprender, no puedo procesar lo que está sucediendo. Ni siquiera lo estoy mirando, estoy observando desde atrás, mirando por encima de mi hombro hacia la nada. Mi cuerpo inmóvil vibra como una colmena, vibrando desde dentro. Siento su aliento caliente en mi cuello como un lobo jadeando sobre el pelaje de un conejo. Lo besa con fuerza y siento como si me estuviera frotando la piel hasta dejarla en carne viva. Traza un punto a lo largo de mi yugular con los labios y la lengua, como si fuera un vampiro intentando chuparme la sangre. Me pregunto si puede sentir mi pulso gritando su nombre. No quiero esto —duele, duele muchísimo— pero mi cuerpo me traiciona indescriptiblemente. El placer aflora a la superficie, dándome una euforia que nunca antes había sentido y que nunca volveré a sentir. Mi única referencia es el único otro tipo de euforia que he experimentado, la euforia que produce derramar la propia sangre. Pronto, me abriré la piel en un inútil intento de desangrar su fiebre de mis venas. Solo que esto es diferente. Se despliega como un vapor desde la espesa capa de hielo del entumecimiento sobre el paisaje blanco y árido dentro de mi pecho, derritiéndose por el calor de nuestros cuerpos. Me refugio en mi mente, agachada sobre manos y rodillas sobre la superficie brumosa, e intento abrirme paso y desenterrar el miedo enterrado muy por debajo. Pero no se siente bien. En absoluto. El hormigueo y latido de la piel en el lado izquierdo de mi garganta y sobre todos mis labios duelen como si me hubieran picado las abejas inquietas dentro de mí. No sé si esto es normal o no. Me pregunto, ¿se supone que debe picar? La sensación es como una quemadura de cuerda, en el mismo lugar donde una soga se clavó en mi carne, dejando mi piel raspada y escarlata por el peso de mi cuerpo que había dejado a merced de la gravedad. Pero al menos eso dejó una marca, algún tipo de prueba, aunque fuera superficial. Cuando se trata de él, todo lo que tengo es el dolor. Nada que mostrar. Más tarde, engancha un dedo en el cuello de mi camiseta de cuello en V y tira hacia abajo. Un miedo vertiginoso, profundo e instintivo me empapa, agua helada vertiéndose por mi frente mientras mi corazón cae a mis pies. Recorre mi cuerpo, tan sensible como un cable de alta tensión, electrocutando mis nervios. Me estoy ahogando en él, es tan oscuro y frío, es como ser sumergida en un lago congelado y arrastrada hasta el fondo. No sé dónde está arriba o abajo. Pero sé que voy a morir. Ya sea por miedo o por él. Consigo salir a la superficie y mientras lo hago, lo empujo con cada gramo de mi poca fuerza. Tengo tanto miedo que no puedo pensar con claridad, no puedo pensar en absoluto. Todas las demás emociones me han abandonado excepto el terror corriendo por mis venas vibrantes. Me va a violar. Voy a morir. Prácticamente lo dijo antes, cuando le dije que mi madre quería que mantuviera las puertas abiertas. '¿Qué, tu madre cree que voy a follarte o algo así?' Las puertas están cerradas. Nadie me va a ayudar. En marcado contraste conmigo, él está desgarradoramente tranquilo. Pero puedo sentirlo temblar. ¿Por qué tiembla si soy yo la que sale lastimada? ¿Es emoción? ¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Deseo? Quiero gritar y llorar hasta secarme las lágrimas, pero me roban la voz. Abro la boca, pero los sonidos mueren en mi garganta, de la misma manera que lo haré yo, una muerte interminable y atroz. Ojalá pudiera decir: "¡No! Quítate de encima. Aléjate de mí. No quiero. Deja de tocarme. Déjame en paz. Por favor. No. Para. Duele". Pero él es el único que puede hablar. No quiero escuchar más, pero no importa. Su voz se desvanece, pero sus palabras son claras como una campana. "No te preocupes, no me voy a quitar nada". Intenta tranquilizarme, pero no me hace sentir más segura. No sé por qué vuelvo con él a regañadientes. Pensé que podía confiar en él. Ojalá no lo hubiera hecho. Cuando inocentemente le rodeé la cintura con el brazo, me miró y dijo con tono indiferente: «No sabes lo que me excita, ¿verdad?». Rápidamente retiré el brazo y lo acuné contra mi pecho como un pájaro con un ala rota, el miedo me hieló la sangre. Su expresión nunca cambia. Reflejando las innumerables veces que lo he excitado y lo verbaliza, sin importar mi asexualidad de entonces. Más tarde esa misma noche, cuando ya estaba en casa, con pesar le envié un poema con el nombre inapropiado de «deseo», simplemente detallando las extrañas y ajenas sensaciones por todo mi cuerpo, esperando que sus labios y manos —o, en retrospectiva, su dolor— regresaran. Él respondió: «Eres tan sensual». Me lo imagino alargando cada palabra, lenta y sensualmente, como para seducirme. En algún momento, le muerdo el labio interior. Se apartó y su boca se dividió en una sonrisa escalofriante. Dice: «Me mordiste». Me disculpo, aunque no lo digo en serio. Nada de lo que hago lo detiene más que unos instantes. Está voraz, se muere de hambre por mí. No tiene suficiente. Me devora. Solo puedo observar, un fantasma presenciando su propia muerte. Palabras que nadie más puede oír me susurran al oído a mis espaldas. «Esto no es real. Esto no está pasando». Las creo porque es mejor que morir. ¿Su respuesta cuando más tarde le dije que no parecía real? «Sabes que lo fue». Dice: «Eres mía, ahora. Para siempre». Me lo imagino diciéndolo con una sonrisa sádica y satisfecha. Las palabras como manos inmovilizándome, metralla incrustada en mi piel. Una marca en mi alma, inolvidable, que me reclama, que me marca de por vida. Su nombre se abre paso, entretejiéndose entre todo. Se graba en mi corazón y se funde con mis huesos, arremolinándose en mi torrente sanguíneo; cada parte herida de mí está grabada como suya. Ojalá pudiera encontrar la voz para decir: «Prefiero morir antes que ser tuya».

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    El tiempo ayuda. No te quita el miedo ni te hace tener esos flashbacks, pero alivia el dolor.

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    2:13 am

    No recuerdo el mes en que lo conocí ni el día en que se convirtió en compañero de trabajo. Solo recuerdo haberlo conocido y pensar que era tímido. Recuerdo su sonrisa amable. Algo en él me hacía sentir segura. Era amable, paciente y empático. Supongo que nuestra amistad empezó cuando necesitaba a alguien y me sentía vulnerable. Llevo más de una década felizmente casada. Incluso ahora, no he hablado de lo que pasó. Me siento sucia. No he podido escribir sobre lo que me pasó. Durante mucho tiempo, me culpé porque estaba drogada cuando sucedió. Estaba tan drogada que no podía sentir nada. Hay espacios en blanco en mi memoria, pero sí recuerdo la primera noche. Unos compañeros de trabajo y yo decidimos salir a tomar algo y jugar al billar en un bar local. Se ofreció a llevarme a casa y charlamos. Fue agradable. Después de unas horas, me recogió de nuevo y condujimos por la ciudad. No tardé en sentir la sensación de sus manos en mi piel. Le pedí que parara y paró un rato. Entró en el estacionamiento de una vieja iglesia y seguimos hablando. Sabía que estaba casada, pero quería besarme de todas formas. Cuando se inclinó, le dije que no. No recuerdo bien el resto de la noche, pero recuerdo haber visto la hora y las 2:13 a. m. Le dije que tenía que irme a casa, pero me dijo que primero tenía que hacer algo. Pensé que bromeaba. Le puso la mano en la parte inferior del cuerpo. Me aparté y le dije que no. Dijo: «Por favor. Se sentiría tan bien y de verdad que lo necesito». Le dije que no, pero insistió. Siguió agarrándome la mano y poniéndola en su entrepierna. Dijo que se sentiría mejor si podía «sacarla». Le pedí que parara y dijo: «Lo siento». Agradecí que se disculpara. «Pensé que querías esto. Me pusiste muy duro, así que ahora tienes que terminar», dijo. Seguí diciendo que no y él seguía insistiendo. La única respuesta que me quedaba era decir que sí. Externamente, dije que sí, pero por dentro decía que no. Pensé que si podía hacer la situación menos desagradable, terminaría rápido. Me acosté en el asiento del copiloto sintiendo sus manos recorrer mi torso hasta la ingle. Me pidió que me diera la vuelta y me agachara. Le dije que no. Dijo: "Ya casi termino. Por favor... Necesito esto". Incluso después de decir que no, insistió. Debería haberme ido, haber llamado al 911 o a mi madre. Cualquier cosa para salvarme. Pero sabía que si lo hacía, causaría un caos. Estaba a 30 o 45 minutos de la ciudad; estaba oscuro y me preocupaba que me hiciera daño o me echara. Me siento culpable por haber permitido que me tocara. Es difícil no sentirme culpable, aunque me quedé paralizada e hice lo que pude para sobrevivir. Regresé a casa confundida por lo sucedido y reconocí que no había consentido ese encuentro. Sé lo que es una agresión. No quería que esto pasara y dije que no. Sin embargo, ocurrió de todos modos. Me enteré de la coerción sexual unos meses después. Esto continuó durante varios meses. Me dijo que le era infiel porque no me había alejado. Me siento como una infiel. Me siento inútil e impotente porque me dijo que no tenía opción. Me siento responsable de lo que pasó, pero confundida porque no fue deseado. Siempre me he preguntado qué me arrebató. Me arrebató mi consentimiento.

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    Contar eso sin derrumbarme

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    #481

    Estaba en segundo año de la universidad y por aquel entonces salía de fiesta y me emborrachaba casi todas las noches. Hacía poco les confesé a mis amigos que era bisexual y me daba mucha vergüenza y nervios. No tenía confianza en mi sexualidad y bromeaban sobre el tipo de chicas que me gustaban. Me sentía solo e incómodo conmigo mismo y con quién me interesaba. Una noche fui a un bar y me emborraché tanto que logré salir y caminar a casa, a mi residencia universitaria, ya muy tarde. Mis compañeros de piso no estaban conmigo y no sabían adónde fui. A día de hoy, cuatro años después, no recuerdo por qué ni cómo me fui. Mis primeros recuerdos son de mi habitación con una chica encima de mí. No recordaba cómo llegamos allí, no sabía quién era, no sabía qué estaba pasando. Me besaba y me tocaba por todas partes. Yo no paraba de decirle «para», «qué pasa». Ella insistía en que no pasara nada, que estabas guapísima. Pero estaba tan borracho que apenas podía caminar ni hablar. Logré decirle que se bajara y se fuera. Lo hizo y en cuanto cerró la puerta de mi habitación, la cerré con llave. Estaba tan asustado, borracho y en shock por lo que acababa de pasar. Mis compañeros de piso llegaron a casa mientras ella estaba en mi habitación y en cuanto se fue, preguntaron quién era. No supe la respuesta. Dije que no lo sabía y ahí se acabó todo, ya que todos asumieron que quería a esa persona allí. Al día siguiente, intenté decirle a una compañera de piso que no la conocía y que necesitaba ayuda. No se dio cuenta de lo que le decía. Pasé el siguiente año y medio por la universidad pensando que iba a ver a esa chica. Pensé que sí una vez y empecé a ponerme los ojos como platos y a taparme la cara hasta que pasaron. Años después, me derrumbé y se lo conté a mi nuevo novio y meses después, a mis amigos de casa. Hasta el día de hoy, el recuerdo de estar en mi habitación con una desconocida encima me da ganas de vomitar. No sé cómo sanar ni cuánto tiempo tardará, pero lo único que sé es que no estaba bien. No estaba bien y ahora estoy a salvo, pero no entonces. Tenía miedo de hablar, pero lo necesito. No quería eso, no estaba consciente.

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    El abuso no siempre es físico. Tu dolor es válido y real.

    El abuso no siempre es físico. Tu trauma es real y válido. Comparto mi historia de abuso con la esperanza de que ayude a alguien que se siente perdido. Alguien que estuvo en la misma situación que yo, sin saber si debía ir a terapia, consolar a su abusador, denunciarlo o cualquier combinación de estas cosas, porque pensaba que estaba "siendo dramático" o "exagerando". Tu trauma es válido, tus sentimientos son reales y merecen espacio. Cuando tenía 20 años, empecé una relación larga con un hombre muy divertido, carismático, extrovertido y encantador. Parecía caerle bien a todo el mundo y tenía muchos amigos. Lo llamaremos Pareja 2. Unos meses antes de conocer a Pareja 2, tuve una relación corta con alguien (llamémoslo Pareja 1). Un día sentí algo raro "ahí abajo" y fui al hospital, donde descubrí que Pareja 1 me había contagiado tres ETS, una de ellas incurable. Rompí con él porque descubrí que me engañaba (y así fue como contraje los síntomas) y fui a hacerme otra prueba para las mismas ETS. Me hice dos pruebas más, y ambas dieron negativo. Con esta confusión y los resultados contradictorios, le conté esto a Pareja 2 cuando lo conocí para que decidiera si quería tener una relación. Consintió en empezar una relación en esas circunstancias, y empezamos a salir. Las señales de alerta aparecieron en forma de abuso de alcohol: lo encontraba borracho como una cuba vagando por las calles de nuestro pequeño pueblo, metiéndose en el tráfico y conduciendo. Hizo muchas cosas para lastimarme que no eran "abusivas", pero a medida que discutíamos por eso, se hartó cada vez más y las discusiones empeoraron. Les daré un ejemplo: el día de mi cumpleaños, se fue del pueblo. Cuando lo llamé la mañana de mi cumpleaños para preguntarle si quería desayunar, me dijo que estaba ocupado y que llevaba meses planeando este fin de semana (para ir a pescar con su padre). Obviamente, me dolió porque él sabía que era mi cumpleaños y eligió ese fin de semana para irse de la ciudad. Es algo por lo que cualquier pareja pelearía, excepto que él hacía cosas así TODO EL TIEMPO. Con el paso de los meses, empezó a sentirse cada vez más cómodo diciéndome cosas horribles estando borracho (echándole la culpa al alcohol). Luego empezó a sentirse cómodo diciéndome cosas estando sobrio. Hasta que, después de un año de relación, le diagnosticaron la ETS incurable de la que le había advertido meses antes. Fue entonces cuando las cosas cambiaron y empezó a abusar físicamente de mí. Ahora, cuando se emborrachaba, decía: "Me hiciste esto, zorra, me contagiaste esta enfermedad asquerosa", "Eres una puta", "Mereces morir" y cosas por el estilo. La primera vez que me "tocó" fue después de un año y medio. Lo recuerdo con mucha claridad; no hice nada para "provocar" una pelea. Estaba borracho y pensó que dije algo que claramente hirió su ego. Me agarró y empezó a estrangularme en la cama. Al caer, levanté la pierna por reflejo y le di un rodillazo en el estómago. Me echó la culpa de la "pelea", diciendo que le di un rodillazo en el estómago y que se estaba defendiendo. Tomé mis cosas y me fui inmediatamente, solo para descubrir que me había seguido. Empezó a estrangularme aún más, tirándome del pelo, y finalmente me levantó y me tiró a una zanja. Mis padres vinieron a recogerme, como les dije llorando, y documentaron varios moretones por todo el cuerpo. Al día siguiente, se disculpó y prometió que no volvería a ocurrir. Que "solo estaba borracho" y que no podía dejar que nadie más supiera lo que pasó o no me perdonaría (de nuevo, culpándome a mí, diciendo que yo empecé la pelea). Después de eso, el abuso físico se intensificó. Una noche, borracho, me levantó y me tiró al suelo. Otra noche, borracho, me estranguló en la cama en una fiesta y salió a bailar con sus amigos como si nada. Siempre tenía moretones en el cuerpo. Aunque al principio me decía "No lo volveré a hacer", luego pasó a "Te lo mereces, me contagiaste esta enfermedad asquerosa" e incluso me dijo que me odiaba en mi cara. Me amenazó diciendo que si se lo contaba a la policía, les diría que le había contagiado la ETS sin su consentimiento y que "debía ser ilegal" (yo no sabía si lo era, era muy joven y no lo sabía). Una noche nos invitaron a una fiesta con sus amigos en otra ciudad. Tendríamos que tomar el tren para ir. Justo antes de irnos, sentí muchas ganas repentinas de orinar. Tenía que orinar cada dos minutos. Para cuando subimos al tren, no pude aguantar más y supe que tenía una infección urinaria. Le pregunté si podía acompañarme al hospital y me dijo: "No quiero perderme la fiesta". Bajé sola del tren. Tomé un taxi al hospital más cercano, con el peor caso de infección urinaria que he visto en mi vida: mi orina era solo sangre. No le importó, ni vino a verme después de la fiesta. Era evidente que este hombre no me quería. Una de las peores noches, fuimos a otra fiesta de uno de sus amigos. Al final, su amigo quiso vernos en su casa después de la fiesta. "La fiesta de después". Me dieron la dirección, ya que estaba borracho como una cuba, pero me dieron la equivocada. Intenté decirle en el taxi que estábamos en el lugar equivocado, y salió de golpe. Corrí rápidamente hacia él y le dije: "Tenemos que ir por aquí". Él me dijo: "¿Qué me dijiste, zorra?" y empezó a agredirme. Me tiró al suelo y empezó a estrangularme en plena calle. Duró unos 40 minutos, lo grabé. Repetía una y otra vez: "Me hiciste esto, me contagiaste esta enfermedad, te odio". Al final logré liberarme de él, y cuando alcancé a sus amigos en el edificio de enfrente, les dije: "Lleva meses abusando de mí" mientras lloraba, y a nadie le importó. Fue un grito de auxilio que a nadie le importó. Acabé yendo a la comisaría esa noche y lo denuncié. Me preguntaron si quería presentar cargos, pero tenía demasiado miedo por lo que había dicho antes de amenazarme. La policía me ayudó a recoger mis cosas de su casa a la mañana siguiente. Cuando la policía entró en su casa, volvió a ser el mismo tipo encantador, diciéndoles: "Bueno, agente, ya sabe cómo son estas cosas. Las mujeres a veces se ponen así, ¿verdad?". Su padre, que SABÍA que me maltrataba, me miró y me preguntó: "¿Se pelearon otra vez?". Yo le respondí: "Tu hijo es un maltratador", y pasé junto a él. Después de eso, todo se me fue. No recuerdo cómo ni por qué volvimos; fue por miedo. Nunca presenté cargos porque me intimidaba constantemente. Pero con el tiempo, me mudé a un nuevo pueblo a unas tres horas de distancia. Seguí en contacto con él; me visitaba una vez por semana, pero seguía siendo abusivo. Finalmente, un día conocí a mi actual esposo. Ese mismo día, bloqueé a mi ex y no volví atrás. Intentó contactarme, pero me odiaba tanto que creo que no le importaba si me iba. Siempre se trataba de su ego y de que "nadie se lo acostaría con esa ETS". Ahora estoy felizmente casada, y aunque fue una experiencia muy traumática, mi esposo es la persona más cariñosa, paciente y dócil que conozco. Irradia amor y bondad. Espero que quienquiera que seas, quienquiera que lea esto, también lo encuentres. Espero que esto te ayude a comprender que el abuso no siempre implica puñetazos o narices rotas, sino también sutilezas como la negligencia y los insultos. Todas esas cosas pueden escalar y derivar en violencia física. Espero que salgas de ahí antes de que empeore. Recuerda que tu vida es preciosa y nadie te la puede arrebatar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Es espeluznante en todas sus películas, esa debería haber sido la primera señal de alerta...

    Era 2017, tenía una relación poco saludable con alguien que localizaba mis inseguridades y las usaba para desgastar a quienes lo rodeaban, incluyéndome a mí. Lo había instado a ir a una fiesta en ciudad 1 cuando estaba allí por negocios, fue a regañadientes, pero terminó conociendo a una celebridad 10 años menor que él, que era exactamente de la misma etnia que yo, el mismo tipo de cuerpo, el mismo color de pelo y ojos, solo que más rica, joven y famosa. Naturalmente, me engañó y luego me dejó para irse a estar con ella en ciudad 1. Sigo sin poder soportar ver su programa, aunque ahora están separados. Mi vida se convirtió en un efecto dominó de todas las cosas que te llevan al fondo del barril. Perdí mi apartamento y dormía en los sofás de amigos, incluyendo la casa de mi ex, con sus compañeros de piso, que creía que también eran mis amigos. Perdí uno de mis trabajos, buscaba constantemente alquiler, pero la crisis inmobiliaria lo hizo imposible. Entonces, inesperadamente, me nominaron para un prestigioso premio en mi campo y el trabajo que había hecho se estaba proyectando en otro país y me pidieron que asistiera al evento. Las cosas parecían estar mejorando y ambos eventos fueron maravillosos, pero cuando regresé, seguía sin hogar durante otros 10 días antes de poder mudarme a la habitación que tenían mis amigos y que estaría disponible a fin de mes. Entró un hombre extraño, 15 años mayor que yo, a quien conocí en un entorno social antes de que mi ex me dejara, sabía de mi ruptura por sus amigos y me contactó por redes sociales. Cuando charlamos, se enteró de que me estaba quedando en sofás y me ofreció su apartamento mientras él estaba fuera en ciudad 2 durante dos semanas. Aproveché la oportunidad para finalmente ducharme sin llevar una maleta entera al baño y tener cuatro paredes para mí sola. Me dio la llave y se fue. Fue una bendición. Hasta que dijo que se sentía solo en su viaje, me enviaba mensajes varias veces cada hora, las 24 horas del día (incluso por la noche, ya que casi nunca dormía) y se enfadaba conmigo si dejaba de responder. Me sentía extraña, como si le debiera esa atención porque me estaba haciendo un gran favor y me estaba ayudando a superar un momento emocional terrible, en el que también estaba sumida en un trastorno alimentario que me dejaba muy débil físicamente. Lloré todos los días durante meses y estuve profundamente deprimida. Empezó a llamarme y a hacer videollamadas conmigo mientras estaba fuera, y podía ser muy dulce o muy frío, lo que me asustó mucho porque es una persona de aspecto intimidante, muy alto e impredecible. Parecía que le importaba e ignoré los nervios que se me pusieron en la espalda cuando presentí que estaba en peligro. Entonces, de repente, llegó a casa temprano sin avisar y todavía me quedaba una semana para mudarme a mi propia casa. Me dijo que podía quedarme y que no se metería en problemas, etc. Le dije que le prepararía comidas para agradecerle que me dejara quedar. Lo que siguió me sigue confundiendo, incluso después de años de trabajar con mi terapeuta para afrontar el trauma que me infligió su mano. De lo que estoy segura es de lo siguiente: - Tuvo sexo conmigo y no di mi consentimiento. - Cuando finalmente di mi consentimiento, fue por temor a perder la vida tras su agresión física e intimidación. - Me aisló de todos mis amigos y familiares sugiriendo sutilmente defectos de carácter que "demostraban" que no les importaba lo mejor para mí. - Me ponía drogas en las bebidas que me preparaba; aún no sé con qué tipo de droga, pero fuera lo que fuese, me hacía muy tranquila y agradable, y me daban ganas de bailar. - Con el tiempo, empezó a intentar controlar mi ropa, mi comida y cuándo dormía. - Me bombardeaba con locura y luego me regañaba hasta el extremo. - Defendía su control sobre mí delante de sus amigos. - Me obligaba a desnudarme hasta quedarme desnuda delante de sus amigos. Cuando salía del apartamento, me llamaba y me preguntaba dónde estaba, con quién y cuándo volvería. Me gritaba, me empujaba contra la pared para amenazarme y abusar verbalmente de mí, y me azotaba varias puertas en las narices. Finalmente, me quitó la llave de su apartamento para tener ambas, y mi entrada y salida dependía de que me dejara ir o no. Esperaba a que me durmiera y luego entraba en la habitación para tener sexo conmigo mientras dormía, mientras yo me refugiaba en mi mente y esperaba a que terminara. Luego descubrí por una amiga que había hecho cosas similares a más mujeres y a las que había abusado, y ahora estamos elaborando nuestros informes oficiales. Todavía le tengo mucho miedo; me lo encuentro en algún evento o en la calle, y todavía siento tanta rabia que me impacta y me preocupa que pueda sentir tanta rabia. Mi terapeuta fue increíble y he aprendido mucho de ese año infernal. He superado la vergüenza, la culpa y la incomodidad, y ahora tengo una pareja amorosa y compasiva, y no podría estar más feliz. Vi el documental de Evan Rachel Wood y todo lo que había vivido con su abusador, tanto por sus historias detalladas del abuso como por la atención pública y de las celebridades que recibió durante los años que lo soportó. Me identifiqué profundamente con ambos aspectos, y mi silencio, al igual que el suyo, surgió del miedo a lo que ese hombre pudiera hacerle a mi carrera, mi reputación y el poder que tenía en el círculo profesional y social que ambas formamos. Ahora soy más fuerte. Sé quién soy. Y sé que lo nombraré.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Habla antes de que sea demasiado tarde, cualquiera estará de tu lado.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    #1709

    Soy una sobreviviente de abuso sexual infantil que vive en Canadá y tengo un acuerdo de confidencialidad por abuso sexual infantil desde hace 28 años. Cuando intenté levantar mi acuerdo de confidencialidad en 2018, tras el fallecimiento de mi abusador, el tribunal de Columbia Británica me lo denegó y se negó a levantarlo. Por ello, durante los últimos siete años, he abogado ante políticos provinciales y federales de Canadá para que prohíban el uso indebido de acuerdos de confidencialidad para sobrevivientes de abuso sexual infantil. Con la aprobación de la Ley de Trey en Texas y Misuri (¡y espero que pronto en más estados!), esto presionará al gobierno canadiense y a las provincias para que aprueben leyes similares. Me siento muy alentada (¡y también sanada!) por todos los sobrevivientes que comparten sus historias en las legislaturas de Misuri y Texas. Todos estos testimonios son muy importantes como prueba para demostrar el daño extenso y a largo plazo que un acuerdo de confidencialidad ha causado a una víctima de abuso infantil, de cara a los casos judiciales posteriores. (Este tipo de prueba de daño a largo plazo no se presentó en mi caso judicial en Columbia Británica; por lo tanto, mi solicitud de levantamiento del acuerdo de confidencialidad fue denegada). Todos debemos seguir alzando la voz para cambiar el futuro de los niños. Quizás no podamos cambiar el pasado, pero sin duda podemos cambiar el presente y hacer del mundo un lugar más seguro para los demás. Tras sufrir mucho durante años, ahora veo que ese sufrimiento ha tenido un sentido. Como resultado, me he convertido en una persona más fuerte. No estoy agradecida por el abuso, pero me parece que una fuerza mayor en el universo está ayudando a todas las víctimas a cambiar el mundo por completo ahora mismo. Es un momento sin precedentes en la historia de la humanidad y todos debemos seguir impulsando este increíble cambio. Gracias a la Ley de Trey y a todos los sobrevivientes que han expresado su apoyo a la Ley de Trey.

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    Final del cómic COCSA, parte 7.

    COCSA comic finale, Part 7.
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    El tiempo ayuda. No te quita el miedo ni te hace tener esos flashbacks, pero alivia el dolor.

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    #481

    Estaba en segundo año de la universidad y por aquel entonces salía de fiesta y me emborrachaba casi todas las noches. Hacía poco les confesé a mis amigos que era bisexual y me daba mucha vergüenza y nervios. No tenía confianza en mi sexualidad y bromeaban sobre el tipo de chicas que me gustaban. Me sentía solo e incómodo conmigo mismo y con quién me interesaba. Una noche fui a un bar y me emborraché tanto que logré salir y caminar a casa, a mi residencia universitaria, ya muy tarde. Mis compañeros de piso no estaban conmigo y no sabían adónde fui. A día de hoy, cuatro años después, no recuerdo por qué ni cómo me fui. Mis primeros recuerdos son de mi habitación con una chica encima de mí. No recordaba cómo llegamos allí, no sabía quién era, no sabía qué estaba pasando. Me besaba y me tocaba por todas partes. Yo no paraba de decirle «para», «qué pasa». Ella insistía en que no pasara nada, que estabas guapísima. Pero estaba tan borracho que apenas podía caminar ni hablar. Logré decirle que se bajara y se fuera. Lo hizo y en cuanto cerró la puerta de mi habitación, la cerré con llave. Estaba tan asustado, borracho y en shock por lo que acababa de pasar. Mis compañeros de piso llegaron a casa mientras ella estaba en mi habitación y en cuanto se fue, preguntaron quién era. No supe la respuesta. Dije que no lo sabía y ahí se acabó todo, ya que todos asumieron que quería a esa persona allí. Al día siguiente, intenté decirle a una compañera de piso que no la conocía y que necesitaba ayuda. No se dio cuenta de lo que le decía. Pasé el siguiente año y medio por la universidad pensando que iba a ver a esa chica. Pensé que sí una vez y empecé a ponerme los ojos como platos y a taparme la cara hasta que pasaron. Años después, me derrumbé y se lo conté a mi nuevo novio y meses después, a mis amigos de casa. Hasta el día de hoy, el recuerdo de estar en mi habitación con una desconocida encima me da ganas de vomitar. No sé cómo sanar ni cuánto tiempo tardará, pero lo único que sé es que no estaba bien. No estaba bien y ahora estoy a salvo, pero no entonces. Tenía miedo de hablar, pero lo necesito. No quería eso, no estaba consciente.

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    El abuso no siempre es físico. Tu dolor es válido y real.

    El abuso no siempre es físico. Tu trauma es real y válido. Comparto mi historia de abuso con la esperanza de que ayude a alguien que se siente perdido. Alguien que estuvo en la misma situación que yo, sin saber si debía ir a terapia, consolar a su abusador, denunciarlo o cualquier combinación de estas cosas, porque pensaba que estaba "siendo dramático" o "exagerando". Tu trauma es válido, tus sentimientos son reales y merecen espacio. Cuando tenía 20 años, empecé una relación larga con un hombre muy divertido, carismático, extrovertido y encantador. Parecía caerle bien a todo el mundo y tenía muchos amigos. Lo llamaremos Pareja 2. Unos meses antes de conocer a Pareja 2, tuve una relación corta con alguien (llamémoslo Pareja 1). Un día sentí algo raro "ahí abajo" y fui al hospital, donde descubrí que Pareja 1 me había contagiado tres ETS, una de ellas incurable. Rompí con él porque descubrí que me engañaba (y así fue como contraje los síntomas) y fui a hacerme otra prueba para las mismas ETS. Me hice dos pruebas más, y ambas dieron negativo. Con esta confusión y los resultados contradictorios, le conté esto a Pareja 2 cuando lo conocí para que decidiera si quería tener una relación. Consintió en empezar una relación en esas circunstancias, y empezamos a salir. Las señales de alerta aparecieron en forma de abuso de alcohol: lo encontraba borracho como una cuba vagando por las calles de nuestro pequeño pueblo, metiéndose en el tráfico y conduciendo. Hizo muchas cosas para lastimarme que no eran "abusivas", pero a medida que discutíamos por eso, se hartó cada vez más y las discusiones empeoraron. Les daré un ejemplo: el día de mi cumpleaños, se fue del pueblo. Cuando lo llamé la mañana de mi cumpleaños para preguntarle si quería desayunar, me dijo que estaba ocupado y que llevaba meses planeando este fin de semana (para ir a pescar con su padre). Obviamente, me dolió porque él sabía que era mi cumpleaños y eligió ese fin de semana para irse de la ciudad. Es algo por lo que cualquier pareja pelearía, excepto que él hacía cosas así TODO EL TIEMPO. Con el paso de los meses, empezó a sentirse cada vez más cómodo diciéndome cosas horribles estando borracho (echándole la culpa al alcohol). Luego empezó a sentirse cómodo diciéndome cosas estando sobrio. Hasta que, después de un año de relación, le diagnosticaron la ETS incurable de la que le había advertido meses antes. Fue entonces cuando las cosas cambiaron y empezó a abusar físicamente de mí. Ahora, cuando se emborrachaba, decía: "Me hiciste esto, zorra, me contagiaste esta enfermedad asquerosa", "Eres una puta", "Mereces morir" y cosas por el estilo. La primera vez que me "tocó" fue después de un año y medio. Lo recuerdo con mucha claridad; no hice nada para "provocar" una pelea. Estaba borracho y pensó que dije algo que claramente hirió su ego. Me agarró y empezó a estrangularme en la cama. Al caer, levanté la pierna por reflejo y le di un rodillazo en el estómago. Me echó la culpa de la "pelea", diciendo que le di un rodillazo en el estómago y que se estaba defendiendo. Tomé mis cosas y me fui inmediatamente, solo para descubrir que me había seguido. Empezó a estrangularme aún más, tirándome del pelo, y finalmente me levantó y me tiró a una zanja. Mis padres vinieron a recogerme, como les dije llorando, y documentaron varios moretones por todo el cuerpo. Al día siguiente, se disculpó y prometió que no volvería a ocurrir. Que "solo estaba borracho" y que no podía dejar que nadie más supiera lo que pasó o no me perdonaría (de nuevo, culpándome a mí, diciendo que yo empecé la pelea). Después de eso, el abuso físico se intensificó. Una noche, borracho, me levantó y me tiró al suelo. Otra noche, borracho, me estranguló en la cama en una fiesta y salió a bailar con sus amigos como si nada. Siempre tenía moretones en el cuerpo. Aunque al principio me decía "No lo volveré a hacer", luego pasó a "Te lo mereces, me contagiaste esta enfermedad asquerosa" e incluso me dijo que me odiaba en mi cara. Me amenazó diciendo que si se lo contaba a la policía, les diría que le había contagiado la ETS sin su consentimiento y que "debía ser ilegal" (yo no sabía si lo era, era muy joven y no lo sabía). Una noche nos invitaron a una fiesta con sus amigos en otra ciudad. Tendríamos que tomar el tren para ir. Justo antes de irnos, sentí muchas ganas repentinas de orinar. Tenía que orinar cada dos minutos. Para cuando subimos al tren, no pude aguantar más y supe que tenía una infección urinaria. Le pregunté si podía acompañarme al hospital y me dijo: "No quiero perderme la fiesta". Bajé sola del tren. Tomé un taxi al hospital más cercano, con el peor caso de infección urinaria que he visto en mi vida: mi orina era solo sangre. No le importó, ni vino a verme después de la fiesta. Era evidente que este hombre no me quería. Una de las peores noches, fuimos a otra fiesta de uno de sus amigos. Al final, su amigo quiso vernos en su casa después de la fiesta. "La fiesta de después". Me dieron la dirección, ya que estaba borracho como una cuba, pero me dieron la equivocada. Intenté decirle en el taxi que estábamos en el lugar equivocado, y salió de golpe. Corrí rápidamente hacia él y le dije: "Tenemos que ir por aquí". Él me dijo: "¿Qué me dijiste, zorra?" y empezó a agredirme. Me tiró al suelo y empezó a estrangularme en plena calle. Duró unos 40 minutos, lo grabé. Repetía una y otra vez: "Me hiciste esto, me contagiaste esta enfermedad, te odio". Al final logré liberarme de él, y cuando alcancé a sus amigos en el edificio de enfrente, les dije: "Lleva meses abusando de mí" mientras lloraba, y a nadie le importó. Fue un grito de auxilio que a nadie le importó. Acabé yendo a la comisaría esa noche y lo denuncié. Me preguntaron si quería presentar cargos, pero tenía demasiado miedo por lo que había dicho antes de amenazarme. La policía me ayudó a recoger mis cosas de su casa a la mañana siguiente. Cuando la policía entró en su casa, volvió a ser el mismo tipo encantador, diciéndoles: "Bueno, agente, ya sabe cómo son estas cosas. Las mujeres a veces se ponen así, ¿verdad?". Su padre, que SABÍA que me maltrataba, me miró y me preguntó: "¿Se pelearon otra vez?". Yo le respondí: "Tu hijo es un maltratador", y pasé junto a él. Después de eso, todo se me fue. No recuerdo cómo ni por qué volvimos; fue por miedo. Nunca presenté cargos porque me intimidaba constantemente. Pero con el tiempo, me mudé a un nuevo pueblo a unas tres horas de distancia. Seguí en contacto con él; me visitaba una vez por semana, pero seguía siendo abusivo. Finalmente, un día conocí a mi actual esposo. Ese mismo día, bloqueé a mi ex y no volví atrás. Intentó contactarme, pero me odiaba tanto que creo que no le importaba si me iba. Siempre se trataba de su ego y de que "nadie se lo acostaría con esa ETS". Ahora estoy felizmente casada, y aunque fue una experiencia muy traumática, mi esposo es la persona más cariñosa, paciente y dócil que conozco. Irradia amor y bondad. Espero que quienquiera que seas, quienquiera que lea esto, también lo encuentres. Espero que esto te ayude a comprender que el abuso no siempre implica puñetazos o narices rotas, sino también sutilezas como la negligencia y los insultos. Todas esas cosas pueden escalar y derivar en violencia física. Espero que salgas de ahí antes de que empeore. Recuerda que tu vida es preciosa y nadie te la puede arrebatar.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Habla antes de que sea demasiado tarde, cualquiera estará de tu lado.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Nombre

    Tengo una confesión. Hay muchas cosas que la gente no sabe de mí. Algunos me han visto cambiar drásticamente desde 2015, pero muy pocos saben lo que pasó entonces. Algunos solo me conocen como soy ahora, y no es algo que todos los que conozco ahora puedan saber. Me abro aquí para compartir que hay esperanza en el infierno, incluso cuando no la vi en ese momento. Mi esperanza es contar mi historia de cómo superé lo que pasé y que se convierta en la guía de alguien. Sabemos de qué trata este libro, y quizás se pregunten qué sucedió en 2015 para que mi vida cambiara tan drásticamente. En 2015, fui arrestada y acusada injustamente tras tener una discusión verbal con mi pareja de entonces. Puedo entender por qué fui el blanco de los cargos; después de todo, mi pareja estaba en silla de ruedas en ese momento y se veía tan vulnerable. El casero estaba afuera cortando el césped y vio a través de las cortinas cerradas, mientras yo agredía a mi pareja en ese momento, cuando en realidad estábamos discutiendo por cerveza y marihuana. Iba a omitir los detalles del encuentro con la policía, pero quizás esto también debería compartirse. En el momento de mi arresto, estaba mirando por la ventana (de nuevo, con las cortinas cerradas) hablando por teléfono con un amigo, explicándole que acababa de discutir con mi pareja y que la policía ya venía. No me importó, después de todo, no hice nada malo. Lo que desconocía es lo que se dijo durante esa llamada a la policía. Mientras hablaba por teléfono, me pillaron desprevenido, me dieron la vuelta, me tiraron el teléfono y me tiraron al suelo, con al menos un policía arrodillándose sobre mí. Fue aterrador, no sabía en ese momento qué estaba pasando, me tomó por sorpresa, tenía miedo, estaba confundido, por supuesto, me moví un poco tratando de entender lo que estaba pasando. [Durante mi juicio, el policía testificó que casi sacaron la porra para golpearme.] En ese momento, medía 1,65 m, ¿y quizás 50 kg? No había necesidad de nada de esto; lo hacían parecer mucho más fuerte y corpulento de lo que era. ] Recuerdo estar allí tumbado, mirando a mi compañero rogándole que les contara lo que realmente había pasado. Pero no dijo ni una palabra. Acabé sentado en una patrulla durante horas, mientras una policía se burlaba de mí mientras lloraba. Intenté decirles que tenía pruebas en mi teléfono de que él había sido violento en el pasado, pero no les importó. Yo era el malo aquí. [Resulta que acabaron contactando a mis padres para que vinieran a recoger a mi hijo, que en ese momento tenía unos 6 años y estuvo en la oficina durante la mayor parte del alboroto. ] La celda no era nada agradable: un par de bancos, un inodoro y una pared de plástico transparente al fondo. Un montón de gente gritando y dando golpes. Fue aterrador, y no importó lo que les dijera a los policías cuando me entrevistaron, no les importó. Acabé... Salí después de unas 12 horas con 5 cargos y sin vuelta a casa. Recuerdo haber intentado llamar a un amigo, que eran entre las 3 y las 5 de la madrugada, y no contestaba. Estaba en pleno centro, con la camisa rota y con cara de que algo había salido terriblemente mal, y así fue. No tenía dinero y, con la esperanza de que todo saliera bien, fui a tomar el tren a la estación de autobuses. Le dije al conductor que intentaba llegar a casa y que no tenía dinero. Vieron que estaba en mal estado y, por suerte, me dejaron viajar gratis. Finalmente volví a casa de mis padres; fue un alivio, sin duda. Mi pareja de entonces dependía mucho de mí, ya que estaba paralizado por un accidente de coche anterior, y nos escribimos varias veces para intentar que volviera a casa. Me ordenaron que me mantuviera alejado en ese momento, y después de convencerlo un poco, terminé volviendo para ayudarlo. Sin saberlo, un amigo suyo volvió a llamar a la policía por desobedecer mi orden... y fui a la cárcel. OTRA VEZ, y acusada de la violación. Al menos esta vez sabía qué esperar y pude calmar a una chica en la celda. ¡¿Pero qué demonios estaba pasando?! ¿Cómo terminé aquí? Podrías pensar que esa introducción estaba llena de "emoción", pero la cosa mejora. Cuando tocas fondo, lo pierdes todo: a mi hijo (que se quedó con mis padres), mi casa, todo, te hace reflexionar. Créeme, ¡en ese momento estaba furiosa! No quería ir a los grupos de mujeres que ordena el tribunal, YO NO ERA LA MALTRATADORA. Pero en momentos como este, hay que hacer lo que dice el tribunal, cuando lo dice. Alerta de spoiler: este juicio tardó una eternidad en continuar, y estuvimos a punto de pedir su desestimación. Sin embargo, el último día apareció mi expareja y el juicio siguió adelante. Fui sola a mi juicio y a todas las citas judiciales; nadie se ofreció a acompañarme; bueno, una persona sí lo hizo, pero me dejó plantada esa mañana. Mientras esperaba el resultado, me senté en... Estuve tres horas en el estacionamiento del juzgado, esperando a ver si volvía a casa esa noche. ¿Qué le dirían mis padres a mi hijo si no volvía ese día? ¿Qué pasaría después? El juez me declaró culpable, tuve que portarme bien y hablar bien de la policía, y al final me dieron un año de libertad condicional. Me perdí lo mejor: hacía solo unos años trabajaba como asistente legal, antes había sido voluntaria para la policía y también hacía seguridad. Entonces, de nuevo, ¿cómo llegué a este punto? Si nos remontamos a cuando terminé la secundaria, podemos ver que surge un patrón peligroso. Después de la secundaria, trabajé para una empresa de seguridad que organizaba conciertos y eventos. Terminé saliendo de la ciudad para trabajar con mis compañeros, junto con gente de la misma empresa, pero de otra ciudad. Era un evento importante y estuvimos allí el fin de semana. Todo iba bien hasta la última noche. No recuerdo qué pasó exactamente esa noche, pero supe que había sido agredida sexualmente. Terminé despertando. Estaba en una caravana, desnuda, sola, sin tener ni idea de lo que había pasado. Al salir, un hombre corpulento que había trabajado en mi ciudad empezó a hablarme, lo cual fue extraño, porque nunca antes había hablado con él; era demasiado amable. Entonces, reuní las piezas y me di cuenta de que había sido agredida sexualmente. De regreso a la ciudad, le escribí a una amiga contándole lo sucedido y me dijo que me vería en mi casa. Estaba agotada del viaje a casa, y lo único que quería era ducharme, y lo hice... resultó ser un grave error. Esa noche fui al hospital y denuncié la agresión. Me hicieron las pruebas, la policía me quitó la ropa, y lo que siguió fue el protocolo policial, pero no se presentaron cargos, porque él era cercano a todos en la empresa y los tenía de su lado. La policía me interrogó varias veces. No conducía en ese momento y solo le dije a mi madre lo mínimo para que me llevara a la comisaría. Después de la primera entrevista en la comisaría, me llamaron para... Me volvieron a entrevistar porque el sonido o el video no grababan la primera vez. La segunda vez que fui, me dijeron que mis datos no cuadraban, como cuántas personas asistieron a ese gran evento. Esta segunda entrevista fue tiempo después del incidente, ¿cómo iba a recordar este pequeño detalle? Esto terminó, como dije, sin cargos contra el sospechoso. Esto generó una gran desconfianza en el sistema legal, ¿cómo no se podía hacer nada? Además, mi empresa tampoco lo iba a despedir, así que tuve que irme. Perdí mi trabajo después de ser agredida sexualmente. Quizás se pregunten qué tiene que ver este incidente con mi llegada a la cárcel aproximadamente 10 años después. Creo que este fue el detonante que me llevó por un camino oscuro. Después de este incidente, pensé que sería más fácil y mejor tener mi propia familia. Creía que no tendría que volver a pasar por esto, que estaría a salvo, y vaya si me equivoqué. Conocí a un chico en el sitio web Nombre del sitio, y terminó proponiéndome matrimonio. En línea. Esto no fue mucho después de la agresión sexual. Claro que en ese momento dije que sí, que estaría a salvo, y esto fue el principio del fin para mí. Terminamos viviendo juntos entre la casa de mis padres y la de los suyos en otra ciudad. No se le daba bien conservar un trabajo, y todo lo que me había contado era mentira. En ese momento, no lo vi como una señal de alerta, simplemente era más molesto que cualquier otra cosa. Decidimos tener un bebé. Me quedé embarazada y volvimos a casa de sus padres porque nuestra ciudad actual simplemente no nos convenía. Resultó que las cosas en la otra ciudad eran mucho peores; él no tuvo suerte con un trabajo allí y sus padres iban a echarnos. Intenté conseguir trabajo, pero no tuve éxito en ese momento. No tuvimos más remedio que volver a mi ciudad. Tuve que llamar a mis padres para ver si podíamos volver, dijeron que sí, pero luego les dije que estaba embarazada; o sea, tenían que saberlo de alguna manera, y así fue como se enteraron. Nos mudamos de vuelta a... Ciudad. Ibamos de un sitio a otro muchas veces porque él no podía mantener un trabajo. En ese momento, yo trabajaba de recepcionista y mi sueldo no alcanzaba para tanto. Decidimos casarnos y no ser tradicionales; de hecho, después de hablar con mis compañeros de trabajo, decidimos celebrar nuestra boda en el sótano de mi jefe uno o dos meses antes de que naciera mi hijo. Fue una boda barata; mis compañeros de trabajo nos ayudaron a organizarlo todo; encontramos un vestido de verano normal porque estaba embarazada y ellos pudieron añadirle algunos adornos; quedó bastante bonito. Pero, por supuesto, no le conté a mi familia sobre la boda, y terminamos casándonos en el sótano con mis compañeros de trabajo, un amigo suyo y un amigo mío como testigos. Después volvimos con mis padres como si nada, aunque mi hermana sospechó porque llevaba un maquillaje muy intenso y un vestido. Pero nunca dije nada. Mi familia descubrió que estaba legalmente casada cuando llegaron los papeles de renovación del registro civil y el mes de renovación no coincidía con el de los demás. ¡Uy! Esa confusión sobre cómo tendría un mes de renovación diferente fue la razón por la que todos descubrieron que ahora tenía un apellido diferente y que nos habíamos casado. Te preguntarás, ¿por qué no quería que mi familia lo supiera? Simplemente no me importó decírselo en ese momento. Tenía una historia bastante mala con mi familia, por lo que recuerdo. Mi infancia no fue nada buena; al crecer, tuve que lidiar con uno de mis padres, que era alcohólico, y el otro, que me maltrataba físicamente. Quería cambiar mi apellido; debido a mi infancia, no quería conservar el suyo, quería dejar de ser parte de eso. Hoy todavía conservo el apellido de mi exmarido, al igual que mis hijos, y solo porque NUNCA volveré a mi apellido de soltera. Cualquiera pensaría que esto suena a mi feliz para siempre. Y eso está muy lejos de lo que sucedió. Recuerdo una vez que entré en mi portátil y descubrí que había estado en Nombre del sitio con otra chica y la había visto desnuda en cámara. ¡Estaba furiosa! No recuerdo mucho, excepto una discusión que... Sucedió. Mi hijo nació en julio de 2008. Todo parecía ir bien, pero no sabía cómo cuidar a un bebé; esto era nuevo para mí y para mi nuevo esposo. Claro, él seguía sin trabajar. Como nunca trabajaba, siempre íbamos de casa en casa, y nos desalojaban cada vez que el casero descubría que no podíamos pagar el alquiler. Ahora es más fácil ver las señales de alerta. Recuerdo otro incidente, no recuerdo el contexto, pero fue después de que naciera mi hijo; mi esposo terminó golpeándome la cabeza con uno de esos celulares de ladrillo. En otra ocasión, en ese mismo lugar, se enojó conmigo, me dio una patada en el estómago y caí de espaldas por una puerta sobre la cama. Esta vez agarré a mi hijo, sin zapatos ni nada, y lo llevé a casa de mis padres. Recuerdo haberle escrito a un buen amigo de entonces: "Si algo me pasa, Nombre lo hizo". Los detalles posteriores son un poco confusos porque sucedió en 2008, pero seguimos juntos un poco más. Habría sido en 2009 cuando ocurrieron los otros incidentes. Yo tenía otro trabajo como guardia de seguridad, y mi esposo debía cuidar a nuestro hijo mientras yo trabajaba y trabajar cuando yo estaba en casa. Claro que él no trabajaba, pero yo sí. Una noche llegué tarde a casa, aparentemente lo desperté y amenazó con degollarme y asegurarse de que mi hijo ya no tuviera madre. Pero por alguna razón me quedé. En algún momento de esta situación, lo echaron de casa de mis padres y se quedó viviendo en el patio trasero, en una tienda de campaña. Un día fui a trabajar, no encontré a mi esposo, intenté escribirle constantemente, y nada. Fue muy extraño, e incluso mis aparatos electrónicos habían desaparecido. Resulta que la casa de empeño los tenía y, como estábamos casados, no pude hacer nada para recuperarlos. Finalmente "encontré" a mi esposo, y él afirmó que había terminado en OTRA ciudad, comprándome joyas. No pude creer ni por un minuto que nada de esta historia tuviera sentido, sobre todo porque él no conducía. Entonces aproveché la oportunidad para ir a... La policía y denunciar lo sucedido. Pude obtener fácilmente una orden de protección de emergencia (EPO), y empezar con la crianza. Claro que alguien como mi exmarido no tomaría mi decisión a la ligera, así que decidió ignorar las órdenes y llamarme constantemente, ya que era una violación de la orden. Pude llamar a la policía y denunciarlo. Incluso cuando el agente estaba en mi casa hablándome, seguía llamando. Que quede claro: a pesar de todos los cargos en su contra, nunca se hizo nada. Al final lo arrestaron una vez, pero lo liberaron por su propia voluntad con la promesa de comparecer. ¿Se presentó? Claro que no. Recuerdo haber recibido una llamada de los servicios para víctimas (creo) y me informaron que mi exmarido no se presentó a su cita judicial. No pudieron darme detalles sobre dónde lo arrestaron ni nada. Fui a la comisaría cerca de mi casa e intenté desesperadamente averiguar dónde lo arrestaron. Me aterraba que volviera. Por suerte, descubrí que no había constancia de su arresto en... Ubicación. Creo que solo me dijeron esto porque teníamos el mismo apellido y él usaba la dirección de mis padres. Lo que sucedió después fueron muchas citas judiciales y tratar de averiguar cómo mi exmarido podía recibir estos documentos. Sabía dónde vivían sus padres y, por suerte, conseguí una orden de servicio sustituto que me permitió notificarle por correo certificado. Nunca asistió a ninguna cita judicial. Tuvimos citas judiciales para la orden de paternidad, el divorcio y la orden de manutención infantil, y nunca apareció, una y otra vez. Hasta la fecha, nunca ha pagado ni un centavo de manutención infantil. Nuestro hijo tiene 15 años y nunca ha hablado con su padre biológico ni con sus abuelos paternos. Sus hermanas me contactaron hace unos años; pensaron que se enojarían conmigo si lo hacían antes. Cuando todo esto sucedió, ¿tenían unos 10 años, tal vez? No las culpé por nada de lo que hizo su hermano. La verdad es que no hablamos mucho, pero nos tenemos en Facebook. Una de sus hermanas todavía intenta ayudarme a conseguir... Información para que el gobierno pueda hacer cumplir la orden de manutención de mi hijo. Después de que mi exmarido falleciera, finalmente decidí volver a salir con alguien. Salí con un chico llamado A. P. Siempre pensé que esta era mi única relación que no se desmoronaba. Pero mirando hacia atrás, había un montón de señales de alerta. Siempre le compraba cigarrillos, incluso terminé yendo a diferentes farmacias intentando conseguir Tylenol Ones (T1), porque era adicto a tomarlos; hubo un par de veces que intentó convencerme de empezar a fumar, quería que empezara a tomar Tylenol Ones sin ninguna razón, y otras veces quería que empezara a fumar marihuana. Aparte de estos comportamientos que mencioné, todo lo demás estaba bien, por eso creo que me engañé a mí misma al creer que esta era una relación sana, cuando no lo era. Después de esta relación, salió un chico llamado Iniciales. Ahora pensaba que con esta relación había descubierto qué salió mal en las anteriores y había intentado solucionar esos problemas antes de que surgieran. Había establecido algunos límites y pensé... Eso era todo lo que tenía que hacer. Resulta que lo que yo presencié en la relación y lo que él presenció fueron dos cosas distintas. Años después, descubrí que era adicto a drogas más fuertes y que las consumía cuando salíamos. Quizás esto explique algunos comportamientos, pero no los excusa. De alguna manera, durante esta relación, terminé partiéndome la cabeza con la mesita de noche, él destrozó mi televisor a puñetazos, me fracturé una costilla y un pie. No recuerdo los detalles exactos de esta relación ni cómo se desarrollaron los hechos, ya que duró muy poco. Al final, se fue y nunca más me respondió. Acabé yendo sola a juicio, porque el casero intentaba desalojarnos. Era demasiado para mí... sola. Claro que no quería que esto fuera el final, y cuando finalmente tuve noticias suyas por mensaje, le dije que podía intentar guardar nuestras cosas en un trastero. Por suerte, esa idea no prosperó y tuve que regalar la mayoría de nuestras cosas. El siguiente chico con el que salí se llamaba Iniciales; no recuerdo su apellido, aunque esta relación fue bastante memorable, pero por las razones equivocadas. Por suerte para mi hijo y para mí, no nos habíamos mudado con su ex cuando nos separamos. Planeábamos mudarnos de la ciudad para vivir con él, pero por alguna razón no salió como lo habíamos planeado. Aparte de nuestras discusiones habituales y de decidir si nos separábamos o seguíamos juntos, tuvimos un incidente importante que, por así decirlo, lo terminó todo. Habíamos estado fuera de la ciudad el fin de semana y lo estábamos pasando bien, pero algo seguía sin encajar. No estaba muy dispuesto a explicar lo que le pasaba, y yo no quería dejarlo ahí. Era nuestro último día fuera de la ciudad y habíamos discutido verbalmente, pero en lugar de quedarse solo verbalmente, se convirtió en un acontecimiento que nos cambió la vida. Terminé con el lado izquierdo del cuerpo golpeado contra una puerta varias veces. Después del incidente, él se fue y decidió caminar de vuelta a su pueblo. Como yo estaba más lejos de mi ciudad, decidí irme en ese momento, ya que el dolor era cada vez peor y aún me quedaba un buen rato de viaje. Recuerdo que paré en un área de descanso porque no podía seguir conduciendo y tenía la rodilla muy mal. Llegué a casa y quedé con un amigo para hablar de lo sucedido. Pensamos que eso era todo y que me recuperaría enseguida. Pero no fue así. Acabé yendo al hospital para que me revisaran la rodilla; me dijeron que tenía líquido y que necesitarían una aguja para drenarlo si no mejoraba. Fue cuando fui a fisioterapia cuando me dijeron que el músculo se había desprendido de la rótula y que por eso no podía caminar con esa pierna. Diría que esto fue hace casi 10 años. A día de hoy, no puedo conducir largas distancias sin que se me hinche la rodilla. Me duele durante el invierno y los meses más fríos, y en general me molesta mucho más de lo que quisiera. Me he hecho tomografías computarizadas, otra en la que tuve que tomar algún tipo de bebida radioactiva, radiografías, ecografías, de todo, y no hay nada que puedan hacer para aliviarme. Puedo hacer todo el ejercicio que quiera e intentar fortalecer la rodilla, pero mi último fisioterapeuta dijo que mi rótula es más como un tren descarrilado. Al final, lo denuncié a la Real Policía Montada de Canadá (RCMP), y bueno, nunca he recibido respuesta. La última vez que supe, seguían intentando localizar a mi ex, ya que podría haber huido de la provincia. Solo hubo una denuncia policial, no cargos formales. Como tardó tanto, y por esas fechas ocurrió un incidente con mi siguiente pareja, olvidé seguir el rastro y nunca me dijeron qué pasó. Cualquiera pensaría que me había dado cuenta de lo que estaba pasando y del patrón en el que estaba inmerso. Pero no fue así. Había una última lección que aprender antes de que todo cambiara en mi mundo. Mi último ex fue Iniciales, y es a quien mencioné al principio. Fue esta relación la que me lo quitó todo. Ya mencioné el arresto en 2015, pero la relación era más que eso. Recuerdo una noche, cuando estábamos en el primer piso que compartimos, intentó asfixiarme mientras estábamos en la cama. Terminé llamando a la policía, y hablaron con él, hablaron conmigo, y nunca hicieron nada. Al final nos echaron del piso porque no les gustó que llamaran a la policía al edificio. Recuerdo una vez que íbamos en coche, creo que volvíamos a la ciudad, y por alguna razón se enfadó mucho y empezó a golpearme y arañarme mientras conducía. Detuve el coche inmediatamente en una zona segura y me preguntaba dónde estaba la comisaría de la Real Policía Montada de Canadá más cercana, porque no iba a aceptar ese comportamiento. Estábamos prácticamente en medio de la nada, pero recuerdo haber ido a la gasolinera más cercana que encontré para ver si sabían dónde estaba la oficina de la RCMP más cercana. Tenía un aspecto desastroso, había estado llorando, tenía los brazos en mal estado, y nunca me preguntaron si estaba bien ni si necesitaba algo. Lo cual puede resultar un poco extraño, ya que estaba comprando botiquines y preguntando por la gasolinera de la RCMP más cercana. En fin, ese día no encontré ninguna gasolinera, pero sí tomé fotos. Fotos que nunca le significaron nada a la policía cuando volvieron a mi casa. Hubo un último incidente menor antes de mi arresto, pero tenía que ver con él. Parecía suicida y decía que se había tomado todas esas pastillas, así que me asusté y llamé al 911 para que vinieran la policía y los paramédicos. De nuevo, no pasó nada, salvo que aparecieron y evaluaron la situación. Me tocaba volver a llamar si la situación empeoraba. Poco después me arrestaron. Lo perdí todo, y fue entonces cuando no tuve más remedio que empezar de nuevo. Estaba furiosa y odiaba haber sido arrestada y acusada injustamente; odiaba que ahora el tribunal me obligara a tomar cursos. Perdí a mi hijo por molestarme cuando los servicios familiares vinieron a hablar. Allí tenía a la que parecía ser la peor trabajadora social. Me decía que le mentía y luego descubría que tenía razón. Tenía muchas tareas que completar antes de poder volver a estar con mi hijo. En ese momento, no tenía hogar y vivía en hoteles. Cuando se me acabó el dinero, podía quedarme en la casa de mis padres junto al lago, pero tenía que irme a su casa cuando mi hijo y ellos querían ir a visitarlo. Finalmente, conseguí una suite en el sótano que mis padres me alquilaron, y finalmente volví con ellos y mi hijo, después de que los servicios familiares cerraran el caso. Pero al final, disfruté mucho del grupo de mujeres organizado por el tribunal y me quedé un mes más. Aprendí más sobre límites, manipulación psicológica y conocí a otras mujeres que habían estado en situaciones similares. Por una vez, no me sentí sola; había otras personas como yo. Me llevó un tiempo, pero me di cuenta de que uno de mis mayores problemas era que me estaba mudando demasiado pronto con chicos. La principal causa en ese momento era que intentaba irme de casa de mis padres porque no me gustaba quedarme donde uno de ellos siempre bebía. Ahora he decidido que no me mudaré con nadie a menos que fuera mi propia casa, para no quedarme sola otra vez con mi hijo. Parece un buen plan, ¿verdad? Pero no cuando me quedé con TEPT complejo (trastorno de estrés postraumático complejo), el trauma, el miedo a los hombres, el miedo a la policía, todo finalmente se derrumbó. Tuve que pasar por mucha terapia, y me refiero a años de terapia, tratando de encontrar a la persona adecuada con quien trabajar. Fue mucho más difícil, ya que la última vez que trabajé fue en 2012, así que fue un proceso mucho más largo que si me pagara a mí misma. Después de la terapia, la consejería, la terapia de resolución acelerada (TAR) y aprender sobre espiritualidad, comencé a sentirme mucho mejor. Todavía no tenía confianza para tener una relación con nadie, pero volví a sentirme yo misma. Durante mucho tiempo, no supe quién era sin tener una relación. ¿Qué disfrutaba hacer? ¿Qué quería hacer? ¿Quién era yo? ¿Cuántos años tenía? Poco a poco, comencé a encontrar cosas que disfrutaba, y las cosas estaban mejorando. Otro factor clave en mi recuperación fue unirme a un grupo de CoDA (Codependientes Anónimos). Esto se debió a que, en retrospectiva, muchos de mis comportamientos en el pasado eran codependientes. Mis comportamientos pasaron de complacer a la gente a tener miedo de enojarlos, a centrarme más en los demás que en lo que disfrutaba, a no querer causar problemas y más. He sido parte de este grupo durante casi dos años, y creo que, en todo caso, esto es lo que podría salvarme la vida. He pasado por un estudio de pasos, he admitido mis errores del pasado, he enmendado mis errores cuando ha sido necesario y ahora me siento segura de poder tener una relación sin recaer en estos viejos patrones. Una amiga me dijo: "Si no te amas a ti misma, ¿cómo podría amarte a ti misma?". La afirmación fue impactante, pero solo cuando empecé a sanar esta parte de mí comprendí lo que quería decir. La gente tiende a tratarte como te tratas. Ahora sabrán que no aguanto las críticas de nadie, que no temo perder a quien no apoya mi bien mayor, y que soy directa y sincera. Ahora siento que provengo de un lugar de autenticidad. No volveré a perderlo todo por nadie. Recientemente me diagnosticaron TDAH, y recibir este diagnóstico me ha abierto los ojos. Puedo ver cómo mi trastorno y mi desconocimiento de él pudieron haber influido en mi pasado. Aunque desearía que me hubieran diagnosticado antes, agradezco saberlo ahora. Ahora puedo trabajar con mi cerebro y no contra él. Para mí, ha sido un alivio saber que algunas cosas con las que he luchado toda mi vida no se debieron a la pereza, sino a que literalmente tenía una "enfermedad" que desconocía. Cuanto más aprendo sobre el TDAH y más reconozco esos patrones en mí, más fuerte me vuelvo. He recuperado mi poder, me siento más fuerte que nunca. No estoy saliendo con nadie ahora mismo, y eso se debe a que las citas han cambiado drásticamente desde que todo esto ocurrió. Ni siquiera sé a quién recurrir últimamente. Eso puede esperar. He tomado cursos, obtenido certificados y ahora trabajo como contratista independiente y tengo mi propio negocio. Me llevó mucho tiempo, pero al final valió la pena. Detesto que la gente diga que "las cosas siempre pasan por algo", y quizás tengan razón. Pasé por eso para descubrir lo fuerte que soy y para poder apoyar a otras personas en situaciones similares. Recientemente me convertí en Coach Certificada de PAIL y quiero centrarme principalmente en apoyar a sobrevivientes de violencia doméstica y a quienes están en proceso de divorcio. Como empática intuitiva, este es el lugar perfecto para mí. Como dije al principio, quiero que mi historia inspire a otros. Si yo pude hacer todo esto sola, cualquiera puede. Nunca pensé que llegaría a donde estoy ahora. Comparto mi historia para demostrar que hay esperanza en el infierno. Es difícil ver cuando estás en medio de una situación que te está destruyendo, pero puedes superarla. Puedes llegar a ser más de lo que creías cuando te lo propones y tomas la decisión de cambiar para mejor. "El crecimiento viene del caos, no del orden". Cuando las cosas siguen igual, obtienes el mismo resultado. Si hay algo que aprendes de mi historia, es que debes saber que no estás sola. No tengas miedo de acercarte. Hay personas que quieren ayudarte, incluso si no te conocen personalmente. Ojalá hubiera sabido todo esto cuando pasé por mi trauma... o llamémoslo mi viaje. "No, no me quedaré callada para que puedas estar cómoda".

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    2:13 am

    No recuerdo el mes en que lo conocí ni el día en que se convirtió en compañero de trabajo. Solo recuerdo haberlo conocido y pensar que era tímido. Recuerdo su sonrisa amable. Algo en él me hacía sentir segura. Era amable, paciente y empático. Supongo que nuestra amistad empezó cuando necesitaba a alguien y me sentía vulnerable. Llevo más de una década felizmente casada. Incluso ahora, no he hablado de lo que pasó. Me siento sucia. No he podido escribir sobre lo que me pasó. Durante mucho tiempo, me culpé porque estaba drogada cuando sucedió. Estaba tan drogada que no podía sentir nada. Hay espacios en blanco en mi memoria, pero sí recuerdo la primera noche. Unos compañeros de trabajo y yo decidimos salir a tomar algo y jugar al billar en un bar local. Se ofreció a llevarme a casa y charlamos. Fue agradable. Después de unas horas, me recogió de nuevo y condujimos por la ciudad. No tardé en sentir la sensación de sus manos en mi piel. Le pedí que parara y paró un rato. Entró en el estacionamiento de una vieja iglesia y seguimos hablando. Sabía que estaba casada, pero quería besarme de todas formas. Cuando se inclinó, le dije que no. No recuerdo bien el resto de la noche, pero recuerdo haber visto la hora y las 2:13 a. m. Le dije que tenía que irme a casa, pero me dijo que primero tenía que hacer algo. Pensé que bromeaba. Le puso la mano en la parte inferior del cuerpo. Me aparté y le dije que no. Dijo: «Por favor. Se sentiría tan bien y de verdad que lo necesito». Le dije que no, pero insistió. Siguió agarrándome la mano y poniéndola en su entrepierna. Dijo que se sentiría mejor si podía «sacarla». Le pedí que parara y dijo: «Lo siento». Agradecí que se disculpara. «Pensé que querías esto. Me pusiste muy duro, así que ahora tienes que terminar», dijo. Seguí diciendo que no y él seguía insistiendo. La única respuesta que me quedaba era decir que sí. Externamente, dije que sí, pero por dentro decía que no. Pensé que si podía hacer la situación menos desagradable, terminaría rápido. Me acosté en el asiento del copiloto sintiendo sus manos recorrer mi torso hasta la ingle. Me pidió que me diera la vuelta y me agachara. Le dije que no. Dijo: "Ya casi termino. Por favor... Necesito esto". Incluso después de decir que no, insistió. Debería haberme ido, haber llamado al 911 o a mi madre. Cualquier cosa para salvarme. Pero sabía que si lo hacía, causaría un caos. Estaba a 30 o 45 minutos de la ciudad; estaba oscuro y me preocupaba que me hiciera daño o me echara. Me siento culpable por haber permitido que me tocara. Es difícil no sentirme culpable, aunque me quedé paralizada e hice lo que pude para sobrevivir. Regresé a casa confundida por lo sucedido y reconocí que no había consentido ese encuentro. Sé lo que es una agresión. No quería que esto pasara y dije que no. Sin embargo, ocurrió de todos modos. Me enteré de la coerción sexual unos meses después. Esto continuó durante varios meses. Me dijo que le era infiel porque no me había alejado. Me siento como una infiel. Me siento inútil e impotente porque me dijo que no tenía opción. Me siento responsable de lo que pasó, pero confundida porque no fue deseado. Siempre me he preguntado qué me arrebató. Me arrebató mi consentimiento.

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Impresión de Sobreviviendo a una violación en grupo

    Surviving Gang Rape impression
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    Más de un año de abuso a los 14 años y ahora lidiando con el TEPT complejo

    Tenía 14 años, esto fue hace 6 años, y cambió por completo mi vida, quién soy y hacia dónde voy. Salía con un chico. Durante el primer mes, me agredió varias veces, me golpeó, etc. Me decía que peleábamos porque eso es lo que hace la gente cuando se ama. Se me acercaba por detrás y me agarraba sexualmente sin que me diera cuenta. Todo esto pasó en el colegio; fue increíblemente deshumanizante y vergonzoso. A partir de ahí, empeoró. Intenté dejarlo, pero me enviaba vídeos de él quemándose, me escribía con detalles de cómo mataba a alguien y se salía con la suya, me enviaba fotos de conejos salvajes muertos (mi animal favorito que mató), y luego me violó. Quedé embarazada a los 14 y por fin estaba lista para irme oficialmente. Este bebé iba a ser mi salida, aunque no lo tuviera. No le gustó. Lo siguiente que supe fue que intentó matarme con tanta violencia que aborté poco después. No podía irme, no podía vivir en esa relación. Meses después de que intentara matarme, le dije que era abusivo. Fue entonces cuando me dejó. No sé cómo tenía sentido, sobre todo porque lloró por lo que le dije. Pero si funcionó, funciona. Lo intenté todo. Dijo que si empezaba a fumar me dejaría, simplemente me quemó con un encendedor, dijo que si le engañaba me dejaría, simplemente me golpeó, intenté dejarlo y él intentó matarme, pero supongo que decir que era abusivo fue demasiado. Sobreviví un año. Muchas veces me pregunto si me lo inventé todo, al menos eso es lo que él dijo que hice. A veces no creo ser una víctima. Me diagnosticaron TEPT complejo y he tenido problemas con mi autoestima, mi adicción y mi sentido de las relaciones. Dejé de fumar este año y estoy muy orgullosa de mí misma. Me gradué, tengo un buen trabajo, estoy en la universidad y ahora estoy muy lejos de él. Soy más feliz. Estoy en una relación feliz con un hombre que jamás me haría daño, amenazaría ni gritaría. Ya no recibo amenazas de muerte anónimas. Me siento muy paranoica, como si alguien me estuviera observando o fuera a hacerme daño. A veces tengo que recordarme que es él, que se está metiendo en mi cabeza otra vez. Todavía duele, perdí gran parte de mi inocencia en un momento tan crucial para mi desarrollo. Estaba aislada, él controlaba mis redes sociales e incluso mi teléfono, me alejó de mis amigos y casi de mi familia. Pero ya no soy ella. Y nunca volveré a serlo. Me da pena mi yo de 14 años. Siempre la he mirado con tanto odio y vergüenza. Pero ella sufría. Tenía miedo. Yo tenía miedo. Todos los días de mi vida, durante un año y hasta que cesó el acoso, que fue un tiempo después. Pero sobreviví, no solo sobreviví, sino que prosperé y salí adelante. Espero que esto ayude a otras víctimas de abuso extremo. Una vez que encuentras una salida, es mucho mejor, incluso si te cuestionas, quieres volver atrás, crees que lo mereces, etc. La salida te salvará la vida. Es muy difícil, y el trabajo para mejorar después puede ser aún más difícil. Pero vale la pena. Sigo luchando contra el TEPT complejo, lo haré por el resto de mi vida, pero mejoró.

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    Sí, por favor. Quiero que lo atrapen.

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    Nunca estás solo

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    #575

    Me violó uno de los jefes de ubicación en ciudad, estado. No vengas.

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    Eres una pesadilla y siempre estaré rogando por dormir.

    Nos subimos al autobús que íbamos a tomar para ir a mi casa, el autobús escolar de "actividades", ya que nos habíamos quedado después de clase. Me lleva a un asiento en medio, y luego nos protege del pequeño grupo de estudiantes que entraban poco a poco. Sin previo aviso, se inclina y me besa. En el instante en que nuestros labios se encuentran, algo ardiente se enciende dentro de mí y pienso: No quiero seguir con esto. Me separo casi al instante; el beso dura solo unos segundos, pero se siente eterno. Dice en un tono casi condescendiente: "Eso no fue nada físico. Dijiste que sabías besar". Como si tuviera derecho a alguien con más experiencia. Claro que no. ¿Es que no entiende lo que es un primer beso? ¿Me gustó siquiera? Antes de que pueda decir nada, me atrae hacia sí y me besa profundamente, sus labios presionando contra los míos. Un rubor translúcido trepa por mi cuello y acaricia mis mejillas antes de clavarse. Una vez que termina, se levanta y cambia de asiento, dejándome sola por el resto del viaje a casa. En el aire denso, pesado y húmedo de mi habitación, mezclado con el olor a nuestro sudor, su aroma empalagoso —a colonia, chicle tropical y menta con un toque de vainilla— penetra mi nariz. Sus manos crueles emergen de las sombras, enredadas en mi cabello, acunando mi mandíbula. Sin un sonido, se deslizan hasta mi cintura. Insatisfechas, se arrastran, tanteando más abajo, envolviéndose alrededor de mis caderas. Su toque es implacable. Me dan ganas de llorar. Sus manos se mueven como si fuera fácil, como si no tuviera que pensar antes de usarme. No puedo distinguir la diferencia entre él y la oscuridad. Es tan opaca que no puedo distinguir si tengo los ojos abiertos o cerrados. No puedo ver nada. Solo puedo sentir. Me besa implacablemente, sin piedad, sus labios cálidos y húmedos. El sonido es nauseabundo. Me pone los pelos de punta. A medida que sus besos se profundizan, se vuelven fríos al deslizar su lengua en mi boca. Sabe a todas las lágrimas que desearía poder llorar. Fue suave, incluso tierno al principio, pero ha permitido que su obscena hambre lo consuma. Se está poniendo brusco, pero no puedo decir que no. No puedo decir ni hacer nada, estoy funcionando en piloto automático. Me separo de mí misma, siento como si me hubieran arrancado el alma de su cuenca. Soy una espectadora distante que observa todo lo que sucede mientras floto fuera de mi cuerpo, frente a la escena. No reconozco al chico que le devuelve el beso. No puede ser yo. Esto no puede estar pasando. Pero está pasando. Apenas nos separamos para respirar porque él simplemente no para. Incluso cuando nos detenemos por un breve momento para recuperar el aliento, todavía puedo sentirlo. Sus labios fantasmales en los míos. No pensé que sería así. Ya no quiero mirar más, el asco me revuelve el estómago, pero no puedo apartar la mirada. Cacospectamanía: una obsesión por mirar fijamente algo repulsivo o vulgar, de donde proviene nuestra tendencia como humanos a la curiosidad morbosa. No puedo cerrar los ojos y aunque lo hiciera, la vista ya se me ha grabado a fuego en los párpados. Me siento mal. No puedo respirar. Pero él no se detiene, toma y toma mientras mi piel comienza a hervir a fuego lento con la fiebre invisible bajo su piel, veneno filtrándose por mis venas. Por primera vez, me pregunta antes de hacer algo. "¿Puedo besarte el cuello?", pregunta. Sin pensarlo, mi cabeza cae automáticamente hacia adelante en un asentimiento simulado, aunque en realidad no quiero que lo haga. Mi mente está completamente en blanco, no puedo comprender, no puedo procesar lo que está sucediendo. Ni siquiera lo estoy mirando, estoy observando desde atrás, mirando por encima de mi hombro hacia la nada. Mi cuerpo inmóvil vibra como una colmena, vibrando desde dentro. Siento su aliento caliente en mi cuello como un lobo jadeando sobre el pelaje de un conejo. Lo besa con fuerza y siento como si me estuviera frotando la piel hasta dejarla en carne viva. Traza un punto a lo largo de mi yugular con los labios y la lengua, como si fuera un vampiro intentando chuparme la sangre. Me pregunto si puede sentir mi pulso gritando su nombre. No quiero esto —duele, duele muchísimo— pero mi cuerpo me traiciona indescriptiblemente. El placer aflora a la superficie, dándome una euforia que nunca antes había sentido y que nunca volveré a sentir. Mi única referencia es el único otro tipo de euforia que he experimentado, la euforia que produce derramar la propia sangre. Pronto, me abriré la piel en un inútil intento de desangrar su fiebre de mis venas. Solo que esto es diferente. Se despliega como un vapor desde la espesa capa de hielo del entumecimiento sobre el paisaje blanco y árido dentro de mi pecho, derritiéndose por el calor de nuestros cuerpos. Me refugio en mi mente, agachada sobre manos y rodillas sobre la superficie brumosa, e intento abrirme paso y desenterrar el miedo enterrado muy por debajo. Pero no se siente bien. En absoluto. El hormigueo y latido de la piel en el lado izquierdo de mi garganta y sobre todos mis labios duelen como si me hubieran picado las abejas inquietas dentro de mí. No sé si esto es normal o no. Me pregunto, ¿se supone que debe picar? La sensación es como una quemadura de cuerda, en el mismo lugar donde una soga se clavó en mi carne, dejando mi piel raspada y escarlata por el peso de mi cuerpo que había dejado a merced de la gravedad. Pero al menos eso dejó una marca, algún tipo de prueba, aunque fuera superficial. Cuando se trata de él, todo lo que tengo es el dolor. Nada que mostrar. Más tarde, engancha un dedo en el cuello de mi camiseta de cuello en V y tira hacia abajo. Un miedo vertiginoso, profundo e instintivo me empapa, agua helada vertiéndose por mi frente mientras mi corazón cae a mis pies. Recorre mi cuerpo, tan sensible como un cable de alta tensión, electrocutando mis nervios. Me estoy ahogando en él, es tan oscuro y frío, es como ser sumergida en un lago congelado y arrastrada hasta el fondo. No sé dónde está arriba o abajo. Pero sé que voy a morir. Ya sea por miedo o por él. Consigo salir a la superficie y mientras lo hago, lo empujo con cada gramo de mi poca fuerza. Tengo tanto miedo que no puedo pensar con claridad, no puedo pensar en absoluto. Todas las demás emociones me han abandonado excepto el terror corriendo por mis venas vibrantes. Me va a violar. Voy a morir. Prácticamente lo dijo antes, cuando le dije que mi madre quería que mantuviera las puertas abiertas. '¿Qué, tu madre cree que voy a follarte o algo así?' Las puertas están cerradas. Nadie me va a ayudar. En marcado contraste conmigo, él está desgarradoramente tranquilo. Pero puedo sentirlo temblar. ¿Por qué tiembla si soy yo la que sale lastimada? ¿Es emoción? ¿Miedo? ¿Vergüenza? ¿Deseo? Quiero gritar y llorar hasta secarme las lágrimas, pero me roban la voz. Abro la boca, pero los sonidos mueren en mi garganta, de la misma manera que lo haré yo, una muerte interminable y atroz. Ojalá pudiera decir: "¡No! Quítate de encima. Aléjate de mí. No quiero. Deja de tocarme. Déjame en paz. Por favor. No. Para. Duele". Pero él es el único que puede hablar. No quiero escuchar más, pero no importa. Su voz se desvanece, pero sus palabras son claras como una campana. "No te preocupes, no me voy a quitar nada". Intenta tranquilizarme, pero no me hace sentir más segura. No sé por qué vuelvo con él a regañadientes. Pensé que podía confiar en él. Ojalá no lo hubiera hecho. Cuando inocentemente le rodeé la cintura con el brazo, me miró y dijo con tono indiferente: «No sabes lo que me excita, ¿verdad?». Rápidamente retiré el brazo y lo acuné contra mi pecho como un pájaro con un ala rota, el miedo me hieló la sangre. Su expresión nunca cambia. Reflejando las innumerables veces que lo he excitado y lo verbaliza, sin importar mi asexualidad de entonces. Más tarde esa misma noche, cuando ya estaba en casa, con pesar le envié un poema con el nombre inapropiado de «deseo», simplemente detallando las extrañas y ajenas sensaciones por todo mi cuerpo, esperando que sus labios y manos —o, en retrospectiva, su dolor— regresaran. Él respondió: «Eres tan sensual». Me lo imagino alargando cada palabra, lenta y sensualmente, como para seducirme. En algún momento, le muerdo el labio interior. Se apartó y su boca se dividió en una sonrisa escalofriante. Dice: «Me mordiste». Me disculpo, aunque no lo digo en serio. Nada de lo que hago lo detiene más que unos instantes. Está voraz, se muere de hambre por mí. No tiene suficiente. Me devora. Solo puedo observar, un fantasma presenciando su propia muerte. Palabras que nadie más puede oír me susurran al oído a mis espaldas. «Esto no es real. Esto no está pasando». Las creo porque es mejor que morir. ¿Su respuesta cuando más tarde le dije que no parecía real? «Sabes que lo fue». Dice: «Eres mía, ahora. Para siempre». Me lo imagino diciéndolo con una sonrisa sádica y satisfecha. Las palabras como manos inmovilizándome, metralla incrustada en mi piel. Una marca en mi alma, inolvidable, que me reclama, que me marca de por vida. Su nombre se abre paso, entretejiéndose entre todo. Se graba en mi corazón y se funde con mis huesos, arremolinándose en mi torrente sanguíneo; cada parte herida de mí está grabada como suya. Ojalá pudiera encontrar la voz para decir: «Prefiero morir antes que ser tuya».

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Es espeluznante en todas sus películas, esa debería haber sido la primera señal de alerta...

    Era 2017, tenía una relación poco saludable con alguien que localizaba mis inseguridades y las usaba para desgastar a quienes lo rodeaban, incluyéndome a mí. Lo había instado a ir a una fiesta en ciudad 1 cuando estaba allí por negocios, fue a regañadientes, pero terminó conociendo a una celebridad 10 años menor que él, que era exactamente de la misma etnia que yo, el mismo tipo de cuerpo, el mismo color de pelo y ojos, solo que más rica, joven y famosa. Naturalmente, me engañó y luego me dejó para irse a estar con ella en ciudad 1. Sigo sin poder soportar ver su programa, aunque ahora están separados. Mi vida se convirtió en un efecto dominó de todas las cosas que te llevan al fondo del barril. Perdí mi apartamento y dormía en los sofás de amigos, incluyendo la casa de mi ex, con sus compañeros de piso, que creía que también eran mis amigos. Perdí uno de mis trabajos, buscaba constantemente alquiler, pero la crisis inmobiliaria lo hizo imposible. Entonces, inesperadamente, me nominaron para un prestigioso premio en mi campo y el trabajo que había hecho se estaba proyectando en otro país y me pidieron que asistiera al evento. Las cosas parecían estar mejorando y ambos eventos fueron maravillosos, pero cuando regresé, seguía sin hogar durante otros 10 días antes de poder mudarme a la habitación que tenían mis amigos y que estaría disponible a fin de mes. Entró un hombre extraño, 15 años mayor que yo, a quien conocí en un entorno social antes de que mi ex me dejara, sabía de mi ruptura por sus amigos y me contactó por redes sociales. Cuando charlamos, se enteró de que me estaba quedando en sofás y me ofreció su apartamento mientras él estaba fuera en ciudad 2 durante dos semanas. Aproveché la oportunidad para finalmente ducharme sin llevar una maleta entera al baño y tener cuatro paredes para mí sola. Me dio la llave y se fue. Fue una bendición. Hasta que dijo que se sentía solo en su viaje, me enviaba mensajes varias veces cada hora, las 24 horas del día (incluso por la noche, ya que casi nunca dormía) y se enfadaba conmigo si dejaba de responder. Me sentía extraña, como si le debiera esa atención porque me estaba haciendo un gran favor y me estaba ayudando a superar un momento emocional terrible, en el que también estaba sumida en un trastorno alimentario que me dejaba muy débil físicamente. Lloré todos los días durante meses y estuve profundamente deprimida. Empezó a llamarme y a hacer videollamadas conmigo mientras estaba fuera, y podía ser muy dulce o muy frío, lo que me asustó mucho porque es una persona de aspecto intimidante, muy alto e impredecible. Parecía que le importaba e ignoré los nervios que se me pusieron en la espalda cuando presentí que estaba en peligro. Entonces, de repente, llegó a casa temprano sin avisar y todavía me quedaba una semana para mudarme a mi propia casa. Me dijo que podía quedarme y que no se metería en problemas, etc. Le dije que le prepararía comidas para agradecerle que me dejara quedar. Lo que siguió me sigue confundiendo, incluso después de años de trabajar con mi terapeuta para afrontar el trauma que me infligió su mano. De lo que estoy segura es de lo siguiente: - Tuvo sexo conmigo y no di mi consentimiento. - Cuando finalmente di mi consentimiento, fue por temor a perder la vida tras su agresión física e intimidación. - Me aisló de todos mis amigos y familiares sugiriendo sutilmente defectos de carácter que "demostraban" que no les importaba lo mejor para mí. - Me ponía drogas en las bebidas que me preparaba; aún no sé con qué tipo de droga, pero fuera lo que fuese, me hacía muy tranquila y agradable, y me daban ganas de bailar. - Con el tiempo, empezó a intentar controlar mi ropa, mi comida y cuándo dormía. - Me bombardeaba con locura y luego me regañaba hasta el extremo. - Defendía su control sobre mí delante de sus amigos. - Me obligaba a desnudarme hasta quedarme desnuda delante de sus amigos. Cuando salía del apartamento, me llamaba y me preguntaba dónde estaba, con quién y cuándo volvería. Me gritaba, me empujaba contra la pared para amenazarme y abusar verbalmente de mí, y me azotaba varias puertas en las narices. Finalmente, me quitó la llave de su apartamento para tener ambas, y mi entrada y salida dependía de que me dejara ir o no. Esperaba a que me durmiera y luego entraba en la habitación para tener sexo conmigo mientras dormía, mientras yo me refugiaba en mi mente y esperaba a que terminara. Luego descubrí por una amiga que había hecho cosas similares a más mujeres y a las que había abusado, y ahora estamos elaborando nuestros informes oficiales. Todavía le tengo mucho miedo; me lo encuentro en algún evento o en la calle, y todavía siento tanta rabia que me impacta y me preocupa que pueda sentir tanta rabia. Mi terapeuta fue increíble y he aprendido mucho de ese año infernal. He superado la vergüenza, la culpa y la incomodidad, y ahora tengo una pareja amorosa y compasiva, y no podría estar más feliz. Vi el documental de Evan Rachel Wood y todo lo que había vivido con su abusador, tanto por sus historias detalladas del abuso como por la atención pública y de las celebridades que recibió durante los años que lo soportó. Me identifiqué profundamente con ambos aspectos, y mi silencio, al igual que el suyo, surgió del miedo a lo que ese hombre pudiera hacerle a mi carrera, mi reputación y el poder que tenía en el círculo profesional y social que ambas formamos. Ahora soy más fuerte. Sé quién soy. Y sé que lo nombraré.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.