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La persona que me hizo daño era un...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇨🇴

Sanar es entender

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sanar es crecer. Es saber que no eres solo una víctima, saber que eres más que las manos que te tocaron.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇱

    Nombre

    Publicación: Soy una sobreviviente de una experiencia abusiva con un hombre que me confundió, discutió conmigo y me manipuló de maneras que me sacaron de mi propio cuerpo. Me dejó ira, pesadillas y muchas cicatrices. Desde entonces, me he sentido desconectada de mi cuerpo, especialmente en lo sexual. He pasado años discutiendo con mi cuerpo en lugar de escucharlo. Parte de mi lucha ha sido la sexualidad. Me he esforzado mucho por ser heterosexual porque las mujeres me parecen hermosas e interesantes. Pero a menudo mi cuerpo no se sentía seguro ni conectado durante el sexo. A veces sentía que lo obligaba a desempeñar un papel en lugar de desearlo realmente. Con el tiempo, empecé a notar algo doloroso: ya casi no siento placer en mi cuerpo. Incluso en mi pene, siento quizás el 1% de lo que imagino que la gente normalmente siente. Es como si me hubiera entrenado para anular mi cuerpo en lugar de escucharlo. Durante años pensé que eso significaba que estaba rota. O que necesitaba volverme más heterosexual. O que necesitaba ser más gay. O que simplemente necesitaba "arreglarme" de alguna manera. Hace poco leí la historia de otra sobreviviente que se dio cuenta de que su cuerpo intentaba decirle algo. Cuando se forzaba sexualmente, su cuerpo reaccionaba con migrañas y náuseas. Su cuerpo le decía "no". Eso me hizo reflexionar sobre mi propia vida. ¿Y si el problema no es que mi cuerpo esté roto? ¿Y si el problema es que he estado ignorando mi cuerpo durante años? Empiezo a pensar que quizá lo he tratado como una máquina que se supone produce placer a voluntad. Lo he forzado, discutido con él, intentado controlarlo y lo he obligado a situaciones en las que no se sentía seguro. Así que últimamente he estado probando algo diferente. En lugar de intentar forzar el placer o una identidad, intento escuchar. Incluso le escribí una disculpa a mi cuerpo. Me disculpé por forzar el sexo cuando no se sentía seguro. Me disculpé por ignorar sus señales. Me disculpé por superar el estrés, la soledad y la vergüenza ignorando lo que mi cuerpo me decía. Ahora mismo estoy intentando aprender cómo sería reconstruir una relación con mi cuerpo en lugar de controlarlo. Escuchar en lugar de forzar. Paciencia en lugar de presión. ¿Alguien más aquí ha pasado por algo así después de un abuso o trauma? ¿Cómo empezaste a recuperar la confianza en tu cuerpo?

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    No vayas contra tus instintos.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    ¡Cavado, arriba y abajo de izquierda a derecha!

    Mi historia... ¿Por lo que no he pasado? ¿Es la pregunta? Estoy en el baño. Tratando de averiguar cómo diablos me puse tan jodido. Literalmente. No sé si culparme a mí mismo. Hacerlo. O recurrir a mi vicio. O vivir en el mundo real. ¿O presionar el piloto automático una y otra vez? La vida es demasiado para soportarla. Últimamente soy tan severo con mi DOC. Que estoy entumecido todo el tiempo... porque incluso con ese agente adormecedor sigue siendo demasiado difícil enfrentar la vida. ¿Soy un cobarde? Por decir esto. Hace 6 días, el papá de mi hija murió de una sobredosis. Y antes de eso, hace casi 1 año, fue mi padre adoptivo. Luego, hace 1 año y medio, fue mi mejor amigo, más cercano que mi papá y yo. Y antes de eso, hace 2 años y medio, fue mi madre biológica. Entonces la muerte tiene una forma divertida de decir hola. Y lucho todos los días, todo el día, contra el vicio tóxico de mi mejor amiga. Tuve un bebé hace casi 2 años. La asistencia social infantil me lo quitó desde que nació. El dolor no ha terminado ni de lejos. El clip de la mamá elefante y el bebé elefante en Disney Dumbo. Mi bebé. Es la forma de describirlo. También lidio con un ciclo de pesadilla de vida amorosa perfecta en casa. A veces el amor es increíble, otras veces el amor duele, y quiero decir que duele de verdad. Mi primer ojo morado de un hombre al que idolatraba y al que había amado desde los 17 años. Ahora estoy cumpliendo 37. No lo soporto, pero lo amo demasiado, si es que eso tiene sentido. La vida es una locura. Casi insoportablemente loca. En un sentido de awww. O más bien de ummmmmmm....?????

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    No sé por dónde empezar. Todo en mi vida es un desastre ahora mismo.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Yo, Sobreviviente, Ciudad, Estado

    A los siete años, le conté a mi madre que mi abuelo paterno abusaba sexualmente de mí. En medio de un divorcio contencioso, mi madre me creyó, pero me vi obligada a contar la historia una y otra vez a policías, consejeros y abogados. Mi padre, un abogado prometedor, que trabajaba en el mismo condado donde vivía mi abuelo, lo ayudó con su defensa en el tribunal. Testifiqué en el tribunal durante una hora y media y tuve que estar en la misma habitación que mi abuelo. El veredicto: inocente. La vida después del juicio fue una maraña de mecanismos de afrontamiento. Mi relación con mi padre se rompió y perdí el contacto con todos los miembros de mi familia paterna, sin saber que solo entre el 1,5 y el 3 por ciento de todos los casos de abuso sexual infantil terminan en un veredicto de culpabilidad. Todo lo que sabía era que mi padre no me protegió. Después de la secundaria, me mudé al otro lado del país para asistir a la universidad en el estado en el que estaba mi universidad, donde me encontré primero con el alcohol y el tabaco, y luego con un trastorno alimentario. Desarrollé relaciones tanto con hombres como con mujeres, a menudo en periodos de tiempo superpuestos, y rara vez fui completamente sincera con mis parejas. A medida que mis mecanismos de afrontamiento poco saludables me sumían en una espiral, comencé a recuperarme varias veces, hasta que, finalmente, comencé a recuperar el control de mi vida y la autonomía que me habían arrebatado hacía tanto tiempo. Hoy, soy dueña de un negocio y trabajo en unas memorias sobre mi experiencia testificando en un negocio secundario de bienes raíces. Soy más que mi abuso.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Esperanza
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    No vayas contra tus instintos.

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    🇨🇦

    No sé por dónde empezar. Todo en mi vida es un desastre ahora mismo.

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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

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    Sanar es entender

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sanar es crecer. Es saber que no eres solo una víctima, saber que eres más que las manos que te tocaron.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇱

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    Publicación: Soy una sobreviviente de una experiencia abusiva con un hombre que me confundió, discutió conmigo y me manipuló de maneras que me sacaron de mi propio cuerpo. Me dejó ira, pesadillas y muchas cicatrices. Desde entonces, me he sentido desconectada de mi cuerpo, especialmente en lo sexual. He pasado años discutiendo con mi cuerpo en lugar de escucharlo. Parte de mi lucha ha sido la sexualidad. Me he esforzado mucho por ser heterosexual porque las mujeres me parecen hermosas e interesantes. Pero a menudo mi cuerpo no se sentía seguro ni conectado durante el sexo. A veces sentía que lo obligaba a desempeñar un papel en lugar de desearlo realmente. Con el tiempo, empecé a notar algo doloroso: ya casi no siento placer en mi cuerpo. Incluso en mi pene, siento quizás el 1% de lo que imagino que la gente normalmente siente. Es como si me hubiera entrenado para anular mi cuerpo en lugar de escucharlo. Durante años pensé que eso significaba que estaba rota. O que necesitaba volverme más heterosexual. O que necesitaba ser más gay. O que simplemente necesitaba "arreglarme" de alguna manera. Hace poco leí la historia de otra sobreviviente que se dio cuenta de que su cuerpo intentaba decirle algo. Cuando se forzaba sexualmente, su cuerpo reaccionaba con migrañas y náuseas. Su cuerpo le decía "no". Eso me hizo reflexionar sobre mi propia vida. ¿Y si el problema no es que mi cuerpo esté roto? ¿Y si el problema es que he estado ignorando mi cuerpo durante años? Empiezo a pensar que quizá lo he tratado como una máquina que se supone produce placer a voluntad. Lo he forzado, discutido con él, intentado controlarlo y lo he obligado a situaciones en las que no se sentía seguro. Así que últimamente he estado probando algo diferente. En lugar de intentar forzar el placer o una identidad, intento escuchar. Incluso le escribí una disculpa a mi cuerpo. Me disculpé por forzar el sexo cuando no se sentía seguro. Me disculpé por ignorar sus señales. Me disculpé por superar el estrés, la soledad y la vergüenza ignorando lo que mi cuerpo me decía. Ahora mismo estoy intentando aprender cómo sería reconstruir una relación con mi cuerpo en lugar de controlarlo. Escuchar en lugar de forzar. Paciencia en lugar de presión. ¿Alguien más aquí ha pasado por algo así después de un abuso o trauma? ¿Cómo empezaste a recuperar la confianza en tu cuerpo?

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    De un sobreviviente
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    ¡Cavado, arriba y abajo de izquierda a derecha!

    Mi historia... ¿Por lo que no he pasado? ¿Es la pregunta? Estoy en el baño. Tratando de averiguar cómo diablos me puse tan jodido. Literalmente. No sé si culparme a mí mismo. Hacerlo. O recurrir a mi vicio. O vivir en el mundo real. ¿O presionar el piloto automático una y otra vez? La vida es demasiado para soportarla. Últimamente soy tan severo con mi DOC. Que estoy entumecido todo el tiempo... porque incluso con ese agente adormecedor sigue siendo demasiado difícil enfrentar la vida. ¿Soy un cobarde? Por decir esto. Hace 6 días, el papá de mi hija murió de una sobredosis. Y antes de eso, hace casi 1 año, fue mi padre adoptivo. Luego, hace 1 año y medio, fue mi mejor amigo, más cercano que mi papá y yo. Y antes de eso, hace 2 años y medio, fue mi madre biológica. Entonces la muerte tiene una forma divertida de decir hola. Y lucho todos los días, todo el día, contra el vicio tóxico de mi mejor amiga. Tuve un bebé hace casi 2 años. La asistencia social infantil me lo quitó desde que nació. El dolor no ha terminado ni de lejos. El clip de la mamá elefante y el bebé elefante en Disney Dumbo. Mi bebé. Es la forma de describirlo. También lidio con un ciclo de pesadilla de vida amorosa perfecta en casa. A veces el amor es increíble, otras veces el amor duele, y quiero decir que duele de verdad. Mi primer ojo morado de un hombre al que idolatraba y al que había amado desde los 17 años. Ahora estoy cumpliendo 37. No lo soporto, pero lo amo demasiado, si es que eso tiene sentido. La vida es una locura. Casi insoportablemente loca. En un sentido de awww. O más bien de ummmmmmm....?????

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Yo, Sobreviviente, Ciudad, Estado

    A los siete años, le conté a mi madre que mi abuelo paterno abusaba sexualmente de mí. En medio de un divorcio contencioso, mi madre me creyó, pero me vi obligada a contar la historia una y otra vez a policías, consejeros y abogados. Mi padre, un abogado prometedor, que trabajaba en el mismo condado donde vivía mi abuelo, lo ayudó con su defensa en el tribunal. Testifiqué en el tribunal durante una hora y media y tuve que estar en la misma habitación que mi abuelo. El veredicto: inocente. La vida después del juicio fue una maraña de mecanismos de afrontamiento. Mi relación con mi padre se rompió y perdí el contacto con todos los miembros de mi familia paterna, sin saber que solo entre el 1,5 y el 3 por ciento de todos los casos de abuso sexual infantil terminan en un veredicto de culpabilidad. Todo lo que sabía era que mi padre no me protegió. Después de la secundaria, me mudé al otro lado del país para asistir a la universidad en el estado en el que estaba mi universidad, donde me encontré primero con el alcohol y el tabaco, y luego con un trastorno alimentario. Desarrollé relaciones tanto con hombres como con mujeres, a menudo en periodos de tiempo superpuestos, y rara vez fui completamente sincera con mis parejas. A medida que mis mecanismos de afrontamiento poco saludables me sumían en una espiral, comencé a recuperarme varias veces, hasta que, finalmente, comencé a recuperar el control de mi vida y la autonomía que me habían arrebatado hacía tanto tiempo. Hoy, soy dueña de un negocio y trabajo en unas memorias sobre mi experiencia testificando en un negocio secundario de bienes raíces. Soy más que mi abuso.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.