Comunidad

Ordenar por

  • Seleccionado

  • Más reciente

Formato

  • Narrativa

  • Obra de arte

Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

Me identifico como...

Mi orientación sexual es...

Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?

Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇨🇴

poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

  • Informar

  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

  • Informar

  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

  • Informar

  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

  • Informar

  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

  • Informar

  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

  • Informar

  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

  • Informar

  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nombre

    Tengo 82 años y aún recuerdo la mayor parte de lo que me pasó cuando tenía entre 7 y 8 años. Un vecino, a dos casas de la mía, fue el primero en mi vecindario en tener televisión. Nos invitaba a los niños del vecindario a entrar a verla. Éramos unos tres o cuatro, no recuerdo exactamente. Una era mi vecina de al lado y otra la de enfrente. Eran amigas mías. Ponía dibujos animados y nos reíamos muchísimo. Luego, los niños se iban por su invitación. Me dejaba ver la tele un rato más y se sentaba a mi lado en el sofá. Recuerdo que me tocó y no supe qué decir ni qué hacer. Esto me pasó varias veces y tenía miedo de contárselo a nadie. Sabía que no estaba bien, pero no sabía qué hacer. Recuerdo que un día llegué a casa con sangre en el aro del sujetador. Recuerdo que me dijo que si eso me había gustado, la próxima vez me haría sentir mejor. Regresé, vi la televisión y, de repente, me llevó a una habitación trasera. Me quitó la ropa y me tocó. Lo siguiente que recuerdo es un dolor intenso. No sé si me desmayé o qué pasó, pero lo siguiente que recuerdo es que me dijo que me vistiera y que no le contara a nadie. Lo hice y me fui a casa. No recuerdo nada más, solo que mi madre me dijo que no volviera a ir allí. Luego me dijo que era un hombre malo y que había ido a la cárcel. Nunca le conté lo que pasó. Todavía hoy no sé si fue por mi culpa o por la de otra persona. He intentado averiguar si hubo algún artículo en el periódico o si alguien del vecindario sufrió abusos similares a los míos. Esto ha afectado mi vida durante todos estos años. Dejé de ir a gimnasia en la escuela secundaria porque no podía estar cerca de chicas desnudas en las duchas, y mis matrimonios me han hecho sentir cohibida al estar desnuda. Sin mencionar el recuerdo. Cuando pienso en lo que me hizo, a mí, una niña del vecindario, me siento fatal. Tenía mucho miedo, pero me daba miedo no ir allí. Recuerdo su nombre. Tenía esposa. Esto pasaba cuando ella caminaba unas tres cuadras para tomar el autobús al pueblo. Tenía mucho tiempo para hacerme sus cosas horribles y no sé a quién más. He pensado en hacerme hipnosis para ver qué pasó ese día en el dormitorio, pero por otro lado, puede que no quiera. Ojalá supiera qué le pasó. Me encantaría saber cómo fue a la cárcel. Eso es lo que me dijo mi madre. He intentado averiguarlo en los archivos de Publicación pero sin éxito. Intenté hablar con la policía de Ciudad, pero me dijeron que podía pagar para averiguarlo, de forma bastante grosera. Su nombre era Nombre del perpetrador. Yo vivía en Dirección y él vivía a dos casas de la mía. El nombre de su esposa era Nombre de la esposa. No tenían hijos. Al menos que yo sepa. Puede que tuvieran hijos mayores, pero no recuerdo a nadie allí. Esto debió haber ocurrido alrededor de 1950-1951. Quizás en 1952. Yo era muy joven. Quiero recalcar cómo esto me ha marcado y atormentado toda la vida. Todavía hoy me siento incómoda cerca de alguien que no lleva ropa. Jamás olvidaré su abuso. Estoy segura de saber por qué sangré ese día. Aparte de mi marido, nunca se lo he contado a nadie. Tenía miedo entonces y es algo de lo que uno no quiere hablar. Gracias por escuchar, espero que esto pueda ayudar a alguien. Nombre.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Abuso narcisista: 10 años de aislamiento

    Soy una mujer independiente que no creció en un hogar amoroso, pero aun así me mudé del Reino Unido a Australia y logré llevar una vida razonablemente productiva gracias al trabajo duro y al pago puntual de mis facturas. Disfruto viajando sola, explorando nuevos cursos y películas, y no tengo miedo de probar nuevas aventuras. Es importante que mi historia se presente de esta manera para demostrar mi gran resiliencia y autosuficiencia; sin embargo, esto no me protegió cuando ocurrió lo impensable. Hace 10 años, tenía 51 años y lidiaba con el estrés, los pagos de la hipoteca y los síntomas inminentes e impredecibles de la menopausia, que aún no había asimilado ni superado por completo. Durante esta "transición" seguí siendo productiva: trabajaba, salía, iba al gimnasio, convencida de que estaba haciendo lo correcto, sin tener ni idea de que mi lucha contra los síntomas y el estrés me habían predispuesto a atraer a un abusador sádico y depredador. Apenas lo conocía; era entrenador personal en mi gimnasio. Reconocí su comportamiento como una especie de ofensa hacia mí. Era un hombre dominante, con mucha gente compitiendo por su atención y, desafortunadamente, con mis síntomas menopáusicos nuevos e impredecibles, opté por pasar desapercibida, terminar mis repeticiones y luego salir del gimnasio, aunque manteniendo la cortesía mientras seguía con mi rutina. El entrenador personal comenzó una campaña de desprestigio, y se hizo evidente por el comportamiento de otros miembros del personal que algo se estaba gestando. Decidí ir al gimnasio en horarios poco habituales o días alternos y resté importancia a lo que estaba sucediendo. Finalmente, me vi obligada a tomar medidas, después de que algunos miembros me abordaran (que se amontonaron físicamente delante y detrás de otros) al entrar al gimnasio. El entrenador personal había llevado su campaña casi al extremo, y en ese momento, me fui del gimnasio, pero no sin antes presentar una queja por escrito a la gerencia y una explicación detallada de lo sucedido. Pensé que ahí terminaría todo. Poco sabía que solo era el principio. Este entrenador personal era un psicópata, un abusador muy astuto, con un sin duda extremo abanico de trastornos de la personalidad. En dos meses, se mudó a mi complejo de apartamentos y empezó a reclutar a mis vecinos para que llevaran a cabo abusos indirectos. Golpeaba techos y paredes, eventos sincronizados, y me sentía bajo asedio. Sufría acoso constante frente a mi ventana, amenazas de muerte y acoso grupal sin tregua. Noté que mis contactos en Facebook y mis relaciones laborales estaban cambiando y replicaban algunas de las frases y comportamientos de quienes ya habían sido reclutados en la campaña de desprestigio. Este hombre se había infiltrado en cada rincón de mi vida y había reclutado a todas las personas más cercanas a mí. Este es un escenario común cuando se sufre abuso narcisista. Finalmente, tuve que alejarme de ellos; era demasiado tóxico y dañino. Mi ahora exmadre y mi exhermana también fueron reclutadas por él y, hasta el día de hoy, han cortado todo contacto conmigo y apoyan firmemente su dominio en esta situación. La campaña de desprestigio fue prolongada, y aunque los gritos han disminuido, lo que persiste es su dominio en la comunidad. Accede a las viviendas de la gente y está constantemente dentro de mis dispositivos, rastreando, monitoreando y controlando posibles alianzas que pueda formar, lo cual le genera paranoia. Denuncié con frecuencia a la policía local, pero lamentablemente, sin nadie que corroborara mi historia ni pruebas objetivas, no pude demostrarles mi situación y lo único que hicieron fue enviarme a cuidados intensivos, sin comprender en absoluto la situación que estaba viviendo. Pasaron casi 10 años. Me mantuve firme, sobreviví y no me obligaron a abandonar mi hogar (algo que él me había presionado para hacer). Resistí su "juego" de intentar debilitarme económicamente o provocarme inseguridad habitacional. Resistí sus intentos y me mantuve firme, gracias a mi propia capacidad de autosuficiencia. Yo, una mujer soltera casi de la tercera edad, y él, en la plenitud de su vida, con poderosos aliados, con un enorme apoyo y recursos, y con los beneficios de haber tomado todo lo mío, ahora suyo. El meollo de la historia no es este psicópata en sí, sino cómo nuestros líderes comunitarios temen juzgarlo, y cómo a él se le permitió quedarse y contó con la aprobación de mi ahora exmadre para interactuar conmigo actuando como parte de su proceso "terapéutico". Hasta el día de hoy, nunca ha aceptado una invitación para comunicarse conmigo como adulta, explicarse e intentar llegar a un acuerdo que lo satisfaga. Me mantuve firme, pero con su dominio y control actuales, no puedo tener relaciones justas, y el aislamiento social que ha creado es un rasgo común en los abusadores. Por eso estoy alzando la voz y compartiendo mi historia. Esto tiene que ver tanto con él como con el carácter de quienes pueden marcar la diferencia frente al abuso extremo, y eligen el camino más fácil en lugar del correcto. Gracias por escuchar la introducción a mi historia. Me pregunto si usaré lo sucedido para escribir un libro.

  • Informar

  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Survivor y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me ayudó a sujetarme. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23, quizá 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, él también violaba a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras violaban a otros. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba con fuerza con un trapo rojo que usaba para limpiar el garaje. Eso le permitía tener el trapo cerca para olerlo y sostenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convirtió en el monstruo, nadie hizo nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los buenos momentos para facilitar sus ataques. Te adormecía con una falsa sensación de seguridad y paz que realmente te hacía cuestionar tu intuición e instintos de que era un mal hombre. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecí, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas; cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo forzar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que me hicieron fue a los 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más el abuso por parte de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero todavía no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía, Dios lo perdonaba, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo escuché manipulando a otro familiar para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. Los hombres de nuestra familia también fueron manipulados para ser abusadores. A mí también. Para ser siempre la abusada. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les pasa a quienes se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, crecí con una ansiedad terrible por la posibilidad de ser agredida sexualmente y me esforcé por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba la ropa que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente seguirá llevándome años, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y, antes de eso, vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abrió hogares por todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que salvaba a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños de los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia, y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años, y mi padre viajaba por todo el país recaudando fondos y predicando el lema oficial: los hombres eran como dioses y las mujeres, menos que la basura; su único valor residía en ser vírgenes y luego en fábricas de bebés una vez casadas. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron el tipo de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los sucesos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callado. Todos los días, durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" estaba causando un pecado generacional a cuatro generaciones. La presión para callar y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que habría preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar de todo el trauma que descubrí que mi padre fingió su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví de pequeña. Pero, déjenme decirles, saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, realmente me impulsó a hablar. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Incluso más difícil que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal, aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para presentar demandas penales y civiles contra mis agresores, pero el plazo de prescripción de Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a hablar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre las intersecciones del trauma, la fe y la defensa. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y defender la Ley de Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio es lo que permitió que personas como mis padres continuaran sufriendo maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurarme de que la justicia no se vea minimizada por los acuerdos de confidencialidad y los plazos de prescripción. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, audiencias de crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en mentorizar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente quiero para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Abusada por el ginecólogo

    En mi historia de supervivencia, "Solo palabras, palabras sucias", compartí muchísimo y pasé por alto una experiencia con un ginecólogo. Fue un problema mucho mayor del que dejé ver, ya que había desencadenado mi abuso previo en la adolescencia, en mi primer trabajo. Quería que otras chicas y mujeres entendieran lo que no está bien que haga un ginecólogo. No fue hasta después de que sucedió que me di cuenta del impacto total. Me di cuenta de que me había dejado victimizar de nuevo sin intentar detenerlo. Sentí autodesprecio y ansiedad. Le escribo esta carta a ese depredador oportunista. Rompiste tu juramento. Traicionaste la confianza. ¡Eres terrible! He investigado cómo se supone que debe ser un examen de mama y pélvico y entiendo que usaste ese marco para agredirme sexualmente. Llegué tarde a la cita para obtener anticonceptivos en la clínica universitaria cuando me acababa de mudar a la universidad. Me dejaste entrar aunque no tenías una enfermera acompañante; parecía que los mandaste a casa después de meterme en la habitación. Eres hombre y eso va en contra de las normas. Compartimos nuestro primer contacto visual e ignoré tu lujuria y tu coqueteo inicial. Viste que era vulnerable y necesitaba algo de ti. Me dijiste que, como paciente nueva, tenías que hacerme un examen completo en la primera visita. Ahora creo que pudiste haber mentido. Asentí y bajé la guardia. Cuando regresaste, estaba desnuda con una bata de papel para una falsa sensación de seguridad. Estaba cohibida a pesar de tener una higiene y un arreglo impecables, pero me preocupaba no estar lo suficientemente fresca tan tarde en el día porque eras un hombre y lo convertiste en algo sexual. Examinaste mis pechos sin guantes. No dije nada. Sabía que los estabas masajeando para tu placer. Seguiste así durante cinco minutos. Creo que cinco minutos enteros mientras seguías hablando. Cuando mi jefe solía abusar de mí, solo unos segundos eran suficientes para hacerme sentir enferma y utilizada. Se sentaba sobre mi torso, comprimiendo mis costillas hasta el punto de que no podía respirar hondo y tener sexo con mis pechos, y generalmente tardaba menos que tú. ¿Recuerdas que usaste las palabras "maravilloso" e "increíble" al comentar sobre la salud de mis senos? Ambas podíamos oler el almizcle de abajo por estimularme así. Estaba avergonzada. ¡Deberías haber sido tú la que se avergonzó! Mencionaste las texturas y diste algunas instrucciones de anatomía para simular que era oficial. Hiciste preguntas al azar y compartiste historias personales como si fuera una cita. Todo el tiempo me estabas toqueteando los pechos como una pervertida. ¡Con las dos manos al mismo tiempo! Intenté encubrirte fingiendo que esto no era una locura ni una agresión sexual. Tenías el doble de mi edad y tu bigote era ridículo. Finalmente pasaste al examen pélvico. Dijiste "Muy bien" cuando levantaste la sábana de papel para ayudarme a poner los pies en los estribos. Eso no es apropiado cuando se ve la vagina de una paciente por primera vez. Explicaste cada paso desde "Voy a tocarte los muslos ahora" hasta "Respira hondo mientras inserto el espéculo". Esa parte fue rápida pero luego explicaste el examen manual que hiciste durante demasiado tiempo. Insertaste dos dedos para verificar la sensibilidad del movimiento cervical, pero frotaste mi clítoris con tu pulgar lubricado mientras lo hacías. ¡Eso estuvo mal! Explicaste que ibas a mover tu otra mano para verificar la sensibilidad de mis ovarios para verificar si había una infección, pero seguiste trabajando tu otra mano en mi clítoris y dentro de mí. ¡Me metiste lo que parecían tres dedos! Me estabas agrediendo sexualmente otra vez. Violando mi confianza. Ignorando tu juramento. Como última indignidad, palpaste las masas en el espacio entre mi vagina y recto. Dejaste tu pulgar en mi vagina mientras metías un dedo en mi ano y los movías hacia atrás, adentro y afuera explicando que pensaste que sentiste algo por un segundo, pero que se resolvió con el masaje, lo que significa que no había nada de qué preocuparse. ¡Me violaste! ¡Eso fue violación! Lo busqué y lo que estabas haciendo es una parte real de un examen, ¡pero ningún ginecólogo lo había hecho antes o desde entonces! En lugar de salir de la habitación mientras me vestía, te quedaste y me ayudaste a tenderme la ropa. ¡Totalmente inapropiado! ¡No deberías tener licencia médica! Claro que te dejé, cooperaste e incluso intenté aguantarlo y poner buena cara. Entonces era otra persona y tú simplemente continuaste mi ciclo de abuso. Pero la parte del ano fue donde sentí verdadero terror y quise irme. Me diste una tarjeta de presentación con tu nombre y me dijiste que llamara y preguntara cuándo trabajabas para programar la próxima visita. ¡Luego solo me escribiste para una recarga de anticonceptivos de 30 días! Como si volviera para que me agredieran de nuevo. ¡Abusadora engreída del poder y la confianza! ¡Me fui contigo pensando que lo disfrutaría y que te volvería a ver! ¡Me das ganas de gritar y golpear cosas! Se retrasó, pero mi ansiedad por el abuso se desencadenó esa noche y días después. Nunca volveré a ver a un ginecólogo. Tu lujuria y codicia no son mejores que las de un violador. Me traicionaste en el sistema médico y todavía siento ansiedad en cada visita al médico. Que la reacción de una chica al abuso no sea instantánea, por algún mecanismo de supervivencia, no lo hace menos doloroso. A veces incluso más, porque nos sentimos culpables por no ser fuertes y asertivas. Estabas en una posición de autoridad y abusaste de ella terriblemente. ¡Deberías estar avergonzado, doctor! ¡Deberías estar en prisión!

  • Informar

  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇰🇪

    Para ser honesto...

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

  • Informar

  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nadie me creyó

    Tenía 14 años. Estábamos en un campamento de verano de la iglesia. Un amigo y yo habíamos estado haciendo tatuajes. Él pidió uno, por supuesto. Quería unas letras en su mano demasiado inapropiadas para un campamento de la iglesia. Me puso la mano en el muslo para que yo pudiera verla mejor. La conversación entre los tres se volvió sórdida rápidamente. Odio decir que participé, pero participé. Tengo tendencia a ser codiciosa con la atención masculina, debido a la poca o ninguna atención de mi padre irresponsable. Un poco más adelante, una hora después. Yo, algunos amigos y él. Fuimos de la capilla a la cabaña para cenar. Esperó a que estuviéramos en el otro extremo de la fila para manosearme bruscamente, susurrándome cosas horribles y degradantes al oído. Mi yo joven, deslumbrado e ingenuo creía que me quería tanto como para decirme esas cosas. Solo después de que intentara forzarme la garganta me di cuenta de lo terrible que era. No quería que un adolescente mayor que acababa de conocer me robara mi inocencia, y mucho menos en una capilla. Cuando se lo conté a los consejeros, pareció que me creían. Pero su padre era un importante donante. Mis amigos no me creyeron porque era "atractivo". Cuando se lo conté a mi madre, ella tampoco. "Probablemente lo incitaste, así que pensó que estaba bien". No. Si nunca se dijo "Sí" explícitamente, entonces no es consentimiento. Desde entonces, he luchado. He cuestionado mi religión. Pero luego pensé: ¿por qué le doy tanta importancia a este chico horrible? ¿Y por qué todos los que quiero creen en su palabra antes que en la mía? Quizás porque nunca me amaron de verdad. Quizás porque era más fácil fingir que nunca había sucedido. Pero un verdadero apoyo aceptaría la palabra del niño asustado antes que la del hombre casi adulto con antecedentes de trastornos sexuales.

  • Informar

  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

  • Informar

  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nombre

    Tengo 82 años y aún recuerdo la mayor parte de lo que me pasó cuando tenía entre 7 y 8 años. Un vecino, a dos casas de la mía, fue el primero en mi vecindario en tener televisión. Nos invitaba a los niños del vecindario a entrar a verla. Éramos unos tres o cuatro, no recuerdo exactamente. Una era mi vecina de al lado y otra la de enfrente. Eran amigas mías. Ponía dibujos animados y nos reíamos muchísimo. Luego, los niños se iban por su invitación. Me dejaba ver la tele un rato más y se sentaba a mi lado en el sofá. Recuerdo que me tocó y no supe qué decir ni qué hacer. Esto me pasó varias veces y tenía miedo de contárselo a nadie. Sabía que no estaba bien, pero no sabía qué hacer. Recuerdo que un día llegué a casa con sangre en el aro del sujetador. Recuerdo que me dijo que si eso me había gustado, la próxima vez me haría sentir mejor. Regresé, vi la televisión y, de repente, me llevó a una habitación trasera. Me quitó la ropa y me tocó. Lo siguiente que recuerdo es un dolor intenso. No sé si me desmayé o qué pasó, pero lo siguiente que recuerdo es que me dijo que me vistiera y que no le contara a nadie. Lo hice y me fui a casa. No recuerdo nada más, solo que mi madre me dijo que no volviera a ir allí. Luego me dijo que era un hombre malo y que había ido a la cárcel. Nunca le conté lo que pasó. Todavía hoy no sé si fue por mi culpa o por la de otra persona. He intentado averiguar si hubo algún artículo en el periódico o si alguien del vecindario sufrió abusos similares a los míos. Esto ha afectado mi vida durante todos estos años. Dejé de ir a gimnasia en la escuela secundaria porque no podía estar cerca de chicas desnudas en las duchas, y mis matrimonios me han hecho sentir cohibida al estar desnuda. Sin mencionar el recuerdo. Cuando pienso en lo que me hizo, a mí, una niña del vecindario, me siento fatal. Tenía mucho miedo, pero me daba miedo no ir allí. Recuerdo su nombre. Tenía esposa. Esto pasaba cuando ella caminaba unas tres cuadras para tomar el autobús al pueblo. Tenía mucho tiempo para hacerme sus cosas horribles y no sé a quién más. He pensado en hacerme hipnosis para ver qué pasó ese día en el dormitorio, pero por otro lado, puede que no quiera. Ojalá supiera qué le pasó. Me encantaría saber cómo fue a la cárcel. Eso es lo que me dijo mi madre. He intentado averiguarlo en los archivos de Publicación pero sin éxito. Intenté hablar con la policía de Ciudad, pero me dijeron que podía pagar para averiguarlo, de forma bastante grosera. Su nombre era Nombre del perpetrador. Yo vivía en Dirección y él vivía a dos casas de la mía. El nombre de su esposa era Nombre de la esposa. No tenían hijos. Al menos que yo sepa. Puede que tuvieran hijos mayores, pero no recuerdo a nadie allí. Esto debió haber ocurrido alrededor de 1950-1951. Quizás en 1952. Yo era muy joven. Quiero recalcar cómo esto me ha marcado y atormentado toda la vida. Todavía hoy me siento incómoda cerca de alguien que no lleva ropa. Jamás olvidaré su abuso. Estoy segura de saber por qué sangré ese día. Aparte de mi marido, nunca se lo he contado a nadie. Tenía miedo entonces y es algo de lo que uno no quiere hablar. Gracias por escuchar, espero que esto pueda ayudar a alguien. Nombre.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Abusada por el ginecólogo

    En mi historia de supervivencia, "Solo palabras, palabras sucias", compartí muchísimo y pasé por alto una experiencia con un ginecólogo. Fue un problema mucho mayor del que dejé ver, ya que había desencadenado mi abuso previo en la adolescencia, en mi primer trabajo. Quería que otras chicas y mujeres entendieran lo que no está bien que haga un ginecólogo. No fue hasta después de que sucedió que me di cuenta del impacto total. Me di cuenta de que me había dejado victimizar de nuevo sin intentar detenerlo. Sentí autodesprecio y ansiedad. Le escribo esta carta a ese depredador oportunista. Rompiste tu juramento. Traicionaste la confianza. ¡Eres terrible! He investigado cómo se supone que debe ser un examen de mama y pélvico y entiendo que usaste ese marco para agredirme sexualmente. Llegué tarde a la cita para obtener anticonceptivos en la clínica universitaria cuando me acababa de mudar a la universidad. Me dejaste entrar aunque no tenías una enfermera acompañante; parecía que los mandaste a casa después de meterme en la habitación. Eres hombre y eso va en contra de las normas. Compartimos nuestro primer contacto visual e ignoré tu lujuria y tu coqueteo inicial. Viste que era vulnerable y necesitaba algo de ti. Me dijiste que, como paciente nueva, tenías que hacerme un examen completo en la primera visita. Ahora creo que pudiste haber mentido. Asentí y bajé la guardia. Cuando regresaste, estaba desnuda con una bata de papel para una falsa sensación de seguridad. Estaba cohibida a pesar de tener una higiene y un arreglo impecables, pero me preocupaba no estar lo suficientemente fresca tan tarde en el día porque eras un hombre y lo convertiste en algo sexual. Examinaste mis pechos sin guantes. No dije nada. Sabía que los estabas masajeando para tu placer. Seguiste así durante cinco minutos. Creo que cinco minutos enteros mientras seguías hablando. Cuando mi jefe solía abusar de mí, solo unos segundos eran suficientes para hacerme sentir enferma y utilizada. Se sentaba sobre mi torso, comprimiendo mis costillas hasta el punto de que no podía respirar hondo y tener sexo con mis pechos, y generalmente tardaba menos que tú. ¿Recuerdas que usaste las palabras "maravilloso" e "increíble" al comentar sobre la salud de mis senos? Ambas podíamos oler el almizcle de abajo por estimularme así. Estaba avergonzada. ¡Deberías haber sido tú la que se avergonzó! Mencionaste las texturas y diste algunas instrucciones de anatomía para simular que era oficial. Hiciste preguntas al azar y compartiste historias personales como si fuera una cita. Todo el tiempo me estabas toqueteando los pechos como una pervertida. ¡Con las dos manos al mismo tiempo! Intenté encubrirte fingiendo que esto no era una locura ni una agresión sexual. Tenías el doble de mi edad y tu bigote era ridículo. Finalmente pasaste al examen pélvico. Dijiste "Muy bien" cuando levantaste la sábana de papel para ayudarme a poner los pies en los estribos. Eso no es apropiado cuando se ve la vagina de una paciente por primera vez. Explicaste cada paso desde "Voy a tocarte los muslos ahora" hasta "Respira hondo mientras inserto el espéculo". Esa parte fue rápida pero luego explicaste el examen manual que hiciste durante demasiado tiempo. Insertaste dos dedos para verificar la sensibilidad del movimiento cervical, pero frotaste mi clítoris con tu pulgar lubricado mientras lo hacías. ¡Eso estuvo mal! Explicaste que ibas a mover tu otra mano para verificar la sensibilidad de mis ovarios para verificar si había una infección, pero seguiste trabajando tu otra mano en mi clítoris y dentro de mí. ¡Me metiste lo que parecían tres dedos! Me estabas agrediendo sexualmente otra vez. Violando mi confianza. Ignorando tu juramento. Como última indignidad, palpaste las masas en el espacio entre mi vagina y recto. Dejaste tu pulgar en mi vagina mientras metías un dedo en mi ano y los movías hacia atrás, adentro y afuera explicando que pensaste que sentiste algo por un segundo, pero que se resolvió con el masaje, lo que significa que no había nada de qué preocuparse. ¡Me violaste! ¡Eso fue violación! Lo busqué y lo que estabas haciendo es una parte real de un examen, ¡pero ningún ginecólogo lo había hecho antes o desde entonces! En lugar de salir de la habitación mientras me vestía, te quedaste y me ayudaste a tenderme la ropa. ¡Totalmente inapropiado! ¡No deberías tener licencia médica! Claro que te dejé, cooperaste e incluso intenté aguantarlo y poner buena cara. Entonces era otra persona y tú simplemente continuaste mi ciclo de abuso. Pero la parte del ano fue donde sentí verdadero terror y quise irme. Me diste una tarjeta de presentación con tu nombre y me dijiste que llamara y preguntara cuándo trabajabas para programar la próxima visita. ¡Luego solo me escribiste para una recarga de anticonceptivos de 30 días! Como si volviera para que me agredieran de nuevo. ¡Abusadora engreída del poder y la confianza! ¡Me fui contigo pensando que lo disfrutaría y que te volvería a ver! ¡Me das ganas de gritar y golpear cosas! Se retrasó, pero mi ansiedad por el abuso se desencadenó esa noche y días después. Nunca volveré a ver a un ginecólogo. Tu lujuria y codicia no son mejores que las de un violador. Me traicionaste en el sistema médico y todavía siento ansiedad en cada visita al médico. Que la reacción de una chica al abuso no sea instantánea, por algún mecanismo de supervivencia, no lo hace menos doloroso. A veces incluso más, porque nos sentimos culpables por no ser fuertes y asertivas. Estabas en una posición de autoridad y abusaste de ella terriblemente. ¡Deberías estar avergonzado, doctor! ¡Deberías estar en prisión!

  • Informar

  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

  • Informar

  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

  • Informar

  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

  • Informar

  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Survivor y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me ayudó a sujetarme. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23, quizá 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, él también violaba a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras violaban a otros. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba con fuerza con un trapo rojo que usaba para limpiar el garaje. Eso le permitía tener el trapo cerca para olerlo y sostenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convirtió en el monstruo, nadie hizo nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los buenos momentos para facilitar sus ataques. Te adormecía con una falsa sensación de seguridad y paz que realmente te hacía cuestionar tu intuición e instintos de que era un mal hombre. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecí, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas; cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo forzar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que me hicieron fue a los 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más el abuso por parte de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero todavía no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía, Dios lo perdonaba, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo escuché manipulando a otro familiar para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. Los hombres de nuestra familia también fueron manipulados para ser abusadores. A mí también. Para ser siempre la abusada. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les pasa a quienes se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, crecí con una ansiedad terrible por la posibilidad de ser agredida sexualmente y me esforcé por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba la ropa que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente seguirá llevándome años, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y, antes de eso, vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abrió hogares por todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que salvaba a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños de los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia, y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años, y mi padre viajaba por todo el país recaudando fondos y predicando el lema oficial: los hombres eran como dioses y las mujeres, menos que la basura; su único valor residía en ser vírgenes y luego en fábricas de bebés una vez casadas. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron el tipo de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los sucesos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callado. Todos los días, durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" estaba causando un pecado generacional a cuatro generaciones. La presión para callar y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que habría preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar de todo el trauma que descubrí que mi padre fingió su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví de pequeña. Pero, déjenme decirles, saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, realmente me impulsó a hablar. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Incluso más difícil que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal, aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para presentar demandas penales y civiles contra mis agresores, pero el plazo de prescripción de Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a hablar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre las intersecciones del trauma, la fe y la defensa. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y defender la Ley de Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio es lo que permitió que personas como mis padres continuaran sufriendo maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurarme de que la justicia no se vea minimizada por los acuerdos de confidencialidad y los plazos de prescripción. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, audiencias de crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en mentorizar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente quiero para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

  • Informar

  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

  • Informar

  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

  • Informar

  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Abuso narcisista: 10 años de aislamiento

    Soy una mujer independiente que no creció en un hogar amoroso, pero aun así me mudé del Reino Unido a Australia y logré llevar una vida razonablemente productiva gracias al trabajo duro y al pago puntual de mis facturas. Disfruto viajando sola, explorando nuevos cursos y películas, y no tengo miedo de probar nuevas aventuras. Es importante que mi historia se presente de esta manera para demostrar mi gran resiliencia y autosuficiencia; sin embargo, esto no me protegió cuando ocurrió lo impensable. Hace 10 años, tenía 51 años y lidiaba con el estrés, los pagos de la hipoteca y los síntomas inminentes e impredecibles de la menopausia, que aún no había asimilado ni superado por completo. Durante esta "transición" seguí siendo productiva: trabajaba, salía, iba al gimnasio, convencida de que estaba haciendo lo correcto, sin tener ni idea de que mi lucha contra los síntomas y el estrés me habían predispuesto a atraer a un abusador sádico y depredador. Apenas lo conocía; era entrenador personal en mi gimnasio. Reconocí su comportamiento como una especie de ofensa hacia mí. Era un hombre dominante, con mucha gente compitiendo por su atención y, desafortunadamente, con mis síntomas menopáusicos nuevos e impredecibles, opté por pasar desapercibida, terminar mis repeticiones y luego salir del gimnasio, aunque manteniendo la cortesía mientras seguía con mi rutina. El entrenador personal comenzó una campaña de desprestigio, y se hizo evidente por el comportamiento de otros miembros del personal que algo se estaba gestando. Decidí ir al gimnasio en horarios poco habituales o días alternos y resté importancia a lo que estaba sucediendo. Finalmente, me vi obligada a tomar medidas, después de que algunos miembros me abordaran (que se amontonaron físicamente delante y detrás de otros) al entrar al gimnasio. El entrenador personal había llevado su campaña casi al extremo, y en ese momento, me fui del gimnasio, pero no sin antes presentar una queja por escrito a la gerencia y una explicación detallada de lo sucedido. Pensé que ahí terminaría todo. Poco sabía que solo era el principio. Este entrenador personal era un psicópata, un abusador muy astuto, con un sin duda extremo abanico de trastornos de la personalidad. En dos meses, se mudó a mi complejo de apartamentos y empezó a reclutar a mis vecinos para que llevaran a cabo abusos indirectos. Golpeaba techos y paredes, eventos sincronizados, y me sentía bajo asedio. Sufría acoso constante frente a mi ventana, amenazas de muerte y acoso grupal sin tregua. Noté que mis contactos en Facebook y mis relaciones laborales estaban cambiando y replicaban algunas de las frases y comportamientos de quienes ya habían sido reclutados en la campaña de desprestigio. Este hombre se había infiltrado en cada rincón de mi vida y había reclutado a todas las personas más cercanas a mí. Este es un escenario común cuando se sufre abuso narcisista. Finalmente, tuve que alejarme de ellos; era demasiado tóxico y dañino. Mi ahora exmadre y mi exhermana también fueron reclutadas por él y, hasta el día de hoy, han cortado todo contacto conmigo y apoyan firmemente su dominio en esta situación. La campaña de desprestigio fue prolongada, y aunque los gritos han disminuido, lo que persiste es su dominio en la comunidad. Accede a las viviendas de la gente y está constantemente dentro de mis dispositivos, rastreando, monitoreando y controlando posibles alianzas que pueda formar, lo cual le genera paranoia. Denuncié con frecuencia a la policía local, pero lamentablemente, sin nadie que corroborara mi historia ni pruebas objetivas, no pude demostrarles mi situación y lo único que hicieron fue enviarme a cuidados intensivos, sin comprender en absoluto la situación que estaba viviendo. Pasaron casi 10 años. Me mantuve firme, sobreviví y no me obligaron a abandonar mi hogar (algo que él me había presionado para hacer). Resistí su "juego" de intentar debilitarme económicamente o provocarme inseguridad habitacional. Resistí sus intentos y me mantuve firme, gracias a mi propia capacidad de autosuficiencia. Yo, una mujer soltera casi de la tercera edad, y él, en la plenitud de su vida, con poderosos aliados, con un enorme apoyo y recursos, y con los beneficios de haber tomado todo lo mío, ahora suyo. El meollo de la historia no es este psicópata en sí, sino cómo nuestros líderes comunitarios temen juzgarlo, y cómo a él se le permitió quedarse y contó con la aprobación de mi ahora exmadre para interactuar conmigo actuando como parte de su proceso "terapéutico". Hasta el día de hoy, nunca ha aceptado una invitación para comunicarse conmigo como adulta, explicarse e intentar llegar a un acuerdo que lo satisfaga. Me mantuve firme, pero con su dominio y control actuales, no puedo tener relaciones justas, y el aislamiento social que ha creado es un rasgo común en los abusadores. Por eso estoy alzando la voz y compartiendo mi historia. Esto tiene que ver tanto con él como con el carácter de quienes pueden marcar la diferencia frente al abuso extremo, y eligen el camino más fácil en lugar del correcto. Gracias por escuchar la introducción a mi historia. Me pregunto si usaré lo sucedido para escribir un libro.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

  • Informar

  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇰🇪

    Para ser honesto...

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

  • Informar

  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Nadie me creyó

    Tenía 14 años. Estábamos en un campamento de verano de la iglesia. Un amigo y yo habíamos estado haciendo tatuajes. Él pidió uno, por supuesto. Quería unas letras en su mano demasiado inapropiadas para un campamento de la iglesia. Me puso la mano en el muslo para que yo pudiera verla mejor. La conversación entre los tres se volvió sórdida rápidamente. Odio decir que participé, pero participé. Tengo tendencia a ser codiciosa con la atención masculina, debido a la poca o ninguna atención de mi padre irresponsable. Un poco más adelante, una hora después. Yo, algunos amigos y él. Fuimos de la capilla a la cabaña para cenar. Esperó a que estuviéramos en el otro extremo de la fila para manosearme bruscamente, susurrándome cosas horribles y degradantes al oído. Mi yo joven, deslumbrado e ingenuo creía que me quería tanto como para decirme esas cosas. Solo después de que intentara forzarme la garganta me di cuenta de lo terrible que era. No quería que un adolescente mayor que acababa de conocer me robara mi inocencia, y mucho menos en una capilla. Cuando se lo conté a los consejeros, pareció que me creían. Pero su padre era un importante donante. Mis amigos no me creyeron porque era "atractivo". Cuando se lo conté a mi madre, ella tampoco. "Probablemente lo incitaste, así que pensó que estaba bien". No. Si nunca se dijo "Sí" explícitamente, entonces no es consentimiento. Desde entonces, he luchado. He cuestionado mi religión. Pero luego pensé: ¿por qué le doy tanta importancia a este chico horrible? ¿Y por qué todos los que quiero creen en su palabra antes que en la mía? Quizás porque nunca me amaron de verdad. Quizás porque era más fácil fingir que nunca había sucedido. Pero un verdadero apoyo aceptaría la palabra del niño asustado antes que la del hombre casi adulto con antecedentes de trastornos sexuales.

  • Informar

  • 0

    Usuarios

    0

    Vistas

    0

    Reacciones

    0

    Historias leídas

    ¿Necesitas un descanso?

    Hecho con en Raleigh, NC

    Lea nuestras Normas de la comunidad, Política de privacidad y Términos

    ¿Tienes algún comentario? Envíanoslo

    Para obtener ayuda inmediata, visite {{resource}}

    Hecho con en Raleigh, NC

    |

    Lea nuestras Normas de la comunidad, Política de privacidad y Términos

    |

    Publicar un mensaje

    Comparte un mensaje de apoyo con la comunidad.

    Te enviaremos un correo electrónico en cuanto se publique tu mensaje. así como enviar recursos útiles y apoyo.

    Por favor, respete nuestras Normas de la comunidad para ayudarnos a mantener Our Wave un espacio seguro. Todos los mensajes serán revisados ​​y se eliminará la información que los identifique antes de su publicación.

    Haz una pregunta

    Pregunta sobre supervivencia o apoyo a sobrevivientes.

    Te enviaremos un correo electrónico en cuanto tengamos respuesta a tu pregunta, además de recursos útiles y apoyo.

    ¿Cómo podemos ayudarte?

    Indícanos por qué denuncias este contenido. Nuestro equipo de moderación revisará tu informe en breve.

    Violencia, odio o explotación

    Amenazas, lenguaje de odio o coerción sexual

    Acoso o contacto no deseado

    Acoso, intimidación o mensajes no deseados persistentes

    Estafa, fraude o suplantación de identidad

    Solicitudes engañosas o hacerse pasar por otra persona

    Información falsa

    Afirmaciones engañosas o desinformación deliberada

    Comparte tus Comentarios

    Cuéntanos qué funciona (y qué no) para que podamos seguir mejorando.

    Iniciar sesión

    Ingresa el correo electrónico que usaste para enviar tu solicitud a Our Wave y te enviaremos un enlace para acceder a tu perfil.

    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.