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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Esperanza
De un sobreviviente
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Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    🇬🇧

    Abusada por el ginecólogo

    En mi historia de supervivencia, "Solo palabras, palabras sucias", compartí muchísimo y pasé por alto una experiencia con un ginecólogo. Fue un problema mucho mayor del que dejé ver, ya que había desencadenado mi abuso previo en la adolescencia, en mi primer trabajo. Quería que otras chicas y mujeres entendieran lo que no está bien que haga un ginecólogo. No fue hasta después de que sucedió que me di cuenta del impacto total. Me di cuenta de que me había dejado victimizar de nuevo sin intentar detenerlo. Sentí autodesprecio y ansiedad. Le escribo esta carta a ese depredador oportunista. Rompiste tu juramento. Traicionaste la confianza. ¡Eres terrible! He investigado cómo se supone que debe ser un examen de mama y pélvico y entiendo que usaste ese marco para agredirme sexualmente. Llegué tarde a la cita para obtener anticonceptivos en la clínica universitaria cuando me acababa de mudar a la universidad. Me dejaste entrar aunque no tenías una enfermera acompañante; parecía que los mandaste a casa después de meterme en la habitación. Eres hombre y eso va en contra de las normas. Compartimos nuestro primer contacto visual e ignoré tu lujuria y tu coqueteo inicial. Viste que era vulnerable y necesitaba algo de ti. Me dijiste que, como paciente nueva, tenías que hacerme un examen completo en la primera visita. Ahora creo que pudiste haber mentido. Asentí y bajé la guardia. Cuando regresaste, estaba desnuda con una bata de papel para una falsa sensación de seguridad. Estaba cohibida a pesar de tener una higiene y un arreglo impecables, pero me preocupaba no estar lo suficientemente fresca tan tarde en el día porque eras un hombre y lo convertiste en algo sexual. Examinaste mis pechos sin guantes. No dije nada. Sabía que los estabas masajeando para tu placer. Seguiste así durante cinco minutos. Creo que cinco minutos enteros mientras seguías hablando. Cuando mi jefe solía abusar de mí, solo unos segundos eran suficientes para hacerme sentir enferma y utilizada. Se sentaba sobre mi torso, comprimiendo mis costillas hasta el punto de que no podía respirar hondo y tener sexo con mis pechos, y generalmente tardaba menos que tú. ¿Recuerdas que usaste las palabras "maravilloso" e "increíble" al comentar sobre la salud de mis senos? Ambas podíamos oler el almizcle de abajo por estimularme así. Estaba avergonzada. ¡Deberías haber sido tú la que se avergonzó! Mencionaste las texturas y diste algunas instrucciones de anatomía para simular que era oficial. Hiciste preguntas al azar y compartiste historias personales como si fuera una cita. Todo el tiempo me estabas toqueteando los pechos como una pervertida. ¡Con las dos manos al mismo tiempo! Intenté encubrirte fingiendo que esto no era una locura ni una agresión sexual. Tenías el doble de mi edad y tu bigote era ridículo. Finalmente pasaste al examen pélvico. Dijiste "Muy bien" cuando levantaste la sábana de papel para ayudarme a poner los pies en los estribos. Eso no es apropiado cuando se ve la vagina de una paciente por primera vez. Explicaste cada paso desde "Voy a tocarte los muslos ahora" hasta "Respira hondo mientras inserto el espéculo". Esa parte fue rápida pero luego explicaste el examen manual que hiciste durante demasiado tiempo. Insertaste dos dedos para verificar la sensibilidad del movimiento cervical, pero frotaste mi clítoris con tu pulgar lubricado mientras lo hacías. ¡Eso estuvo mal! Explicaste que ibas a mover tu otra mano para verificar la sensibilidad de mis ovarios para verificar si había una infección, pero seguiste trabajando tu otra mano en mi clítoris y dentro de mí. ¡Me metiste lo que parecían tres dedos! Me estabas agrediendo sexualmente otra vez. Violando mi confianza. Ignorando tu juramento. Como última indignidad, palpaste las masas en el espacio entre mi vagina y recto. Dejaste tu pulgar en mi vagina mientras metías un dedo en mi ano y los movías hacia atrás, adentro y afuera explicando que pensaste que sentiste algo por un segundo, pero que se resolvió con el masaje, lo que significa que no había nada de qué preocuparse. ¡Me violaste! ¡Eso fue violación! Lo busqué y lo que estabas haciendo es una parte real de un examen, ¡pero ningún ginecólogo lo había hecho antes o desde entonces! En lugar de salir de la habitación mientras me vestía, te quedaste y me ayudaste a tenderme la ropa. ¡Totalmente inapropiado! ¡No deberías tener licencia médica! Claro que te dejé, cooperaste e incluso intenté aguantarlo y poner buena cara. Entonces era otra persona y tú simplemente continuaste mi ciclo de abuso. Pero la parte del ano fue donde sentí verdadero terror y quise irme. Me diste una tarjeta de presentación con tu nombre y me dijiste que llamara y preguntara cuándo trabajabas para programar la próxima visita. ¡Luego solo me escribiste para una recarga de anticonceptivos de 30 días! Como si volviera para que me agredieran de nuevo. ¡Abusadora engreída del poder y la confianza! ¡Me fui contigo pensando que lo disfrutaría y que te volvería a ver! ¡Me das ganas de gritar y golpear cosas! Se retrasó, pero mi ansiedad por el abuso se desencadenó esa noche y días después. Nunca volveré a ver a un ginecólogo. Tu lujuria y codicia no son mejores que las de un violador. Me traicionaste en el sistema médico y todavía siento ansiedad en cada visita al médico. Que la reacción de una chica al abuso no sea instantánea, por algún mecanismo de supervivencia, no lo hace menos doloroso. A veces incluso más, porque nos sentimos culpables por no ser fuertes y asertivas. Estabas en una posición de autoridad y abusaste de ella terriblemente. ¡Deberías estar avergonzado, doctor! ¡Deberías estar en prisión!

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    Víctima a perpetrador

    Siento que nadie habla de COCSA. Y siento que nadie habla de las mujeres abusadoras. No estoy aquí necesariamente para hablar del abuso que me ocurrió, pero para contextualizar, yo tenía nueve años y la otra niña era una niña de nueve. Lo que realmente me atormenta es lo que hice después. Le infligí este dolor a otra persona; calculo que yo tenía unos 10 años y ella 9. Era la hija de una amiga de mi madre. De hecho, la mejor amiga de mi madre. Y he estado pensando mucho en cuánto debió arruinar su amistad cuando se enteraron de lo que pasó. Cuánta rabia debió sentir mi madre en el fondo hacia mí. No quise lastimar a nadie. Y me digo a mí misma: "No la toqué, ni siquiera le puse las manos encima, no lo hice", pero lo hice. Lastimé a alguien así y tal vez tenga una excusa, tal vez no, pero lo único que puedo pensar es en lo horrible que me siento por haberle hecho algo así a otra persona. Nunca se trató de que me atraparan ni de meterme en problemas, solo estoy asqueada de mí misma. Hace poco recordé que me violaron dos veces esa noche, no una. Y ahora me aterra que quizás esté olvidando algo y que quizás lo hice más de una vez, pero ¿cómo pude olvidarlo? Hoy en día jamás le haría daño a un niño. Jamás. No tengo la menor duda de que volvería a hacerle daño a alguien así. Solo pienso en si soy una persona horrible, porque nadie habla de esta parte de la infancia en Sudáfrica y a quienes sí lo hacen los tratan como monstruos. Pero quizás eso es lo que merezco.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    A los 19 años, por fin puedo decir que soy una víctima de abuso sexual infantil y una sobreviviente de incesto.

    Tenía entre 3 y 4 años (lo sé por el vestido que llevaba y porque aún no iba al colegio). Era amigo de mi padre y me caía muy bien, y pensaba que éramos simpáticos. Se alojaba en nuestra habitación de invitados y estuvo con nosotros una semana. Una noche, acabé abajo, en la habitación de invitados (no recuerdo cómo) y el resto de mi vida es un completo vacío. Lo siguiente que recuerdo es que me tocaba, que me estaba acosando. Mucho es borroso, pero recuerdo que me tocaba las partes íntimas mientras murmuraba cosas, cosas que todavía me atormentan. Ni siquiera puedo oír a alguien decirle a su perra que es "una buena chica" sin que se me revuelva el estómago y me dé náuseas. Lo recuerdo encima de mí. Recuerdo la sensación de sus besos en el cuello y el dolor que me daba en la cabeza, casi como una migraña, por el dolor que me subía a la cabeza. Recuerdo que me montaba mientras yo temía que alguien se enterara, porque aunque no sabía qué pasaba, sabía que estaba mal. Recuerdo guardar silencio, con solo gemidos ocasionales de dolor, porque me dolía y tenía miedo. Bloqueé esa experiencia durante años hasta que los recuerdos empezaron a resurgir a los 12 años. Siempre supe que algo pasaba, pero nunca pude identificarlo. De niña era extremadamente hipersexual, sabía demasiado sobre sexo y siempre buscaba la atención de hombres mayores. Sin embargo, en el momento en que dejé de indagar en mi hipersexualidad, los recuerdos me inundaron. Lloraba por las noches, rezando a Dios para que me ayudara. Quería lanzar mi cerebro al otro lado de la habitación. Sin embargo, a pesar de estas emociones, dudaba de mí misma y de mi memoria. Así que seguí callada y soltando pequeños gritos ocasionales, igual que cuando era una niña de tres o cuatro años. Dos años después de descubrir que había abusado de mí, mi propio hermano comenzó a abusar de mí, solo que yo ya sabía que lo había hecho antes. Mi hermano y yo éramos mejores amigos, pero hubo momentos inapropiados, desde que tenía unos 8 años. Nunca tomé la iniciativa, pero al mismo tiempo, no le veía ningún problema. Por eso todavía me odio un poco, aunque sé que no fue mi culpa. Todavía recuerdo vívidamente la vez que me inmovilizó y cerró la puerta del dormitorio. Recuerdo haberle dicho: "¿Qué haces? Abre la puerta, sabes que no podemos cerrarla". Volvió enseguida y se quedó sobre mí. Tengo la memoria borrosa, así que no recuerdo dónde me tocó, ni siquiera si lo hizo, pero sé que tenía la intención de hacer algo si no lo había hecho ya. Sin embargo, fue cuando mi hermana mayor irrumpió en la habitación y gritó: "¡¿Qué haces?!". Recuerdo a mi hermano con cara de horror mientras yo, siendo ingenua y sin comprender la gravedad de la situación, dije con la voz más alegre: "Estábamos jugando y me inmovilizó". Pensé que estábamos jugando, pero el tono de mi hermana al decirle a mi hermano que me soltara me dijo lo contrario. El abuso comenzó de nuevo cuando tenía 14 años y continuó hasta justo antes de mi 17. Esta vez fue más sutil. Se exhibía y hacía todo lo posible para que yo mirara. Lo pillé en mi habitación de pie sobre mí mientras creía que estaba dormida, y solo se fue cuando se dio cuenta de que estaba despierta. Luego escaló al contacto físico, pero todavía lo hacía sutilmente. Empezó a frotarse contra mí, la primera vez delante de mi madre. Mi otra y yo estábamos hablando de comida, y él se acercó y se frotó contra mí. Me sentí muy incómoda y me quedé paralizada, ¿y qué hizo mi madre? Cambió de tema. Cambió de tema y fingió que no pasaba nada. Creo que por eso siguió, porque se dio cuenta de que podía hacerlo delante de la gente y salirse con la suya. Así que durante dos años y medio seguidos, se exhibió y se frotó contra mí. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que mi hermano abusaba de mí sexualmente y lloré. Fue a medianoche cuando lloré, suplicando que parara. Paraba un rato, pero luego volvía a hacerlo. Recordar mi pasada agresión sexual e intentar procesarla mientras mi hermano abusaba de mí fue una de las experiencias más difíciles que he vivido. Solía tener pesadillas terribles que me hacían despertar jadeando. Pero sigo luchando y sobreviviendo. Por fin estoy aceptando que soy una sobreviviente. A los 19 años, soy una sobreviviente de abuso sexual infantil e incesto.

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    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    11:11

    Fui agredida, agredida sexualmente por un hombre en quien confiaba, a quien admiraba. Tenía 21 años, modelaba, hacía sesiones de fotos, me estaba adentrando en la industria del modelaje. No podía imaginar lo mal que se pondrían las cosas. Mujeres que apoyaban a estos abusadores. Me manoseó por detrás y me tocó sexualmente en una sesión. Me quedé paralizada, no pude decir nada. No podía procesar lo que estaba pasando. Me llevó a casa, me dijo que jugara conmigo misma y que lo dejara mirar. Ignoré su petición y me dijo que si su esposa se enteraba, moriría de estrés (estaba enferma en ese momento) y sería MI CULPA. Lo creí firmemente y lo guardé todo durante tres meses. Lo aparté de mi mente, lo negué. Adondequiera que miraba, veía la marca de su coche, su nombre, pensaba que me seguía. Finalmente, sufrí una crisis nerviosa y fui a ver a los guardias. Fueron unos inútiles y se rieron de mi declaración de cinco páginas. No había pruebas, solo mi palabra contra la suya. Así que contrató a modelos para que leyeran guiones y les contaran a los guardias que yo estaba enamorada de este hombre y que "me lo busqué". Les dijo a todos en la industria que yo era "inestable" y que temía por su vida. Como si yo fuera la depredadora. El cobarde ni siquiera pudo presentarse... puso a todos en mi contra. Sintiéndome tan sola, me confié a mis instructores de baile, en quienes realmente confiaba. Solo para que sigan trabajando con este hombre hasta el día de hoy. Dejé de luchar porque nadie a mi alrededor me creía. Me llevó 7 años volver a abrirme sobre mi trauma. Todos los días me sigue afectando... ver su nombre por todas partes en las redes sociales. La gente lo alaba, si supieran... ¿me creerían? ¿Me arriesgo a vivir el trauma de nuevo?

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    "Terror en la quietud de la noche"

    “EL TERROR EN LA QUIETUD DE LA NOCHE” Advertencia: Este artículo contiene referencias a abuso sexual infantil. Por Nombre El insomnio empezó a manifestarse en mi vida cuando estaba en segundo grado. Cada noche, después de que me mandaban a la cama, me quedaba despierto hasta bien entrada la noche con el corazón palpitante y el cuerpo paralizado por el terror, imaginando a un hombre con aspecto de mono y un hacha clavada en la cabeza volando por la ventana sobre mi cama, viniendo a matarme. No tengo ni idea de dónde salió esa aterradora imagen, pero la escena se repetía una y otra vez en mi cabeza hasta bien entrada la noche, hasta que finalmente sentí la dulce liberación del sueño. E incluso cuando el sueño me rescataba de esas imágenes aterradoras, eso no garantizaba que el miedo se detuviera. Varias veces a la semana me despertaba violentamente por pesadillas que me dejaban con el corazón acelerado y el terror recorriendo mi cuerpo. También era sonámbulo. A menudo, por las mañanas, mamá me contaba entre risas que me había encontrado deambulando por la casa a altas horas de la noche, mientras aún dormía. Nunca recordé esos vagabundeos nocturnos al día siguiente, ni entendí qué eran. Pero a mamá sí que le hacían gracia. En aquel entonces, mi madre estaba casada con su tercer marido, un pedófilo abusador llamado 3er Marido. No tuve una buena infancia. Desde que tengo memoria, mi madre y los diversos hombres enfermos que trajo a nuestras vidas abusaron de mí verbal, sexual y físicamente. Mi madre tuvo muchas relaciones cuando yo era pequeña: algunos novios, otros maridos. Para cuando tenía nueve años, había seis figuras "paternas" en mi vida, casi todas abusivas. Nos mudábamos a menudo. Fue una infancia solitaria y aterradora. A los nueve años, mi madre se casó con su cuarto marido, un camionero llamado 4º Marido, a quien conocía desde hacía apenas dos semanas. Después de casarse, el insomnio empeoró. 4th Husband también era pedófilo. Nací a mediados de los 60. Aparte del abuso que sufrí en casa, viví una vida relativamente protegida. Pasarían muchos años antes de que existieran las computadoras, internet o los celulares. Nuestro televisor solo tenía cuatro canales, y cada programa estaba severamente censurado. Salvo algún beso ocasional, ni una sola vez vi a nadie en la cama teniendo ningún tipo de actividad sexual. Mi educación sexual provino de mi experiencia personal: el abuso que sufrí en casa. Poco después de que mamá y 4th Husband se casaran, nos mudamos de California a Wisconsin, donde nací. Durante el viaje de regreso a Wisconsin, nos alojamos en moteles: mi hermano mayor y yo en una cama, mamá y 4th Husband en la otra. Como tengo el sueño ligero, una noche me desperté en medio de la noche con ruidos extraños en la cama de al lado. "Más fuerte, cariño, más fuerte", gimió mamá mientras 4th Husband se movía encima de ella. Mamá y 4.º Esposo tenían sexo en la cama de al lado. Aunque había presenciado a mi madre teniendo sexo muchas veces a lo largo de los años, todavía me impactaba profundamente observarlas a través del rayo de luz que se filtraba por las cortinas. Sentí náuseas al ver y oír su acto sexual. Y con cada gemido de placer, sentía cada vez más náuseas. Finalmente, me di la vuelta, apoyé las rodillas contra el pecho para calmar el malestar y lloré en silencio sobre la almohada. No pegué ojo en el resto de esa larga noche. Después de mudarnos a Wisconsin, mamá y 4.º Esposo me llevaron a su cama y comenzaron a abusar sexualmente de mí. Cada noche, cuando me mandaban a dormir, me quedaba en la cama durante horas esperando que el dulce alivio del sueño me venciera y me rescatara de los terrores nocturnos. Por suerte, el hombre con aspecto de mono y un hacha que atravesaba mi ventana se había quedado atrás cuando nos mudamos, solo para ser reemplazado por otro terror, y ese terror estaba esperando a que mamá y 4.º marido subieran a acostarse. Nunca supe si me llevarían a su habitación y abusarían de mí o si irían directamente a la suya a pasar la noche. Aunque estaba agotada mental y físicamente por la falta de sueño, mi pobre cuerpo se negaba a relajarse mientras mi mente torturada daba vueltas a cada posible escenario. A menudo seguía despierta cuando mamá y 4.º marido se acostaban. Las noches que se iban a su habitación, sabía que no tardarían en empezar a tener sexo. En cuanto oía sus voces apagadas y sus gemidos de placer, el terror me invadía y lágrimas de tristeza brotaban de mis ojos mientras recordaba aquella habitación de motel. Me daba asco saber lo que estaban haciendo. Incluso cuando terminaron y se durmieron, seguía sin poder quitarme de la cabeza los sonidos de su amor. Hasta bien entrada la noche, permanecí en mi habitación a oscuras, mirando con miedo la sofocante oscuridad. A veces pasaba un coche, un avión volaba por encima o ladraba un perro, pero aparte de eso, todo estaba en silencio. La quietud de la noche me aterrorizaba. Con el paso de los años, el insomnio empeoró. Sin darme cuenta, en algún momento, el sueño se había convertido en un monstruo sin rostro que dominaba mi vida. Durante el resto de la primaria, la secundaria y el bachillerato, rara vez dormí bien. Pasaba los días sumido en un sudario de agotamiento, y me dolía la cabeza por la falta de sueño. Cada noche, en lugar de encontrar consuelo y consuelo en la idea de un descanso reparador, lo único que sentía era un miedo creciente a medida que se acercaba la hora de dormir. Y las pesadillas seguían acosándome. Parecía que nunca podría escapar del terror de mi vida. Cuando me gradué del bachillerato, fui a la universidad. Aunque ningún miembro de mi familia obtuvo una educación superior, sabía que esa era mi salida de una vida dependiente de los demás. La mayoría de los adultos con los que crecí me habían decepcionado y solo me habían traído dolor. Aprendí que la única persona en la que podía confiar era en mí misma. Y para eso necesitaba una educación. Pero cuando me fui de casa, por mucho que quisiera dejar atrás el dolor de mi pasado, el insomnio seguía atormentándome noche tras noche. Rara vez dormía bien. A menudo me quedaba despierto durante horas en mi habitación a oscuras, dando vueltas en la cama, con la mente acelerada, preguntándome si podría dormir o cuándo, y preocupándome cómo sobreviviría al día siguiente si no descansaba lo suficiente. Era un círculo vicioso. Empecé a beber a los 14 años para aliviar el intenso dolor que sufría en casa. Beber me ayudaba a relajarme y me traía cierta felicidad, aunque fugaz. A veces incluso podía reír, algo que me faltaba muchísimo en la vida. Si hubiera podido pasar cada momento de mi infancia en un estado de euforia, lo habría hecho, pero el alcohol era difícil de conseguir desde que era menor de edad. Para cuando me gradué de la universidad, me había convertido en un alcohólico de pleno derecho. Casi todas las noches me emborrachaba hasta perder el conocimiento para intentar relajarme lo suficiente como para dormir. Rara vez funcionaba, pero seguía intentándolo. Las resacas del día siguiente siempre eran brutales y empeoraban aún más el dolor de cabeza. Pero esas pocas horas que bebía cada noche me ayudaban a relajarme y me daban algo de felicidad, aunque fugaz. Probé muchas cosas para intentar descansar: pastillas para dormir, remedios herbales, somníferos de venta libre, rezar, suplicarle a Dios que me diera sueño, pastillas con receta, relajantes musculares, Nyqil, Benadryl, terapia de masajes, hipnoterapia, acupuntura, terapia psicológica, meditación, técnicas de respiración profunda. Lo probé todo. Estaba desesperado por descansar. A menudo, alternaba las pastillas para dormir: tomaba una antes de acostarme y otra al despertar unas horas después. Por desgracia, por mucho que lo intentara, nada me quitaba ese monstruo nocturno con el que había lidiado desde segundo de primaria. Dos horas, tres horas, cuatro horas, seis horas o incluso siete en alguna noche. Estaba sumida en la miseria. Nunca se me ocurrió que el abuso que sufrí de niña me hubiera afectado. Una vez que me fui de casa, hice todo lo posible por dejar atrás los diversos monstruos de mi pasado. Rara vez pensaba en mi infancia. Pensar en mi pasado era como poner la mano sobre una estufa caliente. Así de doloroso era. Por desgracia, esos monstruos me siguieron hasta la edad adulta. Cada mañana, al despertar de una noche de sueño intranquilo, pensaba obsesivamente en cómo podría descansar lo suficiente la noche siguiente. Y esos pensamientos dominaban casi cada momento de vigilia. Desesperaba por encontrar alivio, pero no tenía ni idea de cómo conseguirlo. Y las noches de insomnio y el dolor de cabeza empeoraron la depresión que había sufrido desde la infancia. La mayoría de los días rezaba por una muerte temprana para escapar del dolor mental y físico que sufría. En mis peores días, mi mente daba vueltas en una rueda de hámster con pensamientos suicidas, cualquier cosa para escapar del dolor. Poco antes de cumplir 26 años, me casé. Unos años después, mi esposo y yo formamos una familia. Y cuando quedé embarazada, dormí como un bebé. Cada vez que apoyaba la cabeza en la almohada, mi cuerpo se relajaba de una manera desconocida para mí. Sentía como si una manta cálida y reconfortante hubiera descendido mágicamente sobre mi sistema nervioso, y dormía como un bebé. Simplemente no me cansaba de ese sueño maravilloso y reparador. Pero en cuanto nacieron mis hijos, el insomnio regresó. Criar a mi familia, trabajar en una carrera exigente, el matrimonio y el estrés de la vida diaria con poco sueño me dejaron agotada mental y físicamente. Lo único que me impulsaba a superar esos días difíciles era la inmensa cantidad de adrenalina que corría por mis venas. A medida que pasaban los años y mis hijos crecían, los problemas de sueño seguían atormentándome. Mis amigos que dormían bien no entendían por lo que estaba pasando. Algunos incluso se reían de mis dificultades. "¿Qué te pasa? ¡Duermo como un bebé!", dijo un amigo. "No, yo no, ¡nunca he tenido problemas para dormir!", rió otro. Finalmente, aprendí a callarme. Era demasiado doloroso que se rieran de mí por algo que no podía controlar. Cada mañana, aunque estaba agotada, con dolor y deprimida, ponía una sonrisa falsa y aguantaba el día lo mejor que podía. A principios de mis 50, finalmente comencé a enfrentarme a mi infancia. En ese momento, comencé a escribir un libro sobre lo que viví. A medida que los recuerdos volvían y las dolorosas palabras se derramaban sobre el papel, no pude evitar sacudir la cabeza con dolor y conmoción por lo que había soportado de niña. Pero una de las cosas que más me impactó fue lo joven que era cuando el insomnio entró en mi vida. Poco después de empezar a afrontar mi infancia, me diagnosticaron TEPT complejo debido a años de trauma infantil. En ese momento, también perdí mi carrera de más de 30 años como taquígrafa judicial debido a los graves problemas de sueño y las migrañas diarias. Ya no podía soportar las exigencias de mi estresante profesión. Mi cuerpo simplemente se rindió. Quedé totalmente devastada cuando no pude retomar la profesión por la que tanto había trabajado. Tras recibir el diagnóstico de TEPT complejo, me he esforzado por sanar de mi pasado. He escuchado y leído todo lo que he podido para ayudarme en mi recuperación. Decir que estoy motivada es quedarse corta. Todo lo que siempre he querido ha sido sentirme bien, tanto mental como físicamente, y eso es algo que pocas veces he sentido en mi vida. Al escribir esto, por fin estoy empezando a afrontar el insomnio. Sin darme cuenta, en el fondo sentía que el insomnio era una cadena perpetua. Mi madre tiene insomnio, al igual que la suya. No tengo ni idea de cuánto tiempo en mi familia se remonta la incapacidad para dormir. Crecí escuchando a diario lo agotada y miserable que estaba mi madre. Creo que, junto con el trauma que sufrí de niña, en algún momento del camino se sembró en mí la semilla del insomnio ancestral desde muy joven y creció con el paso de los años. He enfrentado muchos miedos en mi vida desde que comencé mi camino de sanación del pasado. Y casi todos esos miedos provienen del trauma que sufrí en mi infancia. Estoy decidida a vencer el insomnio. Esforzarme por hacer que mi rutina para dormir sea lo más tranquila posible ha sido fundamental. La meditación y los estiramientos suaves realmente calman mi sistema nervioso. Pero si me salto la meditación y los estiramientos nocturnos, no me estreso. Ahora que entiendo qué causó este monstruo de noches de insomnio de tantos años, estoy liberando poco a poco los muchos miedos que lo crearon y que me han mantenido cautiva durante los últimos 52 años. Es un proceso que deshace años y años de trauma. Cuando me acuesto ahora, me aseguro de estar lista, es decir, de estar cansada. Ya no me paso horas en la cama intentando dormir, preocupándome por cómo me sentiré al día siguiente si no descanso. Si no puedo dormirme, leo un buen libro o veo una película alegre, cualquier cosa que me calme los nervios. Pero lo más importante que estoy aprendiendo es a no preocuparme por cómo será el día siguiente si no descanso lo suficiente. Liberarme del miedo me ha cambiado la vida.

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    3 chicos, 12 años....

    Tres chicos se han aprovechado de mí en los últimos 12 años y quiero contárselo a todo el mundo. Por desgracia, solo puedo hacerlo por internet, porque no puedo contárselo a mis padres, aunque ya tengo 24 años y no puedo pagar terapia. Así que, hola internet, aquí va mi historia (lo más breve posible). Chico n.º 1 - 2008-2010/2011, ambos de 13, 15 o 16 años, múltiples incidentes. Mi "novio" del instituto. La primera vez, cuando teníamos 13 años, salimos en una cita al billar local y luego volvimos a su casa. Me dijo que su madre estaba enferma, así que tuvimos que ir a su habitación para no despertarla mientras dormía en el sofá. Empezó con simples toqueteos de instituto, luego empezó a ponerse agresivo y contundente. Cuando intenté irme solo para ir al baño, me apartó y me empujó sobre la cama. Él seguía diciendo que sabía lo que hacía porque no era virgen. Me subió la camisa a la fuerza, me bajó la falda y no recuerdo si se metió dentro o no. Solo recuerdo que me obligó a sentirlo y que empecé a concentrarme en lo único que podía hacer para distraerme de lo que estaba pasando: la televisión. Unos 10 o 20 minutos después, mi teléfono sonó con un mensaje de mis padres diciendo que estaban abajo en el coche, ya que les había pedido que me recogieran a cierta hora. Después de esto, se empeñaba en presumir ante sus amigos de que yo era una zorra que lo había dejado todo por él. Me amenazó física y emocionalmente, me obligó a enviar fotos desnudas y a hacer shows con la webcam para él y sus amigos. Una vez, cuando teníamos 15 años, quedamos después del colegio, pensé que se iba a disculpar y empezamos a caminar hacia su casa, que nos llevó más allá de nuestro instituto. En el instituto me tiró contra la puerta, me metió la mano en los pantalones y me dijo que esta vez no iba a escaparme. Logré darle una patada en algún sitio, así que retrocedió y salí corriendo. Se propuso amargarme la vida en el instituto, acorralándome en pasillos sin salida, amenazándome, golpeándome e intentando agredirme sexualmente de nuevo. El último incidente con este tipo fue cuando me pidió que jugáramos a verdad o reto con él a los 16. Acepté verlo de nuevo porque esta vez me dijo que quería disculparse en persona. Pero nunca me permitían jugar a verdad o reto, y cada reto implicaba que le mostrara una parte de mi cuerpo o que me tocara. Incluso me hizo jurar que me dejaría quitarme la virginidad cuando cumpliera los 18. No lo hizo, así que me aseguré de no tener ningún contacto con él. Durante esa época me volví adicta al alcohol para sobrellevarlo todo y tuve que obligarme a estar sobria una vez que todo terminara si quería tener una vida "normal". Además, se me había vuelto demasiado buena ocultándoselo a mis padres, que nunca pasaban más de una hora conmigo al día. Chico #2 - 2015-Ene 2018, yo 20-22 y él 22-24, múltiples incidentes. Este era mi novio de la universidad. Se comportó tan dulce, amable y cariñoso hasta que me consiguió. Una vez que acepté perder mi virginidad con él (3 meses después de la relación), la mayor parte de esa amabilidad se fue por la ventana. Una vez que tuvo sexo conmigo, fue todo lo que quería. Excepto que no puso ningún esfuerzo y todo se trataba de complacerlo. Más de una vez me coaccionó o me mintió para engañarme para tener sexo anal, algo que nunca quise hacer. En una ocasión, cerca del final de la relación, recordó que había mencionado al principio que podría estar interesada en probar el sexo duro. Interpretó esto como un juego de rol de violación. Excepto que a mí no me pareció un juego de rol. No había palabras de seguridad ni precauciones para hacerme sentir segura. Me sentí amenazada, abusada, humillada y como si realmente me hubieran violado. Me hizo sentir que también era culpa mía, insinuando que si no lo hubiera sugerido, no habría llegado tan lejos. La noche que rompí con él, se pasó horas intentando que me acostara con él una última vez porque no habíamos tenido sexo desde el último incidente, que fue unos buenos 6-8 meses antes de que rompiéramos. Chico #3 - 2017-2018, yo 22 y él 29 (no estoy seguro, lo explicaré), múltiples incidentes. Era un chico con el que trabajaba. Al principio les dijo a todos que era gay, luego solo a mí que era bisexual y luego que no estaba realmente seguro de su sexualidad. Desde el momento en que empecé a trabajar allí, me tomó bajo su protección, aparentemente para protegerme de la horrible empresa en la que trabajábamos. Lo que realmente hizo fue mantenerme aislada de todos los demás, difundiendo rumores y mentiras a todos para mantenerme aislada, y me guardó para él. Al principio, coqueteaba casualmente, pero todos lo tomaron como broma porque creían que era gay. Pasaba mucho tiempo conmigo, dentro y fuera del trabajo. Empezamos a "cenar" después del trabajo dos o tres veces por semana. Digo "cenar" porque siempre decía que íbamos a cenar después. Comíamos las primeras veces, pero con el tiempo solo bebíamos. Bebidas alcohólicas. Estaba volviendo a caer en mis viejas adicciones, y podía culparlo, pero no me obligaba a beber. Sentía que lo necesitaba para superar este tiempo a solas con él. Fui tan estúpida como para dejar que me llevara a casa todas las noches, incluso después de haber tomado al menos dos o tres copas. Se aprovechaba de mi estado de ebriedad. Me rogaba que le hiciera sexo oral con frecuencia y, por lo general, al final ponía los ojos en blanco y aceptaba mi "no" a regañadientes. Hasta que una noche me obligó a arrodillarme, se bajó la cremallera y se metió en mi boca. Cuando terminó, fue tan fuerte que me atraganté y dejó un desastre en mi alfombra y sofá. Me acosaba constantemente en el trabajo, contándome cosas que pensaba hacerme, cuántas veces se había tocado esa mañana, intentando ligar conmigo cuando estábamos solos, etc. Lo aguanté porque era el único que sabía que había sido adicta al alcohol antes y que iba a serlo de nuevo. Era mi primer trabajo después de la universidad; no podía permitirme que me despidieran por estar borracha o con resaca. Además, pensé que la cosa no iría a más si le impedía entrar en casa. Solo que siempre entraba a la fuerza o me amenazaba para poder entrar. Solo me obligó a hacerle sexo oral una vez, pero después lo intentaba "en broma" una y otra vez. Por aquel entonces todavía salía con mi segundo chico, así que pensé que no podía empeorar. Cinco días después de dejarlo, me obligó a tener sexo/me violó. Tenía novio y yo lloraba todo el tiempo, diciéndole "¿Y tu novio?". Me decía que no le importaba, que yo era todo lo que quería y que si no lo hacía, les contaría a todos lo de la bebida y haría que pareciera que yo era quien lo había estado acosando para que me despidieran. Era mucho más fuerte que yo; me sujetó por el cuello mientras me violaba hasta el punto de que apenas podía respirar, me amenazó, me dijo que mi coño era como terciopelo y que le encantaría tener acceso a él más a menudo. Era una persona extremadamente intimidante y me daba miedo contradecirle por si lo volvía a hacer. Lo despidieron unos meses después por razones no relacionadas. Ahí fue donde descubrí que quizá era mayor de lo que decía. Un compañero de trabajo me contó que una vez tuvo que devolverle el DNI del Chico 3 en un viaje de trabajo y que, por la fecha de nacimiento, tendría al menos 35 años en ese momento. No creo que pueda sentirme cómoda caminando sola por la calle, sobre todo de noche, ni pasando la noche sola en casa, ni sentada en un coche con un hombre sin entrar en pánico todo el tiempo, a menos que sea mi padre o mi novio. Hay días en los que solo pienso en lo destrozada que me siento por todo esto, pero la mayoría de las veces me siento insensible a muchas cosas. El dolor físico no duele tanto, a veces cuesta creer que alguien me quiera, y a veces siento que la vida es difícil de disfrutar. Hay días buenos y geniales entre todo eso, y cada vez son más frecuentes. Ojalá fueran más frecuentes para poder volver a sentirme un poco "normal".

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Su nombre siempre me perseguirá

    Tenía 14 años y estaba saliendo con un nuevo amigo. Fuimos a la bolera y jugábamos a las máquinas recreativas cuando se nos unieron unos chicos mayores y guays, uno al que reconocí trabajando en el centro comercial local. Mi amigo sabía que estaba enamorada de él. No sé si el nuevo amigo lo planeó con antelación o si fue espontáneo, pero supongo que sí. Nos invitaron a ir en su coche y pasar el rato en su casa. Así que fuimos. Estábamos todos en una habitación del piso de arriba cuando el otro chico y mi amigo se fueron. Empezamos a besarnos y entonces me preguntó si quería ver los carteles de luz negra desde un mejor ángulo. Nos tumbamos en el suelo. Empezó a besarme de nuevo y cuando yo (virgen) empecé a alejarme, me agarró las muñecas, mucho más pequeñas, me dijo que si hacía algún ruido la madre de su amigo vendría a matarme con un cuchillo y que me quedara allí tumbada. Cuando terminó, yo estaba llorando en silencio. Me dijo: "Tranquilízate", ¿pero con una voz dulce? No me impidió llorar en silencio. Entonces dijo: "Solo lo hice porque llevabas falda". En cuanto pude, me recuperé y encontré a mi amiga abajo, junto con el otro chico. El otro chico me vio la cara y dijo: "¡Ay, no! ¿Te lo hizo a ti también?". El otro chico nos dejó en casa de mi amiga. Llamé a mi madre para que me recogiera y vino. Fue durante las vacaciones de invierno. Nunca le conté a mi madre lo que pasó. Dos semanas después, entre Navidad y Año Nuevo, el violador me envió una postal de la Fuerza Aérea para... ¿presumir? Así que debía de tener al menos 18 años en ese momento. Unos dos años después, varias chicas me llamaron por el altavoz para gritarme por haber dicho que me había violado. De repente, oí su voz: "No mientas. No te violé". Respondí: "Sí, lo hiciste", pero con un tono tan triste que creo que si les preguntaras a esas mujeres de hoy qué piensan de ese momento después del MeToo, tendrían una reacción completamente distinta. Hubo un silencio incómodo antes de que empezaran los gritos, colgué y evité las llamadas desconocidas durante un buen rato. Eran mujeres de su edad, de 20 años frente a mis 16. "Violación en una cita" era un término nuevo en aquel entonces; los medios eran, como era de esperar, sexistas con las jóvenes, y los anuncios nocturnos siempre incluían "Girls Gone Wild", así que no las culpo por caer en la trampa del sistema. Pero que me lo intimidaran años después fue un recuerdo terriblemente doloroso. Intenté localizarlo, para saber dónde estaba y qué estaba haciendo, pero nunca encontré nada. El problema es que su nombre es tan común, de nombre y apellido, que pertenece al marido de mi mejor amiga y a un político local. Cada vez que veo su nombre escrito completo, me estremezco y me pregunto... Quedé destrozada después de la violación. Agradezco tener una pareja amorosa con la que me siento completamente segura, pero me llevó como 15 años llegar hasta aquí (ya llevamos más de 20 juntos). Esa es mi historia. Creo que nunca la había escrito así de completa. Gracias por todo lo que están haciendo. Todo. Todo. Gracias. Son unos héroes.

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    Encontrando sanación a los 52 años

    La mía ocurrió a los 17. Estaba en el instituto y no se lo conté a nadie. Nunca olvidaré lo que "ellos" me hicieron. Partes de mí murieron esa noche. Estaba borracha, inconsciente, y desperté en una residencia universitaria solo para hombres, siendo agredida con público allí para ver. Estoy, y siempre estaré, atormentada por el hecho de que pudieran ver y tocar mi cuerpo desnudo mientras estaba inconsciente. Nunca desaparece... ni siquiera 36 años después. Hasta el día de hoy, temo ser expuesta. Mi insomnio de toda la vida, mi confianza y mi capacidad de convertirme algún día en una madre soltera y divorciada se han visto afectadas. Hay tantas partes de la vida de mi hijo que nunca podré recuperar. No me convertí en enfermera titulada hasta los 40 años. Mi silencio, mi vergüenza... los salvó. Con la ayuda de las redes sociales y un programa de fútbol americano Universitario de 1984 en eBay, encontré a los 4 chicos (ahora hombres mayores con canas y abuelos) responsables. Los confronté enviándoles una foto mía a los 17 años por mensaje de texto o correo electrónico. Fue como escribir una declaración de impacto de la víctima. Hablé con dos de sus hermanas y una esposa separada. Pasé de no saber sus nombres a reconocer a un par de ojos en ese programa de fútbol. A veces, nunca se sabe qué te llevará a cerrar el tema y a perdonarte por los años de silencio y vergüenza. Todo esto sucedió durante el último año, más o menos. Finalmente, después de 35 años, denuncié a su universidad y a la policía. Encontré el coraje para contárselo a mis padres, ahora mayores, lo cual es una historia en sí misma, a mi esposo e incluso a mis hijos adultos. Soy dueña de mi historia, acepto que ahora soy una sobreviviente. Mis agresores me privaron de buscar atención médica, la salud mental que tanto necesitaba. Y me quitaron mucho más... incluso uno de mis zapatos. Todavía recuerdo cada detalle de arrastrarme por el suelo de la residencia buscando uno de mis zapatos... que ahora sé, lo tiraron por una ventana. ERA MI ZAPATO, y también lamenté su pérdida. Esa sensación de desequilibrio rodeó gran parte de mi vida. Esa impotencia y degradación ya no forman parte de mi espíritu. Los horribles moretones que dejaron en mis muslos permanecen dispersos en cada órgano vital de mi ser. Cada vez que me siento mal y luego me recupero, me recuerda los obstáculos que soy capaz de superar. Mi justicia poética... como dijo uno de ellos el año pasado: "Siempre te he tenido presente". Y eso fue un mensaje de texto. Esa noche, se privaron incluso de darse cuenta de que algún día tendrían hijas... y las tuvieron. A mí ya no me privan de nada. Soy libre. Tú también, y todos nosotros... con determinación, encontraremos la manera de sanar. Hoy soy mucho más fuerte por compartir mi historia, revelarlas y confrontarlas. Después de todos estos años, no olvidaron lo que me hicieron. Me alegra saberlo.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Sanar es apropiarse de su historia, es permitirse procesar lo que ha sucedido.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    No tengas miedo de hablar, no significa que seas débil, significa que eres un sobreviviente.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
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    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    Víctima a perpetrador

    Siento que nadie habla de COCSA. Y siento que nadie habla de las mujeres abusadoras. No estoy aquí necesariamente para hablar del abuso que me ocurrió, pero para contextualizar, yo tenía nueve años y la otra niña era una niña de nueve. Lo que realmente me atormenta es lo que hice después. Le infligí este dolor a otra persona; calculo que yo tenía unos 10 años y ella 9. Era la hija de una amiga de mi madre. De hecho, la mejor amiga de mi madre. Y he estado pensando mucho en cuánto debió arruinar su amistad cuando se enteraron de lo que pasó. Cuánta rabia debió sentir mi madre en el fondo hacia mí. No quise lastimar a nadie. Y me digo a mí misma: "No la toqué, ni siquiera le puse las manos encima, no lo hice", pero lo hice. Lastimé a alguien así y tal vez tenga una excusa, tal vez no, pero lo único que puedo pensar es en lo horrible que me siento por haberle hecho algo así a otra persona. Nunca se trató de que me atraparan ni de meterme en problemas, solo estoy asqueada de mí misma. Hace poco recordé que me violaron dos veces esa noche, no una. Y ahora me aterra que quizás esté olvidando algo y que quizás lo hice más de una vez, pero ¿cómo pude olvidarlo? Hoy en día jamás le haría daño a un niño. Jamás. No tengo la menor duda de que volvería a hacerle daño a alguien así. Solo pienso en si soy una persona horrible, porque nadie habla de esta parte de la infancia en Sudáfrica y a quienes sí lo hacen los tratan como monstruos. Pero quizás eso es lo que merezco.

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    A los 19 años, por fin puedo decir que soy una víctima de abuso sexual infantil y una sobreviviente de incesto.

    Tenía entre 3 y 4 años (lo sé por el vestido que llevaba y porque aún no iba al colegio). Era amigo de mi padre y me caía muy bien, y pensaba que éramos simpáticos. Se alojaba en nuestra habitación de invitados y estuvo con nosotros una semana. Una noche, acabé abajo, en la habitación de invitados (no recuerdo cómo) y el resto de mi vida es un completo vacío. Lo siguiente que recuerdo es que me tocaba, que me estaba acosando. Mucho es borroso, pero recuerdo que me tocaba las partes íntimas mientras murmuraba cosas, cosas que todavía me atormentan. Ni siquiera puedo oír a alguien decirle a su perra que es "una buena chica" sin que se me revuelva el estómago y me dé náuseas. Lo recuerdo encima de mí. Recuerdo la sensación de sus besos en el cuello y el dolor que me daba en la cabeza, casi como una migraña, por el dolor que me subía a la cabeza. Recuerdo que me montaba mientras yo temía que alguien se enterara, porque aunque no sabía qué pasaba, sabía que estaba mal. Recuerdo guardar silencio, con solo gemidos ocasionales de dolor, porque me dolía y tenía miedo. Bloqueé esa experiencia durante años hasta que los recuerdos empezaron a resurgir a los 12 años. Siempre supe que algo pasaba, pero nunca pude identificarlo. De niña era extremadamente hipersexual, sabía demasiado sobre sexo y siempre buscaba la atención de hombres mayores. Sin embargo, en el momento en que dejé de indagar en mi hipersexualidad, los recuerdos me inundaron. Lloraba por las noches, rezando a Dios para que me ayudara. Quería lanzar mi cerebro al otro lado de la habitación. Sin embargo, a pesar de estas emociones, dudaba de mí misma y de mi memoria. Así que seguí callada y soltando pequeños gritos ocasionales, igual que cuando era una niña de tres o cuatro años. Dos años después de descubrir que había abusado de mí, mi propio hermano comenzó a abusar de mí, solo que yo ya sabía que lo había hecho antes. Mi hermano y yo éramos mejores amigos, pero hubo momentos inapropiados, desde que tenía unos 8 años. Nunca tomé la iniciativa, pero al mismo tiempo, no le veía ningún problema. Por eso todavía me odio un poco, aunque sé que no fue mi culpa. Todavía recuerdo vívidamente la vez que me inmovilizó y cerró la puerta del dormitorio. Recuerdo haberle dicho: "¿Qué haces? Abre la puerta, sabes que no podemos cerrarla". Volvió enseguida y se quedó sobre mí. Tengo la memoria borrosa, así que no recuerdo dónde me tocó, ni siquiera si lo hizo, pero sé que tenía la intención de hacer algo si no lo había hecho ya. Sin embargo, fue cuando mi hermana mayor irrumpió en la habitación y gritó: "¡¿Qué haces?!". Recuerdo a mi hermano con cara de horror mientras yo, siendo ingenua y sin comprender la gravedad de la situación, dije con la voz más alegre: "Estábamos jugando y me inmovilizó". Pensé que estábamos jugando, pero el tono de mi hermana al decirle a mi hermano que me soltara me dijo lo contrario. El abuso comenzó de nuevo cuando tenía 14 años y continuó hasta justo antes de mi 17. Esta vez fue más sutil. Se exhibía y hacía todo lo posible para que yo mirara. Lo pillé en mi habitación de pie sobre mí mientras creía que estaba dormida, y solo se fue cuando se dio cuenta de que estaba despierta. Luego escaló al contacto físico, pero todavía lo hacía sutilmente. Empezó a frotarse contra mí, la primera vez delante de mi madre. Mi otra y yo estábamos hablando de comida, y él se acercó y se frotó contra mí. Me sentí muy incómoda y me quedé paralizada, ¿y qué hizo mi madre? Cambió de tema. Cambió de tema y fingió que no pasaba nada. Creo que por eso siguió, porque se dio cuenta de que podía hacerlo delante de la gente y salirse con la suya. Así que durante dos años y medio seguidos, se exhibió y se frotó contra mí. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que mi hermano abusaba de mí sexualmente y lloré. Fue a medianoche cuando lloré, suplicando que parara. Paraba un rato, pero luego volvía a hacerlo. Recordar mi pasada agresión sexual e intentar procesarla mientras mi hermano abusaba de mí fue una de las experiencias más difíciles que he vivido. Solía tener pesadillas terribles que me hacían despertar jadeando. Pero sigo luchando y sobreviviendo. Por fin estoy aceptando que soy una sobreviviente. A los 19 años, soy una sobreviviente de abuso sexual infantil e incesto.

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    3 chicos, 12 años....

    Tres chicos se han aprovechado de mí en los últimos 12 años y quiero contárselo a todo el mundo. Por desgracia, solo puedo hacerlo por internet, porque no puedo contárselo a mis padres, aunque ya tengo 24 años y no puedo pagar terapia. Así que, hola internet, aquí va mi historia (lo más breve posible). Chico n.º 1 - 2008-2010/2011, ambos de 13, 15 o 16 años, múltiples incidentes. Mi "novio" del instituto. La primera vez, cuando teníamos 13 años, salimos en una cita al billar local y luego volvimos a su casa. Me dijo que su madre estaba enferma, así que tuvimos que ir a su habitación para no despertarla mientras dormía en el sofá. Empezó con simples toqueteos de instituto, luego empezó a ponerse agresivo y contundente. Cuando intenté irme solo para ir al baño, me apartó y me empujó sobre la cama. Él seguía diciendo que sabía lo que hacía porque no era virgen. Me subió la camisa a la fuerza, me bajó la falda y no recuerdo si se metió dentro o no. Solo recuerdo que me obligó a sentirlo y que empecé a concentrarme en lo único que podía hacer para distraerme de lo que estaba pasando: la televisión. Unos 10 o 20 minutos después, mi teléfono sonó con un mensaje de mis padres diciendo que estaban abajo en el coche, ya que les había pedido que me recogieran a cierta hora. Después de esto, se empeñaba en presumir ante sus amigos de que yo era una zorra que lo había dejado todo por él. Me amenazó física y emocionalmente, me obligó a enviar fotos desnudas y a hacer shows con la webcam para él y sus amigos. Una vez, cuando teníamos 15 años, quedamos después del colegio, pensé que se iba a disculpar y empezamos a caminar hacia su casa, que nos llevó más allá de nuestro instituto. En el instituto me tiró contra la puerta, me metió la mano en los pantalones y me dijo que esta vez no iba a escaparme. Logré darle una patada en algún sitio, así que retrocedió y salí corriendo. Se propuso amargarme la vida en el instituto, acorralándome en pasillos sin salida, amenazándome, golpeándome e intentando agredirme sexualmente de nuevo. El último incidente con este tipo fue cuando me pidió que jugáramos a verdad o reto con él a los 16. Acepté verlo de nuevo porque esta vez me dijo que quería disculparse en persona. Pero nunca me permitían jugar a verdad o reto, y cada reto implicaba que le mostrara una parte de mi cuerpo o que me tocara. Incluso me hizo jurar que me dejaría quitarme la virginidad cuando cumpliera los 18. No lo hizo, así que me aseguré de no tener ningún contacto con él. Durante esa época me volví adicta al alcohol para sobrellevarlo todo y tuve que obligarme a estar sobria una vez que todo terminara si quería tener una vida "normal". Además, se me había vuelto demasiado buena ocultándoselo a mis padres, que nunca pasaban más de una hora conmigo al día. Chico #2 - 2015-Ene 2018, yo 20-22 y él 22-24, múltiples incidentes. Este era mi novio de la universidad. Se comportó tan dulce, amable y cariñoso hasta que me consiguió. Una vez que acepté perder mi virginidad con él (3 meses después de la relación), la mayor parte de esa amabilidad se fue por la ventana. Una vez que tuvo sexo conmigo, fue todo lo que quería. Excepto que no puso ningún esfuerzo y todo se trataba de complacerlo. Más de una vez me coaccionó o me mintió para engañarme para tener sexo anal, algo que nunca quise hacer. En una ocasión, cerca del final de la relación, recordó que había mencionado al principio que podría estar interesada en probar el sexo duro. Interpretó esto como un juego de rol de violación. Excepto que a mí no me pareció un juego de rol. No había palabras de seguridad ni precauciones para hacerme sentir segura. Me sentí amenazada, abusada, humillada y como si realmente me hubieran violado. Me hizo sentir que también era culpa mía, insinuando que si no lo hubiera sugerido, no habría llegado tan lejos. La noche que rompí con él, se pasó horas intentando que me acostara con él una última vez porque no habíamos tenido sexo desde el último incidente, que fue unos buenos 6-8 meses antes de que rompiéramos. Chico #3 - 2017-2018, yo 22 y él 29 (no estoy seguro, lo explicaré), múltiples incidentes. Era un chico con el que trabajaba. Al principio les dijo a todos que era gay, luego solo a mí que era bisexual y luego que no estaba realmente seguro de su sexualidad. Desde el momento en que empecé a trabajar allí, me tomó bajo su protección, aparentemente para protegerme de la horrible empresa en la que trabajábamos. Lo que realmente hizo fue mantenerme aislada de todos los demás, difundiendo rumores y mentiras a todos para mantenerme aislada, y me guardó para él. Al principio, coqueteaba casualmente, pero todos lo tomaron como broma porque creían que era gay. Pasaba mucho tiempo conmigo, dentro y fuera del trabajo. Empezamos a "cenar" después del trabajo dos o tres veces por semana. Digo "cenar" porque siempre decía que íbamos a cenar después. Comíamos las primeras veces, pero con el tiempo solo bebíamos. Bebidas alcohólicas. Estaba volviendo a caer en mis viejas adicciones, y podía culparlo, pero no me obligaba a beber. Sentía que lo necesitaba para superar este tiempo a solas con él. Fui tan estúpida como para dejar que me llevara a casa todas las noches, incluso después de haber tomado al menos dos o tres copas. Se aprovechaba de mi estado de ebriedad. Me rogaba que le hiciera sexo oral con frecuencia y, por lo general, al final ponía los ojos en blanco y aceptaba mi "no" a regañadientes. Hasta que una noche me obligó a arrodillarme, se bajó la cremallera y se metió en mi boca. Cuando terminó, fue tan fuerte que me atraganté y dejó un desastre en mi alfombra y sofá. Me acosaba constantemente en el trabajo, contándome cosas que pensaba hacerme, cuántas veces se había tocado esa mañana, intentando ligar conmigo cuando estábamos solos, etc. Lo aguanté porque era el único que sabía que había sido adicta al alcohol antes y que iba a serlo de nuevo. Era mi primer trabajo después de la universidad; no podía permitirme que me despidieran por estar borracha o con resaca. Además, pensé que la cosa no iría a más si le impedía entrar en casa. Solo que siempre entraba a la fuerza o me amenazaba para poder entrar. Solo me obligó a hacerle sexo oral una vez, pero después lo intentaba "en broma" una y otra vez. Por aquel entonces todavía salía con mi segundo chico, así que pensé que no podía empeorar. Cinco días después de dejarlo, me obligó a tener sexo/me violó. Tenía novio y yo lloraba todo el tiempo, diciéndole "¿Y tu novio?". Me decía que no le importaba, que yo era todo lo que quería y que si no lo hacía, les contaría a todos lo de la bebida y haría que pareciera que yo era quien lo había estado acosando para que me despidieran. Era mucho más fuerte que yo; me sujetó por el cuello mientras me violaba hasta el punto de que apenas podía respirar, me amenazó, me dijo que mi coño era como terciopelo y que le encantaría tener acceso a él más a menudo. Era una persona extremadamente intimidante y me daba miedo contradecirle por si lo volvía a hacer. Lo despidieron unos meses después por razones no relacionadas. Ahí fue donde descubrí que quizá era mayor de lo que decía. Un compañero de trabajo me contó que una vez tuvo que devolverle el DNI del Chico 3 en un viaje de trabajo y que, por la fecha de nacimiento, tendría al menos 35 años en ese momento. No creo que pueda sentirme cómoda caminando sola por la calle, sobre todo de noche, ni pasando la noche sola en casa, ni sentada en un coche con un hombre sin entrar en pánico todo el tiempo, a menos que sea mi padre o mi novio. Hay días en los que solo pienso en lo destrozada que me siento por todo esto, pero la mayoría de las veces me siento insensible a muchas cosas. El dolor físico no duele tanto, a veces cuesta creer que alguien me quiera, y a veces siento que la vida es difícil de disfrutar. Hay días buenos y geniales entre todo eso, y cada vez son más frecuentes. Ojalá fueran más frecuentes para poder volver a sentirme un poco "normal".

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    Su nombre siempre me perseguirá

    Tenía 14 años y estaba saliendo con un nuevo amigo. Fuimos a la bolera y jugábamos a las máquinas recreativas cuando se nos unieron unos chicos mayores y guays, uno al que reconocí trabajando en el centro comercial local. Mi amigo sabía que estaba enamorada de él. No sé si el nuevo amigo lo planeó con antelación o si fue espontáneo, pero supongo que sí. Nos invitaron a ir en su coche y pasar el rato en su casa. Así que fuimos. Estábamos todos en una habitación del piso de arriba cuando el otro chico y mi amigo se fueron. Empezamos a besarnos y entonces me preguntó si quería ver los carteles de luz negra desde un mejor ángulo. Nos tumbamos en el suelo. Empezó a besarme de nuevo y cuando yo (virgen) empecé a alejarme, me agarró las muñecas, mucho más pequeñas, me dijo que si hacía algún ruido la madre de su amigo vendría a matarme con un cuchillo y que me quedara allí tumbada. Cuando terminó, yo estaba llorando en silencio. Me dijo: "Tranquilízate", ¿pero con una voz dulce? No me impidió llorar en silencio. Entonces dijo: "Solo lo hice porque llevabas falda". En cuanto pude, me recuperé y encontré a mi amiga abajo, junto con el otro chico. El otro chico me vio la cara y dijo: "¡Ay, no! ¿Te lo hizo a ti también?". El otro chico nos dejó en casa de mi amiga. Llamé a mi madre para que me recogiera y vino. Fue durante las vacaciones de invierno. Nunca le conté a mi madre lo que pasó. Dos semanas después, entre Navidad y Año Nuevo, el violador me envió una postal de la Fuerza Aérea para... ¿presumir? Así que debía de tener al menos 18 años en ese momento. Unos dos años después, varias chicas me llamaron por el altavoz para gritarme por haber dicho que me había violado. De repente, oí su voz: "No mientas. No te violé". Respondí: "Sí, lo hiciste", pero con un tono tan triste que creo que si les preguntaras a esas mujeres de hoy qué piensan de ese momento después del MeToo, tendrían una reacción completamente distinta. Hubo un silencio incómodo antes de que empezaran los gritos, colgué y evité las llamadas desconocidas durante un buen rato. Eran mujeres de su edad, de 20 años frente a mis 16. "Violación en una cita" era un término nuevo en aquel entonces; los medios eran, como era de esperar, sexistas con las jóvenes, y los anuncios nocturnos siempre incluían "Girls Gone Wild", así que no las culpo por caer en la trampa del sistema. Pero que me lo intimidaran años después fue un recuerdo terriblemente doloroso. Intenté localizarlo, para saber dónde estaba y qué estaba haciendo, pero nunca encontré nada. El problema es que su nombre es tan común, de nombre y apellido, que pertenece al marido de mi mejor amiga y a un político local. Cada vez que veo su nombre escrito completo, me estremezco y me pregunto... Quedé destrozada después de la violación. Agradezco tener una pareja amorosa con la que me siento completamente segura, pero me llevó como 15 años llegar hasta aquí (ya llevamos más de 20 juntos). Esa es mi historia. Creo que nunca la había escrito así de completa. Gracias por todo lo que están haciendo. Todo. Todo. Gracias. Son unos héroes.

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    🇮🇪

    Sanar es apropiarse de su historia, es permitirse procesar lo que ha sucedido.

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  • Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    No tengas miedo de hablar, no significa que seas débil, significa que eres un sobreviviente.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
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    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

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    Abusada por el ginecólogo

    En mi historia de supervivencia, "Solo palabras, palabras sucias", compartí muchísimo y pasé por alto una experiencia con un ginecólogo. Fue un problema mucho mayor del que dejé ver, ya que había desencadenado mi abuso previo en la adolescencia, en mi primer trabajo. Quería que otras chicas y mujeres entendieran lo que no está bien que haga un ginecólogo. No fue hasta después de que sucedió que me di cuenta del impacto total. Me di cuenta de que me había dejado victimizar de nuevo sin intentar detenerlo. Sentí autodesprecio y ansiedad. Le escribo esta carta a ese depredador oportunista. Rompiste tu juramento. Traicionaste la confianza. ¡Eres terrible! He investigado cómo se supone que debe ser un examen de mama y pélvico y entiendo que usaste ese marco para agredirme sexualmente. Llegué tarde a la cita para obtener anticonceptivos en la clínica universitaria cuando me acababa de mudar a la universidad. Me dejaste entrar aunque no tenías una enfermera acompañante; parecía que los mandaste a casa después de meterme en la habitación. Eres hombre y eso va en contra de las normas. Compartimos nuestro primer contacto visual e ignoré tu lujuria y tu coqueteo inicial. Viste que era vulnerable y necesitaba algo de ti. Me dijiste que, como paciente nueva, tenías que hacerme un examen completo en la primera visita. Ahora creo que pudiste haber mentido. Asentí y bajé la guardia. Cuando regresaste, estaba desnuda con una bata de papel para una falsa sensación de seguridad. Estaba cohibida a pesar de tener una higiene y un arreglo impecables, pero me preocupaba no estar lo suficientemente fresca tan tarde en el día porque eras un hombre y lo convertiste en algo sexual. Examinaste mis pechos sin guantes. No dije nada. Sabía que los estabas masajeando para tu placer. Seguiste así durante cinco minutos. Creo que cinco minutos enteros mientras seguías hablando. Cuando mi jefe solía abusar de mí, solo unos segundos eran suficientes para hacerme sentir enferma y utilizada. Se sentaba sobre mi torso, comprimiendo mis costillas hasta el punto de que no podía respirar hondo y tener sexo con mis pechos, y generalmente tardaba menos que tú. ¿Recuerdas que usaste las palabras "maravilloso" e "increíble" al comentar sobre la salud de mis senos? Ambas podíamos oler el almizcle de abajo por estimularme así. Estaba avergonzada. ¡Deberías haber sido tú la que se avergonzó! Mencionaste las texturas y diste algunas instrucciones de anatomía para simular que era oficial. Hiciste preguntas al azar y compartiste historias personales como si fuera una cita. Todo el tiempo me estabas toqueteando los pechos como una pervertida. ¡Con las dos manos al mismo tiempo! Intenté encubrirte fingiendo que esto no era una locura ni una agresión sexual. Tenías el doble de mi edad y tu bigote era ridículo. Finalmente pasaste al examen pélvico. Dijiste "Muy bien" cuando levantaste la sábana de papel para ayudarme a poner los pies en los estribos. Eso no es apropiado cuando se ve la vagina de una paciente por primera vez. Explicaste cada paso desde "Voy a tocarte los muslos ahora" hasta "Respira hondo mientras inserto el espéculo". Esa parte fue rápida pero luego explicaste el examen manual que hiciste durante demasiado tiempo. Insertaste dos dedos para verificar la sensibilidad del movimiento cervical, pero frotaste mi clítoris con tu pulgar lubricado mientras lo hacías. ¡Eso estuvo mal! Explicaste que ibas a mover tu otra mano para verificar la sensibilidad de mis ovarios para verificar si había una infección, pero seguiste trabajando tu otra mano en mi clítoris y dentro de mí. ¡Me metiste lo que parecían tres dedos! Me estabas agrediendo sexualmente otra vez. Violando mi confianza. Ignorando tu juramento. Como última indignidad, palpaste las masas en el espacio entre mi vagina y recto. Dejaste tu pulgar en mi vagina mientras metías un dedo en mi ano y los movías hacia atrás, adentro y afuera explicando que pensaste que sentiste algo por un segundo, pero que se resolvió con el masaje, lo que significa que no había nada de qué preocuparse. ¡Me violaste! ¡Eso fue violación! Lo busqué y lo que estabas haciendo es una parte real de un examen, ¡pero ningún ginecólogo lo había hecho antes o desde entonces! En lugar de salir de la habitación mientras me vestía, te quedaste y me ayudaste a tenderme la ropa. ¡Totalmente inapropiado! ¡No deberías tener licencia médica! Claro que te dejé, cooperaste e incluso intenté aguantarlo y poner buena cara. Entonces era otra persona y tú simplemente continuaste mi ciclo de abuso. Pero la parte del ano fue donde sentí verdadero terror y quise irme. Me diste una tarjeta de presentación con tu nombre y me dijiste que llamara y preguntara cuándo trabajabas para programar la próxima visita. ¡Luego solo me escribiste para una recarga de anticonceptivos de 30 días! Como si volviera para que me agredieran de nuevo. ¡Abusadora engreída del poder y la confianza! ¡Me fui contigo pensando que lo disfrutaría y que te volvería a ver! ¡Me das ganas de gritar y golpear cosas! Se retrasó, pero mi ansiedad por el abuso se desencadenó esa noche y días después. Nunca volveré a ver a un ginecólogo. Tu lujuria y codicia no son mejores que las de un violador. Me traicionaste en el sistema médico y todavía siento ansiedad en cada visita al médico. Que la reacción de una chica al abuso no sea instantánea, por algún mecanismo de supervivencia, no lo hace menos doloroso. A veces incluso más, porque nos sentimos culpables por no ser fuertes y asertivas. Estabas en una posición de autoridad y abusaste de ella terriblemente. ¡Deberías estar avergonzado, doctor! ¡Deberías estar en prisión!

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

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    "Terror en la quietud de la noche"

    “EL TERROR EN LA QUIETUD DE LA NOCHE” Advertencia: Este artículo contiene referencias a abuso sexual infantil. Por Nombre El insomnio empezó a manifestarse en mi vida cuando estaba en segundo grado. Cada noche, después de que me mandaban a la cama, me quedaba despierto hasta bien entrada la noche con el corazón palpitante y el cuerpo paralizado por el terror, imaginando a un hombre con aspecto de mono y un hacha clavada en la cabeza volando por la ventana sobre mi cama, viniendo a matarme. No tengo ni idea de dónde salió esa aterradora imagen, pero la escena se repetía una y otra vez en mi cabeza hasta bien entrada la noche, hasta que finalmente sentí la dulce liberación del sueño. E incluso cuando el sueño me rescataba de esas imágenes aterradoras, eso no garantizaba que el miedo se detuviera. Varias veces a la semana me despertaba violentamente por pesadillas que me dejaban con el corazón acelerado y el terror recorriendo mi cuerpo. También era sonámbulo. A menudo, por las mañanas, mamá me contaba entre risas que me había encontrado deambulando por la casa a altas horas de la noche, mientras aún dormía. Nunca recordé esos vagabundeos nocturnos al día siguiente, ni entendí qué eran. Pero a mamá sí que le hacían gracia. En aquel entonces, mi madre estaba casada con su tercer marido, un pedófilo abusador llamado 3er Marido. No tuve una buena infancia. Desde que tengo memoria, mi madre y los diversos hombres enfermos que trajo a nuestras vidas abusaron de mí verbal, sexual y físicamente. Mi madre tuvo muchas relaciones cuando yo era pequeña: algunos novios, otros maridos. Para cuando tenía nueve años, había seis figuras "paternas" en mi vida, casi todas abusivas. Nos mudábamos a menudo. Fue una infancia solitaria y aterradora. A los nueve años, mi madre se casó con su cuarto marido, un camionero llamado 4º Marido, a quien conocía desde hacía apenas dos semanas. Después de casarse, el insomnio empeoró. 4th Husband también era pedófilo. Nací a mediados de los 60. Aparte del abuso que sufrí en casa, viví una vida relativamente protegida. Pasarían muchos años antes de que existieran las computadoras, internet o los celulares. Nuestro televisor solo tenía cuatro canales, y cada programa estaba severamente censurado. Salvo algún beso ocasional, ni una sola vez vi a nadie en la cama teniendo ningún tipo de actividad sexual. Mi educación sexual provino de mi experiencia personal: el abuso que sufrí en casa. Poco después de que mamá y 4th Husband se casaran, nos mudamos de California a Wisconsin, donde nací. Durante el viaje de regreso a Wisconsin, nos alojamos en moteles: mi hermano mayor y yo en una cama, mamá y 4th Husband en la otra. Como tengo el sueño ligero, una noche me desperté en medio de la noche con ruidos extraños en la cama de al lado. "Más fuerte, cariño, más fuerte", gimió mamá mientras 4th Husband se movía encima de ella. Mamá y 4.º Esposo tenían sexo en la cama de al lado. Aunque había presenciado a mi madre teniendo sexo muchas veces a lo largo de los años, todavía me impactaba profundamente observarlas a través del rayo de luz que se filtraba por las cortinas. Sentí náuseas al ver y oír su acto sexual. Y con cada gemido de placer, sentía cada vez más náuseas. Finalmente, me di la vuelta, apoyé las rodillas contra el pecho para calmar el malestar y lloré en silencio sobre la almohada. No pegué ojo en el resto de esa larga noche. Después de mudarnos a Wisconsin, mamá y 4.º Esposo me llevaron a su cama y comenzaron a abusar sexualmente de mí. Cada noche, cuando me mandaban a dormir, me quedaba en la cama durante horas esperando que el dulce alivio del sueño me venciera y me rescatara de los terrores nocturnos. Por suerte, el hombre con aspecto de mono y un hacha que atravesaba mi ventana se había quedado atrás cuando nos mudamos, solo para ser reemplazado por otro terror, y ese terror estaba esperando a que mamá y 4.º marido subieran a acostarse. Nunca supe si me llevarían a su habitación y abusarían de mí o si irían directamente a la suya a pasar la noche. Aunque estaba agotada mental y físicamente por la falta de sueño, mi pobre cuerpo se negaba a relajarse mientras mi mente torturada daba vueltas a cada posible escenario. A menudo seguía despierta cuando mamá y 4.º marido se acostaban. Las noches que se iban a su habitación, sabía que no tardarían en empezar a tener sexo. En cuanto oía sus voces apagadas y sus gemidos de placer, el terror me invadía y lágrimas de tristeza brotaban de mis ojos mientras recordaba aquella habitación de motel. Me daba asco saber lo que estaban haciendo. Incluso cuando terminaron y se durmieron, seguía sin poder quitarme de la cabeza los sonidos de su amor. Hasta bien entrada la noche, permanecí en mi habitación a oscuras, mirando con miedo la sofocante oscuridad. A veces pasaba un coche, un avión volaba por encima o ladraba un perro, pero aparte de eso, todo estaba en silencio. La quietud de la noche me aterrorizaba. Con el paso de los años, el insomnio empeoró. Sin darme cuenta, en algún momento, el sueño se había convertido en un monstruo sin rostro que dominaba mi vida. Durante el resto de la primaria, la secundaria y el bachillerato, rara vez dormí bien. Pasaba los días sumido en un sudario de agotamiento, y me dolía la cabeza por la falta de sueño. Cada noche, en lugar de encontrar consuelo y consuelo en la idea de un descanso reparador, lo único que sentía era un miedo creciente a medida que se acercaba la hora de dormir. Y las pesadillas seguían acosándome. Parecía que nunca podría escapar del terror de mi vida. Cuando me gradué del bachillerato, fui a la universidad. Aunque ningún miembro de mi familia obtuvo una educación superior, sabía que esa era mi salida de una vida dependiente de los demás. La mayoría de los adultos con los que crecí me habían decepcionado y solo me habían traído dolor. Aprendí que la única persona en la que podía confiar era en mí misma. Y para eso necesitaba una educación. Pero cuando me fui de casa, por mucho que quisiera dejar atrás el dolor de mi pasado, el insomnio seguía atormentándome noche tras noche. Rara vez dormía bien. A menudo me quedaba despierto durante horas en mi habitación a oscuras, dando vueltas en la cama, con la mente acelerada, preguntándome si podría dormir o cuándo, y preocupándome cómo sobreviviría al día siguiente si no descansaba lo suficiente. Era un círculo vicioso. Empecé a beber a los 14 años para aliviar el intenso dolor que sufría en casa. Beber me ayudaba a relajarme y me traía cierta felicidad, aunque fugaz. A veces incluso podía reír, algo que me faltaba muchísimo en la vida. Si hubiera podido pasar cada momento de mi infancia en un estado de euforia, lo habría hecho, pero el alcohol era difícil de conseguir desde que era menor de edad. Para cuando me gradué de la universidad, me había convertido en un alcohólico de pleno derecho. Casi todas las noches me emborrachaba hasta perder el conocimiento para intentar relajarme lo suficiente como para dormir. Rara vez funcionaba, pero seguía intentándolo. Las resacas del día siguiente siempre eran brutales y empeoraban aún más el dolor de cabeza. Pero esas pocas horas que bebía cada noche me ayudaban a relajarme y me daban algo de felicidad, aunque fugaz. Probé muchas cosas para intentar descansar: pastillas para dormir, remedios herbales, somníferos de venta libre, rezar, suplicarle a Dios que me diera sueño, pastillas con receta, relajantes musculares, Nyqil, Benadryl, terapia de masajes, hipnoterapia, acupuntura, terapia psicológica, meditación, técnicas de respiración profunda. Lo probé todo. Estaba desesperado por descansar. A menudo, alternaba las pastillas para dormir: tomaba una antes de acostarme y otra al despertar unas horas después. Por desgracia, por mucho que lo intentara, nada me quitaba ese monstruo nocturno con el que había lidiado desde segundo de primaria. Dos horas, tres horas, cuatro horas, seis horas o incluso siete en alguna noche. Estaba sumida en la miseria. Nunca se me ocurrió que el abuso que sufrí de niña me hubiera afectado. Una vez que me fui de casa, hice todo lo posible por dejar atrás los diversos monstruos de mi pasado. Rara vez pensaba en mi infancia. Pensar en mi pasado era como poner la mano sobre una estufa caliente. Así de doloroso era. Por desgracia, esos monstruos me siguieron hasta la edad adulta. Cada mañana, al despertar de una noche de sueño intranquilo, pensaba obsesivamente en cómo podría descansar lo suficiente la noche siguiente. Y esos pensamientos dominaban casi cada momento de vigilia. Desesperaba por encontrar alivio, pero no tenía ni idea de cómo conseguirlo. Y las noches de insomnio y el dolor de cabeza empeoraron la depresión que había sufrido desde la infancia. La mayoría de los días rezaba por una muerte temprana para escapar del dolor mental y físico que sufría. En mis peores días, mi mente daba vueltas en una rueda de hámster con pensamientos suicidas, cualquier cosa para escapar del dolor. Poco antes de cumplir 26 años, me casé. Unos años después, mi esposo y yo formamos una familia. Y cuando quedé embarazada, dormí como un bebé. Cada vez que apoyaba la cabeza en la almohada, mi cuerpo se relajaba de una manera desconocida para mí. Sentía como si una manta cálida y reconfortante hubiera descendido mágicamente sobre mi sistema nervioso, y dormía como un bebé. Simplemente no me cansaba de ese sueño maravilloso y reparador. Pero en cuanto nacieron mis hijos, el insomnio regresó. Criar a mi familia, trabajar en una carrera exigente, el matrimonio y el estrés de la vida diaria con poco sueño me dejaron agotada mental y físicamente. Lo único que me impulsaba a superar esos días difíciles era la inmensa cantidad de adrenalina que corría por mis venas. A medida que pasaban los años y mis hijos crecían, los problemas de sueño seguían atormentándome. Mis amigos que dormían bien no entendían por lo que estaba pasando. Algunos incluso se reían de mis dificultades. "¿Qué te pasa? ¡Duermo como un bebé!", dijo un amigo. "No, yo no, ¡nunca he tenido problemas para dormir!", rió otro. Finalmente, aprendí a callarme. Era demasiado doloroso que se rieran de mí por algo que no podía controlar. Cada mañana, aunque estaba agotada, con dolor y deprimida, ponía una sonrisa falsa y aguantaba el día lo mejor que podía. A principios de mis 50, finalmente comencé a enfrentarme a mi infancia. En ese momento, comencé a escribir un libro sobre lo que viví. A medida que los recuerdos volvían y las dolorosas palabras se derramaban sobre el papel, no pude evitar sacudir la cabeza con dolor y conmoción por lo que había soportado de niña. Pero una de las cosas que más me impactó fue lo joven que era cuando el insomnio entró en mi vida. Poco después de empezar a afrontar mi infancia, me diagnosticaron TEPT complejo debido a años de trauma infantil. En ese momento, también perdí mi carrera de más de 30 años como taquígrafa judicial debido a los graves problemas de sueño y las migrañas diarias. Ya no podía soportar las exigencias de mi estresante profesión. Mi cuerpo simplemente se rindió. Quedé totalmente devastada cuando no pude retomar la profesión por la que tanto había trabajado. Tras recibir el diagnóstico de TEPT complejo, me he esforzado por sanar de mi pasado. He escuchado y leído todo lo que he podido para ayudarme en mi recuperación. Decir que estoy motivada es quedarse corta. Todo lo que siempre he querido ha sido sentirme bien, tanto mental como físicamente, y eso es algo que pocas veces he sentido en mi vida. Al escribir esto, por fin estoy empezando a afrontar el insomnio. Sin darme cuenta, en el fondo sentía que el insomnio era una cadena perpetua. Mi madre tiene insomnio, al igual que la suya. No tengo ni idea de cuánto tiempo en mi familia se remonta la incapacidad para dormir. Crecí escuchando a diario lo agotada y miserable que estaba mi madre. Creo que, junto con el trauma que sufrí de niña, en algún momento del camino se sembró en mí la semilla del insomnio ancestral desde muy joven y creció con el paso de los años. He enfrentado muchos miedos en mi vida desde que comencé mi camino de sanación del pasado. Y casi todos esos miedos provienen del trauma que sufrí en mi infancia. Estoy decidida a vencer el insomnio. Esforzarme por hacer que mi rutina para dormir sea lo más tranquila posible ha sido fundamental. La meditación y los estiramientos suaves realmente calman mi sistema nervioso. Pero si me salto la meditación y los estiramientos nocturnos, no me estreso. Ahora que entiendo qué causó este monstruo de noches de insomnio de tantos años, estoy liberando poco a poco los muchos miedos que lo crearon y que me han mantenido cautiva durante los últimos 52 años. Es un proceso que deshace años y años de trauma. Cuando me acuesto ahora, me aseguro de estar lista, es decir, de estar cansada. Ya no me paso horas en la cama intentando dormir, preocupándome por cómo me sentiré al día siguiente si no descanso. Si no puedo dormirme, leo un buen libro o veo una película alegre, cualquier cosa que me calme los nervios. Pero lo más importante que estoy aprendiendo es a no preocuparme por cómo será el día siguiente si no descanso lo suficiente. Liberarme del miedo me ha cambiado la vida.

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    “Siempre está bien pedir ayuda”

    Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    🇮🇪

    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    11:11

    Fui agredida, agredida sexualmente por un hombre en quien confiaba, a quien admiraba. Tenía 21 años, modelaba, hacía sesiones de fotos, me estaba adentrando en la industria del modelaje. No podía imaginar lo mal que se pondrían las cosas. Mujeres que apoyaban a estos abusadores. Me manoseó por detrás y me tocó sexualmente en una sesión. Me quedé paralizada, no pude decir nada. No podía procesar lo que estaba pasando. Me llevó a casa, me dijo que jugara conmigo misma y que lo dejara mirar. Ignoré su petición y me dijo que si su esposa se enteraba, moriría de estrés (estaba enferma en ese momento) y sería MI CULPA. Lo creí firmemente y lo guardé todo durante tres meses. Lo aparté de mi mente, lo negué. Adondequiera que miraba, veía la marca de su coche, su nombre, pensaba que me seguía. Finalmente, sufrí una crisis nerviosa y fui a ver a los guardias. Fueron unos inútiles y se rieron de mi declaración de cinco páginas. No había pruebas, solo mi palabra contra la suya. Así que contrató a modelos para que leyeran guiones y les contaran a los guardias que yo estaba enamorada de este hombre y que "me lo busqué". Les dijo a todos en la industria que yo era "inestable" y que temía por su vida. Como si yo fuera la depredadora. El cobarde ni siquiera pudo presentarse... puso a todos en mi contra. Sintiéndome tan sola, me confié a mis instructores de baile, en quienes realmente confiaba. Solo para que sigan trabajando con este hombre hasta el día de hoy. Dejé de luchar porque nadie a mi alrededor me creía. Me llevó 7 años volver a abrirme sobre mi trauma. Todos los días me sigue afectando... ver su nombre por todas partes en las redes sociales. La gente lo alaba, si supieran... ¿me creerían? ¿Me arriesgo a vivir el trauma de nuevo?

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    🇺🇸

    Encontrando sanación a los 52 años

    La mía ocurrió a los 17. Estaba en el instituto y no se lo conté a nadie. Nunca olvidaré lo que "ellos" me hicieron. Partes de mí murieron esa noche. Estaba borracha, inconsciente, y desperté en una residencia universitaria solo para hombres, siendo agredida con público allí para ver. Estoy, y siempre estaré, atormentada por el hecho de que pudieran ver y tocar mi cuerpo desnudo mientras estaba inconsciente. Nunca desaparece... ni siquiera 36 años después. Hasta el día de hoy, temo ser expuesta. Mi insomnio de toda la vida, mi confianza y mi capacidad de convertirme algún día en una madre soltera y divorciada se han visto afectadas. Hay tantas partes de la vida de mi hijo que nunca podré recuperar. No me convertí en enfermera titulada hasta los 40 años. Mi silencio, mi vergüenza... los salvó. Con la ayuda de las redes sociales y un programa de fútbol americano Universitario de 1984 en eBay, encontré a los 4 chicos (ahora hombres mayores con canas y abuelos) responsables. Los confronté enviándoles una foto mía a los 17 años por mensaje de texto o correo electrónico. Fue como escribir una declaración de impacto de la víctima. Hablé con dos de sus hermanas y una esposa separada. Pasé de no saber sus nombres a reconocer a un par de ojos en ese programa de fútbol. A veces, nunca se sabe qué te llevará a cerrar el tema y a perdonarte por los años de silencio y vergüenza. Todo esto sucedió durante el último año, más o menos. Finalmente, después de 35 años, denuncié a su universidad y a la policía. Encontré el coraje para contárselo a mis padres, ahora mayores, lo cual es una historia en sí misma, a mi esposo e incluso a mis hijos adultos. Soy dueña de mi historia, acepto que ahora soy una sobreviviente. Mis agresores me privaron de buscar atención médica, la salud mental que tanto necesitaba. Y me quitaron mucho más... incluso uno de mis zapatos. Todavía recuerdo cada detalle de arrastrarme por el suelo de la residencia buscando uno de mis zapatos... que ahora sé, lo tiraron por una ventana. ERA MI ZAPATO, y también lamenté su pérdida. Esa sensación de desequilibrio rodeó gran parte de mi vida. Esa impotencia y degradación ya no forman parte de mi espíritu. Los horribles moretones que dejaron en mis muslos permanecen dispersos en cada órgano vital de mi ser. Cada vez que me siento mal y luego me recupero, me recuerda los obstáculos que soy capaz de superar. Mi justicia poética... como dijo uno de ellos el año pasado: "Siempre te he tenido presente". Y eso fue un mensaje de texto. Esa noche, se privaron incluso de darse cuenta de que algún día tendrían hijas... y las tuvieron. A mí ya no me privan de nada. Soy libre. Tú también, y todos nosotros... con determinación, encontraremos la manera de sanar. Hoy soy mucho más fuerte por compartir mi historia, revelarlas y confrontarlas. Después de todos estos años, no olvidaron lo que me hicieron. Me alegra saberlo.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.