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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇺🇾

Aprender a vivir sin querer matarme

Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Historia
    De un sobreviviente
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Mi historia es nuestra historia

    Una de las partes más difíciles de mi proceso de sanación es que no estoy del todo segura de cuál es mi historia. El abuso sexual infantil es una parte cotidiana de mi familia, tanto por parte materna como paterna. Tenía 13 años cuando me enteré de que mi abuelo había abusado sexualmente de mi madre, sus hermanas, mi hermana y probablemente de otras niñas de la comunidad. Mi mundo se hizo añicos ese día. La forma en que me sentía y me conectaba con mi familia cambió por completo. Siento que he estado gritando durante años para que alguien se diera cuenta, para que le importara que esto sucediera, para que no se normalizara. Fue más tarde en mi vida adulta cuando me enteré del abuso que habían sufrido mis primas paternas. Pude ver este dolor entretejido en la narrativa de la mujer. Durante muchos años, creí que esta era la "situación difícil de la feminidad": que debemos soportar cada capricho y comportamiento de los hombres porque o saben más o no saben más. La ironía de crecer como bautista del sur es que los hombres están de alguna manera más cerca de Dios y, por lo tanto, son más santos e inteligentes que las mujeres, pero también son incapaces de controlarse en lo que respecta a las mujeres y el sexo. A medida que crecí y reflexioné sobre esta hipocresía, me di cuenta de que yo también había sufrido abuso sexual. Estaba en preescolar cuando empezó. Visitábamos la casa de la hermana mayor de mi madre por Navidad todos los años. Ella tenía dos hijos que en ese entonces eran preadolescentes y adolescentes. El menor tenía muchos problemas de conducta, y yo estaba convencida de que era un ángel enviado por Dios para ayudar a mi familia. Mi hermano más cercano en edad tiene una discapacidad, y a esa temprana edad, sus síntomas apenas comenzaban y eran inexplicables. Vi a mis padres bajo presión, e incluso a tan temprana edad, intentaba hacer todo lo posible por ser perfecta. Así que cuando mi primo me consideró su "amiga especial" y compartió conmigo su increíble e inmensa colección de legos, sentí que era otro uso de mis habilidades: un llamado de Dios. Tuve la suerte de poder conectar con el "niño malo" e influir en él. Ahora, en retrospectiva, creo que cualquier adulto, o incluso mis hermanos adolescentes, deberían haberse preguntado por qué un niño de 13 años querría jugar exclusivamente con uno de 5, pero aquí estamos. Tengo suerte en muchos sentidos. Nunca experimenté penetración ni violencia evidente. Durante mucho tiempo, pensé que era una parte normal de su desarrollo sexual. Así que empezó cuando tenía 5 años y terminó cuando estaba en cuarto o quinto grado, alrededor de los 10. En ese momento, él tendría 17 o 18 años. Jugábamos a "hacer como si". Recuerdo específicamente fingir ser Jack y Rose de Titanic. Me hacía posar desnudo, me besaba y me montaba. Este tipo de "juego" ocurría durante las vacaciones, eventos especiales, graduaciones y cosas así, en mi casa o en la suya. Recuerdo una ocasión específica en la que él y mi tía nos visitaron. Creo que ella y mi madre simplemente estaban pasando el rato, lo cual era raro. Mi madre buscaba desesperadamente la aprobación de sus hermanas, así que esta visita fue crucial. Ella y mi tía me hablaron de lo increíble que era que mi primo se portara mejor cuando yo estaba cerca; incluso usaron el término "amigo especial". Me advirtieron seriamente que no lo dejara jugar con mis Barbies. Se había metido en problemas por desviación sexual y bajo ninguna circunstancia debía dejar que tocara mis muñecas. Bueno, yo tenía unos 7 u 8 años en ese momento y él 15 o 16, así que puedes imaginarte cómo fue. Mutiló a mis Barbies: les cortó la cabeza y la cara, las desnudó a todas, hizo una "furgoneta de Barbie desnuda", y realizó actos sexuales entre ellas. Recuerdo que intenté con todas mis fuerzas redirigir la situación, pero él tenía la herramienta perfecta para controlarme. Todavía puedo oír su voz: "Los adultos se enfadarán contigo si les cuentas sobre nuestra fantasía especial. Eres una niña muy madura para tu edad". Sabía que no quería que mi madre supiera que había estado fingiendo tener sexo. Yo también estaba en problemas después del incidente con Barbie. Mi madre estaba decepcionada conmigo. No recuerdo el castigo exacto, pero probablemente tuve más tareas y no me permitieron usar la computadora por un tiempo. Solo puedo imaginar si ella supiera la magnitud de nuestro "juego". Alrededor de los 10 años, fuimos por Navidad. Recuerdo la sensación en el estómago, ese ardor de culpa. (Sigue ahí hasta hoy. Luchando contra las náuseas y vomitando después de casi cada comida. ¡Me encanta el síndrome del intestino irritable!). Me daba pavor tener que jugar con él. Ese año, se exhibió ante mí. Quería que lo tocara, pero creo que sabía que se había excedido. Me estaba haciendo mayor, tenía vello en las axilas, y mi madre nos había hablado muchísimo a mi hermano y a mí sobre nuestras partes íntimas por su propia experiencia. Sin embargo, no creo que considerara que otro niño pudiera hacernos daño. Me enseñaron a desconfiar de los hombres adultos, de los desconocidos. Así que mi cumpleaños es en enero, y recuerdo que la culpa me carcomía después de esa Navidad. Había redoblado sus tácticas de intimidación y yo sabía que no podía acudir a un adulto. Recuerdo que pensé que realmente quería sentirme mejor antes de mi cumpleaños. Así que se me ocurrió contárselo a mi hermano; después de todo, él no era un adulto. Inmediatamente se lo contó a mi madre, quien luego llamó a su hermana. Recuerdo estar sentada a sus pies en el suelo de la cocina mientras ella discutía con su hermana. No dijo mucho ni ofreció ninguna explicación. Me hizo jurar que nunca se lo diría a mi padre, y dejamos de visitar a mi tía tan a menudo después de eso. Cuando estaba en el instituto, mi madre tuvo cáncer y murió. Estuvo muy, muy enferma durante unos nueve meses, y durante su primera hospitalización, querían que me quedara con mi tía. Estaba muerta de miedo. Mi primo había vuelto de la universidad y también estaría allí. Recuerdo que enseguida se me saltaron las lágrimas y le rogué a mi madre que no me hiciera ir. Mi padre estaba en la habitación, así que no puedo explicarme. Mi madre me regañó por egoísta y me dijo que tenía que hacer esto, para ser indulgente con ella y mi padre. Recuerdo que me tocó el trasero con mucha torpeza en una tienda de artículos de oficina, y sorprendentemente le dije que no podía tocarme, que ya no era una niña. No tengo ni idea de dónde salió esa autonomía, ¡pero estoy muy orgullosa de mí a los 15 años! Mi tía me ofreció quedarme en una habitación más grande abajo durante ese tiempo, pero me aseguré de quedarme en la suite de invitados contigua a la principal y cerré la puerta con llave todas las noches. Aquí estoy, 17 años después, y tuve que verlo por primera vez desde que me gradué del instituto el año pasado. Mis hermanos, mi padre y yo hemos estado prácticamente distanciados de la familia de mi madre desde su muerte. Todos nos quedamos impactados al ver a mi tía y a su familia asistir al funeral de uno de mis hermanos fallecidos. Fue mortificante volver a verlo. Una descarga eléctrica me recorrió todo el cuerpo. Me temblaba la pierna sin control. Sollozaba tan fuerte que tuve que salir de la habitación. Y una vez más, sentí esa desconexión con mi familia, que continúa con esta narrativa de que soy egoísta, mentirosa/exagerada, demasiado emocional. La familia es la parte más difícil de mi proceso de sanación. A estas alturas, ni siquiera estoy segura de tener familia. Termino casi todas las llamadas con mis hermanos conmocionados, preocupados, menospreciados y exhaustos. No puedo tener relaciones sanas con mis sobrinos y sobrinas por mucho que lo intente. Siempre soy la desviada para ellos. Hoy, vivo al otro lado del país y estoy formando mi propia tribu. Quiero estar rodeada de personas que entiendan el amor incondicional y quieran proteger a los niños. Las historias de mi madre, mi hermana, mi tía y mi prima son todas mías. Al igual que la mía es la de ellos. Este abuso se transmite en nuestro ADN, es compartido entre nosotros a pesar de las diferencias entre nuestros agresores y experiencias. Durante mucho tiempo, minimicé lo que me sucedió como una exploración sexual normal de un niño pequeño. Y aunque reconozco que el comportamiento de mi abusador fue una señal del abuso que estaba sufriendo, no pasa por alto el impacto de estar expuesta al sexo y la intimidad a los 5 años. He tenido muchas dificultades interpersonales y para desarrollar relaciones. Durante mucho tiempo, no pensé que fuera capaz ni mereciera tener relaciones sanas. Pensé que mi familia era sana. Si hay un mensaje importante que quiero compartir con otros sobrevivientes, es que ¡hay una luz al final del túnel! Hay gente ahí fuera que te creerá y te protegerá. Hay espacio para ti. La aceptación es difícil, y no estoy segura de haber aceptado del todo lo que me pasó a mí y a mi familia. Pero ayuda ver a tantos otros alzar la voz. Sentir que finalmente tenemos una plataforma, y tal vez la gente no esté escuchando como me gustaría, pero la conversación está sucediendo. ¡Ni siquiera los hombres poderosos deberían salirse con la suya!

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇦🇱

    Me convertí en la persona que necesitaba para ayudarme de niño. Pero todavía me siento impotente para generar un cambio. Mi esperanza es que algún día, estos monstruos rindan cuentas por lo que nos han arrebatado.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇱

    Llámame Sky

    Hola, soy de Sudáfrica, pelirroja. Creo que es importante saber que era de clase media, blanca y supuestamente bastante protegida. Aun así, esto me pasó. No fue un extraño quien causó "una noche de violencia", sino un tipo de abuso mucho más siniestro que duró cuatro años y que me ha trastornado toda la vida. Empezó a los 14 años, ahora tengo 46 y por fin estoy lista para hablar. Todavía me da miedo hacerlo, todavía me da miedo poner mi nombre en ello. Estoy tan condicionada a creer que me perseguirán más, que nadie me creerá o que me volverán a vilipendiar. Pero también es la razón por la que siento que tengo que romper con esa atadura ahora y contar la verdad de lo que pasó, por primera vez. Quiero ayudar a las chicas a encontrar su voz más rápido que yo. Quiero que no sufran durante años como yo. Si mi historia puede ayudar a una sola persona... entonces valió la pena contarla. No estoy lista para que me lo cuenten todo, todos hemos pasado por eso, sabemos cómo se nos va la mente cuando no podemos afrontar una violación. Mi mente se bloqueó tanto que mi testimonio sería inconexo, las fechas se acabaron, me quedé con imágenes y sentimientos que resurgieron unos diez años después. Sucedieron, pero no pude organizarlos con precisión en una cronología. Así que, en lugar de eso, un resumen. Mis amigos se juntaban en una granja después de la escuela, montando a caballo. El hermano mayor de una chica se interesó por mí. Tenía 14 años, era socialmente torpe y bastante callada. Fue agradable recibir la atención; a mi madre le pareció adorable y se derritió ante la idea del amor joven. Recuerdo que no sentí gran cosa, la verdad, no me dio un vuelco el corazón al pensar en él, pero a todos los demás les pareció una gran idea y me incluían mucho más, así que empezamos a salir. Recuerdo que el principio fue bastante clásico, me trató bien, y la verdad es que no puedo precisar cuándo empezó a cambiar. Tuvimos sexo antes de cumplir los 15, y puedo decir que no me impresionó demasiado; fue un desastre e incómodo, y no era algo que quisiera volver a hacer. Creo que ese fue probablemente el comienzo de los problemas posteriores. Pero aunque me obligaron, no habría usado el término violación en ese caso. Lo que vino después fue que él quería más, cuando yo no. Lo que empezó como coerción se intensificó con el tiempo. Por un lado, mis amigos me daban prestigio por haber tenido sexo, pero por otro, no era algo que esperara con ilusión, pero no quería perder a mis amigos, mi estatus, las invitaciones a fiestas, la aprobación de mi familia y la suya, etc., así que no quería necesariamente perder la relación. Pero recuerdo que empezó a doler, probablemente porque no me involucraba en absoluto, y que me doliera me hacía aún menos entusiasta. Intentaba decir que no, pero él me agotaba con cosas como «Pero tú me quieres, ¿verdad?». Cuando eso dejó de funcionar, empezó a golpearse a sí mismo, hasta que cedí. Y cuando eso dejó de funcionar, la violencia llegó a mí. Ahora era una violación en toda regla. Pero aparentemente con el respaldo de mi familia y amigos. No, no dije nada al respecto, no tenía amigos cercanos en quienes confiar y mi familia parecía estar de acuerdo con la relación; parecía que a nadie le importaba especialmente lo que yo pensara. Tengan en cuenta que en ese momento no tenía ni idea de que esto fuera una violación; definitivamente creía que era una relación normal y sana, ya que no tenía nada con qué compararla. Sin embargo, empecé a enfadarme porque no me escuchaba, le había dicho que no y él me ignoraba. Me hizo sangrar ahí abajo. Y ya estaba harta. Tenía 17 años y me había dado cuenta de que mis amigos no eran mis amigos porque les parecía bien. La aprobación de mis padres me parecía una traición. Finalmente decidí que las supuestas ventajas no merecían la pena. Claro que escaparme no sería fácil; él ahora era una figura central en mi vida. Recuerdo cosas concretas, como que le dije que no a dormir en casa el viernes, así que él les preguntó a mis padres y lo organizaron. Ya podía conducir, así que llegué a casa del colegio y, ¿adivina quién se quedaba a cenar? Salí con mis amigos y él estaba allí. Como lo ignoraba constantemente, me empujó escaleras abajo delante de todos. Decidió dar un paseo para refrescarse. Cuando llegué a casa, ¿adivina quién ya estaba en mi cama? En ese momento estaba realmente confundida, era imposible que nadie se diera cuenta de que estaba en problemas. Los moretones, los arrebatos, ya no se limitaban a la habitación. Sé que lo habría visto en otra persona, pero nadie me rescató, nadie me defendió de él, estaba sola para luchar contra esto. Intenté poner límites; no iría a eventos grupales si él estaba allí. Así que organizó un día en el parque e hizo que todos dijeran que no iría. Cuando llegué, tenía una cesta de picnic y una manta e insistió en que me sentara con él mientras todos los demás iban a jugar al fútbol. Este era su intento de recuperarme. Para que todos mintieran y aislarme aún más. Pensé que hice un buen trabajo al dejar claro que habíamos terminado, que no quería volver a verlo. Que estaba preparada para perder a mis "amigos" por esto. Tenía un as más bajo la manga. Una cena para el patio. Todos iban en grupo a un restaurante, padres e hijos, todos. Intenté decirles a mis padres que no quería ir, pero dijeron que no tenía opción. No podía hacerlos quedar mal. Les pedí a mis amigos de confianza que por favor no lo dejaran sentarse a mi lado. Lo intentaron, pero literalmente los empujó. Me susurró en la mesa que se suicidaría si lo dejaba. Ese fue el momento que recuerdo con tanta claridad, nadie vendría a salvarme, tuve que decidir mi propio valor allí mismo. Primero pensé en el suicidio, si me quitaba la vida, esta pesadilla terminaría, podría ser libre. Luego pensé, ¿qué hacía que su vida valiera más que la mía? ¿Y por qué debería quedarme por una amenaza como esa? ¿Qué probabilidades había de que realmente lo hiciera? ¿Y me importaría? Una parte de mí pensaba que debía hacerlo, porque lo que me estaba haciendo era tan injusto. Solo quería que me permitieran irme. Pero parecía que esas eran mis opciones: quedarme y morir o luchar. Él o yo. Ahora era cuestión de vida o muerte. Luchar o morir. Me volví hacia él y le puse en evidencia. "Hazlo entonces, porque ya no soy de tu propiedad". Podría escribir ensayos sobre lo que quise decir en ese momento, pero él también tenía claro el cambio. Ahora estaba preparada para luchar, costara lo que costara. Lo ignoré por completo, tanto que no recuerdo nada de lo que me dijo. Sé que alguien debió haber oído fragmentos, estaban todos ahí, pero nunca me había sentido tan sola. Así que no pudo soportar que lo ignoraran, me agarró del brazo y me mordió. El dolor punzante me sacó de mi castillo mental e hice algo que nunca había hecho: di un primer golpe y le di un puñetazo en la sien con el dorso de la mano tan fuerte como pude. Y estalló el caos. Todos saltaron, nos agarraron a él y a mí y nos separaron. Las chicas me llevaron al baño. Para ser honesto, me sorprendí, como si no supiera qué era todo ese alboroto, si nunca les había importado. (Sí, quizás no lo supieron hasta entonces, aunque en mi mente, todavía no puedo entender cómo fue posible). Resulta que todas vieron el puñetazo y querían saber por qué lo había hecho. Pregunté si vieron la mordida... nadie la había visto... ¡Qué demonios! Levanté la manga y expuse la marca de la mordida, ya amoratada y sangrante, en mi brazo, con sus dientes reales marcando mi piel. Nunca había visto una mordida tan mala de un ser humano en mi vida. Fue brutal. Dije que no me acercaría a él otra vez. Los chicos se lo llevaron al otro baño. No sé qué dijeron o hablaron por ahí, pero se lo llevaban a casa y volverían. Incluso lo comprobé, su casa, no la mía otra vez. Esta vez lo dejé muy claro. Así que la noche terminó, y por fin llegamos a casa. Tenía un amigo durmiendo en mi casa, pero no recuerdo bien de qué hablamos mientras nos preparábamos para dormir, solo sé que me sentí muy aliviada de poder separarme de él. Lo había logrado, le había plantado cara. Pero entonces mi madre llamó a mi puerta: «Vístete, tenemos que ir al hospital, se lastimó». Mi madre llevó a mi amigo aparte, pero no me dio detalles. Solo recuerdo estar completamente desanimada, ¿cómo no iba a terminar esto? Ahora todos se pondrían de su lado otra vez, ¿cómo se atrevía a hacer esto? ¿Por qué no podía dejarme en paz? Cuando llegamos, todos lloraban menos yo. Solo entonces me enteré de que había cogido la pistola de su padre y se había disparado, pero seguía vivo. Estaba muy conmocionada y perdida en mis pensamientos; no recuerdo mucho de lo que dijeron, estaba luchando en mi propia guerra interior, me sentía enfadada y engañada. Llegó la noticia de que había muerto en la mesa de operaciones. Todos lloraron desconsoladamente, menos yo. Creo que esto ya se estaba notando. Caí en depresión, no porque él estuviera muerto, sino porque me había robado mi victoria. Los meses siguientes fueron un borrón, pero algunos momentos destacados sobresalieron. Mis amigos me culparon de matarlo porque él también les había dicho que si me iba, se suicidaría, y de mi dura respuesta. Cuando intenté hablar del abuso, me llamaron mentirosa y me acusaron de hablar mal de los muertos. Dijeron que lo inventé para llamar la atención. Nadie podía mirarme ya. Mis propios padres no podían simplemente hablarme de ello, me llevaban constantemente a desconocidos (psicólogos), pero yo no los conocía y ¿hablaba de qué? Mi mente había ocultado tanto de ello que no podría explicarlo ni aunque lo intentara. Ese grupo de amigos continuó atacándome durante años después y son la razón por la que todavía siento que no puedo hablar de lo que pasó sin represalias. Intenté fingir tristeza, pero ¿cómo podría? No apreté el gatillo, fue su decisión. Y siento que lo hizo por culpa y venganza, porque sabía que había encontrado mi voz e iba a contarles a todos lo que me había estado haciendo. También no puedo evitar pensar que es mejor que esté muerto porque si no me lo hacía a mí, definitivamente se lo haría a otra persona. No merecía vivir (una opinión muy impopular). Solo quería que me dejaran ir. En cambio, me silenció desde la tumba. Y esto es lo que más necesito decir... que el que no me creyeran causó más daño que la violación y el abuso en sí. Al final, nadie me creyó, excepto mi hermano menor, quien tampoco pudo hacer nada para ayudarme. Abandoné el bachillerato, estaba reprobando todo de todos modos, como si después de una pelea a muerte, la escuela me pareciera una tontería. Creo que hubo como tres meses en los que no me levanté de la cama, dejé de ducharme, simplemente no me importaba. Todas las personas que se suponía que debían protegerme me habían dicho sistemáticamente que no importaba, así que ¿qué sentido tenía intentarlo? Al final me levanté, pero era una adolescente llena de angustia e ira. Les falté el respeto a mis padres, bebí mucho, probé drogas e hice un montón de estupideces. Y a menudo me culpaban aún más por ello. La gente simpatizaba con mi madre o con "su" familia. Era una mala persona con mala actitud. Y todavía no entiendo cómo nadie podía ver cuánto dolor sentía. Me recuperé y he hecho todo lo posible por tener una buena vida, pero los sentimientos de no ser digna de amor, de no poder confiar y de asumir que de todos modos nunca me creerían, esos sentimientos nunca se han ido. Todavía no sé cómo deshacerlos. Esta programación ocurrió en una etapa tan crucial de mi desarrollo que toda mi visión del mundo está contaminada por el trauma. Nadie debería tener que pasar por esto. Ese hombre me arrebató la inocencia y la autoestima. Todos los demás me arrebataron la confianza. Cosas que no se pueden recuperar con un chasquido de dedos. Estoy rota, y probablemente siempre lo estaré, por algo que me pasó de niña. Algo que nunca fue mi culpa. Sé que el mal existe. Pero... me volví muy buena ayudando a caballos problemáticos, porque sé que las rabietas y los arrebatos esconden dolor. He ayudado a muchas chicas jóvenes hasta la edad adulta, porque conozco las señales del abuso. He dedicado mi vida a intentar ayudar a quienes no tienen voz, porque sé exactamente cómo se siente. Espero que eso sea suficiente para contrarrestar todo mi desgarramiento. Mi razón para contar esta historia es destacar el daño causado después del hecho. En muchos sentidos, creo que podría haberme mantenido fuerte a pesar del abuso; fue el hecho de que no me escucharan después lo que me destrozó. Que no me creyeran fue lo que más me dolió, y ser acusada de asesinato es ridículo; solo era una chica joven sin habilidades, que se vio envuelta en una pesadilla, luchando por su vida. Sé que si hubiera estado allí en su casa, lo cual podría haber sido plausible, me habría matado. Pero en cambio, tal como se desarrolló, su suicidio me robó la victoria. Así que al diablo con él, lo diré: gané. Desafortunadamente lo que gané fue una vida sintiéndome aislada e inútil. Para cualquiera que esté atrapado en una relación abusiva, tu vida está 100% en juego, ¡¡¡luchas!!! Pero debes saber que la verdadera batalla vendrá después, cuando intentes contar tu historia. Sigue intentándolo, encuentra a personas como yo que te crean, como estoy tratando de hacer de nuevo ahora mismo. Porque es importante. Si solo una persona hubiera dado un paso al frente para protegerme, habría hecho una gran diferencia que habría cambiado mi vida. Todavía necesitamos más conciencia de las señales de abuso, porque todavía no puedo entender cómo nadie sabía por lo que estaba pasando. No hay forma de que no hubiera señales, es imposible de comprender. Necesitamos ser conscientes, necesitamos estar preparados para defender a los que no tienen voz, verlos, escucharlos, ayudarlos y defenderlos. Créeles. Ningún joven de 14 años inventa mierda como esa para llamar la atención, eso es lo más tonto que he escuchado en mi vida.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    De un sobreviviente
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    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Survivor y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me ayudó a sujetarme. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23, quizá 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, él también violaba a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras violaban a otros. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba con fuerza con un trapo rojo que usaba para limpiar el garaje. Eso le permitía tener el trapo cerca para olerlo y sostenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convirtió en el monstruo, nadie hizo nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los buenos momentos para facilitar sus ataques. Te adormecía con una falsa sensación de seguridad y paz que realmente te hacía cuestionar tu intuición e instintos de que era un mal hombre. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecí, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas; cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo forzar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que me hicieron fue a los 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más el abuso por parte de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero todavía no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía, Dios lo perdonaba, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo escuché manipulando a otro familiar para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. Los hombres de nuestra familia también fueron manipulados para ser abusadores. A mí también. Para ser siempre la abusada. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les pasa a quienes se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, crecí con una ansiedad terrible por la posibilidad de ser agredida sexualmente y me esforcé por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba la ropa que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente seguirá llevándome años, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y, antes de eso, vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abrió hogares por todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que salvaba a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños de los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia, y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años, y mi padre viajaba por todo el país recaudando fondos y predicando el lema oficial: los hombres eran como dioses y las mujeres, menos que la basura; su único valor residía en ser vírgenes y luego en fábricas de bebés una vez casadas. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron el tipo de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los sucesos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callado. Todos los días, durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" estaba causando un pecado generacional a cuatro generaciones. La presión para callar y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que habría preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar de todo el trauma que descubrí que mi padre fingió su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví de pequeña. Pero, déjenme decirles, saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, realmente me impulsó a hablar. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Incluso más difícil que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal, aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para presentar demandas penales y civiles contra mis agresores, pero el plazo de prescripción de Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a hablar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre las intersecciones del trauma, la fe y la defensa. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y defender la Ley de Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio es lo que permitió que personas como mis padres continuaran sufriendo maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurarme de que la justicia no se vea minimizada por los acuerdos de confidencialidad y los plazos de prescripción. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, audiencias de crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en mentorizar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente quiero para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

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    De un sobreviviente
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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    De un sobreviviente
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    Abusada por el ginecólogo

    En mi historia de supervivencia, "Solo palabras, palabras sucias", compartí muchísimo y pasé por alto una experiencia con un ginecólogo. Fue un problema mucho mayor del que dejé ver, ya que había desencadenado mi abuso previo en la adolescencia, en mi primer trabajo. Quería que otras chicas y mujeres entendieran lo que no está bien que haga un ginecólogo. No fue hasta después de que sucedió que me di cuenta del impacto total. Me di cuenta de que me había dejado victimizar de nuevo sin intentar detenerlo. Sentí autodesprecio y ansiedad. Le escribo esta carta a ese depredador oportunista. Rompiste tu juramento. Traicionaste la confianza. ¡Eres terrible! He investigado cómo se supone que debe ser un examen de mama y pélvico y entiendo que usaste ese marco para agredirme sexualmente. Llegué tarde a la cita para obtener anticonceptivos en la clínica universitaria cuando me acababa de mudar a la universidad. Me dejaste entrar aunque no tenías una enfermera acompañante; parecía que los mandaste a casa después de meterme en la habitación. Eres hombre y eso va en contra de las normas. Compartimos nuestro primer contacto visual e ignoré tu lujuria y tu coqueteo inicial. Viste que era vulnerable y necesitaba algo de ti. Me dijiste que, como paciente nueva, tenías que hacerme un examen completo en la primera visita. Ahora creo que pudiste haber mentido. Asentí y bajé la guardia. Cuando regresaste, estaba desnuda con una bata de papel para una falsa sensación de seguridad. Estaba cohibida a pesar de tener una higiene y un arreglo impecables, pero me preocupaba no estar lo suficientemente fresca tan tarde en el día porque eras un hombre y lo convertiste en algo sexual. Examinaste mis pechos sin guantes. No dije nada. Sabía que los estabas masajeando para tu placer. Seguiste así durante cinco minutos. Creo que cinco minutos enteros mientras seguías hablando. Cuando mi jefe solía abusar de mí, solo unos segundos eran suficientes para hacerme sentir enferma y utilizada. Se sentaba sobre mi torso, comprimiendo mis costillas hasta el punto de que no podía respirar hondo y tener sexo con mis pechos, y generalmente tardaba menos que tú. ¿Recuerdas que usaste las palabras "maravilloso" e "increíble" al comentar sobre la salud de mis senos? Ambas podíamos oler el almizcle de abajo por estimularme así. Estaba avergonzada. ¡Deberías haber sido tú la que se avergonzó! Mencionaste las texturas y diste algunas instrucciones de anatomía para simular que era oficial. Hiciste preguntas al azar y compartiste historias personales como si fuera una cita. Todo el tiempo me estabas toqueteando los pechos como una pervertida. ¡Con las dos manos al mismo tiempo! Intenté encubrirte fingiendo que esto no era una locura ni una agresión sexual. Tenías el doble de mi edad y tu bigote era ridículo. Finalmente pasaste al examen pélvico. Dijiste "Muy bien" cuando levantaste la sábana de papel para ayudarme a poner los pies en los estribos. Eso no es apropiado cuando se ve la vagina de una paciente por primera vez. Explicaste cada paso desde "Voy a tocarte los muslos ahora" hasta "Respira hondo mientras inserto el espéculo". Esa parte fue rápida pero luego explicaste el examen manual que hiciste durante demasiado tiempo. Insertaste dos dedos para verificar la sensibilidad del movimiento cervical, pero frotaste mi clítoris con tu pulgar lubricado mientras lo hacías. ¡Eso estuvo mal! Explicaste que ibas a mover tu otra mano para verificar la sensibilidad de mis ovarios para verificar si había una infección, pero seguiste trabajando tu otra mano en mi clítoris y dentro de mí. ¡Me metiste lo que parecían tres dedos! Me estabas agrediendo sexualmente otra vez. Violando mi confianza. Ignorando tu juramento. Como última indignidad, palpaste las masas en el espacio entre mi vagina y recto. Dejaste tu pulgar en mi vagina mientras metías un dedo en mi ano y los movías hacia atrás, adentro y afuera explicando que pensaste que sentiste algo por un segundo, pero que se resolvió con el masaje, lo que significa que no había nada de qué preocuparse. ¡Me violaste! ¡Eso fue violación! Lo busqué y lo que estabas haciendo es una parte real de un examen, ¡pero ningún ginecólogo lo había hecho antes o desde entonces! En lugar de salir de la habitación mientras me vestía, te quedaste y me ayudaste a tenderme la ropa. ¡Totalmente inapropiado! ¡No deberías tener licencia médica! Claro que te dejé, cooperaste e incluso intenté aguantarlo y poner buena cara. Entonces era otra persona y tú simplemente continuaste mi ciclo de abuso. Pero la parte del ano fue donde sentí verdadero terror y quise irme. Me diste una tarjeta de presentación con tu nombre y me dijiste que llamara y preguntara cuándo trabajabas para programar la próxima visita. ¡Luego solo me escribiste para una recarga de anticonceptivos de 30 días! Como si volviera para que me agredieran de nuevo. ¡Abusadora engreída del poder y la confianza! ¡Me fui contigo pensando que lo disfrutaría y que te volvería a ver! ¡Me das ganas de gritar y golpear cosas! Se retrasó, pero mi ansiedad por el abuso se desencadenó esa noche y días después. Nunca volveré a ver a un ginecólogo. Tu lujuria y codicia no son mejores que las de un violador. Me traicionaste en el sistema médico y todavía siento ansiedad en cada visita al médico. Que la reacción de una chica al abuso no sea instantánea, por algún mecanismo de supervivencia, no lo hace menos doloroso. A veces incluso más, porque nos sentimos culpables por no ser fuertes y asertivas. Estabas en una posición de autoridad y abusaste de ella terriblemente. ¡Deberías estar avergonzado, doctor! ¡Deberías estar en prisión!

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    #20

    A los cuatro años, mi madre solía llevarme a la cajuela de su Jeep y me golpeaba durante 20 o 30 minutos seguidos. Me pegaba, me jalaba el pelo y me gritaba groserías. El abuso físico duró hasta los 11 años, y solo paró cuando intervino la CPS. Mi padre lo sabía; no hizo nada. A los 6 años, otra chica abusó sexualmente de mí en la escuela. Mi madre me dijo que no era abuso sexual y que solo estaba "jugando". A los 11 años, los chicos del barrio abusaron sexualmente de mí. Eran adolescentes y me tocaban inapropiadamente, me frotaban el pene y me contaban chistes inapropiados. A esa misma edad, varios chicos a los que consideraba amigos también me hicieron sexo oral en la cara. A los 16 años, un hombre de 26 años me violó. Me acosó desde los 14 años y me convenció de que era una persona fiable. En ese mismo momento, fui violada por un chico de 23 años al que conocía desde hacía dos años y al que consideraba seguro. Me llevó a una habitación donde podíamos estar "a solas" y luego me abusó sexualmente. Lloraba y le decía que parara, pero no paró. Salí con él tres meses después, y continuó presionándome para tener sexo y abusando emocionalmente de mí. A los 14 años, empecé a sufrir acoso en línea. Comporté mal dándole mi número de teléfono y dirección a alguien en quien confiaba, y los publicó en 4chan (un foro público de imágenes). Me acosaban a diario: recibía amenazas de muerte, llamadas amenazantes y llamadas a mi escuela. Luego descubrí que la persona en quien confiaba había asesinado a una chica en su ciudad natal, y que tenía pruebas de que yo sería la siguiente víctima. A los 17 años, mi padrastro me agredió físicamente y casi me rompe la muñeca. Me apagó un cigarrillo en la cabeza, me estranguló y me amenazó. Mi madre observaba, con el teléfono en la mano, y me dijo que era culpa mía por "no irme cuando me lo dijo". La única ayuda que recibí fue la de un vecino que me vio salir corriendo de casa, cubierto de sangre. Ese mismo año, me echaron de casa porque me negué a levantar la orden de alejamiento de mi padrastro, y mi madre me dio un ultimátum. Me negué y me fui a vivir a otro lugar. A los 18 años, me mudé con mi primer novio serio. Era abusivo y me engañó varias veces. Me insultaba de mil maneras y amenazaba con hacerme daño y con romper mis pertenencias. No me escapé hasta que cumplí 19 años. A los 20, me mudé con mi padre. Mi madrastra estaba celosa de nuestra relación, me agredió físicamente y me echó de casa el día que cumplí 21. Mi padre no hizo nada más. A los 21 años, desarrollé bulimia y anorexia potencialmente mortales y comencé a beber en exceso para automedicarme. Mi prometido me ayudó a superar estos trastornos y me salvó la vida. Ahora tengo 24 años y tengo muchas relaciones estables y saludables, tanto de amistad como de amor. También recibo ayuda con medicamentos para el TEPT complejo, el TAG y el trastorno depresivo mayor. También comencé terapia recientemente y estoy aprendiendo a afrontar mis traumas y a seguir adelante. Es difícil, y hay muchas cosas que recuerdo cada día que me causan pánico, pero quiero sanar y recuperar mi inocencia, mi poder y mi autoestima.

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    De un sobreviviente
    🇫🇷

    Relato de mi experiencia en COCSA (tw: detalles de abuso sexual, incesto)

    Tenía siete años. Era mi primo, un año mayor que yo. Mi madre había invitado a su familia a cenar en Pascua. Ocurrió cuando jugábamos solos después de comer. Él introdujo en nuestro juego de simulación la idea de que éramos amantes. Yo no jugaba a ser amantes, nunca se me había pasado por la cabeza hacerlo con nadie, y mucho menos con mi primo. Pero no podía concebir que otro niño propusiera algo más retorcido que una simple tontería infantil, y para mi mente infantil, el juego de simulación era todo falso, así que lo concibí como un juego inocente. Entonces empezó a darme instrucciones: que me quitara la ropa interior, que me tumbara de cierta manera en el suelo, que abriera las piernas. Debo recalcar que desconocía incluso la existencia del sexo, y que en un entorno donde me sentía segura —en casa jugando con mi primo en una cultura que promueve abrumadoramente todo lo contrario al hastío familiar—, yo estaba completamente desprevenida. Obedecí. Por la forma en que me decía que hiciera las cosas, era obvio que era plenamente consciente de mi ingenuidad. Lo esperaba. Más allá de lo esperado, claramente contaba con que no encontraría oposición. Decidió ocultarme lo que pretendía hacerle a mi cuerpo, dentro de mi cuerpo, hasta que simplemente lo hizo. Sacó su pene por un agujero enorme en sus pantalones que no había notado antes y penetró mi vagina antes de apoyarse en mí para meterme la lengua en la boca. No sabía qué era nada de eso. Ni siquiera registré este último acto como un beso. Mi concepción de los besos eran picotazos o palmadas, que solo he dado en las mejillas de mis padres. Espero que mi insistencia en mi mentalidad de niña pequeña no te moleste, simplemente es muy importante para mí que quien lea esto entienda lo inconsciente que estaba. Seguía pensando que solo estábamos jugando, así que lo racionalicé como contacto físico inocente. Imité su lengua enrollándose contra la mía. Él presentó esas acciones en el juego como pruebas de amor. Estoy convencida de que sabía lo que hacía. Un niño que realmente confundiera el sexo con un juego infantil habría intentado abordar el acto con su compañero en igualdad de condiciones debido a la intensa interacción física, no al contrario, apoyándose en el desequilibrio en sus conocimientos para salirse con la suya. Su motivación no era jugar conmigo, sino usar mi cuerpo para la gratificación sexual, y el juego era solo su pretexto para hacer que eso sucediera conmigo, siendo yo maleable. Me manipuló y abusó de mi inocencia. Sin importar cómo entró en contacto con el sexo por primera vez, demostró un vil derecho sobre mi cuerpo. No recuerdo con claridad la cronología de la agresión. Recuerdo que lo hizo dos veces esa tarde. Recuerdo que la empleada doméstica entró y me señaló. Gritó mi nombre y dijo que se lo diría a mi madre. Recuerdo angustiada, temiendo haber hecho algo mal, sintiéndome muy confundida y avergonzada. Recuerdo verlo a él y a su familia salir de casa mientras dudaba en decir algo (no creo que la empleada doméstica fuera inmediatamente con mi madre o tal vez estaba ocupada). Mantuve la boca cerrada en ese momento, pero después de que se fueran, busqué a mi madre. Le conté lo que había hecho. Estaba perdida, completamente angustiada, casi sollozando. Mi hermana de doce años también estaba en la habitación. Casi se rió de lo que dije y mi madre exclamó con asombro y disgusto: "¡¿Cómo pudiste dejar que tu hermano te acariciara?!" (En mi cultura es común referirse a los primos como hermanos, aunque no fuéramos muy unidos). Siguió regañándome. "¿Sabes cómo se llama lo que hiciste? ¡Se llama incesto!" (Estaba tan desorientada que durante varios años pensé que al sexo en general se le llamaba incesto). "¡¿Sabes que podrías estar embarazada ahora mismo?!" (Así aprendí de dónde vienen los bebés; además, todavía no entiendo por qué me dijo eso a los siete años). Estaba completamente mortificada, presa del pánico. Me sentía repugnante y sucia. Su reacción me convenció de que no era una víctima, sino cómplice de una abominación. Tan culpable como mi primo por dejar que me tocara. Sus reprimendas sellaron el autodesprecio en mi interior. "¡No vuelvas a hacer eso o se lo diré a tu padre!", y luego nunca más se volvió a hablar del asunto. Sospecho que ni siquiera les contó a mis tíos sobre el incidente, ya que mientras me regañaba, hablaba como si mi silencio cuando aún estaban allí cerrara la puerta para siempre. Una cosa es segura: nunca rindió cuentas por lo que me hizo. Salió impune y años después, mi madre lo alabaría diciendo que Dios le había expresado que lo tenía bajo su control y me sermonearía por no ser cariñosa con él mientras me sonreía con sorna en el lugar donde me violó. Sinceramente, creo que mi madre y mi hermana olvidaron que esto sucedió. El lujo de olvidar. Mientras tanto, el recuerdo y la culpa de ese día han estado supurando en mi mente. Crecí en una cultura de pureza profunda; imagínense el tormento que eso desató para la niña incestuosa y desviada sexual con la que llegué a identificarme. Pasé horas reflexionando sobre mis acciones pecaminosas, llorando, suplicando perdón a Dios. Vivía con el miedo de que mis amigos se enteraran de lo que había hecho y me despreciaran. Incluso agradecí a mi madre que no me repudiara. Entonces, a los catorce años, me di cuenta de que era imposible que hubiera consentido. Y no me alivió. Caí en la cuenta de que me habían violado, que mi madre me culpaba, que mi hermana (a la que amaba en ese momento, pero ya no por varias razones) se burló de mí en mi momento más vulnerable y que mi padre me amenazó (con razón, me culpó como víctima en otras ocasiones no sexuales). Me aterrorizaba abrirme a alguien más por miedo a recibir otra versión de la reacción de mi madre. Estaba sola. Esta es la primera vez que comparto esto desde que sucedió. Junto con mi epifanía, una voz tomó forma en mi cabeza. Me dice que soy inútil, que rezuma negación, que mi madre dijo la verdad y que la rechazo. Empecé a obsesionarme constantemente con mi violación. La diseccionaba, la revivía para debatir la voz que me atormentaba. Ignorarla no funciona: me pongo ansioso cada vez que lo intento. Cuando lo hago, es como ceder ante las afirmaciones de la voz, lo que genera una sensación de precariedad y colapso inminente en mi mundo interior. La voz nunca se detiene, surge de contextos que ni siquiera están relacionados con mi violación, arrastra mis pensamientos hacia allí. Doy vueltas incesantemente en lugares repugnantes lidiando con ella; estoy psicológica y emocionalmente agotada. Me siento insegura mentalmente, despierta o dormida, gracias a las frecuentes pesadillas sobre el trauma que empecé a tener cuando cumplí los dieciocho. Me siento intrínsecamente asquerosa y jodida. Estoy enojada. Estoy triste. Todo el tiempo. Esta condición solo ha empeorado con los años, ha mermado mi capacidad de hacer lo que me da alegría (aprender, ser amigo) y no creo que me quede mucha energía para seguir adelante. Escribí todo esto para que mi experiencia no existiera solo en mi cabeza, si es que eso tiene sentido. Si alguien me ha leído hasta aquí, le agradezco mucho su tiempo.

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

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    Que se joda la universidad

    Mi historia comenzó cuando tenía 16 o 17 años. Trabajaba en un restaurante y estaba enamorada de mi jefe, que era mayor que yo. Cuando digo mayor, me refiero a 35. Creía que ya era mayor, aunque solo era una bebé, y él no tenía ningún problema en aprovecharse. Lo que me ocurrió durante aproximadamente un año y medio me atormenta y horroriza. Todo culminó con un intento de suicidio justo después de cumplir los 18. Luego busqué ayuda y me fui a la universidad. Se suponía que este sería mi nuevo comienzo. Lamentablemente, no fue así. Conocí a un monstruo, una persona que me sigue en mis pesadillas y me despierta de un sueño profundo cada noche cuando sueño con su rostro. Yo seguía siendo inocente y creía que me amaba. En cambio, me puso un bebé dentro y me golpeó y violó con tanta saña cuando se enteró que pensé que iba a morir por la cantidad de sangre. Sufrí un aborto espontáneo y me desmoroné una vez más. Seguía teniendo solo 18 años. Intenté suicidarme una vez más, lo que me llevó a un hospital psiquiátrico infernal. Me despojaron de toda mi ropa y de todas mis opciones. Sufrí dolores todo el verano y sufrí ataques de pánico tan fuertes que me despidieron del trabajo y necesitaba atención médica cada vez que ocurrían. No pude asistir a clases durante un año y medio. Mi monstruo seguía apareciendo, ahora en forma de detonantes. Un sombrero blanco, el olor a colonia, incluso un tono de voz particular. En todo esto, la policía del campus me hizo sentir que era mi culpa. Sé que nadie en la tierra pediría esto. Si fue mi culpa, y yo la pedí, ¿por qué sigo muriendo de dolor cada día tres años después?

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Mi historia es nuestra historia

    Una de las partes más difíciles de mi proceso de sanación es que no estoy del todo segura de cuál es mi historia. El abuso sexual infantil es una parte cotidiana de mi familia, tanto por parte materna como paterna. Tenía 13 años cuando me enteré de que mi abuelo había abusado sexualmente de mi madre, sus hermanas, mi hermana y probablemente de otras niñas de la comunidad. Mi mundo se hizo añicos ese día. La forma en que me sentía y me conectaba con mi familia cambió por completo. Siento que he estado gritando durante años para que alguien se diera cuenta, para que le importara que esto sucediera, para que no se normalizara. Fue más tarde en mi vida adulta cuando me enteré del abuso que habían sufrido mis primas paternas. Pude ver este dolor entretejido en la narrativa de la mujer. Durante muchos años, creí que esta era la "situación difícil de la feminidad": que debemos soportar cada capricho y comportamiento de los hombres porque o saben más o no saben más. La ironía de crecer como bautista del sur es que los hombres están de alguna manera más cerca de Dios y, por lo tanto, son más santos e inteligentes que las mujeres, pero también son incapaces de controlarse en lo que respecta a las mujeres y el sexo. A medida que crecí y reflexioné sobre esta hipocresía, me di cuenta de que yo también había sufrido abuso sexual. Estaba en preescolar cuando empezó. Visitábamos la casa de la hermana mayor de mi madre por Navidad todos los años. Ella tenía dos hijos que en ese entonces eran preadolescentes y adolescentes. El menor tenía muchos problemas de conducta, y yo estaba convencida de que era un ángel enviado por Dios para ayudar a mi familia. Mi hermano más cercano en edad tiene una discapacidad, y a esa temprana edad, sus síntomas apenas comenzaban y eran inexplicables. Vi a mis padres bajo presión, e incluso a tan temprana edad, intentaba hacer todo lo posible por ser perfecta. Así que cuando mi primo me consideró su "amiga especial" y compartió conmigo su increíble e inmensa colección de legos, sentí que era otro uso de mis habilidades: un llamado de Dios. Tuve la suerte de poder conectar con el "niño malo" e influir en él. Ahora, en retrospectiva, creo que cualquier adulto, o incluso mis hermanos adolescentes, deberían haberse preguntado por qué un niño de 13 años querría jugar exclusivamente con uno de 5, pero aquí estamos. Tengo suerte en muchos sentidos. Nunca experimenté penetración ni violencia evidente. Durante mucho tiempo, pensé que era una parte normal de su desarrollo sexual. Así que empezó cuando tenía 5 años y terminó cuando estaba en cuarto o quinto grado, alrededor de los 10. En ese momento, él tendría 17 o 18 años. Jugábamos a "hacer como si". Recuerdo específicamente fingir ser Jack y Rose de Titanic. Me hacía posar desnudo, me besaba y me montaba. Este tipo de "juego" ocurría durante las vacaciones, eventos especiales, graduaciones y cosas así, en mi casa o en la suya. Recuerdo una ocasión específica en la que él y mi tía nos visitaron. Creo que ella y mi madre simplemente estaban pasando el rato, lo cual era raro. Mi madre buscaba desesperadamente la aprobación de sus hermanas, así que esta visita fue crucial. Ella y mi tía me hablaron de lo increíble que era que mi primo se portara mejor cuando yo estaba cerca; incluso usaron el término "amigo especial". Me advirtieron seriamente que no lo dejara jugar con mis Barbies. Se había metido en problemas por desviación sexual y bajo ninguna circunstancia debía dejar que tocara mis muñecas. Bueno, yo tenía unos 7 u 8 años en ese momento y él 15 o 16, así que puedes imaginarte cómo fue. Mutiló a mis Barbies: les cortó la cabeza y la cara, las desnudó a todas, hizo una "furgoneta de Barbie desnuda", y realizó actos sexuales entre ellas. Recuerdo que intenté con todas mis fuerzas redirigir la situación, pero él tenía la herramienta perfecta para controlarme. Todavía puedo oír su voz: "Los adultos se enfadarán contigo si les cuentas sobre nuestra fantasía especial. Eres una niña muy madura para tu edad". Sabía que no quería que mi madre supiera que había estado fingiendo tener sexo. Yo también estaba en problemas después del incidente con Barbie. Mi madre estaba decepcionada conmigo. No recuerdo el castigo exacto, pero probablemente tuve más tareas y no me permitieron usar la computadora por un tiempo. Solo puedo imaginar si ella supiera la magnitud de nuestro "juego". Alrededor de los 10 años, fuimos por Navidad. Recuerdo la sensación en el estómago, ese ardor de culpa. (Sigue ahí hasta hoy. Luchando contra las náuseas y vomitando después de casi cada comida. ¡Me encanta el síndrome del intestino irritable!). Me daba pavor tener que jugar con él. Ese año, se exhibió ante mí. Quería que lo tocara, pero creo que sabía que se había excedido. Me estaba haciendo mayor, tenía vello en las axilas, y mi madre nos había hablado muchísimo a mi hermano y a mí sobre nuestras partes íntimas por su propia experiencia. Sin embargo, no creo que considerara que otro niño pudiera hacernos daño. Me enseñaron a desconfiar de los hombres adultos, de los desconocidos. Así que mi cumpleaños es en enero, y recuerdo que la culpa me carcomía después de esa Navidad. Había redoblado sus tácticas de intimidación y yo sabía que no podía acudir a un adulto. Recuerdo que pensé que realmente quería sentirme mejor antes de mi cumpleaños. Así que se me ocurrió contárselo a mi hermano; después de todo, él no era un adulto. Inmediatamente se lo contó a mi madre, quien luego llamó a su hermana. Recuerdo estar sentada a sus pies en el suelo de la cocina mientras ella discutía con su hermana. No dijo mucho ni ofreció ninguna explicación. Me hizo jurar que nunca se lo diría a mi padre, y dejamos de visitar a mi tía tan a menudo después de eso. Cuando estaba en el instituto, mi madre tuvo cáncer y murió. Estuvo muy, muy enferma durante unos nueve meses, y durante su primera hospitalización, querían que me quedara con mi tía. Estaba muerta de miedo. Mi primo había vuelto de la universidad y también estaría allí. Recuerdo que enseguida se me saltaron las lágrimas y le rogué a mi madre que no me hiciera ir. Mi padre estaba en la habitación, así que no puedo explicarme. Mi madre me regañó por egoísta y me dijo que tenía que hacer esto, para ser indulgente con ella y mi padre. Recuerdo que me tocó el trasero con mucha torpeza en una tienda de artículos de oficina, y sorprendentemente le dije que no podía tocarme, que ya no era una niña. No tengo ni idea de dónde salió esa autonomía, ¡pero estoy muy orgullosa de mí a los 15 años! Mi tía me ofreció quedarme en una habitación más grande abajo durante ese tiempo, pero me aseguré de quedarme en la suite de invitados contigua a la principal y cerré la puerta con llave todas las noches. Aquí estoy, 17 años después, y tuve que verlo por primera vez desde que me gradué del instituto el año pasado. Mis hermanos, mi padre y yo hemos estado prácticamente distanciados de la familia de mi madre desde su muerte. Todos nos quedamos impactados al ver a mi tía y a su familia asistir al funeral de uno de mis hermanos fallecidos. Fue mortificante volver a verlo. Una descarga eléctrica me recorrió todo el cuerpo. Me temblaba la pierna sin control. Sollozaba tan fuerte que tuve que salir de la habitación. Y una vez más, sentí esa desconexión con mi familia, que continúa con esta narrativa de que soy egoísta, mentirosa/exagerada, demasiado emocional. La familia es la parte más difícil de mi proceso de sanación. A estas alturas, ni siquiera estoy segura de tener familia. Termino casi todas las llamadas con mis hermanos conmocionados, preocupados, menospreciados y exhaustos. No puedo tener relaciones sanas con mis sobrinos y sobrinas por mucho que lo intente. Siempre soy la desviada para ellos. Hoy, vivo al otro lado del país y estoy formando mi propia tribu. Quiero estar rodeada de personas que entiendan el amor incondicional y quieran proteger a los niños. Las historias de mi madre, mi hermana, mi tía y mi prima son todas mías. Al igual que la mía es la de ellos. Este abuso se transmite en nuestro ADN, es compartido entre nosotros a pesar de las diferencias entre nuestros agresores y experiencias. Durante mucho tiempo, minimicé lo que me sucedió como una exploración sexual normal de un niño pequeño. Y aunque reconozco que el comportamiento de mi abusador fue una señal del abuso que estaba sufriendo, no pasa por alto el impacto de estar expuesta al sexo y la intimidad a los 5 años. He tenido muchas dificultades interpersonales y para desarrollar relaciones. Durante mucho tiempo, no pensé que fuera capaz ni mereciera tener relaciones sanas. Pensé que mi familia era sana. Si hay un mensaje importante que quiero compartir con otros sobrevivientes, es que ¡hay una luz al final del túnel! Hay gente ahí fuera que te creerá y te protegerá. Hay espacio para ti. La aceptación es difícil, y no estoy segura de haber aceptado del todo lo que me pasó a mí y a mi familia. Pero ayuda ver a tantos otros alzar la voz. Sentir que finalmente tenemos una plataforma, y tal vez la gente no esté escuchando como me gustaría, pero la conversación está sucediendo. ¡Ni siquiera los hombres poderosos deberían salirse con la suya!

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    Llámame Sky

    Hola, soy de Sudáfrica, pelirroja. Creo que es importante saber que era de clase media, blanca y supuestamente bastante protegida. Aun así, esto me pasó. No fue un extraño quien causó "una noche de violencia", sino un tipo de abuso mucho más siniestro que duró cuatro años y que me ha trastornado toda la vida. Empezó a los 14 años, ahora tengo 46 y por fin estoy lista para hablar. Todavía me da miedo hacerlo, todavía me da miedo poner mi nombre en ello. Estoy tan condicionada a creer que me perseguirán más, que nadie me creerá o que me volverán a vilipendiar. Pero también es la razón por la que siento que tengo que romper con esa atadura ahora y contar la verdad de lo que pasó, por primera vez. Quiero ayudar a las chicas a encontrar su voz más rápido que yo. Quiero que no sufran durante años como yo. Si mi historia puede ayudar a una sola persona... entonces valió la pena contarla. No estoy lista para que me lo cuenten todo, todos hemos pasado por eso, sabemos cómo se nos va la mente cuando no podemos afrontar una violación. Mi mente se bloqueó tanto que mi testimonio sería inconexo, las fechas se acabaron, me quedé con imágenes y sentimientos que resurgieron unos diez años después. Sucedieron, pero no pude organizarlos con precisión en una cronología. Así que, en lugar de eso, un resumen. Mis amigos se juntaban en una granja después de la escuela, montando a caballo. El hermano mayor de una chica se interesó por mí. Tenía 14 años, era socialmente torpe y bastante callada. Fue agradable recibir la atención; a mi madre le pareció adorable y se derritió ante la idea del amor joven. Recuerdo que no sentí gran cosa, la verdad, no me dio un vuelco el corazón al pensar en él, pero a todos los demás les pareció una gran idea y me incluían mucho más, así que empezamos a salir. Recuerdo que el principio fue bastante clásico, me trató bien, y la verdad es que no puedo precisar cuándo empezó a cambiar. Tuvimos sexo antes de cumplir los 15, y puedo decir que no me impresionó demasiado; fue un desastre e incómodo, y no era algo que quisiera volver a hacer. Creo que ese fue probablemente el comienzo de los problemas posteriores. Pero aunque me obligaron, no habría usado el término violación en ese caso. Lo que vino después fue que él quería más, cuando yo no. Lo que empezó como coerción se intensificó con el tiempo. Por un lado, mis amigos me daban prestigio por haber tenido sexo, pero por otro, no era algo que esperara con ilusión, pero no quería perder a mis amigos, mi estatus, las invitaciones a fiestas, la aprobación de mi familia y la suya, etc., así que no quería necesariamente perder la relación. Pero recuerdo que empezó a doler, probablemente porque no me involucraba en absoluto, y que me doliera me hacía aún menos entusiasta. Intentaba decir que no, pero él me agotaba con cosas como «Pero tú me quieres, ¿verdad?». Cuando eso dejó de funcionar, empezó a golpearse a sí mismo, hasta que cedí. Y cuando eso dejó de funcionar, la violencia llegó a mí. Ahora era una violación en toda regla. Pero aparentemente con el respaldo de mi familia y amigos. No, no dije nada al respecto, no tenía amigos cercanos en quienes confiar y mi familia parecía estar de acuerdo con la relación; parecía que a nadie le importaba especialmente lo que yo pensara. Tengan en cuenta que en ese momento no tenía ni idea de que esto fuera una violación; definitivamente creía que era una relación normal y sana, ya que no tenía nada con qué compararla. Sin embargo, empecé a enfadarme porque no me escuchaba, le había dicho que no y él me ignoraba. Me hizo sangrar ahí abajo. Y ya estaba harta. Tenía 17 años y me había dado cuenta de que mis amigos no eran mis amigos porque les parecía bien. La aprobación de mis padres me parecía una traición. Finalmente decidí que las supuestas ventajas no merecían la pena. Claro que escaparme no sería fácil; él ahora era una figura central en mi vida. Recuerdo cosas concretas, como que le dije que no a dormir en casa el viernes, así que él les preguntó a mis padres y lo organizaron. Ya podía conducir, así que llegué a casa del colegio y, ¿adivina quién se quedaba a cenar? Salí con mis amigos y él estaba allí. Como lo ignoraba constantemente, me empujó escaleras abajo delante de todos. Decidió dar un paseo para refrescarse. Cuando llegué a casa, ¿adivina quién ya estaba en mi cama? En ese momento estaba realmente confundida, era imposible que nadie se diera cuenta de que estaba en problemas. Los moretones, los arrebatos, ya no se limitaban a la habitación. Sé que lo habría visto en otra persona, pero nadie me rescató, nadie me defendió de él, estaba sola para luchar contra esto. Intenté poner límites; no iría a eventos grupales si él estaba allí. Así que organizó un día en el parque e hizo que todos dijeran que no iría. Cuando llegué, tenía una cesta de picnic y una manta e insistió en que me sentara con él mientras todos los demás iban a jugar al fútbol. Este era su intento de recuperarme. Para que todos mintieran y aislarme aún más. Pensé que hice un buen trabajo al dejar claro que habíamos terminado, que no quería volver a verlo. Que estaba preparada para perder a mis "amigos" por esto. Tenía un as más bajo la manga. Una cena para el patio. Todos iban en grupo a un restaurante, padres e hijos, todos. Intenté decirles a mis padres que no quería ir, pero dijeron que no tenía opción. No podía hacerlos quedar mal. Les pedí a mis amigos de confianza que por favor no lo dejaran sentarse a mi lado. Lo intentaron, pero literalmente los empujó. Me susurró en la mesa que se suicidaría si lo dejaba. Ese fue el momento que recuerdo con tanta claridad, nadie vendría a salvarme, tuve que decidir mi propio valor allí mismo. Primero pensé en el suicidio, si me quitaba la vida, esta pesadilla terminaría, podría ser libre. Luego pensé, ¿qué hacía que su vida valiera más que la mía? ¿Y por qué debería quedarme por una amenaza como esa? ¿Qué probabilidades había de que realmente lo hiciera? ¿Y me importaría? Una parte de mí pensaba que debía hacerlo, porque lo que me estaba haciendo era tan injusto. Solo quería que me permitieran irme. Pero parecía que esas eran mis opciones: quedarme y morir o luchar. Él o yo. Ahora era cuestión de vida o muerte. Luchar o morir. Me volví hacia él y le puse en evidencia. "Hazlo entonces, porque ya no soy de tu propiedad". Podría escribir ensayos sobre lo que quise decir en ese momento, pero él también tenía claro el cambio. Ahora estaba preparada para luchar, costara lo que costara. Lo ignoré por completo, tanto que no recuerdo nada de lo que me dijo. Sé que alguien debió haber oído fragmentos, estaban todos ahí, pero nunca me había sentido tan sola. Así que no pudo soportar que lo ignoraran, me agarró del brazo y me mordió. El dolor punzante me sacó de mi castillo mental e hice algo que nunca había hecho: di un primer golpe y le di un puñetazo en la sien con el dorso de la mano tan fuerte como pude. Y estalló el caos. Todos saltaron, nos agarraron a él y a mí y nos separaron. Las chicas me llevaron al baño. Para ser honesto, me sorprendí, como si no supiera qué era todo ese alboroto, si nunca les había importado. (Sí, quizás no lo supieron hasta entonces, aunque en mi mente, todavía no puedo entender cómo fue posible). Resulta que todas vieron el puñetazo y querían saber por qué lo había hecho. Pregunté si vieron la mordida... nadie la había visto... ¡Qué demonios! Levanté la manga y expuse la marca de la mordida, ya amoratada y sangrante, en mi brazo, con sus dientes reales marcando mi piel. Nunca había visto una mordida tan mala de un ser humano en mi vida. Fue brutal. Dije que no me acercaría a él otra vez. Los chicos se lo llevaron al otro baño. No sé qué dijeron o hablaron por ahí, pero se lo llevaban a casa y volverían. Incluso lo comprobé, su casa, no la mía otra vez. Esta vez lo dejé muy claro. Así que la noche terminó, y por fin llegamos a casa. Tenía un amigo durmiendo en mi casa, pero no recuerdo bien de qué hablamos mientras nos preparábamos para dormir, solo sé que me sentí muy aliviada de poder separarme de él. Lo había logrado, le había plantado cara. Pero entonces mi madre llamó a mi puerta: «Vístete, tenemos que ir al hospital, se lastimó». Mi madre llevó a mi amigo aparte, pero no me dio detalles. Solo recuerdo estar completamente desanimada, ¿cómo no iba a terminar esto? Ahora todos se pondrían de su lado otra vez, ¿cómo se atrevía a hacer esto? ¿Por qué no podía dejarme en paz? Cuando llegamos, todos lloraban menos yo. Solo entonces me enteré de que había cogido la pistola de su padre y se había disparado, pero seguía vivo. Estaba muy conmocionada y perdida en mis pensamientos; no recuerdo mucho de lo que dijeron, estaba luchando en mi propia guerra interior, me sentía enfadada y engañada. Llegó la noticia de que había muerto en la mesa de operaciones. Todos lloraron desconsoladamente, menos yo. Creo que esto ya se estaba notando. Caí en depresión, no porque él estuviera muerto, sino porque me había robado mi victoria. Los meses siguientes fueron un borrón, pero algunos momentos destacados sobresalieron. Mis amigos me culparon de matarlo porque él también les había dicho que si me iba, se suicidaría, y de mi dura respuesta. Cuando intenté hablar del abuso, me llamaron mentirosa y me acusaron de hablar mal de los muertos. Dijeron que lo inventé para llamar la atención. Nadie podía mirarme ya. Mis propios padres no podían simplemente hablarme de ello, me llevaban constantemente a desconocidos (psicólogos), pero yo no los conocía y ¿hablaba de qué? Mi mente había ocultado tanto de ello que no podría explicarlo ni aunque lo intentara. Ese grupo de amigos continuó atacándome durante años después y son la razón por la que todavía siento que no puedo hablar de lo que pasó sin represalias. Intenté fingir tristeza, pero ¿cómo podría? No apreté el gatillo, fue su decisión. Y siento que lo hizo por culpa y venganza, porque sabía que había encontrado mi voz e iba a contarles a todos lo que me había estado haciendo. También no puedo evitar pensar que es mejor que esté muerto porque si no me lo hacía a mí, definitivamente se lo haría a otra persona. No merecía vivir (una opinión muy impopular). Solo quería que me dejaran ir. En cambio, me silenció desde la tumba. Y esto es lo que más necesito decir... que el que no me creyeran causó más daño que la violación y el abuso en sí. Al final, nadie me creyó, excepto mi hermano menor, quien tampoco pudo hacer nada para ayudarme. Abandoné el bachillerato, estaba reprobando todo de todos modos, como si después de una pelea a muerte, la escuela me pareciera una tontería. Creo que hubo como tres meses en los que no me levanté de la cama, dejé de ducharme, simplemente no me importaba. Todas las personas que se suponía que debían protegerme me habían dicho sistemáticamente que no importaba, así que ¿qué sentido tenía intentarlo? Al final me levanté, pero era una adolescente llena de angustia e ira. Les falté el respeto a mis padres, bebí mucho, probé drogas e hice un montón de estupideces. Y a menudo me culpaban aún más por ello. La gente simpatizaba con mi madre o con "su" familia. Era una mala persona con mala actitud. Y todavía no entiendo cómo nadie podía ver cuánto dolor sentía. Me recuperé y he hecho todo lo posible por tener una buena vida, pero los sentimientos de no ser digna de amor, de no poder confiar y de asumir que de todos modos nunca me creerían, esos sentimientos nunca se han ido. Todavía no sé cómo deshacerlos. Esta programación ocurrió en una etapa tan crucial de mi desarrollo que toda mi visión del mundo está contaminada por el trauma. Nadie debería tener que pasar por esto. Ese hombre me arrebató la inocencia y la autoestima. Todos los demás me arrebataron la confianza. Cosas que no se pueden recuperar con un chasquido de dedos. Estoy rota, y probablemente siempre lo estaré, por algo que me pasó de niña. Algo que nunca fue mi culpa. Sé que el mal existe. Pero... me volví muy buena ayudando a caballos problemáticos, porque sé que las rabietas y los arrebatos esconden dolor. He ayudado a muchas chicas jóvenes hasta la edad adulta, porque conozco las señales del abuso. He dedicado mi vida a intentar ayudar a quienes no tienen voz, porque sé exactamente cómo se siente. Espero que eso sea suficiente para contrarrestar todo mi desgarramiento. Mi razón para contar esta historia es destacar el daño causado después del hecho. En muchos sentidos, creo que podría haberme mantenido fuerte a pesar del abuso; fue el hecho de que no me escucharan después lo que me destrozó. Que no me creyeran fue lo que más me dolió, y ser acusada de asesinato es ridículo; solo era una chica joven sin habilidades, que se vio envuelta en una pesadilla, luchando por su vida. Sé que si hubiera estado allí en su casa, lo cual podría haber sido plausible, me habría matado. Pero en cambio, tal como se desarrolló, su suicidio me robó la victoria. Así que al diablo con él, lo diré: gané. Desafortunadamente lo que gané fue una vida sintiéndome aislada e inútil. Para cualquiera que esté atrapado en una relación abusiva, tu vida está 100% en juego, ¡¡¡luchas!!! Pero debes saber que la verdadera batalla vendrá después, cuando intentes contar tu historia. Sigue intentándolo, encuentra a personas como yo que te crean, como estoy tratando de hacer de nuevo ahora mismo. Porque es importante. Si solo una persona hubiera dado un paso al frente para protegerme, habría hecho una gran diferencia que habría cambiado mi vida. Todavía necesitamos más conciencia de las señales de abuso, porque todavía no puedo entender cómo nadie sabía por lo que estaba pasando. No hay forma de que no hubiera señales, es imposible de comprender. Necesitamos ser conscientes, necesitamos estar preparados para defender a los que no tienen voz, verlos, escucharlos, ayudarlos y defenderlos. Créeles. Ningún joven de 14 años inventa mierda como esa para llamar la atención, eso es lo más tonto que he escuchado en mi vida.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    #20

    A los cuatro años, mi madre solía llevarme a la cajuela de su Jeep y me golpeaba durante 20 o 30 minutos seguidos. Me pegaba, me jalaba el pelo y me gritaba groserías. El abuso físico duró hasta los 11 años, y solo paró cuando intervino la CPS. Mi padre lo sabía; no hizo nada. A los 6 años, otra chica abusó sexualmente de mí en la escuela. Mi madre me dijo que no era abuso sexual y que solo estaba "jugando". A los 11 años, los chicos del barrio abusaron sexualmente de mí. Eran adolescentes y me tocaban inapropiadamente, me frotaban el pene y me contaban chistes inapropiados. A esa misma edad, varios chicos a los que consideraba amigos también me hicieron sexo oral en la cara. A los 16 años, un hombre de 26 años me violó. Me acosó desde los 14 años y me convenció de que era una persona fiable. En ese mismo momento, fui violada por un chico de 23 años al que conocía desde hacía dos años y al que consideraba seguro. Me llevó a una habitación donde podíamos estar "a solas" y luego me abusó sexualmente. Lloraba y le decía que parara, pero no paró. Salí con él tres meses después, y continuó presionándome para tener sexo y abusando emocionalmente de mí. A los 14 años, empecé a sufrir acoso en línea. Comporté mal dándole mi número de teléfono y dirección a alguien en quien confiaba, y los publicó en 4chan (un foro público de imágenes). Me acosaban a diario: recibía amenazas de muerte, llamadas amenazantes y llamadas a mi escuela. Luego descubrí que la persona en quien confiaba había asesinado a una chica en su ciudad natal, y que tenía pruebas de que yo sería la siguiente víctima. A los 17 años, mi padrastro me agredió físicamente y casi me rompe la muñeca. Me apagó un cigarrillo en la cabeza, me estranguló y me amenazó. Mi madre observaba, con el teléfono en la mano, y me dijo que era culpa mía por "no irme cuando me lo dijo". La única ayuda que recibí fue la de un vecino que me vio salir corriendo de casa, cubierto de sangre. Ese mismo año, me echaron de casa porque me negué a levantar la orden de alejamiento de mi padrastro, y mi madre me dio un ultimátum. Me negué y me fui a vivir a otro lugar. A los 18 años, me mudé con mi primer novio serio. Era abusivo y me engañó varias veces. Me insultaba de mil maneras y amenazaba con hacerme daño y con romper mis pertenencias. No me escapé hasta que cumplí 19 años. A los 20, me mudé con mi padre. Mi madrastra estaba celosa de nuestra relación, me agredió físicamente y me echó de casa el día que cumplí 21. Mi padre no hizo nada más. A los 21 años, desarrollé bulimia y anorexia potencialmente mortales y comencé a beber en exceso para automedicarme. Mi prometido me ayudó a superar estos trastornos y me salvó la vida. Ahora tengo 24 años y tengo muchas relaciones estables y saludables, tanto de amistad como de amor. También recibo ayuda con medicamentos para el TEPT complejo, el TAG y el trastorno depresivo mayor. También comencé terapia recientemente y estoy aprendiendo a afrontar mis traumas y a seguir adelante. Es difícil, y hay muchas cosas que recuerdo cada día que me causan pánico, pero quiero sanar y recuperar mi inocencia, mi poder y mi autoestima.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Abusada por el ginecólogo

    En mi historia de supervivencia, "Solo palabras, palabras sucias", compartí muchísimo y pasé por alto una experiencia con un ginecólogo. Fue un problema mucho mayor del que dejé ver, ya que había desencadenado mi abuso previo en la adolescencia, en mi primer trabajo. Quería que otras chicas y mujeres entendieran lo que no está bien que haga un ginecólogo. No fue hasta después de que sucedió que me di cuenta del impacto total. Me di cuenta de que me había dejado victimizar de nuevo sin intentar detenerlo. Sentí autodesprecio y ansiedad. Le escribo esta carta a ese depredador oportunista. Rompiste tu juramento. Traicionaste la confianza. ¡Eres terrible! He investigado cómo se supone que debe ser un examen de mama y pélvico y entiendo que usaste ese marco para agredirme sexualmente. Llegué tarde a la cita para obtener anticonceptivos en la clínica universitaria cuando me acababa de mudar a la universidad. Me dejaste entrar aunque no tenías una enfermera acompañante; parecía que los mandaste a casa después de meterme en la habitación. Eres hombre y eso va en contra de las normas. Compartimos nuestro primer contacto visual e ignoré tu lujuria y tu coqueteo inicial. Viste que era vulnerable y necesitaba algo de ti. Me dijiste que, como paciente nueva, tenías que hacerme un examen completo en la primera visita. Ahora creo que pudiste haber mentido. Asentí y bajé la guardia. Cuando regresaste, estaba desnuda con una bata de papel para una falsa sensación de seguridad. Estaba cohibida a pesar de tener una higiene y un arreglo impecables, pero me preocupaba no estar lo suficientemente fresca tan tarde en el día porque eras un hombre y lo convertiste en algo sexual. Examinaste mis pechos sin guantes. No dije nada. Sabía que los estabas masajeando para tu placer. Seguiste así durante cinco minutos. Creo que cinco minutos enteros mientras seguías hablando. Cuando mi jefe solía abusar de mí, solo unos segundos eran suficientes para hacerme sentir enferma y utilizada. Se sentaba sobre mi torso, comprimiendo mis costillas hasta el punto de que no podía respirar hondo y tener sexo con mis pechos, y generalmente tardaba menos que tú. ¿Recuerdas que usaste las palabras "maravilloso" e "increíble" al comentar sobre la salud de mis senos? Ambas podíamos oler el almizcle de abajo por estimularme así. Estaba avergonzada. ¡Deberías haber sido tú la que se avergonzó! Mencionaste las texturas y diste algunas instrucciones de anatomía para simular que era oficial. Hiciste preguntas al azar y compartiste historias personales como si fuera una cita. Todo el tiempo me estabas toqueteando los pechos como una pervertida. ¡Con las dos manos al mismo tiempo! Intenté encubrirte fingiendo que esto no era una locura ni una agresión sexual. Tenías el doble de mi edad y tu bigote era ridículo. Finalmente pasaste al examen pélvico. Dijiste "Muy bien" cuando levantaste la sábana de papel para ayudarme a poner los pies en los estribos. Eso no es apropiado cuando se ve la vagina de una paciente por primera vez. Explicaste cada paso desde "Voy a tocarte los muslos ahora" hasta "Respira hondo mientras inserto el espéculo". Esa parte fue rápida pero luego explicaste el examen manual que hiciste durante demasiado tiempo. Insertaste dos dedos para verificar la sensibilidad del movimiento cervical, pero frotaste mi clítoris con tu pulgar lubricado mientras lo hacías. ¡Eso estuvo mal! Explicaste que ibas a mover tu otra mano para verificar la sensibilidad de mis ovarios para verificar si había una infección, pero seguiste trabajando tu otra mano en mi clítoris y dentro de mí. ¡Me metiste lo que parecían tres dedos! Me estabas agrediendo sexualmente otra vez. Violando mi confianza. Ignorando tu juramento. Como última indignidad, palpaste las masas en el espacio entre mi vagina y recto. Dejaste tu pulgar en mi vagina mientras metías un dedo en mi ano y los movías hacia atrás, adentro y afuera explicando que pensaste que sentiste algo por un segundo, pero que se resolvió con el masaje, lo que significa que no había nada de qué preocuparse. ¡Me violaste! ¡Eso fue violación! Lo busqué y lo que estabas haciendo es una parte real de un examen, ¡pero ningún ginecólogo lo había hecho antes o desde entonces! En lugar de salir de la habitación mientras me vestía, te quedaste y me ayudaste a tenderme la ropa. ¡Totalmente inapropiado! ¡No deberías tener licencia médica! Claro que te dejé, cooperaste e incluso intenté aguantarlo y poner buena cara. Entonces era otra persona y tú simplemente continuaste mi ciclo de abuso. Pero la parte del ano fue donde sentí verdadero terror y quise irme. Me diste una tarjeta de presentación con tu nombre y me dijiste que llamara y preguntara cuándo trabajabas para programar la próxima visita. ¡Luego solo me escribiste para una recarga de anticonceptivos de 30 días! Como si volviera para que me agredieran de nuevo. ¡Abusadora engreída del poder y la confianza! ¡Me fui contigo pensando que lo disfrutaría y que te volvería a ver! ¡Me das ganas de gritar y golpear cosas! Se retrasó, pero mi ansiedad por el abuso se desencadenó esa noche y días después. Nunca volveré a ver a un ginecólogo. Tu lujuria y codicia no son mejores que las de un violador. Me traicionaste en el sistema médico y todavía siento ansiedad en cada visita al médico. Que la reacción de una chica al abuso no sea instantánea, por algún mecanismo de supervivencia, no lo hace menos doloroso. A veces incluso más, porque nos sentimos culpables por no ser fuertes y asertivas. Estabas en una posición de autoridad y abusaste de ella terriblemente. ¡Deberías estar avergonzado, doctor! ¡Deberías estar en prisión!

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇦🇱

    Me convertí en la persona que necesitaba para ayudarme de niño. Pero todavía me siento impotente para generar un cambio. Mi esperanza es que algún día, estos monstruos rindan cuentas por lo que nos han arrebatado.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Survivor y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me ayudó a sujetarme. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23, quizá 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, él también violaba a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras violaban a otros. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba con fuerza con un trapo rojo que usaba para limpiar el garaje. Eso le permitía tener el trapo cerca para olerlo y sostenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convirtió en el monstruo, nadie hizo nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los buenos momentos para facilitar sus ataques. Te adormecía con una falsa sensación de seguridad y paz que realmente te hacía cuestionar tu intuición e instintos de que era un mal hombre. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecí, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas; cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo forzar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que me hicieron fue a los 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más el abuso por parte de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero todavía no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía, Dios lo perdonaba, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo escuché manipulando a otro familiar para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. Los hombres de nuestra familia también fueron manipulados para ser abusadores. A mí también. Para ser siempre la abusada. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les pasa a quienes se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, crecí con una ansiedad terrible por la posibilidad de ser agredida sexualmente y me esforcé por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba la ropa que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente seguirá llevándome años, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y, antes de eso, vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abrió hogares por todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que salvaba a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños de los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia, y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años, y mi padre viajaba por todo el país recaudando fondos y predicando el lema oficial: los hombres eran como dioses y las mujeres, menos que la basura; su único valor residía en ser vírgenes y luego en fábricas de bebés una vez casadas. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron el tipo de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los sucesos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callado. Todos los días, durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" estaba causando un pecado generacional a cuatro generaciones. La presión para callar y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que habría preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar de todo el trauma que descubrí que mi padre fingió su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví de pequeña. Pero, déjenme decirles, saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, realmente me impulsó a hablar. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Incluso más difícil que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal, aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para presentar demandas penales y civiles contra mis agresores, pero el plazo de prescripción de Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a hablar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre las intersecciones del trauma, la fe y la defensa. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y defender la Ley de Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio es lo que permitió que personas como mis padres continuaran sufriendo maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurarme de que la justicia no se vea minimizada por los acuerdos de confidencialidad y los plazos de prescripción. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, audiencias de crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en mentorizar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente quiero para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    De un sobreviviente
    🇫🇷

    Relato de mi experiencia en COCSA (tw: detalles de abuso sexual, incesto)

    Tenía siete años. Era mi primo, un año mayor que yo. Mi madre había invitado a su familia a cenar en Pascua. Ocurrió cuando jugábamos solos después de comer. Él introdujo en nuestro juego de simulación la idea de que éramos amantes. Yo no jugaba a ser amantes, nunca se me había pasado por la cabeza hacerlo con nadie, y mucho menos con mi primo. Pero no podía concebir que otro niño propusiera algo más retorcido que una simple tontería infantil, y para mi mente infantil, el juego de simulación era todo falso, así que lo concibí como un juego inocente. Entonces empezó a darme instrucciones: que me quitara la ropa interior, que me tumbara de cierta manera en el suelo, que abriera las piernas. Debo recalcar que desconocía incluso la existencia del sexo, y que en un entorno donde me sentía segura —en casa jugando con mi primo en una cultura que promueve abrumadoramente todo lo contrario al hastío familiar—, yo estaba completamente desprevenida. Obedecí. Por la forma en que me decía que hiciera las cosas, era obvio que era plenamente consciente de mi ingenuidad. Lo esperaba. Más allá de lo esperado, claramente contaba con que no encontraría oposición. Decidió ocultarme lo que pretendía hacerle a mi cuerpo, dentro de mi cuerpo, hasta que simplemente lo hizo. Sacó su pene por un agujero enorme en sus pantalones que no había notado antes y penetró mi vagina antes de apoyarse en mí para meterme la lengua en la boca. No sabía qué era nada de eso. Ni siquiera registré este último acto como un beso. Mi concepción de los besos eran picotazos o palmadas, que solo he dado en las mejillas de mis padres. Espero que mi insistencia en mi mentalidad de niña pequeña no te moleste, simplemente es muy importante para mí que quien lea esto entienda lo inconsciente que estaba. Seguía pensando que solo estábamos jugando, así que lo racionalicé como contacto físico inocente. Imité su lengua enrollándose contra la mía. Él presentó esas acciones en el juego como pruebas de amor. Estoy convencida de que sabía lo que hacía. Un niño que realmente confundiera el sexo con un juego infantil habría intentado abordar el acto con su compañero en igualdad de condiciones debido a la intensa interacción física, no al contrario, apoyándose en el desequilibrio en sus conocimientos para salirse con la suya. Su motivación no era jugar conmigo, sino usar mi cuerpo para la gratificación sexual, y el juego era solo su pretexto para hacer que eso sucediera conmigo, siendo yo maleable. Me manipuló y abusó de mi inocencia. Sin importar cómo entró en contacto con el sexo por primera vez, demostró un vil derecho sobre mi cuerpo. No recuerdo con claridad la cronología de la agresión. Recuerdo que lo hizo dos veces esa tarde. Recuerdo que la empleada doméstica entró y me señaló. Gritó mi nombre y dijo que se lo diría a mi madre. Recuerdo angustiada, temiendo haber hecho algo mal, sintiéndome muy confundida y avergonzada. Recuerdo verlo a él y a su familia salir de casa mientras dudaba en decir algo (no creo que la empleada doméstica fuera inmediatamente con mi madre o tal vez estaba ocupada). Mantuve la boca cerrada en ese momento, pero después de que se fueran, busqué a mi madre. Le conté lo que había hecho. Estaba perdida, completamente angustiada, casi sollozando. Mi hermana de doce años también estaba en la habitación. Casi se rió de lo que dije y mi madre exclamó con asombro y disgusto: "¡¿Cómo pudiste dejar que tu hermano te acariciara?!" (En mi cultura es común referirse a los primos como hermanos, aunque no fuéramos muy unidos). Siguió regañándome. "¿Sabes cómo se llama lo que hiciste? ¡Se llama incesto!" (Estaba tan desorientada que durante varios años pensé que al sexo en general se le llamaba incesto). "¡¿Sabes que podrías estar embarazada ahora mismo?!" (Así aprendí de dónde vienen los bebés; además, todavía no entiendo por qué me dijo eso a los siete años). Estaba completamente mortificada, presa del pánico. Me sentía repugnante y sucia. Su reacción me convenció de que no era una víctima, sino cómplice de una abominación. Tan culpable como mi primo por dejar que me tocara. Sus reprimendas sellaron el autodesprecio en mi interior. "¡No vuelvas a hacer eso o se lo diré a tu padre!", y luego nunca más se volvió a hablar del asunto. Sospecho que ni siquiera les contó a mis tíos sobre el incidente, ya que mientras me regañaba, hablaba como si mi silencio cuando aún estaban allí cerrara la puerta para siempre. Una cosa es segura: nunca rindió cuentas por lo que me hizo. Salió impune y años después, mi madre lo alabaría diciendo que Dios le había expresado que lo tenía bajo su control y me sermonearía por no ser cariñosa con él mientras me sonreía con sorna en el lugar donde me violó. Sinceramente, creo que mi madre y mi hermana olvidaron que esto sucedió. El lujo de olvidar. Mientras tanto, el recuerdo y la culpa de ese día han estado supurando en mi mente. Crecí en una cultura de pureza profunda; imagínense el tormento que eso desató para la niña incestuosa y desviada sexual con la que llegué a identificarme. Pasé horas reflexionando sobre mis acciones pecaminosas, llorando, suplicando perdón a Dios. Vivía con el miedo de que mis amigos se enteraran de lo que había hecho y me despreciaran. Incluso agradecí a mi madre que no me repudiara. Entonces, a los catorce años, me di cuenta de que era imposible que hubiera consentido. Y no me alivió. Caí en la cuenta de que me habían violado, que mi madre me culpaba, que mi hermana (a la que amaba en ese momento, pero ya no por varias razones) se burló de mí en mi momento más vulnerable y que mi padre me amenazó (con razón, me culpó como víctima en otras ocasiones no sexuales). Me aterrorizaba abrirme a alguien más por miedo a recibir otra versión de la reacción de mi madre. Estaba sola. Esta es la primera vez que comparto esto desde que sucedió. Junto con mi epifanía, una voz tomó forma en mi cabeza. Me dice que soy inútil, que rezuma negación, que mi madre dijo la verdad y que la rechazo. Empecé a obsesionarme constantemente con mi violación. La diseccionaba, la revivía para debatir la voz que me atormentaba. Ignorarla no funciona: me pongo ansioso cada vez que lo intento. Cuando lo hago, es como ceder ante las afirmaciones de la voz, lo que genera una sensación de precariedad y colapso inminente en mi mundo interior. La voz nunca se detiene, surge de contextos que ni siquiera están relacionados con mi violación, arrastra mis pensamientos hacia allí. Doy vueltas incesantemente en lugares repugnantes lidiando con ella; estoy psicológica y emocionalmente agotada. Me siento insegura mentalmente, despierta o dormida, gracias a las frecuentes pesadillas sobre el trauma que empecé a tener cuando cumplí los dieciocho. Me siento intrínsecamente asquerosa y jodida. Estoy enojada. Estoy triste. Todo el tiempo. Esta condición solo ha empeorado con los años, ha mermado mi capacidad de hacer lo que me da alegría (aprender, ser amigo) y no creo que me quede mucha energía para seguir adelante. Escribí todo esto para que mi experiencia no existiera solo en mi cabeza, si es que eso tiene sentido. Si alguien me ha leído hasta aquí, le agradezco mucho su tiempo.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Que se joda la universidad

    Mi historia comenzó cuando tenía 16 o 17 años. Trabajaba en un restaurante y estaba enamorada de mi jefe, que era mayor que yo. Cuando digo mayor, me refiero a 35. Creía que ya era mayor, aunque solo era una bebé, y él no tenía ningún problema en aprovecharse. Lo que me ocurrió durante aproximadamente un año y medio me atormenta y horroriza. Todo culminó con un intento de suicidio justo después de cumplir los 18. Luego busqué ayuda y me fui a la universidad. Se suponía que este sería mi nuevo comienzo. Lamentablemente, no fue así. Conocí a un monstruo, una persona que me sigue en mis pesadillas y me despierta de un sueño profundo cada noche cuando sueño con su rostro. Yo seguía siendo inocente y creía que me amaba. En cambio, me puso un bebé dentro y me golpeó y violó con tanta saña cuando se enteró que pensé que iba a morir por la cantidad de sangre. Sufrí un aborto espontáneo y me desmoroné una vez más. Seguía teniendo solo 18 años. Intenté suicidarme una vez más, lo que me llevó a un hospital psiquiátrico infernal. Me despojaron de toda mi ropa y de todas mis opciones. Sufrí dolores todo el verano y sufrí ataques de pánico tan fuertes que me despidieron del trabajo y necesitaba atención médica cada vez que ocurrían. No pude asistir a clases durante un año y medio. Mi monstruo seguía apareciendo, ahora en forma de detonantes. Un sombrero blanco, el olor a colonia, incluso un tono de voz particular. En todo esto, la policía del campus me hizo sentir que era mi culpa. Sé que nadie en la tierra pediría esto. Si fue mi culpa, y yo la pedí, ¿por qué sigo muriendo de dolor cada día tres años después?

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.