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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
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Quisiera saber que se siente sanar.

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    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Sanar es entender

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

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    Sé que no sentirse creído puede ser duro. A veces ni yo misma me lo creo, pero te creeré porque sé que si tan solo una persona me creyera, me sentiría comprendida y me ayudaría a sanar.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    #1857

    #1857
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    ¿Por qué soy yo quien tiene que lidiar con las consecuencias?

    Empezamos a salir y al principio todo iba bien. Pasábamos tiempo juntos con frecuencia y enseguida empecé a sentir algo por él. Con el tiempo, las cosas empezaron a cambiar de maneras que no entendía del todo en ese momento. Momentos que antes eran normales empezaron a volverse desagradables. —¿Qué más te gusta? —preguntó mientras teníamos sexo. —No lo sé. ¿Y a ti? —respondí. —Abofetear. —Me quedé sorprendida, pero como sentía algo por él, quería impresionarlo. Gran error. —¿Quieres abofetearme? —pregunté con vacilación. —Algo así. —Vale. Podemos intentarlo. Así que me abofeteó. Me dolió, pero no lo demostré. —¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa. —Sí. —No me gustó, pero estaba demasiado absorta en mis sentimientos como para decirlo. —Tú también puedes abofetearme si quieres. Nunca volví a consentir a que me abofeteara; nunca me lo preguntó. Tiempo después, me negué a besarlo, así que me agarró del pelo y me atrajo hacia él. Me aparté y me abofeteó. Lo besé para que no lo volviera a hacer. Otra vez, me pidió un beso cuando yo estaba encima de él. Me reí y me aparté. "Por favor", suplicó. "No", respondí con una risita. Miró mi collar y lo agarró, arrancándomelo del cuello. Nos miramos fijamente durante unos segundos antes de que me riera para no llorar. Se ofreció a comprarme uno nuevo, pero le dije que lo arreglaría en casa. Más tarde supe que estaba demasiado dañado para arreglarlo. Otro día estábamos acurrucados frente al televisor cuando solté: "¿Cuál es tu fetiche más raro?". Pensó un momento antes de responder. "Sangre", dijo. "Vaya. ¿Quieres añadir algo más?", pregunté, señalando las cicatrices de autolesiones en mi brazo. Se rió entre dientes. —Me temo que no tengo un cuchillo lo suficientemente afilado. Pero cuando consiga uno, ¿te gustaría probarlo conmigo? —Solo si quieres. —Un momento de silencio, roto solo por el sonido de la televisión. No supe qué responder. —¿Y tú? —¿Eh? —¿Cuál es tu fetiche más raro? —Parecido al tuyo; me gustan los cuchillos. —De nuevo, intentaba impresionarlo—. Tengo un cuchillo. —Ya lo sé. ¿Quieres probarlo? —¿Quieres? —Claro. Se levantó, sacó su navaja y volvió a la cama. Nos besamos apasionadamente, nos desvestimos y, enseguida, se metió dentro de mí y me puso la hoja en la garganta. Tenía los ojos cerrados, concentrado en nuestros labios, y accidentalmente me pinchó el cuello. No lo mencioné hasta la siguiente vez que nos vimos. La siguiente vez, me rogó que le dejara cortarme la ropa interior. Le dije que sí, siempre y cuando no volviera a acercar el cuchillo a mi garganta. Empezó a cortar y, cuando hubo un agujero enorme, se rindió y los arrancó antes de colocarse entre mis piernas y empujar. Me puso el cuchillo en la garganta. Pensando que me había oído mal, le pedí que lo bajara. Entre besos, me preguntó por qué y le expliqué que me había pinchado el cuello la última vez y que no quería que volviera a pasar. Prometió que no lo haría y seguimos. Creo que le pedí que lo bajara de nuevo después de eso. Quizás no, la verdad es que no lo recuerdo. Me preguntó si quería ser la activa y le dije que sí, así que cambiamos de posición y, cuando me acomodé, me dio el cuchillo. Cuando fui a dejarlo a nuestro lado, me cogió la mano y me ayudó a sujetarlo contra su garganta. No entiendo por qué no respetó mi no inicial, supongo que fue por ese viejo dicho que todo el mundo piensa alguna vez: «Los chicos son así». Ahora sé que se trata de una violación de límites y un comportamiento coercitivo. Cuando le pedí que parara, debería haber parado. En cambio, me puso en una situación imposible: tenía un cuchillo en la garganta y un hombre encima que se negaba a quitármelo. En ese momento, me quedé paralizada. Volví a su casa después y su mano intentó subirse a mi blusa, pero lo detuve. Le dije: «Nada de sexo; solo besos». «¿Solo besos?», preguntó. Asentí. «De acuerdo», dijo. Nos besábamos cada pocos minutos, haciendo pausas para ver la televisión. Su mano recorría mi cadera y mi muslo. Tomé su mano y la coloqué sobre mi muslo, diciéndole que se quedara. Seguimos besándonos y su mano se deslizó lentamente por mi muslo hasta mis nalgas, apretándolas y acariciándolas suavemente. La volví a colocar en mi muslo y le dije que la dejara allí. Intentó poner su pierna entre mis muslos como solía hacer cuando estábamos desnudos antes de tener sexo y nos acariciábamos un poco. —Quita la pierna. —Lo siento —gruñó. Su mano seguía moviéndose, así que me giré y puse su mano sobre su muslo. —Deja de tocarme —me quejé. Preguntó: —¿Por qué? —Porque me estás poniendo cachondo. —Bien; ponte cachondo conmigo —dijo mientras empezaba a besarme el cuello y presionaba su erección contra mi trasero. —Hoy no. No me apetece. Levanté las piernas y me moví hacia adelante hasta que mi trasero y su erección quedaron a centímetros de distancia. Se estiró y movió los muslos hasta que quedaron presionados contra la parte posterior de mis muslos y su erección volvió a quedar contra mi trasero. Me giré para mirarlo y nos besamos de nuevo. —Por favor, te necesito —suplicó contra mis labios. Seguro que su erección no estaba cómoda. Así que cedí. "Yo también te necesito, preciosa". "¿Podemos follar?", preguntó. "Vale". Su mano se deslizó bajo mi camisa y mi sujetador y los subió. Me los quité y él se quitó los suyos antes de volver a colocarse con su muslo entre el mío. "Muévete para mí", ordenó. "Pero quiero que me folles". "Lo haré. Muévete primero". Intenté protestar, pero empezó a besar y chupar mis pezones y, en vez de eso, gemí. Empezó a moverse, así que hice lo que me indicó y me moví contra su muslo mientras nos besábamos. Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, dije: "Por favor, para". Hizo una pausa y preguntó: "¿Por qué, nena?". "Porque voy a correr". Siguió moviéndose aunque yo ya había parado. "Buena chica", gimió. “Corre para mí.” “Pero llevo pantalones…” “Shhh, no pasa nada.” Me agarró de las caderas y me guió por su muslo, provocándome un orgasmo. Sentí la cara roja de vergüenza y me escondí en su cuello. Cuando se detuvo, preguntó: “¿Te corriste?” “Mhm.” Asentí contra su cuello. “Buena chica.” Sin pausa, sin previo aviso, su mano se deslizó dentro de mis pantalones y ropa interior y empezó a tocarme. Este es otro ejemplo de cómo se negaba a respetar mis límites y me coaccionaba, agotándome hasta que dijera que sí. Jugaba videojuegos cuando terminábamos, conectándose a Discord para hablar por voz con sus amigos. Mientras jugaba, lo oí decir: “Cómo provocarle el síndrome de Estocolmo a una zorra”. De nuevo, lo atribuí a que estaba siendo provocador. Ahora me doy cuenta de lo perturbadora que debía ser su mentalidad para decir algo así. Le dije que no le rogaba a nadie. Al minuto siguiente, estábamos desnudos y él se frotaba contra mí, exigiéndome que le suplicara o no me la haría. Intenté resistirme, pero me sujetó las manos hasta que cedí. Me decía: "Eres una zorra desesperada". Una vez incluso me dijo que estaba investigando la guerra psicológica, y cuando le pregunté qué era, me respondió: "Tácticas de manipulación". Lo cual realmente revela su mentalidad. Pensé que podría estar embarazada y le envié un mensaje al respecto, esperando consuelo y madurez emocional. Lo que recibí fue una foto de una pistola y artículos de limpieza. Antes de ir a la universidad, bromeé sobre que se juntara con una anciana para que le hiciera compañía, ya que nuestro pueblo es prácticamente un asilo de ancianos. Me dijo que no, que iba a buscar a una chica de 17 años en el instituto. Con todos estos malos momentos acumulados, es fácil ver la toxicidad. Sin embargo, no todo fueron malos momentos. Me daba afecto poco a poco para mantenerme enganchada, de modo que cada vez que intentaba irme, sabía que volvería esperando su mejor versión. Estábamos viendo un programa cuando vimos una escena donde disparaban a criminales y pensé: ¿y si un día es tarde por la noche y estoy en casa con nuestros futuros hijos y él está fuera y le pasa algo malo pero no puedo ayudarlo? Una lágrima rodó por mi mejilla y cayó sobre su pecho desnudo. Me quedé paralizada. Sabía que lo había sentido, pero no estaba segura de cómo reaccionaría. Me besó suavemente la coronilla, cambió de canal a «Cold Ones», un canal de YouTube con el que siempre nos reíamos mientras lo veíamos. Estábamos en su casa, en su nueva habitación, y él seguía intentando tener relaciones sexuales conmigo. Le dije que no, que solo quería acurrucarme y ver la tele. Se enfadó y me dijo: «Si no vas a tener sexo conmigo, puedes irte». Me levanté, empecé a recoger mis cosas y me preguntó adónde iba. Le dije que me iba y solo respondió «vale». Su respuesta fue tan seca que decidí quedarme. Volví a subirme a la cama y él seguía preguntando: «¿Puedo tocarte?». Le repetía: «Seguro que está seco». Sin previo aviso, metió la mano en mis pantalones y empezó a frotarme, gimiendo sobre lo mojada que estaba. Empezamos a tener sexo porque él quería y yo no quería que me echara. Su cama rechinaba demasiado, así que nos fuimos al suelo. Le pedí que me pasara una almohada y me la dejó caer en la cara. Luego se acercó, se puso de pie sobre mí y empezó a menear su pene sobre mi cara, agachándose aún más. Le pregunté varias veces qué estaba haciendo y él solo sonreía sin responder. Finalmente, me arrastré fuera de debajo de él y le pregunté si iba a cagarme encima. Me respondió que solo iba a hacerme una felación. No acepté nada de eso. Pero no todo fue malo. Estábamos comiendo pollo BBQ de Domino's en la cama cuando una gota de salsa cayó sobre mi pecho y me la señaló. "Lámela". Sonreí. "¡Qué asco!". Hizo una mueca. "No te quejabas hace diez minutos". Asintió. "Es verdad". La lamió. Tiempo después, bromeó sobre regalarme salsa BBQ por mi cumpleaños. En otra ocasión, le estaba haciendo cosquillas en los pies y me agarró, me inmovilizó con las piernas y trató de tirarse un pedo en mi cara. Esto sucedió más de una vez. Llegó la Navidad y me preguntó qué quería de regalo. Emocionada, le pedí que me sorprendiera y fui de compras para él, comprándole un montón de cosas que pensé que le gustarían, incluyendo un collar con una nota musical, una baratija de piel de dragón, dados, juguetes antiestrés, incienso y un soporte para incienso. Por supuesto, también sus chocolates caros favoritos. Cuando le di sus regalos, no tenía nada para mí. Vi una estatua de gato en su escritorio y me dijo que era para su exnovia. Nunca me regaló nada. Finalmente me dejó después de que intenté suicidarme; le dije que había ido al hospital cuando en realidad estaba asustada y me escondí en mi habitación. Le dije que le había mentido y se puso histérico, enviándome un mensaje que decía: «Mi punto es que mientras tú idealizabas tu propia muerte, yo estaba estresada como una mula y cada vez que rechazabas mi ayuda no me sentía nada bien; luego me mentiste sobre buscar ayuda, me hiciste sentir fatal». No dejaba de escribirle, intentando recuperarlo y entender por qué me trataba así. Obtuvo una orden de alejamiento y la está utilizando activamente en mi contra.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Agresión

    Fecha Querido Ser Interior, Vi una tenue lámpara a lo lejos. Quería acercarme, así que me acerqué flotando. El aire helado me calaba hasta los huesos, y mis oídos me dolían muchísimo. Necesitaba estar allí, pero el dolor se volvió insoportable. Tuve que detenerme y retroceder un poco, flotando lejos de la tenue luz que tanto anhelaba, que tanto necesitaba. Pero esta vez no podía soportar acercarme demasiado. Todo se sentía diferente. Desde que Nombre se fue, el dolor se intensificó. Ya no podía bloquear nada. Pero sabía que necesitaba ver qué era esa luz, así que acepté el dolor punzante en mis oídos y mejillas. Incluso mis dedos de los pies y mis pies dolían de agonía por el frío y la nieve. El dolor se intensificó al divisar la casa. Gritaba de dolor, pero me ignoré para poder ver qué era. Era diferente, y eso me asustaba. ¡BOOOF! De repente, mi cuerpo se estrelló contra el mismo techo que antes, golpeándose con la rodilla derecha. Al impactar, mi cuerpo se aferró al techo de mi yo interior. Me quedé allí tumbado unos minutos, intentando asimilar lo sucedido. Pensé que esa luz era diferente y segura, así que decidí dejarme llevar, sin saber qué acababa de liberar, sin saber qué me esperaba al otro lado. Lentamente, me llevé las manos a la cara para ver por qué me carcomían con un dolor sordo. Sangre, sangre carmesí, goteaba de mis manos. Mis ojos se abrieron desmesuradamente. Tenía las palmas de las manos cortadas de forma brutal; pequeños cortes se entrelazaban formando una gran red de heridas, mientras la sangre rezumaba como una botella de kétchup recién abierta a la que se le aplica demasiada presión, provocando que se derrame. Mientras mi yo exterior observaba la maraña de cortes en mis manos, una voz interrumpió mi intensa concentración, pero al hablar, los punzantes dolores del frío volvieron a mis mejillas, orejas y dedos de los pies. Un dolor sordo y agudo, como un escozor agudo. «¡Oye!». Era mi yo interior, que corría hacia el satélite que servía de escalera. Parecía aterrorizado, pero también parecía querer ayudar. «¡Baja, necesito hablar contigo, ahora mismo!». Dijo con calma la primera parte, pero gritó agresivamente: «¡Ahora mismo!». Mi yo exterior gimió de dolor. —No puedo, tengo las manos destrozadas —dijo apretando los dientes. —Baja, cae si es necesario, te necesito ahora mismo. Sé que ayer estaba furioso, pero hoy… ¡Solo baja, no me importa cómo pase! —Quiero que Nombre vuelva, entiendo lo que estaba haciendo, pero esto… esto se siente demasiado diferente. —El Juez y el Monstruo se están asfixiando dentro, ahora hay un Monstruo diferente y aún no sé quién es. No quiero ir solo ni acercarme demasiado, ya no sé qué está pasando —añadió su yo interior, tiñendo lentamente su voz de inquietud. Los ojos del yo exterior se abrieron de par en par, presa de la aprensión. Intentó hablar, pero no le salió nada, solo ahogándose en preguntas monosilábicas, luchando por salir a la vez. De repente, el yo exterior perdió el agarre del techo helado y dentado y se estrelló contra el suelo con un golpe sordo, violento y profundo. Su cuerpo se agitaba en el aire justo antes de estrellarse contra el frío suelo nevado de la realidad. ¡PLAF! “¡Yo exterior! ¡No, te necesito vivo!” El yo exterior comprendió que el impacto contra la realidad había dolido, pero era necesario para ver quién era ese monstruo, con manos ensangrentadas y minuciosamente cortadas o no. Dos manchas de sangre carmesí quedaron en la nieve mientras intentaba levantarse lenta pero infructuosamente. “Levántate”, dijo el yo interior con voz áspera e impaciente. Ahora no había tiempo para procesar nada, pues el mundo me exigía que me moviera, aunque no debía. De repente, sentí dos manos que me llevaban bajo las axilas, levantándome con un movimiento lento y torpe, ya que el yo interior no tenía la fuerza suficiente para levantarme por completo. Simplemente me arrastró con dificultad hacia la puerta que se aproximaba. Solo para que yo me ocupara de este nuevo monstruo por él, sin tener voz ni voto en el asunto. “No, por favor, por favor, no”, balbuceó lentamente su yo exterior mientras era arrastrado con dificultad por la nieve. Luego lo arrastraron un escalón hasta la terraza, justo antes de la puerta interior, con los pies arrastrándose como un tenedor clavado en puré de patatas. Su yo exterior podía ver la tenue luz de la sala de estar, contigua a la cocina, brillando cada vez más; su pavor se intensificó, pero no había nada que pudiera hacer, ahora estaba destrozado por su yo interior. A medida que se acercaba, arrastrándose hacia la puerta, su estómago se salió de su cuerpo junto con sus intestinos. Permanecieron allí mientras su cuerpo avanzaba. Ese monstruo no era él mismo, era otro hombre. Alguien que reconoció. Sus intestinos y su estómago no se movieron mientras eran arrastrados lejos de su cuerpo. Sin embargo, todo volvió a su lugar cuando, de alguna manera, se puso de pie con rapidez y precisión. Sus ojos se desorbitaron de inmediato, moviéndose rápidamente, mientras su respiración se aceleraba tanto que amenazaba con asfixiarlo y matarlo en el acto. Reconoció a ese hombre; era... Su yo exterior odiaba ese término: violador. De repente, gritó de tormento mientras bajaba la mirada; sus manos estaban cubiertas de sangre fresca. Luego, sintió un agudo pinchazo en la ingle y en su interior, "allí abajo". Sintió ese pánico profundo que solo había experimentado dos veces en toda su vida. Un miedo primigenio que jamás podría explicar, por mucho que lo intentara. Su yo exterior quiso agarrar el pomo, pero literalmente no podía. No con las manos en ese estado. "¿Adelante, qué esperas?", dijo su yo interior con indiferencia, pero con suavidad. Mientras su yo exterior se acercaba a la puerta, tropezando a medias en los dos largos escalones de madera, el nuevo monstruo giró lentamente su atención y su cabeza hacia él con una mirada fría, vacía y fría, como el acero. Este monstruo no tenía nombre; no, ni siquiera era humano, solo lo parecía. Fue profundamente perturbador para su yo exterior. ¡ZAS! De repente, algo lo atacó desde su izquierda, llevándose consigo a él y a aquel ser misterioso. Su cuerpo cayó rígido; giró la cabeza en el último segundo justo antes de que ambos impactaran contra la cubierta. Un momento... Era el Monstruo quien lo había atacado, mientras el nuevo monstruo observaba desde dentro. ¿Cómo había salido el Monstruo del exterior?, pensó el Ser Exterior.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    Contar eso sin derrumbarme

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    #1857

    #1857
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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Sólo palabras.

    Solo palabras. Te cuesta hablar de estas cosas. Te das cuenta de que te cuesta hablar de muchas cosas. Recuerdas la emoción que te produjo tu primer trabajo en Nombre de la empresa. Una amiga trabaja allí y sabes que mucha gente trabaja allí durante el verano. Es la década de 1990 y la ley te permite pagar menos del salario mínimo porque es como una formación a tiempo parcial para estudiantes que empiezan a trabajar. Como repartir periódicos. Eso es para chicos. Te emocionaste tanto después de estar nerviosa que pediste una solicitud junto con tu amiga. No recuerdas haberlo conocido entonces. Mucha gente quiere ser elegida para ese trabajo de mierda porque, por alguna razón, se ha vuelto muy popular entre los chicos. Sí recuerdas la llamada para que pudieras ir a una entrevista. De camino a casa, te preguntas si ser guapa y tener los pechos más grandes que la mayoría de las chicas de primer año tuvo algo que ver. Conociste a Nombre y esta vez lo recuerdas con seguridad. Tu aspecto ha sido mucho más una maldición que una bendición. Una razón por la que la gente no se sentiría tan mal por ti. 'Dios realmente te bendijo, cariño. Tienes tantos malos recuerdos, recuerdos bloqueados, recuerdos reprimidos por culpa de Nombre. Estás dudando mientras las lágrimas se acumulan. Necesitas un trago. Dejaste de beber hace años y hoy llevas tres meses y ocho días sobrio. Tu récord es de nueve meses y dos días. Eres fuerte. La mayor parte del tiempo. Estás vacío. Todo el tiempo. Nombre no fue el último, pero fue el primero. Le cambias el nombre aunque no quieras. Es el símbolo de tu odio por todo lo malo de los hombres. Te engañaron. Nombre consiguió lo que quería de ti. Demasiadas veces. Demasiadas veces antes de que dejaras de volver. Simplemente dejaste de hacerlo. Podrías haber dejado de hacerlo después de la primera vez que te abrazó y te acarició antes de que tu madre te recogiera esa noche. La primera vez. Todavía no lo entiendes ni te perdonas por eso. Dejaste que un chico en una fiesta y otro en un baile de octavo grado te metieran la mano debajo de la camisa. Te había gustado tanto esas veces. Había sido emocionante. y feliz. Nombre no te hizo feliz. Regresaste. Ahora quieres hablar de otra cosa. No de los otros hombres que pensaban que tu cuerpo era su juguete. No de la vez que fuiste a Irlanda con tus tías y mamá. Extrañas a mamá. Ese fue un buen viaje. Volviste mucho a eso. Te sentaste a hablar de cosas de las que no hablas. En un viaje familiar a Adventureland le preguntaste a tu prima si se consideraba perder la virginidad si un chico te lo hacía en los senos. Fingiste que era un chico lindo, no Nombre. Era difícil respirar con él sentado sobre tu torso embistiendo. A veces rompes cosas y gritas. Nunca cuando tu hijo está cerca. Tienes dos trabajos y realmente no te gusta el que más paga. Tu título universitario no cuenta mucho. ¿Cuánta vida se desperdicia en la desesperación, la duda y tomando el camino equivocado? Sientes alivio cuando finalmente terminó. Odias cuando termina porque sabes que te está robando su máximo placer cuando tiene una esposa. Actúa como si fuera solo otro día de trabajo para Te mantiene bajo su control. Eres patética. Sus restos están dentro de ti cada vez que vas a casa después de terminar con él. Solo otro día miserable en la vida. No dices nada. No se lo cuentas a nadie. No vales nada excepto como un recipiente para él. Tus padres te dicen cosas bonitas sobre ti. Siempre lo han hecho. Tienen que hacerlo. No saben lo que realmente eres. Una vergüenza negra son las veces que sentiste placer en tu cuerpo mientras él te lo hacía. Al menos mientras permanecías callada e inmóvil había algo de dignidad. Desafío. Insulto para él. Cuando tu cuerpo y tu voz reaccionaron como si te gustara, fue una traición. Como si te gustara esa bañera de hombre asqueroso encima y dentro de ti, follándote en ese suelo de baldosas, besándote como un amante. Te hiciste amiga de un grupo de chicos a mediados de la secundaria. Más de un año después, Nombre era más que una espina en tu alma. Una profunda insensibilidad. El grupo descubrió quién eras. Jugaban al fútbol. Eran importantes y tenían una voluntad fuerte. Te compartieron y te pasaron de mano en mano. Te dijeron Te amaban. Que eras la chica más genial. Tomaban lo que querían cuando querían. ¿Por qué? Nombre 2 fue tu compañero de laboratorio de biología. Fue el primero. Era el único de tu edad. Fuiste en su coche a almorzar y conociste a otros. Te querían. Te ofreciste voluntaria. Es todo para lo que sirves. Para drenarles su energía para que puedan ser felices y sentirse hombres. Para que puedas sentirte vacía y sucia. Incluso después de graduarse, se juntaban para divertirse en grupo o te hacían escabullirte por la noche para dar una vuelta. Te dirigiste al oeste después de graduarte. Un nuevo comienzo. Un éxodo. Una huida. Fuiste a una reunión. La reunión de diez años. Nombre 2 vino con su esposa. Te presentó como su exnovia. Dejaste que te llevara al baño para discapacitados y tuviera su rapidito. Después fuiste a los bares y dejaste a tu verdadero amigo y dejaste que Nombre 3 te llevara de vuelta a su habitación de hotel para vivir sus fantasías solo porque decía que siempre te había amado. Dicen que las personas atractivas tienen sexo con más frecuencia y con más parejas que la gente normal. Lo oscuro de esa afirmación es que, para las mujeres, no siempre es porque lo quieran, sino por la presión implacable de los hombres y por cómo hacen cualquier cosa si tienen la oportunidad. No eres una chica buena e inocente. ¿Lo habrías sido de no ser por Nombre, como quieres creer? ¿Habrías dejado que tu primo, mucho mayor que apenas conoces, te llevara de vuelta al bosque, detrás de su casa, a la choza donde fuma marihuana después de una boda? Y luego esperaras allí a que llamara a sus amigos después de descubrir que eras una chica mala y los esperaras también. Espantando moscas en tu ropa interior mientras los esperabas. No bebías porque tu madre no lo permitía, aunque eran niños menores que tú. Pero tu primo y sus amigos del barrio sí. Cuatro de ellos, contando a tu primo, lo suficientemente mayor como para ser tu tío. Aun así, actuabas como si te gustara todo lo que hacían. Lo llevaban tan lejos como si fueras el mejor juguete del mundo. Estrella porno, te llamaban como si fueras lo mejor que podrías ser. El sexo anal era insoportable. Era más fácil simplemente quitarte todo el maquillaje que intentar arreglarlo después de todo el sudor y la pegajosidad. Sonrisas y cumplidos seguidos de la profunda sensación de vacío del aislamiento total en la camioneta de regreso a casa desde Kansas City. Odiar a Nombre y sentir que traicionaste a tu tía porque uno de ellos era su prometido. Tuviste una infección y fue vergonzoso cuando el médico te lo dijo. Al menos era una doctora. La idea de un ginecólogo hombre es desconcertante. La única vez que te examinó uno fue aterradora. Estabas en la universidad. Era demasiado minucioso y hablador, como si estuviera a punto de invitarte a una cita y decidiste que nunca más. El único que tuviste sin guantes para el examen de mamas. El examen vaginal digital más sensual que tuviste para revisar el cuello uterino y los ovarios en busca de dolor. ¿Se suponía que su pulgar debía rozar tu clítoris? Incluso te preguntas si lo estaba grabando en su teléfono, ya que lo viste ajustar dos veces mientras asomaba por el bolsillo del pecho. Su bata de laboratorio. Su estúpido bigote de noviembre te preguntó si te gustaba. Así que algunos días no comes. Haces ejercicio para mantener el cuerpo que quieren. Te da valor para ellos. No eres nada. La gente siempre dice cosas bonitas. Cosas huecas. ¿Y si nunca hubieras conocido a Nombre? ¿Y si nunca te hubieran follado en el suelo por 3,45 dólares la hora? De espaldas, a gatas, a veces incluso encima de él. Tu primer orgasmo en ese suelo que olía a leche rancia y lejía. Tener que decirle a tu madre que te recogiera 45 minutos después del cierre del lugar para tus tareas de limpieza. Usaste tampones solo para evitar que se le escapara el semen de camino a casa. Fingiste ser virgen cuando estabas lejos de serlo. Te dijo que no te preocuparas porque se había hecho una vasectomía. Esa parte debe haber sido cierta. No tienes citas aunque siempre intentan concertarte una cita. Ni una oportunidad. Tu hijo es una buena excusa. Y una verdadera razón. Amor verdadero. La Tierra gira en el espacio. ¿Por qué no puede simplemente ¿Congelarte y morir como yo? Tu jefe no te lleva hasta el final porque no le engaña a su esposa. Le haces sexo oral porque no cree que cuente. Preserva su pureza. Dice que lo desea con todas sus fuerzas, como si pudiera tomarte lo que quisiera, pero es fuerte y valiente. No eres nada. Él es guapo. Dejas que te bese y te acaricie. Anhelas su contacto. No es un gran hombre, pero lo anhelas. Lo más parecido a un buen hombre que has conocido. Una figura paterna. Tu hijo necesita una figura paterna. Él lo es todo. Se merece algo mejor. Te quiere. Te dice que eres una buena madre y que por eso vale la pena soportar el mundo el tiempo que sea necesario. Pones buena cara, pero él sabe que estás vacía, en el fondo. Un pato herido fingiendo ser un cisne. Siempre fingiendo. ¿No había fingimiento antes de Nombre? Quizás no. Los días empiezan y tu mente finge, y es difícil, y los días terminan. Malos sueños por ambos lados. ¿Será un buen hombre? El gracioso La cosa es que quieres que sea un príncipe porque es tu príncipe, pero aunque sea como la mayoría de los hombres, quieres su felicidad total. Quieres chicas hermosas, buenos momentos y amigos fuertes para él. Existes para fingir y para que esos hombres te disfruten, pero sobre todo para darle a tu hijo la mejor vida posible más allá de ti. No eres inútil. No es tu culpa. Eres más fuerte de lo que crees. Palabras vacías. Tienen que decirlo. Siempre lo han hecho. Sin creatividad. Sin perspicacia. Sin verdad. Solo palabras.

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  • “Tú eres el autor de tu propia historia. Tu historia es tuya y solo tuya a pesar de tus experiencias”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    “Para mí, sanar significa que todas estas cosas que sucedieron no tienen por qué definirme”.

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Agresión

    Fecha Querido Ser Interior, Vi una tenue lámpara a lo lejos. Quería acercarme, así que me acerqué flotando. El aire helado me calaba hasta los huesos, y mis oídos me dolían muchísimo. Necesitaba estar allí, pero el dolor se volvió insoportable. Tuve que detenerme y retroceder un poco, flotando lejos de la tenue luz que tanto anhelaba, que tanto necesitaba. Pero esta vez no podía soportar acercarme demasiado. Todo se sentía diferente. Desde que Nombre se fue, el dolor se intensificó. Ya no podía bloquear nada. Pero sabía que necesitaba ver qué era esa luz, así que acepté el dolor punzante en mis oídos y mejillas. Incluso mis dedos de los pies y mis pies dolían de agonía por el frío y la nieve. El dolor se intensificó al divisar la casa. Gritaba de dolor, pero me ignoré para poder ver qué era. Era diferente, y eso me asustaba. ¡BOOOF! De repente, mi cuerpo se estrelló contra el mismo techo que antes, golpeándose con la rodilla derecha. Al impactar, mi cuerpo se aferró al techo de mi yo interior. Me quedé allí tumbado unos minutos, intentando asimilar lo sucedido. Pensé que esa luz era diferente y segura, así que decidí dejarme llevar, sin saber qué acababa de liberar, sin saber qué me esperaba al otro lado. Lentamente, me llevé las manos a la cara para ver por qué me carcomían con un dolor sordo. Sangre, sangre carmesí, goteaba de mis manos. Mis ojos se abrieron desmesuradamente. Tenía las palmas de las manos cortadas de forma brutal; pequeños cortes se entrelazaban formando una gran red de heridas, mientras la sangre rezumaba como una botella de kétchup recién abierta a la que se le aplica demasiada presión, provocando que se derrame. Mientras mi yo exterior observaba la maraña de cortes en mis manos, una voz interrumpió mi intensa concentración, pero al hablar, los punzantes dolores del frío volvieron a mis mejillas, orejas y dedos de los pies. Un dolor sordo y agudo, como un escozor agudo. «¡Oye!». Era mi yo interior, que corría hacia el satélite que servía de escalera. Parecía aterrorizado, pero también parecía querer ayudar. «¡Baja, necesito hablar contigo, ahora mismo!». Dijo con calma la primera parte, pero gritó agresivamente: «¡Ahora mismo!». Mi yo exterior gimió de dolor. —No puedo, tengo las manos destrozadas —dijo apretando los dientes. —Baja, cae si es necesario, te necesito ahora mismo. Sé que ayer estaba furioso, pero hoy… ¡Solo baja, no me importa cómo pase! —Quiero que Nombre vuelva, entiendo lo que estaba haciendo, pero esto… esto se siente demasiado diferente. —El Juez y el Monstruo se están asfixiando dentro, ahora hay un Monstruo diferente y aún no sé quién es. No quiero ir solo ni acercarme demasiado, ya no sé qué está pasando —añadió su yo interior, tiñendo lentamente su voz de inquietud. Los ojos del yo exterior se abrieron de par en par, presa de la aprensión. Intentó hablar, pero no le salió nada, solo ahogándose en preguntas monosilábicas, luchando por salir a la vez. De repente, el yo exterior perdió el agarre del techo helado y dentado y se estrelló contra el suelo con un golpe sordo, violento y profundo. Su cuerpo se agitaba en el aire justo antes de estrellarse contra el frío suelo nevado de la realidad. ¡PLAF! “¡Yo exterior! ¡No, te necesito vivo!” El yo exterior comprendió que el impacto contra la realidad había dolido, pero era necesario para ver quién era ese monstruo, con manos ensangrentadas y minuciosamente cortadas o no. Dos manchas de sangre carmesí quedaron en la nieve mientras intentaba levantarse lenta pero infructuosamente. “Levántate”, dijo el yo interior con voz áspera e impaciente. Ahora no había tiempo para procesar nada, pues el mundo me exigía que me moviera, aunque no debía. De repente, sentí dos manos que me llevaban bajo las axilas, levantándome con un movimiento lento y torpe, ya que el yo interior no tenía la fuerza suficiente para levantarme por completo. Simplemente me arrastró con dificultad hacia la puerta que se aproximaba. Solo para que yo me ocupara de este nuevo monstruo por él, sin tener voz ni voto en el asunto. “No, por favor, por favor, no”, balbuceó lentamente su yo exterior mientras era arrastrado con dificultad por la nieve. Luego lo arrastraron un escalón hasta la terraza, justo antes de la puerta interior, con los pies arrastrándose como un tenedor clavado en puré de patatas. Su yo exterior podía ver la tenue luz de la sala de estar, contigua a la cocina, brillando cada vez más; su pavor se intensificó, pero no había nada que pudiera hacer, ahora estaba destrozado por su yo interior. A medida que se acercaba, arrastrándose hacia la puerta, su estómago se salió de su cuerpo junto con sus intestinos. Permanecieron allí mientras su cuerpo avanzaba. Ese monstruo no era él mismo, era otro hombre. Alguien que reconoció. Sus intestinos y su estómago no se movieron mientras eran arrastrados lejos de su cuerpo. Sin embargo, todo volvió a su lugar cuando, de alguna manera, se puso de pie con rapidez y precisión. Sus ojos se desorbitaron de inmediato, moviéndose rápidamente, mientras su respiración se aceleraba tanto que amenazaba con asfixiarlo y matarlo en el acto. Reconoció a ese hombre; era... Su yo exterior odiaba ese término: violador. De repente, gritó de tormento mientras bajaba la mirada; sus manos estaban cubiertas de sangre fresca. Luego, sintió un agudo pinchazo en la ingle y en su interior, "allí abajo". Sintió ese pánico profundo que solo había experimentado dos veces en toda su vida. Un miedo primigenio que jamás podría explicar, por mucho que lo intentara. Su yo exterior quiso agarrar el pomo, pero literalmente no podía. No con las manos en ese estado. "¿Adelante, qué esperas?", dijo su yo interior con indiferencia, pero con suavidad. Mientras su yo exterior se acercaba a la puerta, tropezando a medias en los dos largos escalones de madera, el nuevo monstruo giró lentamente su atención y su cabeza hacia él con una mirada fría, vacía y fría, como el acero. Este monstruo no tenía nombre; no, ni siquiera era humano, solo lo parecía. Fue profundamente perturbador para su yo exterior. ¡ZAS! De repente, algo lo atacó desde su izquierda, llevándose consigo a él y a aquel ser misterioso. Su cuerpo cayó rígido; giró la cabeza en el último segundo justo antes de que ambos impactaran contra la cubierta. Un momento... Era el Monstruo quien lo había atacado, mientras el nuevo monstruo observaba desde dentro. ¿Cómo había salido el Monstruo del exterior?, pensó el Ser Exterior.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Sanación
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    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Sanación
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    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Sé que no sentirse creído puede ser duro. A veces ni yo misma me lo creo, pero te creeré porque sé que si tan solo una persona me creyera, me sentiría comprendida y me ayudaría a sanar.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
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    Todo

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    De un sobreviviente
    🇦🇺

    ¿Por qué soy yo quien tiene que lidiar con las consecuencias?

    Empezamos a salir y al principio todo iba bien. Pasábamos tiempo juntos con frecuencia y enseguida empecé a sentir algo por él. Con el tiempo, las cosas empezaron a cambiar de maneras que no entendía del todo en ese momento. Momentos que antes eran normales empezaron a volverse desagradables. —¿Qué más te gusta? —preguntó mientras teníamos sexo. —No lo sé. ¿Y a ti? —respondí. —Abofetear. —Me quedé sorprendida, pero como sentía algo por él, quería impresionarlo. Gran error. —¿Quieres abofetearme? —pregunté con vacilación. —Algo así. —Vale. Podemos intentarlo. Así que me abofeteó. Me dolió, pero no lo demostré. —¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa. —Sí. —No me gustó, pero estaba demasiado absorta en mis sentimientos como para decirlo. —Tú también puedes abofetearme si quieres. Nunca volví a consentir a que me abofeteara; nunca me lo preguntó. Tiempo después, me negué a besarlo, así que me agarró del pelo y me atrajo hacia él. Me aparté y me abofeteó. Lo besé para que no lo volviera a hacer. Otra vez, me pidió un beso cuando yo estaba encima de él. Me reí y me aparté. "Por favor", suplicó. "No", respondí con una risita. Miró mi collar y lo agarró, arrancándomelo del cuello. Nos miramos fijamente durante unos segundos antes de que me riera para no llorar. Se ofreció a comprarme uno nuevo, pero le dije que lo arreglaría en casa. Más tarde supe que estaba demasiado dañado para arreglarlo. Otro día estábamos acurrucados frente al televisor cuando solté: "¿Cuál es tu fetiche más raro?". Pensó un momento antes de responder. "Sangre", dijo. "Vaya. ¿Quieres añadir algo más?", pregunté, señalando las cicatrices de autolesiones en mi brazo. Se rió entre dientes. —Me temo que no tengo un cuchillo lo suficientemente afilado. Pero cuando consiga uno, ¿te gustaría probarlo conmigo? —Solo si quieres. —Un momento de silencio, roto solo por el sonido de la televisión. No supe qué responder. —¿Y tú? —¿Eh? —¿Cuál es tu fetiche más raro? —Parecido al tuyo; me gustan los cuchillos. —De nuevo, intentaba impresionarlo—. Tengo un cuchillo. —Ya lo sé. ¿Quieres probarlo? —¿Quieres? —Claro. Se levantó, sacó su navaja y volvió a la cama. Nos besamos apasionadamente, nos desvestimos y, enseguida, se metió dentro de mí y me puso la hoja en la garganta. Tenía los ojos cerrados, concentrado en nuestros labios, y accidentalmente me pinchó el cuello. No lo mencioné hasta la siguiente vez que nos vimos. La siguiente vez, me rogó que le dejara cortarme la ropa interior. Le dije que sí, siempre y cuando no volviera a acercar el cuchillo a mi garganta. Empezó a cortar y, cuando hubo un agujero enorme, se rindió y los arrancó antes de colocarse entre mis piernas y empujar. Me puso el cuchillo en la garganta. Pensando que me había oído mal, le pedí que lo bajara. Entre besos, me preguntó por qué y le expliqué que me había pinchado el cuello la última vez y que no quería que volviera a pasar. Prometió que no lo haría y seguimos. Creo que le pedí que lo bajara de nuevo después de eso. Quizás no, la verdad es que no lo recuerdo. Me preguntó si quería ser la activa y le dije que sí, así que cambiamos de posición y, cuando me acomodé, me dio el cuchillo. Cuando fui a dejarlo a nuestro lado, me cogió la mano y me ayudó a sujetarlo contra su garganta. No entiendo por qué no respetó mi no inicial, supongo que fue por ese viejo dicho que todo el mundo piensa alguna vez: «Los chicos son así». Ahora sé que se trata de una violación de límites y un comportamiento coercitivo. Cuando le pedí que parara, debería haber parado. En cambio, me puso en una situación imposible: tenía un cuchillo en la garganta y un hombre encima que se negaba a quitármelo. En ese momento, me quedé paralizada. Volví a su casa después y su mano intentó subirse a mi blusa, pero lo detuve. Le dije: «Nada de sexo; solo besos». «¿Solo besos?», preguntó. Asentí. «De acuerdo», dijo. Nos besábamos cada pocos minutos, haciendo pausas para ver la televisión. Su mano recorría mi cadera y mi muslo. Tomé su mano y la coloqué sobre mi muslo, diciéndole que se quedara. Seguimos besándonos y su mano se deslizó lentamente por mi muslo hasta mis nalgas, apretándolas y acariciándolas suavemente. La volví a colocar en mi muslo y le dije que la dejara allí. Intentó poner su pierna entre mis muslos como solía hacer cuando estábamos desnudos antes de tener sexo y nos acariciábamos un poco. —Quita la pierna. —Lo siento —gruñó. Su mano seguía moviéndose, así que me giré y puse su mano sobre su muslo. —Deja de tocarme —me quejé. Preguntó: —¿Por qué? —Porque me estás poniendo cachondo. —Bien; ponte cachondo conmigo —dijo mientras empezaba a besarme el cuello y presionaba su erección contra mi trasero. —Hoy no. No me apetece. Levanté las piernas y me moví hacia adelante hasta que mi trasero y su erección quedaron a centímetros de distancia. Se estiró y movió los muslos hasta que quedaron presionados contra la parte posterior de mis muslos y su erección volvió a quedar contra mi trasero. Me giré para mirarlo y nos besamos de nuevo. —Por favor, te necesito —suplicó contra mis labios. Seguro que su erección no estaba cómoda. Así que cedí. "Yo también te necesito, preciosa". "¿Podemos follar?", preguntó. "Vale". Su mano se deslizó bajo mi camisa y mi sujetador y los subió. Me los quité y él se quitó los suyos antes de volver a colocarse con su muslo entre el mío. "Muévete para mí", ordenó. "Pero quiero que me folles". "Lo haré. Muévete primero". Intenté protestar, pero empezó a besar y chupar mis pezones y, en vez de eso, gemí. Empezó a moverse, así que hice lo que me indicó y me moví contra su muslo mientras nos besábamos. Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, dije: "Por favor, para". Hizo una pausa y preguntó: "¿Por qué, nena?". "Porque voy a correr". Siguió moviéndose aunque yo ya había parado. "Buena chica", gimió. “Corre para mí.” “Pero llevo pantalones…” “Shhh, no pasa nada.” Me agarró de las caderas y me guió por su muslo, provocándome un orgasmo. Sentí la cara roja de vergüenza y me escondí en su cuello. Cuando se detuvo, preguntó: “¿Te corriste?” “Mhm.” Asentí contra su cuello. “Buena chica.” Sin pausa, sin previo aviso, su mano se deslizó dentro de mis pantalones y ropa interior y empezó a tocarme. Este es otro ejemplo de cómo se negaba a respetar mis límites y me coaccionaba, agotándome hasta que dijera que sí. Jugaba videojuegos cuando terminábamos, conectándose a Discord para hablar por voz con sus amigos. Mientras jugaba, lo oí decir: “Cómo provocarle el síndrome de Estocolmo a una zorra”. De nuevo, lo atribuí a que estaba siendo provocador. Ahora me doy cuenta de lo perturbadora que debía ser su mentalidad para decir algo así. Le dije que no le rogaba a nadie. Al minuto siguiente, estábamos desnudos y él se frotaba contra mí, exigiéndome que le suplicara o no me la haría. Intenté resistirme, pero me sujetó las manos hasta que cedí. Me decía: "Eres una zorra desesperada". Una vez incluso me dijo que estaba investigando la guerra psicológica, y cuando le pregunté qué era, me respondió: "Tácticas de manipulación". Lo cual realmente revela su mentalidad. Pensé que podría estar embarazada y le envié un mensaje al respecto, esperando consuelo y madurez emocional. Lo que recibí fue una foto de una pistola y artículos de limpieza. Antes de ir a la universidad, bromeé sobre que se juntara con una anciana para que le hiciera compañía, ya que nuestro pueblo es prácticamente un asilo de ancianos. Me dijo que no, que iba a buscar a una chica de 17 años en el instituto. Con todos estos malos momentos acumulados, es fácil ver la toxicidad. Sin embargo, no todo fueron malos momentos. Me daba afecto poco a poco para mantenerme enganchada, de modo que cada vez que intentaba irme, sabía que volvería esperando su mejor versión. Estábamos viendo un programa cuando vimos una escena donde disparaban a criminales y pensé: ¿y si un día es tarde por la noche y estoy en casa con nuestros futuros hijos y él está fuera y le pasa algo malo pero no puedo ayudarlo? Una lágrima rodó por mi mejilla y cayó sobre su pecho desnudo. Me quedé paralizada. Sabía que lo había sentido, pero no estaba segura de cómo reaccionaría. Me besó suavemente la coronilla, cambió de canal a «Cold Ones», un canal de YouTube con el que siempre nos reíamos mientras lo veíamos. Estábamos en su casa, en su nueva habitación, y él seguía intentando tener relaciones sexuales conmigo. Le dije que no, que solo quería acurrucarme y ver la tele. Se enfadó y me dijo: «Si no vas a tener sexo conmigo, puedes irte». Me levanté, empecé a recoger mis cosas y me preguntó adónde iba. Le dije que me iba y solo respondió «vale». Su respuesta fue tan seca que decidí quedarme. Volví a subirme a la cama y él seguía preguntando: «¿Puedo tocarte?». Le repetía: «Seguro que está seco». Sin previo aviso, metió la mano en mis pantalones y empezó a frotarme, gimiendo sobre lo mojada que estaba. Empezamos a tener sexo porque él quería y yo no quería que me echara. Su cama rechinaba demasiado, así que nos fuimos al suelo. Le pedí que me pasara una almohada y me la dejó caer en la cara. Luego se acercó, se puso de pie sobre mí y empezó a menear su pene sobre mi cara, agachándose aún más. Le pregunté varias veces qué estaba haciendo y él solo sonreía sin responder. Finalmente, me arrastré fuera de debajo de él y le pregunté si iba a cagarme encima. Me respondió que solo iba a hacerme una felación. No acepté nada de eso. Pero no todo fue malo. Estábamos comiendo pollo BBQ de Domino's en la cama cuando una gota de salsa cayó sobre mi pecho y me la señaló. "Lámela". Sonreí. "¡Qué asco!". Hizo una mueca. "No te quejabas hace diez minutos". Asintió. "Es verdad". La lamió. Tiempo después, bromeó sobre regalarme salsa BBQ por mi cumpleaños. En otra ocasión, le estaba haciendo cosquillas en los pies y me agarró, me inmovilizó con las piernas y trató de tirarse un pedo en mi cara. Esto sucedió más de una vez. Llegó la Navidad y me preguntó qué quería de regalo. Emocionada, le pedí que me sorprendiera y fui de compras para él, comprándole un montón de cosas que pensé que le gustarían, incluyendo un collar con una nota musical, una baratija de piel de dragón, dados, juguetes antiestrés, incienso y un soporte para incienso. Por supuesto, también sus chocolates caros favoritos. Cuando le di sus regalos, no tenía nada para mí. Vi una estatua de gato en su escritorio y me dijo que era para su exnovia. Nunca me regaló nada. Finalmente me dejó después de que intenté suicidarme; le dije que había ido al hospital cuando en realidad estaba asustada y me escondí en mi habitación. Le dije que le había mentido y se puso histérico, enviándome un mensaje que decía: «Mi punto es que mientras tú idealizabas tu propia muerte, yo estaba estresada como una mula y cada vez que rechazabas mi ayuda no me sentía nada bien; luego me mentiste sobre buscar ayuda, me hiciste sentir fatal». No dejaba de escribirle, intentando recuperarlo y entender por qué me trataba así. Obtuvo una orden de alejamiento y la está utilizando activamente en mi contra.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.