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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇲🇽

Cómo es posible ?

En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    De un sobreviviente
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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Historia
    De un sobreviviente
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    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Sobreviviente y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me sujetaba. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23 o 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, también estaba violando a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras otros eran violados. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba bruscamente con un trapo rojo de taller que usaba para limpiar el garaje. Así podía conservar el trapo para olerlo y tenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convertía en el monstruo, nadie hacía nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los momentos de amabilidad para facilitar sus ataques. Te hacía sentir una falsa sensación de seguridad y paz que te hacía dudar de tu intuición y tus instintos de que era un hombre malo. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecía, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas, cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo provocar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que sufrí fue cuando tenía 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más los abusos de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero aún no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía Dios lo perdonaría, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo oí manipular a otro miembro de la familia para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. A los hombres de nuestra familia también los manipulaban para que fueran abusadores. A mí también me manipularon. Para ser siempre la víctima. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les sucede a las personas que se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, durante mi infancia tuve una ansiedad terrible por el miedo a ser agredida sexualmente y me esforcé mucho por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba lo que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente me llevará más, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y antes de eso sufría de vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abría hogares en todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que estaba salvando a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños en los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años y mi padre viajaba por todo el país recaudando dinero y predicando la línea del partido: los hombres eran como dioses y las mujeres eran peores que la tierra; su único valor era ser vírgenes y luego, una vez casadas, ser fábricas de bebés. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron su versión de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los eventos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callada. Durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba a diario para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" era un pecado generacional que afectaba a cuatro generaciones. La presión por guardar silencio y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que hubiera preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar todo el trauma que descubrí que mi padre había fingido su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví durante mi infancia. Pero déjenme decirles que saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, me impulsó a denunciarlo. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Más difícil, incluso, que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo-conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para que se presentaran demandas penales y civiles contra mis agresores, pero la prescripción en Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a participar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre la intersección entre trauma, fe y defensa de los derechos. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y abogar por la Ley Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio permitió que personas como mis padres continuaran con el maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurar que la justicia no se vea limitada por los acuerdos de confidencialidad y la prescripción de los delitos. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, público interesado en crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en guiar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente deseo para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

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  • Mensaje de la Comunidad
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    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Pasé años sufriendo en silencio, así que ahora elijo sanar en voz alta.

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    De un sobreviviente
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    Violación anal

    De alguna manera terminé en Tinder a los 16 años. Lo sé, no fue muy inteligente de mi parte, pero todos mis amigos lo usaban en ese momento y no lo pensé. Conocí a alguien que me dijo que también era menor de edad, que tenía 17 años. Parecía perfecto. Tuvimos una cita en un campo de calabazas, comimos sushi en un restaurante y después vino a mi casa a tallar calabazas. Todo iba tan bien. Estábamos viendo una película y me pidió que fuéramos a mi habitación. Honestamente, no quería, pero acepté y fuimos a mi habitación. Su actitud cambió de inmediato, de repente se volvió arrogante y dominante. Tuvimos sexo, a lo que accedí aunque me sentí presionada. De repente, metió su pene en mi ano, lo sacó después de un par de veces y lo volvió a meter en mi vagina. Estaba en shock, estaba confundida. ¿Acababa de pasar eso? ¿Es normal? Estoy tan agradecida por los instintos de supervivencia humanos porque en su mayoría me desconecté. Pero recuerdo que dijo: "Al menos podrías fingir que lo disfrutas". Aun así, no reaccioné. Cuando terminó, se levantó y fue a buscar una toalla. Le pedí que encendiera la luz y me dijo: "¿Estás segura? Quizás no quieras ver la cama, va a ser muy explícito". No entendí y de todas formas quería la luz encendida. Mi edredón blanco estaba cubierto de sangre y tenía manchas de heces. "Wow", me sentí avergonzada. Dijo que era normal. Regresamos a la sala y unos minutos después se fue. Luego, tiré mi edredón y fui a casa de mi mejor amiga. Tenía a su amiga mayor de visita. Les conté lo que había pasado y se quedaron impactadas. Ambas chicas tenían experiencia sexual y me dijeron que eso no es normal. No se tiene sexo anal por accidente. No se tiene sexo anal sin hablarlo primero. No se "desliza" dentro del ano de alguien, que es la excusa que había pensado para él, "¿quizás se resbaló?". Me aseguraron que no fue un accidente. Le dije a la chica mayor su nombre, Nombre , resulta que ella lo conoce y él no tiene 17 años. Él le dijo que tenía 20. Cuando fue a su casa antes, fue muy insistente para tener sexo y su perro lo odió, así que ella lo echó. Mi perro también lo odió. Después, me comuniqué con él, no respondía a mis mensajes, luego dijo que lo sentía pero que no buscaba nada en cuanto a una relación, que no quería volver a verme. En este punto comenzó a quedar más claro "Puede que haya sido violada". Pasé unos 2 años yendo y viniendo entre si eso realmente sucedió, si fue violación, si fue mi culpa, si lo pedí. Unos días después de la violación mi vagina se hinchó. Lo sé, lamento el detalle, pero es crucial para la historia. Fui al centro de salud estudiantil con el que trabajaba mi escuela porque no quería que mis padres supieran que había tenido sexo. Me hicieron una prueba y tenía vaginosis bacteriana. La enfermera dijo que tenía "bacterias que parecían una flor floreciendo dentro de mí", esto se debía a que había pasado de mi ano a mi vagina varias veces y yo estaba sangrando. Por suerte, se solucionó fácilmente con antibióticos. Otra cosa que confirmó que algo grave había sucedido fue que pasé dos años de mi vida, los dos últimos de la secundaria, en cama y no recuerdo bien mi época escolar. Dormía, me pudría, quité el armazón de mi cama de mi habitación en una crisis nerviosa, cambié la cama de posición en mi habitación y cambié de colchón. Nada me ayudaba. Finalmente, me cambié de habitación. Empecé a sentir resentimiento hacia mi propia casa. No me sentía segura. Empecé a ser grosera con mis padres, era mala cuando no me dejaban salir y estaba irritable en cualquier momento. Me saltaba la cena y evitaba el tiempo en familia. Además, dejé de ir a la escuela. Falté tantos días a la escuela que me enviaron una carta diciendo que tal vez un policía vendría a mi casa a hacer una verificación de bienestar. Mi mamá me dejaba en la escuela, yo esperaba a que se fuera y luego volvía a casa caminando para acostarme en la cama. Hasta que empezó a esperar a que entrara y entonces tal vez iba a una clase y luego volvía a casa caminando. Mis dos mejores amigas empezaron a venir a mi ventana los días de escuela y tocaban para intentar que fuera a clase. Una de ellas, mi mejor amiga del mundo, tocaba mi ventana continuamente hasta que la dejaba entrar a mi casa. También tengo perros que ladran mucho, así que se volvían locos ladrando y tenía que dejarla entrar; ella literalmente no se iba ni dejaba de tocar hasta que la dejaba entrar. No importaba lo asquerosa y horriblemente desordenada que estuviera mi habitación (me refiero a que no se veía el suelo, obstáculos para la cama, basura, enormes montones de ropa, ropa amontonada en el suelo), ella se sentaba conmigo en mi colchón en el suelo. Ella se acostaba conmigo, me abrazaba, me hacía ver videos con ella en su teléfono. Faltaba a la escuela por mí. Finalmente, me convenció de salir de casa, ir con ella a tomar un café, a comer algo, a dar una vuelta en coche, a su casa, a aventurarnos juntas en el bosque. No puedo imaginar qué habría pasado sin ella. Nunca me hizo sentir como una víctima, siempre me dejó hablar de los detalles desagradables y me dejó ser yo misma, con mis defectos y mis debilidades, me hizo reír, me hizo sentir feliz cuando estaba tan deprimida, y ni siquiera sabía por qué. Es decir, seguía confundida, sin estar segura de si realmente había sido violada. Finalmente, mi escuela me dijo que tendría que repetir el último año. Nunca me preguntaron qué me pasaba, solo me dijeron que estaba suspendiendo mucho. En ese momento conocí a un chico nuevo que se convirtió en mi novio, terminó engañándome, así que no puedo hablar muy bien de él en esta historia, pero en ese momento, fue realmente útil y beneficioso, me enseñó qué es el sexo seguro de verdad y cómo se supone que debe ser y sentirse. Es comunicación, consentimiento, buenos sentimientos mutuos y amor. Quiero añadir que cuando tuve sexo con él por primera vez después de la violación, mis manos se bloquearon. Una consecuencia física del trauma, no podía abrir mis manos, tenía miedo y no de él, sino que mi cuerpo respondió a que ese acto íntimo sucediera de nuevo. Era su primera vez teniendo sexo y me gusta considerar que también fue mi primera vez real. No se "deslizó" en mi ano. Porque eso no sucede. Después de esto, me di cuenta de que había sido violada analmente. Siempre había buscado en Google, Instagram y donde fuera posible información sobre violación anal, y nunca la encontré. Quería confirmación y validación. Quería encontrar a alguien que hubiera vivido lo mismo que yo y aún no lo he encontrado (4 años después). Solo veía cosas sobre violaciones en cárceles masculinas. Estoy poniendo cara de que no era lo que buscaba. Unos días después, la hermana de una amiga empezó a salir con el hombre que me violó. Me escribió preguntándome por él. No le dije que me había violado, pero ojalá lo hubiera hecho. Más tarde, la vi en una fiesta, después de haber bebido un poco, me acerqué y le dije que tenía una pregunta muy personal que necesitaba hacerle. Dijo que sí, sin duda. Le pregunté si Nombre (el violador) había intentado tener sexo anal con ella. Giró la cabeza bruscamente y dijo: "¡Sí! Lo intentó durante el sexo y lo detuve, me enfadé muchísimo con él, estaba muy molesta". En ese momento todo cobró sentido para mí y le estaré eternamente agradecida por ella y su honestidad. Fue un punto de inflexión en mi sanación. Confirmó lo que me había estado preguntando durante años. Mi novio de entonces había ido a una escuela secundaria inclusiva, con educación personalizada y donde realmente se preocupaban por sus estudiantes. Se llamaba Nombre de la escuela . Me dijo que debería postularme, que trabajaban con recuperación de créditos y que pensaba que sería perfecto para ayudarme a graduarme. Tenía razón. Me postulé a Nombre de la escuela , me preguntaron por qué estaba reprobando la secundaria. Les dije que fui violada a los 16 y que dejé de ir a la escuela. Les dije que no quería repetir el último año. Les dije que nadie en mi otra escuela secundaria me preguntó qué estaba pasando en mi vida personal. La mujer que me atendió por teléfono dijo que podían ayudarme a graduarme a tiempo y que podían apoyarme. Mi mejor amiga, quien me ayudó durante este tiempo, también se transfirió a esta escuela. Las dos estábamos en una nueva escuela secundaria en nuestro último año. Nombre de la escuela cambió mi vida. Disfruté mucho volver a la escuela, me sentí apoyada y me trataron como a una persona inteligente, no como a una delincuente a la que no le importaba su futuro. Todos los profesores de ese edificio querían que tuviera éxito y lo sentía. Estaba en programas de recuperación de créditos, haciendo exámenes para demostrar que tenía los conocimientos necesarios para graduarme. Mi mejor amiga y yo terminamos la preparatoria antes de tiempo. Fue una gran sensación, aunque me gradué con un promedio de 2.3. Ahora estoy aquí sentada escribiendo esto en un colegio comunitario, a pocas semanas de cumplir 21 años, y finalmente he llegado al punto en que puedo pensar en la violación sin golpearme la cabeza hasta dejar de pensar en ello. Pienso en la violación y en mi violador todos los días de mi vida desde entonces. Siempre he querido compartir mi historia y ahora estoy buscando plataformas para hacerlo. Quiero que alguien más que haya sido violada analmente pueda leer mi historia, quiero que alguien pueda sentirse vista y escuchada como yo quería y necesitaba. Pero para cualquier sobreviviente de violación, quiero que sepas que, con el tiempo, podrás vivir con esta nueva normalidad. No diré "mejora" porque no estoy segura de que sea así; francamente, no creo que mejore, simplemente se convierte en algo a lo que te adaptas. He ido a terapia y ahora estoy en terapia de nuevo. Continúo esforzándome por sanar. Todavía pienso en ello todos los días, pero finalmente reacciono menos. Todavía me estremezco y me enojo cada vez que veo su nombre en alguna parte. Nunca volveré a estar con alguien llamado Nombre . Me estremezco cuando veo a alguien que se parece a él de alguna manera. Tengo miedo a los hombres. No me gusta tener citas, no me gusta estar demasiado cerca de un hombre, no quiero estar a solas en una habitación con un hombre, me enojo o me siento incómoda cuando un hombre desconocido en la calle me mira demasiado tiempo, si me halaga, si intenta tener una conversación o si coquetea. Tengo problemas de apego y abandono. No sé si esto mejorará alguna vez, pero es parte de mi nueva normalidad. La persona que era antes de la violación ya no soy yo. He aceptado que soy una persona nueva y que tengo que volver a conocerme. Perdí muchos amigos durante mi aislamiento, me cuesta mantener un trabajo y me cuesta mucho sacar buenas notas en la escuela, aunque de verdad quiero tener éxito. La depresión me abruma casi todos los días. Quiero que Nombre esté en la cárcel. Quiero que lo etiqueten como el violador que es, quiero que sufra de verdad. Quiero que nunca pueda conseguir un trabajo. Lo odio y odio que viva libre y que posiblemente disfrute de su vida. Odio que probablemente siga encontrando nuevas víctimas. Lo denuncié a la policía, pero no sirvió de nada. También lo denuncié al Departamento de Servicios Humanos por abuso en mi estado, y tampoco sirvió de nada. Pero hice mi parte, solo puedo esperar que alguien más lo denuncie como yo y que vean una alerta en su sistema de que ya ha hecho esto antes. Todavía lo veo en aplicaciones de citas, ahora usa su segundo nombre y es bisexual. Siento que me usó como sujeto de prueba. Cuando era más joven, lo acosaba en línea desde cuentas falsas en Instagram. Le dije que era gay y que debería ser un hombre de verdad y encontrar a un chico con quien acostarse en lugar de torturar a chicas inocentes. Le dije que conocía a todas las personas que había violado, aunque no era cierto. Le dije que el karma lo alcanzaría y que alguien lo atraparía tarde o temprano. Le dije que era una persona terrible, pero nunca admitió lo que hizo ni lo reconoció. Me gustaría pensar que puedo seguir adelante con mi vida, pero esta es mi historia. Es parte de mí ahora, es la razón por la que actúo como lo hago y es una explicación para la mayoría de las cosas en mi vida. Hace poco me mudé sola y conseguí mi propio apartamento. Pensé que simplemente no me gustaba tener gente en la casa de mi infancia porque fue la casa donde fui violada. Mi familia se mudó de esa casa y se mudó de estado. Y ahora, en mi nueva casa, mi propio espacio personal, sigo sin poder invitar a nadie. Me cuesta incluso tener a mis amigas, a mi vecina o a mi mejor amiga. No permito visitas y nunca invito a una cita. Es un gran paso para mí tener a alguien en mi casa, y es culpa suya. Solo me di cuenta de esto este año. Tengo miedo de que alguien más vuelva a reclamar mi espacio. Vaya, qué bien se sintió desahogarme. Es difícil hablar y compartir mi historia cuando no tengo la justicia que deseo. Es difícil aprender sobre el sistema judicial cuando se supone que te protege y no lo hace. Es difícil pensar que tantas personas son violadas con tanta frecuencia. Estoy enfadada y quiero un cambio. No sé muy bien qué tipo de cambio, pero algo. Ojalá no tuviera que vivir con tanta rabia y miedo, pero eso también forma parte de mi nueva normalidad. Estoy inquieta, no puedo evitar mirar a mi alrededor con frecuencia cuando estoy en público y me preocupo por cosas insignificantes. Pero me estoy adaptando y tú también lo harás. Te mando un abrazo.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Para mí, sanar significa aprender a vivir con lo sucedido y llevarlo consigo.

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    De un sobreviviente
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    Marchando a través de la locura

    Esta historia no es fácil de leer, pero es más difícil de vivir. Soy una sobreviviente de abuso narcisista, agresión sexual y un fracaso sistémico. Comparto esto no por lástima, sino por la verdad. Por cada mujer que ha sido silenciada, rechazada o retraumatizada por los mismos sistemas que se supone que deberían protegerla. Escribo esto para recuperar mi voz y ayudar a otros a encontrar la suya. Me llevó hasta los cincuenta años darme cuenta de mi valor. Pasé décadas cargando con el peso de una infancia que me despojó de confianza y autoestima. Eso estuvo fuertemente influenciado por un dictador nefasto que se hacía llamar papá. El abuso físico fue bastante malo, pero él se encargó de que sus hijos llegaran a la edad adulta sin conocer nuestro propio valor y sin autoestima alguna. Aun así, logré casarme, criar hijos y tener buenos trabajos. Soy inteligente, me desenvuelvo bien. Pero hasta hace poco, nadie sabía lo poco que pensaba en mí misma, ni siquiera yo misma. Entonces llegó el hombre que casi me destruiría. Era más joven, persistente, y ahora lo entiendo: me estaba condicionando para el abuso narcisista. Lo que siguió fueron tres años de trauma diario. Lloraba a mares todos los días. Eso son más de 1095 días de devastación emocional. Al final, mi energía, mi vivacidad y mi tenacidad apenas aguantaban. Hizo las cosas más atroces. Mató a mi gato. Amenazó mi vida y la de mis hijos. Me mantuvo atada al miedo. Destruyó todo lo que tenía, incluyendo mi Tahoe 2009, que usaba para trabajar y cuidar a mis hijos. Lo hizo estallar poco después de enviarme a la UCI, luchando por mi vida. Me negué a darle el nombre del hospital o mis médicos. Estuve allí durante 18 días. Estaba al límite todos los días. Un capellán me visitaba a diario. Como era una muy Feliz Navidad por la COVID, a mis hijos adolescentes no se les permitió despedirse. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue una bendición: nadie habló de muerte en la vida de mis hijos. Dios es bueno. La infección que casi me mata y casi me cuesta la pierna derecha fue consecuencia de una agresión sexual. Regresé a casa con una vía central de inserción periférica (PICC), recibiendo antibióticos diarios durante seis semanas. Mis hijos me los administraron. Tuve cuatro cirugías en tres meses y una transfusión de sangre. Dos días después de llegar a casa, mi camioneta explotó. Era uno de esos autos que se ven en la autopista envueltos en llamas. Después de salir del hospital y ver mi camioneta explotar, supe que tenía que luchar por justicia. Tenía pruebas: historiales médicos, fotos, testigos. Me habían asfixiado, apuñalado, agredido y recibido amenazas de muerte por escrito y en video. Esperé un año para presentar la demanda porque estaba destrozada física y mentalmente. No me quedaba nada. Pero cuando finalmente lo hice, pensé que alguien me ayudaría. Pensé que el sistema me protegería. No fue así. El fiscal del distrito nunca me contactó. Ni una sola vez. Tuve que depender de las alertas de VINE solo para saber cuándo estaba en el tribunal. Nadie me dijo nada. Un juez denegó mi orden de protección y lo llamó "cariño" y "bebé" en el tribunal. Contaba con un equipo legal sólido de una organización sin fines de lucro, e incluso ellos se quedaron impactados. Querían trasladar el caso a otro condado, pero yo tenía miedo. No quería provocar al oso. Él seguía acosándome. Seguía observándome. Fui revictimizada por las mismas personas que se suponía que debían ayudarme. La policía ignoró mis denuncias. Los defensores se burlaron de mí. Uno incluso se burló de mí por preguntar por una cena de Navidad después de que me sacaran todos los dientes por el daño que él causó. Tenía un hijo menor en casa y sin comida. Y se rieron. La Oficina de Compensación a las Víctimas de la Fiscalía General me ayudó con la factura del hospital por la extracción de mis dientes, pero no con el reemplazo. No me reubicaron porque no vivíamos juntos, aunque él me veía casi a diario. Tenían ayuda, pero no para mí. Lo condenaron a seis días en la cárcel del condado. Eso es todo. Sin restitución. Sin rendición de cuentas. Todavía sabe dónde estoy. Todavía me acecha en redes sociales para recordarme que algún día cumplirá su amenaza de perseguirme cuando menos lo espere. No sé dónde está. Y vivo con ese miedo a diario. Después de que el sistema judicial me fallara, no tuve adónde recurrir más que a mi interior. Pasé por tres centros de mujeres diferentes y agoté al máximo cada programa de terapia que ofrecían. Asistí a cada sesión, fui por mí y por mis dos hijos, quienes habían presenciado todo el drama, incluso cuando apenas podía hablar por el dolor. No solo estaba sanando de un trauma físico. Estaba sanando de haber sido ignorada, rechazada y revictimizada por las mismas instituciones que se suponía que debían protegerme. Y cuando la terapia se acabó, no paré. Encontré capacitación gratuita en emprendimiento a través de Memorial Assistance Ministries y me dediqué por completo, no porque tuviera un plan de negocios, sino porque necesitaba algo que me recordara que aún valía. Me inscribí en el programa Navigator y, con solo asistir a una reunión de retroalimentación en United Way, pude acceder a formación en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Obtuve certificados de la Universidad de Maryland, la Universidad de Valencia e incluso Harvard. Obtuve mi certificación en diseño gráfico y la usé para crear productos de empoderamiento, diarios y piezas de narrativa visual que hablaban del dolor que no siempre podía expresar en voz alta. Obtuve 17 certificados a través del Texas Advocacy Project, convirtiéndome en una defensora con experiencia vivida e informada sobre el trauma. Hice todo esto mientras aún sanaba, seguía creciendo y me acercaba a mi 60.º cumpleaños. Ahora aquí estoy, todavía sin poder encontrar trabajo. Tengo todo este conocimiento, toda esta formación, y ningún lugar donde aplicarlo. Sigo en pie. Sigo creando. Sigo intentándolo. Pero el silencio del mundo que me rodea es ensordecedor. No solo sobreviví, me transformé. Y, sin embargo, sigo esperando que se abra una puerta. Voy a seguir escribiendo. Seguir luchando. Seguir cuidando de mi salud, incluso cuando el sistema a mi alrededor me hace sentir que sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Aún no he podido resolver los problemas dentales, y eso por sí solo ha afectado mi confianza, mi comodidad y mi capacidad para integrarme plenamente en el mundo. Es muy posible que me enfrente a una crisis de vivienda en los próximos meses. Vivir con una discapacidad no es sostenible, y las cuentas no cuadran por mucho que intente estirarlas. Pero no me rendiré. He llegado demasiado lejos, he aprendido demasiado y he construido demasiados puentes como para detenerme ahora. Busco un milagro, no porque sea impotente, sino porque he hecho todo lo posible por mi cuenta. Estoy lista para que se abra una puerta. Lista para que alguien vea el valor de lo que he construido, de lo que sé, de quién soy. No pido caridad. Pido una oportunidad para convertir toda esta experiencia vivida en un impacto. En un legado. En algo que finalmente se sienta como justicia.

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    De un sobreviviente
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    Ya no pude permanecer en silencio

    No estoy muy seguro de cómo hacerlo, ya que es la primera vez que escribo sobre esto, así que empezaré por el principio. Soy un hombre de 40 años, casado y con dos hijastros. Fui agredido sexualmente por un primo cuando tenía unos 9 o 10 años y violado por otro primo en mi adolescencia. No recuerdo bien cómo sucedió, simplemente sucedió. Mi sexualidad despertó temprano a los 3 o 4 años. Veía revistas o vídeos porno que mi padre solía dejar por ahí. Miraba las revistas y los vídeos y pensaba: «Bueno, esto es lo que se supone que debo hacer; parece que todos se lo están pasando bien, así que debe sentirse muy bien». Cuando tenía unos 9 años, mi ahora exprimo me obligó a practicarle sexo oral; era como un año mayor que yo y lo idolatraba. Años después, descubriría que era narcisista. Esto continuó durante un año o dos y luego se lo dije a mis padres, quienes dijeron que se encargarían de ello. Dijeron que hablaron con su padre, mi tío, y él dijo que hablaría con él al respecto, si realmente lo hizo o no, no lo sé, pero se detuvo. Luego, cuando tenía unos 12 años, otro primo me obligó a practicarle sexo oral, lo que luego lo llevó a violarme analmente. Esto continuó durante algunos años. No sé por qué dejé que sucediera, no soy gay ni nunca me he sentido atraído por otro hombre, odiaba lo que me estaba haciendo, supongo que simplemente asumí que era normal. Cuando tenía 15 años, le dije que quería que parara y paró. Nunca se lo dije a mis padres ni a nadie más. Me automedicé con alcohol durante 10 años, he estado sobrio desde 2009. Finalmente se lo conté a mi esposa a principios de este año. Ella fue y sigue siendo muy comprensiva y comprensiva. Me diagnosticaron ansiedad, depresión y TEPT. Estoy tomando medicación y en terapia para superar esto, además de otros traumas. No fue fácil contar mi historia, y supongo que no es fácil para nadie, pero lo hice y me hizo darme cuenta de que lo que pasó no fue mi culpa y que no tenían derecho a violarme como lo hicieron. Si estás leyendo esto y te da miedo compartir tu historia, recuerda que si yo pude, tú también puedes. Puede ser extremadamente difícil, pero es parte de la sanación y sanarás. Gracias por leer.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Contar eso sin derrumbarme

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  • Mensaje de Sanación
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    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Historia
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    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Mueva su cuerpo de manera que le resulte agradable tanto como pueda.

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    De un sobreviviente
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    Violación anal

    De alguna manera terminé en Tinder a los 16 años. Lo sé, no fue muy inteligente de mi parte, pero todos mis amigos lo usaban en ese momento y no lo pensé. Conocí a alguien que me dijo que también era menor de edad, que tenía 17 años. Parecía perfecto. Tuvimos una cita en un campo de calabazas, comimos sushi en un restaurante y después vino a mi casa a tallar calabazas. Todo iba tan bien. Estábamos viendo una película y me pidió que fuéramos a mi habitación. Honestamente, no quería, pero acepté y fuimos a mi habitación. Su actitud cambió de inmediato, de repente se volvió arrogante y dominante. Tuvimos sexo, a lo que accedí aunque me sentí presionada. De repente, metió su pene en mi ano, lo sacó después de un par de veces y lo volvió a meter en mi vagina. Estaba en shock, estaba confundida. ¿Acababa de pasar eso? ¿Es normal? Estoy tan agradecida por los instintos de supervivencia humanos porque en su mayoría me desconecté. Pero recuerdo que dijo: "Al menos podrías fingir que lo disfrutas". Aun así, no reaccioné. Cuando terminó, se levantó y fue a buscar una toalla. Le pedí que encendiera la luz y me dijo: "¿Estás segura? Quizás no quieras ver la cama, va a ser muy explícito". No entendí y de todas formas quería la luz encendida. Mi edredón blanco estaba cubierto de sangre y tenía manchas de heces. "Wow", me sentí avergonzada. Dijo que era normal. Regresamos a la sala y unos minutos después se fue. Luego, tiré mi edredón y fui a casa de mi mejor amiga. Tenía a su amiga mayor de visita. Les conté lo que había pasado y se quedaron impactadas. Ambas chicas tenían experiencia sexual y me dijeron que eso no es normal. No se tiene sexo anal por accidente. No se tiene sexo anal sin hablarlo primero. No se "desliza" dentro del ano de alguien, que es la excusa que había pensado para él, "¿quizás se resbaló?". Me aseguraron que no fue un accidente. Le dije a la chica mayor su nombre, Nombre , resulta que ella lo conoce y él no tiene 17 años. Él le dijo que tenía 20. Cuando fue a su casa antes, fue muy insistente para tener sexo y su perro lo odió, así que ella lo echó. Mi perro también lo odió. Después, me comuniqué con él, no respondía a mis mensajes, luego dijo que lo sentía pero que no buscaba nada en cuanto a una relación, que no quería volver a verme. En este punto comenzó a quedar más claro "Puede que haya sido violada". Pasé unos 2 años yendo y viniendo entre si eso realmente sucedió, si fue violación, si fue mi culpa, si lo pedí. Unos días después de la violación mi vagina se hinchó. Lo sé, lamento el detalle, pero es crucial para la historia. Fui al centro de salud estudiantil con el que trabajaba mi escuela porque no quería que mis padres supieran que había tenido sexo. Me hicieron una prueba y tenía vaginosis bacteriana. La enfermera dijo que tenía "bacterias que parecían una flor floreciendo dentro de mí", esto se debía a que había pasado de mi ano a mi vagina varias veces y yo estaba sangrando. Por suerte, se solucionó fácilmente con antibióticos. Otra cosa que confirmó que algo grave había sucedido fue que pasé dos años de mi vida, los dos últimos de la secundaria, en cama y no recuerdo bien mi época escolar. Dormía, me pudría, quité el armazón de mi cama de mi habitación en una crisis nerviosa, cambié la cama de posición en mi habitación y cambié de colchón. Nada me ayudaba. Finalmente, me cambié de habitación. Empecé a sentir resentimiento hacia mi propia casa. No me sentía segura. Empecé a ser grosera con mis padres, era mala cuando no me dejaban salir y estaba irritable en cualquier momento. Me saltaba la cena y evitaba el tiempo en familia. Además, dejé de ir a la escuela. Falté tantos días a la escuela que me enviaron una carta diciendo que tal vez un policía vendría a mi casa a hacer una verificación de bienestar. Mi mamá me dejaba en la escuela, yo esperaba a que se fuera y luego volvía a casa caminando para acostarme en la cama. Hasta que empezó a esperar a que entrara y entonces tal vez iba a una clase y luego volvía a casa caminando. Mis dos mejores amigas empezaron a venir a mi ventana los días de escuela y tocaban para intentar que fuera a clase. Una de ellas, mi mejor amiga del mundo, tocaba mi ventana continuamente hasta que la dejaba entrar a mi casa. También tengo perros que ladran mucho, así que se volvían locos ladrando y tenía que dejarla entrar; ella literalmente no se iba ni dejaba de tocar hasta que la dejaba entrar. No importaba lo asquerosa y horriblemente desordenada que estuviera mi habitación (me refiero a que no se veía el suelo, obstáculos para la cama, basura, enormes montones de ropa, ropa amontonada en el suelo), ella se sentaba conmigo en mi colchón en el suelo. Ella se acostaba conmigo, me abrazaba, me hacía ver videos con ella en su teléfono. Faltaba a la escuela por mí. Finalmente, me convenció de salir de casa, ir con ella a tomar un café, a comer algo, a dar una vuelta en coche, a su casa, a aventurarnos juntas en el bosque. No puedo imaginar qué habría pasado sin ella. Nunca me hizo sentir como una víctima, siempre me dejó hablar de los detalles desagradables y me dejó ser yo misma, con mis defectos y mis debilidades, me hizo reír, me hizo sentir feliz cuando estaba tan deprimida, y ni siquiera sabía por qué. Es decir, seguía confundida, sin estar segura de si realmente había sido violada. Finalmente, mi escuela me dijo que tendría que repetir el último año. Nunca me preguntaron qué me pasaba, solo me dijeron que estaba suspendiendo mucho. En ese momento conocí a un chico nuevo que se convirtió en mi novio, terminó engañándome, así que no puedo hablar muy bien de él en esta historia, pero en ese momento, fue realmente útil y beneficioso, me enseñó qué es el sexo seguro de verdad y cómo se supone que debe ser y sentirse. Es comunicación, consentimiento, buenos sentimientos mutuos y amor. Quiero añadir que cuando tuve sexo con él por primera vez después de la violación, mis manos se bloquearon. Una consecuencia física del trauma, no podía abrir mis manos, tenía miedo y no de él, sino que mi cuerpo respondió a que ese acto íntimo sucediera de nuevo. Era su primera vez teniendo sexo y me gusta considerar que también fue mi primera vez real. No se "deslizó" en mi ano. Porque eso no sucede. Después de esto, me di cuenta de que había sido violada analmente. Siempre había buscado en Google, Instagram y donde fuera posible información sobre violación anal, y nunca la encontré. Quería confirmación y validación. Quería encontrar a alguien que hubiera vivido lo mismo que yo y aún no lo he encontrado (4 años después). Solo veía cosas sobre violaciones en cárceles masculinas. Estoy poniendo cara de que no era lo que buscaba. Unos días después, la hermana de una amiga empezó a salir con el hombre que me violó. Me escribió preguntándome por él. No le dije que me había violado, pero ojalá lo hubiera hecho. Más tarde, la vi en una fiesta, después de haber bebido un poco, me acerqué y le dije que tenía una pregunta muy personal que necesitaba hacerle. Dijo que sí, sin duda. Le pregunté si Nombre (el violador) había intentado tener sexo anal con ella. Giró la cabeza bruscamente y dijo: "¡Sí! Lo intentó durante el sexo y lo detuve, me enfadé muchísimo con él, estaba muy molesta". En ese momento todo cobró sentido para mí y le estaré eternamente agradecida por ella y su honestidad. Fue un punto de inflexión en mi sanación. Confirmó lo que me había estado preguntando durante años. Mi novio de entonces había ido a una escuela secundaria inclusiva, con educación personalizada y donde realmente se preocupaban por sus estudiantes. Se llamaba Nombre de la escuela . Me dijo que debería postularme, que trabajaban con recuperación de créditos y que pensaba que sería perfecto para ayudarme a graduarme. Tenía razón. Me postulé a Nombre de la escuela , me preguntaron por qué estaba reprobando la secundaria. Les dije que fui violada a los 16 y que dejé de ir a la escuela. Les dije que no quería repetir el último año. Les dije que nadie en mi otra escuela secundaria me preguntó qué estaba pasando en mi vida personal. La mujer que me atendió por teléfono dijo que podían ayudarme a graduarme a tiempo y que podían apoyarme. Mi mejor amiga, quien me ayudó durante este tiempo, también se transfirió a esta escuela. Las dos estábamos en una nueva escuela secundaria en nuestro último año. Nombre de la escuela cambió mi vida. Disfruté mucho volver a la escuela, me sentí apoyada y me trataron como a una persona inteligente, no como a una delincuente a la que no le importaba su futuro. Todos los profesores de ese edificio querían que tuviera éxito y lo sentía. Estaba en programas de recuperación de créditos, haciendo exámenes para demostrar que tenía los conocimientos necesarios para graduarme. Mi mejor amiga y yo terminamos la preparatoria antes de tiempo. Fue una gran sensación, aunque me gradué con un promedio de 2.3. Ahora estoy aquí sentada escribiendo esto en un colegio comunitario, a pocas semanas de cumplir 21 años, y finalmente he llegado al punto en que puedo pensar en la violación sin golpearme la cabeza hasta dejar de pensar en ello. Pienso en la violación y en mi violador todos los días de mi vida desde entonces. Siempre he querido compartir mi historia y ahora estoy buscando plataformas para hacerlo. Quiero que alguien más que haya sido violada analmente pueda leer mi historia, quiero que alguien pueda sentirse vista y escuchada como yo quería y necesitaba. Pero para cualquier sobreviviente de violación, quiero que sepas que, con el tiempo, podrás vivir con esta nueva normalidad. No diré "mejora" porque no estoy segura de que sea así; francamente, no creo que mejore, simplemente se convierte en algo a lo que te adaptas. He ido a terapia y ahora estoy en terapia de nuevo. Continúo esforzándome por sanar. Todavía pienso en ello todos los días, pero finalmente reacciono menos. Todavía me estremezco y me enojo cada vez que veo su nombre en alguna parte. Nunca volveré a estar con alguien llamado Nombre . Me estremezco cuando veo a alguien que se parece a él de alguna manera. Tengo miedo a los hombres. No me gusta tener citas, no me gusta estar demasiado cerca de un hombre, no quiero estar a solas en una habitación con un hombre, me enojo o me siento incómoda cuando un hombre desconocido en la calle me mira demasiado tiempo, si me halaga, si intenta tener una conversación o si coquetea. Tengo problemas de apego y abandono. No sé si esto mejorará alguna vez, pero es parte de mi nueva normalidad. La persona que era antes de la violación ya no soy yo. He aceptado que soy una persona nueva y que tengo que volver a conocerme. Perdí muchos amigos durante mi aislamiento, me cuesta mantener un trabajo y me cuesta mucho sacar buenas notas en la escuela, aunque de verdad quiero tener éxito. La depresión me abruma casi todos los días. Quiero que Nombre esté en la cárcel. Quiero que lo etiqueten como el violador que es, quiero que sufra de verdad. Quiero que nunca pueda conseguir un trabajo. Lo odio y odio que viva libre y que posiblemente disfrute de su vida. Odio que probablemente siga encontrando nuevas víctimas. Lo denuncié a la policía, pero no sirvió de nada. También lo denuncié al Departamento de Servicios Humanos por abuso en mi estado, y tampoco sirvió de nada. Pero hice mi parte, solo puedo esperar que alguien más lo denuncie como yo y que vean una alerta en su sistema de que ya ha hecho esto antes. Todavía lo veo en aplicaciones de citas, ahora usa su segundo nombre y es bisexual. Siento que me usó como sujeto de prueba. Cuando era más joven, lo acosaba en línea desde cuentas falsas en Instagram. Le dije que era gay y que debería ser un hombre de verdad y encontrar a un chico con quien acostarse en lugar de torturar a chicas inocentes. Le dije que conocía a todas las personas que había violado, aunque no era cierto. Le dije que el karma lo alcanzaría y que alguien lo atraparía tarde o temprano. Le dije que era una persona terrible, pero nunca admitió lo que hizo ni lo reconoció. Me gustaría pensar que puedo seguir adelante con mi vida, pero esta es mi historia. Es parte de mí ahora, es la razón por la que actúo como lo hago y es una explicación para la mayoría de las cosas en mi vida. Hace poco me mudé sola y conseguí mi propio apartamento. Pensé que simplemente no me gustaba tener gente en la casa de mi infancia porque fue la casa donde fui violada. Mi familia se mudó de esa casa y se mudó de estado. Y ahora, en mi nueva casa, mi propio espacio personal, sigo sin poder invitar a nadie. Me cuesta incluso tener a mis amigas, a mi vecina o a mi mejor amiga. No permito visitas y nunca invito a una cita. Es un gran paso para mí tener a alguien en mi casa, y es culpa suya. Solo me di cuenta de esto este año. Tengo miedo de que alguien más vuelva a reclamar mi espacio. Vaya, qué bien se sintió desahogarme. Es difícil hablar y compartir mi historia cuando no tengo la justicia que deseo. Es difícil aprender sobre el sistema judicial cuando se supone que te protege y no lo hace. Es difícil pensar que tantas personas son violadas con tanta frecuencia. Estoy enfadada y quiero un cambio. No sé muy bien qué tipo de cambio, pero algo. Ojalá no tuviera que vivir con tanta rabia y miedo, pero eso también forma parte de mi nueva normalidad. Estoy inquieta, no puedo evitar mirar a mi alrededor con frecuencia cuando estoy en público y me preocupo por cosas insignificantes. Pero me estoy adaptando y tú también lo harás. Te mando un abrazo.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Marchando a través de la locura

    Esta historia no es fácil de leer, pero es más difícil de vivir. Soy una sobreviviente de abuso narcisista, agresión sexual y un fracaso sistémico. Comparto esto no por lástima, sino por la verdad. Por cada mujer que ha sido silenciada, rechazada o retraumatizada por los mismos sistemas que se supone que deberían protegerla. Escribo esto para recuperar mi voz y ayudar a otros a encontrar la suya. Me llevó hasta los cincuenta años darme cuenta de mi valor. Pasé décadas cargando con el peso de una infancia que me despojó de confianza y autoestima. Eso estuvo fuertemente influenciado por un dictador nefasto que se hacía llamar papá. El abuso físico fue bastante malo, pero él se encargó de que sus hijos llegaran a la edad adulta sin conocer nuestro propio valor y sin autoestima alguna. Aun así, logré casarme, criar hijos y tener buenos trabajos. Soy inteligente, me desenvuelvo bien. Pero hasta hace poco, nadie sabía lo poco que pensaba en mí misma, ni siquiera yo misma. Entonces llegó el hombre que casi me destruiría. Era más joven, persistente, y ahora lo entiendo: me estaba condicionando para el abuso narcisista. Lo que siguió fueron tres años de trauma diario. Lloraba a mares todos los días. Eso son más de 1095 días de devastación emocional. Al final, mi energía, mi vivacidad y mi tenacidad apenas aguantaban. Hizo las cosas más atroces. Mató a mi gato. Amenazó mi vida y la de mis hijos. Me mantuvo atada al miedo. Destruyó todo lo que tenía, incluyendo mi Tahoe 2009, que usaba para trabajar y cuidar a mis hijos. Lo hizo estallar poco después de enviarme a la UCI, luchando por mi vida. Me negué a darle el nombre del hospital o mis médicos. Estuve allí durante 18 días. Estaba al límite todos los días. Un capellán me visitaba a diario. Como era una muy Feliz Navidad por la COVID, a mis hijos adolescentes no se les permitió despedirse. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que fue una bendición: nadie habló de muerte en la vida de mis hijos. Dios es bueno. La infección que casi me mata y casi me cuesta la pierna derecha fue consecuencia de una agresión sexual. Regresé a casa con una vía central de inserción periférica (PICC), recibiendo antibióticos diarios durante seis semanas. Mis hijos me los administraron. Tuve cuatro cirugías en tres meses y una transfusión de sangre. Dos días después de llegar a casa, mi camioneta explotó. Era uno de esos autos que se ven en la autopista envueltos en llamas. Después de salir del hospital y ver mi camioneta explotar, supe que tenía que luchar por justicia. Tenía pruebas: historiales médicos, fotos, testigos. Me habían asfixiado, apuñalado, agredido y recibido amenazas de muerte por escrito y en video. Esperé un año para presentar la demanda porque estaba destrozada física y mentalmente. No me quedaba nada. Pero cuando finalmente lo hice, pensé que alguien me ayudaría. Pensé que el sistema me protegería. No fue así. El fiscal del distrito nunca me contactó. Ni una sola vez. Tuve que depender de las alertas de VINE solo para saber cuándo estaba en el tribunal. Nadie me dijo nada. Un juez denegó mi orden de protección y lo llamó "cariño" y "bebé" en el tribunal. Contaba con un equipo legal sólido de una organización sin fines de lucro, e incluso ellos se quedaron impactados. Querían trasladar el caso a otro condado, pero yo tenía miedo. No quería provocar al oso. Él seguía acosándome. Seguía observándome. Fui revictimizada por las mismas personas que se suponía que debían ayudarme. La policía ignoró mis denuncias. Los defensores se burlaron de mí. Uno incluso se burló de mí por preguntar por una cena de Navidad después de que me sacaran todos los dientes por el daño que él causó. Tenía un hijo menor en casa y sin comida. Y se rieron. La Oficina de Compensación a las Víctimas de la Fiscalía General me ayudó con la factura del hospital por la extracción de mis dientes, pero no con el reemplazo. No me reubicaron porque no vivíamos juntos, aunque él me veía casi a diario. Tenían ayuda, pero no para mí. Lo condenaron a seis días en la cárcel del condado. Eso es todo. Sin restitución. Sin rendición de cuentas. Todavía sabe dónde estoy. Todavía me acecha en redes sociales para recordarme que algún día cumplirá su amenaza de perseguirme cuando menos lo espere. No sé dónde está. Y vivo con ese miedo a diario. Después de que el sistema judicial me fallara, no tuve adónde recurrir más que a mi interior. Pasé por tres centros de mujeres diferentes y agoté al máximo cada programa de terapia que ofrecían. Asistí a cada sesión, fui por mí y por mis dos hijos, quienes habían presenciado todo el drama, incluso cuando apenas podía hablar por el dolor. No solo estaba sanando de un trauma físico. Estaba sanando de haber sido ignorada, rechazada y revictimizada por las mismas instituciones que se suponía que debían protegerme. Y cuando la terapia se acabó, no paré. Encontré capacitación gratuita en emprendimiento a través de Memorial Assistance Ministries y me dediqué por completo, no porque tuviera un plan de negocios, sino porque necesitaba algo que me recordara que aún valía. Me inscribí en el programa Navigator y, con solo asistir a una reunión de retroalimentación en United Way, pude acceder a formación en algunas de las universidades más prestigiosas del país. Obtuve certificados de la Universidad de Maryland, la Universidad de Valencia e incluso Harvard. Obtuve mi certificación en diseño gráfico y la usé para crear productos de empoderamiento, diarios y piezas de narrativa visual que hablaban del dolor que no siempre podía expresar en voz alta. Obtuve 17 certificados a través del Texas Advocacy Project, convirtiéndome en una defensora con experiencia vivida e informada sobre el trauma. Hice todo esto mientras aún sanaba, seguía creciendo y me acercaba a mi 60.º cumpleaños. Ahora aquí estoy, todavía sin poder encontrar trabajo. Tengo todo este conocimiento, toda esta formación, y ningún lugar donde aplicarlo. Sigo en pie. Sigo creando. Sigo intentándolo. Pero el silencio del mundo que me rodea es ensordecedor. No solo sobreviví, me transformé. Y, sin embargo, sigo esperando que se abra una puerta. Voy a seguir escribiendo. Seguir luchando. Seguir cuidando de mi salud, incluso cuando el sistema a mi alrededor me hace sentir que sobrevivir es un trabajo de tiempo completo. Aún no he podido resolver los problemas dentales, y eso por sí solo ha afectado mi confianza, mi comodidad y mi capacidad para integrarme plenamente en el mundo. Es muy posible que me enfrente a una crisis de vivienda en los próximos meses. Vivir con una discapacidad no es sostenible, y las cuentas no cuadran por mucho que intente estirarlas. Pero no me rendiré. He llegado demasiado lejos, he aprendido demasiado y he construido demasiados puentes como para detenerme ahora. Busco un milagro, no porque sea impotente, sino porque he hecho todo lo posible por mi cuenta. Estoy lista para que se abra una puerta. Lista para que alguien vea el valor de lo que he construido, de lo que sé, de quién soy. No pido caridad. Pido una oportunidad para convertir toda esta experiencia vivida en un impacto. En un legado. En algo que finalmente se sienta como justicia.

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    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    De un sobreviviente
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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    De un sobreviviente
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    ESTÁS AQUÍ: Para tiempos de supervivencia, sufrimiento y tristeza.

    Me llamo Sobreviviente y cuando tenía unos 3 años, mi padre empezó a violarme. Mi madre me sujetaba. Él la violaba a ella, y ella me ofreció en su lugar. Esto continuó hasta los 23 o 24 años, poco antes de mi boda. Para cuando tenía 6 años, también estaba violando a otros miembros de mi familia. Entraba en mi habitación por la noche y tiraba mi camisón contra el cabecero, y entonces tenía que esperar mi turno con miedo y vergüenza mientras otros eran violados. Teníamos una cama de agua grande y todavía recuerdo cómo la cama subía y bajaba, subía y bajaba, subía y bajaba como en un barco. Una vez que terminaba, me limpiaba bruscamente con un trapo rojo de taller que usaba para limpiar el garaje. Así podía conservar el trapo para olerlo y tenerlo cerca sin que nadie se preguntara por qué estaba tan sucio con manchas rojas. La mayor parte del tiempo, mi padre era amable y educado. Pero una vez que se convertía en el monstruo, nadie hacía nada para detenerlo. Nunca hacía estas cosas cuando era amable. Solo cuando era el monstruo. Pero usaba los momentos de amabilidad para facilitar sus ataques. Te hacía sentir una falsa sensación de seguridad y paz que te hacía dudar de tu intuición y tus instintos de que era un hombre malo. Esto le facilitaba agredir sexualmente a otros niños y adultos. A medida que crecía, mis padres controlaban la narrativa de nuestras vidas, cada aspecto estaba cuidadosamente controlado. Como mi madre, que sabía cómo provocar abortos espontáneos. El primer aborto forzado que sufrí fue cuando tenía 15 años. No sé cómo logré llegar a la edad adulta. Sigo recordando cada vez más los abusos de otros familiares y miembros de la iglesia. Y otras cosas que mi padre hizo dentro de la iglesia donde fue pastor y luego diácono. Pero aún no puedo hablar de esos recuerdos. Creo que mi padre sentía que todo lo que hacía era inevitable, por lo tanto, nunca era su culpa porque no podía controlarse y cuando sucedía Dios lo perdonaría, así que todo estaba bien. Lo sé porque lo oí manipular a otro miembro de la familia para que hiciera lo mismo cuando tenía 11 años. A los hombres de nuestra familia también los manipulaban para que fueran abusadores. A mí también me manipularon. Para ser siempre la víctima. Obligada a guardar silencio, aprendí rápidamente lo que les sucede a las personas que se enfrentan a mi padre. Mueren o son agredidas. Como pueden imaginar, durante mi infancia tuve una ansiedad terrible por el miedo a ser agredida sexualmente y me esforcé mucho por pasar desapercibida. Pensé que eso podría ayudar. Pensé que importaba lo que vestía, el color de mi cabello, cuánto pesaba. Me ha llevado años, y probablemente me llevará más, desaprender las mentiras que me enseñaron. La preocupación me hacía enfermar constantemente de una cosa tras otra: tuve cáncer a los 32 años y antes de eso sufría de vértigo y mareos incapacitantes. Mis padres se conocieron mientras trabajaban en Texas para un predicador bautista fundamentalista independiente. Lester Roloff, un predicador bautista fundamentalista independiente que abría hogares en todo el país para niños, adolescentes y adultos con problemas. Le gustaba decir que estaba salvando a drogadictos, prostitutas y hippies. Creo que muchos de los niños en los hogares ya habían sufrido abusos durante su infancia y los hogares de Lester Roloff deberían haber sido un lugar seguro para sanar. En cambio, los niños conocieron cuidadores como mis padres. Mi madre estaba a cargo del hogar para mayores de 16 años y mi padre viajaba por todo el país recaudando dinero y predicando la línea del partido: los hombres eran como dioses y las mujeres eran peores que la tierra; su único valor era ser vírgenes y luego, una vez casadas, ser fábricas de bebés. Muy masoquistas y minimizando cualquier tipo de abuso, mis padres se tragaron la retórica malvada que se predicaba desde el púlpito. Mis padres finalmente llevaron su versión de abuso de Lester Roloff a las iglesias y comunidades donde vivíamos, desde Texas hasta Washington y finalmente a Alaska. Desapareció en un avión sobre las aguas cerca de Anchorage en 2006. Los eventos que rodearon su desaparición siempre fueron muy sospechosos, pero la intensa presión de mi familia me mantuvo callada. Durante casi tres años seguidos, un familiar me llamaba a diario para recordarme que hablar de "nuestros problemas familiares" era un pecado generacional que afectaba a cuatro generaciones. La presión por guardar silencio y hacer lo que mi familia me decía era tan grande que hubiera preferido morir antes que decepcionarlos. No fue hasta que me propuse sanar todo el trauma que descubrí que mi padre había fingido su muerte. Siempre me habían dicho que, desde su muerte, no había nada que hacer por lo que viví durante mi infancia. Pero déjenme decirles que saber que sigue ahí fuera, abusando de otros niños, hombres y mujeres, me impulsó a denunciarlo. Finalmente me sentí libre para empezar a hablar. Superar la presión de callar fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Más difícil, incluso, que luchar contra el cáncer. He pasado muchos años en terapia cognitivo-conductual intensiva, EMDR y terapia polivagal aprendiendo a procesar mis heridas de forma saludable. Había presionado para que se presentaran demandas penales y civiles contra mis agresores, pero la prescripción en Texas no permite que se haga justicia. Ahora dedico mi tiempo a participar en paneles, podcasts y plataformas comunitarias sobre la intersección entre trauma, fe y defensa de los derechos. Uno de los mayores honores de mi vida ha sido compartir mi historia y abogar por la Ley Trey en el Senado de Texas en la primavera de 2025. Obligar a una víctima de agresión sexual a guardar silencio permitió que personas como mis padres continuaran con el maltrato durante tantos años. Haré todo lo posible para asegurar que la justicia no se vea limitada por los acuerdos de confidencialidad y la prescripción de los delitos. Mis esfuerzos me conectan con sobrevivientes, público interesado en crímenes reales, comunidades de salud mental y grupos religiosos que buscan comprender y afrontar el abuso. Invierto mi tiempo en guiar a sobrevivientes, crear recursos para la sanación y desarrollar herramientas digitales para ampliar el acceso a materiales de apoyo. Porque vivir una vida plena y saludable es lo que realmente deseo para mí, para todas las víctimas y sus familias. Creamos nuestras propias oportunidades para sanar.

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    Pasé años sufriendo en silencio, así que ahora elijo sanar en voz alta.

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    Para mí, sanar significa aprender a vivir con lo sucedido y llevarlo consigo.

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    Ya no pude permanecer en silencio

    No estoy muy seguro de cómo hacerlo, ya que es la primera vez que escribo sobre esto, así que empezaré por el principio. Soy un hombre de 40 años, casado y con dos hijastros. Fui agredido sexualmente por un primo cuando tenía unos 9 o 10 años y violado por otro primo en mi adolescencia. No recuerdo bien cómo sucedió, simplemente sucedió. Mi sexualidad despertó temprano a los 3 o 4 años. Veía revistas o vídeos porno que mi padre solía dejar por ahí. Miraba las revistas y los vídeos y pensaba: «Bueno, esto es lo que se supone que debo hacer; parece que todos se lo están pasando bien, así que debe sentirse muy bien». Cuando tenía unos 9 años, mi ahora exprimo me obligó a practicarle sexo oral; era como un año mayor que yo y lo idolatraba. Años después, descubriría que era narcisista. Esto continuó durante un año o dos y luego se lo dije a mis padres, quienes dijeron que se encargarían de ello. Dijeron que hablaron con su padre, mi tío, y él dijo que hablaría con él al respecto, si realmente lo hizo o no, no lo sé, pero se detuvo. Luego, cuando tenía unos 12 años, otro primo me obligó a practicarle sexo oral, lo que luego lo llevó a violarme analmente. Esto continuó durante algunos años. No sé por qué dejé que sucediera, no soy gay ni nunca me he sentido atraído por otro hombre, odiaba lo que me estaba haciendo, supongo que simplemente asumí que era normal. Cuando tenía 15 años, le dije que quería que parara y paró. Nunca se lo dije a mis padres ni a nadie más. Me automedicé con alcohol durante 10 años, he estado sobrio desde 2009. Finalmente se lo conté a mi esposa a principios de este año. Ella fue y sigue siendo muy comprensiva y comprensiva. Me diagnosticaron ansiedad, depresión y TEPT. Estoy tomando medicación y en terapia para superar esto, además de otros traumas. No fue fácil contar mi historia, y supongo que no es fácil para nadie, pero lo hice y me hizo darme cuenta de que lo que pasó no fue mi culpa y que no tenían derecho a violarme como lo hicieron. Si estás leyendo esto y te da miedo compartir tu historia, recuerda que si yo pude, tú también puedes. Puede ser extremadamente difícil, pero es parte de la sanación y sanarás. Gracias por leer.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.