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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
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poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

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    PARTE 2, abuso emocional, cerocion y la ruptura

    PARTE 2 El abuso emocional fue lo peor. Empecé a sentirme una mala novia. Empecé a pensar que todas nuestras discusiones eran por mi culpa y empecé a someterme a todo lo que queríamos, aunque yo no quisiera. Fue especialmente difícil cuando me propuso perder la virginidad. Al principio le dije que no y que debíamos esperar un poco más, pero durante varias semanas siguió presionándome, sutilmente, pero lo suficiente como para que sintiera que tenía que decir que sí. Y cuando lo hicimos, intenté detenerlo porque me acobardé y no me gustó, pero me ignoró. Después de esto, me sentí molesta y disgustada, y no quería hablar con él. Él simplemente se reía y hacía como si nada. Las cosas se complicaron cuando me dijo que quería casarse conmigo. Me dijo que, debido a su cultura, necesitaba casarse conmigo rápido; de lo contrario, sus padres arreglarían un matrimonio con otra persona. Me dijo que estaría bien porque quiere pasar el resto de su vida conmigo y no quiere a nadie más. Le quité toda la importancia que pude antes de que se volviera demasiado intenso como para ignorarlo. Intenté decirle que teníamos que esperar al menos un año, ¡pero empezó a entrar en pánico por su visa! Ahora que lo pienso, podría haberme estado utilizando, lo cual me rompe el corazón. Cuando hablábamos de matrimonio, me hizo prometer que no se lo contaría a nadie (y también lo hizo con el dinero). Después de muchas insistencias (mi forma de decir mucha insistencia, coacción y manipulación), cedí y dije que sí. Estaba muy contento y estábamos deseando casarnos cuanto antes en su ciudad natal. Intenté convencerlo de que nos casáramos discretamente cerca de donde yo vivía o de donde él vivía, pero parecía demasiado interesado en casarse donde vivía, lo que ahora me asusta... ¿qué estaría planeando? Poco después de que yo aceptara el matrimonio, intentó conseguir 500 libras porque un familiar las necesitaba por motivos médicos. Me negué y le dije que lo máximo que podía darle eran 200 (ni siquiera tenía suficiente para el resto del mes, lo cual le había dicho). Estuvo de acuerdo con esto y me dejó sola... durante los 2 días completos antes de intentar manipularme para obtener 300 libras más. Me negué y las cosas se calentaron. Después descubrí que del dinero que envié para el familiar, solo una pequeña parte se les envió a ellos y el resto fue para los datos de su teléfono, que fueron solo 17 libras. Estaba realmente molesta por esto y cuando lo sintió, me dijo que enviaría el resto pronto. No creo que lo haya hecho nunca. No mucho después, vi que la aplicación en la que lo conocí todavía estaba en su teléfono. Le pregunté por qué la tenía, a lo que respondió simplemente borrándola. Pasaron tantas cosas difíciles, cosas de las que no estoy lista para hablar. Pero un día, mi jefa se puso en contacto con alguien cercano a mí, porque estaba preocupada por mí. Esa persona entonces habló conmigo, ignoré todas las preocupaciones antes de llamarlo... él pasó directamente a culparme, negándose a hablar por llamada y enviándome mensajes de texto. Todavía estábamos en llamada pero chateando por mensaje de texto porque no quería arriesgarse a que alguien escuchara la conversación. Empezó a manipularme y a hacerme sentir culpable, volviéndose en mi contra y siendo despectivo. Mientras leía los mensajes e intentaba que hablara por videollamada y no por mensaje de texto, mi madre entró en mi habitación y me preguntó si estaba bien. Le colgué y le conté TODO. Fue entonces cuando me di cuenta de que había sido abusada, manipulada, coaccionada y herida. Mientras escuchaba todo esto salir de mi boca, rompí a llorar y mi madre tuvo que abrazarme durante mucho tiempo. Fue entonces cuando rompí con él, y después de una semana de llorar y tener que bloquearlo cada vez que me enviaba un mensaje, no he sabido nada de él desde entonces. Han pasado 4 meses y tengo días en los que no quiero levantarme de la cama porque siento que no sé si mis sentimientos son reales o no, y siento que mi mente no es la mía. Pero también tengo días en los que me siento libre y puedo hacer lo que quiero, hablar con quien quiero y estar con quien quiero.

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    Primera parte de mi historia: la reunión y el abuso financiero

    PRIMERA PARTE: Empecé a salir con alguien a quien conocí en una app de citas. Nos llamábamos por videollamada a diario durante un mes antes de conocernos. Durante ese tiempo, caí rendido a sus encantos y me creí todo lo que decía de sí mismo, aunque ahora, mirando atrás, ya había señales de alerta... por ejemplo, un par de mentiras y no contarme ciertos detalles que mucha gente no dudaría en responder en situaciones normales. Cuando quedamos, no me dio opción y me pidió que fuera a verlo. En ese momento lo entendí porque alguien cercano tenía un problema personal y necesitaba estar cerca. Hay una pequeña barrera idiomática porque es de otro país, pero aparte de eso, la cita fue genial. Él pagó todo y me hizo sentir especial. Sin embargo, las cosas se pusieron aún más raras... Me había dicho que estaba buscando trabajo, así que andaba corto de dinero, así que le dije que lo apoyaría cuando lo necesitara, aunque yo también tuviera un salario de aprendiz. Al principio todo iba bien, solo pequeñas cantidades de dinero aquí y allá para gastos que no podía permitirse. Pero empezó a pedir cantidades mayores. Le preguntaba por qué necesitaba tanto, o si lo cuestionaba porque no me parecía bien, me manipulaba y usaba la coerción para llegar a mí. Una vez que funcionaba una vez, se convertía en un evento frecuente, dejándome sin dinero. Llegué al punto en que, cuando llegó mi hora de ir a verlo, no podía pagar el tren. Cuando le dije que tenía dificultades para pagar mis trenes, me traicionó, me hizo sentir culpable y me hizo sentir mal. Esto me hizo sentir mal y tuve que echar mano de mis ahorros para poder ir a visitarlo. Esto se convirtió en algo habitual.

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    Nadie me creyó

    Tenía 14 años. Estábamos en un campamento de verano de la iglesia. Un amigo y yo habíamos estado haciendo tatuajes. Él pidió uno, por supuesto. Quería unas letras en su mano demasiado inapropiadas para un campamento de la iglesia. Me puso la mano en el muslo para que yo pudiera verla mejor. La conversación entre los tres se volvió sórdida rápidamente. Odio decir que participé, pero participé. Tengo tendencia a ser codiciosa con la atención masculina, debido a la poca o ninguna atención de mi padre irresponsable. Un poco más adelante, una hora después. Yo, algunos amigos y él. Fuimos de la capilla a la cabaña para cenar. Esperó a que estuviéramos en el otro extremo de la fila para manosearme bruscamente, susurrándome cosas horribles y degradantes al oído. Mi yo joven, deslumbrado e ingenuo creía que me quería tanto como para decirme esas cosas. Solo después de que intentara forzarme la garganta me di cuenta de lo terrible que era. No quería que un adolescente mayor que acababa de conocer me robara mi inocencia, y mucho menos en una capilla. Cuando se lo conté a los consejeros, pareció que me creían. Pero su padre era un importante donante. Mis amigos no me creyeron porque era "atractivo". Cuando se lo conté a mi madre, ella tampoco. "Probablemente lo incitaste, así que pensó que estaba bien". No. Si nunca se dijo "Sí" explícitamente, entonces no es consentimiento. Desde entonces, he luchado. He cuestionado mi religión. Pero luego pensé: ¿por qué le doy tanta importancia a este chico horrible? ¿Y por qué todos los que quiero creen en su palabra antes que en la mía? Quizás porque nunca me amaron de verdad. Quizás porque era más fácil fingir que nunca había sucedido. Pero un verdadero apoyo aceptaría la palabra del niño asustado antes que la del hombre casi adulto con antecedentes de trastornos sexuales.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    #20

    A los cuatro años, mi madre solía llevarme a la cajuela de su Jeep y me golpeaba durante 20 o 30 minutos seguidos. Me pegaba, me jalaba el pelo y me gritaba groserías. El abuso físico duró hasta los 11 años, y solo paró cuando intervino la CPS. Mi padre lo sabía; no hizo nada. A los 6 años, otra chica abusó sexualmente de mí en la escuela. Mi madre me dijo que no era abuso sexual y que solo estaba "jugando". A los 11 años, los chicos del barrio abusaron sexualmente de mí. Eran adolescentes y me tocaban inapropiadamente, me frotaban el pene y me contaban chistes inapropiados. A esa misma edad, varios chicos a los que consideraba amigos también me hicieron sexo oral en la cara. A los 16 años, un hombre de 26 años me violó. Me acosó desde los 14 años y me convenció de que era una persona fiable. En ese mismo momento, fui violada por un chico de 23 años al que conocía desde hacía dos años y al que consideraba seguro. Me llevó a una habitación donde podíamos estar "a solas" y luego me abusó sexualmente. Lloraba y le decía que parara, pero no paró. Salí con él tres meses después, y continuó presionándome para tener sexo y abusando emocionalmente de mí. A los 14 años, empecé a sufrir acoso en línea. Comporté mal dándole mi número de teléfono y dirección a alguien en quien confiaba, y los publicó en 4chan (un foro público de imágenes). Me acosaban a diario: recibía amenazas de muerte, llamadas amenazantes y llamadas a mi escuela. Luego descubrí que la persona en quien confiaba había asesinado a una chica en su ciudad natal, y que tenía pruebas de que yo sería la siguiente víctima. A los 17 años, mi padrastro me agredió físicamente y casi me rompe la muñeca. Me apagó un cigarrillo en la cabeza, me estranguló y me amenazó. Mi madre observaba, con el teléfono en la mano, y me dijo que era culpa mía por "no irme cuando me lo dijo". La única ayuda que recibí fue la de un vecino que me vio salir corriendo de casa, cubierto de sangre. Ese mismo año, me echaron de casa porque me negué a levantar la orden de alejamiento de mi padrastro, y mi madre me dio un ultimátum. Me negué y me fui a vivir a otro lugar. A los 18 años, me mudé con mi primer novio serio. Era abusivo y me engañó varias veces. Me insultaba de mil maneras y amenazaba con hacerme daño y con romper mis pertenencias. No me escapé hasta que cumplí 19 años. A los 20, me mudé con mi padre. Mi madrastra estaba celosa de nuestra relación, me agredió físicamente y me echó de casa el día que cumplí 21. Mi padre no hizo nada más. A los 21 años, desarrollé bulimia y anorexia potencialmente mortales y comencé a beber en exceso para automedicarme. Mi prometido me ayudó a superar estos trastornos y me salvó la vida. Ahora tengo 24 años y tengo muchas relaciones estables y saludables, tanto de amistad como de amor. También recibo ayuda con medicamentos para el TEPT complejo, el TAG y el trastorno depresivo mayor. También comencé terapia recientemente y estoy aprendiendo a afrontar mis traumas y a seguir adelante. Es difícil, y hay muchas cosas que recuerdo cada día que me causan pánico, pero quiero sanar y recuperar mi inocencia, mi poder y mi autoestima.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

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    DÉCADAS

    DÉCADAS Cuando tenía 22 años, estaba en el campus universitario con mis finanzas y decidí ir al coche a las 11 de la noche a buscar el pastel que habíamos traído de la cena. Un hombre se me acercó, lo saludé y procedí a buscar el pastel. El hombre se me acercó por detrás y me tiró al suelo intentando violarme. Grité, el tiempo se ralentizó y recuerdo haber oído a mi madre decir que las llaves de mi coche eran un arma, así que empecé a golpearlo con ellas. Me solté con dificultad, corrí hacia un edificio y me caí en el camino. Llegó un conductor que escuchó mis gritos a varias cuadras de distancia y llamaron a la policía. La policía incluso creyó haberlo atrapado y me mostró varias fotos de hombres parecidos, pero no pude identificarlo con certeza, así que lo liberaron. Después de esta agresión sexual, compré un arma, me mudé con mi prometido, tomé clases de defensa personal, leí libros y fui a un psicólogo que me diagnosticó TEPT debido a una ansiedad abrumadora que me paralizaba. El mundo ya no era seguro. Esto generó detonantes y me hizo recordar mi primera agresión sexual de adolescente en un autobús lleno de gente en otro país: un hombre mayor me presionaba la erección mientras yo me alejaba de él hacia la parte delantera del autobús, hasta que finalmente encontré a otra adolescente a quien pude sentar en su regazo para que el desconocido se detuviera. Han pasado 64 años desde que me atacaron en ese estacionamiento. Llevo 64 años felizmente casada y tengo una imagen positiva de mí misma. PERO, todavía no puedo usar faldas. Todavía no puedo ir sola a los estacionamientos de noche y me incomoda ir a cualquier sitio de noche. No puedo ver una película ni una obra de teatro que incluya agresión sexual, porque la ansiedad se vuelve abrumadora. Sigo teniendo la misma pistola.

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    El amor no es forzado

    Dicen que las personas que amas deben protegerte y cuidarte. Lo creí durante mucho tiempo, hasta el 26 de enero de 2021. Ese día cambió mi vida para siempre. Había estado hablando con este chico intermitentemente durante más de un año, y lo quería mucho. Mirando hacia atrás, era muy ingenua e ignoraba que era manipulador, rencoroso y, en general, una persona horrible. Controlaba cada aspecto de mi vida: mi ropa, con quién salía, lo que hacía a diario, lo que comía. Era una prisionera. Lo invité a ver una película y le dije de antemano que no quería hacer nada. Se acercó, se acurrucó conmigo y empezamos a ver una película. Ya sabes, esa sensación que tienes cuando algo va mal, pero no sabes qué, la tuve, pero la ignoré. Me besó, lo cual me pareció bien. Luego empezó a manosearme y a sujetarme para que no pudiera moverme. Me quedé paralizada, no tenía ni idea de lo que estaba pasando y tenía tanto miedo de que si intentaba detenerlo, se enfadara y me hiciera lo que quisiera. Así que siguió adelante y yo estaba tan en shock que no podía moverme ni hablar. Finalmente me lo quité de encima antes de que pudiera, ¿sabes? Pero se fue después de darse cuenta de lo que había pasado. He estado traumatizada en mi propia prisión mental y no se lo dije a nadie. Su padre es policía y no pensé que nadie me creería por encima de él. Me siento tan atrapada. En el transcurso de dos meses, he desarrollado un trastorno alimentario, insomnio, y tengo al menos cuatro ataques de pánico al día. Es un verdadero infierno. Solo una persona sabe lo que pasó, mi mejor amiga. Ella ha sido mi pilar en esto. Estoy empezando a no culparme tanto y a culpar a quien corresponde. No quiero que me controle más de lo que solía hacerlo.

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    #227

    Soy una chica filipina de 19 años de ciudad, Filipinas. Mi padre me violó cuando tenía 11 años. Duró más de tres años. Cuando tenía 13 años y tuve mi primera menstruación, dejó de hacerlo. Trabaja como marinero, y cuando llega a casa, siempre me siento asustada e intimidada. No quería contárselo a mi madre porque no me creería o me demandaría, y como él es el sostén de la familia, nos costaría mucho vivir. Durante años, nuestra madre también nos maltrató verbal y físicamente, incluso provocándonos con la intención de matarnos por rabia. Ese, según afirman, es su método de disciplina. Soy la mayor de cuatro hermanas, y durante años guardé silencio y afronté el trauma sola. Mi hermana de 14 años, que vino después de mí, acaba de revelar que nuestro padre también intentó violarla. Supongo que era más fuerte que yo porque se burló de nuestro padre, amenazando con contárselo a nuestra madre. Mi padre entonces se quedó paralizado. Aparte de eso, solía hacer bromas o decir cosas sobre nosotros con insinuaciones sexuales delante de mi madre o incluso de invitados. Lo creían una broma y se reían a carcajadas. A mi hermana y a mí nos irrita que parezca indiferente a lo que nos hizo. Un suceso a principios de este año nos impulsó a contarle a nuestra madre lo que nos había hecho sin pensarlo. Supusimos que lo entendería, pero resultó que nos culpó de lo sucedido. Estaba furiosa con nuestro padre, pero mucho más con nosotros, ya que se siente traicionada por no haberle informado después de tantos años. Mi madre tuvo complicaciones cardíacas, y la noticia la debilitó tanto que temíamos que muriera. Nuestro padre, que parecía arrepentido, pidió perdón, y como yo también estaba preocupada por mi madre, acepté sus disculpas de inmediato. Mis padres parecieron volver a la normalidad unos días después, como si nada hubiera pasado. Parecía que lo habían ignorado hasta hoy. Mantuvieron su estilo de crianza dictatorial, condescendiente y destructivo. Mis hermanas y yo hemos pasado por muchas cosas en nuestra familia, y parece que no tenemos otra opción. Quiero buscar ayuda, pero temo que desestabilice a nuestra familia, y nuestros padres también querían que guardáramos silencio. Todavía no puedo sacármelo de la cabeza, y me cuesta afrontarlo cada día. Tenía ideas suicidas con frecuencia, pero ni siquiera me atrevía a buscar ayuda profesional.

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

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    Cuando no sabes a qué estás diciendo que sí

    Había muchas emociones dentro de mí que me llevaron a la noche en que sucedió. Tenía problemas en mi relación, estaba confundida con Dios, estaba enojada con mis amigos que no me incluyeron en su reunión ese día. Así que bebí mucho. Bebí mucho tequila, específicamente, algo que nunca hago. No sé el nombre del chico con el que me fui a casa esa noche. No sé qué aspecto tenía. No recuerdo haber salido del bar con él. Recuerdo haber recuperado la consciencia por un minuto, darme cuenta de que no sabía dónde estaba e intentar salir corriendo del apartamento antes de desplomarme en el suelo del pasillo del complejo y llorar. Desperté casi desnuda, dolorida y magullada, y todavía muy borracha. No creo que este tipo me obligara. Simplemente no sabía a qué le estaba diciendo que sí en ese momento, ni siquiera a quién le estaba diciendo que sí. Todavía estoy asimilando el hecho de que no es mi culpa que esto haya sucedido; No es su culpa; no lo culpo en absoluto, ya que él también estaba extremadamente ebrio. Pero quiero que otros sobrevivientes con una historia como la mía escuchen esto: solo porque tu historia no involucre abuso, solo porque estabas completamente borracho, no significa que no merezcas ser considerado un sobreviviente. Porque sí lo mereces. No estás solo. No estás solo. Eres digno, no estás dañado, mereces amor. La sanación no es lineal y ocurre poco a poco, pero ocurre.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    Nadie me creyó

    Tenía 14 años. Estábamos en un campamento de verano de la iglesia. Un amigo y yo habíamos estado haciendo tatuajes. Él pidió uno, por supuesto. Quería unas letras en su mano demasiado inapropiadas para un campamento de la iglesia. Me puso la mano en el muslo para que yo pudiera verla mejor. La conversación entre los tres se volvió sórdida rápidamente. Odio decir que participé, pero participé. Tengo tendencia a ser codiciosa con la atención masculina, debido a la poca o ninguna atención de mi padre irresponsable. Un poco más adelante, una hora después. Yo, algunos amigos y él. Fuimos de la capilla a la cabaña para cenar. Esperó a que estuviéramos en el otro extremo de la fila para manosearme bruscamente, susurrándome cosas horribles y degradantes al oído. Mi yo joven, deslumbrado e ingenuo creía que me quería tanto como para decirme esas cosas. Solo después de que intentara forzarme la garganta me di cuenta de lo terrible que era. No quería que un adolescente mayor que acababa de conocer me robara mi inocencia, y mucho menos en una capilla. Cuando se lo conté a los consejeros, pareció que me creían. Pero su padre era un importante donante. Mis amigos no me creyeron porque era "atractivo". Cuando se lo conté a mi madre, ella tampoco. "Probablemente lo incitaste, así que pensó que estaba bien". No. Si nunca se dijo "Sí" explícitamente, entonces no es consentimiento. Desde entonces, he luchado. He cuestionado mi religión. Pero luego pensé: ¿por qué le doy tanta importancia a este chico horrible? ¿Y por qué todos los que quiero creen en su palabra antes que en la mía? Quizás porque nunca me amaron de verdad. Quizás porque era más fácil fingir que nunca había sucedido. Pero un verdadero apoyo aceptaría la palabra del niño asustado antes que la del hombre casi adulto con antecedentes de trastornos sexuales.

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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    El amor no es forzado

    Dicen que las personas que amas deben protegerte y cuidarte. Lo creí durante mucho tiempo, hasta el 26 de enero de 2021. Ese día cambió mi vida para siempre. Había estado hablando con este chico intermitentemente durante más de un año, y lo quería mucho. Mirando hacia atrás, era muy ingenua e ignoraba que era manipulador, rencoroso y, en general, una persona horrible. Controlaba cada aspecto de mi vida: mi ropa, con quién salía, lo que hacía a diario, lo que comía. Era una prisionera. Lo invité a ver una película y le dije de antemano que no quería hacer nada. Se acercó, se acurrucó conmigo y empezamos a ver una película. Ya sabes, esa sensación que tienes cuando algo va mal, pero no sabes qué, la tuve, pero la ignoré. Me besó, lo cual me pareció bien. Luego empezó a manosearme y a sujetarme para que no pudiera moverme. Me quedé paralizada, no tenía ni idea de lo que estaba pasando y tenía tanto miedo de que si intentaba detenerlo, se enfadara y me hiciera lo que quisiera. Así que siguió adelante y yo estaba tan en shock que no podía moverme ni hablar. Finalmente me lo quité de encima antes de que pudiera, ¿sabes? Pero se fue después de darse cuenta de lo que había pasado. He estado traumatizada en mi propia prisión mental y no se lo dije a nadie. Su padre es policía y no pensé que nadie me creería por encima de él. Me siento tan atrapada. En el transcurso de dos meses, he desarrollado un trastorno alimentario, insomnio, y tengo al menos cuatro ataques de pánico al día. Es un verdadero infierno. Solo una persona sabe lo que pasó, mi mejor amiga. Ella ha sido mi pilar en esto. Estoy empezando a no culparme tanto y a culpar a quien corresponde. No quiero que me controle más de lo que solía hacerlo.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Sanación
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Primera parte de mi historia: la reunión y el abuso financiero

    PRIMERA PARTE: Empecé a salir con alguien a quien conocí en una app de citas. Nos llamábamos por videollamada a diario durante un mes antes de conocernos. Durante ese tiempo, caí rendido a sus encantos y me creí todo lo que decía de sí mismo, aunque ahora, mirando atrás, ya había señales de alerta... por ejemplo, un par de mentiras y no contarme ciertos detalles que mucha gente no dudaría en responder en situaciones normales. Cuando quedamos, no me dio opción y me pidió que fuera a verlo. En ese momento lo entendí porque alguien cercano tenía un problema personal y necesitaba estar cerca. Hay una pequeña barrera idiomática porque es de otro país, pero aparte de eso, la cita fue genial. Él pagó todo y me hizo sentir especial. Sin embargo, las cosas se pusieron aún más raras... Me había dicho que estaba buscando trabajo, así que andaba corto de dinero, así que le dije que lo apoyaría cuando lo necesitara, aunque yo también tuviera un salario de aprendiz. Al principio todo iba bien, solo pequeñas cantidades de dinero aquí y allá para gastos que no podía permitirse. Pero empezó a pedir cantidades mayores. Le preguntaba por qué necesitaba tanto, o si lo cuestionaba porque no me parecía bien, me manipulaba y usaba la coerción para llegar a mí. Una vez que funcionaba una vez, se convertía en un evento frecuente, dejándome sin dinero. Llegué al punto en que, cuando llegó mi hora de ir a verlo, no podía pagar el tren. Cuando le dije que tenía dificultades para pagar mis trenes, me traicionó, me hizo sentir culpable y me hizo sentir mal. Esto me hizo sentir mal y tuve que echar mano de mis ahorros para poder ir a visitarlo. Esto se convirtió en algo habitual.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

    Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    “Siempre está bien pedir ayuda”

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Contar eso sin derrumbarme

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    PARTE 2, abuso emocional, cerocion y la ruptura

    PARTE 2 El abuso emocional fue lo peor. Empecé a sentirme una mala novia. Empecé a pensar que todas nuestras discusiones eran por mi culpa y empecé a someterme a todo lo que queríamos, aunque yo no quisiera. Fue especialmente difícil cuando me propuso perder la virginidad. Al principio le dije que no y que debíamos esperar un poco más, pero durante varias semanas siguió presionándome, sutilmente, pero lo suficiente como para que sintiera que tenía que decir que sí. Y cuando lo hicimos, intenté detenerlo porque me acobardé y no me gustó, pero me ignoró. Después de esto, me sentí molesta y disgustada, y no quería hablar con él. Él simplemente se reía y hacía como si nada. Las cosas se complicaron cuando me dijo que quería casarse conmigo. Me dijo que, debido a su cultura, necesitaba casarse conmigo rápido; de lo contrario, sus padres arreglarían un matrimonio con otra persona. Me dijo que estaría bien porque quiere pasar el resto de su vida conmigo y no quiere a nadie más. Le quité toda la importancia que pude antes de que se volviera demasiado intenso como para ignorarlo. Intenté decirle que teníamos que esperar al menos un año, ¡pero empezó a entrar en pánico por su visa! Ahora que lo pienso, podría haberme estado utilizando, lo cual me rompe el corazón. Cuando hablábamos de matrimonio, me hizo prometer que no se lo contaría a nadie (y también lo hizo con el dinero). Después de muchas insistencias (mi forma de decir mucha insistencia, coacción y manipulación), cedí y dije que sí. Estaba muy contento y estábamos deseando casarnos cuanto antes en su ciudad natal. Intenté convencerlo de que nos casáramos discretamente cerca de donde yo vivía o de donde él vivía, pero parecía demasiado interesado en casarse donde vivía, lo que ahora me asusta... ¿qué estaría planeando? Poco después de que yo aceptara el matrimonio, intentó conseguir 500 libras porque un familiar las necesitaba por motivos médicos. Me negué y le dije que lo máximo que podía darle eran 200 (ni siquiera tenía suficiente para el resto del mes, lo cual le había dicho). Estuvo de acuerdo con esto y me dejó sola... durante los 2 días completos antes de intentar manipularme para obtener 300 libras más. Me negué y las cosas se calentaron. Después descubrí que del dinero que envié para el familiar, solo una pequeña parte se les envió a ellos y el resto fue para los datos de su teléfono, que fueron solo 17 libras. Estaba realmente molesta por esto y cuando lo sintió, me dijo que enviaría el resto pronto. No creo que lo haya hecho nunca. No mucho después, vi que la aplicación en la que lo conocí todavía estaba en su teléfono. Le pregunté por qué la tenía, a lo que respondió simplemente borrándola. Pasaron tantas cosas difíciles, cosas de las que no estoy lista para hablar. Pero un día, mi jefa se puso en contacto con alguien cercano a mí, porque estaba preocupada por mí. Esa persona entonces habló conmigo, ignoré todas las preocupaciones antes de llamarlo... él pasó directamente a culparme, negándose a hablar por llamada y enviándome mensajes de texto. Todavía estábamos en llamada pero chateando por mensaje de texto porque no quería arriesgarse a que alguien escuchara la conversación. Empezó a manipularme y a hacerme sentir culpable, volviéndose en mi contra y siendo despectivo. Mientras leía los mensajes e intentaba que hablara por videollamada y no por mensaje de texto, mi madre entró en mi habitación y me preguntó si estaba bien. Le colgué y le conté TODO. Fue entonces cuando me di cuenta de que había sido abusada, manipulada, coaccionada y herida. Mientras escuchaba todo esto salir de mi boca, rompí a llorar y mi madre tuvo que abrazarme durante mucho tiempo. Fue entonces cuando rompí con él, y después de una semana de llorar y tener que bloquearlo cada vez que me enviaba un mensaje, no he sabido nada de él desde entonces. Han pasado 4 meses y tengo días en los que no quiero levantarme de la cama porque siento que no sé si mis sentimientos son reales o no, y siento que mi mente no es la mía. Pero también tengo días en los que me siento libre y puedo hacer lo que quiero, hablar con quien quiero y estar con quien quiero.

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    #20

    A los cuatro años, mi madre solía llevarme a la cajuela de su Jeep y me golpeaba durante 20 o 30 minutos seguidos. Me pegaba, me jalaba el pelo y me gritaba groserías. El abuso físico duró hasta los 11 años, y solo paró cuando intervino la CPS. Mi padre lo sabía; no hizo nada. A los 6 años, otra chica abusó sexualmente de mí en la escuela. Mi madre me dijo que no era abuso sexual y que solo estaba "jugando". A los 11 años, los chicos del barrio abusaron sexualmente de mí. Eran adolescentes y me tocaban inapropiadamente, me frotaban el pene y me contaban chistes inapropiados. A esa misma edad, varios chicos a los que consideraba amigos también me hicieron sexo oral en la cara. A los 16 años, un hombre de 26 años me violó. Me acosó desde los 14 años y me convenció de que era una persona fiable. En ese mismo momento, fui violada por un chico de 23 años al que conocía desde hacía dos años y al que consideraba seguro. Me llevó a una habitación donde podíamos estar "a solas" y luego me abusó sexualmente. Lloraba y le decía que parara, pero no paró. Salí con él tres meses después, y continuó presionándome para tener sexo y abusando emocionalmente de mí. A los 14 años, empecé a sufrir acoso en línea. Comporté mal dándole mi número de teléfono y dirección a alguien en quien confiaba, y los publicó en 4chan (un foro público de imágenes). Me acosaban a diario: recibía amenazas de muerte, llamadas amenazantes y llamadas a mi escuela. Luego descubrí que la persona en quien confiaba había asesinado a una chica en su ciudad natal, y que tenía pruebas de que yo sería la siguiente víctima. A los 17 años, mi padrastro me agredió físicamente y casi me rompe la muñeca. Me apagó un cigarrillo en la cabeza, me estranguló y me amenazó. Mi madre observaba, con el teléfono en la mano, y me dijo que era culpa mía por "no irme cuando me lo dijo". La única ayuda que recibí fue la de un vecino que me vio salir corriendo de casa, cubierto de sangre. Ese mismo año, me echaron de casa porque me negué a levantar la orden de alejamiento de mi padrastro, y mi madre me dio un ultimátum. Me negué y me fui a vivir a otro lugar. A los 18 años, me mudé con mi primer novio serio. Era abusivo y me engañó varias veces. Me insultaba de mil maneras y amenazaba con hacerme daño y con romper mis pertenencias. No me escapé hasta que cumplí 19 años. A los 20, me mudé con mi padre. Mi madrastra estaba celosa de nuestra relación, me agredió físicamente y me echó de casa el día que cumplí 21. Mi padre no hizo nada más. A los 21 años, desarrollé bulimia y anorexia potencialmente mortales y comencé a beber en exceso para automedicarme. Mi prometido me ayudó a superar estos trastornos y me salvó la vida. Ahora tengo 24 años y tengo muchas relaciones estables y saludables, tanto de amistad como de amor. También recibo ayuda con medicamentos para el TEPT complejo, el TAG y el trastorno depresivo mayor. También comencé terapia recientemente y estoy aprendiendo a afrontar mis traumas y a seguir adelante. Es difícil, y hay muchas cosas que recuerdo cada día que me causan pánico, pero quiero sanar y recuperar mi inocencia, mi poder y mi autoestima.

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    DÉCADAS

    DÉCADAS Cuando tenía 22 años, estaba en el campus universitario con mis finanzas y decidí ir al coche a las 11 de la noche a buscar el pastel que habíamos traído de la cena. Un hombre se me acercó, lo saludé y procedí a buscar el pastel. El hombre se me acercó por detrás y me tiró al suelo intentando violarme. Grité, el tiempo se ralentizó y recuerdo haber oído a mi madre decir que las llaves de mi coche eran un arma, así que empecé a golpearlo con ellas. Me solté con dificultad, corrí hacia un edificio y me caí en el camino. Llegó un conductor que escuchó mis gritos a varias cuadras de distancia y llamaron a la policía. La policía incluso creyó haberlo atrapado y me mostró varias fotos de hombres parecidos, pero no pude identificarlo con certeza, así que lo liberaron. Después de esta agresión sexual, compré un arma, me mudé con mi prometido, tomé clases de defensa personal, leí libros y fui a un psicólogo que me diagnosticó TEPT debido a una ansiedad abrumadora que me paralizaba. El mundo ya no era seguro. Esto generó detonantes y me hizo recordar mi primera agresión sexual de adolescente en un autobús lleno de gente en otro país: un hombre mayor me presionaba la erección mientras yo me alejaba de él hacia la parte delantera del autobús, hasta que finalmente encontré a otra adolescente a quien pude sentar en su regazo para que el desconocido se detuviera. Han pasado 64 años desde que me atacaron en ese estacionamiento. Llevo 64 años felizmente casada y tengo una imagen positiva de mí misma. PERO, todavía no puedo usar faldas. Todavía no puedo ir sola a los estacionamientos de noche y me incomoda ir a cualquier sitio de noche. No puedo ver una película ni una obra de teatro que incluya agresión sexual, porque la ansiedad se vuelve abrumadora. Sigo teniendo la misma pistola.

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    #227

    Soy una chica filipina de 19 años de ciudad, Filipinas. Mi padre me violó cuando tenía 11 años. Duró más de tres años. Cuando tenía 13 años y tuve mi primera menstruación, dejó de hacerlo. Trabaja como marinero, y cuando llega a casa, siempre me siento asustada e intimidada. No quería contárselo a mi madre porque no me creería o me demandaría, y como él es el sostén de la familia, nos costaría mucho vivir. Durante años, nuestra madre también nos maltrató verbal y físicamente, incluso provocándonos con la intención de matarnos por rabia. Ese, según afirman, es su método de disciplina. Soy la mayor de cuatro hermanas, y durante años guardé silencio y afronté el trauma sola. Mi hermana de 14 años, que vino después de mí, acaba de revelar que nuestro padre también intentó violarla. Supongo que era más fuerte que yo porque se burló de nuestro padre, amenazando con contárselo a nuestra madre. Mi padre entonces se quedó paralizado. Aparte de eso, solía hacer bromas o decir cosas sobre nosotros con insinuaciones sexuales delante de mi madre o incluso de invitados. Lo creían una broma y se reían a carcajadas. A mi hermana y a mí nos irrita que parezca indiferente a lo que nos hizo. Un suceso a principios de este año nos impulsó a contarle a nuestra madre lo que nos había hecho sin pensarlo. Supusimos que lo entendería, pero resultó que nos culpó de lo sucedido. Estaba furiosa con nuestro padre, pero mucho más con nosotros, ya que se siente traicionada por no haberle informado después de tantos años. Mi madre tuvo complicaciones cardíacas, y la noticia la debilitó tanto que temíamos que muriera. Nuestro padre, que parecía arrepentido, pidió perdón, y como yo también estaba preocupada por mi madre, acepté sus disculpas de inmediato. Mis padres parecieron volver a la normalidad unos días después, como si nada hubiera pasado. Parecía que lo habían ignorado hasta hoy. Mantuvieron su estilo de crianza dictatorial, condescendiente y destructivo. Mis hermanas y yo hemos pasado por muchas cosas en nuestra familia, y parece que no tenemos otra opción. Quiero buscar ayuda, pero temo que desestabilice a nuestra familia, y nuestros padres también querían que guardáramos silencio. Todavía no puedo sacármelo de la cabeza, y me cuesta afrontarlo cada día. Tenía ideas suicidas con frecuencia, pero ni siquiera me atrevía a buscar ayuda profesional.

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    Cuando no sabes a qué estás diciendo que sí

    Había muchas emociones dentro de mí que me llevaron a la noche en que sucedió. Tenía problemas en mi relación, estaba confundida con Dios, estaba enojada con mis amigos que no me incluyeron en su reunión ese día. Así que bebí mucho. Bebí mucho tequila, específicamente, algo que nunca hago. No sé el nombre del chico con el que me fui a casa esa noche. No sé qué aspecto tenía. No recuerdo haber salido del bar con él. Recuerdo haber recuperado la consciencia por un minuto, darme cuenta de que no sabía dónde estaba e intentar salir corriendo del apartamento antes de desplomarme en el suelo del pasillo del complejo y llorar. Desperté casi desnuda, dolorida y magullada, y todavía muy borracha. No creo que este tipo me obligara. Simplemente no sabía a qué le estaba diciendo que sí en ese momento, ni siquiera a quién le estaba diciendo que sí. Todavía estoy asimilando el hecho de que no es mi culpa que esto haya sucedido; No es su culpa; no lo culpo en absoluto, ya que él también estaba extremadamente ebrio. Pero quiero que otros sobrevivientes con una historia como la mía escuchen esto: solo porque tu historia no involucre abuso, solo porque estabas completamente borracho, no significa que no merezcas ser considerado un sobreviviente. Porque sí lo mereces. No estás solo. No estás solo. Eres digno, no estás dañado, mereces amor. La sanación no es lineal y ocurre poco a poco, pero ocurre.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.