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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
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Contar eso sin derrumbarme

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    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Historia
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

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    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé siglos diciéndole a mi mamá y papá que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era adulto y espabilado. En realidad, era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mi amigo; esto significaría que no tendríamos que viajar de regreso tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre; después de una media hora, comenzó a preguntarme si era virgen y a enseñarme revistas pornográficas. Intenté escaparme e irme a la cama; luego me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero seguía agitado; quería que durmiera en su cama. No tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme después de un partido de fútbol; esta vez intenté persuadir a mis padres de que no debía ir, pero no querían que la entrada se desperdiciara; me atacó y me violó de nuevo; finalmente logré encerrarme en el baño. Mentalmente me quedé en ese baño durante los siguientes 40 años, sin decir nada, sin pedir apoyo, 3 matrimonios fallidos, problemas con la bebida, dificultades para ser un buen padre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exesposa, y su respuesta fue: "No puedo amarte, me has violado al mantener esto en secreto". Esto fue devastador y me llevó a un declive a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un fantástico psiquiatra y un terapeuta de organización de apoyo, me siento mejor y creo que puedo ser amado. Nunca es demasiado tarde para comenzar a sanar.

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    🇺🇸

    Solo llámame "papá"

    En mi historia, COMENZÓ CON MI HERMANO, mencioné brevemente 3 instancias en las que evité ser violada al dejar que los hombres me tuvieran cuando parecía que iban a hacerlo sin importar si yo consentía o no. Creo que evité el trauma emocional y físico en ese momento, pero la ira, el resentimiento hacia mí misma y los sentimientos de haber sido agraviada y al respecto se acumularon después. Nunca compartí ni publiqué esas historias. Por favor, lea mi historia original para el contexto. En esta instancia, el sexo ya estaba sucediendo cuando desperté, y mi reflejo fue tomar el camino de la no confrontación. El camino fácil, no el correcto. Había llegado a casa del trabajo como mesera en mi bar y restaurante a la parrilla y mi compañera de cuarto tenía a su padre alojado con nosotros durante el fin de semana. Ya lo conocía porque condujeron directamente del aeropuerto al bar deportivo en el que trabajaba. Ahí fue donde me dijo: "Solo llámame, 'papá'". Se sentaron en mi sección, comieron y se fueron. Sin problemas. Luego, de vuelta en nuestro apartamento de dos habitaciones, hubo una pequeña fiesta para él con un par de amigos. Tomé un par de sidras fuertes y charlé sobre la universidad y mi compañera de piso, y escuché historias de cuando ella era niña. Coqueteé y seguí la corriente a las insinuaciones sexuales de "Papá" dirigidas a mí, e ignoré sus ojos de arriba abajo. Ya estaba acostumbrada. Jugué a ser la buena anfitriona y esperé hasta que todo se calmara, probablemente alrededor de las 2 o 3 de la mañana, antes de ducharme e irme a la cama. Había sido un largo día con clases y trabajo. Me desperté unas horas más tarde con "Papá" ya dentro de mí, ¡empujando dentro y fuera entre mis piernas! Por la luz que entraba a raudales por mis persianas oscuras, podía decir que era de día. ¡Pero qué diablos estaba pasando! No tenía bragas, pero sí camiseta. Debajo, la figura oscura que rápidamente pude identificar como "Papá" me acariciaba los pechos con una mano mientras me sujetaba con la otra. Todavía aturdida y confundida, supongo que lo abracé y respondí como una compañera dispuesta. Pronto terminó y luego se puso incómodo. Me dijo "Eso realmente dio en el clavo". ¡Empezó a conversar! Cuanto más tenía que pensar, más me daba cuenta de lo que había pasado. Que simplemente se había servido mientras yo dormía. Tenía 19 años y estaba saliendo con un jugador de béisbol universitario atractivo en ese momento y no me habría acercado a este tipo de cincuenta y tantos a propósito. Seguro que estaba bebiendo esa noche, pero yo solo había tomado unas pocas sidras. Así que ahí estaba yo, dándome cuenta de que me habían violado, ¡pero rehén de un sentido de la cortesía! Sin mencionar que medía 1,60 m y pesaba 50 kg, por lo que estaba la intimidación física de un hombre mucho más alto con un cuerpo de padre. Siempre orino justo después del sexo, pero me sentí cautiva por las divagaciones de "Papá" mientras se apoyaba en un codo flotando sobre mí mientras pasaba sus dedos sobre mí y me acariciaba el cabello esporádicamente. Compartí con él su lata de cerveza fría, que debió abrir justo antes de entrar a violarme, porque recuerdo haber bebido a fondo el líquido frío que me alivió la garganta seca. Sufrí algunos chistes de papá e historias que no me interesaban, además de responder algunas preguntas personales sobre mí y mi sexualidad. Buscaba un momento para levantarme y alejarme de "Papá" cuando dijo: "Estoy listo para ir otra vez, cariño". ¡No! ¡Se colocó encima de mí! En lugar de resistirme o incluso decir "no", abrí las piernas para acomodarlo. ¡Qué demonios! La segunda vez no tuvo la misma ansiedad que la primera, por desgracia. Como él mismo dijo, esta vez quería darme una lección. Supongo que sobre lo bueno que era en la cama. Un caso claro de "pene de whisky". Así que dejé que este hombre con el que nunca había querido ni considerado tener sexo me empujara en varias posturas. Era un hombre grande y mucho más fuerte que yo, era una broma. Después del misionero, me levantó para demostrarme algo y me lo hizo contra la pared junto a mi ventana. Recuerdo ver a través de las rendijas de las persianas y saber que era temprano porque el estacionamiento estaba lleno y no se movía nada. Entonces me tiré de golpe a la cama. Hicimos un 69, yo tumbada sobre él, chupándolo con todas mis fuerzas, deseando acabar con él mientras me lamía. ¡Fracasé! En un momento dado, me tuvo encima, montándolo. Estaba a gatas con él embistiendo detrás de mí cuando me desplomé boca abajo bajo su peso. Disfrutaba de las embestidas sin parar, ya que estaba completamente inmovilizada por él. Dejé que me diera dos o más orgasmos con la esperanza de que acabara. Grité tanto que me daba vergüenza que mi compañera de cuarto entrara corriendo en cualquier momento. Estaba desmayada, borracha. Finalmente se fue en cuanto terminó. Estoy segura de que tenía el ego desorbitado y ¡ese hombre tan terrible todavía piensa en mí! Me quedo tumbada en la cama, recuperando el aliento y cada vez más ansiosa. Me levanté, me puse un chándal y salí corriendo hacia el gimnasio. Tenía muchísimas ganas de escaparme. Bebí agua como si acabara de salir de un desierto. Me duché un buen rato en el gimnasio vacío del sábado por la mañana, sin más productos que jabón de manos. Luego empecé a entrenar como una loca, con tres horas de sueño y agotada. Intentaba sacármelo de encima sudando, gritando y haciendo ejercicio a toda máquina. Me duché de nuevo, salí y me quedé dormida en el coche, en la parte de atrás del aparcamiento. El resto del fin de semana solo iba a mi apartamento unos minutos a la vez para recoger cosas que necesitaba. ¡Y desde luego que no dormí allí! Cuando se fue, respondí a las preguntas de mi compañera de piso, que había estado ignorando con mentiras y respuestas cortas. Le dije la verdad. Se encogió de hombros y me miró con escepticismo, como si fuera una de esas cosas. Fui promiscua en la universidad y ella lo sabía. Hicimos una especie de broma y seguimos adelante. De la forma fácil, no de la correcta. Todavía me siento muy culpable por cómo era entonces. En aquel entonces, mi problema no era "ojalá hubiera peleado con él". ¡Lo que deseaba era haber estado demasiado borracho para recordarlo! Así que eso fue todo. Algo que guardé dentro, supurando. Otras cosas se sumaron y lo escondí bajo la alfombra de mi mente dañada. No es uno de los peores esqueletos en mi armario, pero por ahora estoy dispuesta a compartirlo. Estoy trabajando en las demás. Mi primera historia me ayudó mucho. Espero que también le haya ayudado a alguien más. Les agradezco a todos y me solidarizo. Leeré sus historias y los apoyaré en mis pensamientos y oraciones.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Apagón

    Ocurrió durante mi segundo año de posgrado. Viajé de Boston a Connecticut para asistir a la fiesta de cumpleaños de un amigo. Tenía otros amigos que conocía que iban a estar allí, así que decidí que por qué no. La fiesta tuvo lugar en un salón privado en la parte trasera de un bar/restaurante. La mayoría de los asistentes pertenecían a mi misma hermandad, eran amigos, compañeros de fraternidad o compañeros militares del cumpleañero. Todos bailábamos, bebíamos y nos divertíamos al ritmo de la música que ponía el DJ en su rincón. Recuerdo que el cumpleañero me pidió que tomara unos chupitos con él y algunos amigos, todos hechos a medida por el barman. "¡Danos tu mejor chupito! [risas] ¡Sorpréndenos!", recuerdo que le dijo al barman por encima de la música alta. Los dos chupitos que tomamos fueron de Jägermeister mezclados con otros licores. A oscuras. Me desperté desnudo en una habitación de hotel, encima de otra amiga y besándola, rodeado de al menos cuatro hombres más. Nos animaban a seguir besándonos y a frotarnos, incluido el cumpleañero. En ese momento, parecía y se sentía como una escena de película donde un grupo de universitarios borrachos están en una fiesta incitándose a hacer alguna estupidez, pero en cámara lenta. La cámara lenta se aceleró y la realidad se apoderó de mí. Recuerdo haberme dado cuenta de lo que estaba pasando y haber saltado hacia atrás y alejado de ella. Recuerdo que se desmayó. Me desperté de nuevo. Esta vez en el suelo, frente a la cama del hotel. Él estaba teniendo sexo conmigo cuando desperté de mi inconsciencia. Recuerdo haberlo mirado a la cara y haber mirado a la izquierda, dándome cuenta de que la televisión del hotel estaba encendida de fondo. Recuerdo haberle dicho "no" y "para" y haberlo empujado para que se apartara de mí. Corrí al baño. Todavía estaba desnudo. Al entrar al baño y cerrar la puerta, lo primero que pensé al mirarme al espejo fue: "¿Cómo demonios te metiste en esta situación? ¿De verdad eres tú? ¿De verdad estás aquí ahora?". Empecé a llorar y enseguida recordé dónde estaba. Me dije: "Lávate la cara. Busca tu ropa. Busca tu teléfono. Pero no montes un escándalo". Así que me quité el rímel oscurecido. Salí del baño a buscar mi ropa y mi teléfono. Me di cuenta de que todos, menos él, parecían estar durmiendo y había otra persona sentada encima de la cama viendo la televisión. La misma televisión que vi a su izquierda. La misma cama frente a la que me desperté, en el suelo. "¿Estaba mirando todo este tiempo sin hacer nada?", me pregunté. Encontré mi ropa y mi teléfono. El teléfono estaba muerto. Después de un rato, todos empezaron a despertarse y yo me senté en la silla a esperar a que se vistieran. Salimos del hotel y fuimos a desayunar a un IHOP. No sabía cómo procesar lo que había pasado apenas unas horas antes. No estaba segura de si me sentía lo suficientemente segura como para preguntarles qué había pasado. Sentía asco de mí misma. Tampoco estaba segura de si lo que experimenté era real. Tenía resaca. Todos eran militares, incluida la mujer con la que desperté la primera vez. Me llevaron en coche de vuelta a Boston y me dejaron en casa. No mencionaron nada de lo sucedido. Adiós. Entré en mi apartamento, subí las escaleras, me duché y lloré. Después de la ducha, me metí en la cama. Desmayada.

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    No es tu culpa y no te define

    Era mi primer año de universidad. Por aquel entonces, llevaba dos años lidiando con migrañas crónicas diarias. Mi salud estaba muy mal, mi autoestima estaba muy baja y me daba miedo empezar la universidad y estar sola. Después de unas semanas, conocí a un chico por medio de un amigo en común. Estábamos afuera de la residencia y pasó por allí; me pareció guapísimo. Lo invité discretamente a un evento de la universidad y conseguí su número. Al día siguiente, me dijo que no podría ir, y luego quedamos con unos amigos. Me atrajo al instante; estaba perdidamente enamorada y sin pensar. Esa misma noche, me invitó a salir. Al día siguiente, fuimos a comer al campus y luego volvimos a mi residencia a hornear galletas. Más tarde, esa misma noche, se unió a mis amigos y a mí para ver una película. Mientras discutían sobre qué película ver, me puso la mano en la pierna. Fue muy inesperado porque ni siquiera nos habíamos tomado de la mano. Entonces me preguntó si quería irme de la película (antes siquiera de empezar a verla). Así que le dije, vale, podemos irnos. Dejamos a mis amigos y les dijo que tenía que conducir a casa este fin de semana. Mientras caminábamos de vuelta a mi dormitorio, me preguntó si quería que se fuera. Dije que no, porque me gustaba mucho. Luego, dijo que podíamos ir en su coche a algún sitio o salir al jardín delantero. No confiaba en que me llevara a ningún sitio a altas horas de la noche, así que le dije que podíamos quedarnos en el jardín delantero. Estábamos sentados en el jardín delantero, probablemente alrededor de la medianoche, y acabó besándome. Esta parte fue consensuada, pero para mí fue una experiencia nueva; de hecho, era mi primer beso y me incomodaba que estuviéramos al aire libre, donde cualquiera podía pasar. Cuando eran alrededor de las 2 de la madrugada, empezaron a funcionar los aspersores, así que nos levantamos y nos fuimos. Al irnos, me dijo: "Te quiero". Técnicamente, era nuestro primer y tercer día conociéndolo, y debería haber sabido que era una señal de alerta. A la semana siguiente, salimos al jardín a pasar el rato por la noche; sin embargo, todavía había bastante luz y había mucha gente. Empezó a besarme y le dije que me sentía incómoda con tanta gente. Me dijo que no me preocupara y siguió besándome y tocándome más. Luego metió las manos bajo mis leggings y empezó a tocarme. Estaba aterrorizada. Le decía que no me sentía cómoda con tanta gente, pero no paraba. Al día siguiente, más o menos, fui a su dormitorio. Quería sentarse en la cama. Empezó a besarme e incluso me quitó la camiseta. Estaba tocando música, y sabía que los demás compañeros de piso de la casa donde vivía también estaban allí. Entonces entró su compañero. Me dio mucha vergüenza y me arropé rápidamente. Estuvo allí unos cinco minutos charlando y finalmente se fue. Después de que se fue, el chico no dejaba de tocarme y no sabía cómo decirle que no; lo hacía sin preguntar y tenía miedo de que se pusiera agresivo. No paraba de decirme lo excitado que estaba y lo mucho que quería que lo tocara. Me sentí muy incómoda y finalmente me fui e inventé una excusa. Más tarde esa semana, en mi dormitorio, vino y no paraba de decirme que quería tener sexo. Yo no paraba de decirle lo incómoda que estaba. Incluso se quitó los pantalones y pude sentir su pene en la parte interior de mi pierna y seguí diciéndole que no, y lo incómoda que estaba. No paraba de decirme que quería irse los fines de semana a Joshua Tree o quedarnos solos en una cabaña un fin de semana. Sentía que me presionaba para que le tocara el pene o para que tuviéramos sexo con él, y cuando seguía diciéndole que no, se frustraba mucho conmigo y me hacía sentir culpable. Me decía cosas como que era la mujer más hermosa del mundo y luego me trataba como una mierda. Una noche, estaba en mi habitación y no dejaba de presionarme para que me quedara a pasar la noche. En la universidad a la que voy, tenemos un horario de visitas estricto y no se permite que los chicos se queden a dormir en la residencia. Le repetía una y otra vez que era hora de irnos, pero no se movía. Una vez que oí al asistente residente entrar en el pasillo de la residencia, me sentí asfixiada y supe que tendría que estar atrapada con él durante las siguientes horas, o al menos hasta que pudiera escaparme. Durante todo ese tiempo, solo me repetía lo excitado que estaba y que me tocaba, y yo tenía demasiado miedo de decirle que parara porque sabía lo enfadado que se ponía cuando no se salía con la suya. Finalmente, a la semana siguiente, más o menos, rompió conmigo y siguió intentando salir con mis mejores amigas de la universidad. Después de nuestra ruptura, sentí que era el fin del mundo. No veía cuánto daño me había causado ni lo tóxico que era; simplemente sentía que no era lo suficientemente buena. Lloré, tuve pensamientos suicidas, tuve ataques de pánico, apenas podía quedarme en mi habitación porque sentía que estaba allí, no podía dormir y, si dormía, aparecía en mis pesadillas. No se lo conté a ninguno de mis amigos ni familiares porque me daba mucha vergüenza. Sentía vergüenza, como si hubiera hecho algo malo, como si nunca debí haberme enamorado de él. Me involucré emocional y físicamente en él, y a él simplemente no le importó. Ha pasado un año, y hace poco me di cuenta de que lo que hizo fue acoso sexual. No me escuchó, no le di mi consentimiento, no podía obligarlo a salir de mi habitación cuando lo necesitaba, me hacía sentir culpable si no tenía sexo o lo tocaba, manipulaba mis sentimientos y mi cuerpo. Me hizo creer que no era lo suficientemente buena, ni lo suficientemente guapa, ni lo suficientemente delgada. Me hizo pensar que era dependiente por querer apoyo. Me hacía sentir como una carga cuando le contaba mis problemas. Me hacía sentir como si estuviera dañada. Ha pasado un año y sigo sin sentirme bien. Todavía tengo pesadillas, todavía tengo flashbacks. Si escucho una canción que solía poner o veo el tipo de coche que conducía, simplemente me transporta al pasado. Solo le conté esta historia a mi novio actual y me daba vergüenza contárselo a mi familia ni a mis amigos. Sentía que me juzgarían si me sinceraba. Pero me alegra poder compartirla con ustedes hoy. No sé si volveré a ser la misma después de esta experiencia, pero ahora estoy intentando cambiar las cosas. Abrirme me ha ayudado a encontrar algo de paz en medio de todo. Y me ha ayudado a entender que no es mi culpa y que, aunque me pasó a mí, no me pertenece.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    La esperanza te matará, la esperanza es una mentira cruel que le dan a la gente cuando la verdad es que no se puede casar.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    #1287

    Tocamientos inapropiados es como me refería a lo que hacía mi exmarido. Estuvimos juntos casi number años. Incontables veces me despertaba con sus manos bajo mi pijama, teniendo relaciones sexuales conmigo, obligándome a hacerle cosas; simplemente se volvió normal. Sentía que esto era parte de mi matrimonio. Ahora sé que no debería haber sido así y que ningún hombre debería tratar así a una mujer. El consentimiento no se puede pedir, debe darse. Nos separamos y él seguía viviendo en casa. Estuve hospitalizada. Él ayudaba a cuidar a nuestros tres hijos. Venía a mi habitación por la noche, después de que yo llegara del hospital, y me frotaba la espalda y el vientre, aunque le había pedido que no lo hiciera. Esto derivó en dos ocasiones en violación; le dije que no, y él siguió haciéndolo. En ese momento no me di cuenta de que era eso. Incluso escribir esto ahora me resulta difícil. Fue solo tres años después, tras hablar sobre los tocamientos inapropiados con una terapeuta, que ella usó esa palabra conmigo. En el fondo, sabía lo fundamentalmente equivocado que era todo esto, pero nunca me imaginé que mi esposo me había agredido sexualmente ni violado mientras estábamos casados ni justo después de separarnos. Todavía me resulta extremadamente difícil decirlo en voz alta. La mayoría de mis amigos y familiares no saben que esto ha sucedido. Es una situación muy solitaria, pero hablar con profesionales sin duda me ayuda a superar la vergüenza y la culpa que siento.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    No ha terminado

    “¿Por qué fuiste?” “Nadie te obligó a ir”. “¿Qué llevabas puesto?” “¿Qué comiste ese día?” “¿Seguro que no alucinaste?” “¿Por qué bebiste?” “¿Por qué?” “¿Por qué?” “¿Por qué?” ¿Por qué siempre le hacen estas preguntas a la víctima y nunca al agresor? Me mudé de casa de mis padres a los 23 años para seguir mi carrera en la ciudad de mis sueños: Los Ángeles, California. La primera noche que llegué a Los Ángeles, recuerdo haber pensado: “Estoy deseando ver lo que esta ciudad me ofrece”. Estaba en plena felicidad pensando en mi futuro. Estaba eufórica por crecer profesionalmente y empezar mi nuevo trabajo en la Universidad. Incluso ofrecieron un programa para pagar mi maestría, que planeaba cursar. Apenas seis meses después de empezar mi nuevo trabajo soñado, esos sueños se arruinaron de la noche a la mañana. Mi jefe insistía en invitarme a cenar, semana tras semana. Tras rechazar varias invitaciones, me sentí obligada cuando me negó las vacaciones e insistió en que solo eran para "hablar de trabajo". Momentos antes de conocerlo, ya en el ascensor bajando, sentí con fuerza que mi intuición me decía que no fuera. Me convencí a mí misma de no sentirme incómoda por ir a una cena de trabajo con tu jefe. Llegamos al restaurante sobre las 6 de la tarde, nos sentamos en la barra y pedimos bebidas y algunos aperitivos. A lo largo de la noche, tomé un plato de macarrones con queso y tres copas. Hablamos de trabajo todo el tiempo y él aplaudió mi ética laboral. Después de la tercera copa, perdí por completo la memoria de la noche y la noción del tiempo. No recordaba haber salido del restaurante, haber pagado ni haber llegado a casa. Lo siguiente que recuerdo es despertarme en mi propia cama y verlo agrediéndome sexualmente. Salí de golpe de mi habitación y crucé el pasillo, llorando histéricamente a mi compañera de piso, pidiendo ayuda a gritos. Más tarde me dijo que arrastraba las palabras y que tenía los ojos en blanco, rogándole: "¡Sácalo de aquí, sácalo de aquí!". Se aseguró de que estuviera a salvo en su habitación y llamó a nuestra vecina. En cuanto llegó nuestra vecina, mi compañera de piso entró en mi habitación y le pidió a mi jefe que se fuera. Él seguía tumbado en mi cama mientras ella tomaba fotos y vídeos como prueba. Al salir de mi apartamento, tuvo la osadía de escribirme: "Espero que hayas llegado a casa sana y salva", fingiendo que nunca había estado en casa. A la mañana siguiente de la agresión sexual, me desperté completamente desorientada, con una resaca que nunca antes había experimentado. Temblaba de frío y me dolía tanto la garganta que ni siquiera podía tragar. Había vómito por todo el baño. Después de reconstruir la historia con mi compañera de piso, me convenció de que me hiciera un examen de violación. Cuando llegó mi prima para llevarme a la cita, estaba en posición fetal, temblando en el suelo, llorando desconsoladamente. No podía creer que mi jefe, alguien en quien se suponía que debía confiar, se hubiera aprovechado de su poder y hubiera cambiado mi vida para siempre. Quería escaparme de mi cuerpo. Al día siguiente, seguí todos los pasos correctos. Mi prima me llevó al Centro de Tratamiento de Violaciones para que me hicieran un examen de violación y presentara una denuncia. Fue un proceso muy incómodo e invasivo. Por suerte, me asignaron una enfermera y terapeuta encantadora que me orientó y me consoló durante el proceso. Mientras la enfermera me extraía sangre para detectar drogas de violación en mi organismo, me advirtió que, como había llegado tarde esa noche, la prueba podría salir negativa. Después de completar el examen de violación, un detective me interrogó y le conté exactamente lo que recordaba de la noche anterior. Mi padre condujo cuatro horas para recogerme del centro. Estoy muy agradecida de haber tenido a tantos seres queridos a mi alrededor durante esas 48 horas. Nunca habría podido pasar por esto sola. Meses después, recibí los resultados del examen del kit de violación: no había pruebas suficientes para declararlo culpable. Sí encontraron saliva en mi pecho, pero no fue suficiente. El fiscal de distrito asignado a mi caso me explicó que en estos casos es difícil encontrar culpable al agresor, especialmente sin testigos. Todos me creyeron durante el proceso, pero no se tomó ninguna medida. El Centro de Tratamiento de Violaciones me asignó a una terapeuta maravillosa. Me diagnosticaron depresión, ansiedad, TEPT y despersonalización. Tenía sueños intrusivos repetitivos en los que el agresor me perseguía por los pasillos del campus. Mantener mi puesto en la Universidad no valía la pena deteriorar mi salud mental. Renuncié al trabajo de mis sueños y a una maestría gratuita. Durante los nueve meses siguientes, solicité cientos de empleos, sin éxito. Sentí que mi mundo se derrumbaba ante mis ojos. Estaba estancada. Estaba perdida. Decidí contratar a un abogado para que me indemnizara por daños y perjuicios y pérdida de ingresos. Me sentí muy validada al ver que el bufete de abogados creía en mi historia y coincidía plenamente en que tenía un caso sólido. Me hizo sentir empoderada por primera vez durante esos meses difíciles. La demanda fue un proceso largo y tedioso, y nos topamos con muchos contratiempos. Ni siquiera sabía qué significaba la palabra "arbitraje" antes de presentarla. Cuando empiezas un nuevo trabajo, te entregan un montón de papeles para firmar. En algún lugar oculto de mi contrato, cedí mi derecho a un juicio. Mi caso tendría que pasar por un arbitraje y nunca saldría a la luz pública. Por suerte, mis abogados apelaron la cláusula de arbitraje y ganaron, así que pude ir a juicio. University me ofreció dinero varias veces para llegar a un acuerdo, pero no quería que otra gran corporación ocultara este caso y me pagara para que guardara silencio. Sabía que iba a ser un trauma y una reacción traumática. Luché con todas mis fuerzas para llevar mi caso hasta el final y hacer oír mi voz. La COVID-19 me puso otra traba: esperar un tiempo indeterminado para presentar mi caso ante un jurado de mis colegas u optar por un juicio sin jurado (donde un juez toma la decisión única sobre tu caso, en lugar de un jurado). Después de alargar el proceso durante cuatro largos años y el clima mundial actual, opté por el juicio sin jurado. Quería cerrar este capítulo de mi vida y empezar a seguir adelante. Además, el sistema y el juez estarían de mi lado. Mi caso era infalible. El juicio fue tan horrible y traumático como todos decían. Tuve que enfrentarme a mi agresor por primera vez desde la agresión, al entrar en la sala del tribunal. Mi cuerpo se apagó, temblando y llorando desconsoladamente durante unos 30 minutos. Tuve que tomar un descanso antes incluso de comenzar el juicio. Dos semanas después, recibí la decisión del juez a favor de la Universidad. Aunque el juez (y todos los involucrados en el caso) admitieron que lo que me pasó fue real, concluyeron que "nadie me obligó a ir a cenar". Sentí como si alguien me dejara sin aliento. Estaba atónita y completamente incrédula. No podía soportar la comida y pasé semanas sin dormir. Reviví mi incidente una y otra vez para asegurarme de que esto no le pasara a nadie más. El juez dictaminó que Universidad no sufriría consecuencias, y el sistema les ha dado permiso, sin tapujos, para que esto vuelva a ocurrir. ¿Cenarías con un hombre mayor y poco atractivo que te persigue agresivamente? No. Nunca habría ido a cenar con él si no hubiera sido mi jefe. Lo peor es que debería haber estado de vacaciones esa semana, pero recuerda, él lo negó. Durante el juicio, el abogado defensor me preguntó si Universidad podría haber hecho algo diferente para evitarlo. En ese momento supe por qué fui a juicio: para dar una visión que evitara que esto volviera a ocurrir. Esto es lo que dije: Absolutamente, hay mucho más trabajo por hacer. Deberían implementarse políticas estrictas que prohíban a la gerencia perseguir y confraternizar con sus subordinados fuera del horario laboral. Esta política existe en muchas empresas, y con razón. La Universidad necesita implementar una capacitación exhaustiva y continua sobre acoso/agresión sexual en todo el campus, y no solo una vez al año para cumplir con un requisito. Deberían sentirse responsables de hacer todo lo posible para evitar que esto le suceda a cualquier otra persona en la "familia" de la Universidad. Mi agresión sexual ocurrió unos meses antes del movimiento #MeToo de 2017. Deseaba con todas mis fuerzas escuchar la historia de otra persona para validar la mía, pero había muy pocos artículos similares en línea con los que identificarme. Me sentí completamente sola. Cuando el movimiento #MeToo salió a la luz y tantas mujeres y hombres compartieron públicamente sus historias, me ayudó a superar la mía. Así que quiero agradecer a todas las mujeres y hombres que expresaron su verdad. ¡Me han inspirado a expresar la mía! Mi historia me ha fortalecido. He aprendido la importancia de alzar la voz y decir la verdad. Si alguien que lee esto ha pasado por algo similar, quiero que sepa que no está solo y que estoy con usted. Estamos todos juntos en esto y debemos alzar la voz hasta que ya no sea necesario. Nadie jamás cuestionó mi caso. Todos en este caso coincidieron en que lo que me sucedió fue cierto, pero que nadie era responsable excepto yo. Mi historia me deja con una sola opción: ¡SEGUIR LUCHANDO!

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sí, por favor. Quiero que lo atrapen.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
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    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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    Solo llámame "papá"

    En mi historia, COMENZÓ CON MI HERMANO, mencioné brevemente 3 instancias en las que evité ser violada al dejar que los hombres me tuvieran cuando parecía que iban a hacerlo sin importar si yo consentía o no. Creo que evité el trauma emocional y físico en ese momento, pero la ira, el resentimiento hacia mí misma y los sentimientos de haber sido agraviada y al respecto se acumularon después. Nunca compartí ni publiqué esas historias. Por favor, lea mi historia original para el contexto. En esta instancia, el sexo ya estaba sucediendo cuando desperté, y mi reflejo fue tomar el camino de la no confrontación. El camino fácil, no el correcto. Había llegado a casa del trabajo como mesera en mi bar y restaurante a la parrilla y mi compañera de cuarto tenía a su padre alojado con nosotros durante el fin de semana. Ya lo conocía porque condujeron directamente del aeropuerto al bar deportivo en el que trabajaba. Ahí fue donde me dijo: "Solo llámame, 'papá'". Se sentaron en mi sección, comieron y se fueron. Sin problemas. Luego, de vuelta en nuestro apartamento de dos habitaciones, hubo una pequeña fiesta para él con un par de amigos. Tomé un par de sidras fuertes y charlé sobre la universidad y mi compañera de piso, y escuché historias de cuando ella era niña. Coqueteé y seguí la corriente a las insinuaciones sexuales de "Papá" dirigidas a mí, e ignoré sus ojos de arriba abajo. Ya estaba acostumbrada. Jugué a ser la buena anfitriona y esperé hasta que todo se calmara, probablemente alrededor de las 2 o 3 de la mañana, antes de ducharme e irme a la cama. Había sido un largo día con clases y trabajo. Me desperté unas horas más tarde con "Papá" ya dentro de mí, ¡empujando dentro y fuera entre mis piernas! Por la luz que entraba a raudales por mis persianas oscuras, podía decir que era de día. ¡Pero qué diablos estaba pasando! No tenía bragas, pero sí camiseta. Debajo, la figura oscura que rápidamente pude identificar como "Papá" me acariciaba los pechos con una mano mientras me sujetaba con la otra. Todavía aturdida y confundida, supongo que lo abracé y respondí como una compañera dispuesta. Pronto terminó y luego se puso incómodo. Me dijo "Eso realmente dio en el clavo". ¡Empezó a conversar! Cuanto más tenía que pensar, más me daba cuenta de lo que había pasado. Que simplemente se había servido mientras yo dormía. Tenía 19 años y estaba saliendo con un jugador de béisbol universitario atractivo en ese momento y no me habría acercado a este tipo de cincuenta y tantos a propósito. Seguro que estaba bebiendo esa noche, pero yo solo había tomado unas pocas sidras. Así que ahí estaba yo, dándome cuenta de que me habían violado, ¡pero rehén de un sentido de la cortesía! Sin mencionar que medía 1,60 m y pesaba 50 kg, por lo que estaba la intimidación física de un hombre mucho más alto con un cuerpo de padre. Siempre orino justo después del sexo, pero me sentí cautiva por las divagaciones de "Papá" mientras se apoyaba en un codo flotando sobre mí mientras pasaba sus dedos sobre mí y me acariciaba el cabello esporádicamente. Compartí con él su lata de cerveza fría, que debió abrir justo antes de entrar a violarme, porque recuerdo haber bebido a fondo el líquido frío que me alivió la garganta seca. Sufrí algunos chistes de papá e historias que no me interesaban, además de responder algunas preguntas personales sobre mí y mi sexualidad. Buscaba un momento para levantarme y alejarme de "Papá" cuando dijo: "Estoy listo para ir otra vez, cariño". ¡No! ¡Se colocó encima de mí! En lugar de resistirme o incluso decir "no", abrí las piernas para acomodarlo. ¡Qué demonios! La segunda vez no tuvo la misma ansiedad que la primera, por desgracia. Como él mismo dijo, esta vez quería darme una lección. Supongo que sobre lo bueno que era en la cama. Un caso claro de "pene de whisky". Así que dejé que este hombre con el que nunca había querido ni considerado tener sexo me empujara en varias posturas. Era un hombre grande y mucho más fuerte que yo, era una broma. Después del misionero, me levantó para demostrarme algo y me lo hizo contra la pared junto a mi ventana. Recuerdo ver a través de las rendijas de las persianas y saber que era temprano porque el estacionamiento estaba lleno y no se movía nada. Entonces me tiré de golpe a la cama. Hicimos un 69, yo tumbada sobre él, chupándolo con todas mis fuerzas, deseando acabar con él mientras me lamía. ¡Fracasé! En un momento dado, me tuvo encima, montándolo. Estaba a gatas con él embistiendo detrás de mí cuando me desplomé boca abajo bajo su peso. Disfrutaba de las embestidas sin parar, ya que estaba completamente inmovilizada por él. Dejé que me diera dos o más orgasmos con la esperanza de que acabara. Grité tanto que me daba vergüenza que mi compañera de cuarto entrara corriendo en cualquier momento. Estaba desmayada, borracha. Finalmente se fue en cuanto terminó. Estoy segura de que tenía el ego desorbitado y ¡ese hombre tan terrible todavía piensa en mí! Me quedo tumbada en la cama, recuperando el aliento y cada vez más ansiosa. Me levanté, me puse un chándal y salí corriendo hacia el gimnasio. Tenía muchísimas ganas de escaparme. Bebí agua como si acabara de salir de un desierto. Me duché un buen rato en el gimnasio vacío del sábado por la mañana, sin más productos que jabón de manos. Luego empecé a entrenar como una loca, con tres horas de sueño y agotada. Intentaba sacármelo de encima sudando, gritando y haciendo ejercicio a toda máquina. Me duché de nuevo, salí y me quedé dormida en el coche, en la parte de atrás del aparcamiento. El resto del fin de semana solo iba a mi apartamento unos minutos a la vez para recoger cosas que necesitaba. ¡Y desde luego que no dormí allí! Cuando se fue, respondí a las preguntas de mi compañera de piso, que había estado ignorando con mentiras y respuestas cortas. Le dije la verdad. Se encogió de hombros y me miró con escepticismo, como si fuera una de esas cosas. Fui promiscua en la universidad y ella lo sabía. Hicimos una especie de broma y seguimos adelante. De la forma fácil, no de la correcta. Todavía me siento muy culpable por cómo era entonces. En aquel entonces, mi problema no era "ojalá hubiera peleado con él". ¡Lo que deseaba era haber estado demasiado borracho para recordarlo! Así que eso fue todo. Algo que guardé dentro, supurando. Otras cosas se sumaron y lo escondí bajo la alfombra de mi mente dañada. No es uno de los peores esqueletos en mi armario, pero por ahora estoy dispuesta a compartirlo. Estoy trabajando en las demás. Mi primera historia me ayudó mucho. Espero que también le haya ayudado a alguien más. Les agradezco a todos y me solidarizo. Leeré sus historias y los apoyaré en mis pensamientos y oraciones.

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    Apagón

    Ocurrió durante mi segundo año de posgrado. Viajé de Boston a Connecticut para asistir a la fiesta de cumpleaños de un amigo. Tenía otros amigos que conocía que iban a estar allí, así que decidí que por qué no. La fiesta tuvo lugar en un salón privado en la parte trasera de un bar/restaurante. La mayoría de los asistentes pertenecían a mi misma hermandad, eran amigos, compañeros de fraternidad o compañeros militares del cumpleañero. Todos bailábamos, bebíamos y nos divertíamos al ritmo de la música que ponía el DJ en su rincón. Recuerdo que el cumpleañero me pidió que tomara unos chupitos con él y algunos amigos, todos hechos a medida por el barman. "¡Danos tu mejor chupito! [risas] ¡Sorpréndenos!", recuerdo que le dijo al barman por encima de la música alta. Los dos chupitos que tomamos fueron de Jägermeister mezclados con otros licores. A oscuras. Me desperté desnudo en una habitación de hotel, encima de otra amiga y besándola, rodeado de al menos cuatro hombres más. Nos animaban a seguir besándonos y a frotarnos, incluido el cumpleañero. En ese momento, parecía y se sentía como una escena de película donde un grupo de universitarios borrachos están en una fiesta incitándose a hacer alguna estupidez, pero en cámara lenta. La cámara lenta se aceleró y la realidad se apoderó de mí. Recuerdo haberme dado cuenta de lo que estaba pasando y haber saltado hacia atrás y alejado de ella. Recuerdo que se desmayó. Me desperté de nuevo. Esta vez en el suelo, frente a la cama del hotel. Él estaba teniendo sexo conmigo cuando desperté de mi inconsciencia. Recuerdo haberlo mirado a la cara y haber mirado a la izquierda, dándome cuenta de que la televisión del hotel estaba encendida de fondo. Recuerdo haberle dicho "no" y "para" y haberlo empujado para que se apartara de mí. Corrí al baño. Todavía estaba desnudo. Al entrar al baño y cerrar la puerta, lo primero que pensé al mirarme al espejo fue: "¿Cómo demonios te metiste en esta situación? ¿De verdad eres tú? ¿De verdad estás aquí ahora?". Empecé a llorar y enseguida recordé dónde estaba. Me dije: "Lávate la cara. Busca tu ropa. Busca tu teléfono. Pero no montes un escándalo". Así que me quité el rímel oscurecido. Salí del baño a buscar mi ropa y mi teléfono. Me di cuenta de que todos, menos él, parecían estar durmiendo y había otra persona sentada encima de la cama viendo la televisión. La misma televisión que vi a su izquierda. La misma cama frente a la que me desperté, en el suelo. "¿Estaba mirando todo este tiempo sin hacer nada?", me pregunté. Encontré mi ropa y mi teléfono. El teléfono estaba muerto. Después de un rato, todos empezaron a despertarse y yo me senté en la silla a esperar a que se vistieran. Salimos del hotel y fuimos a desayunar a un IHOP. No sabía cómo procesar lo que había pasado apenas unas horas antes. No estaba segura de si me sentía lo suficientemente segura como para preguntarles qué había pasado. Sentía asco de mí misma. Tampoco estaba segura de si lo que experimenté era real. Tenía resaca. Todos eran militares, incluida la mujer con la que desperté la primera vez. Me llevaron en coche de vuelta a Boston y me dejaron en casa. No mencionaron nada de lo sucedido. Adiós. Entré en mi apartamento, subí las escaleras, me duché y lloré. Después de la ducha, me metí en la cama. Desmayada.

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    🇮🇪

    #1287

    Tocamientos inapropiados es como me refería a lo que hacía mi exmarido. Estuvimos juntos casi number años. Incontables veces me despertaba con sus manos bajo mi pijama, teniendo relaciones sexuales conmigo, obligándome a hacerle cosas; simplemente se volvió normal. Sentía que esto era parte de mi matrimonio. Ahora sé que no debería haber sido así y que ningún hombre debería tratar así a una mujer. El consentimiento no se puede pedir, debe darse. Nos separamos y él seguía viviendo en casa. Estuve hospitalizada. Él ayudaba a cuidar a nuestros tres hijos. Venía a mi habitación por la noche, después de que yo llegara del hospital, y me frotaba la espalda y el vientre, aunque le había pedido que no lo hiciera. Esto derivó en dos ocasiones en violación; le dije que no, y él siguió haciéndolo. En ese momento no me di cuenta de que era eso. Incluso escribir esto ahora me resulta difícil. Fue solo tres años después, tras hablar sobre los tocamientos inapropiados con una terapeuta, que ella usó esa palabra conmigo. En el fondo, sabía lo fundamentalmente equivocado que era todo esto, pero nunca me imaginé que mi esposo me había agredido sexualmente ni violado mientras estábamos casados ni justo después de separarnos. Todavía me resulta extremadamente difícil decirlo en voz alta. La mayoría de mis amigos y familiares no saben que esto ha sucedido. Es una situación muy solitaria, pero hablar con profesionales sin duda me ayuda a superar la vergüenza y la culpa que siento.

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    No ha terminado

    “¿Por qué fuiste?” “Nadie te obligó a ir”. “¿Qué llevabas puesto?” “¿Qué comiste ese día?” “¿Seguro que no alucinaste?” “¿Por qué bebiste?” “¿Por qué?” “¿Por qué?” “¿Por qué?” ¿Por qué siempre le hacen estas preguntas a la víctima y nunca al agresor? Me mudé de casa de mis padres a los 23 años para seguir mi carrera en la ciudad de mis sueños: Los Ángeles, California. La primera noche que llegué a Los Ángeles, recuerdo haber pensado: “Estoy deseando ver lo que esta ciudad me ofrece”. Estaba en plena felicidad pensando en mi futuro. Estaba eufórica por crecer profesionalmente y empezar mi nuevo trabajo en la Universidad. Incluso ofrecieron un programa para pagar mi maestría, que planeaba cursar. Apenas seis meses después de empezar mi nuevo trabajo soñado, esos sueños se arruinaron de la noche a la mañana. Mi jefe insistía en invitarme a cenar, semana tras semana. Tras rechazar varias invitaciones, me sentí obligada cuando me negó las vacaciones e insistió en que solo eran para "hablar de trabajo". Momentos antes de conocerlo, ya en el ascensor bajando, sentí con fuerza que mi intuición me decía que no fuera. Me convencí a mí misma de no sentirme incómoda por ir a una cena de trabajo con tu jefe. Llegamos al restaurante sobre las 6 de la tarde, nos sentamos en la barra y pedimos bebidas y algunos aperitivos. A lo largo de la noche, tomé un plato de macarrones con queso y tres copas. Hablamos de trabajo todo el tiempo y él aplaudió mi ética laboral. Después de la tercera copa, perdí por completo la memoria de la noche y la noción del tiempo. No recordaba haber salido del restaurante, haber pagado ni haber llegado a casa. Lo siguiente que recuerdo es despertarme en mi propia cama y verlo agrediéndome sexualmente. Salí de golpe de mi habitación y crucé el pasillo, llorando histéricamente a mi compañera de piso, pidiendo ayuda a gritos. Más tarde me dijo que arrastraba las palabras y que tenía los ojos en blanco, rogándole: "¡Sácalo de aquí, sácalo de aquí!". Se aseguró de que estuviera a salvo en su habitación y llamó a nuestra vecina. En cuanto llegó nuestra vecina, mi compañera de piso entró en mi habitación y le pidió a mi jefe que se fuera. Él seguía tumbado en mi cama mientras ella tomaba fotos y vídeos como prueba. Al salir de mi apartamento, tuvo la osadía de escribirme: "Espero que hayas llegado a casa sana y salva", fingiendo que nunca había estado en casa. A la mañana siguiente de la agresión sexual, me desperté completamente desorientada, con una resaca que nunca antes había experimentado. Temblaba de frío y me dolía tanto la garganta que ni siquiera podía tragar. Había vómito por todo el baño. Después de reconstruir la historia con mi compañera de piso, me convenció de que me hiciera un examen de violación. Cuando llegó mi prima para llevarme a la cita, estaba en posición fetal, temblando en el suelo, llorando desconsoladamente. No podía creer que mi jefe, alguien en quien se suponía que debía confiar, se hubiera aprovechado de su poder y hubiera cambiado mi vida para siempre. Quería escaparme de mi cuerpo. Al día siguiente, seguí todos los pasos correctos. Mi prima me llevó al Centro de Tratamiento de Violaciones para que me hicieran un examen de violación y presentara una denuncia. Fue un proceso muy incómodo e invasivo. Por suerte, me asignaron una enfermera y terapeuta encantadora que me orientó y me consoló durante el proceso. Mientras la enfermera me extraía sangre para detectar drogas de violación en mi organismo, me advirtió que, como había llegado tarde esa noche, la prueba podría salir negativa. Después de completar el examen de violación, un detective me interrogó y le conté exactamente lo que recordaba de la noche anterior. Mi padre condujo cuatro horas para recogerme del centro. Estoy muy agradecida de haber tenido a tantos seres queridos a mi alrededor durante esas 48 horas. Nunca habría podido pasar por esto sola. Meses después, recibí los resultados del examen del kit de violación: no había pruebas suficientes para declararlo culpable. Sí encontraron saliva en mi pecho, pero no fue suficiente. El fiscal de distrito asignado a mi caso me explicó que en estos casos es difícil encontrar culpable al agresor, especialmente sin testigos. Todos me creyeron durante el proceso, pero no se tomó ninguna medida. El Centro de Tratamiento de Violaciones me asignó a una terapeuta maravillosa. Me diagnosticaron depresión, ansiedad, TEPT y despersonalización. Tenía sueños intrusivos repetitivos en los que el agresor me perseguía por los pasillos del campus. Mantener mi puesto en la Universidad no valía la pena deteriorar mi salud mental. Renuncié al trabajo de mis sueños y a una maestría gratuita. Durante los nueve meses siguientes, solicité cientos de empleos, sin éxito. Sentí que mi mundo se derrumbaba ante mis ojos. Estaba estancada. Estaba perdida. Decidí contratar a un abogado para que me indemnizara por daños y perjuicios y pérdida de ingresos. Me sentí muy validada al ver que el bufete de abogados creía en mi historia y coincidía plenamente en que tenía un caso sólido. Me hizo sentir empoderada por primera vez durante esos meses difíciles. La demanda fue un proceso largo y tedioso, y nos topamos con muchos contratiempos. Ni siquiera sabía qué significaba la palabra "arbitraje" antes de presentarla. Cuando empiezas un nuevo trabajo, te entregan un montón de papeles para firmar. En algún lugar oculto de mi contrato, cedí mi derecho a un juicio. Mi caso tendría que pasar por un arbitraje y nunca saldría a la luz pública. Por suerte, mis abogados apelaron la cláusula de arbitraje y ganaron, así que pude ir a juicio. University me ofreció dinero varias veces para llegar a un acuerdo, pero no quería que otra gran corporación ocultara este caso y me pagara para que guardara silencio. Sabía que iba a ser un trauma y una reacción traumática. Luché con todas mis fuerzas para llevar mi caso hasta el final y hacer oír mi voz. La COVID-19 me puso otra traba: esperar un tiempo indeterminado para presentar mi caso ante un jurado de mis colegas u optar por un juicio sin jurado (donde un juez toma la decisión única sobre tu caso, en lugar de un jurado). Después de alargar el proceso durante cuatro largos años y el clima mundial actual, opté por el juicio sin jurado. Quería cerrar este capítulo de mi vida y empezar a seguir adelante. Además, el sistema y el juez estarían de mi lado. Mi caso era infalible. El juicio fue tan horrible y traumático como todos decían. Tuve que enfrentarme a mi agresor por primera vez desde la agresión, al entrar en la sala del tribunal. Mi cuerpo se apagó, temblando y llorando desconsoladamente durante unos 30 minutos. Tuve que tomar un descanso antes incluso de comenzar el juicio. Dos semanas después, recibí la decisión del juez a favor de la Universidad. Aunque el juez (y todos los involucrados en el caso) admitieron que lo que me pasó fue real, concluyeron que "nadie me obligó a ir a cenar". Sentí como si alguien me dejara sin aliento. Estaba atónita y completamente incrédula. No podía soportar la comida y pasé semanas sin dormir. Reviví mi incidente una y otra vez para asegurarme de que esto no le pasara a nadie más. El juez dictaminó que Universidad no sufriría consecuencias, y el sistema les ha dado permiso, sin tapujos, para que esto vuelva a ocurrir. ¿Cenarías con un hombre mayor y poco atractivo que te persigue agresivamente? No. Nunca habría ido a cenar con él si no hubiera sido mi jefe. Lo peor es que debería haber estado de vacaciones esa semana, pero recuerda, él lo negó. Durante el juicio, el abogado defensor me preguntó si Universidad podría haber hecho algo diferente para evitarlo. En ese momento supe por qué fui a juicio: para dar una visión que evitara que esto volviera a ocurrir. Esto es lo que dije: Absolutamente, hay mucho más trabajo por hacer. Deberían implementarse políticas estrictas que prohíban a la gerencia perseguir y confraternizar con sus subordinados fuera del horario laboral. Esta política existe en muchas empresas, y con razón. La Universidad necesita implementar una capacitación exhaustiva y continua sobre acoso/agresión sexual en todo el campus, y no solo una vez al año para cumplir con un requisito. Deberían sentirse responsables de hacer todo lo posible para evitar que esto le suceda a cualquier otra persona en la "familia" de la Universidad. Mi agresión sexual ocurrió unos meses antes del movimiento #MeToo de 2017. Deseaba con todas mis fuerzas escuchar la historia de otra persona para validar la mía, pero había muy pocos artículos similares en línea con los que identificarme. Me sentí completamente sola. Cuando el movimiento #MeToo salió a la luz y tantas mujeres y hombres compartieron públicamente sus historias, me ayudó a superar la mía. Así que quiero agradecer a todas las mujeres y hombres que expresaron su verdad. ¡Me han inspirado a expresar la mía! Mi historia me ha fortalecido. He aprendido la importancia de alzar la voz y decir la verdad. Si alguien que lee esto ha pasado por algo similar, quiero que sepa que no está solo y que estoy con usted. Estamos todos juntos en esto y debemos alzar la voz hasta que ya no sea necesario. Nadie jamás cuestionó mi caso. Todos en este caso coincidieron en que lo que me sucedió fue cierto, pero que nadie era responsable excepto yo. Mi historia me deja con una sola opción: ¡SEGUIR LUCHANDO!

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    🇨🇦

    Sí, por favor. Quiero que lo atrapen.

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  • Todos tenemos la capacidad de ser aliados y apoyar a los sobrevivientes en nuestras vidas.

    Mensaje de Sanación
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    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    No es tu culpa y no te define

    Era mi primer año de universidad. Por aquel entonces, llevaba dos años lidiando con migrañas crónicas diarias. Mi salud estaba muy mal, mi autoestima estaba muy baja y me daba miedo empezar la universidad y estar sola. Después de unas semanas, conocí a un chico por medio de un amigo en común. Estábamos afuera de la residencia y pasó por allí; me pareció guapísimo. Lo invité discretamente a un evento de la universidad y conseguí su número. Al día siguiente, me dijo que no podría ir, y luego quedamos con unos amigos. Me atrajo al instante; estaba perdidamente enamorada y sin pensar. Esa misma noche, me invitó a salir. Al día siguiente, fuimos a comer al campus y luego volvimos a mi residencia a hornear galletas. Más tarde, esa misma noche, se unió a mis amigos y a mí para ver una película. Mientras discutían sobre qué película ver, me puso la mano en la pierna. Fue muy inesperado porque ni siquiera nos habíamos tomado de la mano. Entonces me preguntó si quería irme de la película (antes siquiera de empezar a verla). Así que le dije, vale, podemos irnos. Dejamos a mis amigos y les dijo que tenía que conducir a casa este fin de semana. Mientras caminábamos de vuelta a mi dormitorio, me preguntó si quería que se fuera. Dije que no, porque me gustaba mucho. Luego, dijo que podíamos ir en su coche a algún sitio o salir al jardín delantero. No confiaba en que me llevara a ningún sitio a altas horas de la noche, así que le dije que podíamos quedarnos en el jardín delantero. Estábamos sentados en el jardín delantero, probablemente alrededor de la medianoche, y acabó besándome. Esta parte fue consensuada, pero para mí fue una experiencia nueva; de hecho, era mi primer beso y me incomodaba que estuviéramos al aire libre, donde cualquiera podía pasar. Cuando eran alrededor de las 2 de la madrugada, empezaron a funcionar los aspersores, así que nos levantamos y nos fuimos. Al irnos, me dijo: "Te quiero". Técnicamente, era nuestro primer y tercer día conociéndolo, y debería haber sabido que era una señal de alerta. A la semana siguiente, salimos al jardín a pasar el rato por la noche; sin embargo, todavía había bastante luz y había mucha gente. Empezó a besarme y le dije que me sentía incómoda con tanta gente. Me dijo que no me preocupara y siguió besándome y tocándome más. Luego metió las manos bajo mis leggings y empezó a tocarme. Estaba aterrorizada. Le decía que no me sentía cómoda con tanta gente, pero no paraba. Al día siguiente, más o menos, fui a su dormitorio. Quería sentarse en la cama. Empezó a besarme e incluso me quitó la camiseta. Estaba tocando música, y sabía que los demás compañeros de piso de la casa donde vivía también estaban allí. Entonces entró su compañero. Me dio mucha vergüenza y me arropé rápidamente. Estuvo allí unos cinco minutos charlando y finalmente se fue. Después de que se fue, el chico no dejaba de tocarme y no sabía cómo decirle que no; lo hacía sin preguntar y tenía miedo de que se pusiera agresivo. No paraba de decirme lo excitado que estaba y lo mucho que quería que lo tocara. Me sentí muy incómoda y finalmente me fui e inventé una excusa. Más tarde esa semana, en mi dormitorio, vino y no paraba de decirme que quería tener sexo. Yo no paraba de decirle lo incómoda que estaba. Incluso se quitó los pantalones y pude sentir su pene en la parte interior de mi pierna y seguí diciéndole que no, y lo incómoda que estaba. No paraba de decirme que quería irse los fines de semana a Joshua Tree o quedarnos solos en una cabaña un fin de semana. Sentía que me presionaba para que le tocara el pene o para que tuviéramos sexo con él, y cuando seguía diciéndole que no, se frustraba mucho conmigo y me hacía sentir culpable. Me decía cosas como que era la mujer más hermosa del mundo y luego me trataba como una mierda. Una noche, estaba en mi habitación y no dejaba de presionarme para que me quedara a pasar la noche. En la universidad a la que voy, tenemos un horario de visitas estricto y no se permite que los chicos se queden a dormir en la residencia. Le repetía una y otra vez que era hora de irnos, pero no se movía. Una vez que oí al asistente residente entrar en el pasillo de la residencia, me sentí asfixiada y supe que tendría que estar atrapada con él durante las siguientes horas, o al menos hasta que pudiera escaparme. Durante todo ese tiempo, solo me repetía lo excitado que estaba y que me tocaba, y yo tenía demasiado miedo de decirle que parara porque sabía lo enfadado que se ponía cuando no se salía con la suya. Finalmente, a la semana siguiente, más o menos, rompió conmigo y siguió intentando salir con mis mejores amigas de la universidad. Después de nuestra ruptura, sentí que era el fin del mundo. No veía cuánto daño me había causado ni lo tóxico que era; simplemente sentía que no era lo suficientemente buena. Lloré, tuve pensamientos suicidas, tuve ataques de pánico, apenas podía quedarme en mi habitación porque sentía que estaba allí, no podía dormir y, si dormía, aparecía en mis pesadillas. No se lo conté a ninguno de mis amigos ni familiares porque me daba mucha vergüenza. Sentía vergüenza, como si hubiera hecho algo malo, como si nunca debí haberme enamorado de él. Me involucré emocional y físicamente en él, y a él simplemente no le importó. Ha pasado un año, y hace poco me di cuenta de que lo que hizo fue acoso sexual. No me escuchó, no le di mi consentimiento, no podía obligarlo a salir de mi habitación cuando lo necesitaba, me hacía sentir culpable si no tenía sexo o lo tocaba, manipulaba mis sentimientos y mi cuerpo. Me hizo creer que no era lo suficientemente buena, ni lo suficientemente guapa, ni lo suficientemente delgada. Me hizo pensar que era dependiente por querer apoyo. Me hacía sentir como una carga cuando le contaba mis problemas. Me hacía sentir como si estuviera dañada. Ha pasado un año y sigo sin sentirme bien. Todavía tengo pesadillas, todavía tengo flashbacks. Si escucho una canción que solía poner o veo el tipo de coche que conducía, simplemente me transporta al pasado. Solo le conté esta historia a mi novio actual y me daba vergüenza contárselo a mi familia ni a mis amigos. Sentía que me juzgarían si me sinceraba. Pero me alegra poder compartirla con ustedes hoy. No sé si volveré a ser la misma después de esta experiencia, pero ahora estoy intentando cambiar las cosas. Abrirme me ha ayudado a encontrar algo de paz en medio de todo. Y me ha ayudado a entender que no es mi culpa y que, aunque me pasó a mí, no me pertenece.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
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    🇮🇪

    Atrapado en el baño durante 40 años

    Atrapado en el baño. Es posible ser amado. Cuando pasé siglos diciéndole a mi mamá y papá que estaría bien viajar a ciudad para un concierto, pensé que era adulto y espabilado. En realidad, era un joven ingenuo; mis padres accedieron a regañadientes siempre y cuando nos quedáramos con el tío de mi amigo; esto significaría que no tendríamos que viajar de regreso tarde. El concierto fue fantástico; volvimos a su piso y los demás se fueron a la cama. Me quedé despierto charlando con nombre; después de una media hora, comenzó a preguntarme si era virgen y a enseñarme revistas pornográficas. Intenté escaparme e irme a la cama; luego me atacó y me violó. Me encerré en el baño y esperé, pero seguía agitado; quería que durmiera en su cama. No tenía ni idea de que un hombre pudiera hacerle lo que le hizo a otro hombre. Dos semanas después volví a quedarme después de un partido de fútbol; esta vez intenté persuadir a mis padres de que no debía ir, pero no querían que la entrada se desperdiciara; me atacó y me violó de nuevo; finalmente logré encerrarme en el baño. Mentalmente me quedé en ese baño durante los siguientes 40 años, sin decir nada, sin pedir apoyo, 3 matrimonios fallidos, problemas con la bebida, dificultades para ser un buen padre. La primera persona a la que se lo conté después de 40 años fue a mi exesposa, y su respuesta fue: "No puedo amarte, me has violado al mantener esto en secreto". Esto fue devastador y me llevó a un declive a un lugar muy oscuro. Ahora, con el apoyo de mis hijos, mi nueva pareja, un fantástico psiquiatra y un terapeuta de organización de apoyo, me siento mejor y creo que puedo ser amado. Nunca es demasiado tarde para comenzar a sanar.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    La esperanza te matará, la esperanza es una mentira cruel que le dan a la gente cuando la verdad es que no se puede casar.

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.