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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Esperanza
De un sobreviviente
🇲🇽

Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Para mí, la curación consiste en reconocer el daño y el impacto y negarme a culparme más.

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  • Creemos en ti. Eres fuerte.

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    🇮🇪

    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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    Brutalmente utilizado por un policía después de una parada de tráfico

    En mi historia original, COMENZÓ CON MI HERMANO, hablé del abuso que sufrí desde una perspectiva general. Era mi vida de abuso tal como la compartí en aquel momento. He estado trabajando para compartir tres casos de violación que solo evité permitiendo que los hombres tomaran lo que quisieran en lugar de pelear. El más traumático de los tres incidentes que mencioné involucró a un policía. Este es el relato. Me detuvieron cuando regresaba a casa de un grupo de estudio, siendo estudiante de tercer año en la universidad, una noche entre semana. Habíamos compartido dos copas hacia el final. NO apruebo conducir y beber, pero no estaba borracho, como confirmó el alcoholímetro más tarde. Me detuvieron y ya tenía los nervios asociados, agravados por el hecho de que aún no tenía la edad legal para beber alcohol durante tres semanas. Fue entonces cuando conocí al policía al que llamaré simplemente SIK. Me dio una sensación inquietante la primera vez que lo vi y eso nunca se detuvo. Aun así, coqueteé con él hasta cierto punto, desesperada por no meterme en problemas. Me hizo salir del coche, quitarme la sudadera con capucha, debajo de la cual solo llevaba un sujetador deportivo básico. Esa noche solo hacía unos dieciséis grados. Tenía frío y temblaba de miedo y de temperatura. Lo vi mirarme el cuerpo sin filtro. Otro coche patrulla se detuvo con dos agentes mientras me hacían las pruebas de alcoholemia. Ya me había registrado de forma incómoda. Una de las agentes que llegó era mujer y también me registró después de haber dicho que tenía algunos problemas con las pruebas de alcoholemia. Caminar hacia atrás en una línea imaginaria, talón con punta, fue lo único con lo que tuve problemas. ¡Es duro! La policía sacó el alcoholímetro que había pedido. Di 0,035. Eso es menos de la mitad del límite legal. En ese momento, SIK dijo que simplemente me seguiría a casa, en lugar de arrestarme, y el otro coche se fue. La parada completa duró quizás una hora. Los coches pasaban por la calle lateral en la que me había metido. Faros delanteros y traseros en la oscuridad. Después de que el otro coche se fuera, SIK me habló con más dureza y amenazas que nunca. Dijo que una chica como yo probablemente está acostumbrada a salirse con la suya. Aseguró que aún podía llevarme a la cárcel cuando quisiera, ya que mientras me lleva a casa y se asegura de mi seguridad, todo lo que hago sigue siendo una prueba. Podría arrestarme por posesión de alcohol y perdería mi licencia. Tenía miedo. Le dije que mi compañera de cuarto estaba en casa. Ella también era estudiante y se suponía que debía estar allí. Después de seguirme dentro de mi apartamento, llamé a mi compañera. Luego revisé su habitación. ¡No estaba! SIK me acusó de mentirle a un policía y echó el cerrojo desde adentro. Me hizo apoyar las manos en la pared de mi comedor con las piernas abiertas. Quería llamarla para que pudiera hablar con ella y confirmar que solía estar allí, pero me detuvo y me obligó a enviarle un mensaje para ver cuándo volvería. Me dio instrucciones de no preguntar ni decir nada más y lo revisó antes de enviarlo. Estaba en casa de su hermana y no volvería hasta tarde. En ese momento se quitó el cinturón de herramientas y lo puso en la encimera de mi cocina. Me dijo que, después de todo lo que había hecho por mí, ya no era gratis, ya que le mentí. Su pistola estaba justo a nuestro lado. Se aseguró de que la viera e incluso la giró para que me apuntara. Tenía miedo y le suplicaba. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No estoy segura, pero creo que se lo dije. Me comunicó por radio desde su bandolera que se estaba tomando un descanso para "almorzar". Lo que recuerdo con certeza fue cuando dijo que esta vez me haría un registro completo, hasta quedar completamente desnuda, y me preguntó si estaba de acuerdo. En ese momento ya no tenía ninguna duda de lo que estaba pasando. Hice los ajustes necesarios, pero lo que hizo fue más de lo que había preparado. Me dedicó cumplidos vulgares sobre mi cuerpo mientras me abusaba descaradamente. Me amasó los pechos como si fueran masa. Me tocó mientras me preguntaba si podía usar un apéndice especial que tenía que penetraba más. Sabía a qué se refería. Sentí repulsión, pero acepté. Después del sexo inicial, con las manos apoyadas en la pared e inclinada hacia adelante, bajó el ritmo. Esperaba que ya casi hubiera terminado, pero decidió prolongarlo. Me mandó a mi habitación. Se quitó toda la ropa menos los calcetines. Complementó su anatomía y me hizo aceptar. Su miembro era muy superior al tamaño promedio, pero dudo que, de no haber llevado anillo de bodas, lo hubiera usado alguna vez. Era medio calvo, tenía una ceja prominente como la de un neandertal y una barriga cervecera pálida con muchos lunares por todo el cuerpo. Tenía bigote y perilla que no ocultaban del todo su cutis demacrado, que parecía tener cicatrices de acné severo. Casi todos los hombres eran más altos que yo, pero él era bajo y solo me superaba por unos centímetros. Nunca le había mentido tanto como cuando le dije lo que quería oír sobre ser sexy y desearlo. La única verdad era sobre su pene grande. SIK habló mucho, principalmente degradándome y confirmando que estaba de acuerdo con él. Clichés, como que yo era una puta, una zorra, una guarrilla y que me gustaba lo que me obligaba a hacerle, pero también me preguntó sobre mi vida sexual y mi historial de abusos. Quería que dijera que mi padre y mis entrenadores abusaban de mí, pero no mentiría. En cambio, le conté parte de la verdad sobre el abuso de mi hermano. Esa fue probablemente la peor parte. Decirle en voz alta a SIK lo que nunca solía admitirle a nadie, para su gran placer, me hizo daño. Eso fue peor que el sexo oral. Peor que obligarme a besarlo en algunos momentos. También fue cruel. Intentó amordazarme y empujarme hasta el fondo de mi garganta mientras le obligaba a hacerme sexo oral. Me empujó los tobillos detrás de la cabeza mientras me embestía con sus embestidas abusivas. Podía ver la cruel lujuria en sus ojos. Podía ver su sonrisa malvada. Me abofeteó muchas veces, pero no muy fuerte. Sí me azotó fuerte. Se dio cuenta de que me tenía cautiva y vulnerable a sus caprichos y que por fin estaba viviendo sus fantasías más oscuras. Hacía todo lo que él quería y lo alentaba porque quería que parara. ¡Tantas veces se detuvo justo antes de llegar al clímax! No quería que terminara. SIK intentó tener sexo anal conmigo y yo me adaptaba, pero era demasiado grande para mí. Lloré casi todo el rato de dolor, pero intentando actuar como una pareja ansiosa por que terminara. Después pensé que eso podría haberlo prolongado. SIK era probablemente el momento en que preferiría que sufriera más, como si me estuvieran violando en lugar de ocultar mi dolor. No duró mucho más de veinte minutos, pero fue terrible y lo reviví tantas veces en mi mente antes de emborracharme y colocarme hasta la muerte la noche siguiente después del trabajo. Así que el recuerdo vivió mucho más prominente en mi cabeza que un simple encuentro de 25 minutos. Alcanzo el clímax con facilidad, pero nunca tuve un orgasmo con él por su preferencia por causar dolor sexual. Cuando de repente se corrió dentro de mí, se quedó callado y apenas dijo una palabra más mientras se vestía, con cinturón de pistola y todo, y se fue en silencio. No tengo ni idea de qué significaba eso. Me asustó. Tuve miedo al conducir un tiempo y evité dormir en casa tanto como pude, lo que a veces significaba acostarme con hombres e incluso con amigos, solo para no volver. Fue la razón principal por la que no renové el contrato de alquiler y me mudé a un apartamento más pequeño, sola. Era la misma compañera de piso cuyo padre ya se había acostado conmigo sin mi consentimiento inicial. Le conté a mi compañera una versión corta y reaccionó como si fuera una historia genial. En cierto modo, se la conté así, como una forma de afrontarlo. El camino fácil y de menor resistencia. No admitir que pudo haber sido lo peor que me ha pasado en el ámbito sexual. Lo peor que me pasó en la universidad fue el corazón roto por perder a los hombres que amaba. Pero esas son historias para otro foro. Ya no expongo mi corazón para que lo pisoteen. Este incidente fue una de las llamadas de atención que me indicaron que debía cambiar por completo mi estilo de vida e intentar salvarme. También fue una de las cosas que más me costó comentarle a mi terapeuta, aunque lo pensé durante las sesiones.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

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    De un sobreviviente
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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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    Ser niña no es justo: Primera culpa

    Sé que fue su culpa. No fue culpa mía a los 12 años. Lo sabemos, pero la culpa nos sigue pegando. He hecho muchas cosas por las que sentirme culpable desde entonces. Pero claro, no fue mi culpa, pero podría haberlo hecho mucho mejor. La culpa está ahí. Como cicatrices de quemaduras. No bloqueé el recuerdo porque participé conscientemente. Fue mi primer trabajo. 6 dólares la hora. Cuando mi tío empezó a darme masajes en su taller, ya estaba cambiando. Tenía impulsos. Nuevos impulsos y sensaciones. Había besado a chicos en la escuela. Los masajes eran espeluznantes y me daban escalofríos. Justo después de empezar a trabajar allí, los rechacé, pero de forma simbólica. No intenté alejarme. No muy fuerte. Patinaba con mis primos. Di largas vueltas en patines por la ciudad. A veces me dolía. Por eso tenía algo de sentido que necesitara un masaje. Ignoré lo obvio: que él enviaba a los dos empleados hombres fuera o a casa para nuestras sesiones, y lo mantuvimos en secreto. Incluso de mis amigos. Sabía que no era honesto. Sabía que estaba siendo un pervertido. Mi jefe. Mi tío. El dragón. Me tumbaba en la camilla de masajes de atrás y dejaba que me tocara. Lo compró una semana después de empezar a tocarme. Todavía me sentía incómoda al respecto y la camilla lo hacía parecer legítimo. Se sentía bien. Mi espalda y hombros para empezar, pero él pasaba la mayor parte del tiempo en mis piernas y glúteos. Ahí es donde está la mayor parte del músculo, especialmente en una chica delgada que patina en línea. Probablemente fue el momento más atlético de mi vida. No volví a hacer deporte. Al final, mi plan de ejercicios era no comer. Era algo alta entonces, pero dejé de crecer a los catorce. Me retorcía cuando me frotaba la vulva a través de la ropa mientras me hacía la parte superior de los muslos y me decía que me relajara. La primera vez que trajo aceite no me quité nada porque llevaba pantalones cortos. Tenía un plan. Consiguió dos botellas de aceite para que pudiera llevarme una a casa y ponérmela para que el olor no me pareciera raro cuando llegara a casa oliendo a vainilla. De repente, se volvió normal que me sentara, me quitara la camiseta y los pantalones cortos o pantalones y me acostara. Él me quitaba las bragas. Entonces no llevaba sujetador. En realidad, nunca lo necesité. ¡Era mi trabajo! Me pagaban por hacer lo que él decía. Todavía me avergüenzo de haberme callado mientras él lo intensificaba. Fue un proceso tan gradual desde el roce ocasional a través de la ropa hasta que mi vulva fue parte completa del masaje al bajar. Respiré fuerte mientras lo hacía. No pude evitarlo. Esa era la rutina. Se sentía tan intenso. Por supuesto. Me acostumbré a sus manos en mi cuerpo. Pensaba en ello todo el tiempo. No sabía qué era mi clítoris. Aunque se sentía loco, pensé que era menos malo cuando lo tocaba que cuando tocaba mis labios porque era solo una parte baja de mi vientre, no mis partes privadas. Estoy llorando ahora mismo. ¡Pensar lo que yo no sabía y ÉL SÍ! Era un imbécil egoísta e inmoral. Un depredador. Probablemente todavía lo sea. Me advirtió antes de usar su boca la primera vez. Estaba boca abajo. Puso su cara entre mis piernas. No pude verlo. Inmediatamente intenté levantarme y dije "No, no, no, no, no, no". Fuego rápido. Se disculpó. Me di la vuelta. Nos abrazamos. Pasó un tiempo frotando mi cara, sienes y orejas. Sabía que me gustaba eso. Luego se puso muy severo. La única vez que me regañó. Me dijo que no me comportara como un bebé. Trabajé para ÉL. No al revés. Estaba haciendo esto POR MÍ. Usó su fuerza para sujetar mis muslos y lo hizo con su boca y lengua hasta que me quedé quieta. Miré fijamente las baldosas del techo. Se detuvo cuando pensó que me había gustado. Creo que fue mi respiración. Aprendí a respirar fuerte y a hacer sonidos para hacerlo feliz. Vergüenza. Culpa. Pasé de temer esa parte a esperarla con ansias. Me sentía más genial que otras chicas en la escuela. Más genial que mi prima. Dragón y yo éramos geniales la una con la otra, como si tuviéramos un secreto divertido en nuestro interior. A veces nos besábamos. Nos liábamos. Él dejó de quedarse completamente vestido. No me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que me lo mostró. El dragón se estaba masturbando. Verlo era tan loco que daba miedo. Me acostumbré a este tipo de raras descargas de adrenalina. Repugnante y emocionante. Solo era una chica. Luego dejé de serlo. Nunca más. Él usaba los dedos dentro de mí y yo tenía algo así como mini clímax. Luego se paraba y lo sacudía justo sobre mí al final y me goteaba encima. Pensé que era asqueroso. Tan asqueroso. Teníamos un rollo de toallas de papel junto a la mesa para limpiarme. Mientras me llevaba a casa SIEMPRE era como si nunca hubiera sucedido. No sabía en ese momento que los hombres cambian por completo y pierden interés después de purgarlo. Si él hubiera intentado tener sexo conmigo probablemente habría continuado. No más virgen después de tres meses de juego previo. Felicidad ignorante que me estrellaría y quemaría un día. PERO él quería una mamada un día. Tal vez pensó que era una transición más fácil. ¡Estaba equivocado! Estaba tan repugnada por eso que vomité, me dio dolor de cabeza y esa noche se lo conté a mis padres. ¡Qué vergüenza por haber esperado tanto! ¡Qué vergüenza por disfrutar de su depredación! ¡Qué vergüenza por él por ser un HOMBRE HORRIBLE! ¡Qué vergüenza por mis padres por dejar que contara la mayor parte de la historia a su manera! Porque era demasiado joven para articularla bien. Qué vergüenza por quedarme callada mientras él se disculpaba conmigo frente a ellos en la cocina. Ni siquiera estaba seguro de lo que les dijo antes de que me llamaran. Mis padres parecieron aliviados después de que lo aclaró. Sobre todo, la culpa es mía por dejarlo así. Un silencio cobarde y un asentimiento de cabeza que fue mi firma en un contrato con el diablo. Perdí mi alma sin luchar. Odiarlo cuesta odiarme a mí mismo. Esa es mi primera culpa.

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  • “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

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    ¿Cometí cocaína de niño a niño?

    Últimamente he estado lidiando con tanta culpa y vergüenza y me siento atrapada con tantos pensamientos de experiencias sexuales que tuve con miembros de mi familia. Desde los 6-14 años hasta cuando era más pequeña, mi prima y yo de la misma edad jugábamos a las muñecas, mi hermana pequeña también, alrededor de los 7-8 años, mi hermana pequeña y yo, que es 3 años menor, a veces también jugábamos de manera inapropiada con las muñecas, también nos montábamos entre nosotras, no todos los días, pero luna azul. Alrededor de los 9 años, cuando me mudé, mi hermano nos había presentado a mí y a mis primas a la pornografía y practicaba lo que vimos. Una vez me hizo sexo oral y no pensé mucho, solo que se sentía divertido, pero se sentía reservado, lo que significa que también abusaba de mí, ya que estaba haciendo cosas aunque yo no quisiera a veces. Cuando tenía alrededor de 10 años fue cuando las cosas terminaron entre mi hermano y yo. Cuando tenía más o menos esa edad, mi hermana y mi sobrino jugábamos con juguetes todo el tiempo y una vez, mi sobrino, mi hermana y yo nos montábamos entre nosotros, luchábamos o, a veces, nos montábamos a caballito y una vez eso llevó a mi sobrino a lamerme el área del trasero y le pregunté si quería que le lamiera el área, dijo que no, así que empezamos a jugar con juguetes otra vez. Un día éramos mi hermana, mi sobrino y yo y empezaron a montarnos y yo lo dejaba continuar y el padre de mi sobrino entró y todos nos escondimos porque parecía molesto. No nos veíamos tanto, luego nos mudamos juntos a una casa y seguimos montándonos hasta que yo tenía. También me estaba acosando un hombre de 23 años a los 12, pero lo que ocurrió terminó cuando cumplí 14, dejé de hacerlo porque me sentía asquerosa y comencé a desarrollarme más en comparación con ellos y también alrededor de los 12, mi hermana y yo veíamos pornografía y, a veces, ella me preguntaba si podía tocar sus áreas y yo la tocaba y lamía allí abajo. También mirábamos los juguetes sexuales de mi hermana mayor y jugábamos con ellos mientras estaban en el trabajo. Y paramos, por supuesto, porque se sentía mal, ahora todos los días siento que los cocsa y me siento mal del estómago por haber hecho todo eso, me siento como un perpetrador, he hablado con mis hermanos para asegurarme de no traumatizarlos ni lastimarlos, dijeron que estábamos siendo desagradables y por curiosidad, era inapropiado y paramos una vez que nos dimos cuenta de eso. Me siento tan triste, siento que hice cocsa, no sé qué hacer, desearía que nunca hubiera sucedido, mi hermana, mi sobrino y mi primo nos llevamos muy bien. Me dijeron que lo dejara ir, tengo miedo de que cuando crezcamos piensen en mí como un abusador o un abusador, siempre quise ser maestra y ayudar a la gente, siento que no merezco eso.

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  • Mensaje de la Comunidad
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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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    Mi papá - Mi héroe, mi ídolo, mi abusador.......

    Como hija única, no tenía a nadie a quien admirar. Pero siempre admiré a mi papá. Aunque nunca estaba presente por trabajo (aunque mamá trabajaba más que él y aun así encontraba mucho tiempo para mí), lo idolatraba. Era mi héroe. Siempre decía: «Los papás lo saben todo, recuérdalo», así que mentirle (incluso mentiras piadosas) no tenía sentido. Sin embargo, cuando cumplí 13 años, empecé a darme cuenta de que sí lo sabía todo. Sabía de qué hablábamos mis amigos y yo, sabía exactamente dónde estaba y con quién estaba sin siquiera tener que preguntarme, y yo siempre me preguntaba por qué. En realidad, tenía mi teléfono rastreado y podía leer todos mis mensajes. Ahora que he pasado por los tribunales y él ha sido encarcelado por los abusos que me infligió, puedo confirmar que, de hecho, me estaba manipulando sexualmente desde los 13 años. Aproximadamente un mes después de mi 18.º cumpleaños, comenzó el horrible abuso que sufrí durante 7 años y medio. Mi padre, disfrazado de desconocido durante los dos primeros años, me chantajeó para que tuviera relaciones sexuales con hombres desconocidos en nuestra casa, el único lugar donde debería haberme sentido segura. Cuando finalmente me di cuenta de que era él, no podría explicar cómo la situación se convirtió en abuso y violación sin control. Nos anunciaba como pareja en sitios de encuentros casuales y, para evitar las palizas, yo le seguía la corriente. Temía tanto por mi vida que las violaciones y agresiones sexuales interminables eran más fáciles —imagínate que fuera la opción más fácil—, hasta que te metes en una situación así, simplemente no sabes cómo vas a reaccionar. Dejé de salir, dejé mis aficiones y, mientras estaba en la universidad, dejé mi trabajo a tiempo parcial: él controlaba cada aspecto de mi vida. Y si dejo que mi máscara de "todo es color de rosa" se caiga, aunque sea por un segundo, sobre todo delante de mi madre, pues no aguanto ni pensarlo. Por suerte para mí, en cuanto mi madre se enteró, desapareció de mi vida en 30 minutos. Por desgracia, después de eso siguió acosando y abusando de otras. Fue condenado y actualmente cumple condena, pero aún le temo.

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    #6

    Mi abuso comenzó cuando tenía 4 años. Por un abuelo mío. Era un amigo de la familia en quien mis padres confiaban y poco a poco se fue abriendo camino en nuestras vidas de todas las maneras posibles. Vivió con varios miembros de mi familia, incluyéndome a mí por un tiempo. Nos ayudó económicamente. Venía a todos nuestros cumpleaños. Hay una extraña línea de amor y odio cuando pienso en él. Es principalmente odio, pero recuerdo verlo en el tribunal el día de su condena y sonreír un poco. No porque lo enviaran a prisión por lo que me hizo, sino porque también lo sentía natural. Abusó sexualmente de mí, de mi hermana y de varios de mis primos continuamente durante años. Había un aura constante de miedo y aturdimiento en nuestra familia. Ninguno de los adultos lo sabía, pero todos los niños sí. Era tácito, pero sabíamos lo que estaba pasando. Si era abuso físico, era verbal o emocional. En el auto, en la casa, en público. No recuerdo la mayor parte de mi infancia porque estaba constantemente disociándome. Es difícil envejecer y darme cuenta de cuánto de mí misma soy, ya sea por el abuso o a pesar de él. Fue tan constante en mi vida que no hay forma de separarlo de todo lo demás. No hay un antes y un después del abuso. Simplemente fue. El abuso fue mi infancia, aunque mis padres creían que lo hacían todo bien. Es un desastre lidiar con eso, pero supongo que por eso se llama TEPT complejo.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Cada día es un nuevo día y una nueva oportunidad para mejorar.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    #652

    Estaba en el bar de mi barrio, la casera me dijo que alguien sabía que la zona estaba solitaria, así que le pedí que jugáramos al billar. Después de eso, quedamos un par de veces; una vez, caminando a casa al final de la noche, me tomó de la mano y le dije que tenía novio. Poco después, salí con mis hermanos y lo conocimos. Al rato, se fueron a casa y luego él y yo íbamos caminando a casa. Vivíamos muy cerca en un pueblo pequeño, así que era normal caminar juntos. No sé quién sugirió caminar por el parque, algo que ya había hecho un millón de veces con otras personas, pero recuerdo que me estaba besando y tres veces le dije que no y que parara. Entonces me quedé paralizada al darme cuenta de que no lo conocía realmente y que podía hacerme lo que quisiera. Solo podía pensar en dejar que me hiciera lo que quisiera con tal de sobrevivir y llegar a casa con mi novio. A la mañana siguiente me desperté y fui al baño. Sangraba por donde me había violado analmente y tenía moretones donde me había sujetado los brazos. Tenía marcas de amor en el pecho. No sé cómo llegué a casa. Empecé a beber más porque me lo encontraba constantemente y él seguía pidiéndome que saliera con él. Cuando iba a lugar de trabajo por trabajo, me lo encontraba en la calle y tenía que correr a casa a beber para poder calmarme antes de volver al trabajo. Llamé a organización de apoyo y me dijeron que no se lo contara a mi novio, porque eso solo lo molestaría. Ocho años después, fui a rehabilitación por alcoholismo. Era eso o el suicidio. Volví a verlo unas semanas después de la agresión porque necesitaba decirle que lo que había hecho no estaba bien; no le importó, dijo que no lo recordaba. Todavía me siento enojada y culpable por no haberlo denunciado, pero es de otro país y se fue de mi ciudad hace muchos años, así que no es posible; ni siquiera sé su apellido. Solo espero que no se lo haya hecho a nadie más. También tenía miedo de que si lo denunciaba, mi novio me dejaría o que no me creyeran por estar bebiendo con él. Ojalá no lo hubiera hecho cuando la casera me pidió que lo ayudara, y desde entonces no he podido confiar en mis instintos.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    De un sobreviviente
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    Sentí que no tenía opción si quería trabajar.

    Tenía 17 años y empecé a trabajar en Ubicación 1. Estaba distanciado de mi familia y vivía en casa, buscando trabajo para intentar terminar la secundaria y conseguir mi propia casa. Iba a la escuela todo el día y trabajaba de 3 a 11 todas las noches. En aquel entonces, el salario mínimo era menos de dos dólares la hora, así que imagínense lo duro que tenía que trabajar para ahorrar. El gerente de la empresa tenía una discapacidad en una mano, así que no podía hacer mucho ejercicio con ella. Así que llegábamos al trabajo y se metía con solo unas cuantas chicas, pero sobre todo conmigo. Me gritaba, me insultaba, me decía cosas horribles y sexuales, me decía que no servía para nada y luego tenía que limpiar baños durante cuatro horas o me despedirían. Me seguía al baño de mujeres e intentaba tocarme y no paraba de hablar de cosas sexuales. Me sentía tan incómoda, tenía miedo. Tenía 17 años y no sabía qué hacer. Esto continuó repetidamente estando atrapada en la habitación del baño de mujeres o atrapada en la esquina de la cocina siempre con sus manos sobre mí. Hice todo lo que pude para alejarme de él, pero él seguía tocándome y si me alejaba, él comenzaba a insultarme y a llamarme nombres horrendos mientras continuaba amenazando mi trabajo. Amenazó con llamar a la policía porque tenía 17 años, amenazó con llamar al estado si no lo dejaba tocarme y besarme. Estaba tan asustada, estaba tan preocupada y seguí alejándome de él mientras él literalmente se lanzaba sobre mí y era simplemente horrible, me tocaba en todas partes, intentaba besarme, me empujaba y simplemente odiaba ir a trabajar al día siguiente porque sabía que sucedería de nuevo. Tenía tanto miedo de que me despidiera y me denunciara al estado por ser menor de edad. Pero después de siete días y mi primer cheque de pago, simplemente no podía volver más. Así que simplemente no volví, no llamé, simplemente no me presenté. Tengo 55 años y todavía me afecta hasta el día de hoy. Luego continuó, mi siguiente trabajo fue un equipo trabajando para Persona 1 en Ubicación 2. La Persona 2 solía acorralarme en la sala de fotocopias con las manos sobre mí y uno llegó tan lejos como para seguirme a casa aterrorizado. Me agredió sexualmente y nunca dije nada, simplemente nunca volví a trabajar. Luego acepté un trabajo en el supermercado Wises y Ubicación 3 en el departamento de carne y panadería pensando que podría estar lejos de la gente. Y el carnicero solía acorralarme en el congelador, intentaba besarme constantemente, me ponía las manos encima, constantemente hacía comentarios sexuales, simplemente nunca terminó. Logré seguir adelante durante un año soportando eso, pero finalmente lo dejé. Fui a la escuela de enfermería y luego conseguí un trabajo trabajando con médicos y hacían lo mismo, un médico o dentista en particular me avergonzaba por mi cuerpo, me hacía sentir como si fuera menos mujer, pero luego hacía comentarios sobre las partes femeninas de mi cuerpo continuamente. Llegó un punto en el que sentí que no había otra opción. Si quería trabajar, tenía que aguantarlo. Ojalá las cosas fueran diferentes entonces, como ahora. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) que sufro es tremendo.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Le arrancó las alas a las mariposas.

    Tenía unos 1,60 años la primera vez que me pasó. No tenía ni idea de qué pasaba, solo sabía que me sentía rara... en lo más profundo del estómago... esa sensación desgarradora que sentía antes de que mis padres nos alinearan para la paliza. Empezó con él un poco tocándome y "sin querer" entró mientras me duchaba o me cambiaba, luego se puso cada vez más manoseo hasta que finalmente me atrapó en el sótano. Consiguió inmovilizarme contra el suelo y me levantó el vestido; antes de que me diera cuenta, me había rasgado la ropa interior y me estaba tocando. Parecía que había pasado una eternidad mientras yo yacía allí inmóvil y llorando, pero unos minutos después me besó en la mejilla, me dijo que lo pensaría más tarde y que era nuestro pequeño juego secreto mientras me ayudaba a levantarme; estaba excitado con una sonrisa enorme en su rostro. Unos días después, estaba lavando la ropa en el sótano, agachándome para recoger la ropa y meterla en la lavadora. Aprovechó la oportunidad para jugar a "nuestro juego secreto". Antes de que pudiera hacer nada, me aplastó contra la lavadora. Me arrancó los pantalones cortos y la ropa interior, y lo siguiente que supe fue que esta vez estaba completamente dentro de mí. Grité de dolor mientras me penetraba repetidamente, tapándome la boca. Estaba tan asustada y confundida. Sentía la sangre goteando por mis piernas y me dolía tanto que sentía que iba a vomitar. Finalmente, después de unos minutos, terminó y me soltó. Me agaché para subirme los pantalones cortos y la ropa interior cuando vi la sangre en mis piernas. Me dieron muchos pensamientos, y abrí la boca para decir algo, pero no pude emitir ningún sonido. Usó una de las toallas que estaba a punto de lavar para limpiarse la sangre y luego me la tiró para las piernas. Levantó la mano para limpiarme las lágrimas de la mejilla y me estremecí. "¿Qué pasa? ¿No te gusta nuestro jueguito?". Estuve muy dolorida durante unos días; apenas podía sentarme ni caminar. Luché por quitarme las manchas de sangre de la ropa. Sentía que estaba soñando... que iba a despertar de esta pesadilla en cualquier momento, pero nunca lo hice. El dolor que sentí después de que terminó conmigo desapareció con el tiempo, pero seguía sin poder asimilar lo que estaba sucediendo. ¿Es normal? ¿Otros hermanos y hermanas hacen esto? Esto continuó durante años; me atrapaba en cualquier lugar que podía, y sentía que cada vez tardaba más. A los 9 o 10 años decidí que ya había tenido suficiente e intenté contarle a mi madre lo que mi hermano me estaba haciendo. Por muy mala madre que fuera, pensé que todavía me protegería cuando llegara el momento, pero estaba muy equivocada... después de todo, él era su favorito. Las palabras que me dijo se me quedarán grabadas para siempre: «Deja que esto le arruine la vida o sigue adelante. No me parece un problema que debas dejar que arruine la vida de tu hermano». Desde ese momento, sentí que era culpa mía que lo hiciera, así que me callé por miedo a que nadie más me creyera o a que me culparan si lo hacían. Él se aprovechaba de ello y jugaba al juego a cualquier oportunidad, incluso chantajeándome con «No se lo diré a mamá si me dejas...». O me quitaba cosas, como la tarea, y me la retenía hasta que «jugara», e incluso entonces me obligaba a hacer cosas extra antes de devolvérmelas. Me inmovilizó contra la mesa del comedor, agarrándome un mechón de pelo con tanta fuerza que me arrancó un poco, me tapó la boca para que no pudiera gritar pidiendo ayuda y lo hizo tan fuerte que me lastimó las caderas. No pude sentarme ni agacharme durante unos días. Toda la casa estaba llena de recordatorios de que mi cuerpo no era mío. No se trataba solo de obligarme a tener sexo, sino que me obligaba a hacerle sexo oral y masturbación, y a presionarme contra cosas al azar y a toquetearme solo para demostrar que podía hacerlo cuando quisiera. Si mis padres no estaban en casa y estábamos viendo algo con una escena de sexo (o si no estaba puesto, se ponía algo), se tocaba abiertamente delante de mí... realmente era un juego para él. Me sentaba en el suelo de la ducha durante horas con el agua caliente, frotándome la piel hasta dejarme en carne viva, pero nunca me sentía lo suficientemente limpia. No importaba lo que hiciera o cuánto lo intentara, no podía quitármelo de encima... Me volví tan insensible porque me pasaba al menos una vez a la semana, pero a veces a diario, que pensaba que solo servía para mi cuerpo y para lo que la gente pudiera hacerle. Después de un tiempo, me sinceré con mi primera novia sobre ello en mi primer año de instituto y empecé a sentir que tal vez no tenía la culpa. Nunca le conté a nadie la magnitud de lo que me había hecho y me estaba haciendo porque me sentía sucia y avergonzada por haber dejado que me pasara. Sin embargo, hablar de ello, aunque fuera un poco, me reconfortaba un poco; nadie podía entender realmente cómo me sentía porque no lo habían vivido ellos mismos, pero el simple hecho de que me escucharan y me hicieran sentir escuchada era reconfortante. De alguna manera, se supo en la escuela y llamaron de nuevo a CPS (anteriormente los habían llamado por abuso físico que sufrí por parte de mis padres; sobre todo de mi madre, y ni siquiera se molestaron en investigar cuando me dejó un ojo morado) junto con mi madre a la escuela. Pensé que era raro, pero seguí mi camino... cuando doblé la esquina, pude oír su voz y me congelé en seco. Ahí está esa sensación otra vez... Efectivamente, cuando crucé las puertas de la oficina principal pude ver a un grupo de personas en la sala de conferencias; Mi directora, mi consejera, la psicóloga escolar a la que había estado viendo en "sesiones" como si fuera una terapeuta (aunque nunca se lo conté porque le contó todo a mi madre), dos trabajadores de CPS y mi madre. Cuando mi mirada se cruzó con la de mi madre, empecé a sentir que se me iba a salir el estómago en cualquier momento, y ella me miró con esos ojos desalmados con los que siempre me miraba. Por supuesto, recordó que estábamos en la escuela, me puso una gran sonrisa y me saludó como si fuera su preciosa hija, a quien tanto extrañaba. "¿Sabes por qué te hemos llamado?". Me quedé sentada en silencio con lágrimas rodando por mis mejillas mientras los adultos hablaban como si yo no estuviera allí. Cuando finalmente salió "¿Qué dijiste exactamente que te ha estado haciendo tu hermano?", solo pude mirar a mi madre, que lloraba, y decirle: "¡No dije nada, lo prometo!". Nunca dije que los rumores fueran falsos ni que él nunca hubiera hecho nada. Solo dije "No dije nada", y sin embargo, nadie se dio cuenta. Solo vieron a una niña llorando histéricamente, escucharon a mi madre y le restaron importancia, pensando que estaba siendo dramática y buscando atención. Por alguna razón, mi padre nunca se enteró de nada y no hubo más investigaciones, exámenes ni informes... Esta fue la SEGUNDA vez que la CPS me suspendió. Siguió haciéndome esto hasta que me echaron de casa a los 18 (o como le gusta decir a mi madre, que me escapé) porque en lugar de volver cuando ella me dijo que podía, me quedé fuera. La primera vez que elegí tener sexo a los 16, no solo lo hice con alguien a quien no amaba, sino que tuve que drogarme para hacerlo. Al llegar a casa, me senté en el suelo de la ducha, con el agua caliente a tope, y sollocé mientras el agua me corría por la espalda. Pensé que sería diferente si quería hacerlo, que me gustaría y que me haría sentir mejor, pero lo odiaba y mentalmente no podía soportarlo. Me autolesionaba de muchas maneras e intenté suicidarme varias veces... pero cada vez que estaba con alguien, o alguien coqueteaba conmigo, me entregaba a ellos porque pensaba que para eso servía y que era lo único que realmente querían. Estaba colocada la mayor parte del tiempo, sobre todo cuando tenía sexo, y ya no me importaba lo que me pasara. Entonces conocí a mi marido a los 18 años... el hombre maravilloso que es; llevamos 15 años juntos, casi dos casados, y él está sanando algo que no rompió y me hace sentir segura. Hay un fuego que arde dentro de mí, alimentado por tanta ira... Cambiaré para siempre por lo que mi hermano me hizo y por la falta de protección de alguien que debería haberme protegido, pero eligió proteger a mi abusador. He pasado años luchando contra mi propia mente, intentando quedarme aquí a pesar de ellos; todavía lucho contra mis autolesiones de casi todas las formas que solía hacerlo, junto con otros atentados contra mi vida y el deseo constante de terminar con ellos/sintiendo que mis hijos merecen algo mejor que yo. Esta es la primera vez que le he contado a alguien lo que hizo... ni siquiera mi esposo conoce toda la historia porque no quería cargarlo con el peso de mi dolor. Este dolor ha pesado en mi alma toda mi vida y simplemente no puedo soportarlo más; me estoy ahogando en él. Me he culpado por tanto tiempo y me siento tan sola... Siento que soy producto dañado, como si estuviera rota. Así que, con treinta y tantos años, he llegado aquí, con el ánimo y el apoyo de mi terapeuta y mi maravilloso marido, para contar mi historia... con errores gramaticales y ortográficos incluidos. Deseo romper el trauma generacional de mi hijo, para que nunca tenga que sanar de su infancia y sanar de lo que me dejó rota; mis hijos merecen la mejor versión de mí. Aunque probablemente nadie más que yo lo vea, esta es mi forma de recuperar mi poder de él... ya sea que arruine su vida o no, porque se merece yacer en la cama que él mismo hizo. Puede que nunca obtenga justicia por sus acciones y ni siquiera estoy segura de cómo sería para mí, pero aun así soy una sobreviviente. Afortunadamente, estoy aprendiendo día a día que lo que me hizo no fue mi culpa, fue suya (en parte de mi madre por permitir que continuara) y que yo merecía mucho más. No merecía nada de esto. Merecía una madre que creyera en mí, me amara y me protegiera cuando lo necesitaba. Merezco sanar, ser amada y sentir felicidad. Sobre todo, merezco conservar mi inocencia.

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    De un sobreviviente
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    Puedes irte, es posible y hay cosas mejores por ahí.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    Brutalmente utilizado por un policía después de una parada de tráfico

    En mi historia original, COMENZÓ CON MI HERMANO, hablé del abuso que sufrí desde una perspectiva general. Era mi vida de abuso tal como la compartí en aquel momento. He estado trabajando para compartir tres casos de violación que solo evité permitiendo que los hombres tomaran lo que quisieran en lugar de pelear. El más traumático de los tres incidentes que mencioné involucró a un policía. Este es el relato. Me detuvieron cuando regresaba a casa de un grupo de estudio, siendo estudiante de tercer año en la universidad, una noche entre semana. Habíamos compartido dos copas hacia el final. NO apruebo conducir y beber, pero no estaba borracho, como confirmó el alcoholímetro más tarde. Me detuvieron y ya tenía los nervios asociados, agravados por el hecho de que aún no tenía la edad legal para beber alcohol durante tres semanas. Fue entonces cuando conocí al policía al que llamaré simplemente SIK. Me dio una sensación inquietante la primera vez que lo vi y eso nunca se detuvo. Aun así, coqueteé con él hasta cierto punto, desesperada por no meterme en problemas. Me hizo salir del coche, quitarme la sudadera con capucha, debajo de la cual solo llevaba un sujetador deportivo básico. Esa noche solo hacía unos dieciséis grados. Tenía frío y temblaba de miedo y de temperatura. Lo vi mirarme el cuerpo sin filtro. Otro coche patrulla se detuvo con dos agentes mientras me hacían las pruebas de alcoholemia. Ya me había registrado de forma incómoda. Una de las agentes que llegó era mujer y también me registró después de haber dicho que tenía algunos problemas con las pruebas de alcoholemia. Caminar hacia atrás en una línea imaginaria, talón con punta, fue lo único con lo que tuve problemas. ¡Es duro! La policía sacó el alcoholímetro que había pedido. Di 0,035. Eso es menos de la mitad del límite legal. En ese momento, SIK dijo que simplemente me seguiría a casa, en lugar de arrestarme, y el otro coche se fue. La parada completa duró quizás una hora. Los coches pasaban por la calle lateral en la que me había metido. Faros delanteros y traseros en la oscuridad. Después de que el otro coche se fuera, SIK me habló con más dureza y amenazas que nunca. Dijo que una chica como yo probablemente está acostumbrada a salirse con la suya. Aseguró que aún podía llevarme a la cárcel cuando quisiera, ya que mientras me lleva a casa y se asegura de mi seguridad, todo lo que hago sigue siendo una prueba. Podría arrestarme por posesión de alcohol y perdería mi licencia. Tenía miedo. Le dije que mi compañera de cuarto estaba en casa. Ella también era estudiante y se suponía que debía estar allí. Después de seguirme dentro de mi apartamento, llamé a mi compañera. Luego revisé su habitación. ¡No estaba! SIK me acusó de mentirle a un policía y echó el cerrojo desde adentro. Me hizo apoyar las manos en la pared de mi comedor con las piernas abiertas. Quería llamarla para que pudiera hablar con ella y confirmar que solía estar allí, pero me detuvo y me obligó a enviarle un mensaje para ver cuándo volvería. Me dio instrucciones de no preguntar ni decir nada más y lo revisó antes de enviarlo. Estaba en casa de su hermana y no volvería hasta tarde. En ese momento se quitó el cinturón de herramientas y lo puso en la encimera de mi cocina. Me dijo que, después de todo lo que había hecho por mí, ya no era gratis, ya que le mentí. Su pistola estaba justo a nuestro lado. Se aseguró de que la viera e incluso la giró para que me apuntara. Tenía miedo y le suplicaba. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No estoy segura, pero creo que se lo dije. Me comunicó por radio desde su bandolera que se estaba tomando un descanso para "almorzar". Lo que recuerdo con certeza fue cuando dijo que esta vez me haría un registro completo, hasta quedar completamente desnuda, y me preguntó si estaba de acuerdo. En ese momento ya no tenía ninguna duda de lo que estaba pasando. Hice los ajustes necesarios, pero lo que hizo fue más de lo que había preparado. Me dedicó cumplidos vulgares sobre mi cuerpo mientras me abusaba descaradamente. Me amasó los pechos como si fueran masa. Me tocó mientras me preguntaba si podía usar un apéndice especial que tenía que penetraba más. Sabía a qué se refería. Sentí repulsión, pero acepté. Después del sexo inicial, con las manos apoyadas en la pared e inclinada hacia adelante, bajó el ritmo. Esperaba que ya casi hubiera terminado, pero decidió prolongarlo. Me mandó a mi habitación. Se quitó toda la ropa menos los calcetines. Complementó su anatomía y me hizo aceptar. Su miembro era muy superior al tamaño promedio, pero dudo que, de no haber llevado anillo de bodas, lo hubiera usado alguna vez. Era medio calvo, tenía una ceja prominente como la de un neandertal y una barriga cervecera pálida con muchos lunares por todo el cuerpo. Tenía bigote y perilla que no ocultaban del todo su cutis demacrado, que parecía tener cicatrices de acné severo. Casi todos los hombres eran más altos que yo, pero él era bajo y solo me superaba por unos centímetros. Nunca le había mentido tanto como cuando le dije lo que quería oír sobre ser sexy y desearlo. La única verdad era sobre su pene grande. SIK habló mucho, principalmente degradándome y confirmando que estaba de acuerdo con él. Clichés, como que yo era una puta, una zorra, una guarrilla y que me gustaba lo que me obligaba a hacerle, pero también me preguntó sobre mi vida sexual y mi historial de abusos. Quería que dijera que mi padre y mis entrenadores abusaban de mí, pero no mentiría. En cambio, le conté parte de la verdad sobre el abuso de mi hermano. Esa fue probablemente la peor parte. Decirle en voz alta a SIK lo que nunca solía admitirle a nadie, para su gran placer, me hizo daño. Eso fue peor que el sexo oral. Peor que obligarme a besarlo en algunos momentos. También fue cruel. Intentó amordazarme y empujarme hasta el fondo de mi garganta mientras le obligaba a hacerme sexo oral. Me empujó los tobillos detrás de la cabeza mientras me embestía con sus embestidas abusivas. Podía ver la cruel lujuria en sus ojos. Podía ver su sonrisa malvada. Me abofeteó muchas veces, pero no muy fuerte. Sí me azotó fuerte. Se dio cuenta de que me tenía cautiva y vulnerable a sus caprichos y que por fin estaba viviendo sus fantasías más oscuras. Hacía todo lo que él quería y lo alentaba porque quería que parara. ¡Tantas veces se detuvo justo antes de llegar al clímax! No quería que terminara. SIK intentó tener sexo anal conmigo y yo me adaptaba, pero era demasiado grande para mí. Lloré casi todo el rato de dolor, pero intentando actuar como una pareja ansiosa por que terminara. Después pensé que eso podría haberlo prolongado. SIK era probablemente el momento en que preferiría que sufriera más, como si me estuvieran violando en lugar de ocultar mi dolor. No duró mucho más de veinte minutos, pero fue terrible y lo reviví tantas veces en mi mente antes de emborracharme y colocarme hasta la muerte la noche siguiente después del trabajo. Así que el recuerdo vivió mucho más prominente en mi cabeza que un simple encuentro de 25 minutos. Alcanzo el clímax con facilidad, pero nunca tuve un orgasmo con él por su preferencia por causar dolor sexual. Cuando de repente se corrió dentro de mí, se quedó callado y apenas dijo una palabra más mientras se vestía, con cinturón de pistola y todo, y se fue en silencio. No tengo ni idea de qué significaba eso. Me asustó. Tuve miedo al conducir un tiempo y evité dormir en casa tanto como pude, lo que a veces significaba acostarme con hombres e incluso con amigos, solo para no volver. Fue la razón principal por la que no renové el contrato de alquiler y me mudé a un apartamento más pequeño, sola. Era la misma compañera de piso cuyo padre ya se había acostado conmigo sin mi consentimiento inicial. Le conté a mi compañera una versión corta y reaccionó como si fuera una historia genial. En cierto modo, se la conté así, como una forma de afrontarlo. El camino fácil y de menor resistencia. No admitir que pudo haber sido lo peor que me ha pasado en el ámbito sexual. Lo peor que me pasó en la universidad fue el corazón roto por perder a los hombres que amaba. Pero esas son historias para otro foro. Ya no expongo mi corazón para que lo pisoteen. Este incidente fue una de las llamadas de atención que me indicaron que debía cambiar por completo mi estilo de vida e intentar salvarme. También fue una de las cosas que más me costó comentarle a mi terapeuta, aunque lo pensé durante las sesiones.

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    Acoso sexual grave

    Empezó como acoso sexual. Y lo dejé pasar. ¡No dejes que te pase! Era una becaria universitaria que cursaba mi especialización en gestión de la cadena de suministro. En la escuela de negocios, sabes que no se obtiene un título y ¡zas! Un trabajo te espera por arte de magia. A menos que ya tengas contactos. Era una mujer soltera que recibía ayuda financiera y no tenía prácticamente ningún contacto familiar. Necesitaba hacer algunos contactos mientras estudiaba para ascender. Es un mundo muy competitivo. Una época en la que no nos importa tanto dónde trabajamos, siempre y cuando tenga perspectivas de ascenso y de ganar dinero. Estaba haciendo prácticas en las oficinas corporativas de una empresa de alquiler de coches. Me dieron mi primera opción para una clase en la que teníamos que hacer prácticas en una empresa real. Mi grupo de cuatro estaba en sus oficinas de logística y no teníamos un trabajo definido en ese momento, pero mi escuela había enviado estudiantes durante un tiempo, así que teníamos una persona de contacto y una idea vaga de un proyecto que mi grupo de cuatro tenía que organizar y ejecutar para nuestro grado. Bueno, eso fue un poco torpe y seguí con la mala idea de planificar rutas de distribución más eficientes para los coches que entraban en la flota. Fue una ingenuidad, ya que la empresa contaba con auténticos profesionales que diseñaron el sistema. Pero, gracias a mis artimañas femeninas, un alto directivo me invitó a ayudar en mi tiempo libre. Solo yo. Aproveché la oportunidad y, en mis días libres, llegaba temprano por la mañana e intentaba ser parte del equipo. Era un ambiente muy masculino. Intenté quedarme a pesar de las pretensiones de trato especial. "¿No serás de esas feministas que se ponen a llorar a Recursos Humanos si un hombre te hace un cumplido o una palmadita en el trasero?", me había preguntado el hombre que me invitó primero. Lo llamaremos XX. Le aseguré que no, anticipándome a su respuesta. "Trabaja duro, diviértete mucho", fue algo que dije en mi negación de unos valores a los que obviamente se oponía. Así que las dos veces que XX me presentó como su amante, le seguí la broma. Otro error estúpido. Como ejemplo de mi entorno, después de que un hombre Y del departamento me enseñara a usar parte de un programa que calcula las faltantes de existencias, me hizo sentarme a probarlo y me dio un masaje que no pedí temprano por la mañana. Pues bien, XX se acercó y bromeó sobre que Y le había metido las manos a su novia. Tuvieron un momento de camaradería cuando el hombre Y le preguntó si hablaba en serio, diciendo algo sobre la esposa de XX, a lo que XX se retractó y dijo algo como: "Es solo una broma. Me encantaría en mis fantasías, pero es propiedad de la empresa, hermano". ¡¿Propiedad de la empresa?! ¡Estaba sentada allí mismo! Me tensé, pero intenté fingir que estaba absorta en la clase de informática mientras XX se iba y el hombre Y volvió a masajearme, pero esta vez con más intensidad. Bajó por mi espalda baja y la parte superior de los glúteos, luego por los brazos hasta los muslos, impidiéndome hacer cualquier trabajo mientras me rozaba el pecho con los antebrazos y las manos. Me sentí tan débil y casi paralizada cuando me obligué a levantarme para ir al baño, deteniéndolo. Podría haberlo hecho al principio, pero no lo hice. Más tarde, ese mismo día, XX me invitó a almorzar con él y a tomar una cerveza en un bar con mesa de billar. Tenía 20 años, pero no me pidieron el DNI porque estaba con XX. Casi nunca jugaba al billar y, mientras esperábamos la comida, él me "enseñó" a jugar. Se burló del cliché del cine y la televisión donde un hombre hace que una mujer se incline sobre la mesa de billar para disparar, solo para presionar su entrepierna contra su trasero en un gesto sugerente y luego inclinarse sobre ella con los brazos a cada lado para enseñarle a deslizar el palo. ¡Pero mientras bromeaba, me hizo esas cosas a mí! Fue un buen día para mis dos principales abusadores y un día horrible para mí. XX me abrazó mientras nos levantábamos riéndonos y, al parecer, ahora tenía licencia para abusar de mi cuerpo cuando quisiera. Me volví insensible en algunos aspectos, pero emocionalmente estaba más nerviosa. Me tocaban el trasero o me azotaban juguetonamente en el departamento, incluso por parte de un hombre Y. Algunos otros hombres eran muy coquetos. Me frotaban los hombros, me abrazaban incluso al saludo más breve con XX, y finalmente se suponía que también me acostumbraría a los pequeños besos en los labios. Sentía una constante angustia mental y una actitud defensiva. Mi cuerpo podía ser atacado en cualquier momento. ¡Pero no me defendí! Les decía claramente a XX y a algunos otros que quería ser respetada y considerada como una más y tener un trabajo allí cuando me graduara, y ellos lo afirmaban. Los dos principales abusadores me animaron, pero aun así me acosaron sexualmente. ¡Con mi bendición estúpida! El semestre terminó y seguí yendo a diario durante las vacaciones de verano. Era mi única vía de escape para un posible trabajo después de graduarme un año después. Estaba tan preparada que no fue un gran salto cuando XX me presionó para que se la hiciera en su oficina. Me negué con una sonrisa y un movimiento de cabeza, y él respondió con una justificación: que le debía una, que lo necesitaba en ese preciso instante. No aceptaba un no por respuesta. La primera vez que me arrodillé frente a su escritorio y lo tomé en mi boca, me temblaban las manos, se me saltaron las lágrimas y tuve que escurrir los mocos. ¡Yo era la que estaba avergonzada! Fue como una experiencia extracorpórea, y se me secó la boca hasta el punto de tener que pedirle un poco de su bebida energética. En mi interior, hubo un cambio enorme de inmediato. Quedé destrozada por todo orgullo y autoestima. Era como un zombi. Apenas comía. Mucho café. Aparecía, hacía los informes que se habían convertido en mi responsabilidad y, mecánicamente, le daba a XX su mamada diaria por la tarde en su pequeña y sosa oficina con una ventana pequeña. Empecé a tener migrañas ese verano. Conduje a casa para el 4 de julio y me emborraché tanto que acabé durmiendo con el exmarido de mi hermana, mucho mayor, en la parte trasera de su camioneta. Esa fue una terrible llamada de atención. Sabía que no podía fingir mucho más sin una crisis nerviosa, así que pasé mis dos semanas en la empresa de alquiler de coches donde trabajaba gratis. Para asegurar mi futuro, me aseguré de mantener un ambiente amistoso y de decir "sabes que volveré a trabajar aquí el año que viene". La idea de que todo el tiempo y la humillación que había invertido se perdieran en nada era un gran miedo. Me sometí a eso durante las últimas dos semanas. Tuve sexo rápido con XX dos veces encima y encima de su escritorio. Cedí a la presión extrema y también le hice una mamada a Y cuando lo mencionó explícitamente por una carta de recomendación. Sabía que lo hacía por XX. Ni siquiera tenía despacho propio y teníamos que usar las escaleras. Durante mi último año de universidad, me di cuenta de que estaba demasiado traumatizada como para volver allí. El grado de utilización y abuso que había sufrido se hizo evidente para mí, cuando antes no. Como si hubiera estado viviendo en una neblina de negación. Fue una época dolorosa. Fui un poco imprudente. Saqué una C en la asignatura optativa de economía de alto nivel que cursé. Acepté varias citas para evitar estar sola y, o bien me acosté con ellas, o bien me enfurecí. Al ver que necesitaba la falsa pasantía de alquiler de coches en mi currículum, les escribí a ambos abusadores para pedirles cartas de recomendación y recibí una buena del hombre Y, pero una muy impersonal y genérica de XX. Estaba tan abatida y enfadada. Finalmente, se lo conté a mi hermana, la que me confrontó por su exmarido. SE LO CONTÉ TODO Y ESE FUE MI PRIMER PASO HACIA LA RECUPERACIÓN. A desahogarme, a gritarme en el espejo, a golpear el saco de boxeo en un gimnasio al que me apunté, y a ver a mi primer psicólogo y psiquiatra. La terapia me ayudó más que el Celexa y el antipsych. El grupo de apoyo me ayudó aún más. Conocí a dos amigas para toda la vida que me apoyan en momentos de dolor. Debo repetir que no es mi culpa haber sufrido abuso, aunque en parte sí lo fue. ¡No dejes que te pase! Te quitarán todo lo que puedan. ¡Planifica tus límites ahora y sé asertiva! Denuncia el acoso inmediatamente. Al hacerlo, te convertirás en una heroína y protegerás a otras mujeres y a ti misma. Si ya has sufrido abuso, ¡sal de la situación y habla con alguien cuanto antes! ¡No ganas nada permitiendo que el abuso continúe! Hablar con alguien lo hace real y te permite comenzar a odiar menos y a aprender a amarte de nuevo. Mereces amor verdadero.

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  • Mensaje de la Comunidad
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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    #6

    Mi abuso comenzó cuando tenía 4 años. Por un abuelo mío. Era un amigo de la familia en quien mis padres confiaban y poco a poco se fue abriendo camino en nuestras vidas de todas las maneras posibles. Vivió con varios miembros de mi familia, incluyéndome a mí por un tiempo. Nos ayudó económicamente. Venía a todos nuestros cumpleaños. Hay una extraña línea de amor y odio cuando pienso en él. Es principalmente odio, pero recuerdo verlo en el tribunal el día de su condena y sonreír un poco. No porque lo enviaran a prisión por lo que me hizo, sino porque también lo sentía natural. Abusó sexualmente de mí, de mi hermana y de varios de mis primos continuamente durante años. Había un aura constante de miedo y aturdimiento en nuestra familia. Ninguno de los adultos lo sabía, pero todos los niños sí. Era tácito, pero sabíamos lo que estaba pasando. Si era abuso físico, era verbal o emocional. En el auto, en la casa, en público. No recuerdo la mayor parte de mi infancia porque estaba constantemente disociándome. Es difícil envejecer y darme cuenta de cuánto de mí misma soy, ya sea por el abuso o a pesar de él. Fue tan constante en mi vida que no hay forma de separarlo de todo lo demás. No hay un antes y un después del abuso. Simplemente fue. El abuso fue mi infancia, aunque mis padres creían que lo hacían todo bien. Es un desastre lidiar con eso, pero supongo que por eso se llama TEPT complejo.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    #652

    Estaba en el bar de mi barrio, la casera me dijo que alguien sabía que la zona estaba solitaria, así que le pedí que jugáramos al billar. Después de eso, quedamos un par de veces; una vez, caminando a casa al final de la noche, me tomó de la mano y le dije que tenía novio. Poco después, salí con mis hermanos y lo conocimos. Al rato, se fueron a casa y luego él y yo íbamos caminando a casa. Vivíamos muy cerca en un pueblo pequeño, así que era normal caminar juntos. No sé quién sugirió caminar por el parque, algo que ya había hecho un millón de veces con otras personas, pero recuerdo que me estaba besando y tres veces le dije que no y que parara. Entonces me quedé paralizada al darme cuenta de que no lo conocía realmente y que podía hacerme lo que quisiera. Solo podía pensar en dejar que me hiciera lo que quisiera con tal de sobrevivir y llegar a casa con mi novio. A la mañana siguiente me desperté y fui al baño. Sangraba por donde me había violado analmente y tenía moretones donde me había sujetado los brazos. Tenía marcas de amor en el pecho. No sé cómo llegué a casa. Empecé a beber más porque me lo encontraba constantemente y él seguía pidiéndome que saliera con él. Cuando iba a lugar de trabajo por trabajo, me lo encontraba en la calle y tenía que correr a casa a beber para poder calmarme antes de volver al trabajo. Llamé a organización de apoyo y me dijeron que no se lo contara a mi novio, porque eso solo lo molestaría. Ocho años después, fui a rehabilitación por alcoholismo. Era eso o el suicidio. Volví a verlo unas semanas después de la agresión porque necesitaba decirle que lo que había hecho no estaba bien; no le importó, dijo que no lo recordaba. Todavía me siento enojada y culpable por no haberlo denunciado, pero es de otro país y se fue de mi ciudad hace muchos años, así que no es posible; ni siquiera sé su apellido. Solo espero que no se lo haya hecho a nadie más. También tenía miedo de que si lo denunciaba, mi novio me dejaría o que no me creyeran por estar bebiendo con él. Ojalá no lo hubiera hecho cuando la casera me pidió que lo ayudara, y desde entonces no he podido confiar en mis instintos.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇭

    Puedes irte, es posible y hay cosas mejores por ahí.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • “Estos momentos, mi quebrantamiento, se han transformado en una misión. Mi voz solía ayudar a otros. Mis experiencias tenían un impacto. Ahora elijo ver poder, fuerza e incluso belleza en mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Creemos en ti. Eres fuerte.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Sobreviviendo a una violación en grupo

    El año pasado me violaron en grupo. Tengo un zumbido en los oídos llamado tinnitus que no ha parado desde entonces. Tengo pesadillas. Volé con mi madre a una boda en el extranjero. Estaba emocionadísima. Ella estaría ocupada con sus amigos y su prima, y yo podría pasar tiempo con mi genial prima segunda, dos años mayor que yo. Después de la cena de ensayo, salimos. Fue divertido porque allí no tenía permiso para beber, aunque la edad legal era menor que en mi provincia, pero no revisaban la identificación. No bebí mucho porque no era lo mío y tenía novio, pero pude ir a algunos bares y luego a una discoteca pegada a un hotel. Nos divertimos muchísimo hasta que conocimos a dos soldados uniformados que eran guapísimos y nos separaron de sus amigas por nuestro aspecto. Mi prima es guapísima. Tenían una habitación privada en la discoteca y había varios soldados y también dos prostitutas. A esas prostitutas definitivamente les disgustaba que estuviéramos allí. Quería salir de todas formas, y las chicas guapísimas que nos invitaron fingieron entendernos y nos sacaron de allí. Estúpidamente, dejamos que nos llevaran a su habitación de hotel, donde dejaron de lado el rollo romántico y nos obligaron a desnudarnos al ritmo de la música. Nos enseñaron una pistola que tenían en un cajón. Estaba aterrorizada. Nos obligaron a tumbarnos boca abajo, inclinadas sobre la cama, una al lado de la otra, y así tuvieron sexo. Se intercambiaron como si fuéramos intercambiables antes de acabar dentro de nosotras sin protección. Nos tomamos de la mano. Yo lloraba mientras mi prima intentaba ser fuerte y animarme. No nos permitieron salir y nos escondieron la ropa. Antes de quitarnos los teléfonos, tuvimos que escribirles que nos quedábamos en casa de un amigo de mi prima. Luego llamaron a otros dos soldados, uno de ellos un tipo alto, moreno y enorme, con músculos de culturista. Fue un desastre conmigo. Nos hicieron bailar y luego tuvimos que usar la boca con las chicas que nos habían atraído allí mientras las otras dos tenían sexo con nosotras. Vomité y mi prima lo limpió, pero luego empezó de nuevo. Tenían cocaína y nos obligaron a esnifarla de sus partes y a esnifarla de nosotras. Vino otro y creo que solo fueron esos cinco durante la noche, pero no paraban de violarnos y obligarnos a hacer cosas incluso cuando nos desmayábamos. Me hubiera gustado estar más inconsciente, pero la cocaína te despierta tanto. Quiero recordar menos y pensar menos en todo. Nos duchamos muchas veces. El moreno grande se orinó encima de mí y en mi boca, en la ducha. Lo hizo más de una vez como si yo fuera su retrete. Los otros hombres incluso tuvieron que decirle que se calmara cuando me hacía gritar, me gustaban sus dedos y me los metía en el culo, pero no cuando me hacía arrastrarme como un perro usando mi pelo como correa. Recuerdo que uno de ellos llamó a sus amigos para decirles que subieran el volumen de la televisión al máximo para ocultar el ruido en nuestra habitación. Vieron las noticias deportivas en la televisión. Hicieron que mi prima y yo nos besáramos y cosas así. No podía fingir que era una fiesta divertida como mi prima hacía a veces y me animaba a hacer. Intentó desviar parte de su atención de mí una y otra vez. La amo por eso, pero no me dejaron en paz. Estaban obsesionados con mi pecho. No les importó que estuviera obviamente angustiada y enloqueciendo, ni que en mi país me faltaran tres años para la edad de consentimiento. Ahí estaba, la edad mínima. Nos despertamos por la mañana en una de las camas, solo los dos soldados durmiendo en el suelo. ¡El negro se había ido! Volvieron a tener sexo con nosotras y otro hombre mucho mayor, al que llamaban SIR, entró y tuvo sexo con nosotras, pero sobre todo conmigo. Lo animaron y me dolía la cabeza y lloraba, y pareció durar una eternidad. Finalmente recuperamos la ropa, pero nos llevaron a un brunch con su ropa habitual. Me enseñaron fotos en sus móviles que parecían divertidas y nos advirtieron de lo mal que estaría si decíamos algo diferente a que habíamos tenido una buena fiesta. ¡Una buena fiesta en el infierno! Antes de eso, solo había tenido sexo con mi único novio. ¡Una noche infernal y ahora mi número era siete! Tuvimos que empezar a prepararnos para la boda de inmediato y estaba agotada. Mi prima me escondió y me eché una siesta con vestido, peinado y maquillaje hasta el último minuto. Lloré en la ceremonia, pero no en la boda. Tenía tanto dolor de vagina, músculos y cerebro que me emborraché tanto en la recepción que apenas recuerdo nada. Fue parte del viaje en avión a casa. Le conté la verdad a mi madre al volver y se puso como loca, al igual que mi padre. Intentaron llamar allí, al hotel y a otros sitios, pero la policía no hizo nada. Vi llorar a mi padre por primera vez mientras le contaba toda la historia. Mi novio no lo soportó y me dejó. Voy a terapia de grupo. Tomo una pastilla todos los días y ahora tomo benzodiacepinas para la ansiedad. Intento ocultar mi pecho grande bajo ropa holgada, cuando antes lo usaba para llamar la atención. ¡Qué idiota! Mi prima no parece tener los traumas ni las pesadillas que yo tengo. En su país, terminan la secundaria hasta dos años antes que nosotros y los tratan como adultos antes. Una vez le dije cosas malas por eso. Me perdonó, pero hablamos mucho menos desde que le pregunté si siempre tenía sexo grupal. Me sentí fatal porque incluso dejó que tuvieran sexo anal con ella para alejarlos de mí. Se notaba que le dolía mucho, pero en ese momento solo pensaba en mi propia supervivencia. Mi infancia se acabó, pero no me siento adulta. Su consejo es: «No dejes que te deprima». ¡Como si tuviera otra opción! Fue a terapeuta una vez porque su madre pidió cita y no piensa volver. ¡Su vida no cambió en absoluto! Trabaja en recepción en una empresa de tecnología y, además, modela, y sigue yendo a fiestas, clubes y citas. ¿Cómo? Es increíble cómo la actitud ante algo así puede ser tan diferente en distintos países. Ahora soy una víctima y suelo sentirme así. Definitivamente dañada. Todos en mi escuela saben por qué. Soy ESA chica. Mi nuevo novio, más maduro, es comprensivo, pero me siento como una pequeña carga triste para él. A veces soy hipersexual y no puedo evitarlo. Es un mecanismo de afrontamiento que les ocurre a algunas víctimas de agresión sexual. No lo busqué. Me preocupa que mi novio no confíe en mí por eso. Un amigo mayor, mi vecino desde hace años, se aprovechó de mí después de que le conté lo que pasó en su casa. Tuvimos sexo y luego se sintió culpable por excitarse con mi historia de violación. Lo admitió y me pidió perdón. El sexo me ayudó a calmar el zumbido de oídos por breves periodos, así que lo hice con él más de una vez al día durante un tiempo hasta que mi padre empezó a sospechar algo y habló con él. Desde entonces, no confío en mí misma. Quiero casarme con mi novio, en gran parte, solo para protegerme y demostrarle que lo amo y soy leal, aunque no estoy segura de poder serlo. Me preocupa no poder amar como una persona normal. Me preocupa alejarlo por ser demasiado dependiente y querer casarme con él tan pronto. Lo necesito más de lo que él me necesita a mí. ¿Será así siempre en las relaciones de las víctimas de violación? Me esfuerzo mucho en la escuela para no arruinar mi futuro. Es muy difícil concentrarme. Me zumban los oídos constantemente. Gracias por escuchar.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    “Realmente espero que compartir mi historia ayude a otros de una manera u otra y ciertamente puedo decir que me ayudará a ser más abierta con mi historia”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Mi papá - Mi héroe, mi ídolo, mi abusador.......

    Como hija única, no tenía a nadie a quien admirar. Pero siempre admiré a mi papá. Aunque nunca estaba presente por trabajo (aunque mamá trabajaba más que él y aun así encontraba mucho tiempo para mí), lo idolatraba. Era mi héroe. Siempre decía: «Los papás lo saben todo, recuérdalo», así que mentirle (incluso mentiras piadosas) no tenía sentido. Sin embargo, cuando cumplí 13 años, empecé a darme cuenta de que sí lo sabía todo. Sabía de qué hablábamos mis amigos y yo, sabía exactamente dónde estaba y con quién estaba sin siquiera tener que preguntarme, y yo siempre me preguntaba por qué. En realidad, tenía mi teléfono rastreado y podía leer todos mis mensajes. Ahora que he pasado por los tribunales y él ha sido encarcelado por los abusos que me infligió, puedo confirmar que, de hecho, me estaba manipulando sexualmente desde los 13 años. Aproximadamente un mes después de mi 18.º cumpleaños, comenzó el horrible abuso que sufrí durante 7 años y medio. Mi padre, disfrazado de desconocido durante los dos primeros años, me chantajeó para que tuviera relaciones sexuales con hombres desconocidos en nuestra casa, el único lugar donde debería haberme sentido segura. Cuando finalmente me di cuenta de que era él, no podría explicar cómo la situación se convirtió en abuso y violación sin control. Nos anunciaba como pareja en sitios de encuentros casuales y, para evitar las palizas, yo le seguía la corriente. Temía tanto por mi vida que las violaciones y agresiones sexuales interminables eran más fáciles —imagínate que fuera la opción más fácil—, hasta que te metes en una situación así, simplemente no sabes cómo vas a reaccionar. Dejé de salir, dejé mis aficiones y, mientras estaba en la universidad, dejé mi trabajo a tiempo parcial: él controlaba cada aspecto de mi vida. Y si dejo que mi máscara de "todo es color de rosa" se caiga, aunque sea por un segundo, sobre todo delante de mi madre, pues no aguanto ni pensarlo. Por suerte para mí, en cuanto mi madre se enteró, desapareció de mi vida en 30 minutos. Por desgracia, después de eso siguió acosando y abusando de otras. Fue condenado y actualmente cumple condena, pero aún le temo.

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Historia
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    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Para mí, la curación consiste en reconocer el daño y el impacto y negarme a culparme más.

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    #1796

    Quiero compartir mi experiencia porque he pasado años culpándome y pensando que era mi culpa, o restándole importancia a lo que pasó y pensando "no es tan malo, podría haber sido peor, me estoy haciendo la víctima, cuando hay víctimas/sobrevivientes reales que lo han pasado mucho peor". Pero a través de la terapia he llegado a reconocer el daño que me hicieron. El impacto. El trauma, los detonantes y los flashbacks con los que vivo a diario. Acabo de descubrir que lo que me pasó tiene un nombre. Se llama coerción. O una forma de sabotaje anticonceptivo. Habíamos acordado el método de la marcha atrás (no es el más fiable, lo sé, pero nos había funcionado hasta entonces). No teníamos una relación en ese momento. Él era mi ex. Me sentí tonta incluso recordándole que se marchara, que no terminara dentro de mí. Estábamos en una posición en la que él tenía el control total, confiaba en él, disfrutaba del sexo con él, era la primera persona con la que realmente podía explorar mis fantasías sin vergüenza. Y a pesar de mis protestas y de recordarle que se retirara, se corrió dentro de mí sin mi consentimiento. Pudo haber sido accidental. Estas cosas pasan, lo sé. Pero no fue accidental. Lo hizo a propósito. Se rió. Tenía toda la intención de hacerlo. Le pareció gracioso. No puedo expresar cuánto me he obsesionado con cada detalle. Estudiándolo desde tantos ángulos diferentes. Analizándolo, culpándome, incluso odiándome. Después de que sucedió, lo bloqueé. Me sentí violada. Me sentí traicionada. Sabía que nunca podría volver a confiar en él. Cerré la puerta después de que se fuera y me senté en la bañera intentando lavarlo. No tomé la píldora del día después. Estaba demasiado avergonzada. Estúpidamente pensé que estaría bien. Que no habría forma de que me quedara embarazada, que no me pasaría así. Así que lo bloqueé. Hasta semanas después, me di cuenta de que no había tenido la regla en un tiempo y, efectivamente, estaba embarazada. No podía interrumpir el embarazo. Y mi ex no quería saber nada de mí ni de nuestro hijo. Amenazó con revelar algunos detalles íntimos sobre mí si seguía adelante con el embarazo. Tenía miedo, él tenía tendencia a ser violento en el pasado. Pero toda mi familia me apoyó. Seguí adelante con el embarazo de todos modos. Y mi hijo es el amor de mi vida. Adorado por toda mi familia. Pero todavía me atormenta cómo fue concebido. Que mi ex se fuera sin consecuencias. Que haya tantas mujeres que terminan con sus vidas completamente trastocadas, y lo único que la sociedad puede decir es "bueno, deberías haber cerrado las piernas / deberías haberlo pensado mejor / deberías haber sido más responsable / es tu culpa". No. Debería haberse retirado.

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    Ser niña no es justo: Primera culpa

    Sé que fue su culpa. No fue culpa mía a los 12 años. Lo sabemos, pero la culpa nos sigue pegando. He hecho muchas cosas por las que sentirme culpable desde entonces. Pero claro, no fue mi culpa, pero podría haberlo hecho mucho mejor. La culpa está ahí. Como cicatrices de quemaduras. No bloqueé el recuerdo porque participé conscientemente. Fue mi primer trabajo. 6 dólares la hora. Cuando mi tío empezó a darme masajes en su taller, ya estaba cambiando. Tenía impulsos. Nuevos impulsos y sensaciones. Había besado a chicos en la escuela. Los masajes eran espeluznantes y me daban escalofríos. Justo después de empezar a trabajar allí, los rechacé, pero de forma simbólica. No intenté alejarme. No muy fuerte. Patinaba con mis primos. Di largas vueltas en patines por la ciudad. A veces me dolía. Por eso tenía algo de sentido que necesitara un masaje. Ignoré lo obvio: que él enviaba a los dos empleados hombres fuera o a casa para nuestras sesiones, y lo mantuvimos en secreto. Incluso de mis amigos. Sabía que no era honesto. Sabía que estaba siendo un pervertido. Mi jefe. Mi tío. El dragón. Me tumbaba en la camilla de masajes de atrás y dejaba que me tocara. Lo compró una semana después de empezar a tocarme. Todavía me sentía incómoda al respecto y la camilla lo hacía parecer legítimo. Se sentía bien. Mi espalda y hombros para empezar, pero él pasaba la mayor parte del tiempo en mis piernas y glúteos. Ahí es donde está la mayor parte del músculo, especialmente en una chica delgada que patina en línea. Probablemente fue el momento más atlético de mi vida. No volví a hacer deporte. Al final, mi plan de ejercicios era no comer. Era algo alta entonces, pero dejé de crecer a los catorce. Me retorcía cuando me frotaba la vulva a través de la ropa mientras me hacía la parte superior de los muslos y me decía que me relajara. La primera vez que trajo aceite no me quité nada porque llevaba pantalones cortos. Tenía un plan. Consiguió dos botellas de aceite para que pudiera llevarme una a casa y ponérmela para que el olor no me pareciera raro cuando llegara a casa oliendo a vainilla. De repente, se volvió normal que me sentara, me quitara la camiseta y los pantalones cortos o pantalones y me acostara. Él me quitaba las bragas. Entonces no llevaba sujetador. En realidad, nunca lo necesité. ¡Era mi trabajo! Me pagaban por hacer lo que él decía. Todavía me avergüenzo de haberme callado mientras él lo intensificaba. Fue un proceso tan gradual desde el roce ocasional a través de la ropa hasta que mi vulva fue parte completa del masaje al bajar. Respiré fuerte mientras lo hacía. No pude evitarlo. Esa era la rutina. Se sentía tan intenso. Por supuesto. Me acostumbré a sus manos en mi cuerpo. Pensaba en ello todo el tiempo. No sabía qué era mi clítoris. Aunque se sentía loco, pensé que era menos malo cuando lo tocaba que cuando tocaba mis labios porque era solo una parte baja de mi vientre, no mis partes privadas. Estoy llorando ahora mismo. ¡Pensar lo que yo no sabía y ÉL SÍ! Era un imbécil egoísta e inmoral. Un depredador. Probablemente todavía lo sea. Me advirtió antes de usar su boca la primera vez. Estaba boca abajo. Puso su cara entre mis piernas. No pude verlo. Inmediatamente intenté levantarme y dije "No, no, no, no, no, no". Fuego rápido. Se disculpó. Me di la vuelta. Nos abrazamos. Pasó un tiempo frotando mi cara, sienes y orejas. Sabía que me gustaba eso. Luego se puso muy severo. La única vez que me regañó. Me dijo que no me comportara como un bebé. Trabajé para ÉL. No al revés. Estaba haciendo esto POR MÍ. Usó su fuerza para sujetar mis muslos y lo hizo con su boca y lengua hasta que me quedé quieta. Miré fijamente las baldosas del techo. Se detuvo cuando pensó que me había gustado. Creo que fue mi respiración. Aprendí a respirar fuerte y a hacer sonidos para hacerlo feliz. Vergüenza. Culpa. Pasé de temer esa parte a esperarla con ansias. Me sentía más genial que otras chicas en la escuela. Más genial que mi prima. Dragón y yo éramos geniales la una con la otra, como si tuviéramos un secreto divertido en nuestro interior. A veces nos besábamos. Nos liábamos. Él dejó de quedarse completamente vestido. No me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que me lo mostró. El dragón se estaba masturbando. Verlo era tan loco que daba miedo. Me acostumbré a este tipo de raras descargas de adrenalina. Repugnante y emocionante. Solo era una chica. Luego dejé de serlo. Nunca más. Él usaba los dedos dentro de mí y yo tenía algo así como mini clímax. Luego se paraba y lo sacudía justo sobre mí al final y me goteaba encima. Pensé que era asqueroso. Tan asqueroso. Teníamos un rollo de toallas de papel junto a la mesa para limpiarme. Mientras me llevaba a casa SIEMPRE era como si nunca hubiera sucedido. No sabía en ese momento que los hombres cambian por completo y pierden interés después de purgarlo. Si él hubiera intentado tener sexo conmigo probablemente habría continuado. No más virgen después de tres meses de juego previo. Felicidad ignorante que me estrellaría y quemaría un día. PERO él quería una mamada un día. Tal vez pensó que era una transición más fácil. ¡Estaba equivocado! Estaba tan repugnada por eso que vomité, me dio dolor de cabeza y esa noche se lo conté a mis padres. ¡Qué vergüenza por haber esperado tanto! ¡Qué vergüenza por disfrutar de su depredación! ¡Qué vergüenza por él por ser un HOMBRE HORRIBLE! ¡Qué vergüenza por mis padres por dejar que contara la mayor parte de la historia a su manera! Porque era demasiado joven para articularla bien. Qué vergüenza por quedarme callada mientras él se disculpaba conmigo frente a ellos en la cocina. Ni siquiera estaba seguro de lo que les dijo antes de que me llamaran. Mis padres parecieron aliviados después de que lo aclaró. Sobre todo, la culpa es mía por dejarlo así. Un silencio cobarde y un asentimiento de cabeza que fue mi firma en un contrato con el diablo. Perdí mi alma sin luchar. Odiarlo cuesta odiarme a mí mismo. Esa es mi primera culpa.

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    ¿Cometí cocaína de niño a niño?

    Últimamente he estado lidiando con tanta culpa y vergüenza y me siento atrapada con tantos pensamientos de experiencias sexuales que tuve con miembros de mi familia. Desde los 6-14 años hasta cuando era más pequeña, mi prima y yo de la misma edad jugábamos a las muñecas, mi hermana pequeña también, alrededor de los 7-8 años, mi hermana pequeña y yo, que es 3 años menor, a veces también jugábamos de manera inapropiada con las muñecas, también nos montábamos entre nosotras, no todos los días, pero luna azul. Alrededor de los 9 años, cuando me mudé, mi hermano nos había presentado a mí y a mis primas a la pornografía y practicaba lo que vimos. Una vez me hizo sexo oral y no pensé mucho, solo que se sentía divertido, pero se sentía reservado, lo que significa que también abusaba de mí, ya que estaba haciendo cosas aunque yo no quisiera a veces. Cuando tenía alrededor de 10 años fue cuando las cosas terminaron entre mi hermano y yo. Cuando tenía más o menos esa edad, mi hermana y mi sobrino jugábamos con juguetes todo el tiempo y una vez, mi sobrino, mi hermana y yo nos montábamos entre nosotros, luchábamos o, a veces, nos montábamos a caballito y una vez eso llevó a mi sobrino a lamerme el área del trasero y le pregunté si quería que le lamiera el área, dijo que no, así que empezamos a jugar con juguetes otra vez. Un día éramos mi hermana, mi sobrino y yo y empezaron a montarnos y yo lo dejaba continuar y el padre de mi sobrino entró y todos nos escondimos porque parecía molesto. No nos veíamos tanto, luego nos mudamos juntos a una casa y seguimos montándonos hasta que yo tenía. También me estaba acosando un hombre de 23 años a los 12, pero lo que ocurrió terminó cuando cumplí 14, dejé de hacerlo porque me sentía asquerosa y comencé a desarrollarme más en comparación con ellos y también alrededor de los 12, mi hermana y yo veíamos pornografía y, a veces, ella me preguntaba si podía tocar sus áreas y yo la tocaba y lamía allí abajo. También mirábamos los juguetes sexuales de mi hermana mayor y jugábamos con ellos mientras estaban en el trabajo. Y paramos, por supuesto, porque se sentía mal, ahora todos los días siento que los cocsa y me siento mal del estómago por haber hecho todo eso, me siento como un perpetrador, he hablado con mis hermanos para asegurarme de no traumatizarlos ni lastimarlos, dijeron que estábamos siendo desagradables y por curiosidad, era inapropiado y paramos una vez que nos dimos cuenta de eso. Me siento tan triste, siento que hice cocsa, no sé qué hacer, desearía que nunca hubiera sucedido, mi hermana, mi sobrino y mi primo nos llevamos muy bien. Me dijeron que lo dejara ir, tengo miedo de que cuando crezcamos piensen en mí como un abusador o un abusador, siempre quise ser maestra y ayudar a la gente, siento que no merezco eso.

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    Cada día es un nuevo día y una nueva oportunidad para mejorar.

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    Sentí que no tenía opción si quería trabajar.

    Tenía 17 años y empecé a trabajar en Ubicación 1. Estaba distanciado de mi familia y vivía en casa, buscando trabajo para intentar terminar la secundaria y conseguir mi propia casa. Iba a la escuela todo el día y trabajaba de 3 a 11 todas las noches. En aquel entonces, el salario mínimo era menos de dos dólares la hora, así que imagínense lo duro que tenía que trabajar para ahorrar. El gerente de la empresa tenía una discapacidad en una mano, así que no podía hacer mucho ejercicio con ella. Así que llegábamos al trabajo y se metía con solo unas cuantas chicas, pero sobre todo conmigo. Me gritaba, me insultaba, me decía cosas horribles y sexuales, me decía que no servía para nada y luego tenía que limpiar baños durante cuatro horas o me despedirían. Me seguía al baño de mujeres e intentaba tocarme y no paraba de hablar de cosas sexuales. Me sentía tan incómoda, tenía miedo. Tenía 17 años y no sabía qué hacer. Esto continuó repetidamente estando atrapada en la habitación del baño de mujeres o atrapada en la esquina de la cocina siempre con sus manos sobre mí. Hice todo lo que pude para alejarme de él, pero él seguía tocándome y si me alejaba, él comenzaba a insultarme y a llamarme nombres horrendos mientras continuaba amenazando mi trabajo. Amenazó con llamar a la policía porque tenía 17 años, amenazó con llamar al estado si no lo dejaba tocarme y besarme. Estaba tan asustada, estaba tan preocupada y seguí alejándome de él mientras él literalmente se lanzaba sobre mí y era simplemente horrible, me tocaba en todas partes, intentaba besarme, me empujaba y simplemente odiaba ir a trabajar al día siguiente porque sabía que sucedería de nuevo. Tenía tanto miedo de que me despidiera y me denunciara al estado por ser menor de edad. Pero después de siete días y mi primer cheque de pago, simplemente no podía volver más. Así que simplemente no volví, no llamé, simplemente no me presenté. Tengo 55 años y todavía me afecta hasta el día de hoy. Luego continuó, mi siguiente trabajo fue un equipo trabajando para Persona 1 en Ubicación 2. La Persona 2 solía acorralarme en la sala de fotocopias con las manos sobre mí y uno llegó tan lejos como para seguirme a casa aterrorizado. Me agredió sexualmente y nunca dije nada, simplemente nunca volví a trabajar. Luego acepté un trabajo en el supermercado Wises y Ubicación 3 en el departamento de carne y panadería pensando que podría estar lejos de la gente. Y el carnicero solía acorralarme en el congelador, intentaba besarme constantemente, me ponía las manos encima, constantemente hacía comentarios sexuales, simplemente nunca terminó. Logré seguir adelante durante un año soportando eso, pero finalmente lo dejé. Fui a la escuela de enfermería y luego conseguí un trabajo trabajando con médicos y hacían lo mismo, un médico o dentista en particular me avergonzaba por mi cuerpo, me hacía sentir como si fuera menos mujer, pero luego hacía comentarios sobre las partes femeninas de mi cuerpo continuamente. Llegó un punto en el que sentí que no había otra opción. Si quería trabajar, tenía que aguantarlo. Ojalá las cosas fueran diferentes entonces, como ahora. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) que sufro es tremendo.

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    Le arrancó las alas a las mariposas.

    Tenía unos 1,60 años la primera vez que me pasó. No tenía ni idea de qué pasaba, solo sabía que me sentía rara... en lo más profundo del estómago... esa sensación desgarradora que sentía antes de que mis padres nos alinearan para la paliza. Empezó con él un poco tocándome y "sin querer" entró mientras me duchaba o me cambiaba, luego se puso cada vez más manoseo hasta que finalmente me atrapó en el sótano. Consiguió inmovilizarme contra el suelo y me levantó el vestido; antes de que me diera cuenta, me había rasgado la ropa interior y me estaba tocando. Parecía que había pasado una eternidad mientras yo yacía allí inmóvil y llorando, pero unos minutos después me besó en la mejilla, me dijo que lo pensaría más tarde y que era nuestro pequeño juego secreto mientras me ayudaba a levantarme; estaba excitado con una sonrisa enorme en su rostro. Unos días después, estaba lavando la ropa en el sótano, agachándome para recoger la ropa y meterla en la lavadora. Aprovechó la oportunidad para jugar a "nuestro juego secreto". Antes de que pudiera hacer nada, me aplastó contra la lavadora. Me arrancó los pantalones cortos y la ropa interior, y lo siguiente que supe fue que esta vez estaba completamente dentro de mí. Grité de dolor mientras me penetraba repetidamente, tapándome la boca. Estaba tan asustada y confundida. Sentía la sangre goteando por mis piernas y me dolía tanto que sentía que iba a vomitar. Finalmente, después de unos minutos, terminó y me soltó. Me agaché para subirme los pantalones cortos y la ropa interior cuando vi la sangre en mis piernas. Me dieron muchos pensamientos, y abrí la boca para decir algo, pero no pude emitir ningún sonido. Usó una de las toallas que estaba a punto de lavar para limpiarse la sangre y luego me la tiró para las piernas. Levantó la mano para limpiarme las lágrimas de la mejilla y me estremecí. "¿Qué pasa? ¿No te gusta nuestro jueguito?". Estuve muy dolorida durante unos días; apenas podía sentarme ni caminar. Luché por quitarme las manchas de sangre de la ropa. Sentía que estaba soñando... que iba a despertar de esta pesadilla en cualquier momento, pero nunca lo hice. El dolor que sentí después de que terminó conmigo desapareció con el tiempo, pero seguía sin poder asimilar lo que estaba sucediendo. ¿Es normal? ¿Otros hermanos y hermanas hacen esto? Esto continuó durante años; me atrapaba en cualquier lugar que podía, y sentía que cada vez tardaba más. A los 9 o 10 años decidí que ya había tenido suficiente e intenté contarle a mi madre lo que mi hermano me estaba haciendo. Por muy mala madre que fuera, pensé que todavía me protegería cuando llegara el momento, pero estaba muy equivocada... después de todo, él era su favorito. Las palabras que me dijo se me quedarán grabadas para siempre: «Deja que esto le arruine la vida o sigue adelante. No me parece un problema que debas dejar que arruine la vida de tu hermano». Desde ese momento, sentí que era culpa mía que lo hiciera, así que me callé por miedo a que nadie más me creyera o a que me culparan si lo hacían. Él se aprovechaba de ello y jugaba al juego a cualquier oportunidad, incluso chantajeándome con «No se lo diré a mamá si me dejas...». O me quitaba cosas, como la tarea, y me la retenía hasta que «jugara», e incluso entonces me obligaba a hacer cosas extra antes de devolvérmelas. Me inmovilizó contra la mesa del comedor, agarrándome un mechón de pelo con tanta fuerza que me arrancó un poco, me tapó la boca para que no pudiera gritar pidiendo ayuda y lo hizo tan fuerte que me lastimó las caderas. No pude sentarme ni agacharme durante unos días. Toda la casa estaba llena de recordatorios de que mi cuerpo no era mío. No se trataba solo de obligarme a tener sexo, sino que me obligaba a hacerle sexo oral y masturbación, y a presionarme contra cosas al azar y a toquetearme solo para demostrar que podía hacerlo cuando quisiera. Si mis padres no estaban en casa y estábamos viendo algo con una escena de sexo (o si no estaba puesto, se ponía algo), se tocaba abiertamente delante de mí... realmente era un juego para él. Me sentaba en el suelo de la ducha durante horas con el agua caliente, frotándome la piel hasta dejarme en carne viva, pero nunca me sentía lo suficientemente limpia. No importaba lo que hiciera o cuánto lo intentara, no podía quitármelo de encima... Me volví tan insensible porque me pasaba al menos una vez a la semana, pero a veces a diario, que pensaba que solo servía para mi cuerpo y para lo que la gente pudiera hacerle. Después de un tiempo, me sinceré con mi primera novia sobre ello en mi primer año de instituto y empecé a sentir que tal vez no tenía la culpa. Nunca le conté a nadie la magnitud de lo que me había hecho y me estaba haciendo porque me sentía sucia y avergonzada por haber dejado que me pasara. Sin embargo, hablar de ello, aunque fuera un poco, me reconfortaba un poco; nadie podía entender realmente cómo me sentía porque no lo habían vivido ellos mismos, pero el simple hecho de que me escucharan y me hicieran sentir escuchada era reconfortante. De alguna manera, se supo en la escuela y llamaron de nuevo a CPS (anteriormente los habían llamado por abuso físico que sufrí por parte de mis padres; sobre todo de mi madre, y ni siquiera se molestaron en investigar cuando me dejó un ojo morado) junto con mi madre a la escuela. Pensé que era raro, pero seguí mi camino... cuando doblé la esquina, pude oír su voz y me congelé en seco. Ahí está esa sensación otra vez... Efectivamente, cuando crucé las puertas de la oficina principal pude ver a un grupo de personas en la sala de conferencias; Mi directora, mi consejera, la psicóloga escolar a la que había estado viendo en "sesiones" como si fuera una terapeuta (aunque nunca se lo conté porque le contó todo a mi madre), dos trabajadores de CPS y mi madre. Cuando mi mirada se cruzó con la de mi madre, empecé a sentir que se me iba a salir el estómago en cualquier momento, y ella me miró con esos ojos desalmados con los que siempre me miraba. Por supuesto, recordó que estábamos en la escuela, me puso una gran sonrisa y me saludó como si fuera su preciosa hija, a quien tanto extrañaba. "¿Sabes por qué te hemos llamado?". Me quedé sentada en silencio con lágrimas rodando por mis mejillas mientras los adultos hablaban como si yo no estuviera allí. Cuando finalmente salió "¿Qué dijiste exactamente que te ha estado haciendo tu hermano?", solo pude mirar a mi madre, que lloraba, y decirle: "¡No dije nada, lo prometo!". Nunca dije que los rumores fueran falsos ni que él nunca hubiera hecho nada. Solo dije "No dije nada", y sin embargo, nadie se dio cuenta. Solo vieron a una niña llorando histéricamente, escucharon a mi madre y le restaron importancia, pensando que estaba siendo dramática y buscando atención. Por alguna razón, mi padre nunca se enteró de nada y no hubo más investigaciones, exámenes ni informes... Esta fue la SEGUNDA vez que la CPS me suspendió. Siguió haciéndome esto hasta que me echaron de casa a los 18 (o como le gusta decir a mi madre, que me escapé) porque en lugar de volver cuando ella me dijo que podía, me quedé fuera. La primera vez que elegí tener sexo a los 16, no solo lo hice con alguien a quien no amaba, sino que tuve que drogarme para hacerlo. Al llegar a casa, me senté en el suelo de la ducha, con el agua caliente a tope, y sollocé mientras el agua me corría por la espalda. Pensé que sería diferente si quería hacerlo, que me gustaría y que me haría sentir mejor, pero lo odiaba y mentalmente no podía soportarlo. Me autolesionaba de muchas maneras e intenté suicidarme varias veces... pero cada vez que estaba con alguien, o alguien coqueteaba conmigo, me entregaba a ellos porque pensaba que para eso servía y que era lo único que realmente querían. Estaba colocada la mayor parte del tiempo, sobre todo cuando tenía sexo, y ya no me importaba lo que me pasara. Entonces conocí a mi marido a los 18 años... el hombre maravilloso que es; llevamos 15 años juntos, casi dos casados, y él está sanando algo que no rompió y me hace sentir segura. Hay un fuego que arde dentro de mí, alimentado por tanta ira... Cambiaré para siempre por lo que mi hermano me hizo y por la falta de protección de alguien que debería haberme protegido, pero eligió proteger a mi abusador. He pasado años luchando contra mi propia mente, intentando quedarme aquí a pesar de ellos; todavía lucho contra mis autolesiones de casi todas las formas que solía hacerlo, junto con otros atentados contra mi vida y el deseo constante de terminar con ellos/sintiendo que mis hijos merecen algo mejor que yo. Esta es la primera vez que le he contado a alguien lo que hizo... ni siquiera mi esposo conoce toda la historia porque no quería cargarlo con el peso de mi dolor. Este dolor ha pesado en mi alma toda mi vida y simplemente no puedo soportarlo más; me estoy ahogando en él. Me he culpado por tanto tiempo y me siento tan sola... Siento que soy producto dañado, como si estuviera rota. Así que, con treinta y tantos años, he llegado aquí, con el ánimo y el apoyo de mi terapeuta y mi maravilloso marido, para contar mi historia... con errores gramaticales y ortográficos incluidos. Deseo romper el trauma generacional de mi hijo, para que nunca tenga que sanar de su infancia y sanar de lo que me dejó rota; mis hijos merecen la mejor versión de mí. Aunque probablemente nadie más que yo lo vea, esta es mi forma de recuperar mi poder de él... ya sea que arruine su vida o no, porque se merece yacer en la cama que él mismo hizo. Puede que nunca obtenga justicia por sus acciones y ni siquiera estoy segura de cómo sería para mí, pero aun así soy una sobreviviente. Afortunadamente, estoy aprendiendo día a día que lo que me hizo no fue mi culpa, fue suya (en parte de mi madre por permitir que continuara) y que yo merecía mucho más. No merecía nada de esto. Merecía una madre que creyera en mí, me amara y me protegiera cuando lo necesitaba. Merezco sanar, ser amada y sentir felicidad. Sobre todo, merezco conservar mi inocencia.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.