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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

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Me identifico como...

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Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Mensaje de Sanación
De un sobreviviente
🇨🇴

poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

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    De un sobreviviente
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    Sanar es entender

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    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

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    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • Mensaje de Esperanza
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Mensaje de Sanación
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    Contar eso sin derrumbarme

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

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    De un sobreviviente
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    Sanar es crecer. Es saber que no eres solo una víctima, saber que eres más que las manos que te tocaron.

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    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

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    9 años después

    Mi entonces novio me violó varias veces en la universidad. Estaba locamente enamorada de él y era mi primera relación. Recuerdo que pensé que tal vez lo que estaba pasando era "normal" porque nunca había salido con nadie y no sabía qué hacer. Me sumió en una espiral de alcoholismo y, como resultado, terminé hospitalizada varias veces. Siempre se enojaba conmigo por mencionar que quería denunciarlo o buscar ayuda, y me decía que si buscaba ayuda, lo violarían en la cárcel y nunca tendríamos un futuro juntos. También amenazaba con suicidarse cuando quería llamar a la policía. Eso fue hace 9 años y todavía me duele cada día. Intentó hacerme creer que era un monstruo y que yo era quien abusó de él. Ojalá supiera qué pensaba hoy. Si todavía se niega a reconocer lo que hizo y aún logra convencerse de que yo era el monstruo... Duele mucho, e incluso ahora a veces sigo pensando en nuestros buenos momentos juntos. Me preocupa no volver a encontrar un amor como el "buen amor" que tuvimos juntos. Extraño los momentos dulces con él. Fue la persona con la que "perdí" mi virginidad y me duele muchísimo saber que nunca la recuperaré. Se suponía que sería especial para mí. No lo odio. Pero odio lo que hizo y odio que no asumiera la responsabilidad. Creo que tal vez tenía miedo. Pero yo también tenía miedo, y aun así intenté protegerlo. Duele mucho. Pienso en ello casi todos los días, casi una década después, y todavía me cuesta. A menudo desearía ser "normal" y me pregunto cómo habría sido mi vida si nunca lo hubiera conocido.

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  • Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

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    Nombre

    Publicación: Soy una sobreviviente de una experiencia abusiva con un hombre que me confundió, discutió conmigo y me manipuló de maneras que me sacaron de mi propio cuerpo. Me dejó ira, pesadillas y muchas cicatrices. Desde entonces, me he sentido desconectada de mi cuerpo, especialmente en lo sexual. He pasado años discutiendo con mi cuerpo en lugar de escucharlo. Parte de mi lucha ha sido la sexualidad. Me he esforzado mucho por ser heterosexual porque las mujeres me parecen hermosas e interesantes. Pero a menudo mi cuerpo no se sentía seguro ni conectado durante el sexo. A veces sentía que lo obligaba a desempeñar un papel en lugar de desearlo realmente. Con el tiempo, empecé a notar algo doloroso: ya casi no siento placer en mi cuerpo. Incluso en mi pene, siento quizás el 1% de lo que imagino que la gente normalmente siente. Es como si me hubiera entrenado para anular mi cuerpo en lugar de escucharlo. Durante años pensé que eso significaba que estaba rota. O que necesitaba volverme más heterosexual. O que necesitaba ser más gay. O que simplemente necesitaba "arreglarme" de alguna manera. Hace poco leí la historia de otra sobreviviente que se dio cuenta de que su cuerpo intentaba decirle algo. Cuando se forzaba sexualmente, su cuerpo reaccionaba con migrañas y náuseas. Su cuerpo le decía "no". Eso me hizo reflexionar sobre mi propia vida. ¿Y si el problema no es que mi cuerpo esté roto? ¿Y si el problema es que he estado ignorando mi cuerpo durante años? Empiezo a pensar que quizá lo he tratado como una máquina que se supone produce placer a voluntad. Lo he forzado, discutido con él, intentado controlarlo y lo he obligado a situaciones en las que no se sentía seguro. Así que últimamente he estado probando algo diferente. En lugar de intentar forzar el placer o una identidad, intento escuchar. Incluso le escribí una disculpa a mi cuerpo. Me disculpé por forzar el sexo cuando no se sentía seguro. Me disculpé por ignorar sus señales. Me disculpé por superar el estrés, la soledad y la vergüenza ignorando lo que mi cuerpo me decía. Ahora mismo estoy intentando aprender cómo sería reconstruir una relación con mi cuerpo en lugar de controlarlo. Escuchar en lugar de forzar. Paciencia en lugar de presión. ¿Alguien más aquí ha pasado por algo así después de un abuso o trauma? ¿Cómo empezaste a recuperar la confianza en tu cuerpo?

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

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    De un sobreviviente
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    ¡Cavado, arriba y abajo de izquierda a derecha!

    Mi historia... ¿Por lo que no he pasado? ¿Es la pregunta? Estoy en el baño. Tratando de averiguar cómo diablos me puse tan jodido. Literalmente. No sé si culparme a mí mismo. Hacerlo. O recurrir a mi vicio. O vivir en el mundo real. ¿O presionar el piloto automático una y otra vez? La vida es demasiado para soportarla. Últimamente soy tan severo con mi DOC. Que estoy entumecido todo el tiempo... porque incluso con ese agente adormecedor sigue siendo demasiado difícil enfrentar la vida. ¿Soy un cobarde? Por decir esto. Hace 6 días, el papá de mi hija murió de una sobredosis. Y antes de eso, hace casi 1 año, fue mi padre adoptivo. Luego, hace 1 año y medio, fue mi mejor amigo, más cercano que mi papá y yo. Y antes de eso, hace 2 años y medio, fue mi madre biológica. Entonces la muerte tiene una forma divertida de decir hola. Y lucho todos los días, todo el día, contra el vicio tóxico de mi mejor amiga. Tuve un bebé hace casi 2 años. La asistencia social infantil me lo quitó desde que nació. El dolor no ha terminado ni de lejos. El clip de la mamá elefante y el bebé elefante en Disney Dumbo. Mi bebé. Es la forma de describirlo. También lidio con un ciclo de pesadilla de vida amorosa perfecta en casa. A veces el amor es increíble, otras veces el amor duele, y quiero decir que duele de verdad. Mi primer ojo morado de un hombre al que idolatraba y al que había amado desde los 17 años. Ahora estoy cumpliendo 37. No lo soporto, pero lo amo demasiado, si es que eso tiene sentido. La vida es una locura. Casi insoportablemente loca. En un sentido de awww. O más bien de ummmmmmm....?????

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    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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    De un sobreviviente
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    Brutalmente utilizado por un policía después de una parada de tráfico

    En mi historia original, COMENZÓ CON MI HERMANO, hablé del abuso que sufrí desde una perspectiva general. Era mi vida de abuso tal como la compartí en aquel momento. He estado trabajando para compartir tres casos de violación que solo evité permitiendo que los hombres tomaran lo que quisieran en lugar de pelear. El más traumático de los tres incidentes que mencioné involucró a un policía. Este es el relato. Me detuvieron cuando regresaba a casa de un grupo de estudio, siendo estudiante de tercer año en la universidad, una noche entre semana. Habíamos compartido dos copas hacia el final. NO apruebo conducir y beber, pero no estaba borracho, como confirmó el alcoholímetro más tarde. Me detuvieron y ya tenía los nervios asociados, agravados por el hecho de que aún no tenía la edad legal para beber alcohol durante tres semanas. Fue entonces cuando conocí al policía al que llamaré simplemente SIK. Me dio una sensación inquietante la primera vez que lo vi y eso nunca se detuvo. Aun así, coqueteé con él hasta cierto punto, desesperada por no meterme en problemas. Me hizo salir del coche, quitarme la sudadera con capucha, debajo de la cual solo llevaba un sujetador deportivo básico. Esa noche solo hacía unos dieciséis grados. Tenía frío y temblaba de miedo y de temperatura. Lo vi mirarme el cuerpo sin filtro. Otro coche patrulla se detuvo con dos agentes mientras me hacían las pruebas de alcoholemia. Ya me había registrado de forma incómoda. Una de las agentes que llegó era mujer y también me registró después de haber dicho que tenía algunos problemas con las pruebas de alcoholemia. Caminar hacia atrás en una línea imaginaria, talón con punta, fue lo único con lo que tuve problemas. ¡Es duro! La policía sacó el alcoholímetro que había pedido. Di 0,035. Eso es menos de la mitad del límite legal. En ese momento, SIK dijo que simplemente me seguiría a casa, en lugar de arrestarme, y el otro coche se fue. La parada completa duró quizás una hora. Los coches pasaban por la calle lateral en la que me había metido. Faros delanteros y traseros en la oscuridad. Después de que el otro coche se fuera, SIK me habló con más dureza y amenazas que nunca. Dijo que una chica como yo probablemente está acostumbrada a salirse con la suya. Aseguró que aún podía llevarme a la cárcel cuando quisiera, ya que mientras me lleva a casa y se asegura de mi seguridad, todo lo que hago sigue siendo una prueba. Podría arrestarme por posesión de alcohol y perdería mi licencia. Tenía miedo. Le dije que mi compañera de cuarto estaba en casa. Ella también era estudiante y se suponía que debía estar allí. Después de seguirme dentro de mi apartamento, llamé a mi compañera. Luego revisé su habitación. ¡No estaba! SIK me acusó de mentirle a un policía y echó el cerrojo desde adentro. Me hizo apoyar las manos en la pared de mi comedor con las piernas abiertas. Quería llamarla para que pudiera hablar con ella y confirmar que solía estar allí, pero me detuvo y me obligó a enviarle un mensaje para ver cuándo volvería. Me dio instrucciones de no preguntar ni decir nada más y lo revisó antes de enviarlo. Estaba en casa de su hermana y no volvería hasta tarde. En ese momento se quitó el cinturón de herramientas y lo puso en la encimera de mi cocina. Me dijo que, después de todo lo que había hecho por mí, ya no era gratis, ya que le mentí. Su pistola estaba justo a nuestro lado. Se aseguró de que la viera e incluso la giró para que me apuntara. Tenía miedo y le suplicaba. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No estoy segura, pero creo que se lo dije. Me comunicó por radio desde su bandolera que se estaba tomando un descanso para "almorzar". Lo que recuerdo con certeza fue cuando dijo que esta vez me haría un registro completo, hasta quedar completamente desnuda, y me preguntó si estaba de acuerdo. En ese momento ya no tenía ninguna duda de lo que estaba pasando. Hice los ajustes necesarios, pero lo que hizo fue más de lo que había preparado. Me dedicó cumplidos vulgares sobre mi cuerpo mientras me abusaba descaradamente. Me amasó los pechos como si fueran masa. Me tocó mientras me preguntaba si podía usar un apéndice especial que tenía que penetraba más. Sabía a qué se refería. Sentí repulsión, pero acepté. Después del sexo inicial, con las manos apoyadas en la pared e inclinada hacia adelante, bajó el ritmo. Esperaba que ya casi hubiera terminado, pero decidió prolongarlo. Me mandó a mi habitación. Se quitó toda la ropa menos los calcetines. Complementó su anatomía y me hizo aceptar. Su miembro era muy superior al tamaño promedio, pero dudo que, de no haber llevado anillo de bodas, lo hubiera usado alguna vez. Era medio calvo, tenía una ceja prominente como la de un neandertal y una barriga cervecera pálida con muchos lunares por todo el cuerpo. Tenía bigote y perilla que no ocultaban del todo su cutis demacrado, que parecía tener cicatrices de acné severo. Casi todos los hombres eran más altos que yo, pero él era bajo y solo me superaba por unos centímetros. Nunca le había mentido tanto como cuando le dije lo que quería oír sobre ser sexy y desearlo. La única verdad era sobre su pene grande. SIK habló mucho, principalmente degradándome y confirmando que estaba de acuerdo con él. Clichés, como que yo era una puta, una zorra, una guarrilla y que me gustaba lo que me obligaba a hacerle, pero también me preguntó sobre mi vida sexual y mi historial de abusos. Quería que dijera que mi padre y mis entrenadores abusaban de mí, pero no mentiría. En cambio, le conté parte de la verdad sobre el abuso de mi hermano. Esa fue probablemente la peor parte. Decirle en voz alta a SIK lo que nunca solía admitirle a nadie, para su gran placer, me hizo daño. Eso fue peor que el sexo oral. Peor que obligarme a besarlo en algunos momentos. También fue cruel. Intentó amordazarme y empujarme hasta el fondo de mi garganta mientras le obligaba a hacerme sexo oral. Me empujó los tobillos detrás de la cabeza mientras me embestía con sus embestidas abusivas. Podía ver la cruel lujuria en sus ojos. Podía ver su sonrisa malvada. Me abofeteó muchas veces, pero no muy fuerte. Sí me azotó fuerte. Se dio cuenta de que me tenía cautiva y vulnerable a sus caprichos y que por fin estaba viviendo sus fantasías más oscuras. Hacía todo lo que él quería y lo alentaba porque quería que parara. ¡Tantas veces se detuvo justo antes de llegar al clímax! No quería que terminara. SIK intentó tener sexo anal conmigo y yo me adaptaba, pero era demasiado grande para mí. Lloré casi todo el rato de dolor, pero intentando actuar como una pareja ansiosa por que terminara. Después pensé que eso podría haberlo prolongado. SIK era probablemente el momento en que preferiría que sufriera más, como si me estuvieran violando en lugar de ocultar mi dolor. No duró mucho más de veinte minutos, pero fue terrible y lo reviví tantas veces en mi mente antes de emborracharme y colocarme hasta la muerte la noche siguiente después del trabajo. Así que el recuerdo vivió mucho más prominente en mi cabeza que un simple encuentro de 25 minutos. Alcanzo el clímax con facilidad, pero nunca tuve un orgasmo con él por su preferencia por causar dolor sexual. Cuando de repente se corrió dentro de mí, se quedó callado y apenas dijo una palabra más mientras se vestía, con cinturón de pistola y todo, y se fue en silencio. No tengo ni idea de qué significaba eso. Me asustó. Tuve miedo al conducir un tiempo y evité dormir en casa tanto como pude, lo que a veces significaba acostarme con hombres e incluso con amigos, solo para no volver. Fue la razón principal por la que no renové el contrato de alquiler y me mudé a un apartamento más pequeño, sola. Era la misma compañera de piso cuyo padre ya se había acostado conmigo sin mi consentimiento inicial. Le conté a mi compañera una versión corta y reaccionó como si fuera una historia genial. En cierto modo, se la conté así, como una forma de afrontarlo. El camino fácil y de menor resistencia. No admitir que pudo haber sido lo peor que me ha pasado en el ámbito sexual. Lo peor que me pasó en la universidad fue el corazón roto por perder a los hombres que amaba. Pero esas son historias para otro foro. Ya no expongo mi corazón para que lo pisoteen. Este incidente fue una de las llamadas de atención que me indicaron que debía cambiar por completo mi estilo de vida e intentar salvarme. También fue una de las cosas que más me costó comentarle a mi terapeuta, aunque lo pensé durante las sesiones.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    No vayas contra tus instintos.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

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    🇮🇪

    Mi historia

    Fui violada a los 18 años, justo después de mi examen de fin de estudios. El hombre que me violó era mi expareja. Había sido físicamente abusivo, lo que me llevó a terminar la relación. Poco después, se puso en contacto conmigo y me pidió que nos viéramos para intercambiar objetos que habíamos dejado en casa de los demás. Acepté, sin darle demasiada importancia. Quedamos en una cita y quedamos en tomar un café en un sitio que frecuentábamos a menudo como pareja. Sin embargo, llegó horas tarde y, al mirar atrás, fue una gran señal de alerta. Me subí al coche con él y condujo hasta un lugar apartado, me incapacitó y me violó. Nunca olvidaré la sensación de intentar soltarme y finalmente darme cuenta de que no era lo suficientemente fuerte. Duró casi cuatro horas y me violaron oral, vaginal y analmente. También usó un objeto extraño durante su ataque. Después, me soltó y caminé durante horas en la oscuridad para llegar a casa. No se lo dije a nadie durante días. La única atención médica que busqué fue la píldora del día después. Después de unos tres días, empecé a aceptar lo que me había pasado y a aceptar que no estaba bien. Que yo no estaba bien. Busqué ayuda en la SATU de Ubicación y elegí la "Opción 3", que permitía tomar y almacenar muestras sin la presencia de la policía. No tengo palabras para describir la atención que recibí en la SATU. Son unos ángeles. Más tarde, sufrí un aborto espontáneo en una etapa relativamente avanzada del embarazo, tras enterarme bastante tarde. Finalmente, denuncié a la policía y arrestaron a mi agresor, aunque en ese momento decidí que no era lo suficientemente fuerte como para permitir que el caso llegara a los tribunales. Sufrí muchísimo en ese momento, con síntomas que ahora entiendo que eran TEPT y depresión, e incluso consideré quitarme la vida. Pero busqué apoyo y conocí a una psicoterapeuta maravillosa. Más tarde, repetí el examen final de estudios y logré acceder a la universidad, donde he recibido un apoyo excepcional. Tuve la suerte de acceder a un apoyo que marcó una gran diferencia para mí, y mi mensaje para cualquiera que lea esto y que haya sido afectado por violencia sexual es que esto mejora y se puede superar.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Sanar es crecer. Es saber que no eres solo una víctima, saber que eres más que las manos que te tocaron.

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    De un sobreviviente
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    9 años después

    Mi entonces novio me violó varias veces en la universidad. Estaba locamente enamorada de él y era mi primera relación. Recuerdo que pensé que tal vez lo que estaba pasando era "normal" porque nunca había salido con nadie y no sabía qué hacer. Me sumió en una espiral de alcoholismo y, como resultado, terminé hospitalizada varias veces. Siempre se enojaba conmigo por mencionar que quería denunciarlo o buscar ayuda, y me decía que si buscaba ayuda, lo violarían en la cárcel y nunca tendríamos un futuro juntos. También amenazaba con suicidarse cuando quería llamar a la policía. Eso fue hace 9 años y todavía me duele cada día. Intentó hacerme creer que era un monstruo y que yo era quien abusó de él. Ojalá supiera qué pensaba hoy. Si todavía se niega a reconocer lo que hizo y aún logra convencerse de que yo era el monstruo... Duele mucho, e incluso ahora a veces sigo pensando en nuestros buenos momentos juntos. Me preocupa no volver a encontrar un amor como el "buen amor" que tuvimos juntos. Extraño los momentos dulces con él. Fue la persona con la que "perdí" mi virginidad y me duele muchísimo saber que nunca la recuperaré. Se suponía que sería especial para mí. No lo odio. Pero odio lo que hizo y odio que no asumiera la responsabilidad. Creo que tal vez tenía miedo. Pero yo también tenía miedo, y aun así intenté protegerlo. Duele mucho. Pienso en ello casi todos los días, casi una década después, y todavía me cuesta. A menudo desearía ser "normal" y me pregunto cómo habría sido mi vida si nunca lo hubiera conocido.

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    De un sobreviviente
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    Porque de tal manera me amó Dios: (Roto y reconstruido)

    La mente es algo interesante, hermoso y peligroso. Encuentro mi mente especialmente así. Siempre he pensado demasiado, y mis pensamientos me han llevado a momentos oscuros en mi vida. Al momento de escribir esto, estudio psicología e intento comprender y diagnosticar mejor mi propia condición mediante terapia y mis estudios. Mi historia, esta historia, comienza en 2022, el año en que me gradué de la preparatoria. Sin embargo, para contextualizar, debemos remontarnos mucho más atrás. ¿Siempre estuve deprimido? ¿Siempre fui inseguro? ¿Tímido? ¿Siempre me escondía en un rincón? ¡No! De niño, era bastante extrovertido. Puede que siempre haya sido un poco tímido e introvertido, pero logré hacer amigos dondequiera que iba, con ganas de conocer a otros y jugar con ellos. Siempre he sido extremadamente confiado, hasta el punto de la ingenuidad y la credulidad. Durante toda la primaria, siempre tuve un gran grupo de amigos y seguidores. Crecí físicamente más rápido que la mayoría de los niños, aprendí más rápido que la mayoría y comencé a dar clases particulares a mis compañeros en quinto grado. Mis amigos y yo éramos los que dirigíamos el patio. Yo era el líder, uno de los chicos más populares. Me daba una sensación de poder, pero también me convertía en un obsesivo, un maniático del control a veces. La transición a la secundaria fue diferente. Aunque seguía siendo atlético y no era obeso, había ganado un poco de peso que podía permitirme perder. Una vez, mientras nadaba, alguien cuya opinión valoraba mucho me señaló el cuerpo. "Tienes rollitos", dijo. Desde ese momento, nunca me volví a ver igual. En ese momento, la inseguridad se apoderó de mi vida por primera vez. Desde entonces, nunca me quité la camiseta delante de otras personas, ni siquiera con mis amigos y familiares más cercanos. Usaba camiseta siempre que nadaba, y cuando nos dieron vestuarios en la secundaria para atletismo, me cambiaba en el baño. El grupo de amigos con el que una vez dirigía el patio empezó a disolverse, aunque yo no me diera cuenta. En parte se debió a que dejé de ser uno de los "chicos populares", pero ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que, con mi control, a veces tampoco era muy buen amigo. Al final de la secundaria, me enteré de que me mudaría a otra ciudad y escuela. Aunque estaba a solo 30 minutos en coche, para un chico sin transporte, era un mundo aparte. Esto les dio a mis amigos la salida que necesitaban. Dejé de saber de ellos hasta que finalmente me dejaron de lado por completo. Unos pocos se quedaron, pero de ellos, solo uno ha permanecido a mi lado hasta el día de hoy, de adulto. El verano antes del instituto fue duro. Mi abuelo y su hermano murieron con pocas semanas de diferencia. Sin apenas amigos, mi segunda hermana mayor se convirtió en mi mejor amiga durante el verano. Sin embargo, como era cuatro años mayor que yo, al empezar el instituto, ella se iba a la universidad y yo estaba solo. Como era el más pequeño, era hijo único por primera vez en mi vida, y la relación con mis padres en ese momento era casi inexistente. Cuando empecé la preparatoria en un lugar nuevo y desconocido, estaba muerta de miedo. Me sentaba sola a la hora del almuerzo y en un rincón de cada aula. Mi estrés se manifestaba como un doloroso agujero negro en el centro de mi torso. No podía ni comer. ¡Solo en la primera semana de clases, perdí unos siete kilos! Para abreviar la historia, crecí un poco más, adelgacé, hice ejercicio y gané algo de músculo. Después de terminar mi primer año, algunas chicas empezaron a encontrarme atractiva. Salí un par de veces con una o dos chicas, y para la segunda mitad de mi segundo año, tuve mi primera novia de verdad. Al recordar esa relación, todavía le doy gracias a Dios por haberla traído a mi vida. En cuanto me pidió sentarse a mi lado en el autobús de la banda, supe que le gustaba, aunque en ese momento, por alguna razón, no quería saber nada de ella. Sin embargo, ese único viaje en autobús lo cambió todo. Con temas de conversación principales como sándwiches y Veggie Tales, al final, tenía una nueva mejor amiga. Después de un par de meses de conocernos, le confesamos nuestros sentimientos y pronto se convirtió en mi novia. Teníamos mucho en común, incluyendo aficiones, ya que ambos tocábamos en la banda y en el teatro. Gracias a ella, la COVID no fue tan mala para mí, como para la mayoría. Aunque éramos muy unidos, también éramos muy incómodos y nunca intimamos. Nunca hablamos de intimidad física, así que, en general, nunca la tuvimos. Lo más "abrazos" que hicimos fue mi brazo alrededor de su hombro o su cabeza sobre el mío. Cuando finalmente nos dimos nuestro primer beso, fue 10 días antes de nuestro segundo aniversario. También fue un beso rápido, nunca nos enrollamos ni nada por el estilo. Durante el resto del instituto, estuve constantemente preocupado por mi aspecto y mi imagen, intentando hacer más ejercicio y fortalecerme. Me uní a una academia de bomberos para entrenarme como bombero durante mis dos últimos años de instituto. Con el tiempo, nuestras vidas empezaron a tomar rumbos diferentes, y después de unos dos años y medio, rompimos cuatro días antes de nuestra graduación del instituto. Como pueden imaginar, fue una primera ruptura bastante dura para mí. Con la forma en que funciona mi cerebro, después de algo así, se convierte en lo único en lo que puedo pensar, constantemente. Pienso y analizo demasiado cada pensamiento, cada recuerdo. Me planteé los diferentes escenarios y resultados posibles, a veces hasta el punto de perder el contacto con la realidad y con los verdaderos recuerdos. El estrés volvió a mi pecho. Al principio, estaba convencido de que ella seguía siendo "la indicada" y de que la recuperaría después de un par de años. Luego, a medida que mi proceso de pensamiento seguía cambiando y entrando en una espiral, empecé a pensar que, como la relación había terminado, debía de ser algo malo desde el principio, lo que significaba que necesitaba encontrar lo opuesto a lo que teníamos. Por desgracia, conseguí lo que pedía. Solo habían pasado unos dos meses cuando conocí a otra chica en un retiro de la iglesia en el que colaboraba como voluntario. Esta chica era alguien a quien siempre había visto crecer, pero con quien nunca había interactuado. Siempre la consideré extremadamente atractiva y la deseaba más que a cualquier otra chica. Era una de las chicas populares, la jefa de animadoras del instituto. Empezamos a hablar y se interesó por mí. Sabía que acababa de pasar por una ruptura por un testimonio que di durante el retiro. Cuanto más hablábamos, más me daba cuenta de que era diferente de lo que pensaba. Las señales de alerta aparecieron pronto. Para entonces, ella tenía 17 años, y yo 18. A los 17, tenía una lista de los 23 chicos que había besado y los 5 con los que se había acostado, contra la chica a la que yo había besado. Al principio estaba convencido de que era virgen como yo, pero enseguida lo descarté. Me aseguró una y otra vez que solo había pasado por una "etapa de puta" y que ahora era diferente (más tarde descubrí que esa "etapa de puta" ocurrió solo uno o dos meses antes de que empezáramos a salir. Quedamos en agosto y ella tuvo sexo con al menos tres chicos durante el verano). Una parte de mí no quería juzgarla por su pasado. Otra parte quería la afirmación de que alguien tan atractiva como ella estuviera interesado en mí. Otra parte adoptó una mentalidad de "puedo arreglarla". En definitiva, una receta para el desastre. Después de hablar un rato, finalmente, nervioso, le confesé mis sentimientos por ella con un vómito de palabras después de acompañarla a su coche una noche. Para mi sorpresa, ella correspondió. Entonces me abrazó. No fue un abrazo normal, ya que fue diferente a cualquier otro abrazo que hubiera experimentado. Hubo contacto corporal completo mientras se apretaba contra mí. Una parte de mí retrocedió instintivamente, pero ella siguió adelante, de modo que quedé atrapado entre ella y su coche. Hubo más intimidad física en ese abrazo que en cualquier otra cosa que hubiera experimentado antes. Esta sensación era nueva y, sin duda, emocionante. En mi estado vulnerable y desesperado, pensé: «Esto debe ser amor». En nuestra primera cita, después de ir a Starbucks, volvimos a mi casa a ver una película. Me preguntó si quería abrazarnos y le dije que, sinceramente, no sabía cómo. Me enseñó diferentes maneras y posiciones para abrazarnos, y terminamos haciendo cucharita durante casi toda la película. Me di cuenta de que quería besarnos, pero me sentí incómodo, así que no dije nada. Decidimos ser novios oficiales, lo cual fue un paso importante y rápido. Claro, eso fue solo el principio. En nuestra segunda cita, sí nos besamos, lo que nos llevó a enrollarnos durante una hora. Otra experiencia nueva para mí. Al final de esa cita, ya nos decíamos «te quiero». Con mi exnovia, le dije que la amaba en un par de momentos clave de la relación, pero ella nunca se sintió cómoda correspondiéndome, así que esta fue la primera vez que escuché palabras de afirmación así. Dos semanas después, empezó a subir el tono. Empezó a hablarme de sus posiciones sexuales favoritas y a enseñármelas (con ropa puesta). Me contó todas sus manías y lo que le gustaba. Me dijo que no tenía arcadas y luego me tomó la mano y me chupó un dedo mientras me miraba fijamente. Al recordarlo, me doy cuenta de que nunca me lo preguntó, ni le dije con qué me sentiría cómoda. Pensaba que nunca quería tener sexo ni ver a mi pareja desnuda antes del matrimonio, pero no creo haberlo transmitido nunca. Más tarde, en esa misma cita, estábamos viendo una película y abrazándonos como siempre. Todavía recuerdo que era "El Fantasma de la Ópera". En un momento dado, dejó escapar un fuerte suspiro. Le pregunté qué le pasaba. "Oh, nada. Solo tengo pensamientos intrusivos". Le pregunté a qué se refería. "No es nada. Probablemente no querrías hacerlo de todos modos". Le dije que podía contarme lo que fuera. "Oh, solo estaba pensando en meterte la mano debajo de mi camisa". Me quedé callado. No me lo esperaba y no sabía cómo responder. Un momento después, continuó: "¿Quieres?". Respondí: "No lo sé". Ella continuó: "¿Sí o no?". Mi respuesta siguió siendo la misma: "No lo sé". Continuó un par de veces más, su voz se volvía cada vez más un susurro seductor. Mi mente se llenó de pensamientos: "¿Debería hacer esto? No lo sé, se siente mal. ¿Qué pasa si digo que no? ¿Me dejará? ¡No puedo perderla! ¡No puedo estar solo!". A día de hoy, no recuerdo con claridad si dije que sí o no, pero en cualquier caso, no dije que no e hice lo que quería. Ahora sé que todo era parte de sus pruebas para ver hasta dónde podía presionarme poco a poco. Poco después vinieron los roces y luego las caricias sexuales (todo con la ropa puesta). Con el tiempo, estos recuerdos se han vuelto un poco confusos en cuanto a qué sucedió exactamente y cuándo. Empezó a pedirme que me quitara la camisa para abrazarme. Me pareció una petición muy extraña, sobre todo porque aún me sentía muy cohibida con mi imagen corporal, sobre todo sin camisa. Le pregunté por qué, a lo que respondió: "Me gusta el contacto piel con piel". Aunque me hizo sentir incómoda y un poco avergonzada, accedí y me quité la camisa. Ella me afirmaba y decía lo atractiva que le resultaba. Luego se volvía más apasionada y con ganas de abrazarme y besarme. Con las caricias sexuales, cada vez usaba menos ropa, hasta llegar a la ropa interior. Siempre me elogiaba y me decía lo bien que la hacía sentir, lo feliz que la hacía y lo mucho que me quería. Quería hacer todo lo posible para hacerla feliz y que no me dejara. Después de salir durante un mes y medio, pasamos al sexo oral. En ese momento, yo era tan ingenuo e inculto que creía haber perdido la virginidad. En mi mente, esto significaba que, con el tiempo, nos casaríamos. La situación solo fue en aumento. Si no tenía la regla, practicábamos sexo oral todos los días, a veces varias veces. Siempre estábamos juntos, todos los días. El tiempo máximo que estuvimos separados fue una semana. Por algún milagro, nunca llegamos al límite, aunque ella siempre lo quería, y aún conservo mi virginidad. Sin embargo, con sus manías, quería que fuera brusco con ella: que la estrangulara, le diera azotes, le tirara del pelo, le dijera obscenidades, etc. Todas estas cosas me incomodaban muchísimo. En el fondo, siempre he sido una persona muy amable, un romántico empedernido que siempre quiere respetar a las mujeres y protegerlas. La idea de hacer estas cosas me horrorizaba, pero era lo que ella quería. Al principio pensé que yo era quien la estaba arreglando, pero me di cuenta de que era ella quien me estaba destrozando. O mejor dicho, yo estaba destrozado por mi primera ruptura, y ella me reconstruyó a su imagen. Me convertí en lo que ella quería que fuera, masilla en sus manos. Después de estar juntos unos diez meses, de repente rompió conmigo por mensaje. La mejor razón que se me ocurre es que finalmente se cansó de mi negativa a llegar hasta el final, el único límite que mantenía. Más tarde supe que ya me había estado engañando. Poco después de que rompiéramos, de hecho, inmediatamente después, empezó a difundir rumores. Al día siguiente de que rompiera conmigo, me bloqueó en redes sociales y publicó sobre nuestra ruptura (una amiga me mostró la publicación). A partir de ahí, fueron rumores uno tras otro. Incluso llegó a decirle a algunas personas que la había violado. Por suerte, cualquiera que me conociera sabía que algo así nunca podría ser cierto, así que ese rumor nunca llegó a nada. Aun así, desde ese momento me volví extremadamente paranoica, siempre mirando por encima del hombro, preguntándome qué pensaban los demás de mí o qué habrían oído. Hasta el día de hoy, sigo teniendo muchos problemas para confiar en la gente, y a menudo me entra la paranoia de que todos hablan a mis espaldas, conspiran contra mí, planean dejarme. La ruptura me destrozó de una manera diferente a cualquier otra. Había ido a la iglesia toda mi vida, pero no fue hasta después de la ruptura que abrí los ojos y sentí el peso del pecado aplastándome. Intenté cambiar por mi cuenta, pero no logré nada. Llegué al punto de casi quitarme la vida para finalmente darme cuenta de que necesitaba ayuda y que no podía hacerlo sola. Hablé con mi madre de casi todo lo que estaba pasando. Aunque nunca tuve una relación cercana con mis padres, y siempre les tuve miedo de pequeña, me apoyaron mucho y me ayudaron a buscar terapia y obtener la ayuda que necesitaba. Hoy, tengo una relación mucho mejor con ellos. Después de dejarme reconstruir a su imagen, Dios me permitió quebrarme de nuevo para que finalmente pudiera ser reconstruida a la suya. No fue hasta que leí el libro "Unwanted" de Jay Stringer y asistí a clases de "ambiente seguro" en mi iglesia que empecé a darme cuenta de que me habían manipulado y abusado sexualmente. Para ser honesta, todavía me cuesta aceptar este concepto. No se lo cuento a mucha gente por miedo a que no me crean. ¿Quién creería que una chica más joven manipulara sexualmente a un chico mayor? Ciertamente no es algo muy común. Una parte de mí todavía se culpa a veces. Siento que debería haberlo pensado mejor. Una parte se pregunta si era lo que siempre quise. Una parte se pregunta cuán consentidor fui. Una parte se odia por no poder decir simplemente que no. Independientemente de si son verdades o mentiras, sé que no puedo dejar que me controlen. Tengo que dejar el pasado donde pertenece y seguir viviendo. Sanar es posible, aunque puede que no sea fácil. He empezado a compartir más mi historia, y aunque no estoy seguro de su efecto en otras personas, sé que al menos me ayuda de alguna manera. Quiero compartir mi historia. Para educar a otros. Puede que sienta que lo que pasé fue parte del plan de Dios, necesario para hacerme el hombre que soy hoy, pero aun así quiero hacer todo lo posible para proteger a otros de la misma suerte. Aunque suelo crecer más después de cada vez que me quebrantan, así no tiene por qué ser. ¡Hay una mejor manera! Que esto sirva de mensaje para todos: ¡nunca están realmente solos! No hay por qué temer que la gente los abandone. Algunos pueden irse, otros no. Nunca debería cambiar quiénes son.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    ¡Cavado, arriba y abajo de izquierda a derecha!

    Mi historia... ¿Por lo que no he pasado? ¿Es la pregunta? Estoy en el baño. Tratando de averiguar cómo diablos me puse tan jodido. Literalmente. No sé si culparme a mí mismo. Hacerlo. O recurrir a mi vicio. O vivir en el mundo real. ¿O presionar el piloto automático una y otra vez? La vida es demasiado para soportarla. Últimamente soy tan severo con mi DOC. Que estoy entumecido todo el tiempo... porque incluso con ese agente adormecedor sigue siendo demasiado difícil enfrentar la vida. ¿Soy un cobarde? Por decir esto. Hace 6 días, el papá de mi hija murió de una sobredosis. Y antes de eso, hace casi 1 año, fue mi padre adoptivo. Luego, hace 1 año y medio, fue mi mejor amigo, más cercano que mi papá y yo. Y antes de eso, hace 2 años y medio, fue mi madre biológica. Entonces la muerte tiene una forma divertida de decir hola. Y lucho todos los días, todo el día, contra el vicio tóxico de mi mejor amiga. Tuve un bebé hace casi 2 años. La asistencia social infantil me lo quitó desde que nació. El dolor no ha terminado ni de lejos. El clip de la mamá elefante y el bebé elefante en Disney Dumbo. Mi bebé. Es la forma de describirlo. También lidio con un ciclo de pesadilla de vida amorosa perfecta en casa. A veces el amor es increíble, otras veces el amor duele, y quiero decir que duele de verdad. Mi primer ojo morado de un hombre al que idolatraba y al que había amado desde los 17 años. Ahora estoy cumpliendo 37. No lo soporto, pero lo amo demasiado, si es que eso tiene sentido. La vida es una locura. Casi insoportablemente loca. En un sentido de awww. O más bien de ummmmmmm....?????

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    No vayas contra tus instintos.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    “La curación es diferente para cada persona, pero para mí se trata de escucharme a mí misma... Me aseguro de tomarme un tiempo cada semana para ponerme a mí en primer lugar y practicar el autocuidado”.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “Puede resultar muy difícil pedir ayuda cuando estás pasando por un momento difícil. La recuperación es un gran peso que hay que soportar, pero no es necesario que lo lleves tú solo”.

    Si estás leyendo esto, es que has sobrevivido al 100% de tus peores días. Lo estás haciendo genial.

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    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Estás sobreviviendo y eso es suficiente.

    Tomarse un tiempo para uno mismo no siempre significa pasar el día en el spa. La salud mental también puede significar que está bien establecer límites, reconocer las emociones, priorizar el sueño y encontrar la paz en la quietud. Espero que hoy te tomes un tiempo para ti, de la manera en que más lo necesitas.

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    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Esa noche mi hermano me tocó.

    No sé si lo que me hizo mi hermano se puede clasificar como abuso sexual. Me estaba quedando a dormir en su casa. Era tarde por la noche y estábamos viendo una película. En un momento dado, me preguntó si podía empezar a acurrucarme. De hecho, acepté, ya que somos muy cercanos y ambos disfrutamos del afecto físico. Mientras hacíamos cucharita, metió la mano debajo de mi camisa. No dijo nada, y yo tampoco. A medida que avanzaba la noche, alternaba entre caricias, besos en la cabeza o en un lado de la cara, y palabras de cariño. Le acaricié el brazo distraídamente porque me sentía incómoda allí tumbada. Finalmente, me preguntó "¿está bien?", refiriéndose a su mano subiendo lentamente por mi estómago. Le estaba dando el beneficio de la duda y seguía pensando que la acción era platónica, además de que me sentía bien, además de que soy tímida y me cuesta la confrontación, así que mi cerebro piensa que decir "no" a la gente es provocarla, así que dije "sí". En realidad no quería decirlo. No creo que quisiera decir "no", claro. No creo que quisiera decir nada en absoluto. Estaba cansada. Los dos lo estábamos. Sus caricias progresaron suavemente hasta el punto de acariciar la parte inferior de mis pechos. Fue entonces cuando empecé a cuestionar sus intenciones. Volvió a preguntar "¿está bien?". Volví a decir "sí". Cuando terminó la película, me asusté. La había estado usando para distraerme de lo que estaba pasando, y temía que, al no haber distracción, centrara toda su atención en mí e intentara hacer algo; así que me incorporé. Me apretó ligeramente la parte inferior del pecho mientras lo hacía, quizá a propósito, quizá por reflejo. Cuando se dio cuenta de que me estaba alejando de verdad, retiró las manos, dijo: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro", y se levantó para ducharse. Creo que en ese momento empecé a entrar en pánico. Fue lo que confirmó mis sospechas de que sus caricias realmente tenían una intención sexual. Había estado intentando engañarme a mí misma creyendo que eran afecto inocente, pero esas palabras me obligaban a afrontar la realidad de mi situación. Recuerdo que no paraba de hablar de temas sin sentido mientras desayunábamos porque temía que sacara a relucir lo que acababa de pasar y quisiera hablar de ello. No quería hablar de ello. Quería fingir que nunca había pasado. Todavía lo intento. Pero me atormenta. Él y su esposa (que habían estado durmiendo plácidamente en su habitación toda la noche) se fueron temprano por la mañana de luna de miel (yo estaba allí para cuidar la casa y había ido la noche anterior para pasar el rato con ellos antes de que se fueran). Una vez sola, me fui a dormir tranquilamente a su cama (con su permiso e insistencia, ya que no había otras camas en el apartamento). Mientras intentaba dormirme, aún podía sentir sus manos sobre mí, como una caricia fantasma. Me derrumbé en ese mismo instante. Me sentí culpable y asquerosa por no haberlo parado y por haberlo disfrutado también. Sentía que tal vez yo era la rara, y tal vez yo la que estaba convirtiendo esta interacción en algo inapropiado. Las semanas siguientes, intenté reprimir mis sentimientos. Unos días antes de Navidad, estaba en un avión con mi madre, a punto de empezar nuestras vacaciones. Estaba cerca de la regla y tenía los pechos sensibles. Eso desencadenó algo en mí y de repente lloré ahí mismo, en público. Ese dolor vago me recordó la sensación de aquel apretón que me dio en el pecho. Mi madre me vio a punto de llorar, pero mentí y le dije que era solo porque estaba cerca de la regla y me sentía deprimida (llevó un tiempo luchando contra la depresión, y ella lo sabía). Durante el viaje, tuve flashbacks aleatorios de esa noche, a veces incluso acompañados de náuseas. Sentía que estaba exagerando mi reacción mental, ya que no me habían violado y no debería estar traumatizada por un contacto que apenas puede considerarse íntimo. Al volver a casa, hice algo de lo que no sé si me arrepiento: hablé con él. Le envié un mensaje largo (vive en otra ciudad, lo que me dio más seguridad al confrontarlo) del que apenas recuerdo nada, salvo que mencionaba "esa noche" y cuánto me había afectado. Me derrumbé al escribirlo, y probablemente no era muy coherente. Mi hermano me envió muchas respuestas cortas en ráfagas rápidas al verlo. Se disculpó profusamente. Dijo "No sé qué me pasa", "Buscaré ayuda psicológica", entre muchas cosas que no recuerdo. Eso me asustó un poco. ¿Para qué necesitaba ayuda psicológica? ¿Estaba admitiendo que tenía impulsos que no podía controlar? Pero no dije nada al respecto. Tenía miedo de acusarlo, y me aseguré de aclarar que yo también era culpable por no poner límites. Ambos nos respondíamos sin pensar. Estábamos en pánico y llenos de adrenalina. Tenía miedo de perderlo. Era mi único vínculo en la ciudad donde vivíamos (muy lejos de la nuestra, donde viven nuestros padres y mis amigos). No quería molestarlo, porque es una persona muy sensible y ya me sentía culpable por cómo reaccionaba. Resolvimos el asunto por mensaje. Pero no lo hicimos. En absoluto. Fingí que sí, pero seguía atormentada por las dudas y la paranoia. Más que las caricias, lo que me atormentaba eran sus palabras: "Lo siento. Tu hermano es un bicho raro". Me conmovieron profundamente. Solo quería negar lo sucedido, pero esas palabras no me lo permitieron. La historia continúa hasta el día de hoy, pero no quiero escribir demasiado sobre las consecuencias de "esa noche", ya que escribiría demasiado y quiero centrarme en si fue un caso de abuso. En este punto, me siento un poco más centrada y capaz de aceptar que lo sucedido tuvo un trasfondo sexual. Todavía me siento avergonzada y culpable. Consentí algunas caricias. No estoy segura de si quería, pero lo hice. Normalmente, eso me haría pensar que fue un encuentro consentido y que ahora simplemente me arrepiento, pero hay muchos factores que también contribuyen a mi creencia de que esto también podría ser un caso de abuso. En primer lugar, mi hermano tenía 38 años en ese momento. Yo tenía 20, lo cual sí, es una adulta, pero aun así; él es mi hermano mucho mayor. Ya era casi un adulto cuando yo nací. Ha sido una figura de autoridad toda mi vida, aunque le gusta fingir que no lo es. Es un poco despistado en cuanto a lo que es apropiado o no en contextos sociales, pero creo que alguien de su edad debería saber que no debe meter la mano bajo la camisa de su hermana pequeña y subir tanto por su cuerpo que sus dedos rocen su areola. En segundo lugar, soy neurodivergente, aunque no se lo dije en ese momento. Sin embargo, cuando se lo conté, me dijo que ya sospechaba. A pesar de eso, siempre he sido callada y retraída, así que me molesta que empezara a tocarme bajo la apariencia de afecto inocente y luego esperara que yo pudiera expresar mi incomodidad cuando la situación se intensificara sin que él especificara qué iba a pasar. Tampoco creo que su forma de buscar consentimiento fuera nada productiva. Solo me preguntó si dos caricias específicas estaban bien, y solo después de empezar a hacerlas. No pidió permiso explícito para nada, salvo para los abrazos al principio. Lo que quiero decir es que yo era vulnerable. Soy joven, inexperta, autista, y él siempre ha sido un apoyo emocional y casi una figura paterna para mí. No sé cómo puede ser tan ingenuo como para pensar que no tiene ningún poder sobre mí. Quizás sí lo sabe, pero no estaba pensando en ese momento. Sigo sin entender por qué me tocaría así. Me consuela un poco pensar que quizás no tenía ningún control sobre ello después de todo. Pero no lo sé. Quizás sí. Soy adulta, después de todo. Y creo que se habría detenido si se lo hubiera dicho. Pero definitivamente nunca di mi consentimiento entusiasta. Me siento traicionada. Me siento perdida. Me siento enojada. Me siento triste. Llevo meses evitando pensar en ello. Esta noche, todo me volvió a la mente y me derrumbé de nuevo. De verdad que no sé qué hacer. No quiero contarle a nadie cercano lo que pasó porque me da vergüenza. Y desde luego no quiero contárselo a mis padres. En cierto modo, quiero cortar lazos con él, pero al mismo tiempo no lo hago porque creo que está arrepentido y no quiero entristecerlo. No puedo evitar ser ingenua. No sé si eso me reconforta o me avergüenza.

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  • “Sanar significa perdonarme a mí mismo por todas las cosas que pude haber hecho mal en el momento”.

    Mensaje de la Comunidad
    🇺🇸

    El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolló en la escuela secundaria.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇮🇱

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    Publicación: Soy una sobreviviente de una experiencia abusiva con un hombre que me confundió, discutió conmigo y me manipuló de maneras que me sacaron de mi propio cuerpo. Me dejó ira, pesadillas y muchas cicatrices. Desde entonces, me he sentido desconectada de mi cuerpo, especialmente en lo sexual. He pasado años discutiendo con mi cuerpo en lugar de escucharlo. Parte de mi lucha ha sido la sexualidad. Me he esforzado mucho por ser heterosexual porque las mujeres me parecen hermosas e interesantes. Pero a menudo mi cuerpo no se sentía seguro ni conectado durante el sexo. A veces sentía que lo obligaba a desempeñar un papel en lugar de desearlo realmente. Con el tiempo, empecé a notar algo doloroso: ya casi no siento placer en mi cuerpo. Incluso en mi pene, siento quizás el 1% de lo que imagino que la gente normalmente siente. Es como si me hubiera entrenado para anular mi cuerpo en lugar de escucharlo. Durante años pensé que eso significaba que estaba rota. O que necesitaba volverme más heterosexual. O que necesitaba ser más gay. O que simplemente necesitaba "arreglarme" de alguna manera. Hace poco leí la historia de otra sobreviviente que se dio cuenta de que su cuerpo intentaba decirle algo. Cuando se forzaba sexualmente, su cuerpo reaccionaba con migrañas y náuseas. Su cuerpo le decía "no". Eso me hizo reflexionar sobre mi propia vida. ¿Y si el problema no es que mi cuerpo esté roto? ¿Y si el problema es que he estado ignorando mi cuerpo durante años? Empiezo a pensar que quizá lo he tratado como una máquina que se supone produce placer a voluntad. Lo he forzado, discutido con él, intentado controlarlo y lo he obligado a situaciones en las que no se sentía seguro. Así que últimamente he estado probando algo diferente. En lugar de intentar forzar el placer o una identidad, intento escuchar. Incluso le escribí una disculpa a mi cuerpo. Me disculpé por forzar el sexo cuando no se sentía seguro. Me disculpé por ignorar sus señales. Me disculpé por superar el estrés, la soledad y la vergüenza ignorando lo que mi cuerpo me decía. Ahora mismo estoy intentando aprender cómo sería reconstruir una relación con mi cuerpo en lugar de controlarlo. Escuchar en lugar de forzar. Paciencia en lugar de presión. ¿Alguien más aquí ha pasado por algo así después de un abuso o trauma? ¿Cómo empezaste a recuperar la confianza en tu cuerpo?

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    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Brutalmente utilizado por un policía después de una parada de tráfico

    En mi historia original, COMENZÓ CON MI HERMANO, hablé del abuso que sufrí desde una perspectiva general. Era mi vida de abuso tal como la compartí en aquel momento. He estado trabajando para compartir tres casos de violación que solo evité permitiendo que los hombres tomaran lo que quisieran en lugar de pelear. El más traumático de los tres incidentes que mencioné involucró a un policía. Este es el relato. Me detuvieron cuando regresaba a casa de un grupo de estudio, siendo estudiante de tercer año en la universidad, una noche entre semana. Habíamos compartido dos copas hacia el final. NO apruebo conducir y beber, pero no estaba borracho, como confirmó el alcoholímetro más tarde. Me detuvieron y ya tenía los nervios asociados, agravados por el hecho de que aún no tenía la edad legal para beber alcohol durante tres semanas. Fue entonces cuando conocí al policía al que llamaré simplemente SIK. Me dio una sensación inquietante la primera vez que lo vi y eso nunca se detuvo. Aun así, coqueteé con él hasta cierto punto, desesperada por no meterme en problemas. Me hizo salir del coche, quitarme la sudadera con capucha, debajo de la cual solo llevaba un sujetador deportivo básico. Esa noche solo hacía unos dieciséis grados. Tenía frío y temblaba de miedo y de temperatura. Lo vi mirarme el cuerpo sin filtro. Otro coche patrulla se detuvo con dos agentes mientras me hacían las pruebas de alcoholemia. Ya me había registrado de forma incómoda. Una de las agentes que llegó era mujer y también me registró después de haber dicho que tenía algunos problemas con las pruebas de alcoholemia. Caminar hacia atrás en una línea imaginaria, talón con punta, fue lo único con lo que tuve problemas. ¡Es duro! La policía sacó el alcoholímetro que había pedido. Di 0,035. Eso es menos de la mitad del límite legal. En ese momento, SIK dijo que simplemente me seguiría a casa, en lugar de arrestarme, y el otro coche se fue. La parada completa duró quizás una hora. Los coches pasaban por la calle lateral en la que me había metido. Faros delanteros y traseros en la oscuridad. Después de que el otro coche se fuera, SIK me habló con más dureza y amenazas que nunca. Dijo que una chica como yo probablemente está acostumbrada a salirse con la suya. Aseguró que aún podía llevarme a la cárcel cuando quisiera, ya que mientras me lleva a casa y se asegura de mi seguridad, todo lo que hago sigue siendo una prueba. Podría arrestarme por posesión de alcohol y perdería mi licencia. Tenía miedo. Le dije que mi compañera de cuarto estaba en casa. Ella también era estudiante y se suponía que debía estar allí. Después de seguirme dentro de mi apartamento, llamé a mi compañera. Luego revisé su habitación. ¡No estaba! SIK me acusó de mentirle a un policía y echó el cerrojo desde adentro. Me hizo apoyar las manos en la pared de mi comedor con las piernas abiertas. Quería llamarla para que pudiera hablar con ella y confirmar que solía estar allí, pero me detuvo y me obligó a enviarle un mensaje para ver cuándo volvería. Me dio instrucciones de no preguntar ni decir nada más y lo revisó antes de enviarlo. Estaba en casa de su hermana y no volvería hasta tarde. En ese momento se quitó el cinturón de herramientas y lo puso en la encimera de mi cocina. Me dijo que, después de todo lo que había hecho por mí, ya no era gratis, ya que le mentí. Su pistola estaba justo a nuestro lado. Se aseguró de que la viera e incluso la giró para que me apuntara. Tenía miedo y le suplicaba. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No estoy segura, pero creo que se lo dije. Me comunicó por radio desde su bandolera que se estaba tomando un descanso para "almorzar". Lo que recuerdo con certeza fue cuando dijo que esta vez me haría un registro completo, hasta quedar completamente desnuda, y me preguntó si estaba de acuerdo. En ese momento ya no tenía ninguna duda de lo que estaba pasando. Hice los ajustes necesarios, pero lo que hizo fue más de lo que había preparado. Me dedicó cumplidos vulgares sobre mi cuerpo mientras me abusaba descaradamente. Me amasó los pechos como si fueran masa. Me tocó mientras me preguntaba si podía usar un apéndice especial que tenía que penetraba más. Sabía a qué se refería. Sentí repulsión, pero acepté. Después del sexo inicial, con las manos apoyadas en la pared e inclinada hacia adelante, bajó el ritmo. Esperaba que ya casi hubiera terminado, pero decidió prolongarlo. Me mandó a mi habitación. Se quitó toda la ropa menos los calcetines. Complementó su anatomía y me hizo aceptar. Su miembro era muy superior al tamaño promedio, pero dudo que, de no haber llevado anillo de bodas, lo hubiera usado alguna vez. Era medio calvo, tenía una ceja prominente como la de un neandertal y una barriga cervecera pálida con muchos lunares por todo el cuerpo. Tenía bigote y perilla que no ocultaban del todo su cutis demacrado, que parecía tener cicatrices de acné severo. Casi todos los hombres eran más altos que yo, pero él era bajo y solo me superaba por unos centímetros. Nunca le había mentido tanto como cuando le dije lo que quería oír sobre ser sexy y desearlo. La única verdad era sobre su pene grande. SIK habló mucho, principalmente degradándome y confirmando que estaba de acuerdo con él. Clichés, como que yo era una puta, una zorra, una guarrilla y que me gustaba lo que me obligaba a hacerle, pero también me preguntó sobre mi vida sexual y mi historial de abusos. Quería que dijera que mi padre y mis entrenadores abusaban de mí, pero no mentiría. En cambio, le conté parte de la verdad sobre el abuso de mi hermano. Esa fue probablemente la peor parte. Decirle en voz alta a SIK lo que nunca solía admitirle a nadie, para su gran placer, me hizo daño. Eso fue peor que el sexo oral. Peor que obligarme a besarlo en algunos momentos. También fue cruel. Intentó amordazarme y empujarme hasta el fondo de mi garganta mientras le obligaba a hacerme sexo oral. Me empujó los tobillos detrás de la cabeza mientras me embestía con sus embestidas abusivas. Podía ver la cruel lujuria en sus ojos. Podía ver su sonrisa malvada. Me abofeteó muchas veces, pero no muy fuerte. Sí me azotó fuerte. Se dio cuenta de que me tenía cautiva y vulnerable a sus caprichos y que por fin estaba viviendo sus fantasías más oscuras. Hacía todo lo que él quería y lo alentaba porque quería que parara. ¡Tantas veces se detuvo justo antes de llegar al clímax! No quería que terminara. SIK intentó tener sexo anal conmigo y yo me adaptaba, pero era demasiado grande para mí. Lloré casi todo el rato de dolor, pero intentando actuar como una pareja ansiosa por que terminara. Después pensé que eso podría haberlo prolongado. SIK era probablemente el momento en que preferiría que sufriera más, como si me estuvieran violando en lugar de ocultar mi dolor. No duró mucho más de veinte minutos, pero fue terrible y lo reviví tantas veces en mi mente antes de emborracharme y colocarme hasta la muerte la noche siguiente después del trabajo. Así que el recuerdo vivió mucho más prominente en mi cabeza que un simple encuentro de 25 minutos. Alcanzo el clímax con facilidad, pero nunca tuve un orgasmo con él por su preferencia por causar dolor sexual. Cuando de repente se corrió dentro de mí, se quedó callado y apenas dijo una palabra más mientras se vestía, con cinturón de pistola y todo, y se fue en silencio. No tengo ni idea de qué significaba eso. Me asustó. Tuve miedo al conducir un tiempo y evité dormir en casa tanto como pude, lo que a veces significaba acostarme con hombres e incluso con amigos, solo para no volver. Fue la razón principal por la que no renové el contrato de alquiler y me mudé a un apartamento más pequeño, sola. Era la misma compañera de piso cuyo padre ya se había acostado conmigo sin mi consentimiento inicial. Le conté a mi compañera una versión corta y reaccionó como si fuera una historia genial. En cierto modo, se la conté así, como una forma de afrontarlo. El camino fácil y de menor resistencia. No admitir que pudo haber sido lo peor que me ha pasado en el ámbito sexual. Lo peor que me pasó en la universidad fue el corazón roto por perder a los hombres que amaba. Pero esas son historias para otro foro. Ya no expongo mi corazón para que lo pisoteen. Este incidente fue una de las llamadas de atención que me indicaron que debía cambiar por completo mi estilo de vida e intentar salvarme. También fue una de las cosas que más me costó comentarle a mi terapeuta, aunque lo pensé durante las sesiones.

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    De un sobreviviente
    🇮🇪

    Mi historia

    Fui violada a los 18 años, justo después de mi examen de fin de estudios. El hombre que me violó era mi expareja. Había sido físicamente abusivo, lo que me llevó a terminar la relación. Poco después, se puso en contacto conmigo y me pidió que nos viéramos para intercambiar objetos que habíamos dejado en casa de los demás. Acepté, sin darle demasiada importancia. Quedamos en una cita y quedamos en tomar un café en un sitio que frecuentábamos a menudo como pareja. Sin embargo, llegó horas tarde y, al mirar atrás, fue una gran señal de alerta. Me subí al coche con él y condujo hasta un lugar apartado, me incapacitó y me violó. Nunca olvidaré la sensación de intentar soltarme y finalmente darme cuenta de que no era lo suficientemente fuerte. Duró casi cuatro horas y me violaron oral, vaginal y analmente. También usó un objeto extraño durante su ataque. Después, me soltó y caminé durante horas en la oscuridad para llegar a casa. No se lo dije a nadie durante días. La única atención médica que busqué fue la píldora del día después. Después de unos tres días, empecé a aceptar lo que me había pasado y a aceptar que no estaba bien. Que yo no estaba bien. Busqué ayuda en la SATU de Ubicación y elegí la "Opción 3", que permitía tomar y almacenar muestras sin la presencia de la policía. No tengo palabras para describir la atención que recibí en la SATU. Son unos ángeles. Más tarde, sufrí un aborto espontáneo en una etapa relativamente avanzada del embarazo, tras enterarme bastante tarde. Finalmente, denuncié a la policía y arrestaron a mi agresor, aunque en ese momento decidí que no era lo suficientemente fuerte como para permitir que el caso llegara a los tribunales. Sufrí muchísimo en ese momento, con síntomas que ahora entiendo que eran TEPT y depresión, e incluso consideré quitarme la vida. Pero busqué apoyo y conocí a una psicoterapeuta maravillosa. Más tarde, repetí el examen final de estudios y logré acceder a la universidad, donde he recibido un apoyo excepcional. Tuve la suerte de acceder a un apoyo que marcó una gran diferencia para mí, y mi mensaje para cualquiera que lea esto y que haya sido afectado por violencia sexual es que esto mejora y se puede superar.

    Estimado lector, esta historia contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.