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Yo estaba...

La persona que me hizo daño era un...

Me identifico como...

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Me identifico como...

Yo era...

Cuando esto ocurrió, también experimenté...

Bienvenido a Our Wave.

Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
Historia
De un sobreviviente
🇨🇦

Name, solo tenía 6 años

Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇨🇴

    Sanar es entender

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  • “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Quisiera saber que se siente sanar.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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  • “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
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    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
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    Contar eso sin derrumbarme

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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  • “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    Historia
    De un sobreviviente
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    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    🇺🇸

    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

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  • “Siempre está bien pedir ayuda”

    Historia
    De un sobreviviente
    🇳🇱

    #627

    Un hombre conocido me agredió en mi apartamento. Ya habíamos tenido una vez, y fue rápido pero bien. Empezamos de mutuo acuerdo, pero en un momento dado empezó a dolerme y le pregunté si podíamos parar. En ese momento, me presionó la parte superior de la espalda, tan arriba que mi boca quedó medio hundida en la almohada. Me quedé paralizada y no pude moverme en absoluto. Simplemente esperé a que terminara lo que quisiera hacer. El resultado fue extremadamente confuso. Al principio pensé que solo había sido una mala experiencia. Pero a medida que pasaban los meses, me di cuenta de que me estaba dando demasiadas vueltas en la cabeza como para descartarlo. Seis meses después de la agresión, me hice unas pruebas médicas. Un año después, en medio de una serie de historias de agresión sexual en los medios, contacté con rape crisis centre para pedir ayuda. También denuncié a la Garda varios años después de mi agresión, y aunque lo gestionaron bien, también me advirtieron que si iniciaba una investigación, el proceso podría ser muy revelador, así que decidí no continuar. Mi agresión ocurrió solo seis meses después de haberme declarado queer, por lo que sentí que gran parte de lo que me había costado aceptar de mí misma y de lo que había vivido al salir del armario se vio afectado: me arrebataron la libertad de ser quien era y de disfrutar de mi sexualidad durante mucho tiempo. Mi agresión no fue la primera ni la última vez que experimenté un comportamiento no consentido, aunque fue, con mucho, el suceso más grave e impactante.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇦🇺

    Abuso narcisista: 10 años de aislamiento

    Soy una mujer independiente que no creció en un hogar amoroso, pero aun así me mudé del Reino Unido a Australia y logré llevar una vida razonablemente productiva gracias al trabajo duro y al pago puntual de mis facturas. Disfruto viajando sola, explorando nuevos cursos y películas, y no tengo miedo de probar nuevas aventuras. Es importante que mi historia se presente de esta manera para demostrar mi gran resiliencia y autosuficiencia; sin embargo, esto no me protegió cuando ocurrió lo impensable. Hace 10 años, tenía 51 años y lidiaba con el estrés, los pagos de la hipoteca y los síntomas inminentes e impredecibles de la menopausia, que aún no había asimilado ni superado por completo. Durante esta "transición" seguí siendo productiva: trabajaba, salía, iba al gimnasio, convencida de que estaba haciendo lo correcto, sin tener ni idea de que mi lucha contra los síntomas y el estrés me habían predispuesto a atraer a un abusador sádico y depredador. Apenas lo conocía; era entrenador personal en mi gimnasio. Reconocí su comportamiento como una especie de ofensa hacia mí. Era un hombre dominante, con mucha gente compitiendo por su atención y, desafortunadamente, con mis síntomas menopáusicos nuevos e impredecibles, opté por pasar desapercibida, terminar mis repeticiones y luego salir del gimnasio, aunque manteniendo la cortesía mientras seguía con mi rutina. El entrenador personal comenzó una campaña de desprestigio, y se hizo evidente por el comportamiento de otros miembros del personal que algo se estaba gestando. Decidí ir al gimnasio en horarios poco habituales o días alternos y resté importancia a lo que estaba sucediendo. Finalmente, me vi obligada a tomar medidas, después de que algunos miembros me abordaran (que se amontonaron físicamente delante y detrás de otros) al entrar al gimnasio. El entrenador personal había llevado su campaña casi al extremo, y en ese momento, me fui del gimnasio, pero no sin antes presentar una queja por escrito a la gerencia y una explicación detallada de lo sucedido. Pensé que ahí terminaría todo. Poco sabía que solo era el principio. Este entrenador personal era un psicópata, un abusador muy astuto, con un sin duda extremo abanico de trastornos de la personalidad. En dos meses, se mudó a mi complejo de apartamentos y empezó a reclutar a mis vecinos para que llevaran a cabo abusos indirectos. Golpeaba techos y paredes, eventos sincronizados, y me sentía bajo asedio. Sufría acoso constante frente a mi ventana, amenazas de muerte y acoso grupal sin tregua. Noté que mis contactos en Facebook y mis relaciones laborales estaban cambiando y replicaban algunas de las frases y comportamientos de quienes ya habían sido reclutados en la campaña de desprestigio. Este hombre se había infiltrado en cada rincón de mi vida y había reclutado a todas las personas más cercanas a mí. Este es un escenario común cuando se sufre abuso narcisista. Finalmente, tuve que alejarme de ellos; era demasiado tóxico y dañino. Mi ahora exmadre y mi exhermana también fueron reclutadas por él y, hasta el día de hoy, han cortado todo contacto conmigo y apoyan firmemente su dominio en esta situación. La campaña de desprestigio fue prolongada, y aunque los gritos han disminuido, lo que persiste es su dominio en la comunidad. Accede a las viviendas de la gente y está constantemente dentro de mis dispositivos, rastreando, monitoreando y controlando posibles alianzas que pueda formar, lo cual le genera paranoia. Denuncié con frecuencia a la policía local, pero lamentablemente, sin nadie que corroborara mi historia ni pruebas objetivas, no pude demostrarles mi situación y lo único que hicieron fue enviarme a cuidados intensivos, sin comprender en absoluto la situación que estaba viviendo. Pasaron casi 10 años. Me mantuve firme, sobreviví y no me obligaron a abandonar mi hogar (algo que él me había presionado para hacer). Resistí su "juego" de intentar debilitarme económicamente o provocarme inseguridad habitacional. Resistí sus intentos y me mantuve firme, gracias a mi propia capacidad de autosuficiencia. Yo, una mujer soltera casi de la tercera edad, y él, en la plenitud de su vida, con poderosos aliados, con un enorme apoyo y recursos, y con los beneficios de haber tomado todo lo mío, ahora suyo. El meollo de la historia no es este psicópata en sí, sino cómo nuestros líderes comunitarios temen juzgarlo, y cómo a él se le permitió quedarse y contó con la aprobación de mi ahora exmadre para interactuar conmigo actuando como parte de su proceso "terapéutico". Hasta el día de hoy, nunca ha aceptado una invitación para comunicarse conmigo como adulta, explicarse e intentar llegar a un acuerdo que lo satisfaga. Me mantuve firme, pero con su dominio y control actuales, no puedo tener relaciones justas, y el aislamiento social que ha creado es un rasgo común en los abusadores. Por eso estoy alzando la voz y compartiendo mi historia. Esto tiene que ver tanto con él como con el carácter de quienes pueden marcar la diferencia frente al abuso extremo, y eligen el camino más fácil en lugar del correcto. Gracias por escuchar la introducción a mi historia. Me pregunto si usaré lo sucedido para escribir un libro.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Historia
    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Brutalmente utilizado por un policía después de una parada de tráfico

    En mi historia original, COMENZÓ CON MI HERMANO, hablé del abuso que sufrí desde una perspectiva general. Era mi vida de abuso tal como la compartí en aquel momento. He estado trabajando para compartir tres casos de violación que solo evité permitiendo que los hombres tomaran lo que quisieran en lugar de pelear. El más traumático de los tres incidentes que mencioné involucró a un policía. Este es el relato. Me detuvieron cuando regresaba a casa de un grupo de estudio, siendo estudiante de tercer año en la universidad, una noche entre semana. Habíamos compartido dos copas hacia el final. NO apruebo conducir y beber, pero no estaba borracho, como confirmó el alcoholímetro más tarde. Me detuvieron y ya tenía los nervios asociados, agravados por el hecho de que aún no tenía la edad legal para beber alcohol durante tres semanas. Fue entonces cuando conocí al policía al que llamaré simplemente SIK. Me dio una sensación inquietante la primera vez que lo vi y eso nunca se detuvo. Aun así, coqueteé con él hasta cierto punto, desesperada por no meterme en problemas. Me hizo salir del coche, quitarme la sudadera con capucha, debajo de la cual solo llevaba un sujetador deportivo básico. Esa noche solo hacía unos dieciséis grados. Tenía frío y temblaba de miedo y de temperatura. Lo vi mirarme el cuerpo sin filtro. Otro coche patrulla se detuvo con dos agentes mientras me hacían las pruebas de alcoholemia. Ya me había registrado de forma incómoda. Una de las agentes que llegó era mujer y también me registró después de haber dicho que tenía algunos problemas con las pruebas de alcoholemia. Caminar hacia atrás en una línea imaginaria, talón con punta, fue lo único con lo que tuve problemas. ¡Es duro! La policía sacó el alcoholímetro que había pedido. Di 0,035. Eso es menos de la mitad del límite legal. En ese momento, SIK dijo que simplemente me seguiría a casa, en lugar de arrestarme, y el otro coche se fue. La parada completa duró quizás una hora. Los coches pasaban por la calle lateral en la que me había metido. Faros delanteros y traseros en la oscuridad. Después de que el otro coche se fuera, SIK me habló con más dureza y amenazas que nunca. Dijo que una chica como yo probablemente está acostumbrada a salirse con la suya. Aseguró que aún podía llevarme a la cárcel cuando quisiera, ya que mientras me lleva a casa y se asegura de mi seguridad, todo lo que hago sigue siendo una prueba. Podría arrestarme por posesión de alcohol y perdería mi licencia. Tenía miedo. Le dije que mi compañera de cuarto estaba en casa. Ella también era estudiante y se suponía que debía estar allí. Después de seguirme dentro de mi apartamento, llamé a mi compañera. Luego revisé su habitación. ¡No estaba! SIK me acusó de mentirle a un policía y echó el cerrojo desde adentro. Me hizo apoyar las manos en la pared de mi comedor con las piernas abiertas. Quería llamarla para que pudiera hablar con ella y confirmar que solía estar allí, pero me detuvo y me obligó a enviarle un mensaje para ver cuándo volvería. Me dio instrucciones de no preguntar ni decir nada más y lo revisó antes de enviarlo. Estaba en casa de su hermana y no volvería hasta tarde. En ese momento se quitó el cinturón de herramientas y lo puso en la encimera de mi cocina. Me dijo que, después de todo lo que había hecho por mí, ya no era gratis, ya que le mentí. Su pistola estaba justo a nuestro lado. Se aseguró de que la viera e incluso la giró para que me apuntara. Tenía miedo y le suplicaba. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No estoy segura, pero creo que se lo dije. Me comunicó por radio desde su bandolera que se estaba tomando un descanso para "almorzar". Lo que recuerdo con certeza fue cuando dijo que esta vez me haría un registro completo, hasta quedar completamente desnuda, y me preguntó si estaba de acuerdo. En ese momento ya no tenía ninguna duda de lo que estaba pasando. Hice los ajustes necesarios, pero lo que hizo fue más de lo que había preparado. Me dedicó cumplidos vulgares sobre mi cuerpo mientras me abusaba descaradamente. Me amasó los pechos como si fueran masa. Me tocó mientras me preguntaba si podía usar un apéndice especial que tenía que penetraba más. Sabía a qué se refería. Sentí repulsión, pero acepté. Después del sexo inicial, con las manos apoyadas en la pared e inclinada hacia adelante, bajó el ritmo. Esperaba que ya casi hubiera terminado, pero decidió prolongarlo. Me mandó a mi habitación. Se quitó toda la ropa menos los calcetines. Complementó su anatomía y me hizo aceptar. Su miembro era muy superior al tamaño promedio, pero dudo que, de no haber llevado anillo de bodas, lo hubiera usado alguna vez. Era medio calvo, tenía una ceja prominente como la de un neandertal y una barriga cervecera pálida con muchos lunares por todo el cuerpo. Tenía bigote y perilla que no ocultaban del todo su cutis demacrado, que parecía tener cicatrices de acné severo. Casi todos los hombres eran más altos que yo, pero él era bajo y solo me superaba por unos centímetros. Nunca le había mentido tanto como cuando le dije lo que quería oír sobre ser sexy y desearlo. La única verdad era sobre su pene grande. SIK habló mucho, principalmente degradándome y confirmando que estaba de acuerdo con él. Clichés, como que yo era una puta, una zorra, una guarrilla y que me gustaba lo que me obligaba a hacerle, pero también me preguntó sobre mi vida sexual y mi historial de abusos. Quería que dijera que mi padre y mis entrenadores abusaban de mí, pero no mentiría. En cambio, le conté parte de la verdad sobre el abuso de mi hermano. Esa fue probablemente la peor parte. Decirle en voz alta a SIK lo que nunca solía admitirle a nadie, para su gran placer, me hizo daño. Eso fue peor que el sexo oral. Peor que obligarme a besarlo en algunos momentos. También fue cruel. Intentó amordazarme y empujarme hasta el fondo de mi garganta mientras le obligaba a hacerme sexo oral. Me empujó los tobillos detrás de la cabeza mientras me embestía con sus embestidas abusivas. Podía ver la cruel lujuria en sus ojos. Podía ver su sonrisa malvada. Me abofeteó muchas veces, pero no muy fuerte. Sí me azotó fuerte. Se dio cuenta de que me tenía cautiva y vulnerable a sus caprichos y que por fin estaba viviendo sus fantasías más oscuras. Hacía todo lo que él quería y lo alentaba porque quería que parara. ¡Tantas veces se detuvo justo antes de llegar al clímax! No quería que terminara. SIK intentó tener sexo anal conmigo y yo me adaptaba, pero era demasiado grande para mí. Lloré casi todo el rato de dolor, pero intentando actuar como una pareja ansiosa por que terminara. Después pensé que eso podría haberlo prolongado. SIK era probablemente el momento en que preferiría que sufriera más, como si me estuvieran violando en lugar de ocultar mi dolor. No duró mucho más de veinte minutos, pero fue terrible y lo reviví tantas veces en mi mente antes de emborracharme y colocarme hasta la muerte la noche siguiente después del trabajo. Así que el recuerdo vivió mucho más prominente en mi cabeza que un simple encuentro de 25 minutos. Alcanzo el clímax con facilidad, pero nunca tuve un orgasmo con él por su preferencia por causar dolor sexual. Cuando de repente se corrió dentro de mí, se quedó callado y apenas dijo una palabra más mientras se vestía, con cinturón de pistola y todo, y se fue en silencio. No tengo ni idea de qué significaba eso. Me asustó. Tuve miedo al conducir un tiempo y evité dormir en casa tanto como pude, lo que a veces significaba acostarme con hombres e incluso con amigos, solo para no volver. Fue la razón principal por la que no renové el contrato de alquiler y me mudé a un apartamento más pequeño, sola. Era la misma compañera de piso cuyo padre ya se había acostado conmigo sin mi consentimiento inicial. Le conté a mi compañera una versión corta y reaccionó como si fuera una historia genial. En cierto modo, se la conté así, como una forma de afrontarlo. El camino fácil y de menor resistencia. No admitir que pudo haber sido lo peor que me ha pasado en el ámbito sexual. Lo peor que me pasó en la universidad fue el corazón roto por perder a los hombres que amaba. Pero esas son historias para otro foro. Ya no expongo mi corazón para que lo pisoteen. Este incidente fue una de las llamadas de atención que me indicaron que debía cambiar por completo mi estilo de vida e intentar salvarme. También fue una de las cosas que más me costó comentarle a mi terapeuta, aunque lo pensé durante las sesiones.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Eres capaz. Eres lo suficientemente fuerte. Mereces un amor sano.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Superviviente 👊🏼

    Fue hace 21 años y nunca se lo he contado a nadie. Viví con mi primera compañera de piso, quien sabía que tenía amigos sospechosos. Aun así, confiaba en ella y en nuestro nuevo y encantador hogar. Hasta que una noche invitó a amigos. Yo no bebía ni consumía drogas duras. Comíamos, todos bebían y se lo pasaban bien. No recuerdo nada después de eso, hasta que me desperté en mitad de la noche con un hombre, uno de sus "amigos", encima de mí. Estaba dentro de mí mientras yo yacía en medio del suelo. No podía moverme, no podía hablar. No fue una huida, una lucha ni una congelación; me habían drogado y no podía mover ni una sola parte de mi cuerpo. Ni siquiera podía mover los brazos para apartarlo. Y cuando la madre de mi compañera entró en nuestro nuevo hogar, en la habitación oscura, en mitad de la noche, vio lo que estaba pasando. Solo pude abrir los ojos de par en par del miedo, pero ella se dio la vuelta y salió sin decir palabra, dejándolo terminar lo que había empezado. Él se rió cuando ella se alejó. Para cuando recuperé el control de mi cuerpo, él ya no estaba. Estaba sola y desnuda en el suelo de la sala de mi primer piso, donde todos me pisoteaban al salir por la mañana. Era la broma de la mañana... ¿qué y a quién le hizo? Nadie me preguntó si estaba bien esa mañana. Nadie lo hizo nunca. Han pasado 21 años y todavía no sé el nombre del hombre que me violó esa noche, pero siempre recordaré su rostro.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇰🇪

    Eventualmente lo superarás, solo confía en el proceso.

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  • Bienvenido a Our Wave.

    Este es un espacio donde sobrevivientes de trauma y abuso comparten sus historias junto a aliados que los apoyan. Estas historias nos recuerdan que existe esperanza incluso en tiempos difíciles. Nunca estás solo en tu experiencia. La sanación es posible para todos.

    ¿Cuál cree que es el lugar adecuado para empezar hoy?
    Historia
    De un sobreviviente
    🇨🇦

    Name, solo tenía 6 años

    Tenía alrededor de 6 años, cierro los ojos y es cómo si volviera a vivir en carne propia el recuerdo, me acuerdo del ruido de la televisión, el olor del desayuno que estaba comiendo, yo solo estaba viendo caricaturas. El, un hombre de alrededor 50 años me cargó y me acomodó en sus piernas, y deslizó su mano por debajo de mis panties, TENÍA 6 AÑOS y ahí empezó mi historia de abusó sexual, una historia que me hubiese gustado no tener que experimentar. Yo hablé ya que mi mamá siempre me había enseñado a que nadie podía tocar mis partes pero en ese entonces mi mamá no tenía los recursos, vivíamos en casa de una prima (la hija de mi abusador) y nadie me creyó, dijeron que era mi imaginación. Otros sucesos pasaron cometidos por la misma persona, me arrebató mi inocencia y me rompió en pedacitos… pese a que yo hablé la primera vez, las otras veces me quedé callada porque nadie me creyó, nadie me protegió y nadie me escuchó más que mi mamá pero en ese entonces ella estaba luchando con un problema de alcoholismo y toda la familia nos dio la espalda. Después de un tiempo dejé de ver a mi abusador pero a los 8 años me volvió a pasar pero esta vez por el esposo de mi tía (la hermana de mi mamá) ellos han sido casados desde que mi tía tiene 16 años hasta el presente. Fuimos de visita a casa de mi tía, era diciembre entonces mi mamá salió con mi tía a comprar cosas para la navidad, yo, mi hermano y mi primo (hijo de mi tía) nos quedamos al cuidado del esposo de mi tía, el en ese entonces era oficial de la policía. Yo estaba jugando con mi primo y mi hermano cuando él me llamó, él estaba sentado en la mesedora viendo las noticias cuando me sentó en sus piernas y yo inmediatamente me paralice puesto que la última vez que alguien me sentó en sus piernas me manoseo, esta vez fue diferente, solo me acaricio las piernas y yo solo sentí cómo algo duro me rozaba mis glúteos, me paralicé y no sabía que hacer, hasta que tuve la fuerza y me bajé. Nunca hablé de mi segundo abusador y nunca lo he hecho, yo ya no vivo en Colombia pero cuando voy me toca actuar cómo si nada aunque por dentro sienta tantas cosas. Por mucho tiempo reprimí todo lo que me pasó, siempre decía que no me afectó y ahora a mis 22 años me está atormentando. Estoy comprometida con el amor de mi vida, siento que ha sido un regalo que Dios y la vida me dio después de tanto tormento pero hay veces que cuando vamos a tener intimidad y me toca siento una rabia en mi, ese tipo de rabia que te dan ganas de pegarle un puño en la cara a esa persona, y no lo entiendo, el no me ha hecho nada? El solo me ha ayudado y me ha tratado con amor y me ha demostrado lo mucho que me respeta y me ama, siempre quise evadir el tema y reprimirlo, no hablar de ello y pretender cómo que no me afectó pero ya llegué a un punto donde me dan unos ataques de ira que ni yo me reconozco, donde termino lastimándome a mí misma o sacando esa ira en mi prometido, hace unas noches por fin en medio de una ataque de ira donde terminé azotandome la cabeza en la pared solo repetía “no me deja en paz, me persigue, sácalo de mi cabeza” estaba en un estado de crisis y mi prometido solo pudo sujetarme en sus brazos mientras me preguntaba quién me perseguía y fue la primera vez que dije su nombre en voz alta, “Name, el hombre que me violo y me robo mi inocencia no sale de mi cabeza” no podía hablar, las lágrimas y gritos de desesperación eran más que las palabras, en ese momento me di cuenta que no importa cuánto allá crecido aquella niña de 6 años sigue dentro de mi, está enojada, está triste y rota. Mi pareja es abogado entonces el fue quien me habló sobre me too movement, me dijo que me hiciera justicia y lo denunciara pero que si no me sentía lista por miedo que navegara las opciones que me too ofrece y que quizá empezara por contar mi historia, por unos días habría la página y solo me quedaba paralizada, pero hoy me anime, ya no merezco ser prisionera de un dolor que no fue mi culpa aunque por mucho tiempo he sentido que lo es, me siento perdida y no quiero que mi pasado defina mi presente, la vida me está dando oportunidades bonitas pero mi abusó sexual no me deja avanzar, cómo me saco esta rabia que siento por dentro? Porque me volví un ser tan agrio y amargo, porque me enojo por todo? Porque no puedo disfrutar la intimidad con mi pareja si es delicado conmigo? Parece que entre más delicado es más rabia siento por dentro. Me siento muy sola y perdida. Quiero este dolor fuera de mi

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  • Mensaje de Sanación
    De un sobreviviente
    🇺🇾

    Aprender a vivir sin querer matarme

    Estimado lector, este mensaje contiene lenguaje autolesivo que puede resultar molesto o incomodo para algunos.

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  • Historia
    De un sobreviviente
    🇪🇸

    Corazón fuerte

    Si alguien quisiera entender quién soy, tendría que saber que… No sabría cómo ni por dónde empezar. Supongo que por la base de todo: mi niñez. Me llamo Name. Nací en Venezuela, pero me crie toda la vida en España, bueno, a partir de los ocho años. Mi niñez… qué decir. Era feliz. Fui feliz. O eso cree uno a esas edades. Mis primeros ocho años en Venezuela. Supongo que fui feliz. Una familia que me quería, un hermano, una mamá… aunque nunca un papá. Mami siempre supo cómo tirar ella sola con nosotros. Siempre me inculcó cosas buenas de mi padre. Incluso me enseñaba cartas y fotos de él. Crecí queriendo a mi padre, aun sin haberlo visto nunca en persona. Tuve un colegio que me gustaba mucho, aunque he de decir que la liaba mucho. Era demasiado ruido para aulas tan pequeñas. Tengo muchos recuerdos bonitos, otros que ahora de adulta sé que no lo fueron. Me dieron todo, tuve todo. A pesar de venir de una familia humilde, nunca me faltó un plato de comida, nunca me faltó amor, nunca me faltó nada. Todo se complica… Cuando cumplo los cuatro años, cuando ya eres un poquito, pero muy poquito, más consciente de la vida, todo se complica. Mamá dejó de estudiar y decidió trabajar. Eso implicaba verla menos. Eso implicaba ser cuidada por otras personas. Eso implicaba muchas cosas. A partir de ahí mi vida se derrumbó. A partir de ahí marcaría un antes y un después. A partir de ahí mi vida en la adultez sería distinta. La gravedad de todo lo vi al crecer. Aunque he de decir que tuve una pequeña reacción siendo tan pequeña. Podría decir que algo dentro de mí me dijo: esto está mal, esto no puede ser así. Siempre he dicho: ¿dónde estaba Dios? Soy creyente, o fui creyente, pero poco a poco todo eso fue desapareciendo. Cuanto más dolor me causaba la vida, más dejaba de creer. No me enrollo más… vamos al principio. Pues sí, tuve una niñez bastante bonita. Aunque la parte mala ahí está, y creo que estará por siempre en mi vida. Supongo que escribirlo me hace sentir un poquito mejor. Recalcar toda mi vida me hace sentir algo mejor. Fui violada. Sí, abusaron de mí siendo tan solo una niña de cuatro años. A partir de ahí me destrozaron la vida. Fui cumpliendo años y eso seguía sucediendo. Supongo que para mí era algo normal. Un niño, al sufrir eso, jamás podría darse cuenta de la gravedad. La persona que se supone que tenía que cuidar de mí era la causante de mis traumas ahora de mayor. Mi hermano y yo, siempre unidos, siempre juntos, mano a mano. Pasó por lo mismo, solo que yo cedía. Cedí muchas veces porque sabía que era la única forma, la única forma que tenía para proteger a mi tesoro más preciado: mi hermano. ¿Dónde estaba mi familia? Éramos tan solo unos niños que necesitaban ayuda de un adulto. ¿Dónde estaban todos? ¿Por qué nunca nadie se dio cuenta? Tan solo necesitábamos a un adulto que nos ayudase. ¿Cómo íbamos nosotros mismos a ayudarnos? Mi vida cambió. Mi tía nos devolvió la vida. La decisión de venir a España cambió nuestras vidas. Era un pequeño viaje. Jamás pensábamos quedarnos aquí a vivir. Ed y yo felices, con nuestra pequeña maleta, sabiendo que algún día volveríamos a Venezuela, que en un mes o así estaríamos de vuelta. Y aquí estoy, veinte años después, agradeciendo día a día la decisión de quedarnos aquí. Ahí empezó mi verdadera infancia feliz. Nos dieron todo. Mis tías nos dieron todo. Nunca había sido tan feliz. Mamá se enamoró. Ahí conoció al que creí mi padre. Es normal, ¿no? Te crías sin una figura paterna y cuando entra alguien en tu vida con tanto amor para darte… cómo no creer que es tu padre. Mil viajes, muchas playas, muchos planes, mucho de todo. Él nos dio tanto. Estuvo en todo. Cómo no haberle querido tanto. El colegio es verdad que no me gustaba tanto. Sufrí mucho bullying. Supongo que no estarían acostumbrados a ver a una niña latina, pelo rizado y rasgos de negra. Esa parte quiero omitirla. La verdad que me marcó demasiado. Pensé siempre que de ahí venía mi inseguridad. Crecí. O eso creía con catorce años. Me creía la reina del mambo. Quería vivir rápido, quería ser adulta, quería hacer mil cosas. Empecé a perderme. A ser una inconsciente con mamá. A ser una rebelde. Cuanto más me prohibían, más quería hacerlo. Creo que fue mi peor época. Nunca me sentí entendida por nadie. Nunca nadie se sentó a explicarme paso a paso cómo va la vida y desde cuándo tenía que empezarla a vivir como una adulta. Mamá lo hizo bien siempre, pero he de decir que no supo lidiar con una adolescente llena de ira, llena de rabia, llena de odio. Fui mi peor versión. Pero era adolescente, ¿quién se da cuenta a esas edades? Porque yo, hasta que no tuve un choque de realidad, no me di cuenta. Mi primer amor… Sí, tuve mi primer amor. Fue lo más preciado que la vida me había dado. Tus primeras veces en todo, tus primeros te quiero, tu primer sentimiento de amor, tu primer todo. Fue un fracaso. Supongo que éramos muy jóvenes e inexpertos. Yo quería más, salir al mundo, conocer gente. No me valía nada. Tuve más de un amor. Con todos fracasé. Pero me quedo con lo que aprendí con cada uno de ellos. Aprendí a saber qué merezco y qué no. Aprendí a quererme un poco más. Aprendí a no tolerar cosas que no. Aprendí a no quedarme con migajas. No sé por qué nunca me fue bien en el amor. Y la poca fe que me quedaba me la destrozaron. Cumplo dieciocho. Por fin mayor de edad. Por fin podría hacer lo que me diese la gana. Eso sentía y eso creía. Me duró bastante la rebeldía. Hasta que… Ocurriría de nuevo. Mamá se separa. Mi vida cambia. Todo cambia. Mi supuesto padre sigue siéndolo. Seguimos queriéndolo como el primer día. Seguimos viéndole. Seguimos todo con él, a pesar de no estar con mamá. Pero tuve un choque con la realidad. Creí que mis parejas me habían roto el corazón, pero creí mal. Él me rompió el corazón. Dejé de creer en el amor. Si la persona que más quería, a quien yo consideraba mi papá, me partió el alma, me partió el corazón… ¿qué iba a pensar del resto del mundo? ¿Cómo debía ser yo? Y llegó ese día, el segundo peor día de mi vida. Sufrí violencia doméstica. Mi supuesto padre fue capaz de destrozarme la vida. Intento de violación. Una vez más sentí ese miedo. Una vez más sentí que la vida se me caía. Una vez más sentí decepción. Una vez más sentí cómo mi corazón se rompía poco a poco. Cómo creer en la gente. Cómo creer en la vida. Nace Brother. Empecé a ver la vida un poco mejor. Brother llega a nuestras vidas, mi pequeño hermano, y cambié por completo. Me dio esa felicidad que no tenía. Me dio esa calma en el alma que yo tanto necesitaba. Verle tan pequeño, tan bonito, esas manitos… Mi hermano me devolvió la vida y las ganas de querer con el alma a alguien. Nunca se lo dije. Es muy pequeño. Pero algún día me sentaré y hablaré con él. Dejé de estudiar. Fui de mal en peor en los estudios y decidí adentrarme en el mundo de la hostelería. Crecí de verdad. Mi mentalidad cambió. Empecé a ser mejor persona con mamá, mejor persona con mi hermano Edy, mejor persona con todos. Trabajar me hizo darme cuenta de cuánto cuesta la vida. De cuánto ha tenido que currar mamá para darnos todo. Trabajar me hizo crecer como persona, como mujer. Pasa el tiempo. Pasa la vida. Y sí, sigo estancada en la hostelería. Pero he de decir que me he ganado todo lo que tengo a pulso. Agradecida de todo lo que aprendí. Sigo con la vida. Sigo con mi vida. Pasa el tiempo. Vuelvo a tener amores que no van a ningún lado. Más decepciones: de familia, de novios, de amistades. Pero supongo que siempre pude con todo. Era como que mi corazón estaba a prueba de balas. Como que algo más ya me era indiferente. Estaba tan acostumbrada a que lo malo me persiguiese que era totalmente normal para mí. Pero oye, que nunca dejé de ser buena. Nunca dejé de tener este corazón tan noble, como dice mamá. Siempre di todo de mí a todos. Siempre fui con mis mejores intenciones. Hace poco leí que las personas que siempre están haciendo la gracia son las que más tristes están por dentro. Nunca algo me había representado tanto. Como digo yo, soy la payasa del grupo. Me encanta ver a mi gente reír a base de mis ocurrencias. Eso me hace sentir un poco menos mal. Eso me ayuda mucho. Me gusta hacer la gracia siempre, porque sí, porque no. Eso me hace olvidar un poco todo. Pasa el tiempo y estoy en calma. Siento que no tendré nada más por lo que sufrir. Y llega un mensaje inesperado… Siempre estuve en contacto con mi padre, ese mismo del que mamá siempre me habló y siempre me inculcó cosas buenas. Le quiero tanto que jamás se me pasaría por la mente odiarle. Y llega un mensaje: “Hola hija, Dios te bendiga. Soy tu papá, el hermano de tu mamá.” Mi mente no entendía absolutamente nada. Papá, mamá, hermano… Pensé que era fake, pero indagué hasta dar con la realidad de todo. Ese día, bendito día, una vez más me vuelven a romper el corazón. Pero esta vez, mi querida mamá. Resulta que ese señor era mi padre de verdad. Resulta que mi mamá no era mi madre biológica. Resulta que toda mi vida crecí creyéndome mentiras. Mi madre biológica me abandonó. Con tan solo un mes de nacida. Me abandonó como un perro. Mi papá, con miedo de la vida, con miedo de seguir con una niña tan pequeña, solo buscó ayuda. Ayuda de sus hermanos. Y ahí entra mi mamá en el plano. Como me dice ella: “Hija, me enamoré de ti. Verte tan pequeña, tan vulnerable, con esa carita, con esa nariz, con esos rizos… cómo no quedarme contigo.” Mamá no me dio la vida. Me la devolvió. Agradezco la vida que me diste, mamá. Para mí siempre serás mi madre. Mi única y verdadera madre. Pero me duele el alma. Todo por lo que tanto había trabajado volvió: mis miedos, mis inquietudes, mis traumas, mis inseguridades, mi rabia, mi ira. Y llegó él. Llegó alguien a mi vida para hacerme entender que la vida no siempre es tan mala. Alguien que me haría entender por qué nunca funcionó con nadie más. Alguien que me daría todo el amor del mundo. Y llegaste tú, justo en el momento que más me dolía la vida. Llegaste y me olvidé por un ratito de todo lo que estaba pasando. Volví a creer en el amor. Volví a creer en que de verdad hay personas buenas con corazones bonitos. A veces siento que no lo merezco. A veces siento que es una trampa de la vida. Me saboteo mucho. No sé cómo asimilarlo. Siento que en cualquier momento todo se romperá. Sentiré miedo. Sentiré angustia .

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    🇪🇸

    Contar eso sin derrumbarme

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    🇨🇴

    No tengo recuerdos claros y siento mucha culpa

    Mi historia es un poco larga. Cuando tenía 15 años o 16 años, vino a mi mente el recuerdo de cosas que habían ocurrido cuando yo tenía entre 4 y 5 años. Dos tíos abusaron de mí. Los recuerdos sobre esto nunca han sido claros y ahora, muchos años después, todo se ha vuelto más lejano y confuso y he dudado varias veces de mí misma y de mi historia. Hay otras cosas que pasaron en mi infancia que sí recuerdo con más claridad: cuando tenía entre 7 y 8 años, vi a mis papás teniendo relaciones sexuales a mi lado (esa noche me había pasado a dormir con ellos en su cama). Tiempo después, se repitió la situación, pero con mi padrastro y mi mamá. También cuando tenía entre 7 y 8 años, estaba revisando unos CD'S en el DVD que había en la casa para marcarlos según el género musical o según la película que fuera. Uno de los CD'S, era una película porno. Como casi siempre, me encontraba sola en mi casa, entonces la vi completa. No recuerdo si me masturbé. Sé que desde muy niña me frotaba con peluches, muñecas y otros objetos, aunque sin mucha conciencia de lo que hacía, pero estaba presente el miedo a ser vista. Hay algo que me atormenta en este momento: cuando tenía 6 o 7 años, mi prima (ella un año mayor) y yo jugábamos a imitar algunas posiciones de un libro de kamasutra que había en su casa. También tengo leves recuerdos de una vez que, mientras nos bañábamos, frotamos nuestras partes íntimas. No sé si esto se dio en el marco de una curiosidad bilateral y por el contenido del libro al que habíamos estado expuestas o si fui yo quien generó la situación y la persuadió a ella de hacerlo o si la manipulé. No recuerdo que haya sido así, pero me da miedo que sí. ¿Y si imité lo que hacía mis tíos conmigo o lo que vi en contenido al que estuve expuesta? Siento miedo, culpa y vergüenza. Además, hace medio año, recordé que cuando tenía 10 años y cargué a mi hermanita en mi piernas (que estaba como de un mes), sentí un estímulo placentero en mi zona íntima por el contacto. Cuando esta imagen vino a mí (tampoco fue clara, como mis otros recuerdos) sentí culpa, pero no escaló a más porque entendí que fue una reacción física y nada más. Pero luego no podía dejar de pensar en ello y me cuestionaba si había prologando o intensificado el contacto y sentí muchísima culpa, asco y vergüenza. Fue tan fuerte, que tuve un episodio de TOC y siento que aún no he podido salir de ahí, porque ahora me inundan las dudas sobre lo sucedido con mi prima.

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    🇺🇸

    Usted no está solo

    No estás solo No estás solo. A muchos nos arrebataron mucho personas que priorizaron sus instintos básicos sobre nuestra cordura. Sufrimos por sus momentos de felicidad y dominio. Nos culpamos de su enfermedad. Su patología. Somos un ejército. Eso es lo que estas historias nos enseñan. Nos muestran que somos legión. Somos fuertes. Nuestras reacciones psicológicas de miedo, desconfianza y odio no son locas. Son normales. También es normal, pero no fácil, salir juntos de la oscuridad. Crecí en un gran bloque de pisos de bajos recursos que parecía un pueblo. Mi madre trabajaba y nos desenvolvíamos solos. En invierno, nadie esperaba que nos vieran si salíamos. Estábamos en un piso haciendo el tonto con unos niños o un vecino, y todo salía bien. Perdí la virginidad a los once años con un amigo de mi hermano mayor que cursaba décimo. Pero no fue un problema porque, por desgracia, no era raro allí. Soy mitad brasileña por parte de mi padre ausente y me consideraban bastante exótica y en forma. Mis características sexuales secundarias se desarrollaron pronto. Era razonablemente cuidadosa y tenía el control. El verdadero abuso comenzó años después, cuando nos mudamos a una casa decente con él. Era el hombre soñado de mi madre. Era perfecto para un hombre de mediana edad. Para entonces, mi hermano ya no estaba con nosotros porque se fue a trabajar a Alaska en un barco pesquero. Era exmilitar y al principio parecía un buen hombre. Yo era un poco problemática y demasiado descarada, y mi madre le dio carta blanca para disciplinarme como a mi padre. No llevábamos allí ni una temporada completa cuando empezó a tratarme como a una fulana. Lo de los azotes ya lo sabía mi madre y le parecía gracioso, incluso teniendo quince años. Me daba azotes en el trasero desnudo incluso cuando ella estaba en casa. Decía que siempre había necesitado la mano de un hombre para tapar mis asperezas. Era vergonzoso, humillante, pero nada comparado con lo que hacía él cuando mi madre no estaba. Para no entrar en detalles, él pronto llegó a un punto en el que yo iba a tener su carga siempre que tuviera la oportunidad. Como él me mandaba el horario, se aseguraba de que hubiera oportunidades regulares. Era mi INFIERNO y él era el Príncipe de las Tinieblas. Era rudo, pero tenía cuidado de no dejar marcas. A menos que el tiempo apremiara, tenía que ducharme primero. A veces, después, había algo específico que ponerme, como un disfraz, lencería o mi uniforme de baloncesto. La irritante anticipación de lo que vendría después era la verdadera tortura. Él me decía: "Elige un agujero". ¡Mis agujeros! Mi boca era uno, mi boca dos, y pensarías que nunca elegiría tres. Pero te equivocas. Lo odiaba. Soy muy sensible sexualmente y si elegía uno, parecía que me encantaba, y si elegía dos, estaba trabajando para complacerlo. Tres era la forma en que podía encerrarme y prepararme sin que él me viera sonreír, incluso si lo miraba. Cuando el odio era fuerte, elegía tres. Compartimenté esa pequeña pero brutal parte de mi vida para mi madre. Eran solo de treinta a ciento veinte minutos a la semana, de 10.080 minutos. Y entonces no veía otra salida. Mamá, por primera vez, vivía una vida feliz. Podría haber ganado un BAFTA por lo cómoda y contenta que me sentía con ella. Me destrozaba que mi miedo a molestarlo hiciera parecer que él había suavizado mis asperezas y me había convertido en una dama de verdad. Mantuve mis buenas calificaciones y seguí en el equipo de netball a pesar de ser la más bajita. Seguí adelante. Desarrollé la costumbre de clavarme las puntas del portaminas en la piel y morderme las uñas para provocarme dolor. Tuve un novio por un corto tiempo. Iba a los bailes. Mi casa era mi infierno, así que hacía todo lo que él me permitía para estar en cualquier otro lugar. No podía trabajar, pero él obligaba a mi madre a conservar su trabajo para poder tenerme. En mis cumpleaños, me salía con la mía para tener una noche de chicas con mi madre. Solo tuve dos cumpleaños antes de librarme de él. La universidad costaba 1000 libras y cuando él la pagó, no sabía que ya no iba a ser su fulana. Tenía una amiga que vivía mucho más cerca de mi universidad. Tenían una habitación libre porque un hermano mayor se había mudado. Con diecisiete años, él no podía obligarme a vivir con ellos si tenía otro alojamiento seguro. Acepté un trabajo y pagué el mísero alquiler. Me volvió a tener cuando dormí en su casa en Nochebuena. Probablemente drogó a mi madre para que no volviera a dormir. Me aseguré de que no volviera a tener otra oportunidad. En mis clases de portugués conocí a un hombre que vivía en Portugal y me invitó a quedarme con él todo el tiempo que quisiera sin pagar alquiler. Terminé un año de bachillerato y me fui a Portugal. Tuve relaciones fugaces con el hombre con el que me quedé, pero él viajaba a menudo; ambos teníamos nuestras propias cosas. Por aquel entonces trabajaba de camarera en un restaurante de comida americana. Hablaba con mi madre por teléfono casi todos los días. Vino una vez, con él. La echaba de menos e intentaba no mostrarle mi pena por haberme visto obligada a separarme de ella. Verlo fue horrible, pero lo contuve como un cáncer. Me ayudó a consolidar mi decisión. Viajé con una amiga a Florida y conseguí trabajo como camarera en un restaurante elegante. Solicité una visa de trabajo y la conseguí al segundo intento. Ahora tengo treinta y ocho años. Hace solo tres años me enfrenté a mis demonios porque leí historias en línea sobre otras sobrevivientes de abuso. Abrió una herida profunda para que pudiera empezar a sanar. Fue y sigue siendo un trabajo duro y un proceso continuo. Le confesé a mi madre, quien se había separado de él después de años de su propio abuso, que ella también mantuvo oculto. Él la dejó ir cuando ella empezó a tener problemas de salud, mostrando su verdadero corazón negro. Vive con mi hermano y su familia. Lamento haber perdido años con mi madre y mi hermano y que me echaran de casa cuando era joven, pero me hizo más fuerte. Nunca me he casado, pero tengo una pareja que me ama, dos perros y hablo tres idiomas. Soy entrenadora física y trabajo cerca de la playa donde voy a meditar y a hacer body surf. Nuestros viajes e historias son individuales, pero estamos juntos en esto. En todo el mundo. ¡No estás solo/a cargando con el dolor, la vergüenza, el miedo y los recuerdos! Aunque estés en la oscuridad, emprende un camino que parece que otros están usando para intentar salir adelante. Usa los recursos, aunque estén disponibles en tu computadora, y construye a partir de ahí. Simplemente empieza y sigue escalando, especialmente cuando parezca demasiado difícil.

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    🇦🇺

    Abuso narcisista: 10 años de aislamiento

    Soy una mujer independiente que no creció en un hogar amoroso, pero aun así me mudé del Reino Unido a Australia y logré llevar una vida razonablemente productiva gracias al trabajo duro y al pago puntual de mis facturas. Disfruto viajando sola, explorando nuevos cursos y películas, y no tengo miedo de probar nuevas aventuras. Es importante que mi historia se presente de esta manera para demostrar mi gran resiliencia y autosuficiencia; sin embargo, esto no me protegió cuando ocurrió lo impensable. Hace 10 años, tenía 51 años y lidiaba con el estrés, los pagos de la hipoteca y los síntomas inminentes e impredecibles de la menopausia, que aún no había asimilado ni superado por completo. Durante esta "transición" seguí siendo productiva: trabajaba, salía, iba al gimnasio, convencida de que estaba haciendo lo correcto, sin tener ni idea de que mi lucha contra los síntomas y el estrés me habían predispuesto a atraer a un abusador sádico y depredador. Apenas lo conocía; era entrenador personal en mi gimnasio. Reconocí su comportamiento como una especie de ofensa hacia mí. Era un hombre dominante, con mucha gente compitiendo por su atención y, desafortunadamente, con mis síntomas menopáusicos nuevos e impredecibles, opté por pasar desapercibida, terminar mis repeticiones y luego salir del gimnasio, aunque manteniendo la cortesía mientras seguía con mi rutina. El entrenador personal comenzó una campaña de desprestigio, y se hizo evidente por el comportamiento de otros miembros del personal que algo se estaba gestando. Decidí ir al gimnasio en horarios poco habituales o días alternos y resté importancia a lo que estaba sucediendo. Finalmente, me vi obligada a tomar medidas, después de que algunos miembros me abordaran (que se amontonaron físicamente delante y detrás de otros) al entrar al gimnasio. El entrenador personal había llevado su campaña casi al extremo, y en ese momento, me fui del gimnasio, pero no sin antes presentar una queja por escrito a la gerencia y una explicación detallada de lo sucedido. Pensé que ahí terminaría todo. Poco sabía que solo era el principio. Este entrenador personal era un psicópata, un abusador muy astuto, con un sin duda extremo abanico de trastornos de la personalidad. En dos meses, se mudó a mi complejo de apartamentos y empezó a reclutar a mis vecinos para que llevaran a cabo abusos indirectos. Golpeaba techos y paredes, eventos sincronizados, y me sentía bajo asedio. Sufría acoso constante frente a mi ventana, amenazas de muerte y acoso grupal sin tregua. Noté que mis contactos en Facebook y mis relaciones laborales estaban cambiando y replicaban algunas de las frases y comportamientos de quienes ya habían sido reclutados en la campaña de desprestigio. Este hombre se había infiltrado en cada rincón de mi vida y había reclutado a todas las personas más cercanas a mí. Este es un escenario común cuando se sufre abuso narcisista. Finalmente, tuve que alejarme de ellos; era demasiado tóxico y dañino. Mi ahora exmadre y mi exhermana también fueron reclutadas por él y, hasta el día de hoy, han cortado todo contacto conmigo y apoyan firmemente su dominio en esta situación. La campaña de desprestigio fue prolongada, y aunque los gritos han disminuido, lo que persiste es su dominio en la comunidad. Accede a las viviendas de la gente y está constantemente dentro de mis dispositivos, rastreando, monitoreando y controlando posibles alianzas que pueda formar, lo cual le genera paranoia. Denuncié con frecuencia a la policía local, pero lamentablemente, sin nadie que corroborara mi historia ni pruebas objetivas, no pude demostrarles mi situación y lo único que hicieron fue enviarme a cuidados intensivos, sin comprender en absoluto la situación que estaba viviendo. Pasaron casi 10 años. Me mantuve firme, sobreviví y no me obligaron a abandonar mi hogar (algo que él me había presionado para hacer). Resistí su "juego" de intentar debilitarme económicamente o provocarme inseguridad habitacional. Resistí sus intentos y me mantuve firme, gracias a mi propia capacidad de autosuficiencia. Yo, una mujer soltera casi de la tercera edad, y él, en la plenitud de su vida, con poderosos aliados, con un enorme apoyo y recursos, y con los beneficios de haber tomado todo lo mío, ahora suyo. El meollo de la historia no es este psicópata en sí, sino cómo nuestros líderes comunitarios temen juzgarlo, y cómo a él se le permitió quedarse y contó con la aprobación de mi ahora exmadre para interactuar conmigo actuando como parte de su proceso "terapéutico". Hasta el día de hoy, nunca ha aceptado una invitación para comunicarse conmigo como adulta, explicarse e intentar llegar a un acuerdo que lo satisfaga. Me mantuve firme, pero con su dominio y control actuales, no puedo tener relaciones justas, y el aislamiento social que ha creado es un rasgo común en los abusadores. Por eso estoy alzando la voz y compartiendo mi historia. Esto tiene que ver tanto con él como con el carácter de quienes pueden marcar la diferencia frente al abuso extremo, y eligen el camino más fácil en lugar del correcto. Gracias por escuchar la introducción a mi historia. Me pregunto si usaré lo sucedido para escribir un libro.

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    De un sobreviviente
    🇬🇧

    Brutalmente utilizado por un policía después de una parada de tráfico

    En mi historia original, COMENZÓ CON MI HERMANO, hablé del abuso que sufrí desde una perspectiva general. Era mi vida de abuso tal como la compartí en aquel momento. He estado trabajando para compartir tres casos de violación que solo evité permitiendo que los hombres tomaran lo que quisieran en lugar de pelear. El más traumático de los tres incidentes que mencioné involucró a un policía. Este es el relato. Me detuvieron cuando regresaba a casa de un grupo de estudio, siendo estudiante de tercer año en la universidad, una noche entre semana. Habíamos compartido dos copas hacia el final. NO apruebo conducir y beber, pero no estaba borracho, como confirmó el alcoholímetro más tarde. Me detuvieron y ya tenía los nervios asociados, agravados por el hecho de que aún no tenía la edad legal para beber alcohol durante tres semanas. Fue entonces cuando conocí al policía al que llamaré simplemente SIK. Me dio una sensación inquietante la primera vez que lo vi y eso nunca se detuvo. Aun así, coqueteé con él hasta cierto punto, desesperada por no meterme en problemas. Me hizo salir del coche, quitarme la sudadera con capucha, debajo de la cual solo llevaba un sujetador deportivo básico. Esa noche solo hacía unos dieciséis grados. Tenía frío y temblaba de miedo y de temperatura. Lo vi mirarme el cuerpo sin filtro. Otro coche patrulla se detuvo con dos agentes mientras me hacían las pruebas de alcoholemia. Ya me había registrado de forma incómoda. Una de las agentes que llegó era mujer y también me registró después de haber dicho que tenía algunos problemas con las pruebas de alcoholemia. Caminar hacia atrás en una línea imaginaria, talón con punta, fue lo único con lo que tuve problemas. ¡Es duro! La policía sacó el alcoholímetro que había pedido. Di 0,035. Eso es menos de la mitad del límite legal. En ese momento, SIK dijo que simplemente me seguiría a casa, en lugar de arrestarme, y el otro coche se fue. La parada completa duró quizás una hora. Los coches pasaban por la calle lateral en la que me había metido. Faros delanteros y traseros en la oscuridad. Después de que el otro coche se fuera, SIK me habló con más dureza y amenazas que nunca. Dijo que una chica como yo probablemente está acostumbrada a salirse con la suya. Aseguró que aún podía llevarme a la cárcel cuando quisiera, ya que mientras me lleva a casa y se asegura de mi seguridad, todo lo que hago sigue siendo una prueba. Podría arrestarme por posesión de alcohol y perdería mi licencia. Tenía miedo. Le dije que mi compañera de cuarto estaba en casa. Ella también era estudiante y se suponía que debía estar allí. Después de seguirme dentro de mi apartamento, llamé a mi compañera. Luego revisé su habitación. ¡No estaba! SIK me acusó de mentirle a un policía y echó el cerrojo desde adentro. Me hizo apoyar las manos en la pared de mi comedor con las piernas abiertas. Quería llamarla para que pudiera hablar con ella y confirmar que solía estar allí, pero me detuvo y me obligó a enviarle un mensaje para ver cuándo volvería. Me dio instrucciones de no preguntar ni decir nada más y lo revisó antes de enviarlo. Estaba en casa de su hermana y no volvería hasta tarde. En ese momento se quitó el cinturón de herramientas y lo puso en la encimera de mi cocina. Me dijo que, después de todo lo que había hecho por mí, ya no era gratis, ya que le mentí. Su pistola estaba justo a nuestro lado. Se aseguró de que la viera e incluso la giró para que me apuntara. Tenía miedo y le suplicaba. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera. No estoy segura, pero creo que se lo dije. Me comunicó por radio desde su bandolera que se estaba tomando un descanso para "almorzar". Lo que recuerdo con certeza fue cuando dijo que esta vez me haría un registro completo, hasta quedar completamente desnuda, y me preguntó si estaba de acuerdo. En ese momento ya no tenía ninguna duda de lo que estaba pasando. Hice los ajustes necesarios, pero lo que hizo fue más de lo que había preparado. Me dedicó cumplidos vulgares sobre mi cuerpo mientras me abusaba descaradamente. Me amasó los pechos como si fueran masa. Me tocó mientras me preguntaba si podía usar un apéndice especial que tenía que penetraba más. Sabía a qué se refería. Sentí repulsión, pero acepté. Después del sexo inicial, con las manos apoyadas en la pared e inclinada hacia adelante, bajó el ritmo. Esperaba que ya casi hubiera terminado, pero decidió prolongarlo. Me mandó a mi habitación. Se quitó toda la ropa menos los calcetines. Complementó su anatomía y me hizo aceptar. Su miembro era muy superior al tamaño promedio, pero dudo que, de no haber llevado anillo de bodas, lo hubiera usado alguna vez. Era medio calvo, tenía una ceja prominente como la de un neandertal y una barriga cervecera pálida con muchos lunares por todo el cuerpo. Tenía bigote y perilla que no ocultaban del todo su cutis demacrado, que parecía tener cicatrices de acné severo. Casi todos los hombres eran más altos que yo, pero él era bajo y solo me superaba por unos centímetros. Nunca le había mentido tanto como cuando le dije lo que quería oír sobre ser sexy y desearlo. La única verdad era sobre su pene grande. SIK habló mucho, principalmente degradándome y confirmando que estaba de acuerdo con él. Clichés, como que yo era una puta, una zorra, una guarrilla y que me gustaba lo que me obligaba a hacerle, pero también me preguntó sobre mi vida sexual y mi historial de abusos. Quería que dijera que mi padre y mis entrenadores abusaban de mí, pero no mentiría. En cambio, le conté parte de la verdad sobre el abuso de mi hermano. Esa fue probablemente la peor parte. Decirle en voz alta a SIK lo que nunca solía admitirle a nadie, para su gran placer, me hizo daño. Eso fue peor que el sexo oral. Peor que obligarme a besarlo en algunos momentos. También fue cruel. Intentó amordazarme y empujarme hasta el fondo de mi garganta mientras le obligaba a hacerme sexo oral. Me empujó los tobillos detrás de la cabeza mientras me embestía con sus embestidas abusivas. Podía ver la cruel lujuria en sus ojos. Podía ver su sonrisa malvada. Me abofeteó muchas veces, pero no muy fuerte. Sí me azotó fuerte. Se dio cuenta de que me tenía cautiva y vulnerable a sus caprichos y que por fin estaba viviendo sus fantasías más oscuras. Hacía todo lo que él quería y lo alentaba porque quería que parara. ¡Tantas veces se detuvo justo antes de llegar al clímax! No quería que terminara. SIK intentó tener sexo anal conmigo y yo me adaptaba, pero era demasiado grande para mí. Lloré casi todo el rato de dolor, pero intentando actuar como una pareja ansiosa por que terminara. Después pensé que eso podría haberlo prolongado. SIK era probablemente el momento en que preferiría que sufriera más, como si me estuvieran violando en lugar de ocultar mi dolor. No duró mucho más de veinte minutos, pero fue terrible y lo reviví tantas veces en mi mente antes de emborracharme y colocarme hasta la muerte la noche siguiente después del trabajo. Así que el recuerdo vivió mucho más prominente en mi cabeza que un simple encuentro de 25 minutos. Alcanzo el clímax con facilidad, pero nunca tuve un orgasmo con él por su preferencia por causar dolor sexual. Cuando de repente se corrió dentro de mí, se quedó callado y apenas dijo una palabra más mientras se vestía, con cinturón de pistola y todo, y se fue en silencio. No tengo ni idea de qué significaba eso. Me asustó. Tuve miedo al conducir un tiempo y evité dormir en casa tanto como pude, lo que a veces significaba acostarme con hombres e incluso con amigos, solo para no volver. Fue la razón principal por la que no renové el contrato de alquiler y me mudé a un apartamento más pequeño, sola. Era la misma compañera de piso cuyo padre ya se había acostado conmigo sin mi consentimiento inicial. Le conté a mi compañera una versión corta y reaccionó como si fuera una historia genial. En cierto modo, se la conté así, como una forma de afrontarlo. El camino fácil y de menor resistencia. No admitir que pudo haber sido lo peor que me ha pasado en el ámbito sexual. Lo peor que me pasó en la universidad fue el corazón roto por perder a los hombres que amaba. Pero esas son historias para otro foro. Ya no expongo mi corazón para que lo pisoteen. Este incidente fue una de las llamadas de atención que me indicaron que debía cambiar por completo mi estilo de vida e intentar salvarme. También fue una de las cosas que más me costó comentarle a mi terapeuta, aunque lo pensé durante las sesiones.

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  • Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇰🇪

    Eventualmente lo superarás, solo confía en el proceso.

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  • Eres maravillosa, fuerte y valiosa. De un sobreviviente a otro.

    “Creemos en ustedes. Sus historias importan”.

    “No estás roto; no eres repugnante ni indigno; no eres indigno de ser amado; eres maravilloso, fuerte y digno”.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇲🇽

    Solo tú sabes lo que sientes, no dejes que nadie te diga que no es válido.

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  • “He aprendido a abundar en la alegría de las cosas pequeñas... y de Dios, la bondad de las personas. Desconocidos, maestros, amigos. A veces no lo parece, pero hay bondad en el mundo, y eso también me da esperanza”.

    “A cualquiera que esté atravesando una situación similar, le aseguro que no está solo. Vale mucho y mucha gente lo ama. Es mucho más fuerte de lo que cree”.

    “Siempre está bien pedir ayuda”

    Historia
    De un sobreviviente
    🇳🇱

    #627

    Un hombre conocido me agredió en mi apartamento. Ya habíamos tenido una vez, y fue rápido pero bien. Empezamos de mutuo acuerdo, pero en un momento dado empezó a dolerme y le pregunté si podíamos parar. En ese momento, me presionó la parte superior de la espalda, tan arriba que mi boca quedó medio hundida en la almohada. Me quedé paralizada y no pude moverme en absoluto. Simplemente esperé a que terminara lo que quisiera hacer. El resultado fue extremadamente confuso. Al principio pensé que solo había sido una mala experiencia. Pero a medida que pasaban los meses, me di cuenta de que me estaba dando demasiadas vueltas en la cabeza como para descartarlo. Seis meses después de la agresión, me hice unas pruebas médicas. Un año después, en medio de una serie de historias de agresión sexual en los medios, contacté con rape crisis centre para pedir ayuda. También denuncié a la Garda varios años después de mi agresión, y aunque lo gestionaron bien, también me advirtieron que si iniciaba una investigación, el proceso podría ser muy revelador, así que decidí no continuar. Mi agresión ocurrió solo seis meses después de haberme declarado queer, por lo que sentí que gran parte de lo que me había costado aceptar de mí misma y de lo que había vivido al salir del armario se vio afectado: me arrebataron la libertad de ser quien era y de disfrutar de mi sexualidad durante mucho tiempo. Mi agresión no fue la primera ni la última vez que experimenté un comportamiento no consentido, aunque fue, con mucho, el suceso más grave e impactante.

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  • Cada paso adelante, por pequeño que sea, sigue siendo un paso adelante. Tómate todo el tiempo que necesites para dar esos pasos.

    Mensaje de Esperanza
    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Eres capaz. Eres lo suficientemente fuerte. Mereces un amor sano.

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  • La sanación no es lineal. Es diferente para cada persona. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos cuando surjan contratiempos en nuestro proceso. Perdónate por todo lo que pueda salir mal en el camino.

    Mensaje de Sanación
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    🇨🇴

    Sanar es entender

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    Quisiera saber que se siente sanar.

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    poder seguir adelante y pasar un poco la pagina

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    🇲🇽

    Cómo es posible ?

    En México se aproxima que al menos dos personas son violadas cada hora, esta cifra no la conocía hasta hace poco, cuando sufrí de abuso minimicé demasiado lo que me había pasado, pensaba, hay chicas que son violadas y torturadas, mueren o nunca más son encontradas, por que lo mío importaría? Soy hombre, como es que alguien puede creer que un hombre sufrió de abuso sexual? Verás, tengo 22 años, me encontraba en un día cualquiera, no hace demasiado lo había dejado con una pareja, y una “amiga” de la secundaria que alguna vez fue mi ex me escribió, respondió una historia en Instagram y empezamos a hablar, tenía mucho tiempo de haberla visto por última vez, me dijo que te parece si nos vemos el lunes ? Yo accedí y le dije claro vayamos por un café, ella vive sola por lo que la idea de ir a su casa y comer no me parecía mala, como dos adultos maduros, ella dijo vayamos a un café y le dije está bien, estaríamos dos horas en el café por que ella después tenía que irse a un compromiso y yo tenía un trámite que realizar, a la mitad del café su madre le marcó y canceló su compromiso, por lo que ya no tenía que irse, después de eso fuimos a un bar cercano, bebimos un par de tragos y jugamos alguna partida de billar, mientras jugábamos ella me Seducía y besaba, lo que al inicio no me pareció desagradable, pasando un rato decidimos ir a su casa, llegamos y evidentemente la idea era besarnos, tener un faje e irnos, yo no llevaba preservativos y tampoco quería llegar a más por que tenía dudas, aún no sabía si yo quería volver con mi ex así que tapo o quería ir más allá, llegamos a su cuarto y empezamos, besos, roces y un poco de toqueteo, empezamos a desvestirnos y yo decidí no bajar mi pantalón, ella insistió y con incomodidad dije bueno, me quedé en ropa interior y seguimos besándonos, después de eso ella se subió encima de mí, esta chica no era más pesada que yo pero si era pesada, al subirse sentí algo raro y es que no estaba encima de mi pelvis si no de mi abdomen, me siguió besando y en algún punto me quedé sin aire, si bien podía respirar, me sentía muy débil como para moverla, ella me dijo quiero que lo metas, a lo que yo respondí NO, no tengo preservativos y la verdad prefiero no hacerlo así, ella me dijo que tenía el implante por temas de salud, que no quedara embarazada, inmediatamente dije NO importa, el embarazo no es lo único que me preocupa, no tengo preservativos tal vez otro día, ella no dijo nada y siguió besándome, después de un rato ella bajó su mano, sacó mi pene y yo intenté quitar sus manos, le dije basta no quiero, ella parecía no escuchar a lo que yo dije espera es que no te va a gustar, hace poco tuve una infección y es mejor así, me dijo ah sí que infección ? Yo no supe qué contestar al momento y ella dijo es mentira, lo metió, se sentó por completo y después de unos pocos segundos eyacule, incómodo le dije ya, ya me vine no se puede más, pese a ello ella se quedó sentada encima de mi, exactamente en la misma posición, le dije bueno ya terminamos muévete por favor, ella me dijo que no que había sido muy rápido y que aún no estaba satisfecha, yo le dije que tal vez otro día, ella notó mi cara de incomodidad y me dijo que pasa? Yo le dije tengo muchas cosas en la mente puedes moverte ? Siguió sin hacerme caso y me dijo no puedo quedar embarazada y si te preocupa hace un año que no estoy con alguien, yo no tengo nada, le dije al momento no es eso, sin más ideas le dije me estoy quedando sin aire ella se movió un poco de lado y cuando pude respirar fui capaz de moverla, me empecé a vestir y ella aún desnuda agarró mi ropa la abrazó y no quería dármela, empezó a decir entonces me vas a abandonar? Me dejarás aquí desnuda, anda déjame limpiártelo con la boca, espera un poco y sigamos o duerme aquí, yo le dije que era tarde que tenía que regresar a casa y que no podía quedarme, aún con mi ropa en sus brazos y sin querer dármela le dije bien volveré otro dia, ella dijo está bien pero ese día te quedarás, le dije que sí que no había problema, solo entonces soltó mi ropa y me la dio, me vestí y salí de ahí, subí a un taxi y comencé a escribirle a mi mejor amiga, en ese momento me sentía estúpido y jamás me había sentido tan vulnerable, no dejaba de culparme y decirme una y otra vez si no hubieses ido todo estaría bien, lo hablé con mi mejor amiga y mi psicóloga, más tarde con una asociación de apoyo y todos dijeron lo mismo fue “violacion” detuve mis lágrimas y empecé a decirme a mí mismo, no puedes ser tan tonto, empecé a minimizarlo, y como dije al inicio me repetía, hay chicas que no regresan, son drogadas, violadas y torturadas, nunca son encontradas, tú fuiste a su casa, tu bebiste con ella tú accediste a un faje, como es que lo llamas abuso? Sin embargo sigo sintiéndome culpable, me siento vacío, solo y con mucho miedo, miedo a una ets, miedo a contarlo, e incluso miedo a admitirlo, no puedo evitar pensar que tal vez yo fui el culpable, que no debería estarme quejando y que al contarlo simplemente dirán por qué te quejas de ello ?

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    De un sobreviviente
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    Sobreviviente de COCSA

    Mi historia de agresión sexual es inusual para la mayoría y difícil de comprender. ¿Quién creería que los niños son capaces de saber y hacerle cosas tan horribles a una persona? La mayoría de los niños no son así y sus experiencias son diferentes. Ocurrió por primera vez cuando yo tenía 8 años, mientras que mi abusador tenía 7. Recuerdo que el abuso se produjo gradualmente a medida que construíamos nuestra amistad. Al principio, hacíamos cosas típicas de niños, como jugar y bromear. Un día, me invitó a jugar a un nuevo juego con él. Le dije que sí. Pensé que sería una de esas bromas tontas suyas. En cambio, me bajó los pantalones y me frotó las nalgas con su parte íntima. Fue un momento muy incómodo para mí, ya que crecí en una familia estrictamente cristiana. Nunca había visto a nadie en televisión ni oído hablar de lo que me hacía. Después, recuerdo que me daba vergüenza contárselo a nadie y sentía que me metería en problemas. Así que guardé silencio. ¿Cómo reaccionaría un padre si ve a sus hijos teniendo relaciones sexuales? ¿No asumirías automáticamente que era el hijo mayor el que le enseñaba a alguien este comportamiento? Esto continuó durante casi dos años. Su comportamiento se volvió más agresivo y sus peticiones, cada vez más raras. Una vez, me rogó que bebiera su orina directamente de su parte. Le dije que no. Y cruzó la habitación furioso y pisoteando. Siguió insistiendo y exigiendo que lo intentara. Finalmente, cedí, pero le dije que solo lo hiciera de una taza. Fue la experiencia más deshumanizante de mi vida. Poco después, mi padre nos pilló. Recuerdo que intenté apartarlo de encima. Y le dije que mi padre venía, y él insistía cada vez más. Supongo que pensó que mentía para convencerlo de que se bajara. No paró hasta que mi padre entró en la habitación.

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    De un sobreviviente
    🇺🇸

    Superviviente 👊🏼

    Fue hace 21 años y nunca se lo he contado a nadie. Viví con mi primera compañera de piso, quien sabía que tenía amigos sospechosos. Aun así, confiaba en ella y en nuestro nuevo y encantador hogar. Hasta que una noche invitó a amigos. Yo no bebía ni consumía drogas duras. Comíamos, todos bebían y se lo pasaban bien. No recuerdo nada después de eso, hasta que me desperté en mitad de la noche con un hombre, uno de sus "amigos", encima de mí. Estaba dentro de mí mientras yo yacía en medio del suelo. No podía moverme, no podía hablar. No fue una huida, una lucha ni una congelación; me habían drogado y no podía mover ni una sola parte de mi cuerpo. Ni siquiera podía mover los brazos para apartarlo. Y cuando la madre de mi compañera entró en nuestro nuevo hogar, en la habitación oscura, en mitad de la noche, vio lo que estaba pasando. Solo pude abrir los ojos de par en par del miedo, pero ella se dio la vuelta y salió sin decir palabra, dejándolo terminar lo que había empezado. Él se rió cuando ella se alejó. Para cuando recuperé el control de mi cuerpo, él ya no estaba. Estaba sola y desnuda en el suelo de la sala de mi primer piso, donde todos me pisoteaban al salir por la mañana. Era la broma de la mañana... ¿qué y a quién le hizo? Nadie me preguntó si estaba bien esa mañana. Nadie lo hizo nunca. Han pasado 21 años y todavía no sé el nombre del hombre que me violó esa noche, pero siempre recordaré su rostro.

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    Actividad de puesta a tierra

    Encuentra un lugar cómodo para sentarte. Cierra los ojos suavemente y respira profundamente un par de veces: inhala por la nariz (cuenta hasta 3), exhala por la boca (cuenta hasta 3). Ahora abre los ojos y mira a tu alrededor. Nombra lo siguiente en voz alta:

    5 – cosas que puedes ver (puedes mirar dentro de la habitación y por la ventana)

    4 – cosas que puedes sentir (¿qué hay frente a ti que puedas tocar?)

    3 – cosas que puedes oír

    2 – cosas que puedes oler

    1 – cosa que te gusta de ti mismo.

    Respira hondo para terminar.

    Desde donde estás sentado, busca objetos con textura o que sean bonitos o interesantes.

    Sostén un objeto en la mano y concéntrate completamente en él. Observa dónde caen las sombras en algunas partes o quizás dónde se forman formas dentro del objeto. Siente lo pesado o ligero que es en la mano y cómo se siente la textura de la superficie bajo los dedos (esto también se puede hacer con una mascota, si tienes una).

    Respira hondo para terminar.

    Hazte las siguientes preguntas y respóndelas en voz alta:

    1. ¿Dónde estoy?

    2. ¿Qué día de la semana es hoy?

    3. ¿Qué fecha es hoy?

    4. ¿En qué mes estamos?

    5. ¿En qué año estamos?

    6. ¿Cuántos años tengo?

    7. ¿En qué estación estamos?

    Respira hondo para terminar.

    Coloca la palma de la mano derecha sobre el hombro izquierdo. Coloca la palma de la mano izquierda sobre el hombro derecho. Elige una frase que te fortalezca. Por ejemplo: "Soy poderoso". Di la oración en voz alta primero y da una palmadita con la mano derecha en el hombro izquierdo, luego con la mano izquierda en el hombro derecho.

    Alterna las palmaditas. Da diez palmaditas en total, cinco de cada lado, repitiendo cada vez las oraciones en voz alta.

    Respira hondo para terminar.

    Cruza los brazos frente a ti y llévalos hacia el pecho. Con la mano derecha, sujeta el brazo izquierdo. Con la mano izquierda, sujeta el brazo derecho. Aprieta suavemente y lleva los brazos hacia adentro. Mantén la presión un rato, buscando la intensidad adecuada para ti en ese momento. Mantén la tensión y suelta. Luego, vuelve a apretar un rato y suelta. Mantén la presión un momento.

    Respira hondo para terminar.